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    <title><![CDATA[infoLibre - Pegados a la tele]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Pegados a la tele]]></description>
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      <title><![CDATA[Adiós a Antonio Mercero: de 'La cabina' a 'Verano azul']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/adios-antonio-mercero-cabina-verano-azul_1_1092391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/50fa05ec-e464-40a4-811c-b5601a3e1a23_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós a Antonio Mercero: de 'La cabina' a 'Verano azul'"></p><p>17 de julio de 1972.<strong> José Luis López Vázquez</strong> entra en una cabina de teléfono segundos después de que Antonio Mercero grite: “Rodando”. Es el comienzo de <strong>una obra singular, chocante y provocadora de múltiples lecturas.</strong> El hombre preso en la cabina, primero despierta la sonrisa, luego el desasosiego, más tarde la indignación contra transeúntes y viandantes que fingen una ayuda de compromiso, pero no se implican en liberar al atrapado; los críticos profesionales, que acuden al pase privado, se “meten” en la trama, se angustian con los vanos intentos de López Vázquez para salir del cubículo, transformado en claustrofóbica cárcel acristalada. Tras la proyección, coincidencia general en el elogio, y disparidad en la interpretación de los mensajes.</p><p>La obra, sin emisión prevista en TVE, viaja al Festival de Montecarlo, donde es seguida con emoción hasta un final seguido de ovaciones y críticas entusiastas… excepto para el jurado, decidido a silenciar la producción de TVE <strong>como repulsa a la represión política perpetrada por el régimen de Franco</strong>. Sin embargo, los periodistas acreditados deciden el voto por criterios exclusivamente artísticos y otorgan sus premio al trabajo de Mercero. Poco después, <em><strong>La cabina</strong></em> recibe el Emmy de la Academia de Televisión de Estados Unidos, primera vez que una producción española recibe ese galardón, equivalente a los Oscar cinematográficos.</p><p>Tal y como había ocurrido con <em>Historias de la frivolidad</em> de Ibáñez Serrador, <strong>los premios obligan por fin a los directivos a emitir el programa, que tuvo un tremendo impacto en la audiencia.</strong> “El momento decisivo –diría años después su autor– es cuando le llega el guión al director de la primera cadena, Salvador Pons, le gusta y dice que lo haga ese chico que ha realizado los primeros capítulos de <em>Crónicas de un pueblo</em>, a ver qué pasa. Aquel fue el día clave de mi vida, porque de repente sacas adelante un trabajo que da la vuelta al mundo”.</p><p>Hasta ese momento, Mercero era uno más de los directores salidos de la Escuela de Cinematografía a comienzos de los sesenta, <strong>que malvivía entre cortometrajes y alguna película de escaso presupuesto. </strong>Como tantos más de sus compañeros, llegó a TVE tras el nacimiento de la Segunda Cadena, donde iba realizado los encargos que recibía. “Este trabajo me daba para malvivir –nos contaba para el <em>Ya–</em>, por lo que, durante casi dos años, lo compaginaba con algunos reportajes y documentales para el NO-DO. No os podéis imaginar la sensación tan tremenda que se produce cuando crees que sirves para algo, pero no ves la forma de demostrarlo. Llegas a pensar que te has equivocado de camino, porque no encuentras una salida”. Afortunadamente, tras este éxito, realiza un original <em>Don Juan</em> (premiado con la Rosa de Oro en el Festival de Montreux) y, sobre todo <em>Ese señor de negro</em>, una serie ideada por Antonio Mingote, en la que José Luis López Vázquez repite como protagonista.</p><p><strong>El gran éxito popular de 'Verano azul' </strong></p><p>En 1979, Mercero recibe el encargo de TVE para dirigir <em><strong>Verano azul</strong></em>,<strong> una serie de alto presupuesto que habría de rodarse en una población costera. </strong>“Estuvimos rodando en Nerja (Málaga) entre agosto de ese año y diciembre del siguiente –recordaba varios años después–. Hice la serie porque me parecía divertido contra la historia de esos chavales durante un verano, con un viejo marinero que les quiere mucho, y una pintora con la que se entienden mejor que con sus padres… El éxito fue increíble, aunque al principio no me enteré; se empezó a emitir a las cuatro de la tarde de un domingo, sin ninguna promoción...”.</p><p>Los 19 capítulos se estrenan entre octubre de 1981 y febrero de 1982. La serie <strong>rompe con esquemas heredados de la televisión franquista al tratar abiertamente cuestiones entonces delicadas o novedosas </strong>como el divorcio, las libertades, el derecho de protesta, la especulación inmobiliaria, el medio ambiente o los conflictos generacionales; incluso el lenguaje coloquial –con tacos incluidos– respiraba naturalidad. Dentro de un reparto coral, en el que la pandilla protagonista prácticamente debuta ante las cámaras y los adultos son profesionales conocidos, destaca Antonio Ferrandis, actor con decenas de películas a sus espaldas y un Premio Nacional de Teatro que fue, a partir de entonces, Chanquete, un sobrenombre que le acompañó durante el resto de sus vida, hasta el punto de que en la noticia de su muerte, casi veinte años después, los periódicos titularon con el alias por delante del nombre con el que había nacido.</p><p>Pero no era solo Ferrandis. María Garralón debe al papel de la comprensiva pintora más popularidad que al resto de su carrera, y a cada miembro de la pandilla<strong> le surgen ofertas para otros papeles e incluso para meterse en el mundo de la canción.</strong> Por cierto, canciones como el <em>No nos moverán</em>, cantada por los protagonistas para defender la vieja barca del antiguo marinero, o <em>El final del verano</em> del Dúo Dinámico volvieron a ponerse de actualidad en todas las emisoras.</p><p><strong>La realidad presente en la vida diaria</strong></p><p><em>Verano azul </em>fue comprada, casi de inmediato, por todos los países latinoamericanos, pero también por Francia, Portugal, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, Croacia, Argelia, Angola… En TVE se emitió nuevamente en ese mismo verano de 1982, y se repitió otras cinco veces entre 1987 y 1995. También se ha exhibido en canales temáticos y autonómicos. Aunque en su estreno no existían medidores fiables de audiencias, en 1995 TVE afirmaba que<strong> más del 91% de los españoles habían visto al menos un capítulo de la serie. </strong>Nerja estuvo a punto de convertirse en un parque temático con la calle Antonio Ferrandis, <em>Chanquete</em>; el Paseo Marítimo Antonio Mercero, el parque Verano azul (con una réplica de <em>La Dorada</em>, la barca de Chanquete), y apartamentos, agencia de viajes y restaurante con el nombre de la serie.</p><p>Pero Mercero, encantado con el éxito, nunca quiso que su carrera quedara anclada en él (“Si llega a rodarse en Estados Unidos, no me hubieran dejado matar a Chanquete –decía–; pero no me he arrepentido por haberlo hecho. <em>Verano azul</em> contaba la historia de un solo verano; alargarla más tiempo no tenía sentido”). Prosigue su carrera cuidando con mimo cada nuevo proyecto; con <em>La Gioconda está triste</em> vuelve a ser premiado en Montecarlo, <strong>pero este tipo de películas, como las realizadas directamente para la gran pantalla, no le otorgan el reconocimiento logrado con las series</strong>.</p><p>A mitad de los ochenta, TVE acepta los guiones de su nuevo proyecto; se trata de <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/series-en-el-archivo-de-rtve/turno-oficio-capitulo-1/75134/" target="_blank"><em>Turno de oficio</em></a>. El escenario natural pasa de las playas del sur al Madrid de la época. Los juzgados de Plaza de Castilla, la histórica cárcel de Carabanchel, los barrios marginales de la ciudad, acogen las peripecias de Juan Luis Funes, <em>El Chepa</em> (Juan Luis Galiardo), Cosme, <em>Pedete </em>(Juan Echanove), y Eva (Carmen Elías). Son tres abogados del turno de oficio, letrados que representan a quienes no pueden pagar su defensa y que <strong>se ven obligados a implicarse en los circuitos de la droga, la violencia juvenil, los malos tratos a las mujeres, e incluso violaciones. </strong>También tendrán que relacionarse con delitos del ámbito profesional, como negligencias médicas o prevaricación judicial.</p><p>Para Echanove, el papel de frustrado opositor de notarías y luego abogado en ejercicio supone acceder al público mayoritario y relanzar su carrera de actor en teatro, cine y TV. El salto fue cualitativamente mayor para Galiardo: hasta entonces encasillado en papeles de galán, su papel como abogado cínico, bebedor, mujeriego y jugador, pero también lleno de compasión y ternura,<strong> le permite demostrar una versatilidad como actor que afianza su posterior carrera</strong>. Al lado de ambos, de sus complicidades y desencuentros, Carmen Elías llena la escena en cada una de sus apariciones como Eva, equilibrio y contrapeso de sus “excesivos” compañeros. Y la impecable Irene Gutiérrez Caba, como doña Marina, madre de Cosme-Echanove, pone el contrapunto conservador y burgués al tono progresista de los tres abogados.</p><p>Los 17 capítulos son seguidos con atención, reciben premios, pero, sobre todo, dejan en la memoria la certeza de que se ha hablado de<strong> realidades (por desagradables que muchas lo sean) presentes en la vida diaria.</strong> El recuerdo es tan positivo que facilita que casi diez años después se realice una segunda parte con todos los actores de la primera, excepto Irene Gutiérrez Caba, que había fallecido poco antes. Tampoco va a estar el creador, Mercero, que se había pasado al campo de las televisiones privadas.</p><p><strong>Una 'Farmacia de guardia' para el despegue de Antena 3</strong></p><p>Tras treinta años largos de televisión única, el final de la década de los ochenta ve el nacimiento de canales privados de televisión con difusión nacional y emisión en abierto. Nacen Telecinco y Antena 3, y esta última apuesta sobre seguro al contratar al autor de <em>Verano azul </em>para que realice una serie de largo recorrido, <strong>con la que fidelizar un público estable tras el informativo de las nueve de la noche.</strong> En septiembre de 1991 se estrena<em> Farmacia de guardia</em>, reproduciendo en estudio una farmacia de la madrileña calle de Alcalá.</p><p>Se trata de una típica comedia de situación que gira alrededor de la farmacéutica Lourdes Cano (Concha Cuetos), de sus hijos Isabel (Eva Isanta), Guille (Julián González) y Quique (Miguel Ángel Garzón), y su exmarido Adolfo Segura (Carlos Larrañaga). Toda la trama se desarrolla en el estrecho marco de un estudio en el que se mueven, junto a los protagonistas principales, una pareja de la Policía, las chicas del club de alterne del cercano club de alterne La Gata con Botas, los amigos de Guille y Quique, la auxiliar de la farmacia, el personal del bar de enfrente, los clientes habituales... aunque <strong>el centro de la trama se sitúa en la farmacia y en su trastienda </strong>(la tradicional rebotica), y en la relación entre Lourdes y su exmarido Adolfo.</p><p>A diferencia de las anteriores series de Mercero, aquí no hay límite temporal ni temático,<strong> lo que permite prolongar la historia tanto como den de sí las peripecias escrita por los guionistas…</strong> que fue mucho, ya que entre 1991 y 1995 se emitieron 169 capítulos. Diálogos vivos, y ese entremezclar peripecias de personajes secundarios con las relaciones familiares de los protagonistas, se sumaron a la habitual mezcla del autor (ya saben, humor, dolor y ternura) y a la duración de tan sólo 30 minutos semanales para conformar un éxito estable.</p><p>Cuando, a finales de 1995 se emite el último capítulo, <strong>registra más del 60% de audiencia y se convierte en la serie más vista desde que existen las televisiones privadas.</strong> Durante esos cinco años gana cuatro veces el premio de la revista <em>TP</em> a la mejor serie española y Concha Cuetos y Carlos Larrañaga se alzan, por cinco veces consecutivas, con el de mejor actriz y mejor actor de series españolas. Al margen del largometraje basado en ella, <em>Farmacia de guardia</em> se ha repuesto en televisiones autonómicas y canales privados varias veces con buenos resultados de audiencia.</p><p>Un año antes de esa despedida, Antonio Mercero dirige los trece capítulos de la serie <em>Manolito Gafotas</em>, con el personaje creado por Elvira Lindo como protagonista. Una y otra son sus últimas tareas continuadas para televisión. En el cine, donde su películas no han logrado el éxito y popularidad obtenidos en la pantalla doméstica, realizará en 2007 <em>¿Y tú quién eres?</em> sobre la realidad del alzheimer, ese ladrón de memoria que provoca la brutal paradoja de que seamos nosotros, los antiguos espectadores,<strong> los que guardemos los recuerdos de él y de su trabajo.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 May 2018 11:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós a Antonio Mercero: de 'La cabina' a 'Verano azul']]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los telediarios de la Transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/telediarios-transicion_1_1092596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8c5412a5-9948-4d29-95af-8827975aa5d3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los telediarios de la Transición"></p><p>“Que no, Manolo, déjate de portavoces; esto lo tienes que contar tú en directo. Vente y sales a las tres en el Telediario”. En la sala de Informativos de Prado del Rey todo el mundo mira en silencio a<strong> Lalo Azcona</strong>, 25 años y director del TD1, mientras habla, con ese tono perentorio,  con el vicepresidente del Gobierno para la Defensa, el Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado. <strong>Pepe Cavero, su mano derecha, y Ramón Barro, subdirector, son los primeros asombrados</strong>; ambos llevan años en la información y en RTVE, han visto a directores de Informativos contestar demasiadas veces “sí, señor ministro”, para que no les choque lo que acaba de hacer su jovencísimo jefe…  Pero, unos minutos antes de las tres, <strong>ven aparecer a Gutiérrez Mellado y sus escoltas por el  pasillo, y unos minutos más tarde aparecer en los monitores respondiendo a Lalo y defendiendo</strong>, ante toda España, las razones para introducir cambios en las Fuerzas armadas y en el país. </p><p>La escena tenía lugar a <strong>principio de otoño de 1976,</strong> pero el precedente arranca el 3 de julio anterior cuando, contra todo pronóstico, el Rey nombra Presidente del Gobierno a Adolfo Suárez; tres semanas más tarde, el recién nombrado designa director de RTVE a Rafael Ansón, su antiguo jefe en Relaciones Públicas de Presidencia. Uno y otro<strong> tienen muy claro que la televisión sea pieza clave en la reforma del Régimen heredado</strong>; han pasado los tiempos de defenderse desde la pantalla de las acusaciones del exterior; ahora hay que convencer a los españoles de que la solución no está en los herederos del franquismo, ni en los opositores al Dictador que pretenden la ruptura. Frente a “los nostálgicos del pasado” y “el salto al vacío”<strong>, defienden la “reforma democrática”, y para ello Ansón decide eliminar a los llamados “bustos parlantes” de los telediarios</strong> (locutores que se limitan a leer ante cámara lo que les han escrito y dan paso a noticias decididas en los despachos), y sitúa en su lugar a periodistas que presenten las informaciones que ellos mismos han decidido incluir. Serán <strong>Lalo Azcona</strong> en el TD1, <strong>Eduardo Sotillos</strong> en el de las nueve de la noche,<strong> Fernando Ónega</strong> en el de cierre, y <strong>Miguel Ángel Gozalo </strong>en la Segunda Cadena. Las pruebas previas no convencen a Ónega, que se apea del proyecto y es sustituido por<strong> Pedro Macía</strong>. </p><p><strong>Lalo Azcona</strong> había trabajado en <em>La Nueva España</em> antes de entrar en Radio Nacional; en la emisora dirigía y presentaba uno de los diarios hablados, cuando recibió la llamada de Ansón. <strong>Sotillos</strong> comenzó a trabajar en Radio Juventud en 1957 y dos años después ingreso como locutor en RNE. En la emisora presentó todo tipo de programas hasta que se le encargó “Última Edición”, solo unos meses antes de pasar a TVE. También se había iniciado en Radio Juventud (1961) Pedro Macías; de allí a RNE y, en 1963 ingresa en TVE como locutor y presentador; hasta el 70 participa en todo tipo de espacios, pasa dos años fuera de televisión dedicado a tareas de relaciones públicas y en 1973 regresa para ser el presentador  principal del primer telediario, hasta que Rafael Ansón le encomienda la dirección del informativo de cierre. <strong>Miguel Ángel Gozalo</strong> provenía de la prensa y la radio; había comenzado en 1960 en el <em>diario SP</em>, de allí paso a la agencia Europa Press como redactor jefe y a los diarios<em> Madrid</em> e <em>Informaciones</em>; con <em>ABC </em>fue corresponsal en Bonn y París, antes de ser nombrado director de informativos de la cadena SER y ser llamado a TVE para hacerse cargo de las noticias en la Segunda Cadena con el espacio Redacción Noche, al que se incorporan <strong>Joaquín Arozamena y Victoria Prego</strong>.</p><p>Tras el compromiso con TVE, Rafael Ansón envía a los cuatro de viaje; quiere que vean como se están  haciendo los telediarios en los países más avanzados y, en cuanto regresan de la rápida gira, les hace debutar en pleno verano. `Yo creo –recordaba Lalo- que el Director General tenía unas instrucciones específicas: <strong>preparar el camino de la democracia y utilizar la televisión como una herramienta para normalizar la vida política española</strong>. Que los espectadores entendieran por qué era necesaria la democracia era uno de los objetivos más repetidos en aquellos momentos, cuando aún no se habían legalizado los partidos políticos, ni las centrales sindicales”.    </p><p><strong>Sorpresa en los espectadores</strong></p><p>Los espectadores contemplan al principio con sorpresa los nuevos aires en los Informativos de TVE. <strong>El primero que choca es “ese chico de las tres”</strong>; Lalo tiene 25 años –es hasta el día de hoy el más joven director de un telediario-, lleva desabrochado el último botón de la camisa, que no acierta a tapar el nudo medio torcido de la corbata, y <strong>se dirige a cada espectador como si hablara solo para él</strong>. Complementa su estilo directo con una naturalidad impropia de un debutante y rompe los esquemas clásicos de presentador parapetado tras su mesa. En ese otoño está a punto de salir el periódico <em>Diario 16</em>, que pretende basar su campaña de lanzamiento con la canción “Libertad sin ira” del grupo Jarcha pero, aunque ya no hay censura previa, carece de “permiso de radiodifusión”; un día (debía ser bien mediado septiembre) <strong>Azcona aparece a las tres de pie ante las cámaras y dice que se han propagado rumores “infundados” sobre la prohibición de la canción </strong>y, para demostrarlo da paso al grupo que canta en directo sobre un país en “que una vez hubo una guerra” y clama por “libertad, sin ira libertad, guárdate tu miedo y tu ira”, y que culmina con “libertad, libertad, sin ira libertad, y si no la hay, muy pronto la habrá”, mientras Lalo les escucha de pie. Cuando terminan, se sienta tras la mesa, e inicia el relato “normal”. ¡Aún no ha pasado un año de la muerte de Franco! El 18 de octubre sale a la calle el nuevo periódico, después de que toda España haya escuchado docenas de veces la canción. </p><p>Eduardo Sotillos, ya veterano en Radio Nacional, <strong>crea una amplia mesa en la que se sientan diversos especialistas de cada campo informativo dentro de la propia redacción</strong>. Consigue así un informativo más coral en el que dirige el conjunto pero va dando paso a redactores que introducen las noticias de Internacional, Política, Laboral, etcétera;  variante que se ha usado y sigue usándose en múltiples informativos. Por su parte, Pedro Macías y Miguel Ángel Gozalo realizan una presentación más convencional, pero todos asumen el papel de directores de su propio telediario y disponen de un equipo de redacción específico a sus órdenes. </p><p>Son momentos muy delicados para la incipiente democracia: los conflictos laborales se multiplican, pero la gran amenaza proviene de fuerzas que pretenden dinamitar el proyecto provocando una tremenda inestabilidad: se incrementan las acciones terroristas de ETA y GRAPO, mientras la extrema derecha protagoniza asesinatos como el de los abogados laboralistas de Atocha. La apertura política pasa su prueba más exigente con la legalización del Partido Comunista el Sábado Santo de 1977, y Lalo Azcona presenta a media tarde un avance especial para dar la noticia a toda España. “En aquella época –recordaba el presentador- <strong>sólo había una televisión y era de verdad la del cambio. Nunca había visto nadie en la televisión a los líderes sindicales o de los partidos porque hasta entonces estaban en la cárcel y esas organizaciones eran ilegales</strong>. Todo aquello que se contaba y que era muy nuevo, cuando lo contabas en la televisión tenía una repercusión gigantesca. Tuve la suerte de estar en un momento de enorme visibilidad”. </p><p>Al equipo nombrado por Ansón le corresponde cubrir las primeras elecciones democráticas en más de cuarenta años; todo es nuevo en televisión: hay que conectar con los mítines de los partidos políticos y abrir la pantalla a líderes que solo unos meses atrás eran perseguidos por la policía. Un Adolfo Suárez en plena forma echa mano de su amigo, y extraordinario realizador y director, Gustavo Pérez Puig, para lanzar desde TVE su famoso “Puedo prometer y prometo” que le daría el triunfo electoral. Previamente –genio y figura- Lalo ha metido en el set del telediario una pizarra y ha explicado a la audiencia las peculiaridades de la votación y del sistema electoral recientemente aprobado. <strong>En la redacción se vive un clima de competencia entre los equipos de cada uno de los telediarios; compañeros y amigos de antes y después de esta etapa, hablan poco entre ellos de cada minutado, de cada invitado que se va a traer a estudio, de cada reportaje en preparación</strong>. Al final de cada emisión se jalea cada acierto, se lamenta cada error, como recuerda Lalo: “Cuando salía algo especialmente bien, recuerdo al subdirector, Ramón Barro, lleno de socarronería gallega, bajar al estudio indignado y decir: '¡Mal, muy mal! Os lo he dicho veinte veces, no se puede hacer un buen telediario, porque paralizamos el país, cuando lo que hace falta es que siga en marcha”. </p><p>Cuando termina la primera temporada del nuevo modelo se produce un fenómeno inédito: en la clasificación de los más populares figuran los consagrados Payasos de la tele, Kiko Ledgard, Iñigo, Félix Rodríguez de la Fuente… pero junto a ellos aparecen Lalo Azcona y Eduardo Sotillos, muestra evidente de que el modelo de telediarios personalizados ha calado en la audiencia, <strong>ya no son “bustos parlantes”, sino protagonistas con estilo propio tal y como se hace en las televisiones de Francia, Reino Unido, o Estados Unidos de América</strong>. Se vivía un espíritu que Lalo Azcona recordaba años después: “Todos participábamos de una forma activa en aquello; no éramos unos simples cronistas de lo que pasaba, sino que nos sentíamos tocados por una especie de mandato especial.  Fue una situación irrepetible. Cuando ya llevábamos más de un año viviendo una gran tensión, nos dimos cuenta de que aquello empezaba a agotarse y, en febrero de 1978, nos marchamos todos a la vez”. En realidad, en que el otoño había cesado Rafael Ansón y el nuevo Director General, Fernando Arias-Salgado (hijo del ministro que en 1956 había inaugurado la televisión en España), hablaba de “reordenar la redacción”, lo que se traducía en quitar competencias a los directores de telediarios y, en definitiva, volver al modelo anterior en que el día a día informativo no dependiera de ellos. <strong>T</strong><strong>ras varias reuniones con Ramos Losada, director de TVE, los cuatro periodistas, que habían protagonizado el cambio en la información, dimiten al unísono</strong> y cierran un experimento que tardaría muchos años en repetirse.</p><p>Treinta y cinco años después,<strong> Lalo Azcona, </strong>que dejó el trabajo periodístico en 1983, es un importante empresario y consultor en asuntos de comunicación; <strong>Eduardo Sotillos</strong> está centrado en tareas políticas, dentro del PSOE de Madrid, estuvo al frente de telediarios en fechas posteriores y dirigió radio Nacional en la etapa de Pilar Miró; <strong>Miguel Ángel Gozalo</strong> siguió su carrera como periodista y presidió la Agencia EFE durante las dos legislaturas de Aznar como Presidente del Gobierno. <strong>Pedro Macías</strong> siguió vinculado a TVE varios años y se dedicó después a negocios en el terreno de la comunicación. Falleció en 2012 víctima de un cáncer. </p><p><strong>Más en la red</strong></p><p><a href="http://carta-de-ajuste.blogspot.com.es/2012/09/lalo-azcona-y-carrillo.html" target="_blank">Lalo Azcona y Carrillo</a></p><p><a href="http://elmundano.wordpress.com/tag/lalo-azcona/" target="_blank">Un siglo de canciones 97: “Libertad Sin Ira” (por Rodri)</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[José María Aznar,PSM-PSOE,RTVE,España,Pegados a la tele]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Hermida, cincuenta años de televisión a su manera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/hermida-cincuenta-anos-television-manera_1_1092504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3841655b-2b97-4fd2-8e68-9780d046445d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hermida, cincuenta años de televisión a su manera"></p><p>Finales de los años cincuenta. España vive la penuria económica anterior a los Planes de Desarrollo. <strong>En Madrid, un joven Jesús Hermida ha terminado los estudios de Periodismo, tras dejar atrás la facultad de Filosofía y los mal pagados trabajos de administrativo</strong>, con los que ha ido tirando desde que llegó desde la provincia de Huelva. Escribe en la revista católica <em>Signo</em> y pública colaboraciones en distintos medios, pero no le llega para pagar la pensión.</p><p>En parecida situación está el resto de su grupo de amigos; todos han terminado sus carreras, pero <strong>los inicios profesionales son duros, y ninguno disfruta de la situación profesional y económica que todos alcanzaran años después</strong>. Pero el que peor lo está pasando es Jesús, hasta que a uno de los miembros del grupo, médico de profesión, se le ocurre la idea salvadora: le ingresa en el Gran Hospital de Diego de León, como enfermo, y desde allí escribe sus colaboraciones periodísticas. Son meses de ahorro de pensión y manutención, hasta que los ingresos dan de sí para “obtener el alta”, y volver “curado de bolsillo” a la vida normal. Simultanea <em>Signo</em> con la agencia<em> Europa Press</em>, y hace reportajes para <em>La Actualidad Española</em>, hasta que <strong>Emilio Romero le llama al diario Pueblo en donde pronto destaca a toda página con su Match Hermida</strong><em>Pueblo</em>, un combate diario con la información, en el que luce un estilo muy personal. Un redactor jefe del periódico le anima a sacarse un dinero extra colaborando en TVE y Jesús lo hace, aunque la primera experiencia le hace exclamar “esto es una mierda”<strong>. En Prado del Rey conoce  a Pepe Casas, el gran responsable de Informativos durante más de diez años. </strong>Con él charla de cualquier cosa, pero sobre todo de periodismo,  “Un día –recordaba Hermida- discutiendo sobre televisión y los informativos, le dije cómo yo creía que se debía hacer eso; <strong>le expliqué como había hecho esa mañana una entrevista a Adenauer</strong> y él me dice ¿a que no sales esta noche en el último Telediario? Y salí; era en primavera de 1966”. De<em> Pueblo</em> pasa a<em> Informaciones</em>, ya como redactor jefe, mientras sigue en la tele. A principios de 1968, Pepe Casas, que es ya más amigo que jefe,<strong> le anuncia que ha propuesto al ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne, que le nombre corresponsal en Nueva York</strong>. “Sospeché –contaba el periodista– que dio el visto bueno porque hacíamos el Telediario más liberal. Recuerdo que en el de las nueve daban la versión oficial (que era la americana) de la guerra de Vietnam, mientras que la nuestra era diferente, propia de los progres de la época. Creo que Fraga quiso dar la sensación de liberalizar la televisión desde fuera, ya que no podía desde dentro”.</p><p><strong>De Nueva York, a la Luna </strong></p><p><strong>Hermida llega a Nueva York el 4 de abril de 1968, el mismo día en que Martin Luther King es asesinado. </strong> Pocos meses después cubre el también asesinato de Robert Kennedy, pero sobre todo es el tiempo de absorber el modo americano de hacer información. Jesús ve todos los canales de noticias, sigue a los grandes comunicadores, pero, sobre todo<strong> se enamora del estilo de Walter Conkrite.</strong> De su mano, y del ritmo pausado de su voz,  confirma que comunicar información no es decir muchas palabras en un minuto, sino dejar lugar para el énfasis, para el segundo de silencio que hace brillar la frase posterior. Descubre, en los grandes presentadores, que él tenía razón: que lo importante no es dar noticias, que l<strong>o que marca al público es contar historias, un leiv motiv que Jesús no va a dejar de lado nunca</strong><em>leiv motiv</em>. El final de los sesenta es también el momento cumbre para el programa Apolo, unos viajes al espacio que luchan para cumplir el sueño<em> kenediano</em> de que un hombre –es decir, un americano- pise la Luna. “Pronto hice amigos en la NASA, porque muy pocos corresponsales cubrían el programa al completo como yo hacía. Aquel 20 de julio de 1969, los corresponsales y enviados especiales no cabíamos en las instalaciones de Houston. Nos habían montado unas cabinitas en un pasillo, cada una con un monitor, y a eso de las nueve de la noche, hora de Texas, <strong>vimos a Armstrong pisar el suelo lunar</strong> y oímos unas palabras ininteligibles, todos asomamos la cabeza al pasillo y gritamos ¿¡Qué ha dicho!? Y la coordinadora nos trajo un papelito en el que tampoco se entendía nada entre la jerga científica del programa espacial y las abreviaturas que usaba, <strong>pero había que transmitir a la madrugada española la emoción del momento histórico que presenciaba, y eso es lo que intenté</strong>”.  Y media España no durmió aquella noche frente a unas imágenes en blanco y negro, a ratos medio borrosas, pero que el corresponsal describía con entusiasmo y los trucos que ya conocía: pausas, exclamaciones, repetición de frases e imaginación, mucha imaginación para hacer vivir la emoción del momento, aunque no entendiera nada, o muy poco, de lo que los tres astronautas comunicaban a la Tierra. </p><p><strong>T</strong><strong>ras la gran noche, la vida sigue en Norteamérica y Jesús Hermida nos lo cuenta desde Nueva York.</strong><em>gran noche</em> Manda crónicas para los telediarios sobre los avatares de la guerra de Vietnam y las protestas contra ella, de los movimientos por la paz y los derechos civiles, de las investigaciones de unos periodistas de Washington sobre escuchas ilegales del Partido Republicano y la posterior caída de Nixón. Envía también reportajes para los espacios no diarios y realiza una colaboración permanente para la cadena mexicana Televisa. De tarde en tarde aterriza en Madrid, pero casi siempre, de visita, o llamado por la dirección. El es ya un ciudadano del mundo que ejerce el periodismo en su capital. Es <em>La Ciudad</em>, y no imagina otro sitio donde estar… pero llega 1978 y la orden de regreso a España. Jesús había llegado con 31 años. Ya ha cumplido los 41. <strong>Ha sido una década fundamental de su vida de la que se despide pagando de su bolsillo un último mensaje en la pantalla gigante de Times Square: “Gracias, New York. Jesús Hermida”</strong></p><p><strong>Un doloroso regreso</strong></p><p>La vuelta es difícil.  “Traje doce proyectos y todos me los tiraron a la papelera.  Sé que me quisieron hacer la vida imposible; es más, un alto directivo dijo algo así como <em>de ese me encargo yo</em>, y estuve un año sin hacer nada”. En esa España, ya sin Franco, los acontecimientos políticos se suceden, pero el ritmo de la información en TVE descorazona al recién llegado.<strong> Se hace cargo del suplemento dominical de El País</strong>, inicia trabajos en la radio, hasta que le llega un encargo de televisión para hacer entrevistas. Nace<em> De Cerca</em>, con la realización de <strong>Luis Tomás Melgar</strong>, un profesional de la imagen lleno de sensibilidad para retratar lo sustantivo del invitado. Centra el decorado en dos personas que conversan, aleja lo superfluo, lo que distrae, y fija la cámara en el gesto, en el detalle de ojos o manos, en planos de escucha que implican asombro, extrañeza, interés, complicidad…; no se habían visto en TVE entrevistas así desde la desaparición de “<em>A Fondo</em>”, <strong>el referente creado por el maestro Joaquín Soler Serrano</strong>. Y Hermida hace como que no pregunta, que solo conversa, y se producen confesiones y diálogos que calan en el espectador. Hace después <em>Crónica 3</em> y <em>Su Turno</em>, hasta que en 1983 le obligan a optar entre radio y televisión y elige la primera. En Antena 3 de radio hace primero <em>Hora Cero</em>, luego el matinal <em>Viva la Gente</em>. Por esa época declara:<strong> “Aquí la televisión se creó política y, como consecuencia de ello, ha tenido un desprecio infinito al espectador, que no cuenta</strong>. Entre otras cosas, porque en este país durante muchos años el espectador no ha tenido voz, como no ha tenido voto. Yo creo que el espectador debe mandar, pero la televisión era el reflejo de una dictadura y, acabada esta, de dictaduras personales”. </p><p><strong>En el último tramo de 1986, toma las riendas de TVE Pilar Miró</strong>. La directora tiene en mente hacer la programación ininterrumpida durante las 24 horas y una de las piezas clave en esa dirección es fortalecer las mañanas, para lo que opta por <strong>Jesús Hermida, que se pone manos a la obra para estrenar en el comienzo de 1987</strong>. Sin embargo, ni uno ni otro has reparado en una normativa de entonces que prohíbe la presencia en pantalla de nadie que haya aparecido en publicidad hasta pasados tres meses (una normativa chocante con la realidad de hoy, en que la misma persona que nos recomienda tal aseguradora o tales cremas faciales, comparece un minuto después para, con toda seriedad, comunicarnos una importante decisión política, o un trágico suceso). El estreno de <em>Por la mañana</em> ha de retrasarse hasta abril, pero <strong>desde el primer día conecta con un público que sigue series, concursos, entrevistas y curiosidades, que entretienen e informan.</strong> Jesús Hermida conduce el conjunto, pero se apoya en alguna profesional veterana, como <strong>María Teresa Campos</strong> y “descubre” a una serie de personas que van a ser conocidas como <em>Chicas Hermida</em> –aunque ni a uno ni a las otras les encante el apelativo–, muchas de ellas con un posterior y exitoso recorrido televisivo.</p><p>Ahí se estrenan ante el gran público<strong> Nieves Herrero, Inma Soriano, Consuelo Berlanga, Mirian Díaz Aroca</strong>… Durante cuatro horas se suceden géneros distintos, entradas y salidas al plató, sainetes e improvisaciones, pero nunca se da impresión de batiburrillo, de desorden. Con la ayuda, una vez más de Melgar, <strong>Jesús Hermida crea un género televisivo que, con las características individuales de cada conductor, pervive hoy en las grandes cadenas</strong> (En TVE conducido por una debutante en el siguiente programa, Mariló Montero). </p><p>Tras más de dos años, cambio de nombre y hora. Se emite en la sobremesa y el título es toda una declaración de intenciones <em>A mi manera</em>. A esta hora, <strong>Jesús introduce la tertulia como ingrediente. Pero no es una tertulia al uso, sino una conversación a varias bandas</strong>, alrededor de una mesa de camilla, en la que Hermida dirige más que interviene, y en la que cuenta con invitados inhabituales de este formato, pero que elevan tono e interés, como es el caso de <strong>Camilo José Cela</strong>, que, por cierto, no se privó de comparecer ni siquiera el día en el que le comunicaron que había obtenido el Nobel de Literatura. “Con Nobel, o sin Nobel, estaré a mi hora” le dijo a Jesús (¡Menudo era el gallego enfadado!).   </p><p>En 1991 el periodista va a dar el salto a la televisión privada, pero antes, vuelve a casi sus orígenes en TVE y se hace cargo de un telediario durante la temporada de despedida de la que ha sido su casa desde 25 años antes, a pesar de alguna inoportuna interrupción. En Antena 3 Televisión, Jesús ocupa cargos directivos, pero sin olvidar su presencia en pantalla:<em> El Programa de Hermida</em>, C<em>on Hermida y Cía</em>, <em>La hora H, Sin Límites</em>… le sirven para completar el círculo profesional: <strong>Ha hecho reportajes, ha dirigido y presentado telediarios, ha sido corresponsal durante una década, ha creado la programación matinal y ha dado sentido a la de tarde, pero en esta cadena va a dignificar el Late Nigth</strong>, ese segundo Prime Time que, lejos de estridencias o procacidades prolonga hasta la madrugada un tiempo de televisión para ver y escuchar con polémicas de actualidad y opiniones inteligentes. </p><p>En los últimos años, y tras un paso por los informativos de Castilla-La Mancha Televisión, Jesús Hermida se dedica la enseñanza y realiza esporádicas intervenciones en TVE con programas concretos. El último de ellos, una conversación con el rey de España, origina multitud de críticas, al no aparecer en ella preguntas sobre la implicación de su yerno en negocios investigados por la Justicia, o el accidente de Juan Carlos durante una cacería de elefantes en África. Lagunas periodísticamente inaceptables, pero que en modo alguno pueden rebajar <strong>el papel que Jesús Hermida ha representado en la historia de la televisión en España</strong>. </p><p><strong>Más en la red</strong> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Aug 2013 16:32:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hermida, cincuenta años de televisión a su manera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Antena 3,Estados Unidos,Nueva York,RTVE,España,Pegados a la tele]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El hombre que enseñó a amar a los animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/hombre-enseno-amar-animales_1_1092501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/41ef4697-1b00-4600-8353-4b11864b58eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que enseñó a amar a los animales"></p><p>23 de marzo de 1973. Once personas, capitaneadas por el doctor<strong> Félix Rodríguez de la Fuente</strong>, son trasladadas en helicóptero hasta la cumbre del <strong>Cerro Autana</strong>, a 1.400 metros de altura sobre el mar, más de 440 sobre la venezolana selva del <strong>Orinoco. </strong>El monte, horadado por cuevas en sus verticales paredes, es el altar sagrado de los dioses para los indios aborígenes de la zona, y en su cima, casi plana, se posa la pequeña aeronave sin dificultad.</p><p>El equipo de TVE pretende filmar las plantas carnívoras que atraen y degluten los insectos, pero la superficie está cubierta de una arena negra. “Fue una sorpresa, al principio inexplicable, –me comentaba<strong> Félix</strong> a mediados de los setenta– pero, cuando empezamos a montar las tiendas para pasar allí la noche, las nubes iniciaron una serie de descargas eléctricas que afectaron a <strong>Torreblanca</strong>, el técnico de sonido, y a <strong>Roa</strong>, el cámara; el helicóptero aún pudo hacer un último aterrizaje para descargar el resto del equipo y en él se subieron seis personas, el máximo posible, entre ellas los dos heridos. Nos quedamos cinco personas sin otra esperanza que la finalización de una tormenta que iba a más; montamos una tienda en un extremo de la meseta y dejamos en ella todos los equipos electrónicos que transportábamos, latas de comida incluidas, y el resto nos refugiamos en la otra tienda, montada en el extremo opuesto de la primera. Allí, sin movernos, bajo la lluvia y el estruendo de la tormenta aguantamos como pudimos hasta que llegó el silencio; entonces uno de los compañeros asomó la cabeza y dijo:<strong> Félix</strong>, hace sol. Estábamos todos bien, aunque conmocionados por la experiencia que explicaba el negro suelo que pisábamos: el <strong>Cerro Autana</strong> era un formidable pararrayos natural en plena selva del Orinoco”. </p><p>La aventura tenía lugar durante el rodaje de la serie suramericana de <em>El Hombre y la Tierra</em>, cuando el doctor era ya conocido en el mundo entero, pero en este punto conviene acudir al principio de su historia.</p><p>Y el principio se sitúa en <strong>Poza de la Sal (Burgos)</strong>, donde <strong>Félix </strong>nace en 1928; su padre es notario, y hombre ilustrado, así que educa a su hijo en casa y en contacto con la naturaleza hasta que, casi terminada la guerra civil, es internado en un colegio de <strong>Vitoria</strong> y ocho años después inicia –impulsado por su progenitor- la carrera de medicina en <strong>Valladolid</strong>. De sus primeros años conserva la pasión por la naturaleza en general, pero se le ha despertado un amor especial por la cetrería, impresionado por la visión de la captura de un pato por un halcón. Pasión y amor que se acrecientan tras conocer al biólogo<strong> José Antonio Valverde</strong>, defensor del medio natural, inspirador del <strong>Parque Nacional de Doñana</strong>, y gran aficionado a la cetrería.<strong> Felix</strong></p><p> termina la carrera, la especialidad de estomatología, y ejerce un par de años en Madrid, pero en 1960, tras morir su padre, abandona definitivamente la medicina para dedicarse a una afición que no ha dejado de practicar. Un año después recibe el encargo de asesorar en la materia la película <em>El Cid</em>, y mostrar a <strong>Sofía Loren</strong> como manejarse en ese terreno. Son años dominados por estudio, experimentación, y confrontación de experiencias con científicos de todo el mundo; la primera mitad de los sesenta está, aún, dominada por la cetrería, en la que ya es una autoridad que le hace participar como invitado en programas de televisión; la pasión con la que habla y su dominio innato de los tiempos televisivos, se suman a unos conocimientos científicos innegables y provocan el que se le asigne una colaboración fija en el programa<em> Fin de semana</em>, en el que expande sus comentarios a todo tipo de aves, primero, y al conjunto de los vertebrados después. </p><p>A mitad de la década ocurre un hecho trascendental en su trayectoria: Salva a dos lobeznos de morir apaleados, los cría y convive con ellos en una zona cercana a la localidad de <strong>Sigüenza</strong>, en <strong>Guadalajara</strong>; pronto consigue transformarse en lobo alfa, el jefe de la manada, profundiza en el estudio y experimentación de la especie y comienza su particular cruzada para reivindicar a un tradicional enemigo de pastores y rebaños. Defiende lo que él llama “La verdad del lobo”, frente a la mezcla de miedo, persecución y acoso que domina en esa época.</p><p>En 1966 nace la <em>Televisión Escolar</em>, y con ella la clase de Zoología que se encomienda de manera estable a quien a partir de ahora se denominará como <em>Félix</em>, el amigo de los animales. Con el altavoz que supone la presencia en pantalla, <strong>Rodríguez de la Fuente</strong> consigue una gran popularidad para sus luchas en defensa de la naturaleza; los niños descubren, a través de su voz y de las imágenes que muestra, un mundo nuevo que, paradójicamente, tenían al lado y en el que ahora reparan y comienzan a amar. </p><p>Félix es un hombre exuberante, excesivo en la dedicación al trabajo, e imbuido en la causa, casi mesiánica, del ecologismo; no es el primer ecologista español, pero sí el primero capaz de concienciar sobre su importancia. Participa en otros programas de TVE como <em>Imágenes para saber</em> o <em>A toda plana</em>; escribe seriales en las revistas <em>Blanco y Negro</em> y <em>La Actualidad Española,</em> y desde esos púlpitos consigue que el lobo comience a ser mirado de otra manera, que España sea el primer país que dicte normas de protección sobre el halcón peregrino y las rapaces nocturnas; las autoridades le encargan, incluso, el primer plan para utilizar aves rapaces para liberar los aeropuertos de otras aves potencialmente peligrosas para la navegación aérea. Entretanto, <strong>Rodríguez de la Fuente</strong> se ha ido implicando en la cultura audiovisual para la defensa del ecologismo; realiza documentales que son exhibidos y premiados en festivales y que a él le están conformando para nuevas tareas en TVE.</p><p><strong>Nacen Fauna y Planeta Azul</strong></p><p>En 1968 se le encarga un programa que será realizado y presentado por él: Nace <em>Fauna</em>, el primer espacio monográfico dedicado a los animales; ya no se trata de mostrar ese mundo a los niños, sino de reivindicar para todos los públicos el amor y la protección al medio natural; contra todo pronóstico, se convierte en un éxito popular, que se comenta en hogares y centros de trabajo y ocio; <em>La Actualidad Española</em>, revista que en esa época publica anualmente una clasificación de popularidad en TVE, realizada con los votos de los lectores, sitúa a<strong> Félix </strong>en el primer lugar los años 1970 y 71, cuarto en el 72, segundo en el 73. Mientras,<strong> Rodríguez de la Fuente</strong> concreta didácticamente sus mensajes, ordena y parcela contenidos con<em> Planeta Azul</em>, una serie que ya da el salto internacional. </p><p><strong>La madurez llega con El Hombre y la Tierra</strong></p><p><strong>Rodríguez de la Fuente</strong> ha superado los cuarenta años; la madurez no ha disminuido su ilusión, ni rebajado su capacidad de trabajo, pero sí le aporta capacidad de análisis, visión de conjunto para emprender la que será su obra magna: <em>El Hombre </em>y <em>la Tierra</em>; en 1973 inicia un rodaje que solo la muerte interrumpirá. La estructura en tres grandes apartados, ibérico, suramericano, y norteamericano; pero intercala los rodajes según vengan las circunstancias. Ha encargado la sintonía de cabecera al músico <strong>Antón García Abril</strong>, que construye un relato sonoro tremendamente dinámico que identifica la macroserie durante todos los años de emisión. <strong>Félix</strong> busca la perfección y rueda en 35 milímetros, a pesar del dificultoso transporte que supone dada la tecnología de esa época; rueda y rueda sin descanso –lo que ocasiona más de un encontronazo con parte del equipo-, la misma toma se repite desde ángulos distintos para no perder detalle, por insignificante que pueda parecer; (hace años pude comprobar en la videoteca de TVE en <strong>Somosaguas</strong> las interminables hileras de estanterías donde reposaban las películas con material no utilizado, kilómetros de celuloide descartado porque había planos mejores desde otra perspectiva, o tomas más completas que las que allí reposaban).</p><p><strong> Rodríguez de la Fuente</strong></p><p> utiliza animales troquelados, es decir acostumbrados a la presencia humana pero que conservan sus pautas naturales de comportamiento; otras veces, pieles rellenas de paja u otros materiales para servir de cebo; por fin hay ocasiones en que se ve obligado a exponer animales vivos para conseguir mostrar en plenitud el comportamiento de los depredadores. Consigue imágenes de gran impacto, pero también críticas de quienes contemplan, con toda crudeza, acontecimientos que se les antojan crueles, por más que ocurran de continuo en la naturaleza. Pero cree en lo que hace, y su capacidad de trasladar al interlocutor cada vivencia impresiona. Una entrevista con él, pactada para media hora después de comer, se convertía, en su casa de la madrileña calle de <strong>Toros de Guisando</strong>, en un relato vivísimo, lleno de anécdotas, peripecias, fracasos y logros, mientras en su intrincado jardín caía la tarde hasta dejarlo en sombras; hablaba con la misma ilusión que rodaba y viajaba, y su entusiasmo ante cada descubrimiento resultaba inevitablemente contagioso. Era un gran científico, quizás el que más hecho por la ecología en nuestro país, pero, antes que nada, era un comunicador nato. Durante la década de los setenta –esa que sería, sin que él pudiera sospecharlo, su última década-, realiza cientos de programas de radio, se implica como coordinador en la <em>Enciclopedia Salvat de la Fauna</em>, publicada en todo el mundo y en catorce idiomas diferentes, la <em>Enciclopedia Salvat de la Fauna ibérica y europea</em>, <em>Los libros de El Hombre</em> y <em>la Tierra</em>, <em>Los cuadernos de Campo </em>y la enciclopedia póstuma <em>La aventura de la vida</em>. La gran serie <em>El Hombre y la tierra se emite</em>, primero en Europa e Hispanoamérica, luego en Estados Unidos, China… Se calcula que mil quinientos millones de personas la han visto en cualquier parte del planeta. </p><p><strong>Cumpleaños fatal</strong></p><p>En marzo de 1980, se han emitido ya los dieciocho episodios de la serie suramericana de <em>El Hombre y la Tierra</em>; pero de la norteamericana solo están terminados dos sobre <strong>Canadá</strong>, y uno sobre <strong>Alaska</strong>. Hacia allí parten <strong>Félix</strong> y su equipo el día 10, para grabar la carrera de trineo con perros más famosa del mundo. Para desplazarse desde la población de<strong> Unalakleet</strong> contratan dos avionetas con las que despegan en la mañana del 14 de agosto (día en el que cumple 52  años); al poco tiempo, en la que viaja <strong>Félix</strong> se produce el desprendimiento de uno de los hidropatines, el aparato se desequilibra y, al volar a poco altura, no consigue estabilizarse, y se precipita contra el suelo helado.</p><p>La otra avioneta aterriza de inmediato para comprobar que el piloto, <strong>Rodríguez de la Fuente</strong>, el cámara <strong>Teodoro Roa</strong> (el mismo al que había afectado una descarga eléctrica en el<strong> Cerro Autana</strong>) y el ayudante <strong>Alberto M. Huéscar</strong>, habían fallecido en el acto.  Estaban en las proximidades de una población de esquimales, a 25 kilómetros del mar de<strong> Bering</strong>. Eran las 12,30, hora local de <strong>Alaska</strong>, las once y media de la noche en <strong>España</strong>, donde la noticia llega en la madrugada del día quince.  La conmoción es enorme en todo el país cuando <strong>Isabel Tenaille</strong> comunica la tragedia desde TVE. El día 19, tras la repatriación de sus restos, <strong>Félix Rodríguez de la Fuente</strong> recibe sepultura en su<strong> Poza de la Sal </strong>natal. Un año después, su viuda <strong>Marcelle Parmentier</strong>, decide la exhumación y traslado al cementerio de <strong>Burgos</strong>, donde, desde entonces, reposa en el panteón, construido por el arquitecto <strong>Miguel Fisac</strong>, y que corona un busto de <strong>Félix </strong>esculpido por <strong>Pablo Serrano</strong>. </p><p>Desde esa fecha, TVE ha programado reediciones de sus series, y su viuda e hijas han continuado la tarea en defensa de la naturaleza, desde la Fundación que lleva el nombre del doctor, que solo lo fue para no contrariar a su padre, y que dedicó su vida a defender y divulgar un sueño iniciado en la infancia al ver como un halcón capturaba a un pato.</p><p><strong>Más en la red</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <title><![CDATA[El hombre que inventó el ‘talk-show’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/hombre-invento-talk-show_1_1092392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7d9ae077-5885-42fd-b0d4-f1906eb0db03_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que inventó el ‘talk-show’"></p><p>Sábado, 6 de septiembre de 1975. Al filo de las once de la noche, desde el Estudio 1 de Prado del Rey se emite (obviamente en directo) el programa <em>Directísimo</em>. En ese momento, <a href="http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2Fwww.josemariainigo.com%2F&sa=D&sntz=1&usg=AFQjCNEP15ZLUKue4751zDx4N-eUoGgxRg" target="_blank">José María Iñigo</a> da paso a un invitado muy especial. Se llama Uri Geller, es de origen israelí, y<strong> sus primeras palabras son “Durante este programa van a ocurrir muchas cosas extrañas”</strong>. Inmediatamente solicita al público que entreguen a las azafatas relojes que no funcionen y cualquier objeto metálico de cocina, cubiertos, cucharillas, lo que fuera. </p><p>En un par de minutos, sobre la mesa del programa reposa un montón de quincalla. El mago coge una cucharilla con dos dedos y frota la zona del mango más cercana a la ancha y curvada…. Pasan unos segundos –en los que Geller habla e Iñigo traduce– <strong>y ¡la cucharilla se parte en dos!</strong> A continuación toma en una mano uno de los relojes estropeados, lo frota con la otra y ¡el reloj comienza a funcionar de nuevo! Entre el asombro del público, el milagroso invitado pide que los espectadores de TVE hagan lo mismo en sus casas y llamen al programa si obtienen éxito.</p><p>Minutos después, el presentador afirma que <strong>la centralita de Prado del Rey está colapsada por miles de llamadas</strong>. En las casas, en los bares, solo se habla del fenómeno. Al término del programa tienen que dar un rodeo con Uri Geller, porque cientos de personas se arremolinan ante las verjas metálicas que dan acceso a las instalaciones. Es la noche más triunfal y recordada de José María Iñigo y su <em>Directísimo</em>.</p><p>Pero la historia había empezado antes, diez años antes, cuando un joven bilbaíno llega a Madrid para hacer carrera como comentarista musical. Pronto se percata que la notoriedad <strong>no será fácil para alguien de provincias</strong> en una capital dominada por profesionales que llevan mucho tiempo al frente de sus espacios en radio y prensa. Vuelve a Bilbao, vende su coche y con el dinero viaja a un Londres que, en esos sesenta, es la capital mundial de la música que gritan los jóvenes.</p><p>Allí, vive como puede –mal–, hasta que se entera se entera de la actuación de un gitano catalán en el London Palladium. Se presenta a Pedro Calaf (más conocido como Peret), y sirve al grupo de guía durante su estancia. Antes de regresar, <strong>Peret le presenta y recomienda al director de la discográfica CBS, llave que le abre una pequeña rendija en la mítica BBC. </strong>(Iñigo me ha demostrado, en los muchos años que hace que le conozco, que es un hombre inteligente, pero sobre todo muy, muy listo. Al parecer, se las ingenió para que la cadena británica le abriera los micrófonos de la SER, y que sus intervenciones en la radio española le ensancharan la rendija en Londres).</p><p>Fuera así, o no, antes de cumplirse los dos años de emigración vuelve a Madrid, pero ya por la puerta grande, y se  convierte en el comentarista musical de moda. Lleva el pelo largo, chaquetones de inspiración militar y se escuda tras un bigote que se descuelga por la barbilla. <strong>Ante el micrófono es muy directo, duro y hasta cruel con lo que no le gusta.</strong> También escribe en <em>Mundo Joven</em>, donde conoce a Manu Leguineche, Pilar Miró, Jesús Torbado y un largo etcétera de periodistas que tendrán importancia en su carrera. </p><p>Curiosamente, a televisión no llega por ninguno de ellos, sino por su paisano y alférez en la mili, el cineasta Pedro Olea, que le reclama para hacer un programa, muy del momento, que se va a llamar <em>Último grito</em>. El espacio se emitirá en UHF (tal y como se denominaba a la segunda cadena), y en él está de guionista otro hombre de cine, Iván Zulueta. El espacio es demasiado iconoclasta para una España (y una televisión) franquista y desaparece de la noche a la mañana, <strong>no sin haber dejado muestra de unos intentos vanguardistas y hasta surrealistas, y de una innovación que le llevó a la muerte</strong>. Poco después presenta <em>Ritmo 70</em>, con dirección de Pilar Miró, un espacio mucho más convencional que pasa por la primera cadena sin hacer ruido, ni dejar memoria. </p><p><strong>Nace 'Estudio abierto'</strong></p><p>La gran oportunidad le llega, de nuevo, en la segunda cadena, creada por Salvador Pons, y que era el laboratorio de nuevas producciones de TVE. La iniciativa era del argentino Solly y su primer realizador, el francés Pierre Baldie. Consistía en trasladar a la televisión en España un formato original de Estados Unidos que desarrollaban con éxito, entre otros, Johnny Carson. La idea, tan sencilla como eficaz, <strong>era crear una sucesión de entrevistas y actuaciones musicales </strong>de modo que a lo interesante sucediera lo divertido, todo marcado por la personalidad del conductor del espacio. Para ese papel se elige a José María Iñigo, que tiene como coordinador a Tomás Zardoya y como equipo de guionistas a Manu Leguineche, Jesús Picatoste y Julián García Candau.</p><p>El programa se va a llamar <em>Estudio abierto</em>, y va a ser el primer talk show que se haga en España; por el desfilan personajes populares, primero de España y luego de todo el mundo: Sara Montiel, Carmen Sevilla, Fernando Fernán Gómez, Antonio Gala, Vargas Llosa, Montserrat Caballé, Kubala, Miguel Muñoz, Santana…<strong> El presupuesto (un millón de pesetas) enseguida se queda corto y hay que aguzar el ingenio</strong> para conseguir invitados y actuaciones musicales del extranjero, así que se trae a los más cercanos (Ives Montand o Catherine Deneuve) o a los que pasan por aquí (como Anthony Quinn o Charlton Heston).</p><p>Otro tanto se hace con las actuaciones musicales, con la dificultad añadida de que España estaba fuera de los circuitos internacionales de las grandes figuras, así que había que aprovechar que actuaran en París o Roma, que tuvieran un hueco, y que estuvieran dispuestos a cantar en directo, una exigencia fija del programa. Con todo,<strong> la clave va a residir en el presentador y en eso –como ya he comentado– Iñigo es muy listo;</strong> si en el mundillo musical se hizo un hueco con críticas rotundas y estilo agresivo, para este programa se aleja del modelo de presentadores al uso, que parecen saberlo todo y hablan sin cesar, muy seguros de sí mismos.</p><p>Él no; habla pausado, a veces como si no estuviera muy seguro y <strong>hace preguntas corrientes, de sentido común, justo lo que se le podría ocurrir a cualquier espectador</strong>; incluso cuando el asunto pudiera ser conflictivo lo afronta con suavidad de voz y gesto; ante lo llamativo se asombra, ante la belleza se deslumbra; todo justo como lo haría gente de la calle… Y el truco funciona. <em>Estudio abierto</em> no es un espacio rutilante, pero si una lluvia fina que va calando en cada vez más espectadores, que se asoman a la segunda cadena y se distraen e informan de una manera amena. </p><p>Tras las cámaras, las cosas no eran tan pacíficas. Antes y después de cada programa, el propio Iñigo reconoce que había mil y una discusiones: guionistas que clamaban que se “había dejado ir vivo al entrevistado”, guiones con preguntas nunca realizadas, situaciones en directo que se podían haber resuelto de otra manera…  <strong>Pero José María impone su impronta,</strong> y aunque escribe que “el éxito era de todo el equipo” también declara que “eran unos guionistas maravillosos, pero se fueron, y vinieron otros, y yo seguía allí; los guionistas son importantes, pero en televisión el más importante es el que sale en pantalla. Si el presentador no funciona, el programa no va a ningún sitio”.</p><p><em>Estudio abierto</em>, que se había iniciado a finales de 1971 tuvo éxito, tanto que en TVE, decidieron pasar a Iñigo a la primera cadena, pero antes hubo un momento en que todo pudo irse al traste. Fue con la actuación musical de Joan Báez. La musa de la canción comprometida del momento iba a cantar <em>No nos moverán</em> y antes dijo unas palabras para dedicar la canción a “una mujer que había hecho mucho por la libertad de la gente: Dolores Ibárruri, La Pasionaria”. <strong>El presentador recordaba años después la que se montó con llamadas de teléfono, protestas y amenazas…</strong> que al final se quedaron en nada, pero que mantuvo en vilo a todo el equipo durante un tiempo. </p><p><strong>El triunfo llega con 'Directísimo'</strong></p><p>Ya en la primera cadena, Iñigo presenta un espacio de mediodía, <em>Hoy 14-15</em>, que propicia el salto al espacio principal de la noche de los sábados: <em>Directísimo</em>. El programa no es, en realidad, sino una reedición de su antecedente del UHF, <strong>pero ahora goza de un presupuesto bien distinto, que le permite elevar el nivel de los invitados.</strong> Entre los nuevos guionistas está el escritor Jesús Torbado (que firma con el seudónimo de Andrés Carro), Victorino del Pozo y Alejandro Heras Lobato; en el control está uno de esos realizadores sin nervios, pero pleno de nervio, que ya había estado en la última etapa de <em>Estudio abierto</em>, y que se llama Fernando Navarrete; de coordinador sigue Tomás Zardoya y en la producción Fernando Somoza.</p><p>Por el programa desfilan todas las glorias nacionales del mundo de los toros, el fútbol o el espectáculo: desde Luis Miguel Dominguín, o Paco Camino y Palomo Linares (que protagonizan un áspero enfrentamiento ante las cámaras), a los porteros  del Atlético de Madrid y Real, Reina y Miguel Ángel, que minutos antes habían protagonizado la tanda de penaltis con que se decidió la final de Copa. <strong>La sala de invitados de Prado del Rey se convierte en un lugar interesante para los periodistas en la noche del sábado</strong>; por allí desfilan Gina Lollobrigida, encandilada por la presencia de un jovencísimo Miguel Bosé, la esplendorosa Úrsula Andress, el doctor Barnard, autor del primer trasplante de corazón, la elegante y bella Jacqueline Bisset, Johnny Weismuller, el mítico “Tarzán”, poco antes de su muerte, o una deteriorada Rita Hayworth, a la que costó Dios y ayuda mantener lejos del alcohol las horas previas a la entrevista...</p><p>El nuevo presupuesto permite incluso que veamos por primera vez en directo a Diana Ross con The Supremes o a Ike y Tina Turner. Pero <strong>la noche del sábado en la primera cadena supone casi veinte millones de espectadores</strong> y el equipo busca personajes sorprendentes que ofrezcan a la audiencia algo más; ya en el primer programa apareció un francés autodenominado “Conde de Saint Germain”, que transformó plomo en oro, sin que los especialistas que acudieron a Prado del Rey fueran capaces de dictaminar el presunto truco. Pero nada se acercó, ni de lejos, a la repercusión que tuvo la intervención de Uri Geller, que relataba al principio. </p><p>El impacto fue de tal calibre que movilizó al propio presidente de la Asociación Española de Parapsicología, Ramos Perera, junto a los magos Ballesteros y Juan Tamarit <strong>en una especie de “cruzada” para desmontar los supuestos trucos del israelí.</strong> Los periódicos más importantes dedicaron al suceso grandes espacios y en El Corte Inglés, donde firmó ejemplares de la autobiografía que había venido a publicitar, se formó uno de los mayores tumultos que se recuerdan. </p><p><em>Directísimo </em>se emite durante dos temporadas, con la única excepción del sábado 8 de noviembre de 1975. Esa noche me encuentro con Iñigo en uno de los pasillos, ya maquillado, pero con una expresión rara. Me dice que ha recibido <strong>orden de despedir a los invitados previstos y que haga el programa solo con la parte musical.</strong> Las instrucciones han sido escasas, “me dicen –comenta– que el programa se puede interrumpir en cualquier momento; al parecer, Franco está en las últimas”. </p><p>Tras varios retrasos, <strong>el espacio fue definitivamente cancelado</strong>, aunque como sabemos la muerte se anunció doce días después. Por cierto que, pasados unos meses, en marzo del 76, visitó el programa el Nobel ruso Alexander Solzhenitsyn, exiliado en Suiza, que protagonizó unas declaraciones muy polémicas, ya que comparó la esclavitud a la que estaban sometidos los soviéticos con la libertad de que se disfrutaba en España, a la que profetizó volvería a caer en el totalitarismo. Esta fue, con seguridad, la entrevista más famosa ya que fragmentos de la misma fueron reclamados por más de cuarenta televisiones de todo el mundo. </p><p>Tras este programa, Iñigo se hace cargo de <em>Fantástico</em>, un programa ómnibus para la tarde del domingo, al que sucede <em>Fiesta</em>, un típico espacio de variedades <strong>que se realizaba desde las instalaciones de la sala madrileña Florida Park</strong>, y que se vendió a varios países de América. Fue un paréntesis de regreso a lo estrictamente musical antes de la resurrección del antiguo <em>Estudio abierto</em> que se continuó hasta 1985 y que finalizó de manera abrupta, y con acusaciones de censura. José María Iñigo, omnipresente en TVE durante casi veinte años, desaparece de esa pantalla. </p><p>“Nunca estuve en nómina –comentaba un par de años después de su salida–; <strong>lo malo de TVE es que paga muy mal a las estrellas, y a las no estrellas, y cuando no les interesas te echa.</strong> Parece increíble, pero yo empecé cobrando casi lo mismo que al marcharme: cuarenta y cinco mil pesetas por dirigir cada programa y cincuenta mil por la presentación; eso era todo”. </p><p>Han pasado casi treinta años y salvo colaboraciones esporádicas –como los últimos festivales de Eurovisión– Iñigo no ha vuelto a TVE, ha seguido su carrera en activo en emisoras de radio, programas en cadenas de televisión privadas y autonómicas, docenas de libros y la dirección de varias revistas, <strong>aunque siempre guarda un hueco para intervenir en uno de sus espacios favoritos: </strong><em>No es un día cualquiera</em>, de RNE, junto a Pepa Fernández.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El hombre que inventó el ‘talk-show’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pegados a la tele]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Un, dos, tres', lo más visto de la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/tres-visto-historia_1_1092267.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/94d99181-28f2-4c0b-aed7-0a53cdd80d48_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Un, dos, tres', lo más visto de la historia"></p><p>Finales de enero de 1977. La Transición, que inicia sus primeros balbuceos,<strong> vive sus horas más críticas. </strong>Los asesinatos protagonizados por la extrema derecha se suceden, mientras permanecen secuestrados el teniente general Valenzuela, y el presidente del Consejo de Estado, José María Oriol; el ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, decide, de acuerdo con el presidente Suárez, lanzar un mensaje a los secuestradores desde la televisión. Pero no lo hace dentro de un telediario, no; elige la noche en que se emite el concurso<em> Un, dos, tres.</em></p><p>De modo que las familias acomodadas frente al receptor, ven como Kiko Ledgard da paso a un corte en el que,<strong> en lugar de publicidad, aparece el ministro desde su despacho en una intervención que ve toda España.</strong> Diez años después, en mayo de 1987, los rudimentarios medidores de audiencias televisivas lanzan la noticia: <strong>El Un, dos, tres había superado los veinte millones de espectadores mayores de 14 años,</strong><em>Un, dos, tres</em> y se convertía en el programa más visto en la historia de la televisión en España. Ya, ya sé que por entonces<strong> apenas comenzaban las primeras televisiones autonómicas y no existían las privadas</strong>, ni nada parecido; pero la cifra —sin incluir a los menores, primeros fans del programa— no ha vuelto a darse, a pesar del posterior aumento de la población española. Con todo, no son solo los datos numéricos los que convierten a este espacio en “el concurso de concursos” y en el programa más recordado de todas las épocas, sino su longevidad y la capacidad de renovarse a si mismo de la mano de su creador,<strong> Narciso Ibáñez Serrador. </strong></p><p>Quizás, a la hora del recuerdo, lo mejor sea ceder la palabra al propio Chicho, que me contaba, años después, los inicios: El <em>Un, dos, tres</em> nace de una manera <strong>absolutamente absurda.</strong> El señor Salvador Pons [directivo de TVE, y creador de la segunda cadena] viene un día y me dice: “Oye Chicho ¿por qué no te inventas un concurso, lo pones en marcha, y luego sigues con esa serie que quieres hacer?” Y yo digo: “bueno”. Me divertía volver a mis principios, en los que había hecho de todo en televisión. Me puse a darle vueltas a la cabeza e hice un cóctel al que llamé <em>Un, dos, tres, </em>porque tenía las tres mecánicas básicas de cualquier concurso.</p><p>Todos los concursos, o son preguntas, o son pruebas de habilidad, o son pruebas psicológicas. No hay otras mecánicas en los concursos; así que uní las tres, y le agregué un sobrino, o un hijo natural, de <em>Historias de la frivolidad.</em> O sea que el personaje de Irene Gutiérrez Caba tuvo “un hijo” en 1972 y se llamó “Don Cicuta”. No era otra cosa que <strong>una caricatura de lo carca de la España de entonces,</strong> y se me ocurrió porque nunca había habido un concurso en el que existiera un personaje que estuviera en contra de los concursantes. También se me ocurrió que tenía que haber un componente “sexy”, y busqué unas chicas y las puse minifaldas, ante el horror del censor, y la sonrisa y la preocupación de Luis AÁngel de la Viuda, que era director de TVE en aquel momento y que tenía que aprobar las minifaldas y sobre el que debieron de pesar terribles presiones de las altas esferas. A todo ello se podía agregar actuaciones de cómicos, música, etc… <strong>Este cóctel se agitó y se sirvió a las nueve de la noche de los lunes, </strong>pero yo no figuraba en los rótulos, porque mi padre [el gran actor Narciso Ibáñez Menta] me dijo: “Pero ¿cómo vas a arriesgar tu nombre en un concurso de televisión? Eso lo hacías cuando eras un chaval. No fastidies, que te puedes ir al diablo. Mira, si televisión te pide que hagas algo, pues muy bien, pónselo en marcha, pero ni se te ocurra aparecer tú y, en cuanto funcione, salte corriendo”. <strong>Vamos como si el hacerlo fuera una mancha en el apellido familiar. </strong></p><p>Chicho Ibáñez Serrador selecciona a Kiko <strong>Ledgard</strong>, un presentador peruano (popular en su país precisamente al frente de concursos televisivos) con una personalidad que aparenta ingenuidad, pero que controla hasta el mínimo detalle. Se trata de un hombre peculiar que añade al impecable smoking calcetines chillones y diferentes para cada pie, y que llena sus muñecas de relojes, que no duda en enseñar a cámara. Junto a él está el ya nombrado Don <strong>Cicuta</strong>, papel encomendado a Valentín Tornos, un actor de teatro con más años que popularidad…, hasta que estalla en el programa y se convierta en el personaje favorito de los espectadores. Tras ambos se sitúan las azafatas, todas guapísimas, casi todas altas, enmarcadas <strong>por unas gafas tan grandes como cortas son sus faldas</strong>. En los primeros tiempos son Ágata (la luego actriz Ágata Lys) Marisa (que deja pronto el espectáculo y se convierte en guardia muncipal de Madrid), Cira, Ana (que abandonó tan pronto como se casó), Marta Monterrey (que adoptó el nombre artístico de María Salerno, muy popular años después al encarnar a la protagonista de la radionovela <em>Simplemente María)</em>, Aurora (Claramunt, posterior locutora de TVE en Sant Cugat), y Blanca y Yolanda (Estrada y Rios, que se dedicaron al cine con discretos resultados).</p><p>Así que saque a la pantalla el concurso… y fue un éxito —continúa diciendo Chicho— <strong>En aquel momento era un programa absolutamente progre</strong><em>progre</em>en todos los aspectos, ya que rompía con todos los concursos que había habido antes: Estaba ese personaje, Don Cicuta, que caricaturizaba ciertas formas de ver la vida aún existentes en esa época; las chicas en minifalda por primera vez en Televisión… Entonces en algunos medios de prensa se empezó a reclamar que diera la cara el responsable del programa, y no tuve más remedio que poner mi nombre, a pesar de los consejos de mi padre.</p><p>Y empecé a agregar ingredientes: que tuviera un tema diferente cada semana, y que vinieran actores a decir chistes, que hubiera números musicales. En definitiva,<strong> que fuera creciendo el espectáculo,</strong> pero siempre pensando en ese señor que llega cansado a casa y se reúne con la familia para distraerse y comenta con ella “que tontos esos que no han dicho violeta o clavel” cuando se les pedían nombres de flores; o aventurar que “el coche está en la botella, y no en el cenicero”.</p><p>Tal y como lo cuenta su creador, todo parece muy sencillo; pero, como siempre que algo funciona en televisión, hay detrás un gran trabajo, una gran imaginación y<strong> una búsqueda constante de nuevos ingredientes</strong>. Un día se graba la parte de preguntas, otro las intervenciones de humoristas y los números musicales, también se filma por separado la eliminatoria de habilidad y la subasta final; después hay que ensamblar todo, y que el conjunto aparezca como si estuviera ocurriendo en el mismo momento en que se emite…</p><p>Y lo consigue. Ya en su primera temporada, Kiko, Don Cicuta, las azafatas, figuran en cabeza de las clasificaciones de popularidad que realizan las publicaciones del momento. Los lunes, al principio, los viernes en etapas posteriores, son días en que, en hogares y locales públicos, <strong>todo el mundo está pendiente de las parejas que contienden. </strong>Y cada cual se convierte en juez y parte por esta o aquella respuesta; se ríe a carcajadas ante los apuros de más una pareja, y se juega a hacer de adivino sobre donde estará el mejor regalo (en las etapas iniciales, los primeros Seat 124, después los apartamentos en la playa), y siempre la posibilidad de quedarse con lo peor, la temible calabaza y la natural decepción, o el asombro ante “obsequios” insospechados, como el de aquella pareja que terminó ganando un caballo con el que no sabían que hacer.</p><p>Tras más de un año de programas, el concurso sale de televisión y se convierte durante un par de temporadas en<strong> un espectáculo itinerante por plazas de toros y grandes locales de toda España</strong>, hasta su regreso en 1976. Un regreso marcado por la ausencia de Don Cicuta; Valentín Tornos, delicado de salud, muere ese mismo año y su puesto es ocupado por Los Tacañones, también hay un cambio de azafatas con la incorporación de Marian, Raquel Torrent, María Duran, Beatriz Escudero, María Casal, y una joven de diecisiete años, que terminaría por implantar la muletilla de “tantas respuestas acertadas, a veinticinco pesetas cada una, son tantas pesetas” y que se llama<strong> Victoria Abril.</strong> Sigue, claro, Kiko Ledgard, con sus calcetines de colores, con sus múltiples relojes, y sus bolsillos llenos de dinero dispuesto a ser ofrecido a cambio de este o aquel regalo en la subasta. Una subasta, en la que han desaparecido las sencillas puertas de los primeros tiempos, y los regalos se ocultan en cualquier lugar del decorado, siempre cambiante, siempre alusivo al tema principal de esa semana, o que es traído de la mano de una actuación musical de un humorista que interrumpe “por sorpresa” al presentador, y que <strong>consigue en unos minutos de televisión mil veces más espectadores que en semanas de actuación en teatros y salas. </strong>La calabaza, que fue bautizada con el nombre de Ruperta, es ya tan popular como el bombo, similar al de la lotería, que elige cada semana quién concursará en la próxima, a la voz de “fulanito y menganita, son amigos y residentes en…”. Es estos casi dos años, <em>Un, dos, tres </em>ha sobrepasado la calificación de “programa de éxito”, para convertirse en un fenómeno social. He reseñado al principio que es en estos años cuando Martín Villa elige una interrupción en el programa para dirigirse a toda España; y es que toda España sigue y comenta el concurso. Nacen juegos de mesa, llaveros, amuletos, objetos mil, referenciados al programa; “La Ruperta”, esa antigua calabaza a la que le han salido patas, sombrero, y bastón, es la gran estrella de ventas millonarias; mientras, ayuntamientos, entidades, empresas,<strong> rivalizan por estar presentes en el programa y pagan lo que sea para ello</strong>. Pero el ritmo de producción es agotador y su creador sabe que el futuro del <em>Un, dos, tres </em>pasa por la despedida en el momento más alto, justo antes de que llegue a la saturación, e inicie el descenso inevitable de lo demasiado cotidiano. El viernes 27 de enero de 1978 se despide con un “hasta siempre”.</p><p>Habrían de pasar más de cuatro años para que el programa reaparezca; y lo hace, el 20 de agosto de 1982, con una novedad importante: la ausencia de Kiko Ledgard, que no se ha recuperado de un accidente ocurrido en su Perú natal. La presentadora de la que va a ser la etapa más larga del <em>Un, dos, tres</em> es <strong>Mayra Gómez Kemp</strong>, una cubana afincada en España que había tenido esporádicas intervenciones como humorista en el programa, y que había constituido con las “azafatas” María Durán y Beatriz Escudero el trio musical Acuario, de breve pero relativamente popular trayectoria. Mayra encaja desde el primer día y se convierte en un elemento clave; su lectura de las tarjetas que presentan los premios ocultos en la subasta culminan en un misterioso “… hasta aquí puedo leer”, que inmediatamente pasa a ser una muletilla constante se hable de lo que se hable. Y con ella, las mejores sucesoras del añorado Don Cicuta: Paloma, Teresa y Fernanda Hurtado, hijas de la consagrada actriz Mary Carrillo, se convierten en “Las Tacañonas”, y están llenas de reproches a los concursantes, y mala uva, pero también de frases como “Campana y se acabó”, o “Vámos, que nos vamos”, que van a perdurar durante muchas temporadas del concurso. Las antiguas azafatas son sustituidas, en un primer tramo por Patricia Solis, Irene Foster, Rosalía Tornero, Alejandra Grepi, Françoise Lacroix y Kim Marias, a quien sucede Concha Lobón. Entre los humoristas que intervienen, sigue Bigote Arrocet, pero la gran triunfadora es la actriz Beatriz Carvajal, con su personaje de “Loli”, una prostituta tartamuda, unas veces, tierna e ingenua, y otras, descarada, pero que siempre despierta las carcajadas del público. En mayo del 83, se va “Ruperta”, y entra la deteriorada bota “Botilde”, y las “azafatas” pasan a ser “secretarias”, pierden las gafas, aparecen embutidas en maillot y calentadores y protagonizan números musicales y de baile; entre las debutantes destacan las luego actrices Silvia Marsó o Kim Maning. En esta época aparece la figura de “Los Sufridores”, una pareja que permanecía, incomunicada, dentro de una especie de cárcel con barrotes y que <strong>veían los regalos ocultos que aceptaban o rechazaba la pareja concursante;</strong> al final, recibían el mismo premio que se llevaran los auténticos participantes.</p><p>A estas alturas, el programa se emite en paralelo en <strong>Inglaterra, Portugal, Holanda y Alemania,</strong> y, a través de este país, se ve en <strong>Suiza, Austria, Bélgica</strong> y parte de <strong>Dinamarca</strong>. Mientras, en España, casi todo lo que aparece en <em>Un, dos, tres</em> conlleva beneficios comerciales. Las mascotas (antes “Ruperta”, luego “Botilde”, más tarde “Chollo” y “Antichollo”) reciben el patrocinio de grandes marcas que pagan importantes cantidades por ser nombradas en el concurso; para participar hay que mandar tarjetas, también patrocinadas; siguen los juegos de mesa, los objetos “decorativos”; los programas dedicados a este o aquel país, a esta o aquella celebración o efeméride…. Y <strong>todos pasan por caja</strong>, sabedores que la popularidad del programa revertirá más beneficio que gasto. Lejos quedan aquellos programas iniciales, en los que Kiko Ledgard cobraba ocho mil pesetas por semana, y tres mil las “azafatas”.</p><p>También continúa el<strong> desfile de humoristas,</strong> ingrediente que Chicho maneja con maestría. Se incorporan Raúl Sénder, Juanito Navarro, Arévalo, Antonio Ozores…; y vuelven esporádicamente, Bigote Arrocet, Beatriz Carvajal o Fedra Lorente. Entre todos, los triunfadores del momento son el “Dúo Sacapuntas”; uno, alto y enjuto, el otro, bajito y rechoncho; van vestidos de torero y consigue que media España coree su “veintidó, veintidó”, o “¿Que cómo estaba la plaza [de Toros]? La plaza estaba abarrotá”. (He escrito antes que Chicho Ibáñez Serrador manejaba los ingredientes con maestría. Recuerdo que, en una de nuestras conversaciones de aquellos tiempos, le pregunte por el fenómeno de popularidad que suponía el Dúo Sacapuntas, y me dijo: “Sí…, pero durará poco; fíjate como los humoristas veteranos como Juanito Navarro, Ozores, o Sénder, aparecen una vez al mes, más o menos, y es que ellos saben que la presencia continua, por muy exitosa que sea, desgasta y abarata; ellos vienen al programa para mantener su popularidad, pero no abusan para que la gente siga acudiendo a las salas donde tienen sus espectáculos. Esto del Dúo Sacapuntas es lo que yo llamo el “efecto cohete”, sorprende, brilla, hace ruido, pero desciende y se apaga casi tan rápido como ha subido”).</p><p>En enero de 1988 terminaba (como siempre, “definitivamente”, dijo Chicho) la etapa más larga y continuada del <em>Un, dos, tres</em>, no sin que antes surgieran, para un largo y exitoso recorrido posterior, figuras como las de Isabel Serrano, Lydia Bosch, o la cantante Nina. El nuevo paréntesis se prolonga hasta enero de 1991 en que <strong>se inicia la última etapa del concurso con su formato tradicional, </strong>y que de manera guadianesca se prolonga hasta abril de 1994. Vuelve la mascota “Ruperta”, continúan las hermanas Hurtado, y tiene como presentadores a Jordi Estadella y Mirian Díaz Aroca, excepto los últimos 18 programas presentados en solitario por Josep María Bachs. Sigue siendo un espacio muy visto, pero ya lejos de aquella primacía indiscutible de otros tiempos. Cada día es más difícil sorprender e innovar; han pasado casi veinte años desde el estreno y el <em>Un, dos, tres</em> vive casi más de efemérides y recuerdos que de nuevas ideas. Chico es consciente de ello y el 8 de abril de 1994 realiza su último programa con recortes de los mejores momentos del pasado que culminan con una fingida gran explosión que derrumba y convierte en escombros todo el estudio. El “Concurso de concursos”, <strong>el programa más visto en la historia de la televisión en España, muere para siempre. </strong></p><p><strong>MÁS EN LA RED</strong></p><p><a href="http://www.undostres.org/" target="_blank">Una web,</a> creada por Francisco López Cámara, absolutamente imprescindible para quien quiera saber más, mucho más, sobre el <em>Un, dos, tres.</em></p><p><a href="http://www.123mayra.com/" target="_blank">Página especial </a>sobre la presentadora más longeva del concurso.</p><p><a href="http://quefuede.lacoctelera.net/post/2007/04/01/las-azafatas-un-dos-tres-1972-73-y-1976-78-" target="_blank">Esta página</a> y <a href="http://quefuede.lacoctelera.net/post/2007/04/08/las-azafatas-un-dos-tres-1982-1988" target="_blank">esta otra</a> hacen un repaso a la trayectoria posterior de las “azafatas” y “secretarias” del programa.</p><p>Además de las citadas, en Youtube y en Rtve.es hay múltiples vídeos del programa; para músicas y sintonías ver <a href="http://www.yumusica.net/Un-Dos-Tres-Responda-Otra-Vez/" target="_blank">http://www.yumusica.net/Un-Dos-Tres-Responda-Otra-Vez/</a></p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión pública,Pegados a la tele]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El circo de TVE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/circo-tve_1_1092171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/62008bed-8f6d-471c-b51e-cfc0b45bd237_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El circo de TVE"></p><p>12 de octubre de 1971. En la embajada española en Buenos Aires se celebra la fiesta de la Hispanidad con especial esplendor, ya que la preside el ministro de Trabajo Licinio de la Fuente, que se encuentra de visita en Argentina. Se ha invitado a las personas más relevantes de la amplia colonia de españoles que viven en ese país, y entre ellos a los hermanos Aragón Bermúdez, unos payasos que actúan ante las cámaras de buena parte de las televisiones de América. En un momento de la recepción, el ministro se acerca a ellos y les saluda. “Nos preguntó, medio en broma, -contaba Gaby años después- si queríamos algo de España. Y yo le conteste: <strong>¿No es usted el ministro de Trabajo? Pues lo que queremos es trabajar en España,</strong> que llevamos casi treinta años fuera de nuestra tierra. Y el atrevimiento dio resultado; a la semana <strong>recibimos una oferta para actuar en Televisión Española</strong>”. </p><p>Lo que empezó como una charla informal lleva a los tres hermanos a un dilema: ellos habían emigrado en 1946, justo el año en que murió su padre, el conocido Emig, que dejó a sus tíos, los míticos payasos Pompoff y Thedy como dúo. Eran tiempos duros en la mísera España de la posguerra y toda la familia se establece en América.<strong> Los Aragón Bermúdez, actúan como Gaby, Fofo y Miliki y encuentran su medio idóneo cuando nace la televisión en Cuba</strong>, en 1949; con esa experiencia, son llamados para intervenir en las pantallas de Venezuela, México, Santo Domingo, Puerto Rico e, incluso, Estados Unidos. Por fin, a partir de 1970 les llega el éxito estable en un canal argentino. “Fueron dos años, pero podían haber sido más –recordaba Gaby-. Pero la oferta de España era tan tentadora que, tras muchas dudas, nos vinimos a probar. Llegamos en marzo de 1972; grabamos trece programas, y nos marchamos de nuevo a México con un contrato de un año…, que se quedó en tres meses. Hasta allí<strong> nos llegaban noticias de cómo estaba gustando la serie en España</strong>, aunque la ponían a mala hora, a las tres de la tarde. Nos escribían los amigos y nos pedían que regresáramos. Así que en Agosto dejamos América y en septiembre empezamos a grabar una nueva tanda de programas”. </p><p>Pero entre la llegada de marzo y la de agosto, todo había cambiado. “La primera vez llegamos tras más de veinte años fuera; nadie nos conocía. En la segunda, fue llegar, con tan solo tres meses de emisión y<strong> los guardias civiles y los policías nos estrechaban la mano y la gente nos gritaba ¿¡Cómo están ustedes!? </strong>A mí –sigue Gaby- se me ponían los pelos de punta. Era triunfar en mi país, en mi querida España. Fue tremendo; enseguida nos pusimos a grabar dos programas a la semana, pero había que sacar tiempo porque nos llamaban para actuar en todas las ciudades, y las salas, cada vez más grandes, siempre estaban llenas”. </p><p>El <strong>“Había una vez, un circo” con el que iniciaban el programa dio nombre al espacio “El circo de TVE</strong><strong>”</strong>; el primer, y más recordado, realizador fue Manuel Ripoll, pero le sucedieron hasta seis distintos, y todos tenían que acostumbrarse a la presencia, agitada y vociferante, de un público integrado por niños. Era una condición no negociable que los hermanos Aragón impusieron desde el principio: “Cuando dijimos en TVE que necesitábamos <strong>500 niños para cada grabación</strong> y que a esos niños había que darles un bocadillo y un refresco, <strong>pusieron el grito en el cielo</strong>. No podíamos aceptar programas enlatados fríos, que no permiten la participación. De esta forma conseguíamos hacer vibrar a los chavales, que unas veces miraban atentos y otras se revolucionaban y cantaban con nosotros las canciones”. </p><p><strong>Canciones, un ingrediente básico de su espectáculo; llegaron a componer más de quinientas</strong>, pero una docena de ellas se hicieron populares y fueron tarareadas por varias generaciones de niños, primero en América, luego en España: ¡Hola Don Pepito!, La gallina turuleca, Susanita tiene un ratón, Tres pelos tiene mi barba, Cómo me pica la nariz, La familia unida, Porrompompóm Manuela, Si toco la trompeta,… Todas se hacen primero habituales entre los niños, pero enseguida se convierten en discos de oro que todo el mundo conoce y tararea, y que son fruto del trabajo conjunto de la familia, según recordaba Gaby: “Los payasos de la tele siempre trabajaron en equipo. No había ni tan siquiera un líder, o un creador, que influyera en el resto. Los guiones los escribíamos cada semana en la casa de uno de nosotros. Nuestras mujeres se encargaban de que no nos faltara un cafelito, o algo de picar, mientras hablábamos. Si se nos ocurría una cosa de una gracia tremenda, pensábamos que ese guión no era el adecuado; <strong>si nos gustaba demasiado a nosotros, es que no era bueno para el gran público</strong>”.</p><p>Casi desde el principio se había incorporado el hijo de Fofo, con el nombre de Fofito. Todo lo escribían juntos, pero frente a los niños cada cual tenía el papel muy definido:<strong> Gaby de maestro de ceremonias</strong>; asumía el papel del "listo" del grupo, que sin embargo siempre terminaba escaldado con las bromas de sus compañeros. Vestido siempre con impecable levita negra, su personaje, con el saxofón colgado del cuello, aparentaba un aire serio y pretendía adoptar el rol de líder del grupo, siempre con catastróficos resultados;<strong> Fofo era la ternura hecha payaso y su hijo el del gamberro bromista</strong>; <strong>Miliki llevaba la voz cantante en las canciones, y en las respuestas</strong>, y jugaba a las equivocaciones compenetrado con Fofo. </p><p>En 1974 y 1975 son premiados como los personajes más populares de la televisión por las revistas Actualidad Eespañola y Tele Programa, pero en <strong>1976 saltan todas las alarmas en la familia</strong> y, enseguida, en sus múltiples seguidores: A Fofo se le diagnostica un tumor cerebral y tiene que ser operado cuanto antes. La noticia figura en las portadas de los diarios nacionales y el impacto en la calle es tremendo; los cuatro payasos son aplaudidos por todos, pero quizás sea Fofo el que más hondo ha calado en el cariño de los niños. Recuerdo que ese día (debía ser a mitad de mayo) escribí en el diario Ya –entonces el más vendido de España- una columna en la que rogaba por su recuperación, y terminaba deseando que más pronto que tarde volviera a preguntar a los niños desde la tele ¿Cómo están ustedes? A la mañana siguiente, me llamó el propio Gaby a la redacción, para agradecerme el comentario y contarme que el tumor era benigno; por fortuna los médicos habían descartado que se tratara de un cáncer, y que la familia estaba aliviada, pero inquieta por lo delicado de la operación. Sin embargo, pronto surgieron complicaciones; Alfonso no se recuperaba, cada día estaba más débil, y la inquietud se convirtió en alarma cuando los doctores confirmaron que sufría una hepatitis de origen infeccioso, tras las numerosas trasfusiones de sangre realizadas durante la operación.<strong> Media España seguía los partes médicos que los diarios publicábamos</strong>, en mi caso con el añadido de las impresiones de la familia, que cada noche me comentaba Gaby por teléfono desde la Clínica de la Concepción, donde estaba ingresado su hermano. A primera hora de la madrugada del 22 de junio, Gaby me llamó como cada noche, pero esta vez su voz me llegaba quebrada y tenue para confirmar lo peor: “mi hermano ha muerto”. Redacté la noticia y, en cuanto pude, salí hacía el mortuorio de la clínica donde se instaló la capilla ardiente. Alfonso Aragón Bermúdez, Fofó, hijo y nieto de payasos, había nacido en el madrileño Puente de Vallecas, y allí quería que descansaran sus restos.<strong> El entierro fue multitudinario y lleno del cariño de familiares y seguidores</strong>. Tras el sepelio, acompañé a Gaby, sus hermanos y sobrinos al chalet que tenía en la carretera de Húmera, muy cerca de Prado del Rey, y fue allí donde decidieron que había que contar a todo el mundo que  <strong>el que había muerto era Alfonso Aragón, que Fofó debía seguir vivo en la memoria de todos</strong>. Esa tarde, con las frases que a cada uno se le ocurrían, redacté una carta, en nombre de Fofó, dirigida a los niños de España, que firmaron Gaby, Miliki y Fofito y que se publicó en la revista Tele Radio y que fue reproducida a toda página por diversos periódicos e insertada en los telediarios de TVE. En los años sucesivos, <strong>Madrid bautizó como “Payaso Fofó” una de las principales calles de Vallecas</strong>, mientras se erigía una estatua con su nombre en el Parque de Atracciones; en Murcia también se construyó un parque en su honor; en Elche se completó un conjunto escultórico, con el payaso rodeado de niños, en uno de los puntos más representativos del Palmeral ilicitano, el estanque de los patos en el Parque Municipal, pero fueron muchas más las poblaciones españolas que quisieron honrar a Fofó con placas y bustos en sus parques infantiles. Se trata, sin duda, del<strong> mayor reconocimiento popular que se haya dado a un payaso en España</strong>.  </p><p>El tópico afirma que <strong>el circo debe continuar</strong> aunque muera uno de sus artistas, y los “Payasos de la Tele” siguen la tradición; ahora son Gaby, Miliki y Fofito y ya graban los programas en color –aunque siguen emitiéndose en blanco y negro- y un año después <strong>vuelven a ser cuatro con la incorporación de Milikito</strong>, hijo de Emilio. El éxito continúa pero el viejo espíritu desaparece con la incorporación plena de esa nueva generación. Durante un tiempo, todo parece ir bien: sus programas se emiten también en distintos países de América, y siguen siendo reclamados para galas en directo. Pero <strong>con Fofó se ha ido esa comunicación de entenderse sin palabras</strong>, ese completar y redondear las ideas del otro. Las canciones, los gags que mejor funcionan son los antiguos, los creados por los tres hermanos a caballo entre España y América … <strong>En 1982, Milikito deja de serlo</strong>, para iniciar, como Emilio Aragón, una larga carrera en solitario, primero como humorista, luego actor y músico, y por fin ejecutivo de televisión. Le sustituye Rody, otro hijo de Fofó, pero un año después terminan su contrato con TVE y cada cual busca nuevas vías. <strong>“El circo de TVE” apaga sus luces sin haber recuperado el esplendor</strong> creado por los Aragón Bermúdez. Al margen de disensiones familiares, Gaby lamentaba, años después, la muerte de Alfonso: “<strong>Fofo y yo éramos más que hermanos</strong>. Nacimos solo con tres años de diferencia y no nos habíamos separado ni un solo día en 52 años hasta que murió. Miliki era mucho más joven, era otra cosa. La muerte de Fofo fue el golpe más duro de mi vida”.  Gaby muere en 1995, Miliki en 2012, y sus descendientes, a pesar de dedicarse varios al mundo del espectáculo, han sido incapaces de ahormar un grupo que continuara una tradición de payasos iniciada en el siglo XIX por Gabriel Aragón Gómez, El Gran Pepino, continuada por sus hijos José María, Teodoro y Emilio Aragon Foureaux, Pompoff, Teddy y Emig, y consagrada por los tres hijos de este último, <a href="http://seronoser.free.fr/payasos/index.htm" target="_blank">Gabriel, Alfonso y Emilio Aragón Bermúdez, Gaby, Fofó y Miliki, los inolvidables “Payasos de la Tele”</a>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaime Olmo]]></author>
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