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    <title><![CDATA[infoLibre - Gente]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/gente/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Gente]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gente corriente... que se va]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente_129_2082073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6192b8f-88a0-4777-bbbf-adb7748cb696_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La última"></p><p>Se ha ido <strong>Diane Keaton</strong> y hemos repasado sus fotos, sus frases, las secuencias que nos abocaron a amarla irremediablemente… A mí me parece que siempre estuvo en mi vida y no me entra en la cabeza que ya no esté. También<strong> se va Sena,</strong> la perra a la que mi perra siguió con devoción desde el primer día cuando, recién adoptada, caminaba por un nuevo escenario. </p><p>Betty tan nerviosa, tan desubicada, obligada a pisar un suelo que desconocía y <strong>Sena tan madura, tan serena.</strong> A ratos, jugando con ella y a ratos a lo suyo, quieta, como una estatua, pendiente del movimiento de una paloma. </p><p>A Betty se le va su lideresa, su referente, su <em>influencer </em>con hocico. <strong>A mi pequeña se le va una gran amiga,</strong> su jefaza, la belleza con patas –cuatro– y una mirada que en el cine habría sido un imán.</p><p>Lo de Diane es un <em>The end</em>, lo de Sena solo un cambio, pero un <strong>cambio de los trascendentes.</strong> Se jubila su… ¿padre? ¿dueño? ¿cuidador? ¿compañero de piso? Se jubila ese hombre al que Betty –que todavía quiere más a los de nuestra especie que a los de la suya– iba a saludar cada mañana y cada tarde con una intensidad superlativa. Se va ese amigo del barrio al que, día a día, <strong>buscaba en su portal</strong> y si se había ido de vacaciones, lloraba. Betty es radical en sus pasiones.   </p><p>La pareja de humanos a la que en casa aprendimos a tener cariño por mediación de nuestras perras –único tráfico de influencias contrario al delito– se va para escribir un capítulo de vida en el pueblo y claro, les deseamos lo mejor. Pero a quienes nos quedamos sin su presencia en las calles que compartíamos, <strong>su marcha nos arranca una hoja de ese libro de familia </strong>que vas completando con gente corriente… </p><p>¿Que por qué les cuento esto? Porque escribo sobre aquello que para mí es importante. Porque el puzle de la vida necesita de cada pieza y sin las pequeñas, no se completa el dibujo. Y de algunas de esas partes del todo que han ido enjaretando mi día a día en los últimos tiempos, he dado cuenta aquí. Lo he hecho sin la brillantez de Serrat al escribir sobre<strong> </strong><em><strong>aquellas pequeñas cosas</strong></em><strong>, </strong>claro, pero puede que con una intención parecida, la de subrayar lo esencial. </p><p>Esta columna nació con la pretensión de hacer un<strong> primer plano de la gente corriente,</strong> o sea, una foto de la mayoría, porque ustedes y yo, la gente corriente, representamos en el mundo lo que el agua en la Tierra, tres cuartas partes del total. Qué menos que <strong>ocupar un hueco, </strong>aunque sea discreto, en el océano informativo.</p><p>Hoy les dejo una foto más, una de tantas y todo mi cariño. Diane se ha ido, Sena se va y <strong>yo también,</strong> por un tiempo, al menos… </p><p>Entre ustedes y yo, <strong>ha sido un placer escribirles.</strong> Gracias. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2025 18:33:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... que se va]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Gente,Cine,Industria cine,Actrices,Animales,Barrios,ciudades]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Gente corriente... con TOC]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente-toc_129_2020899.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d6192b8f-88a0-4777-bbbf-adb7748cb696_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Raquel Martos nueva."></p><p>Antonio vive en un lugar extraño: “Es muy parecido a la desembocadura del Ebro, ese punto en el que no se sabe si es mar o es río”. Lo cuenta así, con belleza, <strong>porque él es poeta y sabe construir imágenes emocionales con las palabras</strong>. Elige un símil geográfico para definir el sindiós mental que habita, el TOC, suena a onomatopeya de tebeo de Ibáñez, pero no tiene ni puta gracia…</p><p>A este trastorno obsesivo compulsivo lo nombramos mucho, aunque lo conozcamos poco. Decimos “tengo un TOC, no soporto ver cajones abiertos”, con la misma ligereza con que nombramos el alzheimer cuando no recordamos un nombre o el parkinson, si nos tiembla el pulso al tratar de encender las velas de la tarta.<strong> Lo hacemos sin pensar, sin carga de profundidad y sin maldad</strong>, desde ese plano de la ficción donde anida el humor. Ojalá fuera tan sencillo cerrar todos los cajones que el TOC deja entreabiertos en el día a día de Antonio…</p><p>Este trastorno forma parte de él, por eso no le gusta nombrarlo en tercera persona para culpabilizarlo de todas esas cosas que le complican la vida... No, no se refiere al TOC con la distancia enrabietada con que maldecimos la alergia después de cada estornudo,<strong> él ha decidido mirarlo de frente</strong>, escuchar al TOC para entenderlo. Lo hace con medicación y con terapia, de la mano de su psiquiatra María y de su psicólogo Fran, que sale en todas las conversaciones…</p><p>Y tanto se ha esforzado Antonio en conocer el contenido de la mochila que carga desde niño, que le ha servido de inspiración. De su trastorno, compañero de fatigas, <strong>han brotado cinco canciones y se han reunido en un proyecto que se llama </strong><em><strong>Sábanas tendidas</strong></em>, una alegoría sobre la importancia de airear y poner a la vista de todos lo más íntimo, para que entiendan por qué, para que no duela tanto.</p><p>Esta historia comenzó en 2021. Antonio fue al teatro Lara de Madrid a ver <em>Solitarias de estreno</em> y allí conoció a Juan Carlos Lax, director musical de la obra. Le contó que había escrito dos sonetos y le explicó el significado de ambos. <strong>Aquello no era una conversación trivial </strong>sobre poesía, sino la revelación de un secreto que había guardado desde los 6 años. Ahora, gracias a la terapia, puede hablar de ello.</p><p>A aquellos dos sonetos Antonio Expósito sumó la escritura de tres más y Juan Carlos Lax les puso música. <strong>Pidieron sus voces a varios artistas y se las entregaron en su mejor versión</strong>: <a href="https://youtu.be/Ad7Ntefn9jM?feature=shared" target="_blank" >Virginia Maestro canta a dúo con Lax </a><a href="https://youtu.be/Ad7Ntefn9jM?feature=shared" target="_blank" ><em>Los alambres del otoño</em></a>, fue el primer <em>single </em>y habla de la culpa. Y ayer, 27 de junio, salió a la luz la segunda, la que abandera Coque Malla, <em>El himno de la cuna</em>, la lucha de un adulto contra su personalidad infantil. Aquí la tienen:</p><p>Quedan tres canciones más por escuchar, pero son todavía un misterio porque Antonio Expósito y Juan Carlos Lax <strong>van quitando lentamente las pinzas de la cuerda de sus </strong><em><strong>Sábanas tendidas</strong></em> para soltarlas de una en una.</p><p>No sé si este modo de presentarlas en público, poquito a poco, esconde la cruel intención de hacernos sufrir esperando la siguiente o más bien un gesto generoso, el de darnos tiempo para que podamos saborearlas y digerirlas con calma. Porque estas son canciones de verdad, de esas que en cada escucha <strong>te revuelven y te descubren algo nuevo</strong>. Cinco canciones tejidas con dolor, también con luminosidad, letras y músicas repletas de vida.</p><p><em>Sábanas tendidas</em> es una nueva demostración del sufrimiento convertido en arte y les digo, desde la absoluta convicción, <strong>este es un proyecto que merece ser escuchado</strong> y Antonio Expósito, también, por su otro TOC: Talento Original Creativo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 18:48:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... con TOC]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Enfermedades,Alzheimer,Actuaciones musicales,Gente,Salud,Teatro]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Gente corriente... y gentuza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/gente-corriente/gente-corriente-gentuza_129_2013493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/08058b2c-e4c0-4551-a89f-1c4947dd6113_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gente corriente y gentuza"></p><p>Cada mañana, <strong>la gente corriente se despierta con dos alarmas</strong>, la del despertador y la de las preocupaciones. Quizás te ha dado un valor alto en una analítica y hay que hacer una biopsia o ha habido cambio de criterio en el proyecto del que formabas parte y ya no van a contar contigo. Puede que la última ecografía haya revelado una cardiopatía congénita y cuando nazca tu bebé tengan que operarlo a corazón abierto. Tal vez, te han despedido, después de darlo todo en el curro y hoy te ves en la calle con tu alquiler o con tu hipoteca. Es posible que tu amiga haya vuelto a sufrir malos tratos de su pareja o que el Alzheimer haya comenzado a ocupar la cabeza de tu madre… Pones la radio, hablan de unos presuntos sinvergüenzas que se han llevado mordidas y comisiones, no has tomado el primer café y ya tienes ganas de vomitar.</p><p>A lo largo de la Historia, <strong>la corrupción ha caminado de la mano de la Humanidad</strong>, pegadita a nosotros, como el sudor. Y, sin embargo, no perdemos la cándida capacidad de sorpresa. Con cada nueva aparición de esta cabrona, volvemos a abrir los ojos, de par en par, ante el cinismo con el que se las apaña para habitar tranquilamente entre nosotros, sin el menor atisbo de mala conciencia.</p><p>Claro, es que la gentuza no piensa en la gente corriente, no se sabe si porque nunca fueron gente, o si es que con el poder y el dinero, <strong>tan cerca y tan fácil</strong>, se implantaron el sufijo y perdieron de golpe la raíz.</p><p>A la gente corriente se le agotan los calificativos,<strong> no existen suficientes exabruptos en la lengua de Cervantes para el desahogo</strong>, para conjurar la indignación. Es enorme la impotencia y profundo el asco, porque la mierda siempre huele mal, sea de un bebé o de un caballo y mucho más intenso el hedor cuanto más cerca está. Cada vez que un caso grave de corrupción sale a la luz, no muere un gatito, lo que muere es la confianza, muere la esperanza, mueren las ganas. Y gane quien gane la pasta que todo lo corrompe, siempre pierden los mismos, siempre pierde la gente corriente.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 18:36:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Raquel Martos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gente corriente... y gentuza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gente,Alarma sanitaria,Salud,Corrupción,Historia]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Elogio del desertor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/elogio-desertor_129_1570254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7730e19d-bbb9-4633-a098-23b4605ee821_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio del desertor"></p><p>No hay mayor valentía que la del que se enfrenta a los suyos cuando los suyos, piensa él, están actuado en contra de la justicia, de la verdad, de la razón… <strong>Somos seres sociales</strong> que necesitamos no solo el contacto sino la aceptación del prójimo, nuestro próximo, el tú que conforma nuestro yo y el vosotros que conforma nuestro nosotros. En el mundo antiguo y en mundos actuales que aún conservan vestigios de la vida del pasado, el aislamiento y el destierro son castigos tan <strong>extremos </strong>como la muerte.</p><p>Recuerdo el caso que me contaron en la ciudad de Petra en Jordania, un territorio habitado casi exclusivamente por <strong>beduinos </strong>que en la actualidad, a instancias de la política “modernizadora” del gobierno, han dejado de ser nómadas pero siguen siendo beduinos; estábamos sentados con un vasito de té muy caliente en las manos, en una jaima abierta a la belleza de la ciudad nabatea del desierto que durante siglos había permanecido oculta tras una muralla de pétreas montañas, cuando alguien preguntó por el hombre  que, se decía,  estaba <strong>condenado a la exclusión</strong> de su clan. No llegaron a explicar cuál había sido el delito de aquel beduino que vagaba por las montañas de Petra pero sí el castigo que se le había impuesto: nadie de la tribu podía hablarle, tocarle ni tan siquiera acercársele, ni padres ni hermanos ni esposa ni hijos, nadie le dirigía la palabra ni le miraba a los ojos, estaba expulsado del grupo; para un beduino, me dijeron entonces, ese castigo es <strong>peor que la muerte</strong>. </p><p>En nuestras digitalizadas e hiperconectadas sociedades actuales, <strong>el aislamiento ya no es un castigo</strong>, a veces es una aspiración, pero la presión del grupo en forma de <em>likes</em>, seguidores o bloqueo en las redes sigue siendo un factor de control social de primer orden. Oponerse al grupo, no seguir sus dictados, se sea beduino o ciudadano de nuestro sofisticado, tecnológico e hiperdesarrrollado mundo, <strong>tiene un precio y casi siempre es caro</strong>. Sobre todo en los momentos de exaltación colectiva que preceden y acompañan a las guerras, cuando las preguntas más lógicas, cuántos muertos llevamos, hasta cuándo durará esto, resultan inconvenientes y convierten a quien osa formularlas en sospechoso de cobardía o traición.  Durante la I Guerra Mundial a los desertores se les <strong>fusilaba</strong>, a veces eran los mismos jóvenes que meses antes habían marchado al frente cantando canciones populares y patrióticas por las calles de su ciudad entre los aplausos de sus vecinos. No todas las guerras son iguales aunque todas son atroces. </p><p>A diferencia de la II Guerra Mundial contra la Alemania nazi, que contó con el imperativo moral de <strong>combatir el fascismo</strong>, la guerra del 14, aquella gran carnicería que diezmó a toda una generación de jóvenes europeos no tuvo justificación ética, fue consecuencia de la insensatez de los mandatarios europeos del momento que tras no evitar que estallase no la frenaron. Y fue un <strong>crimen</strong>. </p><p>Ahora tenemos una guerra en Europa que, algunos advierten, podría convertirse en la III Guerra Mundial aunque al parecer quienes mandan en Europa descartan esa posibilidad y suelen calificar de <strong>apocalípticos </strong>cuando no de pro-rusos a quienes mencionan este riesgo. Hay mucho interés en acentuar el carácter “moral” de esta guerra equiparándola con la que se libró contra la Alemania nazi; en el lado ruso se recuerda la Gran Guerra Patria contra el nacismo y se justifica la “operación especial “, el <strong>eufemismo </strong>que trató de escamotear la realidad de la invasión, apelando al compromiso ético de “proteger “a la población filo-rusa o directamente rusa del Donbas; en el lado ucraniano y de la OTAN se busca equiparar esta guerra con la que se libró contra el fascismo y se identifica bastante burdamente a Vladimir Putin con Hitler.</p><p>No es la primera vez que se utiliza este recurso, cuando en 2003, Estados Unidos y sus aliados invadieron Irak, Saddam Hussein fue también el nuevo Hitler, las fuerzas estadounidenses y británicas eran “los aliados” lo que reforzaba la equiparación con la II Guerra Mundial y en los medios de comunicación estadounidenses, el término invasión fue sustituido por el de “intervención” que <strong>sonaba más aceptable</strong>. Por cierto, no recuerdo que ningún gobierno propusiera entonces el bloqueo económico, diplomático y político contra Estados Unidos por el crimen de aquella <strong>devastadora invasión</strong>.  Pero esa es otra historia.</p><p>Lo cierto es que no es con la II sino con la I Guerra Mundial con la que esta contienda en el corazón de Europa presenta alarmantes similitudes; entonces como ahora, la guerra fue el resultado del proceso que los intereses geoestratégicos de los viejos imperios y las grandes potencias pusieron en marcha y que conducía inexorablemente a la <strong>confrontación</strong>. El atentado de Sarajevo no explica por sí mismo lo que vino después: una de las mayores matanzas de la historia europea. Tampoco la invasión rusa de Ucrania explica por si misma la <strong>sangría de vidas y recursos</strong> que está viviendo Europa y el riesgo no descartado de una <strong>conflagración nuclear</strong>. En último término es el viejo imperio ruso y la gran potencia estadounidense, vía OTAN, los que se están enfrentando en suelo europeo. </p><p>Se podría decir que, desde la llamada revolución naranja, en gran parte financiada por organizaciones estadounidenses, que provocó la salida del presidente Yanúkovich, las cartas estaban echadas y señalaban guerra civil con injerencia exterior. Porque Ucrania no es solo la que se concentró masiva y entusiásticamente en el <strong>Euromaidán </strong>con el apoyo explícito del entonces vicepresidente estadounidense Joe Biden que en esos días viajó a Kiev para respaldar las reformas neoliberales y las privatizaciones del nuevo gobierno; había otra Ucrania que hablaba ruso, se sentía <strong>próxima a Rusia</strong> y sobre todo se veía en peligro por las medidas claramente hostiles del gobierno de Kiev, derogación del estatus oficial del idioma ruso, suspensión del pago de pensiones, concentración de tropas en la zona… Mientras en Kiev, el vicepresidente estadounidense Joe Biden se dirigía a la Rada, el parlamento ucraniano, el 21 de abril de 2014, en el sureste del país, en la región del Donbás, comenzaba la guerra.</p><p>Días después, durante las celebraciones del 1 de mayo en Odesa, una gran concentración de manifestantes que pedía la federalización del país fue atacada por <strong>grupos neonazis</strong> de Pravy Sector y del batallón Azov, en su mayoría llegados de Kiev y armados con garrotes, escudos y armas de fuego; parte de los manifestantes se refugió en la sede de los sindicatos, que fue atacada entonces con cócteles molotov provocando un gran incendio que dejó atrapadas a muchas de las personas que habían buscado refugio en el edificio. Las imágenes transmitidas en directo por la televisión mostraban a grupos ultras cerrando el paso a los coches de bomberos y rematando en el suelo a quienes se habían lanzado por las ventanas para escapar de las llamas. Hubo 42 muertos, 214 heridos y ninguna condena. Diez días después, el 11 de mayo de 2014 se celebraron, sin presencia de observadores internacionales, los referéndums en el Donbas ; el aplastante triunfo del sí a la secesión de Ucrania <strong>no fue reconocido por ningún país</strong>. A partir de ese momento son los sectores más radicales y fanáticos de uno y otro lado los que se hacen con el control de la situación haciendo imposible cualquier salida negociada al conflicto. La guerra del Donbás, <strong>antesala de la actual</strong>, iba a ser una guerra escondida de la que apenas se habla porque no cuadra con el relato establecido sobre lo ocurrido en Ucrania. </p><p>En el verano del 2022, cuando habían pasado varios meses de la invasión rusa, conocí en un pueblito de Andalucía a una pareja, ella era española y muy comunicativa mientras que él, sin duda de algún país eslavo, permanecía muy callado. Hasta que dijo: “<strong>soy ucraniano pero mi corazón es ruso</strong>”. Después, como si hubiera roto una barrera de silencio impuesto, contó que era de Donetsk, en el Donbás, que en el verano de 2014 el ejército ucraniano había bombardeado la casa de la familia no una sino varias veces, que sus padres y su hermano seguían viviendo en Donetsk y le contaban lo que estaba pasando y por qué <strong>nadie hablaba de eso</strong>. Boris, así le llamaré porque no quiero causarle problemas dando su nombre real, dice que querría ir a ver a su familia pero que no puede arriesgarse a pisar Ucrania y que le alisten en el ejército y le obliguen a luchar contra sus hermanos… Los jóvenes rusos que salieron del país para evitar ser movilizados seguramente piensan lo mismo. Quizás la <strong>única opción moral</strong> en esta guerra es desertar de ella.   </p><p><em>(Por cierto, el periodista español </em><em><strong>Pablo González lleva ya más de 18 meses encarcelado en Polonia</strong></em><em>, lo recuerdo y lo recordaré en todo texto que escriba, para combatir el escandaloso silencio que rodea su caso.)</em></p><p>________________________</p><p><em><strong>Teresa Aranguren</strong></em><em> es periodista y escritora.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Aug 2023 10:06:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Teresa Aranguren]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra,Ucrania,Gente]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Como si no fuera con ellos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/si-no-fuera_1_1195597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7785cf82-3fb5-4101-8602-1438dbd8ee30_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como si no fuera con ellos"></p><p>Hay dos actitudes opuestas ante la pandemia: la de quienes la viven con responsabilidad, son cautelosos en sus actos y cumplen estrictamente las recomendaciones de las autoridades sanitarias, y la de quienes la viven como si no fuera con ellos. Son<strong> dos modos antagónicos de vivir la pandemia</strong> que podemos observar cada día.</p><p>Una tarde, hace pocos días, después de insistirme mucho mi hermana para salir, me aventuré a ir con ella a una terraza, en el centro de Madrid, a tomar algo. <strong>El espectáculo al que asistí </strong>a lo largo de la tarde me dejó atónita.</p><p>Las imágenes que se sucedieron unas tras otras iban incrementando mi perplejidad. Al llegar a la terraza vimos que unas quince personas estaban celebrando un cumpleaños en varias mesas unidas. Ninguno de ellos tenía puesta la mascarilla, como si la cosa no fuera con ellos. El dueño del bar, que se paseaba alegremente entre los clientes, saludando a unos y otros, se acercó también a saludarnos a nosotras, y, entre otras cosas, nos contó que la noche anterior<strong> habían terminado a las tres de la mañana</strong> porque varios grupos de amigos habían continuado, clandestinamente, en el interior del bar que desde el exterior aparecía cerrado. Lo contaba con tono de orgullo por la transgresión.</p><p>Poco después, un chico de unos treinta años se nos acercó a pedirnos fuego. Tampoco llevaba mascarilla, así que yo me temí que de esa yo salía contagiada ya que, aunque yo tenía mi mascarilla puesta, me envolvería el humo de su cigarrillo. Pero no acabó ahí la cosa. Porque, desde la sinceridad que caracteriza a los que han bebido más de la cuenta, me dijo: "Voy sin mascarilla, pero<strong> es que ya me han vacunado"</strong>. Anonadada, le dije es imposible, no me cuadra, no te corresponde por la edad. Y él, arrogante, alardeando de un estatus que le permitía cualquier abuso de poder, me respondió: "Es que soy político, ya sabes".</p><p>La tarde, acumulando situaciones disparatadas, seguía avanzando. En otra mesa de la terraza había un grupo de hombres y mujeres de edad madura, y ya muy tocados por el alcohol. Pensé que, claro, ahora las ocho de la tarde, a efectos de las libaciones acumuladas, <strong>debe equivaler a las cuatro de la mañana antes de la pandemia</strong>. Una de las mujeres del grupo decidió ir al baño. La escena resultó grotesca porque no podía ni levantarse. Yo pensé, como no vaya a gatas, no llega. Después de tropezarse con una columna consiguió entrar en el local, pero, claro, sin mascarilla, bastante tenía con conseguir llegar a los servicios.</p><p>Yo apenas daba crédito a lo que iba viendo. Me sentía <strong>crecientemente cabreada e indignada</strong>, de modo que, antes de que empeorara más la situación, decidí volverme a casa.</p><p>Para colmo, hablando hace días con un vecino me cuenta que unos amigos suyos <strong>se van todos los fines de semana a esquiar a Andorra</strong>. Por lo visto, lo hacen con toda normalidad, como si la pandemia no fuera con ellos, sin que les preocupe la posibilidad de que les pillen. </p><p>La ausencia de civismo de todos esos comportamientos contrasta con la gente, afortunadamente numerosa, que cumple con las restricciones impuestas y con las medidas preventivas establecidas. Como una amiga mía que lleva desde el verano pasado sin ver a sus padres, que viven en Bilbao. O como la amiga de mi hija que lleva también sin ver a sus abuelos desde hace muchos meses, porque viven en la Comunidad de Castilla-León. O como el mecánico al que le llevo el coche, que, el pobre hombre, está muy preocupado por los frutales que tiene en la casa del pueblo, a la que no ha podido ir desde el año pasado. No ha podido ir a podarlos y ni sabe cómo estarán después de la tormenta Filomena de enero. Para él es algo importante en su vida, pero <strong>más importante ha sido su sentido de la responsabilidad y de la solidaridad</strong>. La lista de ciudadanos que están haciendo verdaderos sacrificios por no transgredir las normas necesarias para hacer frente a la pandemia sería alentadoramente infinita.</p><p>La suma paciencia que la mayoría de los ciudadanos estamos teniendo, cumpliendo las normas sanitarias para superar la pandemia cuanto antes, frente a los que, carentes de solidaridad, egoístas y frívolos, las transgreden cotidianamente <strong>como si esas normas sanitarias no fueran con ellos</strong>, hace que empecemos a estar hartos, porque los repuntes de los contagios nos llevan a pensar que vamos hacia una cuarta ola, y, desde luego, no será por culpa de la parte de la sociedad cumplidora.</p><p>Sabemos que los actos de cada ser humano, de una forma u otra, repercuten sobre toda la colectividad. Ahora observamos que la falta de civismo de un sector de la población echa por tierra los esfuerzos de los sectores cumplidores. También sabemos que <strong>a los incívicos probablemente los llamamientos a la responsabilidad les resbalan</strong>. Estos comportamientos desaprensivos que presenciamos son indicio de una corriente, preocupante, de discordia civil en el peor momento, cuando afrontamos un tiempo de grandes calamidades colectivas. </p><p>________________________________</p><p><strong>Ana Santos Sainz </strong>es socióloga.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ana Santos Sainz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Como si no fuera con ellos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bares,Gente,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Benching', estar en el banquillo de tu 'crush' mientras otro juega de titular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/videolibre/que-es/benching-banquillo-crush-juega-titular_1_1190940.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d90818c7-d6e5-49b6-ad85-534016cbed31_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="'Benching', estar en el banquillo de tu 'crush' mientras otro juega de titular"></p><p>En 2020 no es necesario ser marinero o pirata para tener<strong> un amor en cada puerto</strong>. Solo hace falta un sofá, un dispositivo móvil y conexión a internet. Las lógicas del ligue –y hasta las del amor– se han desvirtuado (o evolucionado, según se mire) hasta el punto de que hubieran parecido ciencia ficción hace no más de 15 o 20 años. El Tinder lo posibilita todo. Donde antes había una barra de un bar, ahora hay una pantalla y eso convierte el cortejo en algo mucho más sencillo, en una actividad que puede medirse en grados de eficiencia. La barra del bar obligaba al conquistador –o la conquistadora– a fijarse en alguien y a centrar sus esfuerzos en agradar a ese objetivo, en el mejor sentido de la palabra. Ahora ya no hace falta. Ahora, la actividad de ligar, el <em>ligue</em>, puede medirse en términos prácticamente empresariales: “Si hablo con una persona”, puede pensar, por ejemplo, Aitor, “tengo una posibilidad de conseguir éxito”. Pero si lo hace con diez, la garantía de éxito aumenta, crece exponencialmente. “¿Y si chateo con 20?”. </p><p>Entonces, en ese caso –y también si lo hace con diez, cinco o hasta con dos– es posible que aparezca el <em>benching</em>. La psicóloga clínica Josselyn Sevilla lo define como “la práctica mediante la cual una persona mantiene conversaciones con otra, a pesar de no estar interesada en ella”. El <em>Plan B</em> de toda la vida. El caso es que, aunque ese <em>Plan B</em> haya existido siempre, las nuevas tecnologías multiplican sus posibilidades y, al mismo tiempo, los efectos que puede tener en quien participa, muchas veces sin saberlo, del juego. Sevilla insiste en que es importante no patologizar antes de tiempo los fenómenos que surgen de las redes sociales, pero también reconoce que las víctimas de <em>benching</em> –esas que creen estar construyendo una relación con alguien a través del coqueteo <em>online</em>, pero que en realidad solo son un chat más entre muchos otros– pueden llegar a desarrollar problemas de autoestima, estrés e inseguridad. </p><p>“<strong>Una de las cosas que peor llevamos las personas es la incertidumbre</strong>”, desliza la psicóloga. Es un sentimiento recurrente en las relaciones que se inician en la red. En ellas, a menudo, los dos participantes no se conocen más que por sus perfiles de Instagram, Tinder o Facebook. “Esa incertidumbre puede desembocar en problemas de desconfianza en futuras relaciones”, completa. Es muy posible, además, que la persona que sufre la práctica no se percate y construya en su cabeza una sensación irreal de éxito e ilusión que no se corresponde con la realidad. Lo que de verdad está sucediendo es que su interlocutor pone los verdaderos esfuerzos en conquistar a su <em>Plan A</em>, mientras que el resto de las conversaciones que mantiene, entre las que se encuentran varias víctimas de <em>benching</em>, las sienta en el banquillo, por si el titular falla. “Lo que pretende es no quedarse solo”, afirma Sevilla. “Mantener las posibilidades de cosechar éxito en cualquiera de los casos”. De algún modo, recurrir a alguna de las personas que están en el banquillo es, para alguien que ha sufrido un rechazo, incluso una forma de restablecer su orgullo. </p><p><strong>Del 'benching' al 'zombieing'</strong></p><p>Existe, sin embargo, una especie de variación del <em>benching</em>, un <em>benching</em> llevado a su máxima expresión. Pongamos por caso que ese Aitor que mantenía conversaciones con 20 personas a la vez, de pronto, recuerda lo bien que lo pasaba con su ex, con la que terminó meses o años atrás. De pronto, una noche decide tomar cartas en el asunto, reaparecer en la vida de su ex como un <em>zombie </em>y espetarle un: “¡Hola! ¿Qué tal te va?”. Los expertos en redes sociales han convenido en denominar a este fenómeno<em> </em><em>zombieing</em>. De alguna forma, es como si esa expareja hubiera permanecido siempre en una especie de banquillo eterno del que echar mano cuando vienen mal dadas. A todas luces, dar el paso de volver a contactar con esa ex en persona –en vivo y en directo– resultaría muy complicado, por lo que Instagram es un aliado perfecto. En Instagram todo es mucho más fácil. Sevilla avisa sobre el “choque emocional” que esa reaparición puede causar en quien recibe el mensaje, que puede haber tenido dificultades para superar la ruptura y que ahora ha de enfrentarse, de nuevo, a su fantasma.</p><p>El amor, en definitiva, fue difícil cuando se dirimía en la barra del bar y lo es ahora, que se dirime en la barra del bar y en la de las redes sociales. Imaginen, por un momento, esa barra. 20 taburetes colocados uno tras otro, con sus patas largas y asientos rojos. En ellos, 20 chicas –o chicos– esperan a que Aitor vaya avanzando con cada una de las conversaciones, pero solo una de ellas es la preferida. Solo una está en una relación de iguales con él. Eso es el <em>benching</em> y eso sucede muchas veces en Tinder o Instagram. La única diferencia se encuentra en la digitalidad, en la invisibilidad. “Y no solo ocurre con las relaciones de pareja”, advierte Josselyn Sevilla, “el <em>benching</em> puede aparecer también en las relaciones de amistad”. El caso es no quedarse solo, aunque para ello haya que poner en jaque la soledad de todo un banquillo de gente. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Samuel Martínez]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Benching', estar en el banquillo de tu 'crush' mientras otro juega de titular]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gente,Redes sociales,¿Qué es...?]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ese pasado que nos extraña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/pasado-extrana_1_1189516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/309b0f90-ae9a-4e6f-b5c7-a13c5aeee09f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ese pasado que nos extraña"></p><p>Si hoy en día el pasado cobra tantos sentidos entre los ciudadanos es porque el tiempo histórico –frente al tiempo sagrado– se ha colado de forma rotunda en nuestras vidas. Cierto es: hace algunos siglos que el cambio histórico es concebido como un artificio humano en el que Dios resulta prescindible. Pero ahora la pandemia incide con rotundidad en nuestro discurrir en el tiempo, no solo desde nuestra finitud, enfermedad, sufrimiento y muerte, sino también como detonante de la infinita producción de lecturas extrañas o familiares de lo sucedido. Leer el pasado como lugar extraño fue una de las más incisivas aportaciones del geógrafo e historiador –mucho más que un disciplinado profesional– <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/David_Lowenthal" target="_blank">David Lowenthal</a> (1923-2018). En su libro de 1985, el estadounidense reflexionaba sobre las interpretaciones familiares o extrañas que hacemos sobre el pretérito, poniendo como ejemplo aquellas sociedades como la <strong>británica, más centrada en la tradición</strong>, o la norteamericana, más volcada en la novedad. O lo que es lo mismo, Lowenthal diferenciaba entre culturas del tiempo para las que<strong> </strong>el pasado era un lugar familiar que<strong> se incrustaba en el presente a través de la costumbre </strong>–por ejemplo, el Renacimiento–, y otra para la cual el pretérito era esencialmente un lugar extraño que había que eludir. Lo hizo la Ilustración en relación con las culturas anteriores a las que tildaba peyorativamente de oscuras o populares.</p><p>Nuestra confrontación con el pasado siempre tiene ese doble filo: lo conocemos <strong>no solo para saber de dónde venimos,</strong> sino también para reconocer lo que ya no somos. Y nuestra experiencia en torno al covid-19 no ha dejado de estar caracterizada por esa duplicidad. Lo que ocurre es que el lado extraño parece haber cobrado más peso en estos días de segunda oleada, como si el pasado se hubiera erigido en un reflejo en el que ya es difícil reconocernos. Cierto es: hay una pasta vieja –neoliberal, consumista, individualista– que nos sigue dando forma, que nos vincula a un pretérito reciente. De ahí procede esta ausencia de responsabilidad con lo colectivo de la que ya hemos hablado en alguna ocasión. Nuestro ombligo antes que el de ellos. <strong>Su mirada después de la nuestra</strong>.</p><p>Pero también hay una serie de experiencias nuevas que han quebrado viejas expectativas y nos han revelado lo extraño. Para empezar, la experiencia ante el virus, una vez marchitada la ilusión de su pronta desaparición tras el optimismo del momento estival y vacacional, nos reclama que este ser ni-vivo-ni-muerto ha venido para quedarse entre nosotros y que su “propósito” es permanecer aquí sine die. La nueva oleada marca el rastro de la persistencia del covid-19 y nos ha abofeteado con la imagen de que, pese al lenguaje belicista y victorioso de nuestras autoridades –contenido de nuevo en el discurso presidencial del recién inaugurado estado de alarma–,<strong> somos humanos, demasiado humanos</strong>. Y, para terminar, se ha desparramado entre los españoles una gran cantidad de prácticas novedosas que nos hacen dudar incluso de si hubo un pretérito antes de que aquellas explosionaran y se convirtieran en hábitos. Por ejemplo, si existió un antes y un después en la aparición de la sospecha cotidiana hacia el vecino o hacia la compañera de trabajo o hacia el joven de turno, <strong>potenciales amenazas contra nuestras aturdidas vidas</strong>.</p><p>El pasado torna extraño. Y lo actual trueca familiar. No es lugar para desplegar ejemplos. Ahora bien, sin ir más lejos, el otro día asistí a una de esas nuevas experiencias que paradójicamente hacen del pretérito algo ajeno porque nos van familiarizando con un presente que cada vez incordia menos. Un supermercado, una hora punta para no hacer la compra semanal, un joven con ganas de estornudar y mascarilla rigurosamente colocada y, finalmente, un estornudo sobre uno de los estantes de congelados. La reacción ante el estornudo de dos señoras ya entradas en años fue vigorosa: vocearon e insultaron al productor del aerosol sin saber si había exhalado sus emanaciones porque no le cabía otra o porque estaba enfadado con el mundo. El caso es que finalmente llamaron al guardia de seguridad y este expulsó al emisor de gases con una violencia que nadie contestó, como si aquel individuo fuera culpable de algún pecado original. No es, desde luego, la única experiencia de esa cada vez más presente sensación de amenaza y de sospecha que esta segunda oleada incrementa. Lo relevante es que <strong>cada día crece la percepción de que es una actitud convencional</strong>. </p><p>Esta sensación, sentida, de que las cosas no son como antes o de que algo ha cambiado en nuestras vidas puede inclinarnos a pensar históricamente, esto es, a explicar retroactivamente lo sucedido, lo que ya no logramos dar por descontado. Es lo que produce una experiencia que, asumida como nueva, genera extrañamiento, distanciamiento hacia el pasado. En el momento de las vanguardias artísticas, el extrañamiento se entendió como pretensión estrictamente estética. El formalismo ruso, con <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADktor_Shklovski" target="_blank">Víktor Shlovski</a> a la cabeza, figuró el extrañamiento como una <strong>interpretación de lo real que desestabilizaba los contextos habituales</strong>.</p><p>Ahora bien, la particularidad del extrañamiento es que también nos obliga a sacar los pies de nuestros tiestos, a pensar que si algo cambia es porque todo muda, incluidas nuestras más arraigadas convicciones… o, si se mira desde otro ángulo, que no hay esencias en nuestras conductas. Abrirse a la infinitud, vivir la vida como imperfección, reivindicar la historicidad del conocimiento. Todos estos efectos son los que provoca el extrañamiento: el pasado se vuelve extraño y, por consiguiente, el presente y el futuro pueden no ser ya predecibles. Humanos, demasiado humanos: imperfectos que nunca se completan. Genera vértigo, pero si no somos la conclusión de nada –del progreso, de la civilización, del dominio de la Naturaleza, de una tradición de continuo mejoramiento–, entonces cabrá la posibilidad de que podamos pensar el futuro de otra forma; quizá de <strong>recuperar el pensamiento y el activismo utópico,</strong> tan denostado en nuestros días de zozobra. Soñar, como decía aquel, no cuesta nada.</p><p>Pero el extrañamiento puede tener una faz terrible. Y es que puede conducirnos a sacar los pies del tiesto, pero para sembrarlos en otro mayor, con la profundidad requerida para enraizar el pensamiento más esencialista. En cierto sentido es lo que nos está sucediendo, porque en nuestras conciencias estamos anclando <strong>la novedad como si ya fuera algo cotidiano</strong>: la sospecha de ver constantemente forasteros en nuestra propia calle, el desprecio al ajeno por su mirada y piel, la vanagloria de quien desea salvarse a costa del prójimo,... todas estas conductas que entierran su novedad bajo toneladas de desmemoria y desconocimiento. Es como si aquellas personas mayores del supermercado que mencionamos o los convecinos desconfiados o los compañeros recelosos se hubieran conjurado para señalar que lo extraño es familiar, que la mascarilla sanitaria se ha incrustado en nuestros rostros hasta hacerse cotidiana y que nuestra mala cara es expresión de lo habitual.<strong> Normalidad sobre normalidad</strong>.</p><p>Cualquier día de estos caminaremos por la calle sin saludar, mirando hacia el suelo y nos descubriremos cargados de odio hacia la/el paseante que viene de frente, tras considerar que hay en sus maneras algo que queda fuera de la normalidad. Ellos serán ahora los extraños. Nosotros<strong> seremos portadores de tradición en vena</strong>, como si siempre hubiéramos caminado en el mismo sentido y en la misma dirección, sin recordar o sin saber que este presente nuestro está vomitando nuestra actual monstruosidad: nos está arrinconando en una mezquina ética de la sospecha, hacia el vecino, hacia el amigo, hacia el familiar, en suma, hacia el otro.<strong> El pasado puede ser aquel lugar extraño que desamarra nuestros vínculos con el siempre</strong>-fuimos, pero, hoy en día, más parece el espejo en el que reflejar lo que, al parecer, siempre-seremos. Nos hemos familiarizado tanto con esta manera diaria de funcionar que estamos creando costumbre, como si lo que nos ocurre no tuviera principio, como si aquel marzo de 2020 no hubiera existido. </p><p>____________________</p><p><strong>Jesús Izquierdo Martín</strong> es profesor del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid y codirector del programa de radio Contratiempo. Historia y Memoria (Círculo de Bellas Artes).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Izquierdo Martín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ese pasado que nos extraña]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gente,Coronavirus,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Los duques de Palma reaparecen en la boda del hijo del dueño de Planeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/duques-palma-reaparecen-boda-hijo-dueno-planeta_1_1094646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4bdd3fb-abc5-4c7a-90de-87b6e385b4e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los duques de Palma reaparecen en la boda del hijo del dueño de Planeta"></p><p>La<strong> infanta Cristina</strong> e<strong> Iñaki Urgangarin</strong> reaparecieron este sábado en público en el banquete de boda de<strong> Pablo Lara</strong>, hijo del presidente del Grupo Planeta, <strong>José Manuel Lara</strong>, y <strong>Anna Brufau</strong>, hija del director de Indra en Cataluña, <strong>Manuel Brufau</strong>. La infanta y su marido, que residen actualmente en Ginebra, se unieron al banquete pero no aparecieron por la ceremonia religiosa, que se ha celebró a las 18.15 horas en la basílica de Santa María del Mar, en Barcelona.</p><p>José Manuel Lara hizo una encendida defensa del duque de Palma en una entrevista publicada el pasado mes de agosto en la revista <a href="http://www.revistavanityfair.es/articulos/jose-manuel-lara-no-he-visto-ningun-delito-del-que-se-pueda-acusar-a-urdangarin/17922" target="_blank"><strong>Vanity Fair.</strong></a> El empresario catalán exculpó a Urdangarin del <em>caso Nóos</em> al afirmar que no veía <strong>"ningún delito del que se le pueda acusar"</strong>. "Lo que no es de recibo –agregó– es que el juez [José] Castro permita a Diego Torres [exsocio del duque también implicado en la presunta trama] esta entrega por fascículos de documentos que le implican".</p><p>La boda congregó a representantes del poder empresarial, financiero y político de Cataluña y España. <strong>Mariano Rajoy</strong> asisitió a la ceremonia religiosa, pero no se quedó al banquete. <strong>Artur Mas</strong>, al contrario, optó por acercarse sólo al ágape, por lo que ambos dirigentes no coincidieron. </p><p>Junto a los duques, han acudido directamente al banquete el abogado y exdirigente de CDC <strong>Miquel Roca</strong> –que defiende a la infanta en el <em>caso Noós–</em>, y los empresarios Josep Oliu (Banco Sabadell), Joan Gaspart (Husa) y Florentino Pérez (ACS), entre otros. También asistieron la vicepresidenta del Gobierno, <strong>Soraya Sáez de Santamaría,</strong> la ministra de Fomento, <strong>Ana Pastor</strong>, y el ministro de Interior, <strong>Jorge Fernández Díaz</strong>. Otra de las invitadas fue la exvicepresidenta del Gobierno, <strong>María Teresa Fernández de la Vega</strong>.</p><p>La novia, Anna Brufau, ha llevado un vestido diseñado por el catalán Raimon Bundó, y el convite se ha celebrado en el Pabellón Italiano de Montjuïc con la asistencia de unas<strong> 650 personas</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2013 19:23:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infolibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Bodas religiosas,Gente,José Manuel Lara,Mariano Rajoy,Matrimonio,Iñaki Urdangarin,Artur Mas,Caso Nóos,Cristina de Borbón y Grecia,Diego Torres,José Castro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rebelión de los cómicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/rebelion-comicos_1_1086330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Desde los tiempos del teatro en Grecia, <strong>los cómicos siempre han sido irreverentes con el poder</strong>. En realidad se trata de una de las características de esa profesión cuando se ejerce con honradez y coherencia y cuando se tiene en cuenta que los actores se deben al público. En épocas dictatoriales y despóticas, las gentes de la escena han pagado incluso sus atrevimientos con la cárcel, el exilio o incluso la muerte. Afortunadamente esas prácticas represivas están prohibidas en una democracia, pero los poderosos no dejan de intentar acallar las voces críticas de la cultura con impuestos, leyes, subvenciones interesadas o favores pagados. </p><p>Fieles a la tradición rebelde de su gremio, los cineastas españoles dieron una nueva lección de irreverencia hacia el Gobierno de turno y convirtieron la gala de los <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2013/02/18/una_blancanieves_muda_blanco_negro_triunfa_los_goya_431_1026.html" target="_blank">Premios Goya</a> en una elegante, pero firme reivindicación de sus aspiraciones. Motivos, desde luego, no les faltan. <strong>El IVA cultural más alto de Europa (21%)</strong>, las pérdidas por una <strong>piratería desbocada</strong> y sin reglas o el<strong> deterioro de la televisión pública</strong> gravitan como una losa sobre el futuro del cine español, que el presidente de la Academia de Cine, <strong>Enrique González Macho</strong>, califica como <strong>“una cuestión de Estado”</strong>.</p><p>Los<strong> gestos reivindicativos</strong> en favor de una industria y una cultura del cine amenazadas salpicaron toda la gala desde los chistes de la presentadora, <strong>Eva Hache</strong>, (“Hay gente que no entiende ni su letra, ¿verdad Mariano?”) hasta las referencias a que el toro más peligroso era Mon-toro pasando por una <strong>Maribel Verdú</strong> que recordó a desahuciados y parados al recoger su premio a la mejor actriz protagonista. Pero el momento más desgarrador de la gala, por su crudeza y sinceridad, fue la breve intervención de<strong> Candela Peña</strong>, mejor actriz de reparto. Es difícil relatar los efectos devastadores de la crisis con menos palabras y más rabia. Esta magnífica intérprete, <a href="http://premiosgoya.academiadecine.com/home/index.php" target="_blank">premiada por su pequeño papel en Una pistola en cada mano</a>, lleva tres años en paro y ha visto morir recientemente a su padre en un hospital público “sin mantas ni agua” mientras teme un negro futuro para su hijo recién nacido. Fue un grito desgarrador, lanzado al cerebro y al corazón de los asistentes a la gala y de los millones de espectadores que seguían la entrega de los premios por Televisión Española.</p><p><strong>Peores pronósticos para 2013</strong></p><p>Lejos de la abierta indignación en escena por el <em>No a la guerra</em> en Irak, que marcó la gala de 2003, o de la impresionante imagen de <strong>José Luis Borau</strong> con las<a href="http://elpais.com/diario/1998/02/01/cultura/886287602_850215.html" target="_blank"> manos teñidas de blanco en contra de ETA en los noventa</a>, los <a href="http://premiosgoya.academiadecine.com/home/index.php" target="_blank">Premios Goya 2013</a> han puesto de relieve, con una fuerza tranquila, que las gentes del cine suelen estar <strong>a la vanguardia de la protesta social</strong>. Tanto los consagrados, como <strong>Javier Bardem </strong>o Maribel Verdú, como técnicos o especialistas sin apellidos populares, desgranaron sus reproches contra los causantes de la crisis en sus intervenciones desde el escenario. En cualquier caso, el pasado año fue la mejor temporada del cine español en casi tres décadas, como se encargó de recordar González Macho, pero matizó que se han recogido ahora los frutos de 2011. Así pues, habrá que esperar al año próximo para calibrar el termómetro cinematográfico de la política cultural del PP. Ahora bien, los cineastas españoles no se muestran optimistas al margen de las inevitables defensas gremialistas.</p><p>Si las <strong>perspectivas económicas aparecen muy sombrías</strong> para el cine, no parece que la capacidad creadora haya mermado a la vista de los cuatro filmes que optaban a mejor película. <strong>Cuatro géneros muy distintos</strong>, cuatro enfoques radicalmente distintos de la narración y cuatro producciones que no tienen nada que envidiar a lo mejor de otras cinematografías europeas. Es más, se trata en dos casos (<em><strong>Lo imposible</strong></em> y <strong>El artista y la modelo</strong>) de películas con una gran proyección internacional al contar con actores y técnicos de varias nacionalidades. En las otras dos candidatas (<strong>Blancanieves</strong>y <strong>Grupo 7</strong>) el riesgo de filmar cine puro en blanco y negro o de rodar un brutal <em>thriller </em>de denuncia se ha visto recompensado con unas críticas muy elogiosas y un aceptable éxito de público. Para aquellos falsos cosmopolitas, que se jactan de no ver películas españolas, el talento del cine nacional goza de buena salud. A pesar de los pesares, <strong>Buñuel, Berlanga, Saura o Almodóvar</strong> tienen dignos seguidores.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Feb 2013 21:50:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
      <media:title><![CDATA[La rebelión de los cómicos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Academia de Cine,Actores,Alejandro Amenábar,Artistas,Cadenas televisión,Cine,Gente,Industria audiovisual,Industria cine,Industria cultural,RTVE,Televisión pública,Premios y galardones,Premios Goya,Cine español,Maribel Verdú,Juan Antonio Bayona,Pedro Almodóvar,Fernando Trueba,Javier Bardem]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una ‘Blancanieves’ en blanco y negro triunfa en los Goya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/blancanieves-blanco-negro-triunfa-goya_1_1086325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bf177f97-01fd-4639-8be9-244e5d0148cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ‘Blancanieves’ en blanco y negro triunfa en los Goya"></p><p>Al lado de<strong> Blancanieves</strong><em>Blancanieves</em>, todo lo demás fueron enanitos en la gala de entrega de los <a href="http://premiosgoya.academiadecine.com/home/index.php" target="_blank">27ª edición de los Premios Goya</a>. Con excepción del incomprensible patinazo en la entrega del premio a la mejor canción original, que la actriz Adriana Ugarte anunció por error para el equipo de <em>Los niños salvajes</em>, el protagonismo fue para la <strong>película de Pablo Berger</strong>. La noche comenzó bien para ella y, a la espera de los premios finales, la única duda que quedaba por despejar era si la Academia consideraba <em>Blancanieves</em> un derroche de técnica y originalidad o todo eso y, además, una obra de arte. El premio a la mejor película, a la mejor actriz protagonista para Maribel Verdú y a la mejor actriz revelación para Macarena García, confirmaban lo que <strong>Juan Antonio Bayona</strong>, merecedor del galardón a mejor director por<strong> Lo imposible</strong><em>Lo imposible</em>, había dicho nada más comenzar la gala: que iba a ser “una noche muy en blanco y negro”. </p><p>Para la que no hubo este domingo premio de consolación fue para <em><strong>El artista y la modelo</strong></em>. La película de Fernando Trueba estaba nominada en las principales categorías y se fue de vacío. Dentro de la disparidad absoluta de géneros y estilos de las cuatro candidatas a mejor película, era la que más se acercaba en propósitos a <em>Blancanieves</em>, y quizá otro año, sin competir con ella, habría sido justa merecedora de algún galardón importante. Como Cristiano Ronaldo sin Messi. Las otras dos patas sobre las que se sostenía la gala –<em>Grupo 7</em> y <em>Lo imposible</em>– se marcharon del auditorio con la cabeza alta. Bayona hizo un emocionado y trastabillado discurso al recibir su Goya como mejor director, en el que reivindicó la ambición por proyectos grandes –algo que sonó a reproche a la concurrencia–, y tras el cual entregó el premio a <strong>María Belón</strong>, protagonista real de la historia del tsunami a la que da vida Naomi Watts en la película.   “Este Goya es para 230.000 personas”, concluyó, en referencia a los fallecidos en el maremoto asiático en 2004.</p><p><strong>Alberto Rodríguez</strong>, director de <em>Grupo 7</em>, estuvo imperturbable toda la noche, como el mudo Nick Cravat junto a Burt Lancaster en <em>El temible burlón</em>. Apenas se levantó para abrazar a algún premiado por su película, como a <strong>Joaquín Núñez</strong> cuando recibió el Goya al <strong>mejor actor revelación</strong> y a Julián Villagrán al recoger el suyo por mejor actor de reparto. Su<em> thriller</em> policiaco no era la gran favorita y quizá arrastrara el exceso de premios al género en la gala del año anterior, en la que <a href="http://premiosgoya.academiadecine.com/home/index.php?otra_edicion=26" target="_blank">No habrá paz para los malvados arrasó sin contemplaciones</a>, como la actuación de la brigada policial de su película con la droga en el centro de Sevilla. </p><p><strong>Dos grandes con dos 'goyas'</strong></p><p>El <strong>Goya honorífico</strong> a toda una carrera fue este año doble. No formalmente, pero se sintió así al ver cómo subían en la misma noche <strong>Concha Velasco</strong> y <strong>José Sacristán</strong> a recoger un premio. La actriz por el mencionado Goya honorífico y él como mejor actor principal por su papel en <em>El muerto y ser feliz</em>. En sus discursos dejaron claro cuánto añoraban este reconocimiento y, si deslizaron algún reproche, fue con suma elegancia, como corresponde a dos de los grandes e indiscutibles del cine español. </p><p>La que disparó con <em>U</em><em>na pistola en cada mano</em> fue <strong>Candela Peña</strong>, premiada con el Goya a mejor actriz de reparto. Su breve discurso resumió por un lado el drama general de un país –“Mi padre murió en un hospital público sin mantas ni agua”– y la pésima coyuntura económica del cine –“Llevo tres años sin trabajar”–, algo de lo que había alertado Enrique González Macho, presidente de la Academia, en su intervención de apertura. </p><p>Otra de las más agasajadas fue la película <em><strong>Las aventuras de Tadeo Jones</strong></em>, que se llevó los <em>goyas </em>al <strong>mejor guión adaptado</strong>, <strong>mejor director novel y mejor película de animación</strong>. Como anécdota reveladora de lo lejanos que están el mundo del dinero y el del arte, valgan los agradecimientos de sus productores “a Julio Ariza, presidente del Grupo Intereconomía, y a Telefónica, gracias, César”, es de suponer que Alierta. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Feb 2013 21:50:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio G. Maldonado]]></author>
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