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    <title><![CDATA[infoLibre - Ana Martínez Villar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/ana-martinez-villar/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ana Martínez Villar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gordofobia, la madre de todas las discriminaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/gordofobia-madre-discriminaciones_129_2226372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c54fbb85-5046-42e8-87da-eda53ae5b073_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni racismo, ni machismo ni homofobia. La gordofobia es la madre de todas las discriminaciones"></p><p>Cuando Broncano preguntaba en <em>La Revuelta</em> si sus invitados se consideraban más machistas o más racistas, siempre pensaba lo mismo: la discriminación más universal, que más atraviesa a nuestra sociedad y sobre la que todos deberíamos revisarnos se llama <strong>gordofobia</strong>.</p><p>Gordófobas somos todas y todos. Lo somos con las demás personas y también con nosotras mismas. La gordofobia no distingue entre izquierdas y derechas, hombres y mujeres, personas blancas o racializadas, heterosexuales o miembros del colectivo LGTBIQ+, niños o adultos, ricos o pobres. <strong>Nos atraviesa a todes</strong>. Está en las instituciones, en las familias, en los colegios, en los trabajos, entre amistades y en conversaciones que repetimos sin cuestionarlas.</p><p>El<strong> fascismo corporal </strong>está tan normalizado que <strong>apenas somos capaces de reconocer la violencia y gravedad que implica</strong>. Hablar con desprecio de las personas gordas o atribuir automáticamente virtudes a los cuerpos delgados responde a la misma lógica que otras formas de discriminación, como considerar que un color de piel es superior a otro. <strong>No aceptar la corporalidad de una persona gorda es igual de deleznable que no respetar la orientación sexual de una persona homosexual</strong>. Insistir en que una persona modifique y adelgace su cuerpo a toda cosa es igual de horrible que las terapias de conversión en el colectivo LGTBIQ+. Porque en ambas se parte de la misma base: que<strong> esa persona está mal y tiene que cambiar</strong>. Se trata de no aceptar a las personas por su corporalidad, se trata de modificarlas a toda costa, se trata de mutilarlas, maltratarlas, insultarlas, avergonzarlas, culparlas y odiarlas.</p><p>En el último episodio de la temporada del podcast <a href="https://www.instagram.com/nadie.hablara.de.nosotras/?hl=es" target="_blank"><em>Nadie hablará de nosotras</em></a>, basándose en el libro <a href="https://capitanswing.com/catalogo/irreductibles/" target="_blank"><em>Irreductibles</em></a><em>,</em> de la filósofa Kate Manne, se recordaba cómo está demostrado que el peso en los menores es el sesgo más habitual de acoso escolar. También ejercido por el propio profesorado. Manne además señala que hay estudios que demuestran que el colectivo que más asco moral produce es el de las personas gordas, solo detrás de las personas drogodependientes, un grupo altamente estigmatizado.  </p><p><strong>No tener un cuerpo delgado es una tortura en esta sociedad</strong>. Una tortura desde la infancia, pasando por la adolescencia y la adultez. Cada día hay historias más desgarradoras sobre las infancias y la adolescencia relacionadas con el malestar más absoluto que supone habitar cuerpos que no son delgados en esta sociedad.</p><p>No ser delgado te sitúa en el ostracismo. Y ahora más que nunca con la avalancha de los medicamentos basados en la semaglutida o los agonistas del receptor GLP-1. Ignorando todos los efectos secundarios que producen, desde el corto plazo (como los problemas gastrointestinales) o a medio plazo (como depresión, calvicie, problemas de vista, páncreas, pérdida de masa muscular y ósea) y los que tardarán por salir… Es tan difícil y tan agotador habitar un mundo que odia a las personas gordas que todo el mundo se está pinchando. La estrategia de esta industria farmacéutica está siendo tan abrumadora que incluso están pagando a <em>influencers </em>gordas y activistas del <em>body positive</em> para que usen los fármacos y vayan cambiando el foco y la narrativa. </p><p>Esta maniobra de marketing es tan atroz <strong>como si todo el colectivo LGTBIQ+ se estuviera pinchando de repente una inyección para volverse hetero.</strong> ¿Qué nos parecería? La inmensa mayoría entenderíamos que el problema nunca ha sido la orientación sexual, sino la discriminación que sufre el colectivo. Que<strong> </strong>nuestra labor como sociedad es que todas las personas merezcan respeto, que luchemos por sus derechos y por la diversidad, no por hacer desaparecer a un colectivo. Pues eso es lo que está pasando con las personas gordas. Entiendo, conozco y transito el estigma, el dolor y el sufrimiento, pero en lugar de atender la diversidad corporal y seguir luchando por una sociedad que avance en respeto y tolerancia, desaparecemos.</p><p>Las personas delgadas no son mejores que las personas gordas. Las personas delgadas no son más saludables que las personas gordas. Las personas delgadas no se cuidan más que las personas gordas. Las personas delgadas no comen mejor que las personas gordas. Las personas delgadas no hacen cosas bien y las personas gordas no hacen las cosas mal. <strong>El cuerpo, por sí solo, no nos dice nada de los hábitos de nadie</strong>. </p><p>Solo reconociendo como sociedad que hablar de la delgadez como símbolo de estatus es violencia, podremos empezar a reparar tanto el daño individual como colectivo que hemos causado durante décadas. Si de verdad queremos que las infancias dejen de sufrir, tenemos que dejar de vanagloriar y felicitar el adelgazamiento. </p><p>Si de verdad como sociedad queremos que disminuyan los trastornos de conducta alimenticia, hay que dejar de usar la salud como mantra contra los cuerpos gordos. O podemos seguir haciéndolo. Pero sabiendo que esa bandera, aunque sea de la salud, es una coartada rodeada de violencia, maltrato, discriminación y opresión. </p><p>No es una exageración. No es por salud. Solo es violencia. Y la negación de la violencia es más violencia. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Ana Martínez Villar</strong></em><em> es consultora de comunicación y socia de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 04:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Martínez Villar]]></author>
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      <title><![CDATA[Los domingos: el patriarcado es dios (y el mito del amor romántico multiplicado por mil)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/domingos-patriarcado-dios-mito-amor-romantico-multiplicado-mil_129_2087521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b409f9ac-3b52-4667-a2d2-fdc241f5884f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los domingos: el patriarcado es dios (y el mito del amor romántico multiplicado por mil)"></p><p>No voy a detenerme en la dirección de la talentosísima <strong>Alauda Ruiz de Azúa </strong>ni en las magistrales <strong>interpretaciones </strong>del elenco de <em>Los domingos</em>. Tampoco en los <strong>silencios</strong>, ni en las<strong> tensiones de poder</strong> que recorren las relaciones familiares que la película retrata con tanta sutileza.</p><p>Como feminista, a medida que avanzaba la película, no podía dejar de poner el foco en cómo la <strong>“llamada”</strong> de Dios y todo lo que la rodea encarna la máxima expresión del <strong>mito del amor romántico: </strong>relaciones tóxicas, manipulación emocional y una figura divina que simboliza el patriarcado en su forma más pura.</p><p>Los argumentos con los que convencen a Ainara para que escuche esa llamada reproducen punto por punto la retórica del maltrato: <em>“te ha elegido a ti entre todas”, “no puedes resistirte”, “cuando descubres ese amor tan inexplicable solo puedes rendirte y dejarte llevar” …</em> Frases que <strong>en otro contexto reconoceríamos enseguida como señales de una relación de control y dependencia emocional.</strong></p><p>Hemos teorizado mucho sobre el amor romántico y sobre las <strong>dinámicas de poder y sumisión</strong> (que <em>Querer</em> retrata también de forma extraordinaria), pero <em>Los domingos</em> pone negro sobre blanco algo que no siempre vemos de forma tan obvia:<strong> la llamada divina</strong> o la vocación como una relación de poder, de amor tóxico y de maltrato simbólico ejercido en nombre de un <strong>“Padre nuestro”.</strong></p><p><strong>Un “señor” al que debes entregarte sin rechistar. </strong>Que te exige estar disponible, aunque no te responda. Que a veces te habla y otras guarda silencio (te hace <em>ghosting</em>). Que te pone a prueba constantemente para verificar si tu amor es <strong>“auténtico”</strong>, manipulándote y haciéndote dudar de ti misma (<em>luz de gas</em>). Que te aleja de tus seres queridos, <strong>como hacen los maltratadores cuando aíslan a sus víctimas de familiares y amigos.</strong> <em>Red flags</em> por todas partes, disfrazadas de “amor de Dios”.</p><p>Tampoco se libran las <strong>frases del cura que guía espiritualmente a Ainara</strong> o las de la priora de la orden. <em>“Es muy madura para su edad, muy lista…”,</em> repiten. Son las mismas palabras con las que <strong>muchos hombres justifican relaciones asimétricas con chicas mucho más jóvenes</strong>: una estrategia clásica de manipulación. En la película, los integrantes de la iglesia adoptan el mismo rol, captando y sometiendo a una adolescente vulnerable.</p><p>Sin olvidar una escena aparentemente trivial entre las monjas que ya están en el convento. En una <strong>conversación entre “hermanas” </strong>se desliza la comparación de Dios con <em>“un matrimonio que no te deja malgastar dinero</em>”. En una sola frase, <strong>la religión y el matrimonio patriarcal quedan hermanados</strong>: control, austeridad impuesta y violencia económica en una relación romántica. </p><p>Porque un amor en el que solo<strong> él llama y tú obedeces</strong>, en el que solo él marca las reglas, en el que el consentimiento nace de la coacción, no es amor. <strong>Es maltrato.</strong></p><p><strong>¿Y si la llamada de la vocación fuera la encarnación más evidente del mito del amor romántico?</strong> ¿Y si la figura de Dios fuera, en realidad, la representación máxima del patriarcado? No solo lo es, es el molde en el que se forjaron los pilares de nuestra cultura. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Ana Martínez Villar</strong></em><em> es consultora de comunicación y socia de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2025 05:01:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Martínez Villar]]></author>
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      <title><![CDATA[Influencers y la “prostitución” de los sentimientos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/influencers-prostitucion-sentimientos_129_1457372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8632a97c-ddb8-4d13-a473-b97282874f39_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La influencer e instagramer, Alessandra Sironi posa en The Set Lab."></p><p>Amazon Prime Video acaba de estrenar el documental <em>Influencers, sobrevivir a las redes</em>. Niñas, adolescentes, chicas y chicos muy jóvenes se muestran delante de la pantalla y <strong>van desmoronándose</strong> a medida que avanzan los cuatro capítulos. Crisis de ansiedad, cuadros de depresión, autolesiones, psiquiatras, medicación… <strong>hasta llegar a pensamientos suicidas</strong> es la realidad que nos devuelve la cara B de los <em>influencers</em>.</p><p>Mientras los llantos de niñas y adolescentes, principalmente, ocupaban la pantalla, me iba inundando una desazón más grande. Y no paraba de pensar que estos <em>influencers</em> están fatal porque <strong>están “prostituyendo” sus sentimientos</strong>. Desde el feminismo sabemos que cuando un sentimiento individual empieza a ser colectivo es porque “lo personal es político”. Hemos debatido mucho sobre la abolición de la prostitución o sobre la mal llamada gestación subrogada. Muchas feministas entendemos que el cuerpo de las mujeres no se puede comprar. Ni mercantilizar con él. Pero los seres humanos somos un todo entre cuerpo y mente. Y si estamos de acuerdo en que no se puede vender ni comercializar el cuerpo, <strong>tampoco debería hacerse con nuestra alma</strong>, con nuestra mente, con nuestros sentimientos. Me resuenan las palabras de Amelia Tiganus. Igual que ella, para explicar la abolición de la prostitución, manifiesta que "no es lo mismo pasar la fregona que ser la fregona"<em>.</em> <strong>Estos niños y adolescentes están poniendo su propio cuerpo. Son el producto</strong>. Son la fregona. Venden su propia esencia. Sus sentimientos. Y nadie pone el grito en el cielo con las consecuencias nefastas que a la vista de todos están teniendo. </p><p>Siempre ha habido juguetes rotos. Famosos que no gestionaban bien la fama. Pero incluso en el caso de las redes sociales no es lo mismo que un cocinero use sus redes sociales para que el alcance de sus recetas sea mayor. O que una periodista tenga redes para que sus artículos lleguen más lejos. O que un actor dé a conocer sus películas mediante plataformas sociales. O incluso no es lo mismo cuando activistas las utilizan como mecanismo para combatir determinadas causas sociales. El problema de las redes es especialmente complejo en aquellos perfiles en los que no se están utilizando estas herramientas con un fin. <strong>Sino que el producto son ellos mismos</strong>. Y, sobre todo, ellas mismas. </p><p>Y continuando con la perversión del sistema, en el documental salen <em>mánagers</em> y agencias alentando a los <em>influencers</em> a la constante reinvención. Si no quieren “morir” en el universo digital, no pueden hacer siempre lo mismo. <strong>Hay que aportar constantemente contenido nuevo para sobrevivir</strong>. Y me resuena de nuevo la analogía de Amelia Tiganus del sistema <em>prostitucional</em> (salvando las distancias, por favor) que las explota, las asfixia y las exprime hasta que no queda nada de ellas. Porque el sistema siempre quiere caras nuevas, más jóvenes y más frescas.  </p><p>Igual que "se fabrican putas felices a través de mecanismos difíciles de identificar"<em>,</em> se están fabricando <em>influencers</em> aparentemente felices a base de viajes a las Maldivas, <em>showrooms</em>, desayunos flotantes y fiestas exclusivas. Como sociedad ¿estamos de acuerdo en que nuestros niños y jóvenes aprendan a que está bien ser el producto? <strong>¿Es ético vender las emociones más íntimas?</strong> ¿Más primarias? ¿Es moralmente aceptable vender quiénes somos, lo que nos hace únicos? Vender sus almas es lo que les está destrozando. Y esto es “prostitución” emocional. </p><p>El problema del documental es que termina blanqueando una vez más el sistema que seduce a estos jóvenes. No trata la raíz de la cuestión. Que no es el algoritmo. Ni los sueldos. Ni las marcas. Ni sus egos. Ni los <em>haters</em>. La raíz del problema es que <strong>estamos dejando que niños y jóvenes “prostituyan” sus sentimientos</strong>. Y les estamos aplaudiendo. </p><p>Ana de Miguel narra de forma brillante en su libro <em>El mito de la libre elección</em> cómo la ideología neoliberal tiene el objetivo de convertir la vida en mercancía, incluso a los seres humanos. Primero llegó la conversión de los cuerpos de las mujeres en mercancía que nos hizo creer que ya éramos libres de elegir vivir de nuestros cuerpos. <strong>Y ahora el capitalismo nos está haciendo creer que somos libres de vender nuestras emociones</strong>. Y por mucha terapia que luego hagan estos niños y jóvenes, no podrán aspirar a la felicidad vendiendo su propia esencia. Porque somos nuestras sensaciones, sentimientos, necesidades, intereses y deseos. Somos lo que conformamos como nuestro mundo interior. En este sentido, el manejo de las emociones es una condición necesaria para <strong>lograr el equilibrio y el bienestar psicológico en nuestras vidas</strong>. </p><p>Porque las emociones <strong>juegan un papel central en nuestras vidas y en nuestro desarrollo como personas</strong>. Sobre todo, en la vida de los menores. Porque hablar de emociones es hablar de la vida misma. Y de nuestra integridad. </p><p>-------------------------------------------------------------------------------------</p><p><em><strong>Ana Martínez Villar</strong></em><em> es consultora de comunicación y socia de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Mar 2023 20:34:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Martínez Villar]]></author>
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