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    <title><![CDATA[infoLibre - Sonia De Gregorio Hurtado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/sonia-de-gregorio-hurtado/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Sonia De Gregorio Hurtado]]></description>
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      <title><![CDATA[El barrio que perdimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/el-barrio-es-nuestro/barrio-perdimos_132_2175037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fce0fe54-4299-4eeb-8ff0-75c8a82123bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El barrio que perdimos"></p><p>Tengo el honor de poder asomarme en ocasiones a este medio para reflexionar sobre urbanismo, mi disciplina. En esta ocasión también será así, pero necesariamente el tema requerirá que le dé un matiz mucho más personal. Esto es porque el objeto del que voy a hablar es algo muy importante para mí: mi Barrio.</p><p>He vivido siempre en el casco histórico de Madrid, en un barrio de clase media donde mis padres establecieron su hogar porque tenían parientes y conocidos. Desde ese punto de vista he tenido siempre un arraigo profundo con mi entorno, al estar presentes en él esos familiares de mis padres, pero sobre todo porque he tenido la suerte de criarme en un vecindario, en un lugar que se caracterizaba por encima de todo por una red de relaciones entre personas que se basaban en el conocimiento y aprecio mutuo. Esa red ponía en carga un alto nivel de solidaridad y ayuda mutua, y hoy mirando al pasado veo que en gran medida se trataba de <strong>solidaridad intergeneracional</strong>, donde los niños y los mayores recibíamos una importante atención. Mirando a ese contexto y comparándolo con la realidad de mi barrio en el momento presente, me doy cuenta de que eso es lo más importante que hemos perdido quienes vivimos aquí todavía. Eso es lo más importante que se nos está usurpando porque constituye el alma del espacio donde desarrollamos nuestras vidas.</p><p>Habrá quien piense que estas líneas y esa valoración están guiadas por un exceso de nostalgia, pero honestamente creo que no es así. Soy objetiva al reconocer que el Distrito Centro de Madrid ha ganado en calidad de vida en algunos sentidos. Una de las grandes mejoras llegó con la entrada en funcionamiento de <strong>Madrid Central </strong>en noviembre de 2018. Esta zona de bajas emisiones derivó en que nuestro espacio público ganara calidad ambiental al sostener mucho menos tráfico. La mejora retrocedió con su conversión en Madrid Centro, que amplió los supuestos que permiten la entrada de automóviles privados. Pero aun reconociendo esta cuestión, se puede considerar que el barrio ha ganado en este sentido respecto a cuando yo caminaba por sus calles siendo una niña. Dicho esto, me cuesta encontrar otro aspecto en el que hayamos mejorado respecto a cómo era entonces. Intento explicar por qué.</p><p>La principal razón es que la <strong>pérdida del carácter de vecindario de mi barrio</strong> ha sido la consecuencia de otras pérdidas anteriores. Una primera vino derivada de la especialización de muchas de nuestras calles en lugares de ocio. Si bien todos los barrios del casco de Madrid vienen siendo desde hace tiempo lugar de referencia para el ocio de los madrileños y de quienes nos visitan, esta cuestión se intensificó de manera importante en la década de los 2000, cuando al calor de la potenciación, todavía incipiente del turismo, se empezaron a ir las actividades comerciales y los servicios de proximidad de muchas calles, que iniciaban a saturarse de bares y restaurantes. Uno de los motores de dicho cambio vino de la conversión de un mercado de barrio, el <strong>Mercado de San Miguel</strong>, en un mercado gourmet. Todavía, quienes viven en su entorno recuerdan que no tienen opciones cercanas para abastecerse de alimentos frescos. Cabe recordar que con la conversión del Mercado en una opción de ocio perdió toda la ciudad, puesto que se había restaurado poco antes con Fondos Europeos (en particular el Fondo Europeo de Desarrollo Regional). En la memoria que justificaba el uso de esos fondos para rehabilitar el Mercado, el Ayuntamiento señala que era imprescindible su recuperación porque servía a una población envejecida. Sin embargo, poco después permitió que se convirtiera en lo que es hoy: un centro de ocio potentísimo que ha generado en su entorno toda una zona de restauración que vive al calor de su empuje. En ese periodo se consolidaron otros focos de ocio, produciendo un efecto que cada vez se extendía a más y más calles.</p><p>Quienes vivíamos en el barrio observábamos con resignación la pérdida de las tiendas, pensando que la tendencia pararía. Sin embargo no fue así y el barrio siguió perdiendo comercio de proximidad a favor de la restauración y el ocio. Como consecuencia, <strong>se multiplicaron las terrazas y así empezamos a perder también gran parte de nuestro espacio público</strong>. Esta tendencia se mantuvo temporalmente hasta la pandemia, en la que los metros cuadrados de terrazas aumentaron de manera importante, en principio de manera temporal para limitar los contagios. Es interesante señalar que aunque las denominadas “terrazas COVID” se retiraron en otros distritos de Madrid pasada la pandemia, en el casco se mantuvieron en muchos casos, resultando todavía a día de hoy en la ampliación de las preexistentes o en nuevas terrazas. Esta cuestión ha derivado en un <strong>mazazo a nuestra vida cotidiana</strong> porque muchas de nosotras no reconocemos ya nuestro espacio público: hemos perdido los lugares de nuestra cotidianeidad, lugares que ahora evitamos por el ruido, la suciedad, el exceso de actividad que soportan y la angustia emocional (hay quien lo llamaría solastalgia) de ver que se te escapa de las manos algo tan querido.</p><p>Perdidos el comercio y los servicios de proximidad, así como parte de nuestro espacio público, alguien puede pensar que ya no nos quedaba nada que perder, sin embargo en torno a la década de los 2010 había llegado el fenómeno de las <strong>viviendas de uso turístico</strong>, que también se reforzó con la pandemia. Pisos turísticos legales e ilegales se implantaron en nuestros edificios. El “Caballo de Troya” de la turistificación entró en nuestras comunidades. El fenómeno ha sido de tal intensidad que derivó en que muchos de nuestros vecinos y vecinas decidieran mudarse a barrios donde no hubiera vecinos “comisionistas” en las comunidades, con mejor calidad de vida y donde se pudiera dormir por la noche. Otros decidieron irse o tuvieron que hacerlo porque a todas estas dinámicas, propias del casco, se ha sumado el encarecimiento del precio de la vivienda en todo Madrid.</p><p> Y así, llegamos a <strong>lo más importante que estamos perdiendo, el alma de nuestro barrio</strong>: a nuestros vecinos y vecinas, nuestro tejido vecinal. Muchos se han ido y muchos otros están pensando en irse. Mientras escribo estas palabras me acuerdo especialmente de ellas y ellos y me pregunto si yo tomaré la misma decisión en unos años. Ahora me debato todavía entre el amor al barrio en el que me crie y he vivido siempre, y el rechazo de aquello en lo que se ha convertido. Esto lo hago observando con tristeza la dejadez de un Ayuntamiento que mantiene el statu quo, a pesar de las llamadas de atención que llevan a cabo las asociaciones vecinales y los ciudadanos y ciudadanas a título particular. Lo que le está pasando a mi barrio no es cuestión de un destino fatal e inevitable, es lo que deriva de un modelo de ciudad en donde lo económico prima y pasa como una apisonadora por encima de los vecindarios.</p><p>______________________</p><p><em><strong>Sonia de Gregorio Hurtado </strong></em><em>es arquitecta Urbanista, profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 04:01:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia De Gregorio Hurtado]]></author>
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      <title><![CDATA[¿Es un plan general? ¿Es una “estrategia”? Entender el marco que determinará el modelo de ciudad de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/el-barrio-es-nuestro/plan-general-estrategia-entender-marco-determinara-modelo-ciudad-madrid_132_1964103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Madrid está desarrollando desde el año pasado el proceso de construcción de “la estrategia” que guiará su modelo de ciudad. El mismo fue anunciado en 2023 por el Consistorio, señalándose en un primer momento que se trataba de aprobar un nuevo Plan General de Ordenación Urbana. Desde entonces se ha seguido dando pasos en la constitución de mesas de trabajo y convenios con diferentes entes, habiéndose clarificado recientemente que “el nuevo Plan General de Ordenación Urbana tomará forma en la Estrategia Urbana 360, donde se regulará y definirá el ordenamiento de nuestro territorio”.</p><p>El plan en cuestión toma así un cariz de estrategia con capacidad de regulación en base a las posibilidades que ofrece la figura introducida recientemente por la denominada Ley Ómnibus de la Comunidad de Madrid (<em>Ley 7/2024</em>). Se trata del “Plan Estratégico Municipal”, un instrumento que según la propia Ley define “los elementos básicos para la organización y estructura del término municipal, sus objetivos estratégicos y el marco de referencia de los demás instrumentos urbanísticos del municipio”. La Ley también señala que esta figura contendrá “normas de aplicación directa, directrices para los planes urbanísticos y recomendaciones, precisándose en cada caso el grado de vinculación”. Su iniciativa y aprobación inicial corresponde a los ayuntamientos.</p><p>Se trata de un marco que nos pone frente a un <strong>instrumento sobre el que no tenemos experiencia</strong> y que introduce una nueva forma de ordenar nuestra ciudad y pensar su futuro. Esto es porque se plantea a la vez con capacidad normativa y de establecimiento de directrices (enfoque estratégico), lo que responde a una hibridación que resulta de dos formas de proceder en relación a la cuestión urbana que han venido siendo complementarias pero que hasta ahora se habían aplicado a través de instrumentos diferentes: por una parte el enfoque estatutario de los instrumentos de planeamiento, caracterizados por su capacidad normativa; por otra parte el enfoque estratégico de instrumentos cada vez más presentes, como las agendas urbanas o los planes estratégicos de ciudades, caracterizados por su carácter de provisión de directrices y no vinculante. La complementariedad entre ambos es un tema relevante dentro del debate disciplinar del Urbanismo en Europa, habiendo dado lugar a una literatura que en gran parte señala la pertinencia de integrar los dos enfoques para afrontar la compleja problemática urbana del presente. Esto conlleva seguir utilizando los instrumentos de planeamiento urbanístico, al apuntarse su importancia para avanzar en la sostenibilidad, evitar los “riesgos de la desregulación” y la deriva neoliberal del urbanismo, así como para limitar el alto nivel de incertidumbre del presente.</p><p>Para entender el contexto en el que se da el cambio ante el que nos situamos en Madrid es útil ampliar nuestra mirada: la emergencia del plan estratégico municipal se da en un marco europeo en el que seguimos viendo pasos hacia la desregulación del urbanismo en nombre de la flexibilidad y rapidez de ejecución. Es de interés mirar contextos parecidos al español. Por ejemplo, es relevante lo que ha pasado recientemente en Italia con el decreto denominado <strong>“Salva Milano”</strong>, refrendado por el Congreso en otoño y que no ha llegado a ser aprobado por el Senado. El mismo ha generado debate social por lo polémico de su propuesta, que introducía la vía legal para pasar sobre los procesos judiciales iniciados a partir de las denuncias en relación a procesos de redensificación en Milán. Como respuesta, desde el Urbanismo se señaló el riesgo de aprobar un marco que debilitaba los requerimientos normativos para aumentar la edificabilidad. Numerosas voces han puesto de relieve que se trata de una <strong>forma de atraer inversión a la medida del sector privado con elevados costes sociales y ambientales </strong>en un momento en el que la regeneración urbana integrada (física, pero también social, ambiental, así como económica) tiene que guiar las actuaciones como camino para aumentar la resiliencia. Algunas voces han señalado que, de aprobarse, <strong>se tocaría de muerte el Urbanismo como disciplina</strong>.</p><p>En este contexto general, el instrumento que se plantea en la capital (en base a lo que dice la web “Sueña Madrid”) se propone al considerarse obsoleta la planificación urbanística estatutaria. Esto no es necesariamente negativo, al tratarse de un ámbito que tiene que evolucionar, pero en el contexto desregulador mencionado la propuesta del Ayuntamiento introduce interrogantes de calado: ¿qué “normas de aplicación directa” introducirá este nuevo instrumento “estratégico” en la capital? ¿qué será vinculante y qué no? ¿qué tipo de procesos de información pública y participación asegurarán que la visión de futuro a la que se va a dar lugar cuenta con el consenso general de la sociedad madrileña? Aclarar esto es clave para generar un marco en el que todos los actores puedan posicionarse y ejercer su legítima “presión” sobre el instrumento que está por formalizarse. Por ejemplo, una mirada al proceso llevado a cabo identifica que, por ahora, no se han establecido canales estables para integrar las necesidades de los barrios a través de conversación directas con asociaciones y vecinos, con el fin de sumarles a la “conversación” que ya se está dando en las mesas y foros.</p><p>Por otra parte, el instrumento que se opere tendrá <strong>consecuencias más allá de la capital</strong>, ya que, como ha pasado en momentos anteriores, será con mucha probabilidad una referencia para la actuación en otras ciudades de nuestra región y nuestro país. También por esta razón es importante entender qué se está planteando y cómo se va a formalizar.</p><p>Además, procesos presentes en la ciudad en este momento refuerzan la necesidad de aclarar lo que se está proponiendo. Transformaciones como la que está liderando el Ayuntamiento en ámbitos como el Centro Comercial Ermita del Santo para convertirlo en un área residencial de unas 600 viviendas en un entorno con falta de equipamientos y donde la comunidad local ha expresado reiteradamente que no quiere ni necesita esa transformación, suman interrogantes al proceso: ¿planteará el nuevo plan estratégico una generalización de actuaciones como esa? Por el contrario, ¿será garantía de una visión de ciudad consensuada? Dotarnos de un debate público que lleve a un modelo de ciudad en el que la sociedad madrileña se reconozca tendría que ser una de las principales aportaciones del proceso que se ha iniciado.</p><p>A todas estas cuestiones se añade la necesidad de sumar a la reflexión temas claves que, de momento, no están explícitamente contenidos en los temas que se están trabajando: la cuestión de la regeneración de los barrios desfavorecidos con una lógica integrada que no necesariamente tiene que conllevar la redensificación y grandes transformaciones, sino una mirada de calidad de vida y cohesión territorial; la recuperación del carácter de barrio del casco histórico y de su identidad (ya en gran medida perdida); la cuestión territorial (Madrid no se puede pensar sin tener en cuenta que es el centro de un área metropolitana que supera los límites regionales); la importancia del suelo industrial (no convertirlo sin reflexión en terciario o residencial); la necesidad de avanzar el modelo de ciudad desde una mirada “más allá de la sostenibilidad” que nos permita hacer la transición a la que nos obligan los desafíos presentes, especialmente la emergencia climática y ecológica, desacoplando el desarrollo económico de las externalidades sociales y medioambientales; etc.</p><p>En base a todas estas cuestiones, el panorama que observamos nos pone en un escenario en el que es crucial que la sociedad madrileña siga muy de cerca el proceso e instrumento que propone el Ayuntamiento, lo monitorice y ejerza su capacidad de matizarlo, corregirlo o completarlo, velando porque mantenga siempre en el foco el bien común.</p><p>___________________________</p><p><em><strong>Sonia De Gregorio Hurtado</strong></em><em> es arquitecta urbanista, profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Mar 2025 19:22:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia De Gregorio Hurtado]]></author>
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