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    <title><![CDATA[infoLibre - María José Bruña Bragado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/maria-jose-bruna-bragado/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - María José Bruña Bragado]]></description>
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      <title><![CDATA[La liturgia de la carne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/liturgia-carne_1_2151305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c97be9a-3a96-4667-b735-baab8ebca23e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La liturgia de la carne"></p><p><strong>Páramo. Valladolid. 2025.</strong></p><p>Dividido en las siete partes de la misa —<em>I, Pórtico; II, Liturgia de la palabra; III, Homilía; IV, Profesión de fe; V, Eucaristía; VI, Comunión y VII, Bendición</em>—, este singular e irreverente libro de poemas se inscribe en la tradición de conocimiento, y simultáneamente reinterpretación, de la ceremonia religiosa de la Iglesia Católica hasta caer en una suerte de sutil y medida herejía. Y esto, sin abandonar la idea de pureza espiritual o la aspiración a la belleza que implica el rito, esa noción de celebración gozosa que encuentra su sentido en la repetición y se toma de lo colectivo para trasladar su esencia a la intimidad placentera como posibilidad y práctica simbólica profana. Además, los poemas de<strong> Daniel Zazo Gil</strong> muestran siempre, aquí también, un entusiasmo heterodoxo por la rica iconografía del imaginario religioso como constructo, una fascinación por el ornamento externo que rodea al rito, sea pintura, escultura o lenguaje. Conoce en profundidad el tratamiento que la Historia del Arte ha dado a mártires, vírgenes, cristos y santos en sus diversas corrientes y tendencias.</p><p>La particularidad y detonante del libro no es sino la delectación de la historia de la cultura occidental en la carnalidad y la herida tomadas en tanto referencias sacras contrapuestas, pero oximorónicas, como claves para hablar de lo humano, del eros y el tormento (<strong>Bataille</strong>). Es, así, el deseo sensual y sexual el motivo principal, que linda la blasfemia por su constante referencia a lo religioso, en torno al que pivota el libro y aparece como centro de esa recodificación artística, provocadora y libérrima, que plantea en la estela del <em>Cantar de los cantares </em>de Salomon o del “Cántico espiritual” de <strong>Juan de la Cruz</strong>: léase, por ejemplo, la erección frente al Cristo de <strong>Velázquez</strong>. O bien, viceversa, esto es, el acto sexual es visto desde la liturgia católica, espiritualizado, ritualizado y codificado, lo que conlleva una suerte de profanación impúdica, nunca del todo irrespetuosa, aunque bordea ese límite, sí, solemne. Dejarse vencer por el deseo —“luciérnaga en el pecho”— es una apuesta del cuerpo, pero igualmente del espíritu. En suma, nos remitimos a la tradición Eros/Tánathos como dualidad cuya impronta es evidente en la retórica cristiana, al igual que en la pasión humana, pues ambas se retroalimentan y contaminan. </p><p>Esta paradoja esencial, que implica dolor y placer, tuvo su especial auge en el Modernismo hispánico, con autores como <strong>Rubén Darío </strong>–“Ite Missa est”– o <strong>Delmira Agustini</strong> y su concepción de la religión del Arte y la Belleza frente al pragmatismo de los comienzos del capitalismo. Lo sacrílego como uno de los vectores que atraviesa la primera modernidad en español propone un “temblor nuevo”, que ya estaba presente en el simbolismo de <strong>Baudelaire </strong>y parte de ese oficio verbal sofisticado está en el aliento que inspira estos poemas de Daniel Zazo Gil, que deslumbran por ese erotismo profano tanto de raigambre religiosa —San Sebastián, María Magdalena—, como de mitología grecolatina —<strong>Dionisos</strong>, las bacantes, <strong>Orfeo</strong>, las sirenas—. Lo más llamativo, insisto, es esa asociación simbiótica y de ida y vuelta entre lo religioso y lo pagano, lo litúrgico y lo mundano, como sucede en <em>Prosas profanas</em>.<em> </em></p><p>El conocimiento erudito de la sabia voz poética no pesa, no es denso, pese a la proliferación de cultismos y tecnicismos y a la condensación del vocabulario sagrado, místico o las referencias a <strong>Ángela de Foligno, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz</strong>, desde un punto de vista religioso; a <strong>Pedro de Mena, Gregorio Fernández, Zurbarán, Caravaggio, Brueghel, El Bosco, Courbet, Rops, Ernst, Munch, Ensor, Dalí,</strong> desde una perspectiva estética. El discurso está enmascarado mediante parábolas o construcciones alegóricas y más bien va guiando e introduciendo a quien lee en un imaginario erótico propio, especial, íntimo, en el que nociones como penitencia, pecado original, arrepentimiento, herejía, apostasía, son familiares para el sujeto, pero pueden ser descontextualizadas, recodificadas y enmarcadas en otros dominios. La unión sexual como anticipo de la unidad cósmica y universal y la obsesiva presencia de la muerte, plasmadas ambas vertientes con exquisitez y cierto tono voluntariamente culturalista, son los de una atmósfera mórbida y extrañada, de sensibilidad con resonancias antiguas e impulso bien ascético, bien místico —“deliquio”, “éxtasis”, “arrobamiento”—. Estos leitmotivs permean el poemario, además de hacerlo una notoria fluidez rítmica y recursos como la metáfora, la alegoría, la aliteración, la sinestesia, el símbolo, el oxímoron o la écfrasis como procedimientos cruciales. Algunos poemas son más narrativos, otros más concisos, casi aforísticos, estáticos y reflexivos, hechos de destellos, de la contemplación extasiada de una imagen potente.</p><p>La curiosidad transgresora del sujeto, que quiere “ser saeta atravesando a San Sebastián”, nos participa de sus interrogantes hondos y de la exploración en los secretos y misterios del ser, del espíritu, del eros a través de la semántica, en ocasiones mordaz y sacrílega —como en las referencias a <strong>Buñuel </strong>y lo ascético de <em>Simón del desierto</em>, por ejemplo—; en otras, contaminada de la idea de amor de Barthes y sus <em>Fragmentos del discurso amoroso</em> a <em>La llama doble </em>de<strong> Octavio Paz </strong>o <em>Teresa, mi amor</em> de <strong>Julia Kristeva </strong>—“Sitios en los que quedarse a vivir”—. Nos hace pensar asimismo en <strong>Michel de Certeau</strong> y su <em>Fábula mística</em>. Y, por supuesto, en la imaginería y semántica barroca impregnada de un fervor religioso que conmociona y perturba por la hipérbole del sufrimiento y el gozo —<strong>Bernini</strong>—. El deseo también puede ser, sin embargo, náusea, y lo abyecto se infiltra en ocasiones: lo desregulado, “contra natura”, lo que perturba. El tono a veces se acerca igualmente, como adelantaba, a la sentencia, al aforismo —tan importantes los de <strong>Gracián </strong>como inspiración— para expresar la duda, la vacilación sobre la fe (“Señal de la cruz”) o para celebrar el milagro de eros y los cuerpos. La écfrasis sostiene, como mecanismo, el libro, partiendo de autores clásicos o contemporáneos y se intuye asimismo una tímida apuesta por una espiritualidad otra, despojada, austera, libre ya de los ropajes exquisitos, en la línea protestante de un <strong>Lutero </strong>o un <strong>Calvino</strong>. Interesa desde una perspectiva de articulación formal, eso sí, todo lo que tiene que ver con los adornos, las joyas, esto es, lo que la Contrarreforma y el Barroco supusieron desde un punto de vista cultural, artístico, literario, pero de ningún modo desde una comprensión meramente espiritual o religiosa. La fe interesa más por las obras maestras que ha inspirado y por el paralelismo con lo erótico que por el propio significado del repertorio ritual de creencias. </p><p>Hay, entonces, una suerte de toma de la parte humana de lo sacro para reivindicar el exceso, la “falta” o “error”, porque los desvíos o extravíos (de los sentidos incluidos) son caminos de aprendizaje. En esto la propuesta del poeta me recuerda a la de <strong>Cristina Peri Rossi</strong> —“Oración”— o de <strong>Gioconda Belli </strong>—“arrodíllate en señal de respeto”—, más allá de <strong>Darío </strong>o <strong>López Velarde</strong>.</p><p>Frente al supuesto retorno de una espiritualidad en los tiempos actuales —<em>Lux </em>de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/musica/simbologia-catolica-subversiva-parece-vez-1939_1_2086280.html"  >Rosalía</a>, <em>Los domingos </em>de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/monja-clausura-17-ruiz-azua-indaga-llamada-dios-viven-primer-amor_1_2083445.html"  >Alauda Ruiz de Azúa</a>—, aquí tenemos un sabio uso retórico de la tradición e iconografía judeocristiana —como creo que sucede en buena parte de los productos musicales y cinematográficos aludidos—, que se conoce y comprende para decir, de manera audaz y hedonista, el deseo carnal, la “jouissance” humana, el gozo en sentido amplio. El placer y el epicureísmo pueden ayudar a confrontar y aceptar, sin tanto castigo ni sacrificio, desde la pura libertad, el miedo, la angustia, la soledad, el dolor, la duda y el estremecimiento perenne de la vida. <em>La liturgia de la carne </em>incide en lo humano y en que, con <strong>Quevedo</strong>, siempre seremos “polvo enamorado”. </p><p><em>* </em><em><strong>María José Bruña Bragado </strong></em><em>es profesora en la Universidad de Salamanca.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 05:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Bruña Bragado]]></author>
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      <title><![CDATA["La curva del dolor de aún estar viva": 'Los hombres de mi vida' de Piedad Bonnett]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/curva-dolor-viva-hombres-vida-piedad-bonnett_1_2032483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df3df0f9-9997-4d9d-bed2-8315c964bc18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1019431.jpg" width="1477" height="831" alt=""La curva del dolor de aún estar viva": 'Los hombres de mi vida' de Piedad Bonnett"></p><p><strong>Visor (Madrid, 2025 - 49 páginas)</strong></p><p>"Corazón, corazón, si te turban pesares </p><p>invencibles, ¡arriba!, resístele al contrario</p><p> ofreciéndole el pecho de frente, y al ardid </p><p>del enemigo opónte con firmeza […] </p><p>Comprende que en la vida impera la alternancia"</p><p><strong>Arquíloco de Paros</strong></p><p>En todo su imaginario reciente la creadora <strong>Piedad Bonnett</strong>, poeta, pero también novelista y ensayista, explora con delicadeza y desgarro a un tiempo, no solo lo inevitable y la dignidad de la muerte por voluntad, con la huella de dolores, sensaciones y emociones –"miedo", "parálisis", "asco", "impotencia", "lástima", "tristeza"-, sino la búsqueda infatigable, parcialmente infructuosa también, de un significado o sentido en el duelo, en ese "amargo de la herida" que no cesa, en esa cicatriz, bella y terrible, que deja la pérdida para quien queda. Para la colombiana, que ha sabido tejer con esmero, precisión y sutileza palabras y las ha hilvanado o entrecruzado, en conjunción fraterna, con otra espléndida poeta, <strong>Chantal Maillard</strong>, "los días se añaden a los días / sin rima ni razón", como afirma citando a <strong>Sartre</strong>. Nada más lejos, parece, del espíritu que alienta el poema de<strong> Arquíloco de Paros</strong>. Y, sin embargo, el intento de fijar un olor que se olvida, de retener una voz a la fuga, de capturar una imagen luminosa, un tenue destello epifánico, "una pequeña chispa" bastan, bastarían, en esa fragilidad extrema del yo que intenta reconstruirse, para justificar toda una vida: la vida de después, la vida que sigue, precaria e insuficiente, pero vida al fin. El gesto es, finalmente, audaz y de toda la resistencia firme que puede oponer un corazón vulnerable, vulnerado. </p><p>La poesía de <strong>Bonnett</strong>, seca y cortante, áspera y sin complacencias, interroga, reflexiona, indaga, perturba, conmociona, remueve, hace pensar. Se queda siempre con las palabras justas, las necesarias. Ni una más. Interpela con ellas y no da respuesta unívoca. La respuesta en este libro es, quizá, el deseo de reconciliarse con la de antes, esto es, cierto asomo de aceptación de que todo ha cambiado, de que una es otra ya para siempre y sin remisión. Y disfrutar de lo minúsculo. El diálogo aquí es entablado, como dice el título juguetón, con interlocutores masculinos fundamentales: el hijo, el padre, el compañero. Es siempre una conversación de tú a tú, no polifónica ni coral, pues el intimismo, una discreta reflexión <em>sotto voce es</em> distintiva de la poética de <strong>Bonnett</strong>, que huye del ruido, del bullicio y la exposición, para conversar, sobre todo y a partir de seres tan queridos, consigo misma. La pérdida, así, adquiere otras dimensiones y se refiere, en sentido amplio, a la filiación, al amor, al paso del tiempo y la vejez, pero los poemas al hijo siguen siendo el núcleo sustancial.</p><p><strong>Kübler-Ross</strong> señala en su modelo clásico cinco etapas del duelo, que pueden ser simultáneas o ir en otro orden: negación, ira, pacto, depresión y aceptación. En los poemas de <a href="https://www.visor-libros.com/products/los-hombres-de-mi-vida" target="_blank"><em>Los hombres de mi vida</em></a> percibo todas las modulaciones, pero sobre todo un gran suspense melancólico (<strong>Kristeva</strong>, <strong>Butler</strong>) para abordar lo fatal, la implacable y sorpresiva muerte, presagiada ya de antes, pero igualmente despiadada y, sobre todo, el tiempo sin forma ni sentido aparente que queda después. En <em>Mecanismos psíquicos del poder </em><strong>Butler </strong>enuncia la dificultad de desprenderse del objeto perdido, de ahí la necesidad de negociar con el pasado idealizado para digerir el presente árido del <em>pathos.</em> Esta paradoja o vacilación entre el dolor y la tristeza presente y la luz de antaño atraviesa el libro y las formas verbales, los adverbios, los sustantivos apuntan hacia ello: querer quedarse en el <em>antes</em> para hacerlo <em>ahora</em>, aunque sea un instante idealizado, inventado, es la baza: "una vacilación, / que confunde lo que ya fue con lo que nunca ha sido".</p><p>La apatía y desgana, la falta de sentido en el sujeto que extraña al otro aparecen en imágenes cotidianas poderosas, limpias, fuertes, como la del alimento intacto en el plato frente al hueso pulido vorazmente que se contempla casi desde la abyección de lo no reglado y escatológico: "En la piel erizada hay puntitos de grasa" (<strong>Bajtin</strong>, <strong>Kristeva</strong>), como en la genial serie de poemas titulada <em>Domingos</em>. Hay algo casi bárbaro o salvaje en la pulsión de vida que acompaña la enumeración de lo carnívoro –conejo, cerdo, oveja, faisanes-, en el festín de animales muertos y en el rechazo del placer humano, "metódico" y frío, de comer carne. Incluso desagrada el civilizado rito previo de la cocina. Ese plato vacío es la metonimia del dolor y la ausencia y es obvio el contraste entre la voracidad hedonista del que vive –"silba"– y la desidia escogida de aquel que vive a medias para siempre ya, cuya "lengua" "arde", cuya "garganta" "quema". "Desde que en mi cama / sobra la mitad" espejea en el verso: "Esta cocina es grande los domingos". </p><p>Se prefiere la sobriedad, casi sordidez de un "Cuarto de hotel" en el que ensimismarse plácida, serenamente, en la ausencia ("un águila que pliega sus alas y su cuello / la más dichosa reina destronada"), lo neutro al "rojo" del "achiote", el "chile", el "vino". Y hay un reproche implícito al goce dionisíaco del otro al que se fantasea, como Salomé o Judith, decapitar. Cortar de un tajo el banquete y lo festivo desde la consciencia exacerbada de la falta. Lo espectral de la ausencia aparece, en otros poemas, hecho carne, hecho animal como ballena por la inmensidad de la soledad, que es densa, irrespirable, corpórea, pegajosa, asfixiante. Lo pragmático de la vida, lo voraz y carnal, el gesto automático de la existencia frente a la supervivencia o resistencia en la ensoñación, en la memoria fantaseada, en la revelación no productiva de algún momento que salva. Todo es un <em>memento mori</em> permanente, pero lejos del <em>horror vacui </em>barroco, se desgrana con parsimonia detenida y clásica, a partir de la sinécdoque, la abulia, el tedio –"moscardón"–, el <em>spleen</em>, y también la podredumbre espesa que anega los sentidos: el gusto es desabrido, el olfato solo percibe lo podrido del "tiempo como carne cruda". Esa quietud repugnante vibra, zumba, molesta, es viscosa, insistente, no se va, huele de forma pestilente y es acechada por aves carroñeras, aves que giran en el círculo de la muerte, en el ciclo que no se detiene. "Todo crece, indiferente y espléndido" para el sujeto doliente.</p><p>En la serie <em>Vidas de película</em> es el repliegue y la búsqueda de refugio en el interior –"ese cerrarme como una adormidera"– el núcleo temático, el intento de asimilar esta broma macabra, este asombro incrédulo que deja la muerte, este corte letal, esa "coz" que "cocea". Late todo lo que viene, infinito, después del tajo brutal. Duele y reverbera el golpe, pero también la herida, la cicatriz, el recuerdo vivo del dolor, incandescente. Y se busca un sencillo "renacer" diario que dé sentido, que suponga cierta resiliencia a la que aferrarse, ya sea el simple borboteo de una tetera, unas flores o un resquicio de luz, la alegría de unos pasos en la escalera. "Como una madre enorme / empollar cada día / tu nueva soledad". </p><p>Nuevamente se rechaza lo pragmático, lo prosaico –"apagando luces, enderezando cuadros"– porque el orden y lo regular y sistemático de las cosas de la vida no importan ya frente a lo ominoso e irracional del salto abrupto. ¿Cómo comer, respirar, oler, escuchar, tocar cuando la voz del amado se va olvidando? Lo sinestésico o sensorial solo está en el recuerdo porque el espectáculo neoliberal del presente urgente, el consumismo del decorado artificial, de plástico –"prados verdes, licuadoras, felicidad"–, es vacuo y aséptico frente a la verdad y belleza del pasado/presente/futuro que se confunden en un solo tiempo para quien pena. El sueño y la fantasía se dilatan y ensanchan la mente en forma de memoria, inspirados, por ejemplo, por una pintura puntual en un museo: basta un sol y un sendero. El sujeto se expande y se refugia en una imagen, una palabra, evoca y se abstrae del mundo, de ese mundo, se paraliza, pero también vuela: "[…] la mente vacía, / suspendida / en vilo cada vez". En la serie <em>Manual de autoayuda</em> se utiliza la imagen parca, gráfica del nudo, de la maraña del duelo imposible de destrabar porque viene de lejos, de antiguo: "No hay nudo sin proceso / sin movimiento previo, sin lazadas.". O en el magnífico <em>De la tristeza</em>, descrita esta como una sutil bailarina "con su frufrú de seda / tan distinta al dolor, que es como un golpe / de espuela sobre un cuerpo / desnudo, despojado", donde leemos otra imagen poderosísima, la de la tristeza comparada con "lava / cargada de cadáveres de pájaros".</p><p>En <em>Postales</em>, serie de poemas con final abierto, cíclico, en la aporía del bucle o paradoja eterna, que recuerdan la apertura oximorónica de los sonetos de <strong>Sor Juana</strong>, resurge la metáfora de lo inerte, de la vida petrificada frente al movimiento riente del pasado, la ilusión, el ardor, la ternura y se vuelve, otra vez a través del sueño o la imaginación, a un pasado intacto, al ardor del recuerdo –"Si te labra prisión mi fantasía", cerraba su soneto la autora barroca cuya impronta percibo-, como en el magnífico <em>Peligros del fuego</em>, con reminiscencias míticas o de cuentos de hadas. Se trata de "hacerse desierto cuando llueve".</p><p>"Manos", "ojos", "nombres": las metonimias recuperan resquicios de amor. Y el libro se clausura con <em>Poemas pandémicos</em>, coda que muestra una conciencia precaria del presente hostil, de resonancias quevedianas o espíritu barroco en su reflexión sobre cómo se percibe con más lucidez y consciencia el "crepitar" del "latido" cuando el tiempo se escapa sin piedad, cuando la vida es una espera y una pausa: "Nunca fue el hoy más hoy". Habrá registro de los gestos exteriores del encierro, declara el sujeto poético, pero nunca del sueño propio, de la imaginación volandera, del prodigio de la mente y sus fabulaciones sin cuento. </p><p>Mención aparte merece en este poemario que estremece, se aleja de todo estigma, acerca la pena y conmueve, <em>A bigger splash</em>, magistral poema en torno al que pivota todo el libro y que juega con el color vibrante y de raigambre pop/kitsch de la pintura de <strong>Hockney</strong>, pero también con lo apacible y sereno de la distancia fría de los personajes del cuadro: esos tonos estivales, ese querer detenerse y observar la alegría de la piscina veraniega, querer retener la vida antes del salto y ver al hijo como un audaz nadador, hermoso y cálido, efebo rodeado de verde fantasía, paralizado "tan vivo" en ese instante por la mente amorosa, por un sol que no es negro ni destila melancolía. Y al mismo tiempo volver a ese momento crucial de la vacilación, de la duda siquiera, ese deseo de rebobinar. "a ver si así / tal vez / o tal vez no"… ¿Será vivir en las imágenes inventadas o soñadas y el lenguaje con el que se cuentan una forma, a trompicones y fragmentos, de vivir después del paraíso, después del tiempo del amor? Eso sugiere el verbo austero y despojado de la poeta. Como dice <strong>Judith Butler</strong>: "Tal vez un duelo se elabora cuando se acepta que vamos a cambiar a causa de la pérdida sufrida, probablemente para siempre. Quizá el duelo tenga que ver con aceptar sufrir un cambio". Estos poemas de <strong>Piedad Bonnett </strong>ponen el corazón en los instantes, se oponen con firmeza al ardid, aunque sea con "engaños coloridos" y, finalmente, como toda creación que perdura, permanecen y aquilatan el cambio constante que es la vida y dan sentido al "tiempo ajeno" desde el "tiempo del amor".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jul 2025 04:00:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Bruña Bragado]]></author>
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      <media:title><![CDATA["La curva del dolor de aún estar viva": 'Los hombres de mi vida' de Piedad Bonnett]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['The rest is memory']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/the-rest-is-memory_1_1990488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7ab0b7c1-5482-4459-86f2-dd417a1efcdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018651.jpg" width="1350" height="759" alt="'The rest is memory'"></p><p><strong>Premio Adonáis 2024</strong></p><p><strong>Ediciones Rialp (Madrid, 2025)</strong></p><p>Este <a href="https://www.rialp.com/libro/cartografia-de-nadie_139339/" target="_blank">libro de poemas</a>, Premio Adonáis 2024, de título engañoso y oximorónico ­—porque lo anónimo tiene también la proyección de lo universal—, <em>Cartografía de nadie</em>, contiene el eco, el aliento, la sustancia matriz o verdad y esa resonancia familiar, tan difícil de conseguir, de lo intensamente humano; destila y provoca el encantamiento por una experiencia íntima, tantas veces contada, y, sin embargo, siempre nueva, cuando se comparte, por ajena y singular. Y ello porque la vivencia personal, aunque reverbere y espejee en los otros, es intransferible, única, inédita e imprime un ritmo propio, un carácter, una huella distinguible, sus "cicatrices".</p><p>Se traza aquí un mapa circular, con los inevitables desvíos o extravíos, que transita por tres núcleos espacio-temporales, esos ejes vertebrales del viaje iniciático con molde narrativo clásico: la <em>Odisea</em>. Se revisita y resignifica esa estructura, desde el mismo inicio, con epígrafes poliédricos –<em>Ausencias</em>, <em>El otro lado</em>, <em>El regreso-</em>; en efecto, se opta por diferentes prismas para decir la vida, distintos lugares de enunciación, autoridades eclécticas –de<strong> Idea Vilariño</strong> a <strong>Peter Handke</strong>, de<strong> Gil de Biedma</strong> a <strong>Circe Maia</strong>, de <strong>Homero </strong>a <strong>Francisca Aguirre</strong>, <strong>John Ashbery</strong> o <strong>Emily Dickinson</strong>-, voces míticas diversas también que van de lo femenino a lo masculino, del hijo al padre, de la madre al hijo, pasando por diálogos con antiguos amores, con amores presentes, con lecturas que aún palpitan –destacable en este sentido y muy interesante por lo experimental es el poema que dialoga con <em>Nostos </em>de <strong>Louise Glück</strong>-, con animales cercanos, en una mirada global que, sin hacer proclama o documento, tiene en cuenta a la naturaleza toda, al ser humano todo: sus ciclos, sus miedos, sus hallazgos, sus derrotas. Esa mirada abarcadora, pero introspectiva, que no ensimismada, cuenta también la pérdida, las ilusiones de antaño. Con todo, como en el poema de <strong>Cavafis</strong>, sobre todo, se dice la ganancia y lo epifánico–"nácar y coral, ámbar y ébano"-. Así, la poética que abre el libro se asienta ya, con prudente tono reflexivo, meditativo, en la importancia de la contemplación detenida, de compartir el asombro, de mirar en torno, de ir a lo hondo de las cosas y los seres, de lo sentidos.</p><p>El autoconocimiento, <em>leitmotiv </em>del poemario, nos hace explorar nuestros valores, indagar en nuestras creencias, cuestionar nuestros deseos y vacilar sobre cómo conseguir una vida plena, auténtica. ¿Habrá de parecerse a la fábula, al sueño? Ese <em>Nosce te ipsum</em>, fórmula latina del aforismo griego atribuido a <strong>Sócrates</strong>, empapa y recorre el poemario, especialmente en la sección <em>Ausencias </em>que vuelve, una y otra vez, al paraíso de la infancia, lugar de la inocencia, los descubrimientos todos, el infinito en forma de trompo del poema de <strong>Octavio Paz</strong>, la eternidad de los versos que se rescatan de <strong>Dylan Thomas</strong>.</p><p>La forma y el ritmo, también la semántica que combina lo prosaico-urbano con la raíz, lo popular anecdótico con lo elevado, lo aparentemente banal con lo profundo, es deuda y homenaje consciente y está hecha a base de enumeraciones de imágenes voluntariamente dispares y dispersas que construyen, a partir del detalle, el zoom, el bosquejo, la sinécdoque, un caleidoscopio íntimo; confeccionan un retrato metafórico plural y heterogéneo –música, arte, cine, filosofía- de un sujeto concreto y su pasado, sus afectos, sus transformaciones, sus renuncias: padre, madre, amor, viaje. La narratividad, no obstante, no elimina el lirismo; antes bien, lo potencia y multiplica a partir de lo musical, la cadencia, la fuerza evocadora de los encabalgamientos, de las breves rupturas semánticas que dejan tiempo para respirar, para imaginar. El manejo maestro de la hipálage, el asíndeton, el polisíndeton transparenta muchas y cuidadosas lecturas, clásicas, contemporáneas, y, dentro de todas las posibilidades, se escoge una asertiva claridad para reescribir y actualizar los mitos –Ulises, Penélope, Tiresias, Orfeo y Eurídice, Argos, Calipso, Nausícaa– en clave deliciosamente humorística y actual –mensajes en visto, redes, televisión, hipotecas, LinkedIn–. No es una simple relectura de códigos ni una inversión fácil de los mismos –desde una perspectiva de género, por ejemplo, es un recurso demasiado explotado en tiempos recientes, con elocuentes libros, sin embargo, como <em>Antígona González </em>de <strong>Sara Uribe </strong>o <em>Iphigenia en Vallecas </em>de <strong>María Hervás</strong>—, sino que se revitalizan a partir de lo íntimo –un padre que llora, una abuela que olvida, una madre que espera, una mujer que se lamenta de no haberse amado a sí misma– los universales: el desgaste del paso del tiempo, la aventura, el hogar, la tierra, el origen, el amor, la muerte, la permanencia de la memoria, su fugacidad. Y el misterio, siempre el misterio.       </p><p>Diría que lo más especial, lo distintivo e inconfundible de estos poemas intimistas, a veces melancólicos, siempre verdaderos, es la transparencia y entrega generosa de una sensibilidad única, el gesto de hacernos asomar a un periplo, que no es solo un trazado erudito de uno mismo, de una trayectoria, unas lecturas, una experiencia, sino un retrato coral, familiar, social polifónico del espíritu de una época, atravesado por lo que ilumina y lo que duele, por todo aquello que transforma y arrebata y donde queda reverberando siempre la mirada de la infancia. Todo es memoria, que no cesa, de ese instante irrepetible de revelación.</p><p><em>* </em><em><strong>María José Bruña Bragado </strong></em><em>es profesora en la Universidad de Salamanca.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 May 2025 19:00:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Bruña Bragado]]></author>
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      <media:title><![CDATA['The rest is memory']]></media:title>
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      <title><![CDATA[Conjurar la culpa con amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/conjurar-culpa-amor_1_1928924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5297b1e-6757-4402-9362-61fd4bcc6248_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016811.jpg" width="703" height="395" alt="Conjurar la culpa con amor"></p><p><strong>Seix Barral, (Barcelona, 2024 - 342 páginas)</strong></p><p>La <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-un-silencio-lleno-de-murmullos/402953" target="_blank">nueva novela</a> de <strong>Gioconda Belli</strong> reúne algunas de las preocupaciones que atraviesan su personalísima e inconfundible escritura desde la controvertida y revolucionaria década de los 70. Estas tienen siempre como núcleo inevitable la difícil conciliación de la militancia guerrillera con la tríada maternidad-amor-familia. Lucha o casa. La alteridad o lo propio. Seguir como mujer de acción, con conciencia y principios, el impulso audaz de justicia social y dignidad para todos, o refugiarse en lo pequeño, en el disfrute sereno de lo íntimo, ese privilegio. Este dilema que no comprometía a los varones de la misma forma que a las mujeres en aquellos años de utópica confianza en las izquierdas. Como tantos otros. El leitmotiv de la elección entre causa o familia está muy presente en las primeras décadas del siglo XXI hasta constituir casi una tendencia literaria autónoma que revisa, de forma crítica y desde una perspectiva de género, el pasado reciente de las violencias dictatoriales, de los sistemas represivos. Ya no se trata del esclarecimiento de los hechos (torturas, asesinatos, violaciones, secuestros, exilios) o de sanación emocional, cura por la palabra que atestigua y deja huella de la experiencia extrema —como apuntara la gran <strong>Beatriz Sarlo </strong>en su imprescindible ensayo <em>Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión</em>–, sino de poner en el centro las fatales consecuencias del activismo y la acción política en el plano de lo íntimo, de los afectos. </p><p>Es constatable, en efecto, una suerte de explosión creativa de cuño autobiográfico o, si se quiere, autoficcional, especialmente en la región del Cono Sur, que reflexiona con escepticismo, y a veces de manera ácida, cínica o a partir del humor negro, sobre las fallas, carencias o errores de una generación idealista que arriesgó su vida, pero puso también en peligro el cuidado, el amor, la confianza de los cercanos: hijas, hijos, compañeros, madres, padres, hermanos. Pienso, por ejemplo, en las novelas <em>Diario de una princesa montonera. 100% verdad </em>(2021 en su versión ampliada) de <strong>Mariana Eva Pérez</strong>, <em>Yo la quise </em>(2020)<em> </em>de<strong> Josefina Giglio</strong>, en la <em>Trilogía de la casa de los conejos </em>(2021) de <strong>Laura Alcoba </strong>o en <em>La llamada </em>(2024) de <strong>Leila Guerriero</strong>. También en piezas teatrales como <em>Misericordia </em>(2024) de <strong>Denise Despeyroux </strong>o en la película <em>La nieve entre los dos </em>(2024) de <strong>Pablo Martínez Pessi</strong>. Y más atrás, en <em>Jamás el fuego nunca </em>(2007) de <strong>Diamela Eltit</strong>, una de las primeras en ahondar, con lucidez, en la responsabilidad, la culpa y esa disyuntiva atroz de aquellos años entre vida y política. Más allá del testimonio unívoco, del diario o de la crónica fidedigna, omnipresentes en las últimas décadas del siglo XX, se produce hoy una repolitización del cuerpo y una dignificación de la esfera íntima, de los afectos, del dolor personal de cada historia de vida a través de la ficción. Todas las historias son demasiado grandes y, a la vez, demasiado pequeñas.</p><p>Lo distintivo del proceso de indagación o introspección autobiográfica que emprende la autora en este relato ficcional es que se trata de un viaje de autoconocimiento que utiliza el mecanismo narrativo del desplazamiento o cambio de perspectiva, pero también el del desdoblamiento entre la mujer del presente y la del pasado, y ambos tamizados por la presencia de las dos mujeres protagonistas, Penélope y Valeria, que juegan a confundirse e intercambiarse bajo el pulso narrativo de la creadora. De alguna manera este libro pudiera entenderse como una entrega actualizada de las biografías, directas o indirectas, anteriores de <strong>Gioconda Belli.</strong> Y en esa medida resulta clave no solo como relevante ficción, como artefacto imaginado o proyección figurada, sino como documento sobre la propia autora y su revisión, desencantada y crítica, del pasado. Por otra parte, la novela, de ritmo ágil y secuencial, en consonancia con las formas narrativas de estos tiempos de simultaneidad informativa y discursiva, vuelve a demostrar la capacidad de la escritora para situar sus textos en el aquí y en el ahora, además de transparentar una extraordinaria empatía y capacidad para ponerse en la piel y la mirada de los otros, de las otras. </p><p>Esto se observa en la manera en que se vierten ideas, dudas, certezas, contradicciones en el personaje de Penélope, la hija de Valeria, la madre guerrillera, pero también en Eugenia o en la madre de esta. En la soledad de un caserón de la sierra de Madrid van sucediendo cosas imprevistas y aparentemente enigmáticas y se van develando secretos a cuentagotas, lo que mantiene a los lectores en vilo, en una permanente inquietud y estado de suspenso. En efecto, la intriga permanece a lo largo de más de trescientas deleitosas páginas que alternan narración, diario, cartas, presente, pasado y futuro y se va disfrutando, lo mismo que se intuye la autora lo hizo durante la escritura, de pequeñas anécdotas, de otras grandes; se va aprendiendo a través de saltos, digresiones o <em>flash-backs</em> que revelan lo interior y lo exterior, lo privado y lo público de una sociedad enmarcada en una historia política tan dolorosa como la de Nicaragua. Y cómo la historia de un país incide en la vida de la gente. De hecho, lo hace en la de varias generaciones que en la vida de nuestra escritora se conjugan. </p><p>En este sentido, el libro consigue, con solvencia notable, conjugar lo íntimo o privado con lo nacional, continental, universal, habilidad que Gioconda Belli ya ha demostrado tener, con creces, en una poesía con proyección inédita. De alguna manera, la novela, como la mayor parte de las suyas, aúna rasgos de crónica periodística con los de ensayo histórico, nociones de política con conceptos extraídos del psicoanálisis o la mitología, pero también se asoma a lo detectivesco a través de la aparición de unos paquetes misteriosos que rozan el género de la novela gótica —una casa solitaria, el pasado, los espíritus, el desdoblamiento de identidad madre/hija—, e incluso se aproxima a lo sentimental y a la novela bizantina del XVI al XIX, con la utilización ingeniosa de curiosas anagnórisis, la experiencia de identidades familiares cruzadas, potenciales aventuras amorosas y peripecias varias. Es también un retrato ético, vitalísimo, profundamente humano, de las luces y sombras de una mujer nada convencional, excepcional por su compromiso, un tipo de mujer que la sociedad patriarcal ha empezado a aceptar hace muy poco tiempo y que sufrió durante siglos la penalización y la condena por desear, vivir, hablar fuera del ámbito doméstico. Y, significativamente, Valeria muere en las primeras páginas, lo que permite hacer un balance más justo y hasta premonitorio. Sabemos que en el contexto capitalista o neoliberal los hijos se conciben como extensión de la madre (como <strong>Lina Meruane </strong>explica en <em>Contra los hijos</em>): sus deseos, metas, frustraciones son volcadas en los hijos de la misma manera que en el imaginario tradicional, que tenemos naturalizado e interiorizado, la principal cualidad de la madre debía ser el sacrificio incondicional a la familia, su capacidad de entrega absoluta. <strong>Belli</strong>, que conoce bien los mitos grecolatinos y también los precolombinos, los originarios de su tierra centroamericana (véase <em>El infinito en la palma de la mano </em>o <em>Waslala</em>) dinamita ese "amor maternal como constante transhistórica" (<strong>Elisabeth Badinter</strong>) y con perspicacia desmonta o deconstruye el ideal esencialista de la maternidad para optar por diversas formas de maternaje como experiencia intransferible que cada mujer vive a su manera. También existen, claro, múltiples modos de ser hija, de ser hermana en función de variables socioculturales, ambientales y no todo tiene que ver con la familia biológica sino con "crear parentesco" más allá de la genética (<strong>Donna Haraway</strong>). Las reflexiones sobre la adopción y la sororidad están, en este sentido, llenas de interesantes matices y son uno de los vectores principales de la novela.</p><p>Además, el relato tiene el acierto de incorporar una experiencia inédita para varias generaciones y que tiene que ver con el encierro, con la soledad y las dificultades de la socialización durante la pandemia del covid y su vivencia encarnada y sustentada en el miedo a la muerte, la locura y la enfermedad. La reflexión acerca de la importancia de la comunicación con los demás, de que son la convivencia, la comprensión, el cuidado o las múltiples formas del amor lo que nos identifica como seres humanos con dignidad sobre la Tierra es una constante en nuestra autora y vuelve a dar aliento en esta novela, espléndida y que se lee de un tirón, vuelve a confiar en la otredad, tal y como el filósofo <strong>Emmanuel Lévinas</strong> explica, porque confiar en el otro es construir un yo ético, fruto de los encuentros que se tienen en la vida. Y es, en última instancia, la mejor forma de habitar este planeta.</p><p>El desenlace de la novela supone la clausura o cierre de un círculo de desencuentros madre-hija. Hay comprensión activa, no resignación ni rendición en el momento en que hay perdón. Se dejan atrás los reproches, las culpas, la rabia y los rencores para comenzar a convivir con el pasado, que es también un aprendizaje. Sísifo, tan presente en la poesía de la nicaragüense, vuelve a ser figuración crucial en el epílogo. Nicaragua como el país en el que se hay que seguir subiendo, infinitamente, la roca, como metáfora de este mundo de migraciones, guerras, desigualdades y un cada vez más cercano ecocidio. </p><p>Ante el dilema, esta narración conjura la culpa, la cauteriza o exorciza con amor, con comprensión, comunicando, escuchando, <em>sintiendo</em>, esto es, mediante la necesaria reconexión de la empatía y el vínculo social (<strong>Franco Berardi</strong>). Y no se trata de optar por la ingenuidad, sino de preservar la ilusión, la hermandad, la bondad, esa categoría que parece desactualizada y es tan necesaria, y la fe en el ser humano lejos del individualismo exacerbado, del utilitarismo, de la apatía o indiferencia a las que impulsa el exceso tecnológico (que bien utilizado genera redes de cuidado, amistad y afectos). Es importante seguir soñando con ahínco y tenacidad, de manera activa y aunque los sueños se desplomen incesantemente y la fragilidad emocional amenace con desequilibrarnos. <strong>Gioconda Belli</strong> sabe, especialmente después de los atroces acontecimientos del 2018 en Nicaragua, que no hay revolución más efectiva, ni en la calle ni en la casa, que la de la imaginación, el sueño, la confianza y la ternura. Y que se pueden seguir cultivando y articulando, con esfuerzo, relaciones afectivas, tiempos y espacios de refugio ante los tiempos arduos por venir.</p><p><em>*</em><em> </em><em><strong>María José Bruña Bragado </strong></em><em>es profesora en la Universidad de Salamanca.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jan 2025 20:00:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Bruña Bragado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Conjurar la culpa con amor]]></media:title>
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      <title><![CDATA['La reina de espadas' o cómo conversar con la 'perra' Elena Garro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/reina-espadas-conversar-perra-elena-garro_1_1874067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10415306-ed41-447d-b8a8-637a755a2c80_16-9-discover-aspect-ratio_default_1014787.jpg" width="653" height="367" alt="'La reina de espadas' o cómo conversar con la 'perra' Elena Garro"></p><p><strong>Jazmina Barrera</strong></p><p><strong>Lumen (Barcelona, 2024. 266 páginas)</strong></p><p>Asistimos en los últimos tiempos a un rescate necesario, siempre tardío, desde instancias académicas, periodísticas y artísticas, de escritoras opacadas por la historia literaria patriarcal. Es innegable el potencial político y subversivo de esa penetración y modificación del canon para convertirlo verdaderamente en plural, en universal, en todo lo completo que puede ser un canon tras los desmanes y exclusiones de <strong>Harold Bloom</strong>. Especialmente se está atendiendo a las creadoras del siglo XX que por diversas circunstancias fueron olvidadas, relegadas, denostadas o mitificadas. Léase <em>El coloquio de las perras</em>, título con que<strong> Luna Miguel </strong>homenajea a la puertorriqueña <strong>Rosario Ferré</strong>, otra escritora por sacar más a la luz en España, aunque hay una reciente y espléndida edición en La Navaja Suiza de <em>Papeles de Pandora</em>. La autora de <em>El funeral de Lolita </em>publica en el año 2019 este ameno ensayo y con él trata de visibilizar, dar a conocer y situar en el centro de ese elenco, siempre arbitrario, a autoras latinoamericanas cruciales como <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, <strong>Marvel Moreno</strong>, <strong>María Luisa Bombal</strong>, <strong>Gabriela Mistral</strong>, <strong>María Emilia Cornejo</strong> o la propia <strong>Elena Garro</strong>. Léase también el imprescindible <em>Coloquio de las quiltras. Argumentos caninos ante la crisis del feminismo</em>, brillante disertación<em> </em>de la escritora chilena <strong>Lina Meruane</strong> en diálogo y contrapunto, precisamente, con <strong>Luna Miguel</strong> (Debate, 2024)</p><p>Es a <strong>Elena Garro </strong>a quien la mexicana <strong>Jazmina Barrera </strong>(1988) dedica esta voluntariosa "libreta de apuntes, colección de historias, ideas, datos y gatos" que es <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libro-de-biografias/341619-libro-la-reina-de-espadas-9788426430779?srsltid=AfmBOop7PasXGtPXP4nDv57AvZNpO_vV1NIEzSesktv3wXcrPhmQ-fjD" target="_blank"><em>La reina de espadas</em></a><em> </em>(Lumen, Barcelona, 2024).</p><p>Con prudencia y cuidado, la autora decide adentrarse en su mundo vivencial y literario y trazar una semblanza muy personal de una escritora con mayúsculas. Fuera del canon universitario (más en España que en la academia norteamericana, latinoamericana o europea), no leí a<strong> Elena Garro</strong> hasta que una estudiante de máster, mexicana, decidió emprender conmigo una investigación acerca de sus piezas teatrales y sus relatos (<em>El árbol</em>, <em>Y Matarazó no llamó</em>, <em>Andamos huyendo, Lola</em>). Me pareció absolutamente deslumbrante, revulsiva, original, inconfundible. Y qué decir de su tan mal leída novela <em>Los recuerdos del porvenir</em>. Nuevamente fue la docencia quien me descubrió las aristas, dobleces, sutilezas de ese prodigio narrativo, claro precursor del "realismo mágico" y detonante o motor, en muchos sentidos, de las indagaciones verbales de <strong>García Márquez</strong> en <em>Cien años de soledad</em>. De alguna manera la filiación estética <strong>Garro-García Márquez</strong> me hizo pensar siempre en la que podríamos trabar entre Bombal y Rulfo. En ambos casos, las perjudicadas por el paso del tiempo, al menos hasta el momento, han sido ellas, las, a decir de Kristeva, "genias". Con las asistentes al curso que impartí en Casa de México <em>Lo femenino: un riesgo mortal</em> tratamos de iluminar, explorar y comprender las proyecciones múltiples de <strong>Elena Garro.</strong> La tarea solo fue un aperitivo dentro de una obra mayor que abarca, además de novela, teatro y cuento, el ensayo (destaco <em>Memorias de España 1937 </em>y la curiosa relación que entabla con otra grande, <strong>María Zambrano</strong>) o la crónica periodística.</p><p>Hablar de <strong>Garro </strong>en México es arduo y espinoso. Es delicado. Eso trasluce el retrato de <strong>Barrera </strong>y la excesiva precaución con que se acerca a ella. Y no hablamos tanto de lo literario como de lo político. Se dan por hecho su capacidad de imaginar, su inteligencia, su "excentricidad", pero cuando se habla de la relación con <strong>Octavio Paz </strong>y la intelectualidad política mexicana ya es "otro cantar". Y el libro, digno, evocador, personal, bien escrito, con un inteligente sistema de glosas despojadas al margen con la página y somera referencia a los textos de <strong>Garro </strong>cae, a mi parecer y nuevamente, en la mitificación del personaje al insistir en la fascinación que provoca, en su singularidad "enigmática" y al detenerse demasiado en los primeros tiempos y los vaivenes emocionales y amorosos con <strong>Octavio Paz</strong>, en su obsesión por la infancia como época dorada y tema siempre transversal en su obra. Y esto último se entiende porque, como dice <strong>Michèle Ramond</strong>, en el hombre el placer es mucho más inmediato y en la mujer esto suele pasar por otro trabajo, por una reelaboración y vuelta premeditada a la infancia y lo que esto significa en cuanto a placer y libertad. Parece evidente en el caso de Garro. Tal vez se trate de procrastinación o miedo a entrar en el meollo, pero <strong>Barrera </strong>tarda en llegar a la madurez de Garro, de penurias inmerecidas junto a su hija, de vivir casi de la beneficencia, como tantas autoras (pienso en el caso de<strong> Margarita Ferreras</strong>, la autora de la Edad de Plata que acaba recluida en una casa de reposo/residencia). Articulado en un interesante cruce entre la voz de la cronista/ensayista <strong>Barrera</strong> y la de <strong>Garro</strong>, a través de sus diarios, cartas, entrevistas, documentales y artículos, el mecanismo resulta solvente y efectivo, aunque es posible que hubiera dado todavía más juego el formato de novela o biografía ficcionalizada porque, insisto, hay problemas con algunas afirmaciones directas o indirectas. Y también algunos olvidos flagrantes, como la denuncia explícita y cruda que <strong>Garro </strong>hace en todos sus cuentos y piezas dramáticas de la violencia contra las mujeres, sin ir más lejos y como nos recuerda la investigadora mexicana<strong> Irmgard Emmelhainz</strong>. Y es que a <strong>Barrera </strong>le cuesta adentrarse en el quid de la cuestión que tiene que ver con un determinado posicionamiento político, un interrogatorio al que se somete a <strong>Garro </strong>y no se sabe si responde desde la ironía o la acusación. Y la cronista tiene, finalmente, después de postergarlo, la audacia de no esquivar el asunto, pero acaba embrollándose demasiado y prefiere cierta indefinición o ambigüedad complaciente. Por otro lado, hubiera supuesto un mayor riesgo y determinación dar importancia a la obra del exilio de <strong>Garro</strong>, más atormentada, más problemática y menos digerible que la anterior. </p><p>Recordar el magnetismo de la mujer significa, en mi opinión, volver a mitificar como incognoscible a la autora en una suerte de "eterno femenino" que verbaliza inconscientemente, y otra vez, el miedo al talento femenino, ese temor a la genialidad que no es sino un mecanismo de exclusión del dominio de la práctica, la agencia, la acción. Y si de algo no se puede acusar a Garro es de falta de agencia, autonomía o libertad. La mujer <strong>Garro </strong>parece, nuevamente, víctima y cómplice del imaginario masculino. Por último, me parece un demérito en este libro la exotización o idealización del mundo indígena, místico y animista, que <strong>Garro </strong>defiende con uñas y dientes. No se le puede restar importancia a una militancia política en favor de la subalternidad, en concreto, su lucha por los indígenas de Morelos que, finalmente, acabaron perdiendo sus tierras. Por muy burguesa y privilegiada que fuera, su coherencia ética tendría que subrayarse.</p><p>En suma, <em>La reina de espadas </em>es una semblanza atractiva, pretende ser retrato y también autorretrato, pero flaquea en algunos momentos, especialmente en la parte final, en la que pierde fuerza estilística. Parece que la sospecha ideológica contamina o empaña la visión de su figura y se desearía mayor hondura e implicación, menos vaguedad, especialmente porque se elige a una escritora que requiere una revisión profunda y porque <strong>Barrera </strong>afirma, desde el inicio del libro, su carácter documentado, su trabajo de archivo y su consulta a los papeles de Princeton sobre la autora. </p><p>Si <strong>Barthes </strong>hablaba de cuatro sentidos en esa escritura miscelánea del diario, mezclado de manera impresionista aquí con la biografía, el ensayo y la investigación académica, podríamos decir que se cumplen varios: la búsqueda de la identidad de <strong>Barrera</strong>, con su indagación en el propio pasado familiar, el dejar constancia de su yo, la plasmación de una época (en este caso dos, la suya y la de <strong>Garro</strong>) y el propósito de ejercicio, de taller de escritura.</p><p>En cualquier caso, el libro es un mosaico, modesto y fluido, configurado por breves teselas, pequeñas piezas, fragmentos sugerentes con epígrafes atractivos, frescos en ocasiones, voluntariamente deslavazados, necesariamente incompletos y con claroscuros, como los de cualquier vida, que invitan, y eso es lo relevante, a leer, a seguir leyendo a <strong>Elena Garro.</strong></p><p><em> </em></p><p><em>* </em><em><strong>María José Bruña Bragado </strong></em><em>es profesora en la Universidad de Salamanca.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Sep 2024 19:00:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Bruña Bragado]]></author>
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