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    <title><![CDATA[infoLibre - Arturo Tendero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/arturo-tendero/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Arturo Tendero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[La asignatura pendiente de Page]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/asignatura-pendiente-page_129_1873797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3a62b3a5-db9b-4bca-8b63-539fdcb44bf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La asignatura pendiente de Page"></p><p>El cole y la Feria han tenido mal encaje en Albacete toda la vida. Empezar siempre cuesta mucho, y cuesta más si uno está de fiesta. La Feria de Albacete transcurre entre el 7 y el 17 de septiembre. Pero no hay más remedio que arremangarse. Aunque no recuerdo ningún septiembre tan <strong>complicado como el del año 11</strong>. </p><p>Dolores Cospedal acababa de ser elegida presidenta de la Comunidad y tenía tanta prisa por implantar sus recortes que obligó a los centros educativos a rehacer las programaciones con el curso ya empezado, para que los profesores tuvieran que asumir más horas de docencia directa, entre otras medidas que vendió como castigos que los profesionales tenían muy merecidos. Era lo que, en un marco más general, se conoció como <em>austericidio</em>, y demolió la sociedad del bienestar,<strong> minó los servicios sociales</strong> y creó un desempleo insostenible. </p><p>Paradójicamente, al mismo tiempo el PP aprovechaba para autofinanciarse de forma irregular hasta convertirse en una asociación de malhechores, según tres sentencias confirmadas por la Audiencia Nacional. Han pasado trece años. Desde 2015 en Castilla-La Mancha gobierna<strong> Emiliano García-Page</strong>, el socialista que sustituyó en el mandato a Cospedal.</p><p>Page se ha hecho muy popular siendo el presidente regional del PSOE más contestatario. En cuanto su partido adopta una medida polémica, Page se apresta a declarar contra los suyos. La última vez ha sido contra el <strong>acuerdo entre el Gobierno y Cataluña para otorgar a esta comunidad una financiación singular</strong>. Puede generar agravios y es razonable protestar. Ahora bien, ¿para qué? Porque los ciudadanos queremos que nuestras comunidades estén bien financiadas, pero para que sus gobiernos inviertan en Educación, Sanidad y Dependencia. Un socialismo merecedor de este nombre debería priorizarlas. </p><p>Sin embargo, en sus nueve años al frente del gobierno regional, Page <strong>no ha encontrado la ocasión de revertir las medidas</strong> impuestas por la pepera Cospedal, al menos en lo que atañe a la Educación Pública. La Concertada tiene otro trato, ha sido blindada para los próximos seis años. Es la razón por la que<strong> 7.000 profesores castellano-manchegos han empezado el curso con una huelga</strong>. Y aseguran que seguirán reivindicando un cambio que debería haberse aplicado al día siguiente de la toma de posesión de Page, hace 9 años. </p><p>Por supuesto, la mayoría de los medios de comunicación de Castilla-La Mancha han preferido <strong>no hacerse eco de la huelga o esconderla mucho</strong>. No en vano, dependen de la publicidad institucional, llena de fotos de un Page más joven y lustroso de lo que realmente es y de anuncios de un mundo idílico que, de existir, existirá muy lejos de esta autonomía compuesta con retales.</p><p> ________________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Sep 2024 17:26:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Emiliano García-Page,María Dolores de Cospedal]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lo bueno, si breve…]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/bueno-si-breve_1_1773929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e87d1dd8-26d9-4f2e-8a8a-fa270c07ef02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo bueno, si breve…"></p><p>Hay muchas maneras de convocar la emoción con palabras. Dos de los extremos posibles son la poesía que construye su atmósfera por medio de la acumulación de elementos y la que concede espacio y silencios al lector para que sea él quien termine el trabajo. <strong>José Mateos</strong> descubrió en su sexto libro que este último camino le atraía y en su reciente recopilación se aprecia el contraste con su obra anterior. En cambio, <strong>Ángel Aguilar Bañón </strong>y <strong>León Molina </strong>llegaron a la economía de palabras por el camino del haiku, pero sin dejarse atrapar por las rigideces canónicas de esta estrofa de origen japonés. Por su parte, <strong>Fernando Menéndez</strong> ha acumulado sugerencias partiendo de su vida cotidiana y condensando la información en apuntes muy breves.</p><p><strong>José Mateos</strong></p><p><strong>Vandalia (2024)</strong></p><p><strong>José Mateos </strong>(Jerez de la Frontera, 1963) hace balance de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-nombres-que-te-he-dado/390744" target="_blank">sus 40 años como poeta</a> y de los diez libros que ha completado en este tiempo. El último, <em>Tratamiento y delirio</em>, estaba inédito hasta la fecha. Al leerlo con perspectiva, saltan a la vista ciertas constantes: el instinto moral, la facilidad para la sentencia y la copla, la celebración discreta: "Vive y alégrate. Muerde la fruta / que es ser y respirar hoy todavía / aunque, al comerla, su sabor amargue". </p><p>Mateos se ha movido siempre en el umbral del misterio, asomándose y volviendo, como en el poema <em>Para Luisa</em>: "Estuviste conmigo / paseando la tarde / por el camino blanco. // Después, volví a enterrarte". En su sexto libro, <em>Otras canciones</em>, él mismo anotó un cambio de tendencia: "quise soñar con la posibilidad de escribir unos poemas tan sencillos, tan desnudos, que parecieran invisibles". </p><p>Se asentó este cambio en el libro <em>Un sí menor</em>. Después la vida siguió apretándole y tuvo que usar el silencio, cómplice siempre, para sostener poemas de una intensidad trágica. Cuando el alzhéimer de su madre arreciaba, "en el patio inservible del hospital" un jilguero cantó al despuntar el alba; el poeta tuvo que decirse a sí mismo: "tú, tan ávido de símbolos, / deja en paz ese misterio". Poco más adelante llegó un poema titulado con una fecha <em>12/18</em>: "Todo termina así: / unos destellos / de memoria que caen hacia lo hondo / y el cuerpo como un traje envejecido / que casi da vergüenza. // No insistas, corazón / inútilmente: / nunca / maldeciré la vida". </p><p>Después la vida aún añadió un giro más: la grave enfermedad en carne propia, el salir a navegar a un mar sin orillas. De ahí brotaron los dos últimos libros, <em>La hora del lobo</em>, y el inédito <em>Tratamiento y delirio</em>, un poema río que el poeta escribe atado a la aguja de la quimioterapia. Muy cerca respiran los momentos de abrazarse, siempre celebrando: "Junio, qué bien se está a tu sombra / rodeado de amigos, / cuando todo es presente / y hasta es posible que morir no importe".</p><p>                                               </p><p><strong>Ángel Aguilar Bañón</strong></p><p><strong>La Garúa (2023)</strong></p><p><strong>Ángel Aguilar</strong> (Caudete, 1958) es un poeta reservado. Tiene cinco poemarios publicados, todos ellos en editoriales de poca o ninguna proyección. Él mismo ha preferido que sus libros ofrecieran una apariencia circunstancial: <em>Qué fea es mi hermana</em> y <em>Luisa</em> son sus últimos títulos, que ni siquiera cita en la solapa del recién aparecido. </p><p>Desde hace varias décadas cultiva el haiku y ha figurado en distintas antologías, algunas muy prestigiosas. No obstante, tampoco había publicado hasta la fecha un libro exento en este género. Ahora por fin aparece, de la mano de La Garúa, este <a href="https://lagaruapoesia.com/project/haikus-tanta-luz-sobre-los-arboles/" target="_blank"><em>Tanta luz sobre los árboles</em></a>, que cabe en una mano y que sin embargo, al abrirlo, explota con la silenciosa explosión del haiku canónico, el que se ciñe a lo que captan los sentidos sin aliñarlos con imágenes o metáforas mentales. </p><p>Aguilar, que en sus poemas convencionales también tiende a la fusión con la naturaleza y a la celebración de la luz en el paisaje, ha encontrado en el haiku un instrumento propicio. Siendo un poeta que contempla lo que le rodea, se le ha teñido todo de la estación reinante, le ha salido un libro clamorosamente otoñal: "otro otoño / pisando hojas caídas / ¿cuántos más?". </p><p>Inclina su atención a los indicios de decadencia: "cementerio / de tumba en tumba / el saltamontes". La visión más frecuente es la de las hojas caídas, unas veces porque caen de los álamos sobre su propio reflejo en el río, otras porque es fiesta y nadie las barre, e incluso caen sobre el bebé que está mamando, lo que introduce una luz repentina. No es el único atisbo luminoso: las hojas del pino caído siguen verdes y hasta cuando "anochece / entra en la casa / una hoja seca", con algo de aparición misteriosa. </p><p>Hay otros muchos temas en este volumen, grande en su pequeñez, que en algún momento se asoma al solsticio: "el vaho / ¿es de mi cuerpo o del río? / primer día de invierno". También hay mucha vida cotidiana en la que de pronto destella la sorpresa si uno está preparado para cazarla: "de madrugada / doblando calcetines / el sonido del frigo". </p><p><strong>León Molina</strong></p><p><strong>Isla de Siltolá (2024)</strong></p><p>En <em>Generación dô: La evolución del haiku-dô</em>, <strong>Enrique Linares</strong> y <strong>Toñi Sánchez </strong>han registrado el proceso de aclimatación del haiku japonés al castellano, una revolución que se ha acelerado en el vigente siglo. Influidos por especialistas como<strong> Vicente Haya</strong>, los practicantes han tendido a ser muy estrictos, más aún en el fondo que en la forma. Para que un “haiku” fuera “haiku” tenía que contener <em>aware</em> (testimonio) y reflejar el instante sin ningún tipo de implicación del autor. Como suele ocurrir, y es hasta sano que ocurra, poco a poco se ha ido aflojando la rígida exigencia. </p><p><strong>León Molina Pantiga</strong> (San José de las Lajas, Cuba, 1959) ya estaba a caballo entre la poesía convencional y el haiku cuando se aceleró el proceso. Ambos géneros han ido convergiendo poco a poco en su escritura hasta confudirse en uno. Porque (como el que abre estas líneas) muchos haikus de <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/haiku/olor-a-humo-haikus-del-jardin/" target="_blank"><em>Olor a humo</em></a> no son haikus. Pero ¿y qué? </p><p>Encontramos en su apartamiento en la sierra a un poeta que vive atento a lo que le rodea, que son muchas cosas, un poeta que observa y da fe: "La nieve huele / al perfume de mi madre. / Ya no cabe más silencio". Con una paciencia que es más paisajística que humana, <strong>Molina </strong>pasa mucho tiempo observando a los bichos: "En el mismo rincón donde la zorra / dejó ayer un excremento, / hoy la luciérnaga". Es plenamente consciente de que su presencia está cambiando el orden ("Hojas caídas. / Ahora son basura / ¿Por qué barrí?") y a la vez es consciente de que le corresponde estar ("No esperes mucho, / jardín, de mí. / Me hago viejo"). </p><p>En la acumulación de pequeñas piezas, encontramos un hilo conductor, unas constantes que ayudan a entender y compartir mejor la visión de este paisano que vive a mitad de camino entre la civilización y la naturaleza: "Se mezclan en la noche / las voces de la aldea / y el autillo del monte". Mitológico en las fotos, cubano en el instinto, manchego en ciertas expresiones, <strong>Molina </strong>oculta la literatura que sostiene la trama como los pájaros se le ocultan a él: "Zorzal. / Si no miro está. / Y si miro ya no".</p><p><strong>Fernando Menéndez</strong></p><p><strong>Dilema (2023)</strong></p><p>Al final del libro, en los agradecimientos, <strong>Fernando Menéndez</strong> (Oviedo, 1966) tiene un recuerdo "para Pilar que me regaló el cuaderno". Todo apunta a que este, su sexto poemario, ha ido componiéndose a partir de un ejercicio de disciplina de anotaciones en el susodicho cuaderno. Si no he contado mal, 146 piezas, que se caracterizan porque los versos constan de una sola palabra, de dos como mucho, de tres rara vez. Además de ser finos como pisadas de gaviota, los poemas son también breves, de un par de oraciones yuxtapuestas a modo de <em>collage</em>. </p><p>La contracubierta nos advierte de que <strong>Menéndez </strong>trata de modular su intimidad y su contexto vital a partir de relaciones inéditas entre las palabras. Se colige que propone relaciones azarosas, convocadas por el método de las asociaciones automáticas, que requieren que el lector participe completando la imagen con su propia imaginación. Lo que no siempre sucede, claro. Como profesor de escritura creativa, Menéndez sabe lo que está proponiendo. </p><p>El libro arranca con un epígrafe de <em>Industrias y andanzas de Alfanhuí</em>, la novela de <strong>Sánchez Ferlosio </strong>y con un poema truncado que parece sumergirse en el alfabeto indescifrable de aquel personaje. En todo caso, finalmente, la validez de un poemario la define su capacidad de emocionarnos, y eso depende siempre de que el propio poeta sepa identificar y afinar las serendipias eficaces y nos las sirva. Hay una buena provisión de imágenes bien traídas en el libro de <strong>Menéndez</strong>. Muchas miran a la naturaleza circundante: "Volvían / para / perderse / de nuevo / las sombras, / la emigrante / geografía / de los pájaros. / El viento / entraba / cada vez / más lleno". </p><p>Otros poemas encienden lo cotidiano: "Pasan / los minutos. / Distinguirlos / de / la costumbre". También hay hallazgos aislados: "Pastor / de / mi fatiga". Y en cualquier caso, al ser tantos los fragmentos y tan breves, imponen un ritmo de lectura que se engrana bien con el afán de irlos descifrando.</p><p> </p><p>_________</p><p><em>* </em><em><strong>Arturo Tendero </strong></em><em>es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Apr 2024 19:00:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[Dar fe de lo fugaz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dar-fe-fugaz_1_1752847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80d575e3-ecc9-4614-80e5-34220838be2a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dar fe de lo fugaz"></p><p>Uno de los temas más recurrentes en la poesía, desde siempre, es la constancia del paso del tiempo, de su fugacidad. El <em>tempus fugit </em>que se atribuye a Virgilio. Es el tema central del más reciente libro de<strong> Felipe Benítez Reyes,</strong> que se advierte a sí mismo: "ya no tienes el tiempo de tu parte". <strong>Verónica Aranda</strong> escribe para viajar y para constatar que por subirse a trenes sacrificó besos, siempre fugitiva del amor. Por su parte,<strong> Lola Mascarel</strong>l, ante la encrucijada de ser madre, atiende a la vez al pasado y al futuro, suspendida en un presente que es una duda, una casa en la intemperie. <strong>Rafael Camarasa</strong> alarga la duración de los momentos que fueron singulares recogiéndolos en sus poemas como cabos sueltos.</p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong></p><p><strong>Visor (2023)</strong></p><p><strong>Felipe Benítez Reyes</strong> (Rota, 1960) está cantándole al tiempo que se escapa entre los dedos. El tópico virgiliano del <em>tempus fugit</em>. Lo hace a su manera chispeante: "el tiempo como un duende asesinado", "el tiempo que fue nuestro y no era tiempo", "ya no tienes el tiempo de tu parte. / Ya eres el final de tu ficción". Pero lo que en libros suyos anteriores eran deslumbrantes enumeraciones que exhibían el músculo del ingenio, <a href="https://www.visor-libros.com/products/los-expedientes-de-la-madrugada" target="_blank">ahora</a> vienen domesticadas, hilvanadas al servicio de la reflexión. Poemas como <em>Divagación acuática,</em> <em>Infancia </em>o <em>Heroica </em>están entre los más logrados y hondos del autor roteño.</p><p><strong>Benítez Reyes</strong> ha llegado a la edad de hacer balance y de constatar que lo que fue quedando atrás es tan inaprensible como el ahora: "el recuerdo que se detiene en el aire / como un pájaro muerto en pleno vuelo", "las ideas que se mueven por el pensamiento / como serpientes decapitadas". Todo es líquido. Y paradójicamente, lo que más merece la pena es eso que el pensamiento no consigue atrapar, eso que fluye en los sentidos: el concierto acuático de la lluvia que podría ser un caos y es un método, la canción del viento: "escucha esa canción […] y da las gracias, / aunque no sepas / por qué". El mundo es "el mapa de un tesoro que no existe, / pero nuestro". Cada ser humano es único e irrepetible, la música que en él resuena es "la música de un mundo / desconocido para los demás". </p><p><strong>Benítez Reyes</strong> va atravesando estas verdades con pulso narrativo, fingiendo que lo que enumera son brumosos expedientes, los que anuncia el título, incluso remitiéndonos a versos anteriores con cláusulas del tipo "como dije al principio". Todo es poesía. También cuando dice de los clásicos que "todos cantan desventuras / y, sin embargo, qué aroma a yerba nueva, / qué limpia el agua va por esos versos…". Incluso se rinde y le habla a la mano invisible que "a diario bosqueja / el paisaje teatral del mundo"; lo hace para agradecerle "esta artificiosa ficción de eternidad que apenas dura". El libro ha recibido el premio Marpoética en su primera edición.</p><p>                               </p><p><strong>Verónica Aranda</strong></p><p><strong>Polibea (2023)</strong></p><p><strong>Verónica Aranda </strong>(Madrid, 1982) hace balance de los 14 poemarios que ha publicado hasta la fecha con <a href="https://www.polifemo.com/libros/la-rosa-contra-el-lino-antologia-poetica/282590/" target="_blank">esta antología</a> que tiene la virtud de resultar abarcable, a pesar de la enorme prolificidad de la autora. El título propone un equilibrio entre lo efímero de la rosa y lo duradero del lino. En el prólogo, <strong>Juan José Martín Ramos </strong>nos advierte de que <strong>Aranda </strong>no es una poeta-viajera ni una viajera-poeta, porque a la vivencia del viaje antepone su mundo interior. Lo cierto es que tanto los títulos de sus libros, como los ambientes y los temas de sus poemas, retratan a una mujer cosmopolita que se resiste a una rutina que no sea itinerante: "compro dos amuletos y me invade / el miedo irracional a los regresos / y a los salteadores de caminos". </p><p>Dice Aranda que "el viaje nos libera o puede condenarnos", que "la vida sedentaria / es un círculo lleno de alacranes". Si nos atenemos a sus poemas, viajar le sirve para escapar de sí misma y fundirse en el anonimato de la lluvia, como le ocurre en <em>Teherán</em>. Suele recalar en lugares inhóspitos, donde espera la llegada de la persona amada "en una plaza hostil frente a unos cines" o "en desórdenes de puertos, / a bordo del azar de los tranvías", siempre en "ciudades a destiempo", siempre "fugitiva del amor", sacrificando "los besos más furtivos" por subirse a trenes "de destinos maléficos". </p><p>Cuando al fin se detiene, lo hace en lugares sensuales y exóticos, donde experimenta el vértigo de la fugacidad: "Desperté en Khajuraho / y escancié la mañana en una copa / de la que solo quedan los cristales". Aranda es también aventurera del lenguaje, en soporte habitualmente narrativo, con ligera inclinación a lo oriental. Acumula tres libros de haikus. He aquí un ejemplo: "Cuarto creciente. / Dando la espalda al río, / dices mi nombre". Aranda ha escrito mucho en rincones donde la duda "siempre acaba por ser politeísta".</p><p><strong>Lola Mascarell</strong></p><p><strong>Tusquets (2024)</strong></p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-prestame-tu-voz/390757" target="_blank"><em>Préstame tu voz</em></a> es el cuarto poemario de <strong>Lola Mascarell</strong> (Valencia, 1979). El título alude a antiguas inscripciones funerarias en las que los muertos rogaban al paseante: "préstame tu voz". Y es significativo reseñar que, durante la escritura, la autora vivió el embarazo de su hija, lo que le inspiró versos natatorios como "imagino tu cuerpo / flotando entre las aguas de mí misma / que flotan a su vez en este líquido / del tiempo que no pasa". </p><p>La incertidumbre y el tiempo condensado son los dos grandes temas del libro: "Todo lo que ahora canta / delante de mis ojos / está a punto de irse hacia la noche". El pasado, el presente y el futuro se cruzan y entreveran. Al mismo tiempo nos acercan a un parque donde una pareja de ancianos "que aún no somos nosotros / alimentan palomas" y un poco más allá escuchan voces de muchachos (que ya no somos nosotros) "diosecillos que juegan sin miedo aún, / sin muerte". La poeta está viviendo a la vez el primer mes de su hija y pensando en un futuro en que no estará ya la cuna en la alcoba. "El sol de la mañana / no puede iluminar / la noche que se cierne / dentro de nuestro cuerpo". </p><p>No hay cobijo posible donde solo resuenan los acordes del pensamiento. Por eso se repite a sí misma: "aprende que el refugio es la canción". Y más adelante, insiste en "aferrarse a la entraña, estarse dentro, / ser uno con la arena, con el mundo, / y escuchar las pisadas de los otros / y sentir esta calma / vacía y expectante de lo inmóvil". Porque, "quién quiere poseer lo que es del aire". </p><p>En <em>Madre</em>, rinde homenaje a su progenitora e insinúa que somos eslabones de un ciclo. En <em>Adventicia</em>, aprende humildad de la flor anónima que la sorprende en el camino. Como la luz, la poeta viene a deshacerse en las cosas que mira: "un átomo de polvo, / una foto vacía, / un minuto sereno / que anochece despacio en la terraza". El corolario sería que "dudar es mantenerse / suspendido en el aire. // Dudar es esta casa en la intemperie / que llamamos camino".</p><p><strong>Rafael Camarasa</strong></p><p><strong>Contrabando (2023)</strong></p><p>La voz de <strong>Rafael Camarasa</strong> (Valencia, 1963) se dirige a nosotros desde escenarios cotidianos que resultan acogedores precisamente porque nos habla "con el temor creciente de un monje / que, en la profunda quietud de su celda, / ha visto afilarse la llama de la única vela que lo alumbra". Cierto que a veces sus descripciones se alargan peligrosamente, pero, si le dejamos acabar, comprendemos que todas las palabras eran necesarias. </p><p>Al fin y al cabo, la escritura de <strong>Camarasa </strong>derivó hacia la prosa poética en <em>Cromos</em> (2007), apenas cuatro años después de que, según el prologuista <strong>Francisco Fernández Meneses</strong>, cuajaran estos <a href="https://www.edicionescontrabando.com/shop/cabos-sueltos/" target="_blank"><em>Cabos sueltos</em></a>. Ahora alcanzan una segunda vida, revisada y ampliada. Qué bueno que libros notables que pasaron desapercibidos sean rescatados. El mérito en este caso es de <strong>Paco Benedito </strong>y <strong>Lola Andrés</strong>, capitanes de la colección Marte de Ediciones Contrabando. </p><p>Dice el poeta: "sé que una marca no me asegura que volverás a por el libro de tu mesilla, / pero sí que tenías esa intención / al doblar el ángulo de la hoja". Camarasa hurga en las contradicciones de la vida, señalándolas, no tanto en busca de explicación como de la emoción que destilan: "En el suelo agrietado del patio, el árbol solo proyecta una sombra. / Y siento nostalgia porque me marcho. / Y alegría porque regreso". </p><p>Así compartimos el momento en que la pareja está mirando el mismo paisaje pero ve cosas distintas en <em>Universos paralelos</em>; en <em>Celebración</em>, el momento en que el niño pide el deseo de cumpleaños antes de apagar las velas y el padre sin quererlo esboza su propio deseo; en "Una historia antigua" el momento en que el poeta se cruza con una antigua novia en el supermercado y duda si saludarla o no: "No quise remplazar a ese otro yo que, en su memoria, / creería en causas en las que ya no creo". También el poema que acertadamente cierra el libro, <em>El regreso</em>, donde los amigos vuelven en el coche cantando una canción infame que sin embargo será ya para siempre el himno del viaje.</p><p>__________________</p><p><em><strong>* Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023)  Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Mar 2024 20:00:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dar fe de lo fugaz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Poesía,Poetas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Libros premiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/libros-premiados_1_1726801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/af93a38a-d896-4dc5-8210-cbb8d5cb100d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Libros premiados"></p><p>Los premios literarios producen desconfianza porque (sobre todo los más prestigiosos) suelen ganarlos casi siempre y de forma sospechosa poetas que ya son conocidos y a veces hasta consagrados. Sin embargo, hay un número tan grande de premios y están tan desperdigados por las <em>españas</em>, que sería injusto medirlos todos con el mismo rasero. Además, para los autores que buscan una publicación digna desde la periferia del mercado (que a veces está en el centro) suponen una solución, cuando no un trampolín, aunque sea en editoriales voluntariosas que difunden como pueden. Espigando en esos premios, se constata que los jurados también aciertan.</p><p><strong>Sandro Luna</strong></p><p><strong>Cálamo (2024)</strong></p><p>A <strong>Sandro Luna</strong> (L´Hospitalet de Llobregat, 1978) le gusta jugar con los títulos de sus poemarios. Así lo ha demostrado en los cinco anteriores, desde <em>¿Estamos todos muertos?</em> (2010) hasta el más reciente <em>El monstruo de las galletas</em> (2020). Con <a href="https://menoscuarto.es/libro/la-noche-que-a-eddie-felson-le-rompieron-los-dedos/" target="_blank"><em>La noche que a Eddie Felson le rompieron los dedos</em></a> alude al personaje de la novela <em>El Buscavidas</em>, de<strong> Walter Tevi</strong>s, que interpretó <strong>Paul Newman</strong> en su versión cinematográfíca. Es un jugador de billar al que le rompen los pulgares por no achantarse ante un villano. En el poemario de <strong>Luna</strong>, el escenario no es una mesa de billar, sino la vida. La villanía son los afectos, siempre contradictorios: "Los cuerpos que se abrazan / son chasquidos de bolas de billar que se golpean. // Y es difícil amar, porque nos duele". </p><p>El libro está dividido en tres partes. En la primera, <em>No hay escapatoria,</em> el poeta vive la realidad como un corsé: "Los olores se mezclan y yo siento / que mi casa, que el mundo, / por hermoso que sea, es una habitación / sin ventana y sin aire / que un hombre pobre alquila". El agobio está en todas partes, también en los elementos de la naturaleza, como ocurre en el breve poema <em>Grieta</em>: "Está escarbando el sol, / ¿acaso no lo ves? / Busca la libertad en una grieta".</p><p>La parte intermedia del libro está más atada a lo circunstancial. En la tercera, titulada <em>Girasoles</em>, <strong>Luna </strong>acomete, entre otras cosas, la delicada relación con el padre: "Y ocurrió lo que ocurre / cuando de igual a igual / dos hombres que se aman / se dicen en silencio / cosas incomprensibles". Resultan intensos los poemas <em>Viejo </em>y <em>Elegía </em>y particularmente impactante el breve titulado <em>Fe</em>: "Porque sé que a los cuerpos / aunque mueran, / los junta una energía; sé también que la muerte / es solo un pensamiento: / ―¿Qué harás cuando te mueras? ―me pregunta mi hija. // Sentarme en las rodillas de mi padre". Otra de las elegías finales concluye: "Vivir es un milagro ajeno al mundo". El libro ha recibido el premio Jorge Manrique en su séptima edición. </p><p>                                             </p><p><strong>Ana Garrido Padilla</strong></p><p><strong>Grupo Enuno (2023)</strong></p><p>La madrileña<strong> Ana Garrido Padilla</strong> (1966) se asoma al paisaje subrayando los matices que diferencian y permiten reconocer una mañana entre todas las mañanas o un crepúsculo en la sucesión de crepúsculos. Desde el título, vemos que la sinestesia en su herramienta más habitual. </p><p>Sigue las huellas de los primeros poemarios de <strong>Julio Llamazares</strong> o los de <strong>Basilio Sánchez.</strong> Los seres vivos quedan en segundo plano: "la tormenta reposa más allá de las aves", o cruzan ante nosotros "los ojos trashumantes de los perros". La persona que nos habla se mantiene también fuera de escena, observando. Como mucho, las manos aparecen para certificar que la luz "tiene tacto de mármol" o para reconocer "la tierra prometida más allá del paisaje". A menudo reina un frío oscuro que cuaja en una silueta, caen hojas incluso sobre la arena, se suceden amaneceres enigmáticos, siempre lejanos, heridos por un enebro o un olivo, que pueden reflejarse en la superficie del agua. </p><p>Ni siquiera el agua fluye. Siempre aparece quieta, rizándose, reflejando lo que la rodea. Reina por doquier una naturaleza viva, pero lenta y decadente. Y cuando los poemas rozan la figura humana, acaban reconociendo que "detrás de la ventana hay un pueblo vacío, / una luna vacía / que se dobla a lo lejos". Porque los humanos están, pero no están, "en el tiempo baldío, // juntos en la quietud de las plegarias", "cuando todo está inmóvil, / cuando nada parece necesario". Como mucho, "entre dos soledades siempre existe / algún paso a nivel para la vida". </p><p>El marco es amenazador: unas veces es "el cielo culpable", otras una luna rojiza que "astilla el aire". En el último poema, <em>Todo está consumado</em>, muy breve, de dos versos, la poeta ofrece un sentido para esta atmósfera mórbida en la que nos hemos paseado: "Detrás de la materia se adivina / nuestra antigua inocencia". Con este libro, <strong>Ana Garrido Padilla </strong>ganó el premio Barcarola en su 32ª edición.</p><p><strong>Ramón Bascuñana</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2023)</strong></p><p><a href="https://pre-textos.com/producto/anotaciones-a-pie-de-pagina/" target="_blank"><em>Anotaciones a pie de página</em></a><a href="https://pre-textos.com/producto/anotaciones-a-pie-de-pagina/" target="_blank"> </a>es el 22º poemario de <strong>Ramón Bascuñana</strong> (Alicante, 1963), lo que indica que estamos ante un autor muy prolífico. La mayor parte de sus libros se publicaron porque obtuvieron premios literarios, y este también, en concreto el Juan Gil-Albert. </p><p>Corre el riesgo de que lo descartemos por el prejuicio que imponen estos antecedentes, y sería un error. Se trata de un libro muy serio desde el concepto, que viene descrito en el título: cada uno de los 44 poemas que lo componen viene encabezado por una cita de otro autor. Como si fueran las versiones originales de una traducción, los poemas dialogan con la cita. A veces para reflexionar sobre el acto creativo: "Quizás por eso escribo / versos que hablan / de mí mismo como si fuese otro. / Alguien a quien detesto / porque es un cobarde / que se esconde detrás de las palabras". Otras veces introducen pistas sobre el proceso de escritura: encarecen el azar, la impremeditación con que escribe el poeta, un cierto malditismo: "hay algo indigno en cada verso, / como esos restos de tinta en las manos / después de cada crimen". </p><p>Al final, lo que nos importa, la vida, acaba filtrándose y dejando testimonios significativos: "porque el amor es siempre, / aunque no lo parezca, / un acto solitario", "vivir es adictivo. La vida es una droga", "nadie pasa dos veces por el mismo minuto", "el silencio, una forma del canto / cuando el canto se agota". </p><p>Los conceptos de soledad y fracaso revolotean sobre el conjunto, y sin embargo <strong>Bascuñana </strong>consigue que no terminen posándose y estableciendo un borrón de patetismo. Se ayuda del clima de reflexión y de diálogo que ha establecido en la estructura. Escribir es su tabla salvadora y por eso le otorga tanta importancia: "la fe levanta templos. / Tan solo las palabras los sostienen". "Desde mi soledad, / la única que importa, / porque incluye a las otras, / esculpo este poema".</p><p> </p><p><strong>Carmen Palomo Pinel</strong></p><p><strong>Diputación de Soria (2022)</strong></p><p>El sexto poemario de <strong>Carmen Palomo Pinel</strong> (Madrid, 1980) también se publica gracias a un premio, como los anteriores. En este caso, el Leonor de Poesía en su edición de 2022. No conozco los otros, pero <em>En tu espalda el desierto es un libro</em> cuajado desde la estructura. Está dividido en tres partes, <em>De la Vida</em>, <em>Del amor</em> y <em>De las palabras</em>, perfectamente definidas en sus pretensiones. </p><p>Visionaria en el enfoque, <strong>Palomo Pinel </strong>persigue siempre la experiencia del límite: "divido a los hombres entre los que han visto un abismo / y los que no". Celebra el milagro de la existencia ("cómo obrar / ante esta dádiva excesiva / que es vivir") y al mismo tiempo está ya lamentando la pérdida, "el dolor de lo maravilloso / faltante, la escasez de hadas". Ante la ausencia de milagros, la magia es aproximarse al umbral de la desaparición: "Qué criminal, qué aguda esa belleza / que existe solo al borde de la muerte, / entrando en ella ya / pero no todavía: / Venecia, un unicornio, / el rayo verde. / Nuestro amor. Su fulgor cuando se hiere. / Como naciendo. Como quien toca en el final / su origen". </p><p>También la segunda parte del libro, consagrada al amor, contiene experiencias liminares: "y por qué no te vistes de esta tarde fantástica / de luz atenuada / y apareces". En este tramo aumentan los pasajes que cumplen su función dentro del poema pero también podrían operar de forma aislada, como aforismos: "porque hay que amar / lo visto / para verlo", "la noche del amor es, sobre todo, / la noche de antes / del amor", "¿por qué hay algo que duele en la alegría?". </p><p>También en la última parte del libro encontramos apreciaciones certeras bien aderezadas. En esta tercera parte, la autora reflexiona sobre la escritura: "pensaba que el poema tenía por misión / revelar el secreto, / mas no: / el poema es la tierra / que se echa sobre él. / Lo convierte en tesoro". Estas reflexiones aportan información sobre el proceso, pero sobre todo permiten a la escritora conocerse mejor: "de este modo / el poema que escribí / me corregía".</p><p>_________________</p><p><em><strong>* Arturo Tendero </strong></em><em>es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Feb 2024 20:00:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[Mares interiores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mares-interiores_1_1696232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac79287a-c2c2-471f-9519-3f8f4ba9f5c1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mares interiores"></p><p>Los primeros poemarios del flamante premio Nobel, <strong>Jon Fosse</strong>, hablan de soledad en un entorno marino de barcos y sentinas. También alude al mar la dramaturga <strong>Angélica Liddell </strong>en el título del libro con el que ha retomado el género poético. Por su parte, <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> asegura que navega despreocupadamente rumbo al silencio en un libro en el que ironiza sobre el ilusionismo y la religión. En cuanto a <strong>Sharon Olds</strong>, nos confiesa que el ritmo de sus versos es el mismo de los himnos de iglesia que escuchó de pequeña. </p><p><strong>Jon Fosse</strong></p><p><strong>Sexto Piso (2023)</strong></p><p>En octubre la Academia Sueca concedió el Nobel 2023 al noruego <strong>Jon Fosse </strong>(Haugesund, 1959), un escritor que ha conseguido practicar todos los géneros sin dejarse encasillar en ninguno. Nada más conocerse el galardón, Sexto Piso anunció que publicaría su obra poética en 2024, y dos meses más tarde presentaba en <a href="https://sextopiso.es/esp/item/666/poesia-completa" target="_blank">un solo volumen</a> los tres primeros poemarios de <strong>Fosse</strong>. </p><p>A pesar de las prisas no se aprecian los comprensibles gazapos, como no sea un poema que aparece repetido. Buen trabajo el de la traductora <strong>Cristina Gómez-Baggethun </strong>para brindarnos en español versos de un idioma tan lejano. La edición es monolingüe. </p><p>Los dos primeros poemarios de Fosse se mueven entre ecos y símbolos poco transitivos: hablan por ejemplo de "ángeles", también de "perros" a los que sin duda podemos sentirnos más cercanos, pero que tampoco transmiten. En aquel tiempo <strong>Fosse </strong>se inspiraba mucho en Trackl. Eran libros evidentemente inmaduros (publicados entre los 27 y los 33 años del autor). Aun así, llama la atención algún poema de aire oriental: "qué delicia: tambalearse ebrio por un bosque al alba / afligidas campanas repican entre ramas negras / en el rostro gotas de rocío". El tema de la soledad empieza a imponerse: "El perro escucha el viento / con el corazón / en vilo, hasta que / de pronto / le atenaza / la soledad, y echa a correr". </p><p>Mejora mucho el volumen cuando entramos en el tercer libro <em>Perro y ángel</em> (1992). Sobre todo cuando la soledad se concentra en una atmósfera de barcos, olas, madera húmeda y bodegas. Casi todos los poemas de este tramo son como mínimo notables: (barca en la oscuridad), (pisa con cuidado), (el barco), (ola): "veo una ola / y pienso que todo es movimiento / no quiero saber lo que significa / entre tanto movimiento / que se mueve y significa". </p><p>El libro ya no decae hasta el final, aunque las perspectivas cambian. <strong>Fosse </strong>nos habla de un Dios muy terrenal, de pausas en las tareas cotidianas, de incomunicación en la pareja (con clima muy cercano al de su novela <em>Trilogía</em>). Ahora, más influido por <strong>Holderlin</strong>. "Pero déjame ir / a coger peras silvestres / para cumplir mi amor por ti / por tus senderos, oh tierra".</p><p> </p><p><strong>Luis Alberto de Cuenca</strong></p><p><strong>Visor (2023)</strong></p><p><strong>Luis Alberto de Cuenca </strong>(Madrid, 1950) explica en una nota introductoria que el Mago del título del <a href="https://www.visor-libros.com/products/el-secreto-del-mago" target="_blank">libro</a>, "con M mayúscula", es "Dios disfrazado de ilusionista". También dice que los 35 poemas que lo componen, la mayoría escritos en 2021 y 2022, están marcados por la muerte de un amigo entrañable. Donde más se aprecia es en la segunda de las cinco partes en que se divide el conjunto. Se llama <em>Oficio de difuntos</em> y sus páginas concentran la elegía: "Últimamente estoy rezando mucho. / Convierto mis poemas en plegarias / porque me estoy muriendo de tristeza". </p><p>De todos modos, encontramos más poemas rogativos en la quinta parte (<em>Creo en ti</em>), donde <strong>De Cuenca</strong>, con su característica ironía, mezcla voluntariamente la religión y el amor romántico. Es aquí donde más se acerca el poeta al tono de sus poemas emblemáticos: "Da miedo ser feliz. El amor, a la larga, / degenera en dolor. Protégeme, Dios mío". En <em>La Caseta</em>, evoca con añoranza el enamoramiento adolescente: "ese amor insensato e inseguro que se hace / fuerte en los arrabales de la obsesión, un puzle / de piezas que no encajan, un nombre de mujer / grabado a punta de cuchillo en el cerebro". </p><p>En <em>Entre tú y yo</em> firma un balance de la relación de pareja donde la hipérbole sostiene la ternura: "Han pasado millones de años desde entonces, / en el periodo Cámbrico, cuando te conocí, / con la primera estrella de mar como testigo, / y sigo alimentándome del plancton que nutrió / desde el principio las contradicciones / que genera un amor improcedente. / No tenemos futuro, vida mía…". </p><p>La parte primera del libro acumula argumentos poéticos en torno a reflexiones existenciales ("al final solo importan las cosas del principio"); la tercera incorpora sugerentes fábulas sobre la inmortalidad. Por último, la cuarta parte reúne un racimo de coplas (<em>Soleares</em>), alguna de ellas rescatada de anteriores entregas: "Qué difícil es morirse / después de oler el perfume / de tus manos en el cine". El libro, editado por Visor, ha recibido el premio <strong>Jaime Gil de Biedma</strong>, poeta con el que<strong> De Cuenca </strong>confiesa que le ilusionaba vincularse.</p><p><strong>Sharon Olds</strong></p><p><strong>Ya lo dijo Casimiro Parker (2023)</strong></p><p><strong>Sharon Olds</strong> (San Francisco, 1942) publicó su primer libro (<em>Satán, dice</em>) con 37 años, una edad que se considera tardía para el debut de un poeta. Una sandez como otras muchas que incorporamos como certezas. Lo raro de verdad es que un poeta tenga voz propia antes de esa edad. Ha publicado ocho poemarios, que también podrían parecernos pocos. No le ha hecho falta más para estar entre las mejores poetas de su generación. </p><p>En español aterrizó con el nuevo siglo. Son ya un puñado los libros que podemos leer vertidos a nuestra lengua. <strong>Joan Margarit</strong> era un gran admirador suyo y le tradujo <em>El salto del ciervo</em>. Pero quizá su traductor más insistente sea <strong>Óscar Curieses</strong>, que ya publicó <em>Célula de oro</em> (2017) y ahora vuelve con una antología comentada que ha ido consultando con la autora y que ha titulado <a href="https://yalodijocasimiroparker.com/es/libros/libre-libros/ovulos-en-la-mano.html" target="_blank" ><em>Óvulos en la mano</em></a>.</p><p>El sexo es uno de los temas favoritos de <strong>Olds </strong>para quien "el momento en que la / jugosa esfera azulada del bebé se / desliza entre los dos mundos, / húmedo, como el sexo, es sexo". Uno de sus poemas más controvertidos sin salir del tema es<em> El pene del Papa.</em> Usa así mismo comparaciones del tipo: "y lo que aún recuerdo es tu / cuchara en movimiento como la polla en el / cuerpo de una chica despertándose a las potencias del placer". </p><p>Pero estos ejemplos son engañosos porque de lo que más habla <strong>Olds </strong>es de su amor-odio con su padre, de la reconciliación con su madre, del relevo generacional con su hija, de todo lo que le impacta en la calle. Escribe sobre la realidad cotidiana. "No tengo imaginación, tengo imaginacción" le dice a <strong>Curieses </strong>en una breve entrevista. </p><p>El libro también contiene la carta con la que <strong>Olds </strong>declinó una invitación de la primera dama <strong>Laura Bush</strong>. Además, nos enteramos de que, sin proponérselo ni poderlo evitar, <strong>Olds </strong>canta en sus poemas como los himnos de iglesia calvinista con los que creció, con ritmo acentual, nunca silábico.</p><p><strong>Angélica Liddell</strong></p><p><strong>La uña rota (2023)</strong></p><p><strong>Angélica Liddell </strong>(Figueres, 1966) es conocida sobre todo como dramaturga. En 2012 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Dramática por <em>La casa de la fuerza</em> y en 2013 el León de Plata en la Bienal de Venecia "por su capacidad de transformar su poesía en un texto que agita el mundo". </p><p>No obstante, sabemos que el teatro y la poesía son géneros cercanos, pero funcionan en códigos diferentes. <em>Los barcos hundidos que te visitan</em> es una colección de textos breves y enigmáticos. Comparten una atmósfera de novela policiaca. En la contraportada una frase entrecomillada que atribuimos instintivamente a la autora marca el camino: "durante dos años solo he tenido valor para leer historias macabras". </p><p>Así, los textos del libro son como descargas eléctricas concebidas para darle un corrientazo al lector y en no pocos casos hablan de crímenes: "No se escucharon ni ruidos ni voces / mientras fue apuñalada. / Y la calle se enteró / como se enteran las putas". Desde <strong>Poe</strong>, crear un efecto para emocionar al lector es una de las premisas indiscutibles del poema.</p><p><strong>Liddell </strong>sobreactúa a menudo, pero lo hace a sabiendas de que el artificio preserva la emoción. Sobre todo, cuando las aparentes ocurrencias logran insinuar que hay vida y emociones detrás: "Hallan dos manos de mujer en una playa / la tarde de un martes. / Se confirma que las dos manos halladas / me pertenecen". </p><p>El libro está lleno de esas escenas que parecen a punto de caerse por efectismo, y a la vez contiene, dispersas, frecuentes cargas líricas: "Tendremos que elegir a donde mirar / cuando ya no queramos mirarnos. / Tú y yo". Y también cargas cómicas: "Robé los tuyos. / Los chupé. / Se llama / domar zapatos". Y cargas cotidianas: "Se puede morir de lluvia, / mirando por la ventana". Hay más variedad de la que parece a simple vista, y también un número razonable de fragmentos prescindibles en un conjunto tan numeroso. A menudo están cerca del aforismo, pero impactan en el ánimo antes que en el entendimiento: "Nuestra fuerza se mide / por las veces que nos desnudamos al día".</p><p>________________________</p><p><em><strong>* Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jan 2024 20:00:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[La poesía en 2023: un pedazo de un gran iceberg]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/poesia-2023-pedazo-gran-iceberg_1_1671482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cb4ee6f2-2516-4174-aa16-f398d728eab2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La poesía en 2023: un pedazo de un gran iceberg"></p><p>La cosecha poética de 2023 sigue siendo inabarcable en España (cada vez más) favorecida por el abaratamiento de los costes de producción, por el entusiasmo de los autores y la generosidad de los editores. Se publican infinitos poemarios, que en la mayor parte de los casos apenas alcanzan distribución más allá del círculo del poeta. Y cuando traspasan esta frontera, se solapan y se amontonan quitándose la respiración unos a otros. Basta con fijarse en la dispersión de sellos editoriales de los libros que aquí citamos. </p><p>Para elaborar este reportaje, hemos examinado 137 poemarios. Es solo un pedazo del gran iceberg. No obstante, es el pedazo que asoma, al que hemos podido acceder porque estaba expuesto al alcance de las manos. De él hemos decantado un buen puñado de libros, guiándonos por el gusto de este lector, imperfecto (<strong>Eliot </strong>nos lo dejó bien claro) como todos los lectores de poesía.</p><p>Emprendamos la recapitulación recordando las pérdidas. Nos dejó <strong>María Kodama</strong>, la que fue compañera y transcriptora de muchos poemas de Borges, la que esperaba una seña del ilustre ciego para tomar su dictado. También murieron la estadounidense<strong> Luise Glück,</strong> premio Nobel en 2020, y <strong>Charles Simic</strong>. Más cerca sentimos la desaparición de <strong>Antonio Gala</strong>, de <strong>Rafael Guillén</strong> y de <strong>Delfín Yeste</strong>, y no menos la de <strong>Marta Aguado</strong>. Otro que nos dejó fue<strong> David González</strong>, este con un intenso libro póstumo, La canción de la luciérnaga (Páramo). Como contrapartida, el Nobel 2023 fue a las manos del noruego<strong> Jon Fosse</strong>, del que ya tenemos al alcance en castellano la primera parte de su obra poética (Sexto Piso). Pero casi al mismo tiempo se nos fue el más activo traductor al castellano de poesía nórdica, <strong>Francisco J. Uriz</strong>.</p><p>Ya entre los vivos, este año han publicado algunos de los poetas que gozan de lectores más fieles:<strong> Basilio Sánchez</strong> (<em>El baile de los pájaros</em>, Pre-Textos),<strong> Fermín Herrero</strong> (<em>Estancia en la plenitud</em>, Pre-Textos) y <strong>Benjamín Prado </strong>(<em>Paradero desconocido,</em> Visor). También ha vuelto de una larga sequía <strong>Carlos Marzal</strong> (<em>Euforia</em>, Tusquets). En cuanto a<strong> Joan Juaristi</strong>, ha reunido por tercera vez su obra completa con algunos añadidos para sus incondicionales (<em>Derrotero</em>, Renacimiento). Otros poetas con voces reconocibles que han ofrecido poemarios a lo largo de este año son <strong>Ben Clark </strong>(<em>Demonios</em>, Sloper),<strong> Antonio Manilla</strong> (<em>Lenguas en los árboles</em>, E-Verso) y <strong>Antonio Moreno</strong> (<em>Al dios sin nombre</em>, Cálamo). </p><p>Hay más poemarios que este lector guardará entre los que más le sorprendieron en 2023. Por ejemplo el que firma <strong>José Daniel Espejo</strong> (<em>Perro fantasma</em>), aparecido en Candaya, editorial que por cierto perdió a su cofundador y baluarte, <strong>Paco Robles</strong>. También me gustaron <em>Esta ira </em>(Vaso Roto) de <strong>María García Zambrano</strong>, <em>Instantáneo </em>(La Siesta del Lobo) de<strong> Verónica Hernández</strong>, <em>Traigo noche en los zapatos</em> (Siltolá) de<strong> Andrés Ortiz Tafur </strong>y <em>Amapolamen </em>de<strong> Elena Román</strong> (Gato encerrado). Si seguimos removiendo en el montón de los libros que merecen una segunda oportunidad, fijémonos en los publicados por <strong>Teo Serna</strong> (<em>El azogue y la plata</em>, Mahalta), <strong>Miguel Ángel Curiel</strong> (<em>Ökologie</em>, Huerga & Fierro) o<strong> José Antonio Fernández Sánchez </strong>(<em>Agua Quieta</em>, Olé Libros). Y entre los libros de haiku, que cada vez cuentan con más seguidores y practicantes, citaría a <strong>Ángel Aguilar</strong> (<em>Tanta luz sobre los árboles</em>, La Garúa) que por fin cristaliza en libro propio una interminable sucesión de apariciones en antologías.</p><p>No conviene menospreciar los poemarios que afloran por haber obtenido premios. Son tantos que tendemos a deseñarlos en cuanto vemos la referencia en la portada o en la solapa. Pero son bienvenidos con premio o sin premio los que entregaron <strong>Olalla Castro</strong> (<em>Todas las veces que el mundo se acabó</em>, “Ciudad de Estepona” en Pre-Textos), <strong>Antonio Rodríguez </strong>Jiménez (<em>Bailando en la azotea</em>, “Tíflox” en Renacimiento), <strong>Ana Garrido Padilla</strong> (<em>El ruido transparente</em>, “Barcarola” en Grupo Euno) o Ramón Bascuñana (<em>Anotaciones a pie de página</em>, “Juan Gil Albert” en Pre-Textos). Y habría que sumarles los que ganaron <strong>Rubén Martín Díaz</strong> (<em>Lírica industrial</em>, “Alegría” en Rialp), Alejandro López Andrada (<em>Va oscureciendo</em>, “Claudio Rodríguez” en Hiperión) y<strong> Andrés García Cerdán</strong> (<em>Equipos de respiración subacuática</em>, “Kutxa” en Algaida).</p><p>Las editoriales se ocupan de los vivos, porque esta noria no para, pero también de rescatar autores que han caído inmerecidamente en el limbo, sobrepasados por tanta agitación. Así Pre-Textos ha devuelto a la mesa de novedades la poesía de <strong>José Jiménez Lozano</strong> (<em>Espacios y esperas</em>) y Renacimiento ha alumbrado una bien espigada antología de aquel prolífico escritor y personaje que fue <strong>Fernando Quiñones </strong>(<em>Muchos que me viven</em>).</p><p>Me decía maravillado un librero portugués que España es el país que más autores extranjeros edita. Le sorprendía porque va contra la tendencia de los países que nos rodean, que suelen concentrarse en sus propios autores. Tal vez sea cierto. El caso es que en la sección de libros traducidos también encontramos mucho tajo. Entre tantos donde elegir, me quedo con la versión que <strong>Luz Gómez</strong> nos regaló del palestino <strong>Mahmud Darwish</strong> (<em>¿Por qué has dejado solo el caballo?</em> y <em>Estado de sitio</em>, Cátedra). También merece una mención la revisión que hicieron<strong> Adam Kovacsics </strong>y <strong>Andreu Jaume</strong> de la obra de <strong>Rilke </strong>(<em>Elegías de Duino con inéditos</em>, Lumen).<strong> Óscar Curieses</strong> nos preparó una selección muy bien traída de <strong>Sharon Olds</strong> (<em>Óvulos en la mano</em>, Ya Lo Dijo Casimiro Párker) y <strong>Xavier Farré </strong>nos sirvió el delicioso canto del cisne de <strong>Adam Zagajewski</strong> (<em>Verdadera vida</em>, Acantilado). Para acabar por donde empezamos, agradezcámosle a <strong>Cristina Gómez-Baggethun</strong> que nos haya puesto en bandeja con rapidez exquisita los primeros tres poemarios del Nobel noruego <strong>Jon Fosse </strong>(<em>Poesía completa, vol 1</em>, Sexto Piso).</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>* Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023).Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Dec 2023 10:50:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La poesía en 2023: un pedazo de un gran iceberg]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Novela]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Hermosa desolación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/hermosa-desolacion_1_1654352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a76262a-8219-4fab-b8e4-8449885055f7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hermosa desolación"></p><p>Desde el borde de un turbio apeadero remata<strong> Jon Juaristi </strong>uno de sus más recientes poemas. <strong>Fermín Herrero</strong> ha hurgado en la tierra desolada de su anterior libro para encontrar plenitud en el desamparo y en la soledad. <strong>José Daniel Espejo</strong> en cambio se debate en el extrarradio de nuestro bullicio, donde todo parece perdido y a la vez tan salpicado de humanidad que las emociones saltan como peces en el barro. <strong>Alejandro López Andrada</strong> oye el silbo sinuoso de la muerte en la humedad del cementerio. Todos ellos nos hablan desde muy cerca del límite, cada cual desde el suyo, y los cuatro consiguen involucrarnos en su lucha.</p><p><strong>Jon Juaristi</strong></p><p><strong>Renacimiento (2023)</strong></p><p>Ha pasado un cuarto de siglo desde que <strong>Jon Juaristi </strong>(Bilbao, 1951) recapituló por segunda vez su poesía. Ahora lo vuelve a hacer. Ha llamado a la nueva recopilación <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2844-derrotero-poesia-1969-2022.html" target="_blank"><em>Derrotero</em></a><em>,</em> indicando el doble sentido de "camino, rumbo" y de "derrota", según aclara en el prólogo <strong>Rodrigo Olay</strong>, que figura como editor. A los cinco libros que figuraban entonces se añaden los tres que han ido apareciendo en lo que va de siglo. Para marcar los límites temporales, incluye 2 poemas de juventud y otros 35 inéditos. </p><p><strong>Juaristi</strong>, que introduce algunos de sus libros con prólogos a la manera de <strong>Borges</strong>, ya dejó escrito en el último compendio que considera la poesía "un entretenimiento". Así, a lo largo de su dilatada trayectoria reunida en 361 páginas, hay mucho de juego y de ejercicio, de reírse de sí mismo y de lanzar finos mandobles a quienes le han hecho difícil la vida por ser vasco. Cuando se pone serio, es leal a sus orígenes y sus maestros. Su <em>Gabriel Aresti, 1981</em> resulta paradigmático: "Me legaste el destino del lobo solitario, / la desazón extrema, la amargura sin tasa / y la acerva certeza de no ser necesario. // Que en el yermo en cenizas no me falte tu brasa, / que me acosen los perros por guardar tu expolario, / que me encuentre la muerte defendiendo tu casa". </p><p>Exceptuando breves destellos románticos de su primera etapa ("tan oscuros e inciertos / el mar de piedra pómez / y tus cabellos húmedos"), <strong>Juaristi </strong>ha esculpido su poesía con aristas de rima y de ironía ("tanto esfuerzo pusiste en que no te confundieran con un poeta vasco y acabas convertido en un sonetista bilbaíno". Poemas como <em>Cambra de la tardor</em>,<em> No es como lo pensé</em> o <em>Noche de ánimas</em> están, con otro buen puñado, con la mejor poesía de su generación. </p><p>En los últimos inéditos, acentúa su tendencia a la nostalgia y los retratos de personajes a veces baudelerianos, a menudo amigos que se llevó la muerte: "Con ellos, vivo al borde de un turbio apeadero, / esperando que pase mi vagón de ganado / y perdido, ya sabes, el que me corresponda // en el interminable mercancías".</p><p> </p><p><strong>Fermín Herrero</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2023)</strong></p><p>Vuelve<strong> Fermín Herrero </strong>(Ausejo de la Sierra, 1963) dos años después de <em>En la tierra desolada</em> (Hiperión, 2021). A pesar del breve tiempo transcurrido, se le nota un cambio en los matices, se le siente más celebrador. No abandona, eso nunca, el tono comedido: "los días más felices de mi vida / salvo porque lo sé, porque lo pienso". También mantiene firmes sus constantes, sus poemas sin título, sus encabalgamientos abruptos como los parajes que recorre, los razonamientos que se entrecortan como si no quisiesen precisar lo que buscan decir. </p><p>La ruralidad, más visible en otros libros, se abriga <a href="https://pre-textos.com/producto/estancia-de-la-plenitud/" target="_blank">aquí</a>, aún más, con el silencio. Muchos poetas mencionan el silencio; en pocos tiene el silencio tanta densidad como en <strong>Fermín Herrero</strong>. En su poesía el silencio es como la oscuridad que absorbe la luz y lo contiene todo: "tengo / el olor de la fruta en las manos, / una mujer encinta, el aire / de aquel bosque, la caracola / del pastor, un manojo de rosas, / el abedul que se retuerce / sobre el acantilado, tus labios / en los míos. Lo tengo junto / como el silencio tiene el mar / de tanto oírlo". </p><p>Para escribir, pero sobre todo para vivir lo que escribe, <strong>Herrero </strong>se conmina a salir: "el mundo es bello, y sus demonios, / estate alerta y sal a resolverte, / aunque no veas el camino, sal. / La aceptación es todo, el otro, / lo otro". Y se obedece a sí mismo y sale y camina y se sienta en su sillar de piedra donde el silencio se ocupa de su soledad. Allí, "con el viento / que sacude la higuera viene / lo primordial: es el olvido, un olvido / que desordena el tiempo". </p><p>A pesar de su entrega, es consciente de que su discreto discurrir altera lo que está viendo: "Mira que he desgastado estos parajes / y cuánto, mira que, al intentar / fijarlos una y otra vez, les he quitado / latido, vida. Mira que, al pasarlos / al papel, he dañado su raigambre". Pero su estado unánime es de aceptación, de gratitud, de escucha: "Desde mi pequeñez, repartirme, / abriendo el pan en un silencio / largo, como es razón".</p><p> </p><p><strong>José Daniel Espejo</strong></p><p><strong>Candaya (2023)</strong></p><p><strong>José Daniel Espejo</strong> (Orihuela, 1975) publicó en 2019 <em>Los lagos de Norteamérica</em>, donde lograba evitar que se le desbordase la emoción a pesar de que el poemario giraba en torno a una peripecia biográfica extrema. Una vez superado lo terrible, este lector se preguntaba si el poeta encontraría el pulso para dar un paso más allá. Aquí está la respuesta. En <a href="https://www.candaya.com/libro/perro-fantasma/" target="_blank"><em>Perro fantasma</em></a> <strong>Espejo </strong>sigue despojándose de todas las certezas que asociamos con el bienestar. Lo hace en poemas desprovistos de mayúsculas y de puntos y comas, que parecen haber sido compuestos en tiempo real y a vuelapluma, desde el monólogo interior al papel directamente. </p><p>Pronto comprendemos que esa es solo la impresión que intenta transmitirnos, porque los poemas están perfectamente concebidos, compuestos y ritmados. Aunque no por eso pierden autenticidad. La atmósfera es bukowskiana, pero el acabado es siempre impecable. El personaje que nos habla recuerda a<strong> José Luis Parra</strong>, un gran poeta poco transitado. Aquí la voz principal se desdobla a veces en un "cojo" para quien el sol no se pone y en otras ocasiones en la voz de una mujer sin nombre: "no estoy perdida porque mi vida / transcurra en lugares de tránsito (autobús- / hipermercado-cercanías-extrarradio) / sino porque no sé a qué se parece / la sensación de haber llegado". </p><p>Desde ese limbo mugriento el poeta puede asociar la política con la ruina del río ("volcad vuestros discursos ahora / después nos bañaremos"); puede afirmar que "hay algo torcido en el verbo tener" aunque acepte que algo mejora porque "esta casa oscura del polígono esta calor / del verano de Murcia y esta cama sucia / son mías"; también puede el poeta mirar con desprecio a la "gente guapa" aunque confiese que en el fondo lo que desea es que "lo quieran". </p><p><em>Perro fantasma</em> es un libro duro y hermoso sobrevolado por moscas verdes y cernido sobre una palangana: "cómo cobrar / dinero de verdad por un producto que brota / de su cuerpo -su muñón- como un fluido / como cera u orina que se va acumulando / en una palangana de papel algo amarillo?"</p><p><strong>Alejandro López Andrada</strong></p><p><strong>Hiperión (2023)</strong></p><p>Tras 20 poemarios, 10 novelas y muchos galardones, el cordobés <strong>Alejandro López Andrada</strong> (Villanueva del Duque, 1957) añade ahora <a href="https://www.hiperion.com/tienda/poesia-hiperion/va-oscureciendo/" target="_blank">este libro crepuscular</a>, con el que ha obtenido el <strong>premio Claudio Rodríguez</strong>. Se trasluce que lo ha ido componiendo durante la pandemia y el confinamiento. Menciona el virus y la visita a algún amigo enfermo. </p><p>Especialmente en la primera de las cuatro partes en que lo ha dividido, la nostalgia se enriquece con imágenes domésticas muy evocadoras: "Nuestros recuerdos ruedan como uvas / en un mantel de hule" o "miro tu mano / y se abre un parque antiguo / lleno de despedidas". En este atardecer del día y de la vida que anuncia el título, parece que el mundo se ofrece tan despacio que "hemos dejado, al fin, de cumplir años" y en todo subyace lo que en otro tiempo hubo y ya no está: "cuando la brisa / roza nuestros ojos / y cae del cielo una alta soledad que huele a cines / clausurados, a bares / de invierno abandonados por el sol…". </p><p>En algún momento los versos esponjan la tierra para "respirar lo amado, la tenue humanidad / de lo sencillo / que hace que ahora, en medio del vacío, / te sientas nube, luz, / jilguero, arcilla, oruga que labra bajo un árbol". En <em>ósmosis </em>(el acertado título de uno de los poemas), lo amado puede resumirse "en el misterio de esa luciérnaga / que arde en el espíritu / del encinar, al pie de una pared". </p><p>Desde la greda asoman no obstante minerales repentinos, antracita, limonita, oligisto… Mientras, "un ruiseñor ausculta el corazón / sagrado del silencio". Porque lo que ha ido madurando en esa tierra reblandecida y perfumada de lluvia ha sido precisamente el silencio, como un resumen pesado y pausado de la vida que hemos vivido, la vida que nos mancha los dedos con ausencias y que va inclinándonos a la definitiva noche: "estoy rezando / al lado de una tumba / y oigo el silbo sinuoso de la muerte en la humedad".</p><p>_________</p><p><em><strong>* Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023).Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Nov 2023 20:00:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hermosa desolación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Libros]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Valiosos rescates]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/valiosos-rescates_1_1624329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/34f89e61-d95d-4eca-9e58-e262713a413a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1008591.jpg" width="613" height="345" alt="Valiosos rescates"></p><p>Se agradece mucho en momentos como los que vivimos asomarnos a la voz de <strong>Mahmud Darwish</strong>, un gran poeta palestino que hablaba de paz y al que recuperó <strong>Luz Gómez</strong> para Cátedra hace solo unos meses. Por su parte, guiándose por la emoción, <strong>Ricardo Álamo</strong> ha reunido un manojo de poemas de <strong>Fernando Quiñones</strong>, al que su polifacetismo ensombreció como poeta. <strong>Gregorio Dávila de Tena </strong>ha actualizado a su manera los salmos bíblicos y <strong>Antonio Pérez Roldán</strong> lo que ha hecho es abrir de par en par el cajón de los poemas que en su día le parecieron meros divertimentos.</p><p><strong>Mahmud Darwish</strong></p><p><strong>Cátedra (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La vida de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Mahmud Darwish</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1941-2008) quedó marcada a los siete años cuando el ejército israelí arrasó Birwa, el pueblo donde había nacido, para levantar dos asentamientos judíos. Su familia, de labradores palestinos hasta entonces acomodados, tuvo que huir con lo puesto. Perdieron todo lo demás, incluida la certeza de pertenecer a un país. Incluido ese caballo al que alude el título de uno de los dos libros recogidos por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Luz Gómez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en esta edición bilingüe. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><em>¿Por qué has dejado solo el caballo?</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1997) reúne 33 poemas que fluyen mezclando elementos biográficos con la tradición y con la rabia de vivir en una permanente catástrofe (Nabka). A veces, emergen imágenes crudas que remiten a lo perdido ("Tocó la llave como quien se palpa / un miembro, y se tranquilizó"); remiten a la intemperie en la que siguen viviendo los palestinos ("la tarde es mi montura"); remiten a la esperanza, que nunca se pierde, aunque ("ninguno de nuestros sueños despierta"). </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El segundo libro, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Estado de sitio</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2002), es más breve, más preciso y más reposado. "¿A quién hacemos mal?", se pregunta. "¿Hacemos mal / a un país? ¿No habrá de salpicarnos, siquiera una vez, la alegría?". Encontramos, desarrollada, la misma frustración porque no haya tiempo para el tiempo, porque sea la mirilla del tanque la que calcule la distancia entre el ser y la nada, por estar solos hasta la náusea ("por única compañía las visitas del arco iris"). </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Naturalmente, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Darwish </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">convirtió </span><a href="https://www.catedra.com/libro/letras-universales/por-que-has-dejado-solo-al-caballo--estado-de-sitio-mahmud-darwish-9788437645681/" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">sus 25 poemarios</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> en un instrumento de resistencia, es decir de esperanza: "A la poesía: sitia tu sitio". En absoluto quiso que fuera un arma: "la paz es partir las espadas ante la belleza / natural, aceptar que el rocío mella el hierro". Podría haber sido solo un símbolo, pero la poesía de Darwish tiene valor propio e independiente del fin legítimo de mantener vivo a su pueblo: "aquí de pie. Sentados aquí. Siempre aquí. / Eternamente aquí. Tenemos una sola meta: / estar".</span></p><p><strong>Fernando Quiñones</strong></p><p><strong>Renacimiento (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Para recuperar el nombre y la obra poética de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Fernando Quiñones</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Chiclana de la Frontera, 1930- Cádiz, 1998), </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ricardo Álamo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ha espigado un puñado de sus poemas en </span><a href="https://www.editorialrenacimiento.com/antologias/2885-muchos-que-me-viven.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Muchos que me viven</em></span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Álamo </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">asegura que ha dejado que la emoción fuera quien decidiese qué piezas elegir. Rescata así a un poeta desatendido por haber abarcado demasiado. Porque </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Quiñones </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">fue un hombre múltiple, un escritor múltiple y un poeta múltiple. El título de la antología (</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Muchos que me viven</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">) es por tanto muy certero. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">A partir de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las crónicas de mar y tierra</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1968), Quiñones anunció que se desligaba del intimismo para emprender una poesía híbrida de citas y géneros, con un afán épico y narrativo: "Solo dándome hasta el fondo podrían los demás reconocerse / a sí mismos". No obstante, su vocación abarcadora venía de atrás. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Hierro </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">ya la anticipó en el poema </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Veloz </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">("Tenso, dispuesto sobre el mundo inerme / igual que las varillas de un paraguas"). Sentía Quiñones en esa primera época que le faltaban herramientas: "porque a ella no se la puede decir, / porque la poesía es una piedra ardiendo, / es una llave sin su puerta, / una racha de aire / que vuela y pasa; la Belleza / vuela y pasa. No estamos / aquí para tenerla, sino para saber / que es verdad y nos huye, y querer / llevarla ―inútilmente― a los labios del pueblo". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En las crónicas de Quiñones hay mucha poesía épica vestida de monólogo interior, pero a menudo se trasluce, bajo los epigramas, el poeta liberado de tabús gracias a la máscara. Puede desparramarse en poemas descarnados como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Amor y muerte </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">o </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El corazón habitado</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, incluso en La muchacha vive, que disfrazan con toques históricos un erotismo en el límite. "Conocerías temblando / (…) que no es mi boca ya la casa de mi lengua / sino tu cuerpo" dice en uno de los poemas.</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Pero la erótica no es su única faceta. Hay intimidad, metapoesía, leyenda, historia y algunos homenajes impagables como el que rinde al flamenco en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Oda al cante</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> o a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Emily Dickinson</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Le ruegas que se quede</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Aunque opinara que las antologías son cosa de viejos y de muertos, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Quiñones </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">le favorece mucho esta condensación que le ha preparado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ricardo Álamo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span></p><p><strong>Gregorio Dávila de Tena</strong></p><p><strong>Grupo Enuno (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gregorio Dávila de Tena </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">(Quintana de la Serena, 1959) es editor del foro de haiku </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Paseos.net</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y su obra nace muy cerca de la filosofía de este poema breve japonés, incluso cuando no escribe haiku. El proyecto de recrear los salmos del Antiguo Testamento acercándolos a nuestro tiempo está emparentado con la misma atmósfera oriental que constituye su campo de trabajo. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Para que el homenaje tenga rigor, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Dávila </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">ha compuesto 150 piezas, las mismas que ofrece el original bíblico, y ha ido variando los temas, entre himnos, cantos, súplicas y acciones de gracias, así como los tonos, que son unas veces letánicos, otras jubilosos, a menudo intimistas. Eduardo Moga en el prólogo añade que Dávila también ha usado elementos técnicos de la tradición salmódica, como la anáfora, la repetición o el apóstrofe. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Por lo demás, apreciamos una constante relación romántica entre el paisaje y el estado de ánimo del poeta: "dichosos los sauces que agradecen / la niebla y la mañana". Casi siempre son, de hecho, elementos del paisaje los que le granjean el silencio que le permite el control sobre las emociones: "cosechar el silencio de los árboles / entrar en el otoño / y diluirse". Aunque no es el único don que obtiene del mundo natural: "aprendo el arte del bramido / en la partitura de las olas".  Aparecen pocas personas, pero también contribuyen: "las mujeres traen cántaros de calma". Estos regalos bebidos de la luz, de los árboles, del mar, contrastan con "el rugido de las tecnologías, / la sed de los iconos, / el anzuelo de las redes…". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En general los abismos y los precipicios oscuros, la penumbra del título, son creaciones humanas, "hombres que deshacen la noche / en una liturgia de precipicios". El silencio no es un refugio fácil: "cuanto sé del silencio lo aprendí con dolor". Pero el poeta constata que el odio es amor mutado, que la ignorancia es la polilla del mundo y que la alegría quizás sea demasiado solemne. Dios aparece apostrofado aquí y allá. Siempre responde con silencio, lo que ya se ha convertido en tradición, aunque más reciente que los salmos bíblicos.</span> </p><p><strong>Antonio Pérez Roldán</strong></p><p><strong>Corona del Sur (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Por si no ha quedado claro en la paranomasia del título (</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>juglar </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">por </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>jugar</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), el poeta advierte que éste es un libro de divertimentos acumulados durante casi 40 años. Y los encabeza con una cita de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Cortázar </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">contra la solemnidad. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En su poemario anterior, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Que respondan los pájaros</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (2022), el cordobés</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Antonio Pérez Roldán</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Nueva Carteya, 1945) conversaba consigo mismo en un tono contenido. En esta nueva entrega, lo mismo usa el yo, que el tú, que conversa con la muerte, a veces para insultarla. De hecho, el poema </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Odios </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">es una relación de dones a la inversa, y en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Caterva </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">dedica 60 cuartetos a poner en solfa a los corruptos y demás parentela en un alarde de retórica. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Juglar con fuego</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es un cajón de sastre: el autor ha sacado todo lo que había quedado fuera de anteriores libros, sin preocuparse por los altibajos. El tema del tiempo agotándose es constante, tratado con desenfado, con neologismos, con ironía: "días que pasan como un tren expreso, / como tu pie sobre un escarabajo", o en otro momento: "pronto serás un humo que se esfuma". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">No faltan en esta primera parte pasajes en los que asoma la emoción, pero abundan más todavía en la segunda, que ha titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Libro segundo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y que está compuesto exclusivamente por sonetos. Los maneja con soltura gongorina y se apoya en la rima para acentuar los efectos, al modo de d´Ors, de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juaristi </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">o de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Salvago</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Brillan entre ellos la metapoética ("para saber quién soy y lo que he sido / ordeno el corazón como mi casa", las sentencias de amor ("ama y déjate amar, amar sin tino / que lo demás es polvo del camino"), los cantos epicúreos ("una mujer, un libro, una sonata, / un amigo lacónico y fiable, / un quehacer que libera más que ata / y un perro que mirándonos nos hable"), y de nuevo los poemas sobre la muerte ("no eres más que un fulgor entre dos sombras, / pero cómo te obstinas y te asombras"). Solo le ha faltado cribar tanta paja para que el fuego del juglar genere más llama ("puede ser que tal vez que de algún modo / un inverso </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>big bang</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> lo engulla todo".</span></p><p>_________</p><p><em><strong>Arturo Tendero </strong></em><em>es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Oct 2023 19:00:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Valiosos rescates]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Distintas versiones de intimidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/distintas-versiones-intimidad_1_1600255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b9abb6e7-47b0-45cc-8eea-1d54b2a74666_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Distintas versiones de intimidad"></p><p>La poesía admite tantas maneras de abordar la intimidad como poetas existen. Aquí reunimos la clarividencia ingeniosa de<strong> Benjamín Prado </strong>que alumbra los vaivenes de la pareja y empieza a entrever que esto tiene un fin. <strong>Alfonso Brezmes</strong> prefiere señalar que la belleza se alimenta de contradicciones; por ejemplo que la ausencia acentúa el placer. Por su parte,<strong> Verónica Hernández</strong> deja que el sol caiga sobre el poema casi sin tocarlo, con una sencillez muy oriental, casi naïf. <strong>Andrés Ortiz Tafur</strong>, senequista y sensato, canta con la voz rota y se consuela de las pérdidas,</p><p><strong>Benjamín Prado</strong></p><p><strong>Visor (2023)</strong></p><p>Con <a href="https://www.visor-libros.com/products/paradero-desconocido" target="_blank"><em>Paradero desconocido</em></a><em> </em>vuelve a la poesía <strong>Benjamín Prado </strong>(Las Rozas, 1961), un comunicador todoterreno, con vocación de ubicuo, que no daba a la imprenta un poemario exento desde que apareció en 2014 el octavo de los suyos, <em>Ya no es tarde. </em>Prado ha hecho del chispazo de ingenio, a menudo improvisado, su seña de identidad, y este rasgo es común en todos los ámbitos que frecuenta, pero alcanza en la poesía más razón de ser por tratarse de un género en el que la intensidad resulta imprescindible. </p><p>Desde los primeros versos busca con el lector una complicidad a lo <strong>Baudelaire</strong>, pero con guiño: "Lo que voy a decirte, que quede entre tú y yo: / no quiero que te escuche este poema". Le añade la advertencia de que no se crea nada: "te recuerdo que somos dos seres inventados". En el resto del libro aprovecha este clima conversacional en el que el interlocutor puede seguir siendo el lector, sus hijos o el poeta mismo. El recurso le ayuda a colocar imágenes y sentencias, que a menudo brotan en catarata y estructuran el poema por acumulación de enumeraciones caóticas. </p><p>Cuando la brillantez deja asomarse al hombre, se vislumbra un personaje descreído, fatalista, que empieza a entrever el final del camino: "Miradlo caminar / seguido por las nubes, / mirad qué similares son su sombra y él". </p><p>Entre efectos y eslóganes, abundan aforismos suficientes para componer un libro aparte: "estar a salvo mata a los aventureros", "todo el que hace planes hace el mismo: ser otro", "sobrevivir consiste en alejarse de lo ya vivido". Hay dedicatorias a famosos entre las que destacan un poema para <strong>Almudena Grandes </strong>("no había claudicado / pero ya se mentía") y otro para “los odiadores”. También alguno que parece concebido para que lo cante <strong>Sabina </strong>("En la vida real"). <strong>Prado </strong>ha dejado que entren en su poesía los vaivenes del amor de pareja y también desliza consejos para entender y afrontar la jungla mediática: "y donde todos luchan por estar siempre al día / ya sólo hay dos opciones: la moda o el olvido".</p><p><strong>Alfonso Brezmes</strong></p><p><strong>Renacimiento (2023)</strong></p><p>A <strong>Alfonso Brezmes</strong> (Madrid, 1966) <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2890-la-vida-en-el-aire.html" target="_blank">le gusta jugar con las contradicciones existenciales</a>: "Tenemos por delante pocas horas, / no conocemos cuántas y es hermoso / que así sea". Como hacía en su anterior libro, <em>Es tiempo</em> (La Garúa, 2022), usa estas contradicciones para explicarse el mundo, y antes que nada explicarse a sí mismo: "Soy, aunque no sepa decirme / y ese es mi callado consuelo". Fiel a su estilo, no se busca tratando de afirmarse, sino negándose: "todo lo que tacho habla de mí / lo que digo me desdice". </p><p><strong>Brezmes </strong>se busca cuando no está: "aprendo de mi ausencia, / de cuando yo no estoy, / igual que el pájaro canta / por puro olvido de sí". Las fotografías le son muy útiles porque recogen un instante y lo mantienen vivo cuando el poeta ya no está viviéndolo, con lo que se anticipan a la pérdida: "la eternidad dura un segundo, / lo justo para estar en una foto / que otros mirarán un día". Las fotografías también nos remiten al pasado: "esa última foto que nos toman / hecha de todos los que fuimos".</p><p>Consciente o inconscientemente, <strong>Brezmes </strong>usa mucho el eneasílabo que es un verso con cierta inestabilidad, para dar más énfasis a ese andar sobre la cuerda floja de las certezas, su tema favorito, patente en el título del libro y en la sugerente imagen de la portada. Y sin embargo, aunque mucho menos que en el libro anterior, valora la poesía como herramienta útil para atrapar esa realidad delicuescente: "Habrá que ponerse a escribir / y apuntalar de nuevo el mundo / antes de que todos despierten / y no tengan donde agarrarse". Una herramienta que otorga firmeza: "así mi oscuridad, como el olivo / que sigue en pie tras la descarga / e ilumina la noche tras el rayo". </p><p><strong>Brezmes </strong>no considera que la fragilidad y la fugacidad del mundo sean factores negativos, sino que están ahí precisamente para potenciar nuestro disfrute: "si la belleza brilla es por su ausencia, / igual que las estrellas en la noche / nacen y arden, y explotan y se extinguen / solo para que las veamos".</p><p><strong>Verónica Hernández</strong></p><p><strong>La siesta del lobo (2023)</strong></p><p>En este mundo de grandilocuencias donde muchas veces la humildad es una grandilocuencia impostada, choca encontrar una voz que no pretende ser más que lo que es, que se mueve en la frontera de lo <em>naïf </em>porque es lo que conoce y por eso mismo suena auténtica: "barro la calle / con el recogimiento / de un monje en su oración. / Me busco / en las tareas cotidianas / y soy feliz". </p><p>Si nos atenemos a las anécdotas biográficas, <strong>Verónica Hernández</strong> (Puerto del Rosario, 1963) se sentó a estudiar una mañana y la luz de abril entró por la ventana, traspasándola hasta el punto de insuflarle ese estado de ánimo que se requiere para escribir poesía: "regresaría / siempre / a este lugar / donde aclarar / mis sueños". </p><p>Y así, bajo el paraguas ambiguo del título, <em>Instantáneo</em>, <strong>Hernández </strong>empezó a formular propósitos: vivir para el recuerdo, bañarse mil veces en el mar, jugar sin plantearse por primera vez si está bien lo que piensa, dice o hace. Y engranó esos propósitos en otros más elementales, como buscar las raíces: "gracias a mi vecina / me siento de un lugar, / el mismo que ella". O, en otro momento: "será por ese instinto / de formar parte / de algo. / De lo que sea". Un mundo siempre expresado en poemas breves, versos estilizados y finales anticlimáticos. Una técnica que, usada con el tacto preciso, acentúa la sencillez sin hacerse notar. </p><p>El asombro por los pequeños descubrimientos cotidianos es otra de las vetas del libro: desde los efectos que causa la luz, hasta la coincidencia de "pensar en muertos / y sentirlos tan cerca / que, si alargas la mano, / los tocarías". Por supuesto, también descubrir que el tiempo pasa y altera las cosas que parecían permanentes: faltan vecinos con los que coincidía en el mercadillo, falta el bullicio de las fotografías: "A dónde fueron todos / los asistentes, / sus risas, sus poses, / lo que diferencia / ese día / de cualquier otro / de, por ejemplo, este". Es como echar una foto: "enfocas, / y al disparar / ya lo presientes: todo / se convierte en pasado"</p><p> </p><p><strong>Andrés Ortiz Tafur</strong></p><p><strong>La isla de Siltolá (2023)</strong></p><p><a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/siltola-poesia/traigo-noche-en-los-zapatos/" target="_blank"><em>Traigo noche en los zapatos</em></a> es el segundo poemario de <strong>Andrés Ortiz Tafur</strong> (Linares, 1972), que hasta ahora había frecuentado mucho más el relato y el articulismo. En este libro encontramos sobre todo dos tipos de poemas: los breves de estructura epigramática y otros más largos y sinuosos que corresponden a monólogos del propio autor o incluso a monólogos dramáticos atribuidos a otros personajes. En esta segunda veta el autor se deja ir por una sucesión de acontecimientos cotidianos en un tono narrativo que tiene algo de la desolación de <strong>Bukowski</strong>, pero sin su crudeza. A menudo utiliza incluso herramientas del relato. </p><p>Los poemas epigramáticos son mucho más comprimidos. Reflexionan sobre la vida, condicionada por una ruptura sentimental, y lo hacen con una sensatez muy senequista: "Solo descubres que estás en guerra / cuando alguien te pide la paz". A esta colección pertenecen piezas como "De campo", "Hombre de piedra" o "Con su paso" que para mi gusto están entre los más logrados del libro: "…si algo nos enseña la vida / ―con su paso― / es justamente a no saber vivir / a confundir ocho con ochenta, / un Mercedes con un beso". </p><p>Parten estos poemas de alguien que se sienta y mira y decide que para poner los sentimientos en su sitio hay que recurrir al matiz: "Mi problema no es que no te quiera. / Es otra cosa distinta que pasa por ahí, / como el agua que solidifica y enfría las bebidas: / imprescindible, pero sin una importancia manifiesta, / porque se da por hecho". </p><p>En la misma línea, "la soledad ya estaba ahí", "no hay paz en la costumbre" o el poeta descubre que su verdadera y única patria es la casa donde vivió con sus padres, y lo verifica cuando ellos han muerto: "descubrir que mi bandera nunca salió de su casa". La culpa por la ausencia del amor revolotea con elegancia y la mejor manera de conectar con un amigo fallecido es callar y dejar que hable el paisaje ("anoche escuchamos el silencio"). El mejor <strong>Ortiz Tafur</strong> se define con la voz rasgada: "me prefiero roto, cantando".</p><p> ______________________________</p><p><em><strong>** Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Sep 2023 19:00:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Distintas versiones de intimidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Libros]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lo sagrado en el día a día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sagrado-dia-dia_1_1536487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6536f44d-de29-43fc-b581-35f81cee7c92_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo sagrado en el día a día"></p><p>Nos atrae lo que no sabemos explicar, que es uno de los componentes de lo sagrado. La poesía existe precisamente para acercarnos a ese espacio que se escabulle entre los dedos. <strong>Basilio Sánchez</strong> ha creado una manera propia de buscarlo en la naturaleza, con versos que nos llevan hasta el límite mismo de lo inefable.<strong> Itziar Mínguez</strong> prefiere referenciar su búsqueda en las noticias que nos sirven los informativos. <strong>Antonio Moreno</strong>, en su libro más reciente, persigue a Dios, sabiendo que no existe y reconociendo sin embargo que le influye. En cuanto a<strong> Elena Román</strong>, su manera de acercarnos a lo inexplicable es elevar lo cotidiano a imágenes oníricas, metáforas que sueñan por nosotros.</p><p><em><strong>El baile de los pájaros</strong></em></p><p><strong>Basilio Sánchez</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2023)</strong></p><p><a href="https://pre-textos.com/producto/el-baile-de-los-pajaros/" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">Nueva entrega</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> de este poeta diferente que es </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Basilio Sánchez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Cáceres, 1958) con su universo tan particular y sus versos sentenciosos, casi solemnes, con los que celebra el universo a la manera entusiasta de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Whitman</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero con la contención poética del que reflexiona. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Junto a pasajes en los que los rebaños del cielo pastan en la nieve, el relámpago convoca a las festividades del crepúsculo o la nieve inaugura la fiesta del invierno, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sánchez </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">intercala meditaciones sobre la escritura poética. Nos dice: "Escribo para alguien al que miro a los ojos". Nos dice: "Escribir es trabajar con las manos. / Yo lo hago por agradecimiento, por respeto, / por un deseo profundo / de acercarme a las cosas y cuidarlas". Nos dice también que "la poesía es una apuesta / moral ante la vida / que de alguna manera / nos limpia el corazón, pero nos deja / para siempre sin nada". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La metapoesía ocupa por tanto un lugar importante, pero solo una parte de su atención. En sus poemas, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sánchez </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">se expresa como ser humano en nombre de una humanidad que se entrelaza con la naturaleza: "los animales / hablan por nosotros, / los álamos del río respiran por nosotros, / las nubes más pequeñas / apaciguan el cielo por nosotros…". Las sombras tienen sentimientos, las cosas más hermosas lo son sin pretenderlo: "Me concierne / el silencio de los bosques, / me concierne el silencio con que un árbol / va convirtiendo el sueño de sus hojas / en retablo de iglesia, / en un lugar abierto para el culto / de lo insignificante y lo secreto". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Embebido en un panteísmo sin dios, muchas veces en tono salmódico, de oración pagana, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sánchez </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">exprime el silencio, la nieve, los árboles, los bosques, tratando de extraerles el jugo del misterio. "Lo que más me emociona es lo que menos comprendo" concluye. Y añade que no "hay visión sin memoria", que "lo inesperado es siempre la ternura". En medio de este paraíso, estamos solos: "Todos, alguna vez, / nos hemos acabado soltando de la mano / de un padre con el que paseábamos / por la linde de un bosque".</span></p><p><strong>Itziar Mínguez Arnáiz</strong></p><p><strong>Baile del Sol (2022)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Son muchos los poetas que utilizan la naturaleza como referente con el que conversar en sus poemas. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Itziar Mínguez </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">(Barakaldo, 1972) confronta los suyos con </span><a href="https://bailedelsol.org/poesia/645-minguez-arnaiz-itziar-pan-y-circo.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">eso que llamamos la candente actualidad</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. La ascensión de Trump, por ejemplo, le inspira tres poemas. La borrasca Filomena aparece en otro. Aunque lo que más le fascina son las noticias que tienen que ver con el espacio estelar. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Conviene matizar que Mínguez hace una sabia recepción de esas noticias. Por ejemplo, sigue minuto a minuto el amartizaje de la nave Perseverance, pero una vez que finaliza, la poeta recupera la conciencia de su propio tamaño: "miro al cielo / está muy cubierto // dentro de un rato / hoy ya será / ayer". Otro de esos agudos contrastes cósmicos llega en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Síndrome de Kessler, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">donde imagina la basura espacial: "toda esa basura flotando por ahí / y la noche en cambio / tan limpia / tan estrellada". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Pero no solo de noticias vive la actualidad. El desenlace de la serie </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Twin Peaks</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le facilitó una aventura amorosa: "tú y yo / besándonos a escondidas / en cada rincón de la universidad / mientras el mundo a nuestro alrededor / seguía preguntándose / ¿quién mató a Laura Palmer?". Otro poema amoroso enumera nombres de cantantes y concluye: "todas las canciones / conducen / a ti". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La poeta se muestra muy crítica con la hipnosis a la que nos inducen los medios y continuamente pugna por liberarse, ya sea mirando para otro lado para que dos planetas puedan amarse a solas, calificando el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>coaching</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> como "el tú puedes de toda la vida" o conjurándose a no acabar como el protagonista de la película </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Toro salvaje</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Muchos de sus poemas preparan el terreno a los finales explosivos. Por ejemplo, tras repasar su vida concluye que "no es por criticar / pero la que pude haber sido / me cae fatal". Y puestos a elegir, si le piden un epitafio, elige la sintonía final de los </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Looney Tunes </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">y la voz de Porky anunciando: "¡Eso es to- / eso es to- / eso es todo, / amigos!"</span></p><p><strong>Antonio Moreno</strong></p><p><strong>Cálamo (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">La poesía de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Antonio Moreno </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">(Alicante, 1964) hace muchos libros que se centra en lo que pasa inadvertido de puro transparente: "y te deslumbra ser / así, tan de repente, / excepcional testigo de cuanto ahora mismo / nos rodea y sucede de una vez / con candor absoluto, / mientras tú en tus adentros das las gracias / solo por darte cuenta".</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">No obstante, esta observación de lo sutil no se ofrece sin lucha. Por un lado, el poeta lamenta en silencio significar para los gorriones lo mismo que un espantapájaros o tener que esforzarse para valorar en la ropa que saca del armario el agua que sirvió para lavarla. Lamenta esa distancia de las cosas, el verlas suceder tras el cristal, "al margen de nosotros": "Porque, más que mirar cada mañana, / el ojo ve un recuerdo, evoca, / pero muy raramente ya contempla / eso de ahí delante, los colores, / las aceras, los árboles, las gentes / la realidad, que nunca nos espera, / porque siempre amanece extraña, incógnita". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El poeta escenifica esa distancia hablándose a sí mismo: "No escribes… A decir verdad, escuchas". Y aunque su vocación es escuchar lo que ocurre alrededor, "terminamos / ―casi sin darnos cuenta― / escuchándonos / muy por dentro. // Donde ser se parece tanto a dejar de ser, / y la vigilia al sueño". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El tema de la muerte asoma entonces y alcanza su plenitud en la segunda parte del libro, una suerte de oración o de búsqueda de lo sagrado donde el poeta se dirige al Dios en que no cree y que sin embargo forma parte de su diálogo interior: "Te escucho como ahora tú me escuchas, / creándote a la vez que estás creando / mi nueva piel sobre la antigua herida". Son 16 poemas numerados que, al contrario que los anteriores, hablan de ideas que se le escapan al nombrarlas y que solo pueden atraparse por comparación con sustancias tangibles. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Al final, el poeta nos aclara que escribió los primeros poemas en 2019 y 2020, y esta segunda parte, que da título </span><a href="https://menoscuarto.es/libro/al-dios-sin-nombre/" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">al libro</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, en tres meses de 2022. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Antonio Moreno</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es un autor que acostumbra a cambiar de editorial y que ilumina aquellas por la que va pasando, como en este caso ocurre con la palentina Cálamo.</span></p><p><strong>Elena Román</strong></p><p><strong>Gato Encerrado (2023)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El surrealismo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Elena Román </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">(Córdoba, 1970) no se aparta de lo cotidiano, sino que transfigura el día a día en imágenes audaces que tienen algo de los dibujos de un pijama. Enseguida las identificamos. Desde </span><a href="https://editorialgatoencerrado.com/amapolamen/" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">el título</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, que parece una broma, pero no lo es en absoluto, a través de poemas en prosa perfectamente cuajados, nos acerca a una historia de amor llena de inseguridades: "El amor es una casa para cien donde viven dos. […] En el amor hay goteras desde el principio que en el principio no afectan". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Como el místico </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan de la Cruz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, expresa la entrega total con vuelos: "Voy en pájaro hacia ti, no cierres la ventana". O, en otro momento: "porque cada mañana pienso que podría regresar para verte, cada noche cierro mi habitación y abro el aeropuerto". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El paisaje en el que transcurre cada poema participa del estado emocional y lo matiza. Así "en la playa nadie piensa sin arena en su pensar", "es imposible ver qué dedo enciende la estrella", "me desplomo, por supuesto, pero antes de llegar al suelo soy una carretera", "maldita sea, la arboleda sigue ahí, ¿entiendes lo que significa eso, maldita sea? Que llueve". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Todo transcurre en medio de una realidad líquida, en la que las dudas sobre la existencia de la relación amorosa se confunden con las dudas sobre la propia existencia: "Lo que no existe, no importa, ¿no? Nosotros existimos, ¿verdad? Eso importa". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En cuanto a las zozobras cotidianas, toman forma de pensamientos que mueren atropellados, de lunares que opinan como grillos, en una atmósfera con algo de cuento infantil: "algunas noches de invierno se ve a lo lejos una luz encendida que reconforta. Pero a lo mejor es el infierno". El presente es inestable, el pasado pura irrealidad: "es como si no hubierais pasado el tiempo y tú". Y no obstante, en ese mismo pasado está la esperanza de "que la alegría sea recuperable aunque para eso haya que andar hacia atrás hasta llegar al momento en que empezó a perderse".</span></p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'A todo esto' (Pre-Textos, 2023) y de 'Con la cabeza clara y el casco de Minerva' (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jun 2023 19:00:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo sagrado en el día a día]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cantos de despedida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cantos-despedida_1_1505323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8ed05be-4ede-404a-bfd7-ed8e93a21220_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cantos de despedida"></p><p>Adam Zagajewski y José Jiménez Lozano se fueron despidiendo de la vida con sendos poemarios en los que cantaban más que lamentaban. Ambos se animaron a seguir apurando cada instante sin resistirse a que los recuerdos formasen parte de las percepciones del presente. <strong>Al fin y al cabo, recordar también es vivir</strong>. En el caso de la flamante Premio de la Crítica, Dionisia García, el recuerdo es llaga y a la vez impulso: en su poemario está latiendo Salvador, su marido, que se perpetúa en los ecos y los versos. Antonio Manilla, en plenitud de facultades, ha hecho resumen de sus libros anteriores y con él comprobamos que muchos de sus poemas se aferran a la naturaleza en una lucha difícil hacia la felicidad.</p><p><strong>Adam Zagajewski</strong></p><p><strong>Acantilado, 2023</strong></p><p>Adam Zagajewski nació en 1945 en Lvov, que ahora es Ucrania. Luego vivió en París y en Chicago, antes de establecerse definitivamente en Cracovia, donde falleció en 2021. Dos años antes, nos había regalado <a href="https://www.acantilado.es/catalogo/verdadera-vida/" target="_blank">este poemario titulado </a><a href="https://www.acantilado.es/catalogo/verdadera-vida/" target="_blank"><em>Verdadera vida</em></a>, que puede considerarse su canto del cisne por la emoción que destila, una emoción pausada, elegiaca y sin embargo invitadora de apurar la vida hasta los posos. Acaba de publicarse en versión castellana de Xavier Farré, que a mí me parece impecable, hasta el punto en que puede afirmarlo alguien que no sabe polaco. <strong>Cuando la poesía traída de otro idioma consigue emocionar merecería instalarse en nuestra tradición</strong>, como proponía Brines. </p><p>En <em>Verdadera vida</em>, <strong>la nostalgia</strong> se atenúa en el acto mismo de aludir a ella: "Pero la infancia ya no estaba, sólo un bosque tropical de recuerdos / y la infancia me habló directamente, todas las calles / hablaban, cantaban, o también incluso gritaban, sí…". En su repaso, el poeta describe a menudo lugares en los que no hay nadie, que fueron y que ya no son, pueblos "en los que las sombras / son más auténticas que las cosas". </p><p>Zagajewski era un viajero, un amante de las ciudades sobre cuya piel escribía como si estuvieran dictándole el poema. <strong>Alude a Córdoba y a Santiago de Compostela</strong> ("Santiago es la capital secreta de España"). En muchos casos una ciudad se resume en una estampa brevísima que se grabó en su retina. Por ejemplo "Estambul" es la imagen de unos muchachos que saltaban al agua desde un bajo muelle de cemento ("no sé si eran felices, pero yo / lo fui, por un momento, en el fulgor / de un día de mayo, al mirarlos"). </p><p>También paseamos con él por una antigua ciudad romana de provincias. <strong>Las personas que va nombrando murieron, pero siguen vivas cuando el autor las nombra</strong>: su madre, sus amigos, cuatro guapas judías, él mismo saliendo de nadar en el océano. Allí donde parece que no ocurre nada, salta de pronto el chispazo. Así, hay un puñado de poemas cerrados con una morosa intensidad: "Miriam Chiaramonte", "En Drohóbych", "Tengo quince años", o el elocuente "Higos", por citar algunos. </p><p>Dice el viajero Zagajewski que "Los filósofos tienen que elegir su ciudad, / <strong>tan solo los poetas pueden vivir donde sea</strong>".</p><p><strong>Dionisia García</strong></p><p><strong>Renacimiento, 2022</strong></p><p>Escribir buena poesía sobre un familiar que acaba de morir <strong>es lo más difícil del mundo</strong>. Y sin embargo, son ya varios los escritores que han vencido al reto. Me refiero a los que saben que es un reto y lo afrontan con prudencia, como Dionisia García (Fuente Álamo, 1929) que ha reunido 68 poemas evocando a su marido Salvador Montesinos bajo el título <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/otros-titulos/2784-clamor-en-la-memoria.html" target="_blank"><em>Clamor en la memoria</em></a>. </p><p>Dionisia estuvo conteniendo la publicación porque sabía que "las cosas del alma se malogran si te acercas a ellas con descuido". En este puñado de páginas editadas por Renacimiento late una biografía tan compartida que se prolonga <strong>más allá de la ausencia</strong>: "amigo amor, ayer / locuaz y sonriente, / préstame el logro del ahora". </p><p>Dionisia siempre ha mantenido una elegante <strong>reserva de su intimidad</strong>. La mayor demostración es que noveló su autobiografía, <em>Correo interior</em>, para mantenerla pudorosamente alejada de la primera piel. En cambio, en este homenaje a Salvador, los detalles son importantes y es imprescindible salvar los guiños: "cuando yo ya no esté, aquí me tienes", le decía en vida el marido, señalando el cuadro de José Lucas que ahora la escritora observa emocionada. </p><p>La vida sigue y la ausencia tiene un peso enorme todavía, <strong>tanto que es casi una presencia</strong>. Y no solo para ella: "Ahora vuelvo sola a dar los mismos pasos. / El recorrido exacto con múltiples encuentros. / Algunos me preguntan por ti, porque no saben. / Un día escaparé a tu territorio / para seguir allí nuestra costumbre". </p><p>En este libro, la poeta albaceteña (Fuente-Álamo, 1929) afincada en Murcia se deja ir para ser más ella que nunca: "ahora invito yo / a los finales". Escribir para desahogarse tiene como fin exorcizar el dolor y no necesita ni siquiera lectores. <strong>Hay que contener el dolor y templar su embestida para que el escrito perdure</strong>. Lo hizo Joan Margarit con su hija <em>Joana</em>. Lo ha hecho Luis García Montero con Almudena Grandes en <em>Un año y tres meses</em>. Antes que ellos, Francisco Umbral en <em>Mortal y rosa</em>. Ahora a Dionisia García el esfuerzo le ha valido el Premio Nacional de la Crítica.</p><p><strong>José Jiménez Lozano</strong></p><p><strong>Pre-Textos, 2022</strong></p><p>Pocos días antes del 9 de marzo de 2020, la fecha de su muerte, José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1939) <a href="https://www.fnac.es/a9893393/Jose-Jimenez-Lozano-Esperas-y-esperanzas" target="_blank">entregó esta colección de poemas: </a><a href="https://www.fnac.es/a9893393/Jose-Jimenez-Lozano-Esperas-y-esperanzas" target="_blank"><em>Esperas y esperanzas</em></a>. <strong>Cabría hablar de desesperanzas, si no fuera porque Jiménez Lozano supo quitarles hierro</strong>. </p><p>Autor admirado y muy premiado en los años 80, cuando ya superaba la cincuentena, vivió sin embargo en una especie de autoexilio, eludiendo los focos y cenáculos, lo que no le privó de recibir el Premio Cervantes de 2002. En esta colección final <strong>se aferra a la intemporalidad de los clásicos</strong>, a quienes presta su mirada presente: "Mira la luna de noviembre, / que asciende lentamente, / en el anochecer, y oye / el ladrido de los perros, como Ovidio".</p><p>No solo los clásicos, también <strong>sus muertos queridos siguen vivos, acompañándole</strong>. Por ejemplo, sus padres cuando los visita en su tumba: "¡Sostenedme un poco todavía! / Como entonces. Gracias". Y corrige el epitafio de un estoico, para aconsejarse: "Mas tú no hagas caso del hipócrita / que escribió esta lauda. / Porque, / ¡cuánto amor a la vida y desespero / empapa esa leyenda! / ¡Corre tú a seguir viviendo!". </p><p>Hay mucha celebración en estos poemas de lo que se ofrece a los sentidos como un "tenderete matutino": "Mira atentamente / las joyas que la mañana te presenta, / y guarda alguna en tu memoria, porque / no volverás a verlas. / Nunca". <strong>El tono general es cultivado, con carga meditativa, en absoluto coloquial, aunque se despereza en el humor y la ironía</strong>. Critica con sorna la burocracia, que está socavando la tradición. Dice que incluso los clásicos "están ya amortizados / y hasta puestos correctamente en fila, / en residencias especializadas / para curiosidades de la Edad Antigua". </p><p>Antes, en el prólogo, nos ha advertido de que la mitad de los poemas tienen un <strong>tono informal</strong>. Pero no creo que el tono varíe mucho, en todo caso en la segunda parte se centra más en la crítica, sin menoscabo del conjunto.</p><p><strong>Antonio Manilla</strong></p><p><strong>Averso, 2023</strong></p><p>Antonio Manilla (León, 1967) <strong>celebra 25 años de su primer libro</strong> con una <a href="https://aversopoesia.com/libro/lenguas-en-los-arboles/" target="_blank">selección de los nueve poemarios</a> que ha ido sumando desde entonces, más seis poemas inéditos. Como nos advierte en el prólogo, se distinguen dos partes. </p><p>La primera es una<strong> recopilación temática que da nombre al conjunto</strong>: piezas sobre el crepúsculo, el amanecer y el ritmo de las estaciones. Una colección que el autor agavilló para leer a orillas del río Órbigo. Manilla utiliza la naturaleza en estos poemas para contener el tiempo durante la contemplación, pero la mayoría de las veces la naturaleza le responde incrementando la conciencia de pérdida. Eso pasa en "Otoñal": "El niño que contempla / la hoguera del otoño que enciende la distancia. / […] El recuerdo del padre, que vive en el paisaje / y es ceniza y frío y soledad y nada". </p><p>La acumulación de <strong>escenas calmadas nos va sumergiendo en un clima de ceremonia</strong>, no exenta de tensión. Por ejemplo, el conflicto entre el día y la noche: "Luz y sombra combaten / rama a rama, hoja a hoja, / por lo mismo: / la ternura del verde, la plenitud del día, / la posesión del aire". Los pájaros juegan un papel crucial: "el mundo lo sostienen los vencejos". Interrumpir el flujo de la razón, abandonarse es el afán, pocas veces logrado: "Sentimiento es sentido / […] / No creas a la tarde. / No dejes que te embarque la hermosura / que aparece detrás de veladuras. / Contempla el río, escucha al ruiseñor, / disfruta de lo bello, / pon tu sentir en duda". </p><p>Este recurso de darse instrucciones a sí mismo aparece a menudo en la segunda parte, titulada "Bodas de plata", una selección de temática variada, aunque casi siempre dirigida a la búsqueda de la felicidad, un objetivo que no obstante el autor define como un "error humano". <strong>Será porque van surgiendo obstáculos insalvables, como nuestra insignificancia</strong> ("somos huellas de arena en la marea baja") o el deterioro que impone el mero hecho de vivir ("el niño que buscamos y no está / ya dentro de nosotros". En conclusión, "no hace falta comprenderlo todo / si la felicidad es el enigma".</p><p>------------------------------------------------------------</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de </em><em><strong>A todo esto</strong></em><strong> </strong><em>(Pre-Textos, 2023) y de </em><em><strong>Con la cabeza clara y el casco de Minerva</strong></em><em> (Altabán, 2023). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog </em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><strong>El mundanal ruido</strong></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 May 2023 19:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Territorios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/territorios_1_1483468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da410b68-7e5d-4885-816b-54d1b7a4358d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Territorios"></p><p><strong>Carlos Marzal</strong> regresa a la poesía como a un territorio en el que fue feliz, constatando que necesita una atmósfera para escribir versos y que su Valencia natal forma parte de ese magma, para él imprescindible. <strong>Ben Clark</strong> ajusta cuentas con sus demonios biográficos, que, como los duendes, siguen arraigados a los lugares de donde brotaron. Para <strong>Teo Serna</strong>, el territorio no es tanto un lugar como los elementos que lo componen, entre los cuales la mirada del poeta es una materia más que ayuda a vincularlos. <strong>Dimas Prychyslyy</strong> ha hecho del lenguaje una herramienta que le permite ir reconquistando los territorios perdidos de su vida, una raíz desde la que renacer para la emoción.</p><p><strong>Carlos Marzal</strong></p><p><strong>Tusquets (2023)</strong></p><p>Después de trece años enredado en la novela, el ensayo y el aforismo, <strong>Carlos Marzal </strong>(Valencia, 1961) vuelve al redil de la poesía poniendo toda la carne en el asador con <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-euforia/371328" target="_blank">un libro de 116 poemas</a>. Desde el título, deja clara su determinación de romper con las composturas de la prosa: "La plenitud, a veces, necesita / ser enemiga de la sensatez, / sentirse delinquir / impunemente". </p><p>Luego, <strong>Marzal </strong>desvela en distintos momentos su relación con el más caprichoso de los géneros literarios: confiesa que para escribir necesita una temperatura del espíritu próxima a la felicidad, que bautiza escribiendo, que los poemas suceden cuando quieren: "cada poema / aspira a ser el último que escribes". Y constata que "no sabemos por qué la poesía / consigue consolar / y consolarnos, / por más que no obtengamos el consuelo". </p><p>Aceptar las contradicciones, sobre todo las de la edad, incluso remarcarlas, es una de las llaves de la plenitud: "Aún sigo en la niñez, / y soy adulto, / al viejo que seré le hablo muy joven". Otra llave es el regreso a la rebeldía juvenil, al pirómano que recuerda haber sido: "No se lo he dicho a nadie, pero vivo / de aquellas delincuencias". Y por supuesto, <strong>Marzal </strong>echa mano también de sus pasiones incondicionales: el fútbol, al que dedicó <em>Nunca fuimos tan felices</em> (2021), la ciudad de Valencia, el amor familiar y el que recibió en la infancia, "un blindaje" que lo hace "casi indestructible". </p><p>Tampoco faltan sus mentores poéticos: como <strong>Brines</strong>, al que evoca en el día de su entierro, y <strong>César Simón,</strong> al que dedica una etopeya. <em>Euforia</em> está llena de pequeños símbolos cotidianos, desde un punto geodésico al rito de cenar. A <strong>Marzal </strong>le gusta jugar con las antítesis y mantener un tono de canto, dejando que los poemas crezcan desde la anécdota a la reflexión. Quizá el poema que aglutina todas estas fuerzas sea el titulado <em>Deseo</em>, en el que advierte: "si nunca te ha empujado a la indecencia, / si nunca ha conseguido / forzarte a cometer estupideces, / ten por seguro que no era el deseo".</p><p> </p><p><strong>Ben Clark</strong></p><p><strong>Slopper (2023)</strong></p><p>Los demonios a los que se refiere en <a href="https://www.editorialsloper.es/Demonios-y-Armisticio/" target="_blank">el título</a> <strong>Ben Clark </strong>(Ibiza, 1984) tienen más que ver con las travesuras que juega el azar disfrazado de duende que con el mal absoluto, aunque las travesuras de la vida suelen ser terribles: "basta con beber agua muchas horas / mientras hablo con gente a quien no amo. / Y aparecen los rastros en el polvo, / claros como señales de tráfico oxidadas / que me llevan de nuevo frente a vuestro festín". Más que el título, nos pone en la pista de esos demonios cotidianos la fotografía de la cubierta, un niño enmascarado con una expresión inquietante. Es una foto del propio autor cuando era niño. </p><p>Como es habitual en <strong>Clark</strong>, sus poemas tienen una estructura narrativa, cuentan una historia. De hecho, de las cinco partes en que ha dividido el libro, la cuarta lleva por título <em>El Tremor</em> y reúne fragmentariamente datos e interpretaciones sobre el mayor accidente ferroviario de la historia de España, ocurrido en El Bierzo en 1944. También leemos varios poemas de corte social en la parte tercera, anécdotas que suponen una especie de ajuste de cuentas con su conciencia biográfica. </p><p>El resto del libro está recorrido por dos compulsiones: la de la muerte y la de la escritura ("cuando escribo me acerco a las respuestas"). <strong>Clark </strong>menciona con frecuencia el propósito que se ha hecho de escribir y las mejores piezas surgen cuando ese propósito se rompe por el azar o por una decisión. Ocurre en <em>Gajes del oficio</em>, el poema más emblemático, donde se aprestaba a escribir "un gran poema" pero optó por llamar a su hermano y la vida se impuso. </p><p>Aun así, los poemas que a mí me parecen más inspirados son aquellos que merodean el tema de la muerte, como<em> En la tumba de Edward Thomas</em> ("que fácil es vivir junto a los muertos"), o aquel otro en que se refiere a los ausentes de este modo: "porque ellos son presencias, todavía. / Porque la nada duele". El tema de la muerte es el tema del tiempo, que se desliza enredado en el amor, cuando uno tiene la suerte de ser correspondido: "Olvidémonos siempre del ayer; / convirtamos el hoy en un refugio; / jurémonos amor hasta mañana".</p><p> </p><p><strong>Teo Serna</strong></p><p><strong>Mahalta (2023)</strong></p><p><strong>Teo Serna </strong>(Manzanares, 1954) es tan poeta como pintor, o tan pintor como poeta. Y ambas disciplinas se alimentan mutuamente. En su poesía busca lo matérico. En libros anteriores fueron las piedras y los dioses griegos. El libro recién aparecido se titula <a href="https://www.mahalta.es/producto/el-azogue-y-la-plata-teo-serna/" target="_blank"><em>El azogue y la plata</em></a>, que son las materias que componen los espejos. Aunque el mensaje literal al que apuntan estos materiales viene corregido por un epígrafe elocuente de <strong>Rafael Pérez Estrada</strong>: "El espejo es una invitación a la resurrección del pasado. / Antes del invento del espejo la realidad era una". </p><p>El libro de<strong> Teo Serna</strong>, en conclusión, nos habla de los elementos que ya estaban aquí cuando llegamos: nos habla del agua, nos habla del aire: "fue entonces cuando supe que nada pesa, / que todo es levedad / y que el aire es un país que me contiene, / como me contuvieron las manos blancas / de mi madre". Nos habla del fuego: "hay una hoguera que quema lo oscuro: / en las cenizas que deja, meto mis dedos / para escribir / y los lavo luego en una copa de luz / encendida". Nos habla de las piedras: "Dicen la verdad, las piedras. / Esas que señalan la distancia en los caminos, / las que sujetan los altos techos / de los palacios, / las que cierran las tumbas". Pero los elementos están vinculados por seres, por el árbol que busca el agua en lo profundo "y no sabe que él es lo profundo", el pájaro que viene de lejos y bebe en el charco "lo poco que de mí / queda en él", nos habla de la luz que quema "con brasas de sombra". </p><p>Los animales que aparecen llevan una carga elemental: "la noche huyendo de sí misma / es un gato sutil que avanza / por los tejados borrados del paisaje"; en otro, "un perro cruza, / arrastrando el abandono, la tristeza del mundo". Y a su vez, todo está recogido y vinculado por la mirada que "construye el pecado, / porque lo mirado se pudre, / infecta la tierra y las nubes, / hace imposible la inocencia". El hombre mira, pero el cielo lo sobrepasa, "mira sin pasión la tierra violeta, / el agua putrefacta de los charcos, / las antiguas pisadas de los bueyes, / la memoria de tantos hombres muertos".</p><p><strong>Dimas Prychyslyy</strong></p><p><strong>Ya lo dijo Casimiro Parker (2023)</strong></p><p>Los primeros poemas de <a href="https://yalodijocasimiroparker.com/es/libros/libros-de-poemas/materlingua.html" target="_blank"><em>Materlingua</em></a> recuerdan los de <em>Poeta en Nueva York</em>, pero no están escritos por un turista andaluz, sino por uno de los personajes que aparecen retratados. No es Nueva York, sino un país en guerra, lo que subyace en las imágenes creadas por<strong> Dimas Prychyslyy</strong> (Ucrania, 1992): "Mi tía Luz, que lee a oscuras, tenía un novio que fue de nieve. Y le hizo una guirnalda azul en las entrañas, una estrella enana y apagada que mordía".</p><p>En <em>La frontera</em>, el poeta se desdobla y consigue no dejar de ser el niño e interpretar la crudeza del exilio con sus ojos inocentes: "Estamos de vacaciones en Europa, pienso, / cuando la luz verde de la frontera de Austria / anuncia que solo cinco de los diez viajeros / pueden continuar el viaje". Otro desastre más contribuye al desarraigo: "Ya no hay sirenas. ¿Cuánto tardaría la nube tóxica en llegar a Madrid? Yo tardé diez días. Este paréntesis de 25 años como una tregua entre guerras, y el recuerdo de oír a diario / el nombre de Chernóbil como si fuese alguien más de la familia". </p><p>Leemos estos testimonios sin dejar de preguntarnos si nos impactan por el factor humano o por su valor poético, pero tampoco perdemos de vista que están escritos directamente en castellano, no son el fruto más o menos distorsionado de una traducción. Para existir, el autor nombra las cosas con este idioma nuestro, que para él es una herramienta valiosa: "A veces me acerco, como por casualidad, a visitar la tumba / del que un día fui entre aquella tímida luz de ecos y ladrillos. / Entiendo que no hubo un lugar mejor / para entender la incomodidad de los paraísos, / la extrañeza de habitarlos, la soledad / que entraña a belleza desubicada". </p><p>En la tercera y última parte del libro, <strong>Prychyslyy </strong>aborda otro problema añadido, el de su homosexualidad, pero a estos últimos poemas les falta algo de vuelo, excepto en todo caso al que da título al capítulo, <em>Reproducción de las matrioshkas</em>. Así es donde comprendemos que la fuerza de los poemas anteriores no venía solo de la anécdota, que nos golpeaba su peso literario.</p><p>_________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Apr 2023 19:01:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Territorios]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Explorando nuevos caminos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/explorando-nuevos-caminos_1_1463315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cd24125a-1499-4b30-9672-733dd158dedf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Explorando nuevos caminos"></p><p>Entre los autores que están buscando nuevos caminos expresivos para la poesía, encontramos <em>Diciembres iniciales</em>, donde<strong> Mariano Peyrou</strong> ha mezclado poemas antiguos con recientes y ha removido luego la marmita para descolocar la razón. <strong>Luis Bagué</strong> sigue insistiendo en el sesgo poético de la publicidad y su encaje con el compromiso social. <strong>Ángelo Néstore</strong> escribe desde su realidad <em>cuir,</em> extrañado y herido por las inercias de género. Por su parte, <strong>José Antonio Fernández Sánchez </strong>mira la naturaleza con el máximo cuidado para que su contemplación no cambie nada de lo que está ocurriendo. </p><p><strong>Mariano Peyrou</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2023)</strong></p><p><strong>Mariano Peyrou</strong> (Buenos Aires, 1971) viene demostrando que domina muchos campos y muchos géneros: desde la musicología a la crítica de libros. <a href="https://pre-textos.com/producto/diciembres-iniciales/" target="_blank"><em>Diciembres iniciales</em></a>, aunque aparece en la colección de Poesía de Pre-Textos, tiene mucho de bazar en donde se agolpan aforismos ("el amor es un exceso de realidad"), greguerías ("el tren es un deseo de la vía"), reflexiones ("lo más interesante de la vida no son los momentos de máxima intensidad. Tampoco los momentos de rutina en que parece que no pasa nada. Lo mejor es el vaivén"). </p><p>Afloran asimismo, más que poemas completos, destellos de lírica ("miro cómo se consume una vela sin pensar en la infancia"); porque a Peyrou le importa más la variación, fluir, dejarse ir por la realidad líquida, por los cambios de perspectiva, perder al lector en laberintos de indecisión: "miro por la ventana y me imagino que estoy bajo la lluvia. / Salgo bajo la lluvia y me imagino que estoy seco. / Miro la lluvia por la ventana. Estoy seco. Me imagino que estoy seco". </p><p>Menudean los juegos de palabras y de sonidos, conjugaciones lúdicas de verbos, un tutifruti donde también cabe la prolongación de sus ensayos, la idea de que la poesía, como la música, no necesita entenderse para emocionar: "a los que no me entienden pero me van a entender / antes de que sea demasiado tarde". En otro momento dice: "existe lo irracional. El arte puede representarlo, investigarlo, a veces entenderlo". Y más adelante añade que "cuando el lector siente que controla el sentido, el sentido lo está controlando". </p><p>Todo ello escrito en un tono de disparo rápido, al modo impersonal de los manuales de instrucciones, reorganizando el mundo a lo <strong>Cortázar</strong>, desde el disparate, que no pocas veces te deja pensativo. "Y al final de la vida / si uno tiene suerte / aparece de nuevo el niño / uno se reencuentra con el niño / lo distingue entre la niebla de los recuerdos y las esperanzas / que se han vuelto lo mismo // y se asoma y le dice: / aquí / protégeme / vete y quédate".</p><p><strong>Luis Bagué Quílez</strong></p><p><strong>Visor (2022)</strong></p><p><strong>Luis Bagué Quílez </strong>(Palafrugell, 1978) mantiene su cruzada para limpiar las palabras de la tribu por medio de la poesía. En especial, las más sucias, las que están manchadas de consumismo y por tanto cargan la pólvora que nos está autodestruyendo, las palabras de la publicidad. Más concretamente aún se centra en los eslóganes y ciertos latiguillos que piden a gritos un reciclaje: "Tu libertad termina donde empieza / a perderse la señal de wifi". </p><p>Pero el proceso de purificación requiere, además del reciclaje, una inversión hacia lo social. No en vano, una de las cinco partes en que <strong>Bagué </strong>ha dividido<a href="https://www.libreriavisor.com/libro/desde-que-el-mundo-es-mundo_92126" target="_blank"> el libro</a>, la segunda, se titula <em>Ética de mínimos</em>. Al fin y al cabo estamos en un momento de la historia en que los mensajes conviene que sean cortos y contundentes para alcanzar su objetivo. Hay que tomar partido, se quiera o no: "encogerse de hombros es dar una respuesta". </p><p>Hasta los viejos dinosaurios tienen que adaptarse a los nuevos tiempos. Ya no es solo <strong>Homero</strong>: "Heráclito sostiene que ningún cibernauta / navegará dos veces / en una misma web" y cualquiera que se asome al cristal de una pantalla puede encontrar "un mensaje lanzado / al mar de Google Maps". La voz del poeta adopta, sobre todo en la primera parte, la primera persona del plural, encarnando a los españoles o a la humanidad entera: "Reinventamos después la clase media, / amueblamos la vida / con los sueños a plazos / (…) Confundimos la verdad con simulacro". </p><p><strong>Bagué Quílez</strong> es profesor universitario y conoce de sobra los peligros del ingenio como herramienta poética, pero está dispuesto a correr los riesgos necesarios para abrir nuevos caminos. Y consigue que el ensamblaje de eslóganes toque con nitidez las fibras en poemas como<em> Voz debida</em> o <em>Dura lex</em>. En las aclaraciones finales, que el autor ha titulado <em>Esto no es un paratexto</em>, accedemos a algunos guiños sobre personajes y lecturas inspiradoras y despeja algunos enigmas. También reconoce el tributo a <strong>Aníbal Núñez</strong>.</p><p><strong>Ángelo Néstore</strong></p><p><strong>Espasa (2022)</strong></p><p>Nacido en Lecce en 1986, pero afincado en Málaga, <strong>Ángelo Néstore</strong> se ha convertido en un fenómeno multicultural. En su página web se define como "artista no binaria" y añade que su obra "gira en torno a lo poético, entendido como territorio <em>cuir </em>donde la poesía se híbrida con disciplinas como la música, la performance o las artes escénicas". La palabra <em>cuir </em>es una transcripción del inglés <em>queer </em>(de identidad de género no convencional). </p><p>Aunque ha grabado discos e imparte clases de Traducción e Interpretación en la Universidad de Málaga, <strong>Néstore </strong>se ha mostrado más activo en la poesía. Codirige el festival poético Irreconciliables y capitanea la editorial Letraversal. Pero sobre todo escribe y gana premios, de momento para autores jóvenes: el Hiperión (2017), el Emilio Prados (2019) y el Espasa (2021), aparte de extender sus publicaciones a otras lenguas. </p><p><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-deseo-de-ser-arbol/358557" target="_blank"><em>Deseo de ser árbol</em></a>, el libro por el que obtuvo el Espasa, llega envuelto en tapa dura y abrazado por un prólogo de <strong>Sara Torres </strong>y un epílogo de <strong>Rosa Berbel</strong>. Consta de 23 poemas al desgaire de la métrica divididos en dos partes. Los primeros se centran en el cuerpo y en las relaciones con su madre y su abuelo. La anécdota vital tiene un peso importante. </p><p>A este lector le interesan más aquellos en los que proyecta esa experiencia en imaginaciones, como "Deseo caer al suelo" donde mira a los niños jugar desde una ventana y aventura que su cabeza es el balón: "imagino que, de una patada, / llego a las ramas más altas de los árboles / y allí agonizo / hasta que dejo de oírme". También cuando dice que "la soledad tiene nombre de jardín / y la exprimo con rabia / como se exprime el néctar / de las uvas recién recogidas de la viña". Hay varios poemas en los que se desdobla. En uno desea ser perro; en el que da título al libro "deseo de ser árbol, deseo de persistir / en el jardín de otro / sin invadirlo, / de contemplar el rayo / sin quemarme, / de ser picoteado por el pájaro / que busca abrir un hueco / para hacerse un nido".</p><p><em><strong>Agua quieta</strong></em></p><p><strong>José Antonio Fernández Sánchez</strong></p><p><strong>Olé Libros (2023)</strong></p><p><strong>José Antonio Fernández Sánchez</strong> (Terrassa, 1963) escribe <a href="https://olelibros.com/comprar-libros/poesia/coleccion-imaginal/agua-quieta/" target="_blank">sus poemas</a> desde una temperatura cercana al haiku. Se dedica a observar minuciosamente y la gran protagonista de su observación es la naturaleza. En cada poema, el hecho de mirar es un rito que requiere una preparación previa, un proceso que pormenoriza en alguna de las piezas y que empieza por instarse a sí mismo: "Mantén la discreción en tu mirada. / atenta y servicial, déjala libre, / que vuele soberana y complaciente", y más adelante: "aguarda a que se calme el cristalino, // y, solo entonces, mira". </p><p>La idea que subyace es que la naturaleza está haciendo su trabajo, unas veces con más regularidad que otras: "llega el otoño con convencimiento". Así, el canto de un pájaro puede actuar como una llave de la mañana: "en esas fue el jilguero, / con su sincero canto, / quien fue llamado a abrir el nuevo día, / rompiendo el velo frágil de los sueños". </p><p><strong>Fernández Sánchez</strong> siente que, de algún modo secreto, el ser humano, al aproximarse a este proceso, por el mero hecho de estar, con solo observarlo, lo está contaminando: "esa mirada mía, que es intrusa, / capaz de revertir el equilibrio, / de ser dañina posibilidad, / ni toca el tallo amargo, ni lo muestra". </p><p>En su afán de reprimir la intervención llega al extremo de contener la respuesta cuando la propia naturaleza es la que viene a incomodar. Por ejemplo, cuando un mosquito revolotea en la estancia: "deja que esa insignificante cosa / vuele, zumbe, te siga y te persiga, / juegue con tu paciencia, / igual que un verso / que zumba y te persigue / y no doblegas". </p><p>Este proceso casi místico, de trabajar la observación sin estar, tiene recompensa: a veces permite guardar un retazo de vida: "qué bello es el recuerdo, revivirlo: / radiante aquel gorrión sobre lo blanco. // Bendita brevedad. No existe apenas". Otras veces se establece un esbozo de comunicación que iguala al poeta con los seres que lo rodean: "Lo observo. Entonces me regala un trino. // No juzga, solo cumple su labor".</p><p> ____________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero </strong></em><em>es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido'</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Mar 2023 19:01:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Explorando nuevos caminos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La experiencia del límite]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/experiencia-limite_1_1434183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/678a88d9-f0f1-4ff0-9661-014c74529a1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La experiencia del límite"></p><p>Muchas veces la poesía es la única antorcha a la que aferrarnos porque nos suministra palabras encendidas de emoción más allá del entendimiento. A David González le acompañó hasta el último día y de hecho le sirvió para contar el proceso final, como lo contaba todo. A José Mateos le permitió sublimar los trances de la enfermedad y le ayudó a alumbrarse en la salida. Para María García Zambrano, la poesía es un método de liberación personal, paralelo y sin embargo sutilmente vinculado a su lucha. Por su parte, el canario Melchor López dejó esculpida en palabras una visita a la isla de Cabo Verde que le cambió a él y que contagia al lector. </p><p><strong>David González</strong></p><p><strong>Páramo (2023)</strong></p><p>A <strong>David González</strong> (San Andrés de los Tacones, Gijón, 1964-2023) le hubiera emocionado mucho la resonancia que ha tenido su muerte, los muchos amigos y admiradores que se han manifestado recordándole. Él se quejaba de que su poesía no se valorase. Era un bohemio en unos tiempos en que la bohemia sigue existiendo, pero más desatendida y subterránea que nunca. Contaba que se había hecho poeta en la cárcel y escribía a la manera de Bukowski, haciendo de su lucha por salir adelante un poema diario. </p><p>Su libro <a href="https://www.editorialparamo.com/online-store/La-canci%C3%B3n-de-la-luci%C3%A9rnaga-de-David-Gonz%C3%A1lez-p526988979" target="_blank"><em>La canción de la luciérnaga</em></a> no ha sido póstumo porque la familia, el editor y la imprenta se conjuraron para que pudiese hojear al menos un ejemplar antes de morir. En sus páginas cuenta que "la poesía / es todo aquello que te deja / cicatrices / en el alma, / en la piel y / por supuesto // en el corazón". En definitiva, su poesía era su vida. Hablaba de ella con franqueza, iba al grano, lo que no quiere decir que escribiera a vuelapluma. Había conseguido una aparente sencillez (que diría <strong>Borges</strong>) reelaborando la experiencia a través de símbolos como el revólver colt 45 que llevaba tatuado en el hombro derecho o el saco de boxeo que le regalaron de niño. Pero también las ballenas blancas glaciares o los oasis del desierto, cualquier elemento que le permitiera describirse como un derrotado que reina en la ironía de los versos. </p><p>En <em>Centrifugado </em>dice: "Y entonces / se estropea / la lavadora: // la única / que me hacía sentir / limpio". El descreimiento era su tema, pero había desarrollado una gran habilidad para esquivar el patetismo y para mantener encendida la llama: "Una causa, Ainhoa, / no está perdida / hasta que nadie / lucha por ella". Así iba el libro, bien encauzado, cuando le diagnosticaron el cáncer de esófago y la noticia se adueñó de su vida y del poemario. Ya no se sentía en el mundo de los vivos, aunque tampoco en el de los muertos. Y añadía que "la vida, / aunque muchas veces nos lo parezca, / no es una guerra. / Así pues: a qué o a quíén / enviarle mi bandera blanca". </p><p>Acabó con otro símbolo, la palabra fin.</p><p><strong>José Mateos</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2022)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>José Mateos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Jerez, 1963) había ido estilizando sus poemas en sus últimos libros hasta conseguir que el sentimiento lo expresaran más los silencios que las propias palabras. Su poemario inmediatamente anterior, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Primavera, año cero </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(Milenio, 2020), dedicaba muchos versos a la felicidad, ese raro abandono, esa falta de afán que a veces acontece cuando no se la espera y por eso conviene fijarla con palabras en el poema para que se comparta y se difunda. Había sin embargo en ese libro un hermoso poema titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Madre</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en el que hablaba de la muerte: Al final "Todos / se van. 'Todos nos vamos / más temprano o más tarde' / nos decían las nubes / raudas y el ciprés recto / a cada instante. / Y cómo / le cuesta al alma ahora / aprender lo que sabe". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Igual que si hubiera expresado una premonición, uno de esos inquietantes vaticinios con los que se asociaba antiguamente a la poesía, Mateos ha atravesado en los últimos tiempos algunos trances liminares de salud. El lobo es el símbolo de la muerte a la que le ha visto las orejas: "Quemad mi nave y amarradme a ella. // Hoy salgo a un mar sin viento ni confines, / rumbo a ninguna orilla, porque ahora / ya no hay orillas. Todo, todo es agua". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">En </span><a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?cPath=&products_id=2196" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:white;">poemas algo más explícitos de lo que acostumbra</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, avivando los hechos, el poeta ha conseguido escapar del trance y comparte las emociones de su lucha. "¿De dónde habré traído la canción / que ahora tiembla entre mis labios". Mateos interpela al cuerpo, al grillo, a la conciencia, tantea en busca del misterio, recupera ecos de poemas chinos y de romances como el del "Enamorado y la muerte": "Enciérrame en tus brazos / y después, amor mío, tira la llave. // Ella me anda buscando. / Cárcel de amor te pido / para salvarme". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Al final, poco a poco, Mateos vuelve a celebrar el canto de los pájaros, el frescor de la higuera y, muy especialmente, la amistad: "Junio, qué bien se está a tu sombra / rodeado de amigos / cuando todo es presente / y hasta es probable que morir no importe".</span></p><p><strong>María García Zambrano</strong></p><p><strong>Vaso Roto (2022)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El </span><a href="https://emea.vasoroto.com/products/esta-ira" target="_blank" ><span class="highlight" style="--color:white;">quinto poemario</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> de</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> María García Zambrano</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Elda, 1973) está firmemente conectado con el anterior, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La hija</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (El sastre de Apollinaire, 2015). Es la continuación de una experiencia vital extrema que la autora ha decidido convertir en un reto de salvación poética. En 2017, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>García Zambrano</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> describió el camino emprendido: "tal vez porque la enfermedad dinamita tu propio ser, y una ya no sabe cuánto podrá soportar, aflora la necesidad de que el poema sea ese 'lugar donde todo sucede' del que hablaba Pizarnik, ese espacio donde se puede ser sin la atadura del sentido, de lo contingente, donde se pueda amar sin condiciones, donde se pueda soñar una curación". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Fiel a esta idea, la autora se desangra en poemas con apenas referentes, que en ningún caso son lugares. De hecho, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Escena del primer verano</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> transcurre literalmente en un "nolugar". La poeta renuncia incluso a fijar el personaje desde el que habla, cuya identidad se va desplazando al mismo tiempo que los referentes: "Te sostengo / no es mi cuerpo quien te acoge / ―una anciana me entrega el fuego / como una ofrenda". O, en otro momento: "ayer soñaba / y eras yo / ese pájaro". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Solo sirven de brújula las emociones, que oscilan entre la alegría y el miedo. A veces se vale de símbolos, como el caballo ("en tu interior un caballo cruza / una gran pradera / y se hunde"). También el insecto ayuda a enfatizar la aparente gratuidad de la ternura: "la mujer recoge al insecto / herido / pequeño para sus dedos / inútil salvamento / lo acaricia". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Julieta Valero</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que firma el epílogo y que instintivamente tiende a ayudarnos a contextualizar, afirma que a las mujeres las han instruido para sofocar la ira, la emoción del título. Nos informa también, eludiendo el patetismo, del calvario de criar una hija enferma en el que vive la poeta, que sin embargo parece decidida a que sus palabras no solo la sostengan a ella, sino que se sostengan solas: "Bien dicha la palabra Amor / funde los metales / y los convierte en luz".</span></p><p><strong>Melchor López</strong></p><p><strong>Ediciones del Pampalino (2021)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Es este </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cuaderno de Cabo Verde</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> el poemario impar de un poeta impar, el tinerfeño </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Melchor López</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1965). En doce piezas consigue trasladarnos lejos de todas las bambalinas de la civilización, las que estamos acostumbrados a que enmascaren la realidad más dramática. En esta isla remota "se confunden las huellas, / humanos y animales, / hermanos, inocentes, / en una misma danza". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Podríamos decir que el libro contiene un solo poema épico dividido en episodios diferentes. El clima empezamos a experimentarlo en el tacto físico del objeto, envuelto en cubiertas de cartón crudo. La puerta de entrada es una invocación paródica, al estilo de los cronistas coloniales: "Yo, Melchor López, / descendiente de un Mendes portugués, / natural de los Silos, Tenerife, / y criado en la Isla Baja, / platanar del poniente fértil, / me autoproclamo aquí, en la ciudad de Praia, / […] el primer escritor de Islas Canarias / en voluntario exilio…". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Las rapsodias restantes oscilan entre la descripción del encuentro con un poeta local o la posibilidad de que "un negro / protegido del sol, / a la sombra uniforme / de una acacia / que entierra sus raíces / en las arenas multi- / contaminadas de Gamboa" encuentre un mensaje importantísimo en una botella y no sepa descifrarlo porque es analfabeto. López también homenajea a los revolucionarios presos y a los remos, que le parecen símbolos de un paisaje costero, el de la Macaronesia, que hermana a Canarias con Cabo Verde y a la vez con las Azores, Madeira e islas Salvajes: "Un remo junto al otro, / dos largos remos: / un emblema insulano". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Es este cuaderno un poemario, en fin, tan excéntrico y exótico como humano y auténtico hasta en sus ensoñaciones: "Si en mitad de este paisaje apareciera un dios, lo haría despojado de toda gloria; si apareciera un rey, lo haría emporcado de heces; si apareciera un sabio sería un diógenes escandaloso: Si en medio de este paisaje ―hermoso como toda la tierra pobre del hombre― apareciera un poeta, le arrancarían la lengua antes de que profiriera el primer verso".</span></p><p> ________________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Feb 2023 20:01:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Sonidos que calman]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sonidos-calman_1_1413705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/22825e54-2a3a-4bbe-8fe8-a650613d9984_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sonidos que calman"></p><p><strong>José Corredor-Matheos</strong> se mantiene plenamente activo, consagrado a vivir como un pájaro que no sabe que vive, pero canta, mientras se siente en el borde de no se sabe qué. La calabresa <strong>Mirella Muià </strong>cumple su vocación de monja eremita, pero ha dejado que los versos que escribió en los años 80 del pasado siglo recuperen el murmullo con el que tejían las mujeres de Homero.<strong> José Manuel Benítez Ariza</strong>, con los codos en la ventana, se asoma al laberinto en el que cantan los pájaros. <strong>Francisco Lucio </strong>sigue escuchando desde la muerte la pieza musical que cada noche le impulsa a escribir un nuevo poema, a veces con el trasfondo inesperado de un grillo que quiere intervenir.</p><p><strong>José Corredor-Matheos</strong></p><p><strong>Tusquets (2022)</strong></p><p>Camino de los 94 años, <strong>José Corredor-Matheos</strong> (Alcázar de San Juan, 1929) sigue plenamente activo, como lo prueba <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-al-borde/358685" target="_blank" >este poemario</a> con algo de diario lírico. También permanece fiel a sus constantes poéticas desde que, en 1975, con <em>Carta a Li Po</em>, se desmarcó del realismo para practicar una escritura minimalista con tintes orientales, casi siempre rematada con un guiño entre nihilista y zen. </p><p>Aunque coetáneo del 50, <strong>Corredor </strong>siempre fue por libre. Primero porque era un manchego arraigado en Cataluña, segundo porque su trabajo de enciclopedista lo situaba en una equidistancia rara, tercero porque vivía consagrado a la crítica de arte, otra disciplina de mal enjuague con la lírica. Quizá por eso el reconocimiento le llegó tarde, pero a tiempo de ganar el Nacional de Poesía (2005), y de merecer otros galardones institucionales, distintas cruces, pertenencia a reales academias y nombramientos de hijo predilecto. </p><p>En los breves poemas sin título que lo caracterizan, Corredor se mantiene ajeno a la barahúnda, se sigue hablando a sí mismo, se da instrucciones, se asombra con un toque <em>naïf</em>: "Este golpe de viento / te hace ver todo claro. / Ver claro, ¿qué? / Nada. / Ver claro nada". A veces da la sensación de que no sabe dónde ponerse, que se siente solo entre las sombras, como una sombra más, que sabe que la lluvia borrará lo que escribe, que se ha perdido y no lo van a encontrar. Pero a la vez le parece gozoso perderse y se conmina a seguir escribiendo "como si todo fuese / a quedar / escrito para siempre". </p><p>Desde su desubicación recibe al otoño "con una sensación / de que la vida empieza / cuando acaba". Y aún constata que "es en este rumor, / no en el silencio, / donde puedes oír / la voz que anhelas". También que "todo está lejos si lo miras", pero cerca si lo sientes. Y se consagra a vivir como un pájaro, que no sabe que vive, pero canta. </p><p>"Ser un perro los lunes / y los miércoles, / sólo un hombre los martes / y los jueves, / no ser nada los viernes, / y en sábado y domingo / ser, por ejemplo, un dios. / Un dios que no supiera / que lo es, / pero hubiera encontrado / el hueso que buscaba".</p><p><strong>Mireia Muià</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2022)</strong></p><p>La <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?manufacturers_id=1153&products_id=2178" target="_blank" >poesía</a> de<strong> Mirella Muià</strong> (Siderno, Calabria, 1947) nos llega impregnada de sus peripecias biográficas. <strong>Pablo Anadón</strong>, que firma la traducción y el prólogo de esta edición bilingüe, nos cuenta que <strong>Muià </strong>nació en un puerto del mar Jónico, que se crió en Génova, que fue detenida durante las movilizaciones de mayo del 68 en París y que terminó siendo profesora de Literatura Comparada durante diez años en la Sorbona (1977-1987). Después abandonó toda esta agitación para retomar una vocación religiosa que había ido eludiendo durante décadas y se estableció como monja eremita. </p><p>Anadón que es argentino de Córdoba (1963) había coincidido con ella en La Sorbona. Impulsado por la amistad y la admiración, ha vertido con solvencia toda la obra poética de <strong>Muià</strong>, aunque a nosotros pueda chocarnos algún argentinismo aislado. Casi todos los poemas habían visto la luz originalmente en francés e italiano en los años 80. Destaca sobre todos <em>La Tela</em>, que es un poema épico moderno y sin embargo influido por Homero. Ella misma aclara que "el mito de la espera femenina, de la errancia masculina, es antiguo y universal. Pero en ningún lugar tan radicado como en el mundo mediterráneo". </p><p>La tela a la que se refiere <strong>Muià </strong>es el tapiz que tejía Penélope y que de hecho tejen todas las mujeres del poema hasta tal punto que el sonido del tejer ya forma parte de su mundo familiar: "y dije a las mujeres que una de ellas / fuera a un cuarto lejano / y se sentara al telar. / Fue así que volví a oírlo, / y hubo de nuevo aquel / escondido silencio. / Mi hija nació en ese silencio". La historia está contada en distintas voces, con versos breves y secos, en fragmentos narrativos que utilizan estrategias de la novela para generar intriga, y a la vez mantener viva la emoción. </p><p>La otra composición épica del libro, <em>Empédocles,</em> es mucho más hermética. Completan la edición ocho poemas inéditos, la mayor parte de los cuales están fechados en los mismos años setenta. Son largos y tienen la vibración emocionante de <em>La tela</em>. Sin embargo, el último, el más actual, fechado en 2022, resulta más flojo. Para acentuar la faceta biográfica y religiosa, Anadón ha incluido como "Apéndice" documental fragmentos del libro de reflexiones de Muià publicado en 2016.</p><p><strong>José Manuel Benítez Ariza</strong></p><p><strong>Renacimiento (2022)</strong></p><p>El laberinto del que nos habla <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2764-laberinto.html" target="_blank" >el título del libro</a> es la Vida "con mayúsculas", en la que no hay otra escapatoria que no sea apurarla hasta el final. Frisando los sesenta años, <strong>José Manuel Benítez Ariza</strong> (Cádiz, 1963) contempla el horizonte desde el lugar en el que muchos otros se han detenido, sin que ni el ser muchos ni el saberlo sirvan de consuelo: "también ellos se hicieron estas mismas preguntas, / también vieron venir lo que vino después / y acaso se creyeron más lúcidos por ello; / como quien, avisado de un peligro, / corre hacia él sin otra salvaguarda / que ese conocimiento a todo efecto inútil". </p><p>Desde esta atalaya del vivir, el poeta va removiendo recuerdos, aliñándolos con ironía para sacudirles el patetismo de la nostalgia: "desde nuestro decoro de hombres viejos, / nuestras vidas ya hechas, nuestro pasado acumulado, / nos parece mentira que todo aquello sucediera". Al menos la indefensión ante el destino ayuda a que uno valore a sus semejantes con cierta benevolencia mientras busca a qué aferrarse y solo encuentra los mil y un detalles cotidianos. Le ocurre en el poema inaugural del libro, <em>Buenos días</em>, donde a la manera de <strong>Whitman</strong>, desarrolla una jornada entera en versículos que celebran la significancia de lo pequeño. Sí, no hay más solución que recorrer el laberinto fijándose en cada gesto: "un asidero: / el olor del café / en la cocina. // Y cómo ruge, / cuando pisas la calle, / la realidad". </p><p>El contraste entre la luz de los proyectos y la sombra que te espera fuera de ellos es el tema de uno de los poemas más enigmáticos del libro, "Donde esa claridad". Otro poema titulado <em>La Dama</em> es una especie de epitafio donde <strong>Benítez Ariza</strong> manifiesta su identificación con la piedra caliza como escenario ideal para la despedida: "si pudiera elegir, / cuando llegue el momento aquí vendría, / me echaría a dormir entre sus brazos, / me volvería piedra caliza yo también". No hay prisa. De momento la vida canta al otro lado de la ventana: "hoy me he propuesto ser feliz, / como esos pájaros".</p><p><strong>Francisco Lucio</strong></p><p><strong>Corona del Sur (2022)</strong></p><p>Según la solapa del libro, <strong>Francisco Lucio</strong> (Roquetas de Mar, 1933-2021) fue poeta, crítico literario, profesor, periodista, funcionario y abogado. También, entre otras cosas, fundó con <strong>José Batlló</strong> las revistas <em>L´Arpa</em> y <em>Taifa</em>. <strong>Antonio Pérez Roldán </strong>cuenta en el prólogo que Lucio reconocía siete de los libros que consiguió publicar pero solo uno de ellos había visto la luz en sus últimos veinte años<em> (Tiempo romance</em>). Aun así, todos pasaron desapercibidos porque los editó él mismo o aparecieron en colecciones limitadas. "Poco inclinado a la mendicación de favores y a la autopromoción, <strong>Lucio </strong>pensaba ―ingenuamente, dirán muchos― que es la obra la que tiene que hablar de uno y no al contrario".</p><p><em>A la música</em> reúne una selección de poemas extraídos de <em>Hojas secas</em>, el diario poético de <strong>Lucio</strong>, que quedó inédito al morir. El título es un guiño al libro <em>A la pintura</em>, de <strong>Alberti</strong>, aunque trocando la plástica por la música. De los 37 poemas que lo componen, 33 aluden cada uno a una composición musical, que colegimos que ha activado la inspiración del poeta. La noche funciona como un escenario proteico para convertirse en lo que sugiera la música: "la noche es solo noche / junto a mí, y es la música la forma que le doy". Lucio traduce las piezas que escucha en ríos, vientos, cuevas, flores, estrellas. Se maravilla de estar tan a gusto, en contraste con lo mal que funciona el mundo. </p><p>En sus poemas se aprecia cierto buenismo pero sabiamente neutralizado por el clasicismo del verso. El ambiente rizado evoca <em>la Oda a Salinas</em> de <strong>Fray Luis de León</strong> o las <em>Leyendas </em>de <strong>Bécquer</strong>, pero también hay ecos de <strong>Juan Ramón </strong>o de<strong> Claudio Rodríguez</strong>. "Con rumores lejanos, / con vagas hecatombes de remotas comarcas, / consuena su violín mínimo el grillo, / monocorde solista de la noche. Y penetras, / más humano que nunca, en el misterio; / tú, el habitante impuro de toda la pureza; / el testigo asombrado de la música, del milagro supremo. / Y sientes como nunca la finitud humana / mientras la noche extiende su presencia infinita".</p><p> </p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña' y a la 'Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Jan 2023 20:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[Mi selección como lector de la cosecha 2022]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cosecha-poetica-2022_1_1391762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9427f7a-d65a-425b-a444-35932963fb14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi selección como lector de la cosecha 2022"></p><p>En 2022 nos han dejado la portuguesa <strong>Ana Luísa Amaral </strong>(que obtuvo el premio Reina Sofía el año pasado) y el alemán <strong>Magnus Enzensberger</strong> (premio Príncipe de Asturias a la Comunicación en 2002). También se nos murió el zaragozano <strong>Ángel Guinda</strong> (premio de las Letras Aragonesas en 2010). Los tres trabajaron en diversos géneros, pero los valoramos sobre todo por su poesía. Además, por quinto año consecutivo, se le ha concedido el premio Cervantes a un poeta. En esta ocasión al venezolano <strong>Rafael Cadenas</strong>. Hablamos del género menos comercial, que sin embargo sigue siendo el que más libros nuevos imprime cada año. Elegir solo diez, entre doscientos leídos, es tarea peliaguda, pero aquí va una selección de la cosecha 2022.</p><p><strong>Lorenzo Oliván</strong></p><p><strong>Tusquets (2002)</strong></p><p><strong>Lorenzo Oliván</strong> (Castro Urdiales, 1968) presentó hace dos años una antología de sus seis poemarios publicados hasta entonces. La llamó <em>Las percepciones islas</em>. Adelantaba en ella seis poemas de esta nueva entrega que ahora llega, <em>Los daños</em>. Él mismo ha definido su estilo como "El ojo que piensa", que quiere decir que escribe los poemas mirando en derredor y buscándose a sí mismo en las cosas que mira, intentando comprender y constatando con sereno estupor que la razón no le alcanza: "Debajo de la piel del mundo o de nosotros casi todo es abstracto. […] La realidad, de forma paradójica, resulta realista sólo al primer vistazo y en su primera piel".</p><p> </p><p><strong>Aurora Luque</strong></p><p><strong>Milenio (2022)</strong></p><p><strong>Aurora Luque</strong> (Almería, 1962) ha recibido el Premio Nacional de Poesía 2022 por este libro en el que se mantiene fiel a su estilo y sus querencias. Cruza el mar hacia otras geografías, hacia tiempos míticos, buscando esos límites donde no llega su saber de traductora: "A otras cosas quizá las atrapa el lenguaje / y caben, cómodas y ajustadas, en sus nombres. // El mar no es una de ellas". <strong>Jaime Siles</strong> apunta en el prólogo que la poeta ha sabido convertir esta heterogeneidad en virtud, agrupando los poemas en capítulos temáticos que abarcan casi todas las variedades de la formulación poética.</p><p><strong>Luis García Montero</strong></p><p><strong>Tusquets (2022)</strong></p><p><strong> Luis García Montero</strong> (Granada, 1958) es un poeta lleno de recursos que nunca ha rehuido los retos y que en este caso ha querido compartir con el mundo su proceso de duelo por la pérdida de su mujer, <strong>Almudena Grandes</strong>. Sabedor de que las circunstancias desencadenantes han sido mediáticas y elocuentes, se ha decantado por un tono más contenido aún que de costumbre, eludiendo casi siempre el chispazo metafórico al que es muy aficionado. Los poemas son sencillas notas cotidianas, como tomadas a vuelapluma, en las que describe la fragilidad, los cuidados, la desesperación, que conviene que sea furtiva. Para elevar esta realidad, introduce reflexiones líricas: "todo es presentimiento de lo que no sucede, / pero está ahí, doméstico y sincero / lo mismo que un ladrido sigiloso / que no parece un grito. / Es una convivencia con la tierra / y con las habitaciones de la casa".</p><p><strong>Ada Salas</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2022)</strong></p><p><strong>Ada Salas</strong> (Cáceres, 1965), cuya poesía procede del silencio de Valente, constata ahora sin prejuicios que la lección definitiva la recibimos de lo inerte: "El cuerpo / de una roca / junto al ruido del agua / dice / sólo es puro el silencio". Salas se recrea en la flauta inexplicable de la naturaleza, canta al molinillo que ha ido pasando de generación en generación por todas las mujeres de la familia, enarbola un trébol como signo de reconciliación y luego deja que sean los pájaros, el pinzón y el picapinos, los que llenen el aire. Aquí la canción funciona más por la música que por el entendimiento y sin embargo hay sobresalto, miedo, descubrimiento, ternura, que desembocan en el poema <em>Bañista</em>, donde se sumerge en el mar de los pintores. </p><p><strong>José María Álvarez</strong></p><p><strong>Renacimiento (2022)</strong></p><p><strong>José María Álvarez </strong>(Cartagena, 1942) convoca a sus mitos, los revive y se toma una copa con ellos mirándoles a los ojos, suprimiendo los intermediarios y las copias, rescatando directamente el aura con el ritmo de sus versos y ese tono suyo inconfundible. Si se asoma a un cuadro de <strong>Bacon</strong>, siente que lo entiende, "que lo entiendo todo / pero que no puedo ni explicármelo a mí mismo". El más vivo de los Novísimos siente que ya todo le resbala, que las ciudades en las que vivió le repugnan. Aun así sigue, y nos propone que hagamos "como si el Horror no existiera", que sigamos cumpliendo con la única misión de la poesía: "EMOCIONAR. CANTAR. / Da igual qué cante y cómo / sólo si emociona / lo demás no existe".</p><p><strong>Olivia Martínez Giménez de León</strong></p><p><strong>Candaya (2022)</strong></p><p><em>Los años del hambre</em> es un libro en el que una mujer se va contando a sí misma sus problemas con la identidad y con la anorexia, una relación de amor furtiva... Tampoco los temas son novedosos, y sin embargo <strong>Olivia Martínez Giménez de León</strong> (Alicante, 1980) consigue que suenen verdaderos. Se habla a sí misma sin saña y sin componendas, con la crudeza de quien no tiene nada que perder. Cada verso es una emoción y un martillazo. Y los leemos con el convencimiento íntimo de que son auténticos, que desde el primero hasta el último retratan una vida, su vida. A estas alturas, en estos tiempos de bulos y de hipocresías, cualquier ciudadano, pero en especial el lector de poesía, lo que busca es autenticidad. Y aquí la encuentra. Lo que no significa que no haya literatura, mucha y bien disuelta: "Hoy también has soñado. Llevas anillada la lengua al silencio: es tiempo de callar, te dices […] Si dices monstruo, el monstruo aparece y el monstruo eres tú. Así que te sumerges en la profundidad de la ballena. Para no decir nada".</p><p><strong>Adalber Salas Hernández</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2022)</strong></p><p><strong> Adalber Salas Hernández </strong>(Caracas, 1987) es ensayista y traductor además de poeta. En este libro ha puesto al servicio de la poesía todas sus ciencias. El título (<em>Nuevas cartas náuticas</em>) es un indicador bastante exacto de sus intenciones: el mar es infinito en presencia y en historia y, yendo de un cronista a otro, uno puede recorrerlo y salir empapado de todos los mares, que al final son uno solo. Como ejemplificó <strong>Borges</strong>, se puede ser exhaustivo con un tema sin abordarlo orgánicamente, aproximándose con fragmentos bien elegidos que nos embarquen en una atmósfera. Hay que aventurarse y dejar atrás "ese doméstico fin del mundo que llamamos orilla". </p><p><strong>Juan Vicente Piqueras</strong></p><p><strong>Visor (2022)</strong></p><p>En <em>La habitación vacía</em>, <strong>Juan Vicente Piqueras </strong>(Los Duques de Requena, 1960) habla de la muerte: "los muertos no defraudan. Puedes contar con ellos. / Si tú no los olvidas, ellos no te abandonan". Pero el propio autor empieza a incluirse entre los que ya no están: "Nunca el mundo / fue tan hermoso como antes de irme. / Ahora ya no existe. Ahora sueño / que lo que ya no soy vuelve a nacer". Entonces comprendemos que en estos poemas no solo hay muerte, sino también metamorfosis, aunque sea como una nueva forma de afrontar las cosas: "Aprendo poco a poco a desaparecer". Antes Piqueras nos ha contado que hace muchos años que escribe porque se ha quedado sin palabras, que Dios es una creación, una palabra muy parecida a un pájaro, que todo huye muy deprisa hacia el lugar al que el poeta ya no puede regresar: "¿Qué lugar justifica tanta prisa?". </p><p><strong>Francisco García Marquina</strong></p><p><strong>Mahalta (2022)</strong></p><p>Otro personaje que nos ha dejado en el año que está terminando es <strong>Francisco García Marquina</strong> (1937-2022). Su biografía no tiene desperdicio: <strong>Marquina </strong>tuvo tiempo de nacer en la embajada francesa en Madrid, de hacerse biólogo, de impulsar el escultismo, de retirarse a Guadalajara a criar truchas, de ser amigo y biógrafo de <strong>Cela</strong>, y de otras cosas que no caben aquí. Y a pesar de ello, se quejaba de haber vivido escasamente, menos de lo que convendría a un hombre de sus posibilidades. Antes de marcharse el 7 de enero, le dio tiempo a corregir esta selección, extraída de sus veintidós poemarios. En los últimos poemas seguía definiéndose como "un bullicio de interrogaciones". Espigando este abigarrado conjunto, igual de bullicioso, el lector encontrará una sabiduría poco común y un puñado de poemas memorables.</p><p><strong>Pier Paolo Pasolini</strong></p><p><strong>Nórdica (2022)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">El pasado 15 de marzo,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> Pier Paolo Pasolini </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">hubiera cumplido cien años. Aunque más conocido como cineasta, incluso como articulista, fue un poeta notable que elevó su canto dolorido por la pérdida de un ideal, el de la revolución. Lo hizo en tercetos encadenados, a la manera de Dante en su </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Comedia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, debatiéndose entre contradicciones: "amando el mundo que odio", "entre la esperanza y la desconfianza", porque "nunca hay desesperación sin un punto de esperanza". Es curioso que una obra de largo aliento, sometida al corsé de los tercetos y lastrada por las ideas, sea capaz de despertar emociones, pero lo logra, aunque pueda influirnos la imagen que tenemos del personaje, "un poeta inofensivo, pero diverso", que esgrime en su defensa "una desesperada vitalidad". </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Martín López Vega</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ha recopilado y traducido la selección a la que ha llamado como el segundo libro de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pasolini</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span></p><p> _________________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Dec 2022 10:55:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[Pasado muy presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasado-presente_1_1370444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/49ad1090-c68f-4dcb-b578-998b56fc193e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasado muy presente"></p><p>El novísimo <strong>José María Álvarez</strong> no se arrepiente de nada desde el título en francés de su más reciente poemario, en el que insiste en su característica atmósfera sibarita y decadente, taraceada con citas de sus ídolos. La voz de<strong> Kaneko Misuzu</strong> nos llega traducida después de haberse salvado en un proceso tan fascinante y novelesco como sus poemas. A <strong>Antonio Rivero Taravillo</strong> no le hacen falta hilos para hilvanar la emoción con el lenguaje en el premio creado para honrar la memoria de<strong> Lara Cantizani</strong>. <strong>Ismael Ramos </strong>vuelca su mirada joven en <em>Ligero</em>, que él mismo se ha traducido del gallego y que ha merecido el premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández.</p><p><strong>José María Álvarez</strong></p><p><strong>Renacimiento (2022)</strong></p><p>Hace ya mucho tiempo que <strong>José María Álvarez</strong> (Cartagena, 1942) escribe como si solo le importara su mundo, voluntariamente decadente y denso, con citas ajenas que se mezclan con sus propios versos y que subraya con opiniones a veces arbitrarias, fatalistas, emitidas por un personaje sibarita que se confunde con el propio autor y que probablemente lo sea. Por si quedara alguna duda, declara sus intenciones desde el título, el de aquella legendaria canción de <strong>Dumont</strong> y <strong>Vaucaire </strong>que paseó <strong>Edith Piaf e</strong>n los años 60: <em>Non, je ne regrette rien</em> (<em>No, no me arrepiento de nada</em>). </p><p>Conforme la vida ha ido acumulando capas, cada vez más los recuerdos son superposiciones de la misma persona en distintas edades: leyendo <em>La Eneida</em>, por ejemplo, "coronado por la luz de la memoria" que es casi siempre <em>Épica</em>. Aquellas novelas eróticas con las que ganó premios se destilan en poemas sugerentes como el número <em>XX </em>("Ah bella indiferente. / Más radiante que el mar. / Ah entrar en ti como en esas aguas"). Cualquier tiempo pasado le parece mejor a <strong>Álvarez</strong>: las lunas, los crepúsculos y las ciudades pasaron pero aún son capaces de mirar a los ojos del lector con "la lealtad de tu perro cuando lo acaricias": "todo era como esas caracolas / que vienen de dónde / y en las que escuchas mares que fueron". </p><p><strong>Álvarez </strong>convoca a sus ídolos, los revive y se toma una copa con ellos mirándoles a los ojos, suprimiendo los intermediarios y las copias, rescatando directamente el aura con el ritmo de sus versos y ese tono suyo inconfundible. Si se asoma a un cuadro de <strong>Bacon</strong>, se da cuenta de "que lo entiendo todo / pero que no puedo ni explicármelo a mí mismo". El más vivo de los Novísimos siente que ya todo le resbala, que las ciudades en las que vivió le repugnan. No obstante sigue, y nos propone que hagamos "como si el Horror no existiera", que perseveremos cumpliendo con la única misión de la poesía que considera digna: "EMOCIONAR. CANTAR. / Da igual qué cante y cómo / sólo si emociona / lo demás no existe".</p><p> </p><p><strong>Kaneko Misuzu</strong></p><p><strong>Satori (2021)</strong></p><p>Que se hayan salvado los 512 poemas que escribió <strong>Kaneko Misuzu</strong> (1903-1930) es tan milagroso como la mayor parte de lo que cuenta en ellos. Nacida con el nombre de Teru en un pueblo de pescadores al oeste de Japón, su madre y su abuela consiguieron que estudiara hasta los dieciocho años, algo muy infrecuente en una mujer de su época. Regentaban una librería, que la surtió de fantasía y recursos literarios. Para escribir adoptó el seudónimo de <strong>Misuzu</strong>, que significa "lugar donde se cosecha el bambú". </p><p>Sin embargo, se enamoró de un hombre que trabajaba en la librería y al que siguió cuando decidió marcharse. Lo hizo desoyendo todos los consejos, entre otras cosas porque ya estaba embarazada de su hija. El marido la apartó de la escritura y de las relaciones literarias, llevándola al límite emocional. Por fin, enferma y desmoralizada, logró el divorcio en 1930 y regresó a la casa materna. La perspectiva de perder la custodia de su hija fue la gota que colmó el vaso. <strong>Kaneko </strong>se suicidó ingiriendo una sobredosis de calmantes. Su hermano fracasó en el intento de publicar sus poemas. La librería y el rastro se perdieron porque paradójicamente el seudónimo que había elegido borró las señas de los apellidos reales. </p><p>Afortunadamente, treinta y seis años después (1966) el poeta y estudioso<strong> Setsuo Yazaki</strong>, ojeando la <em>Colección de poemas infantiles de Japón</em>, se encontró con el poema <em>La gran captura</em>. Fascinado, inició una búsqueda de quince años, hasta localizar al hermano de Misuzu que, anciano ya, conservaba los tres cuadernos de <strong>Kaneko </strong>con 512 poemas. Se publicó todo. Y no solo eso: en 2011 las cadenas de televisión repitieron una y otra vez su poema <em>Eres un eco</em> para consolar a los damnificados por el terremoto y el tsunami de Tohoku. Ahora <strong>Yumi Hoshino</strong> y <strong>María José Ferrada</strong> nos sirven una selección primorosa vertida al castellano. Y merece tanto la pena que es uno de los poemarios más vendidos de los últimos dos años. La poeta que se ponía del lado de la nieve, los postes de telégrafos y los atunes, del gorro perdido y del viento, nos sigue reuniendo a todos dentro del eco, que es la voz del mundo.</p><p><strong>Antonio Rivero Taravillo</strong></p><p><strong>Reino de Cordelia (2022)</strong></p><p>El ayuntamiento de Lucena ha creado un premio de poesía en memoria de <strong>Manuel Lara Cantizani </strong>(1969-2020), que fue concejal del municipio durante más de una década, pero sobre todo publicó once poemarios y fue un activista cultural hiperactivo. El primer ganador ha sido otro clásico de la poesía andaluza, <strong>Antonio Rivero Taravillo</strong> (Melilla, 1963), otro todoterreno imparable que traduce, escribe novelas, ensayos, aforismos, biografías, dirige la revista <em>Estación Poesía</em>, ha publicado once libros de poemas y anuncia que ya tiene otro a punto de salir. </p><p>De momento, en <em>Los hilos rotos</em> usa el viejo esquema cernudiano (suya es la mejor biografía del sevillano de la Generación del 27): parte de una anécdota cotidiana y luego la eleva, bien con una reflexión, bien relacionándola con otra vivencia significativa de su vida. Por ejemplo, puede extraer del congelador una bolsa de menestra y que el sonido del hielo le remita al glaciar Perito Moreno. También puede relacionar unos murciélagos con el desánimo a la manera de <strong>Vallejo</strong>: "No migratorias aves, / no pájaros. / las fijaciones negras de viejas pesadillas". </p><p><strong>Taravillo </strong>es un trabajador del lenguaje y en el idioma suele encontrar referencias líricas, como los versos que abren esta reseña. Los elementos le hablan con su propio lenguaje cuyo conocimiento es un regalo para cualquiera que sepa escuchar: "Pasando aduanas del aire, los vientos / cambian de nombre en cada geografía. // Pero el sonido / de su roce en las hojas / es muy anterior a Babel. // Un idioma que, al escucharlo, / no aprendes: / recuerdas". </p><p>Otra faceta, que seguro que le viene de su naturaleza aforista, y su condición de sevillano de adopción, son las imágenes rápidas, entre copla y greguería: "En la ebriedad del viento, / los árboles brindan / con sus copas". Y en otro momento: "Como si fuera cine, y no teatro, / corre en sesión continua / el calendario". Algunas piezas se alargan hasta ser casi cuentos en verso, como "Un camarero", donde sin embargo la primera estrofa tiene intenso valor por sí sola.</p><p><strong>Ismael Ramos</strong></p><p><strong>La Bella Varsovia (2021)</strong></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Recientemente, un jurado institucional otorgó a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ismael Ramos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Mazaricos, 1994) </span><a href="https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/corriente_1_1336492.html" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:white;">el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> por su tercer libro, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Lixeiro</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que él mismo había traducido al castellano y publicado en La Bella Varsovia. Siempre despierta expectación el libro de un poeta joven porque vivimos en una sociedad en la que la juventud en sí misma se considera un valor, y todo el mundo quiere ser el primero en descubrir al nuevo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rimbaud </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">o al nuevo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Claudio Rodríguez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que por ser tan llamativamente precoces han instalado la creencia errónea de que ser poeta precoz es lo normal. La poesía, como cualquier arte, tiene una parte de oficio que hay que aprender y en la que hay que ejercitarse para dominarla y así brindar más pura la emoción al lector, que es de lo que se trata. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ismael Ramos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nos ofrece en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Ligero</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> un libro de fragmentos de un diario cotidiano, con más versículos que versos, escrito en oraciones cortas, descriptivas, pero muy precisas. No es pequeño el mérito de esa selección de instantes y la disposición para que vayan creando un clima, sin grandes concesiones a lo indeliberado: "Es verano y los parques parecen inmensos. Mucho más grandes que en otras épocas del año". Incluso cuando surge una chispa, el autor prefiere aclarar que es una cita ajena: "Las casas de verano son infancias vacías. Esto me lo dijo Pepe". </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Aun así, lo que suele emocionarnos en poesía es tan sutil que cuesta detectarlo e identificarlo. La atmósfera que van acumulando las piezas nos embarca en una edad y en un modo de pensar que resultan absorbentes. Hay poemas como el titulado </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Tres notas sobre la pobreza </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">con una esencia perturbadora, que se sobrepone a la ingenuidad. También hay una hipersensibilidad hacia la luz que unas veces el autor capta con los ojos cerrados y en otro poema asocia con una criada. En definitiva, hay una manera personal de estar solo: "Yo sé que la perra la escucha, pero no regresa. / Yo la escucho, pero no acudo. / Estar solo es aprender a estar atento".</span></p><p> </p><p><em><strong>Arturo Tendero </strong></em><em>es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022) y de 'Viaje a Nemiña y a la Castilla mística' (La Siesta del Lobo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog '</em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Nov 2022 20:00:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pasado muy presente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Libros]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Alejarse para estar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/alejarse_1_1348681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7dc2d388-d870-4e29-934a-5ef9290b64eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alejarse para estar"></p><p>Es evidente que alejarse del mundo, e incluso de uno mismo, ayuda a ver más claro. Para poner el verso en la llaga conviene mucho este alejamiento. Pero hay tantas maneras de crear distancia como poetas con voz propia. <strong>Ana Pérez Cañamares</strong>, por ejemplo, prefiere mezclarse en el grupo, perder la individualidad, para imprimir más fuerza al sesgo social de sus poemas. <strong>Alfonso Brezmes</strong> se envuelve en una sucesión de preguntas poéticas. <strong>Daniel Fernández Rodríguez </strong>se evade dando vueltas y vueltas, girando hasta caer mareado, como cuando éramos niños. <strong>Andrés García Cerdán</strong> se refugia en la noche, en los decibelios, en una pose de rockero que no deja de ser la fachada salvadora de un tipo sensible.</p><p><strong>Ana Pérez Cañamares</strong></p><p><strong>Bartleby (2022)</strong></p><p><strong>Ana Pérez Cañamares </strong>nació en Santa Cruz de Tenerife (1968) pero ha vivido siempre en Madrid. Viene de publicar en Bartleby una selección de sus poemas, decantándolos desde nueve libros diferentes. La antología tiene la virtud de que no es extensa y sin embargo representa bien lo que ha sido hasta la fecha su escritura poética. </p><p><strong>Alberto García-Teresa</strong>, en un prólogo atento y pormenorizado, enumera los temas más recurrentes en esta autora encabezándolos con un poema que vale por una divisa: "Escribo sobre mí / porque yo / soy cualquiera". Dice <strong>García-Teresa</strong> que la autora maneja el tono confesional que caracteriza a mujeres poetas estadounidenses como Sharon Olds o Anne Sexton entre otras. Las relaciones familiares juegan un papel importante en una trayectoria donde abundan incursiones en la poesía social, sobre todo contra el capitalismo, que invade hasta lo más íntimo: "Para decir adiós / he tenido que arrancarme / las cláusulas a tiras. / Así ha sido / una y otra vez. / Con cada persona / cada casa / cada ciudad". </p><p><strong>Pérez Cañamares</strong> enciende la metáfora para alcanzar lo innombrable. Así, cada vez que piensa en su padre "es domingo por la mañana"; cuando su madre tendía las sábanas sobre las matas de romero "las mariposas se elevaban / como pavesas azules"; siente que ella misma, en su papel de madre, fue intérprete de sueños, hada madrina y hasta Sherezade ahuyentadora de miedos. A su pareja le dice: "me tocas como lee / un ciego el Quijote". Desafía siempre ese punto de contradicción, de incomunicación insalvable, recurriendo al ser que compartimos: "yo no soy solo yo. Os he engañado". </p><p>Cada vez más comprensiva con el mundo, afirma que Dios pertenece a las ruinas estériles, y que entre lo desconocido y nosotros hay un haz de luz "como lo hubo entre Dios y los santos medievales". Descubre en el amor la parte animal que nos iguala: "todas las perras que en el mundo han sido / venimos esta noche a tu ventana". Y prefiere tender puentes que juntar quejas: "por no añadir más culpa a la matanza / no juzgo ni sentencio a nuestra especie. / Me arranco la voz, acaricio perros".</p><p><strong>Alfonso Brezmes</strong></p><p><strong>La Garúa (2022)</strong></p><p>El sexto poemario exento de<strong> Alfonso Brezmes </strong>(Madrid, 1966) nos cuenta que la vida es indescifrable ("ahora ya sé que esta vida / no se puede ver mientras se vive") y que por tanto hay que afrontarla desde las emociones, valiéndose de la herramienta de las palabras: "dadme un solo instante / con su infinita abundancia / y os cerraré los ojos / para que podáis ver". Buena parte de los poemas del libro son reflexivos y a menudo insisten en la poesía como tema (metapoesía) lo que nos lleva un poco lejos de lo cotidiano, porque la poesía es vida solo para los poetas, y solo en algunos momentos. </p><p>Sin embargo, la misma incertidumbre a la que aluden nos abre la puerta de la sugerencia: "leo para encontrar la respuesta a una pregunta incontestable. / Escribo para añadirle a esa pregunta, si es posible, algo más de oscuridad". La incertidumbre, la oscuridad, la falta de control actúan paradójicamente como guías y permiten encontrar lecciones prácticas mientras <strong>Brezmes </strong>va reuniendo las piezas del puzzle de su identidad. Por ejemplo, en<em> Libro de familia </em>reflexiona con su padre, ya ausente: "es urgente la vida ―le digo―, / pero más urgente es la calma / para percibir esa urgencia". </p><p><em>Desobediencia </em>es otra pieza significativa que nos habla de la tentación casi zen, tan propia de la infancia, de hacer lo que uno quiere, no lo que le mandan. Y en la misma dimensión está el titulado <em>Deseo</em>: "Lugar que se desplaza con nosotros, / como la vieja nube que sigue al pesimista". En <em>Heterónimos </em>invoca a <strong>Pessoa</strong>, a la acuarela de<strong> Chuang-Tzu</strong> y (en elipsis) al escarabajo de <strong>Kafka </strong>para decirnos que vivimos también perdidos en el mar de la cultura. </p><p>Son los tres citados poemas muy notables, pero no son los únicos que tienen peso en este libro. Hay otros como <em>Mi voz ajena,</em> que parece inspirado en aquel de <strong>Claudio Rodríguez </strong>("Como si nunca hubiera sido mía…"). En fin, un poemario rico y variado, en el que menudean los hallazgos: "el poema es un bosque testigo de un acecho" o "Desde que me he ido / son mejores mis poemas".</p><p><strong>Daniel Fernández Rodríguez</strong></p><p><strong>Pre-Textos (2022)</strong></p><p>Aunque <em>Las nubes se levantan</em> es solo su segundo poemario y <strong>Daniel Fernández Rodríguez </strong>(Barcelona, 1988) tiene aún edad para ganar certámenes destinados a jóvenes (en este caso el <strong>Emilio Prados</strong>), su poesía está perfectamente cuajada. Maneja las enumeraciones caóticas de <strong>Borges</strong>, la ironía de <strong>D´ors </strong>y su inclinación a nombrar lugares concretos, la destreza con que <strong>De Cuenca</strong> disfraza la realidad de cómic o de <strong>Hopper</strong>, que viene a ser lo mismo, el desdoblamiento de Rosillo para crear una nube de tiempo donde parece que nada está pasando. </p><p>Con todo, la voz de<strong> Fernández Rodríguez</strong> es una voz propia, que suena con la prosodia morosa de los que lentifican el discurso y logran que lo contenga todo en unos pocos versos. Su tema es el tiempo: las formas con que regresa una vivencia convertida en experiencia: "A ti solo / te queda comerciar con la memoria, / el oro de la infancia, / o resignarte a la virtud / ―ingrata y noble, como todas― / del olvido". <strong>Fernández Rodríguez</strong> personifica las estaciones para mostrar la sucesión inmisericorde de los ciclos, del fluir de la vida, ajeno a nuestro afán de retenerla: ahí están los aires adolescentes del verano, la mano del otoño pintando el invierno para que la primavera haga el trabajo sucio. Y no obstante, en otro poema, le basta que no cambie el canto, pero sí el pardal que canta, para que comprendamos que el tiempo pasa sin sentir (en Rosillo, el pájaro es <em>Un jilguero</em>). </p><p>La parte III del libro se compone de poemas de amor que a la vez se alimentan de la tradición y se alejan de los convencionalismos, poemas que juegan a romper, como la lluvia, las defensas del lector sin privarse de algún guiño a <strong>Lope</strong>. Al fin y al cabo, <strong>Daniel Fernández</strong> imparte clases de Literatura del Siglo de Oro. En el más personal <em>Propósito de año nuevo</em>, el poeta se propone "perder de vista el mundo / como cuando de niños / nos daba por ponernos a dar vueltas / y vueltas y más vueltas / hasta caer rendidos en el suelo / de tan felices".</p><p><strong>Andrés García Cerdán</strong></p><p><strong>Reino de Cordelia (2022)</strong></p><p><strong>Andrés García Cerdán </strong>(Fuenteálamo, 1972) es un rockero activo con su banda, <em>The Rimbaud Company</em>, al mismo tiempo que poeta y profesor de Literatura. Un multifacético que no reniega de las mezclas, como indica a las claras el nombre que arropa su experiencia musical. En la antología poética que acaba de sacar en Reino de Cordelia recorre el camino contrario, del verso hacia la música: la ha titulado <em>Grunge</em> y ha espigado en ella los poemas más guitarreros de su cosecha, que ya es cuantiosa. </p><p>Cabalgando en esta música, <strong>Cerdán </strong>es un poeta épico que describe, narra, se deja ir y siempre está buscando arder en cada verso: "nosotros aprendimos a no pedir perdón, / a no tenerle miedo al ruido, / a revolcarnos en el suelo eléctrico. / Y aprendimos a enloquecer con calma / y a amar a aquella chica rubia / que ―como todo― aún estaba por llegar / y ya se había ido". En su afán, el poeta unas veces se dirige a las multitudes como un émulo de <strong>Allen Ginsberg</strong>, otras veces se para a consolar al tipo que sale del bar al amanecer con los oídos zumbando por la vibración de los altavoces. Sin duda lo identifica consigo mismo, siempre caminando entre dos luces, bajo una lluvia incómoda, siempre tratando de disolverse en el nirvana del ruido, de rallarse para no pensar, para solo sentir mientras arde: "la música que para mí escriben los buitres / estalla en la otra orilla. // Una luz cegadora hay más allá ―lo sé―, / y yo, que soy un espejismo, / me entrego a un espejismo". </p><p>Para encauzar los versos, <strong>Cerdán </strong>necesita un interlocutor, ya sea un alter ego, cualquiera de sus ídolos, algún colega o un amor de paso. En algunos momentos se acerca peligrosamente al límite como en <em>Bañeras</em>, que es casi una apología del suicidio. Sin embargo, el personaje extremado que parece moverse continuamente al borde del abismo en realidad se está aferrando a su pose de rockero, a la estética de su maldición, que es la que lo sostiene: "ser un evangelista, pescador / de hombres por las sendas nunca holladas / de cualquier fe".</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog </em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Oct 2022 19:00:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <title><![CDATA[Observar y que el silencio hable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/observar-silencio-hable_1_1327503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3f877030-baaa-4ee1-9591-76e3c421924b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Observar y que el silencio hable"></p><p>Observar en silencio y que el silencio sea el que exprese la emoción, aunque le ayuden las palabras. Es uno de los caminos de la poesía. Lo practica <strong>Ada Salas</strong>, que prefiere no entender, descubrir ante las ruinas de humanos que nos precedieron que el tiempo también sucedió en ellos como ahora en nosotros. <strong>Lorenzo Oliván</strong> dice que las palabras en sí no valen nada, lo que importa es que se muevan, aunque también importa saber qué las mueve. <strong>José Luis Vidal Carreras </strong>se asombra contemplando lo pequeño, lo elemental, celebrando la conciencia del mundo. <strong>Olivia Martínez Gimenez de León </strong>se observa a sí misma y se habla sin filtros, dejando que asistamos a su desentrañarse. </p><p><strong>Ada Salas</strong></p><p><strong>Pre-Textos, 2022</strong></p><p><strong>Ada Salas</strong> (Cáceres, 1965) ya utilizó el arte como soporte para sus indagaciones en su poemario anterior, <em>Descendimiento</em> (2018). Entonces la poeta sentía, viendo una tabla del pintor flamenco<strong> Rogier Van der Weyden</strong>, que los protagonistas de la escena, el que la pintó y quien la esté observando en el Museo del Prado, por mucho que los separen los siglos, comparten sus vidas en el tiempo que dura esa contemplación. Unas ruinas arqueológicas transmiten algo parecido. Los huesos de quienes vivieron antes que nosotros nos hablan desde su presente: "No hay tumba más profunda que el propio / corazón. / Oye / lo que te canto / coge / lo que te ofrezco / vuelve a emprender / tu marcha". </p><p><strong>Salas</strong>, cuya poesía procede del silencio de Valente y que intentó sacudirse aquel encasillamiento en su libro <em>Esto no es el silencio</em> (2008), constata <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=2159" target="_blank" >ahora</a> sin prejuicios que la lección definitiva la recibimos de lo inerte: "El cuerpo / de una roca / junto al ruido del agua / dice / sólo es puro el silencio". Fiel a su convicción de que escribe para indagar y de que la poesía que más le gusta escribir es la que no entiende, <strong>Salas </strong>deja fluir sus versos zigzagueantes y encabalgados para que sean ellos los que se manifiesten: "Hay una claridad que viene de dentro". Se recrea en la flauta inexplicable de la naturaleza, canta al molinillo que ha ido pasando de generación en generación por todas las mujeres de la familia, enarbola un trébol como signo de reconciliación y luego deja que sean los pájaros, el pinzón y el picapinos, los que llenen el aire. </p><p>Aquí la canción funciona más por la música que por el entendimiento y sin embargo hay sobresalto, miedo, descubrimiento, ternura, que desembocan en el poema <em>Bañista</em>, donde se sumerge en el mar de los pintores. Hay canto y balbuceo, hay un lanzar al vacío las palabras para que vayan por delante exploradoras buscando descubrir y descubrirnos: "El / silencio como un gran / oído / nos escucha".</p><p> </p><p><strong>Lorenzo Oliván</strong></p><p><strong>Tusquets (2022)</strong></p><p>Hace solo dos años que<strong> Lorenzo Oliván</strong> (Castro Urdiales, 1968) presentó una antología de sus seis poemarios publicados hasta entonces. La llamó <em>Las percepciones islas</em>. Adelantaba en ella seis poemas de esta nueva entrega que ahora llega, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-los-danos/350453" target="_blank"><em>Los daños</em></a>. Él mismo ha definido su estilo como <em>El ojo que piensa</em>, para advertirnos de que escribe los poemas mirando en derredor y buscándose a sí mismo en las cosas que mira, intentando comprender y constatando con sereno estupor que la razón no le alcanza: "Debajo de la piel del mundo o de nosotros casi todo es abstracto. […] La realidad, de forma paradójica, resulta realista sólo al primer vistazo y en su primera piel". </p><p>No se conforma <strong>Oliván </strong>con este contratiempo, no renuncia a prospectarse, a contemplar analizando, aunque poco a poco ha ido acercando su campo de visión pues le ha quedado claro que la lejanía solo es una sustancia más que uno absorbe para profundizar en sí mismo: "Al perderse tu vista allá en el horizonte, / notas que de repente te da un vuelco / tanta contemplación. // Caes de ti. // Como un párpado". Escuchar a Bach es otra manera de acercarse: "sientes cómo la música persigue / siempre a la propia música". Y algo parecido ocurre con la pintura: "Pintar es penetrar el fondo del secreto, una forma indirecta de cavar, de desvelar una tensión oculta. En ella solo cuenta la energía de la mirada interna". </p><p>Según <strong>Oliván</strong>, venimos a la tierra como astronautas de nosotros mismos y bebemos de los rostros como las plantas beben de la luz. Pero los significados nos huyen. Las palabras, por ejemplo, "en sí no valen nada. / Lo que importa, en el fondo, es qué las mueve; / lo que importa, en el fondo, es que se muevan". Y, como a <strong>Oliván </strong>le gustan los contrastes y las paradojas, añade que "hay un desierto de las no presencias / junto a lo presenciado / un laberinto alzado con los caminos que jamás tomaste". El objetivo final, lo que <strong>Oliván </strong>está buscando en cada verso es "¿Qué diablos será el yo? ¿Un impacto constante?".</p><p><strong>José Luis Vidal Carreras</strong></p><p><strong>Renacimiento (2022)</strong></p><p>Como si fuera una continuación de su libro anterior, <em>Flores de la inocencia</em> (2021), <strong>José Luis Vidal Carreras </strong>(Vitoria, 1954) propone <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/calle-del-aire/2726-luz-que-regresa.html" target="_blank" >una nueva entrega de poemas breves</a>, centrados en la observación de la naturaleza desde lo elemental más ingrávido y más puro. La mayor parte de las piezas reducen su tamaño hasta concentrarse en los tres versos que identificamos cono haikus, aunque en algún momento <strong>Vidal Carreras </strong>nos advierte que no son tales: "Este estribillo / sería un haiku / si yo estuviera de más".  No está de más el poeta, no se borra de lo que está viviendo, sino que participa, si bien de forma sutil y no en todos los poemas: "Qué poco pesa / estar despierto" o "Soy un añico / de algo más grande / que se ha caído". </p><p>Otra manera de incluirse, en este caso más frecuente, es señalar, más allá de las cosas visibles, las que el propio autor ha atisbado de forma azarosa; me refiero a ese primer golpe de vista que nos rebela un trampantojo antes de que la propia mirada nos corrija: "Con un pie solo / rechaza un perro / a la pared" o "La brisa / eriza el vello / de los sembrados". A veces intervienen otros sentidos en esa intuición pasajera, que tendemos a olvidar de inmediato y que sin embargo el poeta ha rescatado para su libro: "De madrugada / oigo a la luna / que bebe sola" o "A través de mi oído / pasan las aves / sin dejar rastro". </p><p>En ciertos pasajes, la audacia de estas intuiciones recuerda un poco las greguerías de<strong> Ramón Gómez de la Serna </strong>o el egolirismo de <strong>Juan Ramón Jiménez </strong>("Algo de tu belleza / te faltará / cuando yo calle"). Este parecido en ningún momento alcanza la arrogancia de aquel ni el afán protagonista de este. Se trata casi siempre de fragmentos livianos del caleidoscopio del mundo que a veces logran la incandescencia: "Silla de enea, / vieja nodriza / que me tutea". O elevan una queja ("Nada más triste / que la playa vacía: / botes, vidrios, papeles… / que no se han ido"). En definitiva son formas de agradecer el asombro que nos proporciona la consciencia: "Me despierto… / y el mundo no me falla".</p><p> </p><p><strong>Olivia Martínez Giménez de León</strong></p><p><strong>Candaya, 2022</strong></p><p>Como dijo <strong>Machado</strong>: hablo con el hombre que siempre va conmigo; y de esta conversación con uno mismo suelen salir los poemas. Aunque los poetas solemos retocar lo que nos decimos antes de transcribirlo porque no todo vale, lógicamente. Se trata de transmitir emociones, y surgen dudas y autobloqueos. Muchos autores, de hecho, prefieren incluso no saber qué están diciendo. Así que los poetas corregimos nuestra conversación, la matizamos, la hacemos digerible para soportarla nosotros mismos y para adaptarla a una fórmula, a una manera de decir que pueda insertarse en la tradición, que no deja de ser un corsé. </p><p>Por eso nos impacta tanto cuando alguien parece haber suprimido el filtro. Pasó en su día, por ejemplo, con el primer libro de <strong>Pablo García Casado</strong> (<em>Las afueras</em>, 1997). Ahora pasa con <a href="https://www.candaya.com/libro/los-anos-del-hambre/#:~:text=Por%20Briseida%20Zenobia%2C%20Todoliteratura%2C%203,el%20sexo%20y%20el%20placer%E2%80%9D." target="_blank" >este libro</a> de<strong> Olivia Martínez Giménez de León </strong>(Alicante, 1980). En parte nos cala lo que dice porque le llama al pan pan y al vino vino: "he follado como dando de comer a una fiera". Tampoco nos engañemos: hablar a lo llano es tan antiguo que, por ejemplo, <strong>Catulo </strong>ya lo hacía. Pero hay que saber decirlo para que nos llegue como nuevo. Los años del hambre es un libro en el que una mujer se va contando a sí misma sus problemas con la identidad y con la anorexia, una relación de amor furtiva... </p><p>Tampoco los temas son novedosos, y sin embargo consigue que suenen verdaderos. Se habla a sí misma sin saña y sin componendas, con la crudeza de quien no tiene nada que perder. Cada verso es una emoción y un martillazo. Y los leemos con el convencimiento íntimo de que son auténticos, que desde el primero hasta el último retratan una vida, su vida. A estas alturas, en estos tiempos de bulos y de hipocresías, cualquier ciudadano, pero en especial el lector de poesía, lo que busca es autenticidad. Y aquí la encuentra. Lo que no significa que no haya literatura, mucha y bien disuelta: "Hoy también has soñado. Llevas anillada la lengua al silencio: es tiempo de callar, te dices […] Si dices monstruo, el monstruo aparece y el monstruo eres tú. Así que te sumerges en la profundidad de la ballena. Para no decir nada".</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog </em><a href="http://articulosdearturotendero.blogspot.com/" target="_blank"><em>El mundanal ruido</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Sep 2022 19:00:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Observar y que el silencio hable]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Voix Vives: poesía para cambiar el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/voix-vives-poesia-cambiar-mundo_1_1317351.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/be3c191c-1777-4d91-8905-a7e3e8269372_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Voix Vives: poesía para cambiar el mundo"></p><p>Mientras mucha gente se sigue preguntando si la poesía tiene alguna utilidad, en <a href="https://www.google.com/search?q=Voix+Vives&sourceid=chrome&ie=UTF-8" target="_blank"><strong>Voix Vives</strong></a> lo tienen claro: llevan casi una década organizando un festival poético en Toledo, el primer fin de semana de septiembre, con el objetivo de cambiar el mundo. No son unos indocumentados; como dice el profesor universitario<strong> Antonio Orihuela</strong>, "nos lo proponemos desde la humildad, desde lo pequeño; nuestros resultados son muy modestos, pero provocan cosas". También la directora del evento, <strong>Alicia E. Martínez</strong>, admite que la transformación hacia un mundo más amable y un consumo más responsable tiene que ser lenta por fuerza. Pero lo importante es empezar.</p><p><strong>Alicia E. Martínez</strong> y su compañero<strong> Isaac Alonso</strong> empezaron a organizar el Festival en 2013 junto a la poeta Elena Román. Dos años antes habían aceptado una invitación de la Association Libre Culture, la entidad que se inventó y que puso en marcha <em>Voix Vives</em> en Francia, en la ciudad de Sète, considerada la Venecia del Languedoc y cuna de <strong>Brassens </strong>y <strong>Valèry</strong>. Desde allí siguen trabajando para exportar el proyecto a otras ciudades del Mediterráneo. <strong>Martínez </strong>aclara que de momento sólo ha cuajado en la italiana Génova, en la palestina Ramala y en la castellanomanchega Toledo.</p><p>Explica <strong>Martínez </strong>que el acceso libre a la poesía y su difusión en lugares públicos sin que sean necesarias convocatorias son dos de los requisitos que se plantean. Se trata de que los visitantes, pero también los propios vecinos, se encuentren la poesía, sin buscarla, en los lugares más cotidianos e inesperados de la ciudad: por supuesto en las plazas, pero también dentro del pan que compran en la panadería o en una sección de <em>aquagym</em>, como ha ocurrido en esta edición. Así, sin ceremonias ni intermediarios. Otro requisito es vincular ciudades mediterráneas, hermanar orillas "falsamente separadas por culturas impuestas". Incluso ampliar el encuentro con nuevas incorporaciones, como los países francófonos o Latinoamérica. El Festival no solo da la voz a los poetas, también traduce poemas y fomenta el intercambio entre editoriales.</p><p>Pero, ¿de qué manera contribuye todo esto a cambiar el mundo?<strong> Antonio Orihuela</strong> explica que "no cabe responder al discurso totalitario de la televisión y los medios masivos de comunicación; tienes que asumirlo y ya está. A la poesía solo le queda permanecer fuera de escena como potencia política, porque la poesía está para emocionar no para disputarle al poder su territorio. Eso sí, desde la debilidad, evitando la guerra abierta, tenemos que aprovechar oportunidades como estos encuentros para devolverle a la gente ese don que es como una magia: algo que hacíamos y nos regalábamos unos a otros. Está claro que, si queremos cambiar el mundo, primero tenemos que cambiarnos a nosotros mismos y después extender ese cambio en nuestro entorno".</p><p>De momento, la directora de <em>Voix Vives</em> en Toledo enumera los logros conseguidos en su edición de 2022: "hemos traído 20 poetas a la escena oficial, 100 a la escena libre, 50 a la plaza Violeta. Y calculamos que han asistido unos 5000 espectadores, si vamos sumando las distintas escenas". Todo esto sin contar la organización, en la que se mueven medio centenar de jóvenes toledanos que participan como voluntarios. Su función consiste, entre otras cosas, en acoger y guiar a los poetas participantes por los recovecos del laberinto medieval. Y son los primeros beneficiados del evento porque no solo aprenden de la poesía que escuchan, sino que también cambian su forma de acceso a la cultura y se convierten en gestores y productores culturales. De ese impulso han nacido iniciativas nuevas y algún poemario de los que participaron como voluntarios en las primeras ediciones.</p><p>Para gestionar esta complejidad, <strong>Alicia E. Martínez</strong> explica que han creado una asociación, <em>El Dorado Activismo Cultural</em>, con Elena Román, Eddie J. Bermúdez y Carlos Ávila. Se nutren de espacios como <em>Matadero Lab</em>, que coordina el voluntariado, y <em>La Divergente, una cooperativa integral que</em> tiene su sede en un local anexo al mercado de abastos de Toledo. Desde esta otra plataforma, que funciona también como bar y como punto de encuentro de vecinos y visitantes, coordinan proyectos locales y sobre todo trabajan para conseguir la transición a una economía social y solidaria. El modelo de cooperativa integral viene de Sudamérica y se acogieron a esta fórmula porque les facilita la sostenibilidad, apunta <strong>Martínez</strong>.</p><p>Añade que <em>Voix Vives</em> afronta estos retos con un presupuesto de 25 mil euros, que sigue siendo modesto si se compara con otros eventos similares. Sin embargo, poco a poco, las instituciones públicas han ido tomando conciencia. Por ejemplo, la consejería de Cultura de Castilla-La Mancha les cede el castillo de San Servando y desde la <em>Fundación Impulsa</em> contribuye también económicamente. Quizá la asignatura pendiente sea embarcar a la gran empresa privada, pero no se conquistó Roma en un día y cambiar el mundo es una tarea que requiere paciencia. A los organizadores de <em>Voix Vives</em> parece que les sobra.</p><p> ___________________________</p><p><em><strong>Arturo Tendero</strong></em><em> es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022).  Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Sep 2022 19:00:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Arturo Tendero]]></author>
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