<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Jorge Fabra Utray]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/jorge-fabra-utray/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Jorge Fabra Utray]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Energía y autonomía estratégica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/energia-autonomia-estrategica_129_2136722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/df8e68dd-fe53-4265-bf5b-a41e1fdb2538_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Energía y autonomía estratégica"></p><p>La irrupción disruptiva en el panorama internacional de las políticas y comportamientos <strong>de la administración Trump</strong> ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de que la Unión Europea refuerce<strong> su autonomía estratégica </strong>en los ámbitos político, económico y militar. La utilización de los aranceles como amenaza, como relato, como castigo; las imposiciones <strong>en el seno de la OTAN </strong>de porcentajes de compra de armas, de petróleo y de gas; la ruptura de las normas aceptadas en las relaciones internacionales como ha sido puesto de manifiesto —y con violencia— en Venezuela, <strong>también con Groenlandia</strong>; el sostenimiento del Gobierno de Netanyahu en sus acciones genocidas en Palestina; la complicidad con Rusia en la guerra de Ucrania; el recurso a la represión con "camisas pardas" como instrumento de su política interna… han derrumbado la credibilidad de Estados Unidos ante Europa como socio y aliado confiable. Ante esta situación, Europa está obligada a replantear <strong>los fundamentos de su seguridad</strong>. </p><p>Con independencia del signo de sus futuras administraciones, es difícil imaginar qué podría pasar y durante cuánto tiempo para que fuera posible que Europa pudiera recuperar la confianza perdida en los Estados Unidos de América del Norte. Avanzar hacia una auténtica<strong> autonomía estratégica</strong> es una condición imprescindible para reducir la vulnerabilidad estructural de Europa frente a la volatilidad política y económica de Estados Unidos. </p><p>Desde la perspectiva de <strong>los valores democráticos</strong> compartidos por los Estados miembros de la UE, la seguridad no puede limitarse, de ninguna manera, sólo a la defensa militar. Implica, de manera muy principal también, la preservación y el fortalecimiento del Estado del Bienestar; la defensa de reglas previsibles en las relaciones internacionales; <strong>la independencia industrial</strong> basada en una mayor competitividad en la producción y el suministro de bienes y servicios esenciales; y la puesta en común de las capacidades que en todos los órdenes tengan los Estados de la Unión Europea, desde luego la militar, pero no sólo.</p><p>Uno de los elementos centrales de la autonomía estratégica es el acceso y la disponibilidad de energía <strong>con costes competitivos</strong>. La energía impregna todas las actividades de la sociedad: la economía de las familias, la competitividad de las empresas de los tres sectores y afecta a variables básicas de la estabilidad y del crecimiento de la riqueza de las naciones. Baste con mencionar su impacto en la inflación.  </p><p>Y en el centro de la energía<strong> está la electricidad.</strong></p><p>La electricidad es un vector energético al que pueden transformarse las principales fuentes primarias de energía: biomasa, carbón, gas, petróleo, nuclear, hidráulica, eólica, geotermia, solar térmica, fotovoltaica… No hay ninguna energía primaria relevante que no pueda transformarse en electricidad mediante una central eléctrica <strong>con la tecnología apropiada</strong>. Y si convenimos en que uno de los elementos centrales de la autonomía estratégica es el acceso seguro a la disponibilidad de energía con costes competitivos, tenemos que concluir que la electricidad <strong>es un vector fundamental </strong>para impulsar la autonomía estratégica de la UE.</p><p>Dependiente de las importaciones de gas natural y petróleo en porcentajes que se sitúan en torno al 90% de su consumo —<strong>EEUU y Rusia</strong> entre sus más importantes suministradores de combustibles fósiles— la UE está obligada, para mitigar su vulnerabilidad y su dependencia, a explotar fuentes energéticas primarias autóctonas que le permitan afianzar su propia autonomía. La energía hidroeléctrica, la energía eólica y la energía fotovoltaica,<strong> son recursos inagotables y autóctonos</strong>. </p><p>No sólo razones medioambientales están detrás de <strong>la transición energética</strong>, también razones económicas de primer orden y también, por consiguiente, razones geoestratégicas.</p><p>En fin, la electricidad es un insumo sistémico de la economía moderna y<strong> condiciona directamente</strong> la capacidad productiva, el bienestar social y la independencia.</p><p>Durante las últimas décadas, el mercado eléctrico europeo ha experimentado múltiples reformas regulatorias orientadas a fomentar la competencia y facilitar la integración de energías renovables. Sin embargo, estos cambios no siempre han producido los resultados esperados. <strong>La liberalización </strong>ha derivado, en muchos casos, en un mercado más complejo y opaco, con precios elevados y comportamientos extractivos por parte de los grandes operadores eléctricos, en detrimento de familias y empresas.</p><p><strong>El diseño marginalista </strong>del mercado eléctrico europeo ha demostrado ser especialmente problemático en contextos de crisis. Entre 2021 y 2023, el encarecimiento del gas derivado de <strong>la guerra en Ucrania</strong> se trasladó al precio de la electricidad, al fijarse este en función de la tecnología de mayor coste variable y marginal necesaria para cubrir la demanda, habitualmente los ciclos combinados de gas natural. Los precios llegaron a subir durante un largo periodo de tres años <strong>un 300%</strong> sobre los precios de la década anterior. El resultado ha sido pérdida de competitividad industrial, el deterioro del poder adquisitivo de los hogares y el aumento de <strong>la pobreza energética</strong>. Y no sólo en situaciones alteradas de los mercados de gas, también en situaciones más estables porque<strong> las centrales de gas</strong> —siempre y en cualquier circunstancia la de mayores costes— siguen fijando los precios que retribuyen a todas las centrales que concurren y completan el abastecimiento de la demanda. En definitiva, el diseño del mercado de electricidad, tal y como está regulado por la UE, <strong>deja a merced de los precios</strong> del gas ruso y estadounidense una parte nada despreciable de la competitividad de las economías de los Estados miembros. Y esto es dependencia y vulnerabilidad.</p><p>Las medidas paliativas adoptadas, como la denominada <strong>"Excepción Ibérica" </strong>(en el caso de España que fijaba un precio de referencia del gas —para el precio de la electricidad— por debajo de su precio en el mercado spot), <strong>y el mecanismo ARENH</strong> (<em>Accès Régulé à l’Énergie Nucleare Historique</em>) en el caso francés, sustituido desde el 1 de enero de 2026 por un nuevo mecanismo VNU (<em>Versement Nucléaire Universel</em>), han sido ejemplos que han aliviado<strong> parcialmente</strong> los efectos perturbadores del diseño europeo del mercado de la electricidad, pero no han corregido sus problemas estructurales dejando a Europa <strong>expuesta a futuras crisis</strong> con impactos similares y a una continua pérdida de competitividad.</p><p>Y si es así, ¿cuál es la razón que ha empujado a las autoridades reguladoras europeas y nacionales a diseñar un mercado de efectos<strong> tan perturbadores</strong>? </p><p>Uno de los principios que han estado presentes en la regulación eléctrica europea es <strong>la llamada "neutralidad tecnológica" </strong>—también llamado "<em>energy only market</em>"—, basada en la idea de que todos los kWh son equivalentes, que prestan el mismo servicio a los consumidores y que, por consiguiente, deben recibir el mismo tratamiento en el mercado. Lo contrario sería "discriminar" unas tecnologías frente a otras… y la "neutralidad" parece un valor positivo, un valor que se alza <strong>por encima de ideologías e intereses </strong>particulares… y la discriminación arrastra connotaciones negativas, resultado de prejuicios y de posiciones de dominio.</p><p>Sin embargo, esta premisa regulatoria —la neutralidad tecnológica— <strong>es profundamente engañosa</strong>. Aunque todos los kWh permitan su conversión en fuerza, luz, frio, calor, trabajo… la tecnología de las centrales eléctricas y las materias primas energéticas —carbón, uranio, gas, viento, sol…— que las diferentes centrales consumen para producir electricidad, tiene consecuencias económicas, sociales y ambientales muy distintas frente a las cuales <strong>no somos indiferentes</strong>. Ante la dependencia de combustibles fósiles importados, ante la creación de empleo de calidad, ante el impulso a la innovación, ante los diferentes costes de producción de electricidad entre unas centrales y otras, ante la concentración <strong>de poder económico </strong>en oligopolios que detentan tecnologías de generación eléctrica en las que no hay libertad de entrada (hidroelectricidad y centrales nucleares), ante las emisiones de gases de efecto invernadero,<strong> Europa no puede ser neutral</strong>. Las razones: la ecología, la economía y la independencia. En definitiva, la necesaria autonomía estratégica frente a un entorno internacional hostil.</p><p>Y la UE no puede ser neutral<strong> por una razón muy sencilla</strong>: los kWh producidos por las distintas centrales eléctricas<strong> no son iguales</strong> ante el Sistema Eléctrico, aunque lo parezcan. Y no son iguales porque:</p><p>Y al mismo tiempo, la electricidad es el vector más eficiente en la lucha <strong>contra el calentamiento global</strong>, el instrumento básico de la transición energética por su capacidad de suministrar energía a las actividades de nuestra sociedad minimizando el uso de fuentes primarias energéticas fósiles que pasan a ser sustituidas crecientemente por fuentes renovables. No. <strong>No podemos ser neutrales.</strong> El cambio climático constituye <strong>el mayor desafío sistémico</strong> de nuestro tiempo. Si no se reducen drásticamente las emisiones de CO₂ —al menos un 50% a nivel mundial y más del 80% en Europa <strong>para 2050</strong>—, los impactos sociales y económicos serán devastadores, con aumento de la pobreza y la desigualdad. Eficiencia económica y eficiencia ambiental son inseparables. No hay economía eficiente sin considerar los equilibrios ecológicos cuya desestabilización acarrearía <strong>costes inasumibles</strong>.</p><p>La transición energética no se producirá<strong> de forma espontánea</strong>. Requiere incentivos públicos claros —fiscales, regulatorios…— y, dada la excepcionalidad del reto, mecanismos de control frente a las resistencias corporativas, especialmente intensas en el sector energético. La naturaleza de la electricidad<strong> como bien esencial </strong>con efectos sistémicos sobre la sociedad, no puede abandonarse al juego de mercados diseñados bajo principios regulatorios, como el de la neutralidad tecnológica, que en su caso no aplican.</p><p>La aceleración de la transición hacia un modelo<strong> basado en energías renovables</strong> responde tanto a la urgencia climática como a la necesidad de reforzar la seguridad energética. No obstante, esta transformación plantea desafíos relevantes, especialmente en lo relativo a la estabilidad del suministro y a la gestión de la variabilidad propia de tecnologías como la eólica y la solar. Y aquí entra en juego<strong> el almacenamiento</strong> de la electricidad.</p><p>En un sistema eléctrico con <strong>más del 50%</strong> de generación eólica y fotovoltaica, el almacenamiento se convierte en <strong>un elemento clave</strong> para garantizar la estabilidad y la seguridad del suministro. Las baterías, el bombeo hidroeléctrico y otras tecnologías de almacenamiento (hidrógeno verde) permiten gestionar excedentes, cubrir déficits temporales y<strong> reducir la dependencia </strong>del gas.</p><p>A diferencia de<strong> las centrales nucleares</strong>, cuya operación es rígida y poco adaptable a la demanda, el almacenamiento aporta flexibilidad, evita vertidos de renovables, maximiza el aprovechamiento de la generación limpia y contribuye, más que ningún otro activo, a la estabilidad del Sistema Eléctrico, es decir, <strong>a la seguridad del suministro</strong>. Para ello, es imprescindible un marco regulatorio que incentive su despliegue a gran escala, incluyendo subastas específicas y un reconocimiento explícito de su valor sistémico. Un valor sistémico para la autonomía estratégica de la UE porque permitirá aumentar el abastecimiento renovable y autóctono —no dependiente <strong>del petróleo y del gas</strong>— de sus necesidades energéticas.</p><p><strong>Las centrales nucleares no son una alternativa</strong>. El envejecimiento del parque nuclear plantea riesgos crecientes en términos de seguridad, gestión de sus residuos, costes de mantenimiento e incertidumbre regulatoria. Además, la prolongación de la vida útil de estas centrales <strong>puede desincentivar la inversión</strong> en centrales renovables y en almacenamiento, al reducir el espacio disponible para su integración en el sistema y, por consiguiente, contribuir en el medio y largo plazo, a mayores precios de la electricidad (<a href="https://energyeconlab.com/research-lines/" target="_blank" >The Price and Emissions Effects of Extending Nuclear Lifetimes: Evidence from Spain</a>. Natalia Fabra14-I-2026)</p><p>Para garantizar una transición energética sostenible y competitiva, <strong>resulta imprescindible</strong>:</p><p>El actual diseño del <strong>mercado eléctrico europeo</strong> está socavando la competitividad industrial y el bienestar de los consumidores, con especial intensidad<strong> en países como España</strong>. La transición energética debe abordarse de manera estratégica, alineando los precios de la electricidad con los costes reales de su generación y los objetivos climáticos. Si Europa no adopta reformas ambiciosas y coherentes en el complejo y amplio sector de la energía, corre el riesgo de <strong>quedar rezagada</strong> en la descarbonización, perder autonomía estratégica y comprometer su modelo social. Reformas ambiciosas que, si siempre han sido necesarias, lo son <strong>ahora más que nunca</strong> ante el entorno internacional hostil generado con la irrupción disruptiva de las políticas y comportamientos de la administración Trump.</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Jorge Fabra Utray </strong></em><em>es economista y Doctor en Derecho, presidente de Economistas Frente a la Crisis.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[31432422-64b6-46f0-855c-834079ef8d34]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 05:01:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jorge Fabra Utray]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/df8e68dd-fe53-4265-bf5b-a41e1fdb2538_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2298841" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/df8e68dd-fe53-4265-bf5b-a41e1fdb2538_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2298841" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Energía y autonomía estratégica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/df8e68dd-fe53-4265-bf5b-a41e1fdb2538_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Energía,Energía nuclear,Energías renovables,Energía eléctrica,Energía solar,Fuentes energía,Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
