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    <title><![CDATA[infoLibre - María José Frápolli]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/maria-jose-frapolli/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - María José Frápolli]]></description>
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      <title><![CDATA[Díselo, Carmen Romero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/diselo-carmen-romero_129_2175616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Díselo, Carmen Romero"></p><p>Ella, <strong>Carmen Romero</strong>, sindicalista, militante, diputada y eurodiputada socialista, aparece cuando se la necesita. Estuvo en Ferraz apoyando a Pedro Sánchez cuando se tomó sus días de reflexión. Ahora se ha dejado ver con <strong>María Jesús Montero</strong>. Su biografía incluye haber sido la esposa de Felipe González durante su época de presidente de gobierno, aunque nunca ejerció de tal. Ver su fotografía en la portada de este periódico me ha emocionado. Me ha recordado lo que sentimos una mayoría muy cualificada de ciudadanos cuando el partido socialista, con <strong>Felipe González</strong> a la cabeza, ganó las elecciones generales con <strong>mayoría absoluta en 1982</strong>. A partir de ahí, Isidoro se fue diluyendo, pero Carmen siguió enriqueciendo su personaje con la fuerza de la coherencia. El poeta <strong>Javier Egea</strong> vio el devenir del líder con toda claridad. <strong>“Díselo, Carmen Romero” </strong>(<em>Coplas de Carmen Romero</em>). Todavía, en justicia, tenemos mucho que agradecerle. Y en justicia, todavía, tenemos mucho que reprocharle. En aquellos años de ilusión hubiera sido imposible siquiera imaginar al Felipe González de hoy, tan cercano a la derecha mediática, política y económica. La emoción que produce ver a Carmen Romero defendiendo sus valores se convierte en decepción al ver a su exmarido traicionando los suyos.<strong> ¡Suerte que los viajes en el tiempo son imposibles! </strong>Nos hubiera dado un síncope. </p><p>El primer presidente del gobierno socialista ha sufrido una transvaloración que se vende como natural. Para explicarla, a veces se recurre a la frase, de autoría incierta —la IA me dice que su autor más probable es <strong>Clemenceau</strong>—, que interpreta el ser de izquierdas como un pecado de juventud, una debilidad perdonable de una época de la vida que prioriza el corazón sobre la cabeza. <em>Quién a los cuarenta lo sigue siendo</em>. Los dichos que se popularizan o son vacíos o representan la posición de los poderosos. Las <strong>personas sensatas</strong>, se nos advierte, se hacen de derechas cuando llegan a su madurez. Carmen Romero, como tantas y tantos, nos recuerda que eso no es así. </p><p>Las grandes causas, las que han hecho avanzar a la humanidad, son obra de individuos libres, libres de miedos, libres de peajes. Y la libertad personal se conquista; <strong>no se regala; no se compra</strong>. Es edificante reconocer en la Carmen Romero de ahora a la mejor versión de lo que fue, una persona que no ha perdido el rumbo, que sigue defendiendo lo que defendió en su época de sindicalista. <strong>Una mujer libre</strong>. Hay personas que crecen en dignidad con el paso de los años. Las necesitamos. Estas personas nos recuerdan que, a pesar del pesimismo generalizado que atenaza a las izquierdas, los valores conquistados no se pueden perder. <strong>Hay que pelearlos, eso sí. </strong>Pero es que, en la vida, como en el amor, no avanzar es retroceder.  </p><p>Hay altruismo en la juventud y en la edad madura. Hay mezquindad en la juventud y en la edad madura. <strong>Solo que en la juventud es más perdonable.</strong> A los <em>streamers</em> que, desde Andorra, alardean de no pagar impuestos no podemos atribuirles el mismo grado de responsabilidad que tienen los políticos, de izquierdas y derechas, que protagonizan la actualidad judicial. El<strong> “infierno fiscal” </strong>como lema de campaña no es achacable a la ignorancia sino al cinismo. El argumento del reemplazo es directamente maldad. El <em>musulmán el que no bote</em> es una triste consecuencia de mucho cerebro lavado. Confiemos en que sus portadores aprendan con el tiempo que el rechazo del diferente no es más que una manifestación del miedo. Contra el miedo, conocimiento.</p><p>Quizás esos treintañeros con pantallas que popularizan discursos de odio crean de verdad que el capitalismo insolidario es una forma de rebeldía, de <em>red pill</em> política. <strong>Siento aguarles la fiesta</strong>. Es todo lo contrario. El modo de vida que publicitan es una inmensa estafa piramidal en la que, para mantenerte a flote, tienes que hundir a los incautos que te siguen. Una especie de <em>Juegos del Hambre</em> extendidos en el tiempo. La solidaridad, por el contrario, es el único camino para avanzar juntos.</p><p>Seguramente las <strong>Carmen Romero</strong>, que hay muchas, no están preocupadas por sus condiciones materiales. Su testimonio, su lucha, es por el bien de los que vienen, incluidos <em>YouTubers</em> insolidarios y <em>TradWifes</em> desnortadas. Porque están liberadas de lo urgente, pueden dedicarse a lo importante. <strong>No queremos héroes</strong>. A quien teme perder el trabajo, no poder pagar el alquiler, enfermar sin cobertura sanitaria, no poder mandar a los hijos a la universidad no hay que exigirle que dé la cara. <strong>Quien en estas circunstancias lo haga</strong>, merece nuestro profundo agradecimiento, pero el avance de una sociedad no puede depender de inmolaciones personales. No todo el mundo está dispuesto a tener su casa asediada por abusadores y energúmenos. Y nadie debería de pasar —de haber pasado— por ahí. Por eso, la filosofía y la política han sido tradicionalmente ocupaciones de quienes tienen la vida resuelta —la estrategia contemporánea de dedicarse a la política precisamente para resolvérsela parece un peligroso fenómeno reciente. </p><p>Necesitamos a las Carmen Romero. Cada edad tiene su función; cada persona su papel. Nadie es imprescindible,<strong> pero no podemos prescindir de nadie</strong>. Necesitamos referentes en los que mirarnos, figuras cargadas de dignidad que nos recuerden el camino. El culto a la juventud (de ellas, por supuesto) y a la desmemoria (de todos) terminará, tarde o temprano, en resaca.<strong> Y cuando todo pase, seguiremos necesitando sanidad y educación, cultura y cuidados, calidez y solidaridad.</strong> Díselo, Carmen Romero. Dile que está destruyendo su legado, su crédito y nuestra memoria. Dile que las adulaciones son interesadas y que quienes alguna vez soñamos con sus promesas seguimos soñando sin él. Él ya no está. Pero tú sigues sosteniendo nuestros sueños.</p><p>___________________</p><p><em><strong>María José Frápolli Sanz</strong></em><em> es catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Granada.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 04:00:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Díselo, Carmen Romero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El Juez de la Horca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/juez-horca_129_2171683.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7d544a8a-c566-407e-b1e8-84fc0470ef0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestra Señora de las Sufridas Urgencias"></p><p>Tenemos <strong>derecho a decidir</strong> sobre nuestra propia vida. <strong>Nadie más lo tiene</strong>. Esta declaración de autonomía es el fundamento de la eutanasia y del rechazo <strong>a la pena de muerte</strong>. Son dos caras de la misma moneda, aunque las derechas patrias siempre elijan la moneda trucada que cae del lado equivocado. Habitualmente, por razones prácticas <strong>muy útiles evolutivamente</strong>, tomamos la decisión soberana de colocar en instancias externas<strong> la toma de decisiones</strong>. El acto máximo de libertad, el que nos distingue de nuestras mascotas e incluso de los grandes simios, es el acto de someterse a la ley. Somos las únicas criaturas que <strong>nos sentimos constreñidas </strong>por la fuerza de las razones. Pero aceptar la ley no equivale a vivir tutelados. La tutela <strong>no es libertad sino sometimiento</strong>. Kant definía la ilustración como la emancipación de las tutelas, especialmente de la iglesia, y culpaba a la pereza y la cobardía de la renuncia de los humanos<strong> al uso de la inteligencia</strong>. Es mucho más cómodo seguir las directrices del púlpito, el de la iglesia o el político. El púlpito, ese mecanismo eficacísimo de <strong>concentración del poder</strong> a través del adocenamiento de las masas. ¡<em>Sapere aude</em>! ¡Ten el valor de actuar usando tu razón! Ése es el lema de la Ilustración. </p><p>Es difícil predecir <strong>cuánto durará nuestra capacidad </strong>para horrorizarnos. Si no paramos esta locura, vendrán a por nosotras, <strong>no lo duden</strong>. El gobierno de Netanyahu acaba de aprobar que se condene a<strong> la horca a los palestinos </strong>de Cisjordania, <strong>sí, solo a los palestinos</strong>, acusados de terrorismo. Nos acostumbraremos <strong>a esto también</strong>. Uno de sus ministros lo celebró con champagne. Estas barbaridades <strong>se han cometido siempre</strong>. La novedad es que ya nadie se molesta en disimular. Ahora, el inquilino de la Casa Blanca <strong>guarda las espaldas del genocida</strong>. Y los demás callan. </p><p>He defendido muchas veces que <strong>hay progreso en ética</strong> como lo hay en ciencia. <strong>El feminismo, el antirracismo</strong>, la protección de la infancia, la defensa de <strong>los derechos de los animales</strong>, la lucha contra el calentamiento global son<strong> hitos éticos</strong> que han cambiado las relaciones entre humanos y entre estos y<strong> el mundo natural</strong>. Lo que nunca pensé es que ciencia y ética pudieran sufrir <strong>movimientos regresivos</strong> ante nuestros ojos de la envergadura de los que estamos viviendo.<strong> “Los extraterrestres son demonios”</strong>, ha declarado JD Vance. Sin comentarios. Por el lado de la ética, reaparece la horca.</p><p>Me gustaría escuchar a las iglesias y sus mensajeros reaccionar con la vehemencia que usan contra el <strong>aborto o la eutanasia</strong>. Pero claro, aborto y eutanasia <strong>amplían derechos</strong> y otorgan autonomía a personas en situaciones de vulnerabilidad. Son ejercicios genuinos de <strong>libertad personal </strong>y la libertad, la de verdad, no la de los bares, es una <strong>amenaza para los tiranos</strong>. </p><p>Tiene un<strong> coste muy alto </strong>plantarse ante Netanyahu y sus aliados y decir que los palestinos<strong> son personas</strong>, que son sujetos de derechos, tanto como los judíos que viven<strong> al otro lado</strong> de una línea imaginaria. Defender un proyecto de ser humano <strong>contra la mujer real</strong> que puede llevarlo a cabo, defender la vida en abstracto contra el deseo de quien la vive de verdad son, por el contrario, ejercicios<strong> vacíos sin coste real</strong>. Una mujer que decida no llevar a término un embarazo <strong>no tiene ningún poder</strong>. Posicionarse contra ella es gratis, mientras que defenderla <strong>te hace perder votos</strong> y posición social. Nada hay como<strong> la honra de las mujeres</strong> para que saquen pecho aquellos que supuestamente se la quitan. Defender que el sentido de una vida solo concierne <strong>a quien la vive</strong> despoja de poder a los portavoces de dios, los expone como los <strong>vendedores de humo que son</strong>. Su poder solo se fundamenta en nuestra renuncia a defender el nuestro. Defender la propia autonomía<strong> es complicado</strong>, es costoso, tiene riesgos, es cansado. Pero es el único camino <strong>para la auténtica libertad</strong>, la que nos da el ejercicio efectivo de nuestra condición de seres racionales.</p><p>Ningún Estado puede arrogarse <strong>la propiedad de la vida humana</strong>. Trump y Netanyahu han iniciado<strong> guerras por intereses </strong>económicos con absoluto desprecio al derecho internacional y a los derechos humanos. Pero la guerra <strong>también tiene reglas</strong>. A todas nos maravillaba la conducta de los oficiales americanos y británicos en <em><strong>La Gran Evasión</strong></em>. A todos nos han horrorizado las atrocidades del ejército serbio <strong>en la guerra de los Balcanes</strong>. Todavía nos queda algo de sensibilidad para apreciar los detalles. </p><p>La basura sentimentaloide vertida sobre el último caso mediático <strong>de ejercicio de muerte digna</strong> no ha sido más que un despliegue extremo de <strong>cinismo interesado</strong>. Quien piense que el estado tendría que haber intervenido antes para evitar el desenlace debería <strong>defender con entusiasmo </strong>los servicios sociales, las casas de acogida, la atención a la salud mental, en suma,<strong> la protección a las personas vulnerables</strong>. Si embargo, los medios —televisiones, radios, periódicos— que <strong>se han lucrado </strong>en audiencias faltando al respeto a una mujer que ha decidido <strong>acabar con su vida </strong>son los mismos que vociferan por la bajada de impuestos, por el desmantelamiento de lo público, por el sálvese quien pueda del capitalismo más feroz. <strong>Los que dan la cara no me sorprenden</strong>. Están muy bien pagados. Me sorprenden los ciudadanos <strong>que los aplauden </strong>y los convierten en sus héroes y heroínas contra un gobierno al que pretenden <strong>derrotar por la vía del descrédito</strong>. Me alucina la gente trabajadora que piensa que las bajadas de impuestos les benefician. Esperen<strong> a tener una enfermedad seria</strong>. Esperen a que sus hijas <strong>vayan a la universidad</strong>. Las<strong> bajadas de impuestos</strong> solo favorecen al capital. No se preocupen, quien tiene medios<strong> no tiene hijos no deseados</strong>, no espera en la UCI que la naturaleza siga su curso, negociando con la gerencia la dosis imprescindible de opiáceos que le garantice una <strong>transición indolora</strong>. Por eso tenemos que proteger nuestros derechos, el primero de los cuales es la posibilidad de una vida y muerte humanas, en las que seamos <strong>los dueños de nuestro destino</strong>. Aquí y en el resto del mundo.</p><p><strong>La vida es sagrada</strong> porque es lo único que esencialmente nos pertenece, lo único con lo que contamos. Tenemos que poder concluirla<strong> cuando decidamos</strong> que hemos llegado al final del camino. Nuestro poder sobre ella nos identifica <strong>como individuos autónomos</strong> libres de tutelas. Es nuestra vida, de nadie más. Y nadie puede disponer de ella <strong>contra nuestra voluntad</strong>. La supuesta defensa de la vida que las iglesias y sus fieles predican sería mucho más creíble si no la supeditaran a sus intereses de grupo. <strong>La pena de muerte es un crimen</strong>. Sin paliativos, sin excepciones. La última decisión de Netanyahu es una ignominia ante la que <strong>no podemos mantenernos callados</strong>. Lo que está sucediendo con los palestinos está al nivel de lo que sucedió en los<strong> campos de concentración nazis</strong>. Solo que ahora tenemos los detalles en tiempo real. La carta de la ignorancia que muchos alemanes jugaron ya no está a nuestro alcance.<strong> ¡</strong><em><strong>Sapere aude</strong></em><strong>!</strong> Y con nuestra razón, opongámonos a la barbarie, al oscurantismo y al silencio cómplice.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 04:01:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Juez de la Horca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Eutanasia,Benjamin Netanyahu,Guerra,Muerte digna]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nuestra Señora de las Sufridas Urgencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/senora-sufridas-urgencias_129_2169277.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/23c7a5ff-1079-4b0c-910e-c2953b254e0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestra Señora de las Sufridas Urgencias"></p><p>La unidad de emergencias del <strong>Servicio Andaluz de Salud</strong> ha publicado un comunicado proclamando oficialmente a la Virgen del Socorro del Amor <strong>“como Patrona y protectora de los servicios de urgencias y emergencias sanitarias de Sevilla”</strong>. Dada la situación en la que el Partido Popular, que gobierna con mayoría absoluta en Andalucía, está dejando la sanidad pública,<strong> la advocación a la Virgen no me extraña</strong>. Perdón, perdón, queridas lectoras, pues, aunque es un asunto muy serio, no sé si voy a poder resistirme a los chistes fáciles. </p><p>Naturalmente, desde Andalucía Laica nos oponemos frontalmente a esta muestra de nacionalcatolicismo en un Estado aconfesional. Sin embargo, mi reflexión no pretende centrarse en este punto. <strong>Me interesa más bien retroceder un paso y poner el foco en qué queremos conseguir</strong> y cómo queremos ser tratados en un Estado de derecho. Deberíamos aspirar a esa mayoría de edad democrática que, como defendía Kant, nos concede autonomía a cambio de responsabilidad. </p><p>Parte de los problemas que tienen las izquierdas para trasladar sus narrativas a la ciudadanía están relacionados con la necesaria complejidad de sus propuestas. Hay una enorme asimetría entre los mensajes informados, matizados, con cabida para los grises y respeto por las distintas perspectivas, y los eslóganes simples que la derecha –me da igual en qué parte del espectro– tiene tanto éxito en colocar. El <strong>“¡No a la guerra!”</strong>, el de antes y el de ahora, es una excepción. <strong>Bendita excepción</strong>. Y es una excepción por la propia naturaleza del asunto, que admite pocos matices. De hecho, la única reacción que han encontrado los de siempre es el silencio o la ambigüedad. Con asuntos más complejos es relativamente más fácil oponerse a las medidas del Gobierno o las reivindicaciones de los grupos progresistas, aunque sea con información falsa. Teniendo en cuenta que la ciudadanía cada vez va menos a las fuentes y más a las redes, gobernadas estas por algoritmos que se retroalimentan con las preferencias de cada uno, la desinformación verosímil, que no verdadera, se convierte en fundamento falaz de opiniones y decisiones políticas. Estoy pensando en el colectivo de personas inmigrantes, al que se acusa falsamente de aprovecharse del sistema. <strong>Estoy pensando en la violencia contra las mujeres, que directamente se niega</strong>. Estoy pensando en la artificial confrontación entre distintos tipos de mujeres, o entre mujeres y personas no binarias. Son solo ejemplos. Sabemos que sin trabajadores inmigrantes la economía y los servicios de la sociedad del bienestar serían insostenibles. Sabemos que los enemigos de las mujeres y las personas no binarias no son otras mujeres. <strong>Pero, desgraciadamente, el miedo es libre y va por barrios</strong>. En estos casos, a las izquierdas no les queda otra que la pedagogía. Hay que explicarse mejor, proteger y propiciar medios de comunicación independientes, aunque no sean complacientes, y exigir a las y los periodistas que honren su imprescindible labor siendo escrupulosos con la información.</p><p>Lo de la Virgen es otra cosa. <strong>Aquí no hay verosimilitud que valga</strong>. Nada tengo en contra de las personas que creen que van a ser castigadas o premiadas post-mortem por lo que voluntariamente hayan hecho o dejado de hacer en este mundo. <strong>Restringidos a este pequeño marco, su mundo es más controlable que el mío y eso, seguramente, les permite ser más felices</strong>. En este punto, no veo esencialmente más problema que con aquellos que albergan creencias no contrastadas en el ámbito de la nutrición, la salud, o la belleza. Las personas tienen derecho a sus creencias, aunque algunos no las compartamos, aunque a algunas no nos gusten, aunque a otros les parezcan carentes de todo fundamento. Siempre, eso sí, que no entren en conflicto con los valores de la democracia y el respeto al diferente. Sin embargo, la foto del consejero de sanidad de la <strong>Junta de Andalucía</strong> con el responsable del <strong>061 de Sevilla</strong> y el hermano mayor de la cofradía concernida, con la talla de la Virgen de fondo, me deja estupefacta. </p><p>Los creyentes deberían ser los primeros interesados en rechazar que se los utilice, ridiculice o se los tome por ciudadanos sin el mínimo espíritu crítico. Me viene a la mente la repentina conversión de la presidenta de la <strong>Comunidad de Madrid</strong>. Todo el mundo sabe que el amparo de la Virgen del Socorro carece de valor real para las actividades del servicio de urgencias, que atiende por igual a todo tipo de pacientes, usando los recursos que la ciencia y la experiencia ponen al servicio de los profesionales. A una persona que necesita el servicio no se le responde con oraciones sino con intervenciones. Una persona que llama al 061 no espera bendiciones sino soluciones. No me resisto a reproducir algunos de los titulares que una página de noticias cofrades dedica al evento: <strong>“El 061 y las urgencias de Sevilla se acogen al manto de la Virgen del Socorro”</strong>; <strong>“Una ciudad que entrega sus urgencias a María”</strong>; “El deseo de unos sanitarios que viven al límite”. Pongo las citas exactas porque superan con mucho mi imaginación. Siendo una institución privada la que alberga la página, no hay nada que objetar. Pero <strong>¿qué pinta el consejero en este acto?</strong> ¿Qué pinta la consejería firmando semejante despropósito vacío? ¿O no es vacío?</p><p>Este descarado acto de propaganda, pagado con dinero público, que esa es otra, debería avergonzar a los profesionales, sean o no creyentes, y ofender a los creyentes, trabajen o no en urgencias. Yo me sentí profundamente ofendida con la justificación de la guerra de Irán como una medida para proteger a las mujeres. <strong>Esa justificación es un insulto a nuestra inteligencia. Es el petróleo, amigas</strong>. Es el dinero y el poder, no los derechos. Aquí pasa lo mismo. </p><p>Señor consejero de sanidad, me permito hacerle unas cuantas sugerencias que, aunque no surtan efecto en el más allá, sin duda mejorarían el servicio que Vd. tiene la obligación de garantizar. Convenza a su gobierno para que invierta en los servicios de urgencias, en sanidad pública y en la mejor formación para los sanitarios del futuro. <strong>No, el manto de la Virgen no sirve</strong>. Mejoren las condiciones de quienes están en primera línea: actualicen sus salarios, racionalicen sus horarios, contraten más personal. No traten de engañarnos con fuegos de artificio. Vd. sabe, como yo, que este tipo de actos no tiene la menor incidencia en ninguna de las actividades para cuya gestión Vd. cobra su sueldo. Si se trata de mera propaganda, incluso los creyentes deberían reprochárselo. <strong>Pero si está Vd</strong>. sugiriendo que el manto de la Virgen es su gran medida estrella de política sanitaria, los votantes deberían tomar buena nota. Hay elecciones en Andalucía en unas pocas semanas. <strong>¡Que dios nos pille confesaos!</strong></p><p>________________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 04:00:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Burka]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/burka_129_2149231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e3a3d1e4-2872-45ec-b248-5d3965cce3f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Burka"></p><p>La ultraderecha no defiende a las mujeres. No: <strong>no hay un feminismo de Vox</strong>, ni en Extremadura ni en ningún otro sitio. Y, sin embargo, asistimos a la aparición de argumentos pseudofeministas en torno a la propuesta de prohibir el <strong>burka</strong>, que Vox y PP utilizan para <strong>agitar aún más el debate político</strong>. Resulta especialmente descorazonador comprobar cómo algunas voces feministas de referencia compran este mensaje de brocha gorda —y no es el único que compran de la ultraderecha—. Desde ciertos sectores de la izquierda, por su parte, se añade que un Estado laico no puede permitir esta práctica. <strong>España es un Estado aconfesional</strong>, por cierto, pero este matiz no es ahora relevante. Feminismo y laicismo, dos conceptos que se apoyan o se rechazan, desde la izquierda y la derecha, dependiendo de cuántos votos calculen unos y otros que van a arañar tirándoselos a la cabeza al contrincante. </p><p>La cuestión del burka es especialmente atractiva para los intereses de algunos partidos. <strong>Incluye mujeres, inmigrantes e islam</strong>, y se presenta en algunos casos como una propuesta compasiva para mostrar la superioridad de nuestra civilización sobre otras. No se engañen: <strong>es una trampa.</strong> Las derechas no están preocupadas por el bienestar de las mujeres. <strong>Las derechas están instrumentalizando valores y miedos legítimos</strong> para seguir marcando la agenda política y arrinconar a la izquierda en sus contradicciones.</p><p>Una sociedad democrática debe velar por la seguridad de sus ciudadanos. Por esta razón, quizá sería aconsejable regular en qué circunstancias individuos con el rostro cubierto pueden transitar por espacios públicos. <strong>En España no hay prohibición al respecto</strong>, no porque no se haya intentado, sino porque no es tan fácil de implementar sin entrar en conflicto con el Estado de derecho. ¿Podemos prohibir que repartidores de comida a domicilio entren en restaurantes con casco? ¿Hay que prohibir el uso de mascarillas? ¿Qué hacemos con pañuelos y bufandas? Intuitivamente, hay una diferencia entre un pasamontañas y una mascarilla, pero hacer leyes justas que prohíban situaciones peligrosas y permitan situaciones razonables <strong>conlleva dificultades que han imposibilitado hasta ahora la aprobación</strong> de medidas en esta dirección. Especialmente en un clima político como el que vivimos. Todo esto las derechas lo saben, saben que las mujeres con burka no representan ninguna amenaza para la sociedad y saben igualmente que <strong>el asunto del burka no va a prosperar</strong>. Pero qué más da, estamos en perpetua precampaña electoral. </p><p>El burka es una “salvajada”, ha dicho <strong>Gabriel Rufián</strong> recientemente en un acto público. Hay razones sobradas para apoyar esta opinión. La identificación de las personas en espacios públicos es una medida de protección para todos. Máscaras y velos no solo imposibilitan la identificación de potenciales agresores, sino que imposibilitan la identificación de las víctimas. <strong>El burka oculta las marcas de la violencia</strong>, el miedo, la angustia y la desesperación. Impide además que esas mujeres sean reconocidas como individuos y que puedan interactuar con otros. Una persona con la cara tapada <strong>pierde parte de su humanidad</strong>, no puede comunicarse, expresarse, recibir reconocimiento o pedir ayuda. Sin tu cara, no eres nadie. Por estas razones, el burka es una salvajada, sí, una forma de tortura contra las mujeres, amparada desde una interpretación radicalizada de una religión que se ha convertido en caballo de batalla política. </p><p>Pero no saquen pecho, señores, cristianismo y judaísmo <strong>no están en condiciones de tirar la primera piedra</strong>. La subordinación de las mujeres y la violencia de género han encontrado amparo histórico en interpretaciones dominantes de estas tradiciones, desde la resistencia al divorcio y la prohibición del aborto hasta la normalización de las violaciones dentro del matrimonio. En suma, la <strong>naturalización de relaciones de dependencia estructural</strong> de las mujeres respecto de los varones. El bienestar de las mujeres no interesa ni a los defensores de los valores de occidente ni a los islamistas radicales. En este debate, como en tantos otros, <strong>las mujeres son siempre las víctimas</strong>, que quedan atrapadas en el fuego cruzado entre los contendientes que supuestamente pelean por defenderlas.</p><p>Y en este tema <strong>el laicismo también es parte de la solución.</strong> El laicismo con todo lo que conlleva, <strong>no su invocación interesada y parcial</strong>. Feminismo y laicismo son aspectos constitutivos de la democracia en la medida en que ambos persiguen la ampliación de derechos, la igualdad y la no discriminación. El laicismo rechaza que se pueda apelar a códigos religiosos para <strong>legitimar prácticas como la ablación</strong>, la tortura, la violación o la deshumanización extrema que supone el burka. Rechaza también que tales códigos obstaculicen el ejercicio de derechos, como la interrupción del embarazo o la posibilidad de una muerte digna. El laicismo es, en ese sentido, <strong>garantía del respeto a la dignidad de las personas</strong> y del ejercicio efectivo de su autonomía.</p><p>Las mujeres han sido a menudo las transmisoras de costumbres que <strong>perpetúan su propia discriminación</strong>, amparadas en religiones estructuralmente dominadas por varones. Por eso, el movimiento feminista tiene que ser laicista. Pero no nos tomen el pelo, señoras y señores de la derecha. Si existe una preocupación genuina por el bienestar de las mujeres, <strong>abran el debate del laicismo en serio</strong> e impidan que las religiones sigan siendo instrumentos de dominación y adoctrinamiento en beneficio de los de siempre y en perjuicio de las de siempre. ¿Están dispuestos? <strong>Pues si no, no nos hagan perder el tiempo</strong>. Y dejen de gastar dinero público en sus luchas internas, que lo único que hacen es desviar la atención de los asuntos importantes y alejar a los ciudadanos de la política.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Feb 2026 05:00:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Burka]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujeres,Religión,Islam,Derecha,Extrema derecha,Laicidad,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Respetemos a Noelia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/respetemos-noelia_129_2136609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3bc9985-c3b2-41c4-a68d-355dc17dce30_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Respeta mi fe"></p><p>"Respeta mi fe". Leo este eslogan en un lazo negro reivindicativo que porta <strong>Polonia Castellano</strong>, directora de la asociación Abogados Cristianos, en una fotografía de prensa. En la misma imagen, el lazo aparece ampliado, colgado de una pared. A quienes no compartimos el credo religioso sociológicamente dominante en nuestro país me gustaría proponer lo siguiente: <strong>que llevemos lazos de colores</strong> —cada cual del que mejor le siente o combine con su estilismo del día— para reivindicar que nos dejen en paz. La leyenda podría ser: "<strong>Respeta tú la mía"</strong>. Resulta angustiosa la insistencia de determinados colectivos en intervenir en asuntos que no les competen en absoluto.</p><p>Abogados Cristianos vuelve a la actualidad —bien pensado, nunca deja de estar en ella— a propósito de un caso particularmente infame. El Tribunal Supremo <strong>ha rechazado admitir a trámite el recurso del padre de Noelia</strong>, representado por dicha asociación, que solicitaba la paralización del proceso legal destinado a poner fin al sufrimiento de la joven. Eso supone acabar con su vida. Noelia no quiere seguir sufriendo y la ley la ampara. Si hubiera elegido lo contrario, la ley también la ampararía. En España <strong>no se obliga a nadie a morir</strong>. Sin embargo, la asociación ha considerado que tienen que perseverar en la tortura de esta joven. Ya han anunciado que van a recurrir al Tribunal Constitucional.</p><p>La situación es infame porque no corresponde a Abogados Cristianos <strong>decidir sobre el ejercicio de los derechos de los ciudadanos</strong>. Noelia tiene derecho a morir dignamente. Una sociedad adulta, democrática y no tutelada no puede permitir que sus miembros pasen por un sufrimiento irreversible que les resulte insoportable. No lo hacemos con nuestras mascotas; no alcanzo a entender por qué no es evidente que tampoco debemos hacerlo con nuestros congéneres. Naturalmente, <strong>siempre que sean ellos</strong> quienes, en pleno uso de sus facultades y de manera informada, decidan poner fin a ese sufrimiento.</p><p><strong>No me hablen del alma</strong>. Si la motivación de Abogados Cristianos se basa en la creencia —la suya, no la de Noelia, ni la mía— de que su decisión condena su alma, que recen por ella. En silencio, si puede ser.</p><p>No quiero juzgar los motivos del progenitor que se empeña en prolongar la agonía de su hija por encima de sus deseos, de su bienestar, de su autonomía y de su libertad. <strong>Tampoco me hablen de amor</strong>. ¡Cuántas atrocidades se cometen en su nombre! Esto no es amor. Lo que se ejecuta en este ya demasiado largo proceso es <strong>un ejercicio de poder y de desprecio</strong>: por parte de unos, hacia quienes no piensan como ellos; por parte del otro, hacia la persona a la que se supone que ama y que quiere liberarse.</p><p>Este caso reúne todos los ingredientes de una lucha de poder. Hay jerarquía <strong>de estatus</strong>: un padre y una hija. Hay jerarquía <strong>de género</strong>: un varón y una mujer. <em>"La maté porque era mía"; "no quiero que mueras porque eres mía".</em> Ambas jerarquías están sostenidas y elevadas a valores absolutos por la ideología que Abogados Cristianos representa. Y hay, sobre todo, soberbia: <em><strong>"Yo sé mejor que tú lo que te conviene".</strong></em> ¿Cuántas veces hemos oído —o padecido— esta frase?</p><p>La religión, cuando se empodera, <strong>condena a una minoría de edad perpetua a mujeres y a colectivos</strong> que, para poder respirar, deben enfrentarse al sistema. Y la lucha es profundamente desigual, porque junto a Abogados Cristianos aparecen en escena jueces de los tribunales de mayor rango. No todos, no siempre —menos mal—, pero con <strong>demasiada frecuencia</strong>.</p><p>El único antídoto es más democracia. Para ello necesitamos jueces que no estén al servicio de ninguna causa que no sea <strong>la justicia y los derechos de la ciudadanía</strong>. Y necesitamos ciudadanos que entiendan que los derechos amparados por la ley están por encima de las creencias individuales. Por eso el laicismo es imprescindible. Respeto tu fe. <strong>Respeta tú la mía</strong>.</p><p>_____________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Respetemos a Noelia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Tribunal Supremo,Eutanasia,Religión,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El final de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/final-vida_129_2085403.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c5739cc6-ec05-404c-bd46-333ce3af1478_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El final de la vida"></p><p>Habiendo recibido los Santos Sacramentos.<strong> EMUCESA</strong>, la empresa de servicios funerarios de<strong> Granada</strong>, incluyó esta frase ya clásica en la nota de reserva de la sala multiconfesional donde se celebró el funeral laico de un amigo muy querido. Funeral laico, <strong>sin misa, sin sacerdotes</strong>. Amigos y familiares despidiendo a la persona. Y no, mi amigo no recibió los santos sacramentos. ¿Por qué nadie dice nunca nada? ¿Por qué aceptamos, en cementerios y esquelas, la coletilla que coloca a <strong>la Iglesia</strong> como sancionadora de los últimos momentos de la vida? Además de ser abusivo, es falso. Es una mentira, sin paliativos. Una<strong> mentira consentida</strong>, eso sí. Esto, sin embargo, no parece importarle a nadie. Pero importa mucho. Cedemos terreno que si en estos casos pudiera parecer <strong>irrelevante,</strong> no lo es en absoluto. Al hacerlo así abrimos la puerta a la Iglesia, como protagonista, a todos los momentos importantes, nacimiento, pareja, despedida. Y desde esta ubicuidad interviene en la política y en la sociedad, con <strong>mayor o menor sutileza</strong>, con mejores o peores intenciones. Son los oficiantes <em>por defecto</em>. Y lo son porque lo consentimos.</p><p>Un Estado aconfesional no puede asumir <em>por defecto</em> las costumbres y los<strong> ritos de una religión</strong>. Por defecto no puede asumir nada. El “por defecto” debería ser la neutralidad absoluta. Quien quiera ceremonias confesionales tiene todo el derecho a tenerlas. Pero quien no las quiera, también. Y no jugamos con las <strong>mismas reglas</strong>. Para conseguir un entorno verdaderamente neutral hay que empeñarse, a veces con dureza. Y luego los laicistas somos agresivos. No es agradable tener que plantarse en momentos en los que, por la propia naturaleza de la situación, estamos<strong> emocionalmente vulnerables</strong>.</p><p>La nuestra es una especie maldita. Lo que nos define, nuestra <strong>extraordinaria inteligencia</strong>, supone un obstáculo insuperable para nuestra felicidad. No podemos seguir en el paraíso una vez que hemos comido, evolutivamente hablando, del árbol del conocimiento, una vez que somos capaces de discriminar entre<strong> el bien y el mal </strong>y que entendemos las consecuencias. Esa conciencia de sí, del tipo de animal que somos y de lo que nos espera, supone un<strong> salto evolutivo infinito</strong> que irremediablemente nos separa del resto de los animales. Algunas otras especies, evolutivamente cercanas a los sapiens, pueden captar parte del significado de lo que significa que otros miembros del grupo se mueran. Lo explica <strong>Susana Monsó </strong>en su estupendo libro <em>La Zarigüeya de Schrödinger</em>, pero discrepo absolutamente de la tesis de que, en lo que concierne a la muerte, “somos tan solo un animal más”. No lo somos. Somos el único animal que tiene <strong>su propia finitud</strong> como centro de su comprensión del mundo y que vive toda su vida tratando de aceptar este <strong>hecho irrefutable</strong>.</p><p>Somos animales, de eso no hay duda, pero animales conscientes. Y la evolución que nos ha traído hasta aquí no nos ha dotado, sin embargo, de las herramientas para aceptar este <strong>trágico destino final</strong>. Plantar cara con dignidad a esa verdad inapelable es muy difícil. La nada en la que todos acabaremos da vértigo y cada uno gestiona su vértigo como puede, silenciándolo con sustancias o rellenándolo con historias. Como puede. Y todos tenemos derecho a <strong>nuestra propia estrategia</strong> ¿Quiénes somos ninguna de nosotras, ninguno de nosotros, para juzgar las estrategias de los demás? Pero cada uno tiene derecho a la suya propia. Debe ser muy<strong> reconfortante</strong> pensar que no te vas del todo, que te reciben tus seres queridos para acompañarte a un lugar mejor, que vas a entenderlo todo de pronto, que vas a ser premiado por tus buenas obras, que merece la pena vivir con decencia para<strong> evitar el castigo</strong>. Debe serlo para quien tenga la capacidad de vivir en esa narrativa. Como estrategia personal, todos mis respetos. Pero no podemos aceptar que se nos imponga como estrategia común. Ese<strong> no es mi camino</strong> ni el de otros muchos ciudadanos que tenemos tanto derecho al respeto como los creyentes.</p><p>Estamos solos como especie, <strong>la especie maldita</strong>. Pero no estamos solos como individuos. Como individuos nos tenemos los unos a los otros. Somos una especie<strong> esencialmente social</strong>, en un sentido completamente diferente del del resto de los animales. Somos lo que somos porque somos juntos. Y juntos tenemos que seguir. La democracia es un logro que exige el reconocimiento mutuo capaz de fundamentar el <strong>respeto a las normas</strong>. Las narrativas más o menos paternalistas solo sirven a unos pocos, aunque acaban afectando a todos. Por eso es responsabilidad de todos construir una sociedad segura donde no haya exclusiones, con independencia de <strong>creencias, culturas, lenguas, orígenes</strong>. Y en este punto, como en otros, el laicismo es el camino.</p><p>_______________________________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es Miembro del Grupo de Pensamiento Laico y Catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 04:00:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El final de la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Iglesia católica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Raíces cristianas y laicismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/raices-cristianas-laicismo_129_2055482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/97ce4b3b-26f2-4b5e-a205-81f595a45575_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Raíces cristianas y laicismo"></p><p>“Jumilla hace historia. Se aprueba la primera medida en España que <strong>impide celebrar fiestas islámicas en espacios públicos”</strong>. Estas son afirmaciones de Vox en su cuenta oficial de X. ¿Una declaración de la saludable separación de Iglesia y Estado? No, que nadie se alarme. “Esto no va ni de religión ni de nacionalidades, sino de que se va a iniciar una modificación de la ordenanza para que las instalaciones deportivas se usen para la celebración de actividades deportivas, sin más”, responden desde el PP que gobierna en Jumilla. ¿Se han vuelto laicistas las derechas en este país? No, tranquilos, <strong>no ha cambiado nada. </strong>Vox nos saca de dudas rápidamente. “¡España es y será siempre tierra de raíces cristianas!” (InfoLibre 06/08/2025)</p><p>Con demasiada frecuencia los laicistas nos enfrentamos a la acusación de intransigencia y de persecución de las creencias religiosas. Nada más alejado de la realidad. De hecho, <strong>no hay ninguna incompatibilidad entre ser laicista y ser creyente,</strong> de cualquier confesión. Después de leer el maravilloso libro de Javier Cercas sobre el viaje del papa Francisco a Mongolia (Random House, 2025), estoy convencida de que Francisco hubiera apoyado la causa del laicismo. Desconozco si de hecho lo hizo.</p><p>Es difícil, en el contexto de enardecimiento de <strong>la rabia y el odio </strong>–me niego a llamarlo “polarización”– que se ha instalado en nuestro país y en la mayoría de los países occidentales, defender la tolerancia y la convivencia. Parece imposible encontrar el tono, la capacidad y el interés para analizar las cuestiones más difíciles que nos interpelan a todos con un mínimo de rigor, no ya factual, de respeto a lo que realmente ocurre, sino incluso conceptual, de <strong>respeto a las consecuencias de ideas y creencias. </strong></p><p>Un ejemplo de rigor factual pasaría por aceptar que, sin la inmigración, de cualquier credo, España no podría gozar de los niveles de bienestar y crecimiento económico de los que goza. Un ejemplo que aúna inconsistencias factuales y conceptuales lo proporciona la defensa conjunta de políticas de promoción, que no de ayuda, de la maternidad y paternidad mientras se exige el cierre de fronteras, todo esto <strong>en un mundo que ya no tiene más recursos para alimentar a esta plaga </strong>que somos los humanos sin poner en grave peligro la supervivencia de nuestra especie. </p><p>Lo trágico de esta falta de rigor es que, promovida por una parte de la sociedad, tiene consecuencias para todos, tanto para los que <strong>airean su xenofobia o niegan el calentamiento global, </strong>como para los que sostenemos que solo tenemos este planeta y que todos tenemos derecho a una vida digna. </p><p>En este clima, <strong>el laicismo es un aliado de la racionalidad.</strong> <em>Laicismo</em> es respeto y discernimiento. Las leyes que nos afectan a todos no pueden encarnar e imponer códigos de conducta que solo una parte de la sociedad ha elegido libremente. Así dicho, esto debería poder defenderse desde la izquierda y desde la derecha, porque no es más que una expresión de cultura democrática. Es significativo que no sea así y deberíamos preguntarnos por qué. Y parte de la razón se encuentra en que, en este tipo de debates en los que, de manera interesada, se apela a los sentimientos, <strong>los argumentos que se hacen explícitos a menudo no guardan demasiada relación con los argumentos reales. </strong></p><p>Como el ideal laicista proclama, <strong>el Estado está por encima de los credos </strong>y tiene que ofrecer soluciones comunes a los ciudadanos de cualquier creencia e ideología. No hace falta ser ateo para defender que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. <strong>Cuando el Estado asume el credo de alguna Iglesia, está invadiendo un terreno que no le compete</strong> y, al mismo tiempo, está renunciando a su compromiso de tratar a todos los ciudadanos por igual. Y el asunto no se arregla ampliando el apoyo a distintas Iglesias. Las actitudes pluralistas son siempre mejores que las monolíticas, pero el pluralismo religioso incurre en la misma confusión de planos que el confesionalismo. </p><p>El Estado no se ocupa de la moral individual sino de <strong>la ciudadanía y sus derechos, </strong>tiene que ser el árbitro que permita el desarrollo integral de todos. Incluidos los ateos. Por eso, en una sociedad democrática el laicismo no es una opción sino uno de sus pilares fundamentales.</p><p>Realizo esta reflexión a propósito de la decisión del consistorio de Jumilla de prohibir la celebración de festividades propias de la comunidad musulmana, como el fin del Ramadán o la Fiesta del Cordero, en instalaciones deportivas municipales. Y hay que reconocer que en este punto la Conferencia Episcopal se alineó del lado del que debería estar alineada siempre, <strong>el del respeto al diferente.</strong> ¿Deberíamos congratularnos los laicistas de esta decisión, promovida por Vox y ejecutada por el PP de la localidad murciana? Nos devuelve a la realidad recordar que el objetivo es defender nuestras raíces cristianas.</p><p><strong>¿Cuáles son esas tradiciones de nuestro país que están siendo amenazadas?</strong> ¿Hay alguien que no pueda casarse por la Iglesia, bautizar a sus hijos, recibir el consuelo de un sacerdote al final de su vida, etc. porque se lo impidan las leyes? ¿Se lo impiden los musulmanes, los judíos, los ateos? No parece. <strong>No sé a qué tradiciones se refiere el concejal de Vox</strong> que tan orgullosamente defiende su victoria. </p><p>Confieso que la imagen de <strong>España como bastión del catolicismo no me representa en absoluto,</strong> lo que no me convierte en simpatizante de las costumbres musulmanas, judías o de cualquier otra confesión. La <strong>participación de los poderes públicos, </strong>alcaldes, concejales, presidentes de comunidad o rectores de universidades públicas <strong>en manifestaciones religiosas </strong>(procesiones, fiestas, romerías, misas de comienzo de curso) me parece un <strong>despropósito del que los que lo llevan a cabo deberían avergonzarse</strong> y que la ciudadanía, de cualquier signo, debería rechazar. </p><p>Los<strong> poderes públicos</strong> deberían verse como algo <strong>ajeno a las celebraciones religiosas</strong> y su participación en ellas como una intromisión inaceptable que las desvirtúa. Si es que nos creemos lo que predicamos. Y no hay contradicción con la razonable afirmación de Benedetto Croce de que los europeos no podemos decir que no somos cristianos (“Perché non possiamo non dirci ‘cristiani’”, 1924). Pues claro que lo somos, en un sentido histórico.<strong> La influencia del cristianismo en Europa se deja ver por todas partes,</strong> vaya novedad, pero también somos hijos de la Ilustración, aunque España se quedara en los márgenes. </p><p>¿Son todas las tradiciones dignas de ser defendidas? He oído argumentar a colegas no particularmente religiosos que el <strong>avance del islam</strong> en Europa aconseja el <strong>fortalecimiento del apoyo público a las tradiciones católicas. </strong>¡Qué extraordinario ejemplo de <strong>confusión mental, </strong>del que no se libran ni las mentes más preparadas! </p><p>No, <strong>no hay que fortalecer el carácter confesional </strong>(de la confesión correcta, claro) de las instituciones. Hay que liberar el debate político de resonancias religiosas. Las tradiciones son hábitos de una sociedad, que habitualmente representan las creencias de la comunidad que las alberga.<strong> Respetar a ultranza las tradiciones es una manera de impedir el progreso. </strong></p><p>Las sociedades democráticas son una<strong> conquista arrancada a otras formas de gobierno </strong>que afortunadamente ya no perviven o no perviven con el mismo grado de impunidad. La democracia es una alternativa más elaborada, avanzada y respetuosa a las teocracias, da igual el dios al que se dediquen. Eso lo vemos claro cuando no es nuestro dios. La ley islámica que permite lapidar adúlteras nos parece bárbara. Pero cuando la doctrina católica se usa para recortar derechos ya <strong>la cosa se ve menos clara.</strong></p><p>Algunas<strong> “tradiciones” católicas, </strong>como el “respeto” (por llamarlo de alguna manera) a la vida humana, que curiosamente se manifiesta en el rechazo del derecho de las mujeres (las mujeres siempre en el punto de mira) a decidir si llevar a término o no un embarazo, o en el rechazo frontal al derecho a la muerte digna, que permite que, quien así lo desee, ponga fin a su vida cuando ésta le resulta invivible, <strong>me resultan profundamente crueles. </strong></p><p>Recordemos<strong> el caso de Noelia, </strong>cuyo proceso para poner fin a su vida ha sido obstaculizado por los recursos de la asociación Abogados Cristianos a petición del padre de la chica. A nadie se le obliga a interrumpir un embarazo o a poner fin a su vida. <strong>Esas prácticas son voluntarias y están perfectamente reguladas </strong>¿Por qué tanto interés por impedirlas? La moral católica es un ingrediente de todas las respuestas. Pero, si arañamos un poco la superficie, la respuesta completa aparece en toda su dimensión. </p><p><strong>No es una cuestión de valores, sino de poder. </strong>Los valores se muestran, el poder se impone. La Iglesia quiere seguir manteniendo un dominio de lo que ocurre en la sociedad no legitimado por las leyes y la cultura democráticas que nos hemos dado. Disfrazada de moralidad, respeto a la vida y protección del débil lo que hay es una lucha por el poder, simplemente. <strong>El rechazo del aborto y la eutanasia</strong> son maniobras para seguir manteniendo el dominio sobre el comienzo y el fin de la vida. </p><p>A nadie se le escapa que<strong> una Iglesia no protegida por el Estado pronto perdería su posición de privilegio. </strong>En el libro de Cercas, el Papa Francisco manda un mensaje a China en su viaje a Mongolia, algo así como un pacto de no agresión: “A los católicos chinos les pido que sean buenos cristianos y buenos ciudadanos”. Porque, claro, esto es lo que está en juego. <strong>Quién manda aquí y quién se beneficia de esa posición de dominación. </strong></p><p>En una sociedad democrática <strong>no debería haber privilegios protegidos por el Estado. </strong>Eso no significa que los demócratas o los laicistas creamos en una sociedad en la que no existan grupos privilegiados. Eso es imposible. Pero al menos aspiramos a que todo el mundo pueda organizar su vida conforme a sus valores en un clima de respeto y autonomía. Sin tutelas morales. Y para esto el laicismo es el camino. </p><p>Por eso una democracia que no separe tajantemente las Iglesias del Estado es una democracia imperfecta. Esta es la batalla que estamos librando en la actualidad en nuestro país, defender la democracia o entregarla definitivamente.<strong> </strong>Y <strong>el laicismo es un componente definitorio de la causa democrática </strong>que hace bandera del respeto a todos.</p><p>_______________________________________________</p><p><em><strong>María José Frápolli </strong></em><em>es Miembro del Grupo de Pensamiento Laico y Catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Sep 2025 04:00:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María José Frápolli]]></author>
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