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    <title><![CDATA[infoLibre - Vanessa Casado Caballero]]></title>
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      <title><![CDATA[Las mujeres en su sitio... El que decidan ellos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mujeres-sitio-decidan_129_2166707.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0a0f101e-be2d-44fc-a5a2-a6e33d519f42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres en su sitio... El que decidan ellos"></p><p>El pasado fin de semana, la sociedad española volvió a sufrir —<strong>no siempre con la misma intensidad</strong>— dos nuevos crímenes machistas. Una<strong> mujer de 42 años fue asesinada</strong> a tiros por su expareja en Zaragoza. Con ella, son ya <strong>14 las mujeres asesinadas en lo que va de 2026</strong>. El mismo día, en Alicante, un padre ahorcó a su hija de<strong> tan solo tres años</strong>. Son ya tres menores víctimas de esta violencia en el mismo periodo.</p><p>No es un dato menor que ambos agresores decidieran <strong>quitarse la vida después de cometer los crímenes, y no antes</strong>. En ese gesto final subyace una lógica profundamente arraigada: la de “<strong>poner las cosas en su sitio</strong>” y evitar, al mismo tiempo, las consecuencias de sus actos. No se trata de arrebatos sino de decisiones.</p><p>Asistimos a un repunte de <strong>feminicidios e infanticidios</strong> en el contexto de la violencia de género, acompañado además de una <strong>mayor brutalidad </strong>en su ejecución. Y, aunque resulte <strong>incómodo</strong> decirlo, era esperable. Numerosas voces expertas advierten de un efecto de refuerzo: algunos agresores <strong>encuentran legitimación en los crímenes previos</strong>, en la constatación de que otros han llevado a cabo aquello que ellos fantaseaban. Contar las víctimas <strong>es imprescindible para dimensionar la tragedia</strong>, pero también nos obliga a reflexionar sobre los efectos que esa visibilidad puede generar.</p><p>Sin embargo, lo verdaderamente peligroso es que <strong>el machismo no se alimenta únicamente de dinámicas individuales</strong>. Su verdadera fortaleza es colectiva. Se sostiene, se financia y se reproduce con eficacia. <strong>Como una planta bien enraizada</strong>, apenas necesita cuidados para seguir creciendo: el sustrato —<strong>un sistema heteropatriarcal </strong>profundamente imbricado en lo económico y lo cultural— ya está ahí.</p><p>Se habla, con razón, de<strong> la </strong><em><strong>machosfera</strong></em> y preocupan los<strong> discursos misóginos que circulan entre la juventud</strong>, envueltos en una estética de rebeldía o de supuesto despertar crítico. Inquieta también ver cómo algunas jóvenes <strong>abrazan la </strong><em><strong>femiesfera</strong></em><strong> y sus narrativas</strong> de retorno a lo doméstico, a roles tradicionales y a modelos profundamente desiguales. Todo ello<strong> es grave</strong>. Pero no es lo esencial.</p><p>El problema no es solo el “cómo”, sino el “<strong>para qué</strong>”. Las campañas de descrédito del feminismo —y, por tanto, de<strong> la igualdad como valor democrático</strong>— no son fenómenos aislados. Se articulan desde estrategias culturales, mediáticas y también políticas que están no sólo planificadas sino <strong>muy bien financiadas</strong>. Determinados sectores de la derecha extrema y la extrema derecha impulsan, mediante <strong>la desinformación y el odio</strong>, el desmontaje de los mecanismos que garantizan los derechos fundamentales de las mujeres.</p><p>Y conviene entender que el objetivo<strong> no es solo la igualdad de género</strong> aunque el feminismo sea el principal enemigo a batir. Existe una intensificación de la promoción del odio <strong>hacia personas migrantes</strong>, especialmente si son musulmanas; hacia quienes pertenecen a<strong> minorías religiosas</strong>; hacia las personas racializadas; hacia<strong> el colectivo LGTBI</strong>; hacia quienes viven en la pobreza; hacia las personas con discapacidad o las personas mayores. </p><p>Y quizá <strong>el odio es el fin en sí mismo</strong> y no un efecto colateral de nada. El odio resulta funcional <strong>para quienes necesitan la confrontación</strong> y la deshumanización como base de su proyecto y por lo tanto es una<strong> herramienta política fundamental en los regímenes fascistas</strong>. Por eso, el feminismo se convierte en objetivo prioritario: porque ha demostrado ser <strong>un movimiento sólido, transversal y profundamente igualitario</strong>, capaz de integrar múltiples luchas contra la opresión.</p><p>En apenas unos años, hemos pasado de un machismo que operaba<strong> de forma soterrada </strong>a otro que<strong> se exhibe sin complejos</strong>. Por eso, ya no es extraño que más del doble de los cofrades con <strong>“derecho” a voto</strong> de una pequeña hermandad en Sagunto decidan que las mujeres y niñas que profesan su misma devoción deban dedicarse a otras cosas, y que lo decidan a puerta cerrada, entre aplausos e incluso alguno de ellos con cierto <strong>tono chulesco y desafiante </strong>en la explicación pública de ese posicionamiento. </p><p>Por eso,<strong> no toda la sociedad reacciona con horror</strong> ante cada nuevo asesinato. Crece también el número de quienes<strong> miran hacia otro lado</strong>, relativizan o incluso difunden consignas como <strong>“todas mienten”</strong>, contribuyendo a erosionar la credibilidad de las víctimas y a sostener el sistema que las vulnera.</p><p>El mensaje es claro, aunque no siempre explícito:<strong> las mujeres deben volver a su sitio</strong>.</p><p>Al que ellos decidan.</p><p>Atrás. Y abajo.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Vanessa Casado Caballero </strong></em>es Jurista, Experta en Derechos Humanos y Género e Igualdad de Oportunidades</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 05:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Vanessa Casado Caballero]]></author>
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