<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Ana Isabel Rábade]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/ana-isabel-rabade/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ana Isabel Rábade]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso y la familia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ayuso-familia_129_1998170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ayuso y la familia"></p><p>La presidenta de la Comunidad de Madrid incluye a menudo en sus discursos una encendida defensa de la familia. En particular,<strong> le gusta combinar familia y bajada de impuestos.</strong> Hace unos días, Isabel Díaz Ayuso anunció con alborozo la tramitación de una nueva rebaja fiscal en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, que incrementará hasta el 50% la bonificación para las herencias y transmisiones entre hermanos y entre tíos y sobrinos por consanguinidad. La rebaja se suma a la bonificación vigente de un 99% para las transmisiones entre cónyuges, hijos y ascendientes directos. De acuerdo con las estimaciones ofrecidas por la presidenta, la nueva medida generará un ahorro de alrededor de 140 millones anuales y beneficiará a unos 14.000 madrileños.</p><p>Llama la atención la referencia explícita a la consanguinidad. Si quien amasó la fortuna fue el cónyuge de tu tío o el sobrino de tu mujer, olvídate de la bonificación. La Comunidad de Madrid defiende a la familia, no a los advenedizos. Y no se puede negar que, en lo de defender a su familia, Ayuso siempre <strong>predica con el ejemplo. </strong></p><p>Después, las cifras. ¡<strong>14.000</strong>! ¡Guau! Aunque si tenemos en cuenta que la población de la comunidad madrileña se elevaba según el INE a 7.001.715 habitantes en 2024, la cantidad ya no impresiona tanto. No llega ni a un magro 0,2% del total. A todos, a todos, no parece que vaya a beneficiarnos. ¿Quiénes se van a ahorrar, entonces, los 140 millones? Si se detraen de los impuestos, acabará habiendo<strong> más perjudicados que favorecidos.</strong> ¡Cuántas cosas útiles para mucha gente podrían hacerse con 140 millones de dinero público!</p><p>Cuando se establecen bonificaciones o ayudas sin fijar escalas de aplicación ni topes, no suelen salir más beneficiados quienes más lo necesitan sino, por pura matemática, quienes más tienen. Por poner un ejemplo fácil: una cosa es que rebajen a tus hijos el 99% en el impuesto sobre la herencia del pisito que es tu vivienda habitual, y otra bastante distinta es que se lo descuenten a los hijos de Amancio Ortega o de Juan Roig. Lo primero puede ser justo;<strong> lo segundo contribuye a afianzar la desigualdad. </strong>Quizás se legisla para favorecer a las familias, pero a las de siempre.</p><p>De acuerdo con un informe de Oxfam de 2024, el 10% más rico de la población española acumula más de la mitad de la riqueza del país y el 1% de los más ricos entre los ricos monopoliza algo más del 20%. En cambio, el 50% de los hogares más pobres no alcanza ni el 8% de la riqueza total.<strong> La riqueza está en manos de unos pocos,</strong> de unas pocas familias. Según una información de la revista Forbes de hace algunos años, 30 familias acaparan gran parte de la riqueza en España. En general, y aunque haya excepciones, los ricos no se hacen, nacen.</p><p>Muchas de esas familias que concentran la riqueza patria llevan haciéndolo por lo menos<strong> los últimos 40 años. </strong>La distribución de la riqueza en España sigue siendo deudora en muchos sentidos de los casi 40 años de la dictadura franquista y de lo poco que se cambió después. Numerosos ricos actuales son los herederos de quienes hicieron o multiplicaron su fortuna gracias a su cercanía al franquismo. Algunos comenzaron ya por financiar el golpe de Estado y la posterior guerra. Otros se beneficiaron de expropiaciones, monopolios, concesiones exclusivas, grandes obras públicas y, en general, de las ventajas que les ofreció su afinidad con el poder en un régimen clientelar. La aclamada transición no cuestionó la estructura socioeconómica del país y las grandes familias dueñas del capital fueron aprovechando las oportunidades. Por ejemplo, hacerse con cuantiosos paquetes accionariales de las grandes empresas públicas que se iban privatizando, siguiendo el ejemplo histórico de sus antecesores en la élite, que ampliaron su condición de terratenientes con las amortizaciones.</p><p>Para redondear, un informe de 2022 de la OCDE constata que, en España, <strong>el 20% más rico recibió más del 30% de las ayudas públicas</strong>, mientras que el 20% más empobrecido apenas recibió un 12% del total. Lo de las <em>paguitas</em> que convierten a los más desfavorecidos en vagos aprovechados es una leyenda urbana.  Los ricos españoles y los partidos que más los defienden, que constantemente andan sacando pecho por su milenaria herencia cristiana, parece que quieran cumplir la críptica afirmación del <em>Evangelio</em> de San Mateo según la cual <em>a quien más tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aún más.</em></p><p>Últimamente todos, creyentes y ateos, nos hemos convertido en <strong>especialistas en cónclaves, papas e intrigas vaticanas.</strong> Ha sido divertido. No sé si los conocimientos recientemente adquiridos han dado para saber que 2025 es un año jubilar para la iglesia católica. En un año jubilar, los fieles pueden alcanzar la remisión de todos sus pecados si cumplen ciertos requisitos. En 2025 nos ha tocado el Jubileo de la Esperanza. Bonito nombre.</p><p>El jubileo es una institución que, como tantas cosas, el cristianismo heredó del judaísmo, a menudo cambiando enormemente su significado. Tal como figura en el <em>Levítico</em> ⎯incluido en el <em>Tanaj </em>judío y el <em>Pentateuco</em> cristiano⎯, <strong>el jubileo era mucho más radical.</strong> Cada 49 años todo había de restituirse a su estado original para recomenzar de cero, y no en un sentido puramente simbólico o espiritual. Se condonaban las deudas, se eliminaban las servidumbres, se redistribuían las tierras… El jubileo renovaba las estructuras sociales y económicas: corregía tanto la pobreza y dependencia extremas como la acumulación excesiva en manos de unos pocos y, con ello, reafirmaba la igualdad esencial entre todos. El jubileo se sustentaba sobre una premisa básica y generaba una esperanza fundamental. La premisa: la tierra no pertenece a los seres humanos, quienes, por así decirlo, estamos aquí de prestado. La esperanza: la injusticia no tiene por qué ser eterna.</p><p>Los políticos como la señora Díaz Ayuso identifican la justicia con promulgar leyes que garanticen que la riqueza continúe acaparada por muy pocos. Más allá de las ensoñaciones de llegar a contar entre ellos, la esperanza de la mayoría pasa por <strong>desbancar a los que piensan como ella </strong>del poder.</p><p>____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[6591e69c-df23-4c87-9be8-752cd9da629b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 May 2025 19:06:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ayuso y la familia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Iglesia católica,Isabel Díaz Ayuso,Desigualdad económica,Ayudas familiares,subvenciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuestión de clase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cuestion-clase_129_1994037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuestión de clase"></p><p>Cuando escuchas tu voz grabada te parece extraña y no acabas de reconocerte. La voz grabada se transmite solo por el aire, mientras que cuando nos oímos hablar a nosotros mismos intervienen también las estructuras óseas y la voz suena algo más grave. <strong>Avatares de la autopercepción.</strong></p><p>En todas las encuestas relativas a la autopercepción sobre la clase social a la que se pertenece, gana por mayoría absoluta la clase media. Cuesta más que alguien se identifique como de clase alta o de clase baja. Es curioso, porque<strong> la noción de “clase media”</strong> es bastante evanescente.</p><p>Para empezar, ¿media entre qué y qué? Los criterios económicos son muy amplios: entre el 75 y el 200% de la renta mediana, según la OCDE. Se hace necesario añadir otros factores concernientes a la educación, vivienda, estabilidad… Si, en su propia percepción, casi nadie es de clase alta y pocos de clase baja,<strong> la clase media es un auténtico cajón de sastre</strong> con individuos en situaciones demasiado dispares.</p><p>Tampoco es que la denominación ⎯alta-media-baja⎯ ayude. Resuena<strong> excesivamente jerárquica </strong>y sugiere el impulso aspiracional a <em>ascender</em> en la escala de clases, a huir de las más bajas y auparse lo más alto posible. En definitiva, insinúa la estigmatización de las clases bajas y que quien se encuentra atascado en ellas es porque no se ha esforzado lo suficiente por prosperar.</p><p>La abrumadora adscripción de la ciudadanía a la clase media puede indicar que mayoritariamente nos movemos entre gente con una situación semejante a la nuestra, de manera que nos resulta <em>la normal.</em> O también, que no sabemos muy bien <strong>cuál es nuestro lugar en la sociedad</strong> y elegimos el designador más neutro. En política, la idea de clase media es un excelente instrumento para emborronar la oposición, en principio bastante clara, entre élites capitalistas y trabajadores. Entre los pocos que poseen el poder económico y la gran mayoría que vive del trabajo asalariado ⎯también bajo la denominación de autónomos⎯, con muy diferentes niveles de bienestar, pero que comparten una misma situación de dependencia y, en consecuencia, de libertad vigilada. Quien para poder vivir depende de un sueldo pagado por otros pertenece a la clase trabajadora.</p><p>Hay varias claves que explican la desaparición de la conciencia de la clase trabajadora para pasar a identificarse con la amorfa clase media. Una muy clara, la construcción de lo que Thatcher denominó una “<strong>democracia de propietarios</strong>”, algo en lo que fue pionera la España de Franco (me refiero a los propietarios, no a la democracia). El ascenso a la clase media pasaba por convertirse en dueño de la propia vivienda. Muchos de los flamantes propietarios se transformaban, así, en acérrimos defensores de la propiedad privada y se identificaban sin muchos matices con los grandes propietarios. Las políticas de propiedad de la vivienda pusieron en marcha un monstruo voraz: no hay que dar muchos rodeos para trazar el hilo que las une al problema actual de la vivienda entendida como bien de mercado.</p><p>La victoria abrumadora del individualismo neoliberal y la sustitución del discurso de la lucha de clases por las batallas identitarias también contribuyeron. El neoliberalismo niega las clases. De nuevo, Thatcher sentenció: no existe la sociedad ⎯ni, por ende, las clases sociales⎯, solo individuos y familias. Hay individuos con éxito e individuos sin éxito, y<strong> el éxito se liga al mérito </strong>y el esfuerzo de cada cual.</p><p>Las batallas identitarias ⎯identidad nacional, racial, cultural, orientación sexual, identidad de género…⎯ surgieron como un correctivo a una lucha de clases demasiado<strong> eurocéntrica, testosterónica y normativa.</strong> También como un modo de enraizar la política en las experiencias personales cotidianas de marginación o sufrimiento. Pero el individualismo imperante terminó diluyendo demasiadas veces su mordiente más comunal para convertirlas en una cuestión casi exclusiva de derechos y libertades individuales. La alianza con el conservadurismo más tradicionalista, defensor del pasado como un orden eterno, ha enfrentado al neoliberalismo con muchas cuestiones identitarias. No tendría por qué ser así: la racionalidad neoliberal podría hacer bandera de todo tipo de libertades individuales para acompañar a la libertad de enriquecerse sin límites.</p><p>Que la conciencia de clase de las élites, a pesar de que no lo reconozcan abiertamente, es mucho más nítida y firme que la de la clase trabajadora se evidencia comparando en unas elecciones cualesquiera el porcentaje de votantes y de abstenciones entre un barrio pudiente y uno trabajador. En los barrios de clase alta saben a quiénes votan y por qué lo hacen y acuden a votar en tropel. En los barrios de clase trabajadora,<strong> la ciudadanía se siente más perdida</strong> ⎯menos representada⎯, la abstención es a menudo mayoritaria y algunos votan por opciones que es difícil entender que respondan efectivamente a sus intereses. La autoproclamada transversalidad de ciertos partidos que se dicen de izquierda tampoco ayuda. ¿Existe algo numéricamente más transversal, es decir, más inclusivo, que la clase trabajadora?</p><p>Por justas que sean, si las batallas particulares olvidan el fondo común, pueden acarrear resultados paradójicos. Pensemos en el ascenso del supremacismo blanco. Es tentador despacharlo de manera simplista como una mera reivindicación de los privilegios perdidos, cosa que, en parte, es verdad. Pero el supremacismo blanco atrae a un número apreciable de varones blancos occidentales que pertenecen a una clase trabajadora empobrecida por los embates del mundo neoliberal. Les llegan discursos políticos contra los privilegios en los que <strong>no se sienten incluidos</strong>: no están racializados, no son mujeres, no son inmigrantes… En ausencia de un discurso que sitúe en un primer plano lo común de todas las demandas contra los poderosos, es fácil polarizar el mensaje y hacer sentir a demasiados que, si las reivindicaciones particulares los excluyen, es porque se dirigen contra ellos. Y acaban votando a quien, al menos, los elige como interlocutores.</p><p>Sería insensato abandonar la mejora de las condiciones de vida y la lucha contra la estigmatización y la marginación en cualquiera de sus casi infinitas formas. Pero es fácil obtener victorias si se divide al contrincante. La promoción de la clase media y las políticas identitarias pueden utilizarse en una estrategia de <em><strong>divide y vencerás</strong></em><strong>,</strong> un clásico de las élites en el poder desde tiempos inmemoriales. Se fomenta la fragmentación de la mayoría en grupos, de suerte que sean muy conscientes de lo que les diferencia y olviden lo mucho que les une. Basta esperar a que se enfrenten entre sí. Los juegos del hambre.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[7c9637e1-198c-4fbb-ac1d-06ac2a27efa5]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 May 2025 18:32:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuestión de clase]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Lucha clases,Trabajo,Desigualdad económica,Desigualdad social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imprescindibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/imprescindibles_129_1987495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Imprescindibles"></p><p>"Tú, y tú, y tú, y solamente tú", cantaba Pablo Alborán. Quizá es lo que entonan muchos políticos al mirarse en el espejo por la mañana. No es ninguna novedad. En otros tiempos se hablaba del "culto a la personalidad". <strong>Vivimos una época de líderes imprescindibles.</strong> Al menos es lo que ellos y quienes los rodean parecen creer. Como jalean al alcalde de <em>Amanece que no es poco</em>, “todos somos contingentes, pero tú eres necesario”.</p><p>La población mundial se estima que sobrepasa ya los 8.000.000.000 en este 2025. Sin embargo, estamos acostumbrados a ver a<strong> los mismos actores </strong>protagonizando las películas y los programas de la televisión. Los mismos cantantes acaparando las listas de éxitos. Los mismos tertulianos monopolizando cualquier discusión, por dispar que sea el tema de debate. Y también a los mismos políticos ocupando los más diferentes cargos y presidiendo diversas candidaturas. Como si solo ellos y ellas poseyeran cualidades y habilidades tan especiales que los hicieran adecuados para enfrentarse a la acción y la dirección política.</p><p>Una confesión inconfesable: soy fan entusiasta de <em>Star Trek</em>, la serie original, la del Sr. Spock. En algún episodio comentan jocosamente que el <em>Enterprise </em>⎯para los no iniciados, la nave estelar en la que viajan los protagonistas⎯ se supone dotado con una tripulación de cientos de personas, pero, pase lo que pase, siempre salen los mismos. El mundo parece empeñado en replicar la situación: somos muchos, pero<strong> los protagonistas son siempre unos pocos.</strong> Los demás nos asemejamos a figurantes y secundarios de esos que, en <em>Star Trek</em>, a menudo visten de rojo y mueren a bulto en cada episodio.</p><p>Nuestros políticos pasan de la política municipal a la nacional, de ahí a la internacional y, si es necesario, vuelta a empezar. De una consejería o ministerio a otro, aunque sus competencias poco tengan que ver. Un aceptable éxito político en forma de cargo parece que capacita ya para cualquier cosa. Las papeletas con las candidaturas cerradas, con nombres menos reconocibles según se alejan de los primeros puestos, pueden incluso estar presididas por la efigie identificable del líder ⎯para mí, <strong>una </strong><em><strong>red flag</strong></em><strong> en toda regla</strong>⎯ . Lo hizo Podemos con Pablo Iglesias en las elecciones europeas de 2014 y lo emuló Sumar con Yolanda Díaz en las elecciones generales de julio de 2023. Si una propuesta política necesita identificarse con un único rostro, creo que empezamos mal.</p><p>La dinámica democrática de nuestras sociedades se reduce en exceso a que, cada cierto tiempo, refrendemos a un líder por encima de otros y a que alguno, ya desgastado, sea sustituido de cuando en cuando. Tras tanta notoriedad, no es de extrañar que los descabalgados del poder, como ciertos expresidentes ⎯llámense<strong> Felipe o José María</strong>⎯, se resistan a menudo a abandonar la primera plana y se crean la viva personificación de la única democracia verdadera. Son pocos los que saben retirarse de la política y volver sin ruido a sus vidas <em>normales</em>.</p><p>En la <strong>democracia de Atenas</strong>, muchos cargos eran adjudicados por sorteo, con la excepción de aquellos que demandaban conocimientos técnicos específicos. Da que pensar. No voy a proponer la restrictiva democracia ateniense como modélica, pero es una forma de reconocer que todos los ciudadanos están capacitados para participar en pie de igualdad en la política y de intentar garantizar que ciertos intereses particulares no predominen siempre.</p><p>Los políticos irreemplazables y los liderazgos exagerados cuadran muy mal con una democracia. La democracia debería presuponer que todos sus ciudadanos poseen la madurez y las cualidades que les posibilitan participar activamente en política, y<strong> no conformarse con votar cada cuatro años</strong> a aquellos pocos que realmente ejercen el poder. Si esto no ocurre, tenemos un serio problema de educación para la democracia, o de elitismo rampante.</p><p>Los partidos políticos con imprescindibles representan mal la democracia. Tenemos como ejemplo a Donald Trump, con ganas ya de soslayar la legalidad para alcanzar un tercer mandato. Es fácil reconocer la<strong> inclinación autocrática en Trump</strong>, a ejemplo de su amigo Putin, Netanyahu o Erdogan.</p><p>Si un partido no puede sustituir a su líder, que tiene que encabezar cualquier elección porque siempre parece el mejor candidato, su contextura democrática queda en entredicho. A mí me molesta más que pase en la izquierda, donde lo personal nunca debería imponerse a lo colectivo. Estoy pensando ahora en Irene Montero como sucesora del en otros tiempos omnipresente Pablo Iglesias. Sé que no es fácil para un partido “joven” y con implantación territorial irregular. Pero igual esto último da la pista del problema que conduce a liderazgos tan reiterativos.</p><p>Y como respuesta no valen los plebiscitos planteados sin auténticas alternativas. Demasiados dictadores han recurrido a plebiscitos y aclamaciones para alegar apoyo popular. <strong>La democracia exige que nadie sea imprescindible</strong> y que todos puedan participar activamente más allá de alzar la mano o seleccionar la papeleta para votar. En democracia, los políticos son contingentes. Solo los ciudadanos, ejerciendo como tales, son necesarios.</p><p>Una época se reconoce también por sus monstruos. Los monstruos de moda, presentes una y otra vez en los productos culturales, dicen mucho de nosotros, de qué tememos, qué deseamos y cómo nos vemos. En las últimas décadas abundan <strong>vampiros y zombis.</strong></p><p>Los vampiros, como también los superhéroes con capacidades prodigiosas, encarnan la excepcionalidad. El vampiro es egoísta y aristocrático, pero también lascivamente atractivo. Se alimenta de la sangre de sus víctimas y, a cambio, puede conceder a algunos escasos elegidos la inmortalidad. En el otro extremo están los zombis, esa masa de seres de apariencia humana, pero que han perdido su verdadera individualidad e intentan torpemente que tú también pierdas la tuya. <strong>Masas sin cerebro ni voluntad</strong>. Los pocos individuos que continúan siendo ellos mismos han de resistir la horda despersonalizada sin miramientos.</p><p>Quizá los monstruos de moda reflejen el estado de la agencia política en nuestras supuestas democracias. Una gran masa de ciudadanos amorfos con los que nadie se quiere identificar y unos pocos elegidos extraordinarios, que seleccionan a sus sucesores y que viven de <strong>chupar la sangre a los demás.</strong></p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[98046a0d-72fc-4858-be07-39adbd624a8b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 May 2025 17:47:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Imprescindibles]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Política,Políticos,Valoración líderes políticos,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tardes de toros, mañanas de esquí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/tardes-toros-mananas-esqui_129_1978398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tardes de toros, mañanas de esquí"></p><p>La película <em>Casablanca </em>de Michael Curtiz tiene muchos momentos inolvidables. En uno de los más épicos, la <strong>clientela de Rick’s</strong> —el garito regentado por Humphrey Bogart⎯ se une para cantar a voz en cuello <em>La Marsellesa </em>y ahogar así las voces de los oficiales nazis que entonan <em>La guardia del Rin</em>. ¿Se imaginan qué anticlímax si se hubiese hecho <strong>sonar el himno español</strong> y los parroquianos hubiesen tarareado al unísono <em>lolo, lolo…</em>? Los clientes de Rick’s, de las más diversas nacionalidades, se identifican todos por un momento con <em>La Marsellesa</em> como un canto de libertad. ¿Y el himno español?</p><p>A muchos extranjeros les sorprende que a tantos españoles nos cueste identificarnos con<strong> nuestra bandera y con nuestro himno</strong>. Seguramente desconocen nuestra historia. España es una monarquía porque, después de ganar <strong>una cruel guerra civil </strong>que él entre otros comenzó, el dictador que se mantuvo en el poder durante casi 40 años dejó estipulado que España sería una monarquía y la decisión llevaba aparejada una bandera y un himno.</p><p>En el siglo XX hubo otras dictaduras en Europa. A los ciudadanos de países como Grecia o Albania se les ofreció la posibilidad de decidir en referéndum si querían retomar la monarquía. España es una excepción. La democracia española y sus símbolos actuales están lastrados por ese<strong> pecado original</strong>. Para muchos, el fin de la dictadura exigía por pura lógica la restauración del orden legítimo que la precedió. <strong>La república y sus símbolos</strong>. ¿Por qué asumir la legitimidad de los deseos de un dictador? ¿No es lo consistente refundar la democracia sobre una decisión democrática?</p><p>Sé que la afamada transición a la democracia se hizo desde el miedo ⎯el insistente runrún de los sables⎯. Que muchas cosas no se quisieron tocar por los estallidos que podrían desencadenar. Pero en nuestro país acabó sucediendo lo que a menudo sucede con las mudanzas: las cajas que <strong>no se desembalan</strong> pronto acaban por eternizarse sin que nadie se decida a meterles mano. Quizá cuando Felipe de Borbón sucedió, con ciertas prisas, a su padre, faltó valentía para consultarnos, por fin, sobre la forma del Estado. Nunca es el momento. La España actual no ha sabido o no ha querido desliar muchos fardos del pasado y prefiere mirar constantemente para otro lado. <strong>Demasiadas estructuras de poder </strong>quedaron en manos de los mismos, que protestan airados cuando se cuestiona su pedigrí democrático. Pero, como dice el Evangelio, <em>por sus obras los conoceréis.</em></p><p>Según nuestra Constitución, el rey es el símbolo del Estado. En una democracia, creo yo que esto debería significar que el rey debería <strong>poder asumirse como símbolo</strong> por todos y cada uno de los ciudadanos. ¿Es así?</p><p>Hace unas semanas, Felipe de Borbón aprovechó la celebración de las Fallas para dejarse ver en los toros. No mucho después, compareció con la mitad de la cara quemada por el sol y se justificó explicando entre risas que había estado esquiando. <strong>Tardes de toros, mañanas de esquí</strong>. Vamos, lo que hacemos todos los españoles. ¿O no?</p><p>Las estadísticas afirman que solo un escasísimo porcentaje de los españoles acude a espectáculos taurinos ⎯<strong>no llega ni a un magro 2%</strong>, según datos de 2022⎯. Además, los toros tienen una presencia muy dispar en diferentes comunidades autónomas. Por ejemplo, en las Islas Canarias están prohibidos. De hecho, y en contra de su decidida defensa ⎯también económica⎯ por parte de la presidenta de alguna Comunidad Autónoma, bastante<strong> más de la mitad de la población española </strong>está en contra de los espectáculos taurinos, al igual que de la caza, y abogaría por su prohibición. ¿Qué simboliza Felipe VI en los toros?</p><p>Por supuesto, Felipe de Borbón tiene derecho a dedicar sus ratos libres a lo que buenamente quiera. Esquí, vela… <em>afinidades electivas</em>, que diría Goethe.<em> </em>A Felipe le gustan las actividades que practican los de su clase. Y aquí encontramos un pequeño problema: hasta qué punto quien debería simbolizar a todos es demasiado representativo de algunos. Le han educado así, podría alegarse.</p><p>Felipe de Borbón y su consorte decidieron que sus hijas estudiarían, como él hizo, en colegios privados, terminando con un exclusivo internado en Gales. No parece que la corona tenga ganas de defender vivamente la <strong>educación pública</strong>. Sus actos sugieren más bien que, si puedes permitírtelo, elige la privada. Una educación privada y exclusiva que, además, en el fondo pagamos entre todos. ¿No se les ha ocurrido a los padres de la futura reina ⎯ahora en promoción⎯ lo instructivo que sería para ella codearse en el día a día con gente corriente, más allá de los<strong> jaleados baños de multitud </strong>preparados para ocasiones excepcionales? A lo mejor aprendería así a simbolizar más a todos los españoles y no tan claramente a una pequeña clase privilegiada, la suya.</p><p>Se nos ha insistido muchas veces que la corona española nos sale bien baratita y destaca por su austeridad. Para demostrarlo, se exhiben los gastos que le son asignados como tal en los Presupuestos del Estado. Pero la corona española es una de las <strong>menos transparentes de Europa</strong> y su coste real está disperso por diversos ministerios, Interior, Exteriores, Defensa, Presidencia y Hacienda, además de Patrimonio Nacional. ¡Qué tramposillos! ¡Con tanta diseminación sale más difícil echarles las cuentas!</p><p>Sé que alguien me sugerirá que algunas de las democracias europeas más asentadas se corresponden con monarquías. Pero la monarquía hereditaria es, en sí misma, una institución clasista: <strong>una familia especial y aristocrática </strong>que se transmiten entre ellos el derecho supuestamente legítimo a ser cabezas del estado, sin exigir ningún otro mérito que el linaje. Tan especial y escogida, que los miembros de la mayoría de las casas reales europeas son medio primos. La <strong>transmisión hereditaria de privilegios</strong> no pienso que cuadre mucho con la igualdad de todos los ciudadanos, requisito de una auténtica democracia. Me parece muy difícil que un rey simbolice bien a un pueblo.</p><p>No solo son los reyes. Si acudimos al parlamento español, el depósito de la soberanía popular, encontramos, por ejemplo, una sobreabundancia de abogados y una escasísima presencia de obreros y agricultores. Se dirá que es cosa buena que nuestros legisladores estén bien formados. Pero ¿están en disposición de reconocer las necesidades y las urgencias de la mayoría? ¿Son nuestros representantes representativos? También es llamativa la <strong>longevidad de los diputados </strong>en el escaño. Parece que se quedan pegados a él. Se forma toda una clase política entre la que se reparten escaños y cargos y, quizá después, puertas giratorias, alejados ya de por <strong>vida del común de los españolitos</strong>. Si repasásemos lo que sucede con la judicatura, el sesgo de clase sería aún mayor.</p><p>La triste conclusión es que la gran mayoría de los ciudadanos de este país <strong>no están representados</strong> ni en sus instituciones ni en su soberanía. Que quienes deberían simbolizarnos y representarnos<strong> simbolizan y representan a muy pocos </strong>y siempre a los mismos. Una representación impostada de tardes de toros y mañanas de esquí.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[292925aa-944c-468b-a8f9-20a4e961e102]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Apr 2025 18:24:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tardes de toros, mañanas de esquí]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[República,Segunda República española,Monarquía,Felipe VI,Toros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Políticas del miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/politicas-miedo_129_1971493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticas del miedo"></p><p>Según la primera acepción que figura en el DRAE, el miedo es la “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”. Es interesante que la Real Academia sancione que la amenaza que hace surgir el miedo pueda ser imaginaria. <strong>La imaginación gasta al ser humano muy malas pasadas.</strong></p><p>El miedo es, por supuesto, un sentimiento natural y primario. Los humanos son criaturas precarias a las que siempre aguarda la muerte y s<strong>entir miedo es un mecanismo defensivo clave para intentar eludir el peligro</strong>. Pero cuando la imaginación entra en juego todo puede distorsionarse. Podemos dejar de percibir el riesgo porque nuestra cabeza está en otra cosa. Y, si no, que se lo digan a quienes son capaces de morir por un selfi. También podemos agigantar los peligros que se ciernen sobre nosotros, o incluso inventarlos por completo.</p><p>El miedo y la política o, quizás mejor, el poder, siempre han gozado de excelentes relaciones. El gran teórico del miedo en la política es el filósofo inglés del siglo XVII<strong> Thomas Hobbes</strong>. El pensamiento político de Hobbes traza un arco que conduce desde el miedo al otro, percibido como una permanente amenaza, hasta el miedo al poder del soberano, del Estado<strong>. El miedo siempre en el centro, como una pasión humana constitutiva</strong>, que modula y guía nuestras relaciones con los demás y da forma a nuestras decisiones y nuestras vidas.</p><p>¿A qué tipo de poder convienen más las políticas del miedo? Hay muchas lecciones que extraer del pensamiento hobbesiano. Por ejemplo, el miedo como pasión fundamental cuadra muy bien con el individualismo radical del inglés, para quien todo ser humano es, por naturaleza, un competidor agresivo. Ante la feroz competencia desatada, <strong>la única solución es implantar la paz social y la justicia mediante la ley y el orden</strong>. Un pilar fundamental de la justicia y el orden social es la propiedad privada. No hay justicia si no se puede distinguir entre lo tuyo y lo mío y no hay orden si impera la igualdad, que para Hobbes es siempre una circunstancia peligrosísima.</p><p>¿Es el miedo un enemigo acérrimo de la libertad? No estrictamente. La política del miedo hobbesiana es compatible con lo que el amigo Thomas denomina las<strong> </strong><em><strong>libertades inofensivas</strong></em>. Algunos ejemplos del propio Hobbes: libertad para comprar y vender, para establecer contratos, elegir dónde vivir, qué comer, qué trabajo realizar y para decidir sobre la educación de los propios hijos. ¿Les suenan? Cuando alguien que defiende un significado mucho más sustantivo de la libertad recurre al miedo como motivo fundamental, aunque sea el miedo al fascismo, incurre en un error tan elemental como catastrófico: <strong>es muy difícil vencer al adversario empleando sus armas.</strong></p><p><em>El miedo es libre</em>, dicen, pero suelen manejarlo siempre los mismos. Hobbes sabía que el miedo es un instrumento de dominación poderosísimo que consigue, con economía de medios, la obediencia al poder. ¿Para qué instaurar costosos aparatos de constante violencia explícita, si difundiendo un miedo generalizado se puede disciplinar a una población para que haga por sí misma lo que resulta conveniente? Por ello también, cuanto más tiránico el poder, más arbitrario, para que todos permanezcamos en alerta perpetua, ya que no se sabe a quién y cuándo llegará el golpe, o el trato de favor.</p><p>Hacer que cunda el miedo tampoco es difícil. Como señaló Michel de Montaigne, el pensador francés que inventó el ensayo allá por el siglo XVI, <em><strong>no hay pasión más contagiosa que el miedo, ni que requiera de menos motivos para adquirirse</strong></em><strong>.</strong> La fértil imaginación humana es siempre un útil aliado. Basta con sembrar en ella la semilla y, como una mala hierba, el miedo se propagará por sí mismo invadiéndolo todo. El miedo al “diferente”, el miedo a la catástrofe, el miedo a la guerra… Este último se ha unido recientemente a los miedos contemporáneos.</p><p>Una Europa que se creía a salvaguarda de las guerras ⎯que siempre ocurrían ya en algún lugar lejano⎯ ha descubierto de súbito su fragilidad. Los enemigos acechan y Europa se <strong>apresta a armarse hasta los dientes</strong>, dejando de lado otras necesidades, y a preparar a sus ciudadanos para lo peor. Lo último es la recomendación para todos los europeos de preparar una mochila con un kit de supervivencia para resistir las primeras 72 horas, las más cruciales al parecer. No acaba de haber un acuerdo sobre qué incluir en la mochila. ¿Pastillas de yodo? ¿pesto y tomates secos? ¿un parchís?...<strong> El accesorio fijo de la mochila es el miedo.</strong></p><p><strong>Una nueva época de Guerra Fría parece abrirse ante nuestros ojos</strong>, con sus paranoias y sus miedos. ¿Podríamos tal vez obtener alguna enseñanza de la anterior? La Guerra Fría se prolongó casi cincuenta años. Su desencadenante fue el miedo occidental o, más concretamente, estadounidense a una expansión de la URSS y el comunismo más allá de las fronteras estipuladas en Yalta.<strong> La Guerra Fría dio nacimiento a la OTAN</strong> y forma a la política, la economía, la cultura y los modos de vida de toda una época. En algunos momentos, la sensación fue de un peligro devastador a punto de ocurrir. Hoy sabemos que la URSS nunca estuvo realmente en condiciones para tal expansión y que bastante tenía con lo suyo.</p><p>¿Qué sucederá esta vez? <strong>¿Estarán justificados los miedos que quieren contagiarnos?</strong> ¿Dirigimos nuestra mirada asustada en la dirección correcta? Me parece extremadamente difícil saberlo a ciencia cierta. Pero, por lo general, desconfío de las políticas del miedo. Suelen servir para afianzar o favorecer cierto poder y a los seres humanos corrientes nos manejan a su antojo. Lo más sensato me parece la precaución. No solo hacia los posibles peligros de los que nos advierten, quizá muy reales, sino hacia quienes nos advierten de esos peligros. No sea que vaya a tener razón Kavafis:</p><p>	<em>Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.</em></p><p><em>	Algunos han venido de las fronteras</em></p><p><em>	Y contado que los bárbaros no existen.</em></p><p><em>	¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?</em></p><p>	<em>Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.</em></p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[ce7bbf90-0811-451c-8937-30b612ed8fa2]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Apr 2025 18:24:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Políticas del miedo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Gasto militar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Impunidad y victimismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/impunidad-victimismo_129_1967697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Impunidad y victimismo"></p><p>Tengo últimamente la desoladora sensación de que vivimos una edad de oro de la impunidad. Cuando en 2016 salieron a la luz unas fotografías hechas en Guantánamo ⎯ese no lugar que EEUU mantiene en territorio “enemigo”⎯, que <strong>exhibían las torturas y humillaciones</strong> a las que eran sometidos sus prisioneros, el filósofo esloveno Slavoj Žižek advirtió que, sorprendentemente, lo peor no eran las fotos mismas y lo que mostraban, sino que todos las habíamos visto y no había sucedido nada. Que ante lo espantoso y lo inadmisible no ocurra nada es síntoma de impunidad.</p><p>Tras un precario<strong> alto el fuego</strong>, Israel ha reanudado sus bombardeos sobre Gaza. El primer día asesinó a <strong>más de 400 personas</strong>, en su mayoría niños y ancianos. Nadie se lo impide. Una vaga condena moral, indecentes justificaciones cogidas por los pelos… nada más. Israel goza de impunidad para el exterminio.</p><p>Rusia invadió Ucrania para apropiarse de parte de su territorio. Las conversaciones de paz dirigidas por EEUU se lo reconocen y premian con un suculento botín al intermediario americano. Tienes impunidad para apoderarte de una porción de otro país, siempre que geoestratégicamente resultes más interesante y el negocio salga bien.</p><p>Antes aún de las elecciones que le hicieron llegar de nuevo a la Casa Blanca, la Corte Suprema de EEUU dictaminó la<strong> inmunidad penal absoluta</strong> de Trump por cualesquiera acciones de carácter oficial llevadas a cabo durante su anterior mandato. La Corte Suprema americana presenta <strong>una mayoría conservadora </strong>propiciada por el propio Trump en su primera presidencia. Asimismo, y a pesar de haber sido declarado en parte ya culpable, su victoria en las elecciones de noviembre de 2024 paralizó todas las causas penales abiertas contra él que le imputaban <strong>un total de 34 delitos</strong>. Ahora, Trump tiene en su potestad indultarse a sí mismo. Impunidad del poderoso.</p><p>Lo de facilitar la propia impunidad no es una exclusiva estadounidense. En nuestro país, la balanza de la justicia tiene una curiosa tendencia a caer <strong>siempre del mismo lado</strong>. Más que ciega, la justicia parece tuerta. Si perteneces a un <strong>partido de ideología</strong>, qué sé yo, conservadora, tus posibilidades de irte de rositas se incrementan exponencialmente.</p><p>No solo es una cuestión de tendencia política. En este mundo nuestro, el dinero es una de las vías más fáciles para lograr impunidad. A todo lo largo del globo, los delitos cometidos por los pobres ⎯a menudo, por pura lógica, contra las<strong> propiedades de los ricos</strong>⎯ tienden, por lo general, a ser castigados de manera desproporcionada. Si tienes dinero, tus abogados son mejores y las leyes más benignas. Puedes<strong> estafar millones</strong> y que los resquicios de la ley te salven y casi haya que pedirte disculpas por haberte perseguido tan injustamente.</p><p>Una de las formas de subjetividad más reconocibles en nuestro discurso político contemporáneo es la víctima. En principio, el rol de víctima no es nada deseable, y no solo por el sufrimiento que conlleva, sino porque supone una pasividad e impotencia que<strong> aleja de la verdadera agencia</strong>. Sin embargo, la víctima siempre está moralmente en lo cierto y es irresponsable desde el punto de vista político. Y, por ello, revestirse de víctima es un camino fácil para conseguir impunidad.</p><p>Volvamos a Israel. Una larga historia de marginación y sufrimiento y un ataque terrorista con<strong> más de 1000 asesinados</strong>, quizá fácilmente evitable, se usa para justificar, desde el victimismo, un genocidio que, oficialmente, eleva ya el número de muertos a <strong>más de 60.000</strong>, a los que habría que sumar todos los desaparecidos de los que, probablemente, nunca volveremos a saber.</p><p>Ahora a EEUU. El abuso por parte de medio planeta de la proverbial bondad y buen hacer estadounidense justifica, por ejemplo, <strong>represalias económicas </strong>que disparan una absurda guerra comercial que aumentará la pobreza de los más pobres. </p><p>Ya en nuestro país, los jueces que tienden a sesgar la justicia siempre en la misma dirección se lamentan dolidos de las improcedentes acusaciones de falta de imparcialidad que sus actuaciones les deparan. Y, por poner otro ejemplo, la <strong>presunta responsable política</strong> de la muerte indigna de 7291 ancianos se disfraza de <em>mater dolorosa </em>para unas obscenas fotografías y acusa de persecución, e incluso de querer su muerte, a quienes señalan su responsabilidad.</p><p>Sé que la impunidad tampoco es cosa nueva. A lo largo de la historia los poderosos siempre han disfrutado de ella. La impunidad es un sinónimo o, quizás mejor, un eufemismo para barbarie. Es otro nombre para la <strong>ley del más fuerte</strong>. O para la rampante desigualdad. El poderoso, el fuerte, el rico, se impone sin reparación posible s<strong>obre los débiles y los pobres</strong>, y sanciona, además, su relato. Tampoco creo que sea muy novedoso el exhibicionismo impúdico con el que, cada vez más, se alardea de la impunidad. Pero a todos nos gustaría que nuestro momento histórico no fuera uno más, sino uno mejor. O, por lo menos, vislumbrarlo.</p><p>De niña me fascinaban las<strong> historias del Antiguo Testamento</strong>, ese dios esquivo y, a menudo, vengativo. Por dudar de él, Dios castigó a Moisés, uno de sus elegidos: nunca pisaría la tierra prometida, ésa que hoy es el <strong>escenario de tantos crímenes</strong>. Pero Dios es también compasivo y le permitió verla desde lejos, morir con la seguridad de que estaba ahí, al alcance de la mano. Me conformaría con eso, pero estos tiempos de victimismo e impunidad nos lo ponen difícil.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c9eb5a1f-4fa9-4c07-bbd7-047609b54fcf]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Mar 2025 19:23:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Impunidad y victimismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Delitos,Asesinatos,Gaza,Israel,Donald Trump,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los tiempos están cambiando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/tiempos-cambiando_129_1963242.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los tiempos están cambiando"></p><p>Se repite mucho últimamente que estamos entrando en una nueva época. Que algunas de nuestras firmes certezas sobre el orden mundial se han desvanecido y <strong>tenemos que prepararnos </strong>para una nueva situación. Prepararnos con armas, claro.</p><p>Cada vez que oigo una enfática declaración sobre el cambio del panorama geoestratégico resuena en mi cabeza la canción de Bob Dylan: <em>Los tiempos están cambiando.</em> Quizá porque hace poco que he visto la película sobre el escurridizo bardo de Minnesota. Como sus espectadores saben, la película no es exactamente un biopic: narra estrictamente cuatro años de la vida de Dylan y no pretende explicar al personaje. Más bien retrata un momento e intenta contar algo. Un jovencísimo<strong> Bob Dylan </strong>se presenta como la oportunidad para que el viejo folk se renueve lo bastante como para no agotarse y lo bastante poco como para que persista fundamentalmente inalterable. Bob tiene otros planes. <strong>Se niega a cantar eternamente la misma canción</strong>, a permanecer embalsamado en el mismo estilo. Va a cambiar y va a hacer mucho ruido ⎯en más de un sentido⎯ para demostrarlo. La película termina con la “escandalosa” actuación eléctrica de Dylan en el festival de Newport que marcó, a bombo y platillo, su separación del folk.</p><p>De acuerdo con la película, más allá de su incuestionable talento como compositor, las grandes virtudes de Dylan son su<strong> sensibilidad para captar el ambiente, </strong>lo que sucede, y su empeño en atreverse a capitanear el cambio, en vez de dejarse llevar.</p><p>Los tiempos siempre están cambiando. El filósofo griego Heráclito afirmó que <strong>no te puedes bañar dos veces en el mismo río</strong>: incluso cuando parece remansado, el agua nunca es la misma. Todo fluye. Para una rápida comprobación, bastan las fotos que nos hicimos hace años. Como diría Neruda, <em>nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.</em> E igual sucede con todo. La cuestión es cómo nos enfrentamos al cambio.</p><p><strong>Los tiempos geoestratégicos están cambiando</strong>. Es un hecho. Y no tan repentino como algunos parecen pensar. Una Europa ensimismada, acostumbrada a creerse el centro de la civilización, no acababa de reconocer que el centro del mundo viraba hacia oriente. Los mohines desdeñosos de Trump hacia la UE y sus guiños a Putin, su nuevo mejor amigo, han despabilado al viejo continente y le han hecho casi entrar en pánico. Trump amenaza con abandonar la OTAN. Se desentiende de la defensa de Europa.</p><p>Las amenazas erráticas del presidente de EEUU hacen difícil saber cuándo debemos tomarlo en serio. Lo único claro en su comportamiento es que <strong>su aguja imantada siempre apunta fijamente al dinero.</strong> ¿Es su amenaza una estrategia para congraciarse con Rusia y alejarla de las seducciones de China, mientras que la UE, por si acaso, vigila a Putin aparentemente por su cuenta? Trump parece un bufón, pero quizá, como Polonio advierte sobre Hamlet, <em>aunque sea una locura, hay método en ello.</em></p><p>Mientras tanto, Europa se apresta a defenderse del colosal enemigo ruso que en tres años no ha podido con la maltrecha Ucrania. El pasado día 4 de marzo Úrsula von der Leyen propuso un plan de choque para "rearmar Europa" que movilizaría <strong>800.000 millones de euros</strong>. La propuesta suscita muchas preguntas. Para empezar: 800.000 millones, así, a bote pronto. Una cifra redonda. ¿Por qué no 700.000, 850.000 o 1.000.000 millones? ¿De dónde sale el cálculo, en ausencia de un plan concreto?</p><p>La gigantesca partida extra en defensa haría saltar por los aires el dogma inscrito en 2009 en la Constitución alemana a instancias de la entonces todopoderosa Angela Merkel, correligionaria de Von der Leyen, que impide endeudarse más allá del 0,35% del PIB, y desde el que se impuso la austeridad a los países de la UE para afrontar la crisis financiera de 2008. Los alemanes ya han dicho que esta vez se saltan la norma constitucional sin darle muchas vueltas. Para ayudar a subsanar los problemas de los ciudadanos más vulnerables no, pero sí para armar una defensa fantasmal frente a Putin. Da mucho que pensar sobre el sentido de nuestras <em>democracias.</em></p><p><strong>Von der Leyen</strong> habló explícitamente de "rearme" y no solo de defensa o seguridad en una acepción vaga y amplia. Yo, puestos a quedarnos con un alemán, estoy con el viejo Immanuel Kant, quien, en <em>Para la paz perpetua</em>, señaló el riesgo de la carrera armamentística, porque las armas que se desarrollan tienden a acabar usándose. Y no,<strong> Kant no era ningún ingenuo </strong>⎯en el preámbulo de la obra sugiere que la “paz perpetua” quizá solo tenga cabida real en los cementerios⎯ y era un ilustrado conservador, aunque a los conservadores actuales más de una de sus ideas les parecería propia del Che Guevara. </p><p>Más preguntas. <strong>¿Qué ha sido de </strong><em><strong>la navaja de OTAN</strong></em><strong>?</strong> ¡Uy! ¡Perdón! <em>De Ockham</em>. El filósofo inglés del siglo XIV ⎯hoy estoy filosófica⎯ señaló que, desde un punto de vista científico, hemos de dar preferencia, en principio, a la explicación más simple. O, dicho de otra manera, “no hay que multiplicar entes sin necesidad”. Aplicar la <em>navaja de Ockham</em> nos podría ahorrar mucho dinero a los europeos. Si el objetivo es crear algo así como un ejército propio, ¿qué vamos a hacer con la OTAN? <strong>¿Financiaremos dos instituciones que se solapan?</strong> ¡Qué despilfarro! Algunos opinan que, si EEUU se retira de la OTAN, como sugirió Trump, Europa podría quedarse con la OTAN y, resumiendo, hacer de ella su ejército. ¿Hay que tomar esta vez en serio a Trump? No acabo de verlo. ¿Y las bases americanas? Si EEUU ya no es un aliado militar fiable, ya que se ha puesto del lado de nuestro archienemigo Putin, ¿vamos a seguir tolerándolas?</p><p>Los tiempos están cambiando, es verdad.<strong> Es el momento de tomar decisiones. </strong>Una posibilidad es correr como pollos sin cabeza a zambullirnos en el belicismo trumpista. Otra, ver en el cambio la oportunidad. Respirar hondo y pensar qué queremos hacer con nuestras democracias y su lugar en el nuevo orden mundial que, sin duda, se está fraguando. Sepamos captar el momento y decidir en qué dirección queremos avanzar.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[64fc4d9d-1804-4824-a072-8b1eaac05290]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 18:57:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los tiempos están cambiando]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Estados Unidos,Ursula von der Leyen,Donald Trump,Armas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ley y orden]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ley-orden_129_1957991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="."></p><p><em>Hay un nuevo sheriff en la ciudad. </em>Podría ser el inicio de la sinopsis argumental de una vieja película del oeste. Es también la proclama que el flamante vicepresidente de los EEUU de América, <strong>J.D. Vance</strong>, pronunció hace unas semanas ante un escéptico auditorio europeo. Europa ha perdido sus valores y el sheriff Trump ha llegado para<strong> restablecer el orden</strong>.</p><p>Siempre me ha gustado cuando se usan géneros <em>baratos </em>en cine o literatura para tratar asuntos sesudos. Si vamos a ver una película, qué sé yo, de Bergman o de Tarkovski, sabemos que la cosa va en serio. Pero yo tengo predilección por que los debates intelectuales se escondan revestidos de entretenimiento ligero. Más allá de los tiros y el maniqueísmo entre buenos y malos, el western ha probado sus posibilidades para reflexiones de calado.</p><p>Por quedarnos con los clásicos, entre los wésterns podemos encontrar adaptaciones de Shakespeare, como <em>Cielo amarillo</em> del maravilloso William A. Wellman o <em>Lanza rota</em> de Edward Dmytryk, versiones libres de <em>La tempestad</em> y <em>El rey Lear</em>, respectivamente. En medio del habitual<strong> racismo</strong>, hay algún bienintencionado alegato en su contra, como <em>Flecha rota </em>de Delmer Daves, truncado en sus intenciones por su abrumador <em><strong>whitewashing</strong></em>. <em>Solo ante el peligro</em> de Fred Zinnemann trata de las diferentes respuestas de los ciudadanos ante la <strong>amenaza social</strong>, desde los que se aprovechan de ella porque va bien para el negocio, al viejo militante desencantado, pasando por quienes pagan sus impuestos y esperan que otros lo resuelvan, así como de la necesidad o no de recurrir a la violencia.</p><p>El tema de reflexión que más cabida ha encontrado en los wésterns es la relación entre la<strong> violencia</strong> y la ley como epítome de la civilización. En <em>Raíces profundas</em> de George Stevens, el pistolero Shane establece mediante la violencia las condiciones para que se asiente la civilización y luego abandona el lugar. Pero seguramente el mejor ejemplo es <em><strong>El hombre que mató a Liberty Valance</strong></em> de John Ford, el director que más partido supo extraer del género. El sádico forajido Liberty Valance es aparentemente derrotado por el joven abogado interpretado por James Stewart. La ley se impone a la violencia. Sin embargo, en realidad no fue él sino ⎯¡cómo no!⎯ John Wayne, quien, escondido entre las sombras, disparó al pistolero. Solo la violencia pone fin a la violencia. Pero la violencia sabe que debe retirarse entre bambalinas y dar paso al mito fundacional de que la ley y la civilización se fundaron y se sustentan desde sí mismas. John Ford no descuidó ningún detalle. Eligió bien el nombre del despiadado pistolero e hizo que James Stewart pasara de joven idealista a político asentado pasablemente charlatán, que llega y se va del lugar de los hechos, no ya como hizo inicialmente en una diligencia, sino en un moderno ferrocarril.</p><p>Como John Ford demostró en sus películas, el western puede ofrecer muchos matices. Por ejemplo, sacar a la luz que la ley mantiene inevitablemente un <strong>fondo de ambigüedad</strong>. Se presenta a sí misma como si descansara pulcramente en la justicia y la pura racionalidad, y de ahí su incuestionable legitimidad. Sin embargo, encubre siempre una irracionalidad fundamental: que la ley ha de obedecerse por el mero hecho de que es la ley.</p><p>Los claroscuros de la ley se personifican en los wésterns con la presencia frecuente de figuras que representan la ley y el orden, pero dispuestas a torcer pertinazmente las leyes a favor del poder y el dinero: jueces, <em>marshalls</em> y, por supuesto, <strong>sheriffs</strong>. Quienes crecimos viendo películas del oeste en el televisor del salón familiar sabemos que el sheriff no siempre es el bueno de la película. A menudo, es poco más que un matón a sueldo que ayuda a imponer y defender los intereses de los malvados <strong>terratenientes</strong> o ganaderos.</p><p>Volvamos a Vance y a sus desinhibidas declaraciones. Algunos días después del tenso rifirrafe con <strong>Zelenski</strong> en el despacho oval y después de anunciar la <strong>suspensión</strong> de la ayuda militar a Ucrania, el vicepresidente de EEUU lo dejó claro: para el amigo americano, la verdadera garantía para la seguridad futura de Ucrania pasa por asegurar sus intereses económicos en territorio ucraniano. Nunca hay que dejar de seguir la pista<strong> al dinero</strong>.</p><p>Cuando era pequeña, una de mis hijas preguntaba al comenzar a ver una película: <em>¿quién es el bueno? </em>No quería correr el riesgo de identificarse con los malos, que a veces sabían presentarse de manera <strong>atractiva</strong>, y llevarse al final un desengaño. Buena estrategia. En un western no hay que fiarse sin más del sheriff. Primero hay que comprobar qué o a quiénes defiende, para asegurarse de que, efectivamente, cuenta entre los buenos.</p><p>Así que tal vez Vance tenga razón y haya un<strong> nuevo sheriff</strong> en este planeta, que él ve solo como una ciudad. Pero quizá el sheriff no es el bueno. Tal vez haya que dejar de acobardarse ante sus bravuconadas y buscar cómo plantarle cara. A poder ser, sin incurrir en una irrevocable espiral de <strong>violencia</strong>. ¿Podríamos recurrir esta vez, más allá del héroe solitario, a una respuesta más <strong>solidaria</strong>, más comunal? Quizá no debamos invocar, como en el western, a un pistolero aún más rápido para que ajuste cuentas. Un imperio que sustituya a otro imperio, continuando el tenaz vaivén de la historia. Aunque formas de violencia hay muchas.</p><p>Y, siguiendo las lecciones del western, tampoco hay que olvidar que los que se apropian de la palabra<strong> </strong><em><strong>libertad</strong></em><strong> </strong>pueden ser crueles pistoleros, como Liberty Valance, que solo quieren que domine<strong> la ley del más fuerte</strong>.</p><p>___________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f5dbe83c-b651-4dcb-b24f-e8e07a8173c8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2025 19:58:20 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ley y orden]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Volodimir Zelenski,J.D. Vance]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es magia, son tus políticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/no-magia-son-politicos_129_1948120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es magia, son tus políticos"></p><p>En cualquier truco de magia es importante que, en el momento preciso, el embelesado espectador no dirija su mirada al lugar donde el mago ejecuta el escamoteo. Para conseguirlo, un buen ilusionista ha de dominar las técnicas de la distracción.<strong> Hay que desviar la atención de la audiencia</strong> hacia algo insignificante para que lo importante suceda allí donde no mira. El mago puede también manipular hábilmente la percepción del público para engañarle y convencerlo de haber visto lo que nunca ocurrió. Además, con sus gestos ampulosos y su verborrea, invocará poderes misteriosos y ocultos, que son los verdaderos responsables de lo que allí supuestamente acontece.</p><p><strong>Políticos y prestidigitadores tienen mucho que ver.</strong> La política parece ser el arte de ejercer el poder mientras se llevan a cabo toda suerte de maniobras de distracción. Un político hábil usará con pericia las diferentes herramientas del ilusionismo.</p><p>Por ejemplo, desviar la atención a un asunto menor para que las cuestiones importantes nunca figuren en la actualidad ni en el debate público. Desde las guerras napoleónicas,<strong> el patriotismo y las banderas</strong> son un clásico. ¿Para qué resolver los problemas sociales si se puede <em>hacer América grande otra vez</em>? ¿Para qué mejorar la vida de los ciudadanos si se pueden enarbolar banderas y enardecer a la población porque <em>España se rompe</em>? Si no tienes casa y apenas te llega para la comida, siempre puedes calentarte y alimentarte con el orgullo patrio.</p><p>La <em>okupación</em> es un ejemplo actual. El porcentaje de viviendas okupadas en nuestro país es muy bajo y está en descenso. Sin embargo, políticos, medios y compañías de seguridad nos tienen<strong> convencidos de que hay un okupa malvado</strong> apostado detrás de cada esquina, esperando a que salgamos a comprar el pan o a pasear al perro para allanar nuestra propiedad y atrincherarse en ella sin solución. El gran problema de la vivienda no es, desde luego, la okupación.</p><p>La distracción hacia lo menos importante combina bien con la distorsión de la percepción. La invasión migratoria es el señuelo internacionalmente de moda. Hordas de torvos extranjeros entran en tropel en nuestros prósperos países para amenazar nuestra paz, nuestra felicidad y nuestra añeja cultura. Que vengan huyendo de lugares asolados por la herencia colonial, de la que nos desentendemos a no ser para seguir sacando partido, que su aportación sea cada vez más necesaria para mantener nuestro bienestar, nada de eso importa. Aunque los mismos políticos que nos previenen vociferando contra ellos, reconocen en voz mucho más queda lo imprescindibles que nos resultan. Pero<strong> mejor distraernos con la amenaza migratoria </strong>que reconocer que nuestro sistema económico, basado en la competitividad despiadada y la codicia, decae, que se hace más y más disfuncional y es cada vez más injusto para la mayoría. Que se lo digan a los alemanes, con un PIB en caída libre, mientras partidos de todo el espectro se suman al discurso antiinmigración reservado hasta hace poco para la extrema derecha.</p><p>No hay que olvidar la imagen, la gestualidad y la palabrería. Desde el arquetípico Benito Mussolini, los políticos orillados a la derecha abrazan, con sorprendente éxito,<strong> el histrionismo. </strong>Empezando por su imagen. Se podría hacer todo un ensayo político hablando del orden o el desorden capilar de muchos dirigentes de la derecha: la arquitectura a fuerza de laca de Thatcher, el pelo de muñeco de Berlusconi, el pelazo que nunca encanece de Aznar, las greñas de Boris Johnson o de Milei y lo que quiera que lleve en la cabeza Donald Trump. Pero también la manera de hablar, las consignas machaconas, las declaraciones chuscas o directamente ofensivas, el casticismo casposo, la chulería arrogante… la política como un espectáculo con tendencia hacia lo grotesco. Probablemente no hay en el presente un augurio más seguro de que a un político quizá no le va a ir tan bien, que decir que resulta soso.</p><p>Y, por supuesto, la apelación a los poderes ocultos que manipulan a su antojo con siniestras intenciones la realidad y son los auténticos responsables de todo lo que no es como debería. Desde las más absurdas teorías de la conspiración, hasta la demonización del adversario y del crítico, incluso cuando es la víctima de las propias decisiones y maniobras. El gran reemplazo, el comunismo, el usurpador del poder legítimo que solo corresponde a los de siempre, las fraudulentas intenciones políticas detrás de los familiares de los 7.291 muertos en las residencias de Madrid durante el COVID… Entre tanto, los verdaderos poderes en la sombra ya no se esconden. Últimamente <strong>le han cogido gusto al escenario</strong> y les complace pavonearse por él, haciendo ostentación de dinero y su sinónimo, el poder.</p><p>Todos sabemos que los trucos de los magos son montajes que juegan con nuestra credulidad y engañan nuestra percepción. Aun así, quedamos cautivados, incapaces de reconocer la tramoya que los sostiene. En política, la reiteración constante, el aparente acuerdo entre tantos —políticos, medios, redes sociales, opinión pública, poderes supuestamente independientes— <strong>falsean nuestro sentido de la realidad </strong>y al final claudicamos.</p><p>Cuando acaba un espectáculo de magia, la gente aplaude, felices de haberse dejado engañar tan bien. <strong>Al político lo votan,</strong> y así nos va.</p><p>___________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade Obradó </strong></em><em>es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[b756d2ea-4ef2-4f70-b1dc-65663eb28363]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Mar 2025 18:39:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No es magia, son tus políticos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Política,Corrupción política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cansados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cansados_129_1941111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cansados"></p><p>Aunque por estos lares pasó más bien sin pena ni gloria, <strong>2024 fue el aniversario de la muerte de Franz Kafka</strong>. También de Joseph Conrad, por cierto. Los personajes del escritor de Praga a menudo están cansados. Corretean agitados de un lado para otro, se ajetrean afanosos sin llegar a conseguir nada, y están cansados. Kafka también. Si uno ha husmeado un poco por su biografía, sabe que Franz reconocía haber pasado mucho tiempo tumbado en el diván de su dormitorio sin hacer gran cosa. Siempre soñó con abandonar su trabajo de abogado para entregarse exclusivamente a la escritura. Cuando la enfermedad le dio, por fin, una oportunidad, escribió muy poco y se dedicó a pasear por el campo. Kafka siempre tan profético.</p><p>Después de las bulliciosas celebraciones y de las vacaciones de las que cada cual pudo disfrutar, llegó de sopetón la temida cuesta de enero que, en principio, acabamos de superar. 2025 abrió ante nuestros ojos <strong>más que una cuesta un Himalaya</strong>. Subidas que amenazan con adelgazar todavía más nuestras famélicas cuentas corrientes, un panorama político internacional que no propicia precisamente el optimismo, la vuelta a unas rutinas a menudo poco gratificantes… Y, como siempre tras las fiestas, nos pilló cansados.</p><p><strong>Muchas y muchos vivimos cansados</strong>. Después de una noche de sueño inquieto, no despertamos transformados en un insecto gigantesco. Miramos el despertador con acostumbrada incredulidad y nos arrastramos, ya cansados, para comenzar la jornada.</p><p>Los dinámicos representantes de la élite nos conminan a que nos levantemos a las cinco de la mañana para aprovechar bien el día. <strong>Cambiará nuestras vidas</strong>, dicen. Un rato de ejercicio, otro de meditación, planificar lo que vamos a hacer durante el día…</p><p>No es tan extraordinario levantarse a las cinco. El lugar de trabajo está lejos y hay que ponerse pronto en marcha. Nos aguarda la espera interminable para coger el tren, el autobús, el metro los más afortunados. Los atascos cotidianos dilatan el viaje. Desplazados cada vez un poco más lejos de los lugares de trabajo por el dinero, <strong>las distancias prolongan, sin compensación, la jornada laboral</strong>. La ciudad de los quince minutos es una utopía al alcance de muy pocos. Algún gurú televisivo, experto en todo y nada, se indigna ante nuestra absurda ensoñación de vivir más cerca para tener más tiempo. Siempre podemos irnos más y más lejos. Se ríen de nosotros.</p><p>El ejercicio que muchos pueden permitirse es caminar apresurados hasta el medio de transporte que los trasladará al trabajo. La meditación, maldecir o lamentar la tediosa rutina que nos encadena; tal vez dejar la mente en blanco y adormilarse. ¡Cuánta gente vemos dormida en el bus o en el tren, compensando como pueden las escasas horas de sueño reparador! ¿Planificar? ¿Para qué? <strong>Las decisiones apenas son nuestras</strong>. Afean nuestra pereza. No nos lo merecemos.</p><p>Luego, las largas horas de <strong>un trabajo que nos organiza el día</strong>. Decide no sólo cuándo nos levantamos, sino cuándo comemos, cuándo descansamos y hasta cuándo vemos a nuestras hijas e hijos, custodiados entretanto en centros de enseñanza. Finalmente, desandar el camino. Las tiendas siguen abiertas para que podamos comprar y los niños salen tarde del colegio para que podamos ir a recogerlos. <strong>Conciliación, lo llaman</strong>. También los pequeños van aprendiendo a alargar su jornada con interminables actividades extraescolares. Supuestamente, los prepararán para el día de mañana. No saben hasta qué punto.</p><p>En casa, a preparar el día siguiente y a derrumbarnos delante de alguna pantalla antes de ir, demasiado tarde, a la cama. Dormimos poco. Quizá alargamos la jornada <strong>para intentar sentir que nuestra vida nos pertenece algo</strong>. También para sentir, a ratos, que tenemos una vida que vivir, nos conceden los periodos de descanso, fines de semana y vacaciones. Un tiempo que, si podemos, hay que aprovechar ansiosamente, haciendo muchas cosas para después contarlo. Siempre en movimiento como el burro en la noria.</p><p>La espera, las colas y las largas distancias en el día a día son poderosas herramientas de ingeniería social. <strong>Nos adiestran en paciencia y sumisión</strong>, animales domesticados, que pelean entre sí, pero no enseñan los dientes a la mano invisible que los sojuzga. El trajín constante y el cansancio impiden pensar, imaginar otra vida posible, si no es por un golpe arbitrario de la fortuna que nos lleve al paraíso de los ricos.</p><p>Para aliviarnos un poco, el ya no tan flamante 2025 promete un recorte en la jornada laboral que nos permitiría salir media hora antes del trabajo. Como siempre, voces de alarma anuncian un cataclismo si la promesa llega a cumplirse. Lo que sí es ya un hecho es que España, el país que detenta el deshonroso primer puesto en el ranking de desempleo juvenil entre los países <em>avanzados</em>, <strong>sigue retrasando un poco más la edad de jubilación</strong>. La lógica parece inapelable: si la esperanza de vida se dilata, también debería prolongarse nuestra vida laboral. ¿O no?</p><p>¿Tan subversivo sería que pudiésemos disfrutar unos años antes y unas horas más de nuestras vidas? ¿Que el programa de nuestro día a día nos perteneciera y pudiésemos decidir sobre él más allá de los lapsos residuales que los tiempos laborales nos permiten? <strong>¿De qué va, si no, la libertad?</strong></p><p>Pero mejor que sigamos cansados, <strong>sin tiempo ni energía para alzar la cabeza</strong>. ¿Qué sería de este mundo sin nuestro cansancio?</p><p>_________________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade</strong></em><em> es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[56522969-2da8-44e3-a009-cb295b90e5ce]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Feb 2025 18:06:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cansados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Derechos laborales,Jubilación,Desempleo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muertos a bulto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/muertos-bulto_129_1931707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muertos a bulto"></p><p>Lo hemos visto en muchas películas y series televisivas. Se produce un secuestro. Antes de que comparezcan ante las cámaras para implorar su liberación, los experimentados policías aleccionan a los angustiados padres para que mencionen insistentemente a la víctima por su nombre e incluyan referencias personales en sus declaraciones. Por si todavía no lo sabíamos, alguien comenta: “¡Qué astuto! ¡El criminal <strong>personalizará a la víctima </strong>y le será más difícil hacerle daño!”.</p><p>Ponerle cara a alguien, reconocer sus rasgos, establecer con ella o él cualquier clase de nexo personal, despierta en nosotros inmediatamente un interés y <strong>su destino deja de sernos indiferente</strong>. El cine y la TV juegan bien con ello: ya se pueden morir cientos de extras anónimos, que a nosotros solo nos preocupa lo que le suceda al protagonista.</p><p>La capacidad del ser humano para <strong>imaginar las cosas con precisión</strong> es por naturaleza limitada. Si yo le pido al amable lector que imagine dos coches y luego que añada a su imagen un tercero, no tendrá dificultad. Si le solicito que imagine cien, y después ciento uno, la imagen que se forme realmente no variará: una confusa montonera o un atasco monumental.</p><p>Este hecho ayuda a entender<strong> nuestras reacciones ante las víctimas de guerras y catástrofes lejanas,</strong> y más cuanto más numerosas sean. Se confunden en una imagen embarullada y nuestra empatía se desconecta fácilmente. Si las imágenes se repiten incesantemente una tras otra, la costumbre aumenta, además, nuestra tolerancia. Lo que al principio nos pareció truculento e inadmisible<strong> se convierte después en tristemente habitual.</strong></p><p>Muertos a bulto. De algunos de ellos tenemos noticia. Por ejemplo, las víctimas que se acumulan por miles todos los años intentando cruzar el Mediterráneo para alcanzar una vida mejor, <strong>perdidos en el mar para siempre sin rostro y sin nombre</strong>. De otros, no sabemos nada. Las innumerables guerras que no están de moda y sobre las que los medios ya no informan o quizás nunca lo hicieron. Las hambrunas, las epidemias, las matanzas… No solo es que nos cueste imaginarlo, es que resulta abrumador. Nuestra mirada indiferente, al deshumanizar a tanta víctima anónima, <strong>nos deshumaniza a nosotros mismos</strong>.</p><p>Estos días en Occidente (ese concepto vago que deberíamos repensar) se escuchan voces de alivio y de júbilo por el<strong> alto el fuego en Gaza</strong>. No es el primero. No sabemos si esta vez se cumplirá. De ser así, <strong>¿se convertirá la tregua en paz?</strong> ¿Cómo se llevará a cabo la reconstrucción de un territorio asolado? ¿Habrá reparación para las víctimas? ¿Qué estatuto político se les permitirá a Gaza y a Palestina? Incógnitas.</p><p>De lo ocurrido en Gaza en este último año y pico guardamos muchas imágenes. Israel nos hizo llegar, con sus nombres, <strong>las de los rehenes capturados por Hamás</strong>. Fotos sonrientes de los que son, o eran, hijos, padres, abuelos, hermanos, parejas o vecinos.</p><p>De la población gazatí tenemos imágenes de destrucción, de familias huyendo, de hospitales atestados sin medios, de camiones rodeados para intentar conseguir alimento, de muertos, mutilados, heridos, de niños en todas estas situaciones. En muchas imágenes hay cuerpos envueltos en sudarios.<strong> Bultos blancos de todos los tamaños</strong>, atados por arriba y por abajo. Algunos están salpicados de sangre. Algunos son muy pequeños. Las personas alrededor de los bultos, abrazadas a ellos sin querer despedirse del todo, rotas de dolor, estupefactas, los conocían bien. Nos podrían describir sus rostros, decir sus nombres, relatar anécdotas, las cosas que les gustaban, sus defectos… <strong>Para nosotros son solo muertos anónimos. Muertos a bulto.</strong></p><p><strong>___________________</strong></p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade</strong></em><em> es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f95f3756-4000-49a5-825a-ee2f2a4ef101]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jan 2025 20:22:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Muertos a bulto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Israel,Palestina,Gaza,Genocidio,Derechos humanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Afganistán y 'La sirenita' o “calladita estás más guapa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/afganistan-sirenita-calladita-guapa_129_1923281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Afganistán y 'La sirenita' o “calladita estás más guapa”"></p><p>Se puede tener voz y voto, se puede tener voz pero no voto y<strong> </strong>se puede no tener ni voz ni voto. Las<strong> mujeres afganas</strong> llevan mucho tiempo sin tener voto. Hace ya demasiados meses se las condenó a que su voz no se escuche en ningún espacio público. <strong>A no tener voz</strong>. Habían perdido ya su rostro, escondido tras un burka que las convierte en sombras, y se les hurtó también la voz. Lo último: recluidas en el interior de sus casas, ahora se les prohíbe que puedan ser vistas a través de las ventanas,<strong> rehenes en sus propios domicilios</strong>. Todos nos echamos las manos a la cabeza, y luego seguimos como si tal cosa.</p><p>La caída en Siria del sangriento régimen de la familia Al Assad plantea muchas incógnitas. Una de ellas es <strong>qué les va a pasar a las mujeres sirias</strong>. Las mujeres afganas, y las iraníes, vivieron otros tiempos, algo que las abuelas pueden recordar. No es cosa de idealizar un pasado que distaba mucho de ser perfecto, pero conviene no olvidar que<strong> los derechos conquistados nunca están garantizados</strong>, aunque nos complazca creerlo así. Las mujeres de Afganistán consiguieron el derecho al voto por primera vez en 1919. Mucho antes que las españolas, que no lo obtuvieron hasta 1931, con la II República.</p><p>Hace 40 años que la filósofa india <strong>Gayatri Spivak</strong> publicó un artículo con un título muy expresivo: <em>¿Puede hablar el subalterno?</em> Subalterno es quien se encuentra en una posición social subordinada. Por ejemplo, las mujeres. Y, por supuesto, no se trata de que los subalternos carezcan físicamente de voz, sino de que esta no se escucha, no se recibe. Lo que no se nombra no existe, se dice.<strong> ¿Existe aquella que ni siquiera puede nombrarse a sí misma?</strong></p><p>Mi abuela vino a Madrid desde un pueblo de Ávila cuando era apenas una adolescente. Se puso a trabajar en lo que sabían hacer las mujeres, coser, bordando el ajuar para las hijas de una familia de la aristocracia con nombre en el callejero de Madrid. Como les pareció que mi abuela Marciana tenía un nombre muy feo, <strong>decidieron cambiárselo y llamarla Diana</strong>. ¿Tiene voz, es más, tiene un nombre realmente propio el subalterno?</p><p>Es sabido que la poderosa<strong> Margaret Thatcher, </strong>antes de lanzarse a la batalla política que la condujo a ser primera ministra de Gran Bretaña, contrató a una profesora de teatro para que la ayudase a forzar una voz más grave. <strong>Para que la tomasen más en serio</strong>. Para sonar más como un hombre.</p><p>Nosotras nos creemos libres de un peligro que quizá en algún momento las mujeres de otros países pensaron que por fin había quedado lejos. <strong>Pero volvió</strong>. El sexismo, la discriminación de las mujeres, es un continuum con muchos reservorios que pueden propiciar irrupciones inesperadas. Lo mismo que el racismo, lo mismo que el clasismo. De este último hablamos poco.</p><p>Es muy fácil tragar la píldora de la discriminación y la subordinación <strong>si se la romantiza</strong>. Las mujeres son abnegadas, se sacrifican, renuncian y postergan sus intereses a los de la persona amada. Los hombres las liberan, las despiertan con un beso, las montan a grupas de un corcel y juntos acaban viviendo felices y comiendo perdices. Todas hemos crecido leyendo esos cuentos.</p><p><em><strong>La sirenita</strong></em>, por ejemplo. Hace algo más de un año arreció la polémica porque la actriz elegida para personificar a la sirenita en cuestión era negra, cuando todo el mundo sabe que la sirenita es caucásica y, o bien pelirroja, o rubia natural. En cualquiera de sus versiones, empezando por el original de Hans Christian Andersen, <em>La sirenita</em> es una de esas historias que <strong>exaltan la renuncia femenina</strong>, que es recompensada con el premio que toda mujer anhela: el amor del príncipe. La sirenita renuncia a su voz. ¿Hay una metáfora más clara para expresar <strong>el desistimiento de la propia identidad</strong>? </p><p>Cuentos, novelas, películas, series, redes sociales y medios de comunicación… <strong>Libramos una batalla desigual</strong>. Mujeres de melena deslumbrante, figura esbelta, maquillaje impecable e incómodos tacones bombardean constantemente a las niñas desde toda clase de páginas y pantallas con un mensaje cuyo discurso no requiere ni palabras: la imagen misma es el mensaje.<strong> </strong>Las mujeres, antes que nada, deben resultar atractivas. Y, ya se sabe, <em><strong>calladita estás más guapa</strong></em>.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade</strong></em><em> es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8ee4b768-5b71-4acf-80d4-0fd8a2aa7b52]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jan 2025 17:40:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Afganistán y 'La sirenita' o “calladita estás más guapa”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Mujeres,Feminismo,Derechos humanos,Afganistán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los mejores deseos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mejores-deseos_129_1920568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los mejores deseos"></p><p>¡Ya es Navidad! Vuelven el turrón, las cancioncillas de siempre en versiones espantosas y las lucecitas, muuchas lucecitas. <strong>También las compras desaforadas</strong>.</p><p>Con inspiración evangélica, cierta derecha española anda lamentándose de la pérdida paulatina de las navidades. ¿Qué navidades? Según algunos estudios, Jesús debió de nacer allá por marzo. O por septiembre. El cristianismo se apropió de festividades más antiguas que celebraban el renacimiento del Sol tras el solsticio de invierno. De ahí las lucecitas. Las navidades cristianas <strong>son una fiesta sincrética</strong>. La bacanal consumista es también parte de su sincretismo, <strong>tomada de esa religión llamada capitalismo</strong>.</p><p>Mi padre se crió en una granja de una aldeíta gallega. Una familia muy numerosa. Me contaba que, por navidad, los pequeños de la casa recibían como regalo un calcetín con nueces y naranjas. <strong>¿A qué navidad deberíamos volver?</strong></p><p>Como persona con firmes convicciones de izquierda, reconozco los males del consumismo. El daño que hace al planeta, la estupidez del despilfarro, la ideología perniciosa que lo mueve y se alimenta de él. Sin embargo, <strong>no soy inmune a su atractivo</strong>. <em>Mea culpa.</em> Me sé al dedillo la teoría, pero recaigo una y otra vez en la práctica. Como San Agustín anhelando la virtud: “Dios mío, dame continencia, pero todavía no”.</p><p>Quizá nos hemos creído demasiado lo del animal racional. Los seres humanos llegan al mundo sin un ápice de racionalidad. El deseo los guía hasta el pecho que los alimenta y así se aferran a la vida. <strong>La razón vendrá, si acaso, después</strong>.</p><p>Sabemos de sobra qué debemos hacer. Qué es saludable comer, cuántas horas dormir, la conveniencia del ejercicio físico, lo inútil de procrastinar, lo nocivo de algunas relaciones... Seguimos comiendo golosinas, trasnochando frente a una pantalla, pagando las cuotas de un gimnasio al que nunca acudimos, estudiando en el último momento para el examen y viéndonos con quién deberíamos cortar. No es necedad. Es que<strong> el deseo puede más que las razones</strong>.</p><p>La izquierda cree en las buenas razones, los argumentos convincentes, dictaminar lo justo y criticar lo injusto. Nos ofende que, para la derecha, todo esto importe a menudo tan poco. Que, además, se salgan con la suya. <strong>La izquierda quiere ganar con la razón, pero tiene perdida la batalla del deseo</strong>. Y es el deseo lo que nos mueve.</p><p>Por eso reincidimos. Viajes, espectáculos, experiencias gastronómicas, artilugios de toda clase, juguetes para los niños… posibilidades para todos los gustos. <strong>Estamos moldeados por el deseo capitalista</strong>. Aun cuando percibamos su sinsentido y sus miserias, respondemos a él y en él encontramos satisfacción. </p><p>¿Hay que renunciar a la razón? Por supuesto que no. Pero no basta. ¿La solución sería extirpar el deseo? No lo creo posible. Tampoco algo a lo que aspirar. Los seres humanos somos criaturas de deseo. Inútil oponer al deseo la indiferencia o la austeridad. No se trata de negar al oponente y decir no a lo que él dice sí, la estéril estrategia de una izquierda sin propuestas. Si la izquierda no es capaz de generar un deseo alternativo, un deseo diferente, y de dirigir a él nuestra mirada, <strong>la lucha está perdida de antemano</strong>. </p><p>Cuando contenemos el aire unos instantes antes de apagar las velas, ¿deseamos una reserva en ese restaurante, la última versión del móvil más codiciado, unas botas nuevas? Sin saberlo del todo, <strong>quizá lo que siempre deseamos es una vida mejor</strong>. Feliz navidad.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade</strong></em><em> es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[706968c7-3fb8-4f63-b0dd-04b2c9dc7518]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Dec 2024 18:13:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los mejores deseos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Navidad,Capitalismo,Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿A quién le importa la educación?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/le-importa-educacion_129_1909084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿A quién le importa la educación?"></p><p>Según el último <em>Estudio de Tendencias Informativas</em>, presentado por Prensa Ibérica junto con la consultora LLYC el pasado 27 de noviembre, persiste una brecha entre los intereses informativos de hombres y mujeres. A los primeros les interesan más deportes, elecciones políticas y guerras ⎯testosterona <em>dixit</em>⎯, a las segundas, sanidad, educación y cultura. Seguramente ayude a explicar<strong> por qué</strong> <strong>la educación ocupa poco espacio en los medios</strong>: los intereses y las voces de las mujeres continúan recibiendo menos atención que los de los varones. </p><p>En los últimos días, la educación se ha asomado a los titulares por <strong>el rifirrafe de las universidades públicas madrileñas</strong> con la ínclita presidenta de su comunidad autónoma. ¡Albricias! ¿Agitamos pompones, lanzamos cohetes por este repentino interés? Me atrevo a pronosticar que será flor de un día, quizá dos, y, enseguida, volveremos a hablar de disputas políticas, conflictos bélicos y deportes.</p><p>La educación interesa poco. No es tema importante en el debate público. Se hace patente cuando tocan procesos electorales, con sus debates y sus discursos y contradiscursos de investidura: <strong>la educación ni está, ni se la espera.</strong></p><p>La educación es asunto de madres y padres, no de quienes no lo son. Para los que no quieren o pueden plantearse tener hijos, es un problema demasiado alejado de las rigurosas exigencias del día a día. Para los pocos que se atreven a tenerlos, afrontando su crianza en medio de condiciones laborales implacables, lo urgente es hacer ambas cosas compatibles, <strong>la conciliación familiar. </strong>La educación es el futuro, asentimos todos convencidos. A la hora de la verdad, <em>después de mí, el diluvio</em>.</p><p>En el campo de batalla político, los partidos que dicen representar a la izquierda muestran un desinterés sorprendente sobre cuestiones educativas.<strong> A la derecha le importa más. </strong>Más cuanto más extrema. Ya estoy viendo algún lector indignado. Lo cierto es que, cuando se trata de educación, la autoproclamada izquierda solo plantea vagas reivindicaciones, que no comprometen a nada.</p><p>A falta de una izquierda suficientemente combativa o, quizá, mínimamente convencida, <strong>la derecha impone sus mantras</strong>. Ha insistido tan machaconamente en que los padres poseen un derecho inalienable a decidir sobre la educación de sus hijos e hijas, que la mayoría ha terminado por creer que tiene que ser así. El resultado, la defensa de la educación privada, incluyendo su forma encubierta, la concertada. Su corolario, la reclamación de que el Estado subvencione las decisiones soberanas de los padres. De nuevo, la educación privada.</p><p>En materia de educación, tiene derecho quien la recibe y no quien se la impone. Los niños y niñas tienen derecho a recibir educación para desarrollarse al máximo. Los padres, el deber de contribuir a ello. Resulta llamativo cómo, cuando conviene, los defensores a ultranza de los derechos individuales sustraen ese derecho a los más débiles, los menores, para depositarlo en las recias manos de sus progenitores, <strong>como si</strong> <strong>hijas e hijos fuesen una mera extensión de sus padres</strong>. En una democracia, la sociedad tiene el deber de garantizar y proporcionar educación. La educación es un asunto de todos. Primeramente, por aquello del futuro.</p><p>Como consecuencia de la victoria ideológica de la derecha, <strong>gana lo privado, pierde lo público</strong>. El descrédito de lo público es fácil. Primero, se degradan intencionadamente las instituciones públicas. Se las financia siempre a la baja y se desvían cada vez más fondos hacia lo privado. Los servicios públicos merman y se resienten. La oferta privada crece pujante. ¿Un ejemplo? Las universidades en la Comunidad de Madrid.</p><p>Como cortina de humo para justificar su paupérrima financiación de las universidades públicas, mientras con la otra mano sanciona la existencia de más y más centros privados, la Sra. Díaz Ayuso se ha despachado criticando a la Universidad Complutense de Madrid, por otorgar “títulos como churros”. <strong>¿Hablaría por experiencia propia?</strong> El rector de la Complutense reaccionó dolido frente a los reproches de aquella a quien, hace no tanto, declaró “alumna ilustre”, a sabiendas de que era una reconocida detractora de lo público y defensora de lo privado. Todo es así de paradójico.</p><p>Un paseo por algunos barrios de Madrid, pongamos Argüelles o Chamberí, que Ayuso conoce bien, muestra <strong>la imparable</strong> <strong>proliferación de universidades privadas</strong>. Quizá dentro de algún tiempo, los madrileños dirán a sus hijos (más bien, las madrileñas a sus hijas): “Hija mía, antes todo esto era público”.</p><p>La educación proporciona el <strong>ascensor social </strong>fundamental para que los más desfavorecidos, sus hijas e hijos, y las hijas e hijos de sus hijos e hijas, no estén condenados a seguir siéndolo. Es la clave de la movilidad social, que permite cuestionar y cambiar lo que se quiere presentar como inevitable, la defensa para que la sociedad no se petrifique en una hermética oligarquía. ¿Se puede ser de izquierdas sin querer cambiar el mundo? <strong>La izquierda ha muerto</strong>. Quizá no lo sabe. La derecha sí y se adueña triunfante del mundo agitando como espantajo el fantasma de quien, en otros tiempos, le plantó cara. También del campo abierto de la educación, desolado por una izquierda que dejó de creer en sí misma.</p><p>Mientras tanto, vivimos como en esa comedia de situación<em>,</em> de éxito hace años, en la que el ascensor de la casa siempre estaba estropeado. Los que llegaban por primera vez se sorprendían. Con el tiempo, todos asumían con resignada indiferencia que las cosas eran así.<strong> Aquí no da tanta risa</strong>.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>Ana Isabel Rábade</strong></em><em> es filósofa y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[282abc1e-a52b-426e-b3db-b3f23cadc7c0]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Dec 2024 19:33:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Isabel Rábade]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74847" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74847" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿A quién le importa la educación?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/68d76c13-0c15-4966-b62f-79e3fc03dd51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación,Universidades,Madrid,Isabel Díaz Ayuso,Enseñanza privada]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
