<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Jemeres Rojos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/jemeres-rojos/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Jemeres Rojos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[“Conservándote, no se gana nada. Eliminándote, no se pierde nada”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/conservandote-no-gana-eliminandote-no-pierde_1_1092450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/96245f40-9107-4783-bd6f-e70b4f151858_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Conservándote, no se gana nada. Eliminándote, no se pierde nada”"></p><p>De los dramas contemporáneos, ninguno tan olvidado como el cometido por los <strong>jemeres rojos de Pol Pot en Camboya entre 1975 y 1979</strong>. “Entraron en la capital el 17 de abril. <strong>Cuando fueron derrocados por las tropas vietnamitas se contabilizó la cifra de 1,7 millones de muertos</strong>, lo que suponía casi un tercio de la población del país”, escribe el cineasta camboyano <strong>Rithy Panh</strong> en su libro <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/CR_99" target="_blank">La eliminación (Anagrama), escrito con la colaboración del escritor francés Christophe Bataille</a>.</p><p>El delirio Jemer Rojo estuvo inspirado en un maoísmo extremo mezclado con un culto al campesino e ideas nacionalistas milenarias que su líder, Pol Pot, había adquirido en su juventud al visitar los templos de Angkor, cumbre de la civilización camboyana:<strong> “Si nuestros antepasados pudieron hacer esto, podemos hacer cualquier cosa”, dijo entonces</strong>. Tras sus estudios en París, regresó en los años 1950 a Camboya, donde se unió al Partido Comunista y a su guerrilla. Francia, potencia colonizadora, había dejado el país en manos de un rey que se convertiría en presidente, y contra los que Pol Pot y sus jemeres rojos batallarían hasta hacerse con el poder tras la toma de la capital, Phnom Pehn, en 1975.</p><p>Rithy Panh era entonces hijo de un funcionario del Ministerio de Educación y de una ama de casa. Clase media camboyana criada en la cultura jemer pero que había asimilado ciertos hábitos europeos e ilustrados impuestos por la colonia. Todos hubieron de abandonar Phnom Pehn, en un éxodo obligado por los jemeres rojos sin organización ni orden, lo que supuso<strong> la muerte de miles de personas que vagaban por los campos hambrientos y desorientados</strong>, pagando el precio de la obsesión campesina del líder.</p><p>Además del abandono de<strong> la “burguesa” capital, los jemeres rojos trasladaron al campo a cerca del 40% de la población total del país</strong>, según consigna Panh en este libro estremecedor. “No tuvimos tiempo de sentirnos fascinados ni siquiera convencidos. Fuimos desplazados de inmediato. Condenados a morir de hambre. Separados. Aterrorizados. Privados de palabras y de cualquier derecho. Nos rompieron. Nos ahogaron con hambre y miedo”, escribe. Todos debían ser campesinos y cultivar arroz, en busca de la autonomía que traería un futuro de tres raciones de comida diaria.</p><p><strong>"No creo en la reconciliación por decreto"</strong></p><p>“A los trece años perdí a toda mi familia en pocas semanas. Mi hermano mayor, que se marchó solo a pie hacia nuestra casa de Phnom Penh. Mi cuñado, médico, ejecutado en una cuneta. Mi padre, que decidió no seguir alimentándose. <strong>Mi madre, que en el hospital de Mong se echó en la cama donde acababa de morir una de sus hijas. Mis sobrinas y mis sobrinos</strong> […]. Me quedé sin familia. Me quedé sin nombre. Me quedé sin rostro. Y fue así como seguí con vida, porque me había que dado sin nada”, dice Rithy Panh.</p><p>Treinta años después de la caída de los jemeres rojos tras la invasión vietnamita, Panh comenzó a visitar en su celda camboyana al torturador de uno de los campos de “reeducación” más temibles, el S21, y comenzó una suerte de indagación sobre la psicología del personaje y sus motivaciones.  A veces recuerda a la Hannah Arendt de <em>Eichmann en Jerusalén</em>, y otras a <strong>Martin Sheen hablando con el atribulado teniente Kurtz en Appocalypse now</strong><em>Appocalypse now</em>.</p><p>“No creo en la reconciliación por decreto. Y todo cuanto se resuelve muy rápido me asusta. <strong>Es la pacificación del alma la que conduce a la reconciliación, y no a la inversa</strong>”, escribe sobre el torturador y el juicio que le espera. Es este un libro sobre la imposibilidad de la superación, que tiene en la metáfora del <a href="http://elpais.com/diario/2002/04/08/cultura/1018216803_850215.html" target="_blank">suicidio de Primo Levi</a> décadas después de recobrar la libertad, su metáfora más certera. Solo es posible salvarse (que no superarlo) tratando de comprender y saber, algo que el autor facilitó con películas como <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film676067.html" target="_blank"><em>La gente del arrozal</em></a>, <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film419895.html" target="_blank"><em>Bophana, una tragedia camboyana</em></a>, <a href="http://www.fotogramas.es/Peliculas/S-21-La-maquina-roja-de-matar" target="_blank"><em>S21, la máquina roja de matar</em></a> y <em>Duch: el maestro de las forjas del infierno</em>.</p><p>Porque Rithy Panh denuncia lo poco que se ha hablado de la Camboya de los jemeres rojos (que la renombraron Kampuchea Democrática) y las complicidades personales (como la de Noam Chomsky) e institucionales que tuvo. “Lo que hiere es el silencio. El silencio acerca de las extracciones de sangre, las vivisecciones o los niños asesinados. <strong>El silencio acerca de las violaciones: cuando se vive en la crueldad, incluso las relaciones sexuales son crueles”.</strong></p><p><a href="http://elpais.com/diario/2005/11/20/eps/1132471610_850215.html" target="_blank"> Pol Pot, como tantos otros dictadores, murió en 1998 en la cama, sin haber pagado penas</a>. En este caso en una estera en medio de la jungla camboyana, adonde se había marchado tras la caída de su régimen. No manifestó nunca contrición ni pesar. <strong>Su régimen acabó en cuatro años con casi un tercio de la población de su país</strong>, y marcó de por vida a unos supervivientes que, como Rithy Panh, lo cuentan en libros estremecedores como este. Las causas de las muertes fueron variadas, pero, en palabras del autor, “en determinado grado de hambre, de miseria y de tristeza ya no se sabe de qué muere uno”.    </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[05d46e52-bee2-4272-83df-631ac8eaf0c9]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Aug 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Antonio G. Maldonado]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/96245f40-9107-4783-bd6f-e70b4f151858_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="371615" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/96245f40-9107-4783-bd6f-e70b4f151858_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="371615" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Conservándote, no se gana nada. Eliminándote, no se pierde nada”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/96245f40-9107-4783-bd6f-e70b4f151858_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Asia,Atentados terroristas,Cine,Colombia,Genocidio,Literatura,Terrorismo,España,Cultura,Documentales,Jemeres Rojos,Camboya,Torturas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España, un extravío ético]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/espana-extravio-etico_1_1142914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Las <strong>guerras civiles tienen una mala solución política porque se meten debajo de la piel de las personas, dividen familias y pueblos</strong>. Tampoco es fácil salir de dictaduras en las que la vida pende de la obediencia: aquí los sumisos; allá, los muertos y desaparecidos. En ambos casos es necesaria una reconstrucción ética, resintonizar principios y valores para sanear la sociedad, impedir que se simule la paz escondida en la inmoralidad del silencio.</p><p>Desde los juicios de Núremberg sabemos que para alcanzar una cantidad suficiente de justicia es necesario juzgar a los máximos responsables de los crímenes, <strong>que víctimas y victimarios sepan que no existe la impunidad</strong>. Es más sencillo cuando los victimarios han perdido la guerra, como sucedió con Alemania y Japón. En la derrota, los asesinos pierden la posibilidad de escribir la Historia.</p><p>Tras una guerra con las armas llegan <strong>la guerra de las emociones y la de las palabras</strong>, y los milagros económicos que con la excusa de la paz perpetúan la derrota de los <a href="http://www.losnadies.com/poem.html" target="_blank">nadies</a>. Sucedió en Centroamérica, sucede en África, puede suceder en Colombia.</p><p>También ayudan el <a href="http://www.icty.org/" target="_blank">Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia</a> y en su sección dedicada a Ruanda en el establecimiento de una verdad judicial. Y los tribunales especiales de Camboya y Sierra Leona creados bajo el amparo de Naciones Unidas. <strong>La justicia no consiste solo en el castigo</strong> de los que parecían por encima de las leyes, también <strong>es necesario escuchar el relato de las víctimas</strong>, como sucedió en la Sudáfrica de Nelson Mandela con <a href="https://www.vice.com/es_co/article/avm8jj/verdad-y-cuenta-nueva" target="_blank">la llamada Comisión de la Verdad</a>.</p><p>Hablar. Y sentir que se escucha a las víctimas que son las perdedoras permanentes. <strong>La paz no restituye a los muertos</strong>. A veces, como en España, no restituye ni los cuerpos.</p><p><strong>Escuchar a los que padecieron el abuso es una forma esencial de justicia</strong> porque donde se cometen crímenes masivos es imposible que la justicia oficial, la de la toga y las leyes, llegue a resolver cada caso. Es esencial establecer un relato colectivo capaz de explicar lo ocurrido, asentar la verdad objetiva, algo que es posible gracias a la ciencia representada, entre otros, por <a href="http://www.sciencemag.org/news/2016/12/c-mo-unos-antrop-logos-forenses-est-n-ayudando-las-familias-de-los-desparecidos-en-m" target="_blank">los antropólogos forenses</a>. Sin un relato verdadero y justo es muy difícil construir una paz sana y sostenible.</p><p>Después de la Segunda Guerra Mundial quedó establecido como hecho irrefutable que los nazis asesinaron a seis millones de judíos, además de otros cinco millones de no judíos, en los campos de exterminio. En varios países europeos <strong>se consideró delito negar el Holocausto</strong>. Después de una guerra atroz primó<a href="https://elpais.com/elpais/2014/02/03/opinion/1391429440_767685.html" target="_blank"> la necesidad de sanear a las sociedades afectadas</a>. Uno no puede sanearse si retuerce la historia, si pone sordina a la barbarie.</p><p>La Alemania derrotada tuvo que sobreponerse a la destrucción física de sus ciudades y de sus infraestructuras, y al horror de haber sido protagonista en el exterminio industrial de millones de personas. Alemania se levantó saneada de ese lodo y ayudó junto a varios de los vencedores de 1945 a la creación de lo que hoy es la Unión Europea. <a href="http://www.publico.es/sociedad/refugiados-video-union-europea-quiere.html" target="_blank">No es un espacio perfecto, sobre todo en los últimos tiempos</a>, pero ha cumplido un papel vital: evitar más guerras entre europeos en un continente manchado de sangre. <strong>La UE es un ejemplo de que existe salida del laberinto del odio</strong>.</p><p>Si resulta difícil el proceso de depuración desde la derrota de los victimarios, lo es más<strong> cuando los que perpetraron los mayores crímenes ganaron la guerra</strong>. A la URSS le llevó años admitir <a href="https://cultura.elpais.com/cultura/2012/07/09/actualidad/1341851500_595714.html" target="_blank">los crímenes masivos del estalinismo y la existencia de los Gulag</a>. El telón de Acero fue también una venda de acero en miles de comunistas europeos que veían en la URSS un modelo alternativo al capitalismo, que por aquellos años de Guerra Fría aún andaba con rostro humano.</p><p><strong>Los países que han padecido dictaduras sufren una pérdida colectiva de honestidad</strong>. Es lo que me dijo en Praga<a href="http://www.acantilado.es/persona/ivan-klima/" target="_blank"> el escritor Ivan Klima</a>. Incluye el extravío del sentido de que hay un espacio de todos en el que la sociedad civil se constituye para imponer la democracia o formas de saneamiento de la democracia.</p><p><strong>España padeció una guerra civil y una dictadura durante 40 años</strong> que asentó el relato de los vencedores como el único posible. Arrastramos una doble impunidad. No hubo castigo (ni verdad) jurídico ni se escucharon las voces de las víctimas.</p><p>Han pasado 40 años desde que se restauró la democracia (porque hubo democracia en la Segunda República), una cifra que permite empatar a los 40 años de franquismo, como si pudiéramos decir, tras 40 años de ignominia hemos conseguido 40 de regeneración. Ya somos un país sano. Pero<strong> no lo somos porque carecemos del relato científico, no hay verdad judicial porque jamás se juzgó nada, jamás se investigó nada</strong>.</p><p>Cuarenta años después <strong>siguen decenas de miles de personas enterradas en cunetas y fosas comunes</strong>, una cifra que supera los 100.000 desaparecidos, o no localizados como prefiere decir el historiador Santos Juliá. <strong>Sólo nos supera la Camboya de los jemeres rojos</strong>. Nos resulta más fácil ver dictadores lejos que debajo de nuestra alfombra. Vendemos como un éxito que un rey haya pronunciado de pasada la palabra dictadura tras 40 años de democracia cuando la tardanza resulta vergonzosa.</p><p>No ha habido un esfuerzo por parte del Estado en <strong>edificar una paz sana</strong>. Heredamos una habitación de aire viciado y muebles rotos y así la mantenemos como si cualquier cambio pusiera en peligro la concordia. Es <strong>una paz basada en la mentira, el silencio y el desprecio a los que lucharon por la libertad o padecieron la represión</strong>.</p><p>El acto solemne de los 40 años de democracia fue una exhibición de los defectos de una España plagada de corrupción que <strong>condecora a los actores de la represión en vez de abrazar a sus víctimas</strong>. Hay una corrupción ética por encima de la económica que la permite y alimenta. Que un PSOE con 202 diputados en otoño de 1982 no se atreviera a hacer suya la búsqueda de los fusilados es una prueba del extravío.</p><p>El multitudinario entierro de <a href="http://memoriahistorica.org.es/tag/timoteo-mendieta/" target="_blank">Timoteo Mendieta</a>, el pasado domingo, 78 años después de su fusilamiento, fue un acto de decencia. Para su hija, Ascensión Mendieta, de 91 años, no había pasado el tiempo: estaba enterrando a su padre como si hubiera muerto ayer. Le dieron sepultura en un féretro entero y no en una pequeña caja con los restos. <strong>Fue un acto de dignidad para su familia y para España</strong>.</p><p>No solo es el Gobierno actual y el PSOE de Felipe González, es también la UGT. ¿Qué ha hecho la UGT por sus muertos? ¿Qué hizo por Timoteo? Y es la Iglesia, predicadora de valores de concordia mientras calla ante las víctimas del franquismo y se hace con propiedades y mezquitas de manera casi clandestina. <strong>Han pasado 40 años, pero el avance es circular</strong>.</p><p>Descansa en paz Timoteo Mendieta.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[55fc4ad4-3f0d-4fe7-9af3-4446621e220b]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Jul 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Lobo]]></author>
      <media:title><![CDATA[España, un extravío ético]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Dictadura,Víctimas del franquismo,Franquismo,Francisco Franco,Memoria histórica,Jemeres Rojos,Camboya,Holocausto]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
