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    <title><![CDATA[infoLibre - Gabriel García Márquez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/gabriel-garcia-marquez/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Gabriel García Márquez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La lengua no da igual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/lengua-no-da-igual_129_1882596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7829a9d2-6ab0-41ab-be74-eb3525e77883_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua no da igual"></p><p>Una limpiadora de la <strong>RAE</strong>, de escasa formación, tiene un accidente y se convierte en una erudita de la lengua. Un neurocientífico tendrá que desprogramarla para evitar los problemas que le acarrea ese nuevo celo por la corrección. Es la fábula distópica que cuenta <em>La gramática</em>, la última obra de Ernesto Caballero, estrenada este viernes en el <strong>Teatro Principal de Zamora</strong> y que llegará en noviembre al <strong>Matadero de Madrid</strong>. Distópica o puramente contemporánea.</p><p>Bajar las mayúsculas de los días, meses y estaciones. No plantar esa coma entre sujeto y predicado. Poner la bendita coma del vocativo. Estamos a punto, si no estamos ya ahí, de que parezca que escribirlo bien es escribirlo mal por aplastante mayoría. “<strong>El nuestro es un idioma fabulosamente eficaz</strong>, pero también fabulosamente olvidado”, escribía en 1968 <strong>Gabriel García Márquez</strong>. Hay mucha soledad en la preocupación por la lengua, qué capricho el nuestro, si sólo es, como decía Fernando Lázaro Carreter, <strong>el legado que constituye nuestro patrimonio más sólido</strong>.</p><p>La ortografía y la gramática no son algo elitista: <strong>son puro servicio, utilidad</strong>. Tampoco son superfluas, prescindibles, algo opcional. <strong>Ejecutarlas con precisión sirve para ordenar las ideas</strong>, para evitar ambigüedades, para un hecho tan universal como entenderse. Que un mensaje sea comprensible a la primera es algo necesario en todos los contextos de la existencia. Pero todos los días pasan por nuestros ojos escritos que son un despropósito, un caos, contraproducentes, absoluta dejadez. <strong>Esos textos no los han compuesto personas sin acceso a la educación</strong>, como la protagonista de Caballero, a veces esos textos tienen muchos ceros a su derecha. Señor, si le tengo que pagar por este trámite lo que yo cobro por varios días de trabajo, haga el favor de entregármelo con las tildes en su sitio, gracias. </p><p>Bajar los estándares sólo beneficia a quienes no los necesitan. Desde que soy madre tengo una renovada fe en el esfuerzo porque por fin he entendido que el esfuerzo no merece la pena por los resultados sino por el músculo. Si estás entrenado para esforzarte, podrás volver a hacerlo. Y para la clase trabajadora no hay atajos: con esfuerzo no hay nada garantizado ni fácil, <strong>pero sin esfuerzo directamente no hay nada</strong>. Si has interiorizado que todo da igual, será muy difícil desplegar esas alas de plomo. El desdén actual hacia la lengua me recuerda a cuando, en clase de inglés en bachillerato, intentábamos no pronunciar muy bien para evitar las burlas. El resultado de esa cultura es que a los españoles nos cuesta muchísimo hablar bien otros idiomas, aunque los conozcamos. La novedad es que ahora también ocurra con el nuestro.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Oct 2024 17:45:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Cristina García Casado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La lengua no da igual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[RAE,Lengua,Gabriel García Márquez,Escritores,Idiomas]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nos vemos en García Márquez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/verso-libre/vemos-garcia-marquez_129_1765827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ac3ce25e-bc09-4c93-a003-1b46439b0b93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos vemos en García Márquez"></p><p><strong>Esta semana se cumplen 10 años de la muerte de Gabriel García Márquez.</strong> El tiempo, desde luego, no va a hacer mudanza en su costumbre y seguirá pasando sobre nuestras vidas de manera obstinada. Pero también es verdad que los lectores tenemos una resistencia pertinaz a la hora de guardar en nosotros los libros que nos han marcado. Sigue vivo en mí el adolescente granadino que en casa de su abuela leyó <em><strong>Cien años de soledad</strong></em><strong>. </strong>Sigue conmigo el lector que caminó por la hojarasca, vivió un naufragio, sintió el amor en los tiempos del cólera y conoció la soledad de un coronel o el otoño de un patriarca. <strong>La literatura nos hace sentir vivos el amor y los otros demonios del pasado.</strong></p><p>Acabo de leerme la novela póstuma de García Márquez, <em><strong>En agosto nos vemos</strong></em><strong> </strong>(Random House, 2024). Sus hijos y sus editores han contado que Gabo, ya enfermo, tuvo miedo al escribirla. Los fallos en la memoria le podían afectar a la hora de definir la evolución de los personajes y del argumento. Pero el miedo no le impedía indagar en las palabras, volver a una frase, calcular todo lo que vive en un verbo o un adjetivo. </p><p><strong>A mí me ha encantado En agosto</strong><em><strong> nos vemos</strong></em><strong>. </strong>Quizá tienen razón los que dicen que no es comparable a sus grandes obras, pero eso ocurre con la mayoría de las novelas que se publican en el mundo. Admirar a García Márquez, o a Vargas Llosa, o a Ana María Matute, no puede convertirse en una invitación al silencio. Por el contrario, es un compromiso con el deseo de mantener vivo el largo caminar de la literatura. <strong>Y </strong><em><strong>Nos vemos en agosto</strong></em><strong> es buena literatura.</strong> En mí está ya la historia de la mujer que viajaba todos los años a una isla en busca de sí misma, más allá de la disciplina doméstica del amor, y acabó por encontrarse con la historia de su madre. No llegamos a conocer del todo a los demás porque desconocemos mucho de nosotros mismos. <strong>De ahí la utilidad de la literatura y sus preguntas</strong>. Conviene ser discretos, pero no tanto.</p><p><strong>Una de las llamadas telefónicas más alegres de mi vida </strong>sonó en casa un 7 de mayo de 2005. De pronto <strong>Joaquín Sabina</strong> me dijo que estaba en Madrid García Márquez, que lo había llamado para quedar y él le había dicho que esa noche no podía porque era el cumpleaños de <strong>Almudena Grandes</strong>. El maestro le contestó: <strong>“Si me invitan, me uno a la fiesta”.</strong></p><p>Fue el mejor regalo de cumpleaños, porque Almudena y yo estábamos invitados desde hacía mucho tiempo a la fiesta de su literatura. Conservo en mi biblioteca el ejemplar de <em><strong>Memoria de mis putas tristes </strong></em>que nos dedicó. Pero la anécdota de la noche fue el exceso de discreción con el que nos comportamos los amigos cuando Gabriel y Mercedes llegaron a casa. Qué honor, esta es su casa, una copa de vino, un poco de carne, un trozo de tarta, un whisky, unas palabras de tertulia sobre el bien y el mal, sobre los viajes, la política y el curso del mundo…</p><p><strong>Joaquín nos había pedido que fuésemos discretos con el invitado, </strong>que no lo atosigáramos. Y fuimos tan obedientes que, a pesar de la admiración, ejercimos la hospitalidad con una timidez excesiva. A los dos días, nos llamó desde Barcelona la editora Beatriz de Moura para decirnos: “Acabo de estar con Gabo, me ha contado que estuvo en vuestra casa y que es la primera vez en 40 años que nadie le hace ni puto caso”.</p><p>Buen sentido del humor, del que también pude disfrutar después en algunos encuentros en México y en su casa de Cartagena de Indias. Lo recuerdo ahora, a los diez años de su muerte, cuando abro <em><strong>En agosto nos vemos</strong></em><strong>: </strong>“Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las 3 de la tarde”. Y sigo con la lectura, con el rodar de los días, con él y conmigo mismo. Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel <strong>Aureliano Buendía</strong> había de recordar aquella tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo….</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Apr 2024 17:56:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Gabriel García Márquez,Literatura,Arte,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las pasiones recobradas de Gabo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasiones-recobradas-gabo_1_1734333.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c8043c47-34e3-410b-8a29-71d02253e94e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1010849.jpg" width="991" height="557" alt="Las pasiones recobradas de Gabo"></p><p><strong>Gabriel García Márquez</strong></p><p><strong>Editorial Random House (2024)</strong></p><p>La biografía aisló a<strong> García Márquez </strong>cuando pretendía cuajar <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/336518-libro-en-agosto-nos-vemos-9788439743071" target="_blank"><em>En agosto nos vemos</em></a><em>. </em>La real. El olvido comenzaba a talar su mente un tiempo después de someterse a un tratamiento de quimioterapia para combatir un linfoma, un cáncer del sistema inmunológico. En los recuerdos manaba la sangre de su literatura inaugural y mágica. "La memoria es a la vez mi materia prima y mi herramienta. Sin ella, no hay nada". Gabo, en primera persona, despojado de un atributo esencial. "Sufrió bastante… disminuyó sus posibilidades de seguir escribiendo con su rigor de costumbre". Constatan los hijos. "Un profesional de la memoria". Definición de <strong>Gerald Martin</strong> en <em>Gabriel García Márquez. Una vida. </em>Narrarse se interpuso también. Publicó <em>Vivir para contarla </em>en 2002. "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Insiste en el ímpetu de las reminiscencias en la antesala del relato sobre su infancia ("<span class="highlight" style="--color:white;">Nada interesante me ha pasado después de los ocho años", cuando dejó la casa de sus abuelos, en Aracataca) </span>y juventud, los nutrientes tangibles de su imaginación asombrosa. Llegó a plantearse esa obra como el portazo estrepitoso. "Ya he escrito bastante, ¿no? La gente no puede sentirse defraudada, no me pueden pedir más, ¿no crees?", dijo <strong>Gabo </strong>a su biógrafo. Los interrogantes mitigaron las dudas. Resueltas al alumbrar su última ficción —ya penúltima—, <em>Memoria de mis putas tristes</em>, en 2004, inspirada en <em>La casa de las bellas durmientes</em>, de Yasumari Kawabata. Nos remite a esa etapa. Esta novela circunnavegaba su cabeza en los años inmediatos al diagnóstico de su enfermedad, a finales de los noventa. La revisó dieciocho veces. Revira el alma de su protagonista, Mustio Collado, "feo, tímido y anacrónico". Se regala una noche de sexo prostituido "con una virgen adolescente" para celebrar sus noventa años. La impavidez desnuda y emergente de una niña de catorce años muta sus anhelos de "glorificar la vejez" en enamoramiento.  </p><p><em>En agosto nos vemos </em>emparenta con <em>Memoria de mis putas tristes </em>(hermanas de una hipotética trilogía, donde Gabo sumaría la historia amorosa de un virrey embalsamado). Por longitud, poco más de ciento veinte páginas (llega un momento en la vida del escritor en que ya no puede escribir una obra extensa de ficción: "La cabeza no puede… atravesar el terreno traicionero de una novela larga… De ahora en adelante, serán textos más cortos". Sin cumplir los setenta, se lo comentó a Rodrigo, quien homenajea a sus padres en <em>Gabo y Mercedes: una despedida</em>). Estrechan el vínculo por las pasiones de sus personajes: invernal, la de Mustio, iniciática y de tardío, la de Ana Magdalena Bach. García Márquez sustrae el nombre de la segunda esposa del compositor <strong>Johann Sebastian Bach</strong>, que gestó trece hijos y murió en la miseria.</p><p>Un cementerio de pobres, un pueblo indigente, un lugar impreciso del Caribe. Un rito anual de esta mujer de cuarenta y seis años. "Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las tres de la tarde". El comienzo de esta obra <em>inacabada</em> por <strong>Gabo </strong>—rematada por el editor, <strong>Cristóbal Pera</strong>, casi diez años después de fallecer el Nobel colombiano—. Su sello, deslizarnos por sus palabras desde el cuándo. Un hábito. <em>Cien años de soledad</em>: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota…" (principio de posteridad). <em>Crónica de una muerte anunciada</em>: "El día que lo iban a matar (un <em>spoiler </em>irreprochable), Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana…<span class="highlight" style="--color:white;">". </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El otoño del patriarca: "</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">Durante el fin de semana los gallinazos (aves definitorias) se metieron por los balcones de la casa presidencial". </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Del amor y otros demonios </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">(novela entroncada con </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>En agosto…</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">): "Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre". Y más… </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>García Márquez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> estratificó la vida: "la pública, la privada y la secreta". </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>En agosto nos vemos </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">rasga el velo inconfesable de Ana Magdalena Bach</span>, la única mujer protagonista absoluta de una obra de <strong>García Márquez</strong><span class="highlight" style="--color:white;">. Su lado público, maestra, lectora, melómana, "rostro de madre otoñal", casada con un director de conservatorio "de belleza fácil". Un hijo y una hija. La vertiente privada: con diecinueve años, llegó "virgen" (una reiteración </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>garciamarquiana</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">) a su boda y ahora mantiene relaciones fogosas en ubicaciones disparejas con su esposo. Se conocieron "tanto a fondo que terminaron por parecer uno solo". La vida secreta, luminosa, no oscura, la médula de esta novela. Le sucede en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>la isla de la rutina</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. "Lo idéntico como un conjuro. Solo desembarca en la isla el día del aniversario de la muerte de su madre. Viaja allí desde hace siete años, "a la misma hora, con el mismo hotel y la misma florista". Toma un taxi, carcomido por el salitre, sube al camposanto para los pobres, destino que eligió su madre, Micaela, por razones ignoradas, aunque percibe que era el único lugar solitario donde no podía sentirse sola. Ceremoniosa, deposita unos gladiolos ante la tumba de su progenitora. Le recuenta los últimos doce meses. Persigue que la alumbre el tránsito por sus incertezas. A la hora de la cena, "ordenó, para no equivocarse, el mismo sánduiche de jamón y queso de otros años, con pan tostado y café con leche". Una constancia revocable. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Un hombre, circunstancial y fugaz, posó sus "manos mudas" en su piel y aposentó su "corazón bueno y cobarde" en su espíritu. Lágrimas de San Lorenzo, noche breve de verano, ardor agostado. Confundida por el varón sin nombre, "empezó a ver (la vida) con los ojos del escarmiento". Fundacional: "nunca más volvería a ser la misma". Fin del primer viaje. Suma una nueva necesidad para el siguiente. No repite todo el ritual. Se instala en un hotel desacostumbrado, caro. Con las flores, traslada a Micaela "su noche de amor libre el año anterior, que había reservado solo para ella, y solo para aquel momento… Estaba tan convencida de que ella le mandaría su señal aprobatoria, que la esperó al instante". Un joven, innominado también, "tan bello en un empaque tan anticuado", con sórdido futuro, se acumuló sin rastro en su misterio. El tercero, un "especialista en amores fáciles", padrino de su hija. Suplicaba a Ana Magdalena Bach "un minuto de cama, solo un minuto, para besarla vestida". Asuntos pendientes. Después de este viaje, al marido le poseyó la sospecha, dudas que la mujer nunca disipó, ni de ella ni sobre él. Hubo un cuarto viaje, un cuarto hombre, con oficio y datos expresados. Aunque Ana Magdalena, impulsiva, los desdeñó hasta arrepentirse. Alma amarrada, "empezó a sentirse extraña entre los suyos", incapaz de "ser feliz" con esa ausencia irremplazable. Incluso "iba perdiendo la ilusión de la isla". Lo consignó como "una argucia póstuma de su madre". La vida secreta de Micaela, maestra montessoriana, que "tenía la virtud de las pocas palabras".</span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Entre los múltiples métodos de la escritura, uno curioso, pero no extravagante. Relatar la última frase antes que la primera. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>En agosto nos vemos, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">una obra que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>García Márquez </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">solicitó destruir por inconclusa, su cierre es "deslumbrante", como califica su editor. Él, la familia del escritor y quien compró y guarece su legado, el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, en Austin, han exhumado sustantivos, pronombres, verbos, adverbios y adjetivos. Apuntes casi ilegibles. Los han articulado como los perfiló Gabo en sus versiones —constan cinco, pero algunos las duplican porque no corrigió igual todos los capítulos—, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>insuficientes, </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">creyó,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">para rematar una novela concluida. "No ha habido que agregarle frases", el texto es integral", "no se ha omitido ningún episodio". Lo dicen sus hijos.  Restaurado el esqueleto hueso a hueso, dotado incluso de epidermis y carnalidad, surge el debate sobre si se ha cometido una traición al no respetar la última voluntad de mantener enterradas estas páginas en el cementerio de las obras siempre peregrinas. Rodrigo y Gonzalo García Barcha aseguran que su padre les dijo "cuando esté muerto, hagan lo que quieran". "¡Eso nos hace dormir mejor!", remachan. </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">Quienes disfruten con estos viajes de ritos rotos pensarán que ha sido justo obtener un boleto en el mismo transbordador estival de las tres de la tarde. Un pasaje para contemplar las pasiones escondidas, los deseos colmados, de Ana Magdalena Bach. Ella y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>En agosto nos vemos </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">han desenredado a Gabo de un laberinto de silencio y polvo. Perdonada la </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>traición </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">por concedernos la primera </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>oportunidad sobre la tierra</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de asomarnos al punto final de un escritor</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">sin límites. No será olvido.    </span></p><p><span class="highlight" style="--color:white;">_______________                                                                                                                                                                                             </span></p><p><em>* </em><em><strong>Prudencio Medel</strong></em><em> es periodista. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Mar 2024 20:00:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Prudencio Medel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La genialidad del principiante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/genialidad-principiante_1_1620557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8ce7e0a7-c803-44e6-ad67-79ee3eed8cfe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La genialidad del principiante"></p><p>Hace una docena de años escogí algunas columnas de prensa de la primera época de Gabriel García Márquez como periodista. Este, su periodo de iniciación, transcurre al principio en <strong>Cartagena de Indias</strong>, entre el 21 de mayo de 1948 y finales de 1949, y luego en <strong>Barranquilla</strong>, entre el 5 de enero de 1950, hasta el 24 de diciembre de 1952. Durante estos cuatro años y medio, fuera de algunos cuentos, García Márquez escribirá su primera novela, <em><strong>La Hojarasca</strong></em><em>, </em>y dejará inconclusa otra que nunca se editó,<em> La Casa</em>, de la cual extrae material, cuando se ve sin tema, para algunos de los artículos de los que vive en esta época. El valor de esas columnas no es puramente anecdótico; tampoco son simples curiosidades que ejemplifiquen el trabajoso periodo de formación de cualquier escritor. Sostengo que hay, desde este amanecer de su escritura, <strong>deslumbrantes chispazos de genialidad</strong>, tanto en la insólita selección de los temas como en las ocurrencias verbales y el estilo general.</p><p>El 9 de abril de 1948, fecha del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el consiguiente Bogotazo, Gabriel José García Márquez era un <strong>estudiante de segundo año de Derecho</strong> que apenas un mes antes, el 6 de marzo, había llegado a la mayoría de edad (21 años, en aquel entonces). Este muchacho flaco y mal vestido asistía con desgano a sus clases en la Universidad Nacional, vivía en una pensión de costeños por el centro de Bogotá, y soñaba con dejar de obedecerle al padre –que quería un abogado en la familia– para dedicarse de lleno a escribir. Que su ilusión no fuera del todo descabellada acababa de demostrárselo un éxito reciente: <strong>sus primeros tres cuentos</strong> habían sido publicados (en septiembre y octubre del 47, y enero del 48), con grandes elogios de Eduardo Zalamea Borda, en el suplemento literario <em>Fin de semana</em> de <em>El Espectador.</em></p><p>El <strong>Bogotazo</strong>, una tragedia para Colombia, significó para el joven García Márquez una paradójica liberación. La Universidad Nacional fue cerrada el 11 de abril, la pensión de estudiantes costeños donde vivía fue allanada por el ejército en busca de revoltosos, algunos de sus cuentos se quemaron en las hogueras de aquellos días, antes de que <em>El Espectador</em> pudiera publicarlos, y el 20 de abril, más ligero de equipaje que nunca, García Márquez tomó el primer avión de su vida, un DC-3, y regresó a su Caribe natal, primero a Barranquilla, y luego, hacia mediados de mayo, a Cartagena de Indias. Una de las peores tragedias nacionales tuvo para Colombia al menos una consecuencia feliz: gracias a ella, el mejor escritor de nuestra historia abandonó los códigos y se dedicó definitivamente a escribir.</p><p>Para decir toda la verdad, lo cierto es que aquel estudiante, presionado por la familia, se matriculó también en la Universidad de Cartagena, en la misma carrera, pero al cabo de poco tiempo perdería casi todas las materias por inasistencia. Gracias a un encuentro azaroso con el escritor Manuel Zapata Olivella, que lo presentaría con Clemente Manuel Zabala, redactor de un nuevo periódico liberal, el desgarbado muchacho de Aracataca consiguió su <strong>primer empleo como periodista </strong>en <em>El Universal,</em> el diario fundado hacía pocas semanas por Domingo López Escauriaza,  un hermano del Tuerto López, el más grande poeta de la Costa caribe colombiana.</p><p>Su debut como columnista ocurre el 21 de mayo de<strong> 1948</strong>. En esa fecha empieza a aparecer, en la cuarta página, la <strong>columna </strong><em><strong>Punto y aparte</strong></em>, firmada con su nombre y apellidos. En <em>El Universal, </em>durante el año y medio que siguió, escribiría también editoriales y numerosas notas anónimas. Algunas de estas han sido rescatadas con los años, con atribuciones más o menos seguras (1). El pago que le daban en <em>El Universal</em> era tan miserable que el periodista, al terminar su trabajo después de la media noche, muchas veces se quedaba a dormir en la redacción, para ahorrarse la noche de pensión, y llegaba (si iba) a las clases en la universidad, sin siquiera bañarse y con la ropa repetida durante semanas. Pero entre tanto, escribía y escribía, que era el oficio al que con mayor pasión se quería dedicar.</p><p>Como bien observa Dasso Saldívar en su biografía del escritor, García Márquez “fue haciendo de su columna <em>Punto y aparte</em> una especie de laboratorio para […] ensayar un estilo propio en el que<strong> se difuminaran las fronteras </strong>entre periodismo y literatura. Se puede constatar, como se ve también en sus primeros cuentos, que el autor de <em>Cien años de soledad</em> <strong>no siempre escribió bien</strong> y que su estilo claro, ordenado, musical y sugerente es el producto de una ardua y larga búsqueda”. (2) Pero también debe decirse lo contrario: no siempre escribió mal. Con la influencia y las observaciones de Zabala, un hombre ponderado y culto, más los comentarios de otros dos colegas y amigos del periódico (Héctor Rojas Herazo y Gustavo Ibarra Merlano), aquel muchacho al que llamaban Gabito, escribió varias columnas maravillosas en las que, precisamente, las fronteras entre periodismo y literatura resultaban muy difusas, lo que le daba a las notas mayor encanto.</p><p>Una, quizá la mejor lograda de aquellos años de Cartagena, es del 4 de julio de 1948, es decir, de cuando llevaba menos de dos meses en el periódico. Por mucho que se hable de sus lecturas de formación, por mucho que se diga todo lo que sus mentores le corrigieron y enseñaron en aquellos años, este <em>Punto y aparte</em> que comienza diciendo “Y pensar que todo esto estará alguna vez habitado por la muerte”, no es solamente un artículo de antología: es una hondísima<strong> reflexión sobre la precariedad </strong>de algo que parece tan absoluto y definitivo como el amor. Habrá en el tono influencias de los poetas piedracielistas; habrá quizá también alguna reminiscencia de Quevedo, pero ese muchacho recién contratado tenía ya vuelo propio, y, como si hubiera aprendido sin aprendizaje, como si hubiera nacido escritor, ya sabía escribir.</p><p>Si el artículo al que acabo de referirme es grave y en cierto sentido desolador, la otra vena, mucho más ligera y festiva, del gran periodista de notas intrascendentes, aparece en otro ejemplo que da idea del tono y de los temas que en ese entonces le interesaban a García Márquez. Su publicación es incluso anterior, y el tema puede parecer frívolo: es la caracterización psicológica de un día de la semana, <strong>el jueves</strong>. La divagación no pretende nada extraordinario, pero quien haya tenido la sensación de que todos los días de la semana tienen su propio carácter y su propia temperatura, verán que lo que decía aquel muchacho de 21 años indicaba ya una gran capacidad de penetración y ensueño. Y su escritura poseía ya esa gracia y ese ángel tan difíciles de definir que lo acompañarían desde estos, sus primeros vagidos como escritor, hasta sus obras maestras de la madurez.</p><p>Ambos artículos son mucho más poéticos que otra cosa. No son, en rigor, columnas de opinión; no se manifiestan de un modo tajante sobre ningún acontecimiento político o violento de la realidad del país. Son, más bien, paseos de la imaginación y divagaciones sobre cosas graves o livianas que parecen flotar en el aire. Este tono quizá esté motivado también por las circunstancias políticas del momento: con el arreciar de La Violencia <strong>la censura estatal conservadora</strong> se hacía mucho más dura con los diarios liberales. Sus páginas de opinión, en ocasiones, venían con fragmentos en blanco, por notas suprimidas a última hora por los censores.<strong> </strong>Es posible que el joven García Márquez se adaptara, desde entonces, a escribir sobre temas menos comprometidos y polémicos; pero es posible también que esa haya sido siempre la inclinación más genuina de su escritura: no la denuncia o el panfleto, no el interés de entrar en la lucha partidista, sino más bien la concepción del ejercicio literario como un oasis de libertad donde él simplemente hacía lo que le daba la gana.</p><p>Comentando el estado de ánimo con el que escribía en aquellos años, y su distancia de la crisis política que vivía el país, el García Márquez memorialista, en <em>Vivir para contarla,</em> escribe lo siguiente: “La verdad de mi alma era que el drama de Colombia me llegaba como un eco remoto y sólo me conmovía cuando se desbordaba en ríos de sangre. Encendía un cigarrillo sin terminar el anterior, aspiraba el humo con las ansias de vida con que los asmáticos se beben el aire, y las tres cajetillas que consumía en un día se me notaban en las uñas y en una tos de perro viejo que perturbó mi juventud. Estaba convencido de que mi mala suerte era congénita y sin remedio, sobre todo con las mujeres y el dinero, pero no me importaba, pues creía que la buena suerte no me hacía falta para escribir bien.” (3)</p><p>García Márquez trabajó tanto, tan mal pagado y en condiciones tan precarias en<em> El Universal, </em>que terminó por enfermarse de neumonía y tuvo que irse un mes a casa de sus padres, en la población de Sucre, para intentar reponerse. Cuando vuelve a Cartagena, en los últimos meses del 49, tiene ya el plan de cambiar de periódico e irse a vivir a Barranquilla. Durante ese mes largo de convalecencia sus amigos del puerto sobre el Magdalena le han mandado montones de libros recientes de autores ingleses y norteamericanos: Faulkner, Capote, Dos Passos, Huxley, Virginia Woolf…(4) Cuando regresa ya repuesto a Cartagena, publica una nota, el 24 de junio del 49, que no está bien escrita y habla de un insulso reinado de belleza, pero de la que quiero destacar lo siguiente: en ella emplea por primera vez un seudónimo, <strong>Septimus</strong>, que luego usará siempre en sus columnas de <em>El Heraldo, </em>el diario que lo acogerá a partir de 1950, cuando se va a vivir a Barranquilla.</p><p>Quién es Septimus lo explica el mismo García Márquez en sus memorias: “Tomado de Septimus Warren Smith, el personaje alucinado de Virginia Woolf en<em> La señora Dalloway”. </em>Éste es una especie de <strong>loco con ataques de cordura</strong>, que habla solo y tiene visiones premonitorias. El pasaje fundamental del libro, y el que explica cabalmente el seudónimo escogido por García Márquez, dice así: “¿Había algo en él que indujera a sospechar al transeúnte: he aquí a un joven que lleva el más importante mensaje del mundo y que es, además, el hombre más feliz del mundo y el más desdichado?” (5)</p><p>Cuando García Márquez, animado por Alfonso Fuenmayor y los demás amigos de La Cueva se va a vivir a Barranquilla, además de Gabito, era conocido también con el apodo de <strong>Trapoloco</strong>, por sus camisas vistosas de pájaros y flores, sus pantalones remendados, su única chaqueta a cuadros siempre repetida y sus calcetines de colores estridentes (anaranjados, verdes, rojos). Semejante pinta, cuenta él mismo en sus  memorias, “por un tiempo me merecieron una fama secreta de maricón de buque”. ¿Podía alguien pensar que Trapoloco tenía algo importante que decir? De la fundamental importancia de sus palabras, de la confianza absoluta en sus escritos, había una única persona convencida: él mismo. El genio, dijo alguien, consiste en creerse genio, pero además, y sobre todo, en acertar.</p><p>A la genialidad, sin embargo, para no perderse en elucubraciones gaseosas, le conviene también <strong>alguna buena dosis de realidad</strong>. Si el periodismo es el sitio donde la literatura se cruza con la vida, el lugar donde los vuelos de la imaginación, sin cortarse, ponen los pies en la tierra, nada más conveniente para un escritor que tiende a la fantasía y a la exageración que amarrarse a los tobillos ese lastre de afán y de verdad periodística, esa necesidad de referirse a algo concreto y verdadero, por extraño que sea, que es lo que esperamos leer quienes queremos enterarnos de lo que pasa en el mundo. Dice García Márquez en sus memorias: “En mis notas de ‘La Jirafa’ me mostraba muy sensible a la cultura popular, al contrario de mis cuentos, que más bien parecían acertijos kafkianos escritos por alguien que no sabía en qué país vivía.”</p><p>Se ha derramado muchísima tinta para destacar lo importantes que fueron los años de Cartagena y Barranquilla para pulir el diamante en bruto que era el joven García Márquez. Ya me he referido, muy brevemente, a los personajes fundamentales durante su ejercicio periodístico en la ciudad heroica. Debo referirme, ahora, con igual brevedad, al sabio catalán, a José Félix Fuenmayor y a “los mamadores de gallo de La Cueva”. Los dos primeros eran personas mayores, de una generación anterior, y ambos tenían ya un pesado bagaje de vida, de lecturas y de trabajo creativo y editorial. Ellos representaron para el Gabito de entonces un ancla segura de madurez y serenidad. Los amigos de su generación (Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y, más esporádicamente, Álvaro Mutis) fueron otra cosa, más asociada a la bohemia que a la madurez: las farras, las casas de citas, la conversación, las noches en vela hablando de literatura, los libros devorados, las discusiones políticas interminables, los bares, los cines, los cafés, los cigarrillos y el ron. Unos y otros eran lectores críticos y duros de sus columnas de prensa.</p><p>Dasso Saldívar lo resume mejor que nadie en su biografía: “Con dos maestros tan completos como Ramón Vinyes y José Félix Fuenmayor y unos amigos tan fraternales, emprendedores y ‘mamagallistas’ como los del grupo, en una ciudad abierta y cosmopolita como la Barranquilla de comienzos de los cincuenta, no es de extrañar que, muchos años después, García Márquez confesara y repitiera hasta la exageración que los <strong>años más fructíferos y deslumbrantes de su vida</strong> habían sido los tres o cuatro que pasó con sus amigos en aquella ciudad, y que éstos, como se lee en <em>Cien años de soledad</em>, habían sido ‘los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida’.” (6)</p><p>Si es cierto que estos fueron los años más “fructíferos y deslumbrantes” de la vida de García Márquez, es extraño que no se lean con más cuidado sus columnas de entonces, los casi 400 artículos que escribió, frenéticamente y varias veces a la semana, durante los mil días que pasó en Barranquilla. La columna aparecía casi todos los días en la tercera página de<em> El Heraldo</em> y tenía un nombre, <strong>La Jirafa</strong>, que también merece una pequeña glosa. Esto le dice a Gustavo Arango uno de los amigos de García Márquez de aquella época: “Yo creo que él se fue a Barranquilla buscando más aires, más libertad y una mejor remuneración. En cuanto a novias, de la única que hablaba era de Mercedes. Le decía ‘La Jirafa’ y así tituló la columna que escribía después en <em>El Heraldo”</em>. (7) Algo parecido dice García Márquez en sus memorias, aunque sin darle nombre propio a la mujer: “El título de la columna —<em>La Jirafa—</em> era el sobrenombre confidencial con que sólo yo conocía a mi pareja única en los bailes de Sucre”.</p><p>En cuanto a la <strong>“mejor remuneración” barranquillera</strong>, habrá que anotar que en <em>El Heraldo</em> a García Márquez le pagaban 3 pesos por columna, 2 pesos por noticia y 4 por editorial. Si se tiene en cuenta que una botella de whisky de contrabando costaba 15 pesos y que por su cuarto en un burdel de mala muerte le cobraban un peso con cincuenta por noche, se entenderá que aquel muchacho tenía a duras penas para comer y dormir, aunque vivía algo mejor que en Cartagena, donde por cada artículo le pagaban menos de cincuenta centavos y muchas veces no podía permitirse un catre para pasar la noche.</p><p>En algunas de aquellas Jirafas están, desde ya, las obsesiones que poblarán sus grandes novelas del porvenir, y son interesantes para ver la gestación de un mundo imaginario que es una mezcla de recuerdo, lecturas y ensoñación. En otras hay comentarios más ligeros o anécdotas intrascendentes. Muchas de ellas muestran la rica variedad de formas que puede asumir el género periodístico en el que, quizá, es posible permitirse la mayor libertad: los artículos sueltos de opinión. Su esencia no es, como parece ser casi obligatorio en nuestros países, la catilinaria política o la denuncia social. Su alma verdadera es mucho más grande y más simple al mismo tiempo: se trata de un ensayo breve. Y este puede ocuparse de algo que tiene que ver con la actualidad política o social, pero también con cualquier otra cosa: una noticia curiosa, una visita importante (o no), un libro leído, un personaje fallecido, un hecho intrascendente presenciado en la calle, el comentario de un amigo, un sueño real o inventado, una noche dormida o una noche de desvelo…</p><p>Ya he dado el contexto vital y el fermento cultural en los que García Márquez ejerció su oficio de columnista en aquella primera época (más tarde, en los años ochenta, volvería a hacerlo en <em>El Espectador,</em> cuando a pesar del peso de la fama seguía escribiendo con la misma frescura de sus veinte años). Me queda por hacer, simplemente, un recuento rápido de algunos artículos destacados, según los temas elegidos y las formas por las que optó al abordarlos. <em>Motivos para ser perro</em>, por ejemplo, es del 20 de marzo de 1950, a pocos meses de llegar a Barranquilla. El tema es un perro manso, sabio y real que vivía en uno de los cafés frecuentados por los mamagallistas, el Japi. La vida del animal se compara con la de los humanos, con la de algunos perros literarios, y al fin el redactor envidia su sosegada vida casi con ansias de hacer un <strong>intercambio de almas</strong>.</p><p>Otro es el caso de <em>La importancia de la letra X</em> (5 de mayo de 1950), una breve divagación en el mismo tono despreocupado y jovial del artículo sobre el día jueves: las letras también tienen personalidad, y lo más interesante de la X es que sirve para tachar, es decir, para borrar las huellas, para dejar invisibles los arrepentimientos y las correcciones de que está hecho el oficio de escribir, por lo menos cuando se escribe, como escribía García Márquez, a máquina. Por su parte, <em>Día en blanco</em> (9 de mayo del mismo año) no es otra cosa que la alucinada descripción de un guayabo terciario, el cuento de una borrachera con laguna que se prolonga hasta la mañana siguiente hasta convertirse casi en un relato fantástico. Debe tenerse en cuenta, además, que el estilo también es una opinión. Elegir un tono en la escritura es como mostrar una bandera de la postura que asumimos frente a la vida.</p><p>Otras piezas pueden ser directamente literarias. El escritor, animado por la inminente llegada de Álvaro Cepeda Samudio, se ha enfrascado en una novela,<em> La Casa,</em> y quizá para no distraerse demasiado con su columna diaria, publica fragmentos de lo que va escribiendo en el libro. <em>La hija del coronel (apuntes para una novela)</em> es del 13 de junio de 1950 y no está firmado con seudónimo sino con su nombre, lo mismo que <em>El hijo del coronel</em>, del día 23 del mismo mes. Ambas piezas son fragmentos desordenados, casi bocetos rápidos, incluso con saltos que parecen hacer perder el hilo de la historia. Lo interesante aquí es notar la calistenia (verbal, imaginaria) literaria del futuro autor de <em>Cien años de soledad</em>. Están los <strong>nombres de algunos persojanes memorables</strong>, el coronel Aureliano Buendía, Remedios, y una mujer que, por el mismo título del libro, después ya no podrá llamarse Soledad sino Úrsula Iguarán. Como columnas de opinión no son muy valiosas, pero como arqueología literaria son invaluables.</p><p>Para la columna del 8 de septiembre de 1950, <em>Disparatorio</em>, opta por dividirla en diez parágrafos numerados. Cada uno es, en realidad, el boceto rápido de un cuento posible, o de un artículo no escrito. No son despropósitos sino las semillas no sembradas ni cultivadas de diez nuevas especies de relatos. Algunos son mejores que otros, pues dos o tres abusan de recursos surrealistas. El numeral 9 merecería estar en la <em>Antología de cuentos breves y extraordinarios</em> de Bioy y de Borges. <em>El pesimista</em>, del 9 de octubre del año 50, es una especie de apólogo sobre la hipocondría, o la capacidad que tiene la imaginación de jodernos para siempre la vida. Una burla fantástica a la solemnidad y el puritanismo de la ciudad donde he vivido, Medellín, es lo que contiene <em>La manera de ser nudista</em>, del 2 de noviembre de 1950. Se trata, imagínense, de una asociación de nudistas que nunca se quitan la ropa. El estilo irónico distante, como decía, es ya una opinión; un escritor conservador haría párrafos rimbombantes impostando la voz.</p><p>En Cartagena ya había dedicado García Márquez un artículo a George Bernard Shaw, bastante bueno, donde discutía el tema de cuando un escritor quiere volverse rico vendiendo sus palabras. Se titula <em><strong>La última anécdota de J.B.S.</strong></em><strong> </strong>y es la nota necrológica sobre el escritor recién fallecido (la jota del título es por lo del Jorge traducido). Es de ocasión pero es un buen ejemplo del género del obituario, con el que tocaría cimas mucho más altas, años más tarde, con el suicidio de Hemingway. <em>Faulkner, premio Nobel,</em> otro artículo del mismo mes y año, es interesante también por ver lo que pensaba sobre el Nobel un joven que quizá no sospechaba (si bien yo creo que lo sabía desde entonces) que llegaría a ganárselo.</p><p>También las columnas pueden entroncar con sus lecturas y con la vida, como en <em>El cuento más corto del mund</em>”, que es <em>La Jirafa</em> del 10 de marzo del 51. En aquellos días Mercedes, su novia, estaba estudiando interna en Medellín, y Gabo viajaba en avión a la capital de Antioquia cada vez que podía. De ahí le salen varias anécdotas de aviones. Esta culmina con una triste historia de agencia de noticias, leída en el avión durante el vuelo. Ese es el cuento más corto del mundo. Del 27 de junio del 51 es <em>La verdad del cuento</em>, un boceto, ya más personal, de otro cuento posible, que esta vez no es trágico, sino de amor, y que quizá tenga que ver con su vida en el burdel, donde apenas unos tabiques de madera lo separaban de los amores mercenarios a los que se veía obligado a asistir noche tras noche.</p><p>Muchos lectores recordarán aquella frase magistral de <em>El ahogado más hermoso del mundo</em>: “Tiene cara de llamarse Esteban”. Pues bien, <em>Hay que parecerse al nombre</em> fue publicado el 21 de marzo del año 52 y en ese artículo está el germen lejano de la ocurrencia, que García Márquez cita como ajena: “Tenía cara de llamarse Roberto, pero se llamaba José.” Todo escritor sabe que en el bautismo de un personaje se juega buena parte de su vida literaria; un mal nombre lo puede desterrar de la literatura, y lo que es peor, también de la memoria. Aquí el mamagallista Gabo juega con los nombres más adecuados para algunos políticos colombianos. Lo más increíble es que García Márquez diga en ese artículo que Laureano Gómez, el sanguinario líder conservador, tuviera cara de llamarse Esteban.</p><p><em>La Jirafa</em> titulada <em>Una ciudad reclama su bobo,</em> de junio del mismo año, recurre al tema del <strong>bobo del pueblo</strong>, que puede parecer muy bobo. No lo es, y así como ellos tienen su lugar importante y necesario en una pequeña ciudad, también las notas bobas tienen el suyo en la trayectoria de un buen columnista. Ya al final de la experiencia de García Márquez como periodista de <em>El Heraldo de Barranquilla </em>hay otras destacables, y entre ellas, <em>Hay que tener mala ortografía</em> y <em>El bus de las nueve</em>, ambas de septiembre de 1952. El joven tiene ya 25 años y entre éxitos y decepciones está listo para empezar otra etapa de su vida. Ha escrito sin parar durante cuatro años y medio, no solamente estos artículos propios, sino muchos otros sin firma, que tenía que hacer para llegar a fin de mes.</p><p>Quizá el único secreto de la escritura que García Márquez ha reconocido no dominar nunca es el de la ortografía. “Tengo ortografía de holandés”, ha repetido muchas veces, e incluso en un Congreso de la lengua de no hace muchos años propuso, quizá perorando para su propio beneficio, que se suprimieran muchas reglas. No fue escuchado. Este viejo artículo sobre el mismo tema habla del francés, básicamente, pero luego incursiona también en el castellano. Su<strong> propuesta sobre la hache</strong> es muy original. Pide que no se suprima, de ninguna manera, sino que “se permita a cada quien colocarla donde le venga en gana”.</p><p>Pero hubo más obsesiones ya en aquel García Márquez, y otra de ellas son los horarios en que cierto tipo de mujer hace las cosas. En una de sus columnas de <em>El Espectador </em>sostendría, muchos años más tarde, que las mujeres casadas se suicidan a las cinco. O las mujeres gordas toman el bus de las nueve de la mañana. Acaso estas ocurrencias no sean verdaderas. Tienen, en todo caso, una oscura intuición que nos hace pensar que, en todo caso, no son tampoco falsas. Las columnas de Gabo, al contrario del habitual género de la opinión, no fueron pensadas para convencer a nadie de nada. Los grandes escritores no convencen, sino que seducen. Del García Márquez de aquella primera época, en el fondo, nos intriga averiguar cuál era la verdadera causa de su felicidad y cuál era el recóndito motivo de su desdicha. Su único triunfo completo es que siempre lo leemos, sin saber bien por qué, hasta la última letra. Hasta el último punto.</p><p><em>1.- Para quienes quieran profundizar en el tema recomiendo estas lecturas: el prólogo de Jacques Gillard en Gabriel García Márquez, Obra periodística Vol. 1, Textos costeños, Barcelona, Bruguera, 1981, Recopilación y prólogo de Jacques Gillard. Gustavo Arango, Un ramo de nomeolvides, García Márquez en El Universal, Cartagena, El Universal, 1995. Y finalmente: Jorge García Usta, García Márquez en Cartagena, sus inicios literarios, Bogotá, Seix Barral, 2007.</em></p><p><em>2.- Dasso Saldívar, El viaje a la semilla, Madrid, Alfaguara, 1997, p. 214</em></p><p><em>3.-Gabriel García Márquez, Vivir para contarla, Bogotá, Norma, 2002, p. 437</em></p><p><em>4.- Cfr. Dasso Saldívar, Op.cit. p. 211</em></p><p><em>5.- Citado por Gustavo Arango, Op.cit. p. 163</em></p><p><em>6.- Dasso Saldívar, Op.cit. p. 237</em></p><p><em>7.- Gustavo Arango, Op.cit. p. 222</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2023 16:53:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Héctor Abad Faciolince]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La genialidad del principiante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gabriel García Márquez,Colombia,Literatura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Oficio y frustración del cine: Una conversación entre Mariano Barroso y Rodrigo García]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/oficio-frustracion-cine-conversacion-mariano-barroso-rodrigo-garcia_1_1620593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bb7cba94-9f5a-402a-9485-ca6f1d70bf93_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Oficio y frustración del cine: Una conversación entre Mariano Barroso y Rodrigo García"></p><p><strong>Mariano Barroso:</strong> Aunque era verano hacía frío en el Instituto Sundance aquella mañana de agosto del 89. Los ocho talleristas esperábamos en la sala que habían preparado para nosotros, sentados alrededor de la mesa redonda que él había pedido. Un deportivo se detuvo al otro lado del ventanal que daba al camino de la montaña. De él descendió primero Robert Redford, que había venido conduciendo el auto. Redford dio la vuelta al coche para abrirle la puerta al copiloto. Y entonces apareció García Márquez, vestido con un mono azul de obrero. Salió del coche con alivio, miró a las montañas que le señalaba Robert Redford, y se despidió de él con un abrazo. Redford nos saludó alzando la mano para entrar de nuevo al coche y desaparecer. Gabo caminó hacia nosotros sonriendo. Cuando entró a la sala se paró en la puerta: “Me ha traído Redford desde el aeropuerto a 180 por hora y no hemos intercambiado una frase”. Todos nos echamos a reír. Así conocí a tu padre.</p><p><strong>Rodrigo García (ríe): ¿El taller fue en Sundance y luego en San Antonio de los Baños, o solo en Sundance y luego te fuiste a dirigir la escuela de San Antonio?</strong></p><p>MB: Fue en Sundance y años después fui a San Antonio. Recuerdo que cuando llegó tenía mucho frío, siempre estaba destemplado en Sundance, se ponía una manta por encima para calentarse.</p><p><strong>RG: ¿Cómo estaba estructurado lo de Sundance?</strong></p><p>MB: Era un taller. Aún conservo el cuaderno con todas las notas, los comentarios que él hacía, mis impresiones… Enseguida empezamos a hablar. Yo anotaba todo lo que decía, intentaba darle un orden, pero era imposible. De hecho, lo primero que tengo anotado es: “No vamos a trabajar con método, vamos a conversar. Suelten los bolígrafos”, pero claro, nadie los soltó. Se trataba de hablar de cine, cada uno planteaba el proyecto en el que estaba trabajando, lo discutíamos, y Gabo los comentaba a su manera. Pero siempre de forma aleatoria. A veces hacía referencia a cosas concretas que le habían marcado, como la famosa entrevista a Ernest Hemingway en la París Review, que era una referencia para él.</p><p><strong>RG: Esa era una de sus biblias.</strong></p><p>MB: La releí hace unos días y me hizo gracia que en ella Hemingway contesta todo el rato de mal humor… Suelta unas cuantas perlas como la del famoso iceberg, que tanto mencionaba Gabo. Rodrigo, te quería preguntar algo. Tu padre decía que disfrutaba mucho escribiendo. ¿Tú le recuerdas disfrutando cuando escribía cine igual que disfrutaba escribiendo literatura? Porque se le notaba trabado con el cine, como si tuviera algo pendiente, algo que nunca resolvía.</p><p><strong>RG: Fue un poco el cine un amor frustrado, porque él quería ser director y de hecho nuestra mudanza a México fue para abrirse paso en esa industria. Se puede decir de manera metafórica que su fracaso en el cine lo obligó a escribir sus novelas. Él soñaba con hacer películas que fueran sus obras, pero imagínate tú lo que era pensar en ‘Cien años de soledad’ o en sus ideas de esa época. Gabo disfrutaba el proceso de escribir con alguien el guion, el ping pong de las ideas. Lo que él hacía con vosotros es lo que ahora llamamos el ‘pitching’. Tú le ‘pitcheabas’ tu idea y él decía lo que le parecían sus puntos fuertes, sus huecos… Ahora hay sesiones y congresos enteros donde ‘pitcheas’ proyectos, tal y como él hacía.</strong></p><p>MB: Tu padre estudió cine, estuvo en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma…</p><p><strong>RG: Creo que no estuvo más de un año, y no sé por qué se fue, supongo que por falta de dinero. No me quedó muy claro. Lo curioso es que Gabo pensaba que escribir ficción no se podía enseñar. Él decía, hay que leer y escribir, leer y escribir y leer y escribir… De joven fue un estudiante bastante bueno y su dominio del idioma era impresionante. Tenía mucho conocimiento del español colombiano, del mexicano, del cubano y del español de España, por ser cuatro países en los que había vivido mucho. Ahí cubría mucho conocimiento del español. Pero tenía una gran desconfianza hacia todo lo que era la enseñanza de la narrativa. El periodismo para él se aprendía con los periodistas, en el periódico. Sin embargo, sí pensaba que el cine tenía una estructura que se podía enseñar.</strong></p><p>MB: Recuerdo que siempre hablaba de Cesare Zavattini y del Neorrealismo italiano. Le marcaron, en aquella época eran la gran referencia.</p><p><strong>RG: Sí, su gran afición por Zavattini, que escribió docenas de guiones… Gabo contaba que cuando a Zavattini le encargaban un guion preguntaba, “¿lo quieres con perrito o sin perrito?”. A Gabo esto le hacía mucha gracia.</strong></p><p>MB: (risas) Nos contó que a él mismo alguien le hizo un encargo para una actriz (no nos dijo quién) muy famosa, de 40 años. Y Gabo le respondió que él no escribía historias por metros… (risas). Gabo admiraba el cine neorrealista. Pensaba que ahí había un mundo, un movimiento que era trasladable a Latinoamérica. Y yo creo que con esa intención puso en marcha la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Y también la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (EICTV), con Titón Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, a los que había conocido en el Centro Sperimentale.</p><p><strong>RG: Sí, se cruzó allí con ellos y con Fernando Birri, que luego fue el primer director de la Escuela de Cine (EICTV).</strong></p><p>MB: Yo creo que también impulsó la Escuela de Cine y hacía aquellos talleres para experimentar, para probar, para aprender incluso.</p><p><strong>RG: Y para estar con gente joven. La capacidad de mi padre –y de mi madre– para tener amigos jóvenes toda la vida fue algo que les mantuvo jóvenes siempre. Tampoco soy ingenuo, la gente quería ser amiga de él porque era Gabo y mi madre era alguien muy social. Pero la verdad es que él lograba hacer amistades con jóvenes. También en los talleres, conversando sobre la manera de contar historias. Curiosamente, el otro día me llegó en Instagram una entrevista con Mario Vargas Llosa en la que decía que Gabo trabajaba como trabajan los poetas o los pintores. No tenía una gran idea intelectual de lo que estaba haciendo, no tenía grandes conceptos, ni tenía en cuenta las corrientes literarias que le habían llevado hasta allí. Mario decía que trabajaba con sus instintos y con una gran técnica para estructurar, pero lo hacía como el poeta o el pintor. Sí que sabía que la estructura era todo, y que lo más difícil en el guion era la estructura. Por eso él sentía que eso sí se podía enseñar. Y lo hacía a través de la conversación, como hizo contigo.</strong></p><p>MB: Nos decía que había que escribir como se habla, y había que hablar bien. Esa era la norma, así de fácil (risas). Hablando de estructura, Gabo decía que en las películas había una especie de agujero negro en el centro, en el segundo acto, y que no había forma de extirparlo. Y tenía razón.</p><p><strong>RG: Ese agujero negro es uno que en la segunda parte de la película te azota. Si lo quitas de un lado te aparece en otro. Las cosas que no están atadas con cabos, los múltiples finales… Es como ese juego de niños que hay en México, el Whack-a-mole, donde golpeas lo que sale por un agujero y luego te sale por otro. Eso era parte de lo que él llamaba ‘la destorcida’. La primera mitad del guion era torcer y torcer, pero había un momento en el que había que empezar a destorcer para llegar al final. Yo le suelo decir a los alumnos de guion nuevos que tú tienes que soltar el ganado, y cuando a la mitad de la película, el ganado ya son 400 reses enormes, entonces viene la parte difícil, que es meterlas en el corral otra vez.</strong></p><p>MB: Gabo nos contaba sobre una novela póstuma de Mark Twain –no sé si se publicó o no–, que para él era perfecta, tenía la trama mejor construida, pero Twain murió justo cuando tenía que meter el ganado en el corral. Y así quedó, sin destorcer.</p><p><strong>RG: A muchos jóvenes les pasa que, cuando tienen que empezar a ‘destorcer’, lo que hacen es agregar más vacas. Entonces introducen más personajes y más explosiones… y no, lo que hay que empezar es con la destorcida.</strong></p><p>MB: Decía que a tu abuela le preguntaron, en una entrevista para televisión, a qué se debía el talento literario de su hijo. Y ella, que decía siempre la verdad ante la cámara porque pensaba que ante la cámara no se puede mentir, respondió que se debía “a la emulsión de Scott que yo le daba desde pequeño”.</p><p><strong>RG: (Risas) Eso debía de ser algún jarabe con hígado de bacalao…</strong></p><p>MB: También decía que nada afectaba tanto a escribir como los rencores, las envidias, la mala leche. Que si no los atravesabas y los borrabas no podías escribir. Eran el enemigo de la escritura. Hace poco vi una entrevista con Hitchcock y decía exactamente lo mismo.</p><p><strong>RG: Eso nunca lo había oído de él, de hecho, a veces he oído en el cine que la crítica, el trabajo y el enojo pueden ser una gran gasolina, un motor. Pero sí, no se puede trabajar hecho un nudo de rencores porque entonces la cosa no fluye.</strong></p><p>MB: Tengo otra nota suya que dice, “a un escritor se le conoce más por lo que rompe que por lo que escribe”. ¿Tu recuerdas que él con los guiones, que son pura reescritura, se desesperara o se motivara?</p><p><strong>RG: Yo creo que en sus guiones, como los escribía con alguien, había menos reescritura. El guion para él no era como la novela. Lo que siempre le costaba más de las novelas era encontrar lo que él llamaba el tono. Pero en el guion enseguida cambiaba de canal a lo visual. No se trataba de la narrativa, de la descripción del set, del diálogo del personaje sino que preguntaba, “¿qué vemos, qué hay que mostrar?”. Era una disciplina diferente para él. Cuando intenté escribir con él un guion que no pudimos acabar porque ya no le daba la memoria, pero esa era su forma de trabajar.</strong></p><p>MB: Él estaba muy ilusionado porque hubo un tiempo en el que Kurosawa estuvo cerca de hacer El otoño del patriarca, no sé si llegaron a cerrar el acuerdo. Él veneraba a Kurosawa, creía que era uno de los más grandes cineastas.</p><p><strong>RG: Kurosawa era, definitivamente, el maestro de maestros para él.</strong></p><p>MB: ¿Quiénes eran esos maestros, además de Kurosawa?</p><p><strong>RG: Tenía más películas favoritas que directores. Como movimiento, por supuesto, los neorrealistas, Zavattini, Rosellini… ‘El ladrón de bicicletas’ y ‘El general Della Rovere’ eran de sus favoritas. Películas que vio cuando estuvo en Roma de muy joven, era lo que había en los cines en ese momento. Otra película favorita suya era ‘Jules y Jim’, de Truffaut, pero me di cuenta de que salió en el 60 o 61 y él la vio en México tres o cuatro años antes de escribir ‘Cien años de soledad’. Era un amor muy reciente. Kurosawa era el maestro para él, sí, estaba muy impresionado con todas sus películas, especialmente con ‘Ran’, que era una adaptación de ‘El Rey Lear’. La obra de Shakespeare son tres horas de diálogo, y Kurosawa contó la misma historia pero con poco diálogo. Creo que ver ‘Ran’ le animó para que fuera Kurosawa quien adaptara ‘El otoño del patriarca’ porque sabía que era un cineasta que se iba a liberar de lo latinoamericano, del consabido ‘realismo mágico’, que era un término que ya entonces se pasaba por los huevos.</strong></p><p>MB: También le había impactado mucho Rashomon, por aquello de los diferentes puntos de vista. Él le daba mucha importancia y muchas vueltas al tema del punto de vista.</p><p><strong>RG: No solo por el punto de vista, sino también por el uso del tiempo, que él siempre veía como un experimento absoluto, jugar con el tiempo.</strong></p><p>MB: Recuerdo que se apasionaba cuando hablaba de la forma de encontrar las ideas. Decía que las ideas están en el aire y son de todos. Solo hay que ser capaz de atraparlas. Le importaba mucho más la idea que cómo desarrollarla, porque desarrollarla era pura carpintería y eso le aburría un poco más. Buscaba ideas todo el rato, problemas sin solución.</p><p><strong>RG: En la narrativa sentía lo contrario yo creo, porque muchas veces tenía muchas ideas pero lo difícil para él era encontrar la forma. En el cine, en la forma del cine narrativo, lo importante para él era encontrar la idea buena, porque la estructura estaba establecida. En narrativa en cambio, en sus novelas, el reto era cómo encontrar la forma. ¿Era un cuento, una novela, tenía 200 páginas…? Era lo opuesto, en el cine la estructura está dada y lo complicado era encontrar la idea, y en la novela al revés, muchas ideas pero… cómo darles forma.</strong></p><p>MB: Cuando estaba preparando esta conversación contigo releí mi cuaderno. Tengo tantas notas escritas, cosas que tu padre nos decía, él las iba soltando como parte de la conversación, sin darles importancia. Ahora las leo y me parecen regalos para toda la vida. Tengo una batería de cápsulas que compartió con nosotros. Por ejemplo, esta: decía que la vida puede darse el lujo de ser caótica, pero la ficción debe respetar unas reglas. Gabo necesitaba la ficción porque le permitía un orden que no encontraba en la realidad.</p><p><strong>RG: Te voy a dar dos ejemplos que recuerdo sobre esto. En un momento dado leí en una entrevista que Mario Puzo, autor de ‘El Padrino’, decía que él mismo no se consideraba un gran escritor, pero se consideraba el mejor estructurador de Occidente. Entonces se lo conté a mi padre y me dijo: “No, el mejor estructurador de Occidente soy yo” (risas de ambos). Independientemente de la vanidad, ambos admitían que sin estructura no podía haber nada. Y luego le conté también que había leído una entrevista con David Mamet, en donde decía que a un guion le podías poner campanas y podías adornarlo un poquito por acá o por allá, pero que una obra de teatro tenía que ser súper precisa, no podía faltarle ni sobrarle una coma porque si no no volaba. Y mi padre dijo: “Es lo mismo que una novela, que no sea pretencioso Mamet, a una novela no le debe faltar ni sobrar una coma en 500 páginas”. Lo mismo, no es solo el teatro.</strong></p><p>MB: Gabo decía que elegía los nombres de sus personajes en la guía telefónica, y los apellidos eran generalmente los de vuestra familia. “Antes los buscaba en los cementerios, pero ya se ha vuelto un problema entrar a los cementerios a buscarlos”.</p><p><strong>RG: Eso es algo que él copió, y lo admitiría porque lo admiraba, de Rulfo, que tiene unos nombres preciosos y le dijo que los buscaba en los cementerios. Pedro Páramo, Juan Preciado, son nombres que encontraba en los cementerios.</strong></p><p>MB: “Mis personajes son <em>collages</em> hechos de pedazos de personas de mi familia. No hay un solo detalle de mis novelas que no venga de la realidad, de mis historias”. Su madre, tu abuela, leía los libros y reconocía de dónde venía cada detalle, cada personaje. Él decía que no era realismo mágico, le molestaba mucho ese sello. “Es realismo sin más. Lo que ocurre es que los mitos, los sueños, los conceptos, también forman parte de la realidad. No solo te rompes la cabeza por chocarte contra un poste, también te rompes la cabeza por una equivocación, o por alguien, o por algo sobrenatural”. Y citaba a Neruda: “Dios me libre de inventar cuando canto”. No se trata de inventar, sino de rescatar la realidad.</p><p><strong>RG: Él diría que tú cuentas la historia como la quieres contar y los elementos de la fantasía, de la superstición, de las creencias, de brujería, de presentimientos y de sueños son tan perfectamente fértiles como el mundo de Borges, que es más intelectual. En el mundo de Borges las referencias son otros libros, son cuentos maravillosos, pero siempre están aludiendo al mundo de los escritores y de los intelectuales. Cada quién usa el mundo y las herramientas que quiere usar. Dos acercamientos a la narrativa muy diferentes, y sin embargo a Gabo le encantaba Borges.</strong></p><p>MB: Él decía que la cultura occidental nos impone el proceso racional del análisis de la realidad. “Los franceses nos impusieron la razón con su revolución de mierda, pero los taxistas de la costa colombiana se ríen de <em>Cien años de soledad</em> y dicen que es un juego comparado con lo que en realidad les ocurre cada día, y con lo que ellos ven cada día”. Desde luego, para él la realidad no es tan francesa… Los críticos hacen estudios en donde intentan racionalizarlo todo. Y decía que los peores de todos eran los marxistas porque a todos los personajes les ponen plomo en los pies. Les quitan el vuelo.</p><p><strong>RG: Recuerdo que con algunas novelas suyas, con ‘Crónica de una muerte anunciada’ o con ‘El general en su laberinto’, leía una crítica y decía: no entendí nada, no sé de qué libro está hablando.</strong></p><p>MB: Claro, claro, le pasaba todo el rato. Una de las primeras cosas que se preguntaba cuando trabajaba en un personaje era ¿cómo caga este personaje? Él decía que en el mundo había dos clases de personas, los que cagan bien y los que cagan mal (risas). No existe una división más clara y rotunda. Decía que cuando escribía sobre Bolívar buscó hasta encontrar una referencia a su estreñimiento crónico, y aquello le dio una clave definitiva.</p><p><strong>RG: Acabo de volver a leerme ese libro y el estreñimiento ocupa una gran parte.</strong></p><p>MB: Sobre los títulos nos hablaba de la “importancia musical” que tenían para él. Nos dijo que el de <em>Cien años de soledad </em>le surgió con la última frase de la novela. Con El amor en los tiempos del cólera estaba bloqueado, no sabía cómo titular la novela: “Necesitaba un título como de tratado de medicina, y que incluyera una palabra esdrújula”. Buscaba esa palabra esdrújula y encontró cólera. Hasta entonces la peste había sido de viruela, pero la viruela no le servía. Y por fin llegó a cólera… La música de los títulos.</p><p><strong>RG: Uno de sus títulos favoritos era ‘El corazón es un cazador solitario’ de Carson McCullers, no creo que haya un título mejor en el mundo.</strong></p><p>MB: Qué bonita historia además… “La actitud, más la vocación, más la disciplina”. Eso era lo que, según Gabo, hacía a un escritor. “Conocí a un escritor muy joven en Barcelona cuando acababa de publicar <em>Cien años de soledad</em> y a los seis meses él publicó otro libro mientras yo escribía<em> El otoño del patriarca</em>, que me llevó siete años. Me dijo que no entendía el problema que yo tenía de tardar tanto en escribir. Según él, la gente estaba esperando a mi próximo libro y no entendía por qué yo tardaba tanto. Yo pensé que aquel tipo jamás sería escritor. Y no lo fue”. Decía que la gente pensaba que el escritor era alguien que tenía una vida estupenda, pero que en realidad no saben el infierno que está viviendo ese tipo que escribe, aunque esté tumbado en la playa. Decía que el primer deber de un escritor revolucionario es escribir bien. Él tenía por encima de todo el hacer bien su trabajo. Y si estabas haciendo una mala película, por muy revolucionario que te creyeras, estabas traicionando todas tus creencias.</p><p><strong>RG: Es que lo que le importaba era la historia, la metáfora, no el hacer un mensaje político explícito. De allí su admiración por las películas de Costa-Gavras, porque Costa-Gavras nunca hacía un discurso, te contaba una historia humana que era escalofriante. Todas las historias eran tremendas sin soltarte discursos ni decirte la izquierda está bien, la derecha está mal. No, te contaba la historia de algo tremendo y era extraordinario. Decía, no me digas de qué trata tu película, cuéntame un cuento. De hecho, en los talleres como en el que tú participaste realmente él os decía cómo se cuenta un cuento, no cómo se escribe un guion. Cómo se cuenta un cuento y cómo se estructura. Claro que la estructura del cine, ya decíamos antes, es más clásica, aristotélica. Pero finalmente es lo mismo.</strong></p><p>MB: Es muy irónico y es bonito lo que contabas de que el éxito de su literatura es resultado, en cierto modo, de esa frustración suya con el cine.</p><p><strong>RG: Y hay que recordar que es lo único que enseñó Gabo en la vida, guion. No enseñó nada más, ni pensó que se pudiera enseñar nada más, periodismo un poco, algún taller. Pero en el periodismo hay poca posibilidad de reescribir porque todo sale mañana.</strong></p><p>MB: No sé si te dijo que estaba muy impactado con tu primera película, <em>Things You Can Tell Just by Looking at Her</em>. A mí me lo dijo años más tarde, cuando la estrenaste, con un orgullo y una emoción que me hacía pensar que quizás no te lo había transmitido a ti. Me decía: “Rodrigo ha hecho una película excelente, pero le ha puesto un título muy complicado. Y le he dicho, ¿por qué no la llamas Basta con mirarla?. Ese debía ser el título en español”.</p><p><strong>RG: Creo que así se llamó en Madrid.</strong></p><p>MB: No, aquí se llamó <em>Cosas que diría con solo mirarla</em>…</p><p><strong>RG: Yo creo que él estaba impresionado, pero sobre todo aliviado de que la película no fuera una mierda, le quitó un gran peso de encima. No por vergüenza de él, sino por mí. Porque no me apalearan a mí por ser hijo suyo… (Risas). Deja que te cuente mi recuerdo de cuando me llevaba a ver el cine con él: en cuanto se apagaba la luz, se quedaba dormido (risas). Se despertaba a la media hora y te sometía a otra media hora de preguntas: ¿Este quién es? ¿Este qué hace…? Esa era la segunda media hora. La tercera media hora veía la película con atención. Y diez minutos antes del final te decía, “si esta película es buena, él tiene que morir…”. Y nunca se equivocaba (risas), era un cabrón… Él decía que se dormía siempre porque tenía la costumbre de niño de que cuando se apagaba la luz, se dormía. Luchaba mucho para no dormirse en el cine, sobre todo ya más adelantado en edad. Esto era un problema porque, cuando fue jurado en Cannes, mi madre no vio ninguna película porque se la pasaba despertándolo. Era tal la paranoia de mi madre de que lo vieran dormir los directores y los otros jurados, que ella solo se ocupaba de que él estuviera despierto (risas).</strong></p><p>MB: ¿Iba con frecuencia al cine, le gustaba el cine, iba con tu madre?</p><p><strong>RG: No iba regularmente, porque lo que pasa es que te vas volviendo muy exigente, como nos pasa a todos, y ya solo vas a ver cosas que te recomienden mucho. Recuerdo, por ejemplo, que cuando salió ‘Tiburón’, él estaba muy interesado. Estábamos en Cuernavaca y la ponían en un solo cine. Hicimos una cola de cuadras y cuadras para verla en su estreno. Y le encantó la película, le pareció magistral, y muy interesante el aspecto político de la película. Aquello de no querer cerrar la playa porque iban a perder su gran fin de semana lucrativo si decían que había un tiburón… Le gustó la aventura, porque lo que no tenía Gabo eran prejuicios. Le gustaba leer a Sófocles y las memorias de Muhammad Ali, o Cassius Clay, como se llamaba entonces. Y con el cine era igual. No era un esnob.</strong></p><p>MB: Eso me llamó siempre mucho la atención de él porque mucha gente que le seguía, o que conectaba con él, estaba tan ideologizada… Era tabú que te gustara una película comercial americana. Y sin embargo él reivindicaba las telenovelas. Decía que le habría encantado hacerlas, que le parecían una maravilla porque era lo que más le gustaba al público.</p><p><strong>RG: Era consciente de que la telenovela es una cuestión de tono. Los temas de ‘Ana Karenina’ y ‘Madame Bovary’ son los mismos en las telenovelas, pero están tratados con un tono, una sofisticación y un sentido de la tragedia diferente, pero siguen siendo historias de los ricos y los pobres, los amores cruzados, las desilusiones…</strong></p><p>MB: Decía que para un libro, vender un millón de ejemplares en un año era un gran éxito. Pero en una sola noche, una telenovela llega a 50 millones de hogares en un país. Por eso le fascinaba la telenovela como forma popular. Eso nos llamaba mucho la atención, porque los europeos íbamos a esos talleres y pensábamos que García Márquez sería un tipo con prejuicios… Era justo lo contrario.</p><p><strong>RG: Tenía sobre todo mucha envidia de los cantautores, Serrat, Sabina o los que escribían canciones, gente como Pérez Botija y Manuel Alejandro, los admiraba muchísimo. Envidiaba que con tres trazos, en dos minutos, pudieran evocar una gran cantidad de emoción y añoranza, tristeza y amor… con esa mezcla de música y letra que era un nivel de compacto impresionante. Decía que nada te captura como lo hace una canción. No tenía ningún prejuicio con eso.</strong></p><p>MB: ¿Qué películas te llevaba a ver, recuerdas?</p><p><strong>RG: Yo recuerdo claramente que me llevó a ver tres películas que él pensó que yo debería ver. Me llevó a ‘El último tango en París’, cuando yo tenía 18 años, porque le gustaba mucho. Me llevó a ver algunas menos conocidas de Kurosawa como ‘Barbarroja’, que es una historia sobre un hospital de pobres, con una trama muy sencilla y algo telenovelesca. Es la historia de un joven médico un poco chulo, que viene de una escuela de medicina de una ciudad y no sé si su padre, o su maestro, lo lleva a hacer prácticas a un hospital de pobres en un pueblo de mierda, donde hay un súper médico, que es Toshiro Mifune, el Barbarroja. También me llevó a ver ‘Diario íntimo de Adela H.’, que le encantaba.</strong></p><p>MB: De Truffaut.</p><p><strong>RG: Sí, esa la vimos juntos recién estrenada.</strong></p><p>MB: Eran películas que él entendía que tenías que conocer.</p><p><strong>RG: Sobre todo las dos primeras, sí, esta de Adela H. la fuimos a ver juntos cuando se estrenó. Al igual que fuimos a ver ‘Julia’, ¿te acuerdas, la de Zinnemann?</strong></p><p>MB: Sí, con Vanessa Redgrave.</p><p><strong>RG: Sí, se la habían recomendado muchísimo. Y por supuesto ‘Taxi Driver’, ‘Toro Salvaje’… sí, estaba bastante al día.</strong></p><p>MB: Decía que en los últimos tiempos no iba porque se pasaba el tiempo firmando autógrafos, no le dejaban ver la película.</p><p><strong>RG: Sí, dejó de ir al cine comercial porque era imposible. La gente lo veía a la entrada y en vez de ir a la película se iban a comprar libros y le esperaban a la salida. Le encantaba ‘La historia oficial’. ‘Camila’, aquella película argentina de la chica que se enamora del sacerdote, era una película de María Luisa Bemberg, del ochenta y tantos. Susú Pecoraro era la actriz y en el siglo XIX se enamora y se embaraza de un sacerdote que era el actor español Imanol Arias, joven, guapo…</strong></p><p>MB: Es verdad, que fue muy popular Imanol allá en Argentina, tuvo mucho éxito con aquella película.</p><p><strong>RG: Fíjate qué curioso que tampoco era tan fan, y a la gente le sorprende, de Fellini. Uno diría que Gabo y Fellini tendrían muchas cosas en común. Era muy fan de ‘La strada’, de ‘Las noches de Cabiria’ y sobre todo de ‘Amarcord’. Pero de las más “fellinescas” no era tan fan. Y tampoco era tan fan de Bergman, pero sí de algunas. ‘Gritos y susurros’ le parecía magistral. Me acordé ahora, con su muerte… ¿sabes que William Friedkin era un loco de ‘Cien años de soledad’? Vino a México, estuvo en casa y me acuerdo porque yo era el intérprete… La segunda o tercera vez que vino a casa estaba en México filmando ‘Sorcerer’, que era una especie de remake de ‘El salario del miedo’. Y había construido en Veracruz un puente, que es el puente que se cae en la película. Y aquel puente había costado, en ese momento, una barbaridad, como 300.000 o 600.000 dólares, algo así. El hecho es que el puente había costado el doble que lo que habían pagado por el guion, y Gabo estaba anonadado e indignado. ¿Cómo podía costar el puente el doble que el guion…? Están mal, decía… (risas). Pero sí disfrutaba mucho. ¿Te acuerdas de que hicimos aquí en L.A. una proyección de ‘Éxtasis’, que le encantó? Eran películas que a México no llegaban todavía. También le hice una de ‘Machuca’, de Andrés Wood, la chilena. Y las disfrutó mucho, le encantaron.</strong></p><p>MB: Él estaba muy fascinado con <em>Yo, Claudio</em>. ¿Te acuerdas?</p><p><strong>RG: Le encantaba, sí. Y a mí me gustó mucho. Fíjate que ahora que estamos en un auge de miniseries, está un poco olvidada ‘Yo, Claudio’. Estaba filmada como una telenovela, porque eran siempre los pequeños espacios de las casas y los palacios romanos, y era como una telenovela, pero los temas eran los temas del Imperio. Muy buena. Eran como 10 ó 12 ó 14 horas. Con aquel actor excelente. Y mira, me enseñó una cosa interesante Gabo, que es más de dirección: el personaje de Claudio era tartamudo y había un actor que lo hacía de niño y de adolescente, y tartamudeaba tanto que te volvía loco, era muy cansado escucharlo. Y luego, en la época de adulto, antes de ser emperador, tartamudeaba, pero un poquito menos. Y al final cada vez menos. Y yo al principio creía que era un ‘mismatch’, un error, y me dijo: “No, es que ya han establecido durante tanto tiempo que es tartamudo que ahora solo tiene que tartamudear de vez en cuando para que te acuerdes”. Era una observación tanto de dirección, pero también de ‘storytelling’.</strong></p><p>MB: Me gustaría saber qué recuerdas de la primera vez que le enseñaste a tu padre tu primer guion, o la primera película que escribiste y dirigiste.</p><p><strong>RG: Con la primera… él se enteró cuando la película ya iba a suceder, cuando ya tenía productor, ya estaba Glenn Close comprometida… Entonces fue cuando empezó a preocuparse, no porque le fuera a avergonzar, sino a preocuparse por mí, porque fuéramos juzgados mi hermano y yo a la sombra de él.</strong></p><p>MB: ¿Y le dijiste que habías escrito un guion y que lo ibas a dirigir?</p><p><strong>RG: Le dije, escribí un guion y hay un productor interesado. Se sorprendió porque yo estaba escribiendo, no en secreto, pero en silencio. Hasta entonces yo era camarógrafo, tú mismo lo sabías, y no fue hasta que tuve ese guion listo y me invitaron al Sundance Lab que aquello empezó. Cuando me invitaron al Sundance Lab ya era un logro para un novato. Él empezó a darse cuenta y a estar muy interesado. Me dijo, “oye, quiero leerlo”. Yo solo tenía el guion en inglés y lo hice traducir para que él lo leyera. Le gustó el guion. Me di cuenta porque eran cinco historias y cada vez que acababa una me llamaba para comentarla. Acababa otra y me llamaba… Vio todas mis películas. Normalmente yo les mandaba una copia subtitulada o se la pedía al distribuidor en México, y él las veía e invitaba amigos, y las presumía desvergonzadamente. No tenía la menor vergüenza en decir: “Me gustan las películas de mi hijo”. Y claro, eso me ahorró a mí mucho en psicoanálisis. Siempre le gustaron mucho y yo le mandaba los guiones, pero no me servían de mucho sus críticas porque siempre eran muy entusiastas. No sé si era porque le gustaban de verdad o por apoyarme.</strong></p><p>MB: Qué difícil diferenciar esto… Escucha lo que tengo anotado del día que acabó aquel taller en Sundance: “Gabo se ha marchado como llegó, sin saludar. Los talleristas nos hemos quedado huérfanos de su lucidez feroz y de su ironía. Sin su inspiración han surgido discusiones entre nosotros, peleas estúpidas…”. Recuerdo que cuando Gabo se fue nos quedamos en silencio, mirándonos entre nosotros con rabia, frustrados, supongo que tristes. Aquel taller tuvo un impacto tremendo en todos nosotros. Nos cambió. Algunos nos seguimos viendo décadas después… Además, aquella noche hubo un eclipse total de luna, lo puedes comprobar en internet, fue el 17 de Agosto… (risas). Luego nos vimos con tu padre y con tu madre muchas veces, en Barcelona, en el DF, o en su casa de La Habana, en aquellas tertulias interminables en las que él se quedaba dormido sin complejos mientras los demás seguíamos charlando… Cuando venía a Madrid me invitaba a cenar en Casa Lucio; en Los Ángeles comíamos contigo aquella carne en West Hollywood… A Gabo le gustaba aquella frase del Che Guevara, “la nostalgia empieza por la comida”… No sabes cuántas veces he imaginado aquel coche deportivo cruzando las autopistas de Utah a toda velocidad, con Robert Redford al volante y Gabo a su lado, los dos callados, admirándose en silencio. Como nos contaba que hacían en Japón los amigos cuando se visitan, quedarse callados durante horas, y luego se van sin despedirse. De alguna manera, Rodrigo, tu padre fue novelista porque no podía ser cineasta, y de repente su hijo es un cineasta muy reconocido… Qué ironía.</p><p><strong>RG: No era una cosa u otra porque cuando llegó a México había escrito ‘La hojarasca’, ‘La mala hora’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’… Ya era un escritor, pero yo creo que él hubiera querido intentar ambas cosas. Siempre estaba esa cosa de preguntarse, ¿esta historia será mejor cuento o será mejor película…? Pero sí, un poco del ímpetu que le llevó a escribir ‘Cien años de soledad’ nació por haber tenido un éxito limitado como cineasta. </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2023 17:22:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[tintaLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Oficio y frustración del cine: Una conversación entre Mariano Barroso y Rodrigo García]]></media:title>
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      <title><![CDATA[“A lo mejor las leyendas sobre mí son más interesantes que mi vida”]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/263ec457-1d4a-4dff-b646-7ac1d8df7f14_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“A lo mejor las leyendas sobre mí son más interesantes que mi vida”"></p><p>Tenía 67 años y apenas acababa de descubrir parte de sus raíces más hondas. Los extractos que siguen forman parte de una extensa conversación con <strong>Gabriel García Márquez</strong> que fue realizada y registrada por la cámara del documentalista <strong>Jon Intxaustegi</strong> el 6 de mayo de 1994 en La Habana. La entrevista, hasta ahora inédita, se publica en el número 117 de <strong>TintaLibre</strong>, revista de cultura y pensamiento que inaugura una nueva época fruto de la <a href="https://www.infolibre.es/politica/infolibre-pais-acuerdan-alianza-impulsar-conjuntamente-nueva-etapa-tintalibre-revista-pensamiento-cultura_1_1548484.html" target="_blank">alianza entre </a><a href="https://www.infolibre.es/politica/infolibre-pais-acuerdan-alianza-impulsar-conjuntamente-nueva-etapa-tintalibre-revista-pensamiento-cultura_1_1548484.html" target="_blank"><em>El País</em></a><a href="https://www.infolibre.es/politica/infolibre-pais-acuerdan-alianza-impulsar-conjuntamente-nueva-etapa-tintalibre-revista-pensamiento-cultura_1_1548484.html" target="_blank"> e </a><a href="https://www.infolibre.es/politica/infolibre-pais-acuerdan-alianza-impulsar-conjuntamente-nueva-etapa-tintalibre-revista-pensamiento-cultura_1_1548484.html" target="_blank"><strong>infoLibre</strong></a>, y que estará en quioscos y librerías a partir de este lunes. El premio Nobel de 1982 aborda sin reservas y a tumba abierta su vivencia de la música, el Caribe, el dinero, el amor, sus libros y sus ideas: un García Márquez secreto y abrumador.</p><p><strong>Gabriel García Márquez</strong>: Lo han tomado como mal chiste o buen chiste, es verdad, pero yo creo que <em>Cien años de soledad</em> es un vallenato de 450 páginas y lo digo con absoluta seriedad. La estética es la misma, el concepto es el mismo, el recurso es el mismo, historias que andan por ahí y que se pierden, se pierden en el olvido popular. <em>Cien años de soledad</em> es un vallenato de 450 páginas y <em>El amor en los tiempos del cólera</em> es un bolero de 380 páginas y lo digo con toda seriedad. Cuando nadie sabía qué eran los cantos vallenatos, recuerdo que de muy niño iba a oír a los acordioneros, que llegaban durante las fiestas, porque el origen de la música vallenata es esa, es juglaresca: eran unos músicos viajeros que iban de pueblo en pueblo contando un acontecimiento que había ocurrido en alguna parte, eran periódicos ambulantes y se acompañaban con acordeones. A mí, al principio, lo que más me interesaba era el cuento que contaban, no tanto la música. Pero después siempre se me quedó vinculada la historia, los hechos y prácticamente la vida de la región a una música. Tengo la impresión de que de todos mis libros el que mejor sintetiza el Caribe es <em>Del amor y otros demonios</em>. En <em>El amor en los tiempos del cólera</em> la ciudad no tiene la autenticidad Caribe tan acentuada, tan asombrada como la tiene en<em> Del amor y otros demonios</em> y, en realidad, si en algún libro mío puede verse hasta qué punto de verdad los caribes somos una mezcla de muchas razas a partir de la cual ha surgido de verdad una nueva cultura, es en este libro.</p><p><strong>Jon Intxaustegi</strong>: A pesar de que se sitúa en Cartagena, yo lo veo muy cubano, con vivencias y formas de vida que aún perduran.</p><p><strong>GGM</strong>: En ninguna parte el libro dice que la ciudad es Cartagena y eso no es puramente casual. Me interesa esa incertidumbre para que quede claro que donde ocurre el libro es en cualquier ciudad del Caribe. Jamás había yo tratado el ingrediente africano de la cultura Caribe tan cerca como en este libro. En Cartagena, por las condiciones especiales de la etapa colonial y por las condiciones muy especiales del colonialismo español, esas culturas no prendieron ni se conservaron como en Cuba. Toda la información que hay ahí no la hubiera podido obtener en Cartagena y probablemente en ninguna otra ciudad del Caribe.</p><p>Es un tema que yo traigo y al que nadie quiere hacerle caso, pero el Caribe no es un área geográfica sino cultural: no abarca solamente el mar Caribe sino que para mí empieza en el sur de los Estados Unidos, todo lo que es Luisiana y La Florida, y se extiende hasta el norte del Brasil, es decir, no es un territorio geográfico sino un territorio cultural. He tomado elementos de la cultura africana incorporada al Caribe tanto de Brasil como de Cuba y funciona como si fuera en Cartagena. Yo nací en Aracataca, que es un pueblo colombiano de tierra adentro, pero no muy adentro, Caribe puro, y esa es una región no solo de Colombia, sino todo el ámbito del Caribe cuya cultura está fundamentalmente determinada por la música. Probablemente la ciudad más Caribe sea Panamá. Donde uno siente el Caribe es en Panamá, yo lo siento ecológicamente, lo siento en el sentido de que mi organismo empieza a sentirse en su medio ecológico en el Caribe. Me sucede muy fácilmente cuando vengo de Europa, en la primera escala que hace uno en el Caribe. Bajo, respiro, y ya soy otra persona. Yo creo que es una cosa que no se ha estudiado suficientemente, hasta qué punto el acondicionamiento ecológico de los seres humanos es fundamental en su vida. </p><p>(….)</p><p>UNA MALETA DE PLATA</p><p><strong>JI:</strong> ¿Es verdad que con los primeros pesos que ganaste te diste un crucero por el Caribe?</p><p><strong>GGM</strong>: Lo que sería estupendo es recoger todas las leyendas que hay sobre mí, porque a lo mejor es más interesante que mi vida.</p><p><strong>JI</strong>: ¿No será que tú las provocas?</p><p><strong>GGM</strong>: A ver, yo no he hecho un crucero por el Caribe pero, cuando estaba escribiendo en Barcelona <em>El otoño del patriarca</em>, de pronto hubo un momento en que me di cuenta de que me había salido de mi medio ecológico y había cosas que ya no sentía. Se olvida el color del mar, se olvidan los olores, olores salvajes. De pronto me encontré que no me acordaba de cosas concretas, que me hacían falta elementos para expresar esa realidad. La emoción, los sentimientos, la consciencia de dónde era no me faltaba porque donde está el escritor lleva su mundo, el poeta lleva su mundo y donde lo pongan, en el Polo Norte o en el Polo Sur, lo lleva dentro. Pero no recordaba bien cómo eran ciertas cosas, los olores, los sonidos, la temperatura. Es muy difícil imaginarse el calor cuando hay frío y viceversa. Me preocupé mucho porque se me bloqueó la novela; entonces la interrumpí e hice un recorrido que me llevó a Santo Domingo, desde Santo Domingo bajé por todo el arco del Caribe hasta Cartagena y recuperé todo lo que necesitaba, toda la gasolina que necesitaba para escribir el libro. No tomé una nota, sencillamente era cuestión de vivir, de andar en eso, recorrer todas las islas del Caribe, una por una, sin hacer absolutamente nada más que ver, simplemente, y no cuestión de un año: tres días acá o una semana allá. Cuando regresé, el libro salió como un chorro hasta el final; sencillamente, había vuelto a meterme dentro de la salsa, pero eso es distinto a que se me olvide, es decir, no se deja nunca de ser, realmente debe ser lo que uno es: no se deja de ser de donde es. </p><p>(…)</p><p>LOS BOLEROS DE BACH</p><p><strong>JI</strong>: Los psicoanalistas dicen que el tango gusta tanto a las mujeres porque es un género en que el hombre llora. . .</p><p><strong>GGM</strong>: El hombre llora siempre. Afortunadamente ya pasó aquel prejuicio de que los hombres no lloran, los hombres son los que lloran, las duras son las mujeres.</p><p><strong>JI</strong>: ¿Y en tus noches de Barcelona qué boleros escuchabas?</p><p><strong>GGM</strong>: Escuchaba unos boleros que no eran del Caribe: era Bach, de origen igualmente popular. Al fin y al cabo, toda la música, la música culta y la música popular, tienen un mismo origen en las canciones populares. Hay una foto en la inmensa iconografía de Béla Bartók (que abarca casi toda su vida y es muy curiosa porque el tipo tiene un rostro muy expresivo) terriblemente conmovedora en la que sale él con una grabadora de aquellas de cilindros recogiendo aires populares de los campesinos de la Transilvania, de la tierra de Drácula, porque Béla Bartók era paisano de Drácula. Casi toda su música tiene ese origen popular, como lo tenía en Bach, como lo tienen los vallenatos y como lo tiene casi toda la literatura del Caribe. Música para mí no es solamente la clásica o solamente la música popular. Es todo lo que suena y solo después empiezo a distinguir los géneros que me gustan más y que me gustan menos. Pero no se puede decir que la música clásica no es música o que la música popular no es música o que el bolero no, pero el chachachá sí. Yo creo que todas son expresiones humanas de un gran valor porque aún las menos legítimas tienen un algo. Pero en realidad no puedo escribir oyendo música porque en cierto momento me interesa más lo que está sonando que lo que estoy escribiendo. Me llega más la música que la literatura o debe ser que me gusta más o que se impone en mí la música más que la literatura. No la escucho mientras escribo, pero estoy siempre sumergido en ella, particularmente cuando estoy escribiendo. Cuando estaba en Barcelona, en un paréntesis después de <em>Cien años de soledad</em>, buscando un camino y ver por dónde seguía, escuchaba mucha música. Siempre había oído música, música culta sobre todo, pero no la tenía organizada, la había oído así, por donde llegara. En Barcelona la ventaja era que uno podía escuchar música en todas partes, es una ciudad eminentemente musical. Escuchaba entonces sobre todo el tercer concierto de piano de Béla Bártok, que me gusta muchísimo, y que lo oía mucho precisamente en los días que escribía <em>El otoño del patriarca</em>. Cuando se publicó, hubo unos expertos tanto en literatura como en música que trataron de demostrarme que de alguna manera la composición, la estructura de ese libro, se basaba en ese concierto de Béla Bártok, aunque nunca pude entender la explicación que me dieron. Habría que preguntarse qué género de música es <em>Del amor y otros demonios</em>. No tengo la menor idea, pero que tenga su propia música sí es probable. Lo que quise es que fuese una música sin una sola discordancia, y para que eso suceda se necesita trabajar un libro de 200 páginas durante cuatro años, todos los días, y vigilando que no haya una sola nota discordante.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Sep 2023 18:30:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jon Intxaustegi]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“A lo mejor las leyendas sobre mí son más interesantes que mi vida”]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Gabriel García Márquez, poeta]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e36ff9f5-86cc-431e-abbb-59739e178cbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gabriel García Márquez, poeta"></p><p>Pocos saben que los primeros pinitos literarios del grande de Aracataca fueron en la poesía. <strong>Gabo </strong>no sólo menciona sus años de efusión lírica juvenil en su libro de memorias <em>Vivir para contarla</em> (2002) sino que concibe su propia obra como un intento de conquistar a "los espíritus esquivos de la poesía". Así lo dice en el discurso que ofreció durante el banquete de celebración del Premio Nobel en Estocolmo, el 10 de diciembre de 1982. Mientras el discurso de aceptación había sido "La soledad de América Latina", para el momento de intimidad, en la cumbre de su consagración, elige homenajear su prehistoria poética con un <em>Brindis por la poesía</em>: "Cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. (…) Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. (…) La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana que cuece los garbanzos en la cocina y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos. (…) En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora evidencia de que mi intento no ha sido en vano".</p><p>En una entrevista ofrecida a <strong>Juan Gustavo Cobo Borda</strong> en abril de 1981, en la revista <em>Cromos</em>, <strong>García Márquez</strong> confiesa que, si no fuera por Piedra y Cielo, "no estoy muy seguro de haberme convertido en escritor. (…) Allí no sólo aprendí un sistema de metaforizar, sino lo que es más decisivo, un entusiasmo y una novelería por la poesía que añoro cada día más y que me produce una inmensa nostalgia." Gabo se refiere al movimiento poético colombiano que publicó unos cuadernos de poesía entre 1939 y 1940, de tono sentimental, admirador de <strong>Vallejo </strong>y <strong>Huidobro</strong>. Así recuerda a los "piedracielistas" y "arenacielistas" en sus memorias: "descubrí la existencia del movimiento Arena y Cielo, formado por poetas jóvenes que se habían propuesto renovar la poesía de la costa caribe con el ejemplo de <strong>Neruda</strong>. En realidad, eran una réplica local del grupo Piedra y Cielo". De adolescente se hace amigo del líder del grupo local,<strong> César Augusto del Valle</strong>, y a sus catorce años lo visita asiduamente en Barranquilla: "Así fue siempre en mis años del colegio San José, que me dieron la base retórica para soltar mis duendes". Se refiere al Colegio San José de Barranquilla, regentado por los padres jesuitas. Cuando más tarde <strong>Gabo </strong>ingrese al Liceo Nacional de varones de Zipaquirá, donde cursa sus últimos cuatro años de bachillerato, el nuevo rector será, afortunadamente, el más joven integrante de Piedra y cielo, <strong>Carlos Martín</strong>, quien le prestará libros de<strong> Alfonso Reyes </strong>y lo bautizará "poeta".</p><p>Gabo es un buen ejemplo de lo que el gran crítico uruguayo <strong>Ángel Rama</strong> afirmaba en el prólogo a <em>La novela en América Latina. Panoramas 1920-1980</em> publicado en Xalapa por la Universidad Veracruzana: "Cuando llegamos a la nueva narrativa latinoamericana (…) no ha faltado quien la atribuyera a una perfecta generación espontánea, o quien la hiciera miméticamente dependiente de las vanguardias europeas, sin percibir el proceso interno, evolutivo y creciente, sin observar que previamente a ella hubo una revolución poética que facilitó la audacia renovadora de la prosa". En el caso de Gabo, a esta revolución poética continental se suma la declarada admiración por el Siglo de Oro. En sus memorias relata que durante los seis semestres que estudió Derecho se dedicó "a recitar de memoria la poesía irrepetible del Siglo de Oro español". Cuando en 1981 se publica <em>Crónica de una muerte anunciada</em>, el periódico <em>El Espectador</em> de Bogotá publica una reseña sin firma titulada <em>García Márquez, entre Garcilaso y Sófocles</em>, que acentúa el substrato poético de su narrativa: "bajo la fácil superficie de la prosa hay una osamenta dura, hecha de toda la memoria de los poetas del Siglo de Oro español. De ahí viene esa cerrada arquitectura precisa y suficiente, de soneto de <strong>Garcilaso</strong>, y ese ritmo infalible que tienen las grandes novelas de<strong> García Márquez</strong>: <em>Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarc</em>a, y esta más sobria, <em>Crónica de una muerte anunciada</em>. Respiración y arquitectura de soneto". </p><p>El 20 de abril de este año entrevisté en Bogotá al escritor <strong>José Luis Díaz-Granados</strong>, Premio Nacional de Periodismo y familiar de <strong>Gabo </strong>–por el lado paterno es sobrino-nieto de <strong>Tranquilina Iguarán Cotes</strong>, la abuela de Gabriel, y por el lado materno bisnieto del coronel <strong>Nicolás R. Márquez</strong>– para preguntarle sobre la pasión poética de su primo. Participaron en este encuentro sus hijos Carolina y Federico Díaz-Granados, añadiendo y apostillando datos bibliográficos y anecdóticos. Fue precisamente<strong> José Luis Díaz-Granados </strong>uno de los pioneros en difundir esta temprana faceta lírica prácticamente desconocida cuando dictó la conferencia "La poesía de <strong>Gabriel García Márquez</strong>" el 28 de marzo de 2007 en la Casa de Poesía Silva, que se conserva como grabación sonora en la Biblioteca Nacional de Colombia. Cuando lo vi, me contó una anécdota "terapéutica" de su primo en relación con la poesía aurisecular: "<strong>Gabo </strong>tenía que ir a Estados Unidos, cada cuatro meses, para hacer unos chequeos, y lo metían en unas cámaras durante dos horas. Era claustrófobo y muy miedoso por todos los miedos que le habían inculcado desde niño. Para pasar el trance de la resonancia magnética empezó a recitar de memoria todos los poemas del Siglo de Oro que recordaba".</p><p>El otro "lírico practicante" del <em>Boom </em>fue <strong>Julio Cortázar</strong>, cuya estatura poética ha ido creciendo a medida que se fueron descubriendo nuevos materiales inéditos. <strong>Cortázar </strong>publicó una temprana colección de poemas, <em>Presencia</em> (1938), compuesta de 43 sonetos de corte simbolista, el lúdico <em>Pameos y meopas</em> (1971) y la antología a la que dio forma poco antes de morir, <em>Salvo el crepúsculo</em> (1984), pero un hallazgo de hace pocos años obliga a reconstruir el corpus poético cortazariano: la publicación de los versos recobrados por el periodista mendocino <strong>Jaime Correas</strong> en su libro <em>Cortázar en Mendoza</em> (Alfaguara, 2014) en el que exhuma una serie de documentos, cartas inéditas,  apuntes de las clases dictadas por <strong>Cortázar </strong>en 1944 y 1945 en la Universidad de Cuyo, reflexiones sobre la poesía y la creación, y algunos poemas inéditos como <em>Goulash para el Oso</em>, <em>Enajenada vida</em>, <em>Blues de la media vuelta</em> o <em>Reconstrucción recíproca</em>, entre otros.</p><p>En la Biblioteca Nacional de Colombia he consultado una carpeta con fotocopias de recortes de prensa, revistas, libros y documentos varios sobre <strong>Gabriel García Márquez</strong>, de 284 folios, con un título genérico asignado por la entidad catalogadora. Allí encontré siete poemas de<strong> Gabriel García Márquez</strong> fechados en 1945, es decir, escritos entre sus 17 y 18 años, con su firma o con el seudónimo<strong> Javier Garcés</strong> que menciona en sus memorias <em>Vivir para contarla</em>. Tres de estos siete poemas, <em>Canción</em>, <em>Geografía celeste</em> y <em>Poema desde un caracol</em> se pueden consultar en la <em>Gaboteca </em>de la página web de esta biblioteca. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido recogido en volumen, ni tampoco los primerísimos escritos cuando tenía 13 años y publicados en los boletines escolares del Colegio San José, la revista estudiantil<em> Juventud</em>, bajo el título de <em>Bobadas mías</em>. Este sería su primer apartado bibliográfico, que <strong>Gabo </strong>define como "marrullerías bien rimadas", y que declara en <em>Vivir para contarla</em>:</p><p>"Desde mis comienzos en el colegio gané fama de poeta, primero por la facilidad con que me aprendía de memoria y recitaba a voz en cuello los poemas de clásicos y románticos españoles de los libros de texto, y después por las sátiras en versos rimados que dedicaba a mis compañeros de clase en la revista del colegio (…) eran sátiras amables que circulaban en papelitos furtivos en las aulas soporíferas (…) El padre Luis Posada (…) capturó uno, lo leyó con ceño adusto y me soltó la reprimenda de rigor, pero se lo guardó en el bolsillo. El padre Arturo Mejía me citó entonces en su oficina para proponerme que las sátiras decomisadas se publicaran en la revista <em>Juventud</em>, órgano oficial de los alumnos del colegio. Mi reacción inmediata fue un retortijón de sorpresa, vergüenza y felicidad, que resolví con un rechazo nada convincente: </p><p>–Son bobadas mías".</p><p> </p><p>Sin embargo, el padre Mejía adoptó esa respuesta, <em>Bobadas mías</em>, como título de una sección del siguiente número de la revista, con la firma del joven autor. A esa época se remontan, también, unas "parodias de los corales sacros con letras paganas que por fortuna nadie entendió", dice en sus memorias. Estos primerísimos poemitas juveniles están inéditos y, hasta donde hoy en día alcancé a averiguar, no disponibles en bibliotecas o archivos accesibles al público.</p><p>Otra suerte tuvieron los poemas fechados en 1945 escritos en el Liceo Nacional de Zipaquirá, disponibles, como dije, en fotocopias en la BNC. Gabo, en sus memorias, recuerda que en esta época colaboraba en un periódico que se llamó <em>Centro literario de los Trece y</em> que los redactores se reunían una vez por semana: "Cada uno llevaba lo suyo, lo leía y sometía a juicio de todos. Asombrado por ese ejemplo, yo contribuía con la lectura de sonetos que firmaba con el seudónimo <strong>Javier Garcés</strong>, que en realidad no usaba para distinguirme sino para esconderme. Eran simples ejercicios técnicos (…) escribía, además, los que algunos internos me pedían para dárselos como suyos a sus novias dominicales".</p><p>Analizando este puñado de poemas se podría decir que todos ellos son una suerte de "protohistorias líricas", que desarrollan temas, motivos y atmósferas que más tarde serían ampliados en las novelas y cuentos del autor. Vamos a ello. El poema <em>Canción </em>es inaugurado por un epígrafe del piedracielista <strong>Eduardo Carranza</strong>, <em>Llueve en este poema</em>. <strong>García Márquez</strong> convierte a la lluvia en anáfora, la repite al inicio de las primeras estrofas del poema y cada repetición sugiere una lluvia incesante, una meterología insistente: "Llueve. La tarde es una/ hoja de niebla. Llueve./ La tarde está mojada/ de tu misma/ tristeza./ A veces viene el aire/ con su canción. A veces/ Siento el alma apretada/ contra tu voz ausente./ Llueve. Y estoy pensando/ en ti. Y estoy soñando./ Nadie vendrá esta tarde/ a mi dolor cerrado". En sus versos juveniles asoman diluvios y excesos atmosféricos de su ficción posteriores, recordemos los meses de lluvia en <em>Cien años de soledad</em> con <strong>José Arcadio Buendía </strong>encerrado en un cuartito para que nadie perturbara sus experimentos, la lluvia interminable de <em>La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada</em>, la "lluvia aburridora" de "Isabel viendo llover en Macondo" que no deja de sonar rítmicamente en el patio hasta convertirse en un barro líquido que corre por las calles y arrastra objetos domésticos, cosas y cosas; "destrozos de una remota catástrofe, escombros y animales muertos". Pero la lluvia es tema también tema recurrente en artículos periodísticos de Gabo, como <em>Viendo llover en Galicia</em>, publicado en <em>El País</em> en 1983. Algunos estilemas temáticos de sus grandes obras ya estaban presentes, aunque inmaduros, en su poesía, especialmente los fenómenos atmosféricos como factores desencadenantes de la trama: la lluvia y el viento. Claro que estos escenarios climáticos obedecen a una realidad caribeña con sus temporadas de lluvias y sus vientos huracanados. Gran parte de sus ficciones atmosféricas fueron recogidas en su primera antología de cuentos, <em>Ojos de perro azul</em> (1972), que reúne los catorce relatos publicados entre 1947 y 1955 en el periódico bogotano <em>El Espectador</em>.</p><p>Otro poema de su etapa de bachiller,<em> Soneto matinal a una colegiala ingrávida</em>, tematiza la fuerza que el viento ejerce sobre una muchacha hasta hacerla volar, una suerte de prefiguración de <strong>Remedios La Bella</strong>: "Si viste de azul y va a la escuela/ no se distingue si camina o vuela,/ porque es como la brisa tan liviana// que en la mañana azul no se precisa/ cuál de las tres que pasan es la brisa/ cuál es la niña y cuál es la mañana". El <em>crescendo </em>de la brisa, el viento de agua, y finalmente el viento huracanado suelen ser desencadenantes de revelaciones de su prosa: destrucción individual y de las estirpes, de los Buendía, del pueblo de Macondo. Es el origen de las catástrofes climáticas y familiares, de tormentas capaces de desquiciar a casa enteras: "Eréndira estaba bañando a la abuela cuando empezó el viento su desgracia", dice <strong>Gabo </strong>en uno de sus cuentos. También el viento "desordena las rosas" por intervención de un fantasma, en otro cuento cercano a la escritura de estos poemas. Por lo general, los vientos fuertes suelen preceder a la lluvia cuando hay nubes, todos elementos climáticos que <strong>Gabo </strong>puso a funcionar en su ficción mágico-realista. </p><p>El viento y sus variantes vuelve a tener un papel protagónico en el poema temprano<em> La muerte de la rosa</em>, que se conserva escrito a mano alzada en la BNC, con su caligrafía cuidada y clara. Este poema introduce un sutil juego irónico, porque se trata de una rosa imperfecta, "que murió de mal aroma", que "subsistió a su belleza" pero "sucumbió a su fragancia", a quien más le habría valido "ser siempreviva, Dalia". Así, <strong>Gabo </strong>nos presenta una imagen disruptiva, caricaturesca, de la tradicional rosa literaria. La elegía festiva se cierra con un dístico en homenaje a la rosa maloliente: "Dios le guarde en su reino/ a la diestra del alba". </p><p><em>Tercera presencia del amor</em> es otro soneto que se conserva mecanografiado, firmado como <strong>Javier Garcés </strong>en 1945, y también en una fotocopia borrosa de un boletín escolar, con dibujos de una rosa y de un rostro masculino, sin referencia de fuente pero con fecha y firma. Este poema habla del amor que dura más allá de la muerte, el guiño quevediano es palpable en su último terceto: "Tan eterno este amor, tan resistible,/ que comparado al tiempo es imposible/ saber dónde limita con la muerte". Un amor que no se marchita a pesar del tiempo, como el de Florentino Ariza y Fermina Daza que debe esperar medio siglo para consumarse y que <strong>Gabo</strong>, en sus memorias, reconoce haber "saqueado" de los relatos asombrosos de amores contrariados que le contaban sus padres y que usó para escribir <em>La hojarasca</em>, su primera novela, a los 27 años, y más tarde <em>El amor en los tiempos del cólera</em>: "con más de cincuenta años, no supe distinguir los límites entre la vida y la poesía", dice en sus memorias, al hablar de esos relatos de amor oídos de niño y recreados de adulto.</p><p>Otro soneto manuscrito, firmado con seudónimo en 1945, es <em>Si alguien llama a tu puerta, </em>que presenta un encadenamiento de condicionales y presenta al amor como redención, alegría, celebración: "y cabe todo abril en una rosa/ y por la rosa se desangra el día" para concluir en el terceto: "Si aún la vida es verdad y el verso existe,/ si alguien llama a tu puerta y estás triste,/ abre, que es el amor, amiga mía". En la misma carpeta de la BNC este mismo poema aparece impreso como <em>Sin título</em> y al pie se puede leer "Armenia, 11 de marzo de 1984 (en la voz del doctor <strong>Nestor Padilla</strong>)", sin indicación de fuente. </p><p>La BNC conserva, además, dos recortes del diario <em>La Razón</em>, fundado por el poeta <strong>Juan Lozano</strong> <strong>y Lozano</strong>, que corresponden a la columna <em>Poetas Universitarios</em> dirigida por <strong>Luis E. Villar Borda</strong>, <strong>Camilo Torres Restrepo</strong> y <strong>J. A. Currea Blanco</strong>. Allí apareció, firmado como <strong>Gabriel García Márquez</strong>, el poema <em>Geografía celeste</em> con el antetítulo <em>Elegía la Marisela,</em> de corte creacionista, que plantea una relación espontánea entre el plano cósmico y el terrenal, se naturalizan conversaciones con arcángeles y se ensayan imágenes sorprendentes (y logradas) de bueyes que siembran luceros o arcángeles de lino, una imaginería fabulosa que más tarde poblará su narrativa. Por ejemplo, el anochecer se presenta de esta forma: "Y a las seis de la tarde/ el ángel de servicio/ saldrá a colgar la luna/ de un clavo vespertino". </p><p>Por último, en la misma página de <em>La Razón</em> y en el mismo año, <strong>Gabo </strong>publica su <em>Poema desde un caracol</em>, muy logrado en estructura e imágenes, escrito en cuartetos eneasílabos. Es un planto por la pérdida de la niñez. En él se nombra (y anuncia) el "otoño" como metáfora de la madurez vital. Se trata de un duelo por la domesticación de la mirada adulta: "era mi mar/ el mar eterno/ mar de la infancia, inolvidable/ (...) Era el mar de los caracoles,/ mar prisionero, mar distante, que llevábamos en el bolsillo/ como un juguete a todas partes/ (...) Un día quise ver el mar / –mar de la infancia– y ya era tarde". </p><p>Uno de los deseos declaradamente insatisfechos de <strong>García Márquez </strong>fue el de escribir letras de boleros. En sus memorias recuerda con gratitud el libro de <strong>Alfonso Reyes </strong>que le prestó el rector piedracielista<strong> Carlos Martín</strong> porque: "Me alegró que un ensayista de tanto prestigio se ocupara de estudiar las canciones de <strong>Agustín Lara </strong>como si fueran poemas de <strong>Garcilaso</strong>: las canciones populares de <strong>Agustín Lara </strong>no son canciones populares. Para mí fue como encontrar la poesía disuelta en una sopa de la vida diaria". Volverá a añorar los boleros en una entrevista concedida en 1981 a <em>Coralibe. Revista internacional del Caribe</em>, en el número 43, publicada con el título <em>Cuando Escalona me daba de comer</em> en alusión a Rafael Escalona, célebre compositor colombiano de vallenatos:</p><p> </p><p>–Yo nunca me he cansado de decir que <em>Cien años de soledad</em> no es más que un vallenato de 350 páginas.</p><p>–¿Usted nunca ha compuesto nada, maestro?</p><p>–No, hombre, eso es lo más difícil que hay, incluso yo siempre he tenido un proyecto con Armando Manzanero: hacer un <em>Long play</em> de boleros, con letras mías y música de él, pero esa es la vaina más difícil que hay. ¿Te imaginas meter toda una cantidad de argumentos en siete u ocho líneas? Esa es la admiración que yo le tengo a Escalona y a todos esos compositores vallenatos.</p><p> </p><p>Los poemas publicados en el diario <em>La razón</em> en 1945 son los últimos que escribe antes de publicar su primer cuento en 1947, "<em>La tercera resignació</em>n", en el suplemento cultural capitalino coordinado por <strong>Eduardo Zalamea</strong>, más tarde recogido en el citado volumen de cuentos del '72: "Nunca imaginé que nueve meses después del grado de bachiller se publicaría mi primer cuento en el suplemento literario <em>Fin de semana</em> de <em>El Espectador</em> de Bogotá. Cuarenta y dos días más tarde se publicó el segundo", recuerda en sus memorias. Se había materializado el rito de paso de la poesía a la prosa.</p><p>Lo cierto es que no existe bibliografía crítica que haya ahondado en los sedimentos que la poesía dejó en la obra del grande de Aracataca, a excepción, quizás, de un ensayo de corte pedagógico publicado por el Fondo Mixto para la Cultura y las Artes de Caldas en 1999 escrito por <strong>Luis Mario Patiño Betancur</strong> y <strong>José Jesús Ortiz Giraldo</strong> y titulado <em>¿Por qué la narrativa es poesía en Gabriel García Márquez?</em> , Northrop Frye en <em>Anatomía de la crítica</em> (1957) distingue dos direcciones del lenguaje que pueden resultar útiles para abordar esta prosa impregnada de lírica de<strong> García Márquez</strong>: "Una dirección centrífuga (referencial o denotativa) hacia los objetos, y una dirección centrípeta hacia la misma estructura verbal. En la estructura poética se sienten ambas fuerzas, aunque predomina la segunda función. Por un lado, las palabras se valoran en virtud de la precisión con que remiten hacia lo externo (descripciones, aseveraciones, etc.); por otro, son apreciadas por su función en el mundo verbal autónomo de la composición. Una literatura que sea muy centrífuga tenderá al realismo, a la didáctica y al descriptivismo". La narrativa de <strong>García Márquez</strong> combina las dos direcciones: centrífuga y centrípeta, referencial y autónoma. </p><p>Aquí hablé de un puñado de poemas que da cuenta de un estadio prematuro, de inmadurez creativa del universo garciamarquino, pero aun así valdría la pena reunir estos textos para cartografiar las diferentes facetas de la riqueza expresiva del autor. Hay rescates valiosos de "ejercicios técnicos" o curiosidades de la producción creativa temprana en esta línea, valgan como ejemplo los diecisiete poemas rumanos que Paul Celan escribió antes de adoptar la lengua alemana como idioma de expresión literaria, o los <em>Poemas recobrados </em>de<strong> Idea Vilariño</strong>, que cubren el período 1931-1944 cuando la poeta tenía entre 11 y 24 años, un proyecto del Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional de Uruguay que rescató todos los poemas que la autora dejó fuera de su <em>Poesía completa</em>. </p><p>De todos modos, no es cosa de lamentar que los "espíritus esquivos de la poesía" hayan "condenado" a <strong>Gabriel García Márquez</strong> a conformarse con la prosa, como declaraba en Estocolmo, durante el banquete del Nobel. Con ese resultado, es de agradecer que se le resistieran las musas de la poesía, y de los boleros.</p><p>____________________________ <strong> </strong></p><p><em><strong>Marisa Martínez Pérsico</strong></em><em> es poeta y crítica argentina. Su último libro es 'Los parques interiores' (Ayuntamiento de Talavera de la Reina, 2023).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Jul 2023 19:00:21 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marisa Martínez Pérsico]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gabriel García Márquez, poeta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El final de Gabo y Mercedes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/final-gabo-mercedes_1_1197673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cd298c59-f8c5-4383-896c-5f32ac0950bf_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El final de Gabo y Mercedes"></p><p><strong>Gabriel García Márquez</strong> murió el 17 de abril de 2014, a los 87 años. Era Jueves Santo. También en Jueves Santo murió Úrsula Iguarán, uno de los personajes clave de <em>Cien años de soledad</em>. El día de la muerte de Úrsula, escribía el colombiano, “hubo tanto calor que los pájaros desorientados se estrellaban como perdigones contra las paredes y rompían las mallas metálicas de las ventanas para morirse en los dormitorios”. El día en que murió García Márquez, apareció un pájaro muerto dentro de la casa en la que el novelista y periodista pasó sus últimas horas de vida, desplomado sobre el espacio que él solía ocupar en el sofá. La familia del Nobel no se dio cuenta de este paralelismo hasta unos días después de la muerte, cuando una amiga de la secretaria del fallecido escribe para señalar la coincidencia de la fecha. Al leer el párrafo sobre la muerte de Iguarán, todos piensan, además, en el pájaro muerto. La asistente lee en voz alta el <em>mail</em> recibido e interroga con la mirada a <strong>Rodrigo García</strong>, hijo del patrón. “Me mira, tal vez esperando que sea yo lo suficientemente tonto como para aventurar una opinión sobre la coincidencia”, dice. “Solo sé que me muero de ganas de contarlo”.</p><p>Y lo hace. En <a href="https://www.penguinrandomhouse.com/books/688360/gabo-y-mercedes-una-despedida--a-farewell-to-gabo-and-mercedes-by-rodrigo-garcia-barcha/" target="_blank">Gabo y Mercedes: una despedida</a>, una crónica familiar que publica el 20 de mayo Literatura Random House. Es un libro breve, de 100 páginas más un anexo de fotografías del archivo íntimo de los García, en tapa dura, de un blanco que rompe con el diseño habitual de la colección. Tendría algo de solemne, de marmóleo, si no fuera por la fotografía de portada: Gabo, Gabriel García Márquez, y Mercedes, <strong>Mercedes Barcha Pardo</strong>, casados desde la veintena, posan en bata en el jardín y sonríen al fotógrafo. Es el relato de los últimos días de un premio Nobel, sí, los padecimientos del otro de lado de las ventanas ante las que se agolpaban, en México, lectores, periodistas y curiosos aquella primavera. Pero es, sobre todo, el relato de la muerte de un padre después de una larga batalla con la demencia. Un padre que es el de Rodrigo García, guionista, autor de películas como <em>Cosas que diría con solo mirarla</em> o <em>Nueve vidas,</em><em>showrunner,</em> de la serie <em>En terapia</em><em>, </em>y, en este libro, huérfano. Tras la muerte del padre, el autor narra también brevemente la de la madre, en agosto de 2020. No se la llevaría el covid, sino el tabaco, pero la pandemia les quitó lo que sí tuvo seis años antes: una despedida.</p><p> Mercedes Barcha Pardo y Gabriel García Márquez el 12 de octubre de 1982, la mañana en que se anunció el Premio Nobel. / Cedida por Rodrigo García Barcha</p><p>“Escribir sobre la muerte de un ser querido debe ser casi tan antiguo como la escritura misma, y sin embargo, cuando me dispongo a hacerlo, instantáneamente se me hace un nudo en la garganta”, dice García hijo, en uno de los pocos momentos de duda que se permite. “Me aterra la idea de tomar apuntes, me avergüenzo mientras los escribo, me decepciono cuando los reviso. Lo que hace al asunto emocionalmente turbulento es el hecho de que mi padre sea una persona famosa. Más allá de la necesidad de escribir, en el fondo puede acecharme la tentación de promover mi propia fama en la era de la vulgaridad”. Pero, pese a las elucubraciones sobre la legitimidad que tiene para contar todo esto, siendo como eran sus padres dos personas celosas de su privacidad, el libro se impone: “Como suele ocurrir con la escritura, el tema lo elige a uno, y toda resistencia sería inútil”. Sí hay una previsión ética: este libro no podía publicarse mientras viviera Mercedes Barcha, “El Cocodrilo Sagrado, La Madre Santa, La Jefa Máxima”. “Si tengo que hacerlo”, bromea García en otro tramo, “recurriré incluso a otra cosa que nos decían: 'Cuando esté muerto, hagan lo que quieran”.</p><p>La muerte de Gabriel García Márquez estuvo rodeada de excepcionalidad, y no solo dentro de lo paranormal. Pocas familias se ven obligadas a dar declaraciones sobre el estado de salud del enfermo a la salida del hospital, pocas necesitan policías apostados a la puerta de casa para que no les invadan los fans en unos momentos tan duros, pocas tienen que preguntarse cómo comunicar la noticia a la prensa y pocas deben asistir tras el entierro a un homenaje multitudinario con un andamio para los fotógrafos y la asistencia de presidentes y expresidentes. Pero en los momentos callados del libro, en los momentos de espera desesperante que preceden a tantas muertes, Rodrigo García logra que se esfumen los <em>flashes</em> y el peso de la literatura universal. Es un hijo que pierde a su padre, es una vida que se acaba. Las mismas dolorosas comunicaciones por teléfono, la misma extrañeza ante el cuerpo del ser querido, reconocible pero no del todo, extraño pero no del todo. “Toco su mejilla y está fría, pero no es una sensación desagradable. En ese estado de plácido reposo, sus rasgos no delatan signos de demencia”.</p><p>Pese a su brevedad, <em>Gabo y Mercedes: una despedida</em> encuentra tiempo para hablar de la vida. Está la voluntad, a lo largo de las páginas, por acabar de desentrañar quién era ese hombre que tuvo una vida fabulosa y que conjugaba en sí al menos dos personalidades, la del escritor legendario y la del padre que no perdonaba una siesta y cuyo despertar, a veces tranquilo, a veces aterrorizado, temían sus propios niños. Un padre que decía cosas como: “Si puedes vivir sin escribir, no escribas”. Que leía y leía y leía, desde el <em>¡Hola! </em>hasta <strong>Virginia Woolf,</strong> una de sus autoras favoritas. Que destruyó sus obras inacabadas y las versiones descartadas. Que pasó hambre hasta comer de la basura y que se codeó con algunos de los artistas más fascinantes de su época. “El viaje desde Aracataca en 1927 hasta este día del 2014 en Ciudad de México es tan largo y extraordinario como se puede emprender, y esas fechas en una lápida ni siquiera podrían pretender abarcarlo”, escribe Rodrigo García, con admiración y orgullo.</p><p>Además de la tristeza y de los destellos de celebración de una vida buena, hay también en el libro algo de amargura. El lamento no ante el cáncer que se llevaría de manera fulminante al escritor —las previsiones de los médicos pasan de unos meses a unos días en muy poco tiempo—, sino a la demencia que se lo iría llevando poco a poco. El hombre al que ve morir Rodrigo García hace tiempo que no le reconoce. “¿Quiénes son esas personas en la habitación de al lado?”, pregunta. Cuando le dicen que son sus hijos, él responde: “¿De verdad? ¿Esos hombres? Carajo. Es increíble”. García Márquez se ve abrumado por el hospital y, de regreso, instalado en una cama articulada en la habitación de invitados, no distingue tampoco su casa. Por momentos parece asaltarle, en un fogonazo triste, la gravedad de su estado. En otros, recupera su don de gentes, su humor, su habla. La demencia le ha arrebatado desde hace mucho su principal herramienta de trabajo, y con ella la escritura. El novelista siempre había rechazado leer sus propios libros, por miedo en parte a encontrar en ellos la huella de un fracaso creativo que nadie hubiera percibido. Pero al final del largo declive de la demencia, dice su hijo, es capaz de acercarse a ellos “como si los leyera por primera vez”. “¿De dónde carajos salió todo esto?”, le pregunta.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 May 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El final de Gabo y Mercedes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Najat El Hachmi y la escritura sensorial de Gabriel García Márquez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/najat-hachmi-escritura-sensorial-gabriel-garcia-marquez_1_1173318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/63c65d85-69a5-475a-bd76-5f2366d03cbc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Najat El Hachmi y la escritura sensorial de Gabriel García Márquez"></p><p>Cuando infoLibre le pregunta a <strong>Najat El Hachmi</strong> (Nador, Marruecos, 1979) sobre qué obra de otro autor querría haber escrito, tiene clara su respuesta para esta sección dedicada a la sana <a href="https://www.infolibre.es/tags/secciones/envidia_literaria.html" target="_blank">envidia literaria</a> de la revista <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/verano_libre.html" target="_blank">Verano Libre</a>:<strong> Cien años de soledad</strong><em>Cien años de soledad</em><em> </em>(1967),<strong> de Gabriel García Márquez</strong>. Aunque reconoce que lo leyó relativamente tarde, lo tenía como "uno de esos clásicos pendientes". La autora de<strong> </strong><a href="https://www.grup62.cat/llibre-lultim-patriarca/9932" target="_blank">L'últim </a><a href="https://www.grup62.cat/llibre-lultim-patriarca/9932" target="_blank"><em>patriarca</em></a><em>/</em><em><strong>El</strong></em><em><strong> último patriarca </strong></em>(Planeta, 2008) resalta de esta notable novela "la prosa torrencial que te arrastra como una riada ante la que no te puedes resistir".</p><p>La ganadora del Premio Ramon Llull de novela en 2008, justamente por ese título, admira de este Nobel de Literatura de 1982 <strong>el uso de la lengua</strong>, "demuestra que en literatura lo fundamental es el dominio del idioma y que el estilo lo marca todo" pero también "la capacidad de construir un mundo que se sostiene por sí mismo, fuera de la realidad, aunque absolutamente verosímil". Algo muy propio del <strong>realismo mágico</strong>: Macondo, pueblo ficticio fetiche de García Márquez, como Comala para los amantes de Juan Rulfo, existe en nuestro imaginario colectivo.</p><p>La autora de <a href="https://www.grup62.cat/llibre-la-filla-estrangera/203396" target="_blank">La filla estrangera</a>/<em>La hija extranjera </em>(Destino, 2015) señala el<strong> plasticismo de la obra </strong>de referencia del escritor colombiano: "Te inunda todos los sentidos haciendo que la lectura no te quede solamente en la cabeza". Admira esa capacidad, ya que entiende la escritura como un proceso artístico y no solamente intelectual. La escritora considera que Gabriel García Márquez "más que influir, <strong>marca un ideal, un referente de excelencia"</strong>, y vive esa influencia como una aspiración: "Creo que ese ejercicio de querer alcanzar un determinado nivel, decir yo quiero llegar hasta allí, es un estímulo muy positivo".</p><p>El <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/04/18/aniversario_muerte_garcia_marquez_94096_1026.html" target="_blank">autor colombiano</a> se convirtió en <strong>estandarte de la literatura hispanoamericana y universal</strong> con títulos tan alabados y reconocidos como <em>El coronel no tiene quien le escriba</em> (1961), <em>Crónica de una muerte anunciada </em>(1981) o<em> El amor en los tiempos del cólera</em> (1986). Pero, sin duda, el que mayor repercusión sigue teniendo es <em>Cien años de soledad</em>, que narra la historia de la familia Buendía a través de siete generaciones. Esta temática es común a ambos escritores, ya que El Hachmi en sus obras <strong>ahonda en los cambios culturales donde la familia tiene un papel primordial</strong>.</p><p>En contraposición con la obra del maestro Márquez, sitúa algunas obras que cree que se exceden con el actual término <strong>autoficción</strong>, y que "al protagonista, a menudo parecido al autor, no le pasa absolutamente nada o tiene problemas ridículos". Señala que estos libros se alejan de la buena autobiografía y pecan de<strong> "ombliguistas"</strong>.</p><p>La autora, que está a punto de comenzar su próxima novela, afirma que "<strong>la realidad es una buena fuente de inspiración"</strong> y vuelve a incidir en que la escritura no es solo un ejercicio propio del cerebro, ya que "si escribes con todo el cuerpo<strong> cualquier experiencia sensorial puede abrir las compuertas a una novela"</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Aug 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Estela Bango]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Najat El Hachmi y la escritura sensorial de Gabriel García Márquez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Gabriel García Márquez,Envidia literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria viva de García Márquez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/memoria-viva-garcia-marquez_1_1169511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/246c4944-19e8-48a1-b652-b48c1318c504_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria viva de García Márquez"></p><p>El 17 de abril de 2014 una nube de periodistas se arremolinaba en torno a la casa mexicana de <strong>Gabriel García Márquez</strong> (Aracataca, Colombia, 1927-Ciudad de México, México, 2014). Habían estado allí poco antes, el 6 de marzo, cuando el escritor les obsequió con una aparición estelar, impecablemente vestido y luciendo la ya tradicional flor amarilla en la solapa, para <a href="https://elpais.com/cultura/2014/03/07/actualidad/1394181694_304182.html" target="_blank">celebrar su 87 cumpleaños</a>. Y por allí merodeaban algunos desde que la familia admitió, días antes, que efectivamente la salud del escritor <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2014/04/15/la_familia_garcia_marquez_reconoce_que_escritor_encuentra_quot_muy_fragil_quot_15829_1026.html" target="_blank">se encontraba "muy frágil"</a>. Ese 17 de abril se anunciaba finalmente la muerte del escritor colombiano, padre de fenómenos literarios como <em>Cien años de soledad</em>, figura clave del <em>boom </em>latinoamericano, Premio Nobel en 1982 y uno de los autores más populares de la literatura en castellano. <strong>Han pasado cinco años</strong>, y el aniversario del lustro de su desaparición pasa discretamente. Quizás porque, al contrario de lo que suele ocurrir, le llegaron las flores en vida. </p><p>El Centro Gabo, en la ciudad de Cartagena, celebraba este miércoles <a href="https://centrogabo.org/centro-gabo/noticias/seleccionados-para-la-lectura-colectiva-en-homenaje-gabriel-garcia-marquez" target="_blank">una lectura colectiva de fragmentos de su obra</a>, pero este es uno de los <strong>escasos festejos oficiales</strong> organizados este año en su honor. Apenas han llegado tampoco nuevas ediciones de sus textos, exceptuando el volumen ilustrado de <em>El amor en los tiempos del cólera</em>, acompañado de dibujos de la artista chilena Luisa Rivera, editado por Literatura Random House, que se suma a la edición de <em>Cien años de soledad</em> iluminada en 2017 por la misma autora. Pero no hay que engañarse por la ausencia de fuegos artificiales. "La memoria de García Márquez cinco años después de su muerte <strong>sigue completamente viva</strong>", apunta Jesús Cano, especialista en Literatura Hispanoamericana y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. "<strong>Abundan las reediciones</strong>, los libros ilustrados, se le encuentra en papelería, en aeropuertos, en libros de bolsillo...". </p><p>  </p><p>De García Márquez se encuentra casi todo y sin apenas tener que buscarlo. Sirva como ejemplo que hoy mismo los lectores pueden elegir entre al menos seis ediciones distintas de <em>Cien años de soledad</em>, desde el volumen <strong>de bolsillo</strong> al de tapa dura, <strong>ilustrado </strong>también por Luisa Rivera; del título de Círculo de Lectores al de la Biblioteca García Márquez de Literatura Random House; de la <strong>edición conmemorativa</strong> de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española publicada en 2017 a <a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=141215" target="_blank">la de Cátedra</a>, en su colección <strong>Letras Hispánicas</strong>, reimpreso periódicamente desde 1987. </p><p>"La academia lo tiene muy trabajado, creo que no debe de haber casi ningún resquicio de su obra que no esté estudiado", apunta Cano. Hay que tener en cuenta que los investigadores han tenido medio siglo para encargarse de la considerada su obra cumbre, <em>Cien años de soledad</em>, que hace más de tres décadas que recibió el Nobel y que la última novela del escritor tiene ya 15 años. La universidad ha seguido recibiendo, sin embargo, algunas alegrías con respecto al colombiano: en diciembre de 2017, la Universidad de Texas abría el acceso a través de Internet a los<strong> 27.500 documentos</strong> que <a href="https://www.abc.es/cultura/libros/abci-archivo-gabriel-garcia-marquez-acabo-texas-disponible-todo-mundo-201712121200_noticia.html" target="_blank">componían el legado</a> del escritor, adquiridos por el Harry Ramson Center por 2,2 millones de dólares. Son <a href="https://norman.hrc.utexas.edu/fasearch/findingAid.cfm?eadid=01084" target="_blank">90 cajas, 3 carpetas y 67 disquetes</a> en los que García Márquez acumuló prolijamente, y que contienen desde borradores a correspondencia personal, fotografías y recortes, contratos y documentos financieros. </p><p>Otra cosa es que los lectores lo conozcan en la misma medida, dice Cano, más allá de <em>Cien años de soledad</em>, <em>Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera</em>,<em> El coronel no tiene quien le escriba </em>"y poco más". No sería, en todo caso, por una falta de disponibilidad editorial: el resto de su obra, con títulos como <em>De viaje por Europa del Este </em>(Literatura Random House lo reeditó en 2015), <em>Relato de un náufrago</em>, <em>Del amor y otros demonios,</em> <em>El general en su laberinto</em>, <em>El otoño del patriarca</em>, <em>La mala hora </em>o <em>La hojarasca</em>, goza de ediciones muy recientes. "García Márquez es un genio, es creador de algo fascinante, que es <strong>un narrador hipnótico que impregna toda su obra</strong>", alaba el investigador. "Pero quizás también sea necesario reconocer que es <strong>un autor irregular</strong>, que tiene una obra maestra absoluta que es <em>Crónica de una muerta anunciada</em>, que es un mecanismo perfecto de relojería, que tiene <em>Cien años de soledad</em> y que tiene seguramente otras obras que no son tan interesantes".</p><p>  </p><p>Si a <em>Crónica de una muerte anunciada </em>le llegó su adaptación al cine, parece que ahora le toca el turno a <em>Cien años de soledad</em>. El pasado 6 de marzo, coincidiendo con el que hubiera sido el 92 cumpleaños del autor, la plataforma de <em>streaming </em>Netflix <a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/06/television/1551882874_041191.html" target="_blank">anunció que había comprado los derechos</a> para <strong>llevar a la ficción televisiva </strong>la obra más conocida y alabada del colombiano, de la que se han vendido más de 50 millones de ejemplares y que ha sido traducida a medio centenar de idiomas. La noticia se recibió con curiosidad, pero también con escepticismo e incluso cierta indignación. El propio García Márquez se había resistido durante toda su vida a que la novela llegara a las pantallas, ya fuera como película o como serie, pero sus herederos, Gonzalo y Rodrigo García —resulta relevante señalar que este último es director y productor audiovisual— aceptaron la oferta de la empresa, que refuerza desde hace varias temporadas su oferta de contenidos propios. La productora prometió que <em>Cien años de soledad</em> <strong>se filmaría en Colombia  y en castellano</strong> y que los implicados serán todos latinoamericanos. Habrá que esperar para saber si el escritor tenía motivos para negarse a tal empresa, porque Netflix no ha anunciado aún fecha de estreno. </p><p>Más allá de los mecanismos de la industria audiovisual, quizás algo quede aún oculto al lector medio. "Me atrevería a recomendar su obra periodística, que sea quizás de lo más interesante que tiene y de lo menos conocido", apunta Jesús Cano. Para solucionarlo, Literatura Random House publicaba el pasado año <em>El escándalo del siglo</em>, <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/09/12/gabo_periodista_escuela_nobel_86622_1026.html" target="_blank">una antología de la obra periodística</a> de García Márquez, con más de <strong>medio centenar de textos</strong>, algunos de los cuales no estaban ya disponibles de manera sencilla para el lector. Fue García Márquez el primero que pronunció aquello de que el periodismo es "el mejor oficio del mundo", y él mismo insistiría más tarde: "Soy periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. <strong>Mis libros son libros de periodista</strong>, aunque se vea poco". </p><p>Pero hay otro legado que trasciende la obra de García Márquez y del que quizás él no sea responsable: el <strong>"realismo mágico"</strong> como <strong>marca dorada de la literatura latinoamericana</strong>, que sirve tanto de <a href="https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12740926" target="_blank">reclamo turístico</a> como para <a href="https://twitter.com/NetflixES/status/1103297649380413440" target="_blank">anunciar la serie de Netflix</a>. "Personalmente, tengo cierto escepticismo a la hora de hablar sobre el realismo mágico", advierte el profesor de la Complutense, "porque también tiene el peligro de contribuir a cierto reduccionismo de la imagen de América Latina, sobre todo como un <strong>producto de consumo exótico</strong> para el primer mundo". Eso afecta también, claro, a los escritores que han heredado esa tradición y que "tienen que pelear para escapar de esa <strong>angustia de la influencia</strong>, de esa expectativa del realismo mágico que se tiene sobre la literatura latinoamericana". Cita al argentino César Aira, al chileno Roberto Bolaño y al mexicano Mario Bellatin como ejemplos de autores que recorren caminos literarios no explorados por los autores del <em>boom</em>. Si la memoria de García Márquez está viva, también está viva su sombra. </p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Apr 2019 17:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La memoria viva de García Márquez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gabo periodista: la escuela de un Nobel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/gabo-periodista-escuela-nobel_1_1162239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e36ff9f5-86cc-431e-abbb-59739e178cbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gabo periodista: la escuela de un Nobel"></p><p>El día que Gabriel García Márquez definió el periodismo como “<a href="https://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-mejor-oficio-del-mundo-articulo-689674" target="_blank">el mejor oficio del mundo</a>” no sabía que la historia –y esta profesión a veces tan autorreferencial- se encargarían de repetir y manosear esta frase hasta el aburrimiento. La proclama de Gabo (Colombia, 1927​- México, 2014) era un agradecimiento sincero a la actividad que le permitió sobrevivir los primeros años de carrera y ejercitar su músculo literario. Esa fidelidad la atestiguaron también sus actos, <a href="https://elpais.com/cultura/2015/04/16/actualidad/1429209581_454020.html" target="_blank">como escribe la periodista argentina Leila Guerriero</a>, que “indicaron que para él, <strong>el periodismo no era un ganapán ni un oficio bastardo</strong>, sino una forma de la literatura a la que valía la pena entregarle la vocación y la vida”.</p><p>Fue en las páginas de los diarios colombianos <em>El Espectador</em> o <em>El Heraldo</em> donde primero desfilaron personajes como Úrsula y Aureliano o escenarios como la casa de los Buendía, protagonistas todos ellos de su obra cumbre <em>Cien años de soledad</em>. Esa tensión permanente entre literatura y periodismo en el trabajo del Nobel es la que ha guiado la selección de textos recopilada por Cristóbal Pera en <a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-escndalo-del-siglo/MES-100124" target="_blank">El escándalo del siglo</a>, una antología publicada por Literatura Random House que acaba de llegar a las librerías.</p><p>  </p><p>“Soy periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. <strong>Mis libros son libros de periodista, aunque se vea poco</strong>”, recuerda Pera las palabras de García Márquez en una nota a este volumen. Era también un experto en el arte de captar al lector con<strong> el anzuelo de la intriga y la belleza literaria</strong>. “Era martes en Cali. El caballero, para quien el fin de semana fue un borrascoso periodo sin tiempo –tres días sin huella-, había estado con el codo decoroso y obstinadamente empinando hasta la medianoche del lunes”, escribió en<em> El Heraldo </em>de Barranquilla en 1950. Otros arranques del autor de <em>El coronel no tiene quien le escriba</em> proponían un juego entre el humor y el desacaro: <strong>“No se me ocurre ningún título”</strong> fue el encabezamiento de su primera experiencia en Cuba tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista.</p><p>En un periódico publicó también <strong>su primer bestseller, Relato de un náufrago, </strong><em>bestseller</em><em>Relato de un náufrago</em>basado en una serie de entrevistas a Luis Alejandro Velasco, único superviviente de un barco de la marina colombiana que se había hundido en las costas de Alabama. La crónica, troceada en 14 entregas, provocó un torbellino político y el periodista acabó como corresponsal en Europa hasta que se calmasen los ánimos. Durante más de dos años, García Márquez escribió desde París, Italia, Viena, Europa del Este… para satisfacción de su ya <strong>legión de fans</strong>, enganchados a su pluma desde <em>Relato de un náufrago</em>. En aquella especie de exilio firmaría el reportaje que da nombre a <em>El escándalo del siglo</em>, una investigación entre la novela policiaca y la crónica social sobre el asesinato de la italiana Wilma Montesi en el que se vieron implicadas las élites políticas y artísticas del país.</p><p><strong>Fiel al oficio</strong></p><p>García Márquez comenzó a dedicarse al periodismo cuando tenía 20 años y acababa de ingresar en la Universidad Nacional de Bogotá para estudiar Derecho por mandato paterno. <em>El escándalo del siglo</em> recorre el arco que va desde estos primeros trabajos, publicados en 1950, hasta 1987, cuando era ya un escritor consagrado internacionalmente (recibió el Nobel en 1982). Durante su etapa costeña, trabajando para el rotativo barranquillero, Gabo terminaría también su primera novela, <em>La hojarasca</em>. Desde entonces, y a lo largo de toda su carrera, <strong>nunca abandonaría el periodismo</strong>, pese a su éxito literario.</p><p>A finales de la década de los sesenta publicó <em>Cien años de soledad</em> –posteriormente aparecerían también otras dos de sus obras más relevantes, <em>El otoño del patriarca</em> y <em>El amor en tiempos del cólera</em>- y <strong>su periodismo tomó una deriva más comprometida</strong>. En aquel momento América Latina se dividía entre los que celebraban el triunfo de la Revolución cubana y los que la temían. Su amistad con Fidel Castro y sus simpatías hacia su política le valieron el apodo de <strong>“tonto útil de Fidel”</strong>. Una de las crónicas que peor encajaron sus detractores fue la que firmó cuando empezó el embargo a la isla caribeña: “Aquella noche, la primera del bloqueo, había en Cuba unos 482.560 automóviles, 343.300 refrigeradores, 549.700 receptores de radio, 303.500 televisores, 352.900 planchas eléctricas, 286.400 ventiladores, 41.800 lavadoras automáticas, 3.500,000 relojes de pulsera, 63 locomotoras y 12 barcos mercantes. <strong>Todo eso, salvo los relojes de pulso, que eran suizos, había sido hecho en los Estados Unidos</strong>”. Con sus palabras, Gabo pretendía que los lectores comprendieran la magnitud de la medida tomada por el gobierno estadounidense.</p><p>La verdad y sus adornos</p><p>En los trabajos de esta antología, García Márquez se revela como<strong> un observador perspicaz, un cronista inimitable y –dicen algunos- también un reportero hiperbólico</strong>. El periodista costarricense Néfer Muñoz analizó este aspecto en <a href="https://dash.harvard.edu/handle/1/11124833" target="_blank">su tesis</a> <em>Novelando en el periódico y reportando en la novela de América Latina </em>con la que se doctoró en la Universidad de Harvard. Muñoz estudió el gusto de Gabo por la exageración en algunas de sus trabajos y ponía como ejemplo <em>Caracas sin agua</em>, reportaje sobre un periodo de escasez en la capital venezolana a finales de los cincuenta. En él, el autor habla de un ingeniero alemán llamado Samuel Burkart que utilizaba zumo de melocotón para afeitarse cada mañana. Al parecer, el ingeniero nunca existió y el Nobel utilizó esta figura para hablar de su propia experiencia.</p><p>En otra de sus primeras crónicas, <em>Historia íntima de una manifestación de 400 horas</em>, sobre una supuesta protesta en la región colombiana del Chocó, <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/04/130422_garcia_marquez_diarismo_magico_ob_nm" target="_blank">García Márquez tiró también de inventiva</a>, según Muñoz. “Años más tarde, al recordar este episodio, en una entrevista con el periodista Daniel Samper, García Márquez confesó: ‘<strong>Inventamos cada noticia…</strong>”, recuerda el investigador. En el propio prólogo de <em>El escándalo del siglo</em>, Jon Lee Anderson reconoce la borrosa frontera entre el estilo literario y periodístico del Nobel: “Esta antología nos revela un escritor de pluma amena en sus orígenes, bromista y desenfadado, <strong>cuyo periodismo es poco distinguible de su ficción</strong>”.</p><p>Hiperbólico o no, lo cierto es que la realidad cinceló el universo literario del escritor. En la última década de su vida, aquejado de un cáncer linfático, la salud le obligó a rebajar su actividad profesional. En 1996 salió publicado <em>Noticia de un secuestro</em>, célebre crónica periodística sobre el calvario de un grupo de colombianos (muchos, periodistas) que fueron secuestrados por Pablo Escobar para forzar el abandono del acuerdo de extradición con Estados Unidos. Siempre fiel a ese compromiso con el oficio, esos últimos años los dedicó a publicar en la revista <em>Cambio</em>, que compró con el dinero del Nobel, y a impartir talleres en la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, institución que fundó en 1995.</p><p>Dice Leila Guerriero que su legado periodístico ha conseguido que los referentes de esta profesión no sean sólo Tom Wolfe o Truman Capote, sino muchos otros hispanohablantes y formados en la FNPI como Alma Guillermoprieto o Alberto Salcedo Ramos. “<strong>Es difícil pensar en el estado de la no ficción en América Latina sin tener en cuenta este gesto de García Márquez</strong> que, veinte años atrás, decidió crear esta fundación para periodistas cuando, con todo su nombre, con todo su poder, pudo haber hecho otra cosa: un festival de cine, un premio de novela, o nada”. </p><p>Precisamente defendiendo la labor de su fundación, Gabo describía así su amor incondicional a esta profesión: "Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en<strong> un oficio tan incomprensible y voraz</strong>, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Sep 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Gabo periodista: la escuela de un Nobel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Libros,Literatura latinoamericana,Periodismo,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Silvio Rodríguez, la pasión constante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/silvio-rodriguez-pasion-constante_1_1125643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/465cdd9c-13e5-41bd-bd90-0210f0800ac9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Silvio Rodríguez, la pasión constante"></p><p>Hay versos de <a href="http://zurrondelaprendiz.com/biografia" target="_blank">Silvio Rodríguez</a> que se han convertido en himnos de una generación y de un modo de vida.  “Yo quiero seguir jugando a lo perdido, yo quiero ser a la zurda más que diestro”, canta en <em><strong>El necio</strong></em>. De ahí la contenida emoción que se podía palpar este miércoles en el madrileño Palacio de los Deportes, una de las citas de la gira española del autor más querido de la nueva trova cubana. En las más de dos horas que duró el concierto, el numeroso público que abarrotó el recinto se levantó en varias ocasiones para aplaudir al incombustible artista de 69 años. Él lo agradeció volviendo una y otra vez a coger su guitarra, incluso cuando ya habían encendido las luces. Entre las gradas, se podía ver hasta a <a href="https://twitter.com/sailusticadas/status/725427645803012096" target="_blank">un fan disfrazado de unicornio azul</a>, que al fin pudo darle uso al traje después de los nueve años que Silvio llevaba sin pisar un escenario en España.</p><p>El autor, emblema de la música cubana nacida al calor de la Revolución, presentó <em><strong>Amoríos</strong></em>, su último disco, que aún no ha sido publicado en España, y donde se encuentran algunos de sus clásicos: <em>Ojalá</em>, <em>Óleo de una mujer con sombrero</em> o <em>Vamos a andar</em>. Silvio cantó los versos del poeta <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rub%C3%A9n_Mart%C3%ADnez_Villena" target="_blank">Rubén Martínez Villena</a>, a quien llamó <strong>“el Rimbaud cubano”</strong>, recordando que había dedicado buena parte de su vida a ayudar a los más desfavorecidos. </p><p>Con una puesta en escena sobria –subió al escenario con vaqueros, chaqueta negra y una gorra- sobre el escenario acompañaban a Silvio un pianista, un tres cubano, una guitarra, un bajo eléctrico, una batería, un contrabajo, una flauta travesera (que interpretó unos solos magistrales) y un clarinete. Además de su característica y aflautada voz, que después de más de cinco décadas de trabajo, se mantiene idéntica. No obstante, la edad no perdona al prolífico músico y tuvo que ponerse las gafas antes de comenzar el recital. </p><p>Los asistentes, que mantuvieron un silencio sólo roto por gritos que iban desde el “¡guapo!” y “¡te quiero!” a incesantes peticiones de la canción <em>Ojalá</em> –en una ocasión él respondió con humor “no me la sé”-, pudieron escuchar <em>Ángel para un final</em>, <em>La era está pariendo</em>, <em>Mujeres</em>, <em>La maza </em>y <em>San Petersburgo</em>. Sobre esta última, Silvio explicó que la compuso tras un encuentro con <strong>Gabriel García Márquez</strong>. En un viaje que hacían ambos desde Cuba a México, el escritor colombiano le confesó que con frecuencia se le ocurrían historias para canciones, pero debido a su escaso talento musical, nunca pasaban de la palabra. La que le contó ese día a Silvio hablaba de una mujer plantada en la noche de bodas por su prometido, que al día siguiente del enlace tuvo que ir devolviendo puerta por puerta todos los regalos. El cantante cubano compuso, años después, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3w291qM9bD8" target="_blank"><em>San Petersburgo</em></a>, una canción que aunque en principio pueda parecer totalmente ajena al relato de Gabo, Silvio no la hubiese podido escribir sin aquella experiencia. </p><p>Después de tantas décadas poniendo música y poesía a las emociones (y a los compromisos), el prolífico cantautor mantiene intacta su capacidad de emocionar, y no sólo por la nostalgia que acompañaba a muchos de los asistentes. Incluso versos tan manidos como <strong>“ojalá que no pueda tocarte ni en canciones”</strong> adquieren un nuevo matiz gracias a la pasión que Silvio sigue poniéndole a su trabajo. Antes de cerrar la actuación, el cubano, que hizo alarde un carácter sencillo y cercano, salió del escenario para volver con una cámara de fotos con la que inmortalizó al entregado público. La gira, que ya ha pasado por ciudades como Gijón, A Coruña y Barcelona, continuará el viernes 29 en Valencia y el 1 de mayo en Murcia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Saila Marcos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Silvio Rodríguez, la pasión constante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Cuba,Cultura,Gabriel García Márquez,Conciertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así es ‘La Gaboteca’, el universo de Gabriel García Márquez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/gaboteca-universo-gabriel-garcia-marquez_1_1125131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2d37efb2-de62-432c-9cca-f8b4d3ddceae_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así es ‘La Gaboteca’, el universo de Gabriel García Márquez"></p><p>Este domingo 17 de abril se cumple el segundo aniversario de la muerte del escritor colombiano Gabriel García Márquez, y para conmemorar esta fecha tan señalada, la Biblioteca Nacional de Colombia ha estrenado <a href="http://www.bibliotecanacional.gov.co/lagaboteca" target="_blank"><em>La Gaboteca: el universo de Gabo a un solo clic</em></a>, una<strong> guía virtual por la vida y obras del Premio Nobel de Literatura</strong>.</p><p>Durante sesenta años de producción literaria, Gabo publicó una cantidad ingente de artículos, libros y guiones traducidos a más de 40 idiomas. A través de la plataforma, todo este material será compilado y ordenado por género y fecha de publicación, así como todas las reediciones y reimpresiones. Todo catalogado y fácil de encontrar en los archivos de la biblioteca colombiana ya que, tal y como explican en la web, "la obra de nuestro querido Gabo es patrimonio de todos los colombianos y<strong> la mejor manera de honrar su memoria es conociendo sus libros</strong>".</p><p>Para que el lector no se pierda entre tantas publicaciones, la Biblioteca de Colombia ha dividido <em>La Gaboteca</em> en cuatro grandes bloques: obras propias del autor, obras que se han escrito sobre él, traducciones y un último apartado que habla de su vida y sus viajes.</p><p>El apartado <em>Obras de Gabo</em> recoge todas sus publicaciones divididas en 10 categorías: novela, cuento, periodismo, cine, memorias, poesía, teatro, prólogos, discursos y ensayos, entrevistas y diálogos.</p><p>Desde cualquier parte del mundo, el lector podrá conocer las diversas ediciones de sus novelas o sus recopilaciones de cuentos y de periodismo, <strong>asi como otras rarezas, como su obra de teatro</strong> (<em>Diatriba de amor contra un hombre sentado</em>), su guión nunca grabado aunque publicado como libro (<em>Viva Sandino</em>) o sus discursos y ensayos sobre la educación en Colombia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Apr 2016 11:32:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Así es ‘La Gaboteca’, el universo de Gabriel García Márquez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Internet,Literatura,Latinoamérica,Cultura,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siempre nos quedará Macondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/quedara-macondo_1_1117858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El día que murió Carmen Balcells yo estaba en la cama con una fiebre titánica, acorralada por el Frenadol y otros agentes enemigos que me querían sin lectura y sin alma. Pero me rebelé: la fiebre puede ser oportunidad de insumisión, el momento perfecto para entregarse a un libro importante.</p><p>Puse el móvil en modo avión (única defensa segura frente a la invasión de whatsapps) y me encerré tres días en el relato <a href="http://www.sellorba.com/aquellos-anos-del-boom_premio-gaziel-de-biografias-y-memorias-2013_xavi-ayen_libro-ONFI631-es.html" target="_blank"><em>Aquellos años del boom</em></a>, de <a href="https://twitter.com/xaviayen" target="_blank">Xavi Ayén</a>, viviendo en esa época irrepetible en que los autores eran tan míticos como sus personajes.</p><p>Para todos los que un día descubrimos el universo de Macondo y empezamos a creer en dios (<a href="http://elpais.com/tag/gabriel_garcia_marquez/a/" target="_blank">García Márquez</a>) y en una sola religión verdadera (la literatura), el libro de Ayén es un evangelio. <strong>Están todos los que eran </strong>(los autores, los agentes, “la” agente, los editores), <strong>y están, además, con sus voces</strong>.</p><p>Y, también, <strong>con todas sus contradicciones y sus desmemorias. Sus egos. Sus pasiones (la política, las mujeres, los amigos)</strong>.</p><p>Siempre brillantes, peleones y notorios.</p><p>En estos tiempos de Grey y de Millenium, de chicas en el tren y karmas varios, es una imprudencia recomendar un ensayo de casi novecientas páginas, pero quizá esta columna sí sirva para recuperar tres libros imprescindibles: <strong>La ciudad y los perros, Cien años de soledad, Rayuela</strong><em>La ciudad y los perros</em><em>Cien años de soledad</em><em>Rayuela</em> y para que nadie deje de creer en la literatura.</p><p>Leo, con el lápiz en la mano, gastado de subrayar (que los libros hay que usarlos). Leo paseando por Londres, México, Buenos Aires, Nueva York, Madrid y, sobre todo, Barcelona (y París). Y descubro ahora que Balcells ya inventó una frase mía (nótese la ironía, please. Y la cronología, que abrí mi blog hace años): <strong>“Leer es poder”</strong>.</p><p>A mí me apasiona la Balcells que agita el avispero. “<strong>Cuando tienes un autor como Gabriel García Márquez, puedes montar un partido político, instituir una religión u organizar una revolución</strong>. Yo opté por esto último”.</p><p>Mola la revolución. Mola el genio. Mola estar con gente que jamás habría utilizado un verbo tan infantil, tan adolescente y tan inane como “molar”.</p><p>Claro que también es importante el contexto. Son autores que habían conocido a los españoles exiliados, los que en palabras de García Márquez, <strong>“nos enseñaron a amar para siempre a una España menos obligatoria y más humana”</strong>; que desembarcaron en una España triste y dictatorial y que, cada uno a su manera, creyeron en Cuba porque Cuba era un gran sueño.</p><p><em>(Carlos Barral: “Casi todos han viajado, viajan o van a viajar a Cuba, donde descubren el coco revolucionario, el ron en decadencia y la prieta carne de prieta”)</em></p><p>En ese contexto insiste Gabo: <strong>“soy un hombre indivisible, y mi posición política obedece a la misma ideología con que escribo mis libros”</strong>. Algunos intentaban escapar a la política, como Álvaro Mutis, “el ejecutivo poeta”, que proclamaba: <strong>“Lo único peor que la izquierda es la derecha”</strong>.</p><p>O José Donoso, que también, estaba en otra cosa: “El escritor se debe tomar la libertad de ser socialmente inútil para ser culturalmente útil”. Pero era en vano. El contexto era inseparable de la obra. Lo explica Bryce, Echenique (originalísimo creador de <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/CM_264" target="_blank">Julius</a> y <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/CM_267" target="_blank">Martín Romaña</a> aunque luego lo lapidásemos por plagio): “en aquellas novelas no se daba importancia a la vida sentimental o afectiva de los personajes, <strong>había poco individuo</strong>”. Y es que, según él, “Vargas Llosa opinaba que el humor era algo absolutamente reaccionario”.</p><p>No lo es. Nunca lo ha sido. El humor es revolucionario. Pero a cambio tiene toda la razón el Nobel cuando cierra el libro: <strong>“La insatisfacción es básica. Los escritores resignados, adaptados, pierden fuerza creativa. La insumisión da creatividad”</strong>.</p><p>Hoy que (aparentemente) vivimos tiempos de insumisión, me gustaría saber quiénes son los grandes de nuestra generación, esos hombres y mujeres sobre los que dentro de cuarenta años un periodista bueno y exhaustivo, como Xavi Ayén, escribirá un libro fascinante. ¿Están?</p><p>Si no, siempre nos quedará <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/15/actualidad/1397567337_481354.html" target="_blank">Macondo</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
      <media:title><![CDATA[Siempre nos quedará Macondo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Biografías noveladas o cuando se unen realidad y ficción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/biografias-noveladas-unen-realidad-ficcion_1_1103969.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7229ce22-7ff8-4fe6-8fbb-c98c520370a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Biografías noveladas o cuando se unen realidad y ficción"></p><p><strong>El mismísimo Eduardo Mendoza, uno de los grandes novelistas españoles de las últimas décadas,</strong> señalaba hace poco en un artículo que “la ficción biográfica es una variante de la novela y va en auge en la medida en que la ficción va perdiendo autoridad”. <strong>“Es un hecho”, añadía el autor de La ciudad de los prodigios o Una comedia ligera, “que hoy en día la novela está relegada al departamento de entretenimientos honestos.</strong><em>La ciudad de los prodigios</em><em>Una comedia ligera</em> Para salir de ahí ha de estar conectada de algún modo con la realidad”. En línea con estas opiniones, la cultura francesa va marcando la pauta y así una novela como <em>Peste y cólera</em> ganó en el país vecino los premios literarios más prestigiosos en el año 2012.</p><p>Publicada en España hace unos meses, se ha convertido en un libro de culto, al igual que otro del mismo género:<em> Limonov</em>, de Emmanuel Carrère, también editada en Anagrama. Limonov es otro personaje muy atractivo y desconocido, como Yersin, que le permite al autor trazar un retrato de la Rusia de los últimos 50 años. En el caso del doctor Yersin, su peripecia vital atraviesa desde finales del XIX hasta la Segunda Guerra Mundial, a caballo entre Europa y la Indochina francesa en una alternancia de investigaciones científicas, luchas coloniales y descubrimientos geográficos.</p><p><strong>Se trata de un género, la biografía novelada, que cuenta con ilustres antecedentes en español, con obras firmadas incluso por premios Nobel como Gabriel García Márquez (El general en su laberinto) sobre Bolívar o Mario Vargas Llosa (El paraíso en la otra esquina) sobre Flora Tristán.</strong><em>El general en su laberinto</em><em>El paraíso en la otra esquina</em> Más cerca de casa, autores españoles de primera fila como Francisco Umbral también recrearon algunas vidas de escritores (Larra, Valle-Inclán o Miguel Delibes) en esa clave de mezcla de semblanza biográfica, pero con la libertad de un narrador de ficción. <strong>Anna Caballé, </strong>profesora de Literatura Española, responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona y autora de biografías, define de esta forma los rasgos de la biografía novelada.<strong> “Es un género”, comenta, “que se inspira en un personaje histórico, pero que no desea acogerse a las limitaciones del género biográfico, que tiene como requisito básico que te debes a las fuentes y ellas te limitan la escritura. </strong>El pacto de veracidad y comprobación de las fuentes no afecta a la biografía novelada. El relato, pues, incumbe a la ficción, aunque pueda resultar muy sugerente y atractivo para el lector. Para el novelista supone una fuente extraordinaria de posibilidades”.</p><p><strong>Así pues, resulta evidente que, en los últimos años, editoriales de referencia, como Anagrama y Tusquets, o grandes sellos como Planeta, con su colección Memoria de la Historia, han apostado por las biografías noveladas.</strong> El catedrático de Literatura de la UNED José Romera, experto en el tema, ha llegado a decir que “las biografías noveladas afloran como hongos en España y las editoriales se han volcado, como ha sucedido con la novela histórica, y los lectores las han seguido de una manera muy fiel”. Cita Romera, entre otros, dos ejemplos de biografías noveladas que marcaron una tendencia y escritas por autores españoles de prestigio: <strong>Voltaire, de Fernando Savater, y Oscar Wilde, de Luis Antonio de Villena, ambas en Planeta.</strong><em>Voltaire</em><em>Oscar Wilde</em></p><p>En algunas ocasiones, como ocurre con el caso del médico Yersin de <em>Peste y cólera</em>, <strong>los autores de biografías se encuentran con la ausencia de obras, sean del género que sean, sobre personajes interesantísimos que marcaron toda una época. </strong>Esa fue la sorpresa del periodista cultural de <em>El País</em> y escritor Jesús Ruiz Mantilla al descubrir que Farinelli, el cantante castrado más famoso del siglo XVIII, era un personaje desconocido en España a pesar de su influencia cultural en nuestro país durante décadas. <strong>Ruiz Mantilla abordó en primera persona esta historia en Yo, Farinelli, el capón, una biografía novelada que está a punto de reeditar Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg.</strong><em> Yo, Farinelli, el capón</em> “El personaje me pareció muy sugerente porque fue un divo de su época, un artista muy singular porque era una voz de mujer encerrada en un cuerpo de hombre. Pero, además, investigar y escribir sobre Farinelli, que introdujo la ópera italiana en España y tuvo un papel destacado en la Corte española durante el XVIII, me permitió novelar sobre ese siglo tan interesante cuando se produjo la transición entre una sociedad oscurantista y los nuevos tiempos de la Ilustración”.</p><p><strong>Una vida como hilo conductor de una época, como paradigma de una sociedad, representa la base sobre la que se asientan las biografías noveladas </strong>en un abanico inmenso de personajes que pueden ir desde el famoso atleta checo Emil Zatopek de <strong>Correr, de Jean Echenoz</strong><em>Correr, </em> (Anagrama) hasta dos trayectorias cruzadas, como las del dirigente comunista Leon Trotski y su asesino, Ramón Mercader, en <strong>El hombre que amaba a los perros (Tusquets), una obra cumbre del género escrita por el cubano Leopoldo Padura.</strong><em>El hombre que amaba a los perros</em></p><p>Esa combinación de realidad y ficción permitió y permite asimismo la irrupción histórica de periodistas en las biografías noveladas. Ahí están para demostrarlo novelas de maestros del nuevo periodismo como <strong>Tom Wolfe, con Elegidos para la gloria, (Anagrama)</strong><em>Elegidos para la gloria</em>, o <strong>Gay Talese, con la muy reciente Los hijos (Alfaguara).</strong><em>Los hijos</em> Ahora bien que nadie crea que la biografía novelada resulta una opción literaria fácil y Ruiz Mantilla lo resume así: “Has de inventar y fabular con el personaje, como en cualquier novela, pero a partir de un exhaustivo trabajo de documentación sobre el protagonista y su época”. O en palabras del crítico francés Nicolas Ungemuth a propósito de <em>Peste y cólera</em>: “Para escribir una ficción tan atravesada por lo real, hace falta, sin ninguna duda, ser un escritor excepcional como Patrick Deville”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Aug 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carla Antonelli: música ‘new age’ para leer a García Márquez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/carla-antonelli-musica-new-age-leer-garcia-marquez_1_1103915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/523ff4ec-3ca1-4c53-8c34-1445ee601bab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carla Antonelli: música ‘new age’ para leer a García Márquez"></p><p>Carla Antonelli lo tiene claro: es mucho más de libros que de discos. Por ello, la mayoría de las recomendaciones culturales de la diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid son literarias: la política explica que este verano tiene pensado leer "varias biografías de Gregorio Peces Barba", el recientemente fallecido padre de la Constitución y dirigente del PSOE. Y además, también recuerda que sus "veranos de la infancia" se vieron muy influidos por una de las primeras novelas que leyó: <em><strong>100 años de soledad</strong></em>, del escritor colombiano Gabriel García Márquez.</p><p>Igualmente, Antonelli señala que para pasar el rato en sus viajes a su destino de vacaciones este verano escuchará "música <em>new age</em>, relajante", si bien se resiste a aconsejar algún artista en concreto. Pero sí que se extiende mucho más en el plano audiovisual. "Me gustan este tipo de películas preciosistas, con una fotografía muy bonita", señala. Y a la hora de poner ejemplos concretos, se decanta por dos: <em><strong>Mucho ruido y pocas nueces</strong></em>, la adaptación de la obra teatral de William Shakespeare dirigida por Kenneth Branagh, y <em><strong>Carrington</strong></em>, protagonizada por la actriz británica Emma Thompson.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 Aug 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Ríos]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Carla Antonelli: música ‘new age’ para leer a García Márquez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carla Antonelli,Música,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[García Márquez y Quino, protagonistas de la Feria del Libro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/garcia-marquez-quino-protagonistas-feria-libro_1_1101462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/01552020-58cd-4e39-9d39-23fefadf662c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="García Márquez y Quino, protagonistas de la Feria del Libro"></p><p>La 73 edición de la<a href="http://www.ferialibromadrid.com/" target="_blank"> Feria del Libro de Madrid</a> regresa al Paseo de Coches del parque del Retiro <strong>del 30 de mayo al 15 de junio</strong> con un homenaje a<em> Gabriel García Márquez </em>con una lectura continuada de<em> Cien años de soledad</em>, un homenaje a <strong>Quino</strong>, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, al cumplirse el 50 aniversario de <strong>Mafalda</strong>, encuentros en torno al centenario de la Primera Guerra Mundial y recuperando <em>El Micro.</em></p><p>Situado frente a la iglesia de San Pascual, en el Paseo de Recoletos, recogió en 1933 las palabras del presidente del Gobierno, Manuel Azaña. Ahora hasta 16 novelistas, poetas, libreros y periodistas contarán con un minuto desde el 31 de mayo y a las 12 horas para escuchar sus palabras, <strong>por medio de la megafonía del Paseo de Coches.</strong></p><p>El homenaje a <strong>García Márquez </strong>tendrá lugar el domingo 8 de junio en la caseta 0. Organizado por Penguin Random House, en la lectura participarán personalidades del mundo cultural y todo aquel lector que se quiera sumar. También se habilitará un libro de condolencias, que después se hará llegar a la familia del escritor.</p><p>El espacio dedicado a la inmortal Mafalda se centrará en<strong> Los viernes de Quino</strong>, que tendrán lugar en la caseta 0, desde donde distintos dibujantes trasladarán a los asistentes al universo de esta inconformista inmortal. Y también habrá hueco para los 20 aniversario. Es el caso de 'Tranvía a la Malvarrosa', libro en torno al cual conversarán Manuel Vicent, José Luis García Sánchez, Manuel Gutiérrez Aragón y Ángel S. Hanguindet, y de 'Manolito Gafotas'.</p><p>La reflexión llegarán, entre otros, de la mano de la literatura social de<strong> Javier Díez Moro</strong>, autor de 'La asesina que gritó justicia'. Estará acompañado por Rosa María Calaf, Lolo Rico y representantes de PAH-Madrid. Quien tampoco faltará a su cita en el Retiro será la novela negra. A destacar la mesa redonda sobre el 'boom' de los escritores nórdicos.</p><p>La feria será el evento también elegido para presentar el libro <em>La Real Academia Española. Vida e historia,</em> del académico y director del Instituto Cervantes, <strong>Víctor García de la Concha</strong>, dedicado al tricentenario de la RAE.</p><p>El programa incluye dos lecturas de poesía: 'Palabras que son flores que son frutos que son actos', que reunirá a autores mexicanos y españoles en torno a la figura de <strong>Octavio Paz</strong>, y 'Dos universos poéticos a los 30 años de su muerte', dedicado a Vicente Aleixandre y Jorge Guillén. Además, el primer día de la feria es el elegido para entregar el XVII Premio Alfagura de Novela, que este año ha recaído en<strong> Jorge Franco</strong> por 'El mundo de afuera'.</p><p><strong>Menos casetas, más expositores</strong></p><p>En esta edición habrá<strong> 364 casetas,</strong> "algunas menos que el año pasado", según el director, Teodoro Sacristán, aunque con más expositores, hasta <strong>508</strong>, entre los que se encuentran 20 organismos oficiales, 10 distribuidores, 60 libreros especializados, otros tantos generales, 218 editores de Madrid y 134 de fuera de la ciudad.</p><p>Por segundo año consecutivo, las<strong> bibliotecas municipales </strong>colaborarán mano a mano con la Feria del Libro. Así, la Eugenio Trías, en la Casa de Fieras del Retiro, acogerá debates, mesas redondas,  y presentación de novedades. En Casa de Vacas, también en el Retiro, el Ayuntamiento ha programado tres lecturas dramatizadas. Una se dedicará a Antonio Machado, la segunda al ambiente de los cafetines madrileños del siglo XIX y la última a Luis Alberto de Cuenca.</p><p>Todo ello sin olvidar las tradicionales propuestas para los más pequeños, con talleres y cuentacuentos. Otra opción es el concurso de<strong> fotoletras</strong>, que propone a los niños dar con letras inesperadas en el parque, como la 'J' en el perfil de una farola o la 'O' en las nubes.</p><p>La Feria está patrocinada por el Ayuntamiento, la Comunidad, la Real Casa de Correos y Banco Sabadell. El presupuesto es similar al del año pasado, <strong>algo más de un millón de euros, </strong>y se presenta este año bajo el lema '<strong>Deletrear el mundo'.</strong> El cartel de esta edición es obra del sevillano Santiago Miranda, premio Nacional de Diseño en 1989. Plasma el momento en el que un lector despliega un mapa para orientarse en el viaje de los libros.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 May 2014 14:36:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[INFOLIBRE]]></author>
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      <media:title><![CDATA[García Márquez y Quino, protagonistas de la Feria del Libro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ferias y exposiciones,Libros,Literatura,Madrid,Cultura,Gabriel García Márquez,Feria del libro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Dos Macondos y un brindis por el Gabo’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/macondos-brindis-gabo_1_1100607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a8ad8c16-f93e-4b34-887d-6be1d1cf0068_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Dos Macondos y un brindis por el Gabo’"></p><p>Para la Gaba</p><p>1.</p><p>Se nos murió Macondo, ese planeta</p><p>poblado de fantasmas caribeños,</p><p>tan jondos, tan nosotros, tan profetas, </p><p>tan Buendías, tan Barchas, tan costeños.</p><p>Una flor amarilla en la chaqueta,</p><p>la pluma en el bolsillo y en el ceño</p><p>fruncido la sonrisa y el empeño</p><p>de robarles la musa a los poetas.</p><p>Cien años y tan joven, soledad,</p><p>la mentira es más fiel que la verdad</p><p>y se conserva virgen como un lirio.</p><p>Aracataca baila, bebe y llora</p><p>desafinando al filo de la aurora</p><p>su de profundis triste como un cirio.</p><p>2.</p><p>Compartimos el zumo de la vida,</p><p>naufragamos en islas imposibles,</p><p>fundimos tantas noches los fusibles</p><p>en los tiempos del cólera y el sida.</p><p>Cada canción era su preferida,</p><p>cada hasta luego un siempre irrepetible,</p><p>cada abrazo un quizás y un imperdible</p><p>para endulzar amargas despedidas.</p><p>En plena primavera el crudo invierno</p><p>se coló de rondón en la maleza</p><p>nombrándome viudo, cuate, yerno.</p><p>De luto están mi alma y mi pereza, </p><p>de luto mi bombín y mi cuaderno,</p><p>viva el Gabo, perdonen la tristeza.</p><p>--------------------</p><p>Brindo por Medellín, por Guanajuato,</p><p>Isla Negra, Macondo, Guatemala,</p><p>Región, Santa María, Chiapas, Comala,</p><p>la rumba, el son, la cumbia, el vallenato.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 May 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Sabina]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Dos Macondos y un brindis por el Gabo’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura estadounidense,Poesía,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los libros como arma de rebeldía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/libros-arma-rebeldia_1_1137186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8672d325-3c54-4512-92ba-d4bc4e9704fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los libros como arma de rebeldía"></p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 May 2014 11:30:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[tintalibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los libros como arma de rebeldía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Joaquín Sabina,Libros,Literatura,Mario Vargas Llosa,Unión Europea,Argentina,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los libros como arma de rebeldía, en tintaLibre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/libros-arma-rebeldia-tintalibre_1_1100576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a414a7aa-90d3-41f0-bab8-2a3f8a267745_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los libros como arma de rebeldía, en tintaLibre"></p><p>El escritor y profesor <strong>Luis García Montero </strong>escribe un alegato <strong>en favor de la lectura</strong>, más allá de los soportes del libro, en un artículo <em>(Un velero bergantín</em>) donde aboga por el espíritu crítico y liberador que aporta la literatura. Un reportaje de la periodista Eva Orúe (<em>El libro desencadenado</em>) repasa <strong>la encrucijada en la que se encuentra la industria editorial </strong>a través del testimonio de editores, libreros y autores. Una poesía del cantante <strong>Joaquín Sabina</strong> (<em>Dos Macondos y un brindis por el Gabo</em>) y un artículo del escritor colombiano <strong>Héctor Abad Faciolince</strong> <em>(El ahogado y el náufrago</em>) integran asimismo el bloque dedicado a los libros en la revista mensual en papel de <strong>info</strong><strong>Libre</strong>. Para completar el tema, el editor <strong>Daniel Fernández </strong>y la librera <strong>Eva Cosculluela</strong> opinan sobre la situación del sector. El diseñador <strong>Mario López</strong> es el autor de nuestra portada.</p><p>Jugando con las palabras, el periodista y escritor<strong> Isaías Lafuente</strong> publica <em>Y el verbo se hizo polvo </em>(Espasa) y<strong> tinta</strong><strong>Libre</strong> ofrece un adelanto editorial del prólogo titulado <em>Somos lo que hablamos</em>, una interesante reflexión sobre el uso del lenguaje en la era de Internet. En nuestra Página Abierta, el novelista <strong>Julio Llamazares</strong> escribe con ironía y lucidez sobre la justicia y las clases sociales en una columna titulada <em>La pirámide de Duverger</em>.</p><p>De política y de ciudadanos, <strong>a propósito de los comicios europeos del 25 de mayo,</strong> escriben el periodista <strong>Ramón Lobo</strong> (<em>Europa, una ilusión que se diluye</em>) y el profesor <strong>Ignacio Sánchez-Cuenca</strong> (<em>Lo que no está en juego en las elecciones europeas</em>) mientras el reportero argentino <strong>Diego Fonseca</strong> fabula sobre las bitcoins en su reportaje <em>El dinero virtual y esa máquina de dulces.</em></p><p>De viajes, literatura y crónicas de otros países se ocupan el novelista <strong>Juan Madrid</strong> (<em>Un paseo por la Tierra de Fuego</em>), la reportera boliviana <strong>Nathalie Iriarte</strong> (<em>Vargas Llosa, en busca de sus orígenes</em>), el periodista <strong>Javier Valenzuela</strong> (<em>La transición periodística comenzó en Tánger</em>) y el ensayista <strong>Eduardo Soto-Trillo</strong> (<em>Guinea Ecuatorial, el inmovilismo culpable</em>). </p><p>Por otra parte, el escritor <strong>José Manuel Fajardo</strong> evoca la España de la transición a partir de los 30 años de <em>¿Qué he hecho yo para merecer esto?</em> y compara la época de <strong>Pedro Almodóvar</strong> con el país de hoy. En clave de memoria histórica, el periodista <strong>Miguel Ángel Nieto</strong> denuncia el olvido en Moscú de unos españoles muy singulares en <em>La dura vejez de los niños de la guerra.</em></p><p>La parte final de la revista está dedicada a una divertida sátira sobre <strong>Esperanza Aguirre</strong> con un texto de <strong>Juan Luis Cano</strong>, de Gomaespuma, y caricaturas de <strong>Leandro Barea</strong>. Las andanzas de la lideresa en la presentación de un GPS la hacen coincidir con <strong>Mariano Rajoy, Cristóbal Montoro y Ana Botella,</strong> entre otros.</p><p>Junto a la poesía de <strong>Joaquín Sabina</strong>, dedicada a <strong>García Márquez</strong>, la contraportada se completa con una entrevista de <strong>Karmentxu Marín </strong>a <strong>José Carlos Díez</strong>, uno de los economistas más populares del país. </p><p>La revista<strong> tinta</strong><strong>Libre</strong> está <strong>a la venta en quioscos y librerías a partir del viernes 2 de mayo</strong> y se halla también <strong>disponible para su descarga en teléfonos y tabletas de Apple y Android.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Apr 2014 08:46:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infolibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los libros como arma de rebeldía, en tintaLibre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones europeas,Esperanza Aguirre,Industria cultural,Librerías,Literatura,Mario Vargas Llosa,Pedro Almodóvar,Gabriel García Márquez]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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