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    <title><![CDATA[infoLibre - Antes de]]></title>
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      <title><![CDATA[El Madrid de las tertulias antes de la guerra: cuando las balas eran letras y las batallas se libraban en los cafés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/madrid-tertulias-guerra-balas-letras-batallas-libraban-cafes_1_1207922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9494b009-110e-4325-a264-ba99ee1e77f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El Madrid de las tertulias antes de la guerra: cuando las balas eran letras y las batallas se libraban en los cafés"></p><p>Emilio Peral Vega se acuerda del Café Lion cuando habla del tiempo que Federico García Lorca pasó en Madrid. “En el sótano estaba ‘La Ballena Alegre’ y ahí se daba cita una tertulia falangista”, tercia el catedrático y experto lorquista. “Y en la parte de arriba”, remata, “había una tertulia republicana, comandada por el siempre cáustico José Bergamín”. Falangistas y republicanos. El local abrió sus puertas en 1931. Cinco años después, los primeros colaborarían en la sublevación que daría lugar a la <strong>Guerra Civil Española</strong>. “Pero entonces era distinto”, matiza Peral Vega: “Unos y otros representan posturas contrarias, sí, y extremas también, pero podemos estar seguros de que, por muchos improperios que se lanzaran los unos a los otros, no debieron de ser pocas las copas que se tomaron juntos”. El caso es que en aquel Madrid de los años treinta, cuando la libertad ocupaba el lugar del que más tarde se adueñaría la dictadura, y cuando las letras ocupaban el sitio que después coparían las balas,<strong> la discusión y el debate</strong> fueron lo natural en los cafés y en las tertulias.</p><p>En los años treinta, pero también en los veinte y en los diez y durante casi todo el siglo XIX, Madrid estaba sembrado de cafés —popularizados durante <strong>Trienio Libreral</strong> (1820-1823)—. Se encontraban, sobre todo, en el centro de la ciudad, y todos ellos los frecuentaban intelectuales, literatos, filósofos, pintores, escritores o poetas de la época. Por citar los más famosos, en la calle de Alcalá se encontraba el Café Colonial; no muy lejos, en el Café del Prado compartían mesa nombres de la talla del propio Lorca, Bécquer, Ramón y Cajal o Buñuel; en el Universal, tal y como explica Antonio Arroyo Almaraz, profesor de Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid, se citaban los canarios, cuyo representante más insigne no podía ser otro que <strong>Benito Pérez Galdós</strong>; en el Café Pombo, por su parte, la tertulia la dirigía el gran Ramón Gómez de la Serna y el Nuevo Café de Levante hasta lo cantó Lola Flores en su canción <em>Zarzamora</em>. Igual de importantes eran el Gato Negro, el Café de Fornos, el Lion —con su La Ballena Alegre—, el Marfil o el Café de Roma, donde tenían especial presencia ateneístas como el médico Gregorio Marañón.</p><p>En <em>Federico García Lorca: 100 años en Madrid </em>(editado por la Comunidad de Madrid), la profesora Fanny Rubio, también de la UCM, escribe en referencia a la Generación del 27, que en aquel Madrid “se hablaba de cultura, poesía e, incluso, se vivía la <strong>pasión política</strong> hasta llegar a las manos”. ¿Quién sabe si en ese Café Lion del que habla Peral Vega? Y sigue Fanny Rubio: “Pero más bien se cambiaba la dirección del mundo”. Había en aquellas generaciones formadas, en muchos casos, en la archiconocida Residencia de Estudiantes —o en la Residencia de Señoritas, menos famosa, pero tan importante como para contar con profesoras de la relevancia intelectual de María Zambrano o Maruja Mallo— una convicción de trascendencia, de encontrarse en el lugar preciso para <strong>lanzarse al mundo</strong>. Como escribe Rubio, para cambiarlo. Y todos esos actores que se fueron arremolinando en Madrid a lo largo de los siglos XIX y XX, tal y como apunta Manuel Antón, doctor en Historia del arte y divulgador cultural, “no podían evitar confluir en los mismos lugares, los cafés, los clubes nocturnos, las tertulias y, por supuesto, intercambiar ideas”. Y mientras compartían sus pensamientos y los discutían; mientras pintaban, escribían y filosofaban, esas ideas no hacían otra cosa que crecer, mejorarse, expandirse. Tomaban forma, en definitiva.</p><p><strong>El Ateneo, el Lyceum Club y todo lo que se llevó la guerra</strong></p><p>Desde 1835, el magma cultural madrileño tuvo, además de los salones y cafés que —muchos de ellos— ya habían ido emergiendo desde años atrás, una institución en la que iban a cristalizar muchas de esas ideas avanzadas que proponía la intelectualidad de la época. Nacía el <strong>Ateneo Científico y Literario</strong> de Madrid, vivo todavía en la actualidad y con una renovada junta que promete revitalizarlo. Andando el tiempo, Azaña, Cánovas del Castillo, Ramón María del Valle-Inclán, Unamuno o Gregorio Marañón llegarían a presidirlo. La casa se mantendría vigorosa hasta la Guerra Civil, aunque con un parón durante la dictadura de Primo de Rivera. El franquismo secó su actividad casi por completo y utilizó su solera para expandir la propaganda del régimen. “Y no hay que pasar por alto el <strong>Lyceum Club Femenino</strong>”, sorprende la doctora en Filosofía y escritora Marifé Santiago. “Se trata”, resume, “del primer gran experimento de reuniones de mujeres en España”, en un sentido intelectual, claro está.</p><p>Bajo la dirección de María de Maeztu y con miembros como las políticas Clara Campoamor o Victoria Kent y las escritoras María Teresa León o Concha Méndez, por poner algunos ejemplos, el Lyceum fue un agente más del <em>boom</em> cultural. La actividad se extendió desde 1926 hasta 1939. También la dictadura se llevó el Lyceum Club, que fue sustituido por otro que coordinaba la franquista <strong>Sección Femenina</strong>.</p><p>Hasta que la guerra se lo llevó todo y el franquismo arrasó con la modernidad y la libertad, Madrid era una ciudad en la que confluían intelectuales de toda edad y condición. Los más viejos desconfiaban —aunque también aprendían— de los jóvenes y estos, en palabras del pintor Salvador Dalí, que llegó a la Residencia de Estudiantes en el año 1922, afeaban “la putrefacción” de sus antecesores, aunque, por supuesto, entre esa ‘<strong>putrefacción</strong>’ a la que, de forma exagerada, se refiere el surrealista, se encontraban los referentes de la savia nueva. De él mismo y de todos los jóvenes. Dos años antes de que el pintor catalán llegara a la capital, moría el escritor Benito Pérez Galdós. También él había llegado a Madrid desde provincias, concretamente desde Canarias. Lo había hecho en 1862, a sus 19 años, y como les ocurría a muchos de los jóvenes que desembarcaban en la gran ciudad, en palabras de Antonio Almaraz, se había visto deslumbrado por el resplandor madrileño. Poco a poco, sin embargo, después de mucho “flanear” por las calles de Madrid, como él mismo lo describió, se convirtió nada menos que en el ‘poeta’ que toda ciudad necesita, tal y como lo definió la filósofa María Zambrano. “Nada como sus novelas”, resuelve el profesor de la Complutense, “para conocer <strong>cómo era aquel Madrid</strong>”.</p><p>Todavía hoy quedan algunos vestigios de la ciudad que muchos conocieron al calor de una tertulia. El <strong>Café Gijón</strong>, en Recoletos, permanece vivo desde que abrió sus puertas por primera vez en 1888. El <strong>Comercial</strong>, que despegó un año antes, también sigue en pie en un extremo de la glorieta de Bilbao. Queda, no obstante, la duda de si se trata de un par de fósiles, o más bien de un recordatorio más de que aquel Madrid tolerante, preocupado por los asuntos de su tiempo, disfrutón y acogedor no ha muerto nunca. Sigue ahí. Latente y evolucionado. Vivo, al fin y al cabo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Aug 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[El Madrid de las tertulias antes de la guerra: cuando las balas eran letras y las batallas se libraban en los cafés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/madrid-tertulias-guerra-balas-letras-batallas-libraban-cafes_7_1206359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb4b5bbb-19d6-4411-90cc-b9d87eb522b1_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El Madrid de las tertulias antes de la guerra: cuando las balas eran letras y las batallas se libraban en los cafés"></p><p>La capital española fue, especialmente durante el siglo XIX y principios del XX, el hogar que eligieron intelectuales de toda clase y condición. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jul 2021 10:34:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Santiago antes de Ramón y Cajal: mil y una travesuras del primer Nobel español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/santiago-ramon-cajal-mil-travesuras-primer-nobel-espanol_1_1207717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5478645b-8612-4630-8e00-b95b9e9c11a4_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Santiago antes de Ramón y Cajal: mil y una travesuras del primer Nobel español"></p><p>La historia de <strong>Santiago Ramón y Cajal</strong> (Petilla de Aragón, 1852 - Madrid, 1934) termina bañada en reconocimientos, distinciones, hallazgos y premios. Eso, si se entiende la muerte del ‘padre de la Neurociencia’ como el final de su historia porque, en realidad, si uno se deja caer por alguna facultad española de ciencias, observará que noventa y cinco años después de su fallecimiento, el legado Ramón y Cajal se mantiene vivo, útil y admirado. El paso del tiempo no ha empañado los logros del Premio Nobel y <strong>las nuevas generaciones de científicos y científicas</strong> estudian con orgullo sus investigaciones en el campo de la Anatomía, la Histología o el sistema nervioso. Pero que su historia no haya tenido un final no comporta que carezca de un principio. ¿Cómo fueron los primeros años de ese chaval criado en el Alto Aragón? ¿Ya desde niño daba pistas de la brillante carrera que tenía por delante? “Pues la verdad es que no”. Juan Andrés de Carlos, investigador del Instituto Cajal (CSIC) y responsable del legado Cajal, sonríe tras su rotunda respuesta. “Ni era buen estudiante, ni mostraba el más mínimo interés por esto de la Medicina y la Ciencia”.</p><p>Era un trasto. En los varios pueblos del Alto Aragón por donde su familia tuvo que moverse conducida por el trabajo de su padre —médico rural—, el niño Santiago tuvo que recibir más de un correctivo paterno. “Se metía en las fincas de los vecinos, <strong>robaba fruta</strong> e incluso sabemos que llegó a fabricar una especie de cañón artesano que lanzaba piedras”, relata Juan A. de Carlos. No eran más que travesuras, pero el padre no perdía oportunidad de tratar de <strong>conducir a su hijo por el camino de la Medicina</strong>. “Lo que pasa”, apunta el investigador, “es que lo que quería el chaval era ser artista”. A Santiago le gustaba pintar y eso que no tenía las herramientas para hacerlo. “Pero la carencia de instrumentos no fue un problema para él”, sorprende: “Utilizaba los cartoncillos de color rojo de las carteritas donde se guardaba el papel de fumar para diluirlos en agua y extraer el colorante”.</p><p>Él quería pintar y se buscaba la vida para hacerlo. “Era un chico muy hiperactivo”, explica De Carlos, “pero para lo que le gustaba”. Para todo lo demás, mostraba el mínimo interés. No era bueno en los estudios, suspendía. El primer Nobel de la historia de España<strong> no se aplicaba en absoluto</strong>. ¿Por qué? Simple y llanamente porque no le interesaba. Porque su padre había cerrado con llave la puerta de las artes —lo que de verdad le gustaba— y la había lanzado al mar. Y ese mar en el que el padre trató de ahogar las ansias artísticas del chaval se llamó Escolapios de Jaca, el colegio donde terminó interno Santiago. “Aunque por poco tiempo”, desliza el investigador, “habida cuenta de que parece que allí <strong>se pegó con un cura</strong> y la dirección del colegio decidió mandarlo de nuevo para casa”. El padre, tozudo, no cesó en su empeño y lo mandó a estudiar, esta vez, a Huesca. El futuro Nobel encontró allí algo muy diferente a los pueblos que había conocido hasta el momento —Valpalmas y Ayerbe, entre otros—. Huesca era pequeña, pero, al fin y al cabo, era una capital de provincia y eso no ayudó a que se aplicara en los estudios, más si cabe con la llegada de su hermano.</p><p><strong>Cuba, vuelta a España y un microscopio Verick</strong></p><p>“No obstante, Santiago terminó el bachiller y se dio cuenta de que tenía que hacer caso a su padre”, señala Juan A. de Carlos. Estudió Medicina en Zaragoza y, una vez concluyó la carrera, fue llamado a filas. Terminó en Cuba, donde se estaba librando <strong>la Guerra de los Diez Años</strong>, con el grado de capitán y, a pesar de la emoción por la naturaleza y los paisajes que allí encontraría, tan distintos a los que había contemplado durante su infancia, enseguida comprobó la hostilidad de la isla. Haciendo gala de la gran honestidad que demostraría, también, una vez famoso, Ramón y Cajal no quiso valerse de las cartas con recomendaciones que le había conseguido su padre —y que le habrían asegurado un destino más o menos cómodo— y tuvo que bregar en los escenarios más adversos de la Cuba. <strong>Enfermo, regresó a España y eso fue todo un milagro</strong>. “Poseía una gran fortaleza”, comenta el investigador, “puesto que frecuentó el gimnasio durante su etapa de estudios a cambio de clases de Anatomía fisiológica y muscular. Es posible que eso le ayudara a superar las enfermedades contraídas en la trinchera”.</p><p>De vuelta en España, la disentería y el paludismo no le impiden empezar un doctorado. “Ya digo que era muy hiperactivo”, recuerda el investigador. Y, a partir de ese punto, hay dos acontecimientos que marcan el devenir de la historia de Ramón y Cajal. El primero lo sorprende cuando tiene que bajar de Zaragoza, donde estudió el doctorado, a Madrid para realizar los exámenes. En la capital, a Ramón y Cajal le enseñan, por primera vez, una <strong>preparación histológica al microscopio</strong>. Hoy se diría que ese día nació una estrella. Volvió a casa y comunicó a su familia que el dinero que había ganado en el ejército lo iba a invertir, precisamente, en un microscopio. “<strong>Se pudo comprar un Verick</strong>, que no era muy bueno, pero al que sí le pudo sacar partido”, detalla De Carlos. Gracias a las investigaciones “sobre la inflamación y la circulación sanguínea consiguió el doctorado”. Entonces pasó cuatro años como catedrático en Valencia, otros cuatro en Barcelona y, finalmente, recaló en Madrid, donde mantuvo la cátedra treinta años. Pero fue durante su período valenciano cuando el científico se encontró con el segundo momento clave de su vida profesional, el que lo catapultaría al altar de los científicos más relevantes de la historia.</p><p><strong>Algo que Cajal no había visto jamás</strong></p><p>“El último año que trabajó en Valencia”, relata el responsable de su legado en el Instituto Cajal de Madrid, “lo llamaron para ejercer de vocal en un tribunal de oposiciones a cátedra”. Tuvo que desplazarse, de nuevo, a la capital y allí encontró al profesor <strong>Luis Simarro</strong>, un especialista en Neuropsiquiatría con el que pudo intercambiar pareceres: “Simarro le dijo: «Voy a enseñarle a usted, con el microscopio, una preparación que no ha visto jamás». Así de televisivo fue el profesor Simarro. ¡Aunque llevaba razón! Efectivamente, Cajal no había visto nunca esa preparación de tejido nervioso teñida con un método que había inventado un tal <strong>Camillo Golgi</strong>, a la sazón un italiano cuyo nombre, andando el tiempo, aparecería junto al suyo en el Premio Nobel de Medicina de 1906.</p><p>Hasta el momento, el tejido nervioso se había estudiado muy poco porque no se podía tintar, pero el método de Golgi cambiaba las cosas y, una vez lo hubo conocido, el científico español pudo empezar a trabajar con él. Sin embargo, y a pesar de haber compartido el Nobel con él, Cajal <strong>no estuvo de acuerdo con las tesis del italiano</strong>, toda vez que el español fue pionero en el descubrimiento de la sinapsis entre neuronas, es decir, en proponer que las neuronas eran <strong>unidades individuales</strong> que se comunicaban, no por contacto, sino por el espacio existente entre ellas, uno de los hallazgos que, a la postre, le permitirían escribir su nombre en letras doradas en la historia de la Neurociencia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[Santiago antes de Ramón y Cajal: mil y una travesuras del primer Nobel español]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5478645b-8612-4630-8e00-b95b9e9c11a4_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Santiago antes de Ramón y Cajal: mil y una travesuras del primer Nobel español"></p><p>El 'padre de la Neurociencia' quiso ser artista y, hasta que se decidió a sacar el bachiller, fue un pésimo estudiante.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jul 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/miguela-miguel-molina-vida-milagros-coplista-valiente_1_1207508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/166c9a1d-2ea9-4cbb-891a-e56b2b8b0078_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente"></p><p>No tenía nada a su favor. Nada, ninguna de las piezas que conformaban la joven vida de niño nacido a principios del siglo XX en el barrio de Capuchinos de Málaga —por aquel entonces, uno de los más humildes de la ciudad— parecía dispuesta para que se convirtiera en una estrella. Más aún, en un revolucionario. O, quizás, precisamente las circunstancias paupérrimas en las que nació, la pobreza, el abandono de su padre y el ambiente popular y pícaro andaluz en el que se crió fueron, en realidad, las únicas posibles para crear el caldo perfecto, la mezcla idónea —mágica— que construye a un fenómeno. Ángel Ruiz, también artista, también malagueño y también talentoso escribió un monólogo delicioso en el que él mismo interpreta al coplista. En Miguel de Molina al desnudo (Premio Max al mejor actor protagonista, entre otros), Ruiz, solo acompañado de un pianista, a la sazón César Belda, narra toda la trayectoria de Miguel como si él mismo hubiera viajado a nuestra época. Una época en la que, en palabras de Ángel Ruiz, “no hay ninguna duda de que Miguel de Molina se hubiera dedicado al cante y al baile, sería un artista”, pero “también un activista que hubiera estado en la calle protestando por la muerte de Samuel y luchando por la libertad”.</p><p>Miguel de Molina nació un diez de abril de 1908. Ruiz cuenta cómo ya desde muy pequeño entretenía al resto de niños de su vecindad con pequeños espectáculos en las corralas del barrio. Su padre se había marchado y había dejado a Miguel, su madre y sus hermanos en una situación todavía más comprometida. “Las monedillas que le daban a Miguel por esos entretenimientos para los niños”, apunta Ángel Ruiz, “las ponía en el monedero de su madre sin que se diera cuenta”. Ya en esos momentos tenía el futuro coplista la necesidad de oler escenario, de impregnarse de todas esas artes. “Pero no tenía dinero para pagarse la entrada a los espectáculos”, advierte el actor, “por lo que era habitual que incluso se colara en el Teatro Cervantes de Málaga para ver todo lo que pasaba allí dentro y, en aquellos tiempos, lo que encontraba entre los muros del teatro eran números de variedades”. </p><p>Con catorce años, hizo las maletas. Él todavía no lo sabía, pero, en palabras de Ángel Ruiz, había empezado el camino que lo convertiría en una estrella. No lo sabía, pero sí lo quería. “No podemos decir que él buscara su camino”, apunta, “porque siempre supo que quería dedicarse al espectáculo”. Y también sabía —o intuía— que, a diferencia de otros grandes artistas, él iba a tener que recorrer un camino mucho más largo para conseguir su objetivo. Él había nacido en los bajos fondos. De Málaga se fue a Algeciras. Allí conoció a Pepa <em>la Limpia</em>, quien le dio trabajo en el prostíbulo que regentaba. La valentía que le había llevado a marchar de casa con catorce años era equiparable a su inteligencia. “Lo que más destaco de él es precisamente eso”, corrobora Ruiz, “él tenía la capacidad de fijarse en todo lo que había a su alrededor, era una persona absolutamente inteligente y despierta”. Por eso, aquellos cerca de tres años que trabajó de <em>chico para todo</em> en el prostíbulo no fueron en vano. Aprendió y conoció gentes distintas y distintas maneras de hacer. </p><p>También allí, tal y como él mismo contó, se conoció un poco más a sí mismo. “Una noche que estaba un poco enfermo”, relata Ruiz, “una de las chicas de la mancebía entró a su habitación para cuidarlo. De repente, se quitó la prenda que cubría su cuerpo, quedó desnuda y se le insinuó”. Años después explicó que fue en ese momento cuando se cercioró de que no le gustaban las mujeres porque no sintió ningún deseo por ella. </p><p><strong>Un café con Lorca</strong></p><p>Superada la etapa en Algeciras, Miguel de Molina pasó un tiempo en Granada, donde ya había asistido al Festival de Cante Jondo que organizaron Federico García Lorca y Manuel de Falla gracias a la invitación de su amigo Rafael <em>el Corcho</em>. Allí se enamoró Miguel del flamenco y quedó fascinado por el arte y la personalidad del poeta granadino y, en especial, de su Romancero gitano. En Granada anduvo de escenario en escenario participando en espectáculos para señoritos y turistas hasta que un ganadero sevillano lo convenció para trasladarse a Sevilla, donde, según le dijo el hombre, podría desarrollar mejor su talento. Y así fue, cuando menos, durante el verano que duró la Exposición Iberoamericana de 1929. Por aquel entonces, Miguel de Molina era conocido como <em>la Miguela </em>y no fue hasta que hubo llegado a Madrid que se convirtió, definitivamente, en Miguel de Molina. Fue en la gran capital donde empezó a frecuentar la copla —a pesar de que se entendía como un género eminentemente femenino— y a recibir el interés de grandes figuras como Soledad Miralles o Antonia Mercé, quien lo llamó para bailar el Amor brujo en Barcelona, un espectáculo que dirigía Manuel de Falla.</p><p>Aquel niño pobre del barrio de Capuchinos, aquel <em>chico para todo</em> de un prostíbulo, aquella Miguela siempre a contracorriente había construido su nombre. Había construido la estrella.</p><p>Durante sus días en Barcelona, pudo cumplir uno de sus grandes sueños: conocer a Lorca. Fue en el café de la Granja de Oriente. A Miguel lo invitó su amigo Rafael de León y en esa pequeña tertulia de tres consiguió el coplista que Rafael de León le concediera el honor de cantar la nueva canción que estaba componiendo, Ojos verdes, que acabaría siendo uno de sus grandes éxitos. Con el paso del tiempo, Miguel de Molina siempre recordó aquella velada con Federico García Lorca con mucho cariño. Y también aquella época, antes de que la llegada del franquismo diera al traste con todo. A él no lo echaron de España, pero tuvo que irse porque necesitaba seguir con sus espectáculos y aquí era del todo imposible.</p><p>“A Miguel de Molina”, concluye Ruiz, “hay que recordarlo como un hito. Es la primera figura masculina que aparece en un género relegado para la mujer y con una identidad propia”. Valiente, talentoso e inteligente, el coplista malagueño fue, también, un revolucionario. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Artistas,Cantantes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/miguela-miguel-molina-vida-milagros-coplista-valiente_7_1206338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/166c9a1d-2ea9-4cbb-891a-e56b2b8b0078_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente"></p><p>Nacido en una de las barriadas más humildes de Málaga a principios del siglo XX, el coplista navegó a contracorriente para convertirse en una estrella</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jul 2021 17:30:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miguela antes de Miguel de Molina, vida y milagros de un coplista valiente]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ana María antes de Maruja Mallo, la única 'bruja' joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/ana-maria-maruja-mallo-unica-bruja-joven_1_1207254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f5d0a059-67a4-40c2-86aa-b840d770f486_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Ana María antes de Maruja Mallo, la única 'bruja' joven"></p><p>El salón de actos de la prestigiosa <strong>Revista de Occidente</strong> jamás había abierto sus puertas para acoger una exposición artística. Jamás hasta el 28 de mayo de 1928. Ese día, Ortega y Gasset, flamante director de la publicación, recibió con entusiasmo a la intelectualidad de la ciudad de Madrid que acudió en tropel a contemplar la obra de una joven pintora de 26 años que presentaba todo un conjunto de cuadros cuya temática sobrevolaba —cuando no penetraba hasta las trancas— las verbenas de pueblo y los divertimentos tradicionales y futuristas de los hombres y las mujeres españolas. A la joven que había detrás de aquellos diez óleos y muchas más estampas la definió muy bien el escritor y periodista <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong>. "Allí estaba la autora pequeñita", decía, "con ojos de lince, la cabeza como una veleta de giros rápidos, apretada la nariz a la barbilla como un pájaro orgulloso de su nido de colores". Era <strong>Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 - Madrid, 1995) </strong>y "si la posteridad fuera justa", tercia el doctor en Historia del Arte Manuel Antón en conversación con este medio, "hoy sería una de las artistas más recordadas y reconocidas del país".</p><p>El nombre de Maruja Mallo se cuela a menudo por las finas rendijas de las anécdotas de la Residencia de Estudiantes que dejan sus tres alumnos más célebres: Salvador Dalí, Luis Buñuel y, sobre todo, <strong>Federico García Lorca</strong>. Este último definió la exposición que llevó a Mallo a la Gran Vía madrileña, donde se encontraba la sede de la Revista de Occidente, como "los cuadros que he visto pintados con más imaginación, con más gracia, con más ternura y con más sensualidad". Los cuatro, junto a otros estudiantes como Pepín Bello, Margarita Manso y algunos más, formaban parte del meollo cultural e intelectual madrileño cuyos poetas y escritores, andando el tiempo, se conocerían como la Generación del 27. Además, Maruja Mallo fue —es y será— una <strong>sinsombrero</strong>. Y no cualquiera, sino una de las dos mujeres que, junto con Lorca y Dalí, protagonizaron el gesto que daría nombre a toda una generación de mujeres artistas, escritoras e intelectuales españolas.</p><p>"Parece que Mallo, Dalí, Lorca y Margarita Manso paseaban un día por la Puerta del Sol cuando decidieron retirarse sus respectivos sombreros", explica Manuel Antón, y continúa: "Lo importante es el gesto, el símbolo de descubrirse la cabeza". La propia Maruja Mallo explicó <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Wb2HXDael7I" target="_blank">en un programa de televisión</a>, muchos años después, que los cuatro miembros de la Residencia que se quitaron la prenda recibieron, <em>ipso facto</em>, <strong>insultos, vejaciones y hasta pedradas</strong>. Lo cierto es que la joven Maruja Mallo y sus cómplices habituales no solían dejar indiferente a nadie. Gómez de la Serna decía de ella que "daba la mano como tirando de la campanilla de la amistad con un zarandeo especial". Aquella primera exposición en la sede de la Revista de Occidente puso a Mallo en el mapa del arte español, pero fue solo el comienzo. Con el tiempo, conocería al escultor Alberto y a Benjamín Palencia y participaría en la que más tarde se llamó la <strong>Escuela de Vallecas</strong>. "Su arte fue sólido desde el principio, pero, como si de una paradoja se tratase, estuvo en formación constante", expone el doctor.</p><p>En aquel Madrid de las tertulias estaba creciendo una artista que era "<strong>la única bruja joven que he conocido</strong>", tal y como también la describió Gómez de la Serna. Había en ella la capacidad de transmitir tanto dentro como fuera del lienzo y de trabar amistad con las más grandes personalidades de aquel tiempo. Neruda, Alberti —con quien mantuvo una relación sentimental—, los ya citados Lorca y Dalí, Miguel Hernández —con quien también mantuvo una relación— y tantos otros discutieron, rieron, debatieron y, con el estallido de la <strong>Guerra Civil Española</strong>, lloraron y se exiliaron a la vera de Maruja Mallo.</p><p><strong>Cuando Breton le compró un cuadro</strong></p><p>La calidad pictórica de Mallo es indiscutible, así como su aportación al surrealismo. Y no es que lo digan los entendidos, que también, sino que el máximo exponente del surrealismo, <strong>André Breton</strong>, no pudo evitar comprarle un cuadro a la gallega. Maruja Mallo viajó a París en 1932 y enseguida encajó en el ambiente vanguardista francés. Encandiló al poeta Paul Elouard y despertó un gran interés en el padre del surrealismo. Cuán magnífico tiene que ser <em>El Espantapájaros </em>para que Breton no dudara un segundo en hacerse con él. "La buena sintonía que tuvo con los surrealistas franceses", comenta Antón, "la llevó a plantearse no regresar a Madrid y desarrollar su carrera en París, pero decidió volver a España". Antes, eso sí, expuso en la parisina y prestigiosa<strong> Galería Pierre</strong>. A su regreso, los acontecimientos se precipitaron en España. Ella misma contó, en una entrevista para la televisión, cómo fue la última vez que vio a su amigo Federico García Lorca.</p><p>  </p><p>Margarita Mallo, la única ‘bruja’ joven que conoció Gómez de la Serna, fue, ya desde muy pronto, observadora, algunas veces; participante, otras, y a menudo protagonista de los acontecimientos más relevantes de la historia de España. Maruja Mallo fue <strong>figura del surrealismo y emancipadora de la mujer</strong>. Fue moderna, genial, rebelde y exiliada.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ana María antes de Maruja Mallo, la única 'bruja' joven]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ana María antes de Maruja Mallo, la única 'bruja' joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/ana-maria-maruja-mallo-unica-bruja-joven_7_1206321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f5d0a059-67a4-40c2-86aa-b840d770f486_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Ana María antes de Maruja Mallo, la única 'bruja' joven"></p><p>La artista gallega encandiló al padre del surrealismo, André Breton, con sus pinturas y pronto destacó en el panorama cultural madrileño.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[9d2df308-ab8a-4eeb-b909-a543959580cb]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Bellas artes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Urraca antes de Urraca I de León: cómo se construyó la primera gran reina de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/urraca-urraca-i-leon-construyo-primera-gran-reina-europa_1_1207021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/439a6783-1401-4d7f-a3c2-bd9fbda5637e_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Urraca antes de Urraca I de León: cómo se construyó la primera gran reina de Europa"></p><p>“Debilidad, dependencia, distanciamiento, temor, custodia y control masculino”. Son los seis atributos que, tal y como escriben María del Carmen Pallares y Ermenildo Portela en La reina Urraca (Editorial Nerea, 2006), debe tener una mujer medieval. Sin embargo, continúan, “en demasiados aspectos y con mucha frecuencia la vida real de nuestra protagonista [Doña Urraca] entró en franca contradicción con esa imagen”. En conversación con este medio, el medievalista Miguel García-Fernández, experto en las mujeres gallegas en la Edad Media e investigador del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento (CSIC-Xunta de Galicia), destaca: “Estamos hablando de una niña que iba a convertirse, pese a que algunos cronistas hayan puesto empeño en esconderlo, en la primera mujer reina propietaria de Europa”. Quizás esa poca voluntad de sumisión de la niña Urraca fuera la que la llevó al trono, pero, en palabras de Pallares y Portela, ese choque en ocasiones violento “entre comportamiento y pautas de comportamiento” también “está en la base de muchas de las dificultades de la mujer Urraca y de la reina Urraca”. </p><p>El camino de la hija de Alfonso VI y Constanza de Borgoña al trono no fue fácil. Intrigas palaciegas, intereses y personajes ansiosos de poder trabaron siempre que pudieron su ascenso. Pero Urraca I de León, Urraca <em>La Temeraria</em>, llegó al trono. “Y no solo llegó y reinó”, apostilla García-Fernández, “sinó que, además, gobernó”. </p><p>La reina Urraca no es, por mucho, la más conocida entre la realeza ibérica. “Fue la legítima heredera del trono de León y Castilla tras la muerte de su medio hermano Sancho Alfónsez, hijo de Alfonso VI y la morisca Zaida”, señala el medievalista. Era la primogénita del rey y, tras la muerte del único hijo varón del monarca, el peso dinástico cayó sobre sus hombros. “A pesar de la gran dificultad que entraña el hecho de rastrear la vida de una mujer que vivió alrededor del año mil”, explica García-Fernández, “se han encontrado algunos datos que permiten entender cómo pudo ser su vida”. Además, el historiador añade que “en estos casos en los que tenemos tan poca información también es útil dibujar el perfil de los personajes mediante la comparación con otras figuras de las que se tenga más conocimiento”. Lo que sí se ha podido llegar a comprobar es el nombre de dos de sus maestros, el presbítero Pedro y Domingo Falcóniz.</p><p>Urraca nació en 1081 y las fuentes históricas señalan que contrajo matrimonio en 1093, es decir, con unos doce o trece años. En la historia, los acontecimientos personales que tienen lugar en la vida de nobles y reyes están vinculados muy estrechamente a la geopolítica y a los intereses territoriales. El caso de Urraca, por supuesto, no es una excepción. La casaron con Raimundo de Borgoña, que acudió al reino de Alfonso VI tras la llamada a toda la cristiandad de este último para combatir a los almorávides, cada vez más peligrosos para sus dominios. “Antes de ese matrimonio”, señala García-Fernández, “la educación de Urraca se movería entre una típica formación de doncella medieval, con mucho peso de la costura y la religión, y otra propia de una primogénita bien posicionada en el camino al trono”. Por eso estudió las artes liberales, el trivium —gramática, dialéctica y retórica—, el quadrivium —aritmética, geometría, astronomía y música—, equitación y caza, estas dos últimas, importantes para una mujer que podía acabar viéndose al frente de un ejército. </p><p><strong>Ni reinó mal ni era una niña perversa</strong></p><p>“En las series de televisión se pinta a Urraca como una niña maquiavélica”, apunta García-Ferández, y continúa: “Pero no hay evidencias de eso”. Lo que, a su modo de ver, ocurre es que la misoginia imperante a lo largo de la historia se ha empeñado en enturbiar las figuras femeninas poderosas, pintándolas como mentes frías, calculadoras y hasta malvadas dando por hecho que esa es la única forma que tuvieron para llegar a ostentar algún tipo de poder. “Esa mala imagen de Urraca se la debemos a los cronistas medievales”, remata. Y lo mismo que sucede con la imagen personal de esas reinas como Urraca, sucede con su gestión. Las crónicas la afean, la convierten en caprichosa y ruinosa. “Sin embargo”, completa el medievalista, “los datos nos dicen que consiguió mantener el territorio que le legó su padre”. En otras palabras, el reinado no fue ni mucho menos tan malo como algunos lo pintan. </p><p>“Lo que está claro”, insiste, “es que Urraca podría haber decidido sus responsabilidades y declinar el trono, pero no lo hizo. Y no solo reinó, sino que también gobernó”. Se trata, a pesar de que algunos cronistas no reconocieran su reinado y pasaran directamente de su padre a su hijo, de la primera gran reina propietaria de Europa: “Seguro que fue una mujer fuerte y valiente”. Había que serlo para sobrevivir en los pasillos palaciegos medievales. Pero todo eso forma parte de otra historia, la de una gran reina independiente y batalladora —previamente fue condesa de Galicia— que no se amilanó y ejerció como monarca. Antes de eso, sin embargo, existió una niña y una adolescente que anduvo un camino nada fácil y que terminó, como relata el propio Miguel García-Fernández, por romper un techo de cristal nada menos que en el siglo XII. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jul 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Urraca antes de Urraca I de León: cómo se construyó la primera gran reina de Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Urraca antes de Urraca I de León: cómo se construyó la primera gran reina de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/urraca-urraca-i-leon-construyo-primera-gran-reina-europa_7_1206308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/439a6783-1401-4d7f-a3c2-bd9fbda5637e_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Urraca antes de Urraca I de León: cómo se construyó la primera gran reina de Europa"></p><p>No se trata de la figura medieval más conocida, pero el camino Doña Urraca estuvo sembrado de dificultades.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jul 2021 17:30:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Clara antes de Clara Campoamor, la hija de modista que cosió alas a las mujeres españolas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/clara-clara-campoamor-hija-modista-cosio-alas-mujeres-espanolas_1_1206706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/31115b57-3ebe-4656-b267-c6c73e194310_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Clara antes de Clara Campoamor, la hija de modista que cosió alas a las mujeres españolas"></p><p>El 1 de octubre de 1931 no solo es el día en que <strong>Clara Campoamor (Madrid, 1888 - Lausana 1972)</strong> pasa a la historia como la mujer que cargó en sus espaldas el peso de la defensa y consecución del <strong>sufragio femenino</strong> en España, sino que también es el día en el que España madura; el día en que permite que las mujeres "puedan participar en el espacio de lo común", en palabras de la escritora y doctora en Filosofía Marifé Santiago. Antes de 1931, Campoamor era una de las tres únicas diputadas mujeres que había en el Congreso, junto a Margarita Nelken y Victoria Kent. Y antes de 1931, España era un país en el que "las mujeres no eran personas porque, para serlo, hay que ser<strong> persona jurídica</strong>". Después del 1 de octubre de 1931, Campoamor se convirtió en punta de lanza y principal responsable de uno de los cambios políticos más relevantes de la historia de nuestro país, si no el que más. Después de 1931, las mujeres españolas dejaron de ser ciudadanas de segunda clase. Por eso, el <em>Antes de</em> de Clara Campoamor trasciende a la propia diputada. Todo lo que le ocurrió antes de aquel octubre de 1931 es la senda que, sin saberlo, anduvieron con ella todas las españolas de la historia.</p><p>El padre de Clara era periodista. Ahí ve Marifé Santiago una semilla de la preocupación de la hija por la actualidad y los asuntos de su tiempo. La madre, costurera. "Y ahí quiero ver", apuntilla la escritora, "que aprendió de ella la necesidad de hilar todos los hilos que están sueltos para poder crear<strong> algo que nos abrigue y que nos vista</strong>". De esas dos simientes nació una niña que tuvo que dejar de estudiar muy pronto porque su padre murió cuando ella contaba solo diez años de edad. Fue en 1898. "Muy pronto se vio obligada a dejar de estudiar", tercia Marifé Santiago. Quizás esa fue una de las cosas determinantes para configurar su pensamiento y apuntalar el sentido de su lucha. "Ella tenía claro", continúa Santiago, "que si hubiera sido un hombre, la muerte de su padre no la hubiera condenado a tener que dedicarse a la costura, por ejemplo". En otras palabras, experimentó en sus propias carnes que cualquier contratiempo condenaba a una mujer a<strong> aparcar su ambición</strong>.</p><p>Sin embargo, ella no lo hizo. Tras trabajar como modista, telefonista y dependienta con tal de colaborar con la economía familiar, en 1909 se presentó a la oposición para el <strong>cuerpo de Telégrafos</strong> y consiguió una plaza. "Era la única oposición a la que podían presentarse las mujeres", concreta Santiago, "y eso explica que muchas mujeres de ese período que, más tarde, escribirían sus propias líneas en la historia trabajaran todas ahí". Después, accedió a un puesto en el Ministerio de Instrucción Pública y en 1920 se inscribió en el Bachillerato. Solo cuatro años después, Clara Campoamor ya era <strong>licenciada en Derecho</strong> y pronto abriría su propio despacho. De algún modo, ya estaba poniendo en práctica eso que más tarde entendería como desprenderse del freno que muchos hombres consideraban que debían tener incorporado las mujeres. En una de las muchas escenas y experiencias que relata en su libro <em>El voto femenino y yo: mi pecado mortal</em>, Campoamor explica algo que escuchó, una vez ya se había convertido en diputada, de boca de un "republicano ardoroso, de agudo sentido liberal y, por lo demás, hombre respetable y respetado", es decir, de alguien con quien, en principio, compartía cuerda política. El diputado espetó: "Es bueno que la mujer tenga el freno de la Iglesia". Para Campoamor, esas palabras descubren "todo el profundo desprecio masculino por la hembra, a quien se considera precisada de freno". Ella dedicó su vida a eliminar ese freno —a destruirlo—, aunque, para ello, tuviera que enfrentarse, incluso, a sus propios correligionarios.</p><p><strong>El día que Victoria Kent no fue al Congreso</strong></p><p>"Esto es uno de los mayores dramas de la historia del mundo", bromea Santiago. "Victoria Kent y Clara Campoamor eran amigas", continúa, "y se querían. Se admiraban". Lo que ocurrió, en palabras de la escritora, es que "Victoria Kent, que formaba parte de un partido distinto al de Clara, votó en clave de partido y no en clave de conciencia". Una opinión extendida en aquel momento consistía en que <strong>el voto de las mujeres podía acabar con la República</strong>, toda vez que, según esa corriente, votarían siempre lo que dijera la Iglesia y, por lo tanto, el sentido de su voto sería conservador. Victoria Kent formaba parte del Partido Republicano Radical Socialista, que, basado en esos principios, se oponía al sufragio universal. "Aquel 1 de octubre, el día en que se llevó a cabo la votación, <strong>Victoria Kent no se presentó en el Congreso</strong>", apunta Santiago. Lo que sucedió aquella jornada ya es parte de la historia. Los síes vencieron a los noes y las mujeres ganaron, gracias a los 161 diputados que votaron a favor pero, sobre todo, a Clara Campoamor, esa ciudadanía jurídica que las convertía en personas.</p><p>Después de eso, tal y como explica en el libro antes citado, su carrera política tocó a su fin. Haber encabezado la lucha por el sufragio fue "un pecado mortal", tal y como ella misma lo describió. La Guerra Civil la obligó a exiliarse y <strong>no pudo volver a España nunca</strong>. Murió en 1972. Trabajó traduciendo textos de Victor Hugo y Émile Zola y ejerció la abogacía hasta quedarse ciega. La máxima responsable de que las mujeres puedan votar en España falleció en Lausana (Suiza) tras<strong> 36 años lejos de su país</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Clara antes de Clara Campoamor, la hija de modista que cosió alas a las mujeres españolas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Mujeres]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Clara antes de Clara Campoamor, la hija de modista que cosió alas a las mujeres españolas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/clara-clara-campoamor-hija-modista-cosio-alas-mujeres-espanolas_7_1206286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/31115b57-3ebe-4656-b267-c6c73e194310_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Clara antes de Clara Campoamor, la hija de modista que cosió alas a las mujeres españolas"></p><p>Es la máxima responsable de que en España se instaurara el sufragio femenino el 1 de octubre de 1931</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jun 2021 17:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[Michelangelo Merisi antes de Caravaggio: un 'broncas' del siglo XVI con mucho talento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/michelangelo-merisi-caravaggio-broncas-siglo-xvi-talento_1_1206510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c85f7ef-1189-43e6-a557-1d6d530c4294_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Michelangelo Merisi antes de Caravaggio: un 'broncas' del siglo XVI con mucho talento"></p><p>La que, a todas luces, es una de las mejores definiciones que se han dado de la figura de Caravaggio (Milán 1571-Porto Ércole 1610) se encuentra en las páginas de Caravaggio: una vida sagrada y profana del historiador británico Andrew Graham-Dixon. Dice: “La vida de Caravaggio es como su arte: una serie de relámpagos en la noche más oscura”. Y lo mismo ocurre con su niñez y su juventud, si es que en su vida hubo otra cosa. “Murió con solo treinta y nueve años”, tercia Cipriano García Hidalgo, profesor de Historia del Arte y divulgador. “En efecto”, continúa, “Caravaggio ya tenía un poco ese perfil de oveja negra en la familia y, una vez fue creciendo, se convirtió en un pendenciero, lo que hoy se conoce como un ‘broncas’”. Eso es lo que se desprende de los archivos judiciales de la época, prácticamente la única información que se ha conservado del artista. Todo eso es la oscuridad de la que habla Graham-Dixon. Sin embargo, existen también los relámpagos, la luz de sus cuadros: “Sin ninguna duda, se trata de uno de los pintores más influyentes y no solo en la pintura, sino que también en la fotografía, las artes escénicas y el cine”, apunta García Hidalgo. </p><p>Esos archivos judiciales y algunos otros datos biográficos dan la suficiente información como para que la posteridad haya podido dibujar un personaje talentoso, pero camorrista; aficionado a las prostitutas, pero acusado de homosexual; oscuro, pero brillante. “Tira piedras a la casa de su patrona”, escribe Graham-Dixon, “y canta canciones obscenas bajo su ventana. Llega a las manos con un camarero por el aliño de un plato de alcachofas. Se mofa de un rival con insultos sexuales gráficos. Ataca a un hombre en la calle. Mata a otro en una pelea con espada. Junto con su banda inflige atroces heridas a un caballero de Justicia en la isla de Malta”. Dicho de otra forma, Caravaggio fue prácticamente un delincuente.</p><p>“Incluso tuvo que huir de Roma cuando las familias poderosas que lo solían proteger no pudieron interceder por él”, comenta el profesor. Pero parece que el particular estilo de vida de Caravaggio podría tener su origen mucho antes de que llegara a Roma. Quizás haya que remontarse a su niñez. “Su hermano era el bueno”, explica Cipriano García Hidalgo. De hecho, terminó por ordenarse como sacerdote. En cambio, Michelangelo Merisi enseguida adoptó el papel de oveja negra: “Incluso sabemos que, a pesar de que estuvo yendo a clases de pintura durante cuatro años en su adolescencia, parece que no las aprovechó mucho, que prefería dedicarse a hacer otras cosas”. De lo que sí quedó plena constancia es de que en 1592, cuando el joven pintor rondaba los veinte años, marchó a Roma. Allí llegó, como suele decirse en nuestros días, con una mano delante y otra detrás, “y seguramente empezara a pintar de una forma más seria por necesidad”. De todos modos, la cercanía de su familia a algunos linajes bienestantes como los Colonna y los Sforza fue para él una especie de colchón nada desdeñable tanto para introducirse en los círculos artísticos de la ciudad eterna, como para esquivar los juzgados o el calabozo cuando sus fechorías y altercados se topaban de frente con la ley. </p><p><strong>Luces y sombras, literalmente</strong></p><p>El joven Caravaggio pronto empezó a destacar. Pinturas como Los jugadores de cartas (1595) o Chico mordido por una lagartija (1596) lo pusieron en el mapa, pero ambas, y el resto de las obras de ese período, eran trabajos por encargo destinados a decorar salones particulares y, por tanto, no tenían proyección. “Su salto a la fama llegó con los encargos para algunos espacios religiosos importantes en Roma”, tercia García Hidalgo. Las obras sobre San Mateo que realizó para la Capilla Contarelli ejercieron una gran influencia entre los jóvenes artistas que probaban suerte en la ciudad. “Es el tratamiento de la luz y las sombras la gran innovación de Caravaggio”, apunta el profesor: “Él consigue una gran verosimilitud en sus pinturas gracias a la sensación de claridad y oscuridad que logra imprimir en el lienzo”. Fuera de toda duda, es el máximo exponente del claroscuro, que en su pincel se conoce también como tenebrismo. Sin embargo, hubo cuadros que pintó para la Iglesia que no gozaron de gran aceptación. Es el caso de los que pintó para un pequeño altar en la Basílica de San Pedro. Rápidamente la institución religiosa retiró La Madonna con el niño y Santa Ana. Consideraban la obra “todo vulgaridad, sacrilegio y disgusto”. Algo parecido sucedió con La muerte de la virgen.</p><p>Hoy, ambos son dos de los cuadros más importantes de toda su producción, pero, en su momento, fueron un escándalo. Fueron dos sombras más en una vida llena de ellas, que terminó, por cierto, demasiado pronto. Eso sí, los fogonazos de luz fueron los más brillantes de toda la historia del arte.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Michelangelo Merisi antes de Caravaggio: un 'broncas' del siglo XVI con mucho talento]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Michelangelo Merisi antes de Caravaggio: un 'broncas' del siglo XVI con mucho talento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/michelangelo-merisi-caravaggio-broncas-siglo-xvi-talento_7_1206266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6c85f7ef-1189-43e6-a557-1d6d530c4294_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Michelangelo Merisi antes de Caravaggio: un 'broncas' del siglo XVI con mucho talento"></p><p>Se trata de uno de los pintores más influyentes de su tiempo y máximo exponente del tenebrismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jun 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Johanna antes de Hannah Arendt: arriesgar, tomar partido y conducir la propia vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/johanna-hannah-arendt-arriesgar-partido-conducir-propia-vida_1_1198866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0afb6462-fb7f-4a2c-bf39-8609ef362c2a_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Johanna antes de Hannah Arendt: arriesgar, tomar partido y conducir la propia vida"></p><p>“Enseguida fui de la opinión de que los judíos no podían quedarse”, escribió la pensadora Hannah Arendt poco después de que Adolf Hitler tomara el poder en Alemania en 1933 y los nazis la detuvieran e interrogaran durante ocho días: "No estaba por la labor de andar dando vueltas por Alemania, por así decir, como ciudadana de segunda, de la forma que fuese”. Ya a sus veintisiete años —había nacido en 1906 en Hannover— tuvo la lucidez suficiente como para intuir que “las cosas empeorarán siempre más”. En cuanto pudo, hizo las maletas y emigró, aunque, como también escribió más adelante, “sentía al respecto <strong>una cierta satisfacción</strong>”. Lo apuntó en un texto que continuaba: “Había sido detenida, así que tuve que abandonar ilegalmente el país [...], enseguida estuve contenta. Pensaba: ¡al menos he hecho algo! <strong>Al menos no soy inocente</strong>”. El texto aparece citado en <em>Hannah Arendt: filosofía ilustrada</em>, que firman conjuntamente Nils Baracella, Stefania Maffeis, Ansgar Lorenz y Juliane E. Reichert y que ha editado Taugenit este mismo año. ¿Por qué decía la joven Arendt eso de “al menos he hecho algo”? ¿Cuál es el pensamiento filosófico que la llevó a tal reflexión y, sobre todo, dónde hay que ir a buscar la raíz de su pensamiento?</p><p>Son demasiadas preguntas para resolverlas todas juntas. “Vamos por partes”, sugiere el profesor de filosofía y divulgador cultural Carlos Javier González Serrano desde un rincón del Círculo de Bellas Artes de Madrid (CBA), que muy amablemente ha cedido una de sus salas para realizar la entrevista. “Hannah Arendt consideraba que el ser humano tenía que <strong>evitar el aislamiento </strong>y salir a la arena pública para exponer sus puntos de vista”, explica. En la misma línea, los autores del libro citado en el primer párrafo exponen: “Arendt no tenía en gran consideración la contemplación apartada del mundo. Al contrario, aparecer públicamente y asumir la responsabilidad de las posiciones adoptadas, aunque parezca arriesgado, representa para ella la <strong>tarea decisiva de la pensadora política</strong>”. Así las cosas, emigrar era, para ella, un acto político en el que demostraba una opinión sobre el régimen que se estaba asentando en el país germano y, qué duda cabe, aceptaba sin ambages el riesgo que conllevaba llevar a cabo la acción. “Es que”, completa el profesor, “para Arendt la filosofía no debía quedarse en el campo de la Academia: solo era útil si se convertía en acción” o, si lo preferimos, si se convertía en política.</p><p>Aunque eso, pese a ser reflexiones que hace en su juventud, es comenzar casi por el final. La primera Hannah de todas —o Johanna, su nombre de nacimiento— es <strong>una niña judía alejada de la ortodoxia</strong> cuyo padre muere cuando todavía es ella muy pequeña y cuya madre la educa en un ambiente muy progresista para la época. Muy pronto, a los catorce años, lee la <em>Crítica de la razón pura</em> de Kant y se empieza a desenvolver en ambientes intelectuales hasta que siente la estricta llamada de la filosofía. Y, en ese momento, ser joven, brillante y querer estudiar Filosofía solo quería decir una cosa: viajar a Marburgo. “Allí, <strong>Heidegger se había convertido en uno de los filósofos de moda</strong>”, señala González Serrano. La explosión del filósofo alemán había popularizado la universidad de Marburgo y allí llegó una jovencísima Hannah Arendt, que en la primera tutoría que recibió por parte del maestro Heidegger lo enamoró a un nivel solo comparable al enamoramiento que ella misma sintió al verlo y charlar con él. <strong>Ella tenía dieciocho años, él rondaba los treinta y cinco y estaba casado</strong>. Desde ese momento mantendrían un relación amorosa clandestina hasta que Arendt decidió poner tierra de por medio. Ambos, eso sí, <strong>influyeron de manera decisiva</strong> en el pensamiento y la producción del otro.</p><p><strong>El hombre y no Dios</strong></p><p>“Mientras que Heidegger sentenciaba que el ser humano estaba en el mundo para conquistar la muerte, Arendt creía que los hombres nacían para alcanzar la vida”, tercia el profesor. Y la vida, tal y como ya pensaba Hannah en su juventud, había que conducirla. “No es Dios”, amplía González Serrano, “quien guía al hombre, sino que es el ser humano quien tiene que <strong>conducir su existencia en la arena pública</strong>, en el foro”. Este existencialismo es una de las principales ideas de la filósofa, aunque ella siempre prefirió que se la tratara como una pensadora política. Todo esto —el pensamiento que lleva a la acción, la discusión de las posturas en el ágora y la toma de conciencia de que la vida la dirige uno mismo— es lo que la llevó a alzar la voz contra el nazismo, tal y como se demuestra en las palabras recogidas en el primer párrafo, y a emigrar de Alemania primero a Francia, donde fue<strong> confinada en un campo de internamiento</strong>, y, más tarde, a Estados Unidos. Fue allí donde en 1951 dejó de ser una apátrida, toda vez que recibió la nacionalidad americana después de que el régimen nazi le quitara la alemana.</p><p>Pero todo eso pertenece ya a la madurez de Hannah Arendt, de la misma forma que su <strong>empeño por dignificar y ayudar al pueblo judío</strong> o que sus clases como profesora de Filosofía. “Sin duda alguna”, remata el profesor, “Hannah Arendt es una de las pensadoras con más hondura del siglo XX, pero sobre todo una que no entendió nunca la filosofía si no era con una intención práctica”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Johanna antes de Hannah Arendt: arriesgar, tomar partido y conducir la propia vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adolf Hitler]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Johanna antes de Hannah Arendt: arriesgar, tomar partido y conducir la propia vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/johanna-hannah-arendt-arriesgar-partido-conducir-propia-vida_7_1202627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0afb6462-fb7f-4a2c-bf39-8609ef362c2a_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Johanna antes de Hannah Arendt: arriesgar, tomar partido y conducir la propia vida"></p><p>Desde joven leyó a Kant y pronto despuntó en la Universidad de Marburgo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jun 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Johnny antes de Jimi Hendrix: el niño pobre y la escoba de seis cuerdas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/johnny-jimi-hendrix-nino-pobre-escoba-seis-cuerdas_1_1198581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/93a828fc-cfec-4f43-86ee-a74b8fdc440e_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Johnny antes de Jimi Hendrix: el niño pobre y la escoba de seis cuerdas"></p><p>Hay que imaginarse una familia bien pobre, bien desestructurada y bien complicada. El pequeño <strong>Johnny Allen Hendrix</strong> nació en Seattle un 27 de noviembre de 1942. “Su padre era militar y no tuvo contacto con él hasta que el pequeño cumplió tres años”, explica Javier Miralles, cofundador de la escuela de música RockCamp. “Además”, continúa, “tanto él como su mujer, la madre de Hendrix, tenían problemas con el alcohol”. En la desordenada infancia y adolescencia de la futura estrella del rock hace especial hincapié el biógrafo Charles R. Cross en <em>Jimi Hendrix: la biografía</em> (editada en español por Ma Non Troppo en 2007). Cross insiste en que la trayectoria vital y profesional del guitarrista solo pueden entenderse a tenor del contexto familiar y social que lo vio nacer y crecer. “Eso sí”, apunta Miralles, “lo que más me impresiona a mí del caso de Hendrix es el estrechísimo vínculo que tuvo siempre con el instrumento”. Ya desde muy pequeño, los maestros veían cómo el chaval <strong>empuñaba una escoba como si fuera una guitarra</strong>. No sabían, ni lo imaginaban siquiera, que estaban delante de alguien que iba a convertirse en un mito de la música.</p><p>La cosa cayó por su propio peso. A la escoba vieja le salieron cuerdas y se transformó, primero, en un <strong>ukelele </strong>y, más tarde, en una guitarra. Desde entonces no hubo vuelta atrás. El pequeño Johnny —al que sus padres ya habían cambiado el nombre a James Marshall— y el instrumento que lo convertiría en uno de los mejores músicos de todos los tiempos no pudieron separarse nunca más. “Incluso cuando estuvo en el ejército”, recuerda Javier Miralles, “Hendrix pidió a su padre que le enviara la guitarra para poder tocarla en la base militar”. Pero eso es adelantar acontecimientos. Primero es necesario descubrir el camino sembrado de <strong>actos delictivos </strong>que llevó al joven Hendrix a convertirse en militar.</p><p>“Jimi Hendrix <strong>vivió 27 años</strong>, pero, por todo lo que hizo y por todo lo que pasó, cualquiera diría que fueron muchos más”, reflexiona Miralles. Desde la infancia tuvo que soportar la relación tortuosa que mantenían sus padres. Se divorciaron cuando el pequeño cumplió los nueve años y los jueces entregaron la custodia a su padre. Más tarde, en 1958, Jimi y su hermano Leon perdieron a su madre, de ascendencia cherokee, algo que siempre reivindicó Hendrix. “Es un tópico”, reconoce el cofundador de RockCamp, “pero la música siempre fue un refugio para el chaval”. Sin embargo, la mala situación económica y los malos tragos que tuvo que afrontar desde bien pequeño lo llevaron a cometer algún que otro delito. “De hecho”, apunta Miralles, “fueron precisamente esos delitos los que lo llevaron a las fuerzas armadas”. Al parecer lo cazaron hasta en dos ocasiones<strong> conduciendo vehículos robados </strong>y le dieron la opción de evitar la cárcel alistándose al ejército y así lo hizo. “No obstante, sus superiores pronto se dieron cuenta de que no tenía mucha madera para la vida militar”, sonríe. Ahora bien, no hay que pensar en la etapa que pasó como paracaidista como un tiempo para su carrera musical. En el ejército tocó, mejoró sus aptitudes y conoció a Billy Cox, el bajista con el que formaría la banda <em>King Casuals</em> y con quien tocaría también, andando el tiempo, fuera del ejército.</p><p><strong>Éxito más allá del Atlántico</strong></p><p>“Parece que sus superiores se lo quitaron de encima”, explica Miralles, “aunque también existe la versión de que se fracturó el tobillo y por eso tuvo que licenciarse del ejército”. En cualquier caso, una vez liberado de todo lo que tuviera que ver con un paracaídas y un fusil, Hendrix empezó a dedicarse en cuerpo y alma a la música. Tocó en distintas bandas, entre ellas <em>The Isley Brothers</em> o la banda del gran Little Richard, “pero Jimi Hendrix<strong> necesitaba protagonismo</strong>”. Su habilidad con la guitarra iba en consonancia con su actitud excéntrica en el escenario y pronto se hartó de ser, simplemente, un miembro más de los grupos. Fue, de algún modo, una casualidad que lo viera tocar Linda Keith, por aquel entonces novia de Keith Richards, de <em>The Rolling Stones</em>: “A Linda le impresionó la destreza del joven afroamericano. Era diferente. No había tenido formación musical y hacía cosas con la guitarra a las que otros no se atrevían”. Por todo eso lo recomendó a algunos managers, aunque, al principio, no supieron ver su talento. Fue distinto, en cambio, cuando comentó el caso con <strong>Chas Chandler</strong>, el bajista de <em>The Animals</em>, que estaba ya planteándose colgar el instrumento y comenzar una carrera como productor. Faltaban unos cuatro años para que Jimi Hendrix desapareciera; cuatro años para que muriera en el Hospital St Mary Abbot después de que lo encontraran inconsciente en una habitación del Hotel Samarkand, en Notting Hill.</p><p>Pero <strong>en esos cuatro años pasó todo</strong>. Nació <em>The Jimi Hendrix Experience</em> y arrasó en el Reino Unido, se agudizaron sus problemas con las drogas, impresionó a <em>The Beatles, </em>apareció la violencia, dio el salto a los Estados Unidos, <strong>quemó guitarras</strong> y se convirtió, en definitiva, en un mito. Pero todo eso es harina de otro costal y pertenece a la leyenda, no al camino que lo llevó a convertirse en ella. “La leyenda de Hendrix empieza incluso antes de su muerte”, resuelve Miralles: “en los cuatro años vertiginosos en los que una estrella fugaz deslumbró al mundo”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Jun 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <title><![CDATA[Johnny antes de Jimi Hendrix: el niño pobre y la escoba de seis cuerdas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/johnny-jimi-hendrix-nino-pobre-escoba-seis-cuerdas_7_1202603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/93a828fc-cfec-4f43-86ee-a74b8fdc440e_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Johnny antes de Jimi Hendrix: el niño pobre y la escoba de seis cuerdas"></p><p>No pasó una infancia fácil, se las tuvo que ver con la justicia y se alistó, incluso, en el ejército.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jun 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <title><![CDATA[Kurt antes de Kurt Cobain: nació para romper todos los moldes y murió destruyendo los suyos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/antes-de/kurt-kurt-cobain-nacio-romper-moldes-murio-destruyendo_1_1198333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0b0c18d5-fe62-4c47-9888-82e212088245_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Kurt antes de Kurt Cobain: nació para romper todos los moldes y murió destruyendo los suyos"></p><p>En una de las últimas entrevistas que Kurt Cobain (Aberdeen 1967- Seattle 1994) ofreció a la televisión, dijo: "Eres más feliz cuando encuentras un tesoro en una tienda de segunda mano, que cuando tienes dinero para comprar cualquier tienda entera". Durante el diálogo con la periodista de Much Music, que se llevó a cabo en 1993, el <strong>líder de Nirvana</strong> habla de una niñez humilde y con pocos lujos. Sin embargo, tal y como explican David Aceituno y David M. Buisán en <em>Kurt Cobain: una biografía</em>, ya a la edad de siete años cayó en sus manos una primera guitarra. Se la regaló su tía Mari Fradenburg, la hermana pequeña de su madre, alguien que "vio cualidades en Kurt que sus padres no supieron ver". De hecho, incluso le dejó grabar algo en su estudio. "Era una guitarra tipo <em>slide</em> hawaiana, color azul de postal de isla paradisíaca", continúa la biografía. Por supuesto, era de plástico, "al alcance de todos los bolsillos". Las dos anécdotas permiten dibujar un perfil, aunque poco exacto, de la niñez de Kurt Cobain. No obstante, se puede indagar mucho más para tratar de descubrir cuáles son las piezas sobre las que se elevó <strong>uno de los mayores iconos de la música</strong> para, más tarde, protagonizar, también, una de las mayores caídas.</p><p>"Kurt Cobain era un diamante en bruto y, aunque murió joven, por fortuna pudo desarrollar su talento unos años", tercia Javier Miralles, cofundador de la escuela de música RockCamp. "Pero la suya fue una vida trágica", continúa. Nació en el seno de una familia humilde en Aberdeen, una ciudad del condado de Grays Harbor (Washington, EEUU). "Paradójicamente", señala Miralles, "fue <strong>un niño muy feliz </strong>y alegre, como se puede ver en un montón de vídeos que se han conservado". Pero todo cambió con el divorcio de sus padres. Ese niño contento y radiante se tornó en uno ensimismado, introvertido y esquivo. Antes ya le habían diagnosticado <strong>hiperactividad</strong> —por la que recibió medicación— y, ya en la preadolescencia, cuando todavía no superaba los trece años, se inició en el consumo de la marihuana. Sería la primera de una larga lista de adicciones que complicarían su vida sobremanera. "Pronto se dio cuenta de que la música iba a ser un buen refugio", desliza Javier Miralles.</p><p>Desde muy pronto trató de formar una banda. "No le fue fácil", señala. Sin embargo, tras muchas vueltas, consiguió convencer a<strong> Krist Novoselic</strong>, alumno del mismo instituto que Cobain. Kurt ya había comenzado a hacer sus pinitos con un grupo al que llamó Fecal Matter y Novoselic accedió a participar. "Cuando escuchas, hoy en día, alguna maqueta de sus temas, suenan sucias, duras y francas, como le gustaban a él". Más adelante, cuando Nirvana arrasó con su <em><strong>Nevermind</strong></em> (1991), ya bajo un gran sello discográfico como DGC Records, "Cobain, que era el alma y el cerebro del grupo, no quedó muy contento con el sonido, más de estudio de lo que a él le hubiera gustado". Sin embargo, fue el álbum que los consagró como uno de los primeros espadas del rock alternativo estadounidense y como los impulsores del Grunge. <em>Smells like teen spirit</em>, el principal sencillo del álbum, se mantuvo meses en los primeros puestos de las listas y se considera una de las mejores canciones de todos los tiempos. Paralelamente, la vida personal de Cobain se volvía cada vez más cruda. La adicción a la marihuana dejó paso a la heroína y algunos problemas médicos, en especial una bronquitis crónica, se agudizaron.</p><p><strong>"Él no quería ser un icono"</strong></p><p>Kurt Cobain nació para romper todos los moldes de la música. "En estos casos siempre existe la misma duda", reflexiona Miralles: "Tuvo <strong>una vida dura y angustiosa</strong> en muchos momentos y se acabó demasiado pronto. Es triste no poder seguir escuchando su música, pero es imposible saber si, de no haber sido exactamente ese su camino, hubiera podido alcanzar semejante nivel". Lo que también comenta el cofundador de RockCamp es <strong>la incomodidad con que Cobain encajó la fama</strong>. "Él no tenía intención alguna de convertirse en un icono", apunta: "Lo que quería era hacer música y ya está, pero revolucionó la escena y eso, entre otras cosas, lo convirtieron en un ídolo de masas, a pesar de las extravagancias". O, quizás, en parte, gracias a ellas. Cobain se erigió como el representante, o la voz, mejor dicho, de la denominada Generación X.</p><p>La corta vida de uno de los miembros más ilustres del trágico <em>Club de los 27</em> colocó el éxito y su declive en el mismo marco temporal. A la madurez del guitarrista, cantante y compositor de Nirvana corresponden sus problemas más serios con las drogas, su relación con la también artista <strong>Courtney Love</strong>, su internamiento en un centro de desintoxicación, el nacimiento de su hija y más música. El último trabajo que lanzó la banda antes de la muerte de Cobain fue <em>In uthero</em>, un álbum experimental que, aunque no gozó de la misma acogida que <em>Nevermind, </em>sí que obtuvo una buena valoración por los sectores musicales alternativos. Cobain, en definitiva, revolucionó el mundo de la música, pero no pudo frenar a tiempo. Sin embargo, decir que su pronta muerte, siempre <strong>rodeada de un halo de misterio</strong> —aunque las investigaciones policiales la consideraron un suicidio, algunas investigaciones privadas apuntan a que pudo asesinarlo la propia Courtney Love—, marcó a toda una generación sería quitar importancia a lo que de verdad dejó una huella imborrable. Fueron su vida y su música las que lo cambiaron todo para siempre. "Y no solo entre la gente de su tiempo", sonríe Javier Miralles: "Cada año, en el campamento de verano que organizamos para niños pequeños, no para de sonar <em>Smells like teen spirit</em>".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0b0c18d5-fe62-4c47-9888-82e212088245_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Kurt antes de Cobain"></p><p>El líder de Nirvana creció en el seno de una familia de clase obrera en Aberdeen (Washington).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 May 2021 18:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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