<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 5]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-5/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 5]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[León Bloy o el ardor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leon-bloy-ardor_1_1123226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1be99fc1-42cf-4613-b7c0-d3cf20cc01e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="León Bloy o el ardor"></p><p>El escritor León Bloy. / ACANTILADO</p><p>Leer a <strong>León Bloy</strong> es atreverse a seguir caminando cuesta arriba bajo la tempestad. Enfrentarnos a un camino que no nos lleva a ninguna parte bajo una tormenta de rayos que no cesan. Tenemos que desnudar nuestros prejuicios y soportar la imagen de nosotros mismos que nos queremos ocultar. No se sale indemne después de habernos atrevido a transitar por nuestra propia mierda y reconocer que tampoco ella huele bien. Después de leer a León Bloy no se pueden leer libros malos, cobardes, elusivos, bonitos y felices. Para mantener nuestra conciencia limpia, nuestra vida amable, nuestras esperanzas o nuestra buena fe, hay que apartarse de los escritos de un autor que parece el eslabón perdido de alguno de nuestros místicos. De uno que podría ser un monje apologético y herético. Este flagelador del esteticismo, este profético escritor que avanza entre la pasión y la tortura, no es lectura para aquellos que sean capaces de enfrentarse a lo feroz, lo descortés, el insulto o la blasfemia. Escribe contra las corrientes de lo correcto, contra las mentiras que nos permiten seguir engañándonos. <strong>Kafka </strong>decía que “su fuego se nutre del estercolero de nuestro tiempo”. De todos los tiempos. Todo ha ido siempre mal.</p><p>“El hombre alberga lugares en su pobre corazón que todavía no existen, y para que existan debe entrar en ellos el dolor”. Confieso que he tenido que conocer el dolor para atreverme a enfrentarme a sus libros. Mi fe, la ausencia de mi fe, no ha cambiado después de leer a Bloy —algo que le ocurrió a <strong>Maritain </strong>entre otros muchos— pero sí ha transformado mi manera de ser farsante, de sobrevivir a mis problemas. No soy mejor pero reconozco mis necesarias mentiras de superviviente.</p><p>No hay que buscar el infierno fuera. Hace tiempo que sabemos que somos nosotros. Tampoco hay que buscar al Diablo con cuernos, ni hermoso en su caída, ni atractivo en sus disfraces, en sus tentaciones. Decía Bloy que el satanismo, por poner un ejemplo, está en el tendero de ultramarinos. Estamos condenados a vivir sin noticias de Dios. No nos hace falta el Dios magnífico y omnipotente. Tampoco seguimos a ese que propone Bloy: “Señor que nada posee, que nada puede, que está inválido de todos sus miembros, que apesta, que se restriega por todos los estercoleros de Oriente o de Occidente y grita de angustia por toda la eternidad mientras espera el Carillón del Séptimo Día”. Porque buscaba ese sueño, esa utopía, esa leyenda rediviva de un imposible imaginario, aborrecía a los triunfantes y a los delicados. Casi todos le dieron la espalda, quisieron guardar silencio, le dejaron solo en un desierto que en Francia había comenzado quizá con <strong>Baudelaire </strong>y que entre nosotros ya estaba en <strong>Gracián</strong>, en <strong>Quevedo</strong>, en los místicos. Amigo de <strong>Verlaine</strong>, de <strong>Barbey D'Aurevilly</strong>, de <strong>Huysmans</strong>, enemigo de casi todos, peregrino del absoluto, pobre e irredento, salvaje flagelador de todo esteticismo, profético escritor que se movió entre la pasión y la tortura. Antes que <strong>Céline </strong>hizo el viaje al borde de la noche. Antes que <strong>Cioran </strong>se burló de los melifluos burgueses. Antes que <strong>Benjamin </strong>conoció las iluminaciones y se acercó a los precipicios.</p><p>Maestro del humor negro admirado por <strong>Borges, </strong>que reconocía en su escritura uno de los “estilos más vívidos de la literatura”. Abominó de sus contemporáneos, de la ciencia, el progreso, la democracia, de Inglaterra, Alemania, Bélgica o los Estados Unidos. Antisemita aunque autor de un admirable libro: <em>La salvación por los judíos</em>. Católico, quiso ser monje benedictino y se mantuvo en la fe “como una lechuza  devota en la puerta radiante de la Iglesia de Jesucristo”, creyente de una religion que ya no existía, fue un místico extemporáneo que pasó del anticlericalismo a una suerte de intolerancia de católico primitivo. Hijo de padre masón y descreído, y de madre devota de orígenes españoles, vivió entre la pobreza y la independencia, ejerció los peores y más humildes oficios, se unió a una prostituta que terminó en un manicomio encerrada por místicas locuras, casado con una protestante a la que convirtió, forjó una familia sin salir de la indigencia y manteniendo el cariño familiar.  Flagelador de los suyos, implacable fustigador del Papa, de los católicos a los que consideraba imbéciles y cerdos por falta de heroísmo.  Implacable contra los burgueses. </p><p>Este coleccionista de odios, maestro del idioma, grandioso, mordaz, irónico que vivió con la tristeza de no ser santo, se ve ahora rescatado en nuestras editoriales. Sus <em>Diarios </em><a href="http://www.acantilado.es/catalogo/diarios-329.htm" target="_blank">enAcantilado</a>, <em>Cuentos feroces</em> <a href="http://www.edicionescinca.com/verficha.php?id=226" target="_blank">en Cinca</a>, <em>La mujer pobre</em> en Alfama. Siguen vivos Bloy y su ardor. El hombre que ruega “como un ladrón que pidiera limosna a la puerta de una granja que piensa incendiar”. Años después de que Borges venciera nuestra resistencia a leerlo porque en nuestra ignoracia lo considerábamos un católico que estaba lejos de nuestros cánones de pedantes cultos y progres, años después de que aparecieran en aquella imprescindible Biblioteca de Babel sus <em>Cuentos descorteses</em>, nos hemos encontrado con esa obra grandiosa —en palabras de Walter Benjamin— en la que descubre los abismos de los lugares comunes, en ese “fantástico y a la vez alarmante vocabulario del burgués, del mediocre que entretanto se ha convertido en vocabulario de la prensa y de los estadistas”, como definió <strong>Heinrich Böll</strong> a este libro que ya se nos hace imprescindible: <em>Exégesis de los lugares comunes</em>. Divertido y feroz, vituperio feraz de un maestro en el arte de los imbéciles, lamentables e idiotas que somos los humanos. Esos perezosos reproductores de lugares comunes. Un libro tan contemporáneo y tan atemporal, un libro sobre nosotros, pequeños burgueses siempre temerosos de que nos estalle la verdad en nuestras vidas. Un libro que también habla del fanatismo: “El laconismo, la concisión y, por consiguiente, cualquier forma de precisión es sospechosa de fanatismo, y las hogueras se encienden por sí mismas. Un sectario capaz de vociferar a grito pelado, un abogado chillón, un diputado locuaz e incluso un ventrílocuo, un titiritero actuando jamás serán fanáticos”. Dejen su amor propio, salgan de casa como si fueran asesinos y compren este libro que editó Acantilado. Después vuelvan y lean, traicionen al burgués que llevan dentro.</p><p><em>*Javier Rioyo es periodista, escritor y director de cine. Su último libro es 'La vida golfa: historia de las casas de lenocinio, holganza y malvivir' (Aguilar, 2003). Actualmente es el director del Instituto Cervantes de Lisboa. </em><strong>Javier Rioyo</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e9193550-efa5-4ab6-8bc1-37aeb7b60e56]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Rioyo]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/1be99fc1-42cf-4613-b7c0-d3cf20cc01e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="251853" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/1be99fc1-42cf-4613-b7c0-d3cf20cc01e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="251853" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[León Bloy o el ardor]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/1be99fc1-42cf-4613-b7c0-d3cf20cc01e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El balcón en invierno’, de Luis Landero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/balcon-invierno-luis-landero_1_1123223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Os dejamos esta sala para que comentéis vuestras lecturas y nos ayudéis a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias. </em><strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong></p><p>El club de lectura de la librería Rafael Alberti se reúne desde hace tres años en esta referencia cultural de Madrid. Está coordinado por <strong>María Tena</strong>, que explica su funcionamiento y relata sus últimas lecturas: </p><p>El club surgió hace tres años por iniciativa de Lola Larumbe. Su librería es un lugar de encuentro vivo y cotidiano. El mejor sitio para pasar las largas tardes madrileñas. Cuando me llamó para que le recomendase a alguien para coordinarlo me ofrecí sin dudarlo. Me entusiasmó la idea de leer y destripar un libro cada primer martes de cada mes. Somos siempre de 20 a 30 personas. </p><p>El primer curso lo dedicamos a literatura contemporánea, el segundo a los impecables clásicos que Alba Editorial edita desde hace tantos años. Este curso estamos hablando de libros imprescindibles. Desde <em>Muerte en Venecia, </em>de <strong>Thomas Mann</strong> o <em>El gran Gatsby</em> de <strong>Scott Fitzgerald</strong> hasta <em>Intimidad, </em>de <strong>Hanif Kureishi</strong>, hasta la reciente y aclamada novela <em>Los interesantes,</em> de <strong>Meg Wolitzer,</strong> o <em>El balcón en invierno,</em> de <strong>Luis Landero</strong>. </p><p>Si tuviéramos que recomendar un libro impresionante sería este último. <em>El balcón en invierno</em></p><p><strong>El balcón en invierno</strong><strong>Luis LanderoTusquetsBarcelona2014</strong></p><p><em>El balcón en invierno</em>, de Luis Landero, supone una inflexión en la fecunda obra de este autor. Como si todos sus temas —el país de la infancia, el padre, la naturaleza, el amor— alcanzaran aquí su cima. Los rasgos autobiográficos están cocinados con esa mezcla de ironía y emoción que solo logran los grandes escritores. Su tono fluido y transparente transmite verdad. No podemos dejar de leer, y mientras lo hacemos somos conscientes de que estamos asistiendo a una historia única y a la vez universal. Un libro que guardaremos en nuestra biblioteca para poder volver a releerlo de vez en cuando. Una obra clásica. </p><p><em>*Puedes encontrar la librería Rafael Alberti en la calle Tutor, 57, de Madrid, o en </em></p><p><strong>librería Rafael Alberti</strong><a href="https://www.facebook.com/fblibreriaalberti/" target="_blank">su página de Facebook</a><em>. </em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[95ca8a61-7214-4fb8-9f56-0b53f72b8426]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Tena]]></author>
      <media:title><![CDATA[‘El balcón en invierno’, de Luis Landero]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Librerías,Libros,Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De una Europa que se apaga a una Argentina que despierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/europa-apaga-argentina-despierta_1_1123221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4d836e4-2556-4ede-b0af-1565bbcdb142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De una Europa que se apaga a una Argentina que despierta"></p><p><em>La librería madrileña Tipos Infames recomienda cuatro de los títulos que más han sorprendido a su equipo en los últimos meses. </em></p><p> <strong>La muerte de mi hermano Abel</strong></p><p><strong>Gregor von RezzoriSexto PisoMadrid2015</strong></p><p>Esta monumental obra contiene una gran muestra de lo mejor y de los peor del pasado siglo XX en Europa occidental. Heredero de la mejor tradición de narradores centroeuropeos de ese siglo, de alguna forma canto de cisne del antiguo Imperio Austrohúngaro y superviviente de una época, <strong>Gregor von Rezzori </strong>parece querer encerrar en esta novela todo lo visto y vivido: Subicz, vividor y mujeriego, dandi de prodigiosa memoria, hombre sin patria de un país que ya no existe, trata de recuperar —en la que aspira sea su gran obra como legado al futuro— esa parte de sí mismo perdida irremediablemente cuando en el 38 los nazis entran victoriosos en Viena y por la que él mismo se define como “mutilado sentimental”. Las magníficas descripciones de la Europa destruida son también intentos irremediablemente fallidos por restaurar esa identidad propia arrebatada en esos años de horror, una reconstrucción de la Europa desaparecida desde la subjetividad. Pero también este libro es una oda a la imposibilidad de concluir satisfactoriamente una obra de este calibre, una obra que no deja de crecer exponencialmente y que al propio narrador se le antoja imposible de resumir en unas pocas líneas a su editor, de ahí la frustración, los saltos de un tema a otro para volver constantemente a ellos, y una de las prosas más ejemplares.</p><p><strong>Música acuática</strong></p><p><strong>T. C. BoyleImpedimentaMadrid2016</strong></p><p>Aunque no compartan generación, <strong>T. C. Boyle</strong> podría formar parte de una imposible banda norteamericana de nietos bastardos de un tal <strong>Miguel de Cervantes</strong> y su Don Quijote, junto a<strong> John Barth</strong> y su <em>Plantador de tabaco</em>, y el <strong>Thomas Pynchon</strong> de <em>Mason y Dixon</em>. Tres obras extensas, aunque estas 700 páginas se acaben a una velocidad de lectura endiablada, y tres intentos por expandir los caminos de la novela histórica más literaria.</p><p>Arrancamos a finales del siglo XVIII, saltando de gamberro y casi <em>dickensiano </em>de pícaros de enorme inventiva, ejemplificado en la figura de Ned Rise, a la inexplorada África occidental: Mungo Park es el explorador que a través del curso del aún desconocido río Níger nos conduzca por esta aventura, ambientada en una época en que el abusivo “hombre blanco” tenía aún tanto por ver y nombrar. Junto a estos dos personajes, una galería de canallas y de almas cándidas reales e inventadas, unos trapicheando en beneficio propio con lo que tenga que venir de mano del futuro y otros a los que el destino siempre parece mostrárseles esquivo. </p><p>Boyle consigue combinar la precisión histórica con su enorme inventiva y virtuosismo narrativo para contar esta historia, mostrando una exuberancia verbal capaz de sorprendernos con cada metáfora de esta divertida exploración.</p><p><strong>Diario de una vida breve</strong><strong>Juan Manuel Silvela SangroPre-TextosValencia2015</strong></p><p>Este libro podría ser calificado como un diario en tono menor si nos atenemos a la auténtica intimidad de estas anotaciones para consigo mismo de este joven de prematura muerte: la lesión cardíaca con la que convivió desde la infancia le condujo a la muerte con apenas 32 años en el París de 1965.</p><p>Parece exigir una lectura tranquila, aunque la sorpresa y el placer sean instantáneos, se vuelven valores constantes a lo largo de los diez años de anotaciones (de 1949 a 1958), ya sea por la extremada juventud del autor (en las primeros fragmentos el autor tiene todavía 16 años) o por la madurez de pensamientos y estilo que el diario adquiere en apenas año y medio de escritura, o por el valor de este libro como crónica sentimental del Madrid cultural de los años cincuenta: conferencias de <strong>Ortega y Gasset</strong> y <strong>Ramón Gómez de la Serna</strong>, conciertos de música en el Ateneo, lecturas, la amistad con el pintor <strong>Gerardo Rueda</strong>, la relación con la familia del filósofo <strong>Julián Marías</strong>, el entierro de Ortega…</p><p>Un diario lleno de descubrimientos a partir de la observación de la vida cotidiana, en paseos por Madrid, escapadas a París o al pueblo en el que pasa pequeñas estancias de retiro debido en parte a su complicada salud. <strong>Silvela Sangro</strong> es un joven de inagotable curiosidad (musical, lectora, filosófica…) enfrentado cada día a nuevas reflexiones y sentimientos a los que dedica sus momentos de soledad para darles formas y asirlos en este libro lleno de tranquilos fulguraciones.</p><p><strong>Las cosas que perdimos en el fuego</strong><strong>Mariana Enríquez AnagramaBarcelona2016</strong></p><p>La escritura de estos relatos de la argentina <strong>Marina Enríquez</strong> nos sitúa enseguida, en apenas unas líneas, en una realidad cotidiana y absolutamente reconocible, las siluetas corrientes de un posible barrio de la periferia, el ritmo fascinante y sórdido del suburbio… Para, enseguida, como si el día se nublara de repente y a deshora, descubrir un lado en tinieblas en ese perfil cotidiano. En otras pocas líneas nos hemos desviado de la normalidad para entrar en el terreno pantanoso de lo inesperado, la locura, el mal…</p><p>El terror en estos relatos es una pátina extraña que nos sorprende encontrar instalada en los rostros y lugares que podríamos reconocer como habituales, y por el que no podemos dejar de sentirnos irremediablemente atraídos.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería </em><a href="http://www.tiposinfames.com/" target="_blank">Tipos Infames</a><em> en la calle San Joaquín, 3, de Madrid, y en su </em><a href="https://www.facebook.com/tiposinfames.librosyvinos.madrid/" target="_blank">página de Facebook</a><em>.</em></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[4eb713e8-7428-4fa0-be3d-27679dc8b340]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Tipos Infames]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/b4d836e4-2556-4ede-b0af-1565bbcdb142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="110448" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/b4d836e4-2556-4ede-b0af-1565bbcdb142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="110448" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De una Europa que se apaga a una Argentina que despierta]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/b4d836e4-2556-4ede-b0af-1565bbcdb142_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noche y día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noche-dia_1_1123220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/388433d6-6f5d-44ba-8df9-da5153a9c7b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Noche y día"></p><p><em>(Comienza Benjamín Prado)</em><strong>Benjamín Prado</strong></p><p>El 19 de marzo del año 2016 el sol salió en donde debía y se ocultó allí donde estaba previsto que lo hiciese, exactamente igual que había sucedido desde que el mundo es mundo cada amanecer y cada tarde sobre la Tierra. Y ahí se quedó, inmóvil, estancado, fijo como la mirada de un depredador sobre su presa, dejando medio planeta bajo la luz y otro medio a oscuras. Los calendarios se detuvieron, los relojes ya no tenían nada que medir, el parte meteorológico desapareció de los programas de televisión, nadie volvió a abrir las puertas de sus armarios porque en los lugares en los que vivían después del invierno no vino la primavera ni el verano tuvo fin. La mayor parte de las cosechas se perdieron. Muchas fábricas de ropa, instalación de calefacciones o aires acondicionados y otros muchos productos de temporada se vieron obligadas a cerrar. Algunas ciudades se llenaron de personas que disfrutaban de un verano eterno y en otras la nieve se acumulaba en las plazas y las cunetas de las carreteras. El agua empezó a escasear en unos sitios mientras en otros se desbordaban los ríos. Los viajes a las zonas cálidas se encarecieron hasta transformarse en un lujo sólo al alcance de los más afortunados y pronto hubo que establecer fronteras, desplegar ejércitos, levantar vallas y muros hechos de alambre de espino que contuviesen a los que intentaban pasar al otro lado. No tuvo que transcurrir demasiado tiempo para que los mapas se partiesen en dos, sin más matices, en una mitad habitaban los poderosos, que eran el diez por ciento de la población, y en la otra todos los demás. La guerra era inevitable.</p><p>El hombre del que vamos a hablar en este relato se alegró de que aquel Día del Padre la suerte estuviera de su lado por una vez y al producirse el cataclismo a él le tocara quedar para siempre en la mitad en sombras. Mientras contemplaba aquel cielo sumido en unas tinieblas sin regreso, volvió a acariciar la foto que llevaba en su cartera y se preguntó quiénes serían las tres personas de aquel retrato.</p><p><em>(Continuará Elvira Sastre en el próximo número de Los diablos azules)</em><strong>Elvira Sastre</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8b48cc3c-2030-4922-b0d6-b356d0c7f1f7]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Benjamín Prado]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/388433d6-6f5d-44ba-8df9-da5153a9c7b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="122554" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/388433d6-6f5d-44ba-8df9-da5153a9c7b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="122554" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Noche y día]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/388433d6-6f5d-44ba-8df9-da5153a9c7b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘El día que el triunfo alcancemos’, de José Andrés Torres Mora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dia-triunfo-alcancemos-jose-andres-torres-mora_1_1123216.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/155633eb-2759-4c5d-84c8-4382a0bc23b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El día que el triunfo alcancemos’, de José Andrés Torres Mora"></p><p><strong>El día que el triunfo alcancemos</strong><strong>José Andrés Torres MoraTurpialMadrid2015</strong></p><p>Este es un libro raro, por infrecuente. Habla de política con un tono sosegado y con profundidad. A diferencia de otros muchos libros escritos por políticos, que suelen estar llenos de vaguedades, buenas intenciones y lugares comunes, este es fruto de una reflexión original. Su autor,<strong> José Andrés Torres Mora</strong>, es diputado del PSOE y profesor de sociología (o al revés, el orden de los factores no altera el resultado). A partir de artículos de opinión que ha ido publicando a lo largo de los años en diversos medios, ha dado forma a este libro, que recomiendo con entusiasmo, pues se lee con gran facilidad y hace pensar. </p><p>Advierto al lector que no es un libro neutral. Torres Mora defiende con orgullo la labor del PSOE frente a las críticas procedentes de la derecha y de la izquierda más pura. Sin embargo, no es en absoluto un libro sectario: quienes, no compartiendo sus coordenadas ideológicas, se animen a leerlo, no podrán desentenderse de sus argumentos apelando al origen partidista del autor. </p><p>Rompiendo tópicos, el libro sale al paso del descrédito de la política que se ha extendido por toda la sociedad durante los años de la crisis. A juicio de Torres Mora, España, además de una crisis económica, sufre lo que él llama una “crisis de diagnóstico”. El problema principal que tenemos es el de un modelo productivo que no genera suficiente empleo y que no permite financiar adecuadamente nuestro Estado de bienestar. Pues bien, el diagnóstico dominante consiste en suponer que la causa de este problema está en la clase política y en las instituciones de nuestra democracia representativa. Según dicho diagnóstico, nuestras dificultades se acabarán cuando desaparezca la corrupción y se “abra” el sistema. Aquí el autor detecta una cierta convergencia entre la derecha neoliberal y la izquierda no socialdemócrata, ya que ambas han centrado sus ataques en las élites políticas. Dichas élites se comportan “extractivamente” (crítica neoliberal), o no atienden las demandas ciudadanas (“no nos representan”, crítica izquierdista), por lo que cualquier solución pasa por despojar a los políticos de sus privilegios y por limitar su capacidad de acción (ya sea mediante el gobierno de los tecnócratas, ya sea mediante “la gente” o “el pueblo”). </p><p>Torres Mora cuestiona que estos problemas puedan estar en la base de nuestros malos resultados económicos. Además, continúa el autor, si algo ha revelado la crisis es la debilidad e impotencia del poder político frente a otros poderes. Torres Mora relata algunas anécdotas muy aleccionadoras sobre su experiencia como diputado, señalando la soledad del legislador ante los abogados, expertos y técnicos de los grupos de presión. Con todo, más que ahondar en las tácticas del poder económico, se centra en la enorme influencia que tienen en la política la Justicia y los medios de comunicación. Dicha influencia resulta especialmente perniciosa por tratarse de poderes sin legitimidad democrática y que, por tanto, no rinden cuentas ante la ciudadanía. Me ha parecido especialmente aguda la crítica a las exigencias de total transparencia en el funcionamiento de la democracia representativa, pues dichas exigencias acaban siendo una coartada para hacer inviable el ejercicio de la representación: la política se transforma en una especie de Gran Hermano en el que los políticos no pueden dejar de actuar sabiendo que están permanentemente observados. Asimismo, creo que Torres Mora desmonta con gran contundencia muchos de los lugares comunes sobre los privilegios y usos de los políticos (los coches oficiales, las “pellas” en los plenos del parlamento, etc.), que se emplean de manera demagógica para debilitar aún más al entramado representativo y hacerlo más dócil ante los poderes económicos. </p><p>Aun estando de acuerdo con el planteamiento general del autor, que funciona como eficacísimo antídoto contra muchas de las necedades que se dicen sobre nuestro sistema representativo, creo que en algunos momentos su argumentación está excesivamente a la defensiva. Con intención de propiciar el debate, mencionaré tres cuestiones.</p><p>La primera es sobre la corrupción. Torres Mora se revuelve contra la acusación de que todos los políticos son corruptos, pero, según lo veo, va demasiado lejos en la negación: afirma que no hay datos comparados sobre corrupción (sin aclarar por qué no cree, por ejemplo, en los rankings de países que elabora Transparencia Internacional, o en las mediciones del Banco Mundial) y cuestiona la tesis de que en España hay corrupción; en todo caso, dice, hay corruptos que son descubiertos por la prensa o la policía y llevados ante la Justicia. Según escribe, “demostrar que el sistema está corrupto exige algo más que mostrar a un grupo de personas se han corrompido; exige demostrar que es el sistema político el que produce la corrupción” (pág. 64). Creo, empero, que esto es justamente lo que hemos ido descubriendo en estos años: la doble contabilidad de algunos partidos, las comisiones del 3%, el tráfico de influencias y la prevaricación en la recalificación de terrenos durante la época del <em>boom</em>, los amaños en los contratas públicas y las redes clientelares en algunos lugares, no constituye corrupción administrativa (los ciudadanos no tienen que recurrir al soborno o al enchufe para recibir los servicios del Estado), pero sí es corrupción política que va bastante más allá de una relación de casos aislados. Creo que los escándalos de los últimos tiempos descubren una corrupción no universal, pero sí estructural. Esa no es la causa de nuestro abultado paro, desde luego, pero es un asunto que, por sí mismo, parece de cierta gravedad, por decirlo suavemente.</p><p>En segundo lugar, tengo la impresión de que Torres Mora es demasiado escéptico cuando pone en duda la existencia de una “clase política”. Afirma que es un concepto que carece de “rigor sociológico” (pág. 25) y que su uso supone conceder terreno a los autores fascistas o protofascistas que lo inventaron. Viene a decir que los políticos tienen procedencias sociales, trayectorias profesionales e ideas políticas muy distintas, por lo que resulta imposible considerar que configuran una clase propia. Pero no es disparatado suponer que por su posición de poder las élites puedan desarrollar unos intereses corporativos y una visión compartida del proceso político que en ocasiones diluya el vínculo representativo (según describió en su momento <strong>Wright Mills</strong>, que era sociólogo y no precisamente de la escuela fascista). No digo que siempre haya de ser así, pero Torres Mora descarta (sin argumentarlo suficientemente) que pueda ocurrir. Las élites, como cualquier otra instancia social y política, pueden fallar en su cometido social. </p><p>Finalmente, me gustaría hacer referencia al último capítulo del libro, quizá el más polémico, en el que el autor trata de refutar la acusación típicamente izquierdista de que el PSOE, cuando ha estado en el poder, no ha llevado a cabo políticas suficientemente progresistas. Aquí sale a la superficie la profunda desconfianza y los reproches mutuos que ha habido siempre entre socialdemócratas y comunistas: estos últimos ven a los primeros como unos social-traidores, mientras que los socialdemócratas se jactan de haber realizado reformas y políticas que han supuesto una mejora objetiva de la clase trabajadora frente al discurso purista e ineficaz del izquierdista. Las objeciones de Torres Mora suenan un poco <em>ad hominem</em>, pues se dirigen fundamentalmente al izquierdista, sin entrar a debatir si los resultados de los gobiernos del PSOE podían haber ido más lejos en algunos momentos especialmente críticos. El lector que no se identifique con el izquierdista furibundo al que se fustiga en el libro puede sentirse insatisfecho en la medida en que no se resuelve la cuestión sustantiva; tan solo se desactiva la crítica con tintes radicales.</p><p>Las tesis fuertes que defiende Torres Mora invitan al debate. En mi opinión, suponen un correctivo muy importante a las interpretaciones de mayor éxito mediático sobre lo que falla en nuestra democracia. Hacen falta más trabajos como este para construir una esfera pública exigente en la que sea posible un intercambio civilizado de argumentos sobre la política. No dejen de leer el libro, no se arrepentirán. Es un lujo tener representantes políticos de la categoría intelectual de José Andrés Torres Mora. </p><p><em>*Ignacio Sánchez-Cuenca es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III. Su último libro es 'La desfachatez intelectual' (Catarata, 2016).</em><strong>Ignacio Sánchez-Cuenca</strong><a href="http://www.catarata.org/libro/mostrar/id/1106" target="_blank">'La desfachatez intelectual' </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[feec530b-7772-4392-a882-63d0a37847e4]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ignacio Sánchez-Cuenca]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/155633eb-2759-4c5d-84c8-4382a0bc23b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="132463" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/155633eb-2759-4c5d-84c8-4382a0bc23b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="132463" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘El día que el triunfo alcancemos’, de José Andrés Torres Mora]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/155633eb-2759-4c5d-84c8-4382a0bc23b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Cartas, 1888-1890’ entre Gauguin y Van Gogh]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cartas-1888-1890-gauguin-gogh_1_1123214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/54e4635b-9d12-4a02-a3bd-2336ff919733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cartas, 1888-1890’ entre Gauguin y Van Gogh"></p><p><strong>Cartas, 1888-1890</strong><strong>Paul Gauguin y Vincent Van GoghLa microMadrid2015</strong></p><p>La editorial <a href="http://www.lamicro.es/editorial/" target="_blank">La micro</a> pone las cartas sobre la mesa con la publicación de las misivas que dos artistas fundamentales, <strong>Paul Gauguin</strong> y <strong>Vincent Van Gogh</strong>, se escribieron entre 1888 y 1890. Tras haberse conocido en París unos meses antes de la primera carta que se incluye en el volumen y hasta la muerte del holandés, acaecida en julio de 1890, intercambiaron visiones acerca de problemas mundanos —ganarse el pan, compartir gastos— y estéticos —la poca importancia que la precisión aporta al arte—. Asimismo, como plasma esta correspondencia, intercambiaron óleos y consejos técnicos. Las cartas, con sus dos voces, tejen un relato fragmentario de encuentros y desencuentros. Ambos creadores coincidían en la superación del naturalismo, pero —como indica <strong>Juan Ángel López-Manzanares</strong> en la introducción— con matices y diferencias considerables. </p><p>La Casa Amarilla, estudio y morada compartida en Arles, es el hilo conductor de esta relación epistolar. La primera sección del libro recoge el proyecto de asociación artística de Van Gogh y está conformada por las misivas anteriores al traslado de Gauguin al Midi,  “donde se puede trabajar al aire libre casi todo el año”. Una selección de cartas dirigidas a <strong>Theo —</strong>marchante y hermano del holandés que sufragó los gastos de la estancia—, en las que se narra la convivencia y la práctica pictórica, integran el segundo capítulo. El último reúne las epístolas enviadas tras la decisión de Gauguin de abandonar la Provenza en diciembre de 1888. </p><p>En estas cartas los pintores escriben sobre arte. La correspondencia nos introduce en la intimidad del proceso estético. Se trata de una ventana que ofrece pasar de los resultados a los orígenes de la creatividad. Por este motivo, las misivas del pintor holandés fueron temprano objeto de estudio. El mundo digital y el exhaustivo trabajo de investigación del Van Gogh Museum y el Huygens ING permiten que, desde 2009, las personas interesadas tengan a su disposición —<a href="http://vangoghletters.org/vg/" target="_blank">en una base de datos de libre acceso</a>— su ingente correspondencia con transcripciones originales, traducciones al inglés anotadas, reproducciones facsimilares, descripciones técnicas y obras de arte a las que se hacen referencia. Sin embargo, la correspondencia conservada entre Van Gogh y Gauguin permanecía inédita en castellano. La micro ha recopilado y ordenado para su colección Escritos de artista este intercambio, traducido del francés por <strong>Guido Sender</strong>, que nos introduce en descripciones paisajísticas y reflexiones coloristas. Ambos artistas se sirven del medio postal para dar noticia de sus vidas y de sus prácticas pictóricas. </p><p>El lector que abra el sobre, formato material de este libro, se emocionará con la convicción y la esperanza que Van Gogh tiene en su arte. También con la arrolladora libertad creativa de Gauguin. En cualquier caso, las reflexiones sobre el género epistolar no deben reducirse al estudio de los textos, ya que todos los signos inscritos en una carta pueden conllevar un sentido. El aspecto físico de estos documentos, la <em>mise en page</em> —conformada por elementos como la caligrafía, la ortografía, la puntuación, la paginación, los espacios, los materiales empleados o la estructura— merecen atención, pues pueden ofrecer datos que revelan la relación de los creadores con el medio y su intención hacia el destinatario —propietario final— del objeto. Y es que estas cartas son también obras de arte. </p><p>En un gran número de ocasiones, tanto Gauguin como Van Gogh introducen dibujos y bosquejos, elementos paratextuales que sirven de explicación gráfica a la descripción de sus piezas pictóricas. Con estas ilustraciones los artistas inciden en sus obras. El lector-espectador podrá, por ejemplo, conocer el motivo que impulsa a Vincent a realizar <em>La habitación</em> (1888) a la vez que contempla las líneas compositivas que el autor destaca en los trazos de su carta o la importancia que Paul concede al color en su obra <em>Cristo en el huerto de los olivos</em> (1889). En este sentido, la reproducción de los documentos ilustrados y de las obras mencionadas en cada una de las cartas es un acierto que nos sumerge en el universo estético de los dos pintores. </p><p>En definitiva, <em>Cartas, 1888-1890</em> se convierte en una tesela que ilumina las prácticas creativas de dos artistas universales. Dibujos, letras, miradas y objetos con los que se demuestra que la pintura fue un trabajo personal a la vez que compartido, ya que —como sentenció Van Gogh en una carta de mayo de 1888— “aislados siempre perdemos”.</p><p><em>*Irene García Chacón es investigadora del CCHS-CSIC. Su último libro es 'Cartas animadas con dibujos: la complicidad estética de las vanguardias en España' (Visor, 2014).</em><strong>Irene García Chacón</strong><a href="http://www.visor-libros.com/tienda/novedades/cartas-animadas-con-dibujos.html" target="_blank">Cartas animadas con dibujos: la complicidad estética de las vanguardias en España</a> </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[5b12fcd8-a00b-4dfb-94f7-f85aebcc2f7b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Irene García Chacón]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/54e4635b-9d12-4a02-a3bd-2336ff919733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="98723" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/54e4635b-9d12-4a02-a3bd-2336ff919733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="98723" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Cartas, 1888-1890’ entre Gauguin y Van Gogh]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/54e4635b-9d12-4a02-a3bd-2336ff919733_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Arte,Libros,Pintores,Pintura,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Mala letra', de Sara Mesa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mala-letra-sara-mesa_1_1123213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24b95f20-9bd8-4efc-81e1-0d0ecf474d79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Mala letra', de Sara Mesa"></p><p>Sara Mesa lee un fragmento de su libro 'Mala letra'.</p><p><strong>Mala letra</strong></p><p><strong>Sara MesaAnagramaBarcelona2016</strong></p><p><strong>Sara Mesa</strong> se empeña en hacerlo mal, y queriendo. Ya se lo dijo su profesor en el colegio: “coges mal el lápiz y así te vas a convertir en una analfabeta”. Y la escritora se ha convertido en una analfabeta que con su primera novela, <em>Cuatro por cuatro,</em> fue finalista del Premio Herralde, con la segunda, <em>Cicatriz</em>, revolucionó a la crítica de este país, y con la compilación de cuentos que acaba de publicar, <em>Mala letra</em>, demuestra que haciéndolo mal, cogiendo mal el lápiz, no solo puedes escribir novelas de premio, sino ser brillante en el género del relato corto.</p><p>Once relatos cortos que asustan como los de <strong>Edgar Alan Poe</strong>; que enternecen, como los de <strong>Haruki Murakami</strong>; que sorprenden, como los de <strong>Julio Cortázar</strong>; que descolocan, como los de <strong>Ray Bradbury</strong>; que llegan al alma, como los de <strong>Ernest Hemingway</strong>.</p><p><em>Mala letra</em> lleva al lector a su infancia. A esa forma de sentir que parece que el paso de los años borra, pero que sigue ahí dentro, en algún recóndito lugar del cerebro, de la amígdala o de las tripas. Quién sabe dónde. Sentimientos adormilados, acechando a la espera de que el olor de un aula, el sabor de unas lentejas o el tacto de un jersey te los devuelva en un microsegundo.</p><p>Los cuentos de Sara Mesa invitan —abriendo esa puerta de la infancia— a volver a mirar a la cara a la vida con ojos de niño. A escudriñar. A darte cuenta de lo poco que nos paramos a pensar, a observar lo que pasa por delante de nuestras narices. Te muestran lo incapaces que somos de empatizar.</p><p><em>Mala letra</em> es un alegato y una exaltación de la infancia desde el miedo, los secretos, la muerte, el valor de la ingenuidad y, por encima de todo, desde la culpa. Culpa que corroe, culpa que paraliza, culpa que tiñe de sangre el escenario del crimen antes de haber disparado, que comprime de tal manera que no deja ni que corran las lágrimas.</p><p>Once paradas. Once cuentos. Once formas de volver a tener once años. Y si en la trama la infancia es el nexo común, la protagonista de todos los relatos, en el estilo, el hilo conductor es esa forma descriptiva de la literatura de Sara Mesa, que se preocupa por explicarnos la imagen exacta de la más pequeña mota de polvo. Mota que para el resto de los mortales pasa absolutamente inadvertida.</p><p>Tres de ellos, tres relatos: <em>Apenas unos milímetros</em>. “Milímetros en los que late una culpa contenida”, dice la autora, la de la salud frente a la enfermedad, la de la vida frente a la muerte, la del feliz frente al desdichado, la de saber que estás por encima. Y la de destrozarte sabiendo que no, que quien estaba en el pozo eras tú.</p><p><em>Papá es de goma</em>. Ternura y rabia contenidas. El sufrimiento disimulado de ser el hermano mayor, el llevar la carga y ser capaz de reírte de su peso. </p><p>Y <em>Mustélidos</em>. El relato final. La incomodidad de la incomprensión, que no es exclusiva de la adolescencia. </p><p>Sara Mesa ha ido desnudándose, contándonos quién es en cada una de sus reflexiones anteriores, pero aquí no sólo se quita la ropa, se atreve a que la conozcamos por dentro. Nos cuenta cómo le gusta escribir, jugando con lo equívoco, provocando una indeterminada inquietud al lector. Porque Sara Mesa es la que habla de violaciones, vómitos, infidelidades, cráneos deformados, palabras-piedra y asfixia y al mismo tiempo es la que ama a los mustélidos y colecciona figuritas horribles y carísimas de nutrias. Es la que pide perdón por eso, por ser como es. La que, —no sé a quién habrá que darle las gracias— sigue cogiendo fatal el lápiz para escribir. </p><p>Podría parecer en otros de los cuentos —en los que los protagonistas pasan de los cincuenta—, que se pierde ese hilo de la infancia. Podría parecerlo, pero solo eso, en condicional. Porque la lección final de <em>Mala Letra</em> es que, por muy escondida que creamos tener nuestra infancia, por mucho que hayamos cerrado los cajones de la culpa, están ahí. Date la vuelta. Sí, ahí. Justo ahí. </p><p><em>*Sara Vítores es periodista.</em><strong>Sara Vítores</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[5dc78e5e-f384-4731-9c7a-f9a7fd87a40b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/24b95f20-9bd8-4efc-81e1-0d0ecf474d79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="121525" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/24b95f20-9bd8-4efc-81e1-0d0ecf474d79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="121525" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Mala letra', de Sara Mesa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/24b95f20-9bd8-4efc-81e1-0d0ecf474d79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura española,Novela,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ficciones-autobiografia-angeles-mora_1_1123209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4aeb6399-ffc7-4c61-bb1f-b448f4436cda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora"></p><p><strong>Ficciones para una autobiografía</strong><strong>Ángeles MoraBartlebyMadrid2015</strong></p><p>Comienza este <em>Ficciones para una autobiografía</em>, séptimo poemario de la cordobesa <strong>Ángeles Mora</strong>, que de manera merecida se cuenta entre los finalistas del XXII Premio Andalucía de la Crítica, evocando el nacimiento de la autora un 31 de diciembre. El poema se titula "A destiempo" y estamos seguros de que quienes se acerquen a estas nueve decenas de páginas lo recordarán durante mucho tiempo: "En aquel desajuste/ –todo un presagio–/ he vivido por siempre" (pág. 11), leemos en él. </p><p>Cuando el lector llegue a la página 93, donde el libro se cierra con una cita nada azarosa de <strong>Blas de Otero</strong>, advertirá tal vez un detalle sutil y una evidencia que pensamos definen la atmósfera de este libro. El detalle sutil es que Ángeles Mora ha suprimido de la cita —y en poesía nada se suprime por casualidad— el "Escribo y callo" con el que el poeta bilbaíno cerraba su poema "Biotz-begietan", sin duda porque la conversación con <em>Ficciones para una autobiografía</em> está destinada a continuar por mucho tiempo, para lo que su autora convierte un punto seguido en un punto final que, después de todo, sugiere mil posibilidades sin que la invitación a callar se incluya entre ellas ("Esta es la historia de mi vida,/ dije, y tampoco era", reza al final la cita de Otero). La evidencia que para entonces ya habrá sido constatada también es que el desajuste que se menciona al principio constituye, en efecto, un presagio. Presagio, en este caso, de una mirada tranquila y sosegada que, en tanto tal, atesora una ironía en la que se equilibran esos dos puntos tan difíciles de casar como son la ternura siempre amable y la interrogación siempre incómoda.</p><p>Cuando el sujeto que la plantea la dirige hacia sí mismo, ninguna pregunta ha sido nunca más decisiva que la que en este caso da título —"¿Quién anda aquí?"— por igual a un poema y a la primera sección del libro. Es rasgo definitorio de la poesía de Ángeles Mora su manera de lidiar con esa extrañeza cotidiana: "¿Quién anda aquí?/ ¿Quién va y viene sin ruido entre mis cosas,/ penetra con sigilo/ de noche en mis papeles/  usurpando sus notas?/ ¿Quién vierte la tinta/ que me roba el sueño?" (pág. 15). Lo que en concreto se nos revela en este luminoso itinerario vital y poético es el carácter inconsistente de la memoria, sí, pero también la necesidad de elaborarla y de explorar sus posibilidades. El poema "Lugares de escritura" habla por ello del "recuerdo importuno,/ mas bellísimo acaso,/ de algo que no ocurrió tal vez como creemos" (pág. 39). No obstante, con más fuerza si cabe que la propia pregunta resuena una de las pocas respuestas que pueden ofrecérsele en "El ayer", una impresionante pieza de cinco versos de los cuales transcribimos sólo los tres primeros: "El ayer que me hizo/ no sé dónde está./ El que me deshizo, sí" (pág. 63). Busque el lector los dos que siguen y comprenderá que no está ante una obra cualquiera.</p><p>Y no lo está, entre otras cosas, porque la lucidez, excepción en la mayoría de los mortales, en la poesía de Ángeles Mora suele ser la norma. Hace falta darse cuenta, como se da la autora, de que el difícil arte de la rememoración del pasado, si bien consiste en narrar una sucesión de ficciones, también pasa por desentrañar los destellos de verdad —"Busca dentro de ti/ las luces que más arden" (pág. 17)— que éstas portan consigo. No se puede decir esto mejor que en la preciosa y nada nostálgica evocación de la infancia titulada "Adiós muchachos": "nuestro precioso reino escondido/ no era, al fin y al cabo,/ más que el patio trasero de la casa/ y nosotros heroicos fantasmas,/ reflejos infinitos,/ tan felices como infelices" (pág. 84).</p><p>Más felices que infelices, por nuestra parte sólo podemos recomendar muy vivamente la lectura de este libro. Buenas razones para ello son su profundidad y su lucidez de largo aliento, que hacen de <em>Ficciones para una autobiografía</em> uno de los mejores poemarios de Ángeles Mora, si no el mejor hasta la fecha. También lo son ese recordatorio, tan presente en su escritura, de que es la historia la que nos hace o deshace, su tenaz militancia feminista y, por supuesto, la máxima en que se resume todo ello: "Una forma de vida". Esto último que entrecomillamos es el título de uno de los más hermosos poemas del libro, pero también el libro mismo.</p><p><em>*Juan García Única es profesor de literatura española en la Universidad de Granada.</em><strong>Juan García Única</strong></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[0150684d-b440-4b6c-b43d-a59a9d6e777d]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan García Única]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4aeb6399-ffc7-4c61-bb1f-b448f4436cda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="190831" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4aeb6399-ffc7-4c61-bb1f-b448f4436cda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="190831" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4aeb6399-ffc7-4c61-bb1f-b448f4436cda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Els dons’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/els-dons_1_1123207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3be451ab-0e5a-4d39-83f0-d481e16861e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Els dons’"></p><p>Pere Rovira lee su poema 'Els dons'</p><p><em><strong>Els dons</strong></em></p><p>¿Què donaries més per un amor de vell,</p><p>per un amor que ja s'escapa de la pell?</p><p>¿Què més em pots donar, si no has deixat marcir</p><p>les teves flors del bé, si ets bona com el vi?</p><p>Per negar la ruïna, els dolors, la ceguera,</p><p>lliguem les nostres boques amb nusos de foguera</p><p>i amb les puntes dels dits deslliguem el desmai;</p><p>el plaer és una llengua que no ens ha mentit mai,</p><p>els llavis secs i freds només hi estan per fora,</p><p>la sang i el pensament encara ens van alhora,</p><p>el desig s'alimenta del que la força perd.</p><p>I si una mala nit em sents els cos inert</p><p>(és un rellotge antic, de vegades s'avança,</p><p>o s'atura i fa el mort), aviva l'esperança:</p><p>el meu amor no entén la paraula morir;</p><p>per estimar-te sempre, no em necessita a mi. </p><p><em>*Pere Rovira es escritor. Su último libro es 'La finestra de Vermeer' (Proa, 2016). </em><strong>Pere Rovira</strong><a href="http://www.grup62.cat/llibre-la-finestra-de-vermeer-209172.html" target="_blank">'La finestra de Vermeer'</a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[abb8f9db-2ac2-483a-a792-f34016f6e4a2]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pere Rovira]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/3be451ab-0e5a-4d39-83f0-d481e16861e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="20157" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/3be451ab-0e5a-4d39-83f0-d481e16861e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="20157" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Els dons’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/3be451ab-0e5a-4d39-83f0-d481e16861e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El universo de ‘Furias divinas’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/universo-furias-divinas_1_1123204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6972285a-b7ae-4410-bb9e-865042d4eab0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El universo de ‘Furias divinas’"></p><p><em>Un albañil, un jardinero, un mozo de comedor y un maestro de primaria deciden quitarle la clientela al Loren, el club de alterne de La Algaida, abriendo El Garbo. Allí, estos artistas transformistas —que no travestis— se convierten en la Furiosa, la Tigresa de Manaos o la Canelita. Ese es el universo de 'Furias divinas', la nueva novela de Eduardo Mendicutti, editada por Tusquets, que llegará a las librerías el 1 de marzo. Y este es un adelanto de la nueva obra del autor de 'Mae West y yo', que retoma el humor ácido de 'Una mala noche la tiene cualquiera'. </em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-furias-divinas/210476" target="_blank">Furias divinas</a><strong>Eduardo Mendicutti,</strong></p><p><strong>El presupuesto era otra fantasía </strong></p><p>(…)</p><p>Píter entró enseguida en materia. La Furiosa y él, y un grupito de amigas muy graciosas y con mucho arte —casi todas en paro, por supuesto—, tenían un proyecto. El proyecto tenía ya nombre y sitio. Por votación democrática, y casi por unanimidad, habían acordado que se llamaría Garbo, para que contrastase con el Loren, el club que quedaba justo frente por frente, al otro lado de la carretera. El Loren es un club de niñas, o sea, de alterne, y el Garbo sería un escándalo de transformistas, que no travestis, la mayoría más bien camastrones, la verdad, pero todos ellos artistas incomparables y con mucho morbo y mucho gancho. A poco que supieran hacerlo bien, la mitad por lo menos de la clientela del Loren acabaría en el Garbo: por despiste, por curiosidad, por rematar la noche, por cambiar un poco, por divertirse, por gusto, por vicio. De local ya disponían, la antigua casa de los guardeses de la antigua finca Los Portales. Esa finca la expropiaron y la subastaron y la embargaron y la volvieron a subastar y a embargar y ahora a saber en qué manos estaba, pero los antiguos guardeses, los padres de la Pandereta, tenían, a saber cómo y por qué, unos papeles de propiedad de la vieja casa, en realidad cuatro paredes en estado de ruina casi total. Por suerte, entre los artistas incomparables que harían el espectáculo todos los viernes y sábados en sesiones de tarde y noche, y todos los domingos y festivos por la tarde, y las vísperas de festivos por la noche, había de todo: un albañil y pintor de brocha gorda, un jardinero y fontanero, uno que sabía de electricidad, y todos con muy buena mano para la costura. Otros tenían oficios más refinados: la Furiosa, maquillador a domicilio —ya me lo barruntaba yo—; la Tigresa de Manaos, mozo de comedor —moderno, según él mismo, me dijo Píter, pero mozo de comedor—; el propio Píter, también conocido como la Canelita, porque el chiquillo tira a pelirrojo, es maestro de primaria sin plaza y compositor free lance de canciones infantiles; y aficionadísimo al drag, claro. Además, para algunas funciones, como artista invitada y discontinua contaban con un ex legionario auténtico, de la Legión Extranjera auténtica, de nombre artístico la Marlon-Marlén, casado con una mujer auténtica y con tres hijos biológicos auténticos: una rareza, un lujo.</p><p>—Fuerte, fuerte, fuerte —dijo Píter.</p><p>—Borda la canción francesa auténtica, con un maquillaje muy pálido y muy dramático y vestida ella de negro de la cabeza a los pies —dijo Joaquín.</p><p>—Canciones de Édith Piaf y Juliette Gréco —aclaró Píter.</p><p>—También borda —dijo Joaquín— el himno de la Legión.</p><p>Yo pregunté a Joaquín cómo podía resultar creíble un ex legionario de la Legión Extranjera cantando <em>La vie en rose</em>.</p><p>—Cuestión de fantasía, cariño.</p><p>Sólo les faltaba, para que el proyecto fuese una realidad y un éxito rotundo, arreglar los papeles y completar el presupuesto. Y ahí entraba yo.</p><p>—Tú sabrás de alguien que pueda arreglarnos el papeleo —dijo Píter.</p><p>—Si te refieres a alguien que esté dispuesto a hacerlo gratis, no, la verdad. Pero en cualquier gestoría seguro que os lo pueden llevar bien. El único problema es que eso cuesta dinero.</p><p>—Ay, cariño, dinero cuesta todo, qué asco —y la Furiosa se esmeró en que se le notase muy asqueada.</p><p>—En realidad —dijo Píter, y sonrió como si estuviera advirtiéndome de que iba a gastarme una broma pesada—, ese es el otro motivo de nuestra visita. ¿No te interesaría poner dinero, como socio capitalista, en el proyecto?</p><p>(…)</p><p>En el fondo, aquel desvarío tenía bastante gracia.</p><p>Así que me sorprendí a mí mismo diciendo:</p><p>—Bueno, me lo tendría que pensar.</p><p>—Si se lo piensa mucho acabará diciendo que no —dijo Joaquín volviendo al usted, pero retador, y entonces me quedó claro que la Furiosa era una furiosa de acción, no una furiosa reflexiva.</p><p>—Ella también es fuerte, fuerte, fuerte —dijo Píter, mirando de reojo a su compañera de fatigas—. Y comunista.</p><p>—Y ella se ha hecho de Podemos —y Joaquín volvió a poner cara de asco.</p><p>Sólo me faltaba que terminaran tirándose cuchillos afilados allí mismo.</p><p>La Furiosa está furiosa</p><p>Brujas. Culebras. Cerdas. Dicen que a ese fiestón van a ir todas con alhajas hasta en el pernambuco, mientras la mitad de La Algaida se muere de necesidad. ¡Como para no ponerse furiosa!</p><p>—¡No grites tan embravecida! Que pierdo el desenfreno y me enfrío.</p><p>—Qué temprano has llegado hoy, Tigresa. Y qué temprano te has enchufado a la corriente. Tal como estás bailando, pareces un cortacircuito, maricón.</p><p>—Parezco lo que soy, aunque ni las crianzas se lo crean: una profesional responsable. ¡Y no grites, o subo el volumen del sambódromo!</p><p>¡Que estamos saliendo de la crisis y hay que celebrarlo! Eso dicen que van diciendo las muy sobradas. Sobradas del ombligo para arriba, que del ombligo para abajo están todas carpantas desde que Franco entró en el muermo eterno. Pero todas ellas siempre tan almidonadas, desde el jopo a la coquina, de nacimiento o por un buen casorio, que hay que ver lo que se pega el fijador, que cualquiera diría que todas mamaron brillantina. Tiesas del todo se van a quedar las hijas de su madre cuando se pinchen ellas mismas con su propio pellejo hecho viruta, aunque, hasta entonces, van a estar dándonos la tabarra mientras les quede un soplo de respiración. Ahora, con la fiestecita de marras.</p><p>Ay, qué misterioso está el Garbo, así, todo apagado, menos el escenario. Y hay que ver lo que luce este muchacho sin necesidad de vestirse de muchacha, y con todo el foco encima, mientras baila como un cristobita con calambres. ¿Quién le habrá encendido el foco? El niño de la iluminación, que estará por ahí, digo yo. Y también él le habrá abierto, todavía queda más de una hora para que el Garbo abra sus puertas.</p><p>Qué prisas te has dado esta noche, Tigresa.</p><p>Uy, cada vez me cuesta más subir esta escalerita. Esta escalerita del escenario es matona. Luego, te abrigas bien, Tigresa, a ver si te enfrías. Pero una noche tendrías que actuar así, sin las plumas, sólo con ese taparrabos. Tigresa, por Dios, ¡quédate un rato quietecita, que te estoy hablando! ¡Y baja el sonido!</p><p>—¡Me estoy calentando, bichona!</p><p>—Te vas a descoyuntar. ¡Y vas a ponerlo todo perdido de sudores!</p><p>—¡Sudor divino, perfume de Gaultier!</p><p>Perfume de cabra va a ser el de esa fiesta. Una fiesta de mucha solera y de mucho abolengo, eso dicen ellas que es, una fiesta de muchísima tradición, que hay que recuperarla, dicen, una cosa que se inventó, por lo visto, en tiempos del pelargón la señora madre de la señora marquesa de Pontebianco, una que era de Puente Genil, con posibles, sí, pero de Puente Genil.</p><p>La actual marquesa, aunque de Puente Genil por parte de madre, es medio italiana por parte de padre, el título les vendrá de alguno de esos enjuagues medio mafiosos que se traen siempre los italianos con los papeleos de nobleza. Marqueses de Pontebianco, ahí queda eso. ¿De dónde lo sacarían? Suena a chatarra con mucho sidol, ¿no?</p><p>Pues a la señora marquesa de Pontebianco, Escolástica por fe de bautismo, aunque la llamen Tania, que ya hace falta enredarse la lengua para llamar así a una Escolástica, no se le ha ocurrido mejor cosa que resucitar, como ellas cacarean, el Baile de las Diademas, háganme ustedes el favor de irse a un sitio discreto a vomitar. ¡Baile de las Diademas!, así se llama el contradiós, en estos tiempos en los que todavía hay cientos y cientos de criaturitas, en La Algaida por no ir más lejos, en el sitio con más paro de España, con el hambre y el agobio incrustados en el estómago, las espaldas derrumbaditas por no encontrar con qué ganarse honradamente la vida, y calvas en el cuero cabelludo por culpa de la ansiedad, que está más que demostrado que el estrés es incompatible con la alta peluquería. Que se lo pregunten a Orión, la peluquera fashion de La Algaida, empeñada además en ser en un futuro próximo, como ella dice, delegada de fiestas del Ayuntamiento, la tía, claro que a lo mejor ella puede, ella es amiguísima de toda la vida de nuestro flamante y guapísimo alcalde. ¡Baile de las Diademas! Una ofensa cochambrosa, eso es la dichosa fiesta. Y todo porque dicen que ya es hora de apostar sin complejos por el optimismo, por el lujo, por la elegancia, por el buen gusto y por el glamur. ¿No es como para ponerse mala de la fatiga y de la furia que a una le entran?</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d464ca75-d7fc-417a-9075-df73d2e2fe3f]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Eduardo Mendicutti]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/6972285a-b7ae-4410-bb9e-865042d4eab0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="45882" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/6972285a-b7ae-4410-bb9e-865042d4eab0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="45882" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El universo de ‘Furias divinas’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/6972285a-b7ae-4410-bb9e-865042d4eab0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Novela,Cultura,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emmanuel Carrère, el periodismo y la “opacidad de lo real”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/emmanuel-carrere-periodismo-opacidad-real_1_1123193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/33407c8b-a1a2-4469-a34e-7b6ff90cbe8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Emmanuel Carrère, el periodismo y la “opacidad de lo real”"></p><p>“Hélène y yo vivimos en un apartamento que nos gusta mucho [...]. Es grande, luminoso, tranquilo hasta un punto sobrenatural”, confiaba Emmanuel Carrère, en enero de 2012, al escritor e ideólogo Renaud Camus en una carta en la que se refería, a la vez, a su amistad intacta aunque distante con el ser humano y a su profunda aversión por sus ideas, la “gran sustitución” y otros delirios paranoicos. Es verdad, el apartamento parisino del autor de <em>Limónov</em> (Premio Renaudot, 2011) es exactamente así. En él me atendió, durante dos horas, el pasado martes 16 de febrero.</p><p>Coincidiendo con la publicación en Francia de <em>Il est avantageux d'avoir où aller  —Resulta beneficioso tener donde ir</em>, sin fecha todavía para su publicación en España—, una recopilación de reportajes (en Rumanía, Davos, Rusia), críticas (literarias) y crónicas (judiciales o sexuales) de Emmanuel Carrère, publicados en diversos medios entre los años 1990 y 2015, <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a> entrevista a un escritor que ha hecho de lo real —es decir, el objeto mismo del periodismo— la materia prima de su obra literaria.</p><p><strong>Pregunta. El título de su última obra se inspira en El Yi King, el libro de sabiduría china: Il est avantageux d'avoir où aller. No se trata de “saber adónde ir”, sino “tener” (ganas y, eventualmente, medios). ¿Significa eso que en su trabajo como periodista no sabe lo que busca?</strong><em>El Yi King</em><em>Il est avantageux d'avoir où aller</em></p><p><strong>Respuesta.</strong> Sí. Es exactamente así. Pero no sólo se puede aplicar al periodismo. En mi opinión, sirve para cualquier trabajo relacionado con la escritura. A medida que transcurre el tiempo, ha pasado a convertirse en lo más importante: marcharse en una dirección sin saber demasiado hacia adónde te lleva. Una vez leí las palabras de un cineasta que afirmaba que, para él, su principal desafío creativo pasaba por conseguir que la pérdida entre la idea inicial, tal y como se plasma en un guión, y el resultado obtenido fuese lo más pequeña posible. Es un colectivo de artistas, una mentalidad, que no tienen nada que ver con el mundo al que yo pertenezco. Al contrario, lo que más me gusta es el abismo que puede separar la voluntad de partida y el punto al que finalmente llego.</p><p><strong>P. En mi trabajo de periodista, tal y como yo lo concibo, a menudo, aunque no siempre, se encuentra aquello que se busca. Existe un viejo dicho de la policía que dice que en la lucha contra la corrupción, al contrario de lo que sucede en la lucha contra el crimen, se conoce a los autores pero se busca el cadáver. De modo que cuando se acierta, se tiene una intuición, pero cuando se comete un error, estamos ante una conjetura... Usted no parece actuar de ese modo.R.</strong></p><p> Es verdad. Digamos que cuando tengo una intuición, más allá del interés que presente un asunto u otro, espero que mi intuición pueda cambiar. Tengo la sensación de haber ganado algo cuando mi reportaje me permite cambiar la opinión que tenía antes de ponerme a trabajar en él. Del mismo modo, el lector también puede sacar algún beneficio en ese sentido. </p><p><strong>P. Al final del segundo capítulo del libro, en el que se incluyen los reportajes de la primavera de 1990 publicados en la revista La Règle du jeu y que versan sobre la Rumanía posterior a Ceausescu, usted mismo dice: “El artículo que acaban de leer no era falso, en el sentido de que yo he escuchado los argumentos, visto las cosas, experimentado las impresiones a las que hago alusión. No obstante, es probable que sea erróneo. He podido equivocarme en todo: en las personas, su pasado, en sus convicciones actuales, en su responsabilidad ante lo que acontece”. ¿Quiere eso decir que la sinceridad del periodista prima, en su opinión, por encima de lo que Hannah Arendt llama las “verdades de hecho”?</strong><em>La Règle du jeu</em></p><p><strong>R. </strong>No soy relativista hasta el punto de ignorar que existen verdades de hecho y que hace falta, por supuesto, tenerlas en cuenta, si se da con ellas. Creo incluso que la verdad existe, pero que es infinitamente difícil de alcanzar. Veinte años después de esos reportajes realizados en Rumanía, suscribo punto por punto lo que escribí entonces. Me parece importante ser consciente no sólo, sí, de la sinceridad de un periodista, sino de su subjetividad. Tengo condicionamientos, mi entorno, mis propias herramientas de comprensión. Y también tengo unas limitaciones de las que soy plenamente consciente.</p><p>Había también un efecto retórico en ese artículo, a la hora de decir que me encontraba frente a una realidad que sentía esquiva y caótica, donde todo era posible. Dicho esto, siento la necesidad de recordar en cada momento –y de recordármelo a mí mismo– que ésa es solo mi percepción.</p><p><strong>P. Su obra de novelas documentales comienza en 2000 con El adversario [Anagrama, 2000], sobre el caso Romand[Jean-Claude Romand asesinó a su mujer e hijos para preservar una falsa identidad que mantenía desde hacía años], al que que previamente le había dedicado artículos publicados en Le Nouvel Observateur y que aparecen en la obra recopilatoria. Cuando estaba a punto de comenzar el juicio contra Jean-Claude Romand, en 1996, escribía: “Quedan ocho días de debates para tratar no de excusar, sino de comprender”. ¿Usted no piensa como el primer ministro francés que, al día siguiente de la tragedia del 13 de noviembre, dijo y repitió que “explicar es querer justificar, en cierta medida”?</strong><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/pn_461" target="_blank"><em>El adversario</em></a><em> </em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Claude_Romand" target="_blank"><em>caso Romand</em></a><a href="http://elpais.com/diario/2000/01/09/ultima/947372402_850215.html" target="_blank">asesinó a su mujer e hijos </a><a href="http://tempsreel.nouvelobs.com/" target="_blank"><em>Le Nouvel Observateur</em></a></p><p><strong>R.</strong> No estoy nada de acuerdo con eso, en absoluto. Quizás pueda escucharlo por boca de un político que lo que quiere es mostrarse inflexible, pero no, no pienso de ese modo en absoluto. Nuestra obligación es tratar de comprender, incluido aquello que resulta más monstruoso. En el juicio del <em>caso Romand</em>, el único desafío judicial, precisamente, era comprender, ya que no exístía la menor duda sobre lo ocurrido, pese a la inverosimilitud y la enorme extrañeza de los sucesos. Lo único que faltaba era comprender, tarea que no era nada sencilla.</p><p>En <em>El adversario</em>, no aspiro a haberlo comprendido todo, en absoluto. Los propios expertos psiquiatras estaban completamente perdidos. No sabían qué decir. Recuerdo que durante el juicio, hubo uno que realizó una exposición hipertaxonómica para decir que Romand no encajaba en ningún cuadro médico conocido. La presidenta del Tribunal, que temía que aquello escapase a la comprensión del jurado, acabó por preguntar: “Está bien doctor. Y para concluir, ¿está loco?”. El psiquiatra farfulló y respondió: “Tengo la impresión de que, como se diría vulgarmente, está medio loco”. Hasta ahí queríamos llegar [risas].</p><p><strong>P. Su inclinación por la literatura carente de ficción viene marcada por Truman Capote y la que es su obra maestra A sangre fría. Sin embargo, en un texto sobre su relación con Capote, visto a través del prisma del caso Romand, toma distancias con el escritor norteamericano para quien el “yo” era odioso. ¿Por qué razones no lo es para usted?</strong><em>A sangre fría</em><em>caso Romand</em></p><p><strong>R.</strong> Pienso que en el yo se puede ver —y así es— cierto exhibicionismo y egocentrismo. Pero, paradójicamente, hay una forma de humillación en ello y que consiste en decir que no estoy seguro, en absoluto, de lo que avanzo. Me limito a hablar yo mismo. Al trabajar en el <em>caso Romand</em>, así lo sentí de forma muy acentuada. Cuando se escribe una novela, el autor puede decir lo que Julien Sorel y Madame Bovary piensan. Desde el momento en que escribes: “Jean-Claude Romand piensa que”, te sitúas en un terreno resbaladizo porque no sabemos nada al respecto. Él tampoco, en cierta manera. Lo que sucede en su cerebro nos está vedado por completo, como en cualquier otro cerebro. Estética y moralmente, no podía imaginar lo que sucedía en su cabeza. De ahí que ha hiciera falta que yo mismo me interpusiese, en cierta forma.</p><p><strong>P. El 22 de diciembre de 1969, a preguntas de Jacques Chancel, el fundador de Le Monde, Hubert Beuve-Méry, ofrece su visión de la objetividad: “La objetividad, cuando se piensa que es una especie de perfección, de correspondencia perfecta entre lo que se dice y aquello de lo que se habla, creo que tiene un poco de quimera y es mejor tener en cuenta lo que se podría llamar una relatividad de la objetividad. Nunca llegamos a aprehender todo lo real. Pasa a través de un prisma y una cierta deformación”...</strong><em>Le Monde</em></p><p><strong>R.</strong> Nada que objetar.</p><p><strong>P. Por tanto, en realidad ¿nunca se puede aprehender lo real tal y como es?</strong></p><p><strong>R.</strong> Veamos las cosas de otro modo. Imaginemos un crimen sin resolver en el que hay un acusado que clama inocencia, pero sobre el que pesan sospechas sin que exista la certeza absoluta de su culpabilidad. Un poco como en <a href="http://www.imdb.com/title/tt0388644/" target="_blank"><em>Staircase</em></a>, el documental de Jean-Xavier de Lestrade, por ejemplo, nadie puede saber. No obstante, existe un hecho: ha asesinado, sí o no. Sencillamente, está fuera de nuestro alcance. Por tanto, sólo podemos ceñirnos al ámbito de la convicción. En ese caso, merece la pena preguntarse sobre las razones que nos llevan a tomar partido por una tesis en lugar de por otra distinta, a partir de unos mismos elementos. </p><p><strong>P. Tomemos otro ejemplo. La serie The Wire, escrita por un periodista, David Simon. En parte surge de reportajes que había redactado relativos al tráfico de drogas y a la policía de Baltimore. Pero la serie es de ficción y donde los personales, aunque son “irreales”, nos describen una realidad increíblemente verídica...</strong><em>The Wire</em></p><p><strong>R.</strong> Me he perdido <em>The Wire.</em> Empecé a verla y lo dejé. Es triste, lo sé [risas]. Estoy de acuerdo con el fondo de lo que usted dice. No digo que la ficción sea deshonesta. Simplemente, prefiero esta forma documental. El vértigo que se siente al ver un documental como <em>Staircase</em> no se consigue con ninguna obra de ficción. Vea la película —muy buena, por cierto—, de Barbet Schroeder sobre <em>El misterio von Bulow</em>, que está inspirado en hechos reales. Para mí, no se siente el mismo vértigo que cuando se ve <em>Staircase</em>. Hay un misterio que no existe en la ficción; en los documentales, persiste una forma de opacidad de lo real.</p><p><strong>Pedagogía</strong></p><p><strong>P. ¿Cuál es su relación con la información y esta cosa extraña que es la actualidad? ¿Es la lectura de prensa (en papel o digital) su particular “oración matinal del hombre moderno”, conforme a la célebre cita de Hegel que recoge en su libro?</strong></p><p><strong>R.</strong> A decir verdad, tengo una relación con la información y con la actualidad muy cambiante. En general, sé lo que sucede, pero no devoro prensa hasta el punto de leer los periódicos y consultar los <em>sites </em>cada mañana. Me gusta leer la página web de <em>The Guardian</em>, que a veces me parece que da una información algo descentralizada. También puedo estar perfectamente sin leer prensa durante varias semanas. Hay que decir que pienso eso de “de todas formas no cambiará nada que lo sepa”. Como todo el mundo, sin querer esconder la cabeza como un avestruz, a veces necesito protegerme del mundo exterior, que es muy asfixiante.   </p><p><strong>P. ¿Qué relación tiene con el periodismo llamado de investigación, si es que existe?</strong></p><p><strong>R. </strong>Si es que existe... Usted podría responder mejor que yo.</p><p><strong>P. Soy de los que cree que no existe. Desde el momento en que tienes los hechos, los juntas, los contextualizas, los publicas, los asumes, haces información. </strong></p><p><strong>R.</strong> Es verdad, pero digamos que percibo en el periodista de investigación cierta tenacidad diferente de la mía. Por decirlo de forma sencilla, no voy allí donde no soy bien recibido. Si no tienen ganas de verme, no insisto. Si pido entrevistarme con alguien que me evita, no voy a insistir una segunda vez. Tengo tendencia a ser bastante fatalista y a decirme que hay suficientes cosas que pueden surgirme. Es una mera cuestión de temperamento.</p><p><strong>P. A menudo, se habla de investigación y de “revelaciones”. Como si se tratase de aquellos líquidos que se empleaban para revelar imágenes en los tiempos de la fotografía analógica y que hacían posible descubrir lo que había en una foto que no veíamos. En su trabajo como periodista, ¿se preocupa por las revelaciones, no en el sentido de la exclusiva, sino en el sentido de la idea de ofrecer aspectos desconocidos hasta entonces?</strong></p><p><strong>R. </strong>En ese sentido, sí. En mi libro <em>Vidas ajenas</em>, me centré en profundidad en el sobreendeudamiento y disfruté mucho con ese trabajo porque era necesario que yo mismo lo comprendiese. Me di cuenta de que de hacer entender eso a un lector, a priori, no interesado en el asunto, era un juego pedagógico muy importante para mí. Rara vez la pedagogía se percibe como una virtud muy noble, pero me gusta mucho. Es lo que también traté de hacer con <em>Limónov</em>, por ejemplo.</p><p><strong>P. El periodista, ¿es una especie de profesor?</strong></p><p><strong>R.</strong> Hemos dejado de lado la investigación. No quiero denigrar a los profesores, pero ellos enseñan lo que ya saben, aunque la vía para enseñarlo todavía está por inventar. Pese a todo, existe un saber que deben transmitir. A mí me gusta la parte del periodista que descubre algo para, a su vez, hacer que lo descubran los lectores, con la pequeña ventaja del que ha trabajado un poco. Ésa creo que es la forma de entenderlo.</p><p><strong>P. Uno de los textos recogidos en su última obra Il est avantageux... se centra en  ambigua relación con Balzac; le gustaba cuando era adolescente, lo dejó más tarde y al que volvió pasado un tiempo para volverlo a dejar después. Le voy a leer un extracto del libro —un poco largo— de Las ilusiones perdidas, en el que reflexiona sobre la prensa: “Blondet tiene razón, dijo Claude Vignon. El periódico, en lugar de ser un sacerdocio, se ha convertido en un medio para los partidos; de medio, se ha hecho comercio; y como todos los comercios, no tiene ni fe ni ley. Todo periódico es, como dice Blondet, una tienda donde se venden al público palabras del color que desea. Si existiese un periódico para jorobados, probarían mañana y tarde la belleza, la bondad, la necesidad de los jorobados. Un periódico ya no está hecho para ilustrar, sino para halagar las opiniones. Por ello, dentro de un tiempo, todos los periódicos serán viles, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos; matarán las ideas, las filosofías y a los hombres, y florecerán por eso mismo. Disfrutarán del privilegio de todo organismo colectivo: se hará el mal sin que nadie sea responsable de ello. Seré Vignon, vosotros seréis, tú Lousteau, tú Blondet, tú Finor, Aristides, Platones, Catones, hombres de Plutarco; seremos todos inocentes, podremos lavarnos las manos de toda infamia. Napoleón definió este fenómeno moral, o inmoral, como se prefiera, en una frase sublime que le dictaron sus análisis acerca de la Convención: 'Los crímenes colectivos no comprometen a nadie'. El diario puede permitirse la conducta más abyecta, nadie se cree personalmente manchado por ella”. ¿Cree que está constatación sigue vigente?</strong><em>Il est avantageux</em><em>Las ilusiones perdidas</em></p><p><strong>R.</strong> No sé, la verdad. El pasaje es magnífico. Se aplica ciertamente a una parte de la prensa y al mismo tiempo... [largo silencio] Hay algo del periodismo que me parece íntegro, un lugar donde se responde de lo que se dice. Esto no quita para que los periódicos ejerzan influencia, por supuesto.</p><p><strong>P. ¿Le preocupa “halagar las opiniones”?</strong></p><p><strong>R. </strong>En absoluto. Es verdad que mi juicio está condicionado por lo que me rodea. Forma parte de la nube de la opinión general y de la de mi entorno, del que trato, si no de separarme, al menos tener consciencia, la que puedo. Pero la preocupación por halagar las opiniones, no verdaderamente. Incluso rascando en mi conciencia, no veo nada así.</p><p><strong>P. Al mismo tiempo, se le nota incómodo con la idea de la polémica...</strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, mucho. Me encuentro muy a disgusto porque me pongo enseguida en el punto de vista del otro. Soy fácil de convencer y rápidamente hago mía la opinión del último que ha hablado. Es la famosa frase de <em>La Règle du jeu</em>, de Renoir: “Lo más terrible en este mundo es que todo el mundo tiene sus razones”. Es algo peligroso, porque llega un momento en el que hay que saber decir no.</p><p><strong>P. ¿No tiene la impresión de que hay, pese a todo, en la definición de la prensa que ofrece la novela Las ilusiones perdidas, algo de imperecedero y que se puede encontrar en cierto modo en la famosa fórmula de Jean-François Kahn: “On lèche, on lâche, on lynche [Halagamos, dejamos tirado, linchamos]”?</strong><em>Las ilusiones perdidas</em><em>On lèche, on lâche, on lynche </em></p><p><strong>R.</strong> A pequeña escala. Fui crítico de cine muy joven, a los 20 años. Ir a los pases de prensa me parecía un privilegio fabuloso. Adoraba el cine, estaba loco de contento por dedicarme a eso. Pero al cabo de dos o tres años, me di cuenta de el pequeño poder que te confiere tu puesto —trabajé para la revista <em>Positif</em> y también para <em>Télérama—</em>, puede hacer que estés dispuesto a cualquier cosa por un artículo ocurrente. La opinión se antepone a la película. Fui consciente en un momento determinado de que mi trabajo consistía en poner el culo en un sillón para juzgar, al cabo de una hora y media, lo que la gente había tardado dos años en hacer. Y eso me hacía sentir mal. Sin embargo, no vamos a deslegitimar la crítica por eso y a dejarla en manos de los responsables de prensa.</p><p><strong>P. ¿Quiere decir que la crítica no consiste sólo en tener una opinión?</strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, efectivamente, Truffaut decía que todo el mundo tiene dos oficios; los suyos eran ser cineasta y crítico de cine. Hay críticos a los que se puede encontrar perentorios, pero que son de una integridad innegable. Tienen un conocimiento histórico del oficio que les permite jerarquizar las obras con juicios muy argumentados. Y eso no se limita a decir “me gusta/no me gusta”, algo que desgraciadamente sucede, y a menudo.</p><p><strong>P. En 2012, en una mesa redonda en el salón del libro, moderada por un compañero de Mediapart, Antoine Perraud, dijo que, para usted, era como una “droga” saber que el tema sobre el que escribía trataba sobre “gente real a las que concierne”. ¿Por qué esa “droga” es más adictiva que la seducción de la imaginación?</strong></p><p><strong>R.</strong> Quizás porque comporta un peligro, que puede tener consecuencias, aunque escribir ficción no nos ponga a salvo de todo. Pero pese a todo, con lo real, estamos comprometiendo la responsabilidad. Nos adentramos en un terreno en el que pueden ponernos palos en las ruedas, donde se puede ofender a alguien, en el que se puede hacer daño, de ahí que haya que prestar atención.<strong>P. En ese sentido, en la vía de escape que es la ficción, ¿hay algo de cobardía? </strong></p><p><strong>R.</strong> Por supuesto. Creo que decir que es ficción cuando conviene, como si existiese una zona de irresponsabilidad para el autor, es algo mediocre. En cualquier caso, creo que es una fórmula a la que no habría que recurrir cuando se emplean nombres propios. Es mi criterio.</p><p><strong>P. Es lo que hizo por ejemplo Bernard-Henri Lévy con su romanquête [de roman, novela, y enquête, investigación], donde mezcla ficción y realidad, con relación al asesinato del periodista de The Wall Stret Journal Daniel Pearl...</strong><em>romanquête </em><em>roman</em><em>enquête</em><em>The Wall Stret Journal</em></p><p><strong>R.</strong> Me molesta.</p><p><strong>P. Sabe que algunos le reprochan que canibalice la vida de la gente para hacer libros muy personales. Ha escuchado también los halagos que recibe: tiene empatía con sus personajes. En esa misma mesa redonda de 2012, dijo: “No creo que valga todo para los escritores, no”. ¿Cuál es el límite?R.</strong></p><p> No creo que el escritor tenga derecho a molestar a nadie. Pero no se me malinterprete: un periodista que desvela el caso Cahuzac, molesta a Cahuzac, pero ahí prima el interés general, por lo que no se plantea ningún problema moral. En <em>Limónov</em>, me sentía también muy libre: el personaje tiene la piel curtida, provoca... Si <em>Limónov</em> hubiese sido vejado, no habría dramatizado con él. Pero el libro le ha gustado y le hizo muy bien a su ego. Y si mañana tuviese que escribir un libro sobre Sarkozy, sí, escribiría lo que quisiera escribir e incluso cosas que le resultasen molestas.</p><p>Pero cuando se trata de personas que no son públicas o gente como Romand, que se encuentra en una situación de extremada debilidad, a pesar de lo que hizo, diría que se les debe un respeto y honestidad. Nadie manda sobre el escritor. El escritor es su propio juez, abogado o experto en psiquiatría, tiene un papel social que asumir.</p><p><strong>P. Pero entonces, ¿cómo encaja ahí Una novela rusa [autobiografía sobre las relaciones de Emmanuel Carrère con su madre y una antigua amiga; Anagrama, 2008]?</strong><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_707" target="_blank"><em>Una novela rusa</em></a></p><p>R. Es problemático. Transgredí una regla en la que creo. Franqueé la línea roja con <em>Una novela rusa</em>. No lo lamento porque me resultó beneficiosa y no me dio problemas, aunque fue complicado. Pero no me gustaría tener que volverla a escribir. Por el contrario, <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/pn_779" target="_blank">De v</a><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/pn_779" target="_blank"><em>idas ajenas</em></a><em> </em>[Anagrama, 2011] la escribí con gran serenidad psicológica —y solo Dios sabe las cosas trágicas que contaba— porque me sentía legitimado por la demanda de las personas en las que se centra el libro.</p><p><strong>P. Para usted, el límite está en contar o no con el consentimiento de esas personas.</strong></p><p><strong>R.</strong> No habría escrito <em>Vidas ajenas </em>sin el consentimiento de sus protagonistas. Y sin una especie de petición por parte de Étienne Rigal [magistrado, protagonista de la historia].</p><p><strong>P. En su trabajo como periodista, ¿ha transgredido ya la palabra de alguien?</strong></p><p><strong>R.</strong> Estoy a favor de poner las cartas sobre la mesa. No consigo fingir ser algo distinto de lo que soy.</p><p><strong>P. En su biblioteca, tiene un libro de Florence Aubenas, autora de El muelle de Ouistream, en el que oculta su identidad de periodista por poder contar un poco más de cerca la terrible realidad social de la precariedad. ¿Es una transgresión?</strong><em>El muelle de Ouistream</em></p><p><strong>R. </strong>No, en absoluto. No he tenido ninguna reticencia deontológica en ese sentido, Pero yo no sabría hacerlo. Creo que el trabajo de Florence Aubenas es sensacional. </p><p><strong>P. En una crónica del libro El periodista y el asesino, de Janet Malcolm, reivindica, contrariamente a lo que parece defender la autora, una forma de deontología para con sus personajes. “Sostengo que no he engañado a nadie”. Se opone a que se enfrente la figura del periodista —precipitado, superficial y sin escrúpulos— a la del escritor —“noble, profundo, con escrúpulos morales”. Al contrario que Barthes, ¿no cree que de un lado se encuentran los “escribientes” (que escriben algo sobre algo) y los “escritores” que tienen “la literatura como fin”?</strong><em>El periodista y el asesino,</em></p><p><strong>R.</strong> Estoy completamente convencido de que el periodismo forma parte de la literatura. Es una forma de literatura como la tragedia en cinco actos, el soneto, la novela, el ensayo... Claro que hay plantas en la casa que es el periodismo, desde los chismes a Kapuscinski. Pero la oposición que habría entre, de un lado la noble literatura, y del otro el periodismo un poco falso, no responde a la realidad. También se puede aplicar en la “música de bien nivel” y el <em>rock'n roll </em>o las variedades.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_26198"></span></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[dcffc2a1-83e9-4993-81cc-04d27644f18f]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fabrice Arfi (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/33407c8b-a1a2-4469-a34e-7b6ff90cbe8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="60900" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/33407c8b-a1a2-4469-a34e-7b6ff90cbe8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="60900" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Emmanuel Carrère, el periodismo y la “opacidad de lo real”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/33407c8b-a1a2-4469-a34e-7b6ff90cbe8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Francia,Literatura,Periodismo,Cultura,Los diablos azules número 5]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
