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    <title><![CDATA[infoLibre - Andrea Mezquida]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/andrea-mezquida/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Andrea Mezquida]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“A veces preferiría ser más ignorante”: el coste de vivir con conciencia feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/veces-preferiria-ignorante-coste-vivir-conciencia-feminista_129_2136327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/47d3cada-3f88-4a9c-8ec3-b4199aa69129_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“A veces preferiría ser más ignorante”: el coste de vivir con conciencia feminista"></p><p>Vivir con<strong> conciencia feminista, social, de clase, de raza,</strong> etc. no es un estado de ánimo ni una etiqueta cómoda: <strong>es una forma de estar y de percibir el mundo que te rodea</strong>. Y, como casi todo lo que implica mirar de frente la realidad, conlleva unas consecuencias tanto positivas como difíciles de gestionar en algunos casos. Frente a ello, la <strong>ignorancia </strong>(voluntaria o heredada) ofrece una vida aparentemente más sencilla, pero también más pobre y frágil en muchos aspectos.</p><p>Por un lado, la conciencia abre los ojos. Te permite nombrar injusticias que antes parecían “normales”: <strong>la desigualdad entre mujeres y hombres, el racismo estructural, la precariedad laboral, la violencia simbólica, los privilegios invisibles</strong>. Vivir con esta mirada no te hace mejor que nadie, pero sí más honesta y realista. Empiezas a entender que lo que te pasa a ti no es solo individual, sino colectivo, y que lo que les pasa a otras personas tampoco es mala o buena suerte. <strong>Esa comprensión genera empatía, comunidad y, a veces, acción colectiva</strong>. Da sentido. Hace que tus decisiones, cómo trabajas, consumes, te relacionas o votas, tengan un hilo ético que las conecta.</p><p>Además, la conciencia feminista y social libera, en muchos sentidos. Cuestionar los roles de género, las expectativas impuestas y las jerarquías heredadas abre espacios de convivencia y de presencia más auténticos. <strong>Permite decir “no” donde antes solo había obediencia</strong>, y “esto no es justo” donde antes había silencio y sumisión. Para muchas personas, especialmente para quienes han sido históricamente oprimidas, <strong>la conciencia no es un lujo intelectual</strong>, sino una herramienta necesaria de supervivencia.</p><p>Vivir con conciencia implica asumir la responsabilidad de no mirar hacia otro lado. <strong>No basta con “no ser machista” o “no ser injusta”</strong>; la conciencia empuja a posicionarse, a incomodar cuando hace falta, a usar la voz (o el silencio) de forma política. Esto genera desgaste y, en ocasiones, soledad, pero también <strong>teje alianzas inesperadas y profundas</strong>. Reconoces a quienes caminan con la misma inquietud, aunque no piensen exactamente igual, y entiendes que la transformación social no es un acto heroico individual, sino un proceso lento, colectivo y lleno de intersecciones. </p><p>Pero, por otro lado, <strong>vivir con conciencia duele</strong>. La conciencia pesa. Ver desigualdad donde antes había rutina genera rabia, tristeza y hartazgo. Hay una sensación constante de estar nadando a contracorriente en conversaciones familiares, en el trabajo, en redes sociales. A veces llega la frustración de saber que <strong>no basta con tener razón</strong>, ni con explicarla bien. O la culpa, por no poder estar a la altura de todo lo que sabes. La conciencia también rompe la comodidad: <strong>te obliga a revisar tus propios privilegios, errores y contradicciones</strong>. Y eso no siempre es agradable para todo el mundo, ni todo el mundo está dispuesto a hacerlo.</p><p>En comparación, la ignorancia parece ofrecer paz. No cuestiona, no incomoda, no exige posicionamiento. Permite reír chistes injustos, aceptar desigualdades como <strong>“cosas de la vida”</strong> y dormir sin demasiadas preguntas. Pero esa paz es frágil y prestada. Se sostiene sobre la negación y suele romperse cuando la injusticia te toca de cerca. Además, <strong>vivir en la ignorancia implica delegar el pensamiento crítico </strong>y aceptar un mundo tal como es, incluso cuando ese mundo excluye, daña o violenta.</p><p>Al final, la diferencia no está entre vivir feliz o vivir amargada, como a veces se caricaturiza. Está entre vivir conscientemente o vivir anestesiada. <strong>La conciencia feminista y social no garantiza bienestar, pero sí dignidad</strong>. No promete tranquilidad, pero sí coherencia. Y aunque a veces duela más saber, también es cierto que solo desde el saber se puede transformar algo y provocar cambios estructurales.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Andrea Mezquida </strong></em><em>es psicóloga, formadora con perspectiva de género y experta en psicología afirmativa (LGTB).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 05:01:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrea Mezquida]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Igualdad]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cada vez resulta más insoportable ser mujer en este mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/vez-resulta-insoportable-mujer-mundo_129_2115295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c168b8d0-f333-43e3-a714-726e624d3b5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cada vez resulta más insoportable ser mujer en este mundo"></p><p>Cada mañana me levanto de la cama y lo primero que hago es lavarme la cara y desayunar, mientras miro las noticias de actualidad. Prácticamente, todos los días leo noticias de<strong> mujeres que han sido agredidas sexualmente</strong> por hombres, o que han sido<strong> asesinadas</strong> por su pareja o ex pareja, o que han sufrido cualquier tipo de<strong> acoso </strong>por parte de un hombre e, incluso, que han desmantelado un chat grupal donde miles y miles de <strong>hombres</strong> se intercambiaban<strong> imágenes con otros hombres, </strong>de sus parejas (mujeres) desnudas. Cada vez resulta más insoportable ser mujer en este mundo porque la violencia machista es estructural y ya no podemos estar a salvo ni en la sala de operaciones de un quirófano, sin correr peligro de ser violadas.</p><p><strong>No es exageración ni victimismo: </strong>es la cruda <strong>realidad. </strong>Basta abrir un periódico, encender la televisión o deslizar el dedo por el teléfono para encontrarse con una nueva historia de<strong> violencia </strong>ejercida contra una mujer por el simple hecho de serlo. Y lo más perturbador no es solo la violencia en sí, sino<strong> la normalización que la rodea.</strong> El “otra más”. El “qué pena”. El silencio posterior.</p><p>Aprendemos a mirar atrás cuando caminamos solas, a compartir ubicación, a llevar las llaves entre los dedos, a modificar la ropa, la ruta, la hora, el tono de voz. <strong>Aprendemos a tener miedo.</strong> Y mientras tanto, el mundo sigue preguntándose qué más deberíamos hacer para no ser víctimas, en lugar de preguntarse por qué tantos hombres siguen ejerciendo violencia con una impunidad alarmante.</p><p>No se trata de afirmar que “todos los hombres” son violentos, pero sí de <strong>reconocer que la violencia masculina es un problema estructural, </strong>sostenido por una cultura que minimiza, justifica o directamente niega el dolor de las mujeres. Una cultura que protege agresores, duda de las víctimas y convierte cada denuncia en un juicio público contra quien se atreve a hablar.</p><p>Agota tener que explicar una y otra vez por qué tenemos miedo. Harta la pedagogía constante, el tener que justificar nuestro enfado, nuestra tristeza, nuestra rabia. Cansa que se nos exija paciencia mientras seguimos siendo asesinadas. Porque no son hechos aislados: son <strong>patrones. </strong>Y los patrones hablan de un sistema que falla, que no nos protege, que llega tarde o, directamente, no llega.</p><p>Además,<strong> duele la indiferencia social que rodea esta violencia.</strong> Duele ver cómo muchas de estas noticias generan más morbo que reflexión, más debate superficial que cambios reales, mientras se esquiva la pregunta central: ¿por qué tantos hombres sienten que tienen derecho sobre el cuerpo y la vida de las mujeres? La <strong>violencia machista </strong>no es un accidente ni una tragedia inevitable; es el resultado de una <strong>educación</strong> que sigue enseñando <strong>dominación, posesión y silencio. </strong>Y mientras no se cuestione esa raíz, seguiremos contando asesinadas.</p><p>También<strong> pesa la soledad</strong> que se siente. La sensación de que, incluso cuando hablamos, no siempre somos escuchadas. Que nuestras experiencias son puestas en duda, relativizadas o utilizadas políticamente sin un compromiso real con el cambio. <strong>Ser mujer parece que implica resistir: </strong>resistir al miedo, al cansancio, a la tentación de normalizar lo inaceptable. Pero no deberíamos ser nosotras las que resistamos todo el tiempo. La verdadera transformación llegará cuando la sociedad en su conjunto asuma que <strong>esta violencia no es un “problema de mujeres”</strong>, sino una emergencia colectiva que exige responsabilidad, educación y justicia.</p><p>Ser mujer es vivir con una<strong> alerta permanente, </strong>es cargar una rabia que no siempre se puede expresar, es llorar por desconocidas que podrían haber sido amigas, hermanas, nosotras mismas. Es preguntarse <strong>cuántas más tienen que morir para que algo cambie de verdad</strong> en este mundo patriarcal.</p><p>No queremos vivir con miedo. <strong>Queremos vivir. </strong>Y eso, lejos de ser una exigencia radical, es un derecho básico que no nos está garantizado a las mujeres. </p><p>________________________</p><p><em><strong>Andrea Mezquida </strong></em><em>es psicóloga, formadora con perspectiva de género y experta en psicología afirmativa (LGTB).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 05:01:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrea Mezquida]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Machismo,Violencia,Violencia machista,Violencia género,Feminismo,Mujeres,Asesinato mujeres]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El duelo por la pérdida de una amiga: un dolor invisible y no reconocido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/duelo-perdida-amiga-dolor-invisible-no-reconocido_129_2097849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El duelo por la pérdida de una amiga: un dolor invisible y no reconocido"></p><p>La muerte de una amiga rara vez recibe el lugar que merece en la<strong> conversación social </strong>sobre el duelo. Cuando muere un familiar cercano, la sociedad activa ciertos rituales: se ofrecen condolencias, se concede tiempo para llorar, <strong>se validan el dolor y la ausencia</strong>. Pero cuando quien se va es una amiga, esa figura tan importante y, sin embargo, tan poco legitimada en la jerarquía de vínculos sistémica, el dolor parece volverse silencioso, casi imperceptible para quienes lo rodean. </p><p>El duelo por una amiga suele quedar relegado a un <strong>espacio íntimo</strong> donde quienes lo viven sienten que deben justificar su tristeza. “No era familia”, dicen algunos; “ya  deberías estar mejor”, insinúan otros. Se olvida que las amistades también construyen hogar, sostén emocional, historia compartida y proyectos de vida, a veces con la  misma o mayor intensidad que<strong> muchos vínculos familiares</strong>. La amistad crea raíces profundas, pero su pérdida no siempre se reconoce como un <strong>sufrimiento legítimo</strong>. </p><p>Esa falta de reconocimiento genera un<strong> doble sufrimiento</strong>. Por un lado, está la ausencia real de la pérdida o ruptura con esa amiga; por otro está la sensación de tener que esconder ese dolor para no incomodar, como si llorar a una amiga fuera un exceso. Esta<strong> invalidez social del duelo</strong> provoca culpa, aislamiento y la impresión de que el  propio sufrimiento es menor, cuando en realidad es tan genuino como cualquier otro. </p><p>Es necesario darle a este tipo de pérdida el<strong> espacio emocional y social</strong> que merece. Necesitamos entender que las amistades forman parte fundamental de nuestra  identidad, y que perderlas puede derrumbar estructuras internas que nos sostenían. Hablar de ello sin tabúes, permitir que el duelo exista, <strong>ofrecer apoyo y tiempo</strong>… Todo esto es parte de reconocer que<strong> la amistad importa</strong>, y que su pérdida, sea del tipo que  sea, también. </p><p>Por suerte, cada vez existen más libros y relatos que hablan del duelo por las amigas; por aquellas que han dejado de serlo de manera consciente o paulatina y por aquellas que han fallecido y se les llora, casi con pudor, como si no tuviéramos derecho a ello y supusiera un <strong>duelo de segunda</strong>. </p><p>Uno de estos libros es el de la periodista y escritora Nuria Labari <em>“</em><em><strong>La amiga que me dejó. Anatomía de una ruptura”</strong></em><em>, </em>donde plasma la  importancia de la pérdida de una amiga y todas las preguntas y reflexiones que  pueden surgir a raíz de ella, que tienen que ver con una misma y con la manera de relacionarnos entre nosotras. </p><p>Validar el duelo por una amiga no es exagerar, es <strong>reconocer que los vínculos</strong> que elegimos son tan importantes como aquellos que heredamos y nos vienen impuestos. Y que cuando una amiga se va, no solo perdemos a una persona querida e importante: perdemos una parte viva de <strong>nosotras mismas</strong>. Por eso, es hora de darle a ese dolor el respeto, la visibilidad y el cuidado que siempre ha merecido y que nunca ha tenido. </p><p>____________________</p><p><em><strong>Andrea Mezquida </strong></em><em>es psicóloga, formadora con perspectiva de género y experta en psicología afirmativa (LGTB).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 05:00:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrea Mezquida]]></author>
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      <title><![CDATA[Más allá de lo binario: Cómo la Generación Z redefine el género y la sexualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/binario-generacion-z-redefine-genero-sexualidad_129_1940567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2217eaa4-a375-437e-8a9b-5316866fbf79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de lo binario: Cómo la Generación Z redefine el género y la sexualidad"></p><p>De unos años a esta parte, empiezan a ser cada vez más habituales los espacios diversos y los discursos en las redes sobre la importancia de la diversidad y del lenguaje inclusivo, entre otros. Lo mismo ocurre con los discursos feministas y con los altavoces utilizados por personas influyentes para hablar de temas relacionados con <strong>la diversidad sexual y de género</strong>.</p><p>La <strong>Generación Z </strong>aparece, según algunos estudios publicados, como una de las generaciones más inclusivas y abiertas en cuanto a la diversidad sexual y de género. Habiendo crecido en un mundo digitalmente interconectado y con la posibilidad de ver debates sobre todos estos temas, tanto en las redes como en las series y películas de las plataformas, desde edades tempranas, han desarrollado <strong>una comprensión más amplia de la identidad y la orientación sexual</strong> en comparación con generaciones anteriores.</p><p>Para muchos jóvenes de la Generación Z, la diversidad no es algo a esconder ni de lo que avergonzarse, sino <strong>una realidad de su día a día</strong>. Ven la identidad de género y la orientación sexual como aspectos fluidos y personales, evitando las etiquetas rígidas o binarismos impuestos. Esto se observa de manera clara en cómo utilizan el lenguaje inclusivo y defienden espacios seguros para todas, todos y todes.</p><p>En el terreno político y social, la mayoría de jóvenes de la Generación Z se han convertido <strong>en un motor de cambio</strong>. Son los primeros en denunciar discriminaciones, agresiones y en reivindicar derechos, así como en exigir representación diversa en los medios y en desafiar normas establecidas hasta ahora. Las redes sociales han sido su plataforma para amplificar voces antes ignoradas, permitiendo que personas de la comunidad LGBTQA+ encuentren apoyo y validación en espacios virtuales.</p><p>Sin embargo, esta apertura también se encuentra con resistencias. A pesar de su mentalidad progresista, la Generación Z sigue creciendo en un mundo donde se mantienen los prejuicios y violencias hacia la diversidad sexual y de género. El reto para ellos se encuentra en trasladar su activismo de las redes hacia <strong>cambios sociales y estructurales</strong> y en conseguir ser escuchados y tenidos en cuenta por las Instituciones, a pesar de las barreras que se encuentran y que aún perpetúan las desigualdades sociales.</p><p>Lo que está claro es que la Generación Z está dándonos una lección a las generaciones anteriores y marcando una diferencia muy importante y <strong>me atrevo a decir que histórica</strong>. Su compromiso con la inclusión y la diversidad redefine lo que significa ser una sociedad justa. El futuro está en sus manos y es probable que sea un futuro donde la diversidad no sea solo tolerada y visibilizada, sino aceptada, abrazada y normalizada, a pesar de tener un duro reto por delante, al encontrarse de frente con una parte de <strong>la Generación Z reaccionaria </strong>y con tendencias a volver al modelo tradicional de familia y pareja.</p><p>Como mujer milenial y psicóloga de gente joven, tengo grandes esperanzas puestas en esta nueva generación y en sus ideales sociales y políticos y en los principios que defienden. Confío en que el progreso siempre termina ganando y que <strong>seguirán dándonos lecciones</strong> poco a poco a las personas que ya no somos tan jóvenes.</p><p>____________________________</p><p><em><strong>Andrea Mezquida Ortega</strong></em><em> es psicóloga especializada en Psicología Afirmativa y enfoque feminista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2025 18:28:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrea Mezquida]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Activismo LGTBI,Igualdad,Nuevas Generaciones]]></media:keywords>
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