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    <title><![CDATA[infoLibre - Alberto Piris]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/alberto-piris/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Alberto Piris]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Resultado final: "EEUU 3 — Europa 0"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/resultado-final-ee-uu-3-europa-0-ucrania-putin-guerra-ee-uu-europa_132_1236721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6ae8c4ab-9ab1-4caa-b7c4-8b1063505a03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resultado final: "EEUU 3 — Europa 0""></p><p>Los <strong>efectos de una guerra</strong> no siempre son perceptibles de modo directo. Y en bastantes ocasiones pueden ser <strong>contrarios al fin último</strong> por el que se desencadenó.</p><p>Son numerosos los ejemplos que la Historia proporciona al respecto. Así, en la época de las descolonizaciones, muchas guerras "de la independencia" desencadenadas por pueblos que deseaban recuperar su soberanía y huir de la explotación a la que estaban sometidos por las metrópolis acabaron regidos por gobiernos de su propia naturaleza pero tanto o más tiránicos que los derrotados. Al fin y al cabo, <strong>aprender a colonizar también tiene su mérito</strong>.</p><p>El resultado final de la 1ª Guerra Mundial encerró los gérmenes que desencadenarían la 2ª, cuya conclusión, a su vez, preparó el terreno para los innumerables conflictos que se extendieron sobre todo el planeta y cuyos efectos todavía se sienten hoy.</p><p>Algo parecido va a suceder con la actual guerra entre Rusia y Ucrania. Merece la pena extenderse en ello. El resultado probable del actual conflicto puede ser una larga y penosa <strong>guerra de desgaste</strong> o puede concluir con la <strong>partición acordada</strong> de Ucrania, entre otras hipótesis. No entra en este análisis la posibilidad de una <strong>guerra total</strong> entre las potencias nucleares, la <strong>derrota militar de Rusia</strong> ni el <strong>derrocamiento</strong> del presidente ruso que cambiara radicalmente el panorama político. Aunque ninguna de ellas es totalmente descartable. Sin embargo, sea cual sea ese resultado, esto <strong>no afecta</strong> a lo que aquí se va a comentar.</p><p>En cualquier caso, el <strong>primer efecto</strong> de la conclusión de esta guerra sería la <strong>recuperación del pueblo ucraniano</strong> tras los catastróficos efectos del conflicto sobre su demografía, economía e infraestructuras. Y el comienzo de una necesaria reconstrucción que le permita volver a tomar las riendas de su destino. Reconstrucción de la que los países que hoy se dicen sus aliados sabrán extraer los habituales beneficios.</p><p>Un <strong>segundo efecto</strong> tiene todavía mayor relevancia: la <strong>creciente popularidad de la OTAN</strong> como garantía de seguridad para los pueblos del continente europeo. Tras haber sido considerada como una <strong>alianza militar inútil</strong>, cuando bruscamente desapareció el enemigo que la hizo nacer y desarrollarse, o encontrándose en <strong>"muerte cerebral"</strong> (Macron <em>dixit</em>), cuando acumulaba un fracaso tras otro, ha pasado a ser <strong>ansiosamente deseada</strong> por todos los que miran con recelo a la nueva Rusia "de Putin".</p><p>Que Finlandia y Suecia <strong>rompan su neutralidad</strong> para solicitar su ingreso en ella es un síntoma claro de que muchas percepciones populares han cambiado en los últimos años. El grupo de países europeos "no alineados" (Irlanda, Austria, Finlandia, Suiza, Suecia, Malta y Chipre) ha perdido dos significativos miembros y <strong>la OTAN respira, aliviada</strong>. Quizá también ensoberbecida, tras un periodo algo humillante.</p><p>Sin embargo, el <strong>tercer efecto</strong> de esta guerra es el más crítico: Putin, al invadir Ucrania con vagos pretextos, ha puesto a Europa a los pies de EE.UU. Las discusiones sobre la creación de una fuerza militar autónoma, propiamente europea y que no dependiera de ningún país extranjero, han recibido un golpe mortal. <strong>Washington vuelve a ser la capital de la que depende en último término la defensa militar de Europa</strong>. Una anomalía que ya rechazó De Gaulle y que siempre ha sido el punto vulnerable para alcanzar una Europa plenamente independiente.</p><p>De ahí que <strong>los europeos volvamos a pisar terreno resbaladizo.</strong> ¿Y si en la Casa Blanca se instala en 2025 un presidente de estilo <em>trumpiano</em>, que desprecie a la OTAN y que invierta el sentido de la política exterior de Biden? Ya ocurrió una vez y puede volver a ocurrir.</p><p>De ahí que el resultado final de este conflicto podría describirse, por el momento, con una sola frase: <strong>"Putin ha logrado que Europa dependa otra vez de EE.UU." </strong>Seguramente no lo buscó, pero lo ha conseguido.</p><p>No solo dependerá <strong>militarmente</strong>, puesto que será la industria militar de ese país la que provea de armamento a los Estados europeos, remilitarizados siguiendo las exigencias de la OTAN, y también desde EE.UU. llegarán algunos de los <strong>recursos energéticos</strong> que ya no enviará Rusia. <strong>Triple éxito para Washington</strong>. La aventura iniciada por Putin puede tener un claro resultado final: "Europa 0 — EE.UU. 3". No es un marcador del que enorgullecerse.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 May 2022 17:51:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Resultado final: "EEUU 3 — Europa 0"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Disuasión, fronteras e inmigrantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/disuasion-fronteras-e-inmigrantes_132_1221886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/750a7f2e-3126-4289-b69d-921aeb220015_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Disuasión, fronteras e inmigrantes"></p><p>Los recientes <strong>intentos multitudinarios de entrada forzada </strong>de inmigrantes en Melilla, junto con la vieja polémica sobre el uso de <strong>distintos tipos de alambradas</strong>, han vuelto a poner en tela de juicio la idea fundamental del sistema fronterizo: el acero de las alambradas y la acción policial disuadirán —se dice— a los inmigrantes que intentan penetrar ilegalmente en territorio español. Merece la pena dedicar atención al asunto.</p><p>El <strong>concepto de disuasión </strong>sirvió para asentar la Guerra Fría a mediados del siglo pasado, cuando se trasladó al campo nuclear: la "disuasión nuclear". Una acumulación creciente de armas de destrucción masiva que, según algunos, garantizó la paz internacional. Otros han sostenido la idea de que los principales beneficios de la disuasión fueron a recaer en las grandes corporaciones del armamento, a cambio de <strong>destruir las estructuras sociales de la paz </strong>y de generar un trasfondo de miedo que contribuyó a <strong>deteriorar los fundamentos de la democracia</strong>.</p><p>De cualquier modo, aquella disuasión poco tiene que ver con lo que se aduce respecto a la frontera melillense. Esto es así porque la disuasión nuclear fue (y sigue siendo) "activa", es decir, depende de la voluntad de los gobernantes para amenazar con sus armas y crear situaciones favorables, según su modo de entender las relaciones internacionales. No ocurre lo mismo con las defensas fronterizas aquí discutidas, que constituyen una <strong>disuasión "pasiva"</strong>: una vez instaladas, <strong>su acción solo se hace sangrienta cuando "son atacadas" </strong>por los que van a sufrir sus efectos. Este es el núcleo del asunto<strong> </strong>al que me refiero.</p><p>Cierta <strong>racionalidad presente en los gobernantes </strong>de los dos bandos enfrentados durante la Guerra Fría hizo que no surgieran los hongos nucleares a los que abocaba forzosamente cualquier <strong>fallo en la disuasión</strong>. La comparación entre las ventajas y los inconvenientes que traería consigo el recurso a lo nuclear no paralizó la carrera de armamentos pero sí bloqueó los botones de FUEGO de los lanzadores de misiles y "lo impensable" no llegó a producirse.</p><p>Se cree que las defensas fronterizas <strong>disuadirán a los inmigrantes </strong>(y aquí entra el tercer término del título de este comentario). Las alambradas pueden causar heridas e incluso la muerte por desangramiento, como ya ha ocurrido en algún caso. Pero esa disuasión pasiva, esa amenaza de sangre, dolor y padecimiento, tendría que ser superior a la denodada voluntad de los inmigrantes para completar su penoso recorrido, cuando solo les quedan unos metros para alcanzar la meta.</p><p>Ellos están al final de una larga odisea que comenzó semanas, meses o años antes y que consumió los escasos recursos de una familia, allá en África o Asia, que todo lo espera de su éxito; la creciente ansia<strong> </strong>de los que cada vez ven más próximo el final de su sufrimiento es lo que da al traste con la teoría de <strong>la disuasión: carece de valor frente a la desesperación </strong>que les lleva a saltar la valla y a agredir a las fuerzas policiales.</p><p>Incluso durante la era de la disuasión nuclear, las pocas veces que ésta estuvo a punto de fracasar lo fue por algún ramalazo de <strong>desesperación política o militar</strong>, cuando los obstáculos, las sospechas o las desconfianzas hacían temer a los gobernantes que pisaban terrenos resbaladizos donde no se sentían seguros y perdían el control de su poder. Recuérdese que el primer incidente político serio de esta naturaleza se produjo con motivo de la Guerra de Corea, cuando en marzo de 1951 el general MacArthur pretendió poner fin definitivo a un conflicto cuyo desenlace no se veía claro, atacando a China con armas nucleares<strong> </strong>por su participación en el conflicto. El presidente Truman lo destituyó, levantando una gran controversia política en EE.UU.</p><p>Los inmigrantes que periódicamente asaltan con desesperación la muralla que les separa de ese mundo en el que pretenden rehacer sus vidas son <strong>inmunes a esa teoría de la disuasión </strong>que exige reforzar el muro europeo, incluyendo el segmento español en África. El error fundamental de la polémica no se halla tanto en los medios alambradas, perímetros defensivos y demás) como en la finalidad buscada. Solo por esta vez (y sin que sirva de precedente) suscribo lo que hace algún tiempo declaró un portavoz de los obispos españoles: "No se puede atentar contra la vida de unas personas desvalidas que buscan mejorar su vida... El <strong>inmigrante no es un peligro</strong>, es alguien que <strong>aporta riqueza </strong>a la construcción social del país".</p><p>La cuestión solo podrá resolverse <strong>atacando a las causas que inducen a esa desesperación ciega </strong>que mueve a las personas y a las muchedumbres angustiadas y las hace inmunes a cualquier medio de disuasión.</p><p>________________________</p><p><em><strong>Alberto Piris </strong></em><em>es general de Artillería en la reserva y diplomado de Estado Mayor</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Mar 2022 18:34:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Disuasión, fronteras e inmigrantes]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Anticipando el próximo golpe en EEUU]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/blogs/foro-milicia-democracia/anticipando-proximo-golpe-eeuu_129_1216915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/474e1ca7-497b-4af3-b26d-5a0f689e2bb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Anticipando el próximo golpe en EEUU"></p><p>A mediados del pasado mes de diciembre, <strong>tres generales retirados del Ejército de EE.UU.</strong> expresaron a través del <em>Washington Post</em> su temor de que, si se repitiera una grave crisis como la del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, habría <strong>sectores de las Fuerzas Armadas</strong> con los que no podría contarse para defender al Gobierno legítimamente formado. Es decir: <strong>apoyarían una nueva insurrección</strong>.</p><p>"<strong>Sentimos escalofríos</strong> ante la idea de que un golpe pudiera tener éxito la próxima vez", escriben textualmente. Recuerdan que una de las fortalezas de los ejércitos es su variada composición humana, con personas de distintas creencias, culturas y opiniones, pero insisten en que si esto no se maneja cuidadosamente "cabe la <strong>posibilidad de un colapso militar</strong> que refleje la descomposición social y política" que se observa hoy en EE.UU.</p><p>En la acción insurreccional de 2021 participaron militares retirados y en activo, e incluso surgió un grupo de altos jefes, autodenominado <em>Flag Officers 4 America</em>, que publicó una carta <strong>apoyando las falsas acusaciones de Trump</strong> contra la legitimidad del proceso electoral.</p><p>La posibilidad de una ruptura de la cadena de mando según líneas partidistas es algo muy grave si se repitiese un movimiento insurreccional, porque puede conducir a la formación de unidades militares que obedezcan al presidente electo y otras, al candidato derrotado, lo que<strong> inevitablemente abocaría a una guerra civil.</strong></p><p>Los acontecimientos de enero de 2021 mostraron una <strong>increíble falta de previsión militar</strong>. El entonces Secretario de Defensa testificó posteriormente que había impedido proteger militarmente el Capitolio, mientras que el Jefe del Estado Mayor Conjunto se apresuró a comprobar que la cadena de mando nuclear (el "botón rojo") no había sido perturbada por los amotinados.</p><p>Ante el proceso electoral del medio mandato en 2022 y la elección presidencial de 2024, los generales citados afirman que "hay que prepararse para lo peor". Sugieren refrescar las leyes de la guerra que autorizan la <strong>desobediencia ante órdenes ilegales</strong>, confirmar y establecer claramente las cadenas de mando, para que nadie ignore de quién depende en caso de un conflicto nacional.</p><p>No está de más identificar en los cuarteles a los potenciales amotinadores, detectar propaganda orientada a la rebelión y vigilar su difusión. Concluyen recomendando que el Departamento de Defensa ensaye "juegos de guerra" <strong>relacionados con el traspaso del poder presidencial</strong> tras unas elecciones, para detectar los puntos vulnerables y garantizar que el proceso se desarrolle sin violencias ni insurrecciones.</p><p>Su alegato concluye así: "Los militares y los legisladores poseen preparación y habilidad suficientes para evitar otra insurrección en 2024, pero solo lo conseguirán<strong> si toman ya hoy acciones decisivas</strong>".</p><p>Tiene que ser "hoy" porque, según algunos analistas de la situación, "El peligro de un golpe [de Estado] en las próximas elecciones en EE.UU. es hoy mayor que lo que fue durante la presidencia de] Trump", como se leía en <em>The Guardian</em> el pasado 3 de enero. Esto no es un problema solo de EE.UU. Afecta a todos los países que aspiran a vivir en democracia y <strong>evitar a los nuevos Trump </strong>que pueden surgir en cualquier parte del mundo. Y no conviene esperar a que la última línea de defensa sea la militar, pues es evidente que no está del todo preparada para este tipo de ofensiva.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jan 2022 20:03:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Donald Trump,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿A quién beneficia otra Guerra Fría?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/beneficia-guerra-fria_1_1213093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb449001-c07b-4fbd-b5b2-aa1b8cd791ef_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="¿A quién beneficia otra Guerra Fría?"></p><p>La Humanidad está ahora aquejada por una <strong>pandemia</strong> que requiere esfuerzos y atención a todos los niveles de la política y la ciencia. Está sufriendo ya los primeros trastornos de una <strong>emergencia climática</strong> que puede dar al traste con los cimientos de nuestras civilizaciones y culturas. Y no solo eso: cada vez son más quienes empiezan a <strong>dudar de los valores de la democracia</strong>, puestos en tela de juicio y atacados a través de los nuevos medios de comunicación interpersonal, donde verdad y mentira tienen el mismo peso. A esto se añade la constatación de que el <strong>sistema económico mundial genera desequilibrios</strong> entre las sociedades y dentro de ellas, provocando un creciente descontento que impulsa a millones de seres humanos a la<strong> </strong>emigración.</p><p>En tal coyuntura es <strong>obligado preguntarse: ¿A quién beneficia una nueva Guerra Fría?</strong> Porque en los últimos tiempos se han dado <strong>pasos hacia ella que parecen irreversibles</strong>. Uno es especialmente peligroso: El Gobierno de EEUU y sus aliados han generado <strong>una evidente aceleración militar en el Oriente asiático,</strong> que parece <strong>dirigida contra China</strong>. La consolidación de la <strong>alianza conocida como AUKUS</strong> (Australia, Reino Unido y Estados Unidos) está encaminada a una situación que <strong>podría derivar en una guerra nuclear</strong> entre los dos países más potentes y ricos del planeta.</p><p>Aunque ante la Asamblea General de la ONU Biden declaró que lo último que él desea es "una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en dos rígidos bloques", <strong>los hechos parecen apuntar en otra dirección</strong>. Para advertir esa paradoja basta <strong>imaginar otro escenario mundial</strong>. Suponga el lector que China, Rusia y Venezuela anunciasen su alianza en un bloque militar. Como consecuencia de ello, se instalarían <strong>bases militares chinas en Venezuela</strong> con el consiguiente despliegue de tropas. Por <strong>el Caribe navegarían buques y submarinos chinos o rusos</strong> y volarían aviones de la misma nacionalidad. Éstos y los buques-espía registrarían las actividades de EE.UU. y en aguas atlánticas, no lejos de las costas americanas, se desarrollarían maniobras aeronavales chino-rusas. Venezuela recibiría submarinos de propulsión nuclear y podría <strong>almacenar uranio </strong>habilitado para armas nucleares. <strong>¿Cómo reaccionaría el Pentágono?</strong></p><p>Nada de lo anterior es cierto, pero <strong>permite entender la perspectiva china</strong> de la situación geoestratégica en la que se encuentra, si en vez de Venezuela, el Caribe y Rusia, se observa el mar de la China Meridional, Corea, Japón y Formosa y el nuevo tratado AUKUS.</p><p>Washington ha calificado dicho tratado como apuntando a "<strong>un futuro de paz</strong> y oportunidades para todos los pueblos de la región". <strong>Desde China la visión es muy distinta</strong>: EEUU tiene <strong>varias bases militares</strong> de Australia y otras 300 repartidas por el Este asiático, mientras que China no posee ninguna base en el hemisferio occidental ni próxima a las fronteras de EEUU. Además, <strong>los países miembros del AUKUS han sostenido recientemente guerras</strong> en Afganistán e Irak, en África, desde Libia hasta Yemen y Somalia, y en Filipinas. Por el contrario, los últimos enfrentamientos armados que China ha mantenido fuera de sus fronteras fueron una breve guerra en Vietnam en 1979 y unos conflictos fronterizos con la India en 2020.</p><p>Es así como se pueden entender algunas acciones de rearme chino que, sin ser amenazadoras para Occidente, buscan <strong>romper cierta sensación de acoso.</strong> Porque la realidad fácilmente comprobable y objetivamente irrebatible es que <strong>China no es rival militar para EEUU, pero sí lo es en los terrenos económico y político.</strong></p><p>No hay que ser muy avispado para entender que una nueva Guerra Fría entre EE.UU. y China <strong>solo beneficiaría a las grandes corporaciones mundiales del armamento</strong> en los países que ocupan los puestos de cabeza en las tecnologías bélicas. Los pueblos de la Tierra nada ganarían con ella.</p><p><em>_____________Alberto Piris es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</em></p><p><strong>Alberto Piris</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Nov 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿A quién beneficia otra Guerra Fría?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El patrimonio mundial del exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/patrimonio-mundial-exilio_1_1211935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb449001-c07b-4fbd-b5b2-aa1b8cd791ef_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El patrimonio mundial del exilio"></p><p><strong>Oliver Wainwright</strong> es un joven arquitecto británico, prolífico escritor y crítico en cuestiones de arquitectura y urbanismo. El pasado 14 de octubre escribió en <em>The Guardian</em> un interesante artículo que merece la pena poner al alcance de los lectores españoles.</p><p>Conviene recordar que la UNESCO estableció en 1972 la figura de "patrimonio de la Humanidad", de tipo cultural o natural, atribuible a aquellos lugares que, por diversas razones, constituyen un "<strong>valor universal excepcional</strong>".</p><p>Así, en España nos enorgullecemos de poseer casi medio centenar de tales sitios, solo rebasados en número por Italia y China. Desde el Palmeral de Elche a la arquitectura urbana de Ávila, Alcalá o Baeza, por citar solo pocos. Hay otros de renombre mundial, como la<strong> Gran Muralla</strong> china, el Taj Mahal indio, el <strong>Machu Pichu </strong>peruano o la Acrópolis ateniense.</p><p>Sin embargo, para Wainwright, el lugar donde fue hecha la fotografía adjunta, merecería también los honores de ser patrimonio mundial de la humanidad. <strong>Veamos las razones que aduce.</strong></p><p>Es el campo de refugiados palestinos de Dheisheh, próximo a Belén, y de él trata una exposición que acaba de inaugurarse en Londres con el propósito de transformar la idea habitual de "patrimonio de la humanidad".</p><p>El citado campo se organizó en 1949 para albergar a unos tres mil palestinos expulsados de sus hogares por las milicias judías durante la guerra árabe-israelí. Desde entonces ha ido creciendo hasta alojar a unas quince mil personas. En sus comienzos era un campamento de estructura militar establecido por la Agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) en territorio jordano, pero cuando se vio que el conflicto no tendría solución inmediata, la ONU inició la construcción de alojamientos familiares, a razón de un metro cuadrado por persona y un cuarto de baño para cada quince viviendas. Al paso de los años, se añadieron espacios habitacionales de modo irregular según las necesidades de cada familia. Surgieron comercios, escuelas, mezquitas y hasta un centro comunitario, todo ello en menos de medio kilómetro cuadrado.</p><p>Su aspecto desordenado e incompleto tiene una buena razón: este campo es el resultado de vivir en un "<strong>limbo perpetuo</strong>", en palabras de Wainwright, con la esperanza de regresar algún día a los hogares perdidos, es decir, algo así como una "temporalidad permanente". En él, las familias se agrupan según los pueblos de procedencia, en algunos casos muy cercanos aunque separados de ellos por el enorme muro israelí de seguridad.</p><p>Los refugiados creen que si hacen del campo su hogar ponen en peligro su derecho al retorno. Intentan mejorar sus condiciones de vida, pero sin admitir que están en su hogar (definitivo). Se piensa mal de los que embellecen demasiado sus alojamientos. Pero la realidad es muy distinta. En los setenta años transcurridos, sus pueblos de origen se han transformado: algunos se ha convertido en parques nacionales israelíes, con espacios recreativos donde estaban las viviendas palestinas; otros son polígonos industriales, pero la mayoría han sido arbolados. <strong>"La vegetación sirve para ocultar los crímenes</strong>", comentaba un exiliado. Este es, desgraciadamente, el "patrimonio del exilio", un vivir en temporalidad permanente.</p><p>Pero ¿se dan las condiciones que exige la UNESCO para declararlo patrimonio de la humanidad? Tomando al pie de la letra lo que pide la Organización, el valor universal de un patrimonio mundial depende de su capacidad para "desbordar los límites nacionales". Los organizadores de la exposición londinense se preguntan: ¿Cómo puede quedar registrado oficialmente el patrimonio de lo que es una cultura del exilio? Los sitios patrimonio mundial de la humanidad solo pueden ser elegidos por los Estados: ¿<strong>cómo se puede valorar el patrimonio de los pueblos sin Estado</strong>?</p><p>La imposibilidad del objetivo propuesto lo hace más entrañable, pues nunca llegará a materializarse ante la UNESCO: Dheisheh es un lugar extraterritorial, arrancado de un Estado soberano (Jordania) y hogar de un pueblo sin Estado, por lo que nadie podrá cursar la petición.</p><p>En un mundo con más de <strong>80 millones de personas desplazadas</strong>, parece de justicia que la "cultura del exilio" ocupe un lugar importante en las inquietudes de la humanidad. Aunque solo sea porque en esas circunstancias no cabe pensar en democracia: la urgencia es sobrevivir. De ahí que en un foro como este, donde se discute sobre Milicia y Democracia, no sea superfluo sacar a la luz las penurias de los refugiados palestinos de Dheisheh.</p><p><em>_____________Alberto Piris es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El patrimonio mundial del exilio]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Escrito hace veinte años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/escrito-veinte-anos_1_1211228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9dff2e96-8881-42c2-92f2-ea9adb63d233_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escrito hace veinte años"></p><p>En <strong>noviembre de 2001</strong>, el brutal atentado de AlQaeda contra EEUU era la herida más reciente que había sufrido la humanidad. En octubre, el presidente Bush había iniciado lo que llamó "Guerra contra el terrorismo" y en pocos días la invasión militar de EEUU aplastó a los talibanes afganos.</p><p><strong>No se sabía entonces</strong>, pero esto fue el comienzo de una guerra que <strong>duraría 20 años</strong>, no obtendría <strong>ninguno</strong> de los objetivos que se había propuesto, consumiría más de <strong>8 billones de dólares</strong>, produciría casi <strong>400.000 muertes</strong> en la población civil afgana y terminaría <strong>vergonzosamente</strong> con la retirada ejecutada por Biden el presente año, sin siquiera consensuarla con los aliados <strong>(entre ellos, España)</strong> que habían participado en tan funesta aventura. <em>America first!,</em> otra vez.</p><p>Con el título <em>¿Soldados a Afganistán?, </em>el día 16 del mes citado de aquel año, escribí en el diario <em>Estrella Digital</em> el artículo que me permito poner hoy al alcance de los lectores de este foro. Ahora que en Europa se <strong>desconfía de la OTAN</strong>, se ve lejano a <strong>EEUU,</strong> se mira con recelo a <strong>Rusia</strong> y no se sabe cómo abordar la expansión de <strong>China</strong>, es interesante comprobar lo poco que <strong>veinte años de guerra, muerte y destrucción</strong> nos ha hecho avanzar.</p><p><strong>Reproducción literal del texto citado</strong></p><p>"En la euforia bélica que <strong>la caída de Kabul</strong> ha desencadenado desde Afganistán a Washington, hasta el Gobierno español ha sugerido con entusiasmo la posibilidad de enviar contingentes de tropas para la futura<strong> fuerza de pacificación </strong>que haya de crearse en Afganistán. Esto, supuesto que la paz llegue allí en algún momento y pueda pensarse en reconstruir lo que más de dos décadas de guerras continuas han arrasado. Y suponiendo, también, que tropas de países tan remotos y extraños como España, Italia o el Reino Unido tuvieran algo que hacer en el complicado <strong>mosaico étnico</strong> de ese país, donde ni siquiera los propios afganos han sabido organizarse en forma coherente y autónoma durante varios decenios.</p><p>Sin embargo, antes de dispersar los <strong>no muy numerosos efectivos de combate </strong>de las Fuerzas Armadas Españolas desde los Balcanes hasta Asia Central, no sería malo tener aseguradas, al menos a un nivel mínimo, las hipótesis menos favorables de lo que pudiera suceder bastante más cerca. No vaya a ocurrir que, intentando contribuir a sacar las castañas del fuego a afganos o kosovares, nos encontremos con la sorpresa de no poder ayudar del mismo modo a ceutíes o melillenses, recientemente amenazados, y en forma no muy velada, en la Asamblea General de Naciones Unidas por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores.</p><p>No es que ahora peligre más la seguridad de las dos ciudades españolas del norte de África, pero cabe imaginar otras hipótesis que pondrían en una muy difícil tesitura al Gobierno de Madrid. Recordando la aventura austral de los dictadores argentinos, encabezados en 1982 por el nefasto Galtieri, no se puede considerar descabellada la posibilidad de un <strong>golpe de mano marroquí </strong>contra alguno de los islotes mediterráneos de soberanía española, al modo como las tropas argentinas ocuparon por sorpresa las Malvinas. El Peñón de Vélez de la Gomera, el de Alhucemas o las rocas conocidas como las Chafarinas serían unos <strong>interesantes objetivos militares y propagandísticos,</strong> que reclamarían la inmediata atención internacional.</p><p>España se encontraría, de la noche a la mañana, con un grave problema entre manos: ¿Respuesta militar inmediata y contundente, al estilo británico, para recuperar el territorio ocupado? ¿Represalia armada contra Marruecos? No sería fácil <strong>explicar a la opinión pública</strong> la necesidad de arriesgar una guerra con Marruecos por unas rocas inhóspitas e innecesarias, pero su abandono ante una acción de fuerza unilateral sería un mal presagio para ceutíes y melillenses y, por extensión, para todos los españoles.</p><p>Por otro lado, una respuesta militar como la que llevó a la recuperación de las Malvinas requiere unos <strong>planes bien previstos</strong>, unos medios fuertes y bien coordinados y un<strong> respaldo político y diplomático</strong> que no se obtiene en unas pocas horas. Añádase a esto que demorar la reacción militar más de lo necesario sería visto por los demás estados como una implícita concesión al Gobierno de Rabat del carácter colonial y, por tanto, reversible, de los islotes. Argumento que, más pronto que tarde, se haría recaer sobre las dos ciudades autónomas, con consecuencias mucho más funestas.</p><p>Se asegura que nunca es probable <strong>una guerra entre democracias,</strong> pero no hay que olvidar que Marruecos no lo es. Del mismo modo como los generales de la Junta Militar argentina buscaron distraer la atención de su pueblo en la aventura bélica que les llevó al derrocamiento, un autócrata que une el supremo poder político a su cualidad de máximo dirigente religioso podría sentirse inclinado a distraer, mediante un conflicto exterior militarizado, la creciente inquietud de sus súbditos, a quienes aquejan <strong>el paro y la pobreza</strong> e irrita la extendida <strong>corrupción de los gobernantes</strong>, y a los que llegan los ecos de un islamismo cada vez más efervescente.</p><p>La OTAN podría <strong>inhibirse sibilinamente</strong> en este caso, aludiendo a que una acción contra Marruecos, en apoyo de España, está fuera de los límites geográficos del Tratado. Y no están en absoluto garantizados los apoyos que se podrían recibir de EEUU y Francia, con intereses en Marruecos que no coinciden con los propios, incluyendo su posición frente al conflicto del Sáhara Occidental. Así pues, sería recomendable tener los ojos bien abiertos y no ponerse en la situación en que fuera preciso repatriar, a toda prisa y en condiciones de máxima urgencia, a las tropas de choque españolas que estuviesen patrullando el Indokush, a fin de proteger lo que nos es más próximo, inmediato y vital.<strong> La seguridad bien entendida empieza por uno mismo</strong>".</p><p>Con muy ligeras modificaciones, lo que se escribió hace veinte años <strong>podría ser hoy de aplicación</strong>. Con una diferencia: la irrupción de la <strong>pandemia de la covid-19</strong> y la palpable evidencia de una <strong>emergencia climática</strong> que pone en peligro las bases materiales de nuestras culturas y nos obligan a <strong>ampliar el punto de mira de nuestras preocupacion</strong><strong>es</strong> y buscar <strong>coincidencias</strong>, entre sangrientos <strong>terroristas</strong> y exaltados <strong>neofascistas</strong>, que permitan <strong>sobrevivir al género humano</strong> en condiciones soportables.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Oct 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Escrito hace veinte años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Despliegue militar,Marruecos,Afganistán,España]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La guerra nuclear que no puede ser ganada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/guerra-nuclear-no-ganada_1_1206716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/75825e24-1450-47db-a002-d34362fec432_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra nuclear que no puede ser ganada"></p><p>En la declaración oficial conjunta publicada el pasado 16 de junio por los presidentes de EE.UU. y Rusia, se afirma textualmente que ambos países "son capaces, incluso en momentos de tensión, de avanzar con el objetivo común de asegurar la previsibilidad en el ámbito estratégico, reduciendo el riesgo de conflictos armados y la amenaza de una guerra nuclear". Un par de líneas después se asegura contundentemente: "Reafirmamos hoy la norma de que una guerra nuclear no puede ser ganada y jamás ha de ser iniciada".</p><p>Tan elocuente punto de partida en el actual panorama estratégico mundial tiene un corolario obligado: hay que invertir más esfuerzos en el control de las armas y en los planes de desarme. No basta con la reciente prórroga de cinco años del tratado START, que limita el número de armas estratégicas, aunque en palabras de Josep Borrell esto sea "una contribución crucial a la seguridad internacional y europea". </p><p>La OTAN no descuidó en el pasado este aspecto y dio pasos para negociar reducciones de fuerza con el extinto Pacto de Varsovia. Los arsenales nucleares de ambos bandos se redujeron en más de un 85% desde el fin de la Guerra Fría. Pero ese impulso parece haberse frenado, como hizo notar el secretario general de la OTAN en la conferencia sobre control de armamentos en octubre de 2019.</p><p>Hubo de reconocer que el Reino Unido aumentaba el tope máximo de sus armas nucleares, con el consiguiente efecto negativo en otras potencias nucleares y contraviniendo lo dispuesto en el Tratado de No Proliferación Nuclear. La realidad es que la OTAN no hacía propuestas concretas y se limitaba a "responder <strong>en forma defensiva</strong>, medida y coordinada a las nuevas amenazas rusas". Pero las propuestas de Moscú eran ignoradas, sin explicar por qué, lo que no dejaba en buen lugar a la Alianza. Por su parte, Rusia desoyó las interesantes propuestas de la OTAN en 2020, asunto casi ignorado por la opinión pública, porque a la Alianza no parece preocuparle suficientemente la esencial cuestión del control de armamentos.</p><p>En la misma conferencia, Stolenberg propugnó reglas y limitaciones, de las que nada se ha vuelto a saber dos años después, para controlar las nuevas tecnologías que tanto pueden transformar el modo de hacer la guerra y sus inevitables consecuencias.</p><p>En resumen: aunque desde la OTAN se insiste en mantener abierta la puerta al diálogo con Rusia, apenas han surgido en Bruselas ideas originales al respecto: parece que se espera a las acciones rusas para responder a ellas, concediendo así la iniciativa a la otra parte.</p><p>Es cierto que el Secretario General de la OTAN no puede decidir por su cuenta y que no es nada fácil poner de acuerdo a treinta países aliados que tienen sus propias ideas sobre la estrategia general a seguir. Pero todos ellos reconocen, sin duda alguna, que un eficaz sistema de control de armamentos (nucleares, cibernéticos, espaciales, convencionales, etc.) aumenta la estabilidad general, ejerce una disuasión más eficaz y razonable, reduce los peligros y disminuye el coste de la defensa en todos los países.</p><p>Pero ni en la reunión entre Biden y Putin, ni en la conferencia en la cumbre de los aliados otánicos, se ha valorado en su debida medida, al parecer, el peso del poderoso complejo militar-industrial que en su época denunció Eisenhower y que, ahora en EE.UU., algunos analistas lo han ampliado convirtiéndolo en "complejo militar-industrial-político", para resaltar el peso en el Congreso de los grupos de presión militares e industriales.</p><p>Aunque el demoledor paso de Trump al timón de EE.UU. dejó casi grogui a la OTAN, a la que incluso Macron diagnosticó en "muerte cerebral", todo Secretario General de la Alianza sabe sobradamente que ésta depende de EE.UU., donde el Pentágono impone su ley en asuntos militares. Y donde las poderosas corporaciones industriales, dirigidas remotamente desde el mismo Pentágono (en aplicación de la ley de las puertas giratorias) tienen a menudo la última palabra. Es allí donde Biden tendrá que esforzarse para imponer sus criterios, si desea que sus sugestivos proyectos de ámbito mundial se materialicen eficazmente.</p><p>________________________</p><p><strong>Alberto Piris Laespada</strong> es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La guerra nuclear que no puede ser ganada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Armas nucleares]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Sin China no habrá revolución verde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/china-no-habra-revolucion-verde_1_1198331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/12308ec5-3465-4448-b8f6-60d3b6a3258b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin China no habrá revolución verde"></p><p>Esa revolución verde, a la que el mundo aspira y que Biden pretende encabezar, prescindirá de las fuentes de energía fósil no renovable (petróleo, gas natural y carbón) que tan peligrosamente están <strong>acelerando la emergencia climática</strong>. Estas fuentes, sobre todo el petróleo, han sido causa de guerras, enmarañados conflictos geopolíticos y la muerte de innumerables de seres humanos. <strong>¿Qué conflictos armados cabe prever en una futura "civilización verde"?</strong></p><p>El asunto es complicado. Aunque la luz solar y el viento (sin olvidar las mareas) son fuentes de energía inagotables, para convertirlas en electricidad fácilmente utilizable <strong>se requiere el uso de ciertos materiales específicos:</strong> litio, cobre, cobalto, manganeso y níquel son los más usuales, aunque no los únicos, así como algunos de los 17 minerales conocidos como "tierras raras", sustancias metálicas cuyo nombre genérico ya indica su escasez.</p><p>Las turbinas eólicas, los paneles solares y los vehículos de propulsión eléctrica, base de esa <strong>nueva civilización</strong>, exigirán crecientes volúmenes de esos minerales, por lo que <strong>su demanda aumentará exponencialmente</strong>. Además, su extracción se concentra en un <strong>número reducido de países</strong>: hoy, por ejemplo, la República Democrática del Congo suministra más del 80% del cobalto mundial y China, el 70% de los metales raros. Entre Argentina y Chile se obtiene el 80% mundial del litio. Y así ocurre con otros <strong>productos indispensables </strong>para un mundo que pretenda utilizar solo energías renovables.</p><p>Fácil es prever que la <strong>pugna imperialista por los recursos petrolíferos</strong> que desangró el mundo después de la Primera Guerra Mundial (y que llevó a EEUU a implicarse en el avispero de Oriente Medio, del que ahora intenta zafarse) <strong>va a repetirse </strong>por la posesión de esos imprescindibles minerales. En resumen: la transición a un mundo no dependiente de las energías fósiles podrá <strong>originar conflictos de alcance internacional.</strong></p><p><strong>Nuevas empresas mineras</strong> tratarán de encontrar esos recursos en los países donde esto pueda ser rentable sin riesgos políticos, como Australia. Pero <strong>la extracción prolongada de minerales reduce su concentración</strong> al paso del tiempo y requiere más consumo de energía, aumenta los precios y genera más residuos nocivos. Según la Agencia Internacional de la Energía, la pureza del cobre extraído en Chile disminuyó un 30% en los últimos 15 años.</p><p><strong>Lo que nos lleva indefectiblemente a China</strong>, que no solo extrae en su territorio casi todos los minerales citados, sino que además <strong>procesa lo obtenido en otros países</strong>: el 90% mundial de las tierras raras, el 65% del cobalto, el 35% de níquel y el 60% del litio. <strong>El mundo verde pasa por las manos de China. </strong>Cabe anticipar esfuerzos para diversificar la procedencia de esas sustancias o encontrar otros métodos para obtener electricidad de las energías renovables; pero la dependencia del mundo respecto a China en este aspecto es hoy por hoy ineludible.</p><p>Así pues, los planes de Biden para un futuro de energía verde serían imposibles sin <strong>concertarlos con la economía china</strong>. De no ser así, solo es posible imaginar un mundo <strong>enzarzado en pugnas continuas</strong> por recursos limitados (como hasta ahora ha ocurrido con los crudos petrolíferos) o bien un mundo que abandone las aspiraciones "verdes", por escasez de medios, y se <strong>hunda en la emergencia climática</strong> que puede conducir al caos final.</p><p>Todo parece indicar la necesidad de un <strong>obligado acuerdo entre China y EEUU, con el apoyo de los demás países</strong>, para <strong>extraer coordinadamente</strong> los minerales necesarios para esa revolución verde que se anuncia; inventar <strong>sustitutos</strong> sintéticos para los más escasos, mejorar y adecentar los <strong>sistemas mineros</strong> y acelerar al límite el <strong>reciclado de sustancias esenciales</strong>.</p><p>En interés de toda la humanidad, el entendimiento entre EEUU, la mayor potencia militar del mundo, y China, un gran poder económico y tecnológico, es una condición indispensable para poner en marcha esos planes universales que pretenden <strong>frenar o invertir la tendencia planetaria hacia una emergencia climática de fatales consecuencias</strong>.</p><p><strong>Alberto Piris Laespada</strong> es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[c3853e64-9495-474e-aa4c-9dc93a92148e]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sin China no habrá revolución verde]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Estados Unidos,China]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El control civil de los ejércitos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/control-civil-ejercitos_1_1196567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/51963f00-2230-4759-a744-be54246a79f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El control civil de los ejércitos"></p><p>El control civil de lo militar forma parte del más hondo substrato de la Constitución de EEUU, donde las Fuerzas Armadas están sometidas a la Presidencia y al Congreso, democráticamente elegidos. En ambos niveles existen los órganos institucionales necesarios para mantener la debida <strong>subordinación de los ejércitos al Gobierno</strong> de la nación.</p><p>Sin embargo, como explica un ensayo publicado en <em>Foreign Affairs </em>(mayo-junio 2021)<em>,</em> en los últimos años ese control se ha venido <strong>degradando paulatinamente</strong>. No es que se hayan producido casos de insubordinación, pero se han debilitado los instrumentos de vigilancia y exigencia de responsabilidades a los ejércitos.</p><p>En muchos países, no solo en EEUU, los altos mandos militares poseen –y <strong>pueden manejar a su gusto</strong>– gran parte de <strong>la información</strong> que los dirigentes políticos necesitan para tomar las decisiones adecuadas. Por ese motivo, para influir en el poder o <strong>ejercerlo desde la sombra</strong>, ya no se necesita ocupar militarmente el Congreso, al estilo del general Pavía o del coronel Tejero en el madrileño palacio de la Carrera de San Jerónimo. Se puede conseguir lo mismo sin romper la cadena de mando civil-militar, de modo que, sin violencia externa y casi sin tener conciencia de ello, los gobernantes pueden ser <strong>controlados por el mando militar</strong>.</p><p>Ha habido en EEUU casos de clara <strong>oposición entre ambos "poderes",</strong> como cuando el general Powell evitó que el presidente <strong>Clinton</strong> derogara la disposición que impedía a los homosexuales entrar en los ejércitos: la política pretendía responder a un deseo popular, pero la milicia lo rechazó. Y durante los mandatos de <strong>Obama y Trump</strong> el mando militar exigió el envío de refuerzos a Afganistán, en contra de la voluntad presidencial que, por uno u otro motivo, deseaba desligarse del avispero afgano en el que EE. UU. estaba implicado.</p><p>La exigencia constitucional, establecida en 1947 en EE. UU., de que para dirigir el Pentágono un mando militar ha de estar siete años retirado fue desobedecida por Trump y ahora por Biden, <strong>rompiendo siete décadas de tradición</strong> de control civil. Nada indica que un militar sea más eficaz que un civil para dirigir el Pentágono; más bien, puede ocurrir lo contrario. En los ejércitos es fundamental <strong>la obediencia y la eficacia</strong> en la ejecución de las órdenes, sin perder demasiado tiempo evaluando sus <strong>posibles consecuencias</strong>; esto es, por el contrario, uno de los más importantes aspectos en la dirección de la política general de un Estado, que es precisamente lo que concierne al poder civil.</p><p>Otro aspecto que influye en esta cuestión es la <strong>instrumentación de lo militar por los partidos políticos</strong>, dado que en EEUU los ejércitos gozan de gran estima popular, sobre todo tras los atentados del 11-S. Hemos observado a presidentes, vestidos con uniforme militar, en alocuciones sobre asuntos de <strong>política exterior </strong>en centros militares y no en universidades, como parecería adecuado.</p><p>La pugna <strong>entre los militares y los diplomáticos </strong>se acentuó durante el mandato de Trump. La globalidad militar de EEUU es el factor más determinante en esta cuestión. De hecho, algunos de sus embajadores dependen más del mando militar de la zona donde residen que de la Secretaría de Estado, porque la superficie del planeta está dividida en <strong>once mandos territoriales </strong>que dirigen el poder militar estadounidense sobre la Tierra.</p><p>Preocupa ahora en EEUU esta aparente relajación del control civil sobre los ejércitos y se intenta hacer consciente de ello a la población, que vive bastante alejada de estos problemas desde que se <strong>abolió el servicio militar obligatorio</strong>. Las tradiciones democráticas y la seguridad nacional dependen mucho de que se mantenga la correcta relación de subordinación militar al Gobierno. Es opinión extendida el hecho de que, si se relaja el control civil de los ejércitos, EEUU no podrá seguir mucho tiempo siendo una democracia y, a la vez, una gran potencia mundial.</p><p>_____________</p><p><strong>Alberto Piris Laespada</strong> es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Apr 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El control civil de los ejércitos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los nubarrones de una nueva guerra fría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/nubarrones-nueva-guerra-fria_1_1195945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/117547fb-a1b2-4d0a-9495-1e58e639597f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los nubarrones de una nueva guerra fría"></p><p>El 25 de marzo pasado, el presidente Biden dio su primera conferencia de prensa en la Casa Blanca. En ella pronunció estas palabras, al ser preguntado sobre la amenaza de China: "[Nuestros] hijos y nietos harán sus tesis doctorales sobre si triunfó la autocracia o la democracia, porque esto es lo que está en juego, no solo China". E insistió: "Es una batalla entre la utilidad de las democracias en el siglo XXI y las autocracias. Verán que en Rusia ya no se habla más de comunismo: es una autocracia... Esto es lo que está en juego: hemos de demostrar que la democracia funciona".</p><p>Aquí conviene un breve inciso para resaltar el contraste de estas palabras con una España donde a menudo se resucita el fantasma del comunismo en enfrentamientos electorales, revelando un cierto desfase intelectual en algunos líderes políticos.</p><p>Para EE. UU., esta "nueva batalla" refleja lo ocurrido en Europa tras la II Guerra Mundial con la creación de la OTAN para "contener" a la URSS. En Washington se busca una nueva alianza que contenga a China, porque Rusia, al fin y al cabo, es solo una potencia económica menor, equiparable a Italia. En la misma conferencia Biden afirmó que China tiene un objetivo, cuya legitimidad él no discute, que es convertirse en el país líder del mundo, el más rico y poderoso, pero añadió: "esto no ocurrirá durante mi presidencia, porque EE.UU. seguirá creciendo y expandiéndose".</p><p>Esto es precisamente a lo que se aspira con una nueva alianza de democracias en Asia (que algunos denominan the Quad, <em>El cuarteto</em>), que, dirigida por EE.UU., incluiría a Australia, India y Japón, reproduciendo así otra guerra fría, esta vez en los márgenes occidentales del Pacífico.</p><p>Un indicio de esta situación se produjo el pasado 22 de marzo, cuando un avión espía estadounidense se aproximó peligrosamente a las defensas litorales de China antes de retroceder, algo que nunca había ocurrido antes. Por su parte, China también ha aumentado los vuelos militares críticos en las cercanías de Japón y Taiwán.</p><p>Según filtraciones del Pentágono, las fuerzas armadas de EE.UU. están empezando a olvidar la "guerra contra el terror" y se orientan para una posible confrontación con China y Rusia, desde el Ártico hasta el mar de la China Meridional.</p><p>Es cierto que China y EE.UU. no buscan enfrentarse militarmente y que ambos países tienen como objetivo preferente la recuperación y el crecimiento de sus economías. Pero, llevados del espíritu de la guerra fría, ambos se esfuerzan en mostrar que estarían dispuestos a alcanzar cualquier extremo para no dejarse dominar por el rival. Las guerras no siempre empiezan según un plan preconcebido y en la Historia son numerosos los casos en que un país se ha visto implicado en una guerra que no deseaba.</p><p>Las tres mayores potencias militares del mundo se están comportando hoy de un modo peligroso. Desde la frontera occidental de Rusia en Europa hasta las aguas litorales de China se producen casi a diario incidentes críticos. Y si en Europa las líneas de contacto están bien establecidas, no es así en torno a China, donde los litigios de soberanía en varios archipiélagos y arrecifes permanecen sin resolver.</p><p>China, EE.UU. y también Rusia están implicados en un peligroso juego que puede afectar a todo el mundo. Las provocaciones verbales, las maniobras militares en zonas disputadas y la rivalidad enconada podrían llevar a una situación tan desastrosa como recuerda la Historia de la fatídica I Guerra Mundial que nadie deseó y muchos hubieron de sufrir.</p><p>_____________</p><p><strong>Alberto Piris Laespada</strong> es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Apr 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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      <title><![CDATA[Hacia una nueva política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/nueva-politica_1_1195365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb22e0ce-ab6f-4e4e-a754-c91a2ff67804_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacia una nueva política"></p><p>El profesor <strong>Martin Conway</strong> es el director del Centro para la Memoria y la Ley de la Universidad de Oxford y profesor de Historia Europea Contemporánea. En un reciente ensayo titulado <em>Making Trump History,</em> sugiere que está emergiendo <strong>un nuevo concepto general de la política</strong>, frente al que carecemos de instrumentos adecuados para gestionarlo. Ante nosotros, afirma, "se abre un terreno no explorado" en el que <strong>sobresalen tres factores </strong>a tener en cuenta.</p><p>Define el primero como la desaparición de las barreras que mantenían la actividad política dentro de unos canales familiares. La <strong>política de hoy "ha desbordado sus cauces" habituales</strong>, escribe Conway. Las figuras que antes estaban al frente ya no lo están: presidentes, gobernantes o parlamentarios compiten con otras personas, "futbolistas, famosos de la televisión y raperos", que tienen un contacto más fluido con la población y que a menudo son cortejados por los dirigentes políticos. Las palabras de una figura popular del cine suelen tener más influencia que las del presidente de un parlamento.</p><p>El segundo factor alude a la <strong>vinculación del Estado con la ciudadanía</strong>. Ha decaído el contrato tradicional: cumplir con los deberes personales a cambio de beneficios colectivos. <strong>La nueva política de "mercadillo" </strong>defrauda a la mayoría mientras beneficia a unos pocos, como esos <em>megabillonarios</em> que, durante la pandemia, han visto crecer sus caudales a velocidad astronómica. Los regalos monetarios de Biden para ayudar a las personas más desfavorecidas de su país no ocultan la realidad: la <strong>emergencia de un populismo antisistema</strong>.</p><p>Por último, Conway define el tercer aspecto como "la desaparición de la frontera política entre izquierda y derecha". En la nueva Historia del Presente, escribe, la política se sostiene sobre "la identidad y la queja o reivindicación". Los ciudadanos apoyan causas basadas en "emociones, identidad grupal o aspiraciones", y <strong>desdeñan los antiguos conceptos de clase o partido </strong>político. Las viejas instituciones, las tradiciones ideológicas <strong>e incluso las normas democráticas </strong>van siendo sustituidas "por una política menos disciplinada y más abierta". Esto hace que la Historia del Presente adolezca de una <strong>gran volatilidad.</strong></p><p>El profesor Conway no hace predicciones, pero cree que estos efectos serán intensos y persistentes. Sí opina que las clases dirigentes seguirán ancladas en las ideas del siglo XX, entre otras cosas porque eso les <strong>evita la necesidad de pensar</strong>.</p><p>Quizá tengamos que admitir que, con pandemia o sin ella, el siglo XX pasó ya a la Historia y con él convendría <strong>enterrar los modos antiguos de conducir la política. </strong>El reto puede ser enorme, pero no mayor que el que presentan la acelerada emergencia climática, los nuevos (des)equilibrios de poder entre grandes potencias y la extendida sensación de vacío que induce a muchos a creer en paranoicas teorías conspirativas o a agruparse en manadas que se protegen colectivamente contra enemigos imaginarios.</p><p>Podría ocurrir que Conway no haya acertado plenamente con esta teoría, pero su análisis de la política del presente parece difícil de refutar. <strong>Habrá que sacar conclusiones</strong>, al comprobar que en España también se muestran claramente algunos síntomas del fenómeno que el profesor analiza.</p><p>________________________</p><p><strong>Alberto Piris Laespada</strong> es general de Artillería y Estado Mayor en situación de reserva. Desde hace más de cuatro décadas colabora en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Se ha dedicado especialmente a cuestiones de defensa y política internacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alberto Piris]]></author>
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