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    <title><![CDATA[infoLibre - Jorge Moruno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/jorge-moruno/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Jorge Moruno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Por qué nunca se habla de Madrid cuando se habla de vivienda?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/habla-madrid-habla-vivienda_129_2180697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué nunca se habla de Madrid cuando se habla de vivienda?"></p><p>Hace unas semanas, la diputada del PP y senadora por Madrid, así como ex consejera de vivienda con Ayuso, <strong>Paloma Martín</strong>, se hacía eco de una noticia en la que se decía que <strong>el precio de la vivienda registra un nuevo récord histórico </strong>en el año 2025. Ella venía a culpar al Gobierno de España de esta situación. Sin yo querer restarle su parte de responsabilidad, en muchos aspectos, al Gobierno central en materia de vivienda, no deja de ser curioso que <strong>quienes ejercen las competencias</strong> en materia de vivienda en las comunidades donde gobiernan hablen con ese desparpajo.</p><p>Estamos demasiado acostumbrados a que, en los medios de comunicación, en las mesas y opiniones de los expertos, cuando se habla de vivienda, siempre se hable de Barcelona para criticar lo que llaman <strong>“intervencionismo”</strong>. ¿Por qué nunca se habla de Madrid? ¿Cómo es posible que, ante <strong>los desastrosos resultados </strong>de sus políticas de vivienda, respondan sin pudor que el suyo es un modelo de éxito? Es posible porque no se les cuestiona, al estar alineados<strong> con los intereses del lobby inmobiliario</strong>. Si en otro sitio suben los precios, es culpa del intervencionismo; si suben en Madrid, es porque es una región dinámica. <strong>Así funciona la ideología.</strong></p><p>Lo cierto es que el modelo del PP en vivienda es <strong>un auténtico fracaso</strong> y sus gobernantes son incapaces de ofrecer un solo indicador que haya mejorado desde que Ayuso llegó al poder. Todo ha ido a peor. En la misma noticia que enlazaba la ex consejera aparecía que Madrid es <strong>la región donde más ha crecido el precio de la vivienda</strong>. Madrid es la segunda región, tras Baleares, con mayor sobrevaloración del precio de la vivienda, es decir, con mayor disparidad entre la renta de las familias y el precio de la vivienda: desde que Ayuso gobierna, <strong>se ha disparado el número de años </strong>que tiene que afrontar un hogar típico para la compra de una vivienda, especialmente en Madrid ciudad, algo que no ha ocurrido ni en Barcelona ni en Bilbao.</p><p>Madrid está a la cabeza de España en el precio del alquiler y en el esfuerzo que tienen que hacer <strong>los inquilinos</strong> para poder pagar todos los meses. En Madrid <strong>ha crecido un 43% </strong>la presencia de empresas que acumulan viviendas, al mismo tiempo que descienden las compras residenciales. Más gente tiene que marcharse fuera de la región coincidiendo con que <strong>el stock de vivienda nueva sin vender </strong>lleva creciendo desde el año 2018 y ya hay <strong>más de 62.000 viviendas nuevas </strong>que no se venden. En Madrid, el parque público está en cifras del año 2005 y sería todavía menos si la justicia no les llega a obligar a recuperar las 1.721 viviendas que vendieron de manera fraudulenta a un fondo buitre.</p><p>En vivienda <strong>hay que salir de falsos dilemas</strong>: no hay que elegir entre regular y aumentar la oferta, entre impedir la demanda especulativa e invertir en vivienda; hay que hacer<strong> todo al mismo tiempo y por todos los medios</strong>. Solemos centrarnos en la dimensión cuantitativa, pero lo fundamental está en la cualitativa. ¿Qué oferta, qué inversión, qué regulación?</p><p>El modelo de vivienda donde menos peso tiene la vivienda de mercado, el que mejor funciona, también es un modelo que aumenta la oferta <strong>acorde al aumento de los hogares</strong>. Esto ocurre en Viena, pero no en Madrid. El mercado busca una demanda solvente, busca una demanda que pueda pagar esos precios de mercado y <strong>no atiende a las necesidades de la gente</strong>. Necesitamos pensar la vivienda como algo parecido a la sanidad, que tenga vocación universal, que sea capaz de ofrecer respuestas a amplias capas de la población. No es un problema que haya vivienda protegida para rentas de 90.000 euros; el problema es que<strong> no la hay para rentas de 17.000</strong>.</p><p>Y, al contrario, la vivienda pública no puede quedar solo —en teoría— para “quienes más lo necesitan” y “se quedan fuera del mercado”; la vivienda pública <strong>debe ser un derecho de ciudadanía</strong> que, junto con la vivienda protegida promovida por la colaboración público-social, ofrezca opciones para que la sociedad pueda elegir cómo quiere vivir. Para que haya <strong>libertad de elección</strong> tiene que haber una diversificación en la oferta, porque no hay libertad cuando se obliga a la inmensa mayoría de la gente a tener que pasar por el embudo del mercado y <strong>elegir entre susto o muerte</strong>.</p><p>La democracia se fundamenta en empobrecer a los ricos y enriquecer a los pobres. ¿Para qué? Para igualar.<strong> ¿Igualar en qué?</strong> <strong>En libertad</strong>. La igualdad es democratizar el poder para ser libres. El acceso a una vivienda segura, de calidad y barata <strong>es una condición necesaria para ser libre</strong>, y algo tan importante para la libertad no se puede dejar en manos del mercado.</p><p>_________________________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:04:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Viviendas alquiler,PP,Madrid,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Volver a recordar lo que aprendimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/volver-recordar-aprendimos_129_2166449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Volver a recordar lo que aprendimos"></p><p>1) Empezando por lo más<strong> básico.</strong> No trasladar al electorado tus intestinos ni tus equilibrios internos con sopas de siglas y nombres que cuesta identificar: pensar siempre teniendo como prioridad el afuera y no el adentro. Hay que ponerlo<strong> fácil, limpio y claro.</strong></p><p>2) En política <strong>dos más dos no son necesariamente cuatro</strong>. Nada es una regla fija y hay que usar la geometría variable para cada caso y realidad, pero lo fundamental no es unir partidos, es plantear hipótesis y proyectos que resuenen en el sentir del pueblo. Seguir insistiendo en que el problema fundamental de la izquierda es la forma en la que se concurre y no en lo que se presenta ante la sociedad es seguir tropezando en la misma piedra y hacerse trampas al solitario. La clave es el qué, no el cómo. <strong>Quien tiene un qué ya encontrará el cómo, pero no al revés.</strong></p><p>3) Plantearse qué tres imágenes, <strong>qué tres ideas pretendes que se te asocien</strong> cuando alguien, entre la marisma de estímulos e imágenes en la que vivimos, te vea, se fije o aparezcas en su vida.</p><p>4) No se convence a nadie llamándole<strong> culpable o privilegiado; </strong>todo aquel a quien te diriges debe tener algo que ganar con lo que ofreces. No solo vale con que lo tuyo sea bueno en su interior, también tiene que aparentarlo: <strong>las apariencias son reales. </strong>Si lo que se busca es cambiar el estado de las cosas y transformar la realidad, no se puede esperar ni exigir que la gente venga de fábrica transformada ni un pueblo destilado; nadie lo está. <strong>Todos somos vulgo;</strong> todos y todas vivimos sometidos a la<strong> servidumbre de las pasiones.</strong> Evitar generalizar y etiquetar todo lo que no te gusta: las mayorías se nutren de gente diferente. </p><p>5) Hay muchos temas y causas nobles, defendibles y reivindicables, pero pensar políticamente, especialmente al borde de unas elecciones, implica <strong>priorizar, elegir y apuntalar lo que te permita maximizar el mayor número de apoyos</strong> y lo que coloca a la defensiva a tu adversario. Dónde te quieres colocar no suele coincidir con dónde otros te quieren colocar. Los apoyos, la fuerza política, son lo único que te puede permitir <strong>defender todo lo que defiendes; </strong>pero defender todo lo que defiendes al mismo tiempo y en todo momento no siempre te permite conseguir apoyos y fuerza política.</p><p>6) No siempre lo que afecta a mucha gente es lo que determina el voto y, al contrario, en ocasiones lo que afecta a pocos puede determinar la posición política de muchos. Lo importante es a qué valores se interpela, a qué modelo de sociedad alude y qué mediación genera. Por eso la política es también una <strong>operación de producción de empatía</strong>: conseguir que unos se vean en el lugar de otros, hacer de tu causa la causa de otros apelando a valores y posiciones ante cómo debe ser la vida y el funcionamiento de la sociedad. <strong>Encontrar la identificación.</strong></p><p>7) Quien coloca la pregunta sobre lo que se dirime en la contienda es quien dirige <strong>los temas sobre los que se habla</strong> y el modo en que se habla: ser quien describe lo que ocurre, quien señala el motivo por el que ocurre y quien coloca las soluciones a lo que ocurre.</p><p>8) Uno no siempre elige los temas de los que se habla; por eso hay temas más a la ofensiva, en los que tú quieres hablar y el otro no, y viceversa. Hay que ser capaz de conseguir que un tema defensivo se convierta en una<strong> posición a la ofensiva,</strong> donde tú consigas cuestionar al otro y no al revés. No responder o irse por las ramas puede servir en casos y momentos concretos, pero llega un punto en que algo tienes que decir y es mejor hacerlo devolviendo el golpe que quedarte en una esquina recibiendo. Hay que conseguir girar el tema para redirigirlo en dos pasos hacia los temas y enmarcamientos en los que tú eres más fuerte; que, se hable de lo que se hable, siempre se acabe hablando de lo mismo. <strong>No entrar a cada provocación,</strong> a cada anzuelo que te lanza el otro si no te conviene y evitar ir a rebufo. La lucha ideológica tiene lugar donde el otro es más fuerte; <strong>la lucha política</strong>, donde el otro es más débil.</p><p>9) Si la pregunta es <strong>Vox</strong>, la respuesta es el <strong>PSOE</strong>. Si lo fundamental es frenar a otros y no avanzar tú, el PSOE siempre aglutinará más cuando se trata de frenar y tú creces cuando se percibe que se puede avanzar. Hay que<strong> atender a las causas para evitar los efectos </strong>y, para atender a las causas, hacen falta reformas revolucionarias que garanticen la libertad y la tranquilidad ciudadana. Los límites del régimen del 78 permanecen, ceñirse a defender lo existente deja todo el campo abierto a una crítica reaccionaria del mismo. </p><p>10) Lo más importante de la política suele ser lo que, a primera vista, no tiene apariencia de política. En lo asumido como cotidiano y de sentido común, en las costumbres y rituales. Ese es el análisis concreto de la situación concreta, no un mundo que no es de este reino, sino el real para trabajar en<strong> el sueño de avanzar hacia el otro.</strong> Ser lo más radical dentro de lo posible significa encontrar el equilibrio entre lo que puede ser, al mismo tiempo, transformador y mayoritario: ese es el precipicio sobre el que hay que caminar. Tomar <strong>elementos instalados en el sentido común, </strong>que sean capaces de realizar un cuestionamiento más amplio y profundo del estado de las cosas. Si tienes los dos pies en el aire te caes, si tienes los dos pies en la tierra, no te mueves.</p><p>11) Lo importante nunca eres tú. Hay que partir de una premisa: no le importas a nadie. Importas en tanto y cuanto seas percibido como capaz de resolver los problemas y ofrecer soluciones a otros, a la población. Las conversaciones privadas entre políticos y periodistas, por mucho que salgan en medios, fijan muy pocas posiciones y alejan. Lo que a ti te pase solo es<strong> políticamente útil</strong> si es extensible a una <strong>situación general.</strong></p><p>12) No hace falta estar de acuerdo en todo para coincidir en lo fundamental: <strong>las mayorías nunca son homogéneas, son diversas.</strong> Hay que establecer unos márgenes, porque si todo cabe, no hay política; pero si hay mucho que se queda fuera, tampoco. Centrarse en ofrecer más y exigir menos, en abrirse más y juzgar menos, en integrar más y etiquetar menos.<strong> Asumir incoherencias, abrigar diferencias:</strong> se gana por afectos más que por argumentos.</p><p>13) No hay que oponer la igualdad a la libertad, <strong>ni lo colectivo a lo individual, ni lo cotidiano a lo estructural, </strong>ni los afectos a la razón, ni lo cultural a lo material. </p><p>14) Aquí me he centrado en una parte pequeña de la política: <strong>la electoral. </strong>Pero nada de esto flota en el aire y existe dentro de un plano de consistencia. La política no se puede reducir a lo electoral, ni a los partidos, y sin conflictos y movilización no hay transformación. La política requiere de una serie de espacios que nutren de vida activa a la sociedad, que <strong>levantan contra-poderes y tensionan. </strong>Lo que históricamente han sido las instituciones sociales: sindicatos, casas del pueblo, cooperativas, ateneos, fundaciones, asociaciones de vecinos, centros sociales que sostienen y forjan el apoyo mutuo. <strong>Sin ese cuerpo social,</strong> además de que es imprescindible para transformar la realidad, se corre el riesgo de concebir a la política como algo aislado, ajeno y que funciona con un manual de comunicación política.</p><p>15) Suele decirse que la política a veces es boxeo y otras veces es ajedrez. <strong>Es una falsa dicotomía. </strong>La política es siempre boxeo, pero no porque siempre prevalezca el león, la fuerza, sobre la zorra, la astucia. No, la política es siempre boxeo porque en el boxeo y en la política lo fundamental, lo que determina la fuerza, el león, es la astucia de la zorra. Es <em>timing</em>, distancia, finta, juego de piernas, explosión, estrategia, contragolpe, ataque, defensa, esquiva, juego psicológico, estado de ánimo, preparación, entrenamiento...</p><p>_________________________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 05:01:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Volver a recordar lo que aprendimos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Izquierda,Derecha,Extrema derecha,PSOE,Vox]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lo realmente importante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/realmente-importante_129_2146460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo realmente importante"></p><p>Cuando observamos que <strong>avanzan las posiciones reaccionarias</strong>, no solo electoralmente, sino sobre todo en términos culturales —lo cual significa que las razones que definen el sentido común se asemejan, en parte, a las razones que abanderan los reaccionarios—, se presentan dos opciones para afrontarlo.</p><p>La primera es la más fácil y es reconfortante: la culpa es de quien no te apoya y no te sigue, porque son incapaces de ver la realidad tal y como es, es decir, tal y como yo la veo. Lo último que debe hacerse ante el avance del otro es replegarse y cerrarse en uno mismo. Esto te lleva a pensar que la <strong>gente es imbécil, que tú eres muy listo y que se vota mal. </strong>Ahí es donde florece el resentimiento y eso te incapacita para hacer política. Esto tiene otro problema añadido: es complicado pensar que tu proyecto sea el de la emancipación humana si se considera que la gente es borrega. ¿<strong>Cómo puede emanciparse una humanidad de borregos? </strong>Alguno responderá que se logra elevando su conciencia, lo que, en realidad, significa “haciéndome caso”, porque yo tengo acceso a un conocimiento que el resto carece y no vivo sometido, como los demás, a la servidumbre de las pasiones. </p><p>La segunda opción es más complicada, pero es la única que tiene sentido: comprender —que no significa compartir— por qué ocurre lo que ocurre para actuar en consecuencia; cuál es la racionalidad que opera para que, por ejemplo, un trabajador vote a un proyecto oligárquico, y hacerlo sin caer en insultos, caricaturas y respuestas autocomplacientes; y, al revés, <strong>comprender por qué quien te votaba ahora se queda en casa</strong>, haciéndolo desde su mirada, con sus motivos y no con los tuyos.</p><p>No debemos obsesionarnos con las fórmulas electorales ni con las coaliciones de partidos: eso le importa mucho a muy poca gente. La forma en la que se concurre no determina el resultado electoral. Esto no es ni un alegato en contra ni a favor; es simplemente la constatación de un hecho. Por eso, tenemos que centrarnos en lo más importante y en lo que sí determina el resultado, a saber, en cómo volver a conseguir que nuestras razones, las del<strong> proyecto de la igualdad y la libertad</strong>, se conviertan de nuevo en las razones del cambio político y social para una gran mayoría; en cómo interpelar a la sociedad con una hipótesis renovada capaz de resonar en el sentir del pueblo español. Eso pasa, en parte, por determinar quién logra describir o enmarcar qué sucede, a qué se debe y cómo se soluciona: convertir tus valores y tu proyecto en el sentido común y las aspiraciones de una mayoría que, por definición, incluye a gente muy diferente. Y, al revés, que tus valores y tu proyecto se empapen de sentido común para evitar quedarse imbuidos en una burbuja enajenada. Eso es lo que toca disputar políticamente.</p><p>La defensa de la democracia requiere de una <strong>mayoría transversal y popular </strong>que, sin tener que estar de acuerdo en todo, <strong>coincida en lo fundamental</strong>. Para devolverle la juventud y vitalidad a la democracia, es necesario ir más allá de la defensa de lo ya existente y volver a conquistar el deseo y la épica por la emancipación. La izquierda tiene que volver a tomar el pulso de la sociedad y ser una izquierda habitable: sin sectarismos, sin etiquetar, sin esencialismos, ofreciendo más soluciones y exigiendo menos requisitos.</p><p>Lo que te hace más fuerte no es frenarles a ellos ni colocarles en la centralidad, sino que tú crezcas. Y tú creces porque tienes un <strong>proyecto que integra, plantea horizontes y consigue eclipsar al suyo</strong>. Lo importante es que lo tuyo sea mejor: no pretender ser bueno porque el otro sea malo; al revés, que el otro sea el malo porque yo soy el bueno. Eso es una izquierda eficaz que se afirma a sí misma. España es una<strong> sociedad plural y diversa, y eso hay que conjugarlo con la igualdad </strong>para que todo el mundo pueda reivindicar su identidad y expresar su forma de ser sin tener que pedir permiso a nadie. Un proyecto que sea capaz de hablar e interpelar a gente muy diversa es, por definición, un proyecto que le habla a una gran mayoría. Una izquierda habitable para la inmensa mayoría es también una izquierda que va más allá de sus propios límites, que trasciende a la propia izquierda. Esto, que puede parecer lógico, luego, en la práctica, no siempre es fácil. Por eso, es fundamental saber integrar lo diferente y saber vivir con las contradicciones: ser habitable para una auténtica diversidad que solo excluya a quienes les sobra la diversidad.</p><p>Hagamos nuestro y aspiremos a lo que decía el lema de una de las <strong>primeras organizaciones obreras, </strong>el de la Sociedad de Correspondencia de Londres en 1792:</p><p><strong>“Que el número de nuestros miembros sea ilimitado”.</strong></p><p>La derecha troyana necesita envenenar con la idea de derrumbe, decadencia y hundimiento porque <strong>necesita que se extiendan el miedo, el caos, la desorientación y el fanatismo </strong>para que pueda crecer su monstruo. Ese caldo de cultivo acaba reclamando que alguien fuerte venga e imponga su orden, su moral y su dictadura.</p><p>Detectan malestares legítimos, pero, en lugar de ir a las causas que los producen, se dedican a buscar chivos expiatorios para conseguir su objetivo:<strong> enfrentar a pobres contra pobres y, así, proteger los intereses de los poderosos. </strong>El fascismo solo surge debilitando a los pueblos y acabando con la libertad: lo que ofrece es la posibilidad de disfrutar del sufrimiento de otros, como cuando la gente le tiraba de todo a quien conducían a la horca.</p><p>Nosotros tenemos que encarnar otro estado de ánimo: el suyo es el miedo a caerte y a que se derrumbe tu mundo; el <strong>nuestro tiene que ser el deseo de mejorar y construir un mundo mejor. </strong>El suyo se centra en donde no te quieres ver; el nuestro, en dónde te quieres ver. El suyo es el resentimiento; el nuestro, la vitalidad. El suyo es la desconfianza; el nuestro, la alegría compartida. El suyo es el sentimiento de dolor; el nuestro, el sentimiento de placer. </p><p>El suyo es la envidia; el nuestro, la emulación. Su instinto busca aislarnos y asustarnos; el nuestro busca la alianza, la simpatía y afrontar juntos los retos que padecemos y soñamos en común. Soñar, sí, pero no porque seamos ingenuos, sino precisamente porque somos pragmáticos y realistas. <strong>Soñamos, pero con la condición de creer en nuestros sueños y realizarlos. </strong>Antes que cualquier programa, antes que las fórmulas electorales, antes que otra cosa va esto: recuperar el instinto de la esperanza, el amor propio y la autoestima.</p><p>_______________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 05:01:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo realmente importante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Izquierda,Socialismo,Lucha clases,Derecha,PP,Vox,Igualdad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rapto de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/rapto-europa_129_2124311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rapto de Europa"></p><p>Entre mediados de los años 90 y la primera década del presente siglo, en medio del apogeo de las cumbres antiglobalización, el pensador y militante comunista<strong> Antonio Negri </strong>ponía el acento en la necesidad de dar cuerpo a la lucha de clases dentro del marco de la Unión Europea. Recibió muchas críticas por apoyar, aunque de forma crítica, el fallido proyecto de Constitución europea en el año 2005. Quizás hoy podemos comprender mejor su flexibilidad táctica, acorde a una rigidez estratégica: entendía que ser un revolucionario realista era actuar <strong>dentro del estado de las cosas</strong> con vistas a un horizonte de transformación.</p><p>Su planteamiento era el siguiente: EE.UU. se opone a la construcción europea de la misma manera que lo hace a la de China, y Europa podría constituirse como un contrapoder frente al unilateralismo americano. En un mundo donde impera un EE.UU. en crisis, una China creciente y una Rusia emergente, Europa se ve obligada a reformarse hacia <strong>una mayor federalización</strong>, pero se encuentra paralizada y desorientada, por lo que actúa de forma estúpida.</p><p>Sin embargo, y a pesar de las decepciones del proyecto europeo, tenía claro que su disgregación nos conduce <strong>al fascismo</strong>, donde sus naciones serán vilipendiadas por otras potencias. La Constitución europea estaba llena de faltas, pero, con todos sus defectos, Negri entendía que no había que mistificarla, sino comprenderla solo como un avance hacia la construcción de<strong> un espacio político</strong> —el europeo— donde librar los conflictos sociales y oponerse al envite americano. Se trataba de verlo como una nueva etapa. Para él, el no a esa Constitución suponía abdicar ante los reaccionarios americanos y obviar la importancia de las relaciones de fuerza. No sabemos si tenía razón, de lo que no cabe duda es que tenía olfato para anticiparse a <strong>las tendencias</strong> que llegaron más de veinte años después.</p><p>La encrucijada en la que se encuentra actualmente Europa debe obligar a <strong>sus élites vasallas</strong> a tener que hacer todo lo que no han querido hacer durante todo este tiempo, si lo que se pretende es salvar a Europa. Se avisó con Grecia, pero no importó, y ahora, ante el sándwich en el que se ve aplastada la UE, solo puede plantearse como posibilidad futura si abandona de plano todo lo que ha venido abanderando en sus postulados económicos y fiscales, en la división continental del trabajo, etc., y avanza hacia unos <strong>Estados Unidos de Europa </strong>regidos por otros criterios. </p><p>Europa tiene, a un lado, a Putin; al otro, a Trump; y dentro, al caballo de Troya disfrazado de “patriota”. Solo aplicando reformas revolucionarias es posible hacer frente al virus troyano de<strong> una extrema derecha </strong>que trabaja al servicio de EE.UU. para dinamitar Europa. A nivel nacional ocurre algo similar. A la derecha cipaya, que aplaudiría una agresión contra España similar a la que ha tenido lugar en Venezuela, solo se le puede hacer frente avanzando más allá de la defensa de lo existente, más allá de la mera denuncia de lo que ellos son o de responder a sus exabruptos. Es complicado, vista la correlación del Congreso, pero se puede intentar empezando por sacar una batería de reales decretos-ley ambiciosos, a la par que de sentido común, en materia de vivienda, familias, transporte y trabajo, para que sean ellos, los troyanos, quienes <strong>tengan que retratarse</strong> ante el pueblo español.</p><p>Sin embargo, no cabe duda de que la mayor amenaza a la que se enfrenta Trump proviene del pueblo estadounidense, ya que, como recuerda Maquiavelo, “el príncipe nunca podrá sentirse seguro si tiene al pueblo como enemigo” y “lo peor que puede temer del pueblo, si este le es hostil, es que le abandone”. La popularidad de Trump viene descendiendo desde hace tiempo, especialmente <strong>entre la juventud</strong>, pero no solo entre ella, la cual está girando sus simpatías hacia una visión positiva del socialismo democrático. La operación de Venezuela y lo de Groenlandia también deben leerse en clave de política interna, como un intento de girar el foco hacia el exterior para tratar de recuperar dentro la credibilidad perdida. </p><p>____________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2026 18:48:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El rapto de Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Unión Europea,Europa,Donald Trump,Estados Unidos,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trabajadores inmigrantes y trabajadores autóctonos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trabajadores-inmigrantes-trabajadores-autoctonos_129_2108996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trabajadores inmigrantes y trabajadores autóctonos"></p><p>Cuando Ayuso respondió a Vox diciendo eso de que<strong> hacen falta inmigrantes </strong>porque “alguien tendrá que limpiar en sus casas”, se generó una gran polémica, ya que se trataba a los inmigrantes como si fueran objetos funcionales a las necesidades de los autóctonos; instrumentos animados, en la definición que hacía Aristóteles de los esclavos. Pero en su frase hay algo de verdad y también algo rechazable. La verdad es que, de facto, <strong>la mayoría de los inmigrantes realizan los trabajos más duros</strong> y peor pagados. Pero es <strong>rechazable</strong> dar a entender que los trabajadores inmigrantes estén destinados, por su propia naturaleza, a<strong> tener que vivir en malas condiciones.</strong></p><p>La situación tiene dos explicaciones: una<strong> culpa a los propios trabajadores</strong> y busca enfrentarlos con otros trabajadores; la otra explicación pone el foco en el <strong>modelo productivo,</strong> en los <strong>derechos</strong> y en la condición de<strong> ciudadanía.</strong> La derecha ha encontrado en los trabajadores inmigrantes su chivo expiatorio para explicar problemas sociales y evitar así señalar al bloque de poder económico. <strong>¿Los altos precios de la vivienda? </strong>La culpa es de los <strong>inmigrantes. ¿Los salarios y las condiciones de trabajo?</strong> La culpa es de los <strong>inmigrantes. ¿Los problemas de la sanidad?</strong> La culpa es de los<strong> inmigrantes.</strong></p><p>Se pone a competir a trabajadores autóctonos contra trabajadores inmigrantes en torno al trabajo, los servicios públicos y la vivienda. Así pues, las mismas<strong> oligarquías e intereses</strong> que <strong>rechazan lo público</strong> y buscan acabar con cualquier sistema de bienestar proponen un juego de <strong>suma cero </strong>entre inmigrantes y servicios públicos, enfrentando a trabajadores pobres con otros aún más pobres, y afirmando que los inmigrantes hacen peligrar el bienestar de los autóctonos. Pero<strong> lo que pone en peligro los servicios públicos,</strong> lo que explica la falta de acceso a la vivienda o los bajos salarios, es un proyecto de clase que busca generar la <strong>discordia </strong>e inocular el <strong>resentimiento</strong> entre trabajadores para así blindar sus objetivos. El medio que utilizan para conseguirlo es la extrema derecha: su infantería política.</p><p>La respuesta a esa agenda del odio entre trabajadores también tiene que ser de clase: <strong>la culpa de que no se invierta en vivienda </strong>y de que la vivienda sea un activo especulativo<strong> no es del currela inmigrante </strong>que trabaja en la obra. La culpa de que<strong> </strong>no haya pediatras asignados, que se saturen las urgencias o que no te pueda ver el especialista a tiempo no es de la currela inmigrante que trabaja limpiando las habitaciones de los hospitales. La culpa de que haya empresarios que no paguen las horas extras no es del currela inmigrante que cobra menos que nadie.<strong> La culpa es los explotadores, </strong>los especuladores, los usurpadores y sus representantes políticos que trabajan para disciplinar a la fuerza de trabajo. </p><p>La extrema derecha se lleva las manos a la cabeza porque la inmigración se ubica, mayoritariamente, en los barrios con menos renta, como si esto fuera algo nuevo, como si no fuese una<strong> constante histórica </strong>que ha vivido la<strong> clase trabajadora. </strong>Los trabajadores inmigrantes acaban en el mismo sitio donde han acabado siempre todos los trabajadores que emigran a la ciudad: en los<strong> barrios más pobres.</strong> “Los proletarios acampan en los márgenes de la sociedad sin ubicarse en ella”, afirmaba <strong>Auguste Comte </strong>en el siglo XIX. El mismo sitio donde se ubicaban las miles de personas que vivían en poblados chabolistas en el tardofranquismo. Por no decir que toda la VPO construida en el franquismo tenía como finalidad convertirse en vivienda de mercado: intervenir desde el Estado para financiar activos privados. Un inmenso<strong> proceso de privatización </strong>de lo que hoy podría ser un parque de vivienda protegida. De aquellos barros, estos lodos.</p><p>La crisis de acceso a la <strong>vivienda </strong>es una<strong> crisis global </strong>que también se da en los modelos en los que se mira la extrema derecha, como los Estados Unidos, Polonia o Hungría. Hungría es el país de la UE donde más ha crecido el precio de la vivienda desde 2015, aunque haya perdido población. En Polonia el precio de la vivienda sube más que en España, aunque su población haya disminuido. ¿Por qué ocurre esto? Por la misma razón por la que en España sube el precio de la vivienda en municipios que pierden población: porque<strong> la vivienda es un activo financiero </strong>y existe una demanda especulativa que compra con una finalidad que no es para vivir. La<strong> extrema derecha, </strong>por su propia definición, es el <strong>espejo deformado de la hipótesis comunista: </strong>señala los mismos problemas, pero con el objetivo contrario; es decir, <strong>articula el mismo malestar, </strong>pero no para atender a las causas que lo producen, sino para desplazarlo hacia un lugar que <strong>proteja los intereses,</strong> en este caso, de la especulación inmobiliaria. Eso no significa que el incremento de la población no impacte en los precios; quiere decir que esa no es la causa que explica el<strong> problema de acceso a la vivienda </strong>y que señalar a los trabajadores es propio de una posición servil con los intereses de los especuladores.</p><p>Con el<strong> trabajo</strong> ocurre algo similar. El razonamiento es el mismo que aplican cuando hablan de los servicios públicos: culpar a los últimos de lo que sufren los penúltimos para beneficio de los primeros. Quienes<strong> denigran e infrafinancian la sanidad pública</strong> son los mismos que acusan a los trabajadores inmigrantes de saturarla para luego obtener rédito electoral. Quienes apoyan los bajos salarios y mantener a sectores de bajo valor añadido son los mismos que culpan a los trabajadores inmigrantes de la precariedad de los autóctonos, algo que es falso: <strong>los trabajadores inmigrantes </strong>se ubican en los <strong>rangos más bajos de renta </strong>y sufren las<strong> peores condiciones laborales,</strong> lo cual no supone que tiren a la baja los salarios de los autóctonos, y así lo constatan todos los estudios.</p><p>Los inmigrantes vienen a trabajar porque se les llama, y quien les llama son las necesidades del modelo productivo, que exige una fuerza de trabajo que acepte bajos salarios. Y aceptan <strong>bajos salarios por necesidad </strong>y por falta de garantías. ¿Por qué nunca se pone el foco en el modelo productivo, en las condiciones que se ofrecen y en la ausencia de condición de ciudadanía? ¿Por qué no se pone el foco en la situación que viven esos trabajadores y se reivindican derechos para que nadie tenga que aceptar determinadas condiciones miserables? No quieren <strong>aumentar los derechos laborales</strong> porque eso les permitiría exigir más por lo que ahora hacen, y eso supone tener que pagar más, lo cual —dicen— se traduce en que se verían obligados a subir los precios. Defienden lo que defendía<strong> Bernard Mandeville </strong>cuando escribía eso de que “la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos”.</p><p>Prefieren tener a gente en condiciones de <strong>semiesclavitud y culparles por ello.</strong> Porque quien culpa a los trabajadores de su pobreza lo hace porque se opone a que <strong>los trabajadores conquisten derechos y ciudadanía.</strong> Sin embargo, es mejor contar con un modelo productivo centrado en sectores que generen más riqueza, que paguen mejores salarios y que ofrezcan mejores condiciones de vida y de trabajo, aunque el precio suba. Lo que es propio de un cipayo es devaluar a tu país para competir a la baja porque prefieres centrarte en ofrecer servicios baratos para el bolsillo de extranjeros con dinero. Lo mejor que podría pasarles a los trabajadores autóctonos pasa por<strong> elevar las condiciones de vida de los trabajadores inmigrantes, </strong>porque eso induce la inversión en tecnología, acelera la obsolescencia de negocios improductivos sostenidos con la precariedad laboral y ayuda a impulsar la necesaria reconversión empresarial y productiva que necesita este país. Ambos pueden coincidir en exigir políticas sociales y económicas que inviertan en <strong>garantizar su bienestar y condiciones de vida.</strong> Los problemas de los trabajadores autóctonos no son los trabajadores inmigrantes; las <strong>soluciones</strong> sí van de la mano de ambos. </p><p>____________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Dec 2025 05:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Trabajadores inmigrantes y trabajadores autóctonos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Trabajo,Ministerio de Trabajo,Mercado de trabajo,Inmigrantes,Inmigración,Inmigración irregular,Expulsión inmigrantes,Migrantes,Migración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro es la democracia socialista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/futuro-democracia-socialista_129_2092683.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro es la democracia socialista"></p><p>En un momento de una reciente entrevista realizada a Trump en la cadena CBS, cuando la entrevistadora describe a <a href="https://www.infolibre.es/internacional/socialista-democrata-musulman-zohran-mamdanise-alcaldia-nueva-york_1_2092620.html"  >Zohran Mamdani</a> como “socialista democrático”, el presidente de los EEUU la interrumpe para corregirla y decir: “<strong>Comunista, no socialista, es algo mucho peor que socialista</strong>”. En esa respuesta subyace una corriente de fondo que se está forjando en los EEUU, así como un creciente temor entre las élites norteamericanas en torno al aumento de la simpatía popular hacia el socialismo. En un país como los EEUU, donde existió la persecución macartista en los años 50 del pasado siglo, pero que también protagonizó uno de los ciclos de huelgas más profundos en los años 30, <strong>acusar a alguien de socialista ya no es suficiente para defenestrarlo</strong>, y necesitan asociarlo a un monstruo todavía más horrible: el comunismo. </p><p>Ese temor de las élites al creciente apoyo del socialismo entre la ciudadanía americana, especialmente entre la juventud, lo muestra el <em>think tank</em> ultraliberal Cato Institute. En 2018, tras una encuesta donde se mostraba que <strong>el 51% de la juventud americana tenía una visión positiva del socialismo</strong>, titulaba: “A la gente joven le gusta el socialismo, ¿pero saben lo que es?”. En una reciente encuesta de 2025 elaborada por ellos mismos, el comentario ya cambia: “A los jóvenes estadounidenses les gusta demasiado el socialismo; ese es un problema que los libertarios deben solucionar”. Lo que ha cambiado entre 2018 y 2025 es el porcentaje de apoyo al socialismo: el 62% de los estadounidenses de entre 18 y 29 años dice que tiene una "opinión favorable" del socialismo, y el 34% dice lo mismo del comunismo. Una cifra que <strong>desciende al 43% entre los americanos de todas las edades</strong> cuando se trata de socialismo, y al 14% cuando si se trata de comunismo. En cualquier caso, de los 52 millones de jóvenes americanos, unos 32 millones ven con buenos ojos el socialismo.</p><p>El socialismo actúa aquí como un significante vacío que no tiene la necesidad de ofrecer una definición minuciosa, ni tiene que remitirse a una experiencia histórica. Al contrario, <strong>su potencia radica en la capacidad que adquiere de interpelar y vehicular malestares</strong>, aspiraciones y cosmovisiones muy diferentes, que coinciden, antes que nada, en encontrar en el socialismo una palanca para dar sentido a su rechazo del capitalismo o, al menos, a su rechazo a la desigualdad y la concentración de poder y capital. Su fuerza política, al igual que cualquier otra categoría del signo que sea, se encuentra en su capacidad de erotizar a la sociedad, así como en ser capaz de convertirse en una causa en la que creer, en un porqué por el que luchar.</p><p>Queda por ver si esto es finalmente así, si tanto el contexto social como la inteligencia política consiguen construirlo como un horizonte. Por lo pronto, quien lo viene atisbando es el propio Elon Musk, al afirmar que <strong>Mamdani representa el futuro del Partido Demócrata</strong>. Esto, al margen de si Mamdani representa el verdadero o falso socialismo, lo que realmente importa es la tendencia que puede abrir y marcar, siempre que la virtud y la fortuna se alineen. </p><p>Lo de Mamdani no es solo una buena campaña o comunicación: es una buena organización e implantación de base, con más de 90.000 voluntarios; es un buen análisis político y traducción discursiva; es una transversalidad bien entendida, que apela a una mayoría trabajadora incluyendo a las minorías; y, por supuesto, es un gran candidato. <strong>En Nueva York no se ha votado solo a un alcalde: se vota la posibilidad de un giro político</strong> que se enfrente al <em>trumpismo</em> desde una renovada posición de clase. Eso es lo que temen tanto el <em>establishment</em> republicano como el demócrata: que el socialismo democrático acabe calando. La igualdad como base de la prosperidad, la libertad y la pluralidad. La desigualdad significa falta de libertad para una mayoría trabajadora y un exceso de libertad para una minoría acaparadora. Unos no se pueden permitir casi nada, mientras que a otros se les permite casi todo. La desigualdad es siempre desigualdad de acceso a la riqueza, al poder y a la libertad.</p><p>Todo esto puede sonar chocante en un mundo global que ha girado a la derecha, en un país gobernado por alguien como Trump, y en un país como España, donde la corriente cultural e ideológica parece haberse escorado a la derecha, especialmente entre una parte de la juventud. Lejos de ser ingenuos ni de creer que existe una luz al final del túnel, sabemos que la batalla se da dentro del túnel y que lo que salga de ahí será resultado de nuestra capacidad de conectar de nuevo —sin prejuicios, sectarismo ni moralismo— con una amplia diversidad de trabajadores. <strong>El </strong><em><strong>trumpismo</strong></em><strong> tiene un problema: empieza a sufrir un desgaste</strong>, especialmente entre la juventud, y se enfrenta a una creciente simpatía por el socialismo democrático, también especialmente entre los jóvenes. Trump prefería tener enfrente al neoliberalismo progresista, fascinado por Silicon Valley y Hollywood, en lugar de a un movimiento popular que también interpela a una parte de sus votantes. El péndulo puede estar empezando a girar de nuevo en los EE. UU. y, en unos años, esa ola podría acabar llegando a nuestras costas: la ola del socialismo democrático. Si llega ¿sabremos surfearla?</p><p>__________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Nov 2025 21:06:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El futuro es la democracia socialista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Socialismo,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La solidaridad con Palestina revitaliza la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/solidaridad-palestina-revitaliza-democracia_129_2083379.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La solidaridad con Palestina revitaliza la democracia"></p><p>Es difícil encontrar el origen, pero sí que podemos establecer un comienzo: el 27 de agosto, en Figueres, Girona, cuando cinco personas decidieron cortar la etapa contrarreloj de<strong> La Vuelta</strong> para mostrar su solidaridad con el pueblo palestino <strong>ante el genocidio </strong>que Israel está ejecutando. Convirtieron La Vuelta en un patrocinador del genocidio, y el pueblo español no quería ser cómplice. A partir de ahí, se desató una<strong> oleada de solidaridad </strong>por todo el país: una sola chispa puede incendiar la pradera. Una pradera que se ha extendido también a<strong> Italia</strong>. </p><p>El desgaste de Israel ante los ojos del mundo no para de aumentar. Hace un par de semanas, <em><strong>The Economist</strong></em> publicó una encuesta de <strong>Pew Research Center </strong>donde se preguntaba a la población estadounidense si la opinión sobre Israel era favorable o desfavorable. El porcentaje que respondía “desfavorable” se ha disparado<strong> entre 2022 y marzo de 2025</strong>, alcanzando una opinión negativa de<strong> casi el 53 % de la población</strong>. Se repite la misma respuesta en todos los países encuestados, la mayoría con un porcentaje más alto, como España, donde un 75 % tiene una<strong> opinión desfavorable de Israel</strong>. Esto se pregunta en marzo de 2025; no hace falta ser un lince para atisbar que esa percepción no ha mejorado durante estos meses.</p><p>La derecha se pone muy nerviosa con este tema porque sabe que <strong>tiene el viento en contra</strong>. Sabe que la mayoría de los españoles, incluidos una parte de sus propios votantes, están<strong> horrorizados con las imágenes </strong>que nos llegan todos los días de Gaza. Sabe que su posición de apoyo a Israel y hacer de portavoz en Madrid de<strong> Netanyahu </strong>no se sostiene. Les da igual que la ONU afirme que se está cometiendo un genocidio; ellos insisten en negarlo con<strong> argumentos absurdos</strong>, como el de <strong>Almeida, Serrano o Tellado</strong>, e intentan desviar la atención hablando de Sarajevo o sacando el comodín de la Kale Borroka.</p><p>Según una encuesta del Real Instituto Elcano, un<strong> 82 % de los españoles </strong>considera que lo que está perpetrando Israel en Gaza <strong>es un genocidio</strong>, pero existe una <strong>minoría ruidosa, rabiosa y poderosa</strong> que lo blanquea con unos altavoces y una presencia que no se corresponden con su peso real en la sociedad española. La derecha sabe que está<strong> fuera del sentido común</strong>, así que pretende socavar la simpatía y legitimidad del movimiento contra el genocidio. Se le atraganta la sandía y, al igual que en su día intentaron hacer con el <strong>15M</strong>, tratan de asociarlo al control de un partido o a figuras de partido para así deslegitimarlo y erosionar la simpatía que genera entre la sociedad. Todos los partidos van (vamos) a rebufo, y aunque alguno pretenda apropiárselo, <strong>nadie lo controla</strong>: por eso es hermoso. </p><p>Quienes<strong> viven de sembrar el miedo </strong>temen que esta oleada de solidaridad con <strong>Palestina </strong>reactive los principios éticos de la democracia: la justicia y la dignidad. La movilización rejuvenece el vitalismo democrático frente al <strong>oscurantismo reaccionario</strong> y la<strong> esclerosis neoliberal</strong>. El movimiento global de solidaridad con Palestina es también una oportunidad para impulsar el renacimiento civilizatorio que necesita Europa frente al atrás que busca devolvernos a tiempos previos a la<strong> Revolución Francesa</strong>. La idea de justicia es una idea peligrosa para quienes quieren normalizar y gobernar a través del miedo. El miedo sirve para imponer el poder de los privilegiados, mientras que la justicia<strong> lo desobedece y lo sustituye</strong> por el poder de los iguales. Ese es el miedo que tienen los que viven de meter miedo: que la solidaridad con Palestina ayude a redescubrir el atractivo de la democracia. De nuevo, es la<strong> sociedad movilizada </strong>la que empuja y desborda a una política institucional a menudo anquilosada en sus discusiones privadas entre partidos y periodistas. <strong>Que no se apague la mecha</strong>.</p><p><strong>_____________________</strong></p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Oct 2025 04:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La solidaridad con Palestina revitaliza la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,PP,Genocidio,Gaza,Bombas sobre Gaza,La invasión de Gaza,Protestas sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Limpiar la mierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/limpiar-mierda_129_2057847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Limpiar la mierda"></p><p><strong>Llenarlo todo de mierda</strong>. Esa es la estrategia política que puso en marcha <strong>Steve Bannon</strong>, uno de los principales ideólogos de Trump y de la extrema derecha global. Ese es el manual de instrucciones que aplica la derecha en España:<strong> saturarlo todo de mentiras y medias verdades</strong>, confundir, cansar y agotar al pueblo español que, por saturación, acaba rechazando todo para que ellos queden impunes. Dicen que no hay que politizar, es decir, dicen que no hay que cuestionar a dónde se destina el dinero público y quiénes son los responsables de gestionarlo. </p><p>Cada tragedia es para ellos una oportunidad, ya sea un incendio o una inundación: para bajar impuestos a los más ricos y regar con dinero público a medios afines sí que tienen competencias bien claras, pero para gestionar incendios ya miran para otro lado y <strong>lo diluyen entre “todas” las administraciones y “todos” los políticos. </strong></p><p>Su objetivo no es ganar; <strong>su objetivo es que los otros pierdan</strong>: no buscan ser mejores, les vale con que se acabe pensando que los otros son igual de malos. Su objetivo no es que les creas a ellos; su objetivo es que no creas en nada. En esta estrategia del caos, uno ya pierde el hilo de la realidad y es imposible saber de qué se está hablando, porque se ha inundado todo de mierda. En ese terreno —en el de la mierda— es donde mejor se mueven, porque es su hábitat natural. Que no haya esfera pública; que todo sea un vertedero.</p><p>Llenarlo todo de mierda, sí, pero con<strong> una agenda muy clara</strong>: la que viene marcada por poderes que operan a nivel global y en todos los ámbitos: gobiernos, medios, fundaciones, redes sociales, finanzas y empresas. Globalistas poderosos, estos sí, que tienen como principal meta destruirlo todo, pero no con el objetivo de construir mejor, sino para subyugarnos y devolvernos a la minoría de edad. <strong>Destruir todo lo conquistado desde 1789 en adelante</strong>; destruir los derechos sociales, laborales, civiles, los servicios públicos y revertir cualquier avance medicinal: acabar con cualquier resquicio de democracia. Quieren imponer, esta vez a cielo abierto y de forma obscena, aquello a donde siempre han deseado volver: a una sociedad derrotada que viva dominada políticamente por quienes ostentan el poder económico. Que la existencia, la voz, la visibilidad y la decisión queden oficialmente subordinadas al poder económico y todo aquel que lo cuestione sea machacado, deportado, borrado, desconectado. <strong>El mundo puede ser una ruina y no lo podemos permitir.</strong></p><p>Pero dejemos de llevarnos las manos a la cabeza porque sí, vienen a por todo, <strong>vienen a por todos y nada, salvo nosotros mismos, podrá impedirlo</strong>. No vale con mantener lo que ya hay, no vale con defender lo existente; el único camino es avanzar en lo posible partiendo de lo imposible. Eso no se hace buscando volver a ningún consenso neoliberal que ha servido para sembrar la semilla del resentimiento, no se hace renunciando a creer que el mundo puede ser otra cosa.<strong> Se hace realizando una crítica despiadada a la explotación económica y a la dominación política</strong>, pero también apuntando a un horizonte de emancipación donde el binomio libertad-igualdad sea inseparable y venga cargado de estética, ímpetu, voluntad, épica, poder y belleza. Para que haya igualdad y libertad hay que conquistar el tiempo, democratizar el tiempo y arrancarlo de la necesidad, del miedo, de la dependencia y el trabajo. Lo revolucionario comienza por lo más básico. Frente a la aceleración en el ritmo de vida, la mala alimentación, la falta de sueño, la polución y los ingresos insuficientes:<strong> garantía de ingresos, trabajar menos, dormir, comer y respirar mejor; disfrutar de más tiempo libre</strong>. Una sociedad donde el tiempo liberado por la productividad se traduzca en una reducción de la dependencia al trabajo y la necesidad: servicios públicos, jornada parcial, vivienda barata y renta básica incondicional.</p><p><strong>Tiempo, libertad y autonomía</strong>: ganar tiempo libre para gozar, crear y cultivar la amistad. El derecho de todas las personas a ser ricas. Ricas en lo bueno, en lo mejor, en lo agradable y en las condiciones que lo hacen posible: igualar hacia arriba y promover la emulación. El capitalismo, como recuerda Bertolt Brecht, <strong>no se mantiene a pesar de las carencias de muchos; al contrario, se nutre de ellas</strong>, y “el bienestar general no lo mejoraría, sino que acabaría con él”.</p><p>En medio de la calima social que habitamos todo esto puede sonar extemporáneo, naíf o alejado de la realidad, pero es ahora, cuando parece que el mundo retrocede ante el oscurantismo, cuando más necesario resulta armarse ideológicamente y recuperar las ideas fuertes. El sentido de algo, de lo que se defiende y a lo que se aspira, se encuentra en la fuerza que se imprime. Sin un pasado que defender y un futuro en el que creer, no es posible un presente por el que luchar. Sin eso solo hay cinismo, miedo y oportunismo, sin eso solo hay una insoportable y débil posición que, falsamente, separa a las pasiones de las razones. Así solo se insiste en una política pusilánime que alimenta a la bilis necroliberal. La mierda hay que limpiarla, pero solo hay una mezcla de ingredientes que puede hacerlo: <strong>la democracia socialista con fórmula renovada para 2025.</strong></p><p><strong>_____________________</strong></p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Sep 2025 04:00:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Limpiar la mierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derecha,Extrema derecha,ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A ti también te quieren deportar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/quieren-deportar_129_2036710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A ti también te quieren deportar"></p><p>Se ha publicado recientemente la existencia de unos chats de Telegram en donde se comparten abiertamente mensajes en los que se habla de <strong>cazar inmigrantes</strong>. No debería sorprendernos: esto no es nada nuevo; se lleva tolerando desde hace años. En el año 2018 salió a la luz un chat de<strong> policías municipales de Madrid</strong> en el que algunos de sus miembros <strong>alababan a Hitler</strong>, hablaban de que habría que poner bombas y montar cacerías contra inmigrantes y rojos. También se festejaban vídeos de jóvenes fascistas cantando el <em>Cara al Sol</em> en una manifestación, y se les tildaba de <strong>“buenos chicos”</strong>.</p><p>En el año 2020 salió a la luz un chat de militares retirados en el que un general proponía aniquilar a “<a href="https://www.infolibre.es/politica/chat-xix-aire-mensajes-altos-mandos-ejercito-retirados-suenan-fusilamientos-golpes_1_1190758.html" target="_blank"><strong>26 millones de hijos de puta”</strong></a><a href="https://www.infolibre.es/politica/chat-xix-aire-mensajes-altos-mandos-ejercito-retirados-suenan-fusilamientos-golpes_1_1190758.html" target="_blank">.</a> ¿El motivo? “Nuestra sangre no admite la democracia.” En 2021, un informe realizado por varios miembros de las Fuerzas Armadas que forman parte de “Ciudadanos de uniforme” alertaba sobre la presunta vinculación de algunos oficiales del Ejército con <strong>grupos neonazis</strong>. En concreto, aparece un grupo neonazi de Murcia que cuenta con un capitán del Aire y un sargento de Marina que instruyen a cadetes para ser oficiales. Nada de esto ha tenido <strong>ninguna consecuencia</strong>.</p><p>Así que no, no se trata de grupos<strong> “ultras” aislados y marginales</strong>; se trata de un ecosistema que viene larvándose y creciendo como sentido común entre distintos sectores de la sociedad civil, que ofrecen una <strong>cobertura de impunidad y comprensión</strong> con esos nazis que salen a la calle de cacería. Pero debemos preguntarnos: ¿esto es algo que se limita a los inmigrantes o un debate sobre la inmigración? No. Ese es el tema elegido para poder trazar<strong> un “nosotros” y un “ellos” </strong>bien definido, tratando de interpelar a una parte de la población más amplia. Y no, no lo digo para esquivar el tema, o porque crea que todos los inmigrantes son seres de luz, ni por negar que pueden existir problemas de convivencia en algunas partes o barrios, pero eso no tiene que ver con la procedencia, sino con la condición.</p><p>En Puerto Banús, el turismo árabe ha aumentado<strong> un 195% desde 2019</strong>, lo que supone que su número se ha cuadriplicado en apenas cinco años. Según estimaciones del sector inmobiliario de lujo, la proporción de inmigrantes sería del 40%.<strong> ¿Alguien habla de invasión?</strong> Donde se vive bien, se convive mejor; y, al contrario, donde peor se vive, se convive peor. La desgracia, escribía Chéjov, no une, sino que separa a los hombres.</p><p>No es ninguna sorpresa, ni es nada nuevo, que ahí donde anida la marginalidad, el desarraigo y el hacinamiento sea más fácil que brote la delincuencia. Y son los inmigrantes quienes más sufren las <strong>peores condiciones de vida</strong> y tienen los peores salarios. Por eso, hay que acabar con la <strong>marginalidad y la pobreza</strong>, no con los inmigrantes. Hay que cuestionar el modelo productivo y el peso de sectores que generan poca riqueza y se mantienen gracias a la precariedad laboral —en este caso, pero no solo, la de los inmigrantes—. La reacción prefiere señalar a la fuerza de trabajo que cobra los peores salarios y carece de derechos, para eclipsar la<strong> reivindicación de derechos</strong>, igualdad y ciudadanía, y así proteger a un bloque económico improductivo. Culpan a los inmigrantes de bajar los salarios, al tiempo que defienden a los que están en contra de subirlos. </p><p>Pero esto no va de inmigrantes. Esto no va de ellos; esto va de nosotros. El inmigrante es el medio; <strong>el objetivo somos todos</strong>. Para la reacción, solo hay dos tipos de “españoles de bien”: los poderosos y sus siervos. El resto somos todos inmigrantes, a los que, en última instancia, quieren deportar: unos a campos de concentración y otros a sus países. <strong>Van a por todos los acentos</strong>, de aquí y de fuera; van a por cualquiera que quiera igualdad, derechos y democracia. Según sus parámetros, una mayoría de españoles no está integrada: todos los que no somos como ellos somos potencialmente sin papeles.</p><p>Los inmigrantes no tienen que ser eternamente<strong> forasteros, invitados, agradecidos y tolerados</strong>, esto es, subordinados y tutelados. Son gente trabajadora que ayuda a levantar este país, con los mismos derechos y deberes que los demás. Preguntarse por la nación es preguntarse por la comunidad política en la que se quiere vivir. La nación española <strong>también les pertenece a los trabajadores inmigrantes</strong>, porque ellos pertenecen a la nación. Una nación es una mezcla de sedimentación y proceso; es un recuerdo y una aspiración. Es, en palabras de Ernest Renan, un alma, un principio espiritual o, dicho de otra forma, es la voluntad compartida de imaginar una misma pertenencia más allá de la etnografía, la lengua o la religión. Nación viene de nacer, y nacer de engendrar: necesitamos dar a luz <strong>una nación de la multitud</strong>, porque ya somos una multitud de naciones; una España donde solo queden fuera los que quieren echar a los demás.</p><p>_________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jul 2025 04:00:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[A ti también te quieren deportar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Migración,Violencia,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cocina o barbarie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/cocina-barbarie_129_2023164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cocina o barbarie"></p><p>Hace un año, el CIS publicó un informe bajo el rótulo<strong> “Turismo y gastronomía II”</strong>, en el cual se preguntaba a las personas encuestadas si consideraban que elaborar la comida en casa se sigue haciendo, si va reduciendo su uso o si se está viendo desplazada por la comida rápida: más de un 70% respondía que se reduce y que se ve desplazada. ¿El motivo? Un 69% lo achacaba a la falta de tiempo, fruto de un ritmo de vida acelerado. La paradoja: cada vez se inventan más aparatos que reducen y facilitan el cocinado de los productos, pero <strong>cada vez se percibe y se siente que no hay tiempo para cocinar</strong>.</p><p>Sobre esta base, el dueño de Mercadona, Juan Roig, augura que en el futuro las viviendas no tendrán cocinas, mientras observa —para su beneficio— <strong>que el gasto y consumo de platos preparados se ha disparado</strong>. Por supuesto, esto tiene su lógica: cocinar requiere de tiempo, pero no solo dentro de la cocina; requiere de tiempo para bajar al supermercado (especialmente si se trata de alimentos frescos, porque obliga a tener que ir varias veces por semana), y requiere de un tiempo para pensar, planear y prever qué cocinar. Esto, en el contexto contemporáneo, se vive como un fardo que cargar y, a la inversa,<strong> acceder a comida preparada se percibe como una liberación</strong>.</p><p>Pero nada de eso sucede en el aire y de manera aislada; al contrario, cobra sentido dentro de una dinámica muy concreta, en nuestro caso, <strong>la dinámica de la aceleración</strong>. Aceleración que, en palabras de Hartmut Rosa, implica un movimiento cada vez más rápido del mundo material, social y espiritual, lo cual acciona una forma de ser, estar y vincularse con el mundo y los demás. Una forma que busca subordinar todo el tiempo de vida disponible a un <strong>tiempo potencialmente vendible y comprable </strong>en la comunidad del dinero. Es por ese motivo que la pregunta que tenemos que hacernos no es solo la de qué hacer dentro del contexto, sino también aquella que cuestiona la razón de ser del propio contexto: ¿es preferible caminar hacia una sociedad que amplíe el tiempo libre para poder cocinar a una donde <strong>no se puede cocinar porque no se tiene tiempo</strong>?</p><p>Lo que comemos, cómo lo comemos, en dónde lo comemos, cuándo comemos y junto a quién lo comemos <strong>expresa una cultura, una relación con el mundo y un poso civilizatorio</strong>: “el hambre es hambre, pero el hambre que se satisface con carne guisada, comida con cuchillo y tenedor, es hambre muy distinta del que devora carne con ayuda de manos, uñas y dientes<em>”</em> (Marx). El sociólogo Norbert Elias, en su libro <em>El proceso de la civilización</em>, analiza <strong>el salto normativo que implicó la introducción del tenedor y el cuchillo</strong> en la mesa, validando así un espacio de encuentro y confianza social donde el cuchillo de uno no implicaba una amenaza vital para el otro. Son estos cambios, aparentemente pequeños, los que <strong>nos revelan transformaciones más profundas de la estructura social y cultural</strong>: no se trata solo de una cultura meramente culinaria, se trata de algo que lo cambia todo, aunque no siempre tiene que ser a mejor.</p><p>En la serie <em>Yellowstone</em>, protagonizada por Kevin Costner, se muestra la sociología de la América profunda a través de la historia de un rancho de cowboys ubicado en Montana. Se ha comentado que es la radiografía de una población trumpista que no quiere perder su modo de vida, basado en la apropiación pasada de tierras. Lo que me interesa destacar aquí es un elemento en concreto: <strong>cuando el progreso no supone avance, sino lo contrario</strong>. John Dutton (Kevin Costner) se postula para gobernador con un discurso cristalino contra el progreso porque vienen a por sus tierras y, al margen de que lo haga desde el mantenimiento de esa forma de vida siempre en disputa con los indios, esto no hace buena la amenaza que se cierne sobre ellos, también sobre los indios:<strong> multinacionales e inmobiliarias que quieren arrasar con todo el territorio</strong>, levantar un aeropuerto y convertir su vida en un parque temático. Mutatis mutandis, el progreso que busca desaparecer las cocinas —y todo lo que ello implica—<strong> no es un avance, es una amenaza</strong>: “yo soy el muro contra el que choca el progreso”.</p><p>Esto no significa que la comida preparada, en sí misma, sea algo malo o que no tenga su utilidad; tampoco se trata de juzgar a nadie, porque <strong>no es un problema de rectitud moral ni nada parecido</strong>. Es un problema de dinámica, y de lo que supone social y culturalmente esa dinámica sobre la vida, la libertad, las relaciones sociales y la autonomía. Hay que desmitificar la idea, siguiendo a Rosa, de que la calidad de vida humana puede reducirse únicamente en función de la cantidad de opciones a nuestra disposición, porque, en ocasiones, <strong>esto aparece sobre la imposibilidad de optar por tener tiempo libre</strong>. No hay opción a nuestra disposición que pueda competir con tener tiempo para cocinar con tu hijo subido a un taburete y enseñarle lo que son los alimentos. </p><p>Habrá quien tenga la tentación de pensar que todo esto es culpa del feminismo, porque cuestiona el rol donde las mujeres viven encerradas en una cocina, y que la solución a esta dinámica pasa por volver a poner las cosas en su lugar, para que cada uno cumpla el papel que tiene asignado. <strong>Nada más lejos de la realidad</strong>. No se trata de volver al pasado, sino de construir otro futuro: uno donde no haya que elegir <strong>entre la mujer encerrada en la cocina o la desaparición de la cocina</strong>, porque no hay que elegir –tampoco se puede– entre el capitalismo de posguerra o el actual. La liberación del tiempo de la necesidad es solo la condición de posibilidad de otra disputa política y cultural: qué hacer con ese tiempo y qué sentido darle. ¿Acabar como en la nave de la película <em>Wall·E</em>, o <strong>buscar ejes de resonancia que nos permitan cultivar todo aquello que el dinero no puede pagar</strong>?</p><p>_________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Jul 2025 18:33:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cocina o barbarie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Roig,Mercadona,conciliación laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de la universalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/defensa-universalidad_129_2006004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de la universalidad"></p><p>La política está hecha de parches. No existe, ni con revoluciones ni con reformas, un momento que lo cambie todo, porque <strong>no existe algo parecido a un evento definitivo en el que se alcance el fin de la política</strong>: no puede existir la Ciudad de Dios de San Agustín, una República perfecta, una Nación purificada o un libre mercado armonioso en la Tierra. La política, por definición, excluye la posibilidad de que todo se haya logrado de manera definitiva y para siempre; esto es, <strong>excluye la posibilidad de que algo se llene por completo</strong>. Es una dialéctica eterna que nunca alcanza una síntesis y siempre permanece abierta.</p><p>Esa imposibilidad de un final que acabe con el agonismo y el antagonismo —es decir, con la disputa y con el conflicto— es lo que deja abierta la puerta a una transformación, a un avance o un retroceso. Esto no significa que los horizontes no existan y las aspiraciones carezcan de sentido. Al contrario, los horizontes proyectados son la gasolina que mueve a la política. La paradoja reside en la imposibilidad de <strong>alcanzar ese horizonte de un modo concluyente</strong>, pero es esa aproximación asintótica hacia el horizonte lo que hace posible la política: esa distancia infinita permite su construcción y avance cotidiano.</p><p>¿Cuál es la verdad de la política? El conflicto infinito entre las partes que componen una sociedad. De ahí que <strong>la democracia nunca pueda ser plena; eso es una aberración</strong>. Se avanza o se retrocede, pero nunca se alcanza su plenitud. La política, como el deseo, nunca se puede satisfacer y colmar del todo, porque siempre queda un resto. De lo contrario, <strong>el deseo dejaría de existir</strong>. El deseo existe porque se desea lo que falta, lo que no se alcanza, y se mueve eternamente por conseguir lo posible, intentando lo imposible una y otra vez.</p><p>Parches, conflicto, deseo y horizontes. ¿Qué tiene que ver todo esto con la universalidad de las políticas públicas? Que los parches se inscriben en un horizonte deseable dentro de un conflicto de fuerzas. El derecho <strong>se sustenta sobre la capacidad de hacerlo real</strong>, es decir, sobre la fuerza que lo impulsa.</p><p>Un derecho es algo que obtienes por el mero hecho de existir y una ayuda se da a cambio de cumplir unas condiciones: si eres padre o madre, permiso de maternidad y paternidad; <strong>si eres mayor de edad, puedes votar; si alcanzas determinada edad, accedes a la jubilación</strong>… Que algo sea universal no quiere decir que, necesariamente, sea para todo el mundo: si no tienes hijos, no tienes el permiso; si no tienes 18 años, no puedes votar; si no alcanzas una edad, no te puedes jubilar. Que la prestación para las gafas tenga un límite de edad no lo hace menos universal, porque incluye a todas las personas dentro de un límite de 16 años. </p><p>¿Qué se critica? ¿Que solo se garantice la prestación hasta los 16 años o que se garantice a cualquiera que tenga 16 años? La primera objeción se resuelve ahondando y ampliando a más grupos de edad la misma lógica de la universalidad. Un siguiente paso sería apuntar hacia otro objetivo: <strong>que exista un proveedor público de gafas</strong> y, así, ampliar la libertad de elección ciudadana. Otro paso, en la misma senda, sería ampliar la cartera de servicios ofrecida por el servicio público: dentista, fisioterapeuta, nutricionista, psicólogo…, y, a partir de ahí, <strong>combinarlo con una renta básica incondicional, vivienda barata y segura, menos tiempo de trabajo</strong>… Ese sería un enfoque ambicioso que marca un horizonte deseable para ir sumando nuevos parches a la ecuación.</p><p>La segunda crítica, la de que se garantice a cualquiera acceder al derecho, lo que hace es poner en cuestión el propio horizonte. La crítica la plantean, seguramente motivados por razones diferentes, tanto neoliberales como algunas personas que se autodenominan de izquierdas. <strong>Ambos cuestionan la propia universalidad</strong> y consideran que deben establecerse ayudas solo para quienes “de verdad lo necesitan”. </p><p>Los primeros consideran una aberración la universalidad porque implica obligar a quien no quiere a asumir el coste de otros. Si el mercado lo puede proveer, aunque sea más caro, <strong>¿para qué tiene que hacerlo el Estado?</strong> En todo caso, si alguien no puede acceder por la vía del mercado, que se le ofrezca una ayuda temporal y controlada. Es el modelo neoliberal para <strong>denigrar lo público y retroceder de la condición de ciudadanía</strong> a un modelo de beneficencia.</p><p>Los segundos también opinan lo mismo: les parece una aberración la universalidad porque implica obligar a quien no quiere a asumir el coste de otros, solo que, en este caso, se considera que es el obrero quien le paga el derecho al millonario. Lo que debe hacerse, según esta visión, es <strong>asignar una ayuda por renta, para que la obtenga quien de verdad lo necesita</strong>. Pero la universalidad funciona a la inversa: se trata de que los más ricos —tanto más cuanto más ricos— financien el derecho de aquella población que no se lo puede permitir. Si alguien gana 1.000, recibe 10 y paga 100, no se le está regalando nada. <strong>Si esa fiscalidad no opera así, entonces lo que habrá que adecuar es la fiscalidad</strong>, no poner en duda la implementación de un derecho universal.</p><p>La universalidad es la mejor forma de <strong>hacer llegar un derecho a quien más lo necesita porque se eliminan todas las trabas</strong> condicionantes. Es la <strong>mejor forma de evitar que se estigmatice a los más pobres</strong>, y es la mejor forma de evitar agravios entre quienes se ven excluidos por no ser suficientemente pobres. Lo contrario no es un derecho, es una ayuda, y se requiere que se demuestre que uno es pobre y merecedor de ella, lo cual suele dejar fuera a los más pobres que ni siquiera hacen la declaración de la renta y se ven obligados a entrar en un laberinto burocrático que, además, <strong>tiene un coste económico de control añadido</strong>.</p><p>Un derecho puede ser un servicio o una prestación: puede ser tener acceso al pediatra o puede ser implementar una prestación económica por hijo a cargo, o una renta básica universal. Que sea o no monetario no determina si es o no un derecho universal. <strong>Lo que sí importa es intensificar la ambición y el deseo por avanzar</strong> hacia ese horizonte que acelere la implantación de parches. </p><p>_________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2025 04:00:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de la universalidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Beneficiarios prestaciones,Finanzas Estado,Ayuda social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ingenieros del caos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ingenieros-caos_129_1987474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ingenieros del caos"></p><p>No saben cómo hacer para utilizar el apagón y conseguir lo mismo que llevan intentando desde hace años: <strong>tumbar al Gobierno </strong>porque lo consideran ilegítimo. Están tocando varias teclas a ver si alguna funciona; prueban culpando a las renovables y al ecologismo, dicen que somos el tercer mundo, que todo se ha gestionado muy mal y, finalmente, se enfadan con los españoles porque no han salido a quemarlo todo. </p><p>Pero no hay que confundirse: el apagón no ha sido una experiencia para reencontrarnos y valorar las cosas buenas de la vida; quedarse con esa lectura bucólica sería una falta de respeto para toda esa gente que lo ha pasado muy mal. Gente atrapada en ascensores, en trenes, en estaciones, en atascos; gente angustiada porque no podía llegar a recoger al niño al colegio y no podía avisar a nadie; gente con un familiar dependiente que utiliza aparatos que requieren de electricidad; y <strong>un largo etcétera de situaciones de terror.</strong> Situaciones que pueden convivir con otras escenas muy distintas, como la de las plazas y parques abarrotados de niños jugando, de jóvenes bailando y de gente compartiendo espacio en torno a una radio. </p><p>De lo que todos deberíamos estar orgullosos es de la madurez de un pueblo que ha estado a la altura de la situación. Basta con ver el buen comportamiento en un ámbito que suele pecar de lo contrario: entre peatones y coches, y coches con coches ante la ausencia de semáforos. Somos individuos, pero lo somos de una u otra forma dependiendo de cómo nos relacionamos socialmente: hemos comprobado que<strong> la sociedad sí existe. </strong>Cuando todo se viene abajo confiamos en lo que pagamos con nuestros impuestos, porque recuperar la electricidad en menos de 24 horas, desplegar los servicios públicos, mantener a los hospitales operativos, evitar que los aeropuertos se apaguen... no es magia.</p><p>Todo esto hay a quien le molesta. Le molesta a una derecha convencida de que se iba a provocar el caos social, porque confiaban en su desconfianza antropológica hacia los españoles y tienen una opinión muy triste de España y de los españoles. Pero <strong>el pueblo español es mucho más inteligente</strong> que ellos, ya que —con todas las críticas que se puedan hacer— es consciente, incluso entre sus propios votantes, de que no prefieren ver gobernando una situación como esta al dúo Feijòo y Abascal. Su falta de respeto es tal que hablan de gestión lenta e ineficaz los mismos que han gestionado el Yak-42, el metro de Valencia, el 11M, el Prestige, Filomena, las residencias en la pandemia o la DANA en Valencia.</p><p>Al Gobierno hay que <strong>exigirle muchas cosas</strong>. Hay que exigirle que investigue hasta el final las posibles responsabilidades de cada actor en el apagón, y que no le tiemble el pulso en tomar decisiones. Exigirle que se tomen las decisiones oportunas para planificar e invertir en las infraestructuras necesarias para que esto no vuelva a ocurrir y, por último, hay que exigirle desprivatizar la energía para recuperar el control público en algo tan fundamental. Algo tan importante no se puede dejar en manos del mercado.</p><p>______________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y actualmente es diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 May 2025 17:27:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ingenieros del caos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Apagón,Gas y Electricidad,Derecha,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Empatía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/empatia_129_1971112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empatía"></p><p>Los caminos de la política son inescrutables, aunque algo se puede aprender. Intervenir en política es, por definición, intervenir en el campo de las pasiones y convertir tu causa en la causa de otros, sea a través del miedo, la esperanza, la alegría, el amor, el odio, etc… En política no existe una relación lineal entre la dimensión de un tema y su relevancia e importancia pública. Algo puede ser reducido en términos cuantitativos y convertirse en un elemento central de la disputa política porque alude a valores y principios más amplios. Así pues, lo que centra el debate, lo que determina los alineamientos políticos y las posiciones sociales, no se explica necesariamente por algo que viva y experimente directamente mucha gente. Una operación política es básicamente <strong>una estrategia de generación de empatía</strong>, es decir, tratar de producir una imagen en los demás para que puedan ponerse ellos mismos en el lugar del otro o identificarse en lo que algo representa.</p><p>Por ejemplo, hubo un tiempo en el que era muy difícil criticar que se destinasen ingentes cantidades de dinero público al AVE <strong>en detrimento de los trenes de cercanías</strong> porque, a pesar de que en esa época el tren de alta velocidad lo usaba muy poca gente, se había convertido en el símbolo de progreso de todo un país y representaba una imagen en mucha gente, independientemente del número de personas que lo utilizaban.</p><p>Pensemos en la<strong> </strong>crisis de los desahucios allá por 2012. Que se convirtiese en el símbolo de toda una crisis de vivienda tiene que ver con que una gran parte de la ciudadanía empatizaba con el drama que vivían en sus carnes cientos de miles de familias.<strong> Su relevancia política tenía que ver con el dolor social</strong> que producía ver cómo sacan de sus casas a familias enteras e imaginarse qué pasaría si te pasase a ti. Esta empatía era posible en un contexto en el que la frontera marcada se daba entre bancos y familias.</p><p>Ejemplos de operaciones empáticas se pueden observar en casos de signo muy diferente, como puede ser<strong> el de la “ocupación”</strong>, nombre bajo el cual se encuadran cosas tan distintas como allanamiento, usurpación o morosidad. Poco importa el número real de casos porque su impacto no depende del número de afectados, sino de la percepción generada entre una parte de la sociedad que piensa que podría pasarle o se pone en su lugar, imaginando lo que supondría si le llegara a pasar. Las percepciones pueden estar basadas en datos ciertos o falsos, pero su efectividad política no depende de eso.</p><p>Dejando de lado cómo se produce esa percepción —muchos intereses inmobiliarios, negocios, desplazar el debate sobre la vivienda, etc.—, lo importante es observar que lo menos relevante es el dato objetivo, no la percepción social y política de algo, el modo en que una situación consigue generar un afecto en los demás. <strong>El dato no mata relato, </strong>salvo cuando el dato consigue convertirse en un relato más fuerte.</p><p>También podemos encontrar ejemplos en los que un discurso toma fuerza cuando, aparentemente, tiene menos sentido que lo haga. Las acusaciones de que todo, incluido lo que hasta hace poco era democracia cristiana, <strong>es comunismo</strong> pueden parecer extemporáneas, pero es precisamente eso mismo, ese poder aplicarlo a casi cualquier cosa sin mucha lógica y criterio, lo que lo convierte en un artefacto que concentra en un mismo concepto todo lo asociado al mal.</p><p>En los estados alemanes que viven brotes xenófobos y gana la extrema derecha, la población inmigrante no supera el 6%, en contraste con zonas como Berlín, donde el porcentaje es de un 20-25%, y sacan sus peores resultados. La imagen construida funciona tanto si la realidad está presente como si no lo está. A lo mejor, la sensación de ser alemanes de segunda proyecta sobre los inmigrantes <strong>su propio miedo al descenso social, </strong>donde pasarían de ser los penúltimos a ser los últimos y, a la inversa, el rechazo a los inmigrantes puede ser percibido como una forma de integración y pertenencia a una comunidad, aunque sea de manera subalterna. El miedo a ser desplazados se convierte en la palanca para verse integrados. El rechazo al inmigrante sería el medio para ese fin.</p><p>Pensemos también en la acusación de vivir en “un infierno fiscal”, algo que, a todas luces, no es cierto en comparación con otros países de nuestro entorno. Pero lo más destacable es que este es un discurso que toma fuerza precisamente cuando, bajo el neoliberalismo, se ha reducido la carga al impuesto de sociedades, a la riqueza y patrimonio, así como los tramos y los tipos máximos del IRPF. Es decir, que<strong> se instala más el discurso del infierno fiscal </strong>cuando aparentemente tiene menos sentido. Sin embargo, aunque pueda parecer lo contrario, sí que tiene una lógica: es el reflejo de la pérdida de hegemonía de una cosmovisión, de un “cómo debe funcionar el mundo” y una determinada idea de justicia y libertad.</p><p>Lo reaccionario es como lo siniestro en Freud: no es nada realmente nuevo, es algo reprimido que retorna, es lo que debería permanecer oculto, pero se manifiesta generando angustia. Es el espanto producido cuando lo conocido y lo familiar de repente se vuelve algo extraño. El instinto reaccionario es el sometimiento que se nutre del desencanto, la resignación y el resentimiento: si todo es lo mismo y si todos son malos, que vengan los peores. El instinto de la emancipación es la liberación que se alimenta de la alegría y la igualdad. <strong>Hacer el bien por temor al mal </strong>acaba convirtiéndote en un esclavo; por eso, no basta con ser mejor porque el otro sea peor, no basta con frenarles: es necesario afirmarse uno mismo como lo deseable para ser libre.</p><p>______________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno</strong></em><em> es sociólogo por la UCM y diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2025 19:18:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Empatía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Migración,Trenes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El alquiler indefinido es una buena idea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/alquiler-indefinido-buena-idea_129_1955487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El alquiler indefinido es una buena idea"></p><p>Los<strong> problemas en el acceso a la vivienda</strong> son ya<strong> la principal preocupación de los españoles</strong>. Hablamos de un problema que afecta de manera transversal a amplias capas de la población, especialmente a la más precarizada y con menos recursos, pero no solo, porque es una mancha que <strong>se extiende por toda la sociedad</strong>. Los problemas derivados de la vivienda representan el principal factor de fractura social y de desigualdad que desgarra y lastra proyectos vitales, que congela la formación de familias, que rompe los vínculos comunitarios y también amenaza a la economía y la productividad. La vivienda es la clave de bóveda que concentra todos los grandes males que sufre nuestro país.</p><p>La palabra crisis significa “separar” o “decidir”. Crisis es un término médico que hace referencia a ese punto crucial de una enfermedad donde todo se separa y se decide entre mejorar o empeorar, entre la vida y la muerte. Por eso es importante que, en momentos de crisis, se realice la crítica, es decir, el análisis de la situación para poder emitir un juicio y así establecer un criterio, esto es, un razonamiento adecuado para encontrar soluciones. Crisis, crítica y criterio comparten la misma raíz etimológica.<strong> Una crisis nos obliga a pensar</strong> y analizar para ofrecer un razonamiento que nos permita salir con vida.</p><p>Hoy, <strong>nuestro país vive una crisis de vivienda que requiere de una crítica</strong> y un criterio que nos permita salir airosos de la situación. La crisis de la vivienda no se debe, como pueden pensar algunos, a que no se deja operar libremente al mercado y se le ponen trabas, pero tampoco se debe, como piensan otros, a que el mercado tenga fallos que deban ser atendidos. La <strong>crítica es más estructural: el problema de fondo es un diseño de Estado</strong> que deja en manos del mercado una necesidad tan importante y fundamental como es el acceso a la vivienda. El dilema no es regular o desregular, no es intervenir o no intervenir; siempre se regula, siempre se interviene por activa o por pasiva. El problema es un Estado trabajando para beneficio del mercado.</p><p>Así pues, si el origen de esta crisis es política, la solución también debe ser política: si, como salida de la crisis, decidimos caminar hacia un país donde el acceso a la vivienda sea fácil, seguro y barato, el criterio a seguir debe ser convertir a la vivienda en un derecho. Sabemos que una política de vivienda exitosa no puede reducirse a una medida mágica que, por sí sola, sea capaz de resolver un problema poliédrico que abarca numerosos aspectos. Necesitamos pensar de manera holística para plantear el horizonte hacia el cual queremos caminar.</p><p>Cada pequeño paso que se da, cada medida que se propone, debe estar encuadrada dentro de una visión más amplia y de un modelo que defina claramente cuál es el papel de la vivienda en la sociedad. Las cosas se hacen con un sentido; esto es, con arreglo a un fin y a un modo de entender el orden social.<strong> Hay que invertir mucho dinero</strong> durante mucho tiempo, hay que <strong>legislar</strong>, hay que <strong>promover la colaboración público-social </strong>con asociaciones sin ánimo de lucro y de lucro limitado, hay que dotarse de instrumentos financieros, hay que<strong> regular los precios</strong> y hay que frenar las operaciones especulativas. Hay que hacerlo todo al mismo tiempo y por todos los medios.</p><p>El objetivo es claro: aumentar la oferta de vivienda pública, aumentar la oferta de vivienda protegida del mercado, y también garantizar la seguridad residencial en el ámbito del alquiler privado. Esto es un código binario: <strong>si hay especulación, no hay acceso a la vivienda</strong>, y <strong>cuanto más rentable sea la vivienda, menos asequible será</strong>. Se ha discutido mucho en torno a la regulación de precios en el alquiler privado; ya es hora de que se incorpore a la discusión pública la introducción de una modalidad de contrato extendido y normalizado en muchos países de nuestro entorno, como pueden ser Dinamarca, Alemania, Austria, Suecia, Suiza, Bélgica, Países Bajos o Finlandia: hablamos del contrato de alquiler indefinido. El verdadero alquiler seguro<strong>, el verdadero tranquiler</strong>. Todos estos países, ¿también son franquistas?</p><p>En cualquier caso, no se habla de reflotar la renta antigua, ya que el contrato indefinido no se puede heredar. Cada año, la renta se actualiza según el índice del INE, existen causas establecidas para que el arrendador, en el caso de ser persona física, pueda recuperar la vivienda, y si el arrendador invierte en reformar y rehabilitar la vivienda, puede llegar a subir el precio hasta un 20% como máximo, aunque dependiendo de la aportación hecha.</p><p>Con el alquiler ocurre algo similar a lo que sucede con el trabajo. <strong>Quienes consideran que se facilita la contratación bajando salarios</strong>, reduciendo la indemnización por despido y <strong>precarizando</strong> las condiciones laborales, <strong>entienden que es bueno que suban mucho los precios del alquiler </strong>y que la duración del contrato dure poco tiempo. En ambos casos, se apuesta por la inestabilidad, la incertidumbre y la inseguridad.</p><p>Un <strong>contrato indefinido de alquiler es una buena noticia</strong> por varias razones:</p><p>En primer lugar, un contrato indefinido de alquiler <strong>aporta tranquilidad, seguridad y estabilidad</strong>. Como todos sabemos, las subidas disparadas en el precio del alquiler se dan al finalizar el contrato; por ese motivo, cuanto menos dura un contrato de alquiler, antes se dispara el precio del mismo. La <strong>finalización del contrato es la principal razón por la que se producen </strong>rotaciones y <strong>mudanzas involuntarias</strong>, ya que la subida en el precio de alquiler hace inasumible el coste.</p><p>Esta inseguridad permanente e incertidumbre en el tiempo impide forjar un hogar, asentarse y hacer planes en el medio y largo plazo. Pero el contrato indefinido no solo le ofrece estabilidad al inquilino, también se la ofrece al pequeño casero al garantizarle ingresos continuados en el tiempo y una reducción de las rotaciones.</p><p>Pongamos que hablo de Madrid. Lo que le perjudica al pequeño casero es la política que coloca a Madrid a la cabeza de España en desigualdad de ingresos. Le perjudican las políticas que dificultan el acceso a la vivienda, donde ya 15 de cada 100 madrileños sufren retrasos con los pagos de gastos relacionados con la vivienda habitual. Le <strong>perjudican las políticas que abandonan </strong>y <strong>reducen el parque de vivienda pública </strong>para no ofrecer <strong>alternativa habitacional a los inquilinos precarios</strong>.</p><p>En segundo lugar, un contrato indefinido de alquiler es, de facto, una regulación de precios mientras se permanece en la vivienda. Estabilizar el precio permite aumentar el ahorro y la renta disponible de las familias y también ayuda a mejorar la economía. La estabilización de los precios y la certeza en el medio-largo plazo permite aumentar la capacidad de ahorro, que, a su vez, es uno de los principales problemas para quienes desean comprar una vivienda. También aumenta la renta disponible, es decir, aumenta el dinero en el bolsillo, ya que menos parte de su salario se acaba yendo por el sumidero de la economía rentista, lo cual <strong>ayuda a dinamizar la economía local </strong>porque<strong> ese dinero, en lugar de irse en el alquiler, se ahorra o se gasta</strong>.</p><p>En tercer lugar, el alquiler indefinido es un freno a las operaciones especulativas porque<strong> convierte a la vivienda en un lugar para vivir</strong>. Con un contrato indefinido, Ana Botella e Ignacio González no podrían haber vendido viviendas públicas a fondos buitre. No sería posible la operación de fondos buitre con las viviendas de protección en Torrejón o Getafe. No sería posible la operación especulativa del fondo del primo de Aguirre en Tribulete 7. ¿Y por qué no sería posible? Porque no se puede echar al inquilino para montar pisos de lujo, para montar viviendas turísticas o para doblar el precio del alquiler.<strong> La vivienda solo se puede usar para vivir en ella</strong>. Las personas físicas pueden recuperar la vivienda cuando quieran, dentro de los supuestos que establece la ley: para uso propio, para familiares, por impago o por uso indebido del inmueble.</p><p>En cuarto lugar,<strong> el alquiler indefinido cohesiona a la sociedad</strong>, genera barrio, construye comunidad y regenera los vínculos de la vecindad. Frente a las políticas disolventes de las ciudades, la política del arraigo y de echar raíces. El alquiler indefinido inaugura otra manera de habitar en el espacio, lo cual implica otra manera de ser en el tiempo. Habitar, habitación y hábitat comparten la misma raíz que significa perseverancia en el tiempo, hacer algo de manera reiterada: el alquiler indefinido permite hacer algo de manera reiterada en el tiempo sin miedo al mañana.</p><p>Nunca más una familia obligada a cambiar de colegio a su hijo porque se dispara el precio del alquiler, nunca más una mudanza involuntaria, nunca más barrios sin vecinos, nunca más consumir ansiolíticos por culpa del alquiler, nunca más dejarte el sueldo en el alquiler. Una pequeña modificación normativa supone un gran cambio en la vida de la gente: no cuesta dinero, es una cuestión de voluntad política y solo encuentra un opositor: quien pretenda especular de manera obscena con la vivienda. Funciona en media Europa, y hay que preguntarse: ¿por qué no puede funcionar en España?</p><p>______________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Mar 2025 19:08:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El alquiler indefinido es una buena idea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viviendas alquiler,Crisis económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desterrar las políticas para pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/desterrar-politicas-pobres_129_1937507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="a"></p><p>Para la derecha, como se puede ser pobre y alegre, <strong>no hace falta cuestionar el orden de la desigualdad</strong>. Si puedes ser alegre y pobre, ¿por qué alguien querría dejar de ser pobre? No se debe cuestionar el orden, el reparto de roles ni la desigualdad de riqueza, es decir, no se debe cuestionar la desigualdad de poder. Hay que asumir el lugar que le ha sido asignado a cada uno en la sociedad y dar lo mejor de uno mismo dentro de ese perímetro marcado. Como la libertad es algo que se vive en el interior de cada persona, en el exterior hay que limitarse a obedecer a los que saben, porque son los que tienen y los que pueden. Esta idea, en la que no se cuestiona el orden de la desigualdad, se combina con <strong>su concepción de lo público como algo que debe ser solo “para los más pobres”</strong> (algo que ni siquiera es cierto) que se ven expulsados del mercado.</p><p>Cambiar derechos por caridad y ciudadanía por limosna. Las políticas enfocadas en convertir lo público en algo destinado solo a los más pobres, junto con las políticas que segregan y amplían la desigualdad, buscan generar resignación, cinismo y resentimiento social, para aumentar así su base socio-electoral futura. El desencanto y distanciamiento con lo público y las instituciones alimenta el sentimiento de adhesión necroliberal con el mercado y de desprecio a la democracia. El objetivo es claro: machacar a los trabajadores, encerrar a los homosexuales, silenciar a las mujeres y esquilmar el planeta. Esa es su hoja de ruta: <strong>aristocracia en lo político, necroliberal en lo económico y reaccionario en lo social</strong>.</p><p>Los necroliberales prefieren que los pobres sean más pobres con tal de que los ricos sean más ricos, al mismo tiempo que fomentan<strong> una mentalidad de esclavo envuelta en retórica inconformista</strong>. Se asume, de manera explícita, la necesidad de sacrificar a otros: hay que soltar lastre para poder ganar. Transmite la aspiración donde, aunque muchos van a tener que perder, tú formarás parte de los que van a ganar, de los que consiguen triunfar. Así se consigue el apoyo social y político para participar en su juego del calamar.</p><p>Pero, ¿qué se puede hacer para evitar esta situación? Es útil tener en cuenta la caricatura que el otro quiere dibujar de lo que quieren combatir, es decir, <strong>qué imagen de ti les viene bien construir</strong>. La idea que buscan transmitir de la democracia es la siguiente: “Te pasas el día trabajando, cobras una miseria y encima tienes que pagar impuestos para financiar el bienestar de otros que, supuestamente, son pobres. Generan pobres para darles paguitas, comprar sus votos y que tú les pagues la fiesta. Se premia por ser pobre y vago, mientras que se castiga por trabajar y aportar.”</p><p>La izquierda tiene que desterrar toda idea de que lo público solo debe servir “para los que más lo necesitan.” Es un enfoque ineficaz, que genera sensación de abandono e insolidaridad, que criminaliza a los pobres y externaliza la solución de los demás al mercado. Si lo público tiene que ser (solo) “para quien más lo necesita”, se fortalece un planteamiento que alimenta<strong> el cinismo de mercado y un </strong><em><strong>ethos</strong></em><strong> reaccionario</strong>.</p><p>Las políticas asistencialistas enfocadas para personas vulnerables corren el riesgo de generar, por un lado, estigmatización de los supuestos beneficiados y, por otro lado, agravio entre quienes se ven excluidos del beneficio de las medidas. El asistencialismo se usa para alimentar el falso discurso de “menudo chollo es ser pobre”. Es conocido que el mejor método para que una prestación le llegue a quien más lo necesita es <strong>la universalidad de la medida</strong>. Una política universal acaba con las trabas burocráticas que marcan a los pobres, acaba con la percepción de agravio en otros sectores y genera ciudadanía. La paradoja de la universalidad reside en que la mejor forma de defender el derecho del más pobre pasa por que también la reciba el más rico. Cuanto más se focaliza en “quien más lo necesita”, más trabas, estigmas y burocracia encuentra quien peor lo pasa y más rechazo provoca entre quienes la administración no considera vulnerable, aunque sea un precario. Lo público y las políticas públicas deben hablarles a amplias capas de la ciudadanía y deben financiarse de manera progresiva.</p><p>Pero, ¿esto significa que están bien políticas como las “becas cayetanas”? No. Primero, porque son subvenciones encubiertas a centros privados, y segundo, porque lo que debe ofrecer la administración no son becas para los afortunados que consigan una plaza en un centro privado, no son cheques para complementar el pago de la escuela infantil, no, lo que tiene que hacer es <strong>garantizar el acceso de toda la ciudadanía</strong> a una plaza en un centro público.</p><p>Se trata de ser ambiciosos y transformar lo público en la palanca que hace posible la libertad de elección, que impulsa el desarrollo de la singularidad de cada persona y sienta las bases para que cada uno pueda desplegar sus capacidades. Mientras que la derecha necroliberal quiere igualar hacia abajo en tiempo libre, en vacaciones, en salario, en derechos, en servicios públicos, etc., la izquierda tiene que igualar hacia arriba en calidad de vida y en elevar la potencia de la sociedad. Apuntar a un horizonte que invierta y convierta en seguridad lo que hoy es fuente de precariedad e incertidumbre: flexibilidad, renta básica universal e incondicional, servicios de calidad, vivienda barata y jornada de trabajo a tiempo parcial. <strong>Una sociedad con tiempo libre es una sociedad rica e inteligente</strong>.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Feb 2025 18:44:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Desterrar las políticas para pobres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Gasto público,Desigualdad social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alianza contra la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/alianza-democracia_129_1922666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alianza contra la democracia"></p><p>En el libro <em><strong>El nacimiento de la ideología fascista</strong></em>, sus autores parten de la premisa según la cual el fascismo, antes de convertirse en una fuerza política, fue un fenómeno cultural, principalmente sustentado como una rebelión contra los pilares europeos de la Ilustración, la Revolución Francesa, así como su memoria heredada y encarnada en el movimiento obrero. Podríamos decir que el fascismo fue un movimiento de reacción contra lo mejor de Europa. En la actualidad, <strong>necroliberales y neonazis van de la mano alrededor del mundo</strong>, y lo que los une no es solo el rechazo a la izquierda, sino la convicción de que la democracia sobra. No es nada nuevo; es la renovación de lo mismo de siempre, con contenidos que cambian, pero donde la forma perdura.</p><p>Ya avisaba <strong>Boissy d’Anglas</strong>, en el Termidor de 1794, cuál era el lugar que le correspondía al pueblo: <em>debéis garantizar la propiedad del rico... la igualdad civil es todo lo que un hombre sensato puede exigir</em>. La riqueza, esto es, el poder económico, que a su vez es condición para influir en el poder político, debe quedar fuera de cualquier decisión democrática. O, lo que es lo mismo,<strong> hay que perpetuar las relaciones en las que unos son meros medios para los fines de otros.</strong></p><p>Más tarde, en el siglo XIX, la democracia se concibió como<strong> la democracia de propietarios</strong>, es decir, que voten y decidan los propietarios, los que cuentan con un determinado patrimonio, esto es, la gente de bien. Los iguales eran aquellos que eran su propio señor y tenían la propiedad suficiente, mientras que los excluidos eran los desposeídos, los proletarios forzados a vender su capacidad de trabajo.</p><p>Hace menos tiempo, en 1975, <strong>Rockefeller </strong>encargó a varios académicos que elaborasen un informe que se convertiría en la guía política de las élites: el informe de la Comisión Trilateral, llamado <em>Crisis de la democracia: Informe sobre la gobernabilidad de las democracias</em>. Era una época convulsa y de extraordinaria movilización global de una sociedad organizada que exigía más autonomía y más democratización de (todo) poder. El informe venía a decir que el problema de la democracia era su exceso, y que el problema de la participación era su desborde, por lo que se recomendaba desincentivar el interés colectivo por los negocios públicos y su participación en ellos. Eran momentos de <strong>ofensiva democratizadora y de poder popular</strong>; ahora, en cambio, el cuestionamiento, por parte de las mismas élites, de la democracia viene cuando ésta tiene las defensas bajas. </p><p>Hace ya unos años, se publicó en un medio un artículo que se preguntaba: <em>¿Deben votar solo los más preparados?</em><strong> A lo mejor, para votar, igual que para conducir, habría que sacarse una licencia</strong>: paradójicamente, la defensa de una epistocracia —el poder de los que conocen— expresa la falta de conocimiento sobre cómo opera la racionalidad política; hay un capítulo de <em>Los Simpsons</em> que lo resume muy bien, uno donde gobiernan <em>los inteligentes</em> y acaba fatal. </p><p>Restringir el acceso al voto a los más preparados es una <strong>vieja receta aristocrática que oculta una desigualdad de partida</strong>: ¿qué hace que unos estén más preparados que otros? Lo mismo que se justificaba en Grecia para no concebir como ciudadano a quien trabaja para otro: el tiempo, o más bien su ausencia, para poder deliberar y decidir sobre los asuntos comunes. Se trata de romper la tríada que concentra el poder, la riqueza y el saber: los que mandan son los que tienen y los que saben. <strong>Esa es la base del orden de la desigualdad</strong>. Por eso, para Aristóteles, la democracia es el tiempo libre de los pobres, y para Max Weber, el rentista es la figura plenamente libre para dedicarse a la política: la libertad política pasa por liberarse de la dominación, porque, para poder participar plenamente en la vida pública, hace falta tener resueltas las necesidades básicas. Así pues, los más preparados suelen ser quienes más tiempo tienen para prepararse y los que mejores condiciones gozan. La democracia es precisamente <strong>desordenar el orden de los roles </strong>y lugares asignados entre quien piensa y quien hace, entre quien obedece y decide.</p><p>Algunos creen que los ricos concentran la riqueza porque están más capacitados, y que los pobres son pobres porque son unos fracasados. Es al revés: unos concentran riqueza porque son ricos y otros fracasan porque son pobres. <strong>La riqueza y la pobreza son la premisa, no el resultado.</strong></p><p>El problema de las democracias occidentales ha sido precisament<strong>e el ataque sistémico y sistemático a las bases de la democracia</strong>, en su utopía donde la política podía reducirse a mera gestión de la gobernanza y la economía se convertía en una técnica y un automatismo. Cuando votar no permite decidir sobre cómo se ejerce el poder de la economía, quiere decir que la sociedad no puede decidir sobre aquello que atañe a sus vidas, y, por ende, la democracia se resiente. Esa impotencia puede desembocar en salidas reaccionarias.<strong> El problema, en definitiva, nunca es que la gente decida mucho, sino que cada vez decida menos.</strong></p><p>El objetivo político<strong> no puede ser frenar a la extrema derecha</strong>; eso es muy poco ambicioso y limitado. El objetivo tiene que ser<strong> democratizar el poder</strong>. Uno no puede existir para frenar a otro; se existe para afirmar lo que uno es y persigue. Hay que ir a las causas y no quedarse con los efectos: fortalecer la democracia significa también elevar la calidad de vida, ofrecer seguridad, horizontes y garantías. Para algunos, es más fácil el cortoplacismo de dividir el campo político entre un fascista levantando el brazo delante de una sede y ellos. Pero eso tiene sus límites y sirve como excusa para no atender a lo importante y lo que subyace: las reformas estructurales, las reformas revolucionarias que necesita nuestro país.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jan 2025 17:57:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Alianza contra la democracia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia de la verdad política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/importancia-politica_129_1909544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La importancia de la verdad política"></p><p><em>En política solo hay un principio y una verdad: lo que beneficia a mi oponente me perjudica, y viceversa</em>. </p><p>Lenin</p><p>Suele hablarse de la importancia de pensar la política en base a la evidencia científica y a lo que indican los resultados de los estudios; los hechos y los datos deberían guiar la acción política. Sin embargo, la política se mueve en un terreno diferente: <strong>el de la vida pasional colectiva</strong>, y lo que se demuestra científicamente no tiene una traducción mecánica en el campo de la política. Hace falta algo más. De ahí que haya que tomarse realmente en serio la evidencia más importante de todas: a saber, la política. Por sí misma, la evidencia científica no se convierte directamente en una creencia social ni en una verdad política. Esto no significa que haya que renunciar a lo que dice la evidencia científica; al contrario, significa tomársela realmente en serio, pero para ello es necesario ser conscientes de que en política las reglas con las que se libra la batalla son otras, y que, como escribió Bourdieu, "las ideas verdaderas no tienen fuerza intrínseca".</p><p>Que algo esté demostrado no significa que vaya a ser apoyado y, al revés, algo que no cuenta con ningún fundamento científico puede llegar a ser apoyado por una mayoría: puede convertirse en una verdad política, independientemente de lo surrealista o siniestro que pueda parecer. Que esto sea así, que políticas horrorosas puedan ser apoyadas por mayorías, obliga a los demócratas a tomarse en serio la política y a no engañarse pensando que todo se explica porque la gente vive engañada. ¿Eran los judíos un agente patógeno introducido en una comunidad orgánica de alemanes? No. ¿Es la tierra plana? No. ¿Tiene razón Mayor Oreja cuando habla del creacionismo? No. Pero que todas esas posturas sean delirantes <strong>no impide que puedan convertirse en verdades políticas si mucha gente así quiere creerlo</strong>, con las consecuencias desastrosas que acarrea.</p><p>Se pueden buscar explicaciones muy diversas a los mismos hechos, porque el tipo de ficción que se construye determina el modo en el que accedemos a la realidad. Los hechos y los datos adquieren sentido dentro de un ecosistema, no flotan en el aire, y ese ecosistema en el que están inscritos es objeto de disputa. Así pues, pocas cosas hay más importantes que tomarse en serio el conflicto por cómo se interpreta e imagina la realidad, los hechos y los datos: el dato no mata al relato, en todo caso, <strong>el dato necesita convertirse en un relato</strong>.</p><p>Si la política tiene como finalidad la verdad y el poder es la fuerza que la sostiene, carecer de poder es carecer de la fuerza que sostiene a la verdad política. La realidad es siempre una realidad en conflicto; el conflicto es algo intrínseco al poder, la política va del poder y la verdad es el fin último de la política. La verdad política puede ser una verdad disociada de la veracidad; basta con que sea creída como tal. Por ese motivo, <strong>resulta fundamental disputar el poder sobre la verdad</strong> y esto tiene que ver con disputar las creencias, las aspiraciones, los mitos, los afectos, las apariencias, la estética, la épica, los valores y el deseo. Nada de esto es secundario o accesorio en el ser humano; al contrario, son elementos constitutivos y nucleares. Tenerlo en cuenta es ser realmente materialista.</p><p>El litigio político se dirime en el campo del deseo, básicamente porque es la fuerza motriz que somos: <strong>los seres humanos somos seres deseantes</strong>. Nos parece bien y perseguimos lo que deseamos, no al revés. Esto no es algo propio de nuestra época "emocional" en contraposición a otra época en la que reinaba la razón; esta es una máxima eterna, ya que, como nos recuerda Maquiavelo, en el mundo no hay nada nuevo: siempre hay la misma cantidad de bien y de mal y estamos motivados por los mismos deseos.</p><p>Hay una corriente que quiere devolvernos al antiguo régimen, pero no al de Franco; no, lo que pretende impugnar es todo lo nacido desde la Revolución francesa. Si queremos impedir esta involución oscurantista, no basta con presentarse como aquello que lo frena. La razón de ser de la democracia no puede ser la de evitar que gane la extrema derecha; necesita ser una afirmación de sí misma, de algo propio que anuncie un porvenir renovado sobre nuevos valores y nuevas tablas que logre erotizar otra vez a la sociedad. La izquierda tiene que proyectar placer, y no sacrificio; liberación, y no culpa; apertura y no repliegue; hacer la vida más fácil, y no añadir problemas; encarnar la voluntad de poder y no el resentimiento. <strong>Ser aspiracional y deseable</strong>.</p><p> ______________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Dec 2024 19:34:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La importancia de la verdad política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Política]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[En defensa de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/defensa-politica_129_1890215.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de la política"></p><p>¿Por qué está mal visto <strong>mezclar la política con un desastre como la DANA</strong>, si es cuando más se necesita la política? Está mal visto porque politizar es percibido como <strong>una forma de instrumentalizar el dolor</strong> en favor de unos intereses concretos. Ante una catástrofe, algunos se dedican a lanzarse la culpa unos a otros, cuando deberíamos estar todos unidos. Introducir la política en una de estas situaciones se siente como una manera de introducir la discordia y la división por razones partidistas, que poco o nada tienen que ver con el tema en cuestión. Es esta lectura del papel que tiene la política lo que seguramente explica por qué se paraliza la actividad parlamentaria del Congreso, cuando lo que debería haberse parado es la actividad laboral de todo servicio no esencial en Valencia. Pero, sobre todo, es lo que explica que haya formaciones políticas que suspendan sus declaraciones durante tres días por respeto a las víctimas y el dolor de sus familiares.</p><p>¿Es esta la lectura que debemos tener de la política? En mi opinión, esta es una lectura errónea, tanto en el fundamento mismo de la política como en la propia manera de pensar la intervención política. <strong>Este es el momento de hacer una declaración política</strong>. Es ahora, precisamente por respeto a la gente afectada, cuando hay que <strong>señalar a los responsables</strong> por las decisiones tomadas y<strong> debatir las soluciones</strong>. No hacerlo es caer en el juego cínico de "no es el momento", mientras ellos sí salen a mentir con descaro. Con una mano te dicen que no hay que politizar, es decir, que no hay que indagar en quiénes y qué decisiones se han tomado; pero con la otra, salen cínicamente a propagar el bulo de las presas.</p><p>Pero, ¿por qué es buena y necesaria la política? Porque<strong> donde hay política, hay igualdad y libertad</strong>. La política es el espacio que surge de la relación mantenida entre una pluralidad de personas que son igualmente libres. Ese espacio que surge es la <em>polis</em>, es decir, el mundo compartido donde sus miembros se preocupan y organizan la convivencia. Lo contrario de la política es la tiranía, donde se suspende ese mundo creado por la libertad de muchos y se sustituye por otra forma donde solo unos pocos se encargan de las cuestiones públicas. La política necesita de un espacio y una esfera pública general para poder existir. Cuando los asuntos públicos se conciben como algo extraño, también se está rechazando lo que todo el mundo admira, pero que suele desligarse de la política.</p><p>Preocuparse por los asuntos públicos es hacer posible que exista un cuerpo de bomberos que rescata a la gente que se encuentra a la deriva. Detrás de un rescate espectacular de un niño por parte de un bombero hay mucha política sedimentada. Detrás de permitir que las empresas obliguen a los trabajadores a trabajar, hay una decisión política. Lo que explica por qué se construye en determinados terrenos también es fruto de una lectura política. En definitiva, hay política, o más bien ausencia de la misma, cuando los principales damnificados son la clase trabajadora y los barrios populares. ¿Qué resulta más repugnante? ¿Callar ante una negligencia o señalarla? ¿Callar ante la inacción de quien debería haber actuado porque así se lo había encomendado la comunidad, o denunciarlo? Callar no es ser más solidario; al contrario, <strong>callar es asumir como natural la antipolítica</strong>, es decir, significa apoyar una política donde desaparece la ciudadanía y aparecen los súbditos. Y todo eso, disfrazado con la retórica de la unidad, solo <strong>busca mantener el silencio obediente</strong>. </p><p>______________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Nov 2024 18:53:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de la política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Alerta por la DANA,Lucha clases]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dinero en el bolsillo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/dinero-bolsillo_129_1874949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dinero en el bolsillo"></p><p>La derecha suele utilizar la expresión “el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los contribuyentes” para defender su posición fiscal y criticar la política de inversión pública. Si el ciudadano paga pocos impuestos, tendrá más dinero en el bolsillo y podrá decidir libremente qué hacer con ese dinero, en lugar de que sean otros, los “políticos”, quienes decidan por él. El problema, sin embargo, es que esto es falso. En ocasiones, la izquierda ha adoptado una postura funcional a los intereses de la derecha, al corresponder su posición con la caricatura que hace de ella la derecha, rechazando de plano el dinero en el bolsillo como algo positivo y oponiéndolo a la provisión de servicios, como si una cosa y la otra fueran incompatibles. Así pues, lo primero es <strong>abandonar cualquier idea paternalista que entiende lo público como una tutela</strong> que debe guiar a la ciudadanía porque no va a saber qué hacer con ese dinero, y adoptar una postura opuesta: a saber, <strong>una que entiende lo público como aquello que asegura, posibilita y facilita la autonomía individual y colectiva de toda la ciudadanía</strong>.</p><p>La desigualdad y la segregación son un proyecto político que no parte en dos a la sociedad, sino que generan un hojaldre de realidades donde cada uno intenta fugarse como puede de su situación para no caer más abajo. <strong>Paradójicamente, ampliar la desigualdad le ha servido al PP para ampliar su base electoral</strong>: cuanta más desigualdad, suelen recibir más apoyo los que desigualan. Esto dificulta imaginar la igualdad en una sociedad desigual y, por eso, es tan necesario dar la batalla ideológica donde más fuerte se siente el adversario. Se trata de conseguir ir más allá de lo que nos puede parecer escandaloso, es decir:<strong> ir más allá de denunciar la desigualdad, la segregación, el deterioro de los servicios públicos</strong>, etc. Necesitamos abordar esas cuestiones partiendo del análisis concreto de la situación en la que vive el pueblo de Madrid y, desde ahí, pensar cómo hacernos cargo de una parte del sentido común asumido para poder articularlo a nuestro favor.</p><p>El objetivo es reconducir cualquier cosa, cualquier tema, para enmarcar la cuestión en dos ideas: 1) <strong>El modelo desigual del PP nos sale muy caro</strong>; 2) <strong>Invertir en vivir mejor sale más barato</strong>. Mejorar la vida es más justo y eficaz. Hay que evitar hablar de las rebajas fiscales en abstracto y de explicar que, con sus políticas, unos se lo llevan crudo y otros se ahorran muy poco, porque el que se ahorra poco puede seguir pensando “eso que gano”, cuando no es cierto. Más que hacer pedagogía, la izquierda debe intentar encuadrar la cuestión de tal forma que podamos sentenciar y señalar lo perjudicial: <em>su política fiscal es un hachazo en diferido a la renta disponible.</em> Centrarse únicamente en destacar <strong>que su política fiscal, educativa, de vivienda, de sanidad, de políticas sociales, etc., aumenta el gasto ciudadano individual</strong> porque ese es el objetivo de su gobierno para generar un mercado privado.</p><p>Pongamos algunos ejemplos concretos. Cuando la Comunidad de Madrid deja abandonados <strong>sin plaza de FP</strong> a más de 50.000 alumnos, lo hace por motivos ideológicos: así genera un mercado para la FP privada que la gente paga de su bolsillo, luego puede premiar a algunos agraciados con becas para que estudien en la privada (subvenciones encubiertas a la privada), genera desafección con lo público porque no le hace la vida más fácil a la gente y, con ese desencanto, busca obtener rédito electoral futuro porque te ofrecen bajar impuestos para que tengas más dinero en el bolsillo. <strong>Dinero que acaba pagando servicios privados que deberían estar cubiertos con los impuestos</strong>. Algo parecido ocurre con <strong>las escuelas infantiles</strong>: no hay plazas públicas, así que las familias tienen que acudir a las escuelas privadas para luego obtener un cheque, que recibe la escuela privada, y obtener una rebaja en el coste. Así, en lugar de obtener una plaza por la que no se paga del bolsillo, se acaba pagando más por una privada y, encima, pretenden generar la sensación de alivio porque la cuota mensual se reduce en 100 euros, como si te estuvieran haciendo un favor. </p><p><strong>Lo mismo ocurre con la sanidad</strong>. Denigran el servicio público para que alguien, por ejemplo, si necesita ver a un especialista, tenga que decidir si esperar con su tiempo y salud o “elegir” gastarse el dinero en contratar un seguro privado, para que luego, los mismos que empujan a la gente a sacarse ese seguro, obtengan un rédito electoral ofreciendo bajadas de impuestos. Podríamos poner muchos <strong>más ejemplos en materia de vivienda, cambio climático, alimentación</strong>, etc., pero estos sirven para ilustrar cómo opera la racionalidad. De esta forma, se entiende que, en Madrid, la gente sea la que más gasta de su dinero en costear la educación, la sanidad y el conjunto de servicios <strong>que saldrían más baratos si estuvieran bien financiados y gestionados</strong>.</p><p>En los últimos 19 años, el 4,5% de los contribuyentes madrileños se ha ahorrado 54.664 millones de euros. ¿Cuánto se han gastado los madrileños en FP privada, en escuela infantil privada, en sanidad privada, en escuela concertada, en falta de vivienda pública, etc., a lo largo de todos esos años? ¿Cuánto les quieren hacer gastar para mantener los negocios de sus amigos? A ese gasto económico se le puede sumar el gasto en tiempo, en estrés, en salud, en mala alimentación derivado de sus políticas o de su ausencia etc., que también tiene un coste económico para las arcas públicas. <strong>Para que una minoría se ahorre mucho dinero, una mayoría tiene que costearlo</strong>. La pregunta es la siguiente: ¿dónde está mejor el dinero, en tu bolsillo o en el suyo? Si esa minoría pagase lo que debe, los madrileños se ahorrarían dinero. Hay que inaugurar una secuencia lógica según la cual una buena contribución fiscal para financiar unos buenos servicios de calidad se traduce en un mayor ahorro en el bolsillo de la ciudadanía.</p><p>______________________-</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM, diputado de Más Madrid y portavoz de Vivienda.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Sep 2024 18:54:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dinero en el bolsillo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impuestos,PP,Madrid,Educación,Vivienda,Sanidad,Gasto público]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derecha resentida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/derecha-resentida_129_1872743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/129a9598-141d-4ef5-aeda-4ca1efbcd5bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Derecha resentida"></p><p>En los últimos meses, se ha hecho muy famosa una creadora de contenidos popularizada bajo el nombre de Roro y que, a imagen del espejo estadounidense, vendría a escenificar <strong>un personaje similar a lo que se ha dado en llamar </strong><em><strong>tradewives</strong></em>; esto es, un movimiento de mujeres conservadoras que se reivindican como amas de casa tradicionales. Es paradójico que, aun tratándose de una performance conservadora, él es "el novio de", y el personaje público es ella. Pero no me interesa mucho hablar ni de esta persona en particular ni de estas mujeres en general, porque ya se ha comentado mucho y porque me parece que existen otros aspectos más interesantes del fenómeno, ya sea real o meramente instrumental para construirse un personaje y ganar dinero.</p><p>La clave no está tanto en hablar de ella como en hablar de<strong> lo que realmente busca la derecha que reivindica y desea ese modelo de mujer.</strong> No quieren algo que todo el mundo desea y entiende como deseable; a saber, muestras de cariño, que te cuiden, tengan un detalle contigo o te reciban con una cena cuando llegas a casa. No, esa es la excusa cínica que se pone para ocultar el resentimiento y los objetivos políticos que persiguen. Nos quieren hacer creer, con una sonrisa hipócrita, que <strong>la tortuosa vida que lleva Betty Draper en la serie </strong><em><strong>Mad Men</strong></em> es una expresión de libertad. Betty, recordemos, es una mujer encerrada en un rol que la somete a vivir la servidumbre cotidiana como si fuera una expresión de amor. Una mujer que aguanta todo tipo de humillaciones, pero que se mantiene firme y dispuesta a seguir cumpliendo con su función: satisfacer a su marido, siempre con una sonrisa y la mesa puesta.</p><p>Pero ese resentimiento no se limita a vender valores reaccionarios como si estuvieran exentos de ideología y formasen parte del sentido común; además, necesitan creer que<strong> las mujeres, cumpliendo ese rol, función y lugar concreto en el mundo, disfrutan con ello y lo desean fervientemente</strong>. Así se convencen de que no existe ninguna coerción, ninguna estructura de dominación, y todo fluye bajo el normal curso de las relaciones de pareja (un razonamiento que también puede aplicarse a las relaciones laborales). Si hay un ejemplo que ilustra esa aspiración de armonía despótica, que convierte a las mujeres en seres inanimados, es <strong>la novela de Ira Levin </strong><em><strong>Las esposas de Stepford</strong></em><strong>,</strong> que fue llevada al cine, primero en 1975 y luego, protagonizada por Nicole Kidman (<em>Las mujeres perfectas</em>), en 2004. A quienes reivindican ese modelo, les gustaría poder contar con una asociación de hombres que se dedica a sustituir a las mujeres por robots: mujeres complacientes, sonrientes y obedientes.</p><p>La derecha resentida <strong>desea mujeres que vivan sujetas a las decisiones que toman sus maridos </strong>y que hagan lo imposible para que el matrimonio funcione y perpetúe los valores tradicionales; quieren mujeres que parezcan desear hacer lo que se les ha encomendado que tienen que hacer. Se produce un falso dilema: frente a la realidad de muchas mujeres que sufren las dobles jornadas, dentro y fuera de casa, y al evidenciar que el trabajo no libera, se presenta el retorno al hogar como una <strong>forma de emancipación frustrada en el trabajo</strong>: <em>estabas mejor cuando solo te ocupabas de las tareas del hogar</em>. El dilema es falso porque la falta de autonomía sobre el tiempo derivada de las relaciones laborales no se solventa con una modalidad de dominación anterior basada en la subordinación de la mujer en el ámbito del matrimonio.</p><p>¿Qué tipo de orden político-sexual desea esta derecha resentida? Uno más parecido al de <strong>la familia romana </strong>que, como sabemos, viene de<em> famulus</em> y significa servidumbre. La familia era ese espacio no público gobernado de manera despótica que funcionaba como una unidad compacta. Al no existir la posibilidad de establecer diferencias o agonismo entre sus miembros, se consideraba a la familia como un espacio carente de libertad porque no existían las personas iguales que pudieran ejercer esa libertad. Cuando la derecha reivindica a la familia, no lo hace porque quieran más a sus padres, hermanas o hijos que el resto de la sociedad; no, <strong>lo hacen por razones de dominio político</strong>. Reivindican unas relaciones familiares basadas en la obediencia al <em>pater familias</em>, porque sirven de prototipo para organizar el poder político en la sociedad: la obediencia en la casa como la forma de pensar la manera de gobernar y ordenar a la población.</p><p>La derecha, en su melancolía, quiere retornar a un pasado idealizado en el que las cosas estaban dentro de un orden donde cada uno ocupaba su lugar y cumplía con su deber. Regresar a un orden familiar que es funcional a un orden social y a un modo de gobernar: <strong>compacto, sin agonismo, sin diversidad, sin igualdad y, por lo tanto, sin libertad. </strong>Lo que les molesta, en este caso del feminismo, pero en general de cualquier elemento y movimiento democrático, es el conflicto que introduce el cuestionamiento de ese orden porque distorsiona lo que entienden por normalidad: se resienten contra la democracia que altera las relaciones de poder. Y son resentidos porque, ante ese cuestionamiento de las relaciones de poder, se sienten agraviados cuando no consiguen seguir imponiendo su norma: <strong>esa victimización rencorosa les hace ser débiles.</strong> La reacción de ese tipo concreto de hombre que se siente humillado porque la mujer ya no es un objeto sujeto al dominio es la reacción de un tipo de hombre blandengue. Todas las libertades, y todo lo que tiene de bueno Europa y España, se ha conquistado contra el lastre que supone ese resentimiento.</p><p>____________________</p><p><em><strong>Jorge Moruno </strong></em><em>es sociólogo por la UCM y diputado de Más Madrid. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Sep 2024 19:21:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Moruno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Derecha resentida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Machismo,Feminismo,Extrema derecha,Derecha,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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