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    <title><![CDATA[infoLibre - Firouz Mahvi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/firouz-mahvi/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Firouz Mahvi]]></description>
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      <title><![CDATA[Irán en una encrucijada: tras el levantamiento y la muerte de Jamenei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/iran-encrucijada-levantamiento-muerte-jamenei_129_2153899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/712df70e-b720-44b2-8d54-6e7ec882c63e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irán en una encrucijada: tras el levantamiento y la muerte de Jamenei"></p><p>Irán se encuentra en un <strong>punto de inflexión histórico.</strong> El levantamiento de enero, respondido con matanzas masivas ordenadas por <strong>Alí Jamenei, </strong>dejó al descubierto la dependencia última del régimen de la fuerza bruta. Semanas después, estallaron enfrentamientos armados entre valientes miembros de las <strong>unidades de resistencia</strong> y la <strong>guardia revolucionaria </strong>en el corazón del distrito de Pasteur, la residencia de Jamenei, en Teherán. Cinco días después llegó la noticia sin precedentes: <strong>Jamenei ha muerto.</strong> Para muchos iraníes, este momento no señala simplemente el fin de un dirigente, sino el <strong>posible colapso de una doctrina política</strong> que ha definido al país durante casi medio siglo.</p><p>Las protestas de enero no fueron disturbios aislados. Reflejaban años de ira acumulada por la represión, las dificultades económicas y la concentración del poder bajo el <em>velayat-e faqih</em> —el gobierno clerical absoluto—. <strong>El régimen respondió con fuerza letal,</strong> intentando restablecer el miedo como sustituto del consentimiento. Sin embargo, la represión no logró restaurar la estabilidad.</p><p>El ataque del 23 de febrero, por unidades de resistencia de la <strong>Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI o MEK), </strong>al complejo de Jamenei en Teherán dejó al régimen en shock. Aunque resulta difícil verificar de manera independiente todos los detalles, el simbolismo fue inequívoco: el aura de <strong>invulnerabilidad </strong>que rodeaba al núcleo del régimen quedó perforada.</p><p><strong>Maryam Rajavi, </strong>presidenta electa del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní (CNRI), declaró que la <strong>muerte de Jamenei marcaba “la muerte de la tiranía religiosa” </strong>y el fin del sistema construido en torno a él. Reiteró que solo el pueblo iraní tiene la legitimidad para determinar el futuro político de su país y que la oposición no busca tropas extranjeras ni tutela externa.</p><p>Poco antes, el CNRI había anunciado la formación de un gobierno provisional encargado de transferir la soberanía al pueblo y organizar elecciones libres en un plazo de seis meses. La propuesta se basa en un <strong>Plan de Diez Puntos </strong>que defiende el pluralismo, la libertad de expresión, la igualdad de género, un poder judicial independiente, la separación entre religión y Estado, y un Irán no nuclear. </p><p>Durante el levantamiento de enero, el pueblo iraní, con lemas corrientes en las calles como “Abajo el dictador, sea el sha o el mulá”, rechazó explícitamente tanto la <strong>dictadura clerical</strong> como un <strong>retorno a la dictadura del Sha,</strong> derrocada hace 47 años.</p><p>La resistencia iraní ha presentado este momento como una <strong>transición </strong>y <strong>no como una toma del poder</strong>, subrayando que la autoridad provisional sería temporal y estaría vinculada a una reforma constitucional y a elecciones. La insistencia en plazos definidos y en una asamblea constituyente pretende <strong>diferenciar este proyecto de los ciclos autoritarios </strong>que han marcado la historia contemporánea de Irán.</p><p>Sobre el terreno, las Unidades de Resistencia dirigidas por el OMPI han ganado<strong> visibilidad.</strong> En Teherán y otras grandes ciudades han aparecido pancartas que proclaman<strong> el fin de toda forma de dictadura, </strong>ya sea religiosa o monárquica. Estas acciones coordinadas sugieren un grado de organización que va más allá de la protesta espontánea. Sus partidarios sostienen que estas redes podrían <strong>contribuir a mantener el orden durante una transición frágil; </strong>sus críticos cuestionan su capacidad y representatividad. En cualquier caso, su presencia forma parte de la ecuación política actual.</p><p>La situación regional añade complejidad. El ataque del sábado por la mañana, que desencadenó hostilidades abiertas vinculadas a los programas nuclear y de misiles del régimen, ha introducido una<strong> dimensión militar peligrosa.</strong> La señora Rajavi ha instado a todas las partes a evitar daños a la población civil y a las infraestructuras, al tiempo que mantiene que la solución a largo plazo para Irán reside en un <strong>cambio político interno</strong> y no en una intervención extranjera.</p><p>Las reacciones dentro de Irán han oscilado entre la <strong>cautela </strong>y la <strong>celebración discreta.</strong> Para algunos, la muerte del Líder Supremo elimina un poderoso símbolo de represión; para otros, predomina la incertidumbre. La cuestión clave es si el aparato de seguridad del régimen se fragmentará, se consolidará bajo un <strong>nuevo liderazgo</strong> o negociará <strong>elementos de transición.</strong></p><p>Irán se enfrenta ahora a dos grandes posibilidades. Una es una<strong> inestabilidad prolongada,</strong> marcada por luchas internas y el riesgo de un autoritarismo renovado bajo otra forma. La otra es una <strong>transición gestionada hacia un marco democrático y laico.</strong> El desenlace dependerá menos de la retórica que de la organización política, la coherencia institucional y el equilibrio de fuerzas dentro del país.</p><p>Lo que está claro es que se ha roto una barrera psicológica. El levantamiento de enero, los enfrentamientos en Teherán y la muerte de Jamenei han transformado el panorama político. Si esta ruptura conduce a una<strong> reforma sostenible o a nuevas turbulencias</strong> se decidirá no fuera, sino dentro de Irán.</p><p>__________________________________</p><p><em><strong>Firouz Mahvi </strong></em><em>es analista especializado en asuntos de Irán, derechos humanos y política europea.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2026 05:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Firouz Mahvi]]></author>
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      <title><![CDATA[Secuestrar el levantamiento iraní: los riesgos de personalizar una revuelta republicana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/secuestrar-levantamiento-irani-riesgos-personalizar-revuelta-republicana_129_2149982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80bf89c9-2d76-4ea5-9a14-214247b32eca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Secuestrar el levantamiento iraní: los riesgos de personalizar una revuelta republicana"></p><p>Europa tiene un reflejo recurrente en momentos de<strong> crisis política en el extranjero:</strong> la búsqueda de un rostro único que encarne movimientos sociales complejos. En el caso del<strong> levantamiento iraní de 2026,</strong> ese impulso se ha traducido en la rápida elevación de figuras en el exilio como presuntos “líderes” de una revuelta que se desarrolla dentro del país. Pero<strong> la visibilidad exterior no equivale a legitimidad </strong>organizativa en el interior.</p><p>El levantamiento nacional que sacudió Irán a finales de 2025 y comienzos de 2026 ha sido uno de los episodios políticos más relevantes desde 1979. Lo que comenzó como<strong> protestas contra el colapso económico y la corrupción</strong> evolucionó hacia una <strong>rebelión extendida</strong> a las 31 provincias del país. Los manifestantes rechazaron la dictadura en todas sus formas y exigieron una república democrática. La represión del régimen reveló la profundidad del descontento y la crisis estructural de la República Islámica.</p><p>A diferencia de anteriores olas de protesta, esta insurrección mostró signos de <strong>coordinación política.</strong> Las autoridades iraníes denunciaron reiteradamente la implicación de redes clandestinas asociadas a las unidades de resistencia de la<strong> Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán, </strong>lo que refleja un reconocimiento involuntario del régimen de que existen estructuras políticas organizadas dentro del país. Las protestas no fueron meros estallidos espontáneos, sino la<strong> expresión de demandas políticas acumuladas</strong> y de una creciente conciencia republicana.</p><p>Un lema condensó el espíritu del movimiento: “<em>Abajo el opresor, sea el Sha o el Ayatolá</em>”. No era una llamada a restaurar el pasado ni una petición de intervención extranjera. Era el<strong> rechazo del autoritarismo</strong> en todas sus formas y una afirmación de autodeterminación.</p><p>Sin embargo, fuera de Irán la imagen ha sido con<strong> frecuencia distorsionada. </strong>A medida que la movilización se intensificaba, ganó fuerza en medios occidentales y círculos políticos la búsqueda de un “líder de la oposición” único en el exilio. Esa proyección ha contado además con una <strong>amplificación constante </strong>en medios en lengua persa como <em>BBC Persian</em> y la cadena <em>Iran International</em>, financiada por capital saudí, que han contribuido a consolidar su perfil como referencia exterior.</p><p>Durante la crisis de enero defendió públicamente “acciones sobre Irán” que muchos ciudadanos dentro del país observan con cautela. En las calles iraníes, el discurso dominante ha rechazado tanto la dictadura como la<strong> intervención militar externa,</strong> insistiendo en un cambio impulsado desde dentro.</p><p>La<strong> sobredimensión de la diáspora</strong> también ha condicionado las percepciones. Las cifras de la concentración pro-Pahlavi del 14 de febrero en Múnich fueron ampliamente infladas a nivel internacional y posteriormente cuestionadas por la prensa alemana mediante análisis técnicos que redujeron la asistencia anunciada. El episodio muestra cómo el <strong>espectáculo exterior puede cristalizar en narrativas políticas </strong>que proyectan una imagen de liderazgo consolidado no necesariamente respaldada por la realidad sobre el terreno.</p><p>En ese mismo acto, un orador invocó la fórmula “<em>una patria, una bandera, un líder</em>” en referencia a<strong> Pahlavi, </strong>una construcción con similitudes estructurales con el eslogan nazi “<em>Ein Volk, ein Reich, ein Führer</em>”. En el contexto alemán, esa retórica evoca <strong>asociaciones inquietantes </strong>y remite a estéticas políticas vinculadas al neofascismo.</p><p>Un contraste significativo se observó en la concentración del 7 de febrero en Berlín. Representantes de <strong>movimientos kurdos, grupos republicanos de izquierda y liberales, asociaciones de mujeres y redes cívicas</strong> se reunieron bajo un lema ampliamente coreado dentro de Irán: “<em>Ni Sha ni mulás, hacia una república democrática y laica</em>”. El énfasis no estaba en restaurar una dinastía ni en aglutinarse en torno a un título heredado, sino en<strong> construir un futuro </strong>basado en la igualdad, el laicismo y el pluralismo político.</p><p>Esta distinción es fundamental. Las transiciones democráticas no se construyen en torno a la visibilidad personal ni a la continuidad dinástica. Se articulan mediante movimientos organizados y compromisos institucionales. <strong>Confundir claridad mediática con profundidad política </strong>puede conducir a diagnósticos erróneos.</p><p>El panorama opositor iraní no carece de plataformas organizadas. Entre ellas, <strong>el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán,</strong> impulsor de la concentración de Berlín, ha articulado un marco transitorio centrado en la movilización interna más que en la intervención extranjera, defendiendo la <strong>separación entre religión y Estado, la igualdad de género y la abolición de la pena de muerte.</strong> Tales propuestas merecen ser evaluadas por su programa y su profundidad organizativa, no por su visibilidad mediática.</p><p>Para Europa, las implicaciones son claras. El compromiso diplomático, la política de sanciones y cualquier eventual apoyo a una transición dependen de una evaluación rigurosa de qué actores cuentan con capacidad real dentro de Irán. Confundir el espectáculo exterior con legitimidad interna puede <strong>distorsionar decisiones políticas</strong> y reforzar involuntariamente la narrativa del régimen de que la oposición es un producto fabricado desde fuera.</p><p>El levantamiento iraní de 2026 no es una <strong>disputa sobre quién hereda el poder,</strong> sino sobre si el poder será responsable ante la ciudadanía. Las consignas que resuenan en las calles rechazan tanto la teocracia como la monarquía porque, en Irán, ambas representan el autoritarismo. </p><p>El futuro de Irán no lo decidirán <strong>títulos heredados ni ópticas amplificadas </strong>desde la diáspora, sino fuerzas pluralistas capaces de transformar la protesta en una república democrática.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Firouz Mahvi </strong></em><em>es analista especializado en asuntos de Irán, derechos humanos y política europea. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Feb 2026 05:00:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Firouz Mahvi]]></author>
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