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    <title><![CDATA[infoLibre - José Denis Cruz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/jose-denis-cruz/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - José Denis Cruz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La derecha, la izquierda y los venezolanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/derecha-izquierda-venezolanos_129_2187713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La derecha, la izquierda y los venezolanos"></p><p>Hace tiempo quería escribir esto.</p><p>Para empezar, quiero dejar claro que <strong>me considero una persona de izquierda y que respaldo y reconozco la lucha por la democracia en Venezuela de María Corina Machado</strong>, aunque estemos en las antípodas ideológicamente hablando. Más allá de lo que cada uno piense sobre la estrategia política de Machado,<strong> lo que me inquieta es el rechazo a todo el colectivo venezolano, en América Latina y España</strong>.</p><p>La mayoría de los venezolanos que viven en España y Estados Unidos son simpatizantes de la derecha, al igual que miles de nicaragüenses y cubanos que han huido de<strong> regímenes de pseudoizquierda</strong>. </p><p>La reciente visita de la señora Machado a España, un despropósito al desdeñar reunirse con el Gobierno, ha generado una serie de comentarios contra los venezolanos que, desafortunadamente, me ha tocado escuchar.</p><p>“Qué pesados los venezolanos” es una de las expresiones que más recuerdo ahora. Esto no es nuevo.</p><p>Hace algunos meses, un periodista de izquierda publicó un artículo de opinión en el que, sin ahorrar calificativos, tildó a los venezolanos como <strong>“gusanera fascista” y “escoria desagradecida”</strong>. La propia Federación de Asociaciones de Periodistas de España dictaminó que ese texto “no respeta la normativa deontológica”, al “insultar y menospreciar” a los inmigrantes solo porque no piensan igual.</p><p>Se puede discrepar. De hecho, eso es lo que más valoro de la democracia. Lo que no se puede es ampararnos en la libertad de expresión para criticar desde las bilis y usar expresiones que rayan en lo xenófobo. Y menos cuando no se conocen las experiencias vitales de ese colectivo. Experiencias que también han vivido los cubanos y nicaragüenses y a los que muchas veces se les cuestiona por situarse ideológicamente en el espectro de la derecha.</p><p>Tenía ganas de escribir esto porque mis compatriotas nicaragüenses son igual de derecha que los venezolanos. <strong>La mayoría no simpatiza con esta izquierda española y se niega a entender que no es la misma que nos gobierna en Nicaragua</strong>.</p><p>Y yo me siento un poco incómodo cuando en mi entorno se empieza a despotricar contra los venezolanos. <strong>Estamos atravesados por la misma desgracia del autoritarismo</strong>, guardando las distancias.</p><p>Hay que asumir y comprender que<strong> los regímenes de Nicaragua, Cuba y Venezuela han cometido graves violaciones a los derechos humanos</strong> y han cercenado las frágiles democracias para convertir esas naciones en dictaduras, como las de derecha del siglo pasado en América Latina, promovidas por Estados Unidos.</p><p>La izquierda española ha sido incapaz de reconocer que un sector de la “izquierda” latinoamericana tiene un perfil autoritario. No es cuestión de ideología, es una cuestión de democracia y dictadura. <strong>Las dictaduras se condenan, sean de izquierda o de derecha</strong>.</p><p>Así que los venezolanos simpatizan con los partidos que condenan el régimen del que huyen. Claramente, la derecha usa el tema de las dictaduras latinoamericanas de izquierda para sus propios intereses, y poco les importa su situación.</p><p>Lo mismo pasa con mis compatriotas nicaragüenses. Si lo que conocen de la izquierda es el autoritarismo, es comprensible que quieran otra opción ideológica. Esto puede que sea un argumento simplista, dependiendo del prisma desde donde se quiera ver.</p><p>Sin embargo, esa derecha a la que apoyan es la primera que los expulsaría. Ya lo ha hecho Donald Trump en Estados Unidos, y en España, el Partido Popular y Vox, derechas, se oponen a la regularización masiva que ha impulsado el Gobierno y que sacará de la irregularidad a miles de inmigrantes.</p><p>Vox y el Partido Popular enarbolan la consigna de “dar prioridad a los ciudadanos españoles frente a los extranjeros”.</p><p>Estamos llegando al momento en que<strong> los latinoamericanos también están resultando incómodos</strong>. Por tanto, los venezolanos y nicaragüenses debemos reconocer qué partidos políticos han impulsado iniciativas que nos benefician en términos de derechos.</p><p>Por ejemplo, el gobierno español de Pedro Sánchez otorgó la residencia por razones humanitarias a miles de venezolanos desde 2018. La derecha jamás habría aprobado cosa semejante.</p><p>Sánchez también ha otorgado la nacionalidad española a nicaragüenses a los que el dictador Daniel Ortega ha dejado apátridas.</p><p><strong>Lo que le ha faltado a la izquierda es el valor para condenar a las dictaduras latinoamericanas</strong>. La derecha, en cambio, utiliza nuestras tragedias para infundir miedo. Hay hipocresía de ambos lados.</p><p>En el caso de la izquierda española, aún romantiza las revoluciones cubanas y sandinistas, que fueron un halo de cambio en el siglo pasado, pero que tristemente derivaron en autoritarismo. Además, suele exigir una pureza ideológica al migrante venezolano que ella misma no se aplica.</p><p>A los venezolanos se les ataca de una forma peligrosa y cada vez más normalizada. Suelo callar cuando escucho comentarios negativos hacia ellos porque hay días en que no tengo energía para entrar en debates que requieren comprender otros contextos. Los españoles que los critican, no hablo de todos en general, no empatizan con su drama.</p><p>Critican desde la comodidad de la democracia. Que andan con banderas, que votan a la derecha. Reducen un tema complejo a lo más simple.</p><p>Omiten que detrás de esa persona que va a la Puerta del Sol en Madrid con su pabellón nacional está la historia de un inmigrante que vivió represión por el solo hecho de defender la democracia, por ejemplificar. Y seguramente hay historias más dramáticas: gente que vio a los suyos morir por fuerzas militares o paramilitares chavistas, periodistas que dejaron sus redacciones y que valientemente siguen denunciando desde su exilio.</p><p>Muchas veces se cree que todos los venezolanos viven en el barrio rico Salamanca, en Madrid. Y no. Seguramente vivirán muchos, pero esa es una élite reducida. No representan al exilio venezolano en su totalidad.</p><p>Un chico venezolano con el que estuve saliendo el año pasado me contó que antes de viajar a España estuvo viviendo en Colombia. Llegó a ese país por la frontera de Cúcuta, caminando por varios días por veredas y carreteras. Sus pies tenían llagas al terminar esa odisea. Desde hace cuatro años vive en el barrio obrero de Usera.</p><p>Me contó su periplo, un día de verano mientras viajábamos en un bus por Madrid, tras cuestionarle que simpatizara con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.</p><p>Al escuchar su historia, pensé en todas las veces que he escuchado comentarios despectivos sobre los venezolanos en España. Pensé en quienes los llaman pesados, exagerados. Pensé en quienes reducen su dolor a una consigna política o a un estereotipo ideológico. </p><p><strong>Los venezolanos no son caricaturas políticas. Son personas que tuvieron que reinventar su vida lejos de su país</strong>. Tal vez por eso me repudia tanto escuchar el desprecio con el que algunos se refieren a ellos. Cuando alguien dice “qué pesados los venezolanos”, lo que en realidad está diciendo —aunque no lo sepa— es que no quiere escuchar las razones por las que esa gente tuvo que huir y por qué votaría a la derecha. Es un juicio rápido. </p><p>Y ahí está el fondo de todo esto: no se trata de estar de acuerdo con sus ideas políticas, ni de votar lo mismo que ellos, ni siquiera de simpatizar con la señora Machado. Se trata de algo mucho más básico: <strong>reconocer su historia y su derecho a ser escuchados sin ser insultados</strong>.</p><p>Nadie camina durante días con los pies llenos de llagas por capricho. <strong>Nadie abandona su país, su familia y su vida por gusto</strong>. Se van por necesidad, por miedo. Se van, muchas veces, para sobrevivir.</p><p>Ese chico venezolano que conocí al final de su testimonio me dijo, y tengo sus palabras haciéndome eco:</p><p>—Ya te di mis razones. ¿Ahora decime por qué debo votar lo contrario?</p><p>Se las di.</p><p>A los migrantes y exiliados de Venezuela, Cuba y Nicaragua les digo que deben reflexionar sobre a qué partido apoyar desde su condición de extranjeros, migrantes o refugiados.</p><p>A los españoles: cuando se escucha la experiencia vital del exilio, esa herida de pérdida, la ideología no deja de ser más que un capricho.</p><p>Y si esto que escribo a los dogmáticos les parece ingenuo o una contradicción, me da igual. Hay cosas que necesito escribir.</p><p> ______________________________________</p><p><em><strong>José Denis Cruz </strong></em><em>es periodista nicaragüense exiliado en España. Es miembro de la Asociación Centroamericana para la Democracia y el Desarrollo y coordinador de Casa Centroamérica en España.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 14:07:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Denis Cruz]]></author>
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      <title><![CDATA[Repensar Centroamérica desde el exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/repensar-centroamerica-exilio_129_2097447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El exilio no es una experiencia exclusiva de Nicaragua. Es una circunstancia —y un problema— de dimensión regional que atraviesa a <strong>miles de centroamericanos</strong> que nos hemos visto forzados a abandonar nuestros países por razones políticas. Conviene, por tanto, que hablemos del exilio centroamericano, que lo nombremos, que lo asumamos y que <strong>lo redignifiquemos</strong>.</p><p>El exilio es desarraigo, pero también es memoria, resistencia y reconstrucción. Y en ese ejercicio de resistencia surge la oportunidad de repensar una Centroamérica distinta: una <strong>justa, democrática y libre.</strong> Bajo esa convicción, un grupo de nicaragüenses hemos decidido establecer las bases de un espacio colectivo en España donde confluyan la memoria y el futuro, el pensamiento y el diálogo. </p><p>Hace casi un año comenzamos a idear Casa Centroamérica en España como<strong> un punto de encuentro para las diásporas</strong>. No solo para los que nos hemos ido por la persecución política de nuestros gobiernos, sino para quienes han tenido que dejar sus hogares en busca de las oportunidades que no encuentran en sus territorios. Pese a que somos <strong>casi 300.000 centroamericanos en España</strong> —compartiendo diferentes experiencias migratorias— no contamos con un espacio común que nos represente, que articule nuestras voces, nuestra historia y nuestra cultura.</p><p>Por eso, este 18 de noviembre presentamos la página web de<strong> </strong><a href="https://acentroamerica.org/" target="_blank" >Casa Centroamérica en España</a><strong> </strong>y organizamos nuestro primer evento público en Madrid con la proyección de <a href="https://www.casamerica.es/cine/la-tierra-del-exilio" target="_blank"><em>La Tierra del Exilio</em></a>, un documental que retrata el impacto del exilio y la lucha constante de comunidades indígenas y campesinas nicaragüenses desplazadas a Costa Rica. </p><p>Casa Centroamérica en España, en su fase digital, nace en un contexto en que la región se encuentra <strong>profundamente fracturada</strong>, marcada por el autoritarismo, la desigualdad y el desplazamiento. Los nicaragüenses huimos de la dictadura criminal de Daniel Ortega y Rosario Murillo; los defensores de derechos humanos, y también periodistas, salvadoreños huyen de la persecución feroz de Nayib Bukele, y los fiscales y periodistas guatemaltecos huyen del<strong> acoso judicial </strong>promovido por el Ministerio Público que dirige Consuelo Porras. </p><p>Y miles de centroamericanos siguen huyendo de la pobreza y la violencia estructurales de la que nuestra región es víctima <strong>desde hace varias décadas</strong>. </p><p>Este panorama no excluye a los países tradicionalmente considerados estables. Si antes Costa Rica era el faro democrático de la región, <strong>hoy ya no lo es</strong>. Los centroamericanos mirábamos al pequeño vecino como una democracia plena, sin embargo actualmente asistimos a un retroceso sin precedentes cuyo principal responsable es el presidente Rodrigo Chaves, quien <strong>amenaza la libertad de prensa </strong>y la separación de poderes. </p><p>Un reciente informe del Consejo Nacional de Rectores de Costa Rica advertía que Centroamérica y República Dominicana atraviesan por “la peor y más peligrosa situación política desde los conflictos militares <strong>de la década de los 80</strong>”. El contexto regional no es nada optimista. Estamos ante procesos de regresión democrática o autocratización.</p><p>El panorama es sombrío. Y aun así, hay una generación de jóvenes centroamericanos, de la que soy parte, que hemos decidido ver con esperanza a la región. Seguimos creyendo y<strong> apostando por esa faja de tierra</strong> que une el norte y el sur del continente y que conocemos como Centroamérica. </p><p>Los que nos hemos tenido que ir queremos que los estados de acogida entiendan que detrás de cada persona migrante o exiliada hay una historia de país, de derechos humanos, de memoria, de dignidad. Desde el exilio podemos proponer <strong>una nueva mirada sobre el istmo</strong>: una mirada que no se limite al drama ni a una cifra. </p><p>Así, la Casa apuesta a que se dialogue y se rompa esa simplificación que se tiene sobre Centroamérica. No somos un bloque homogéneo, sino un territorio de <strong>enorme diversidad cultural</strong>, política y humana. </p><p>El escritor argentino Juan Gelman decía que no hay que olvidar el exilio ni las razones del exilio. Y eso es lo que estamos haciendo.</p><p>Por ahora inauguramos un espacio digital, pero la meta es que los centroamericanos tengamos esa sede física en la que vamos a encontrarnos, <strong>en la que vamos a cuidarnos</strong>. En la que vamos a repensar Centroamérica con esperanza. </p><p>______________________________________</p><p><em><strong>José Denis Cruz </strong></em><em>es periodista nicaragüense exiliado en España y coordinador de Casa Centroamérica. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 05:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Denis Cruz]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[América,Latinoamérica,Nicaragua,Migración,Migrantes,Exilio,España]]></media:keywords>
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