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    <title><![CDATA[infoLibre - El Mono Infinito]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - El Mono Infinito]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Jugada maestra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/jugada-maestra_1_1195916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77836624-24cd-4e92-85fb-1f9732226406_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jugada maestra"></p><p>Una de las frases que más desazón me provocaba escuchar hace años en boca de reconocidos izquierdistas –ahora políticos instalados y tertulianos con plaza fija– era la de: “En España necesitamos un partido de ultraderecha”. Una vez que tenían toda mi atención y un escalofrío recorriéndome la espalda, añadían: “Para saber cuántos son”. Ingenuo de mí, yo pensaba que <strong>ya existía un partido al que votaban con gusto las gentes de ultraderecha</strong> y no tenía ningún interés en saber cuántos eran, tal vez porque intuía que no eran pocos. Que votaran al PP y que los muy cafeteros se desahogaran con la papeleta de la Falange o la de Fuerza Nueva era un estado de las cosas con el que podía estar conforme, sabiendo que siempre habrá quien se olvide de disimular que ahora son de centro y se le escape un asqueroso “¡Vete al médico!”, del mismo modo que al <em>Doctor Strangelove</em> le costaba mantener el brazo nazi a raya. Tenerlos embridados bajo “la casa común del centro derecha” era para mí un mal menor, quizá porque me crié en Salamanca y viví muy de cerca lo que les ocurría a los afiliados de las juventudes del PP cuando se tomaban una copa de más: a mí me daba por cantar <em>Soy un gnomo</em> y<strong> a ellos el Cara al sol.</strong><em>Cara al sol</em></p><p>El deseo de la inteligencia progresista se hizo realidad al cabo de los años y, oh, sorpresa, <strong>la ultraderecha empezó a hacer “cosas nazis”</strong>, como diria Peter Griffin mirando arrobado a Hitler. A saber: apelar a los instintos más bajos del ser humano, enfrentar a pobres contra pobres, secuestrar palabras y símbolos que se suponían de todos, hacer de la demagogia un arte... pues lo que es la ultraderecha, tan cafre como previsible. Fue entonces cuando escuché a las mismas mentes preclaras sostener ideas como: <strong>“Esta es la mejor manera de tener movilizada a la izquierda”</strong> o, en un venirse arriba de manual: “La derecha, si sigue así, no va a gobernar en muchos años”. El hecho de que cosecharan cada vez más votos y que empezasen a ser decisivos para sostener gobiernos cada vez en más ciudades y autonomías no parecía preocupar demasiado a quienes defendían esas teorías, porque todo formaba parte de <strong>un plan a largo plazo que consistía en diluir a la derecha fomentado a la ultraderecha</strong>. Estudiaron Ciencias Políticas, qué podía fallar.</p><p>Quizá no midieron bien que ni Madrid –ni nada– es una serie de Netflix ni una peli de Ken Loach. Y que ya son veinticinco años de banda criminal organizada construyendo adosados en lo que eran cinturones rojos y haciendo del urbanismo <strong>una de las mayores fábricas de conservadores conocidas por el ser humano.</strong> Y que en los barrios obreros también se ven banderas de España en los balcones. El caso es que los mismos que defendían que necesitábamos un partido de ultraderecha, una vez conseguido su objetivo, nos venden ahora las elecciones madrileñas como si fueran la batalla del Ebro y se erigen en salvadores de última hora de una comunidad que, como toda España, lo que quiere es ir al bar. Ya tienen su juguetito fascista para parecer algo. Ni una propuesta sobre qué harán si gobiernan, y qué más da: <strong>no quieren votantes, quieren fans. </strong>Y el drama es que a la ultraderecha que añoraban cuantificar ya solo la puede parar el PP. Jugada maestra.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Apr 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <title><![CDATA[El rap de Mateo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/rap-mateo_1_1193811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77836624-24cd-4e92-85fb-1f9732226406_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El rap de Mateo"></p><p>Un<em> ranciofact</em> recurrente en los medios de comunicación patrios, ya en desuso, consistía en publicar una nota sobre leyes absurdas aún vigentes en algunos estados norteamericanos, como que en Wisconsin <strong>está prohibido disparar </strong>mientras se alcanza el orgasmo y movidas así. El hecho de insinuar que los habitantes del imperio son, en su mayoría, medio lelos es algo que a los españoles nos ha reconfortado durante años. En cambio, que nuestro Código Penal incluya <strong>pintorescas y medievales excentricidades</strong> como el delito de injurias a la Corona o el de enaltecimiento de algo que ya sólo existe en los congresos del PP, no suele ser noticia en <em>The Washington Post</em>; hasta que un día meten en la cárcel a un tipo por jalear al GRAPO y afirmar que el emérito <em>ens roba</em> y, entonces sí, los medios internacionales miran a España y gozan como nosotros cuando despreciamos al norteamericano medio.</p><p>No derogar leyes extemporáneas también debería ser Marca España. Los guías turísticos podrían contarles a sus greyes que aquí te puedes meter en tremendo lío por publicar una caricatura de miembros de la realeza follando, por promocionar un espectáculo teatral con la imagen de un torero condenado por matar a una persona mientras conducía borracho, o por loar en un rap a bandas terroristas ya extintas. Al fin y al cabo, cuando uno turistea lo que espera es <strong>confirmar los tópicos que maneja a priori del sitio a donde va.</strong> Y qué más quiere el turista tipo que irse de aquí corroborando que hablamos muy alto, que hace sol y que el fascismo duró más que en ningún otro lugar de Europa. Luego habría que explicarles que un juez te puede mandar a la cárcel por exclamar “Gora Alka-ETA” pero que sería improbable que lo hiciera por gritar en una manifestación neonazi (paradójica palabra) que la culpa de todo la tienen los judíos. Si no flipa con eso un yanqui, yo ya no sé nada.</p><p>Lo que más choca de estas subyugantes leyes arcaicas, empero, es su incierta fecha de caducidad retroactiva: no se te ocurra llamar ladrón a un rey ladrón si participaste de su siglo, porque podrías acabar tus días compartiendo celda con el tesorero de algún partido político cuya sede, como su ideología, <strong>está en venta</strong>. Mas aún no se ha conocido el caso de alguien que acabe en la sombra en nuestros días por decir que Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos I, bisabuelo de Felipe VI, fue un corrupto mamacallos cagalindes que bien hubiese merecido que el plan que quedó escrito en un árbol de El Retiro saliese adelante. Nos pueden robar el futuro con leyes infectas que ni siquiera los partidos de izquierdas se atreven a derogar, incluida esa <em>ley mordaza</em> de la que hoy se benefician quienes nos prometieron acabar con ella; pero, de momento, no se atreven a impedir que nos cisquemos en un pasado reciente del que cualquier territorio, incluido Wisconsin, se avergonzaría. Ojalá liberen pronto a Pablo Hasél y escriba el rap de Mateo Morral.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <title><![CDATA[Por qué Ayuso va a ganar las próximas elecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/ayuso-ganar-proximas-elecciones_1_1193089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77836624-24cd-4e92-85fb-1f9732226406_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué Ayuso va a ganar las próximas elecciones"></p><p>No se dejen engañar por un título que busca con descaro el <em>clickbait </em>barato: en realidad creo que IDA arrasará y gobernará sin muletas dando paso a un tiempo político en la capital que evocará la inquietante –aunque divertida– era de Aguirre y la megalómana –aunque aburrida– etapa de Gallardón. Después, quizá, sustituirá a su valedor y se presentará a las generales, pero eso será otro artículo. O no. De momento, <strong>aquí van las razones de mi apuesta</strong>:</p><p><strong>1. </strong>Isabel aprendió a ser política en la<strong> Academia Esperanza Aguirre</strong>, quien confió en ella para gestionar la cuenta tuitera del malogrado Pecas, el perrete a través del cual la expresidenta trataba de caer simpática. De ahí pudo extraer varias enseñanzas: a) que hagan chistes sobre ti no sólo es bueno, sino deseable; b) si el Gobierno estatal es socialista, tú serás <strong>la aldea de Astérix resistiendo al invasor</strong> y lo más parecido a Andorra que te puedas permitir; c) en Twitter mejor ir de cara; d) privatiza todo lo que se mueva; e) ni la <em>Gürtel</em>, ni la <em>Púnica</em>, ni Bárcenas, ni el partido que vino para regenerar han podido derribar lo que un día consiguió el <em>tamayazo</em>. Son casi veinte años de mamandurrias. ¿<strong>Un Zendal</strong>? Poco me parece.</p><p><strong>2.</strong> Después se graduó en el <em>Máster Donald Trump sobre redes sociales y su aplicación para cargos electos</em>, donde estudió con denuedo y obtuvo una calificación extraordinaria, contraviniendo las costumbres de otros miembros de su partido. Allí aprendió<strong> las tácticas con las que estos días nos marca la agenda</strong>, a saber: la autovictimización constante –todo es una conspiración contra mí–; recurrir al exabrupto para evitar que se hable de lo que no te conviene –por ejemplo, de los estragos del virus al comienzo de la pandemia en las residencias madrileñas privatizadas por sus antecesores–; aplicar medidas ya implementadas –de repente, ponerse la mascarilla es obligatorio en Madrid– y proponer otras que no dependen de ti –me gustaría vacunar a la hostelería–, lo cual nos lleva al siguiente punto.</p><p><strong>3. </strong>Madrid, A.K.A. España, es un bar. Las caricias de Ayuso al sector se diferencian muy poco del anuncio de cualquier cervecera en favor de su principal fuente de ingresos. Tiene claro dónde está su masa principal de votantes. Se crió en Chamberí. <strong>Un paseo por Ponzano y saldría a hombros.</strong></p><p><strong>4. </strong><strong>Miguel Ángel Rodríguez</strong>, su asesor de confianza, es el hombre que convenció a España de que Aznar era un tipo centrado. Que guste de tirarle a los palomos y coger el coche después, o que, en el 18o aniversario de la Constitución dijera: "Si fuera mujer, se pondría de largo, y si fuera ciudadano, iría a votar", es algo que sólo recordamos los muy cafeteros. El Iván Redondo del aznarato es tan inteligente que hace tiempo huyó de Twitter. Que le aconsejará adelantar las elecciones en cuanto escampe un poco, ni cotiza.</p><p><strong>5.</strong> Su aparente indiferencia por controlar el partido en Madrid, cosa que le costó el cargo a su antecesora, unido a que, de momento, no ha amagado con dar el salto a la política nacional  –recuerden las movidas entre Alberto y Esperanza en tiempos de Mariano–, la muestran enfocada en lo fundamental:<strong> salvar a Madrid de quienes quieren crujirnos a impuestos </strong>y adoctrinar a nuestros hijos en el comunismo. De otras pequeñeces, que se encargue Almeida.</p><p><strong>6.</strong> <strong>Ángel Gabilondo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Esperanza Aguirre,Gobierno Comunidad Madrid,PP,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Derrota tras derrota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/derrota-derrota_1_1192503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/77836624-24cd-4e92-85fb-1f9732226406_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Derrota tras derrota"></p><p>Andan —andamos— las gentes de izquierdas muy<strong> confusas por la resignación expresada desde el Gobierno</strong> ante la brutal subida de la luz en los días que más falta hace. No entienden —entendemos— que no se pueda hacer algo más que decir “Ay, es que Europa” o “Haber votado bien” cuando todos sabemos quiénes son los que se sientan en los consejos de administración de las empresas que<strong> han decidido privatizar los inviernos.</strong> La parte más débil de la coalición nos intenta explicar no sé qué cosa del IVA al más puro estilo de Rajoy en sus días de esplendor (“¡Las chuches!”), mientras la parte mayoritaria no da un ruido esperando una jubilación sin duda merecida.</p><p>Que la culpa siempre es de otro uno lo empieza a comprender más tarde, cuando se da cuenta de que <strong>gobernar es más difícil que escribir el guion de Juego de Tronos </strong><em>Juego de Tronos</em>y que no molestar a los dueños de la finca es el único argumento de la obra. “Antes les cambiará el sistema a ellos que ellos al sistema”, vino a decir Zapatero hace un tiempo desde la autoridad moral que le confiere haber sido el presidente que subió al estrado para soltarnos “¿Os acordáis de lo del cheque-bebé? <em>Well, Europa says no.</em>” Tras cuarenta y pico años de democracia, probablemente hemos asumido ya que gobernar, o mejor dicho, estar en el gobierno, se ha convertido para la izquierda en uno de los lemas del equipo en el que jugaba Pedro Sánchez al baloncesto: <strong>“Derrota tras derrota, hasta la victoria final”.</strong> Y, como el Estudiantes, de últimas nos conformamos con poca cosa: con no bajar a la LEB y ganar de vez en cuando al Real Madrid, estaría resuelta la temporada. </p><p>Todavía hay quienes no se dejan vencer por la idea de que <strong>la desazón es lo único que se va a nacionalizar durante esta legislatura</strong> y esgrimen logros reseñables, como la subida del salario mínimo, el Ingreso Mínimo Vital y decidir en qué aseo te corresponde orinar en función de tus sentimientos; y no seré yo el que venga a poner palos en las ruedas desde este confortable y privilegiado descreimiento que en más ocasiones de las deseables se torna en <em>sudapollismo</em>. Ya he interiorizado que a “los míos” les importa más sentir que hacer. El problema es que luego vienen los otros y, como los catalanes, “hacen cosas”; y cuando nos queremos dar cuenta miramos a nuestro alrededor, hacemos balance de lo conseguido, y <strong>solo vemos un cachito de carril bici regulero</strong> y unos cuantos versos cuquis en los pasos de cebra. </p><p>Si lo que nos están contando es que un gobierno de izquierdas no puede bajar —un poco— el recibo de la luz, apaga y vámonos. Que tampoco es que estemos pidiendo asaltar los cielos al son de La Internacional y que toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad esté subordinada al interés general. <strong>Con no ofender la memoria de los republicanos exiliados y con entender el puto recibo de Iberdrola</strong>, ya estaría. Y con ganar de vez en cuando al Real Madrid, claro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <media:title><![CDATA[Derrota tras derrota]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El show de Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/show-trump_1_1189884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Ganó Biden y aquí va mi gran<strong> análisis sobre las elecciones norteamericanas</strong>, condensado en una frase que tomo prestada de los magníficos guionistas de <em>Locomundo</em>: la mayor y quizá la única razón para votar a Biden es que no era Trump. Y aun así, al loco del pelo naranja le votaron seis millones de personas más que en la elección anterior, con notables y sorprendentes subidones entre mujeres y gentes latinas. Ya sé que <strong>alegrarse en público por la victoria de Biden</strong> está mal visto entre el rojerío más selecto, que insiste en la consabida tesis <em>ochentera</em> de “la misma mierda son” y sigue coreando el “OTAN no, bases fuera” en la intimidad. Mi utilitarismo, sin embargo, me lleva a brindar por la victoria demócrata e incluso a celebrar que uno de los conductos de entrada del rock en España fuera por la vía de las bases colonizadoras. Y no niego que esté disfrutando un poco con el decadente final del supuesto hombre más poderoso de la tierra. Ver al prototipo de macho alfa <em>winner</em> lloriqueando en Twitter porque le han jodido la fiesta me reconforta igual que cualquier película americana en la que al final ganan la bondad y la justicia. Así de <strong>colonizado culturalmente </strong>me tienen esos gringos.</p><p>Pero no todo iba a ser tan fácil en 2020. Una semana después el presidente sigue sin reconocer la derrota y algunos medios norteamericanos ya hablan de su deriva dictatorial, algo de lo que él mismo venía advirtiéndonos en todos los mítines de su campaña. De momento, <strong>la guerra está en los tribunales</strong>. Los seguidores de Trump esperan instrucciones y van armados. Probablemente las acusaciones de fraude electoral de Trump sean los últimos estertores de una pieza abatida, pero como decía el médico de <em>Amanece que no es poco</em> cuando veía a alguien morirse: “¡Qué irse! ¡Qué apagarse! Estoy disfrutando muchísimo”. El show de Trump, que empezó en 2004 en la NBC, puede que tenga <strong>un final a la altura del personaje </strong>(“<em>You’re fired</em>!”), y sin embargo en EEUU quedará el <em>trumpismo</em>, igual que quedó el <em>mourinhismo</em> en el Madrid, el peronismo en Argentina o el <em>puigdemontismo</em> en Cataluña. Son sus dedos inefables los que señalan el camino.</p><p>La suerte que tenemos es que nos hemos acostumbrado tanto a las series que nos sobresaltan cada quince minutos y a un año tan plagado de giros de guión que ya <strong>no esperamos un final feliz </strong>al estilo Hollywood, sino algo más contemporáneo. Si a un tarado le da por atrincherarse en la Casa Blanca y a sus seguidores por defenderle a fuego, haremos unos cuantos <em>memes</em> y a dormir, no nos pidan más. Son muchos acontecimientos históricos en poco tiempo, tantos como series que marcan un antes y un después. Recuerdo que a principios de la pandemia Charlie Brooker, uno de los creadores de <em>Black Mirror</em>, declaró que el cuerpo no le pedía seguir escribiendo “historias sobre sociedades desmoronándose”. Gracias, Charlie. Y además, quién querría pagar por eso, si lo dan gratis y en abierto en la CNN.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
      <media:title><![CDATA[El show de Trump]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Joe Biden,Elecciones EEUU 2020]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ya nadie tose en el teatro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/nadie-tose-teatro_1_1188810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac855f16-a0a9-4d27-afa9-426eae411d7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ya nadie tose en el teatro"></p><p>En la cola del teatro ya nadie fuma. Una pareja pasea al lado de los futuros espectadores. Oigo que él le dice a ella: <strong>“A estos bien que les dejan entrar ahí, pero al fútbol yo no puedo ir. ¡Y es al aire libre!”</strong> Me hace gracia el comentario y sonrío más de lo que lo haría sin mascarilla. Observo que el autor de la frase lleva un cinturón con los colores de la bandera y que, probablemente, unas horas antes estaría tocando el claxon enfurecido no muy lejos de allí. Me autocensuro el chascarrillo. Ya nos han robado -o les hemos regalado- demasiadas cosas. El fútbol, no, no jodamos. Es domingo, son las cinco y pico de la tarde, no se puede entrar ni salir de Madrid, ni ir al Metropolitano, <strong>pero se puede ir al teatro.</strong></p><p>Dentro de la sala ya nadie tose. Ojo, tres horas de función. Si nos dejan, habrá que volver al teatro cuando llegue el invierno para corroborar este extraño fenómeno.<strong> “¡Al teatro se viene tosido!”</strong>, cuentan que gritó una vez Sacristán en mitad de una obra. Quizá antes mucha gente tosía en el teatro por la misma razón por la que mucha gente suelta estupideces en las redes sociales: para llamar la atención. Los actores se colocan la mascarilla antes de bajar la acción al patio de butacas. La señora que está a mi lado -bueno, a una silla vacía de distancia- hace que me acuerde de un verso de Lichis cuando aún era La Cabra Mecánica: “Es domingo y la gente en el cine ríe cuando no debe”. Quizá la risa a destiempo es la nueva tos. Llega el primer descanso y salgo a fumar (y a toser). Una pareja discute. Ella le había comprado la entrada al padre de él, y este ha llegado tarde y no le han dejado pasar. “Ya sabes cómo es”, dice él. “No, si ya”, contesta ella. Al teatro se viene tosido y con tiempo.</p><p>A la salida ya nadie comenta en corrillos lo que acaba de ver. <strong>Queda algo más de una hora para que cierren los bares y parece que la gente opta por ir a contagiarse a su casa</strong>. La obra me ha contado la historia del capitalismo y creo que si me hubiesen medido la temperatura corporal al salir habría sido más alta que al entrar. A mí el capitalismo se me apareció en todo su esplendor hace algunos años en Nueva York, igual que <a href="https://www.eldiario.es/politica/jorge-fernandez-diaz-vegas-dios_1_3932359.html" target="_blank">a Jorge Fernández Díaz se le apareció Dios en Las Vegas</a> y le convenció de que fuese un poco más de derechas. Cuando entré a no sé qué museo amenazaba lluvia. Un tipo vendía paraguas en una esquina. “Umbrella, five dollars!” Cuando salí del museo llovía con ganas. Y ahí seguía el tipo que vendía paraguas: “Umbrella, ten dollars!” Es el mercado, amigo.</p><p>La obra era <a href="http://barcopirata.org/lehman-trilogy" target="_blank"><em>Lehman Trilogy</em></a> y ahí va mi crítica: <strong>si puedes, vete a verla, es una jodida maravilla</strong>. Y vete sin miedo. Ya nadie tose en el teatro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ya nadie tose en el teatro]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Viajar es de pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/viajar-pobres_1_1188226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Viajar era algo propio de ricos que los pobres practicaban muy de vez en cuando. Nuestros abuelos se fueron de luna de miel a Segovia, nuestros padres a Mallorca y nosotros a Cancún. Llegó Curro con sus ofertas al Caribe y después los vuelos <em>low-cost</em>, y así viajar se convirtió en <strong>una especie de obligación y en otra conquista de la clase obrera.</strong> La de gente que habrá cogido un vuelo barato para asistir a una manifestación con Greta Thunberg, un contradiós. De Suecia también es el movimiento <em>flygskam</em>, la <em>vergüenza de volar en avión</em>. Uno de cada cuatro suecos ha renunciado a hacerlo por lo que contamina, y se ha apuntado al <em>tagskryt</em>, <em>orgullo de viajar en tren</em>. Aquí les quería ver yo queriendo ir a Badajoz y luchando contra la web de Renfe.</p><p>A los países donde los futbolistas y los reyes acaban su carrera <strong>lo de contaminar les preocupa menos y les sobra el petróleo</strong>, así que han inventado los vuelos a ninguna parte. Te subes a un avión, te dan de cenar, echas unas fotos y un rato después estás durmiendo en tu casa. Las aerolíneas se dieron cuenta de que ahí había un nicho de mercado. "Muchos de nuestros viajeros están acostumbrados a viajar en avión cada dos semanas y nos contaban que extrañan la experiencia de volar tanto como los propios destinos". Yo lo diría de otra forma: para mucha gente, lo mejor del viaje reside en que le llamen cuando está en el aeropuerto para poder decir en voz alta: “ESTOY EN EL AEROPUERTO”. Si la llamada les pilla cuando ya están sentados en el avión, para qué quieren más. “ESTOY A PUNTO DE DESPEGAR”. Son los que activan el modo avión cuando la nave ya está cogiendo velocidad mientras les miras el móvil de reojo. Los profesionales. Los que saben qué fila es la de emergencia en cada modelo de avión y viajan con las piernas estiradas. Los que están sentados en la sala de embarque mirando el portátil mientras el resto hacemos cola. Los de las <em>escapadas</em>.<strong> Los que viajan para molar.</strong> A esa gente y a su Instagram, la pandemia les ha venido regular.</p><p><strong>Yo era así hasta hace bien poco.</strong> Hasta que un día, no sé por qué, decidí que ya solo me apetecía viajar a Portugal, el país en el que la gente no habla en voz alta ni siquiera en los aeropuertos. En una de mis primeras incursiones lusitanas, nada más cruzar la frontera, paré a tomar un café en un bar en el que un cartel decía “A GRITAR A ESPAÑA”<strong>. Cómo no te voy a querer.</strong> Hay días en los que hasta me siento portugués y contemplo el horizonte con melancolía. Fantaseo con la idea de tirar hasta Oporto a hincharme de <em>francesinhas</em> un minuto después de que nos digan que nos vuelven a encerrar. A ver cómo es una pandemia en un país civilizado. En coche, claro, lástima de <em>tagskryt</em>. No hay trenes rápidos a Portugal porque saben que nos iríamos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
      <media:title><![CDATA[Viajar es de pobres]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid ha muerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/madrid-muerto_1_1187572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac855f16-a0a9-4d27-afa9-426eae411d7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid ha muerto"></p><p><strong>James Altucher</strong> regentaba un club de comedia en Nueva York cuando llegó la pandemia. Al quinto mes de encierro, lo vio claro:<strong> la ciudad que él amaba había muerto</strong>. Lo contó en un artículo que colgó en su LinkedIn bajo el sutil título de<em> </em><a href="https://www.linkedin.com/pulse/nyc-dead-forever-heres-why-james-altucher/" target="_blank">NYC is dead forever. Here’s why</a> y enfadó a mucha gente. Por ejemplo, al cómico <strong>Jerry Seinfeld</strong>, neoyorquino militante, que le contestó más airado que divertido desde <em>The</em><em>New York Times</em>. James sostiene, resumiendo mucho, que si no hay vida cultural, si no puedes ir a tus restaurantes favoritos, si se viene otra crisis inmobiliaria, si los estudiantes no van a llenar los campus y si encima hay una banda ancha magnífica que te permite trabajar desde un chalé de Florida, para qué va a querer la gente vivir allí. La contestación de Seinfeld, <a href="https://www.nytimes.com/es/2020/08/27/espanol/opinion/jerry-seinfeld-nueva-york.html" target="_blank">disponible en español</a>, apela al orgullo, a la energía, a la vitalidad y a que todo es una cuestión de actitud, no sin antes despreciar a unas cuantas ciudades norteamericanas y afirmar que su oponente, en una guerra de verdad, <strong>no valdría ni para coger higos.</strong></p><p>Mi tendencia natural sería la de empatizar con un cómico blanco millonario, pero debo decir que a mí, antes del verano, también me dio por pensar que mi NY particular, Madrid, había muerto. Y por las mismas razones:<strong> estábamos pasándolo guay en el parque de bolas y van y nos quitan las bolas.</strong> Lo cual no deja de ser el lamento de un pijo que ya no puede hacer lo que hacía una semana cualquiera en la ciudad: comer y cenar fuera de casa, ir a algún concierto, quizá al teatro, y pagar un precio desorbitado por un apartamento céntrico tipo loft. ¿Por qué no vivir en un adosado en Palencia con cuatro habitaciones, bodega y piscina privada pagando la mitad? “Pues porque es Palencia”, respondería Seinfeld. Pero claro, en Manhattan no hay un AVE que te lleve a la Palencia de allí en hora y cuarto. Con el gasto público propio de las socialdemocracias europeas no contabas, Jerry.</p><p>Lágrimas de pijo aparte, mi pensamiento iba más encaminado a la ciudad que nos encontraríamos después del confinamiento. Que Madrid es un sitio hostil y su centro aún más lo sabe hasta Ayuso, cuya declaración de amor al atasco madrileño en plena campaña electoral ya debió hacernos sospechar que algo no funcionaba bien ahí dentro. Ignoro si en Madrid saldremos mejores de esta crisis, lo que sí sé es que saldremos en coche. En París, donde siempre llueve y todas las calles son la Cuesta de Segovia, la alcaldesa aprovechó el encierro para <strong>construir más carriles bici</strong>, pero no de los que consisten en pintar una bici en la calzada y ahí te las apañes con el autobús, sino de los de verdad: de los que quitan espacio al coche y no al peatón; de los que quitan el miedo a ir en bici al colegio; de los que no te obligan a ser un héroe. Aquí, el alcalde/portavoz Almeida ha peatonalizado la Puerta del Sol. Sólo quedaba un carril para el transporte público ¡y un carril bici! En breve abre un hotel-centro comercial de lujo.<strong> Ni para coger higos.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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      <title><![CDATA[¿Qué es un rey para ti?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/el-mono-infinito/rey_1_1187016.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac855f16-a0a9-4d27-afa9-426eae411d7d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es un rey para ti?"></p><p>Si ya tienes una edad, recordarás que el título de este artículo es el de un concurso escolar que convocaba La Zarzuela para que los púberes de la época nos deshiciéramos en loas hacia Juan Carlos I. Vía poema, redacción, dibujo o, incluso, la sublimación de las manualidades de los ochenta:<strong> el mural en cartulina tocha</strong>. También es cierto que sé de su existencia por la pieza anual que le dedicaba el telediario, porque a mi colegio nunca vino nadie a invitarnos a participar en el <em>bukkake</em> festejo regio. La chavalada que salía en la tele recibiendo nerviosa un diploma y unas palmaditas reales en la cabeza, me recordaba, más bien, a la que veía entrar en el cole de al lado.</p><p>El verano de la pandemia se llevó por delante a <strong>Juan Carlos primero, a Cayetana después y a Messi </strong>en mitad de la última ola de calor y la segunda del virus. Los tres dejaron un tremendo hueco en sus respectivas aficiones; Juan Carlos y Lionel dejaron otro aún más difícil de tapar en la Agencia Tributaria. A Cayetana le dio Pablo Casado la carta de libertad sin que ella se la pidiese, pero se duda de su marcha a otro club. Si fichase por Vox y Messi por el City, podríamos decir que los tres acabaron en clubes-estado.</p><p>La huida del argentino prometía una noche intensa en<em> El Chiringuito</em>. “<strong>Nunca hay que tomar las decisiones en caliente</strong>”, aconsejaba Josep Pedrerol mirando a cámara, música <em>chill out </em>de fondo, a las dos y pico de la mañana, las cuatro y pico en los Emiratos Arabes Unidos, país que está a punto de dejar de ser monárquico para abrazar el <em>juancarlismo</em>. “Messi, ¡quédate!”, imploraba, trágico, Josep, que a lo mejor no es del Barça pero es <em>messista</em>.</p><p>El lema del republicano canallita no se hereda. No se oye decir “<strong>Yo no soy monárquico, soy felipista</strong><em>felipista</em>”, tal vez porque Felipe VI no nos representa. Sería un buen rey para Dinamarca, donde se valora bien poco la campechanía y él y su familia encajarían a nivel estético, pero aquí queremos tiros errados, amantes suicidas, yernos corruptos, elefantes en la habitación, nietos a la altura de su apellido, abuelas despechadas, burofaxes, ruedas de prensa de hora y media a la puerta del Congreso… <strong>Un rey está en entredicho en cuanto empieza a aburrir</strong>. O nos dais movidas palaciegas, o la República.</p><p>Como ya no está bien visto ser<em> juancarlista</em> nos cambiaron el mantra: “<strong>La monarquía actual es la que mejor representa los valores republicanos</strong>”. Atiende. Las monarquías republicanas y los vampiros <em>esiten. </em>Y las repúblicas monárquicas, claro. La Italia de Berlusconi, los Estados Unidos de Trump o el Madrid de Ayuso representan bastante bien los valores monárquicos, que al final se resumen en uno: “Haré un poco lo que me salga del toto”. Eso es un rey para mí. No sé si aún existe el concurso, pero me gustaría participar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor de Miguel 'Quequé']]></author>
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