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    <title><![CDATA[infoLibre - Ramón Reboiras]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/ramon-reboiras/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ramón Reboiras]]></description>
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      <title><![CDATA[Javier Giner (o la maldita euforia)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/javier-giner-maldita-euforia_1_1942465.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/652338e1-7d69-4204-bbc4-7a3c278dca7e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Giner (o la maldita euforia)"></p><p><strong>Primero estuvo la vida</strong>, la <em>vida cañón</em> de un chico de Barakaldo que por fin cumplió su sueño: conocer a y trabajar con Almodóvar; luego llegaron la euforia, las drogas, el sexo a ciegas, la cocaína en los espejos rotos, las copas en cualquier parte; era Madrid y la cosa se puso seria, hubo que parar en el arcén, gastarse un <em>congo</em> en la clínica de Mataró, aprender a escuchar, pasar del círculo vicioso al círculo terapéutico. Surgió de todo eso un libro transparente, <em><strong>Yo, adicto</strong></em><strong>,</strong> ese yo devorado por un personaje arrogante, colocado, ansioso hasta un extremo insoportable… Y más tarde, la travesía en el desierto del conductismo (haz la cama al levantarte, deja las malas compañías, escribe un diario), la <em>buena conducta</em> para desembocar en una serie (Disney) que nos ha sorprendido a todos, los exconvictos y los que nadan todavía entre el dilema de las drogas: embellecerse, mirarse en el estanque de Narciso, o cruzar los límites de la putrefacción y que el corazón o el hígado revienten dejando un cadáver bonito para la propia memoria. </p><p>Estamos con un <strong>Javier Giner </strong>después de 16 años de sobriedad, tras comprobar que vuelve a ser él mismo y se conoce más que antes (o eso dice). Intentamos un <em>zoom</em>, Javier vive en Barcelona, pero tras unos minutos de verle con el jersey molón de esquiador de fondo y los libros en el anaquel de su apartamento descubro que he perdido el sonido… Intenta darme instrucciones con folios escritos a mano como en el cine mudo, y pienso que a veces las entrevistas deberían ser también como en el cine mudo. </p><p><strong>¿Crees que tiene sentido una vida sin sustancias? </strong></p><p>Sí tiene sentido. En el mundo que vivimos ahora mismo hay muchas cosas que no están etiquetadas como <em>sustancias</em>, pero si nos referimos al término general y al que todo el mundo entiende, pues sí lo tiene; de hecho, yo <strong>me siento mucho más vivo </strong>sin ellas que con ellas y esa ha sido la gran epifanía de mi vida. Ahora mismo vivo la vida mucho más a tope que cuando consumía. </p><p><strong>¿Cuánto tiempo llevas sin trato con ellas?</strong></p><p>16 años acabo de cumplir.</p><p><strong>Te felicito, pero la mierda nunca se rinde, ¿verdad?</strong></p><p>Eso es evidente. Desintoxicarte de una sustancia tampoco te convierte en una especie de <em>maharisi</em>. Yo sigo siendo el mismo imbécil, pero con mayor control. Creo que los dos crecimos en esa especie de romanticismo de la destrucción, de la experimentación, de la idea de que las sustancias te daban acceso a un tipo de vida o una intensidad vital que de otra manera no existía. Me vienen a la mente todas esas historias del LSD en los 60 o 70. Sin embargo es verdad que mi experiencia personal a raíz de desintoxicarme, y lo que digo sonará un poco a frase de autoayuda, pero es verdad que la vida por sí misma ya es la mejor sustancia. Los subidones y bajones que yo he vivido estando sobrio me han resultado mucho más intensos que bajo el efecto de las drogas. </p><p><strong>¿Cómo caíste en las redes de la autoficción; de sentirte tú mismo un personaje de libro o de película?</strong></p><p>Yo tenía un proyecto de debut distinto en el cine, que conservo. Fue de repente una iluminación decirme a mí mismo, hostias, tengo que escribir sobre esto. Las piezas fueron encajando. El protagonista del libro tiene mi nombre y me representa a mí. El libro lo escribí en la pandemia, en esa especie de burbuja de realidad que vivimos todos, y lo escribí como si formara parte de una terapia de grupo, como si de alguna manera hubiera desactivado la idea de que estuviera escribiendo un libro que iba a llegar a manos de gente desconocida. Con el paso del tiempo considero que si hubiera pensado que ese libro iba a tener unas cuantas ediciones y que se convertiría en una serie para Disney yo sinceramente no creo que hubiera escrito el libro que escribí. Probablemente me hubiese autocensurado, hay algo de inconsciencia en la manera que yo escribo el libro, una inconsciencia que he intentado mantener a la hora de hacer la serie.</p><p><strong>Es la parte más radical tanto del libro como de la serie, esa frescura, un desnudo integral que enseña todas sus cicatrices, pero donde no pierdes nunca el sentido del humor…</strong></p><p>Yo tenía muy claro a quién iban dirigidos tanto la serie como el libro. En mi cabeza esas personas tenían la forma de compañeros de tratamiento, era un público muy determinado, tenía la sensación de que en un proceso de desintoxicación si no pones todos los fantasmas encima de la mesa y los sacas a la luz, y no sacas toda la mierda de dentro, no funciona. Lo he hecho de esa forma para comunicarme con unas cinco personas que tenía en la cabeza, que era un grupo absolutamente minoritario. El tema del humor viene de que tanto el libro como la serie me representan a mí con todo lo bueno y todo lo malo. Soy una persona con mucho sentido del humor. Mis recuerdos de la clínica en ese sentido son una lucha de opuestos, muerte/vida y drama/humor. Recuerdo llorar mucho, pero reírme mucho también. <strong>El sentido del humor como un arma vital.</strong> Tengo recuerdos de estar llorando a carcajadas. Oxígeno puro. Es desde antiguo la vida contra la muerte y todas las personas que hemos atravesado estas situaciones sabemos que el humor tiene virtudes muy curativas y terapéuticas. </p><p><strong>En la clínica supongo que te diagnosticaron un trastorno narcisista….</strong></p><p>El gran resumen de una desintoxicación es desmontar tu propio yo. Ese yo que has creado para remontar uno nuevo y si se hace el trabajo lo que termina saliendo es un yo nuevo que es más real que nunca. Pero yo debo decir que cuando entro en la clínica desconozco por completo mi propia enfermedad; es la negación, “yo no soy como ellos”, “a mí no me pasa esto”. Pero esos <em>yoes</em> que tienen personajes continuos que tú mismo has creado para poder gestionar la vida tienen que ir cayendo y ahí entra de lleno tanto la ansiedad como el trastorno narcisista. Herramientas que has utilizado toda tu vida, de repente ya no te sirven porque te has convertido en una persona deforme y desestructurada. En la clínica, yo aprendo por primera vez a mirar y a escuchar al otro. Llego con una sensación de omnipotencia, una persona en muchos momentos déspota, un sabelotodo, y todo eso lo tienes que derribar para encontrar al verdadero Javier que se esconde tras todo eso y que realmente es una persona asustada y sin herramientas…</p><p><strong>¿Lo has encontrado o es una búsqueda que no termina nunca?</strong></p><p>Creo que he encontrado una estructura, pero que sigo en la travesía. No hay final. Mientras llega el ataúd, que es la conclusión obvia, sigo en esa búsqueda, lo que sí me diferencia de antes es que <strong>ahora sí sé quién soy,</strong> sé como suena mi voz, sé lo que quiero y lo que no quiero, intento expresarme con el mundo de una manera honesta. Y ya no me da miedo lo que siento. Ese es el gran cambio. Mi imagen de adicto era la de una persona escapando de sí misma, intentando no encontrarse, ahora ya no me escondo de mí mismo, parece una diferencia muy simple, pero es algo que lo cambia todo.</p><p><strong>Una pregunta a lo Broncano, ¿tienes idea de lo que te has gastado en camellos a lo largo de tu vida?</strong></p><p>Buuaahh, no. En la clínica una de las cosas terapéuticas que proponían era precisamente tener que contestar a esta pregunta. Miles y miles y miles de euros porque incluso llegué a pedir créditos al banco para poder costearlo. Pero no sabría dar una cifra aproximada, seguro que es más dinero de lo que yo tenga en la cabeza ahora mismo, eso seguro.</p><p><strong>La heroína vuelve a los libros, al cine, a la conversación, aunque la verdad creo que nunca se ha ido. En las drogas ha habido siempre a mi juicio una lucha de clases, los del caballo y los que como tú optaron por una vía de consumo más química, distintos barrios, distinto ‘set’…</strong></p><p>La vida cíclica de las sustancias está atravesada sin duda por<strong> </strong>un tema de clases, por un tema de género… Se puede leer la adicción desde muchas perspectivas. Acabo de leer un libro de una autora gallega, Xulia Alonso, que se llama <em>Futuro imperfecto</em> y que narra su historia real en Vigo de cómo se engancha al caballo en los años 70 y contrae el VIH y su pareja muere a causa del SIDA. Es un libro magnífico. En la Galicia de los 70, y en Euskadi también (yo soy vasco), se ve cómo la heroína destroza prácticamente a toda una clase social. Cíclicamente, después de eso, llega la cocaína, que es más mi territorio, con todos los <em>yuppies</em>, y de repente todo lo químico se asocia a otra clase social. Luego llega la ludopatía y son los barrios obreros los que sufren la epidemia. Al final puedes hacer una lectura absolutamente de clase, de género e incluso de orientación sexual con la historia de las drogas.</p><p><strong>En la comunidad gay, por ejemplo, ¿había otros ritos?</strong></p><p>Creo que sí y ahora en el presente también. La comunidad LGTBI la asocio fundamentalmente al componente químico, al éxtasis, por ejemplo. Yo no conocía el mundo de la heroína hasta que no estuve en una clínica de desintoxicación, vivía el Madrid de los 2000 y la droga estaba a mi alrededor constantemente, pero no estaba la heroína. </p><p><strong>Hay un tabú con eso, ¿no crees?, la heroína como la gran adicción, la parte intratable del relato toxicómano… En el imaginario social la cocaína y la ketamina son más refinadas por decirlo así que la heroína con sus cucharillas quemadas, los poblados … De nuevo late un discurso de clase.</strong></p><p>Está claro. En la serie hay un momento en que se ve el tema de la jerarquía social incluso dentro de la clínica. El personaje de la heroinómana le dice a Javier: “Tú vas de finolis porque te metes coca, pero aquí somos todos iguales”. No es solo un tabú, sino que incluso dentro del propio mundo de la toxicomanía existía lo de mirar por encima del hombro a los yonquis. Hay un gran componente sociopolítico en ese imaginario que se construyó a partir de los 70 entorno a la heroína. Pero la heroína no ha desaparecido ni mucho menos y mira por ejemplo el fentanilo, el gran drama actual en los Estados Unidos, cuando tú ves las imágenes de la crisis de los opioides y ves a gente que ha perdido la cordura, o están completamente desahuciadas, parece <em>La noche de los muertos vivientes</em>, la forma que está tratado el tema es absolutamente clasista, vuelve a ser el retrato del yonqui de los ochenta. Y no es así. </p><p><strong>Las drogas de diseño, que son más tu palo, anticipan un infierno también de diseño… Los interiores de la heroína son mucho más oscuros que el club donde se consumen anfetas, ketamina, éxtasis, quiero decir, donde se baila hasta al amanecer y se folla en los lavabos. </strong></p><p>Cada personalidad o grupo social tiene sus propios enganches. Yo era muy ávido, quería comerme el mundo a bocados y vivir cinco metros por encima del suelo. Evidentemente nunca me sentí atraído por las sustancias <em>bajoneras</em>. La heroína para mí, como consumidor, siempre tuvo esa imagen de esconderse del mundo, de vivir en una burbuja donde nada puede afectarte, dicho mal y pronto, de drogas <em>introspectivas</em>, que te anulan.</p><p><strong>La ‘bajona’ y la euforia, el ying y el yang de los estupefacientes…</strong></p><p>-Una de las cosas que yo tuve que trabajar más en mi desintoxicación fue precisamente mi adicción psicológica a la euforia. Porque mi gran riesgo no era el dolor, para que se entienda; para mí el mayor riesgo siempre fue la euforia. La alegría me llevaba a unos estados maníacos: las luces, el sexo y todo eso y la heroína o las benzodiacepinas se relacionan más con el silencio y la quietud. Esto es algo que nunca me ha atraído.</p><p><strong>El sexo y las drogas, pese a todas las leyendas nunca han hecho buena pareja.</strong></p><p>Esto es algo que descubro después y que repito mucho a gente que se me acerca o me pide consejo; los mejores polvos de mi vida los he echado sobrio. Yo he follado lo que no está escrito, me lo he follado todo para cinco vidas. En mis momentos yo no era consciente de lo que hacía,<strong> yo no elegía libremente </strong>lo que estaba haciendo, me he visto haciendo cosas y estando en lugares en los que recuerdo perfectamente pensar qué cojones estoy haciendo, por qué estoy aquí y sin embargo seguir ahí. Cumplir todas mis fantasías sexuales a mí particularmente no me liberó, al contrario, me convirtió en un esclavo. Al comienzo te dije una frase que suena a lo mejor a muy manido, lo más intenso que existe es la propia vida, pero, hostia, yo he echado unos polvos sobrio memorables, esa intensidad sexoafectiva que hace temblar la habitación y desaparece el universo yo solo lo he vivido sobrio.</p><p><strong>¿Hay que legalizar las drogas?</strong></p><p>No lo tengo nada claro. Mi respuesta es que debería haber un debate serio y profundo sobre el tema con varios enfoques y esto es una utopía tal y como está la conversación social ahora mismo. Desde luego lo que no creo es que se deba tomar una decisión a las bravas. Yo, por ejemplo, el tema de legalizar las drogas blandas como el hachís o la marihuana en principio estaría de acuerdo, pero conozco gente muy cercana adicta a la marihuana con unos brotes psicóticos muchísimo más peligrosos que los de la cocaína, por ejemplo. Entonces es que no tengo una respuesta todavía formada. </p><p><strong>Ahora mismo se ha introducido un concepto un tanto peligroso en el debate: el consumo ‘recreativo’, una palabra que parece que promete el buen rollo universal.</strong></p><p>Consumo recreativo o consumo responsable, también. Yo lo comparo con la ruleta rusa. Tu empiezas a consumir y no sabes si te ha tocado el número por así decirlo. Con ese consumo recreativo puede haber personas que no desarrollarán adicción, pero hay otro tanto por cierto de las personas que comiencen con un consumo recreativo que terminarán convirtiéndose en adictos. Yo no tomé las primeras rayas de coca ni los primeros vinos pensando que me iba a convertir en adicto, y sin embargo me tocó el número. Es un tema muy perverso. A las primeras personas que les recetaron oxicodona en los Estados Unidos dudo mucho que su objetivo fuera el de convertirse en adictos a los opioides y vivir desahuciados en las calles de San Francisco.</p><p><strong>Es la ruta americana: típica lesión de espalda que te lleva al fentanilo, pero detrás de todos están los laboratorios, no cabe duda, siempre hay alguien que se beneficia del dolor ajeno.</strong></p><p>Ahí está ese libro magnífico que es <em>El imperio del dolor,</em> de Patrick Radden Keefe sobre la familia Suckler, estamos hablando de una epidemia de salud pública con cientos de miles de muertos.</p><p><strong>Qué te dijo Almodóvar de la serie….</strong></p><p>Le gustó mucho, mucho, hasta se emocionó… Vino al estreno en el Festival de Cine de San Sebastián y para mí fue como la bendición del padre.</p><p><strong>¿Un buen padre?</strong></p><p>Considero a Pedro mi padre creativo absoluto<strong>.</strong> Para mí el mejor que podría tener. Tengo admiración por su figura y por su cine y por todo lo que ha hecho. Si te dedicas a lo audiovisual, y en mi caso concreto es mucho más íntima y cercana la relación, creo que es inevitable que la figura de Pedro te atraviese o te influya de alguna manera. Por derecho propio se ha convertido en un Bergman, en un Fellini, en un Pasolini, un creador al cual todos los que nos dedicamos a esto le debemos algo.</p><p><strong>En tu caso le brindas un homenaje desde tu infancia…</strong></p><p>Recuerdo la primera vez que vi <em>La ley del deseo</em> en el Barakaldo de finales de los 80 y cómo <em>La ley del Deseo</em> se convirtió en una especie de apertura lisérgica: hay un mundo ahí afuera y yo, me dije, pertenezco a ese mundo. De repente, hubo una identificación total con la pantalla, ese Barakaldo gris y frío de los Altos Hornos de repente se ensanchó. Quería rendirle un homenaje, ponerlo encima de la mesa desde el primer capítulo con ese niño que recita sobre las imágenes de <em>Mujeres al borde de un ataque de nervios. </em></p><p><strong>Acabo con una paradoja: ¿de qué sirve tan largo viaje para acabar siendo uno mismo?</strong></p><p>Cuando salí de la clínica y empecé a dar mis primeros pasos en sociedad un amigo me dijo:<strong> “</strong>Ahora que has dejado de ser <em>heavy</em> (jevi) eres más Javi que nunca”. Es un buen resumen.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2025 18:20:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <title><![CDATA[Visita al planetario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/visita-planetario_1_1921712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b2978004-9330-4e55-852f-0bf84537a955_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Visita al planetario"></p><p><strong>Cuando gobernaba el viejo Lara</strong> y la vida era una tómbola de luz y de color las cosas empezaban así:</p><p>-Soy de <em>Las Provincias</em> ¿y tú?.</p><p>-Yo de<em> Por Favor</em>.</p><p>-Creo que este año se lo dan a Semprún.</p><p>-Eso dicen.</p><p>- ¿Vienes por Semprún?</p><p>-Vengo de <em>Por Favor</em>.</p><p>O también así.</p><p>-Castillo, ¿recuerdas el año en que <strong>dejaron de poner René Barbier</strong> y <em>confit </em>de pato?</p><p>Castillo se limpia los lentes.</p><p>-Eso era todavía en el viejo Princesa Sofía, pero puedes preguntarle a</p><p>Lorenci, Lorenci lleva cuarenta años viniendo sin faltar.</p><p>Pregunto a Lorenci, Colpisa de toda la vida.</p><p>-Creo que en tiempos <strong>del jinete polaco todavía </strong>servían René Barbier.</p><p>-Hostia, ese año inolvidable para la literatura</p><p>- ¿Lo dices por Muñoz Molina?</p><p>-Qué va, es que me tomé una cerveza con Popescu, el defensa rumano del Barcelona, en el bar del hotel.</p><p>En una redacción de Madrid. <strong>Tiempos del Puente Aéreo</strong>. Finales de los</p><p>ochenta.</p><p><em>(Ida).</em></p><p>- ¿Qué regalan este año, Reboiras?</p><p>-El mueble con los premios desde 1955.</p><p>-Pues te quedas el mueble, tronco, creí que aflojaban una Parker.</p><p>-Eso fue el año de <strong>Vázquez Montalbán</strong>.</p><p>-Año de maleta entonces.</p><p>-Cada cinco años regalan una maleta así que puede ser.</p><p>-Ya te digo. Una vez llegué a la habitación al hotel del Festival de San</p><p>Sebastián y me habían subido la <em>samsonite </em>del crítico de cine de<em> </em><em><strong>El Norte de Castilla</strong></em>.</p><p><em>(Vuelta).</em></p><p>-Te he traído este libro de cocina de Néstor Luján.</p><p>-Dáselo al motorista de mi parte, ¿qué tal el ambiente?</p><p>-Prada, ya sabes, la nueva narrativa.</p><p>-Joder,<strong> no se lo van a volver a dar a Gironella</strong>, aunque ese Prada es más antiguo que los bolardos.</p><p>-Me tocó al lado de Ricardo Bofill Jr. y de una chica muy mona de <em>La Opinión de Salamanca</em>.</p><p>-¿Qué quieres decir, Reboiras, ligaste?</p><p>-Le sangraba la nariz.</p><p>-¿A quién le sangraba la nariz?</p><p>-A Ricardito.</p><p>-¿Sigue con la mexicana?</p><p>-Puede.</p><p>-¿Y no puedes inventarte algo?</p><p>-Lo intento.</p><p>-Tipo la<em> generación farlopa</em> llega al premio Planeta.</p><p>-Dirás la <em>generación nocilla</em>.</p><p>También estaba el rito de vísperas.</p><p>-¿Con cuánto se queda Hacienda, Suárez?</p><p>-Dicen que con el cuarenta.</p><p>-Da para piso en el barrio de Salamanca.</p><p>-Creo que este año le toca<strong> a Rosa Montero</strong>.</p><p>-Lo llevan diciendo treinta años. Y la tienen frita.</p><p>Y las quedadas del lobbie.</p><p>- ¿Qué tal por Pamplona?</p><p>-No tan bien como vosotros.</p><p>Además, el Planeta siempre fue un buen momento para ver a la bona gent de Barcelona: <strong>Pilar Rahola</strong> (indepe y proisraelí de toda la vida), <strong>Sánchez Llibre</strong> (Espanyol de Barcelona), <strong>Teresa Gimpera</strong> (me entero que ha fallecido), <strong>Gaspart </strong>(embajador de las Maldivas) o aquel artista antes llamado <strong>Jaume Sisa </strong>(<em>passeu, passeu</em>). También para subirse a la Torre Altamar y comerse una gilda de berberechos o comprarse un foulard en Furest o catar la mandanga de Luz de Gas donde a lo mejor se dejaban caer el Bigas o el Mariscal… La barra del Botafumeiro está por las nubes con tanto Laporta y el Boadas ya no sirve el mismo gimlet que a Manolo le hacía sentir como Raymond Chandler. El Camp Nou (yo soy más del Barça que de la Sagrada Familia) estaba en obras este año, una pena. Me asomo un rato, pero no veo ninguna pelea entre obreros inmigrantes y regreso a la base.</p><p>-Fanjul, ¿no crees que Posteguillo se ha equivocado de traje, colega?.</p><p>-<strong>Los historiadores son muy poco estilosos</strong>.</p><p>-Sí, pero ese marengo, bro, ya era viejo en tiempos de Tiberio.</p><p>-Fíjate en la<strong> Mary Beard</strong>, es que parecen sacados de un outlet de Galerías Preciados.</p><p>-Pues ya les vale, con la pasta gansa que se llevan.</p><p>-Tampoco veo a Posteguillo de Dolce Gabbana. </p><p><em>Rewind</em>.</p><p><strong>Carmen Posadas</strong> con voz trémula y menos emoción que Florentino Pérez cuando fichó a Kaká anuncia el nombre del ganador.</p><p>Pere Gimferrer se zampa un trozo de tarta al whisky del vecino de al lado. </p><p><strong>Rosa Regàs</strong> luce la bandera republicana en el ojal de un blazer terciopelo de color berenjena.</p><p>A Blecua se le imprime el mapa de la Rioja en la cara.</p><p>-Es psoriasis, tronco.</p><p>-Serán los focos.</p><p>-Calero, ¿quién lee los originales del Premio?.</p><p>-A mí desde luego no me lo han ofrecido.</p><p>-Tengo que preguntarle a Vila-San Juan, parece muy en la pomada…</p><p>-Mejor, porque Eslava Galán no sé si tendrá tiempo entre tanto cartaginés.</p><p>-Es muy de la casa, Eslava, pero no creo que te lo cuente… Tienen juramento.</p><p>Bueno, al turrón. Recibo el comunicado de que los Reyes van al 75 aniversario y<strong> me pregunto qué coño lee la reina Letizia</strong> y si mando a planchar el traje. Dicen que es muy leída y muy de Zara lo que quiere decir que solo lee<em> los planetas</em> y, por descontado, a Murakami. El año pasado salió a promocionar el libro de Sonsoles Ónega que Jordi Gracia, condottiero de <strong>TintaLibre</strong>, destripó como un bambi en El País. El Planeta siempre gira alrededor de sí mismo: esa es la poderosa razón por la que sigue luciendo un aparato inmunológico envidiable a estas alturas del milenio. Sonsoles fue récord de ventas (uno de los más venidos en sus 73 ediciones, dicen, porque el primado lo sigue ostentado<em> No digas que fue un sueño</em> del gran Terenci) y la Reina leyó (no sabemos hasta qué punto) ese cuento de la criada<strong> versión chimenea gallega—licor</strong> <strong>café </strong>que veo en las manos de todas las lectoras de cierta edad que van en el AVE (¡y yo con las memorias de Martín Caparrós dando el cante!).</p><p>El premio superdotado (¡unos cuantos barbos más que el Nobel!) <strong>pide ventas superdotadas.</strong> Y las del 75 aniversario serán de aúpa. En la lista que adjunta Planeta jugamos a los seudónimos y hacemos apuestas.<em> Niño raro en la pampa húmeda</em>, suena argentino, pero vete a saber…<em> El amargo sabor de las crisálidas</em>, de Pasifae, apunta como segundo premio porque las crisálidas dan mucho juego. <em>Metamorfosis femenina</em>, de Jon Mur, <strong>pone la nota violeta</strong>, faltaría, más;<em> Buenas noches y buena suerte</em>, de Anna Ajmátova, descarga tema <em>mitteleuropeo </em>con nazis y apunta alto en blanco y negro;<em> El hombre de la plaza Garibaldi </em>es el típico noir que puede sentarle guapo al galardón y <em>Anda suelto Satanás</em> parece homenaje a Aute y a Madrid y al <em>underground</em>… Llevo años haciendo la quiniela y siempre me equivoco. En los setenta mi padre <strong>ya me avisó ante el dilema quinielístico</strong> Las Palmas—Pontevedra: no hay que apostar por el caballo más bonito sino por el caballo ganador… Ganó Las Palmas.</p><p>Lara, como todos los maridos de la posguerra, dispuso el premio cada año por la onomástica de su mujer, el día 15 de octubre que es Santa Teresa (la de Ávila, no la de Calcuta). Lara montó una <strong>Academia para estudiantes y él daba Matemáticas</strong> y Teresa, Literatura, hacían buena pareja, uno bordaba los albaranes y Teresa leía a Carmen Laforet y a Somerset Maugham. Antes del Planeta fundó otra editorial que se llamaba Tartessos, la cosa ya apuntaba a folletón. Sigo. Después del desfile militar del día 12 en Madrid me siento como un soldado de infantería. El lunes 14 de octubre a las ocho de la mañana estoy en la estación de Atocha. Del oasis de Marrakech al palmeral de Atocha, del Formentor al Planeta, de la <em>creme brulée</em> al cocktail de gambas en salsa rosa. Me gusta ver quiénes van o comprobar cuántos repetimos. Es como ir todos los años a los Goya <strong>y encontrarse a Resines otra vez en los lavabos</strong>. Ya en Barcelona, en el autobús del grupo que nos lleva a la Llotja para la rueda de prensa de vísperas tengo una alucinación transitoria: ¿Y si María de la Pau Janer y Luz Gabás y Sonsoles son las verdaderas representantes de la literatura popular y yo un insoportable elitista pijoprogre? ¿Oye, y además no se lo han dado también a Vázquez Montalbán, a Muñoz Molina, a Millás, a Cercas, a la Matute y a Soledad Puértolas? En los noventa, el debate era tan agrio como un yogur caducado: las fronteras entre la literatura de autor y el género popular conseguían en un segundo saber si de paso estabas en contra del régimen castrista, a favor de la marihuana o debías condenar el consumo de carne animal.</p><p>El Planeta (y los planetas) han conseguido acolchar el debate: ya nadie alza la voz contra el <em>establishment </em>porque hay que vender caiga quien caiga, ya nadie tuerce el gesto cuando el runrún (a veces inocente, otras malpensante) llega a deslizar el nombre de Pablo Motos <strong>para seguir con esa larga lista de presentadores</strong> de televisión que han sido agraciados con el gordo (veo a Matías Prats entrar en el autobús en otro momento de conciencia alterada). Todo para llegar a esta desasosegante conclusión borgiana: “Como escritor es muy buen presentador de televisión”. Soy un <em>gafapasta </em>de mierda que acaba de conseguir que le regalen un altavoz de última generación para el dormitorio. Que Metallica me perdone.</p><p>Se acerca a la mesa (seguimos en vísperas)<strong> José Crehueras</strong> (el rey le llama Pepe y yo le llamaré Pepe) y dice que en esta edición no le consta tener claro el ganador. Esbozamos la sonrisa típica de Anonymous. Creemos en los Reyes Magos y en el cava catalán, por ese orden. En la Llotja, Juan Eslava Galán desgrana las novelas finalistas y llega a hablar incluso de feminismo y de <em>gore </em>y de jóvenes que consumen novelas románticas mientras vapean ¡él que nunca ha salido de Tartessos! Uno tiene la sensación (avalada por los datos) de que la pandemia ha sido una bendición para el sector editorial y 2024 lo va a petar. No valen teorías conspiranoicas, Planeta no tiene nada que ver con Miguel Bosé. En el encierro se pudo leer tanto<em> Terra alta</em>, de Cercas, como la <em>Autobiografía de Federico Sánchez</em>, de Semprún. Cuando Eslava resume los argumentos de las obras finalistas parece que estamos en un concurso de enseñanza media:<strong> los chavales y chavalas escriben de secuestros, de violaciones, de malos tratos</strong>, de nazis, de pampas autobiográficas, de mujeres en busca de su centro de gravedad permanente… Mucha sangre en la arena. Me da TOC. Algo me dice que debo ponerme en contacto urgente con los dos finalistas a cara descubierta como si estuviera a punto de quedarme sin blanca en el Bellagio: <em>Lluvia de cristal</em> de Dolors Fernández Guerrero y<em> Lo que está escrito </em>de Elizabeth P. Vaquero son los troyanos. La peña sigue presentándose a cara descubierta tal vez para decir algún día: “Fui finalista el año de Sánchez Dragó y no me dieron el premio porque era Dragó”. Alguien de la división editorial suelta eso de que la <strong>“inteligencia artificial nunca sustituirá el talento de los autores” </strong>e incluso se tiende la mano a los bosques sostenibles como pidiendo disculpas por los (son números oficiales) 45 millones de copias que Planeta ha impreso de los premios y los más de 28.000 manuscritos recibidos a lo largo de su historia con el consiguiente gasto de tóner (en la pantalla se muestran como auto de fe los originales finalistas con el sello de entrada y encuadernados con canutillo en la papelería del barrio). Pepe sostiene que un premio Planeta<strong> vende entre 300 y 350 mil copias de media</strong> y todo el mundo se enternece cuando recuerda que todo empezó con un libro,<em> Mientras la ciudad duerme</em>, de Frank Yerby. Estoy absolutamente convencido que la <em>pulp fiction</em> de 1949 era bastante mejor que la de ahora, aunque no pienso decírselo ni muerto a Eva Sáinz de Urturi.</p><p>Los jurados del Planeta pueden llegar a ser una institución tan longeva como la Corte Suprema americana. Este año la cosa no está para bromas: han fallecido <strong>Rosa Regàs y Fernando Delgado y Pere Gimferrer</strong> no atraviesa su mejor momento. A los dos primeros los sustituyen Luz Gabás (literatura nacional-popular) y Eva Giner (rectora de la Universidad Internacional de Valencia, que hoy aquí, a esta hora, suena a Stanford). Si uno se queda residiendo en la burbuja del Premio Planeta un par de días acaba creyendo que <em>La mujer de otro</em> de Torcuato Luca de Tena es la<em> Madame Bovary</em> de la literatura española contemporánea.</p><p>Me levanto con la sensación de sufrir un síndrome de Estocolmo a lo Patty Hearst en mi segundo día de estancia en el Planeta-Planeta. Todo el mundo sonríe por los pasillos. Todo el mundo es periodista de cultura de algún medio que parece <strong>que exista sólo este día de octubre y luego se esfuma</strong>. Acentos canarios, gallegos, vascos, andaluces, la cofradía que espera el santo advenimiento. No sé ya si son periodistas humanos o sintéticos. El colega del <em>Diario Vasco</em> está preocupado por la noticia de si Amaia Montero vuelve a ser la voz de La Oreja de Van Gogh, primera plana en Donostia. El avance de las tropas israelíes se atenúa pensado de nuevo en Pablo Motos, en Bárbara Rey, en Raffaella Carrà, en la dinastía borbónica….<em> Rumore, rumore… </em>Presiento que Jordi Gracia estará hablando con Steven Pinker en algún lugar de la ciudad a esta hora… En mi cápsula del tiempo reconozco que <strong>el murmullo del mundo se atenúa</strong> y en la moqueta del hotel solo se escucha: ¿Sabemos algo? Me gustaría encontrarme a Pedro J. Ramírez en albornoz, o reconocer a algún tertuliano de repente en los pasillos de este hotel que parece a esta hora el de <em>Barton Fink</em>.</p><p>Entonces llega la gran noche. Me siento como el Cholo Simeone con el traje negro. Enseño mi código QR de invitado rumbo a la mesa 41. Hay un tipo detrás de mi que tiene la cabeza tatuada como un maorí y pienso que me toca un artista plástico. <strong>Pero mi vecina es Nieves Herrero</strong>. Visitar el Planetario siempre tiene esas cosas entrañablemente españolas. Nos pasamos el rato hablando de Mayra Gómez Kemp que murió solita, de un hombre que la saludó en Huelva (los Cabify ya no la reconocen tanto como antes), que iba en bicicleta y acababa de ganar el sueldazo de la ONCE y (no me pregunten por qué, quizás el rollo Casino) de Elvis Presley, mucho de Elvis. El escenario del MNAC parece un velatorio (más velas que un concierto de Coldplay). El ambiente es cumpleañero. Y llega el Rey y le noto desmejorado porque imagino sus preocupaciones de padre y señor mío con toda la que está cayendo. Comedias bárbaras. Los republicanos no nos sumamos a la cerrada ovación que recibe con el público puesto en pie. Gallardón, Fanjul y un servidor no nos levantamos y veo que Basteiro tampoco lo hace en la mesa de al lado. Me siento tan orgulloso como<strong> Gabriel Rufián</strong>. Pepe se marca un Steve Jobs en el escenario. Agradece al primer <em>president</em> de la Generalitat que hace acto de presencia tras unos años, <strong>Salvador Illa</strong>, Salvador. Bromea con Isak Andik, de Mango, debe ser por el traje cruzado. Cuenta que el año 2000 la mitad de la facturación del grupo venía de las enciclopedias. Tres años más tarde no se vendía ni una. Cambió la decoración de las casas españolas y Planeta De Agostini dejó de llamar a las puertas como si fuera un Testigo de Jehová. Fundaron otra congregación de fieles cibernautas.</p><p>Lo peor llega después. Sale el sol por la Barceloneta y veo que los pronósticos no encajan en absoluto con mi carta astral cultureta. A mediodía se saben ya los nombres (y seudónimos) de las dos ganadoras.<strong> Manuel Vilas</strong> me confirma que los secuestran en el Majestic y suben a la montaña de Montjuic por el<em> fast track</em>. Lo lamento, lectores de <strong>TintaLibre</strong>, pero, así como me había leído un libro muy hermoso de la última Nobel surcoreana, no conocía nada de las dos ganadoras<em> made in Spain </em>que tras una larga serie de deliberaciones ficticias (dice la presentadora “el jurado se encuentra deliberando en la sala contigua”) y de votaciones como en el bingo del Canoe, resultan ser <strong>Paloma Sánchez-Garnica por Victoria y Beatriz Serrano </strong>por <em>Fuego en la garganta</em>. Por lo que dice la primera (que se permitió el lujazo de ponerse de seudónimo Anna Ajmátova, la poeta favorita de Viggo Mortensen) es novela de historias de hermanas y de guerras, con nazis, y bien entretenida (todo el mundo en el Planeta tiene la obligación de decir que su novela es bien entretenida) y respecto de la chica <em>pelopaja</em>, por decirlo a lo Foster Wallace, cita de repente a Palahnuik, a Joy Division y a Charles Manson por lo que entiendo que la cosa va de rollete dark aunque transcurra en Valencia (antes del Diluvio). <strong>En el autobús que</strong> <strong>nos sube a la montaña mágica de Montjuïc </strong>hablo con Guillermo Altares sobre este punto y llegamos a una desasosegante conclusión: los raritos somos nosotros. Un apocalipsis de cava catalán y trajes oscuros nos espera a la entrada del MNAC.</p><p>Resumen de la jugada:<em> Victoria</em> gana, <em>Garganta </em>es finalista. La melancolía se acrecienta. La última vez que pasé por este mismo escenario lo ganó Cercas y el finalista fue Vilas. Planeta parece optar esta vez por varios principios sostenibles: la ganadora es de la casa y garantiza la tirada<strong>; la finalista tiene un pódcast y puede incorporar nuevos lectores jóvenes</strong> de esos que leen <em>gore </em>y <em>anime</em>… La ganadora habla de nazis y se lo dedica a su marido (con emoción) y la finalista de inadaptados (tiene pódcast, solo jodería). No sé ya si es otra edición más o la misma edición de siempre. Conduzco a Nieves Herrero del brazo hacia la salida y me siento como el <em>pijoaparte </em>de Marsé. Barcelona luce a los pies de la montaña y pienso en lo difícil que resulta caminar con tacones de aguja. Pedro J. pasa hablando por el pasillo del bus del gran Edward Murrow como si fuera un amigo de toda la vida.<em> Buenas  noches y buena suerte</em>.</p><p><em><strong>Ramón Reboiras</strong></em><em> es jefe de redacción de ‘Tinta Libre’, su último libro publicado es ‘El Chevrolet de Pessoa’ (La Umbría y la Solana, 2024).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2024 18:23:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Visita al planetario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Grupo Planeta]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Vida y opiniones de Frank Bascombe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/vida-opiniones-frank-bascombe_1_1890370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/00e097ea-b053-4280-bb64-6793fdbfb343_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vida y opiniones de Frank Bascombe"></p><p>Pitidos en el teléfono.</p><p>Una voz clara, al otro lado, me sorprende.</p><p>-Soy Frank Bascombe.</p><p>No parece la voz de un hombre de 74 años.</p><p>-Mr. Bascombe.</p><p>Digo aturdido.</p><p>-Soy el periodista de 'TintaLibre' que quedó en llamarle, no sé si recuerda…</p><p>No resulta fácil hablar al teléfono con un personaje imaginario.</p><p>-<em>TintaLibre</em>, he ojeado el par de ejemplares que me mandó, sé muy poco español, lo suficiente para pedir unos tacos en Scottsdale cuando bajo al Sur, pero por lo visto siguen quedando revistas de izquierdas por el mundo, me alegra saberlo, y, por favor, llámeme Frank…</p><p>-Muy amable de su parte, ¿dónde está por cierto en este momento?</p><p>-Donde siempre últimamente, me pasé la vida viajando, soy de una generación nómada en América, y he venido a parar a Haddam, New Jersey, un buen lugar para ver el crepúsculo de la vida.</p><p>-Creía que Haddam era un lugar inventado…</p><p>-Cosas de Richard, los escritores siempre andan con esas milongas del territorio, recuerde Yoknapatawpha de Faulkner. Hay un Haddam en Connecticut, y nuestro Haddam es calcado a las urbanizaciones que hay por toda la Jersey Shore… Richard es muy meticuloso en eso, se apunta las matrículas de los coches que salen en sus libros, se lee hasta el prospecto de las drogas que toman sus personajes, conoce su número del seguro médico, y con la Historia es particularmente pesado, o sea que si hay un lugar inventado que se parezca a la realidad es este Haddam desde donde le hablo.</p><p>- ¿Sigue vendiendo casas, Frank?</p><p>-En cierto modo. A mi edad solo sirvo para informar a mi jefe laosiano, que fue mi empleado y es budista, pero muy republicano (lo que resulta muy contradictorio), de posibles clientes, hago como de agente del FBI, confronto expedientes, veo si son clientes aptos para residir en estos suburbios donde todo el mundo quiere conservar el anonimato… Mi empresa se llama <em>House Whisperers</em>, entienda pues que soy un susurrador de casas, prefiero llamarlo así a soplón, el cliente ha cambiado últimamente, ya sabe, algún acaudalado saudita o hija de acaudalado saudita o ruso que ha huido de Putin, o venezolano, gente que prefiere gozar de un cierto anonimato y que tiene mucha pasta, el Garden State por lo demás es un refugio tranquilo con Manhattan a tiro de piedra…</p><p>-Para ser solo un agente inmobiliario es usted un personaje muy famoso…</p><p>-Bueno, eso es literatura, yo sólo me dedico al negocio de los bienes raíces y a tratar de que mi vida sea lo más feliz posible en lo que me quede.</p><p>-La felicidad parece ser lo que más le preocupa últimamente.</p><p>-Es el gran tema. Y la gran pregunta también. Mi madre desde la cama del hospital cuando ya le quedaban solo un par de días me miró y me dijo: “¿Eres feliz, Frank?”. Yo diría que he sido feliz, lo bastante feliz al menos para ser Frank Bascombe, no sé si me entiende. Al poeta Philippe Larkin, que era un cascarrabias de campeonato, le preguntaron una vez, “¿Cree que podría haber sido más feliz en la vida?” A lo que él respondió. “No, no sin ser otra persona”. A mí me ocurre lo mismo.</p><p>-Uno de los lugares que mejor conoce, por lo que he leído, es la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, no sé si tiene que ver esto con la felicidad precisamente.</p><p>-Le voy a contar. La Mayo es una especie de templo americano. Una ciudadela encantada. Conozco demasiado bien la Mayo por un problema de próstata mío ya superado (o eso parece, aunque me paso la noche yendo al baño con más frecuencia últimamente) y porque acompañé a mi hijo Paul allí en todo su tratamiento por el ELA… La Mayo es un lugar especial: una fortaleza donde entran todos los días miles de personas confiadas en que es el único lugar del mundo donde encontrarán la cura a sus males, algo de verdad transformador.</p><p>-Lamento mucho la pérdida de su hijo, por cierto.</p><p>-Creo que esos días en los que acompañé a Paul en la Mayo y que visitamos el Monte Rushmore en Dakota, con aquella reliquia de furgoneta Dodge matrícula de Florida en la que viajamos, fueron de los más felices de mi vida, al menos de los más reveladores.</p><p>-En España en vez de al Rushmore hacemos el Camino de Santiago, también van los enfermos de ELA…</p><p>-Creo que se liga mucho, tengo entendido. Y qué mierda, cada pueblo elige a sus santos y su manera de peregrinar.</p><p>-¿Y el amor, Frank? Leo que incluso se ha enamorado de una masajista vietnamita que conoció en Rochester y que al parecer le puso las vértebras en su sitio…</p><p>-[Bascombe suelta una gran carcajada, es de esos momentos que me arrepiento de no haberle propuesto un Zoom, tarda en volver a la conversación]. A medida que envejezco, cada vez menos cosas me parecen incoherentes, la verdad… Y la masajista, por cierto, es más americana que el <em>cornhole</em>…</p><p>- ¿El ‘cornhole’?</p><p>-A Paul le apasionaba, es un juego muy americano… Unos saquitos de maíz (o de judías) que se lanzan a un hoyo sobre una tabla inclinada, si tienes un salón grande se puede jugar en el salón, es más de Minnesota que los concursos de polca.</p><p>-También el fútbol americano le interesa mucho.</p><p>-Cierto. El <em>soccer</em> por aquí es cosa de latinos. No nos perdíamos casi ningún partido por la televisión … Los Jets, los Chargers, hasta los pobres Vikings… Lo peor fue aguantar el dominio de los Patriots tantos años seguidos, los putos Patriots, parece que el agua vuelve al molino con el triunfo de los Chiefs de Kansas, siempre me gustaron los Chiefs, mi hijo Paul en sus últimos días nunca se quitaba su parka de los Chiefs.</p><p>-Por cierto, a los 38 años era usted un famoso periodista deportivo, su vida ha cambiado mucho desde entonces…</p><p>-Tenía 38 años, un divorcio a cuestas, y a Ronald Reagan de presidente, una ecuación muy peligrosa, puede imaginar… Fue por entonces cuando conocí a Richard, un tipo de Jackson, Mississippi, de mi quinta, que quería ser el mejor novelista americano…. Por entonces todavía seguían vivos Cheever, Bellow, Updike o el plasta de Philip Roth, pero él insistía en que iba a ser el mejor novelista americano de todos los tiempos… Ese es Richard; Dios no le dio cuerpo para el <em>touchdown</em>, pero sus novelas son un alarde de músculos en movimiento, un Mustang embalado por la autopista.</p><p>-Lo dice, Frank, con ironía.</p><p>-Richard y yo llevamos hablando desde entonces y nunca nos cansamos de ponernos a parir y de reírnos… Me da mucha vida el cabroncete, creo que no puedo hablar de mi vida sin hablar por él, una especie de arte de ventrílocuo… Por cierto, nació muy cerca del degenerado de Faulkner, que vivió en Oxford, el Oxford de Mississippi, casi toda su vida. A mí me gusta decir siempre eso de “No hay <em>fue</em>. Sólo existe el<em> es</em>”, le viene muy bien a mi vida actual… No me gusta mirar atrás, cada vez menos. “Es, es, es”, repito, así entre comillas, la vida tiene que llevar muchas comillas.</p><p>-Son cuarenta años juntos…</p><p>-Es un matrimonio de conveniencia, los Rolling Stones llevan más tiempo y siguen subiendo al escenario… Y Chomsky sigue vivo, el otro día por cierto vi su foto con aspecto de náufrago polinésico en una clínica de Brasil y me pregunté, ¿cuántas veces hemos enterrado ya a Chomsky?</p><p>-Las últimas noticias son que Ford ha publicado un libro, ‘Sé mía’, y se despide de usted, o eso dicen los editores…</p><p>-Él sabrá, ahora que se ha hecho famoso y rico tiene derecho a descansar. Yo solo soy un invitado, y cuando se acaba la fiesta hay que saber despedirse como un <em>special guest</em>. Nuestro lema fue siempre: “Seamos serios, vamos a divertirnos”.</p><p>-Han soportado juntos a unos cuantos presidentes, y no precisamente divertidos…</p><p>-Desde Reagan, unos cuantos, sí.</p><p>-Ahora con Trump parecen culminadas todas las expectativas…</p><p>-Yo, pese a todo, sigo subido al burro demócrata, si es lo que quiere saber… Dicen que el burro es un animal muy terco.</p><p>-No quiere hablar de Trump, observo…</p><p>-Con ese payaso no tendría ni una conversación sobre propiedades, y ese gesto que hace de labios protuberantes y brazos cruzados yo creo que lo ha sacado de Mussolini.</p><p>-En el fondo, los dos son agentes inmobiliarios.</p><p>-La diferencia está en que yo vendo propiedades y él estafa a todo quisque… No quiero recordar lo del Casino de Atlantic City, ni en las peores películas de la Mafia se ha visto nada parecido. Pero ahí sigue con la gorra puesta, perdone, pero los MAGA de los cojones me hacen beber demasiado últimamente, cuando veo una bandera clavada a la entrada de una de las propiedades escupo al suelo del prado y cuando voy por la autopista y veo una pegatina en un coche adelanto como en Indianapolis… Toda esta mierda empezó con <em>The Apprentice</em>, ese reality que me tocaba mucho los cojones, pero no quiero seguir hablando de Trump.</p><p>-Tampoco lo de Stormy Daniels resulta muy edificante.</p><p>-Hay que ser tonto del culo para querer taparle la boca a una actriz porno.</p><p>-Capto la ironía. Volviendo al señor Ford, con él emprende uno de los viajes más largos de la historia de la literatura, empezaron por las catedrales del béisbol, las del basket y del fútbol americano en ‘El periodista deportivo’…</p><p>-Perdone la interrupción, usted está en Madrid y yo en Nueva Jersey, huelga decirle que en los Estados Unidos no tuvimos ni románico, ni gótico, ni barroco y nuestras catedrales se parecen más al Madison Square Garden o al Sea Stadium… Nuestras catedrales son estadios.</p><p>-Está claro, Frank, pero a lo que iba, la sociedad Ford/Bascombe empezó por ahí, siguió con el ‘Día de la Independencia’, se fue a por ‘Acción de Gracias’ y en su última travesía nos lleva al monte Rushmore, más americana la singladura imposible.</p><p>-Cuando conocí a Richard tenía ya ese gran proyecto en mente, es muy ambicioso el cabrón, muy histórico, en un país sin mucha historia si exceptuamos la Independencia y la Guerra de Secesión, y me pidió permiso para poder ser su personaje y acompañarle en la Odisea, lo dijo así en plan Homero… Yo siempre le dije que era el tercer Ford en la cadena, después de Henry que hacía coches y de John que hacía <em>westerns</em>, creo que dio resultado, sus libros son, como los coches o el cine, pura epopeya americana, epopeya en movimiento.</p><p>-Supongo que hablaron también de derechos de autor…</p><p>-Ya le dije, <em>Mr. Revoir </em>[lo pronuncia a la francesa], que me gano la vida de forma holgada vendiendo propiedades, pero debo decir que siempre que pasa por Manhattan no escatima una buena cena e incluso uno de esos vinos que tanto le gustaban a Benjamin Franklin, un buen burdeos, Cheval Blanc de Saint Émilion por ejemplo… Echamos a los franceses, pero los americanos seguimos embelesados con su cultura, con su gastronomía, incluso con sus mujeres, bueno, esto último no está bien decirlo, se tarda mucho en ser correcto y menos de lo que canta un gallo en ser incorrecto… Ah, los franceses, el otro día me puse a ver el <em>Napoleón</em> de Ridley Scott y rápidamente me di cuenta de que el bueno de verdad era el de Abel Gance que debe tener como un siglo, esos son los franceses, los putos franceses.</p><p>-Hablando del asunto, Frank, el ‘casting’ ideal americano tiene a Jefferson, Adams, Washington y sobre todo a Lincoln…</p><p>-Este país sin cine es inexplicable y sin los Padres Fundadores mucho menos. Hubo un buen Lincoln de Daniel Day Lewis, incluso Giamatti haciendo de John Addams estaba bien, pero el otro día vi a Michael Douglas tratando de cargar a sus espaldas a Franklin cuando fue a pedir ayuda a los franceses a París y me dio un ataque de risa… Ustedes, por cierto, no dejan de hacer películas sobre la Guerra Civil, cada vez que veo una película española es sobre la maldita guerra…</p><p>[Entiendo que corregirle este punto a un personaje como Bascombe al teléfono nos llevaría a la celebración de un congreso en la Universidad de New Haven].</p><p>-No dudo de la generosidad del señor Ford, al fin y al cabo, comparten los dos un gran cartel literario. Por cierto, ¿cree que alguna vez le darán el Nobel?</p><p>-A Dylan se lo dieron.</p><p>-¡Y no acudió a la ceremonia!</p><p>-Tiene un problema con su personaje, por decirlo de alguna manera. Dylan, otro de Minnesota, gente muy testaruda, no lo dude, será la nieve. Aunque, ya que me lo pregunta, dudo mucho que se lo den a un escritor blanco-norteamericano-heterosexual tal y como está el mundo ahora mismo, los suecos están más cerca de Ucrania que de Haddam…</p><p>-En España le concedieron en 2016 el Princesa de Asturias de las Letras, podría tratarse de una antesala…</p><p>-Recuerdo que Richard me contó que le recibieron con unas gaitas y yo pensé cómo sería vivir en un país que tiene princesas y gaitas…</p><p>-Muchos españoles no vemos con buenos ojos la monarquía, ni tampoco a las princesas …</p><p>-Hacen mal, mire los Estados Unidos.</p><p>-Usted odiaba a los Bush.</p><p>-Con toda mi alma, más al hijo que al padre, a Gore sí que le robaron las elecciones…</p><p>-Luego vinieron Clinton y Obama.</p><p>-Soy más fan de Barak que del de Arkansas, y no sea mal pensado.</p><p>-Y luego llegó Trump.</p><p>-Ahí empecé seriamente a plantearme que algún día debía ir en peregrinación al monte Rushmore.</p><p>-¿Ve factible una secuela de Richard Ford en la Trump Tower?</p><p>-No me gustan un pelo las distopías, ahora tan de moda, enciendes la televisión y está la repelente criada esa o el puto Oppenheimer, creo que a Richard tampoco, afortunadamente.</p><p>-Después del debate de ayer noche, no sé muy bien qué pensar.</p><p>[La conversación tuvo lugar unos días después del desastroso primer debate televisado entre Joe Biden y Donald Trump]</p><p>-Puse una película de James Cagney.</p><p>-Dijo usted en cierta ocasión: “No hay escape de la vida, hay que afrontarla en su totalidad”.</p><p>-Sigo pensando lo mismo, y metamos a la política y a sus guiñoles ancianitos en el mismo paquete…. No hay escape, ya sea el Covid, Trump, la muerte de un hijo, el Muro de la frontera, Taylor Swift, los Boston Celtics o un amor imprevisto, hay que afrontarlo todo en su totalidad.</p><p>-¿Lo afirma un agente inmobiliario de Haddam, New Jersey, o un personaje literario?</p><p>-Lo dicen ambos y añado: la vida nunca tiene un final convincente y natural, excepto uno…</p><p>-Un poco taciturno, de repente, Frank.</p><p>-Me viene ahora a la cabeza una chica que, cuando estábamos llegando al Rushmore, nos miró a mi hijo y a mí (él iba en silla de ruedas) y nos dijo: “Recuerden, cuando lleguen a los monumentos esas caras de ahí arriba les parecerán pequeñas cuando las vean por primera vez. Pero se acostumbrarán. O ya se acostumbrarán ellos”. Lo considero mi última lección de filosofía.</p><p>-Ahora que habla de filosofía, para mí uno de sus mejores momentos o papeles es ‘Francamente, Frank’. Ahí parece que Ford le deja campar a sus anchas, es como si dijera, mi personaje se merece una cerrada ovación por su lealtad durante estos años, dejémosle tocar un largo solo de guitarra…</p><p>-Con eso tengo la sensación de que es como si Bruce Springsteen, otro de New Jersey, pensara que sin la E Street Band no sería nada y les dejara a ellos cobrar todo el protagonismo, sé que The Boss lo hace a menudo. Sí, <em>Francamente, Frank</em> son cuatro<em> bonus tracks</em> en los que me reconozco tanto en lo incorrecto como en lo correcto, hice un poco lo que me vino en gana…</p><p>-¿Hay algún momento que recuerde especialmente?</p><p>-Déjeme buscar un momento, tengo los Ford anotados y en desorden, no son muchos, pero a veces me cuesta encontrar lo que busco…</p><p>[Pasan dos minutos y miro la grabadora con esa sospecha de que todo es el sueño de una noche de verano y que Frank Bascombe no existe en realidad]</p><p>-Tómese su tiempo…</p><p>-Hay uno que me gusta mucho, el Stoli también ayuda, un vodka helado y el atardecer de Haddam, en fin, no me enrollo, leo: “Lástima que no estemos expuestos a más momentos inesperados. La vida podría resultar menos insustancial, dar más sensación de que vale la pena preservarla”.</p><p>-Una última curiosidad, sigue llevando un libro de Heidegger para dormirse…</p><p>-A los cinco minutos me quedo roque, <em>Ser y tiempo</em>, piense lo difícil que es conciliar el sueño en un desangelado motel de Mitchell o de Rapid City con un hijo en una silla de ruedas, pero con Heidegger nunca falla.</p><p>-Espero volver a encontrarle pronto, señor Bascombe.</p><p>-En Haddam tiene su casa, <em>Revoir</em>. Podemos jugar al <em>cornhole</em> en el salón y tomarnos un par de Coors viendo a los Chiefs...</p><p>-No sé qué pensará Richard Ford de todo esto…</p><p>-A mí particularmente me la bufa.</p><p>Llamo a Frank tras el advenimiento de Kamala Harris. Dejo varios mensajes en el contestador sin éxito. Finalmente, a primeros de septiembre devuelve la llamada.</p><p>-Imagino que quiere hablar de Kamala.</p><p>-Si no tiene inconveniente.</p><p>-Estuve de vacaciones en las islas griegas, una vieja promesa que tenía conmigo mismo.</p><p>-¿Y cómo le fue?</p><p>-Demasiados incendios y turistas, no sé bien lo que es peor, pero uno pone el pie en el aeropuerto y se encuentra ya en el infierno. Y la vieja Europa ya no es lo que era. Mikonos está lleno de parejas gays de Manhattan y a Lesbos no se puede ni ir con tantos refugiados, ni hablemos del Partenón, que es como Disneyland… En fin, ya estoy de vuelta en Haddam que es lo mejor que podía pasarme.</p><p>-Hablemos de Kamala…</p><p>-Kamala es californiana.</p><p>-Lo dice con resabio.</p><p>-Lo digo porque conozco a este país y una californiana no sé bien cómo convencerá a la gente de Ohio y de Georgia para que le voten…</p><p>-Cree entonces…</p><p>-Creo que está teniendo muchas aportaciones a la campaña y como decimos por aquí <em>money talks</em>…</p><p>- O sea que puede ser que gane.</p><p>-Puede que sea la primera mujer en la Casa Blanca como Obama fue el primer afroamericano, siempre hay una primera vez y luego las cosas no son tan distintas como pensábamos.</p><p>-A lo mejor con esa sonrisa y la ayuda de Taylor Swift…</p><p>-Obama tenía la mejor voz después de Frank Sinatra y Kamala una risa contagiosa, un poco de humor nos vendrá bien, pero no creo que Taylor Swift ayude mucho en el cinturón bíblico de América… Además, por lo que veo tiene más fans en Madrid que en Michigan.</p><p>-Trump sigue vendiendo corbatas y biblias…</p><p>-Hace tiempo que vendió también su alma al diablo.</p><p>-Gracias, Frank, por atenderme y buena suerte… Por cierto, no sé si ha hablado ya con Richard de lo nuestro…</p><p>-Richard está de gira mundial como Taylor Swift, supongo que después de noviembre hablaremos.</p><p>-A lo mejor con una presidenta nueva…</p><p>-A lo mejor.</p><p><em><strong>Ramón Reboiras</strong></em><em> es jefe de redacción de ‘Tinta Libre’, su último libro publicado es ‘El Chevrolet de Pessoa’ (La Umbría y la Solana, 2024).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Nov 2024 19:19:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <title><![CDATA[Azores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/azores_129_1865958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e5870c1d-45a7-4f18-96ee-409297966dcc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Azores"></p><p><strong>El avión de Lisboa a Ponta Delgada no llevaba turistas</strong>. El verano había terminado. Azorianos taciturnos regresaban del continente -o continente, como llaman al resto del mundo-; algún hombre de negocios, quizás un vulcanólogo o un comisario destinado a Faial y un pasajero que tenía sobre la mesilla replegable dos pruebas del delito: un manoseado ejemplar de <em>Bajo el Volcán</em> y el <em>walkman </em>con un casete de <em>New York</em> de Lou Reed recién estrenado.</p><p>Había tomado al amanecer un avión en Santiago de Compostela para Lisboa y ahora volaba al encuentro con la borrasca. Las Azores siempre le parecieron un buen lugar<strong> para perderse en el mapa</strong>. En 1990 todavía lo eran.</p><p>Lio un pitillo ante la atenta mirada de la azafata de la TAP y vio por la ventanilla aquel cielo atormentado que presagiaba que se estaban acercando al origen del maelstrom, esa leyenda de tempestades con la que el archipiélago perfuma su posición en el Atlas. </p><p>-Disculpe, pero <strong>no sé pueden consumir drogas. </strong></p><p>-Es solo picadura de tabaco holandesa.</p><p>Le mostró la bolsa.</p><p>Aterrizar en una pista de tenis es difícil, pero <strong>le pareció un presagio</strong> del partido que iba a disputar contra sí mismo.</p><p>El siguiente presagio aguardaba a quince minutos del aeropuerto caminando sobre una<strong> lluvia incesante</strong> mientras arrastraba un macuto militar que dejaba traslucir cierta prisa por llegar a algún lugar al reparo de la tormenta.</p><p>La Pousada de Sao Miguel era un viejo convento de aspecto manuelino y paredes encaladas que no lograba del todo ocultar su condición de refugio de almas perdidas pese a su careta de moderno hotel-boutique. “Si usted se encuentra perdido toque las campanas”, parecía decir sin decirlo.</p><p>Le costó encontrar a alguien en la recepción y poder cruzar unas palabras portuguesas acerca de la reserva. <strong>Las cosas son lentas</strong> en medio del Atlántico.</p><p>El cuarto estaba preparado, las sábanas eran de lino, los muebles de caoba y daba a un patio donde la lluvia corría por los canalones y crecían unas hortensias azules. La Biblia estaba en el cajón. <em>Romeo had Juliette</em> sonaba en el <em>walkman.</em></p><p><em>Atrapado entre las retorcidas estrellas/ Las líneas trazadas del mapa defectuoso/ que trajo a Colón a Nueva York </em>susurraba Lou Reed como si el mapa siempre fuera<strong> la coartada de la perdición</strong> más que del encuentro, como si el mapa fuera la clave de perderse antes de encontrarse. Siguiendo la navegación, pensó, podía avistar Coney Island en línea recta, pero había llegado a Ponta Delgada.</p><p><em>-Coney Island, baby…</em></p><p>Se puso el albornoz, se miró al espejo en busca de compañía y pensó que todos los equívocos conducen a algún lugar, aunque sea el lugar equivocado. El olor a pared encalada de la cocaína le subió por las fosas nasales como siempre que escuchaba al bardo del <em>wild side</em>. </p><p>Cenó<em><strong> açorda alentejana </strong></em>que no estaba nada mal y remató con un dulce <em>pao de Deus,</em> pero la lluvia, la sopa, el propio convento empezaron a mandarle señales de una inminente visita: la tristeza, esa tristeza lusitana que todo lo envuelve con el terciopelo borgoña de una butaca antigua en un rincón de la existencia.</p><p>Allá al fondo, tras la puerta del comedor, divisó una pared de madera noble, vagamente iluminada por unas lámparas de pared, donde lucían cientos de botellas. <strong>Un espejismo.</strong></p><p><em>-O Moby Dick, boas-vindas.</em></p><p>Apuntó el camarero que recogía la mesa como si le estuviera franqueando<strong> las puertas del Purgatorio. </strong></p><p>Acodados en la barra había dos hombres de aspecto rubicundo que parecían llevar toda la vida esperando el fin del mundo en esa posición. Noruegos. Se acomodó en la otra punta con esa torpe indecisión que preludia la llegada de todas las recaídas. Los hombres le saludaron en inglés y le invitaron a acercarse. Contaban historias de ballenas. <strong>Eran cazadores de ballenas.</strong> Cazadores hasta que se prohibió la caza de la ballena. Pidieron otra botella de vodka ruso y le convidaron a un trago. Eran de Bergen. Brindaron. Hablaron de Faial, de Porto Pim, de enormes cetáceos, de campañas de seis meses, de los buenos tiempos. Venían todos los otoños al lugar del crimen para recordar. Le enseñaron algunas fotos. Rastros de sangre en el océano. Apuró otro vaso entero.</p><p>-He venido al peor sitio del mundo para dejar de beber.</p><p>Dijo mirando los animales descuartizados. </p><p>Los noruegos sonrieron como se sonríe a otro<strong> náufrago perdido </strong>en el océano.</p><p>-Nosotros también bebemos para olvidar.</p><p><strong>Fue su primera noche en la Pousada.</strong> Ballenas. Vodka. La Biblia en el cajón. La sangre en el océano. Hombres melancólicos acodados en la barra castigando el hígado hasta encontrar el camino para vomitar cerca de las hortensias azules, bajo la lluvia que nunca cesaba en Ponta Delgada. </p><p>Luego visitó un volcán que era un lago.<strong> Una iglesia sin santos</strong>. Un muelle vacío. Alguien le explicó cómo habían llegado las vacas del continente. Alguien le dijo que, después de las campañas de la caza de ballenas, las islas se habían quedado más solas de lo que ya estaban. Mal sitio para dejar de beber, Ponta Delgada. Mal sitio para recordar los tiempos de la caza de ballena, Ponta Delgada. </p><p>En el puerto sólo encontró orientales de mirada huidiza que trabajaban en las flotas de altura que iban a la campaña del fletán a Terranova. Esclavos.</p><p>Recordó cuando le dijo a su padre hace unos días:</p><p>-Me voy a las Azores.</p><p><strong>- ¿Las Azores?</strong></p><p>-Me hará bien desaparecer del mapa.</p><p>-Hay que joderse ¡por si fuera poca la borrasca!</p><p>Le respondió.</p><p>Tras el recuerdo volvió al libro que le acompañaba. De nuevo la cal húmeda le subió desde las fosas nasales.</p><p><em>-Mezcal.</em></p><p><em>Dijo el cónsul. </em></p><p>Leyó.</p><p>-Otra ronda.</p><p>Ordenó uno de los cazadores de ballenas que por muchos tragos que llevara <strong>parecía no emborracharse nunca.</strong></p><p>-No hay que perder de vista al monstruo.</p><p>Se tapó los ojos.</p><p><strong>-Nunca, por Dios.</strong></p><p>Dijo su compañero y escupió al suelo como escupen los marineros. </p><p>Llevaba cuatro noches y cinco mañanas en un lugar que se puede recorrer en una mañana. </p><p>Había vuelto a emborracharse de la peor manera posible: a conciencia. </p><p>Los barcos tampoco podían navegar a Pico o a Flores. </p><p><em>Mau tempo no canal</em>, repetían los lugareños. </p><p>Entonces, la última noche, harto de hablar solo con borrachos o camareros, le preguntó al taxista que siempre aguardaba a la entrada de la Pousada.</p><p>- ¿Hay alguna discoteca en la isla?</p><p>Era aquel u<strong>n tiempo de discotecas</strong>.</p><p>- No señor. No hay discotecas.</p><p>- ¿Y algo que se le parezca?</p><p>El taxista meditó un momento.</p><p>-Una verbena en un pueblo.</p><p>-Vamos.</p><p>Una <strong>verbena portuguesa </strong>en una isla perdida en el océano es un velatorio. Cuando llegó se acodó a la barra entre la dura mirada de los lugareños. La cerveza estaba caliente. Tomó dos <em>sagres</em> y miró la orquestilla que malamente atacaba una canción pasada de moda. </p><p>Alguien se le acercó.</p><p>-¿Italiano?</p><p>-Español.</p><p><strong>-¿Busca compañía?</strong></p><p>-No.</p><p>-¿Por qué no?</p><p>-Porque no.</p><p>Apuró la <em><strong>cerveja </strong></em>cuando empezó la desbandada por la tormenta. <strong>Todos corrían a los coches.</strong> Y el sitio se fue vaciando. Preguntó si alguien iba a Ponta Delgada. Le miraron con desconfianza. Preguntó si había manera de llamar un taxi. Se rieron. Pasado un rato el hombre que sacudía el agua del toldo le invitó a irse. Se había tomados dos cervezas calientes y estaba solo, más solo que nunca. Salió a la carretera, mojado, con la mochila a la espalda. Los últimos coches iban con gente subida a los pescantes y el resto eran motos que hacían un ruido infernal.</p><p>-Cristo.</p><p><strong>Dijo alguien al pasar.</strong> </p><p>Miró una indicación en un mojón de piedra: Ponta Delgada 23 km. Caminó por la carretera oscura y llena de baches por donde los coches hacía rato que habían dejado de pasar. Las indicaciones fueron también desapareciendo en la noche. Siguió caminando hasta que en un recodo vio a lo lejos las luces de lo que debía ser Ponta Delgada. Caminó hasta llegar a la Pousada. Volvió a Lou Reed. Echaba de menos la tierra firme, el continente, aquella soledad le estaba consumiendo. A la mañana siguiente el mismo taxista le preguntó <strong>con una sonrisa malévola.</strong></p><p>- ¿Qué tal la fiesta?</p><p>-Linda.</p><p>Le respondió<strong> como si nada de aquello hubiera tenido lugar</strong>. Como si no hubiera estado jamás en Ponta Delgada. Como si su vida entera empezara a desprender un fuerte olor a perro mojado.</p><p><em><strong>*Ramón Reboiras</strong></em> es autor de <em>El Chevrolet de Pessoa</em> (La Umbría y la Solana, 2024).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Aug 2024 15:12:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Azores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lisboa,Viajes,verano]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Orlando Figes: “Siempre nos hemos equivocado con Rusia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/orlando-figes-hemos-equivocado-rusia_1_1396494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c43a1f2e-703e-4ee8-9ca5-b55f8d018f28_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orlando Figes: “Siempre nos hemos equivocado con Rusia”"></p><p><strong>Su nombre está vinculado a Rusia de forma definitiva</strong>. <em>El alma mater</em> del profesor Figes fue la universidad de Cambridge y en los años ochenta empezó a hurgar en los archivos de la URSS cuando el deshielo de Gorbachov permitió sacar a la superficie un pasado lleno de escombros y cadáveres. Es autor de dos volúmenes canónicos: sobre la historia cultural rusa, <em>El baile de Natasha</em>, y sobre la revolución de octubre,<em> La Revolución rusa</em>, que deberían leerse para abordar el presente tumultuoso de esa parte del mundo siempre en conflicto con su pasado y, dicho sea de paso, con su <em>alma</em>. </p><p>A partir de la invasión de Ucrania, Figes (Londres, 1959), ex profesor del Birbeck College, miembro honorario de la Royal Society of Literature, nacionalizado alemán y residente en Alemania tras el <em>Brexit</em>, ha querido ofrecernos un manual urgente que sigue apostando por la erudición y una narrativa de los hechos poderosa. <em>La historia de Rusia</em>, publicada como las obras anteriores por Taurus en español, es seguramente uno de los textos de cabecera para este año, una bitácora en medio de la tormenta montada por un historiador de la infatigable escuela británica. </p><p><strong>En España citamos frecuentemente un dicho popular que es “acordarse de Santa Bárbara cuando truena” para subsanar muchos olvidos ¿Tuvo que haber una guerra para que Occidente mirase a Rusia?</strong> </p><p>Hasta cierto punto yo diría que sí. Esos son los términos al menos en los que lo ha manifestado Putin; que nadie les hacía caso, que si Ucrania entraba en la OTAN, que si Occidente ignoraba los acuerdos de Minsk... Todo eso les hizo sentir casi obligados, o al menos así lo ponen ellos, a dar una sacudida al mundo para que les hicieran caso. ¿Se hubiera podido evitar la guerra si nos hubiéramos acordado antes de Santa Bárbara? No estoy tan seguro si hubiese sido así porque la dirección en la que viaja la retórica y la ideología de Putin nos sugiere que el curso de una guerra imperialista contra Ucrania estaba ya marcado hacía tiempo. No es algo que se le ocurrió en febrero de este año, es algo que estaba marcado al menos desde la anexión de Crimea, en 2014. De alguna manera, ese fue el motivo por el que decidí escribir este libro, porque desde hacía tiempo a mí me parecía que Putin estaba trazando una visión del lugar que había tenido y que debería tener Ucrania en la historia de Rusia, y esa visión era totalmente incompatible con la visión de Rusia sobre la independencia ucraniana. Precisamente por eso comencé a escribir el libro en 2016 con la inauguración de ese gran monumento en Moscú dedicado al príncipe Vladímir que replicaba al de Kiev y que a mí me pareció no una declaración de guerra, pero si una clara declaración de intenciones. Ciertamente era la expresión de que Ucrania nunca ha sido más que una región de Rusia cuyos orígenes se remontan a la conversión a la cristiandad de Vladímir El Grande y al desarrollo del Estado de Kiev, así que, al menos ideológicamente, en términos de la mitología histórica que ha estado desarrollando Putin, Occidente no vio lo que ocurría ni prestó atención a Rusia. </p><p><strong>En su hermoso y muy recomendable libro </strong><em><strong>El baile de Natasha </strong></em><strong>habla de la tensión a veces insoportable de un país enorme que siempre buscó y sigue buscando el equilibrio entre Europa y Asia. ¿Rusia en busca de su identidad es una cuestión permanente tanto en su cultura como en su política, no es así? </strong></p><p>Ciertamente, y también ha contado este hecho en el desarrollo de los hechos actuales. Digamos que la incertidumbre de Rusia sobre su lugar en el mundo, entre Oriente y Occidente, también está presente en esta ocasión como usted apunta. Creo que, además, lo estamos percibiendo en la propia retórica de Putin desde hace algún tiempo, en toda esa insistencia en señalar que a Rusia se le debe respeto, ese resentimiento que aflora sobre todo por el ninguneo del papel que ha tenido Rusia en la salvación del mundo de los nazis; esa sensación de que nunca se les reconoció el mérito que tuvieron en la Segunda Guerra Mundial. El agravio que se siente como ruso resulta manifiesto en 2015, en el 70 aniversario de la victoria sobre el nazismo, cuando en Moscú no se presentó ningún líder occidental en los actos conmemorativos. A mí me pareció que este hecho Putin se lo tomó como un agravio personal, como una afrenta, porque él se ve a sí mismo como la personificación de Rusia y, por tanto, percibió que no se le estaba otorgando a Rusia la importancia y el respeto que se merecía. Esa retórica del resentimiento sobre la falta de respeto, sobre los logros no reconocidos, esa sensación de que a Rusia la estaban dejando de lado, todo ello ha madurado en una nueva inclinación hacia la identidad eurasiática, con un componente mucho más eslavo, al menos en la retórica del liderazgo ruso. Todo esto influenciado por las ideas de los eurasianistas en las que se contempla a Occidente no solo como una civilización que Rusia no tiene por qué seguir, ni debería hacerlo, porque ellos poseen otros valores espirituales conservadores que son los que defiende Putin. Además, se percibe a Occidente como hostil a Rusia, como una potencia que trata de minar la posición rusa en el mundo, como una potencia que les menosprecia. Este conjunto de cosas ha derivado en una actitud de Putin un poco más eurasianista en estos momentos. </p><p><strong>En la búsqueda del</strong><em><strong> alma rusa</strong></em><strong>, un patrón que se repite en la historia del país, siempre aparece una figura autoritaria que guía al pueblo, casi una cuestión tribal, aunque Putin no sea Pedro El Grande ni Alexander Nevsky precisamente… </strong></p><p>Así es y además este relato lo maneja Putin con toda la intención porque se considera paralelo a Pedro El Grande. Sobre todo, de cara a los historiadores, insiste mucho en que Rusia necesita un líder fuerte para mantener al país unido y para defenderlo sobre todo de las potencias occidentales. Esa historia tiene también mucho que ver con la Historia con mayúsculas que le han contado a los rusos durante siglos. Pensemos, por ejemplo, en la historia de Alexander Nevsky. No es que los rusos sepan mucho de Nevsky, ni siquiera cuando le votaron el ruso más importante de la historia en 2016, lo que saben los rusos de Nevsky es quizás lo que vieron y aprendieron en la película de Serguéi Eisenstein que se les mostró a millones durante la Segunda Guerra Mundial, la historia del héroe patriótico que defendió a Rusia y su religión contra los caballeros teutones. En dicha historia, o cuento más bien, encontramos todos los defectos del relato de que Rusia necesita un líder fuerte para mantenerse unida y poder defenderse de “los otros”. Es una historia que se repite muchas veces a lo largo de los siglos y Putin es plenamente consciente de que juega a repetir ese papel. Los paralelismos con todos los líderes fuertes del pasado son algo a lo que se acoge este régimen para otorgarle una especie de brillo patriótico a lo que hace y para justificar de alguna manera esa “mano dura”, ese liderazgo militarizado. El mensaje es que Rusia está siempre bajo ataque enemigo. </p><p><strong>Casi después de un año del inicio de la invasión de Ucrania la receta nacionalista parece seguir funcionando para el Kremlin: gran parte de la población rusa reconoce su malestar con Occidente al que consideran en gran parte culpable de los hechos. </strong></p><p>Es muy difícil de determinar este asunto. Esa es la visión de hecho que sostiene la propaganda rusa y es lo que te va a decir cualquier ruso si llega un periodista y le pone un micrófono delante de la cara o si hacen cualquier encuesta de opinión, pero si vas a su casa y le preguntas cuáles su opinión real podrían decirte algo muy distinto... Me imagino que hay una concienciación cada vez mayor entre la población rusa de que estamos hablando de una guerra, de una guerra de verdad, y de que es una guerra que ha iniciado Rusia. Me imagino que hay mucha inquietud sobre el tema dado que muchas familias rusas tienen parientes en Ucrania y la carga económica de la guerra va en aumento a medida que fallecen rusos en el frente. Estamos empezando a percibir esa inquietud pero, de momento, no es muy visible desde fuera. Parece que los rusos son aquiescentes en esta guerra no necesariamente porque estén a favor de ella sino porque, por una parte, son esclavos de los medios y, por otra, no se atreven a opinar porque pueden ir a la cárcel y todavía existe en Rusia esa memoria colectiva de la represión y el terror del Estado que se remonta a los años de Stalin y todavía resulta una presencia tan poderosa que inhibe las opiniones personales. Los rusos sienten que calladitos están más guapos, saben que el que está callado no se mete en problemas y eso es una situación que va a continuar hasta que se rompa el escenario actual, algo que podría suceder repentinamente. Si colapsara ahora mismo el régimen de Putin, algo que tampoco es improbable, las cosas podrían cambiar de manera radical en Rusia, pero no creo que debamos asumir que todos los rusos están de acuerdo con esta guerra ni tampoco que son víctimas propiciatorias de la propaganda o que mantienen una actitud de esclavos pasivos ante los medios rusos, ni mucho menos, creo que tenemos que tener una visión mucho más matizada. Ciertamente la propaganda ha sido muy efectiva y seguirá siendo muy efectiva para los ciudadanos de mayor edad, los que han vivido esa historia que se ha enseñado en Rusia, los que han formado su personalidad durante los años de la Guerra Fría, los que ven a Occidente como amenaza y, al mismo tiempo, abundan otros factores enraizados en la historia que inhiben la libertad de expresión del pueblo ruso, por tanto de momento no nos vamos a enterar de lo que piensan verdaderamente los rusos. </p><p><strong>La invasión napoleónica, en 1812, y la victoria ante los nazis, en 1945, fueron dos momentos definitivos de la historia rusa en los que las élites dominantes abrazaron al campesinado y a los trabajadores y su valor decisivo en los campos de batalla. Dos catarsis fundamentales que no parecen guardar relación alguna con Ucrania por mucho que se invoque el mismo relato.</strong></p><p>Todas esas historias de invasiones occidentales que quieren destruir a Rusia y en las que el pueblo se une para demostrar su sacrificio patriótico, todo ese espíritu colectivo, es la historia con minúscula clásica de Rusia; esa idea del “alma rusa” que, por su tradición religiosa y por naturaleza, constituye un colectivo espiritual dispuesto al sacrificio por una gran causa. Siempre se trata de defender la sagrada tierra de Rusia de los infieles. Son mitologías que tienen una profunda raigambre en el pueblo ruso. Sin embargo, en esta ocasión, nadie estaba atacando a Rusia. Napoleón y Hitler atacaron a Rusia, pero Ucrania no ha invadido Rusia. Esta guerra la ha iniciado el régimen ruso y yo no creo que puedan ocultarlo para siempre. Es decir, la historieta de que Rusia está en guerra contra la OTAN y de que está utilizando a Ucrania para marear la perdiz no creo que se sostenga mucho tiempo más. Por mucho que se empeñe el Estado en desarrollar esa mitología no se puede tapar el sol con un dedo. Por tanto no estoy muy seguro de que siga funcionando esa fábula antigua de que nos unimos todos los rusos para rechazar al invasor. Ni creo que funcione bien con lo de Ucrania, ni creo tampoco que se pueda mantener durante demasiado tiempo. </p><p><strong>A la vista de personajes como el filósofo Alexander Dugin o la posición de la iglesia ortodoxa, cabe preguntarse si Rusia sigue siendo una gran desconocida para Occidente, sobre todo en lo que concierne a su espiritualidad… ¿Rige todavía esa vieja pulsión de la aldea tribal asentada en torno a Moscú contra el San Petersburgo ilustrado y europeo causante de todos los males?</strong></p><p>Es difícil que se mantenga la idea de una aldea tribal en una sociedad ya urbanizada por completo, pero el mecanismo de esa mitología que señala sigue muy activo. Siguen circulando las ideas de Dugin y de leurasianismo, de la función de la Iglesia en apoyar una espiritualidad colectiva rusa amenazada por Occidente, pero es difícil analizar supervivencia, sería como decir que el alma inglesa está siempre de parte del más débil o tratar de definir el alma española… Son ideas que no traducen realmente lo que siente el ciudadano ni su modo de pensar en relación con los hechos cotidianos. Es posible que algunos rusos se crean lo del alma rusa y lo de la unidad colectiva, pero cuando no hay nada que llevar a la mesa, cuando muere un miembro de tu familia en la guerra, tampoco tiene mucho valor esa sensibilidad. Esos mitos se pueden desvanecer como ocurrió incluso en 1917.  </p><p><strong>En un célebre discurso, Putin decía refiriéndose a las purgas estalinistas: “En la historia de cada Estado han sucedido todo tipo de cosas. Y no podemos permitirnos que se nos haga sentir culpables”. ¿Otra vez parece abrirse la puerta a la cancelación del pasado para eludir la culpa que embarga la historia rusa?</strong></p><p>El contexto de la propia intervención a la que se refiere es complicado. Putin ha sido bastante explícito cuando ha denunciado el Gran Terror del periodo estalinista, sin embargo constantemente afirma que no hay que seguir pensando en eso, que no es sano aferrarse a ese pasado porque hubo cosas que hizo Stalin que estaban muy bien, pero sobre todo porque, según Putin, los rusos deben liberarse de ese sentido de la culpa que les ha instigado la historia, y si quieren recuperar su soberanía y su identidad tienen que asumir de su historia tanto lo bueno como lo malo. Esta ha sido la política concertada del régimen desde 2004-2005 cuando todavía había mucha lucha ideológica sobre el legado de Stalin y cómo debería ser enseñado en las aulas o cómo la población general debería recordar esa época. Yo creo que ha sido muy importante este hecho para consolidar la dictadura de Putin, porque también eso le permite al régimen cerrar, o como usted dice, cancelar, ese capítulo. Esto significa que la percepción popular hacia el Estado y hacia la violencia del Estado, hacia el terrorismo de Estado o hacia los métodos del régimen de Stalin, no es algo que deba cuestionarse, ¿para qué? En muchos aspectos el problema de la Rusia actual es esa capacidad del Estado, ese potencial del Estado de utilizar el terrorismo contra el pueblo o de lanzarse a una guerra sin que se le cuestione. La estructura general del poder en Rusia es consecuencia de que allí nunca se ha abordado el tema del estalinismo después de 1921 o así me parece a mí. Muchas de las actitudes del pueblo ruso con la violencia de Estado derivan del hecho de que nunca ha enfrentado lo que realmente significó el régimen de Stalin. </p><p><strong>Recuerda usted en su libro un chiste que circulaba en la URSS de los años duros del comunismo: “El futuro de Rusia como país es indudable; lo que resulta impredecible es su pasado”. Una bella parábola histórica sin duda.</strong></p><p>Es absolutamente descriptivo. Se contaba en esa época sobre todo entre las personas de mayor nivel cultural que sabían cómo Trotsky y otros habían sido borrados de la historia oficial, habían desaparecido de los libros y de eso eran muy conscientes los académicos de la época. El comunismo proyectado hacia el futuro podría considerarse como algo que seguiría siempre existiendo; en su versión soviética el futuro estaba clarísimo, pero para llegar a ese futuro había que reescribir el pasado constantemente y borrar todas esas contradicciones. De alguna manera resulta un fenómeno totalmente orwelliano: la posición de Winston, en el Ministerio de la Verdad, en <em>1984</em>, es cambiar los registros históricos, él trabaja en eso para que concuerden con las políticas presentes y futuras… Y es desgraciadamente lo que tenemos ahora en Rusia, parece calcado, y lo mismo que pasó durante el régimen soviético.</p><p><strong>Tarde o temprano, casi toda la intelectualidad rusa ha querido volver a tocar su tierra natal… El caso más paradigmático es quizás Stravinsky, pero ahí quedan los ejemplos de Nina Berbérova, Marina Tseveiáteva, o Anna Ajmátova, que vivió un exilio interior, o Kandisnky, que buceó comonadie en las raíces primitivas. Nabokov mismo odiaba la revolución bolchevique pero siempre sintió una nostalgia aterradora de la Rusia que abandonó, de la lengua, de Chéjov, de Pushkin… Parece que hay una Rusia por encima de todos los avatares políticos, una patria espiritual.</strong></p><p>Históricamente tiene razón. No estoy tan seguro en cambio de que ese sentimiento siga siendo tan válido en nuestros días como en otros tiempos anteriores. En estos últimos diez o quince años hemos presenciado un éxodo masivo de las clases intelectuales que se van de Rusia. Imagino que al principio todos piensan que van a volver o quieren volver, ahora bien, que vuelvan en realidad ya no estoy tan seguro. La generación de Nabokov o de Stravinsky pensó que volverían cuando dejaron Rusia, pero aun así fueron derrocados los bolcheviques y no volvieron a Rusia y ahora que salen muchos intelectuales de Rusia puede que lo hagan con la intención de regresar, pero no me los imagino volviendo a un país en el que saben que no hay futuro para ellos y que están hartos de la corrupción, de la criminalidad, de la dictadura… Es decir que esa tierra rusa que sentía de manera tan acuciante Stravinsky existe todavía como idea romántica tal vez en las novelas, pero en la actualidad dudo que exista como entidad intelectual. Prefiero pensar que en este mundo globalizado en el que vivimos y donde podemos llevarnos nuestras habilidades a cualquier otro sitio, incluso el idioma, en un mundo donde podemos hacer vida fuera de la madre patria, seguramente dicha melancolía será muy diferente, esa identificación con el terruño ha dejado de ser tan acuciante. Lo digo como exiliado del <em>Brexit</em>, es decir, yo mismo he pasado toda mi vida en el Reino Unido, pero ahora mismo ¿me plantearía volver allí para vivir de forma permanente? Pues ya no. Han cambiado las cosas a un nivel fundamental y todo lo que ha habido de bueno en la historia y en la cultura rusas, esa rica tradición cultural que tanto hemos amado, se ha perdido. Es decir, ya nadie quiere quedarse en Rusia a sufrir, ningún gran artista va a quedarse en Rusia porque sea Rusia y lo mismo sería válido para los físicos o los matemáticos. </p><p><strong>Pese a lo trágico de la situación parece una suerte ser un historiador dedicado a interpretar el pasado y el presente rusos en estos momentos en los que sí hay por fin una atención cada vez mayor…</strong></p><p>Supongo que a cierto nivel me considero un afortunado. Ni siquiera recuerdo cuándo empecé a estudiar cosas de Rusia, creo que fue en los ochenta, tal vez en ese periodo sí que pensé en la gran oportunidad que se me ofrecía de especializarme en Historia de Rusia en una época en la que se estaban abriendo los archivos históricos y que había un propósito de ver qué podíamos hacer los historiadores, sobre todo cuando podíamos colaborar con los propios historiadores rusos para ayudarles a desarrollar su propia historia utilizando nuestras metodologías… Esto conllevó también un gran sentido de la responsabilidad como profesional y como estudioso de los temas rusos. Siento la responsabilidad de ayudar al público a entender mejor lo que es Rusia, no tanto a pedir perdón ni disculpas, sino a ayudar a todos a entender a qué nos enfrentamos en esta crisis. Hay que autoanalizarse un poco en este punto. Como grupo profesional, los que hemos estudiado Rusia deberíamos revisar en parte nuestras premisas, porque casi siempre nos hemos equivocado en nuestra visión de Rusia, y ahora también.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jan 2023 13:26:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <title><![CDATA[Isabel Celaá: "El covid, la gripe española o la peste negra son avisos, hay que desarrollar la ciencia y la educación"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/isabel-celaa-covid-gripe-espanola-peste-negra-son-avisos-hay-desarrollar-ciencia-educacion_1_1190785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88b69781-7089-40a4-9afd-a81f62bcf85b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Isabel Celaá: "El covid, la gripe española o la peste negra son avisos, hay que desarrollar la ciencia y la educación""></p><p>Sucede en España.<strong> </strong>Muchos ministros de Educación han bautizado una ley con sus apellidos. Como norma, casi todos han vivido protestas en las calles (de Maravall a Wert). Los más odiados son también los más recordados; los otros son materia olvidada. En la imponente galería de retratos del Ministerio de Educación, en la madrileña calle Alcalá, cerca del Banco de España, cuesta recordar que Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre hayan pasado por este despacho. <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/isabel_celaa.html" target="_blank">Isabel Celaá </a>(Bilbao, 1949), una de las escasas mujeres de esa galería pictórica, cree en el común denominador, aunque sea el mínimo. Curtida en mil batallas, tanto en Madrid como en el Gobierno vasco, docente de vocación y mediadora en muchos conflictos, sabe que su ley tiene un recorrido menos incierto que la de sus predecesores, aunque en las cercanías del Ministerio haya pancartas todos los días pidiendo la guillotina. La política educativa lleva años cambiando en el Estado de las Autonomías; ahora forma parte de un Gobierno de coalición que tiene en la escuela pública una de las marcas de su agenda y, por fin, una dotación histórica prevista en los PGE acorde con su importancia. Hay voluntad política para sacar a este departamento de su sempiterno papel de secundario en la película y se atisba en el horizonte un gran cambio en la Formación Profesional (el Ministerio, no en vano, se apellida <a href="https://www.infolibre.es/tags/instituciones/ministerio_educacion.html" target="_blank">de Educación y Formación Profesional</a>).</p><p>¿Será la gran ocasión que España siempre reclama desde los tiempos de los regeneracionistas de hace dos siglos? ¿Tendrán nuestros docentes el reconocimiento que se merecen? ¿Y nuestros hijos un invierno tranquilo pese a las ventanas abiertas de las aulas? ¿Llegará la fibra óptica a más de ocho millones de alumnos? La ministra parece convencida de que ha llegado la hora. La hora de la <em>ley Celaá</em>.</p><p><strong>Tras la emergencia sanitaria que todavía persiste, la educación es sin duda el otro gran frente del sistema público a la hora de abordar la profunda crisis provocada por la pandemia. Dos meses después de iniciado el curso escolar, ¿cuál es su balance? </strong></p><p>El balance es positivo. Las incidencias diarias vienen a oscilar entre el 0,9% y el 1,6% de grupos en cuarentena. De 380.000 grupos que existen, para un total de 8.250.000 alumnos y 750.000 profesores aproximadamente, venimos registrando a diario ese porcentaje. La escuela está resistiendo bien, muy bien, con las medidas sociosanitarias que pusimos en marcha. Nosotros estamos muy satisfechos, preocupados por el momento, pero satisfechos. Cada día que nuestros centros educativos permanecen abiertos es para nosotros una victoria, porque la escuela tiene que estar abierta. La enseñanza presencial es insustituible; la <em>online</em> nos ha ayudado, nos ha permitido seguir manteniendo la educación aun con la escuela cerrada, pero la presencialidad es insustituible, porque la escuela no implica solo instrucción, la escuela es también interacción entre el profesor y el alumno y entre los propios alumnos para desarrollar su capacidad de respeto y de diálogo, de saber vivir en común. </p><p><strong>Me va a permitir, ministra, una reflexión familiar no tan optimista. Esta mañana, como cada mañana, le he puesto a mi hijo un forro polar para ir al colegio público. Hablo de Madrid. Las Ampas han suplido a veces el trabajo de las administraciones autonómicas, a veces no hay dinero para termómetros, para purificadores de aire, para gel, no digamos ya la ventilación de las aulas. La ayuda no se adivina o tarda en salir al rescate. ¿Podemos esperar una actuación más decidida por parte del ministerio en este aspecto?</strong></p><p>Esto me acerca mucho al día a al día. Personalmente estoy muy comprometida con este problema que usted me plantea. Hablo a menudo con el ministro de Ciencia para ver cómo ahora, en invierno, podemos establecer los sistemas de ventilación más oportunos para que nuestros niños y niñas puedan seguir en las aulas con este tiempo tan desapacible. Lo que siempre me dicen es que nada puede sustituir a las ventanas abiertas, a la ventilación natural, pero creo que tenemos que hacer un esfuerzo en términos de establecer cómo medir el CO y purificar ese aire. No es tanto una cuestión de recursos económicos, que también, sino de qué resulta más efectivo. Lo que se está haciendo en Europa, en países bastante fríos, es que tras 45 minutos de clase se abren las ventanas. A mí me preocupa y me ocupa el asunto y vamos a tratar de resolverlo. Si los purificadores fueran la solución no habría ningún tipo de excusa para dejar de ponerlos; la cuestión es que desde Ciencia insisten en que lo mejor es renovar todo el aire. Aprovechando este tema tengo que decir que el ministerio no solo ha identificado problemas sino que ha puesto recursos que ha distribuido a las Comunidades Autónomas precisamente como Fondo covid. Madrid ha tenido su parte alícuota en ese reparto, que supongo estará disponiendo para arreglar este tipo de eventualidades. En concreto, esta no la teníamos en septiembre pero empezamos a tenerla ahora y, por tanto, debemos ocuparnos.</p><p><strong>El tema tiene más recorrido que la pura ventilación. Numerosas veces la solución a los problemas está siendo gestionada de forma voluntaria por las asociaciones de padres y no por las autoridades, lo que produce cierta sensación de abandono.</strong></p><p>Es cierto que hay más implicaciones en lo que usted pone encima de la mesa. Muchas más. La escuela pública necesita más dotación, más recursos. Ha pasado una época dura respecto a la respuesta de mis predecesores a la educación en términos generales, y a la educación pública en términos muy particulares, a lo largo de la administración de la anterior crisis. Nosotros estamos justamente empeñados en que la respuesta que se dé a la educación pública debe ser la adecuada y por eso iniciamos un proyecto amparado por los Presupuestos Generales del Estado en los que la educación va a recibir un total de 5.679 millones de euros, parte de los cuales irán destinados a la educación pública. Venimos de muy lejos y hemos perdido mucho tiempo en estos siete años de gobiernos del Partido Popular para los que la educación fue algo por lo que transitar, pero que nunca han tenido esta concepción de la educación como el armazón básico de las políticas de un país, no solamente en términos de desarrollo individual, sino también en términos de desarrollo colectivo y de desarrollo económico, porque sin educación no hay nada. </p><p><strong>En las reuniones de los Consejeros de Educación a veces da la sensación de que cada Comunidad lee un libro distinto al manual oficial. Ahora mismo el caso del castellano aflora como un motivo más de fricción. Usted, que pasó por el Gobierno vasco, ¿cómo ve este perpetuo desconcierto entre autonomías?</strong></p><p>Responderé con sinceridad. Por mor de la necesidad que vivimos desde marzo hemos logrado articular respuestas en todas las conferencias sectoriales, y digo por mor de la necesidad porque hemos tenido a veces que dar respuestas a lo más básico como era tratar de que el proceso educativo no se interrumpiera. Aun así nos hemos encontrado con miles de alumnos desconectados con verdaderas dificultades, y eso hablando de un país que, si lo comparamos con los del entorno, es el que más tendido de fibra óptica tiene. Por lo tanto, en comparación con otros países, hemos partido con una alta conectividad de los hogares españoles. Esa ha sido nuestra ventaja. No obstante, una de las primeras cuestiones que yo pedí a todos los consejeros fue la de identificar a aquellos alumnos que están desconectados y proveerles de un recurso digital porque es la única forma que tenemos ahora de acompañarnos en la tarea educativa. Así hemos avanzado en muchas cuestiones que, una vez vistas, parecía que tenían una escasa importancia, pero que nos han dado la oportunidad de poder concluir el curso 2019/2020 con relativa satisfacción. No hemos sido un país que haya dicho “¡aprobado general para todos!”. Estoy muy en contra del aprobado general porque considero que supone dejar al alumno en el estado en el que está, no incorporar ninguna tensión al sistema. El sistema tiene que tener la suficiente tensión como para poder detectar cuáles son las dificultades del alumno, qué deficiencias presenta en el ámbito del conocimiento, en el ámbito emocional y, por tanto, nos ha interesado que ese alumno cuente con un informe personalizado para que cuando sea recibido por el siguiente profesional detecte los aspectos a reforzar, identificando y singularizando. Es necesaria la enseñanza personalizada para identificar la diversidad de talento.</p><p><strong>Sin embargo, da la sensación de un permanente desacuerdo más allá de lo esencial. </strong></p><p>Volviendo al principio. Por mor de la necesidad hemos ido tratando los temas esenciales: cómo se iba a hacer el examen de la selectividad o cómo íbamos a concluir la evaluación del curso. Decidimos hacer una evaluación colegiada, lo que supone una auténtica transición cultural en este país porque la evaluación colegiada es justamente el valor añadido: ¿se encuentra este alumno en condiciones, tiene suficiente bagaje, está pertrechado para poder promocionar o no? La repetición es un recurso, pero nunca el recurso. En esto España tiene siempre un sistema muy abusivo con la repetición. Es decir, hemos ido viendo los problemas que se han mostrado con total evidencia y crudeza, en un momento de pandemia que no podíamos entrar en detalles, y logramos transitar con un respaldo muy importante, excepto obviamente las comunidades del Partido Popular que, en alguna ocasión, han mostrado reticencias, pero, en general, hemos ido avanzando en dichas cuestiones. Ahora se abren otros asuntos esenciales, por ejemplo, cómo vamos a trabajar en recursos digitales, cómo vamos a educar en digital y estamos esperando la llegada a los centros, en dos o tres meses, de medio millón de aparatos electrónicos.</p><p><strong>Efectivamente España sigue sufriendo el impacto de la brecha digital en varios frentes: la extensión de la red, la capacitación de usuarios y docentes, e incluso la precariedad económica que dificulta a veces la llegada de terminales a todos los hogares. ¿Cuál debe ser la respuesta tecnológica a una crisis humanitaria de este calibre?</strong></p><p>La educación es un derecho fundamental. El alumno tiene un derecho fundamental a ser educado, lo que correlativamente implica que los poderes públicos tienen que servir ese derecho. Nosotros defendemos la educación por mucho que respetemos la educación concertada, por mucho que haya atribución de causa por otros lares. Somos de aquellos que pensamos que la prestación del servicio educativo se da a través de la red de centros públicos y de la red de centros privados concertados, pero los poderes públicos son los que tienen la obligación. Otra iniciativa distinta puede tener la devoción, la libertad para ofertar o no ofertar, pero en cualquier caso el poder público es el que tiene siempre la obligación. Sabiendo que la digitalización es la palanca decisiva para la transformación, para la innovación, la educación tiene que contar con la digitalización aquí y ahora, no como un fin sino como un medio, porque por mucho que la pandemia se vaya nosotros vamos a seguir contando con la digitalización. Es una sociedad digitalizada con una economía 4.0 y la escuela forma parte de la sociedad y evoluciona con ella. La escuela no solo tiene que dar respuesta sino conseguir las fórmulas para el cambio de esa sociedad. Por tanto, la digitalización constituye una de nuestras políticas principales, igual que antes hablábamos de los libros y del material escolar, el niño o niña tiene que ser dotado de una herramienta digital. Cuando nosotros hablamos de este programa que tenemos en convenio con el Ministerio de Asuntos Ecónomicos y con las Comunidades Autonónomas siempre decimos que no vale la pena dar un segundo dispositivo a quien ya tiene uno, debemos identificar al que no tiene ninguno. Hablamos de medio millón de dispositivos electrónicos, por tanto deben ser las Comunidades Autónomas las que identifiquen la vulnerabilidad dentro de sus propios territorios. Este es uno de los primeros programas que tenemos y ya ha empezado la licitación en algunas comunidades. Se trata de un proceso muy largo y muy costoso, pero suponemos que ya en enero podrán disponer de los recursos. Hablaba usted también de otro aspecto: en cuestión de días hemos tenido que pasar de una educación presencial a una educación <em>online</em> y el profesorado se ha esforzado muchísimo. Ahora resulta imprescindible también que haya una alfabetización digital para el profesorado. Nosotros lo que tenemos propuesto es escalar en la formación digital del profesorado. Vamos a incorporar aproximadamente 1.013 millones de euros, si el presupuesto se aprueba, que confío que así sea, para digitalización de equipamiento, conectividad y formación del profesorado. </p><p><strong>Por primera vez en la historia hay un consenso bastante generalizado para romper las barreras de austeridad. Incluso desde el FMI se bendice el gasto público en sanidad o educación. ¿Cómo se traducen los resultados de esta política keynesiana a medio plazo concretamente en su departamento? ¿Será la educación la otra ansiada vacuna contra la vulnerabilidad social?</strong></p><p>Es mi deseo y mi voluntad. Y además considero que la educación supone siempre una inversión y no un gasto. Es verdad que en los Presupuestos de todos los Estados aparece como “política de gasto educativo”. Pero resulta fantástico que el FMI por fin haya comprendido que la educación es el armazón básico de todas las políticas, el andamiaje. Hemos recibido un proyecto de Presupuestos Generales en el que finalmente la Educación es percibida por el presidente del Gobierno como ese soporte al que estamos aludiendo. Hemos experimentado un incremento de un 139% (5.679 millones el total). Yo fui consejera de Investigación y Universidades en el Gobierno vasco y cuando yo llegué aquí —habían desgajado Cultura y Universidades del ministerio, es verdad— me encontré con un presupuesto como el que tenía en el País Vasco para 2.100.000 habitantes. El trabajo ha sido muy importante. Este incremento incorpora recursos que vienen de los fondos europeos y también del Ministerio de Trabajo al asumir Educación la Formación Profesional para el empleo. Este es un dato muy importante. El 49% de los ciudadanos y ciudadanas de España no tiene un título profesional, es decir, son población activa a veces con gran experiencia laboral en lo que hace, pero viene una ventolera, se queda sin trabajo y no tiene nada que mostrar. Nuestro empeño es lograr acreditar en esta legislatura a algo más de tres millones de ciudadanos para que su experiencia se vea reflejada con una acreditación, con un título o parte de un título. Esta supone una de las grandes operaciones para nosotros. También lo es aumentar las plazas de Formación Profesional, el sistema educativo español tiene solo la mitad de la media europea de alumnos matriculados en FP. Tenemos un extenso territorio para abordar la Formación Profesional. Necesitamos técnicos superiores. Eso significa cualificación media, intermedia o superior. Además queremos darles a esos técnicos un conocimiento importante de una lengua extranjera. </p><p><strong>Parece que por fin hay unos recursos considerables, el mercado laboral cambia a pasos acelerados y el cambio cultural está ahí. ¿Será por fin esa FP una escuela de personas capacitadas y con empleo?</strong></p><p>La FP es clave. No hay Formación Profesional sin empresa ni empresa sin Formación Profesional. Nosotros nos hemos abierto a la empresa desde el primer día. Esto era un páramo; un lugar en el que el Consejo General de Formación Profesional no se había reunido en siete años. La FP debe estar absolutamente encaminada al sistema de ocupación no solo de nuestros jóvenes, sino de todos nuestros conciudadanos porque la formación permanente es lo que retira definitivamente el deslinde entre la escuela y la vida adulta. Si antes de la pandemia estábamos hablando del cambio como lo único real, ¿qué panorama tenemos ahora tras la pandemia? Si algo nos ha enseñado la pandemia es a retirar el velo del sistema educativo y lo hemos visto con sus debilidades y hemos visto que hay que darle una solución. La FP tiene un impacto extraordinario y constituye una de las políticas que con más desvelo y atención está examinando Europa, aunque en España haya todavía personas que la perciban como un itinerario de segunda y con cierto estigma. Trabajamos cada día para que estos perjuicios se retiren del panorama del pensamiento. Un ejemplo: entre los jóvenes demandantes de empleo con FP solo hay un 8% de paro, es un recurso extraordinario. La precariedad y la temporalidad se pueden doblegar a base de más conocimiento. Tenemos que pertrechar a todos nuestros conciudadanos, jóvenes o no, de la suficiente mochila formativa para afrontar los avatares de la vida, que son muchos. </p><p><strong>Con la pandemia vuelve al centro de la diana el profesorado y sus históricas demandas de dignidad laboral. ¿Qué políticas hay en marcha para satisfacer a un sector fundamental de la sociedad y en perpetuo déficit tanto económico como de autoestima? </strong></p><p>¡Los profesores son el alma de la educación! Nosotros estamos en la tarea de aportar valor añadido a la carrera profesional de los docentes. Así como existe una altísima valoración de la profesión sanitaria, a veces hemos echado en falta esa altísima valoración en la profesión docente. Vamos a trabajar en eso desde el momento que se apruebe la ley. La ley nos envía un mandato al Gobierno: que en el plazo de un año hagamos público nuestro proyecto para mejorar la carrera profesional, proyecto que pasa por la mejora de la formación del docente para que sea más práctica, más adaptable al terreno, que haya más prácticas como ocurre con los MIR en sanidad, por ejemplo. Además queremos una inducción para ese profesorado, que esté acompañado por un colega para que el salto al aula no sea tan brusco. Queremos que los docentes sean innovadores, algo que habrá que evaluar e incentivar. Hay que tocar la carrera profesional. Hay que asegurarse de que el profesional tiene una actualización en su formación y que aporta esa formación al sistema. Hay que tocar esa carrera profesional, eso es capital para nuestro proyecto. </p><p><strong>Desde los inicios de la pandemia se ha producido un incremento masivo de la demanda de información y conocimiento científicos y, en paralelo, hemos asistido al auge de muchos bulos y movimientos al amparo de la desinformación. En España hay motivos para sospechar que nuestro modelo educativo no es el más idóneo para satisfacer dicha demanda. ¿Será esta una ocasión para mejorar la capacitación de nuestros alumnos? </strong></p><p>Esa es la tarea de la educación precisamente. La educación tiene que preparar al alumno para que tenga discernimiento, criterio, libre pensamiento, capacidad para saber enfrentarse a una noticia falsa, que sea capaz de ver dónde están los hechos y dónde las opiniones. El tema científico es muy importante y España de nuevo ha descuidado mucho este asunto. El “que inventen ellos” ha seguido circulando en España. En el Gobierno de Zapatero, en 2011, fue cuando llegamos a la mejor cota de recursos dedicados a la ciencia y a la investigación. No vale que inventen otros y nosotros lo apliquemos, porque eso no supone creación de conocimiento ni investigación, y un país tiene que crear conocimiento, tiene que investigar para que sus patentes, el resultado de ese conocimiento, puedan ser exportadas, para no correr el riesgo permanente de que hoy me llevo esta factoría de aquí porque lo único que me da es mano de obra. Por tanto, resulta necesario avanzar en ciencia y la ciencia trabaja a medio plazo. Por eso, cuando todo esto ha ocurrido, hemos mirado a la ciencia y le hemos reclamado soluciones sin percatarnos que muchos de los problemas que se planteaban los filósofos griegos hoy se resuelven en los laboratorios de Física. Resulta necesario seguir desarrollando la ciencia para que en ese medio plazo nos pueda dar las respuestas que necesitamos. Este virus ha sido solo un aviso. Un aviso que tuvimos con la gripe española o con la peste en la Edad Media, pero hemos de saber que cada día estamos más expuestos. Puedo correr el riesgo en este momento de arrimar el ascua a mi sardina, pero obviamente para mí la educación y la ciencia constituyen los soportes básicos del universo. En este momento hemos de acudir a ellos para satisfacer todo lo que necesitamos. </p><p><strong>Aun con tanta desafección, ¿también importa la política?</strong></p><p>No podríamos vivir sin política. Es el arte de lo posible, la forma de buscar el común denominador, aunque a veces resulta difícil llegar al máximo. La política no es que más que personas que pueden pensar distinto pero suman esfuerzos y pueden alcanzar un objetivo. </p><p><strong>¿La echa de menos de alguna manera en estos tiempos broncos?</strong></p><p>El arte de llegar a lo posible sí. A veces son difíciles los caminos. En educación, donde se da cita precisamente la máxima diversidad ideológica, a veces hay quien reclama un pacto con una mano pero con la otra lo hace imposible. Tenemos que llegar a suma de acuerdos buscando el máximo común denominador. Vamos avanzando.</p><p><em>*Esta entrevista está publicada en el número de diciembre de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Hey, Joe!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/hey-joe_1_1189650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/35eac69d-5365-4b7b-a73f-147313d847f5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hey, Joe!"></p><p>Hey, Joe!</p><p>Supongo que a tus 77 años, de vuelta a los cuarteles de Delaware, fatigado como un soldado de la Unión después de la batalla de Gettysburg, te has quitado la mascarilla, has respirado fuerte, y quizás pensaste otra vez en aquel tren que llevaba de Wilmington a Washington cuando eras un<strong> joven congresista demócrata y acababas de perder en un accidente a tu esposa e hija</strong>.</p><p><strong>La vida te sonríe, Joe, tarde, desganada, pero te sonríe</strong>. Ahora podrás volver a la Casa Blanca, quedarte un momento a solas en el Despacho Oval y recitar a Emerson mientras pones los zapatos encima de la mesa. Todos los presidentes lo han hecho, poner los pies en la Resolute, madera de barco, tú no vas a ser menos, Joe. Hasta Lady Gaga está de tu lado, Joe, y nos consta que es una chica difícil, que no se pone al lado de cualquiera.</p><p>Hace frío en el Este. <strong>Pensylvania, tu estado natal, pero también Michigan y Wisconsin han caído tras una larga batalla</strong> que ha llenado de óxido las predicciones hasta el último momento, ese óxido que se pega al cielo del paladar como en una vieja acería de Pittsburgh. Para los corredores de apuestas, las elecciones no se distinguen mucho de la Superbowl. Mueven azules y mueven rojas. A veces los españoles nos confundimos de color.</p><p>¿Te acuerdas de Scranton, de tu padre, de tu infancia, Joe? ¿Ves las chimeneas ahora apagadas como un escenario típico del Rust Belt una noche sin los Steelers ni cerveza, Joe? <strong>Nadie esperaba que fueras el presidente más longevo de los Estados Unidos, ni tampoco el más votado</strong>. Más de 170 millones de personas te han votado, <strong>tienes todo el derecho a sentirte satisfecho</strong>. Recuerda: Samuel Adams falleció con 81 años; Thomas Jefferson tenía 83. Es raro sin embargo todo esto, la mascarilla, los más de doscientos mil muertos, los ataques a los autobuses con tu nombre y el de Kamala, esos chicos de <strong>QAnon</strong> en la calle propagando otra conspiración como cuando en Europa circulaba aquello de que los comunistas se comían crudos a los niños. Parece mentira. Hay que frotarse los ojos.</p><p>Has marcado el paso hasta el último día, Joe, siempre fuiste un poco estirado, pero sigues conservando el tipo. No tienes la voz de Obama, pero la sangre irlandesa te ha regalado ese atractivo de los tipos que nunca pasan desapercibidos en el cóctel, esos<strong> tipos amables </strong>que pueden venderte una enciclopedia, una aspiradora, un plan de pensiones. Dicen los que te conocen que has aprendido mucho del puerta a puerta, toda la vida llamando a los vecinos. Inspiras ese tipo de <strong>confianza </strong>que gusta a los donantes, ahí has batido todos los récords, gente de fiar, Joe.</p><p>Todos hemos contenido el aliento estas últimas noches en el planeta. <strong>La amenaza era demasiado ominosa para conciliar el sueño</strong>. Nunca la democracia americana ha corrido un riesgo semejante. Hasta Benjamin Franklin está contento y saca su pararrayos a pasear este noviembre de monstruos. Cuántas veces pensaste este año en los Padres Fundadores, sobre todo cuando la letra de la Constitución tiembla una vez más ante los embates del<em> joker</em> del Twitter. No hay tiempo que perder, Joe. Ese tipo no sabe cómo funciona un país, pero sabe cómo funciona un Casino y un despacho de abogados.</p><p>El <strong>Tribunal Supremo</strong>, pobre Ruth, es la última lápida de unos republicanos que han vendido su piel muy cara y cabalgan desde el Sur con una Biblia en la mano y un revólver en la otra. Esa jueza católica, Amy, te saca del tiesto, lo sabemos. El camino está sembrado de obstáculos, pero hay que tener fe, lo más difícil está hecho, pero ahí estarán mientras vivan mordiendo la manzana de la discordia, sembrando tempestades… ¡Y del resto se encargará Pelosi!</p><p>Luego está <strong>Kamala</strong>, que se entiende con el <strong>Black Lives Matter</strong>, con todas esas tribus de este gran país aunque hayáis perdido de nuevo la Florida y el amor de los latinos, pese a que en Arizona te hayan respaldado. El problema ya no serán esos blancos cabreados de Oklahoma que han perdido las granjas y van a seguir pensando en Venezuela y en Ucrania y en los vicios de tu hijo. Esa gente de Kentucky, Iowa y Ohio que perdieron el trabajo va a seguir pensando que eres un hereje. Tú no puedes decirles, ni a ellos ni a nadie, apaguen la Fox y miren un rato la CNN o los Looney Tunes; tampoco puedes andar diciendo por ahí, como el viejo payaso, que los chinos la pagarán…</p><p>Es madrugada en Madrid. Trump, que se sabe derrotado, tiene mal perder y ha denunciado fraude. Pide parar un recuento que se le atraganta. Pide cancelar millones de votos por correo. Manda a los suyos a los colegios, con<strong> armas</strong>. Tendrías que hacer algo con esas armas, Joe, la Segunda Enmienda era de otros tiempos. A mi lado tengo un mapa y mientras avanza el conteo me detengo en ciudades que nunca he visto pero en las que he estado en canciones, en libros, en películas… Como Chuck Berry tomo la Ruta 66 y voy de Chicago a Los Ángeles parando en St Louis, en Amarillo, en Flasgtaff… Es la grandeza de América, todos formamos parte del sueño, de la carretera infinita.</p><p><strong>Cuídate, Joe</strong>, no pierdas el tren de Washington, Joe, coge el primero de la mañana. Y reza por América. El óxido nunca duerme.</p><p>_________________</p><p><strong>Ramón Reboiras</strong> es director de tintaLibre.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hey, Joe!]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones EEUU 2020]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Blues' del Misisipi y de otros estados mentales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/blues-misisipi-estados-mentales_1_1186534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d40c504-6fa5-4b49-b245-914e42c23cd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Blues' del Misisipi y de otros estados mentales"></p><p>Supongo que para escuchar <em>blues</em> uno debe tener ya una edad, la vista un poco nublada y cierta tendencia a confundir los recuerdos del pasado con un río demasiado turbio. Si a esto se le añade la posibilidad de un porche provisto de mosquitero, un suelo de tablas donde apoyar los pies desnudos, un horizonte más o menos complaciente y un plato donde depositar algunos microsurcos que no suenen demasiado a huevos fritos, uno puede sentirse preparado para escuchar las siguientes canciones.</p><p>Hablo de canciones porque antiguamente, en tiempos de los profetas, se hablaba de canciones.</p><p><strong>1. Rock me baby (de Outta season), de Ike & Tina Turner</strong><em>Rock me baby</em><em>Outta season</em></p><p>A mí, qué quieren que les diga, si hay un tema para entonarme, nada como el clásico <em>Rock me baby</em> versionado mil veces pero nunca con la mezcla salvaje que consiguen Ike y Tina Turner. Claro, eran tiempos antes del MeToo y los tigres eran más hermosos, no piensen mal, Tina sabía defenderse.</p><p><strong>2. Ramblin' Rose (de Chuck Berry in Memphis), Chuck Berry</strong><em>Ramblin' Rose</em><em>Chuck Berry in Memphis</em></p><p>Una segunda pista de lo anterior nos lleva al enorme Chuck Berry, dios apolíneo de esta especialidad, incluso más que dentro del <em>rock&roll</em>. Podemos pinchar un tema de cuando tocó en Memphis en 1967, palabras mayores, año de grandes cosechas en la encrucijada de toda la música negra. <em>Ramblin Rose</em> es para mecerse en la brisa cálida del viento sur. E incluso invitar a bailar a tu propia sombra.</p><p><strong>3. How long has that train been gone (de The Bach of rock), de Professor Longhair </strong><em>How long has that train been gone</em><em>The Bach of rock</em></p><p>Si de Memphis tomamos la carretera de Nueva Orleans nos encontramos con un hombre sentado al piano. No, no es ni Dr. John ni Fats Domino, sino el inconfundible Professor Longhair. Un poco de <em>cajun</em> para subirse a este tren.</p><p><strong>4. Roosevelt and Ira Lee (…Continued), de Tony Joe White</strong><strong>Roosevelt and Ira Lee (…Continued), de Tony Joe White</strong><em>Roosevelt and Ira Lee</em><em>…Continued</em></p><p>También de los pantanos, que además de cocodrilos crían una música fangosa y espiritual, era también el gran Tony Joe White, nunca bien reconocido, famoso entre los músicos por su famosa ensalada (<em>Polk Salad Annie</em>), su amor por el <em>bourbon</em> y por esa voz tan grave como el clavo de un ataúd en un entierro de primera. <em>Roosevelt and Ira Lee</em>, es sin duda, uno de sus mejores discursos.</p><p><strong>5. Dust my broom (de Shake your money maker. The best of Fire Sessions), de Elmore James </strong><em>Dust my broom</em><em>Shake your money maker. The best of Fire Sessions</em></p><p>Tras Tony Joe nos sentará bien un poco de <em>slide guitar,</em> y nadie mejor que un ciudadano de Misisipi llamado Elmore James para sacudirnos un poco la modorra. <em>Dust my broom</em>, un clásico de la distancia, sigue sonando como una cariátide griega plantada en medio de un campo de algodón. No me canso de escucharla.</p><p><strong>6. Walkin’ blues (de Rollin’ & Tumblin’), de R.L. Burnside</strong><em> Walkin’ blues</em><em>Rollin’ & Tumblin’</em></p><p>Siempre en Misisipi (Faulkner también era de allí, aunque era otro tipo de <em>bluesman</em>) hay un tipo bastante huraño y de pocas palabras que no fue muy reconocido, pero que cuando afila la guitarra el porche parece estremecerse. Es R. L. Burnside, uno de esos <em>bluesman</em> al que las tendencias garajeras del rock actual (Jon Spencer) le han venido de perlas. El pobre falleció en 2005 y no ha vivido para festejar su reconocimiento póstumo. Su versión del <em>Walkin blues</em> es increíble.</p><p><strong>7. Hound dog (de Ball n’ chain), de Big Mama Thornton</strong><em>Hound dog</em><em>Ball n’ chain</em></p><p>Echo de menos una voz femenina en la sesión. Dejo el porche y voy a la estantería a revolver entre los discos más viejunos y me encuentro con una diosa rolliza cuya voz se oía en todos los estados del Sur. ¡Señora y señores, con todos ustedes Big Mama Thornton, 1926, Alabama, con <em>Hound dog</em> de Leiber y Stoller! Digamos, sin entrar en un Black Lives Matter, que Big Mama tuvo cierto éxito pero Elvis le robó la cartera. Escuchen su voz exuberante y agárrense a las patas de la mesa o métanse debajo de sus faldas.</p><p><strong>8. Statesboro Blues (de At Fillmore East), de The Allman Brothers Band</strong><strong>Statesboro Blues (de At Fillmore East), de The Allman Brothers Band</strong><em>Statesboro Blues</em><em>At Fillmore East</em></p><p>Alto, alto. Busco, queridos oyentes, una debilidad mía sureña de los tiempos mozos, una canción que siempre debes escuchar mejor en la radio del coche por una carretera comarcal que fumando en el porche. Son los Allman Brothers, de los hermanos Duane y Gregg Allman, Estado de Georgia, y tocan <em>Statesboro blues</em> en el Fillmore East de San Francisco, corre el año 1971. ¡Despierte el alma dormida!</p><p><strong>9. Wild about you baby (de Release the Hound), de Hound Dog Taylor </strong><em>Wild about you baby</em><em>Release the Hound</em></p><p>Theodore Roosevelt Taylor, <em>Hound Dog</em> Taylor, de Natchez, Misisipi (es curioso que mis <em>bluesman</em> favoritos sean casi todos de ese Estado), es otro perro salvaje del <em>blues</em> que adoramos, y un perro de mucha cuenta. Su guitarra <em>slide</em> suena tan destartalada como el coche de los Blues Brothers a la carrera. Escuchen por favor su <em>Wild about you baby</em> y díganme si no es el momento de coger la escoba y marcarse unos pases.</p><p><strong>10. Rollin n' Tumblin (de World boogie is coming), de North Mississippi Allstars </strong><em>Rollin n' Tumblin </em><em>World boogie is coming</em></p><p>Volvamos al presente. Los viejos maestros son tan incomparables que hay pocas menciones en la actualidad que les lleguen a la suela de los zapatos en este profundo Sur en el que nos hallamos. Pero hay excepciones. Con su sonido rugoso, North Mississippi All Stars (sólo son dos, no teman, los hermanos Dickinson) pueden presumir de ello. Revisiones de clásicos como <em>Rollin' & Tumblin'</em> son de obligado cumplimiento a la hora del <em>whisky sour</em>.</p><p><strong>11. Mojo hand (de Mojo Hand Anthology), de Lightnin' Hopkins </strong><em>Mojo hand</em><em>Mojo Hand Anthology</em></p><p>Más sabroso, más tejano, más rítmico, el señor Lightning Hopkins sabe añadirle unos cuantos jalapeños a la cena y unos relámpagos al atardecer. Su discografía es tan enmarañada como la de Grateful Dead, sus directos se cuentan por centenares, pero cuando coge la guitarra, entona su voz y canta <em>Mojo hand</em> es para darse por bendecidos. Su <em>blues</em> es de verdad, detrás hay mucho trabajo en las faenas agrícolas y muchas horas en el coro de la iglesia.</p><p><strong>12. Goodbye Jimmy Reed (de Rough and rowdy Ways), de Bob Dylan</strong><em>Rough and rowdy Ways</em></p><p>Limpiamos la aguja de tanto polvo, aunque el disco que vamos a poner ahora no tiene ni una mota. Es de este verano y pertenece al último profeta que ha recorrido y predicado los caminos del <em>blues</em> mil veces por las carreteras más áridas del Señor. Es <em>Rough and rowdy ways</em>, último LP (como se decía antiguamente, y este tiene un gran retrato de JFK y se le puede llamar sin rebuznos en las redes sociales) de Bob Dylan, y tiene el gran detalle de dedicarle a Jimmy Reed, escuela de Alabama, malogrado e inconmensurable <em>bluesman</em>, un tema de postín, <em>Goodbye Jimmy Reed</em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Blues' del Misisipi y de otros estados mentales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Rosalía sin GPS]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/rosalia-gps_1_1185957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/134879d9-d3b1-4479-bf66-413fdb30e2a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosalía sin GPS"></p><p>Hay dos mujeres que siempre me esperan cuando cruzo el Sar y se divisan las brañas de Laiño: <strong>mi madre y Rosalía</strong>. Con los años he llegado a pensar <strong>que se trata de la misma persona,</strong> que las campanas de Bastavales que oía Rosalía son las mismas que todavía escucha mi madre, que el mar de Arousa es el mismo mar que en tiempos de Rosalía, que las dos hablan el mismo gallego de la zona a sus criaturas, las dos dicen "Sempre lle queda unha mágoa/ dentro do seu corasón", <em>corasón</em>, así, con el <em>son </em>de los pinares que mueve el viento.</p><p>Tampoco los cementerios han cambiado demasiado desde 1885. El de la <a href="https://www.rutarosaliana.gal/es/la-ruta-rosaliana/santa-maria-la-mayor-de-iria-flavia-y-cementerio-de-adina-en-padron/" target="_blank">Adina, en Iria Flavia</a>, y<a href="https://www.obaixoulla.gal/elementos/dodro/arquitectura-relixiosa/igrexa-de-san-xian-de-laino" target="_blank"> el de San Xián, en Laíño</a>, se parecen. Nuestros muertos son de la misma familia, guardan cierto parecido, <strong>salvo Camilo José Cela, claro</strong>, que no cabe en ninguna parte. Yo, además, <strong>me cultivé en Padrón</strong>, donde cada día daban ganas de santiguarse ante la estatua que preside el Espolón a las orillas del Sar, un menhir de granito que fue donado por los emigrantes del Uruguay e inaugurado en los cincuenta por el arzobispo Quiroga Palacios. No creo que los donantes, muchos republicanos, estuvieran de acuerdo con aquel extraño aquelarre franquista que <strong>reivindicaba el "regionalismo"</strong>, como se despachaba entonces a la autora.</p><p>Allí, frente a las tabernas húmedas, a las pulperías eternas, bajo los plátanos de sombra del paseo, en el quiosco donde compraba <em>Triunfo</em> y <em>Ajoblanco</em>, con la vista fija en el <a href="https://www.turismo.gal/recurso/-/detalle/4979/convento-do-carme?langId=es_ES&tp=8&ctre=34" target="_blank">Convento do Carme</a>, velé mis primeros amoríos que fueron no más que <strong>un acuerdo con la negra sombra</strong><em>negra sombra</em>, esa que el paso del tiempo confunde a veces con el erotismo y que otra mujer de la tierra, Luz Casal, canta como un eco llegado del más allá.</p><p>Rosalía es cantar pero también dolencia. Allí, junto a la estatua, brotan versos que me llenan la boca todavía de una lengua materna que sabe a leche entera y a manzanas recién cogidas del suelo: "Padrón ponliña verde/ fada branca ó pé dun río". Rosalía es un mantra gallego, una religión profana, <strong>un misticismo tranquilo</strong>, un libro que pasó de padres a hijos, popular más que otra cosa, cantar gallego que todavía hoy resiste como nunca a la reivindicación folclórica, al marketing cultural, a la sandalia del peregrino, a la competencia de una cantante catalana. <strong>Rosalia es santiña</strong><em>santiña</em>, icono milagroso venerado en las capillas de la morriña y los atolladeros de la melancolía. Pasa lo mismo con Verdi en Parma o con Elvis en Memphis; la gente quiere a Rosalía, es el fervor de una lengua que antes de <em>Follas novas</em> era solo habla de trovadores medievales ambulantes y acordes lusitanos, una lengua que se hablaba por los caminos, pero que no tenía un rostro literario para acuñar la cara en la moneda. Nuestra primera estrofa fue por tanto un blasón: "Como chove miudiño/ como miudiño chove/ pola banda de Laíño/ pola banda de Lestrobe".</p><p> Rosalía de Castro, con su familia, por Juan Palmeiro e fillos (A Matanza, Padrón, 1883/4). / FUNDACIÓN ROSALÍA DE CASTRO</p><p>Me crié en la braña dónde el Ulla va camino ya del encuentro con el agua salada, avistadas las Torres del Oeste, en Catoira, y el mar de Rianxo, nuestra placenta, mitad fango, mitad cielo. Es tierra de canciones, de poetas, de músicos, de orquestas, <strong>es tierra de alegría</strong>. Macías o Namorado, Castelao, Dieste, Manoel Antonio o, tendiendo la mano hacia el Caramiñal, Don Ramón camparon por sus fueros por estas comarcas. Rosalía nos regaló una música constante, <strong>una vacuna contra aquellos años de rancio franquismo</strong> en que el gallego estaba arrinconado en la vida aldeana y los jerifaltes de antaño paseaban con sus camisas azules de la Falange los domingos de guardar. Ahora, en cualquier lugar de Galicia, gasolineras incluidas, puedes comprar una camiseta con esa esfinge que medio sonríe como una<em> </em><em>gioconda</em> rural. Yo he presenciado algunas confusiones con la imagen: una vez la confundieron en una verbena con Jim Morrison, las drogas potencian la visión, otra con Frida Kahlo, todos los iconos resultan parecidos, incluso el Che.</p><p>Poco y mucho queda de aquellos <em>cantares</em>, de aquellos paisajes. Algunos carballos, magnolios y camelias siguen en pie, los caminos llevan al mismo lugar por las Terras de Iria; el Sar y el Ulla, la novicia y el gran padre fluvial, desembocan en el mismo lugar de siempre, pero las construcciones desafían a veces el sosiego, el ladrillo gobierna el derecho a la vivienda, las fábricas humean sin piedad, aunque en invierno se huela la leña de roble que se quema en las chimeneas. <a href="https://www.turismo.gal/recurso/-/detalle/5616/igrexa-parroquial-de-santa-maria-de-dodro?langId=es_ES" target="_blank">Las campanas de Santa María de Dodro</a>, de San Xoán de Imo, de San Xián de Laíño o de Santa Comba de Cordeiro tocan cada día a muerto o a fiesta y, en verano, <strong>incluso este de mascarelas</strong><em>mascarelas</em>, los foguetes van estallando de un lado a otro del río anunciando quizás que esa noche toca la gran Orquesta París de Noia y habrá botellón y quizás, más tarde, también haya que sofocar un incendio en el monte, en los ardores de la madrugada.</p><p>¿<strong>Escuchas todo ese rumor, Rosalía de Castro y Murguía</strong>? ¿Sabes que hasta los más pequeños recitan <em>Aires da nosa terra </em>y que tu esfinge está en billetes y cervezas, en colegios y en centros de salud? ¿Sabes que un berciano puso música a tus palabras y que todavía es difícil no entonar <em>Adiós ríos, adiós fontes, adiós regatos pequenos</em><em> </em>cuando pulsamos la tecla del sentimiento?</p><p>Dos buenos amigos, el profesor y literato Anxo Angueira, presidente del Patronato, y el maestro Manuel Lorenzo Baleirón, último biógrafo de la autora, velan el legado de Rosalía <a href="https://rosalia.gal/a-casa/a-casa-museo/" target="_blank">en su casa de A Matanza</a>, al lado de Padrón, <strong>una casa humilde, al lado de la estación de ferrocarril</strong>, donde todavía perfuman los magnolios, en la piedra se adivina una escritura secreta y la imperecedera morriña emigrante le ha plantado un ombú en su jardín. A veces voy y hablo con el fantasma, me aparto ligeramente de los turistas y abro una ventana para que pueda ver el mar de Arousa como fue su último deseo, un ramillete de pensamientos y el mar. No hay faena sin cantares, ni versos sin pena en esta Galicia que ofrece un verano seco y que acaba de dedicarle a la autora una estrella en el firmamento.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Rosalía sin GPS]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Margarita del Val: "La culpa solo la tiene el virus"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/margarita-val-culpa-virus_1_1183537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/dc52c4ff-810c-4a7c-9fd4-28bedcd38eeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Margarita del Val: "La culpa solo la tiene el virus""></p><p>Antes de que el virus<strong> </strong>cambiara nuestra vida, Margarita del Val (Madrid, 1959) tomaba chocolate y debatía sobre la ciencia con un grupo de interesados. Antes de que el virus cambiara el abrazo por las teleconferencias y la proximidad por la distancia, esta inmunóloga y viróloga seguía empeñada en vigilar el azote de las epidemias que pasaban desapercibidas —como sucedió con la gripe de 2009— con cantos de sirenas desde el CSIC. Ahora es una mujer que sale en los informativos de noticias y que, a veces, no tiene tiempo para comer con tanto teletrabajo. Se le ha encomendado la dirección de la plataforma del CSIC que reúne a 200 grupos de investigación sobre la pandemia. En este nuevo escenario, Del Val se desvive para explicar que la ciencia estuvo siempre ahí para salvar a la humanidad y que la culpa de todo la tiene el virus, solamente el virus, y que nada de esto se nos olvide. </p><p><strong>Pregunta. Parece mentira, pero el covid-19 ha sido la mejor manera para acercar el mensaje científico a los ciudadanos.</strong></p><p>Respuesta. Sí, es una oportunidad para intensificarlo, porque hay mucha más demanda de información. Sin embargo, demanda siempre la ha habido: nosotros, [el colectivo] <a href="http://cienciaconchocolate.blogspot.com/" target="_blank">Ciencia con Chocolate</a>, ya lo llevamos haciendo desde 2012 en forma de charlas de divulgación científica para jóvenes y el público en general en todo tipo de escenarios, siempre con mucha cercanía con la gente y muy abiertos a sus preguntas. Y con gran acogida. Incluso muchas noticias sobre ciencia de los periódicos siempre se sitúan entre las más leídas. Ahora lo que pasa es que la ciencia interesa también a quien quiere salvar su vida, o volver a su vida anterior, pero dar certezas con la ciencia siempre resulta difícil. </p><p><strong>P. Forma parte del método: hay que verificar mucho antes de llegar a conclusiones científicas…</strong></p><p>R. Dentro de tres años habrá fundamentos que contradigan lo que estamos diciendo ahora. Los científicos vivimos con la incerteza y con la crítica. Alguien te puede decir que has olvidado mencionar ciertos factores y eso cambia por completo la explicación.</p><p><strong>P. ¿No cree que la pandemia ha pillado un poco en fuera de juego a la comunidad científica, más incluso que a las propias instituciones políticas?</strong></p><p>R. La investigación en España está en una situación precaria y, sin embargo, hemos reaccionado con una importante reorientación de nuestros objetivos actuales de investigación para hacer frente al coronavirus. En concreto, en el CSIC hemos coordinado en muy poco tiempo las iniciativas de más de 200 grupos y financiado la investigación de unos 60, gracias a fondos públicos y, sobre todo, a donaciones privadas. Si se refiere a anticipar la situación, a mí sí me sorprendió que a una parte de la comunidad científica especializada le costara percibir que la situación en China iba a ser semejante aquí. En cualquier caso, se trata de una situación inédita para todo el planeta y para todos los estamentos. Nadie estaba preparado, así que todos estamos intentando hacerlo lo mejor posible, aunque no hay normas sobre cómo hacerlo.</p><p><strong>P. ¿Molesta que los políticos se metan a científicos dando versiones que no son las más adecuadas?</strong></p><p>R. Hay muchos estamentos en juego: administraciones locales, regionales, gubernamentales y, a veces, se contradicen unos a otros. Pero, insisto, se trata de algo inédito y no hay unas normas sobre lo que conviene hacer, solo hacerlo lo mejor posible. No tenemos ni idea sobre cuánto tiempo hay que seguir adoptando medidas, al contrario de lo que piensa mucha gente. No sabemos cuál va a ser el escenario ni podemos formular pronósticos inciertos, la pandemia es impredecible. Lo que más me sorprende de todo es que la gente no conoce el significado de la palabra contagioso, porque contagioso equivale a incontrolable.</p><p><strong>P. En este momento hay una gran ansiedad entre los investigadores y se echa de menos que se hable con una voz más universal. ¿No se está dando una imagen negativa, de dispersión, de intereses poco claros?</strong></p><p>R. No hay ansiedad. La investigación suele ser así, creativa gracias a que es individualista, pero productiva gracias también a que es muy colaborativa, aunque siempre rigurosa, y así resulta eficaz. Cuando hay duplicidades se apoyan y fortalecen los resultados. Ensayos clínicos con pocos pacientes, si son rigurosos, pueden juntarse con otros semejantes rigurosos y sacarse conclusiones clínicas válidas, son los metaanálisis. Incluso cuando es cambiante el número de pacientes, desde lo alto del pico hasta la bajada de la curva, merecen seguir siendo estudiados con atención. Esto resulta cierto tanto a nivel nacional como a nivel mundial. En general, la ciencia no tiene muchas fronteras. Los que la están observando la están viviendo en directo. Entre los laboratorios del mundo siempre hay una sintonía muy grande. </p><p><strong>P. Ha dicho usted en repetidas ocasiones que la vacuna tendrá que esperar, que no es algo posible en un breve plazo de tiempo, que tiene su proceso…</strong></p><p>R. Estos días se habla mucho sobre el tema y hay que saber distinguir entre los mensajes a los inversores, mucho más optimistas y a corto plazo, y los mensajes de científicos que no tienen nada que ganar ni que perder y que son mucho más críticos. Ayer salió una nota científica en la que un laboratorio anunciaba 1.000 millones de dosis en enero. Los científicos lo hemos visto con cierta incredulidad. Se nos pide una predicción muy próxima a los cálculos económicos y yo siempre afirmo que un virus no se puede predecir. La gente necesita certezas, pero dar certezas falsas con la ciencia nos lleva a algo que ya vivimos con el sida. Las certezas solo las dan los inversores. Yo creo que la vacuna se va a lograr en cinco años. En España hay ahora mismo nueve proyectos de vacuna y en el CSIC tenemos tres. Cada uno lleva su ritmo, el más complejo es también el más lento, pero tiene más probabilidad de eficacia, aunque resulte más difícil de producir. Producir un producto biológico es mucho más difícil que producir un producto químico. Tenemos otro proyecto basado en ADN que es fácil de elaborar en fábrica, y también contamos con uno intermedio que tiene la ventaja de que se ha ensayado en humanos. Este último está basado en el vector con el que se erradicó la viruela en el mundo y es el proyecto que evoluciona más rápido. Vamos con todo. Intentaremos producir las tres vacunas sabiendo que al final solo quedará una y se habrá malgastado un dinero, pero habremos ganado un montón de tiempo. Un estudio estadounidense dice que si ganamos tres meses en adelantar la vacuna habremos salvado de la muerte a 600.000 personas. En este sentido se trata de una inversión tan beneficiosa que merece la pena incluso invertir por triplicado, en el caso del CSIC. Además, el impacto que puede tener la vacuna sobre la economía mundial va a ser muy potente. No vamos a por una sola vacuna, sino por muchas. La ciencia hace las cosas muchas veces porque así es más eficaz.</p><p><strong>P. La Organización Mundial de la Salud está teniendo un papel muy controvertido en toda esta secuencia de hechos, tanto científica como políticamente, ¿no cree?</strong></p><p>R. El problema de la OMS es tener que hablar para todos. Habla para la científicos y para la población, pero también les habla a los inversores. La OMS tiene que dirigirse a países con muchos recursos y a países con pocos y eso es francamente difícil. Además, a esto se une que su actuación durante la pandemia de la gripe A, en 2009, fue ya muy criticada. Se trató de una pandemia benigna que no causó demasiados estragos, es verdad, pero que puso en crisis a la OMS por su inactividad <em>a posteriori</em>. Tanto es así que ahora está procurando no sobreactuar. Esto viene del problema que tenemos las sociedades para encontrar al culpable y, cuando se trata de un virus, el que tiene la culpa es el virus, nadie más que el virus. Hay gente que está harta del Gobierno, de la oposición, del confinamiento, pero la culpa solo la tiene el virus. </p><p><strong>P. Usted realizó una larga estancia postdoctoral en Alemania, en la Universidad de Ulm. Estos días se habla mucho de comparaciones, a veces demasiado interesadas, entre la Alemania de Angela Merkel y la España de Pedro Sánchez. ¿Qué es lo que nos ha diferenciado en la respuesta a esta gran emergencia?</strong></p><p>R. Creo que los españoles tenemos cierto complejo de inferioridad con Alemania, pero los alemanes también tienen su complejo de superioridad con España, claramente. Es cierto que el nivel de apoyo a la ciencia, su financiación y su presencia en la sociedad es mucho más alto allí que aquí. Sin embargo, la calidad de la investigación es tan alta en España como en Alemania, lo que pasa es que sin financiación muchas ideas no se pueden llevar a cabo. En España somos mucho más creativos en ciencia y en todo, en general. Somos más espontáneos, tenemos mayor capacidad para reaccionar ante situaciones nuevas. Ellos, sin embargo, apenas necesitan reacción porque tiene un tejido industrial y tecnológico muy sólido. Alemania cuenta con una serie de empresas que han podido producir sus propios tests, mascarillas y desinfectantes que, además, han decidido no exportar. Por lo tanto, han podido dar una respuesta mucho más eficaz a la pandemia. Lo que está pasando ahora mismo es que están, como se suele decir, muriendo de éxito y se muestran muy escépticos con las medidas de confinamiento porque solo se miran a sí mismos y no le han visto las orejas al lobo —como en los países del sur de Europa— y estos días atraviesan un fuerte problema de credibilidad. Incluso uno de los asesores científicos de Angela Merkel ha sufrido amenazas de muerte. A Alemania le ha ayudado que Merkel, que fue científica antes que política, haya transmitido unos mensajes muy claros a la población. Espero que en España ahora se nos valore más. No hay falta de respeto, pero sí de valoración. </p><p><strong>P. Se habla del Remdesivir como tabla de salvación y emerge el nombre de un laboratorio americano que sube su cotización en los mercados. ¿Cree que los antivirales son una solución a corto plazo? </strong><a href="https://www.newtral.es/remdesivir-y-cloroquina-pinchazo-o-promesa-contra-el-coronavirus/20200430/" target="_blank">Remdesivir</a></p><p>R. El Remdesivir es un fármaco que está reposicionado. Se usaba para el ébola y funcionó muy bien también en investigación y en modelos animales contra este coronavirus. Ahora, en esta pandemia, lo que se ha demostrado es que acorta en unos cinco días el periodo de estancia en un hospital. No obstante, eso no es una cura, sino solo una cierta mejora, aunque una mejora importante. En Estados Unidos sacan muchas noticias para inversores que inciden en que con este fármaco se puede tratar al doble de personas en los hospitales y no colapsarlos. Ha resultado bueno, pero no es un tratamiento definitivo, hay que seguir ensayando.</p><p><strong>P. Es usted una de las grandes especialistas internacionales en la respuesta inmune. Se ha oído hablar mucho estos días de la famosa inmunidad de rebaño y se menciona con frecuencia el modelo sueco.</strong></p><p>R. Yo la llamo inmunidad colectiva porque no me gusta ser una oveja. Los suecos empezaron así y pronto lo corrigieron. La inmunidad colectiva a las bravas tiene mucho riesgo. La única manera de llegar a la inmunidad colectiva, sin sufrimiento de la población, son las vacunas. Estamos muy lejos de eso, en la casilla de salida.</p><p><strong>P. ¿España o Italia han sufrido más el azote del covid-19 debido a su propia idiosincrasia? ¿Ve unos rasgos culturales tras de esta pandemia?</strong></p><p>R. Creo que sí. En Alemania, que es un país que conozco bien, la estratificación de la sociedad por generaciones es muy fuerte. A los 18 años los jóvenes se van de casa a estudiar fuera y no vuelven nunca, de manera que se ven de vez en cuando con los padres y raramente con los abuelos. Allí el virus ha tardado mucho más en llegar a la población de más edad porque lo han movido los jóvenes que tienen más dinamismo. Como consecuencia han tenido mucha menos mortalidad, ya que ha tardado más en llegar a la población más vulnerable, que es a partir de los 75 años. Esas diferencias resultan innegables. </p><p><strong>P. ¿Ha pasado lo peor?</strong></p><p>R. Ha pasado lo peor, que era aprender, pero esto no lo podemos olvidar. Es muy realista que vaya a producirse una segunda oleada. En Singapur, en Hong Kong, en una provincia china, hay rebrotes. En Corea del Sur han tenido que <a href="https://www.lavanguardia.com/internacional/20200510/481066681334/seul-cierra-bares-clubs-discotecas-repunte-contagios-coronavirus-corea-del-sur.html" target="_blank">cerrar otra vez los bares</a>. Prefiero que lo que hemos aprendido no lo olvidemos y no ir como locos a la carrera. </p><p><em>* Esta entrevista está publicada en el número de junio de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes acceder a todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí o suscribirte aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/index.php/mod.usuarios/mem.detallesuscripcion" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Margarita del Val: "La culpa solo la tiene el virus"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,CSIC,Vacunas,TintaLibre,Coronavirus]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Paul Krugman: "EEUU puede convertirse en un régimen autoritario en un par de años"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/paul-krugman-eeuu-convertirse-regimen-autoritario-par-anos_1_1181753.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a561f5d8-0907-4071-8c12-0d12e438d23e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paul Krugman: "EEUU puede convertirse en un régimen autoritario en un par de años""></p><p>Cada semana, desde hace muchos años,<strong> </strong>su columna en el <a href="https://www.nytimes.com/column/paul-krugman" target="_blank">New York Times</a> y en otros periódicos del mundo se sigue con una especie de reverencia y temor. Ganador del <strong>Nobel de Economía en 2008</strong>, este catedrático neoyorquino (1953) no deja indiferentes ni a los poco iniciados en los misterios de la economía ni a sus propios colegas, dianas muchas veces de sus dardos envenenados. Aunque adora la precisión matemática de su profesión, le cautiva también la belleza keynesiana de un mundo más justo e igualitario donde un poder estatal vigile los excesos del banquete capitalista. Su afilada lengua y su corrosiva pluma rara vez defraudan a los que buscan consuelo científico en un mundo gobernado por multimillonarios como <a href="https://www.infolibre.es/tags/personajes/donald_trump.html" target="_blank">Donald Trump</a> y plagado de extraños zombis que ofrecen remedios solo a los que quieren aumentar la cuenta de beneficios sin importar la ética, la degradación del planeta o, incluso, el sospechoso tráficos de datos. Con motivo de la publicación en España de<em> </em><em>Contra los zombis </em><a href="https://static0planetadelibroscom.cdnstatics.com/libros_contenido_extra/43/42207_Contra_los_zombis.pdf" target="_blank"><em>Contra los zombis</em></a>(Crítica) Paul Krugman nos recibe una mañana de febrero en la Fundación Rafael del Pino, poco antes de que el coronavirus causara otra grave recesión mundial (muy distinta a la de 2008) e hiciese del planeta un reino de zombis con mascarilla. </p><p><strong>Pregunta. Permítame que empiece por algo personal. Un amigo dice que le arruinó usted un negocio que ya tenía apalabrado con un cliente que canceló la inversión tras leer una columna suya hablando de una nueva crisis. Muchos ven en usted una especie de oráculo de Delfos moderno. ¿Cómo lleva ese papel?</strong></p><p>Respuesta. Pues me equivoco muchas veces. Si nunca haces una mala predicción en economía, quiere decir que no estás arriesgando lo suficiente. En general mi balance histórico no es tan malo, pero dista mucho de ser perfecto.</p><p><strong>P. Pese a la exactitud arrogante de los cálculos macroeconómicos, fueron contados los economistas que supieron anticipar la gran crisis de 2008.</strong></p><p>R. Para empezar hay que decir que eso es bastante normal. El FMI hizo un estudio sistemático de cuántas recesiones habían sido previstas por los economistas a lo largo de la historia y la respuesta es cero. Nunca jamás un economista ha podido prever una crisis. Yo creo que era obvio que íbamos a asistir a un estallido de la burbuja inmobiliaria, que era obvio también que el sector inmobiliario había inflado los precios tanto en Estados Unidos como aquí en Europa. Todo el mundo estaba de acuerdo conmigo en ese punto, pero la escala de la crisis fue lo que realmente sorprendió a todos y el motivo fue que nadie apreció exactamente la magnitud del cambio que se había producido en el sistema bancario. Los bancos son seguros, suelen tener garantías, pero no nos dimos cuenta de que la mayoría de la banca moderna tiene mucho que ver con la banca en la sombra y eso es lo que ha estado sucediendo. Yo intuí la crisis cuando estalló la burbuja inmobiliaria, pero no percibí la monstruosidad de crisis en la que acabó convirtiéndose.</p><p><strong>P. La imagen de Nancy Pelosi rompiendo los papeles del discurso de Trump durante el último estado de la Unión ha dado la vuelta al mundo. ¿Tiene arreglo Estados Unidos?</strong></p><p>R. Para eso los republicanos necesitan perder una serie elecciones de manera estrepitosa. No hay ningún tipo de compromiso posible que se pueda articular ahora mismo. Seamos francos, el Partido Republicano es un régimen autoritario con el que no hay manera de dialogar en estos momentos. </p><p><strong>P. El auge populista, incluida la versión de Trump, lanza un peligroso mensaje: la rebelión contra las élites del poder político y económico, contra las reglas del juego democrático. ¿No le resulta una deriva demasiado peligrosa? ¿Todo esto no recuerda, en cierta manera, a un escenario neofascista?</strong></p><p>R. Desde luego es un riesgo muy verdadero y real. De hecho, lo hemos visto. Hablo de Hungría como un modelo de lo que puede llegar a pasar. Hungría sigue siendo una democracia sobre el papel, pero en realidad, y en la práctica, se trata de un gobierno de un solo partido autoritario. Creo que Estados Unidos, de seguir este camino, bien puede llegar ahí dentro de un par de años. Hablamos de una rebelión contra de los líderes, pero la Administración de Trump solo ha servido los intereses de la élite económica, se ha opuesto a todo lo demás y ha apelado a una hostilidad subyacente entre gran parte de la población. A mí, evidentemente, no me gusta el populismo de Trump, pero tampoco me gusta llamarlo populismo porque, de alguna manera, sugiere que Trump está haciendo algo por las personas y eso no es así. Lo que llamamos populismo es, en su caso, un nacionalismo blanco.   </p><p><strong>P. Naomi Klein sostiene que Trump es la punta del iceberg de un gobierno de las corporaciones sobre la política de los Estados.</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2018/01/10/naomi_klein_mejor_tener_politicos_los_que_no_podamos_confiar_73867_1042.html" target="_blank">Naomi Klein</a></p><p>R. No estoy en desacuerdo totalmente con esa afirmación. Creo que Trump representa una combinación de procesos, porque él no ha surgido de la nada. Pero sí que mantengo que hay personas, como la propia Naomi Klein, que hablan demasiado sobre las corporaciones y no suficiente sobre los individuos y esta es no solo una rebelión por los intereses corporativos, sino también por los intereses de los propios multimillonarios. Es fácil hablar del mundo corporativo y no darnos cuenta de lo mucho que dejamos de hablar y de señalar a los individuos más ricos.   </p><p><strong>P. La desigualdad sigue siendo el gran caballo de batalla del sistema capitalista. Como usted mismo afirma en su libro, el valor neto del 0,1% de los estadounidenses más ricos iguala el valor combinado del 90% más pobre. Parece que no es suficiente solucionar el problema solo con una subida de impuestos a las grandes fortunas. </strong></p><p>R. Lo digo con absoluta claridad: hay que subirles los impuestos a los más ricos. Es una medida que apoyo y con la que estoy absolutamente a favor. Hicimos algo de eso en la Administración de Obama. Mucha gente no se da cuenta, pero con Obama hubo una subida de impuestos a los más ricos. Se necesita todavía mucho más. Recuerdo que la generación más próspera de Estados Unidos, la que sobrevino a la Segunda Guerra Mundial, tuvo una carga del 70% de impuestos del Estado y de casi un 90% de impuestos sobre la renta, así que podríamos volver a eso por muy lejos que quede.</p><p><strong>P. La sanidad pública y la educación parecen ser puntos de debate encendido incluso entre los propios candidatos demócratas. A cualquier europeo le resulta impensable que Estados Unidos carezca de una sanidad universal. </strong></p><p>R. Existe toda una historia detrás de eso. Si preguntas por el motivo por el que no tenemos un sistema sanitario universal es básicamente por dos cosas. Estuvimos muy a punto de gozar de ese derecho en 1947, pero la reforma se vio bloqueada, en parte por los propios médicos, que pensaron que la medida les llevaría a tener salarios más bajos; pero de manera mucho más decisiva por parte de los segregacionistas, que temían por la integración de los hospitales. Ahora mismo hay muchos intereses en juego y gran parte de ellos son contrarios a la sanidad universal porque la mayoría de estos problemas, tanto en Estados Unidos como en Europa, son debidos a la raza, al racismo. Las consecuencias de la esclavitud siguen teniendo una sombra demasiado alargada en Estados Unidos. </p><p><strong>P. Afirma usted que la profesión de economista se extravió porque los economistas como colectivo empezaron a confundir la belleza con la verdad. ¿Podría explicarnos esta paradoja aristotélica?</strong></p><p>R. Esto es algo verdadero. Cosas como las que ocurrieron en 2008 en la crisis financiera y la recesión severa no hubieran podido pasar si las mentes racionales y los mercados fueran perfectamente eficaces. El modelo de un mercado de seres racionales y perfectamente eficaz es un modelo precioso y muchos economistas eligieron creer en él a pesar de que no se correspondía con la realidad. El gran fallo de 2008 no fue que los economistas no lo predijeran o se equivocaran, sino que pensaron que era imposible que ocurriera algo de esas dimensiones. Ese es el principal error de la profesión. No incluyo en esto a todo el mundo. Entonces hubo una gran división entre los economistas que estudiaban la economía internacional y los que estaban más enfocados en la economía doméstica. Nosotros, los que estábamos más centrados en la economía internacional, éramos muy conscientes de que una crisis de tal magnitud podía darse. Aquellos que conocíamos crisis como la japonesa o la argentina no nos sorprendía, de hecho, que algo así pudiera ocurrir en Estados Unidos, pero otros colegas que estaban más pendientes los asuntos domésticos jamás creyeron que algo así pudiera pasar en Estados Unidos. </p><p><strong>P. ¿Cree que proyectos como el Green New Deal pueden representar una nueva era en la historia del capitalismo? Dicho de otra forma, ¿el capitalismo como sistema puede experimentar una nueva refundación?</strong><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2019/12/04/la_esperanza_verde_101652_1042.html" target="_blank">Green New Deal</a></p><p>R. Desde luego es algo que hemos hecho en el pasado. En 1929 el capitalismo era muy libre, sin restricciones de ningún tipo. En 1959, en cambio, teníamos sociedades que eran mucho más igualitarias y reguladas. No veo el motivo por el que no podríamos volver a hacerlo. Algo como el Green New Deal, aunque nadie sabe qué significa exactamente, pero eso mismo es bueno —el Green New Deal, digo— puede convertirse en un enorme paraguas bajo el cual quepan muchas posibilidades. Eso es bueno. </p><p><strong>P. Lo que parece claro a estas alturas es que conservar el planeta resulta incompatible con la idea de un crecimiento económico ilimitado.</strong></p><p>R. En mi libro hablo mucho sobre los zombis de derechas, hay muchos, la verdad, pero la idea de que tengamos que frenar el crecimiento económico para salvar el planeta me parece la idea de un zombi de izquierdas. Nuestro nivel de vida puede seguir creciendo al mismo tiempo que salvamos al planeta. El crecimiento económico no pasa por tener más industrias petrolíferas o del acero, sino que puede significar también nuevos servicios o productos de mayor calidad. Hemos asistido a un progreso tecnológico asombroso en la energía verde. Hace 15 años solo los hippies creían en la energía solar, ahora mismo es bastante más barata que la del carbón.</p><p><strong>P. Puede decirse que el keynesianismo —regulación de mercados financieros, intervención contra el desempleo, mayor inversión en obra pública— ha perdido definitivamente la batalla contra la dictadura de los mercados. ¿Usted se considera un discípulo de Keynes?</strong></p><p>R. Me considero, en cierta manera, su discípulo. La economía no es una religión. Keynes no era un dios, ni tampoco tenía razón en todo, pero sí acertó en muchas cosas y el enfoque keynesiano, su pensamiento, ha funcionado extremadamente bien, sin ir más lejos, durante la última década. Yo diría que soy un orgulloso keynesiano. Hoy en día aún podemos leer lo que Keynes escribió en los años treinta del siglo pasado y resulta perfectamente actual. </p><p><strong>P. Comparte Premio Nobel con algún colega norteamericano como Edward Prescott, que no se ha cortado en decir que “el desempleo es una decisión deliberada de los trabajadores de tomarse unas vacaciones”.</strong><a href="https://elpais.com/diario/2004/10/12/economia/1097532007_850215.html" target="_blank">Edward Prescott</a></p><p>R. Puede imaginar que esa declaración me pareció totalmente absurda. Una vez más confunde la belleza con la verdad. Para mí fue todo un honor recibir el Premio Nobel, pero, a fin de cuentas, eso no significa más que lo que han pensado unas cuantas personas que viven en Suecia. En ese sentido, está bien pensar que alguien puede recibir un Nobel por un trabajo que está totalmente equivocado. Seguro que hay muchas personas que piensan eso mismo sobre mí. Yo también lo hago sobre otras personas. </p><p><strong>P. Bob Dylan debe tener una opinión similar a la suya.</strong></p><p>R. No sé si fue una decisión muy inteligente por parte de la Academia Sueca darle el Nobel a Bob Dylan, pero, desde luego, es un grandísimo poeta y uno de los Nobel más merecidos. </p><p><strong>P. Aunque la ortodoxia de Bruselas está garantizada a través de Nadia Calviño, ministra de Economía, muchos piensan que el Gobierno de coalición izquierdas en España supone una muy mala noticia para los mercados ¿Tiene usted alguna opinión sobre el asunto?</strong></p><p>R. No he podido hacer los deberes como me hubiera gustado sobre este asunto en concreto. Pero sí me gustaría decir que la Comisión Europea ha tenido muy mal juicio durante la última década, si pensamos en la <em>troika</em>, por ejemplo. El Fondo Monetario Internacional, a mi juicio, fue el integrante de la <em>troika</em> más inteligente; mientras que la Comisión Europea fue el peor, dado que apoyaba al 100% las medidas de austeridad con resultados desastrosos, como luego se han comprobado. Así que no he podido evaluar la situación en España, pero vuestro vecino portugués ha tenido a un dirigente que ha relajado mucho las políticas de austeridad y le ha ido muy bien. </p><p><strong>P. Bernie Sanders aparece en el horizonte como un posible aspirante demócrata a la Casa Blanca. ¿Es concebible imaginar a un socialista en la Casa Blanca?</strong><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51482570" target="_blank">Bernie Sanders</a></p><p>R. Sinceramente, no creo que un socialista pueda gobernar los Estados Unidos, pero Bernie Sanders no es un socialista como tal, sino un socialdemócrata. En Europa se le consideraría incluso un moderado de centroizquierda. Lo que da miedo de Sanders, con esa etiqueta, es que está invitando a los ataques de la gente. Hay personas, como yo, que dicen que no lo es, pero él mismo se autodefine como socialista.</p><p><strong>P. ¿Cree que su división entre economistas de agua dulce (Chicago), neoliberales, y de agua salada (California, Nueva York), keynesianos, rige ya en todo el mundo?</strong></p><p>R. Chicago ya no es tan Chicago como antes, ya es más de agua salada. Minnesota sigue siendo la reserva más representativa de agua dulce. Esta no es una definición original mía, sino del economista Robert Hall. Es casi un accidente geográfico que, en Estados Unidos, las costas sean más demócratas y el interior mucho más conservador. De todos modos, casi todas las personas que han querido salvar el mundo últimamente venían del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Bernanke, Draghi, Blanchard, todos estudiamos allí en los años setenta.</p><p><em>*Esta entrevista está publicada en el número de abril de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes consultar todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/noticias/tinta_libre/portada/" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Reboiras]]></author>
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