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    <title><![CDATA[infoLibre - Tea party]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/tea-party/]]></link>
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      <title><![CDATA[Un 11 de septiembre político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/11-septiembre-politico_1_1132636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7e499f2d-8f27-401e-a399-a19ae27883e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un 11 de septiembre político"></p><p>Un 11 de septiembre político. La comparación –entre el ascenso a la Casa Blanca de Donald Trump, por la vía democrática,  y los atentados de Nueva York y Washington que, el 11 de septiembre de 2001, sumieron al siglo XXI en una era de terrorismo mundial y de guerras regionales– puede parecer obscena. Sin embargo, ambos acontecimientos están muy relacionados. No sólo por las similitudes en las fechas: al 9-11 (<em>Nine-eleven</em> u 11 de septiembre), responde sorprendentemente este 11-9” (<em>Eleven-nine</em> o 9 de novembre). La <strong>elección de Donald Trump</strong> como 45º presidente de Estados Unidos, contra los pronósticos demoscópicos, los análisis de los expertos y frente a la casi totalidad de reportajes e investigaciones periodísticas, supone un <strong>seísmo de consecuencias duraderas</strong>.</p><p>La victoria de un hombre al que los más calmados califican de <strong>populista</strong> y los más inquietos de <strong>neofascista</strong>, no es sino la derivada lógica, o cuando menos coherente, del ciclo abierto el 11 de septiembre y al que siguió la <strong>descabellada respuesta de los neoconservadores</strong> de la Administración Bush. George W. Bush, que se negó a apoyar a Donald Trump, votó en blanco este 8 de noviembre, según él mismo informó. Una declaración que estaba dirigida a hacer olvidar sus propias infamias, ya que el nuevo presidente Trump también es el monstruoso producto de los dos mandatos del conservador que ha prendido fuego a una parte del planeta.</p><p>Populista, personaje de telerrealidad, portavoz de  una Norteamérica que siente rabia hacia un mundo que sólo percibe como una amenaza, multimillonario <em>antiestablishment</em>, Donald Trump es todo eso. Pero también es el <strong>heredero político de esos doctores Strangelove neoconservadores</strong><em>doctores Strangelove</em> que, queriendo remodelar el mundo árabe musulmán e imponer por la guerra la <em><strong>pax americana</strong></em>, mediante la aplicación de políticas ultraliberales, han precipitado a Norteamérica y al planeta en un ciclo de tempestades, crisis y conflictos.</p><p>Por tanto, a estos neoconservadores expansionistas les sucede otra <strong>corriente que siempre ha funcionado en el seno de la derecha norteamericana</strong>: la que pone en práctica el proyecto de un aislacionismo guerrero, xenófobo y racista, prisionero y agresivo, para reivindicar mejor una “America Great Again”, lema de la campaña de Donald Trump. En ese sentido, el ascenso de Trump a la Casa Blanca no es sólo problema de EEUU. Es el episodio más espectacular e inquietante de un ciclo mundial en el que prevalecen los tambores de guerra, los odios, los repliegues identitarios, los nacionalismos sobre los grandes ideales de cooperación y de seguridad internacionales que han estructurado más o menos el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.</p><p>Los especialistas sin lugar a dudas cuestionarán las comparaciones, habida cuenta de las notables especificidades nacionales. Pero, ¿cómo no hacer hincapié en los <strong>efectos acústicos derivados</strong>: Trump y la rigidez del régimen Putin; Trump y el Gobierno ultraconservador polaco; Trump y el Gobierno húngaro de Viktor Orban; Trump y la decisión británica del <em>Brexit</em>; Trump y la locura populista homicida del nuevo presidente filipino Rodrigo Duterte y, por último, Trump y el <strong>inexorable ascenso del Frente Nacional en Francia</strong>, el partido de ultraderecha que está a las puertas de hacerse con el Gobierno y copando buena parte del espectro ideológico...</p><p>Los más optimistas se tranquilizarán destacando que las elecciones norteamericanas del 8 de noviembre son nacionales. Sí, <strong>Trump ha</strong> <strong>dinamitado</strong> un sistema político norteamericano (la oligarquía de Washington) muy rechazado. Sí, Trump, gracias a que ha sabido sacar partido con habilidad a la furia del Tea Party y al violentar a un Partido Republicano átono, <strong>ha salido victorioso</strong> del atraco a que ha sometido a la derecha americana apoyándose en el electorado y enfrentándose a los aparatos y los representantes políticos. Sí, Trump con la liberación de los demonios de la opinión <strong>ha roto todos los códigos de la política</strong>. Sí, Trump, con sus ataques virulentos contra Hillary Clinton, ha puesto de manifiesto las flaquezas de una candidata demócrata que representa la <strong>fusión de la política, de los negocios y de los juegos dinásticos</strong>: lo que un amplio sector del electorado demócrata rechazó al mantener como candidato en las primarias, hasta el último momento, a Bernie Sanders.</p><p>Pero esta victoria también habla del <strong>agotamiento general de los sistemas políticos del mundo occidental</strong> y de la manera en que la ultraderecha, estos últimos 15 años, se ha instalado en el centro del panorama ideológico. A la odiada <em>burbuja de Washington</em>, le responde la <em>burbuja bruselense</em> en plena crisis, la de las instituciones europeas impotentes salvo cuando se trata de imponer políticas liberales. Al terrible rechazo inflingido a Hillary Clinton, responden las <strong>derrotas en serie de dirigentes europeos</strong> cuya historia, itinerarios y compromisos son similares. A la crisis del sistema político americano, responde el agotamiento de la V República francesa. En ese sentido, <strong>la elección de Donald Trump es también un asunto europeo</strong>, el de las élites políticas en las que hace tiempo que el electorado puso sus esperanzas.</p><p>Porque Trump, monstruoso heredero de la era Bush también es el vencedor que viene a subrayar la <strong>debilidad de la izquierda americana</strong>. No llamemos socialdemocracia a esta izquierda más cercana al progresismo que tratan de teorizar en Francia los Manuel Valls, los François Hollande o los Emmanuel Macron de turno, que esperan salvarse de un desastre programado. Pero más allá del ensañamiento racista republicano contra Barack Obama, <strong>¿cómo hacer oídos sordos al flaco balance del presidente saliente?</strong></p><p>La izquierda de Obama y de Clinton, al igual que –valgan las comparaciones–la socialdemocracia europea, lo único que ha hecho es <strong>prorrogar políticas de hace 30 años</strong>. Reformas sociales, algunas políticas sociales de protección y de redistribución, inmovilismo institucional y de presentación política mortífera... y, a cambio, <strong>los países se han sumido en la mundialización financiera</strong>; las desigualdades sociales han ido a más en la última década hasta alcanzar cifras sin parangón; las reformas de los mercados laborales han precarizado a unos asalariados ya sometidos a <em>dumping</em> mundial; guerras que por efecto <em>boomerang</em> instalan el terrorismo en el centro de estas mismas sociedades.</p><p>El balance es terrible porque, una vez más, <strong>habla del fracaso de la izquierda o de las filas progresistas</strong> aferrados a un <em>software</em> caducado, incapaz de pensar en la nueva problemática social, las transformaciones del mundo del trabajo, las vías de reglamentación de una economía abierta y globalizada, los nuevos modos de implicación y de compromiso de los ciudadanos en la política. Esta <strong>insensibilidad a los cambios acelerados, </strong>a las nuevas demandas sociales es la que deja vía libre a los ultras y a las ultraderechas.</p><p>Porque más allá de las <strong>múltiples monstruosidades de su campaña</strong>, Donald Trump también ha conseguido triangular a la perfección las cuestiones que también podría defender parte de la izquierda y que se han destacado menos: denuncia de los acuerdos de libre comercio, denuncia del <em>dumping</em> social, promesas de protección de los trabajadores; denuncia de una oligarquía financiera pero también de sus empresas bélicas. Que esas cuestiones las haya presentado un hombre de negocios multimillonario, racista, sexista y xenófobo no hace sino amplificar la hecatombe en las filas progresistas.</p><p>De modo que, los más optimistas tratan de tranquilizarse. El furioso de Trump va a entrar rápidamente en razón. Su inexperiencia política –nunca antes había sido elegido en las urnas–, el peso de la tecnoestructura y de la <em>burbuja de Washington</em>, las presiones de los mercados y de una parte de los republicanos verán cómo el populista <strong>echa en olvido una parte importante de su programa</strong> y vuelve a la senda tranquila de la derecha conservadora de Gobierno.</p><p>En este punto, nada permite afirmarlo así. Es más, se puede decir incluso lo contrario. En 18 meses de campaña, <strong>Donald Trump sólo se ha preocupado de sí mismo</strong>, ha rechazado cualquier compromiso con el aparato republicano, con sus competidores y con el Washington odiado.<strong> ¿Quién forma parte de su entorno, quiénes sus asesores?</strong> “Me pregunto a mí mismo”, respondía hace unos días. Ese “yo mismo presidente” que supone hoy <strong>una nueva amenaza para el mundo</strong>.</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p><em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_94526"></span></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[François Bonnet (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un 11 de septiembre político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Partido Republicano EE UU,Tea party,Donald Trump]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Obama: The End]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/muros-sin-fronteras/obama-the-end_1_1106705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Obama ha muerto</strong>. Este podría ser un titular para describir el <a href="http://takingnote.blogs.nytimes.com/2014/11/05/the-tornado-election/?hp&action=click&pgtype=Homepage&module=span-abc-region&region=span-abc-region&WT.nav=span-abc-region" target="_blank">desastre demócrata</a> en las elecciones de este martes, en las que se renovó la totalidad de la Cámara de Representantes (sigue en manos republicanas), un tercio del Senado (ahora dominado por los republicanos por primera vez en ocho años) y 30 de los 48 gobernadores del país. Las elecciones a mitad de mandato suelen ser<strong> </strong>un referéndum sobre el presidente. <strong>El suspenso de Barack Obama es rotundo</strong>; el suyo y el de partido.</p><p>Titular 'Obama ha muerto' es llamativo, quizá posicione bien en Google; pero, <strong>además de poco elegante, es falso</strong>: el presidente llevaba unos cuantos meses de cuerpo presente, quizá esté<strong> políticamente difunto</strong> desde el día después de ganar la reelección ante un mal candidato republicano, Mitt Romney, que ahí anda barruntando volver a intentarlo otra vez.<strong> Hay gente a la que le va el descalabro</strong>.</p><p>A los demócratas, arrastrados por 'Obamadesilusión' <a href="http://%20http://www.politico.com/story/2014/11/hillary-clinton-112568.html?hp=t1_3" target="_blank">solo les queda Hillary Clinton</a>, la mejor situada para obtener la nominación de su partido en el verano de 2016. <strong>Ella es capaz del milagro de hacerles brillar </strong>a corto plazo. Dos años son una eternidad.</p><p><a href="http://%20http://www.washingtonpost.com/politics/battle-for-the-senate-how-the-gop-did-it/2014/11/04/a8df6f7a-62c7-11e4-bb14-4cfea1e742d5_story.html?hpid=z1" target="_blank"> La desmovilización del voto demócrata ha sido un factor decisivo</a>. La desilusión del electorado con la élite política (<strong>en EEUU aún no dicen casta</strong>) es uno de los motores que explican lo ocurrido. El <em>Yes we can</em> que movilizó a millones de personas en Estados Unidos y en el mundo, que <strong>encendió la ilusión del cambio</strong>, la esperanza de dejar atrás los oscuros años de George Bush y sus halcones, <a href="http://www.theatlantic.com/politics/archive/2014/11/republicans-sweep-the-midterm-elections/382394/" target="_blank">ha terminado en un fracaso</a>.</p><p>El principal, <strong>no cumplir sus promesas</strong>. Ahí sigue<strong> Guantánamo</strong> como símbolo de la ignominia, la incapacidad de luchar contra el terrorismo sin dinamitar los valores que diferencian los buenos de los malos. Si no respetamos los derechos humanos, si torturamos, aunque lo llamen 'interrogatorios extremos', si<strong> encerramos decenas de personas durante años sin juicio</strong> ni acusación formal significa que los malos, los que derribaron las Torres Gemelas, felizmente resucitadas estos días,<strong> han logrado derribar también nuestro sistema de libertades</strong>.</p><p>Obama prometió volver a la senda democrática, a la esperanza, y <strong>nos ha fallado</strong>. También prometió acabar con las guerras en Afganistán e Irak y ahí anda guerreando desde el disimulo en Irak y Siria. El presidente-premio Nobel de la Paz <strong>es el presidente de los drones</strong>. No todos los ataques desde aviones tripulados matan islamistas, a menudo matan civiles. Nadie atendió a <a href="http://www.independent.co.uk/news/people/malala-yousafzais-nobel-peace-prize-is-celebrated-in-the-west-and-widely-criticised-or-ignored-in-pakistan-9800116.html" target="_blank">la niña Nabila ur-Rehman que los denunciaba</a>. Ella no es Malala, cuya lucha es ejemplar, ella nos señala como<strong> culpables de su desgracia</strong>. Eso da mal en televisión.</p><p>Los republicanos han ganado, pero hace tiempo que el Great Old Party (GOP), como se les llama, <strong>ha dejado de ser una fuerza conservadora más o menos compacta</strong>, como en los tiempos de Ronald Reagan. La aparición del Tea Party ha obligado a muchos de sus candidatos a <strong>girar hacia la extrema derecha</strong>, cuando no han sido candidatos del Tea Party los que se han hecho con el escaño directamente. El primer reto de los republicanos es <a href="http://www.nytimes.com/2014/11/05/us/politics/-republicans-first-had-to-wrestle-with-their-own-poor-discipline-.html?action=click&pgtype=Homepage&module=span-abc-region%C2%AEion=span-abc-region&WT.nav=span-abc-region&_r=0" target="_blank">controlar ese extremismo</a>, algo que ahuyentaría a los votantes en 2016.</p><p><strong>Los republicanos han criticado casi todo de Obama</strong>, desde el <em>Obamacare</em>, ahora el gran riesgo pese a que beneficia a los que no se pueden pagar una sanidad privada, hasta la política exterior. Benjamin Netanyahu estará eufórico. Veremos <strong>cómo va influir el cambio del control del Senado</strong> en las operaciones en marcha contra el Estado Islámico, tanto en Siria como en Irak. Recomendaría leer este análisis de Juan Cole titulado<a href="http://www.juancole.com/2014/11/republican-congress-entangle.html" target="_blank">"How a Republican Congress could Entangle the US further in the Middle East"</a> (<em>"Cómo un Congreso republicano puede enredar aún más a EEUU en el Oriente Próximo"</em>).</p><p>Ahora la clave es comprobar si Obama y la nueva mayoría republicana en el Congreso son<a href="http://online.wsj.com/articles/can-obama-and-gop-leaders-find-a-way-to-work-together-1415130686" target="_blank"> capaces de trabajar juntos</a> en estos dos años o volveremos a la guerra de guerrillas contra toda iniciativa que salga de la Casa Blanca. En el<strong> odio republicano a Obama</strong>, sobre todo del sector más extremista del partido, y no digamos del Tea Party, hay un<strong> tufo racista </strong>que subyace en muchas de las descalificaciones.</p><p>El canal de noticias<a href="http://%20http://mediamatters.org/blog/2014/11/04/vox-charges-fox-news-with-violation-of-exit-pol/201454" target="_blank"> Fox News es el campeonísimo en este deporte de darle duro al negro</a>. Más allá del color de piel, es un hecho que <strong>Obama ha defraudado</strong> las expectativas, los sueños depositados en él y en el <em>Yes We Can</em>. Hillary Clinton no promete sueños, es una luchadora. No lo tendrá fácil.<strong> Los mismos que odian a Obama odian a Hillary</strong>. En este caso no hay racismo, pero sí un insoportable machismo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ramón Lobo]]></author>
      <media:title><![CDATA[Obama: The End]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Barack Obama,Estados Unidos,Hillary Clinton,Partido Demócrata EE UU,Partido Republicano EE UU,Republicanos,Senado,Tea party,Elecciones]]></media:keywords>
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