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    <title><![CDATA[infoLibre - Capitalismo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/capitalismo/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Capitalismo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los niños de Howard Beale]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/oficio-de-impostores/ninos-howard-beale_129_2141757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4e6661e8-f913-40b0-b9d0-4693a60ef16b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los niños de Howard Beale"></p><p>“No es tan difícil”. Hablaba en la tele un usuario del servicio ferroviario, desde la Estació de França, en Barcelona. Lo que “no es tan difícil”, según el joven, es organizar el servicio y avisar en tiempo y forma a los viajeros de los horarios de salida y llegada, de los retrasos previstos y de los trenes suspendidos, en mitad del colapso del sistema de Rodalies y con los AVE circulando precavidamente despacio en la línea Barcelona-Madrid, mientras los taludes de carreteras y vías férreas se vencen borrachos de lluvia. La frase, que se ha repetido estos días en distintas variantes pronunciada por viajeros de toda condición, ilustrando informativos de todas las cadenas de televisión, causa estupefacción porque es justo lo opuesto a la realidad: <strong>gestionar la complejidad de una red de transportes en un área urbana de Europa Occidental es difícil. </strong>Muy difícil. El enfado ciudadano no es novedad y, al menos en cuanto a la red de Cercanías del área metropolitana de Barcelona, abandonada durante décadas, está justificado, pero lo preocupante no es que se le dé altavoz a la simplificación sino la ausencia de respuesta del periodismo. Nadie, en ninguna mesa, en ningún plató, respondió que e<strong>l primer mundo es un modelo de complejidad,</strong> que la característica de lo contemporáneo es la gestión de la complejidad.</p><p>Cuando este oficio nuestro da voz al enojo sin explicar la complejidad, no está acercándose a la gente, está rebajando el mundo hasta hacerlo compatible con una expectativa infantil. El devastador mensaje implícito es que la gestión del transporte público debería ser fácil, y si no lo es, alguien ha metido la pata. Pero la realidad técnica —trenes, liberalización, protocolos de seguridad, sistemas interconectados, movimiento continuo, decisiones prudenciales tras accidentes— es cualquier cosa excepto fácil. Y no tiene por qué serlo porque la <strong>dificultad no es un defecto, es la condición natural de los sistemas complejos. </strong>Es decir, de cualquier sociedad avanzada. Amplificando al usuario indignado sin contraste solo se legitima la fantasía de que el mundo debería funcionar como una App. El prestigio del enojo, elevado a opinión solvente y estado de ánimo de autoridad, convierte la frustración en criterio de veracidad y supone tratar al lector como a un niño al que no se le puede decir la verdad, a saber, que el mundo es complicado y que hay razones para que lo sea. Eximir al ciudadano adulto de tolerar la complejidad y confundir su impaciencia con lucidez es una infantilización de las sociedades que estamos pagando con las vidas que se está cobrando la<strong> pérdida de autoestima de la democracia. </strong></p><p>Este enfado amplificado —convertido en humor de época, expresado por doquier por ganaderos, comerciantes, rentistas, hosteleros, cazadores, escritores …— está sin excepción protagonizado por<strong> ciudadanos del primer mundo acostumbrados a que los sistemas funcionen sin fricción</strong> y a vivir cualquier disfunción como una ofensa personal. Y rara vez alguien se detiene a explicar qué es lo que ha cambiado realmente en unas semanas para el colapso del sistema ferroviario —más preciso sería decir, “la impresión de colapso”—, que tras accidentes graves se extreman las precauciones, que multiplicar el número de los servicios y compañías disponibles tiene consecuencias, que los sistemas complejos no funcionan como el mecanismo de un sacacorchos, que la mengua del Estado del Bienestar deja huella en las infraestructuras o que la seguridad tiene costes en tiempo, comodidad y eficiencia. Entonces, la complejidad es invisibilizada y es sustituida por una emoción primaria de altísima rentabilidad política, la <strong>ira</strong>. Que es vehiculada electoralmente contra la democracia, como está ocurriendo en todos los países occidentales. </p><p>Lo vimos también con el accidente de Angrois, en que las decisiones de seguridad provisionales durante la expansión de la alta velocidad unidas a un desgraciado error de un maquinista causaron una tragedia aún mayor que la de Adamuz. Entonces, el <strong>error político grave fue la gestión de la crisis,</strong> el trato denigrante que se procuró a las víctimas y sus familias. No el accidente. El accidente fue una desgracia y, como todos los accidentes, una concatenación de errores, torpezas, azares y descuidos.</p><p>Pero este mismo sarpullido infantil ante la complejidad lo vimos durante el extraordinario apagón de abril de 2025, resuelto por los técnicos en 24 horas, y, antes, a propósito de la contención y respuesta europea a la pandemia de 2020, dos casos de gestión de crisis exitosos y modélicos en cualquier tabla geográfica o histórica que tomemos como referencia. </p><p>En este gesto, aparentemente democrático —“dar voz a la gente”— hay un patente <strong>sesgo paternalista porque trata al ciudadano no como a un adulto </strong>capaz de comprender un mundo difícil sino como a un niño al que se le concede que su frustración es legítima y suficiente. No se le exige entender, se le invita a enfadarse, se le aplaude por ello, y así el periodismo no media entre el mundo y el lector o espectador sino que lo licúa y endulza hasta hacerlo bebible, compatible con una mirada pueril de simplicidad permanente. </p><p>La objetividad periodística —la ecuanimidad, si prefieren— no es el resultado de sumar subjetividades, como hablamos semanas atrás a propósito del bienintencionado y nefasto periodismo ruralista, que da altavoz y no respuesta experta a las supersticiones, los atavismos, las creencias erróneas y los intereses espurios de ganaderos y cazadores. Como si colocar en un plano de igualdad la queja de un pasajero, la opinión de un técnico y la decisión de un responsable de seguridad produjera, por acumulación, una verdad equilibrada. Pero la objetividad no es un promedio emocional y, si queremos expresarlo en términos matemáticos, una<strong> información cierta no es el mínimo común múltiplo de las opiniones </strong>sino el mucho más modesto máximo común denominador. Más claro: una información correcta no es una multiplicación, es una división. No es suma sino resta. El periodismo no se construye añadiendo sino descartando, merced a una jerarquía de relevancias que exige discriminar, contextualizar y explicar.</p><p>El filme de Sidney Lumet<strong> </strong><em><strong>Network, un mundo implacable</strong></em><strong> </strong>(1976), escrito por el dramaturgo Sidney Aaron "Paddy" Chayefsky (que le supuso su tercer Oscar a mejor guion), suele citarse como una sátira capitalista sobre el poder corporativo y la manipulación mediática. De algún modo, Howard Beale (Peter Finch), el presentador que pierde la cabeza y hace que miles de ciudadanos abran las ventanas y griten a la noche “¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!”, ha sido interpretado como un héroe trágico, un agitador de conciencias, la voz de alienación ciudadana, la respuesta a la avidez capitalista y al consumismo, pero no es eso lo que Lumet y Chayefsky cuentan en su película, sino lo que<strong> el niño caprichoso que habita en nosotros quiere ver,</strong> dada la simpatía precivil que sentimos por la irritación, la autoridad que le regalamos a la gente enfadada. </p><p>Beale es, en realidad, un hombre que enloquece y cuya locura resulta extraordinariamente rentable para la cadena de televisión. Su célebre grito, expresión perfecta del humor actual de las sociedades occidentales, no articula ningún análisis del mundo, no propone soluciones, no identifica causas, no distingue responsabilidades y sus discursos encendidos, una vez convertido en predicador de las ondas, son un mero sumatorio de supuestas indignidades e incomodidades inherentes a estar vivo en la modernidad. Beale es pura descarga emocional y precisamente por eso funciona. La televisión, incluso en tiempos tempranos, descubre algo tremendo que el periodismo en general no ha dejado de explotar desde entonces: que el<strong> cabreo no necesita comprensión para generar adhesión.</strong> Basta con que sea compartido. Beale es seguido por millones de espectadores, no porque tenga razón, sino porque ofrece una comunidad emocional basada en la ira, una liturgia del berrinche. <em>Network </em>muestra cómo la televisión se convierte en una fábrica de enojo infantil, donde la complejidad del mundo es sustituida por sermones simples y emocionalmente satisfactorios. La paradoja es que la película se estrenó en la que todo el mundo considera la Edad de Oro del periodismo estadounidense, la época del <em>Watergarte</em>. Conviene recordarlo hoy, cuando Jeff Bezos –el rey Midas del repartir paquetes– ha asestado una puñalada letal a <em>The Washington Post</em>. </p><p>La película anticipa pues la <strong>ira genuina e irreflexiva como atajo hacia fórmulas autoritarias y de ultraderecha,</strong> como tobogán a la prepolítica. No hay programa sino catarsis y los ciudadanos se transforman en feligreses. El enfado no se canaliza hacia la comprensión del sistema, sino hacia su negación porque resulta intolerable que el mundo sea difícil. Y si es intolerable, alguien tiene que hacerlo desaparecer o someterlo. Cuando hoy el periodismo amplifica el “no es tan difícil” del usuario indignado sin desmontarlo, sin contextualizarlo, sin contradecirlo siquiera, está reproduciendo exactamente esa lógica. Confunde crítica con enfado y lucidez con volumen emocional; y al hacerlo, contribuye a formar votantes incapaces de aceptar que la perfectibilidad de la democracia, que la técnica y la seguridad son lentas, imperfectas y complejas. El progreso humano, como repite nuestro filósofo de cabecera, es el fruto de una virtuosa y constante concatenación de chapuzas. Y nunca ha sido de otro modo.</p><p>Los clientes peor educados y clasistas —como sabe todo el que se haya desempeñado detrás de una barra o de un mostrador— son los que piden el libro de reclamaciones, repositorio habitual de las pataletas de un presente que se ha <strong>cansado de ser adulto y ahora aspira a volver a berrear</strong> y retorcerse en el suelo del pasillo de las chuches.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Feb 2026 18:27:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Vallín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los niños de Howard Beale]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Derecha,Trenes,España,Cine,Óscar Puente,Capitalismo,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La maldad de lo banal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/maldad-banal_129_2163223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Sabemos bastante, con <strong>Hannah Arendt, </strong>acerca de la<strong> "banalidad del mal"</strong>, pero sabemos quizás menos sobre la <strong>"maldad de lo banal"</strong>; es decir, sobre la banalidad como causa del mal o, al menos, como su sustrato o condición de posibilidad. No solo hay crímenes ejecutados burocráticamente por personas corrientes y vulgares, sino que <strong>el propio dominio de lo banal prepara el terreno</strong> para esos crímenes. </p><p>El<strong> capitalismo neoliberal digitalizado y fascistoide</strong> triunfa como imperio de lo banal. <strong>El mundo se ha banalizado; al mundo lo han banalizado. </strong>Todo es griterío y cacofonías sin límites en las ceremonias del espectáculo ruidoso que incluye los sonidos de las máquinas de guerra. Y aquí, ninguna utopía igualitaria —y libertaria de verdad— es audible. </p><p>La maldad no irrumpe de golpe ni desde lo excepcional, sino que<strong> se incuba en lo cotidiano, </strong>en ciclos largos de naturalización trivial del espanto. Todas las viejas y nuevas expresiones de la crueldad requieren de una permisividad social previa. <strong>El miedo ahora se vuelve deseable</strong> frente a la angustia existencial difusa generada por el mismo neoliberalismo. Las sociedades atemorizadas eligen siempre lo peor: populismo punitivo y cultura del castigo.  Ya no se buscan causas ni responsables, sino culpables débiles.</p><p>La antigua<strong> rebeldía ética de las izquierdas,</strong> nacida de la indignación, es reemplazada por falsas rebeldías reaccionarias guiadas por el resentimiento y el deseo de venganza. Muchas de las izquierdas, sin utopías, copian a las<strong> derechas eufóricas</strong> que no solo proponen<strong> soluciones fáciles a problemas complejos, </strong>sino que inventan problemas donde no los hay.</p><p>La tragedia contemporánea es la estabilización de un<strong> sentido común antiutópico</strong> en masas caprichosas, banales y sumisas que desean y exigen vigilancia y castigo. Esto no se soluciona con la alternancia electoral ni seduciendo a las masas que ya dieron el paso hacia el abismo. La situación no cambia en esencia si accede al poder algún partido o coalición "progresista". Estamos dentro de<strong> una "onda larga" de ofensiva reaccionaria</strong> que apuesta por un cambio refundacional del régimen político, no por simples cambios de gobierno. Es el fin de una época y de sus utopías liberales y socialistas. </p><p>La aceptación de la derrota presente, en esta onda larga, es el primer paso para imaginar una victoria futura. <strong>Queda la posibilidad </strong>—cuya probabilidad desconocemos—<strong> de prefigurar y experimentar, </strong>aquí y ahora,<strong> formas de vida nuevas,</strong> desde una ética y unas prácticas de resistencia política y resiliencia ecológica. Es decir, iniciar, desde un pesimismo activo, la lenta reinvención de un mundo no banal y no atemorizado, sin la mediación del espectáculo ruidoso. <strong>Un mundo silencioso reconstruido </strong>a partir de un<strong> amplio repliegue o deserción de masas </strong>que se atreva a experimentar con un nuevo dibujo civilizatorio y con la reinvención, también, de la misma idea de emancipación. </p><p>__________________</p><p><em><strong>Adolfo Estrella</strong></em><em> es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 05:01:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Adolfo Estrella]]></author>
      <media:title><![CDATA[La maldad de lo banal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fascismo,ultraderecha,Extrema derecha,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El poder como una forma de rebeldía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/forma-rebeldia_129_2137581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El poder como una forma de rebeldía"></p><p>Dentro de la cultura invasiva de la nueva dominación, el desprestigio de la política ocupa un papel decisivo. Los poderosos que dominan la economía, las plataformas digitales y los medios de comunicación prefieren tener las manos libres y evitar cualquier tipo de regulación que limite sus especulaciones y sus avaricias. Las personas que se dedican a la política, si no se someten a los intereses del poder económico, están destinadas a la calumnia y el desprestigio. Por supuesto, claro está, son pesebristas amarrados al poder que se empeñan en conservar cargos. Mientras, los debates sociales envenenan la discusión política de manera estudiada para convertirla en crispación fanática. El neoliberalismo ha derivado hacia nuevas formas de dictadura:<strong> las dictaduras de los millonarios invaden los espacios públicos con dinámicas que se alejan de la convivencia y los valores humanos </strong>para imponer las soberbias del machismo, el racismo y las identidades cerradas. Cualquier perspectiva distinta, la existencia del otro, supone una amenaza.</p><p>En el mundo que vivimos, y desde la situación europea, quiero darle las gracias a algunos políticos pesebristas que se empeñan en amarrarse al poder para seguir en el ejercicio de sus cargos. La profesora Eva Alcón, al meditar sobre sus años como rectora de la Universitat Jaume I y como presidenta de la Conferencia de Rectoras y Rectores de las Universidades Española, considera que<strong> el poder puede significar una forma de rebeldía</strong>. Estoy de acuerdo. Las élites sociales necesitan seres doblegados a sus negocios económicos, expertos en el fraude y en la administración de la ley del más fuerte. Frente a ellos, el poder puede convertirse en una forma de rebeldía.</p><p>Tal y como van las cosas, ejercer el poder es una rebeldía si se intenta defender el derecho a la sanidad pública, contra tantos intereses que pretenden su privatización para convertirla en un negocio. Ejercer el poder es una forma de rebeldía cuando se opone al intento de socavar el derecho democrático a la igualdad desde los cimientos de la educación, limitando las inversiones de la enseñanza pública en beneficio de los centros privados. Si uno mira la realidad española, allí donde gobierna el neoliberalismo son clamorosas las agresiones a la sanidad y la educación pública. Y <strong>las víctimas se olvidan de la situación en la que quedarán sus hijos y sus nietos, dejándose envolver por el ruido de los discursos que ocultan la verdadera amenaza</strong>, la santificación de la desigualdad. Convierten en peligro extremo la emigración, la igualdad de género o el respeto a los derechos humanos, los que están interesados en nuevas formas de desamparo y esclavitud. Empieza a decirse con razón que las moscas son las más partidarias de los insecticidas.  </p><p>Como estudiante universitario, cobré conciencia política en los últimos años de la dictadura franquista. Partidario de la justicia social y alarmado por la deriva dictatorial de los países estalinistas, donde las buenas causas se convertían en justificaciones de la represión, ayudé a fundar Izquierda Unida en 1986, un espacio para luchar por la democracia social en medio del capitalismo desbordado. Defiendo la política y conservo el carné militante de Izquierda Unida desde hace 40 años. Y le agradezco mucho a los representantes del Gobierno de coalición que resistan en sus cargos a pesar de las dificultades. Después de haber crecido en una dictadura, después de haber visto cómo las revoluciones comunistas desembocaban en autoritarismos, después de asistir a derivas neocapitalistas sin escrúpulos ejemplificadas por las ofertas socialistas de Felipe González, tengo la suerte de vivir ahora una coyuntura política que ha hecho posible<strong> un Gobierno de coalición para defender la democracia social y los derechos a la igualdad en la política nacional</strong>. En la política internacional, defiende el multilateralismo, los Tribunales de Justicia y los derechos humanos.</p><p>La vida nos invita a negociar con las posibilidades. Por apoyar a este Gobierno, suelo recibir en los comentarios a mis artículos y desde el pseudoperiodismo frecuentes insultos. <strong>Lo llevo bien, porque sé que mi compromiso está con los derechos cívicos y la justicia internacional. </strong>Pero no sé si son conscientes de sus valores y los principios que defienden algunos columnistas que critican una y otra vez al Gobierno y a sus colaboradores. Están defendiendo un mundo gobernado por la dictadura de millonarios que representa Donald Trump, una Europa doblegada al poder del dinero, una violación sistemática de los derechos humanos y la legitimación de los genocidios. Dentro de España, defienden una destrucción de los derechos cívicos y la dignidad laboral.</p><p>Cada vez que recibo un insulto, me digo de manera humilde: está bien que se sepa,<strong> yo no soy como ellos</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 18:52:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El poder como una forma de rebeldía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,España,Machismo,Xenofobia]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Seamos políticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/seamos-politicos_129_2133045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Seamos políticos"></p><p>Sí, seamos políticos, pero <strong>sin doblegarnos a la antipolítica</strong> de la ley del más fuerte.</p><p>Cuando veo los espectáculos de algunos líderes en sus declaraciones y sus bailes, mientras mucha gente reacciona despreciando y alejándose de la política, siento yo la necesidad contraria de tomarme en serio el valor de la política. El salto electoral de algunos expertos en negocios hacia los altos cargos políticos puede invitar a distanciarse de lo que hoy se ha convertido en un circo, pero también <strong>nos ofrece la posibilidad de ver a las claras lo que significa un capitalismo que ha decidido imponer sus ambiciones</strong> por encima de cualquier regulación que busque la convivencia.</p><p>Oigo la intervención de Donald Trump en Davos. EEUU está muy bien, está mejor que nunca, se han resuelto todos los problemas gracias a la toma de unas decisiones sensatas y necesarias. Trump las enumera, pero pueden resumirse en dos. Era conveniente despedir a miles de funcionarios del sector público y había que acabar con cualquier limitación en el mundo de los negocios, empezando por olvidarse de todas las tonterías que dicen los ecologistas sobre los peligros de las contaminaciones. <strong>La destrucción del espacio público y la conversión del interés privado en una apuesta individualista</strong> negada a cualquier límite hace que salte por los aires el contrato social y que el neoliberalismo derive en el poder dictatorial de los millonarios. Y mucho mejor si, por añadidura, se quitan de en medio los representantes institucionales que no quieren plegarse al impudor de la ley del más fuerte. Aquí mando yo.</p><p>¿Qué son el aire, el agua, la tierra, las ciudades, los bosques, las praderas, los desiertos, las selvas? <strong>Pues nada, posibilidades inmediatas de negocio</strong>, y pensar en el futuro de los hijos tiene poco lugar en las dinámicas individualistas e inmediatas que fijan el éxito o el fracaso en el propio ombligo. ¿Y qué son los funcionarios sino sueldo malgastado? Invertir en personas que cuiden la convivencia, la salud, la educación y los derechos cívicos no deja de ser una forma de derrochar el dinero.</p><p>Contamos, además, con los circuitos de comunicación que están desbordando las viejas raíces democráticas de la información. Parece que fue Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la dictadura nazi, quien advirtió que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Pues vamos a usar las redes sociales para llenar de fe la palabra verdad y desplazarla al mundo fanático de las creencias. Apostemos por el pseudoperiodismo para extender bulos y amenazas falsas que exijan un activismo de odios. Mucho mejor si, por añadidura, nos quitamos de en medio a los periodistas que sigan empeñados en informar y castigamos a las universidades que se nieguen a reproducir los discursos del mandatario. <strong>Barra libre para la mentira y para decir que el país está mejor que nunca cuando arde por dentro, </strong>y hay una desigualdad creciente y los valores democráticos se degradan ante el machismo, el racismo y la manipulación indecorosa de la autoridad policial y militar.</p><p>Que un negociante millonario se haga cargo de la política debería dejar a las claras la necesidad cívica del orgullo social de la política ante los intereses insaciables de un capitalismo desbordado. <strong>No podemos permitir que las especulaciones se conviertan en un peligro acelerado contra la sostenibilidad del planeta</strong>. No podemos dejar que los intereses del petróleo y de otras materias violen sin escrúpulos la justicia internacional. No podemos dejar que los intereses de las industrias de armamento liquiden las aspiraciones de paz y la dignidad humana para mover sus cuentas de beneficios entre invasiones, genocidios y amenazas fronterizas.</p><p>Por eso Europa se convierte en un enemigo para los millonarios como Trump y, al mismo tiempo, supone el reto de un orgullo cívico para los demócratas. Frente al fracaso de las revoluciones comunistas en el siglo pasado y frente a las ambiciones ilimitadas del capitalismo, surgió después de la Segunda Guerra Mundial una necesidad europea de defender la democracia social, una defensa a la que se sumaron distintas sensibilidades, desde los conservadores con sensibilidad democrática hasta los partidos socialistas y lo que se dio en llamar eurocomunismo. <strong>Se creyó entonces que la convivencia necesitaba Estados democráticos capaces de regular la economía y los derechos cívicos en nombre de la convivencia.</strong></p><p>Creo que nos conviene observar el espectáculo sin escrúpulos de algunos negociantes en el poder para <strong>reivindicar la política frente a un capitalismo sin medidas</strong>. Seamos políticos, pero sin doblegarnos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 18:50:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Donald Trump,Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué la extrema derecha está y estará en el centro del tablero político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/extrema-derecha-estara-centro-tablero-politico_1_2123248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1709c99c-84af-4687-b0ad-efcecbbe6c96_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la extrema derecha está y estará en el centro del tablero político"></p><p><strong>El año 2025 comenzó con la investidura de Donald Trump</strong>, de vuelta a la Casa Blanca con todo su séquito reaccionario, identitario y pseudolibertario procedente del movimiento Maga (<em>Make America Great Again</em>), cuya última hazaña ha sido “capturar” al presidente Nicolás Maduro, provocando el estupor mundial.</p><p><strong>El año se cerró con el </strong><a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/151225/un-president-d-extreme-droite-au-chili-le-vertige-memoriel-et-politique" target="_blank"><strong>regreso de un pinochetista</strong></a><strong> a la presidencia de Chile</strong>, apenas seis años después de un movimiento social sin precedentes, que estuvo a punto de acabar con la Constitución neoliberal heredada de la dictadura.</p><p>Mientras tanto, <strong>la extrema derecha siguió avanzando en los países capitalistas avanzados</strong>. Se ha afianzado en el Parlamento <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/211025/premiere-ministre-sanae-takaichi-met-le-japon-sur-les-rails-de-la-droite-dure" target="_blank">de Japón</a>, ha consolidado su base electoral <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/190525/au-portugal-l-extreme-droite-franchit-un-nouveau-seuil-electoral" target="_blank">en Portugal</a>, no ha sido amenazada en sus feudos electorales <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/241125/en-italie-les-electeurs-desertent-les-regionales" target="_blank">en Italia</a>, donde gobierna... Y en los Estados del llamado “E3”, las mayores potencias militares y económicas de Europa, a saber, Francia, Alemania y el Reino Unido, lidera estructuralmente las intenciones de voto.</p><p>Más allá de estos éxitos electorales confirmados o probables, la tendencia de fondo es inequívoca. Entre los regímenes representativos del oeste del continente europeo, los más antiguos, <strong>la extrema derecha lleva cuatro décadas en ascenso</strong> y prácticamente no deja ningún país a salvo.</p><p>En un reciente artículo académico, los politólogos Vincenzo Emanuele y Bruno Marino <a href="https://doi.org/10.1080/2474736X.2024.2399095" target="_blank">demostraron</a> que<strong> la polarización ideológica del panorama político</strong> ha avanzado notablemente durante la década de 2010 y que esta dinámica se ha visto alimentada de forma asimétrica por una radicalización hacia la derecha. Ahora bien, esta polarización <strong>va acompañada de una mayor fragmentación y volatilidad electoral</strong>. Según estos investigadores, el resultado es “una tormenta perfecta para el funcionamiento de las democracias de Europa occidental”.</p><p>Esto puede resultar inquietante si se tienen en cuenta las movilizaciones y las aspiraciones en favor de una mayor probidad, reconocimiento, justicia y bienestar material. Por otra parte, estudios rigurosos muestran que las actitudes generales de la población no son más hostiles a la redistribución o a las minorías que hace unas décadas; basta con haber vivido en los años 70 u 80, o volver a ver las producciones culturales de esa época, para recordarlo. Entonces, <strong>¿qué está pasando?</strong></p><p>Se dirá que no son las mismas personas las que se manifiestan en la calle y las que acuden a las urnas, y que éstas son un espejo deformado de la morfología social real del país, lo cual es en parte cierto. En las elecciones regionales de <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/300925/malgre-son-unite-la-gauche-italienne-perd-une-election-regionale-symbolique" target="_blank">la región de Las Marcas</a> (Italia) en septiembre o en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/221225/espagne-la-gauche-subit-une-lourde-defaite-en-estremadure" target="_blank">las de Extremadura</a> en diciembre, la caída de los partidos de izquierdas y el éxito de la extrema derecha se explican en primer lugar por la <strong>fuerte abstención de quienes votaban izquierda.</strong></p><p><strong>Pero la baja participación no lo explica todo</strong>, <strong>ya que, a pesar de ello, el número absoluto de votos a favor de la extrema derecha suele aumentar.</strong> En Extremadura, Vox ganó casi un 80 % más de votantes en dos años. En las elecciones generales portuguesas de mayo de 2025, la abstención aumentó menos de dos puntos, pero Chega ganó casi un 23 % más de votos en un año.</p><p><strong>En algunos casos, un aumento de la participación puede favorecer claramente a la extrema derecha</strong>. Esto se observó especialmente en Chile, donde el voto era obligatorio: las masas que se incorporaron por primera vez al intercambio electoral no salvaron a la izquierda, sino todo lo contrario. <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/240225/en-allemagne-les-cartes-electorales-redessinent-la-frontiere-est-ouest" target="_blank">En las últimas elecciones federales en Alemania</a>, en febrero de 2025, votaron 3,2 millones de personas más que en las elecciones de 2021, y la extrema derecha ganó 5,5 millones de votos.</p><p>Un fenómeno parecido se produjo en Francia en la primera vuelta de las elecciones legislativas anticipadas de junio de 2024. La participación aumentó 19,2 puntos con respecto a las elecciones legislativas de 2022, que se celebraron inmediatamente después de las presidenciales. Mientras que se contabilizaron 9,25 millones de votos adicionales en las urnas, la Agrupación Nacional (RN) ganó cerca de 6 millones de votos. En ninguna primera vuelta de unas elecciones nacionales la extrema derecha había movilizado a una proporción tan elevada de personas inscritas en el censo electoral.</p><p>Es cierto entonces que <strong>existen disposiciones individuales que la izquierda puede aprovechar en el electorado, pero no hay masas adormecidas que solo esperen ser despertadas para derrotar a una extrema derecha anacrónica</strong>. El trabajo político necesario para activar esas disposiciones progresistas, en un campo mediático hostil y en un momento en que los intermediarios locales se han vuelto escasos, es considerable.</p><p>Por el contrario,<strong> las disposiciones racistas, sexistas y egoístas siguen estando muy extendidas </strong>y resultan más fáciles de activar desde los grandes medios de comunicación y los contenidos virales de las redes sociales. Peor aún, la acumulación del odio parece más fácil de lograr que la convergencia de las luchas por la emancipación. Los resentimientos de diversa índole conviven mejor que las luchas contra la distribución desigual de la libertad, que exigen que cada grupo sea consciente de sus propias ventajas en la estructura social.</p><p>El avance de la extrema derecha se basa, más allá de las coyunturas pasionales, en una realidad material que ha llegado para quedarse y que la hace tan difícil de contrarrestar. Como veremos, la propuesta de la extrema derecha, tomada en su nivel más general, la de un nacional-capitalismo autoritario, parece ahora más “racional” para un número cada vez mayor de votantes que las propuestas en crisis del liberalismo y de la izquierda socialista y ecologista.</p><p><strong>El liberalismo</strong>, en sus vertientes política y económica, <strong>siempre ha adolecido de contradicciones</strong>. Sus promotores se han acomodado gustosamente al trato subordinado de categorías enteras (mujeres, clases trabajadoras, pueblos colonizados) privadas de los derechos y libertades conquistados contra el Antiguo Régimen. Y el derribo por parte de los liberales del orden tradicional no ha ido acompañado de la reconstrucción de solidaridades modernas, promovidas por otras sensibilidades.</p><p>Sin embargo, <strong>hay períodos</strong>, <a href="https://doi.org/10.3917/espri.2509.0049" target="_blank">señala</a> el filósofo Bruno Karsenti,<strong> en los que los liberales se esfuerzan por “conciliar la lógica del mercado y la integración social”.</strong> <strong>Y luego hay otros en los que ya no lo aceptan o no lo consiguen, precipitando así una “zona de colapso”</strong>. Porque eso es precisamente lo que ha ocurrido desde la gran crisis económica de 2008 y todas las convulsiones que le siguieron a las sociedades occidentales.</p><p>En ese momento quedó mortalmente herido el tríptico formado por la globalización, la financiarización y la innovación . El debilitamiento general del crecimiento y el persistente aumento de las desigualdades han ido invalidando progresivamente el discurso falsamente igualitario (“igualdad de oportunidades”) y racionalista (“gobierno de expertos”) que legitimaba el neoliberalismo desde los años ochenta y sus intentos de restaurar el nivel de beneficios.</p><p><strong>La crisis sanitaria agravó esa ruptura</strong>. La decisión de poner la economía “en aislamiento” pudo representar un signo de la omnipotencia de los neoliberales. Pero, en realidad, su bando acabó perdiendo su credibilidad con el retorno de la inflación (el “mal” que se suponía habían derrotado), la revelación de una preocupante dependencia industrial de China y la voluntad de hacer pagar al mundo laboral las enormes facilidades concedidas por los poderes públicos al sector privado.</p><p><strong>Ahora</strong>, el discurso de los neoliberales se ha quedado sin sentido: <strong>la globalización ya no se percibe como una “oportunidad” y los supuestos beneficios de sus políticas se desvanecen</strong> ante su coste en términos de poder adquisitivo, desigualdades y deterioro de los servicios públicos. Se ha desmoronado la concepción de la emancipación a través de la competencia mundial que constituía el núcleo de la promesa neoliberal. La base social de este bando se reduce cada vez más a determinados sectores económicos que aún prosperan y a los jubilados acomodados.</p><p>La impopularidad de Emmanuel Macron o de Friedrich Merz es un síntoma de este fenómeno, que ya es evidente en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/111225/en-amerique-du-sud-les-vieilles-droites-sont-en-voie-de-disparition" target="_blank">América del Sur</a>, donde la derecha y el centro están en vías de marginación. Incluso en países donde ha sido dominante el neoliberalismo, como la República Checa, <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/041025/en-republique-tcheque-le-demagogue-babis-triomphe-et-se-tourne-vers-l-extreme-droite" target="_blank">la extrema derecha se impuso ampliamente</a> en las elecciones legislativas de octubre.</p><p><strong>“Cuando el neoliberalismo destruye el tejido de la sociedad democrática</strong> […] sin otra regla que la rentabilidad”, escribe Jean-Yves Pranchère en <em>La pensée réactionnaire est-elle de retour?</em> (¿Ha vuelto el pensamiento reaccionario?, edit. Presses de Sciences Po, 2025),<strong> “destruye las condiciones mismas de una sociedad liberal y sus costumbres pluralistas”</strong>. Y los agentes de esta destrucción pueden entonces completar su obra convirtiéndose ellos mismos en “iliberales”, si les parece que esta transformación es la única vía que les queda para preservar “sus intereses de clase”.</p><p>De hecho, el bando supuestamente “centrista” se ve tentado a endurecer su discurso sobre la inmigración y la autoridad. Se trata también de un fenómeno bastante generalizado, cuyo símbolo más destacado fue, a finales de enero de 2025, la votación en el Bundestag de una resolución sobre inmigración por parte de la democracia cristiana y la extrema derecha, a iniciativa de la primera. En Bélgica, la dirección del Movimiento Reformista (MR), un antiguo partido liberal, tampoco duda en reciclar las tesis de la extrema derecha, al igual que el partido Los Republicanos (LR) e incluso los macronistas en Francia.</p><p>Estas estrategias de “fusión de las derechas” no están exentas de peligro para el bando neoliberal, que pierde definitivamente su condición de “alternativa” a la extrema derecha. <strong>Tanto si las alianzas formales funcionan</strong> (como en Italia, Argentina o Suecia) <strong>como si fracasan</strong> (como en Austria, Países Bajos o Portugal),<strong> es la extrema derecha la que suele acabar arrasando en las elecciones.</strong> En algunos casos, el cambio es evidente: <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/041025/en-republique-tcheque-le-demagogue-babis-triomphe-et-se-tourne-vers-l-extreme-droite" target="_blank">el exprimer ministro neoliberal checo Andrej Babiš</a> ganó las elecciones de 2025 con un programa claramente radicalizado hacia la derecha.</p><p>Los componentes de la izquierda, por su parte, adolecen de tres males, en diferentes proporciones según los contextos nacionales: su pasividad en el poder para aquellos que se han amalgamado con el campo neoliberal; una considerable discrepancia entre su proyecto alternativo, cuando existe, y las posibilidades concretas de llevarlo a cabo; y un aislamiento estratégico, cuando el centro-derecha prefiere hundirse o aliarse con la extrema derecha antes que apoyar las políticas formuladas por la izquierda.</p><p>La pasividad en el poder no se reduce únicamente a la <strong>“traición” de las élites de centroizquierda</strong>. Su socialización en una clase política con intereses alejados de los de las clases subalternas pudo, por supuesto, influir, pero el histórico compromiso fordista-keynesiano les convenía, en la medida en que beneficiaba a su base electoral y satisfacía a los círculos empresariales.</p><p><strong>El problema</strong>, como señalan los economistas Robert Brenner y Dylan Riley en <a href="https://newleftreview.org/issues/ii155/articles/dylan-riley-robert-brenner-the-long-downturn-and-its-political-results" target="_blank">importantes artículos</a> de la <em>New Left Review</em>,<strong> surgió cuando las políticas de ampliación del Estado social entraron en competencia directa con la preservación de las tasas de beneficio</strong>. La crisis de 2008 y sus consecuencias no han hecho más que agudizar esa tendencia, presente desde la década de 1980, que coincide con el declive estructural de la socialdemocracia, que se ha acelerado desde entonces. Un momento en el que esta familia política siguió la evolución de una parte de los economistas keynesianos hacia el neoliberalismo.</p><p><strong>En el ala izquierda de la socialdemocracia, el discurso es más ofensivo, pero a menudo sigue formulándose en un “estilo antiguo”</strong> (hacer pagar a los ricos, ampliar los derechos sociales) que deja escépticos a los sectores sociales que, sin embargo, deberían ser los beneficiarios. O bien su condición de “pocos recursos” les hace sospechar que esas políticas beneficiarán a los más desfavorecidos que ellos. O bien porque ven venir un enfrentamiento violento y perdido de antemano entre ese rumbo político y las inmensas fuerzas que tratarán de impedirlo.</p><p>En este sentido,<strong> la capitulación de Syriza en Grecia</strong>, a mediados de la década de 2010, que fue escenario de una importante dinámica de la izquierda radical, <strong>supuso un shock para toda su familia</strong>. Es cierto que ese partido carecía de preparación, pero precisamente por eso: muy pocos partidos cuentan con una originalidad programática y unos recursos organizativos que les permitan aplicar, a largo plazo, una “política diferente” que dé prioridad a las necesidades sociales y ecológicas.</p><p>Los programas suelen limitarse a medidas simbólicas presentadas como soluciones mágicas, como el impuesto “Zucman”, o a catálogos de medidas sin coherencia global. En realidad, <strong>la experiencia del confinamiento ha descalificado la opción tradicional de la izquierda electoral, la de la reactivación keynesiana clásica,</strong> favoreciendo el éxodo de las clases trabajadoras “nativas” hacia el discurso de defensa del “modo de vida occidental” de la extrema derecha.</p><p><strong>En general, es la incapacidad de la izquierda para volver a imponer una lógica de clase lo que le impide aparecer como un baluarte contra la extrema derecha.</strong> Y aunque la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York es alentadora, sigue siendo limitada desde este punto de vista, ya que se trata más bien de una reorganización interna de la izquierda estadounidense.</p><p>Ante el debilitamiento de los otros dos bandos, <strong>la extrema derecha</strong> tiene el viento a favor. <strong>Se presenta como una alternativa al fracaso neoliberal y como una defensa contra una izquierda presentada como un peligro para la sociedad occidental.</strong> Los resortes son a la vez muy contemporáneos y muy antiguos, recurriendo a los viejos trucos del anticomunismo del siglo XX y a las identidades supuestamente “fijas” de la población, amenazadas por enemigos externos e internos.</p><p>En un contexto de estancamiento económico al que los neoliberales ya no tienen respuesta, y la izquierda, respuestas que pueden parecer inalcanzables, la extrema derecha propone soluciones tranquilizadoras: <strong>la promesa de una redistribución no entre clases sociales, sino entre grupos étnicos o religiosos en beneficio de una pseudomayoría.</strong></p><p>Esta lógica le parece racional a una parte de la población porque esa población sufre el estancamiento y, al mismo tiempo, está culturalmente condicionada por cuatro décadas de neoliberalismo. La solución de la extrema derecha responde tanto a una necesidad de redistribución como al rechazo a cuestionar el orden social.</p><p><strong>Esa lógica de redistribución “interna” entre las clases sociales va acompañada de una defensa del capital nacional frente a la globalización</strong>. Pero, dada la complejidad de salir de las interdependencias económicas derivadas de la era neoliberal, la idea es más bien afianzarse en “grandes bloques” que defiendan la civilización occidental frente a un peligro externo, en particular el chino. La extrema derecha en América Latina, al igual que en muchos países europeos, es, por tanto, muy pro-Trump.</p><p>Esta visión permite activar dos palancas aparentemente contradictorias: por un lado, una crítica de la globalización en nombre de la defensa de determinados sectores; por otro, una radicalización del discurso neoliberal con recortes fiscales masivos y reducción de las protecciones de los trabajadores. Este doble discurso permite atraer a las clases medias amenazadas por la pauperización debido al estancamiento económico, al tiempo que se conserva una base social popular y se seduce a algunos grandes sectores del capital.</p><p>Al igual que en la década de 1930, <strong>la extrema derecha prospera gracias a los sectores deficientes del capitalismo contemporáneo</strong>, beneficiándose al mismo tiempo del apoyo de algunos sectores prósperos, en particular los rentistas, como las finanzas de mercado o el sector inmobiliario, que se sienten atraídos por su lógica anti-fiscal.</p><p>Con este posicionamiento, <strong>la extrema derecha puede presentarse como una fuerza de protección contra el caos de la competencia mundial, pero también contra la globalización cultural.</strong> Al esbozar la idea de una cultura occidental en peligro, amenazada desde dentro por el “wokismo” asimilado a la izquierda y desde fuera por el auge de Asia y, en particular, de China, la extrema derecha propone detener la historia en un lugar acogedor donde el hombre occidental podría vivir una vida de ensueño, reducida en ocasiones a la fantasía de los Treinta Gloriosos.</p><p>Así, la defensa de la represión étnica, la indiferencia ante la violencia de género y el discurso anti-fiscal y libertario pueden converger en <strong>un discurso de defensa de una “libertad” reducida al egoísmo occidental y la defensa de un modo de vida considerado amenazado.</strong> La influencia es entonces lo suficientemente poderosa como para barrer a la derecha neoliberal y a la izquierda política, señaladas como “liberticidas”.</p><p>Desde este punto de vista, <strong>la pandemia del covid ha supuesto una ruptura</strong>, aunque sus efectos aún no están perfectamente documentados. El hecho es que <strong>la derivación de millones de votos hacia la extrema derecha se produjo a partir de 2021</strong>, y que varios líderes destinatarios de esos votos se diferenciaron del resto de la clase política durante ese período, por su oposición a las políticas sanitarias o por retomar la retórica conspirativa que floreció entonces.</p><p>Porque<strong> a la extrema derecha le resultó fácil aprovechar la frustración provocada por los confinamientos</strong>, jugando con un estado de ánimo antielitista y antiautoritario. La oleada inflacionista de 2021-2023 no hizo más que reforzar este fenómeno, asimilándolo a las consecuencias de la gestión de los confinamientos por parte de los Estados neoliberales. El discurso libertario pudo así autonomizarse y volverse contra los poderes establecidos, ofreciendo un nuevo caldo de cultivo a la extrema derecha.</p><p>Ésta ofrece compensaciones psíquicas y simbólicas a la inestabilidad social sobrevalorando las identidades nacionales —o de género— exclusivas. Pretende oponerse a una dinámica democrática potencialmente perturbadora, para dar valor a un modelo plebiscitario que ignora la complejidad de las relaciones sociales.</p><p>Por supuesto, <strong>esa “seguridad” tiene un precio, que es la violencia</strong>, como demuestran las acciones contra los extranjeros llevadas a cabo durante el último año por Donald Trump. Una violencia racista cada vez más asumida como válvula de escape de la impotencia de las políticas económicas seguidas por la extrema derecha. Ahí radica precisamente la dificultad que plantea esta familia: antes de volverse contra ella, su propia impotencia puede servirle durante mucho tiempo de combustible para el éxito.</p><p>En efecto, la extrema derecha no progresa gracias a un programa basado en soluciones a los problemas de la época. Progresa gracias a la voluntad de defender, contra viento y marea, un modo de vida amenazado. Sin embargo, este modo de vida no está amenazado porque esté asediado por enemigos imaginarios. Está amenazado porque es insostenible, tanto económica como social y ecológicamente. Es un modo de vida destructivo tanto para el ser humano como para los ecosistemas.</p><p>Pero<strong> la extrema derecha </strong>no ofrece otra respuesta que negar esta destrucción. <strong>Prospera porque propone la negación generalizada y la continuación del sueño consumista y capitalista sin pagar un precio</strong>. Es, como decía Guy Debord sobre el espectáculo, la “pesadilla de la sociedad moderna encadenada que solo expresa su deseo de dormir”. Es ese deseo el que triunfa en las urnas, pero es un deseo vano que solo puede conducir a despertares dolorosos.</p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 16:21:08 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fabien Escalona y Romaric Godin (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la extrema derecha está y estará en el centro del tablero político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Elecciones,Capitalismo,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer o no leer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/leer-no-leer_129_2098635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Aunque cueste creerlo, hay cada vez más personas que sobreviven sin leer y que, para colmo, presumen de ello –éstas son las peores, las peligrosas, las que explican la vertiente más irracional de la sociedad–. <strong>No leer es una opción legítima</strong>, durante siglos obligada por quienes temían que el pueblo leyera, que accediera a la cultura y a la información. Hay que temer y evitar a quienes lo hacen de forma voluntaria (¿voluntaria?), dado que la voluntad es fácilmente confundible con los deseos inducidos desde la publicidad y la mercadotecnia.</p><p>Un país a cuyo podio de libros más vendidos aspiran Belén Esteban, Luis Rubiales, un tal Borbón y cualquier <em>yutubero </em>o <em>influencer</em>, es una desgracia. Un país cuyo premio literario mejor dotado es una operación de marketing amañada para premiar a participantes afamados es un timo. Un país cuya Universidad es de nuevo diana de quienes reivindican el <em>¡Muera la inteligencia!</em> y cuya escuela pública agoniza para favorecer el adoctrinamiento de la privada es un peligro. <strong>Triste país el que utiliza los libros como adornos de estanterías.</strong></p><p>La llamen como la llamen, la mitad –o más– de la generación que anda ahora entre 15 y 50 años ha dilapidado el esfuerzo de la que supera los 80 para que quienes están entre los 50 y los 80 estudiaran, leyeran y dejaran de ser esclavos encadenados por la ignorancia. <strong>Sin escuela, la generación de los abuelos era sabia,</strong> sabía leer la naturaleza, bebía en la fuente del conocimiento ancestral y sabía escuchar con criterio. Entre chasquidos de los látigos y con una vida humillada, lucharon por construir una salida digna para sus descendientes.</p><p>Los hijos de los abuelos analfabetos veían, sin comprender, que en el mueble bar de casa había libros y se preguntaban por qué no una televisión como la del vecino pudiente. Las cuatro perras sudadas, a veces con sangre, y ahorradas con privaciones eran <strong>para que sus vástagos estudiaran y los libros para que leyeran, para que fuesen libres y dueños de sus destinos.</strong> Tal vez se trate de la última generación de soñadores a pesar –o tal vez por eso– de haber vivido en una época de pesadilla y analfabetismo obligado por el nacionalcatolicismo.</p><p>Los beneficiarios de tan rica herencia liberadora, comprendieron, por medio de la lectura y el estudio, el sacrificio de sus mayores y aprendieron a identificar las causas y los efectos del analfabetismo y la incultura. <strong>Las herramientas heredadas y el fin de la dictadura permitieron a esta generación alcanzar un grado de libertad, dignidad y bienestar soñado como utopía por sus padres.</strong> Compraron a plazos teles en color, utilitarios y viviendas, se fueron de vacaciones, enviaron a sus hijos a la universidad y se relajaron alejados de los libros.</p><p>Ley de vida, los hijos tuvieron hijos y los abuelos nietos: una generación de cristal, poco exigida, <strong>instalada en el espejismo del confort consumista transmitido por los padres como nueva fórmula esclavizante del mismo capitalismo de siempre.</strong> Los abuelos saben que la libertad de tomar cañas y tener un iPhone son cadenas que uncen a sus nietos al yugo de la precariedad y al látigo financiero. Los padres conviven con cierta culpa de que sus hijos vivan peor que ellos, con fragilidad laboral, vivienda inalcanzable y los derechos en peligro. </p><p>La realidad es tozuda. La Historia más. <strong>Si el progreso llega de la mano de la lectura y el estudio, la abdicación de ellos lleva inexorablemente a la reacción conservadora</strong> que viven España, Europa y el mundo al servicio de una ideología neoliberal próxima al filofascismo y abanderada por los Trump, Milei, Aznar, Ayuso, Abascal o Alvise, todos con el objetivo común del acoso a la Universidad, el ultraje a la Cultura, la difusión de desinformación y la propagación de bulos mediante mensajes de fácil calado en mentes simples y desvalidas.</p><p>La actitud de esta generación ante la política y las elecciones avala que, <strong>como dijo Unamuno acertadamente, </strong><em><strong>“cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.</strong></em> Las letras de reguetón, la información en redes sociales, las tertulias y algún “ocio” televisivo son herramientas para el adoctrinamiento a favor de quienes quieren ciudadanos sumisos.</p><p>_____________</p><p><em><strong>Verónica Barcina </strong></em><em>es socia de</em><em><strong> infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Verónica Barcina]]></author>
      <media:title><![CDATA[Leer o no leer]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Cultura,Democracia,Dictadura,Capitalismo,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Tech-troquelado de la cultura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/tech-troquelado-cultura_129_2093655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Tech-troquelado de la cultura"></p><p>La privatización de las universidades, de centros de innovación e investigación, y la creación de plataformas online de profesionales e investigadores suponen un gran avance hacia el control privado de la producción de <strong>talento y la mano de obra cualificada</strong>. Pero aún cabe dar un paso más. </p><p>No hace tanto, gran parte del prestigio de los países pasaba por tener una buena formación de sus ciudadanos y las mejores universidades. Pero el ensamble de la demanda empresarial con la “producción” de las universidades mediante la estandarización, homologación y evaluación (de “procesos”), no por parte del Estado, sino de las agencias, ha convertido la producción cultural, científica y técnica en piezas de un sistema en el que<strong> se prioriza globalmente el mercado</strong>. Y el mercado no atiende a la formación del sujeto, sino al resultado de su trabajo. Más allá de esto, <strong>el término “valor" pierde sentido</strong>. Así, la capacidad humana ha quedado reducida en el lenguaje experto de las agencias a “competencias”, “habilidades” y “talento”. O lo que es igual, a su aplicabilidad y posible valor de mercado.</p><p>En EEUU se ha dado un paso más. Ya no se trata de privatizar instituciones, mediadas por la ley y el Estado, ahora el camino es más corto. Directamente se crean dispositivos de formación dentro de las empresas y al margen del <strong>control ciudadano y del Estado</strong>. Uno de estos modelos es el promovido por el emporio tecnológico Palantir, fundado por Peter Thiel y Alexander Caedmon Karp. </p><p><a href="https://www.wsj.com/business/palantir-thinks-college-might-be-a-waste-so-its-hiring-high-school-grads-aed267d5?mod=hp_lead_pos7" target="_blank" >La empresa Palantir</a>, con pretensiones de <a href="https://www.negocios.com/articulo/mercados/michael-burry-desafia-wall-street-apuesta-corto-palantir-desata-alarma-mercado-ia/20251106070502471427.html" target="_blank" >dominio sobre la IA</a>, ha decidido, pasando por encima de la ley, del Estado <strong>y del sentido común</strong>, que la universidad es algo obsoleto, y que es mejor atrapar a los jovencitos (en contra de la tendencia dominante en Silicon Valley, Karp introduce a las chicas también) cuanto antes mejor. De modo que, terminados sus estudios de secundaria, en lugar de ingresar en una universidad y pasar por los engorrosos trámites del aprendizaje, los exámenes, la formación cultural, cívica y demás, lo mejor es dotar a los más espabilados de una “Beca Meritocracia”, ofrecerles cuatro semanas de “Cultura Occidental”, pasearlos por el interior de la monumental empresa en sus distintos ámbitos y, <strong>si sirven al caso</strong>, hacerles un contrato. Lo del título es lo de menos. También se admiten, naturalmente ingenieros y profesionales de máximo nivel, aunque su formación la prueban en la dinámica interna de la empresa. Pero cuanto más jóvenes, mejor. Así,<strong> pensarán como la empresa</strong>, vivirán en el ecosistema “Palantir”, se someterán a las querencias y exigencias Palantir y cuando ya les saquen el jugo, se irán fuera del nicho ecológico Palantir a otro nicho privado y exclusivo o a hacer puñetas. </p><p>Ser genial o quedar al margen. En fin, la lógica de <strong>la selección natural capitalista </strong>que se impone. Extraer a los <em>aristoi</em>, a los mejores del sistema, para acabar de formarlos bajo los dictados corporativos y auspicios de la propia empresa y las garantías de su IA. En este caso, se accede a la formación mediante <a href="https://www.wsj.com/tech/the-palantir-mafia-behind-silicon-valleys-hottest-startups-f6e9bcbb?mod=article_inline" target="_blank" >las “Becas Meritocracia”</a> (el título ya es significativo) que, sin anunciar previamente a los pupilos en qué consiste la formación, incluye cuatro semanas de Seminario sobre “Cultura occidental” y la lectura de la autobiografía de Frederick Douglass, un esclavo que hubo de aprender a escribir en secreto, sufrir las cadenas y la persecución, y <strong>que acabó de agitador </strong>contra el abolicionismo en el Norte de EEUU. </p><p>“<em>Narrative of the Life of Frederick Douglass, an American Slave</em>” (1845) es <strong>un grito de libertad y dignidad</strong>, que en estas manos se convierte en premonición si el sistema aberrante de formación acaba por imponerse. El núcleo será de héroes cibernéticos con sueldos de oro vestidos de trasnochadores y los amplísimos márgenes serán de esclavitud, trabajo precario, <em>homeless</em>, limbos jurídicos y <strong>abismos de guerras</strong> de “baja intensidad”.</p><p>Para justificar el salto a la torera de la ley, de la norma, de las garantías de los títulos universitarios y de los sistemas reglados de enseñanza, los ideólogos de Silicon Valley <strong>recurren a su consabida mitología</strong>. Los formados en este medio, decía Luba Lesiva, ex-jefa de relaciones con los inversores de Palantir entre 2014 y 2016: “A estos ingenieros los dejan caer en medio del desierto o en un parque empresarial del Medio Oeste con un servidor y un destornillador… Dondequiera que los envíen, nadie quiere estar allí, pero es por su gran capacidad de trabajo y resistencia. <a href="https://www.wsj.com/tech/the-palantir-mafia-behind-silicon-valleys-hottest-startups-f6e9bcbb?mod=article_inline" target="_blank" >Son capaces de soportar cualquier cosa</a>”. Y, en efecto, son capaces de aguantar y de hacer cualquier cosa, lo cual no es precisamente una garantía de nada bueno. Sobre todo si tenemos en cuenta las palabras de Ross Fubini, fundador de la firma de capital riesgo <em>XYZ Capital,</em> e inversor en más de una docena de <em>startups</em> fundadas por ex empleados de Palantir. Este avezado jungler del capital afirmó: “El interés de los inversores de capital riesgo en la élite de Palantir ha aumentado en los últimos años, pero este último año ha sido frenético… Están creando empresas excepcionales en sectores muy competitivos”. Y aún con más aplomo sentenció que Palantir se convertiría en la próxima <strong>“mafia de fundadores”</strong>. </p><p>En efecto, la cosa aumenta. Palantir tiene tentáculos <a href="https://www.democrata.es/economia/palantir-gigante-defensa-ee-uu-multiplica-tres-ganancias-tercer-trimestre-alcanzando-4142-millones-euros/" target="_blank" >ya en el Ejército de EEUU</a> y más de 350 empresas han seguido las enseñanzas de Palantir. En su propaganda se lee: «La universidad está obsoleta» o «Las admisiones se basan en criterios erróneos. La meritocracia y la excelencia ya no son los objetivos de las instituciones educativas». ¿Para qué las universidades, para qué los estudios secundarios? ¿No sería mejor llevarlos desde la cuna al oficio de trasegadores del <strong>bienestar digital</strong>? Así, se ahorrarían las monsergas de padres, madres, abuelas, titos y titas. Los estudiantes no tendrían que soportar a quienes se dejan las pestañas en inútiles libros. Tampoco tendrían que aguantar el peguntoso compañerismo, ni la solidaridad buenista o las asambleas agitadas de estudiantes y tantos otros engorros. Historia, filosofía, derecho, latín, literatura… ¿Qué es eso sino<strong> la pérdida de un tiempo de oportunidades</strong>? ¿No es mejor darles una vuelta por el globo con los ingenieros más punteros y llevarlos hasta donde hay clientes? Además, luego, a la tercera o cuarta semana se seleccionan a los más espabilados, incluso en contra del deseo de los padres… ¡Y adentro! </p><p>Este modo de formar en el ecosistema del emporio, “desde dentro”, con prácticas dirigidas hacia la empresa y píldoras digitales a los futuros miembros de las <em>start-up</em>, es el nuevo modo de abastecer lo que va siendo la <strong>estructura económica básica de la cibersociedad</strong>. Usa métodos modernos, dinámicos y capaces de superar cualquier ley y todo el pasado. Hay que dejar fuera todo lo que no entre en el mercado libre, por ejemplo, esa carga que apesta a memoria y a historia de los pueblos. Mejor ser pragmático y olvidadizo, mejor seguir este <em>dao</em> que se impone en EEUU con inversiones multimillonarias desde que el brillante, lúcido y también multimillonario CEO Alex Karp, cofundador de Palantir, con título de Derecho en la Universidad de Stanford (California) y su tesis retirada de la tutela de Habermas, decidió que mejor formar a los jóvenes<strong> fuera de la “zona de confort” </strong>del Estado con becas meritorias. </p><p>En nuestro país <strong>no estamos a ese nivel</strong>. La interconectividad entre empresas apenas llega a la formación “dual” en FP o las externas Stem (ambas formaciones con componente empresarial, pero aún tutela estatal). Mas todo se andará, y la IA ayudará a la fatal sustitución. ¿La formación en el seno de la sociedad? ¿mezclados con el común de los mortales, con los pringaos que no saben ni lo que es un Haps, una red neuronal profunda o un chip neuromórfico? ¡Nada de eso! Mejor<strong> no saber lo que está bien o mal</strong>, o quién es Leonardo da Vinci, Shakespeare o Cervantes, o qué pasó en la Revolución Francesa o pasarse por el forro	la historia de esos países segundones de Europa. Todo eso es pérdida de tiempo, y <strong>no estamos para eso</strong>.</p><p>_____________________________</p><p><em><strong>Sergio Hinojosa</strong></em> <em>es licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada y profesor de instituto.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Nov 2025 05:01:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Tech-troquelado de la cultura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Universidades,Educación,Capitalismo,Estados Unidos,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[COP30 de Belém: Replantear la crisis climática desde la justicia social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/cop30-belem-replantear-crisis-climatica-justicia-social_129_2098070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/37f625ff-9a0a-417a-be98-f2b8857cc180_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="COP30 de Belém: Replantear la crisis climática desde la justicia social"></p><p>Intentando huir de la deriva fósil de las últimas conferencias del clima, la COP30 de Belém intenta sacudirse el aroma a gasolina a partir de la premisa de uno de sus principales objetivos, que es el de<strong> “conectar la acción climática con la vida real de las personas”</strong>. El desafío es importante, dado que en los últimos años la respuesta global ante el cambio climático se ha visto aún más amordazada por la pinza de intereses comunes que forman los grandes productores de combustibles fósiles, las grandes compañías que fían su crecimiento y funcionamiento a la degradación medioambiental o los propios movimientos negacionistas del cambio climático. </p><p>Sin embargo, los discursos y compromisos grandilocuentes <strong>difícilmente se traducen en acciones reales</strong>, coordinadas y efectivas frente al cambio climático. Conviene recordar al respecto que los tres últimos años han sido los más calurosos registrados hasta ahora, y no parece que se vaya a revertir esa tendencia a partir de lo que se decida en Belém.</p><p>No ayuda mucho el hablar con un tono pesimista sobre los resultados posibles de conferencias como la de Brasil, pero sí que puede ayudar esa crítica para <strong>plantear el enfoque y soluciones que la civilización humana actual esta dando al problema del cambio climático</strong>. Una forma de abordar el enfoque actual y la posibilidad de respuestas diferentes parte del concepto de <strong>“Antropoceno”.</strong></p><p>Desde el 2000, año en que fue formulado por Paul Crutzen y Eugene Stoermer, el término “Antropoceno” se ha utilizado, tal vez de forma inocente o ingenua, como un vehículo para explicar el problema del cambio climático atribuyendo la crisis ecológica a la humanidad en general. Esto daría a entender que <strong>todas las personas y sociedades fueran igualmente responsables.</strong></p><p>Esta fórmula “cambio climático = responsabilidad de la humanidad”, de simple pasaría por encima de cuestiones fundamentales como pueden ser la desigualdad o la injusticia. De hecho, durante muchos años, en las COP y en otros foros se ha entendido el cambio climático como un asunto técnico o ambiental aislado. Esta visión <strong>dejaría al margen problemáticas centrales </strong>como pueden ser la precariedad, el hambre, la pobreza, el apartheid climático, la lucha por los derechos humanos, el aumento de las migraciones, los derechos de las mujeres, las cuestiones democráticas o la división de clases, entre otras cuestiones. En otras palabras, se ha abordado la <strong>crisis climática como un fenómeno aislado, desvinculado de la justicia social.</strong></p><p>En contraposición al antropoceno, el <em><strong>Capitaloceno</strong></em> se entiende como una respuesta a esa relación de causalidad directa. No es “el ser humano” quien destruye la naturaleza, sino una forma específica de organización social, económica y ecológica, entendida como <strong>“Capitalismo”.</strong></p><p>Mas allá de terminologías, la cuestión fundamental es entender y abordar la mayor complejidad del problema del cambio climático y su componente social. Solo desde esa comprensión será posible <strong>articular respuestas más justas</strong>, que sitúen en el centro de las políticas climáticas la defensa de los derechos humanos, así como la redistribución del poder y los recursos.</p><p>Sin embargo, la hegemonía de los intereses corporativos globales en la toma de decisiones en las COP no discute el crecimiento y el consumo, disfrazándose de verde, y los mecanismos económico-financieros sepultan cualquier intento de establecer medidas sociales realmente transformadoras. Como explica Jason W. Moore, uno de los teóricos del “Capitaloceno”, se pretende crear soluciones desde las <strong>dimensiones más violentas y explotadoras de la historia. </strong></p><p>La ausencia de un liderazgo por parte de otras potencias permite a <strong>Brasil erigirse como un líder,</strong> no solo debido a su papel organizador, sino también dado el teórico <strong>compromiso de su gobierno actual con el medioambiente</strong> y la lucha contra el cambio climático. </p><p>Estados Unidos, con Trump, no va a participar de compromisos clave y China navega en la ambigüedad. Por su parte, la <strong>Unión Europea no está en condiciones de ir por el mundo dando lecciones de compromiso climático</strong> y exigir que se cumplan determinadas metas, cuando no hace sino retroceder en su compromiso climático y social.</p><p>Por tanto, la celebración de la COP30 en Brasil genera expectativas de que la Cumbre dé mayor protagonismo al Sur Global, priorice la adaptación y el financiamiento climático y fortalezca la participación social como vía para soluciones más justas. Además, la Amazonía, como territorio clave para la regulación climática mundial, sitúa a Brasil en una posición estratégica para impulsar una <strong>agenda que combine justicia climática, preservación ambiental y bienestar comunitario.</strong></p><p>Sin embargo, Brasil llega a la COP30 marcado por<strong> profundas contradicciones. </strong>Mientras el gobierno busca proyectarse como líder climático internacional, internamente continúa promoviendo proyectos extractivos y de expansión de infraestructura que <strong>amenazan la selva</strong>, incluyendo la exploración petrolera en la desembocadura del Amazonas. La presión por mantener el crecimiento económico, financiar políticas sociales y sostener empleos convive con la necesidad de frenar la deforestación, la minería ilegal, el agronegocio y la construcción de carreteras que fragmentan ecosistemas y territorios indígenas. Esta tensión refleja el dilema central del país: <strong>cómo garantizar desarrollo sin continuar destruyendo su patrimonio ambiental más vital.</strong></p><p>Estas dinámicas afectan especialmente a pueblos indígenas y comunidades marginadas que viven en territorios sometidos a actividades extractivas, <strong>enfrentando contaminación, pérdida de tierras y violencia al defender sus derechos. </strong></p><p>Esta realidad nos lleva al argumento inicial de este texto: <strong>la crisis climática no es solo ambiental, sino también social y de derechos humanos.</strong> El reto para Brasil —y para la COP30— es pasar del discurso a la acción colectiva y avanzar hacia modelos económicos que protejan la Amazonía y garanticen la justicia climática, sin reproducir las lógicas extractivistas que originaron la crisis.</p><p>Durante la COP30 de Belém se pretende fortalecer los compromisos nacionales (NDCs), avanzar en adaptación y garantizar financiamiento real para pérdidas y daños en países vulnerables. </p><p>Pero también debe haber <strong>espacio para los movimientos sociales, pueblos indígenas y comunidades tradicionales</strong> que tienen la capacidad de articular respuestas desde los territorios, impulsando propuestas basadas en justicia climática, soberanía territorial y transición justa, pero también en reformas agraria y urbana, economía solidaria, lucha contra la deforestación o la defensa activa contra el racismo ambiental. </p><p>En resumen, es necesario hablar de justicia climática y enfatizar que quienes menos han contribuido al calentamiento global son <strong>quienes más sufren sus consecuencias</strong>, y por ello deben ser protagonistas en la toma de decisiones.</p><p>Si el objetivo es avanzar hacia una verdadera transformación, es f<strong>undamental cuestionar los marcos ideológicos del capitalismo</strong> —como el consumo ilimitado y el crecimiento sin límites— y construir nuevas formas de relación entre seres humanos y naturaleza. En este sentido, Brasil y la COP30 pueden ser espacios clave para reorientar el debate global hacia procesos sociales y políticos de cambio profundo. La <strong>justicia climática debe ser el eje y no un elemento secundario</strong>, orientando las decisiones hacia modelos que prioricen la vida y la sostenibilidad por encima del beneficio económico.</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Jesús Gamero </strong></em><em>es experto en retos medioambientales y analista de la </em><a href="https://fundacionalternativas.org/" target="_blank"><em>Fundación Alternativas</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Nov 2025 05:01:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Marcos Gamero Rus]]></author>
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      <media:title><![CDATA[COP30 de Belém: Replantear la crisis climática desde la justicia social]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Luiz Inácio Lula da Silva,Cambio climático,Medioambiente,Ecologismo,Capitalismo,Opinión,COP28]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[La sociedad de la desconfianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/sociedad-desconfianza_129_2094584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La sociedad de la desconfianza"></p><p>Reflexionar sobre la realidad que vivimos es necesario no ya para elegir las actitudes y hacernos dueños de las propias ideas, sino para <strong>mantener la esperanza</strong>, un sentido de la existencia que nos salve de la renuncia. <strong>Darse por perdidos puede ser la deriva final del miedo </strong>y las desilusiones, el resultado de una impotencia que invita a tirar la toalla cuando los fracasos de la justicia y la libertad se mezclan con el predominio del odio. Comunicar la ilusión es importante para generar un compromiso con las buenas causas. <strong>Hay que ilusionar a la sociedad.</strong> Pero hoy también es necesario, junto a la comunicación, un ejercicio intelectual profundo y exigente que nos haga activos. Necesitamos su ayuda para mantener una ética del conocimiento o un conocimiento ético del mundo que sostenga el compromiso con aquello que debe ser comunicado y defendido.</p><p>Merece la pena debatir sobre los conceptos que animan las noticias y las actitudes. Palabras como libertad, igualdad, individualidad, diversidad e identidad mezclan lo que se dice con lo que ocurre. Y las interpretaciones matizadas a veces son tan importantes como las fronteras entre la verdad y la mentira. La lectura de<strong> </strong><em><strong>La sociedad de la desconfianza </strong></em>(Arpa, 2025), el último libro de <strong>Victoria Camps</strong>, supone una invitación cívica a pensar en los dogmas y los matices del mundo que vivimos, una realidad que le pide al pensamiento tanto el afán de la conciencia crítica como el <strong>ahínco a la hora de mantener la esperanza.</strong></p><p>Nuestro mundo se caracteriza por un <strong>desplazamiento de la libertad hacia la ley del más fuerte</strong>, el mandato de un individualismo sin regulación comunitaria. Este individualismo, propio del capitalismo caníbal, se desconecta de las situaciones sociales, de los contextos y las influencias, borra los deberes y hace de los triunfos y los fracasos un recuento de los méritos personales. Se trata de <strong>separar la libertad individual de las ilusiones colectivas</strong>, por lo que la palabra igualdad queda borrada de la convivencia. Surgen así las dinámicas que caracterizan hoy los argumentos neoliberales, que van del culto impudoroso a los millonarios y de la defensa de la desregulación hasta el nuevo protagonismo agresivo de los discursos machistas, identificando la igualdad de género con una agresión feminazi contra los valores de siempre. Defender derechos o políticas inclusivas y reparadoras<strong> se entiende como una amenaza contra la libertad.</strong></p><p>Y, en este punto, el ejercicio intelectual democrático debe entender por su cuenta los <strong>matices que separan la igualdad necesaria y la homogeneización peligrosa</strong>. En los debates de hoy vale la pena tener en cuenta no ya el machismo característico de las relaciones entre hombres y mujeres, sino las perspectivas desde las que podemos fundamentar la rebeldía. Resulta necesario unir el deseo de igualdad con el reconocimiento de la diversidad, porque no es lo mismo, por ejemplo, ser una mujer rica o pobre, blanca o negra, heterosexual o lesbiana, laica, cristiana o musulmana… Si queremos que el pensamiento se acerque a la vida debemos <strong>unir los derechos universales al reconocimiento de las experiencias diversas.</strong></p><p>Pero, por otra parte, hay que estar atentos para que este respeto a la diversidad no se convierta en un festival celebratorio de las diferencias que nos haga <strong>olvidar el derecho prioritario a la igualdad.</strong> La cultura reaccionaria, como indica Victoria Camps, suele manipular la diversidad para borrar o dificultar el compromiso con lo colectivo en un sentimiento común de ciudadanía. Es un matiz importante. Defender el diálogo cauteloso entre igualdad y diversidad me parece imprescindible si queremos mantener la esperanza en una sociedad que no haga de la libertad la ley del más fuerte, sino el <strong>aire de una convivencia justa y posible entre derechos y deberes.</strong></p><p>La sociedad de la desconfianza, que nos aleja del respeto a lo público y desacredita la política, provoca también <strong>identidades fanáticas que se niegan a pensar en los matices.</strong> Parece que la reflexión y el diálogo con lo otro son un síntoma de debilidad. La ley del más fuerte invita al fanatismo. Por eso es tan importante contar con maestras como Victoria Camps. Nos ayudan a mantener la esperanza en el fuego de Prometeo mientras meditan sobre la educación, los movimientos sociales y las deficiencias o los mitos de nuestros valores democráticos. Como dice Victoria, <strong>la confianza tiene que ver con el saberse frágil y vulnerable</strong>: “Son las crisis, los sucesos imprevistos, las guerras, la violencia psíquica o física lo que socava la confianza a la vez que uno se esfuerza por recuperarla”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Nov 2025 18:53:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La sociedad de la desconfianza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Liberalismo político,Política,Capitalismo,Igualdad,Opinión,Democracia,Derechos sociales,Derechos civiles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Familia, religión y patria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/familia-religion-patria_129_2087398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d1405acd-f582-4fb8-9294-e17d75d640c3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Familia, religión y patria"></p><p>Con el<strong> triunfo de Milei en las elecciones legislativas argentinas,</strong> la política internacional no tiene desperdicio. </p><p>Las proas de todos los barcos de la ultraderecha están apuntando a un éxito que les lleva a formar gobiernos o a ser parte del juego de las mayorías en los parlamentos, las estructuras que sustentan, pequeños pilares sin aparente fuerza de empuje, son la razón con la que cuentan para pregonar, entre otras cosas, la<strong> llegada del reino del insulto</strong>, la descalificación ramplona y la apropiación de lo simbólico como fuerza motora de sus políticas. </p><p>Pero no debemos despreciar, desde la mirada de las democracias, la base de su juego, las <strong>reglas que se han dado para colonizar las ideas y los corazones. </strong></p><p>Si analizamos las características de las sociedades de las que formamos parte, podríamos decir que se asientan en una <strong>nueva fe que emana de lo irracional </strong>y que amenaza con instalarse dentro del campo de lo político. Los acontecimientos venidos de Estados Unidos ponen de manifiesto el concurso de lo simbólico, la fuerza del despertar de una<strong> emotividad muy conservadora que va delimitando el territorio protagonista de la familia, la religión y la patria</strong>.</p><p>Respecto a la familia, el desarrollo de las reglas de las sociedades más conservadores están <strong>proponiendo la defensa de ese micromundo</strong>, la protección ante las amenazas que pudieran desestabilizar el núcleo familiar y la fuerza de políticas que apuesten por lo <strong>individual frente a lo colectivo</strong>. Defender ese núcleo social significa tener controlado el espacio de voto desde una perspectiva muy singular, que obedece a las <strong>necesidades de supervivencia de un concepto de amparo y protección</strong>. </p><p>Pareciera que nadie está en contra, a tenor del valor dado a la familia, de normas y leyes que definan sus beneficios frente, por ejemplo, al flujo de la inmigración, o en cuanto a las <strong>ayudas sociales y el concurso de las creencias religiosas</strong> (recordemos que la familia es la cúspide del valor católico); pero tampoco a la defensa de lo simbólico porque es desde la educación en valores de esa primera estancia educativa desde donde articular el motor de la identificación con banderas, himnos, proclamas, etc. Frente a esto, la fuerza educativa de los centros de enseñanza. Las<strong> universidades más progresistas,</strong> que incentivan el compromiso con el pensamiento libre, están siendo castigadas por ser <strong>enemigas de los dogmas que surgen desde la política</strong> y que repercuten directamente en lo familiar. La proliferación de centros privados intensifica la posibilidad de un adoctrinamiento muy conservador dentro del contexto educativo, premiando valores que poco tienen que ver con el viento de una ideología progresista, o, si se me apura, que tiene que ver con <strong>la producción de individuos preparados para formar parte de los nuevos proyectos de un mundo de competitividad e individualización</strong>. </p><p>Lo <strong>religioso</strong> es un elemento a tener también en cuenta, porque desde organizaciones que se sustentan por el peso de la fe y el dinero a partes iguales, se propone un ejército para la defensa moral de los gobiernos más conservadores. Los <strong>evangelistas</strong>, por poner un ejemplo, son e<strong>l sustento de la lucha contra el aborto</strong>, desarrollando toda una red de clínicas en América para disuadir a las mujeres de su derecho a no llevar a término un embarazo; o la implicación política en Brasil. La fuerza de su lucha también tiene que ver con la defensa de aquellos gobernantes que fortalecen en sus políticas la doctrina que ellos viene defendiendo, sirviendo como amparo a sus acciones e incrementando sus ingresos como respuesta a sus tácticas de defensa de esos valores. Los <strong>núcleos religiosos son, por tanto, la gasolina</strong> <strong>de los populismos </strong>de la ultraderecha y están fortalecidos para sus fines.</p><p>Y, por último, la <strong>patria</strong>, como el<strong> territorio fuertemente protegido ante las injurias y las calumnias</strong>, con un fuerte componente de protección frente a los que vienen de fuera y amparado por una masa social que la defiende, no como una representación simbólica de su naturaleza de español, francés o alemán, sino como una frontera impermeable a todo lo demás. Los criterios de defensa de la patria tienen la <strong>naturaleza de excluyentes y anticipan una atomización de las sociedades para alejarse la idea de mundialización</strong> de la que todos y todas hablamos en cierto momento de nuestra historia reciente. </p><p>La<strong> atomización es también defensa de la raza</strong>, de las costumbres, de la lucha cultural y del relato. Estas piezas son claves para entender los ajustes que la ultraderecha está haciendo en los territorios donde gobierna o en aquéllos desde donde puede condicionar las políticas sociales. Estos gobiernos no se amparan en el desarrollo de políticas de urbanismo, ni se definen demasiado por las promociones de sus respectivos lugares como promoción y marketing, sino que <strong>necesitan incidir en lo cultural</strong>, en el medio ambiente, en las claves de los valores más simbólicos del ser humano para conquistar posiciones. </p><p>Tres elementos para empezar a comprender el proceso armamentístico de los nuevos tiempos (aunque los resortes también tengan que ver con lo tecnológico), que inciden en un humanismo ultraconservador, en la <strong>familia cristiana sostenida por símbolos tan potentes como la bandera, el himno </strong>y la condición de fuerza de los gobiernos que los enarbolan. </p><p>Existe, por tanto, un proceso de aislamiento de lo social en torno a estos tres elementos que deberíamos empezar, al menos, por <strong>comprender para analizarlos e intervenir </strong>en la medida de lo posible. </p><p>La sociedad está en la <strong>situación más favorable para creer</strong>. Démosles un <strong>discurso alternativo</strong>. </p><p>__________________</p><p><em><strong>Javier Lorenzo Candel </strong></em><em>es poeta.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Nov 2025 05:01:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Lorenzo Candel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Familia, religión y patria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[ultraderecha,Javier Milei,Iglesia católica,Religión,patriotismo,Inteligencia artificial,Democracia,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sociedad del cansancio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/sociedad-cansancio_129_2086534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Hace tiempo que tenía pendiente la lectura de este pequeño libro que con solo setenta y nueve páginas nos introduce en un <strong>cambio de paradigma </strong>que interrumpe nuestros sueños, y al que creo deberíamos prestar atención si no queremos ser cautivos de una espiral autodestructiva. Byung-Chul empieza con la exposición de que la<strong> enfermedad emblemática de comienzos de este siglo es neuronal</strong>. No puedo estar más de acuerdo. Mi opinión sobre la proliferación de estas enfermedades neuronales siempre ha sido que tenían su origen en la <strong>gran presión</strong> que esta sociedad ejerce sobre las personas. Pero la causa que el autor esgrime es que se debe a un <strong>exceso de positividad.</strong> Entiendo esta positividad de la que habla como una autoexigencia que nos repite ese <strong>“</strong><em><strong>yes, we can</strong></em><strong>”</strong>; la positividad del “tú puedes hacer todo lo que te propongas”. Han contrapone a la época inmunológica del siglo pasado (división entre el adentro y el afuera, amigo y enemigo, o entre lo propio y lo extraño) la actual sociedad, que caracteriza por la desaparición de la otredad y la extrañeza. Con la negatividad, <strong>la sociedad puede reaccionar ante lo que no quiere</strong>, con la positividad no cabe reacción de ningún tipo, el ciudadano solo quiere hacer, posee un <strong>yo positivo que todo lo abarca y todo lo puede</strong>. Lo que me produce más inquietud es que esta violencia neuronal aparezca como <strong>sistemática</strong>, y no la podamos reconocer como extraña. Han define la sociedad actual como la sociedad del rendimiento y apunta a que por mucho que las personas crean que el hecho de no verse sometidas a un dominio externo les confiere libertad, parece que la presión es mayor porque sigue el imperativo del rendimiento, y esta autoexplotación conduce a una libertad tan solo aparente. También menciona el <em><strong>multitasking</strong></em><em>,</em> que nos acerca al salvajismo, porque no deja espacio para la contemplación. La sustitución de una atención profunda y contemplativa por la <strong>hiperatención nos aboca a una pura agitación</strong> que reproduce y acelera lo ya existente, sin margen para el aburrimiento, al que Han defiende como impulsor del proceso creativo. La vida contemplativa queda excluida de la sociedad del rendimiento y, por ende, de su progresiva positivización. Detenerse, mirar y pensar, <strong>requiere negatividad </strong>porque a través de ella podemos interrumpir la aceleración en la que vivimos inmersos. </p><p>Cerré el libro y me fui a ver el mar para convertirme en mar. <strong>Mirar ese</strong> <strong>espacio azul hasta convertirme en azul.</strong> Escuchar el sonido de las olas hasta convertirme en ola. Con esta transformación ya puedo combatir la <strong>sociedad del rendimiento</strong>: yo me detengo y miro. Quiero pensar que todavía pertenezco a la <strong>sociedad inmunológica,</strong> porque resisto.</p><p>________________</p><p><em><strong>Rosa Ángeles Fernández </strong></em><em>es socia de</em><em><strong> infoLibre</strong></em>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2025 05:01:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosa Ángeles Fernández]]></author>
      <media:title><![CDATA[La sociedad del cansancio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Política,Literatura,Filosofía,Premios Princesa de Asturias,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crispación de cada hora desvía nuestra mirada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/crispacion-hora-desvia-mirada_129_2086773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/476ace02-5f0a-42c1-98e6-2e44885a5aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crispación de cada hora desvía nuestra mirada"></p><p>Tenemos <strong>derecho a mantener una opinión</strong> sobre Carlos Mazón Guixot, o sobre Isabel Díaz Ayuso y su novio, o sobre Juan Manuel Moreno Bonilla, pero conviene no olvidar que <strong>ellos no son el problema. </strong></p><p>Nos hemos acostumbrado al escándalo. Hablar de política se ha convertido en una condena a <strong>convivir con la noticia crispada</strong>, la polémica diaria y los torbellinos personales. Resulta paradójico, pero se precipitan los tonos hostiles y los argumentos más ruidosos para <strong>desviar la atención.</strong> Los procesos comunicativos de las sociedades contemporáneas han aprendido que <strong>levantar la voz es un modo seguro de guardar silencio</strong>. Se levanta la voz sobre un punto o un personaje concreto para ocultar, bajo la espuma sucia y los rugidos inmediatos, las i<strong>mportantes realidades que están en juego</strong>, el origen verdadero de los sucesos que nos rodean.</p><p>La vida nos prueba todos los días, cuando caminamos por lo público o por lo privado, que la economía dirigida a los ajustes y las bajadas de impuestos sirve para <strong>defender los intereses de los más ricos</strong>, mientras degrada las condiciones de una mayoría social marcada por la precariedad y la desigualdad. La mayoría de la gente no está preparada para mantener una discusión teórica sobre los <strong>entresijos de la economía neoliberal en España, Europa o EEUU</strong>, pero puede comprender las consecuencias de lo que significa en el bienestar de sus familias un <strong>desmantelamiento de la sanidad pública o de la educación</strong>, convertidas de manera impudorosa en negocio. La autoridad del dinero pierde su compromiso con la justicia social, su compromiso con la cultura humana, para legitimarse en las cuentas de beneficios que acaban por aumentar el patrimonio de unos pocos a costa de deteriorar la riqueza colectiva de una comunidad.</p><p>Las evidencias se diluyen en los escándalos para desviar las dinámicas de la opinión. Es una evidencia que recortar los impuestos tiene que ver sobre todo con un <strong>trato privilegiado a los más ricos.</strong> Es una evidencia que los recortes en la inversión suponen un <strong>deterioro de los cuidados sanitarios</strong>, una pérdida alarmante de calidad cuando se trata de atender a los enfermos. Es una evidencia que los espacios públicos se debilitan y que la desatención a la dignidad humana adquiere repercusiones notables a la hora de atender a las personas cuando sufren un problema grave o cuando necesitan por su edad ser atendidos en unas residencias decentes.</p><p>Pero estas evidencias se diluyen si la crispación oculta las razones y la política deja de ser una discusión sobre la regulación de lo público, sobre una <strong>economía capaz de sostener un orden justo de convivencia</strong>. Que en los medios de comunicación impere la polémica diaria, y que se evite el análisis calmado sobre las inversiones y los impuestos, implica una estrategia para convertir la información en desinformación, la noticia ruidosa en ocultamiento.</p><p>Los comportamientos personales son, desde luego, importantes cuando se trata de analizar las consecuencias en la protección de la ciudadanía ante el enfurecimiento de las nubes y las aguas, o ante el abandono de unos ancianos en brazos de la muerte, o ante la falta de rigor y de vergüenza en los cuidados que merece una mujer afectada por el cáncer. Pero el debate sobre la persona no puede olvidar que <strong>el origen de la desgracia se debe a una política que pierde el respeto a los derechos y los deberes públicos</strong>, a unas organizaciones que someten la economía al interés de las grandes empresas y de los millonarios. Y no se trata ya de que la economía de mercado esté limitando las posibilidades de la economía social, porque lo que se vive en estos momentos de la historia es un <strong>asalto del capitalismo más feroz</strong> a la propia economía de mercado.</p><p>Convertir las consecuencias de las posibilidades políticas en simples asuntos personales hace que el <strong>valor de lo político pierda su protagonismo</strong>. El alejamiento de la gente y su desprecio o su rebeldía antisistema caracterizan una realidad donde los debates sobre la economía y sus consecuencias son sustituidos por los ruidos del escándalo. Y los protagonistas del escándalo llegan incluso a ser personajes admirados en un contexto en el que <strong>la ley del más fuerte sustituye a las responsabilidades colectivas.  </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Oct 2025 18:02:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La crispación de cada hora desvía nuestra mirada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Capitalismo,Educación,Sanidad,presupuestos,Impuestos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Girl Math’ o ‘matemáticas de chicas’: consumismo y machismo disfrazados de moda viral para ahorrar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/igualdad/girl-math-matematicas-chicas-broma-amigas-machismo_1_2057953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96e5e971-fd44-4b44-8e54-a2a551d4e874_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Girl Math’ o ‘matemáticas de chicas’: consumismo y machismo disfrazados de moda viral para ahorrar"></p><p>Una mujer joven se compra unas botas de más de 100 euros. No pasa nada, son gratis. ¿Cómo llega a esta conclusión? Lo previsible es que se las ponga más de 100 veces, así que el coste por uso no llegará al euro. <em><strong>Girl Math.</strong></em><em> </em>Una acérrima fan de Bad Bunny ha comprado entradas para verle en Madrid por 150 euros, pero el concierto es dentro de un año. Para entonces, habrá pasado tanto tiempo desde que pagó que será como si fuera gratis, porque no recordará el esfuerzo que supuso gastar ese dinero. <em><strong>Girl Math.</strong></em><em> </em>La nueva camiseta que lleva una mujer saliendo de Zara no ha tenido coste alguno, iba a devolver una falda y se ha llevado otra prenda en su lugar. Se podría decir, incluso, que ha ganado dinero, puesto que su nueva adquisición era cinco euros más barata. <em><strong>Girl Math.</strong></em></p><p>Mensajes como estos inundan las <a href="https://www.sb.digital/diccionario-social-media/fyp-for-your-page" target="_blank"><em>For You Page</em></a><em> </em>–la página principal de <em>TikTok</em>, donde aparecen innumerables vídeos personalizados por el algoritmo– de millones de usuarias de la red social, en un fenómeno masivo que recorre todo el mundo. </p><p>Con las <em>girl math, </em>los gastos son inversiones, las cantidades se dividen hasta que el coste es casi simbólico, los caprichos se disfrazan de necesidades y la cuenta del banco permanece intacta porque siempre se paga en metálico.  Las matemáticas de chicas —hasta en el nombre dejan claro que sólo están destinadas a ellas — son <strong>fáciles, divertidas y parece que simplemente forman parte de “lo femenino”. </strong>Lo que empezó como una broma entre amigas se ha convertido en un <strong>mensaje encubierto  </strong>que a través de razonamientos sencillos, les dice a las mujeres lo de siempre: para lo serio, ya están los hombres. </p><p>El consumo es el claro protagonista de esta quimera económica, que incita a las usuarias a pensar en<strong> la compra compulsiva de productos como algo intrínseco de su condición femenina.</strong> “Estos estereotipos sexistas lo que hacen es <strong>apoyar el consumo,</strong> de una forma graciosa y divertida” argumenta la Dra. Marina Pibernat Vila, antropóloga por la Universitat Autònoma de Barcelona. Esto no es más que la misma trampa del capitalismo que ha existido siempre en la sociedad moderna, pero ahora, llevado a las redes sociales, explica. A esta idea se suma Silvia Díaz, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid que expone que<strong> “con el capitalismo todo es consumible</strong> hasta el punto de comercializar los estereotipos”. </p><p><strong>Es fácil caer en la trampa. </strong>Los videos son graciosos, digeribles y, ante todo, están dentro de un algoritmo que deja la mente en blanco. Los jóvenes se ven atrapados por una situación límite marcada por la crisis de la vivienda, la precariedad del empleo o el cambio climático. Es por esto que las redes sociales funcionan como una <strong>distracción frente a la imposibilidad de tener una vida digna.</strong> </p><p> “Lo femenino siempre ha sido ridiculizado. Pero esta feminidad tiene un lado más tenso cuando se infantiliza y se nos trata como si fuéramos de cristal. Lo que esto pretende es que volvamos a<strong> la idea de que el hombre nos tiene que proteger”</strong>, explica Díaz. El propio uso del término <em>girl </em>(chica), pone a las mujeres bajo el espectro de algo inferior y sobre todo, dependiente en lo intelectual. </p><p>“Estamos en plena ola de reacción conservadora y estos vídeos se alinean mucho con cómo está cambiando el pensamiento”, añade la investigadora. Precisamente, la usuaria de <em>TikTok</em> y escritora @Gema del Castillo, apunta que este fenómeno puede conducir al <strong>terreno pantanoso de la ultraderecha y el antiintelectualismo,</strong> tirando por tierra la independencia o la inteligencia de las mujeres. </p><p>A su vez, las redes están llenas de prototipos femeninos que responden a un <strong>ideal conservador, </strong>mediante el bombardeo de cierto tipo de estéticas o modelos de vida. “Todos los contenidos que se viralizan, como la fiebre por el <em>clean look </em>–un peinado recogido que<em> </em>apuesta por una estética pulcra y minimalista– detonan una vuelta a la feminidad pero <strong>un rechazo a la hiperfeminidad. </strong>Lo deseable es una feminidad conservadora, pura y blanca”, añade la investigadora, que analiza cómo todo lo que busca lo femenino como algo performativo o incluso artístico se ve como poco deseable o vulgar. </p><p><a href="https://www.ascl.org.uk/ASCL/media/ASCL/Help%20and%20advice/Inclusion/Safer-scrolling.pdf" target="_blank">Un estudio conjunto de la Universidad de Kent y la University College de Londres</a> revela que<strong> contenidos dañinos y misóginos</strong> se presentan en redes sociales como simple entretenimiento y que, a su vez, dicho contenido sube como la espuma a través del algoritmo. </p><p><strong>Este mecanismo premia aquello que causa más daño</strong> y, de esta forma, consigue llegar a miles de usuarios que acaban interactuando con algo que quizá ni siquiera querían ver. “Las redes están basadas en el capitalismo digital y están programadas mediante algoritmos. Estos dos factores hacen que lo importante sea el <em>engagement </em>–la interacción con la publicación–”, expone Díaz. Esta es una característica que los contenidos misóginos poseen como parte de su ADN ya que “generan<strong> tanto admiración por unos, como indignación por otros,</strong> que interactúan con el post para así intentar combatirlo, pero acaban por darle más atención y, por tanto, más dinero”, añade la investigadora.</p><p>“Quien gana es quien dice la mayor barbaridad, la cosa más polémica. Eso es lo que genera<strong> el entretenimiento en redes </strong>y ha funcionado siempre así, lo podemos ver también en películas de comedia o en la televisión”, añade Pibernat. </p><p>El estudio también descubre el origen de estos mensajes. Todos ellos provienen de<a href="https://www.infolibre.es/igualdad/comunidad-incel-fenomeno-multifactorial-heredero-patriarcado-no-exposicion-sentimientos-hombres_1_1382393.html" target="_blank" > plataformas</a><a href="https://www.infolibre.es/igualdad/comunidad-incel-fenomeno-multifactorial-heredero-patriarcado-no-exposicion-sentimientos-hombres_1_1382393.html" target="_blank" ><em> Incel</em></a><a href="https://www.infolibre.es/igualdad/comunidad-incel-fenomeno-multifactorial-heredero-patriarcado-no-exposicion-sentimientos-hombres_1_1382393.html" target="_blank" > </a>y círculos misóginos que buscan una <em>mejora </em>en el ideal de mujer. Estos puntos de vista, dice el estudio, se presentan a través de <strong>contenidos suaves como memes o tendencias virales</strong> que pueden parecer una parodia pero que tienen un mensaje con una raíz machista. </p><p>Estas ideas, según exponen las universidades británicas, acaban siendo asimiladas por las nuevas generaciones. Es lo que se conoce como cámaras de eco: reciben siempre los mismos mensajes y por lo tanto, los asumen como naturales. </p><p>Precisamente <em>TikTok</em> es el lugar más prolifero para que esto suceda. Según un<a href="https://static.qustodio.com/public-site/uploads/2025/01/17133347/Dilemma_Digital_2024_Qustodio_Informe_Anual.pdf?_gl=1*1hxuy82*_gcl_au*MTIxMTAyNzcwOS4xNzU1Nzk2MDIx" target="_blank"> informe de Qustodio,</a> el gigante chino es la<strong> red social más consumida en todo el mundo, </strong>con 120 minutos diarios de media al día globalmente. Entre los menores españoles, también es la más utilizada, con una media de 103 minutos diarios. </p><p>A pesar de la raíz del mensaje, son las propias mujeres quienes están participando masivamente en este fenómeno digital<strong> </strong>e incluso quienes lo han creado. Muchas<strong> lo reivindican como una forma de apropiarse de los estereotipos</strong> o de lo que significa “ser una chica”. Pibernat asocia esto a una falta de visión crítica de la sociedad: “Puede ser que estas mujeres no tengan conocimientos sobre lo que es el feminismo y, por ello, acaban reivindicando algo que resulta machista”, expone.</p><p>"Es la articulación de unos estereotipos muy antiguos pero trabajados de una forma más moderna. Si antes te decían que las matemáticas no era una cosa de mujeres, ahora el mensaje se lanza a través de redes sociales de una forma humorística, por lo que lo asumimos como algo que es intrínseco a nosotras. <strong>Somos las mujeres quienes lo reclamamos,</strong> con las <em>Girl Math</em>, el estereotipo se establece como natural", añade Díaz. </p><p>Esta interiorización se traduce en datos. Según un <a href="https://www.esade.edu/ecpol/wp-content/uploads/2024/03/Mujeres-en-STEM-2024-1.pdf" target="_blank">estudio realizado por Esade,</a> las tasas de mujeres matriculadas en grados universitarios STEM no llega al 50% en ninguna de ellas, siendo el porcentaje más alto un 36% en Matemáticas. En lo laboral, <strong>solo un 5,5% de las mujeres trabajan en este área, </strong>mientras que el porcentaje de hombres sube hasta el 13%. </p><p>Esta brecha empieza a formarse desde antes, según ha podido comprobar este mismo estudio, y es que, ya en la escuela, las niñas tienen peores calificaciones en esta materia. Se debe a una <strong>autopercepción negativa sobre su propia capacidad </strong>que acaba por conseguir que no se planteen estudiar estas carreras, siendo la probabilidad de seguir este camino un 12,7% más baja en las niñas. </p><p>El peligro de las redes sociales se vuelve latente cuando se convierten en lugares donde se reafirman estas ideas. <strong>El descontrol llega ante el libre albedrío de estos refugios de Internet,</strong> donde las más jóvenes ven vidas irreales promovidas por <em>influencers </em>que parecen perfectas. “Para las niñas o adolescentes, lo que les llega es un mensaje de una mujer con la que pueden llegar a crear una relación parasocial, que hace que sea <strong>mucho más difícil de cuestionar el mensaje que se lanza,</strong> ya que es muy sencillo de procesar”, zanja Díaz. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 12:29:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Girl Math’ o ‘matemáticas de chicas’: consumismo y machismo disfrazados de moda viral para ahorrar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,Machismo,TikTok,Igualdad,Feminismo,Capitalismo,Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adolescencia y capitalismo agónico: desafíos y resistencias en la era de la incertidumbre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/adolescencia-capitalismo-agonico-desafios-resistencias-incertidumbre_129_2079336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El artículo <a href="https://ctxt.es/es/20250401/Firmas/49028/Amador-Fernandez-Savater-Adolescence-adolescencia-seriefracaso-mirada-adulta.htm" target="_blank" ><em>'Adolescence’: el fracaso de la mirada adulta</em></a><em>,</em> de Amador Fernández-Savater publicado en Ctxt (<em>contexto y acción</em>) el pasado 13/04/2025, toca puntos importantes sobre la desconexión entre el <strong>mundo adulto y los adolescentes, </strong>pero se queda corto al<strong> no señalar la raíz </strong>del problema.  </p><p>Si bien el análisis del artículo sobre la serie<em> Adolescencia</em> ilumina con precisión los síntomas de una crisis en la relación entre adultos y jóvenes –evidenciada en el fracaso del sistema  penal, la escuela y la familia para conectar significativamente con ellos–, considero que su  diagnóstico se detiene en la <strong>superficie de los efectos,</strong> sin profundizar en las causas subyacentes.  </p><p>La dificultad que señalan para que los adultos escuchen, amen y dediquen tiempo no es un fenómeno aislado sino, en mi opinión, una<strong> consecuencia directa de un sistema económico,</strong> un 'capitalismo agónico', que prioriza la productividad y la acumulación por encima del bienestar humano y las conexiones significativas. Las exigencias laborales extenuantes, la deshumanización progresiva de las interacciones y la constante presión por la supervivencia económica <strong>erosionan la capacidad de los adultos para estar presentes </strong>y disponibles emocionalmente <strong>para los jóvenes. </strong></p><p>Mientras que el artículo critica acertadamente la tendencia adulta a 'explicar sin escuchar' y la rigidez de las instituciones, no establece explícitamente cómo estas dinámicas son alimentadas por <strong>un sistema que valora la eficiencia por encima de la comprensión, </strong>la gestión del caos por encima de la atención individualizada y la subsistencia económica por encima del tiempo de calidad en familia.  </p><p>La propuesta final del autor de difundir la serie para<strong> fomentar la reflexión </strong>es valiosa, pero considero que el mensaje transformador crucial reside en conectar esta problemática con  las contradicciones inherentes a un modelo socioeconómico que nos empuja a la deshumanización.  </p><p>Como sugieren teóricos como <strong>Wallerstein </strong>y diversas corrientes marxistas, las tensiones internas del capitalismo actual están llegando a un punto crítico. En este contexto, la desconexión generacional que retrata <em>Adolescencia</em> no es solo un problema de  comunicación o de prioridades individuales, sino un síntoma de una <strong>crisis sistemática más profunda.  </strong></p><p>En lugar de limitarnos a <strong>abogar por cambios en la actitud adulta</strong> –necesarios, sin duda–,  deberíamos impulsar una reflexión más profunda sobre cómo las estructuras económicas y laborales actuales moldean nuestras vidas y nuestras relaciones, <strong>dificultando la escucha activa,</strong> la expresión de afecto y la dedicación de tiempo genuino. El verdadero cambio transformador implicaría, quizás, <strong>cuestionar las bases de este 'capitalismo agónico' </strong>en lugar de buscar soluciones paliativas dentro de sus márgenes, evitando así caer en esos 'cambios lampedusianos', donde todo cambia para que nada cambie realmente.  </p><p>«<em>El cambio es eterno. Nada cambia jamás. Los dos tópicos son "ciertos". Las estructuras son  los arrecifes de coral de las relaciones humanas, que tienen una existencia estable durante  un período relativamente largo de tiempo. Pero las estructuras también nacen, se  desarrollan y mueren</em>». [ <strong>Wallerstein, I. </strong><em>- El moderno sistema mundial I.</em>]  </p><p>_______________________</p><p><em><strong>Rafael Casado Ortíz </strong></em><em>es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Oct 2025 04:00:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rafael Casado Ortíz]]></author>
      <media:title><![CDATA[Adolescencia y capitalismo agónico: desafíos y resistencias en la era de la incertidumbre]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Adolescencia,Cine,Series televisión,Capitalismo,Lucha clases,Comunismo,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crecimiento personal o cuando te hacen creer que tu bienestar depende de ti a base de lógicas de mercado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/crecimiento-personal-creer-bienestar-depende-base-logicas-mercado_1_2069808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c82f5f74-9d92-4dee-8b33-bc76f4135207_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crecimiento personal o cuando la lógica del mercado te hace creer que tu bienestar depende de ti"></p><p>En tiempos de incertidumbre perpetua como los actuales, las redes están pobladas de una constelación de <strong>terapias y decálogos de consejos</strong>, o <em>tips</em>, sobre <strong>cómo vivir una buena vida, ser más productivo o resiliente</strong>. Esta carcasa inspiracional ha sido ya criticada desde numerosas perspectivas, que han advertido de las consecuencias que puede tener responsabilizar a las personas de su bienestar.  </p><p>Pero en pocas ocasiones nos detenemos a estudiar las raíces de esta punta del iceberg psicológico, de este paradigma de <strong>autoadiestramiento </strong>que guarda similitudes con los productos de <strong>IKEA</strong>, y, en consecuencia, con las formas de producción y comercialización actuales. De no pararnos a pensar, corremos el peligro de convertirnos en <em>startups</em>. </p><p>Según afirma la psicóloga clínica <strong>Inmaculada Amador</strong>, se trata de un discurso que no viene, en realidad, de la psicología, sino del ámbito empresarial y en especial del marketing. <strong>“Hay muchos ejemplos”</strong>, afirma esta experta, que desde la pandemia advierte una transformación en los síntomas de sus pacientes. “Por ejemplo, ser tú mismo: no conozco a ninguna persona que no sea ella misma. <strong>Esta insistencia probablemente venga a indicarnos que lo que tienes que hacer es convertirte en una marca y diferenciarte del resto.</strong> Con la zona de confort pasa algo parecido: conozco a mucha más gente que lo que quiere es entrar en esa zona de confort, porque no parece que haya muchas zonas así”.  </p><p>“Creo que todos estos términos entroncan, además, con el marco ideológico del neoliberalismo. <strong>Ya no se trata, como antes, de limitar la intervención estatal en la economía, sino de extender la lógica del mercado más allá.</strong> El denominado crecimiento personal es un pilar estratégico de todo ello, una subjetividad en la que el poder se sustenta a base de la autoexplotación”. </p><p>Estos discursos se han reforzado tras la <strong>pandemia</strong>: “Ha habido mucha gente que, en lugar de pensar en cómo hacer para gestionar la frustración de una manera saludable, se han creído culpables de lo que les pasaba. Ahora hay una diferencia notable en las consultas, con gente que lo está pasando mal precisamente porque se culpabiliza totalmente de lo que le pasa: <strong>por tener menos resiliencia, por no estar haciendo las cosas como debe, porque las cosas les estén yendo mal…</strong>”.  </p><p>La autoexplotación no viene precisamente de la pandemia. <strong>“A finales de los noventa salió un librito que fue un bombazo,</strong><em><strong> Quién se ha llevado mi queso.</strong></em><strong> Era un cuento que reflejaba un camino para que incorporáramos a nivel psicológico el despido libre.</strong> Según este, uno tiene que calcular los riesgos, adelantarse a ellos, conocer a sus competidores y salir de la empresa antes de que prescindan de uno. En base a esta idea de escapar de la zona de confort, de reinventarse continuamente, uno cambia de empleo cada dos por tres para seguir creciendo profesionalmente. Este es otro elemento más de lo que está pasando y de lo que se ofrece desde determinada manera de entender lo psicológico y el crecimiento personal”. </p><p>Autoexplotación y exigencia muchas veces disfrazadas de términos ambiguos como autocuidado y gestión emocional remiten a un discurso que, para el sociólogo Luis Enrique Alonso, incluye trazas de autoritarismo. Se trata de uno de los temas presentes en su libro<em> </em><em><strong>Poder y sacrificio: los nuevos discursos de la empresa </strong></em>(Ed. Siglo XXI), coescrito con <strong>Carlos Fernández</strong>. Ante la pregunta de si la inflación de términos psicológicos puede entenderse como un desbordamiento del discurso del <em>management</em>, Alonso afirma que <strong>psicologización y </strong><em><strong>management</strong></em><em> </em>tienen la misma matriz ideológica:<strong> la individualización. </strong></p><p>“Estos mensajes reflejan una crisis de la sociabilidad en la que te tienes que defender tú mismo y buscarte las herramientas <strong>autoconstructivas </strong>para salir del atolladero. De la sociedad <strong>no puedes esperar demasiado y tú eres un sujeto de talentos y capacidades individuales</strong> que debes explorar y que te pueden llevar al éxito”.  </p><p>“Asistimos a una pérdida de vínculos que eran propios de la modernidad industrial”, continúa <strong>Alonso</strong>. “Eran identidades fabricadas a lo largo de la historia, bases de reflexión, de consuelo, para compartir, o incluso para militar. <strong>Y todo esto, además, se ha acelerado con el cambio tecnológico</strong>”.  </p><p>“A veces en grupos de discusión nos sale lo de las herramientas psicológicas para resistir problemas sociales, como el acoso laboral y sexual. Y desde esta perspectiva se dan estas herramientas, pero se descuida totalmente el ambiente institucional. <strong>¿Cómo vas a defenderte en un campo solo con herramientas de blindaje emocional?</strong> Y nos aparece también gente que acababa culpándose y para las que las recidivas eran superiores. Es un tema social e institucional en el que unos tienen poder y otros no. El remedio parece peor que la enfermedad”.</p><p>Otro factor que incrementa los problemas derivados de esta terapia 24/7 es que, en el ecosistema de las pantallas, todos trabajamos de manera más o menos continua para ponernos a punto: “Ahora mismo el productivismo en el consumo es altísimo: el ocio, en muchísimas ocasiones, acaba siendo indistinguible del trabajo. Cuando compras billetes de <strong>Ryanair </strong>en el trabajo: ¿trabajas o consumes? <strong>¿Y cuando trabajas a las cuatro de la mañana?</strong>”. </p><p>Detrás de todo este <strong>fenómeno late una profunda crisis institucional </strong>que se manifiesta también en forma de corrientes conspiratorias diversas que pueden guardar también relación con el discurso individualista sobre el <strong>crecimiento personal.</strong> “Son fenómenos también ligados a la pérdida de institucionalidad de lo moderno y lo colectivo. Ahora estas teorías te permiten ser el dueño del secreto: tú sabes algo que los otros no, y eso te da un supuesto poder. <strong>A los otros los están engañando.</strong> En vez de pensar que el saber es una cosa colectiva, que se comparte, se pasa a una privatización de las esferas de la información”.</p><p>Huelga decir que el problema no son las terapias en sí mismas.<strong> Inmaculada Amador </strong>lo resume certeramente: “El problema es el uso que de la terapia se hace. Estrategias que pueden ser muy útiles en la vida de alguien, si se usan con determinados fines para lograr cosas que no nos interesan a nosotros, sino a otros, pierden su esencia. La psicología está para facilitar y ver cómo podemos avanzar y construir juntos, pero no para todos estos fines empresariales y mercantilistas".</p><p>Las alternativas no están claras. “<strong>La buena noticia es que ahora hay mayor consciencia de que el verdadero desarrollo implica una mejora del bienestar y de la calidad de vida. </strong>No que te leas un libro para reinventarte o gestionar tu marca. Aunque no es nada fácil, ahora lo estamos viendo con el <strong>tema de la sanidad pública</strong>, ya que, ante políticas que recortan y que hacen que haya menos acceso a todo lo sanitario, la gente está saliendo a la calle y diciendo que la sanidad no se vende, sino que se defiende. Ahí puede empezar a pararse esta espiral tan desgarradoramente individualizada y a recuperar la dignidad del ser humano, aflorando lo que sabemos que ayuda verdaderamente”, concluye <strong>Amador</strong>. </p><p><strong>Luis Enrique Alonso</strong> ha detectado cierta incredulidad entre los sujetos estudiados, pero que, carentes de alternativas claras, caen en una continua adaptación resignada. “La lógica de que no te quejes, de que la responsabilidad la tienes tú, <strong>está detrás de este tipo de discursos lacrimógenos y preautoritarios.</strong> Lo que puede parecer un discurso de aliento es, en realidad, algo muy represivo, muy parecido al darwinismo social del <strong>siglo XIX</strong>”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Sep 2025 04:01:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrés Villena Oliver]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Crecimiento personal o cuando te hacen creer que tu bienestar depende de ti a base de lógicas de mercado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sabio musulmán que nos descubrió el horizonte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/sabio-musulman-descubrio-horizonte_129_2067071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70ce1175-c905-47e2-9b45-5bddb9a331f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1020054.jpg" width="1526" height="859" alt="El sabio musulmán que nos descubrió el horizonte"></p><p>Los defensores de la superioridad de la <em><strong>civilización</strong></em><strong> occidental </strong>suelen acompañar sus ensoñaciones con una pregunta maliciosa: ¿Qué nos han dado a nosotros los musulmanes? La lista, claro, es tan extensa como su ignorancia: la <strong>mezquita de Córdoba, la Alhambra, los regadíos,</strong> miles de las palabras de nuestro idioma, exquisita literatura erótica como <em><strong>El collar de la paloma </strong></em>de Ibn Hazn<em>, </em>la cultura arrocera que hizo posible nuestra paella. La enumeración es interminable. Pero si hubiera que elegir aquella aportación que más ha marcado nuestra cultura y nuestra historia, esta sería, sin duda, <em><strong>el horizonte</strong></em>.</p><p>Se la debemos al astrónomo, matemático y óptico, nacido en Basora el 965, <strong>Abu Ali al-Hasan Ibn al-Haytham</strong>, también conocido como <strong>Alhazén</strong>. Sin sus investigaciones con la cámara oscura, invenciones como, por ejemplo, la fotografía o el cine hubieran sido impensables. Pero, sobre todo, las traducciones de su obra a partir del siglo XIII permitieron a los artistas del Renacimiento<strong> introducir la perspectiva</strong> en sus cuadros. Lo conseguían uniendo con una línea invisible el ojo del espectador y un punto de fuga situado en el lienzo. Con la perspectiva, el horizonte entró en la pintura. Y también en nuestro imaginario.</p><p>Esta representación del horizonte, como ha observado la videoartista y crítica alemana, <strong>Hito Steyerl</strong>, abonó en las mentalidades europeas la idea de un <em><strong>plus ultra</strong></em><em>,</em> un espacio ignoto más allá de aquella línea imaginaria, que era posible <strong>alcanzar, </strong><em><strong>descubrir, </strong></em><strong>conocer e incluso dominar</strong>. Se sentaban así las bases del imperialismo. Pero, además, la abstracción de este imaginario <em>más allá</em> alcanzable en el espacio y el tiempo posibilitó una idea crucial para la razón ilustrada, la de progreso. Nada de esto, clave para la <em>civilización</em> occidental, hubiera sido posible sin los estudios de Abu Ali al-Hasan Ibn al-Haytham.</p><p>En cualquier caso, este éxito del horizonte <strong>partió de una trampa</strong>. Permitía que en la lógica de la razón ilustrada se colara un sentimiento irracional: la esperanza. Esa simbiosis entre razón y esperanza, sin embargo, desapareció hace tiempo. Steyerl fija la escisión en un cuadro de Turner: <em><strong>El barco de esclavos </strong></em><strong>(1840)</strong>.<em> </em>El lienzo representa el momento en que un buque negrero arroja por la borda a muchos de los esclavos que transporta. Su composición contiene varios puntos de fuga, <strong>rompiendo con la perspectiva lineal </strong>y convirtiendo en imposible el horizonte. Sin horizonte ni esperanza, todo el protagonismo pasa al crimen que representa el lienzo. Tras esta ruptura artística vendrían<strong> dos guerras mundiales, Hiroshima y Nagasaki, el Holocausto judío, el Gulag, Vietnam, Irak</strong>... La razón perdía toda esperanza y el mundo se quedaba sin horizonte.</p><p>La izquierda, <strong>heredera de la Ilustración</strong>, no fue inmune a la pérdida. Lo dejaba patente un viejo chiste soviético: Durante su visita a una fábrica, uno de los obreros le preguntó a<strong> Nikita Krushev</strong>: “Camarada, ¿cuándo pasaremos del socialismo al paraíso comunista?” El líder soviético tomó por el hombro al trabajador y le dijo: “Camarada, ya vemos el comunismo en el horizonte”. El obrero, intrigado por la respuesta, lo primero que hizo al llegar a su casa fue consultar el diccionario. Y allí encontró la siguiente definición: “Horizonte: línea imaginaria que separa el cielo y la tierra que cuanto más nos acercamos a ella, más se aleja”.</p><p><strong>Huérfana de horizonte y esperanza,</strong> la razón se desprendió de su afán ilustrado para cobijarse desde finales del siglo XX en lo que <strong>Peter Sloterdijk</strong> denominó<em> razón cínica. </em>Su funcionamiento es demoledor: la sociedad está perfectamente informada, conoce los problemas –de la desigualdad al cambio climático –, pero cínicamente<strong> opta por ignorarlos</strong> como si no pasara nada. La razón cínica se adaptaba así a las necesidades del <strong>discurso conservador y del capitalismo neoliberal</strong>. <strong>Carlos Mazón</strong> es, en este sentido, su mejor ejemplo: un presidente autonómico, informado de unas inundaciones que acabarán causando <strong>229 muertos</strong>, pero incapaz de encontrar motivo alguno para abandonar su larga sobremesa en <strong>El Ventorro</strong>.</p><p>Pero, a diferencia de la autocomplacencia de Mazón, la <strong>razón cínica</strong> ha sumido a la mayoría social en un insoportable desasosiego, un sentimiento de angustia como el experimentado por aquellos personajes de <em><strong>El ángel exterminador</strong></em><strong> (1962)</strong> de Buñuel, a los que una fuerza misteriosa impedía abandonar la mansión donde celebraban una fiesta. Estas sensaciones no son ajenas a la nueva percepción del espacio que se impone en nuestro imaginario. Porque, como destaca <strong>Steyerl, </strong>el horizonte ha sido sustituido por imágenes captadas desde arriba, que nos aplastan contra el suelo y que eliminan cualquier punto de referencia que permita orientarnos. Son las omnipresentes imágenes de las cámaras de seguridad, de<strong> GoogleMaps</strong>, de los satélites, de los drones. </p><p>Si el horizonte abrió la puerta a la esperanza, estas imágenes provocan <strong>desesperación y miedo</strong>. <strong>Gaza</strong> es su gran paradigma: cientos de miles de personas atrapadas en un pequeño espacio cerrado, deambulando sin rumbo bajo la mirada de unos drones que les <strong>observa y asesina</strong>. No es extraño que <strong>Hitchcock</strong> y el cine de terror fueran pioneros en utilizar este tipo de planos cenitales. Tampoco sorprende que este imaginario visual le resulte propicio a una ultraderecha que hace del miedo su razón de ser. Y que, como antídoto a la desorientación, nos ofrece el brutal consuelo del odio. Si la razón cínica legitimó “democráticamente” al neoliberalismo, hoy este <strong>cinismo irracional </strong>busca consensos para un capitalismo que ya no puede reivindicarse en las profecías de<strong> Milton Friedman </strong>y que ha roto definitivamente con la democracia.</p><p>En este contexto, ¿será posible volver a conciliar razón y emoción en un proyecto emancipador o, al menos, de convivencia? Paradójicamente, las protestas contra el genocidio en Gaza<strong> nos demuestran que sí.</strong> Cuando logramos cambiar el miedo por la rabia,<strong> el odio por la solidaridad</strong>, podemos superar la paralizante razón cínica sin caer en el cinismo irracional del<strong> fascismo</strong>. De ahí la virulencia con que conservadores y ultraderechistas atacan e intentan denigrar, por todos los medios, la causa palestina.</p><p>¿Es posible recuperar los horizontes? No será fácil, pues las enseñanzas de Abu Ali al-Hasan Ibn al-Haytham ya no son suficientes. Habrá que tener presente, por ejemplo, las palabras de<strong> Ángel González</strong>: “sin esperanza, con convencimiento”. Porque esos nuevos horizontes —en plural pues deberán incluir <strong>múltiples miradas</strong>— no tendrán ya la ilusa esperanza de antaño y deberán construirse sobre esa fe laica que reclamaba el poeta. Hoy el autoritarismo del odio <strong>se presiente inevitable</strong>, es cierto. Pero también es cierto que, como nos recuerda <strong>Franco </strong><em><strong>Bifo </strong></em><strong>Berardi</strong>, en ocasiones, cuando ya estamos rendidos a lo inevitable, ocurre un extraño milagro que hace posible lo imprevisible.</p><p><em>_________________</em></p><p><em><strong>José Manuel Rambla </strong></em><em>es periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Sep 2025 04:00:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Rambla]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El sabio musulmán que nos descubrió el horizonte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Carlos Mazón,Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Somos muchos y seremos más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/seremos_129_2059672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>En efecto, el gran problema al que tendremos que hacer frente es demográfico. El cambio climático y sus consecuencias meteorológicas son, sin duda, un problema; pero es menos importante ya que su solución está más al alcance de los humanos. <strong>Se trataría de que éstos cuidaran con más esmero el planeta.</strong></p><p>En el problema demográfico está en cuestión la vida misma de aquellos. Se estima que la población mundial actual ronda los nueve mil millones de seres humanos los que vivimos en el planeta Tierra. <strong>¿Será la propia naturaleza quien facilite a estos la salud, quien facilite a estos los medios de subsistencia?</strong> Hay quien lo niega, siendo la guerra como una especie de selección natural para los defensores de esa tesis. Me cuesta trabajo creer si no hay detrás de ello un interés económico de la industria armamentística y sus accionistas. Otros pensarán que la naturaleza, siendo finita, agotará sus medios, dado el egoísmo que representa el sistema capitalista y su lucha salvaje por obtener beneficios a corto plazo.</p><p>Viene siendo un<strong> “clásico” </strong>limitar los nacimientos de nuevos seres humanos. Para ello, <strong>las modernas técnicas permiten, por ejemplo, abortar sin riesgos añadidos y legalmente, como solución al problema. </strong>Pero lo que puede parecer una ventaja tiene sus propios inconvenientes: entre ellos, la necesidad de mano de obra y la falta de “soldaditos”, que mueran en los frentes, por muy modernísimo que sea el material de guerra.</p><p>Pero, por otra parte, así como los avances técnicos-jurídicos permiten en determinados países un cierto control de nuevos nacimientos,  esos mismos avances  y los producidos en la ciencia médico-quirúrgica, además de poder llevar una vida más sana<strong> –de ahí el “seremos más” del título–</strong>, hacen que la vida humana se prolongue cada vez más. Algunos capitalistas, pensando en la infinitud del tiempo, en su economía y en los adelantos que la ciencia y la tecnología espacial ya están reservando <strong>“parcelas” en otros satélites y planetas...</strong> Para mí, que eso no es más que un imaginativo pensamiento, que, en absoluto, tiene que ver con la realidad. Además, creo que si los <strong>intereses económicos y geopolíticos </strong>siguen tal como están, no sería extraño que la Humanidad entera sucumbiera ante el uso bélico de la energía atómica.</p><p>La verdad es que no acierto a ver cuál sería la solución verdadera y, más o menos, científica. Y, siendo muy optimista, la solución a este gran problema de sobrepoblación sería la sustitución del sistema capitalista por otro <strong>“socialista”</strong>. Si tenemos en cuenta que los países actualmente ricos lo son, en parte, debido a un sistema colonial y esclavista, y que la globalización y deslocalización de empresas están teniendo sus inconvenientes, no tenemos más remedio que <strong>ensayar otro sistema</strong>, en el que la riqueza mundial esté mucho más y mejor redistribuida.</p><p>Pienso que si a la madre naturaleza se le da su tiempo de <strong>“recuperación”,</strong> y los humanos empleamos la lógica más racional, la riqueza que nos parece finita se convertiría en infinita, al menos suficiente para dar satisfacción a las necesidades humanas.</p><p>Esto fue lo que intentaron los bolcheviques dirigidos por <strong>Lenin con la revolución de 1917. </strong>La verdad, no es el momento más oportuno para entrar a debatir sobre las razones y argumentos de tales eventos y el fracaso de la misma rebelión. Pero sí de tener en cuenta que la causa de su origen fue, entre otras, la mala situación de la<strong> “clase obrera” </strong>y la desigualdad en el reparto de las riquezas.</p><p>Independientemente de la forma en que aquella tenga que repartirse, lo que sí está claro es que la riqueza está mal distribuida. Y las guerras no solucionan el problema. Poner vallas en las fronteras, tampoco. <strong>Dejar morir en el mar a los que huyen de sus respectivos países es inhumano y contradictorio con el Derecho Internacional. </strong>Intentar hacer desaparecer, como está haciendo en Gaza y el resto de territorios ocupados por los israelitas, aparte de no solucionar el problema, no conduce más que a un <strong>genocidio</strong> contra los palestinos.</p><p>No queda otra que gestionar bien el problema de la <strong>migración, y repartir a los inmigrantes entre los Estados</strong>, proporcionalmente a sus riquezas y medios de producción. Nos puede parecer una<strong> “utopía”.</strong> Pero a base de utopías es como la Humanidad ha avanzado.</p><p>Creo que si no nos ponemos manos a la obra con la mayor urgencia, y los gobiernos no hacen nada por redistribuir la “escasa” riqueza de la que disponemos, algún día, más temprano que tarde, y —como escribí anteriormente— podremos “<strong>MORIR DE ÉXITO</strong>”...</p><p>Y aquí dejo estas reflexiones...</p><p>_______________</p><p><em><strong>Manuel Vega Marin </strong></em><em>es socio de </em><em><strong>infoLibre.</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Sep 2025 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Vega Marin]]></author>
      <media:title><![CDATA[Somos muchos y seremos más]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Gaza,Palestina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente corriente... que roba la gorra a un niño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente-roba-gorra-nino_129_2055828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6192b8f-88a0-4777-bbbf-adb7748cb696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente corriente...que roba la gorra a un niño"></p><p><em>“En la vida es el primero que llega</em>”. Esto es lo que dijo el millonario que le birló la gorra a un niño. Parece un cuento de Dickens, pero es un hecho real y tuvo lugar hace unos días en la grada del <strong>OPEN USA</strong>. El tenista <strong>Kamil Majchrzak</strong> ganó el partido, se acercó a la grada a firmar autógrafos y le regaló su gorra a un niño, pero otro espectador –bien adulto él–, la enganchó cual ave rapaz y, aunque el pequeño se la reclamó desesperadamente, pasó millas de él. El <strong>señor forrado</strong> guardó la gorra en el bolso de su mujer y se piraron.  </p><p>La escena de la grada subió a la red –no del tenis sino de internet– y la escena <strong>se hizo viral</strong>, así que el tenista localizó al niño, quedó con él y le regaló una nueva gorra. El millonario, por su parte, <strong>avergonzado/presionado</strong>, devolvió lo que había arrebatado y publicó un comunicado de disculpa que iba bien… hasta que soltó la frase que abre este artículo:<strong> </strong><em><strong>“En la vida es el primero que llega</strong></em><strong>”</strong>, la idea es tan definitoria que emborrona el arrepentimiento. Y desasosiega, porque sabemos que esta frase de carga individualista define en nuestra sociedad el camino más corto y directo hacia <strong>“el éxito”.</strong></p><p>Ante los hechos terribles que asolan el planeta, esto no deja de ser una anécdota sin importancia; sin embargo, tiene fuerza como metáfora. El gesto del millonario polaco, <strong>Piotr Szczerek</strong>, responde a una forma de entender el mundo, de estar en él. Alargar la mano para <strong>quedarte con lo que pertenece a otro</strong>, con el agravante de que ese otro está en posición de debilidad frente a ti, es un modo de proceder que muchos eligen, lo reconocemos bien, la <strong>Historia rima.</strong> Incluso la cotidiana. </p><p>En fin, es bonito que la <strong>indignación </strong>en las redes haya servido para que ese niño haya podido recuperar su regalo en tan solo unos días. Hay otra ola viral, mucho más fuerte, que todavía no ha conseguido que miles de pequeños recuperen su vida en <strong>Gaza</strong>. </p><p>Sí, la Historia rima. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Sep 2025 04:00:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... que roba la gorra a un niño]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Millonarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Coelhismo' sociológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/coelhismo-sociologico_129_2055196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/874dcec7-0ecf-4032-bdad-e17542bbcffe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Coelhismo' sociológico"></p><p>Vivimos rodeados de frases que no dicen nada y, sin embargo, nos hablan todo el tiempo:<strong> “sé tú mismo”</strong>, <strong>“tú decides”</strong>, <strong>“sé una mejor versión de ti”</strong>, <strong>“escoger un camino significa abandonar otros”</strong>. Son fórmulas que flotan como espejismos en gimnasios y pantallas.</p><p>Llamo <em><strong>Coelhismo </strong></em><strong>sociológico</strong> —en alusión al universo de frases hechas que popularizó <strong>Paulo Coelho</strong>— a esta colonización de la vida por la palabra motivacional vacía. No ofrece respuestas, sino espejismos. Bajo la promesa de liberarnos, nos mantiene sujetos a un relato de insuficiencia perpetua: <strong>nunca somos bastante, nunca llegamos del todo, siempre hay un “yo” mejor que debemos perseguir</strong>. En su aparente dulzura, estas frases nos condenan a un combate íntimo sin tregua, a un diálogo interminable con un yo ideal que nunca se deja alcanzar.</p><p>El poder de lo vacío reside precisamente en su <strong>docilidad</strong>. Un significante hueco puede acomodarse en cualquier lugar, adornar cualquier muro o chat, circular en cualquier boca. Puede incluso unir a desconocidos en miradas de ensoñación, mientras se interrogan —sin saberlo— sobre el sentido del sin sentido. Lo que parece <strong>inofensivo</strong> resulta, sin embargo, el instrumento más eficaz de<strong> un poder que no manda ni prohíbe</strong>, sino que persuade y seduce. Y esto no es nuevo. Michel Foucault lo señaló con lucidez: el poder moderno no vigila desde fuera, sino que habita la subjetividad, se aloja en la conciencia de cada uno. <strong>El </strong><em><strong>Coelhismo</strong></em><strong> no nos oprime; nos invita</strong>. No amenaza; sonríe. Pero es una sonrisa falsa, que busca debilitar la capacidad de acción y la asunción de responsabilidad, tanto individual como colectiva.</p><p><strong>“Decide”</strong>, nos dice, pero calla que no todos podemos decidir desde el mismo horizonte. <strong>“Sé tú mismo”</strong>, insiste, como si ser uno mismo fuera un acto transparente; como si el yo no estuviera siempre atravesado por la historia, por la <strong>desigualdad</strong>, por la herida de lo colectivo, por una infinidad de razones que desbordan incluso a la propia palabra.</p><p>Lo que aquí se celebra como <strong>libertad</strong> es, quizá, la forma más perfecta de <strong>domesticación</strong>. Pues nada esclaviza tanto como aquello que se presenta bajo el signo de lo propio, de lo íntimo, de lo elegido. Y así nos descubrimos obedeciendo no a un otro, sino a la voz dulzona que repite dentro de nosotros: <strong>“puedes más, aún no es suficiente”</strong>, “mañana saldrá otro sol”. <strong>El </strong><em><strong>Coelhismo</strong></em><strong> no es literatura, ni filosofía, ni siquiera pensamiento: es decoración</strong>. Una decoración banal, que recubre las grietas del presente con frases que brillan como espejos empañados. Y en ese brillo, lo que se pierde es lo esencial: la posibilidad de un pensamiento que no nos adiestre, sino que nos abra.</p><p>Porque emanciparse quizá no consista en repetir consignas, sino en aprender a desconfiar de ellas. Y a escuchar, detrás del ruido motivacional, el silencio fecundo donde germina lo verdaderamente humano. <strong>Tal vez allí, en ese silencio, se oculte la promesa que tanto buscamos.</strong></p><p>________________</p><p><em><strong>Anna Garcia Hom</strong></em><em> es analista y socióloga.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Sep 2025 04:00:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Anna Garcia Hom]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Coelhismo' sociológico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Desigualdad social,Filosofía]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La obsesión por la eterna juventud con 20 años:  así capta la industria estética a las más jóvenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/igualdad/obsesion-juventud-eterna-20-anos-presion-estetica-llega-jovenes_1_2043769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e3b951b2-8b3e-49b7-9d59-e66217278602_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La obsesión por la eterna juventud con 20 años:  así capta la industria estética a las más jóvenes"></p><p>'Las 12 mejores cremas antiedad de mujer para utilizar a partir de los 20 años’, ‘¿Deberías empezar a usar cremas antiedad a los 20 años?’, ‘Las claves para una piel perfecta si tienes 25’. Entrar en el <em>site </em>de una revista de belleza es arriesgarse a encontrar, con casi total seguridad, alguno de estos titulares.<em> </em><strong>La idea del miedo a envejecer está en todas partes,</strong> también entre las mujeres más jóvenes, que ven cómo las páginas de sus publicaciones favoritas se llenan de avisos de <em>algo</em> que todavía no se ha materializado pero que hay que evitar, aunque esto implique gastar todos sus esfuerzos (y sueldo) en lograrlo. </p><p>Al mismo tiempo, esas advertencias conviven en el interior de estas mismas publicaciones con artículos sobre actrices como Pamela Anderson o Demi Moore y la naturalidad y elegancia con la que viven su edad. Internet se ha llenado de reivindicaciones y admiración hacia el aspecto de estas actrices. Sin embargo, <strong>¿es esta una celebración por la edad que tienen o por el aspecto joven que mantienen? </strong></p><p>No hay respuesta clara. Lo único cierto es que, en los últimos años, las empresas de cosmética se han llenado los bolsillos. Según el <a href="https://radiografia.stanpa.com/wp-content/uploads/2025/04/radiografia-industria-perfume.pdf" target="_blank">último informe sobre el estado de la industria de la cosmética y el perfume de Stanpa</a> –Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética– <strong>el consumo de productos estéticos antienvejecimiento ha crecido en un 7,2%</strong>. Hacerse mayor, cumplir años, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los españoles, según informan desde Stanpa, que recoge que un 35% reconoce utilizar este tipo de cremas.</p><p>Y no solo en España. Spate, una firma con sede en Nueva York que analiza las próximas tendencias de belleza en Estados Unidos, asegura en <a href="https://www.spate.nyc/beauty?pgid=lsw07hf31-6a6ad50e-801b-4a0b-9388-13a929712c74" target="_blank">su informe anual de 2024,</a> que en este último año en Google se han registrado, de media, <strong>29.300 búsquedas más relativas a la piel madura</strong> respecto al año anterior. También predicen, según sus datos, que los productos para evitar o retrasar los signos de la vejez crecerán un 18,2% en el próximo año. </p><p>Jessica Matlin, directora de Belleza de Moda Operandi y cofundadora de Fat Mascara, comenta sobre esta tendencia: “La piel madura vuelve a estar de moda —quizá sea <strong>un eufemismo de "antienvejecimiento"—</strong>, pero en esencia atiende a los mismos clientes y necesidades".</p><p>El aumento del uso de los cosméticos y, sobre todo, de su publicidad, coincide en el tiempo con una <strong>ola reaccionaria que intenta erradicar los avances feministas</strong> de estos últimos años y, para Júlia Barceló, activista contra la presión estética y escritora del libro <em>Operación Bikini</em>, no es casualidad. La autora asegura en una conversación con este medio que “ahora el capitalismo tiene que dar una respuesta a la ola del feminismo”. Según Barceló, las grandes marcas de moda y estética cumplen esa<strong> función de contraataque “de forma muy sutil,</strong> con publicidad indirecta, de la mano de influencers en las redes sociales”. </p><p>La activista considera que esta presión por mantenerse en el<em> ideal</em> se vuelve una forma de supervisión:<strong> “Controlar tu cuerpo es controlar lo que haces, </strong>es controlar a las mujeres sin estar delante de ellas, y con esto, el capitalismo gana mucho dinero”. </p><p>Paloma Abad, autora de la newsletter <a href="https://palomaabad.substack.com/" target="_blank">PRETTY IN, PRETTY OUT!</a>, cuenta a <strong>infoLibre</strong>: “En cuanto se va aproximando a la menopausia, la mujer también pierde valor y autoridad en la conversación pública. No queremos morir, y tampoco queremos ser irrelevantes, así que el mercado o, más bien, el patriarcado, ha invertido cantidades ingentes de tiempo y dinero para convencernos de que <strong>la manera de estar siempre presentes y visibles es mantenernos eternamente jóvenes”. </strong></p><p>El capitalismo utiliza la violencia estética como “mecanismo de control”, según <a href="https://mensactiva.com/psicologos/el-impacto-psicologico-de-la-violencia-estetica/" target="_blank">informan en MensactIva psicólogos,</a> ya que la insatisfacción constante con el cuerpo propio se traduce en un mayor consumo de productos y servicios para intentar <strong>“arreglar un cuerpo eternamente imperfecto”. </strong></p><p>Su directora, Laura Martos, considera que lo que retroalimenta los problemas acarreados por la presión estética es<strong> la publicidad de estos productos de cosmética milagrosos.</strong> “La publicidad está haciendo mucho daño, pones la televisión y solo ves cremas antienvejecimiento, todos los días vemos contenidos completamente centrados en el aspecto”, apunta Martos. “Solo habrá escapatoria si los medios de comunicación ponen de su parte”, añade. </p><p>Hace un año, la obsesión por el cuidado de la piel se trasladó a los más pequeños y el fenómeno de los ‘Sephora Kids’ inundó las páginas de medio mundo. Los videos, que acarreaban miles y miles de reproducciones, ilustraban a <strong>niñas enseñando su maestría y destreza a la hora de aplicar productos de </strong><em><strong>skin care</strong></em><strong> o de maquillaje.  </strong></p><p>“Lo que ocurre en redes sociales es mucho más sibilino, es la persuasión”, sentencia Paloma Abad. “Estas niñas están viendo todo el día cómo sus iconos tienen una piel perfecta, una cinturita de avispa, una nariz ínfima y unos dientes mejor alineados que la selección femenina de fútbol. Es inevitable asociar el éxito a todas estas 'virtudes' físicas porque, todo el mundo lo sabe, la belleza y la juventud nos ayudan a triunfar. <strong>Están en un círculo perverso que amenaza continuamente con absorber su identidad </strong>y su valor como seres humanos. Lamentablemente, la industria las trata como objetos, y no como sujetos”, añade. </p><p>Los jóvenes son los mayores consumidores de redes sociales, <a href="https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2024-07/Informe_Derechos_SinConexion_STC.pdf" target="_blank">según un informe de Save the Children</a>. <strong>El 90% de la población adolescente se conecta al menos varias veces al día a Internet</strong> o están conectados permanentemente. Por ello, Martos advierte de la peligrosidad de las redes ya que “los jóvenes están consumiendo un modelo de belleza que es construido, las influencers tienen retoques y filtros que no dicen que tienen”.</p><p>Júlia Barceló denuncia el descontrol que tienen estas plataformas. <strong>“Las redes están gobernadas por las marcas, </strong>por lo que no pueden seguir siendo un campo libre en el que esté permitido vender productos a niñas de cinco años”, denuncia. Por ello, explica, “hay que legislar, aunque yo creo que en España se está haciendo bastante bien”. </p><p>Precisamente, <strong>Tik Tok modificó su normativa </strong>después de recibir denuncias por salud mental. Ahora, los menores de 18 años tienen restricciones para utilizar los filtros de belleza y, si un influencer hace uso de ellos, la propia aplicación lo indica al usuario. Sin embargo, Martos anuncia que “muchas veces las chicas jóvenes no lo toman en cuenta”. El entender que no es una belleza real tiene que ver, según Martos, con una capacidad crítica que “todavía falta cuando eres más joven”. </p><p>Martos entiende que<strong> el problema “se retroalimenta</strong> ya que todos consumimos lo mismo, todas nosotras seguimos a las mismas influencers, por lo que salir de la presión estética es imposible”. </p><p>Parece que, en un mundo ultraconectado, poder salir de esta dinámica es imposible. Sin embargo, Barceló todavía ve posibilidades de cambio: “Lo más importante es que se pueda hablar también desde el optimismo, y <strong>concienciar para poder tener una sociedad crítica”, </strong>aunque considera que se han dado pasos gracias a que se ha “democratizado lo que vemos, ya que ahora podemos ver distintos cuerpos incluso en espacios más <em>mainstream</em>”. </p><p>Ante la posibilidad de poder erradicar la presión estética y la mala relación con los cosméticos que surge de ella, Paloma Abad argumenta: “Creo que lo importante aquí es saber los motivos por los que usas una crema antiedad, un contorno para las ojeras o te tiñes el pelo. Jugar a mantenerte joven por la visibilidad no tiene nada de malo, siempre que seas muy consciente de que es un juego y puedas<strong> darte el valor que de verdad te mereces. </strong>He ahí el reto”, sentencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Aug 2025 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eva Rodríguez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Igualdad,Capitalismo,Feminismo,Machismo,Violencia machista,Redes sociales]]></media:keywords>
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