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    <title><![CDATA[infoLibre - Francisco Díaz de Castro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/francisco-diaz-de-castro/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Francisco Díaz de Castro]]></description>
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      <title><![CDATA[La guarida de la poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guarida-alvaro-salvador_1_1970845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a20fc993-db74-42e1-ad87-95d8292d41e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1018172.jpg" width="2000" height="1125" alt="La guarida de la poesía"></p><p><strong>Edición y presentación de Gracia Morales</strong></p><p><strong>Vandalia (Sevilla, 2025)</strong></p><p>Con el título de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-guarida-inutil-poesia-reunida-1970-2023/410214" target="_blank"><em>La guarida inútil</em></a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-guarida-inutil-poesia-reunida-1970-2023/410214" target="_blank">,</a> un verso de <em>Las cortezas del fruto </em>(1980), <strong>Álvaro Salvador </strong>recoge la práctica totalidad de su producción poética a lo largo de más de medio siglo de escritura, e incluye además el libro inédito <em>Aguaparra</em>. El volumen nos ofrece la escritura en sucesión de un poeta para quien esa "guarida inútil" que es la poesía ha dinamizado lo sustancial de una dedicación y una pasión de vida que es la que da coherencia y unidad a la escritura de todos sus libros. </p><p>En su edición, <strong>Gracia Morales</strong> ha organizado la obra en cinco partes. <em>Primeros poemas </em>presenta una muy estricta selección de trece poemas de los cuatro primeros libros –<em>Y…</em> (1972), <em>La mala crianza</em> (1974), <em>De la palabra y otras alucinaciones</em> (1975) y <em>Los cantos de Ilíberis</em> (1976)–, que da cuenta representativa de la variedad de las búsquedas e inquietudes de la poesía joven en los años setenta que hizo suyas el poeta en ciernes. En ellos, entre las abundantes referencias a la música pop o rock, al cine, a la novela negra, al freudomarxismo, etc., se afincaba ya un cuestionamiento crítico de la realidad y del lenguaje poético que desembocaría en los textos del primer libro clave <em>Las cortezas del fruto </em>(1980), inaugural manifestación de lo que para<strong> Juan Carlos Rodríguez</strong>, el profesor granadino maestro de toda una generación, iba a ser la <em>otra sentimentalidad</em> y que significaba la "profesionalización idológicopoética" del autor. Poemas tan conocidos como <em>La mala crianza,</em> <em>Canción del reincidente</em>, <em>Dafnis y Cloe están en la repisa</em> o<em> Interrogación a la palabra</em> dan buena cuenta de las distintas líneas que seguiría a partir de entonces la escritura de<strong> Álvaro Salvador.</strong></p><p><em>Las cortezas del fruto </em>abre la sección <em>Otra sentimentalidad, </em>que agrupa lo que en principio podría considerarse como lo esencial suyo de la propuesta que en 1983 lanzaron con ese nombre el propio <strong>Álvaro Salvador</strong>, <strong>Javier Egea </strong>y <strong>Luis García Montero</strong>, en pos de un proyecto capaz de borrar las fronteras entre lo público y lo privado, entre la intimidad y lo histórico, a partir de lo que <strong>Juan Carlos Rodríguez</strong> llamó "la radical historicidad de la literatura". Se agrupan a continuación en este apartado <em>Diario de Firenze</em> –con los poemas que formaban parte de <em>Tristia </em>(1982), el libro escrito al alimón con<strong> Luis García Montero–</strong>, <em>El agua de noviembre</em> (1985) y<em> La condición del personaje</em> (1992). </p><p>A lo largo de estos libros se perfila cada vez mejor el modo sentimental y crítico característico de <strong>Álvaro Salvador</strong> y, sobre todo, el impulso de conocimiento que dinamiza toda su escritura posterior. Un conocimiento de sí mismo y de la realidad que se manifiesta como siempre precario y al que sirven de ejes que articulan toda su poesía la reflexión sobre el amor, el erotismo y el compromiso con la historia colectiva.</p><p>A continuación, y tras nueve años de silencio culmina en <em>Ahora, todavía</em>, con el libro del mismo título publicado en 2001, una madurez poética en la que la razón analítica -intimidad, historia, mediaciones- adopta decididamente el artificio de una voz confesional con tintes elegíacos en la que el despliegue del erotismo y los quiebros irónicos equilibran el patetismo en una escritura que comienza a adentrarse en la conciencia desolada de la edad, que sigue constatando los fracasos de la Historia (<em>Callejón de la Isla</em>,<em> Los tejados de Praga</em>, <em>Los niños de la guerra</em>) y, sobre todo, que trata de desenmascarar los artificios del sujeto poético.</p><p><em>Canciones del outsider</em>, el cuarto apartado de <em>La guarida inútil</em>, acoge los tres libros siguientes: <em>La canción del outsider</em> (2009), <em>Fumando con mis muertos</em> (2015) y <em>Un cielo sin salida</em> (2020). Por su parte, <em>El presente</em>, cerrando el conjunto, aporta el libro inédito <em>Aguaparra</em>, con lo que tiene de renovado balance vital. El creciente desengaño, el sentido de marginación y el mayor intimismo sentimental conviven con una mirada más ácida en torno al presente individual y colectivo: la fusión de lo privado y lo público es la tónica dominante en estos últimos cuatro libros de <strong>Salvador</strong>, donde la denuncia alcanza intensidad y mayor inmediatez que antes en poemas como <em>La sustancia del tiempo</em>, <em>La canción de la tierra</em>, ambas de <em>Fumando con mis muertos</em>, <em>Cristal de Praga </em>o <em>Marca España</em>, de <em>Un cielo sin salida.</em></p><p>Si las evocaciones del pasado biográfico abundan en <em>La guarida inútil </em>desde los primeros libros, aumenta considerablemente a partir de ahora el protagonismo de las vivencias infantiles y de los recuerdos de figuras familiares. Dichas evocaciones se materializan, además, en poemas extensos como <em>Estación de servicio,</em> de <em>La canción del outsider</em>; <em>Fumando con mis muertos,</em> en el libro del mismo título, y <em>Aguaparra, </em>del más reciente. Habría que mencionar también el extenso<em> El día que mataron a Sharon Tate</em>, de <em>Un cielo sin salida</em>, que vuelve sobre los años de la primera juventud del poeta para revisar la propia biografía a la luz de la historia de aquel momento de 1969.</p><p>Entre otras cosas, <em>Aguaparra </em>aporta a la trayectoria de <strong>Álvaro Salvador</strong> el mayor protagonismo de la experiencia infantil como clave biográfica. Ciertamente, como he dicho, a lo largo de su obra han ido apareciendo referencias a los orígenes, unidas a veces a la frecuente figura del padre, pero sin duda ahora el poeta ha querido desde su madurez vital y poética que en este libro el homenaje a sus primeros años sirva para completar los rasgos y los motivos de ese personaje complejo, ese <em>outsider</em>, que trata de autoconocerse a lo largo de toda <em>La guarida inútil</em>. </p><p><em>Aguaparra</em>, detalladamente comentado por <strong>Gracia Morales </strong>en su presentación, está dividido en tres secciones, más un <em>Epílogo</em>, que establecen una secuencia en tres tiempos: presente o pasado cercano, el pasado remoto de la infancia y las complejas expectativas del presente inmediato hacia el futuro. "Poemas del sótano", la primera sección, recupera y analiza la reciente experiencia de la pandemia, con la opresiva reclusión y el enmascaramiento colectivos, cuyo fruto viene a ser poner en primer plano el miedo, la despersonalización y el sufrimiento general en unos tiempos peligrosos que apuntan simbólicamente a una realidad global tanto como a la referencia pandémica. </p><p>El centro del libro lo ocupa la sección que le da título, <em>Aguaparra </em>(el nombre del cortijo donde el poeta pasó una parte de su infancia), dividida en seis poemas numerados y sin título que despliegan la evocación de las experiencias infantiles del mundo rural. Al respecto señalaba recientemente el autor: "Yo tuve la inmensa suerte de alternar en la infancia la vida de la ciudad con la del campo, campo además agreste y muy natural. Ese contacto con la naturaleza, con sus habitantes y condiciones, ha sido fundamental en mi educación, en mi formación como persona y como escritor. Era un homenaje que me merecía a mí mismo, esa vuelta poetizada a mi infancia, a mi familia, a los seres queridos de aquella época mágica". Efectivamente, recuperar el paraíso perdido de la infancia le sirve a <strong>Álvaro Salvador</strong> para equilibrar su discurso, para ofrecer a su personaje un cobijo, un oasis en la memoria frente a las zonas de sombra del pasado, frente a la opresiva realidad del presente y frente a las expectativas del futuro. Si en los poemas anteriores y en los posteriores a esta serie de <em>Aguaparra </em>los tonos son básicamente amargos, destemplados o sarcásticos, la forma del homenaje al pasado remoto da lugar, en algunos de los poemas más emotivos del autor hablándose a sí mismo, al moroso recuento de personajes y espacios en una jornada simbólica que se inicia con el amanecer y termina con un paseo vespertino de la mano del padre: "Andábamos despacio hasta la última linde/ y después regresábamos de espaldas al poniente/ pisando nuestras sombras/ y queriéndonos tanto en completo silencio". El último poema, en primera persona, actualiza el balance de la evocación y ahonda el sentido de todo el conjunto: "No sé si fui feliz/ pero con cuatro palos y una gorra,/ entre mis perros y mis gatos,/ mis lagartos, mis tobas, la soledad/ y mis días/ bajo el sol inclemente del desierto/ yo construí mi reino imaginado,/ el reino de mi gente y de mis piedras./ Un Paraíso vivo e imperfecto".</p><p><em>Después de todo</em>, la tercera y última parte de <em>Aguaparra</em> reúne poemas de diversos motivos. A solas y en presente lo perdido, lo pasado, compensado por la conformidad y los dones del presente: los recuerdos sentimentales, las presencia de las nietas, la belleza interminable del mundo y de los seres. Poemas de evocaciones de amores y de domicilios que jalonaron una vida, el misterio que ahora ofrecen los objetos que sobreviven del pasado y una lorquiana<em> Ronda de los tres amigos</em> –<strong>Lorca </strong>está muy presente en los últimos libros del poeta– remite a los nombres de los tres iniciadores de la otra sentimentalidad, Javier, Luis y el propio Álvaro, en un homenaje que culmina en un triste y reiterado adiós.</p><p>El poema<em> La guerra del tiempo</em>, que sirve de epílogo a <em>Aguaparra</em> y, de momento, a <em>La guarida inútil</em>, pone en este final una nota amarga ante la constatación de la muerte del deseo y del envejecimiento físico. Pero también, en un aldabonazo final, el sentimiento de sinsentido de la vida se abre desde el desengaño personal a la presión ética de una reflexión rabiosamente actual sobre lo colectivo: "Envidio al miliciano improvisado,/ furioso, decidido, temerario,/ que defiende a sus hijos o a sus padres/ a las puertas de Kiev,/ y a su próxima muerte cargada de sentido". </p><p>En la lectura de toda la poesía que se reúne en <em>La guarida inútil</em> no encontramos solamente el recuento de una trayectoria vital, un inventario personal, sino también lo que, como decía<strong> Ángel González</strong> en su prólogo a la antología de <strong>Álvaro Salvador </strong><em>Suena una música</em> (1996, 2008), es "el descubrimiento del sentido moral de la experiencia" y, por ende, de la escritura.</p><p>	 </p><p><em><strong>* Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Apr 2025 19:00:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <title><![CDATA[La ecuación de Miriam Reyes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ecuacion-escritura-cuerpo-identidad_1_1901914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0574894a-6c17-49ce-bc3f-422ca5ac014f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016070.jpg" width="1399" height="787" alt="'Con' de Miriam Reyes"></p><p><strong>Miriam Reyes</strong></p><p><strong>La Bella Varsovia (2024)</strong></p><p>Desde su primer libro, <em>Espejo negro </em>(2001), <strong>Miriam Reyes</strong> ha creado un personaje poético y una voz de radical originalidad. La búsqueda de una identidad que desde el principio es esencialmente conflictiva se ha desarrollado cada vez más decididamente desde la necesaria exploración en el lenguaje y también desde lo contradictorio de las relaciones afectivas y la complejidad del cómo expresar la dificultad de entenderse más allá de las palabras. Y ello tanto en el terreno de lo familiar, en <em>Espejo Negro</em> y <em>Desalojos </em>(2008), como en el de las experiencias sentimentales y sexuales ya en <em>Bella durmiente</em> (2004) pero, sobre todo, ­en <em>Haz lo que te digo</em> (2015) y en el reciente <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/la-bella-varsovia/con/9788433924223/LBV_164" target="_blank"><em>Con</em></a>. </p><p>Ambos libros son modelos excepcionales de esa forma de realismo que rompe con la inmediatez de la representación narrativa para abrir el campo de indagación en el lenguaje mismo, más acá y más allá de las relaciones del yo poético con el mundo y con los otros, con "la persona otra", como se formula en <em>Con</em> la relación con el sujeto/objeto amoroso, ese "contigo" que no llega a definirse más que borrosamente. Y es que, como decía la poeta en <em>Desalojos</em>, "sólo puedo enseñar lo que las palabras me permiten/ Apenas nada/ Apenas/ un álbum de humedades, reflejos y grietas".</p><p>Es en la ecuación escritura-cuerpo-identidad donde se sostiene la poética de <strong>Miriam Reyes</strong>, como ella misma ha expresado en distintos lugares. Porque, junto a la incertidumbre última sobre qué es lo que expresan las palabras, es de la corporeidad como materia esencial de su imaginario poético de donde se parte y donde se precisa la cuestión de la propia identidad en relación con lo otro: "Mi vientre es mi mundo interior./ El espacio vacío de todo lo que fui dejando por el camino.// El mejor lugar donde buscarme" (<em>Espejo negro</em>). </p><p>Así como en <em>Haz lo que te digo</em> <strong>Miriam Reyes</strong> analiza las contradicciones de la experiencia sentimental en una dialéctica que enfrenta pasión y desamor en el callejón sin salida de la "falsa ilusión de sentido", ahora, en este magnífico <em>Con</em>, la indagación en los entresijos de la experiencia amorosa se depura y se polariza en poemas sin título, breves en su mayoría, que dejan abierta la lectura. Desde sus títulos, las tres partes del libro plantean explícitamente el recorrido: la <em>Expectación </em>en los comienzos, la progresiva e hiriente complejidad de la relación íntima en <em>Peligro/ temores</em> y una conclusión a la que el desarrollo previo de los textos conduce como territorio abierto en<em> Coraje/ lance</em>: "luego no termina aquí ni en lugar// se continúa infiltrando el cuerpo/ para derribar la muralla// se continúa trabajando el signo/ para construir lo mutuo", como apuntan ambiguamente los últimos versos del libro. </p><p>Pero lo distintivo siempre en la poesía de <strong>Miriam Reyes</strong> es la intensidad de la expresión que desde el inicio se amplifica constantemente en sugerentes imágenes: "Desnuda como una cinta te ofrezco/ la oscuridad del nudo/ te ofrezco la oscuridad del nudo/ con el que me sujeto a mí misma/ -al mástil de mí misma-/ contra las perturbaciones del equilibrio". Es el mantenido análisis de la entrega a la experiencia física lo que expresan fragmentariamente los poemas de la primera parte: percibido lo desconocido del tú como la oscuridad de un bosque, el deseo lleva al abandono del cuerpo a las sensaciones: "pasaría la noche en lo frondoso/ dejando a la vida subirme por las piernas/ picarme morderme cagarme encima/ los dientes la zarpa el aguijón de la vida, el olfato húmedo/ la fruta rompiendo en mi cabeza". La secuencia de los poemas va desplegando detalles del intercambio erótico en secuencias verbales en las que en todo momento irrumpe un cuestionamiento en segundo plano: "Umbral o carne/ párpado o ala/ interrogación o fruto// ¿qué es lo que abres/ cuando me abres?". En este vaivén entre impulso y reserva, el diálogo con el tú explicita los detalles de la experiencia sexual pero también la inquietud y el temor: "Hay algo fuera de mí/ ¿eres tú?// hay alguien fuera de sí/ ¿soy yo?// estoy en nadie y me hace miedo/ no me oigo ni la sangre/ no tengo ni un por dentro", porque es "en el interior de la conciencia/ donde más hondo chilla el hielo al quebrarse".</p><p>A partir de esta constatación, en <em>Peligro/ temores </em>cesa el diálogo y se pasa a poemas reflexivos, más abstractos, donde el tú queda distanciado ahora como "la persona otra" frente a la que se evidencia lo que es el fondo de toda relación como una cuestión de poder: "-es de esperar llaga profunda como cauce/ de río-/ como cauce de río conde el león y la cebra/ otro acto del drama". La posesión, la incomunicación -"falta prosodia para entender lo que se dice/ imposible traducir lo que deshacen las palabras"-, la violencia sutil, la anulación, el desencanto se desgranan sin solución de continuidad en esta secuencia extensa que culmina con una sarcástica conclusión: "A menudo se toma/ una cosa por otra/ o una cosa por nada".</p><p>Finalmente, y de nuevo en segunda persona,<em> Coraje/ lance</em> plantea en una breve secuencia una síntesis que es inevitablemente ambigua, ya que de lo que se trata es de materializar en palabras el laberinto de toda relación, de ese <em>Con</em> que da título al libro. Es lo que a la vez se nos presenta como una difícil experiencia de conocimiento –"Con o por medio de tu cuerpo/ amplío los límites de mi consciencia/ mi consciencia/ que no es materia sensible/ pero tiembla"–, como un proyecto de aprendizaje y también como una evidencia de la ambigüedad del lenguaje, que en estos poemas finales se retuerce y desgrana, no sin ironía: "este cuerpo imaginado o sometido a examen/ vec tor se mán ti co/ es truc tu ra sim bó li ca/ e je de la ex pe rien cia/ es pa cio ex pre si vo/ sis te ma de sis te mas/ cons truc to so cial/ par ti ci pan te/ sin escapatoria". Nos quedamos en la intemperie cuando las expectativas del sentimiento y las del lenguaje se desvelan como insolubles e inservibles, por más que siga afirmándose un proyecto con el que continuar para "construir lo mutuo", sólo que "lo primero que necesito aprender es el movimiento/ lo segundo: el territorio". </p><p>No se cierran las expectativas en este final abierto que culmina con un extenso homenaje en <em>Al fin (Dedicatoria celebrante)</em>, que puede leerse como una especie de agradecido "poema de los dones", pero también como un texto de autoafirmación del sujeto poético en el seno de una realidad multiforme e interminable que abriga de la intemperie íntima: "[…] Al pájaro de arabia Al día A la noche A la inmortal memoria A la gulosa Grecia Al forastero Al que nos guarda Al calor Al día A lo que menos Al formidable salto A la ardiente lucha […]", etc. Una autoafirmación que, como en "Lo hermoso es esto", el poema final de <em>Haz lo que te digo</em>, sitúa como conclusión la resistencia tenaz frente a lo que en el desarrollo del libro se ha ido descubriendo como la escritura de un intenso proceso sentimental con sus alternativas, sus atolladeros y sus contradicciones. </p><p>__________________</p><p><em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Nov 2024 20:00:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <title><![CDATA[La luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/luz_1_1755131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07f8aba4-214c-43df-8371-0c8ac04e9cdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1011268.jpg" width="788" height="443" alt="La luz"></p><p><strong>Lola Mascarell</strong></p><p><strong>Tusquets (Barcelona, 2024)</strong></p><p> </p><p>Desde su primer libro, <em>Mecánica del prodigio</em> (2012), <strong>Lola Mascarell </strong>(Valencia, 1979) ha encontrado un espacio poético y una perspectiva desde los que expresarse en sus poemas. Un espacio que funde la realidad natural y el ámbito de lo doméstico en una dialéctica interior/exterior que mueve el discurso desde la mirada asombrada de una protagonista que reflexiona sobre las cosas como si se le aparecieran prístinas y nuevas. <em>Mientras la luz</em> (2013) y <em>Un vaso de agua</em> (2018) fijaban, matizándola, esa forma de pensar el mundo y el vivir con una depurada sencillez, imprescindible en el talante de esta poeta, para penetrar en ambos con la mirada luminosa y limpia con que se muestra ahora en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-prestame-tu-voz/390757" target="_blank"><em>Préstame tu voz</em></a>. </p><p>Estamos ante un libro que prolonga la poética de la autora con una profundidad y una capacidad de sugerencia deslumbrantes, como lo es esa luz que evidencia las superficies y que al mismo tiempo desvela cuánto misterio subyace a los sentidos, tan esenciales en esta escritura en que lo sensitivo es el motor de un pensamiento siempre interrogante, al asedio de alguna forma de conocimiento, como en el breve <em>Adventicia</em>, uno de los mejores poemas del libro y que sugiere en su brevedad los aspectos esenciales de esta poesía: "En el margen derecho de la senda/ se yergue solitaria/ una flor cuyo nombre nadie sabe./ Su lucha vertical es la lección/ más limpia que conozco:/ crecer para el olvido/ con esa dignidad que es ignorancia". "Crecer para el olvido": quien habla en estos poemas para expresar su acuerdo esencial con el aquí y ahora lo hace con la plena conciencia de la caducidad y la asume, no sin temor, con esa dignidad que enseña la flor que lucha por mantenerse erguida. </p><p>El título del libro sitúa la complejidad del pensamiento de la protagonista en una concepción de la existencia como precariedad indudable, y al mismo tiempo como continuidad en los demás, tal y como la vemos en <em>Tiempos superpuestos</em> y como la plantea la cita de Irene Vallejo que abre el libro: "En las inscripciones funerarias tempranas, los muertos rogaban al paseante "préstame tu voz", para revivir y anunciar quién yacía en el sepulcro. Los griegos y romanos decían que todo texto escrito necesita apropiarse de una voz viva con el fin de completarse y alcanzar su plenitud […]". </p><p>El último poema de <em>Préstame tu voz</em>, que da título al conjunto, pone en un simétrico primer plano esta idea al describir una escena en un sencillo bar de pueblo cuyos ruidos y olores suscitan la reflexión final: "Son las voces de hombres y mujeres/ que ya no están aquí, pero que hablan/ a través de los vivos con sus juegos,/ sus formas de reír o de marcharse.// Estamos en el bar/ esos muertos y yo/ y un tubo de neón anula el tiempo".</p><p>Continuidad de la vida y de la escritura, necesidad de un lector para que las palabras permanezcan, y, además, de acuerdo con la viñeta de la cubierta -una mujer jugando con un niño- continuidad de la cadena familiar que desde <em>Mecánica del prodigio</em> ha establecido<strong> Lola Mascarell </strong>en sus poemas. Las referencias frecuentes a la abuela -<em>Marchar </em>como mejor testimonio-, a los padres y los sucesivos poemas a Lucía, su hija recién nacida, sustentan la identidad propia sobre la seguridad de las raíces, como dice en el titulado <em>Placenta</em>: "La raíz que sostiene nuestras vidas. […] Es el suave cordón umbilical/ que mece con su música/ la placenta del mundo".</p><p>Todo el libro se consolida sobre la perspectiva temporal que relativiza la intensidad con que la poeta despliega su mirada sobre un mundo y un existir propio que se quieren en su unidad. Así, en <em>Muerte en verano</em> o en <em>Normalidad</em>: "Nuestros rostros buscando en el espejo/ restos de juventud"; "Repetir es volver,/ regresar a ese círculo/ de luz y oscuridad/ con que nos conformamos.// Somos ese vaivén/ entre fuerzas contrarias". El sentimiento de transitoriedad de la vida no empaña, sin embargo, la riqueza de la observación ni la expresión de la plenitud. <em>Playa de los Muertos </em>es el mejor ejemplo de la sólida adhesión al estar en la realidad que <strong>Mascarell </strong>defiende en su escritura: "Y ahora bajo el sol/ parece tan sencillo/ quedarse aquí y hacerse/ volumen con lo sólido y estar,/ tan solo estar, callada,/ abierta a la evidencia/ de esta luz que es calor y que se hunde,/ -no pensar, no elevarse, no salir-/ aferrarse a la entraña, estarse dentro,/ ser uno con la arena, con el mundo,/ y escuchar las pisadas de los otros/ y sentir esta calma/ vacía y expectante de lo inmóvil". </p><p>Los ámbitos simbólicos de la luz y de la sombra refuerzan la expresión poética de la tensión de fondo de esta poesía: frente a los sueños oscuros, frente a conciencia de lo que muere, la magnífica evidencia diurna de las cosas, la luz constantemente nombrada, la de la confianza en el presente, la del nombre mismo de Lucía, la luz del sentimiento vivo: "Un hilván encendido cose el mundo:/ el vértigo de luz que me devuelve/ la luz con que me abraza tu mirada" (<em>Duración</em>).</p><p>Contra el sentimiento de intemperie que la evidencia de la fugacidad impone, el ahínco en el presente que defiende una y otra vez <strong>Lola Mascarell </strong>es la energía que la impulsa a la escritura. Un recuerdo concreto, como en <em>Testigo</em>, el momento del esfuerzo creador, como en <em>Helechos</em>: "Tú dibujas helechos/ en el cuarto de al lado,/ y yo busco palabras/ que vuelen como esporas/ que me dejen/ regresar a este instante/ si me siento perdida alguna vez". Es ese ahínco mismo el que lleva a los poemas las abundantes descripciones de intensa sensorialidad que se suceden constantemente a partir de pequeños detalles: colores, aromas o, en particular, estímulos sonoros, desde la voz que reclama el título del libro hasta la gran variedad de sonidos que el mundo natural aporta -<em>Cantar del regreso</em>, <em>Cima del Garbí</em>, <em>El jardín</em>, etc- o, complementariamente, los domésticos -<em>Casa nuestra</em>, <em>Bodegón</em>- que refuerzan el sentimiento de intimidad familiar que es la base de toda esta poesía y que, como en <em>Corona</em>, defienden, más allá de toda contingencia, "la radiante certeza/ que corona el instante:/ este aquí y este ahora".</p><p>__________________</p><p><em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Apr 2024 19:00:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La luz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nocturnidad y alevosía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nocturnidad-alevosia_1_1663310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0dc6a727-5d68-47e1-ba10-98a0d1e7de93_16-9-discover-aspect-ratio_default_1009299.jpg" width="1428" height="803" alt="Nocturnidad y alevosía"></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes - I Premio de Poesía Marpoética</strong></p><p><strong>Visor (Madrid, 2023)</strong></p><p>Después de la variedad de intención y circunstancia de los poemas reunidos en <em>La ocasión y el homenaje. Una miscelánea</em> (Premio Hermanos Machado de Poesía 2023), <a href="https://www.visor-libros.com/products/los-expedientes-de-la-madrugada" target="_blank"><em>Los expedientes de la madrugada</em></a> vuelve a poner en primer término los temas que han venido constituyendo el mundo poético de<strong> Felipe Benítez Reyes</strong>: la sostenida reflexión sobre el tiempo y la identidad, ante todo; la dialéctica irresoluble entre la memoria y el olvido, la realidad y sus fantasmas, la escritura como paradójica<em> Celebración del sin porqué</em>, como se titula la canción que abre el libro y sitúa sus términos: "que tu vuelo/ te aleje del pensar, para que así el discurso/ que se contenga en ti acierte a conciliarse/ con el sinsentido esplendoroso del mundo,/ lugar de las estrellas y el olvido,/ del soñar y los mares,/ de toda realidad y fantasía".</p><p>Desde esta perspectiva, la fugacidad esencial de los seres se asume en principio como el "privilegio de sabernos fugaces y felices de serlo" aceptando estoicamente "el final del espejismo": "¿Quién no ha aprendido aún que esta grandeza/ lo es precisamente por efímera?". Esta apertura tonal del conjunto establece lo que podríamos llamar las condiciones morales de su enfoque y permite desde el comienzo entrar con relativa distancia en la emoción y en los convencimientos de todo lo que sigue, empezando por un claro sentido de final que traslucen algunos poemas, ya desde los versos últimos de esta canción: "Vuela tú, la canción del sin porqué,/ cuando mi vida va más lenta ya que el tiempo". Así, después de diversas constancias de ese sentimiento en poemas como <em>Donde eres y no</em> o <em>El río de cristal,</em> el libro se cierra con un poema rotundo, a pesar de la aparente trivialidad de su título, <em>Cosas que uno se dice cuando no se dice nada</em>: "A estas alturas,/ dile al alma —ese <em>algo</em>— que calle y se retire./ Y ruega a tu conciencia que te dé la razón por una vez.// Porque esto se acaba.// Ya no tienes el tiempo de tu parte.// Ya eres el final de tu ficción".</p><p><strong>Benítez Reyes </strong>nos tiene acostumbrados a las sorpresas imaginativas, a las metáforas brillantes, a los variados homenajes a sus escritores favoritos, también a las observaciones originales y a las enumeraciones de seres y objetos que aportan nuevos efectos a su particular caleidoscopio de realidad y fantasías. No faltan en la variedad de estos poemas brillantes ejemplos como la <em>Oda a los empleados madrugadores</em>, que concluye con la extrañeza del escritor por seguir "en esta fantasía afanosa de inventarnos la realidad/ mientras el tiempo va olvidándose de nosotros/ igual que el niño abandona/ el juguete que fue su único mundo". También, con algo de humor negro, "Las posesiones", en torno a los objetos que deja un muerto y que se reparten sus deudos: "como algo más de lo que son/, pues fueron tuyos/ […] y qué raro sentirte en estas cosas inertes/ que ya nunca tendrán en rigor un nuevo dueño/ porque todo eso muere con quien muere". </p><p>Objetos y personajes diversos objetivan la emoción, particularmente en torno a la conciencia de la caducidad, punzante por momentos, como en <em>Los dos ancianos</em>, <em>Tanatorio</em>, o <em>Tránsito</em>, a propósito de la paloma agonizante en la terraza que suscita una reflexión de larga tradición: "Lo peor de la muerte es conocerla/ desde mucho tiempo antes de morir./ Tú pudiste volar y fuiste eterna". También otro poema memorable, <em>El reloj nuevo,</em> que, en su estuche, "espera el instante en que lo active/ para ser el vigilante insomne de esta fuga/ e iniciar su huida conmigo hacia adelante,/ que es ya una cuenta atrás:/ las páginas finales de una historia".</p><p>El breve <em>Excurso </em>atrae una precaria celebración al escuchar una vieja canción de juventud: "Como si nada/ hubiera cambiado/ desde entonces/ —¡como si nada!—,/ escucha esa canción/ remota/ que trae el viento/ y da las gracias/ aunque no sepas/ por qué". <em>Infancia</em>, sin embargo, en un tono nada frecuente en la poesía de <strong>Benítez Reyes</strong>, carga con intensidad contra la educación religiosa desde la sensibilidad infantil evocada: el pecado, la culpa, el infierno, "la carne resurrecta de los cadáveres/ y esa idea de un lugar con fuego eterno/ y aglomeraciones de almas torturadas"; "los seres que se adentraban en lo más secreto de ti/ para leer la novela confusa de tus pensamientos,/ de tus palabras prohibidas,/ de tus obras y omisiones" "cuando eras más puro.// Y ya fuiste culpable". </p><p>El tema, por lo demás, reaparece, con no menos acritud y entretejido con fragmentos de oraciones en latín, en <em>Apuntes para la construcción de un templo</em>, en torno a la escenografía teatral de las iglesias: "Elevemos, por tanto,/ un recinto propicio al tormento silencioso,/ adecuado para la súplica susurrada de los arrepentidos,/ para la mortificación callada,/ pues un grito sonaría allí como en el infierno,/ con el desgarro de una profanación"; "Que dé inicio el melodrama del dios asesinado./ Grandeza y vanidad en su alabanza". Destacan ambos poemas, de los más extensos del libro, por su tono más duro, por lo que tienen de pausas de sentido y modulación en la secuencia unitaria del libro, como también lo tiene, en otra dirección, el sarcástico <em>Heroica</em>, contra quienes como músicos, poetas, periodistas, filósofos y pintores ensalzaron al tirano cuya estatua cae derribada. En un giro final el poema se resuelve con una reafirmación del propio quehacer y casi una poética: "Pienso en todos ellos, en fin, y así me animo/ a seguir escribiendo/ sobre la nada y las formas de la luna,/ sobre la identidad y los sueños,/ sobre la fragilidad y los castillos de arena,/ sobre el amor más grande que la muerte y más pequeño siempre que la muerte,/ y, especialmente, sobre ti y sobre mí,/ para que nadie derribe nuestras estatuas de humo/ salvo el tiempo, el artesano/ de toda esta ficción que nos sostiene/ en un mundo que es/ el mapa de un tesoro que no existe/ pero nuestro".</p><p>Entre muchos otros poemas memorables merece la pena destacar, por último, la celebración de la poesía que constituye<em> Égloga en la biblioteca,</em> en cuyos versos, y entre citas directas e indirectas de Teócrito, Virgilio, Petrarca, Garcilaso, Lope de Vega o Barahona de Soto, el dolorido sentir de tanta poesía y tantos libros conduce al mejor homenaje, un homenaje del que resulta imposible no sentirse partícipe: "Estoy aquí, frente a las baldas de los clásicos,/ y estoy en otra parte, en otros siglos,/ en una Arcadia artificiosa/ en la que todos narran desventuras/ y sin embargo qué aroma a yerba nueva,/ qué limpia el agua va por esos versos,/ por el silencio de la selva umbrosa,/ y en ellos mi sentir qué venturoso,/ vagando por la vida imaginaria,/ peregrino de mundos que no existen,/ fugitiva de sí Melancolía".</p><p>__________________</p><p><em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Dec 2023 20:00:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nocturnidad y alevosía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poética solar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poetica-solar_1_1548257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1c267fec-7619-48a6-b911-39d6545e465e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1007076.jpg" width="1570" height="883" alt="Poética solar"></p><p><strong>Aurora Luque - Edición e introducción de Josefa Álvarez. Notas de Josefa Álvarez y Aurora Luque</strong></p><p><strong>Acantilado (Barcelona, 2023) </strong></p><p> </p><p>Filóloga clásica y traductora, además de poeta,<strong> Aurora Luque</strong> ha publicado la poesía de Safo –<em>Poemas y testimonios</em> (2020)– y las antologías de poesía clásica <em>Los dados de Eros. Poesía erótica griega </em>(2002), <em>Aquel vivir del mar. El mar en la poesía griega </em>(2015), <em>Grecorromanas. Lírica superviviente de la Antigüedad clásica</em> (2020), además de una amplia serie de versiones y ediciones de distintas autoras:<strong> María Lainá</strong>, <strong>Renée Vivien</strong>,<strong> Louise Labé</strong>, <strong>María Rosa de Gálvez</strong>, <strong>Mercedes Matamoros</strong>, etc.</p><p>Diez libros y cuarenta años de poesía integran esta edición de <a href="https://www.acantilado.es/catalogo/las-sirenas-de-abajo/" target="_blank"><em>Las sirenas de abajo</em></a><a href="https://www.acantilado.es/catalogo/las-sirenas-de-abajo/" target="_blank">. </a><a href="https://www.acantilado.es/catalogo/las-sirenas-de-abajo/" target="_blank"><em>Poesía reunida</em></a><em> (1982-2022)</em>, a cargo de<strong> Josefa Álvarez</strong>, principal estudiosa de la obra de <strong>Aurora Luque</strong>. Diez libros, ordenados del más reciente al primero, a lo largo de los cuales la poeta almeriense ha creado una poética y un mundo propios en los que se imbrican inextricablemente la tradición clásica y la realidad contemporánea: "Dependo de por vida/ de una droga. De Grecia", afirmaba ya en <em>Carpe noctem</em> (1994).  </p><p>Destaca en el conjunto de la poesía de <strong>Aurora Luque </strong>una serie de constantes que, al hilo de una progresiva decantación y de un muy sugestivo enriquecimiento de lenguaje, imaginación sensorial y recursos retóricos, establecen la base de una escritura de celebración elegíaca —una "poética solar" la ha denominado la autora— en la que un hedonismo de raigambre epicúrea y la conciencia de la temporalidad amenazante alientan la indagación verbal y el inconformismo de un sujeto poético abierto a las exigencias colectivas del presente y a un compromiso feminista cada vez más acusado  a partir de <em>Personal & Político</em> (2015) y <em>Gavieras</em> (2020, Premio Loewe 2019).</p><p>De dicha poética dependen las diversas líneas que se han ido desplegando en su obra desde los primeros poemas de <em>Hiperiónida</em> (1982) hasta <em>Un número finito de veranos</em> (2021, Premio Nacional de Poesía). La esencial es la del hedonismo "nómada" de una protagonista que ve en el ámbito marino y en el viaje el espacio privilegiado de la imaginación simbólica. En ese territorio la presencia coral de los personajes mitológicos -en su mayoría femeninos-, de los libros y las lecturas amadas aporta a la vivencia del presente modelos para la celebración, para la elegía y para el testimonio crítico, para un "vivir del mar" que da plenitud precaria a los instantes y modelos para la denuncia feminista, tema clave en <em>Gavieras</em>, pero ya desde mucho antes, en <em>Problemas de doblaje</em> (1989). </p><p>Precisamente, a partir de este último, la elaboración verbal permite enfrentarse a las trampas de los lenguajes actuales como el de la publicidad, el de los medios y también el de la poesía: <em>Taller de sedería,</em> de <em>Transitoria</em> (1998); <em>Conjugación</em>, de <em>La siesta de Epicuro</em> (2008); <em>Afrodisiar</em>, de <em>Gavieras</em>, etc. <strong>Aurora Luque</strong> se obliga desde el principio a un cuestionamiento permanente de la escritura poética que exige forzar también los límites del discurso para dar vías expresivas más amplias a su alternativa. Con humor, con ironía y también con desgarro, la poeta juega con las palabras para buscar sentidos nuevos a la "enfermedad mortal" del lenguaje. Así, en <em>Un número finito de veranos</em>, sus usos del léxico náutico —orinque, veril de sonda, derrota, etc— o el uso sarcástico con las palabras del poder. Para Luque, en cambio, las incitaciones de las palabras propician juegos de inteligencia que permiten iluminar sentidos, desnombrar y desfamiliarizar lo ya sabido, poner al desnudo las sombras colectivas. Un buen ejemplo de esto último es <em>Conversación con el prefijo -des</em>, de <em>Gavieras</em>, con la denuncia explícita de las injusticias del lenguaje de la tribu, de cuanto las palabras reflejan de modos de pensar rancios y denigrantes: "Hora es de desfacer, desdecir, descifrar (…)/ deshombrar, por ejemplo, que es tirar por la borda/ el verbo deshonrar con todos sus arcaicos,/ prestigios teatrales,/ destilar vinos rojos y salvajes,/ desandar los senderos alambrados/ desenredar los nudos/ del barbado destino".</p><p>Pero no sólo se trata de desplegar con sarcasmo o ironía la crítica del lenguaje sexista y de lo que revela, sino también de utilizar las palabras con su potencialidad más luminosa y estimulante. Así, <em>Afrodisiar </em>propone, entre diversos neologismos, una forma diferente de enfocar el erotismo y la vida: "Afrodita merece un verbo activo./ Afrodisiarás sin dolor./ Sabedlo, afrodisiaban./ Amaban tanto afrodisiar./ Afrodísiame, llévame contigo./ Afrodísiame un poco, quédate conmigo./ Afrodisian sin pausa los del piso de arriba./ Si afrodisiaras, ay, si afrodisiaras./ Haz que pase./ Úsame".</p><p>Vitalismo lúcido, erotismo y sensualidad, reflexión honda, misterio y magia de las palabras, celebración del instante y conciencia trágica del tiempo se refuerzan de unos libros a otros: <em>No pagaré a Caronte de mi propio bolsillo</em> (<em>Camaradas de Ícaro</em> 2003). Los valores del eros y del ágape despliegan a lo largo de la obra sus matices apasionados, alegres, irónicos a menudo, trazando una crónica del vivir abierto al placer de la compañía, de una naturaleza esencialmente marina y, sobre todo, al contraste creciente entre un ideal de vida y las sombras de una realidad en la que lo colectivo va tomando otros tonos más críticos y polémicos, particularmente en sus últimas entregas. Y siempre en <strong>Aurora Luque</strong> "vivir es arrancar a las palabras/ de sus sillones limpios, cargarlas a la espalda/ en la mochila chica/ de la errancia sin vuelta/ y quemarse con ellas en la hoguera/ del delirio feroz (…)" (<em>La canción de 'Belladonna of sadness'</em>, de <em>Un numero finito de veranos).</em> Estas son, en mi opinión, las bases de esta poesía en última instancia afirmativa y resistente reunida ahora en <em>Las sirenas de abajo</em>, a la que acompañan al final varios poemas inéditos y unas suculentas notas.</p><p>	 </p><p>_____________________</p><p><em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico. Su último libro es 'Vamos a perdernos' (Vandalia, 2021).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Jul 2023 19:00:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La realidad o el sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/realidad-sueno_1_1530681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/73775a79-8b73-4f74-ac14-65867d6bf300_16-9-discover-aspect-ratio_default_1006710.jpg" width="524" height="295" alt="La realidad o el sueño"></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes (XIII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado)</strong></p><p><strong>Vandalia (Sevilla, 2023)</strong></p><p>Una treintena de magníficos poemas escritos entre 1991 y 2020 componen <em>La ocasión y el homenaje. Una miscelánea</em>. Como indica el subtítulo, el conjunto reúne poemas de diversa intención y circunstancia cuyos núcleos principales son el homenaje a distintos escritores y el testimonio acerca de varios sucesos trágicos acaecidos en tiempos recientes, siempre con esa marca propia que para quienes somos lectores fieles de <strong>Felipe Benítez Reyes </strong>resulta siempre tan inquietante como provocadora y sugerente.</p><p>Cuatro poemas fechados de corte testimonial se distribuyen por el libro: el bombardeo e incendio de la biblioteca de Sarajevo en agosto de 1992, al poco de comenzar la guerra de Bosnia; el atentado terrorista de 2017 en las Ramblas de Barcelona; el escenario urbano desolado durante la pandemia de covid en marzo de 2020 en <em>Apunte del natural,</em> y el accidente nuclear de Fukushima en 2011 –"la mala mar,/ herida de sí misma,/ muere matando"–. Son ocasiones, por tanto, de desgracia colectiva que <strong>Benítez Reyes</strong> ha sabido tratar mediante la elisión de la anécdota y la secuencia de breves imágenes que apuntan más a la emoción descriptiva que a lo narrativo: así, por ejemplo,<em> Las Ramblas:</em> "En el lugar de las flores ordenadas,/ las flores esparcidas.// En el lugar de la vida,/ cadáveres esparcidos.// En el sitio de todos,/ de repente la nada.// (Y la falta de realidad./ Y un exceso de realidad).// Las flores de unas muertes esparcidas". La acotación entre paréntesis concentra una reflexión que va más allá del suceso particular.</p><p>Destaca entre todos estos <em>Una biblioteca</em>, que abre el libro y uno de los que yo prefiero. Más allá del crimen concreto y del culpable –para más delito <strong>Nikola Koljevic, </strong>profesor especialista en <strong>Shakespeare</strong>–, <strong>Benítez Reyes </strong>atrae al poema otros casos de incendios que destruyeron "la volatilidad de las imaginaciones" de científicos y artistas que habitaban sus anaqueles, tanta creación humana convertida en ceniza, "ruinas abrasadas, humo inerte": el de la biblioteca de Alejandría, la quema de libros de Shihuanti en la antigua China, o todos los "bosques en llamas" donde "arde un libro no escrito".</p><p>Dominan, sin embargo, otros tonos: los de los poemas sueltos y los de los distintos homenajes. El primero de estos últimos es un <em>Brindis de aniversario</em> de largo desarrollo:  la volatilidad del tiempo en sucesión, tan recurrente y esencial en la poesía de<strong> Benítez Reyes</strong> –"…El tiempo es un tesoro mercurial/ que se escurre entre unos dedos asombrados,/ formando un todo abstracto que es memoria y vacío"–, y toda una suma de elucubraciones, sinsentidos, errores y sueños desemboca, paradójicamente, en el motivo de la celebración: "pero qué plenitud sentir en este instante,/ mujer de ojos azules, el fluir de un presente sólo nuestro,/ como una materia generada en sí misma:/ el tiempo imaginario de los dioses,/ el tiempo que ha dejado de ser tiempo/ apenas un momento para darnos/ el sabor del veneno de la eternidad/ en las copas que alzamos por nosotros".</p><p>Hay en estos poemas formas distintas de homenaje a <strong>García Lorca</strong> –<em>Variación sobre el “Ay voz secreta”</em>, a <strong>Antonio Machado </strong>–<em>Hipótesis machadiana</em>–, a <strong>Claudio Rodríguez</strong> –<em>El vino</em>–, a <strong>Carlos Marzal</strong>, a <strong>Pessoa</strong>, a <strong>Edgar Lee Masters</strong>. Especialmente interesantes son estos últimos. El dedicado a <strong>Masters</strong>, <em>Apócrifos de Spoon River Anthology</em>, inventa una serie de seis monólogos dramáticos en los que se entrelazan otras tantas voces difuntas en torno a una tragicomedia amorosa, en la línea de los apócrifos y las tantas vidas improbables creadas por <strong>Benítez Reyes</strong>. Dos poemas giran, una vez más, en torno al mundo y las voces heterónimas de <strong>Fernando Pessoa</strong>, siempre con <strong>Bernardo Soares </strong>y su <em>Livro do desassossego</em> al fondo: <em>Auroral canción galante</em> en la voz del "contable enamorado", y <em>Monólogo interior de uno que soñaba con cuidades y sombreros</em>, un poema, el más extenso del libro, en que bajo un <em>collage </em>de nombres y citas de autores estimados por el autor –<strong>Pushkin</strong>, <strong>Frost</strong>, <strong>Leopardi</strong>, <strong>José Emilio Pacheco</strong>, <strong>Apollinaire</strong>, <strong>Verlaine</strong>, <strong>Eliot </strong>y <strong>Lorca</strong>–, tiempos, ciudades y sueños, los elementos del mundo esencial de <strong>Benítez Reyes</strong> van componiendo ese extraño monólogo tan suyo sobre la identidad, la duda y el vacío, las derivas de los sueños fantasmales con ciudades y difuntos: "Lo que fuiste y no eres y tu Nunca.// Y de pronto la angustia ante la Nada. Y la Nada.// Y un airoso divagar sobre la nada/ por debajo de todos los sombreros". </p><p>Frente a todo esto, y sin contradicción, los tres poemas que, "con el diapasón de Carlos Marzal", componen <em>El himno colectivo</em> rinden tributo a la poética afirmativa del autor de <em>Euforia</em> con el protagonismo del Deseo como motor y estímulo esencial de las aspiraciones colectivas: "A falta de confianza en el destino,/ a falta de respeto por las causas futuras/ avivamos la llama/ que forja sin descanso/ la flecha diamantina del deseo/ en el yunque resonante/ de esta ansia sin fin que nos mantiene/ alerta ante el arcano de la noche,/ inquietos en la luz del nuevo día". </p><p>Entre homenajes y poemas testimoniales, otros textos con distintas técnicas completan este repertorio. <em>Sueltos</em>, una serie de poemas breves casi aforísticos y de tono popular, perfilan en su brevedad reflejos metafísicos: "Hay una veta de tiempo/ más allá de tu pasado:/ aquello que no viviste/ pero sigues recordando", dice uno de ellos. <em>Diciembre en noche y lluvia</em> retoma el motivo de la lluvia como estímulo imaginativo en el que a partir de la sucesión de imágenes descriptivas de la lluvia y acotaciones varias se impone en el paréntesis la reflexión intimista de los endecasílabos en torno una vez más a la indagación en la identidad: "(… Y de pronto, sin motivo aparente,/ el nombre de un error que no pronuncias/ y suena por sí solo en tu pasado,/ pues vuelve siempre aquello de que huimos,/ el eco de la sombra de qué nada,/ la sombra de otra sombra de otro nadie)".</p><p>Varias canciones de aire misterioso retoman la elegía existencial, como <em>La canción de la canción del amigo que se perdió en el bosque sagrado</em>, tal vez homenaje sin nombre, o la sombría<em> Canción de danza</em>: "La negación de todo confín:/ cuerpo del aire,/ sólo en la tierra su sombra.// Sombra alada de nadie/ en el aire sin memoria:// el cuerpo que es metáfora de sí", o <em>El doble</em> sobre la conciencia desdoblada que ya en otros libros era recurrente –"¿Quién es ese fantasma que va siempre a tu lado?" (<em>Arcadia, 1971</em>, de <em>Las identidades</em>)– y que, como en tantos otros poemas, se resuelve en "la sombra de dos que al cabo son ninguno". En <em>Noche de hotel</em> la secuencia de imágenes oníricas va desplegando "la novela sin rumbo que redactan los sueños/ en el papel en blanco de la madrugada" para dar paso, en el retorno a la vigilia, a la otra cara de la conciencia, al descrédito de la identidad: "Y a partir de ahí se abre el telón de otro espectáculo:/ la realidad intransferible/ del que va a des-soñarse de sí para fingirse alguien/ ante sí, frente al mundo y contra qué".</p><p>Con <em>La ocasión y el homenaje</em>, en fin,<em> </em><strong>Felipe Benítez Reyes</strong> ha añadido al núcleo esencial de su amplia obra poética un puñado de espléndidos poemas en torno a la identidad y al tiempo que nos llevan una vez más a ese complejo territorio de sueño y realidad que es su marca distintiva.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Francisco Díaz de Castro</strong></em><em> es poeta y crítico.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jun 2023 19:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Díaz de Castro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La realidad o el sueño]]></media:title>
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