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    <title><![CDATA[infoLibre - Josefa Mesa]]></title>
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      <title><![CDATA[Una memoria de aristas afiladas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/memoria-aristas-afiladas_129_2226824.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8539b79d-09be-40e4-a183-5905b6bc061d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una memoria de aristas afiladas"></p><p><strong>Las guerras no caen sobre los pueblos como un manto.</strong> Esto no es realismo mágico. <strong>Las guerras son evitables, interesadas e injustas</strong>; una decadencia que se multiplica especialmente cuando hablamos de la Guerra Civil española.</p><p>Desde el 18 de julio de 1936 han transcurrido exactamente 90 años. El paso del tiempo es ineludible. Son ya muy pocas las personas que pueden rememorar aquellos años desde la experiencia vivida —y recordada—. Pero aún así, nosotras seguimos leyendo, haciendo vídeos, comentando, escribiendo artículos y debatiendo sobre el tema. No serán pocas las personas que a la llegada de estas líneas se lamenten: "¿Otra vez?", "¿Pero acaso quedan todavía cosas que decir sobre la Guerra Civil?". Otras, atrapadas en la falacia del falso dilema, insistirán en que debemos dejar de mirar atrás y centrarnos en el futuro (<strong>como si proyectar lo venidero no implicara necesariamente revisitar el pasado</strong>).</p><p>El caso es que sí. <strong>90 años después seguimos hablando de la Guerra Civil.</strong> Como apuntaba Nicolás Sesma en<em> </em><a href="https://elpais.com/opinion/2026-07-15/el-debate-hasta-cuando-seguiremos-hablando-de-la-guerra-civil.html" target="_blank" ><em>¿Hasta cuándo seguiremos hablando de la Guerra Civil?</em></a><a href="https://elpais.com/opinion/2026-07-15/el-debate-hasta-cuando-seguiremos-hablando-de-la-guerra-civil.html" target="_blank" >,</a> lo excepcional sería que no lo hiciéramos. ¿Por qué deberíamos renunciar a su relectura? ¿Cómo vamos a dejar de mirar una de las experiencias más cruentas y trágicas del pasado reciente de nuestro país? ¿Cómo someter al ostracismo un episodio que fue alterado, enaltecido y convenientemente silenciado durante décadas?</p><p><strong>Lo justo es, para nuestra memoria común e incluso, nuestra calidad democrática, que lo recordemos.</strong> No con rabia, no con nostalgia, sino con pedagogía, para plantearnos "qué no queremos ser". Pero no creáis que su venida al presente como lectores y espectadores debe ser sencilla, unívoca y poco problemática. A la vista está que todo lo contrario. Si bien la Historia ya es poliédrica, compleja y ambivalente; cuando se trata de recientes episodios traumáticos las opiniones se disparan y sus aristas se vuelven mucho más puntiagudas; la memoria acucia. No en vano a inicios de este año saltaba a la palestra nuevamente el debate sobre responsabilidades, narrativas y omisiones en el marco del polémico foro <em>1936: La guerra que todos perdimos,</em> coordinado por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra.</p><p>A pesar de que la memoria colectiva tiene mucho de individual, a pesar de que el relato histórico nunca cae de un solo pie, cuando hablamos de la Guerra Civil sería importante llegar a ciertos consensos que nos brinda la propia historiografía. Porque <strong>lo que ocurrió en este, nuestro país, no fue una tragedia inevitable, fue un capricho de golpistas.</strong></p><p>El 17 de julio de 1936 un grupo de oficiales se sublevó en Melilla. Pero su intentona fracasó, el golpe no triunfó en todo el país, el pueblo se defendió y desencadenó una cruenta guerra que se extendería durante casi tres años. Pero este sector del Ejército no representaba a la mayoría, <strong>se levantaron contra un régimen democráticamente elegido en las urnas, atentaron contra la soberanía popular.</strong> Así, frente a la violencia, la ciudadanía defendió los derechos y libertades que tanto esfuerzo y sacrificio colectivo habían costado. Por eso, lo que estalló a partir del 18 de julio de 1936 —pero que venía granjeándose desde antes— no fue un destino trágico del pueblo español sino un capricho injusto de unos pocos. Tal vez esta sea la primera premisa de la que debamos partir: que lo que llegó con esperanza y celebración en las calles, se marchó con sangre, armas y la ayuda internacional del fascismo europeo. <strong>Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.</strong></p><p>"Pero luego llegó la paz", o lo que es lo mismo, la institucionalización de la represión y la violencia. El 1 de abril de 1939 España anocheció con vencedores y vencidos. <strong>Y los vencedores llenaron las calles y las plazas. Y los vencidos llenaron las cárceles y las cunetas.</strong> Por eso, la guerra no la perdieron todos; porque algunos la ganaron; y obtuvieron honores y recompensas. Pero quienes la perdieron, perdieron sus vidas, su país, sus libertades, sus derechos, sus conquistas durante cuatro décadas. Después vino la omisión, la "reconciliación", el "consenso". Librarnos de la herencia de la "memoria de Franco" está siendo uno de los mayores retos para la memoria democrática.</p><p>Así que sí, a grandes rasgos, <strong>la memoria es plural, diversa, incluso se puede encontrar dividida.</strong> En la experiencia cotidiana —e histórica— conviven multitud de narraciones y vivencias. Por eso, no es un ejercicio sencillo el de memorar la Guerra Civil. Probablemente no traerá consigo el consenso unánime; pero sí traerá la praxis democrática siempre que sea <strong>el rigor, el respeto y la justicia lo que motive nuestro debate.</strong> <strong>El pasado no deja de apelarnos; nosotras elegimos cómo escucharlo.</strong></p><p>_________________________</p><p><em><strong>Josefa Mesa </strong></em><em>es</em><em><strong> </strong></em><em>graduada en Historia y divulgadora en redes sociales (@josefinetable).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Josefa Mesa]]></author>
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