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    <title><![CDATA[infoLibre - Vicente Montávez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/vicente-montavez/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Vicente Montávez]]></description>
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      <title><![CDATA[Europa en su hora de la verdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/europa-hora_129_1992029.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26929281-d512-464d-9ebd-8befc4e32441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa en su hora de la verdad"></p><p>Hace setenta y cinco años, un puñado de palabras pronunciadas por Robert Schuman comenzaron a trazar el sendero más audaz que ha recorrido el viejo continente: <strong>transformar la enemistad en proyecto compartido,</strong> la desconfianza en interdependencia, el acero y el carbón en los cimientos de la paz. Europa no nació de una victoria, sino de una decisión moral: preferir la cooperación a la revancha, el derecho a la fuerza, el futuro a la memoria herida.</p><p>Hoy, Europa se asoma a un mundo que <strong>le exige estar a la altura de esa promesa fundacional</strong>. Un mundo en el que la guerra ha vuelto al continente —cruda y directa en Ucrania, compleja y devastadora en Gaza—; un mundo en el que las tensiones comerciales dejan de ser tecnicismos para convertirse en amenazas geoestratégicas; un mundo donde la democracia está siendo acosada desde fuera y erosionada desde dentro.</p><p>¿Puede Europa <strong>seguir siendo un espacio de paz, prosperidad y derechos </strong>en medio de este desorden?</p><p>La respuesta no será una consigna ni un reglamento. Será, como en 1950, una decisión: si queremos ser objeto o sujeto del mundo que viene. Porque la Unión Europea<strong> ya no puede contentarse con ser un mercado eficiente </strong>ni con ser un garante de estabilidad entre sus miembros. Ha de ser una voz relevante, una presencia firme y un modelo que inspire.</p><p>La guerra en Ucrania nos recuerda que<strong> la seguridad no es un presupuesto, sino una política.</strong> Europa no puede delegar su defensa ni tampoco mimetizarse con los enfoques más agresivos del atlantismo. Nuestra seguridad debe ser inseparable de nuestros valores: la defensa del derecho internacional, el respeto a los derechos humanos y la preferencia por las soluciones diplomáticas cuando éstas sean aún posibles.</p><p>En Gaza, el compromiso europeo con la solución de los dos Estados <strong>no puede ser solo retórico</strong>. Debemos atrevernos a ejercer una diplomacia más autónoma, más creíble, que haga valer nuestro peso económico y político en defensa del Derecho Humanitario, incluso cuando eso incomode a nuestros aliados.</p><p>Y mientras estas guerras desgarran regiones enteras, otra batalla se libra en los márgenes de nuestros parlamentos: la batalla por la democracia. <strong>No hay que subestimar la amenaza de la extrema derecha</strong> que avanza en nuestras propias casas. Europa no será una potencia si no es antes una democracia sólida. La erosión del Estado de derecho,<strong> la desinformación sistémica</strong>, el cinismo político: todo ello mina la legitimidad del proyecto europeo y alimenta el resentimiento que otros capitalizan.</p><p>Ante esto, el verdadero europeísmo no es la complacencia, sino la renovación. Renovar el contrato social europeo con políticas que reduzcan la desigualdad, que den seguridad a quienes sienten miedo, y que incorporen a las nuevas generaciones a un proyecto que a veces les resulta lejano. <strong>El europeísmo no puede limitarse a defender lo existente;</strong> debe atreverse a imaginar lo necesario.</p><p>Y lo necesario hoy es una Europa capaz de afrontar los grandes retos globales sin quedarse paralizada por su complejidad. El cambio climático, las migraciones, las crisis híbridas, <strong>el impacto de la inteligencia artificial… </strong>son fenómenos que nos exigen instituciones más ágiles, pero también sociedades más lúcidas.</p><p>No basta con regular el algoritmo si no somos capaces de defender el criterio. No basta con externalizar la frontera si no reforzamos la dignidad.<strong> No basta con declarar la neutralidad climática</strong> si no corregimos las injusticias que genera la transición.</p><p>Frente a la tentación del repliegue nacional,<strong> Europa debe volver a ser ese espacio de esperanza racional</strong> que la hizo posible. Un continente que no teme al mundo, sino que dialoga con él. Que no se encierra, sino que transforma. Que no impone, sino que propone. Que no renuncia a la soberanía, sino que la redefine en clave de cooperación.</p><p>Estados Unidos se reconfigura bajo la amenaza del aislacionismo; China desafía el equilibrio global con una mezcla de autoritarismo y sofisticación tecnológica; <strong>Rusia busca en la fuerza lo que ha perdido en legitimidad</strong>. En este escenario, Europa debe evitar tanto la subordinación como la ingenuidad. Ser fiel a sí misma, pero no prisionera de sus rutinas.</p><p>Robert Schuman habló de una Europa que no se haría de golpe, ni en una construcción de conjunto, sino a través de realizaciones concretas que crearan una solidaridad de hecho. Hoy esa solidaridad<strong> se llama seguridad compartida</strong>, transición ecológica justa, soberanía digital, cohesión social. Esa solidaridad no será fruto del automatismo institucional, sino de una nueva voluntad política.</p><p>El 9 de mayo no es solo una fecha en el calendario. <strong>Es una invitación a recordar quiénes somos </strong>y decidir quiénes queremos ser. Europa está llamada a ser, una vez más, un experimento de civilización. Si tiene el coraje de actuar con la audacia de sus orígenes y la conciencia de sus responsabilidades.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Vicente Montávez</strong></em><em> es diputado y portavoz del grupo parlamentario socialista en la Comisión Mixta para la Unión Europea.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 May 2025 18:58:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Vicente Montávez]]></author>
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      <title><![CDATA[El ‘Día de la Liberación’ de Trump y los fantasmas del proteccionismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/dia-liberacion-trump-fantasmas-proteccionismo_129_1976426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c9234584-5d44-4b7f-9912-1c746d15a176_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ‘Día de la Liberación’ de Trump y los fantasmas del proteccionismo"></p><p>Hace apenas unos días, <strong>Donald Trump</strong> se proclamó libertador económico de Estados Unidos. El 2 de abril, desde la rosaleda de la Casa Blanca, anunció el mayor giro en la política comercial estadounidense en más de un siglo. Bautizó la fecha como e<strong>l "Día de la Liberación".</strong> Una liberación no del desempleo ni de la pobreza, sino del orden multilateral de comercio que Estados Unidos contribuyó a construir tras 1945. Y como suele ocurrir cuando se invoca la palabra “liberación” en clave nacionalista, lo que sigue no es paz, sino confrontación.</p><p>Los nuevos aranceles, que comenzaron con cifras del 34% para China, 27% para Japón, 20% para la Unión Europea y un 10% generalizado para el resto del mundo, han sido objeto de una revisión caótica: días después, se anunciaron aranceles del 125% a China y una moratoria de 90 días para otros socios. Esa imprevisibilidad ha convertido a Estados Unidos en sinónimo de inestabilidad, el peor escenario para cualquier inversor.<strong> La volatilidad no es una estrategia</strong>, es un síntoma de desorientación. Los mercados lo entendieron así, se esfumaron más de cinco billones de dólares en valor bursátil. No son cifras abstractas: son pensiones, hipotecas y empleos.</p><p>Trump ha entendido algo importante, que en un mundo en transformación, las emociones pesan más que los datos. Por eso <strong>su discurso apela al agravio</strong>, al resentimiento, a la falsa nostalgia de una América industrial que ya no existe. Y por eso los datos le importan poco. Porque la verdad no encaja en su relato. Decía Hegel que la historia enseña que no se aprende de la historia. Tal vez estemos ante una de esas lecciones.</p><p>Recordemos que la ley Smoot-Hawley de 1930, que subió aranceles en plena crisis, no salvó empleos, provocó represalias en cadena, colapsó el comercio internacional y agravó la Gran Depresión. Las medidas de Trump siguen ese mismo camino, pero con una diferencia: hoy, <strong>la economía está mucho más interconectada</strong>. Un coche europeo contiene piezas de tres continentes. Una aceituna española se envasa con vidrio italiano y se distribuye con software estadounidense. Penalizar una parte de esa cadena es romper todo el sistema.</p><p>Trump cree que el proteccionismo le dará poder. Lo que está logrando es <strong>debilitar a su propio país.</strong> Las empresas pierden mercados, los consumidores pagan más y el liderazgo global de Estados Unidos se resquebraja. El mundo empieza a desconfiar de su compromiso con el orden internacional. Y sin confianza, no hay hegemonía que dure.</p><p><strong>La reacción global fue inmediata.</strong> Pekín respondió con aranceles del 84%. Japón, la UE y otros actores ajustan sus agendas. Y en medio de esta tormenta, España ha actuado con una rapidez ejemplar. El Gobierno ha movilizado un Plan de Respuesta y Relanzamiento de 14.100 millones de euros para proteger el tejido productivo y sostener la confianza económica. Apenas doce horas después del anuncio estadounidense, el presidente Sánchez presentó el plan. Incluye una línea de avales ICO por 5.000 millones, financiación para la reconversión industrial, refuerzo del seguro de crédito a la exportación y medidas específicas para sectores sensibles como el automóvil. Una red de protección inmediata y un segundo eje de mirada larga: modernizar e internacionalizar más aún nuestro tejido empresarial.</p><p>El ministro Carlos Cuerpo fue claro en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados: “Esta reacción es fruto de la experiencia reciente de España ante crisis múltiples, desde la pandemia hasta la inflación.<strong> Un país que ha aprendido a protegerse</strong> y a responder con solvencia. Una estrategia nacional alineada con una defensa firme del proyecto europeo.”</p><p>La Unión Europea ha condenado con firmeza este ataque a las reglas del comercio internacional. Pero no basta con declaraciones. Europa debe responder con inteligencia, unidad y determinación. No se trata de entrar en una guerra de aranceles. Se trata de dejar claro que los principios existen. Que<strong> el multilateralismo no es una debilidad </strong>ni una moda, es el mecanismo que nos ha permitido evitar grandes conflictos comerciales durante décadas.</p><p>Lo que está en juego es mucho más que una cuestión técnica. No estamos debatiendo si un sector automovilístico será más competitivo o si una balanza comercial se equilibrará. Estamos discutiendo qué tipo de mundo queremos. Uno basado en reglas, en instituciones y en cooperación, o uno donde el poder hace el derecho y los tratados son papel mojado. Pero no olvidemos tampoco que, desde un punto de vista técnico, los aranceles que impone Estados Unidos son también un grave error económico:<strong> arbitrarios, injustificados y contraproducentes</strong>. Como explicó el ministro, Estados Unidos impone tarifas a países con arancel cero, como Singapur, o castiga con un 50% a Lesoto, una de las economías más pobres del mundo. No hay lógica ni estrategia, solo arbitrariedad.</p><p>Y sin embargo, en este nuevo escenario, también hay oportunidades. Europa puede y debe aprovechar la ocasión para<strong> reforzar su autonomía estratégica</strong>. No para cerrarse, sino para diversificar. Fortalecer su mercado interno, acelerar acuerdos comerciales con África y Asia, y ahora más que nunca, con América Latina. Los acuerdos con Mercosur no son solamente una opción diplomática, son una necesidad económica y geopolítica. La otra gran relación transatlántica debe fortalecerse con visión y pragmatismo. Invertir en innovación, energías limpias y nuevas alianzas. Y, sobre todo, liderar una reforma de la OMC que devuelva credibilidad al sistema multilateral.</p><p>Frente a la tentación de la autarquía, Europa debe ser el estandarte del comercio con reglas. La diplomacia comercial no es una muestra de debilidad, sino<strong> una herramienta de soberanía</strong>. Porque no hay soberanía posible en un mundo de bloques cerrados y economías replegadas. Y porque si Europa no lidera esta transición, lo harán otros. Y no necesariamente con nuestros valores.</p><p>Churchill decía que destruir puede ser un acto irreflexivo de un día; construir, una tarea de años. Trump ha destruido en una semana lo que costó décadas levantar. Ahora <strong>nos toca a otros mantenerlo en pie.</strong></p><p>Europa no puede resignarse a ser espectadora.<strong> Debe ser protagonista. </strong>Con inteligencia, firmeza y memoria. Porque frente a quienes quieren un mundo sin reglas, los europeos debemos tener la ambición de ser los guardianes de su reconstrucción. Por convicción, por historia y porque sabemos lo que está en juego</p><p>______________________</p><p><em><strong>Vicente Montávez</strong></em><em> es portavoz del grupo parlamentario socialista en la Comisión Mixta para la Unión Europea.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2025 17:46:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Vicente Montávez]]></author>
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