<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[infoLibre - Ed Miliband]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/ed-miliband/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ed Miliband]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <item>
      <title><![CDATA[Las razones de la victoria de Cameron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/razones-victoria-cameron_1_1113079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4c3cc391-8dc7-47ea-bfdf-69ae320b712e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las razones de la victoria de Cameron"></p><p>David Cameron es un hombre feliz y… afortunado. El líder de los conservadores británicos se dispone a <strong>reeditar un segundo mandato como primer ministro</strong>, al frente de una mayoría absoluta, una situación muy diferente a la de hace cinco años, cuando se vio obligado a formar Gobierno con ayuda de los Liberaldemócratas (Lib Dems) para poder instalarse en el 10 de Downing Street. Y, todo ello, contra todo pronóstico.</p><p>Jueves 7 de mayo por la mañana, en el momento de abrir los colegios electorales, <strong>todos los sondeos anticipaban una pugna reñida entre conservadores y laboristas</strong>. Un resultado así, ajustado, podía forzar dos alianzas: un <strong>nuevo pacto entre tories y sus aliados Lib Dems </strong>que daría continuidad a un nuevo acuerdo, que se ha revelado insatisfactorio los últimos cinco años, o un <strong>gobierno en minoría de los laboristas</strong>, con el apoyo de los nacionalistas escoceses y galeses. <strong>Ninguno de estos escenarios se ha materializado</strong> y el viernes 8 de mayo por la mañana, David Cameron ya disponía del número preciso de diputados en el Parlamento como para <strong>gobernar sin dificultades</strong>. A mediodía se confirmaba que había logrado la mayoría absoluta.</p><p>La victoria de David Cameron se vertebra en torno a tres elementos:</p><p>Por tanto, <strong>esta victoria de David Cameron es más que nada un éxito de carácter táctico</strong>, en un sistema electoral que sigue –pese a los ataques sucesivos de los Lib Dems, del SNP o del UKIP– beneficiando a los dos grandes partidos. <strong>La victoria de los conservadores se debe sobre todo a la derrota de sus adversarios</strong>.</p><p>Al perder el fortín escocés en beneficio de los nacionalistas del SNP, Ed Miliband logra la "proeza" de perder más diputados que Gordon Brown en 2010, en un momento en el que este era muy impopular después de 13 años de gobierno de Blair. Su intento por fusionar dos corrientes laboristas –los centristas, herederos de Blair, y la izquierda que reclamaba un regreso a los valores obreros del partido- dirigidos a reinventar el laborismo <strong>no ha arraigado o al menos no lo suficientemente rápido como para ganar las elecciones</strong>. Al dejar que el SNP escocés le arrebate el discurso progresista, que ha marcado claramente su preferencia por una política de izquierdas, los laboristas han dado la impresión de mantener un debate interno, sin ser capaz de dar respuesta a la demanda popular de una parte de su electorado contra las políticas de austeridad del Gobierno.</p><p>La <strong>falta de carisma de Ed Miliband</strong> también ha jugado en su contra y, conforme a la tradición británica, este viernes al mediodía <strong>presentaba su dimisión como líder del Partido Laborista</strong>. La número dos de la formación, Harriet Harmen, le sucede de forma provisional en el cargo hasta la celebración del próximo congreso laborista. Así las cosas, los laboristas corren el riesgo, como sucedió en 2010 con la marcha de Gordon Brown, de verse paralizados en debates internos mientras el nuevo Ejecutivo toma posesión y fija su agenda. </p><p>En cuanto a los Liberal Demócratas de Nick Clegg, la derrota no supone solo un varapalo (<strong>al pasar provisionalmente de tener 59 diputados a 8 escaños</strong>), sino que es el <strong>castigo a una alianza oportunista</strong> con los conservadores en 2010, que el electorado nunca aceptó. En 2010, los Lib Dems eran considerados de forma unánime como una alternativa de centroizquierda después de 13 años de <em>blairismo</em> (hasta el punto de que el diario progresista <em>The Guardian</em> pidió abiertamente el voto para ellos). Pero al entrar a formar parte de un Gobierno de derechas, para obtener solo <strong>migajas políticas en un determinado número de asuntos</strong> (aumento de las tasas universitarias, recortes presupuestarios salvajes), <strong>han perdido toda la credibilidad</strong>. </p><p>Mientras en 2010 aparecían como “hacedores de reyes” que había llegado al panorama político británico para quedarse y abrir la vía al tripartidismo, incluso al cuatripartidismo, actualmente <strong>representan una fuerza que ha sido destronada</strong>. Nick Clegg lo admitía al presentar su dimisión horas antes de que darse a conocer los resultados definitivos del escrutinio. “El liberalismo ha perdido. Son momentos sombríos para nuestro partido, pero no podemos permitir que los magníficos valores del liberalismo se apaguen en una noche”.</p><p>En las filas del partido eurófobo (y cada ve<strong>z más xenófobo), en el UKIP, no soplan mejores vientos. A pesar de que los candidatos han obtenido un 10% de los sufragios emitidos en todo el país, los resultados solo se verán traducidos en </strong>un escaño en el Parlamento. Su jefe de filas Nigel Farrage, el hombre que ha conseguido para el UKIP una atención mediática comparable a la obtenida por el Frente Nacional en Francia, ha perdido su escaño de diputado y ha dejado la dirección del partido.</p><p>Para la mayor parte de los analistas británicos, esta victoria de Cameron no representa el triunfo de sus ideas o de su programa, que <strong>se articula fundamentalmente en torno a la economía</strong> y tiene previsto continuar con los recortes presupuestarios. Sin embargo, se beneficia también de las dimisiones de los líderes Miliband, Clegg o Farrage, de la retirada del panorama político de un gran número de dirigentes nacionales laboristas o Lib Dems que han perdido su escaño como el canciller en la sombra Ed Balls, el ministro de Asuntos Exteriores en la sombra Douglas Alexander, los exministros liberales Vince Cable, Danny Alexander o Charles Kennedy. Como escribe <em>The Economy</em>, “El Partido Conservador debe hacer frente a una oposición que se ha visto privada ahora de sus mejores talentos en la Cámara de los Comunes. De cara a 2020, desde luego es una oportunidad”. </p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p> <em>Leer el texto en francés: </em></p><p><span id="doc_2885"></span></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[f4476e46-e34d-4f8c-bff3-0183853d87f7]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Thomas Cantaloube (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/4c3cc391-8dc7-47ea-bfdf-69ae320b712e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="46488" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/4c3cc391-8dc7-47ea-bfdf-69ae320b712e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="46488" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las razones de la victoria de Cameron]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/4c3cc391-8dc7-47ea-bfdf-69ae320b712e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Partido Conservador,Partido Laborista,David Cameron,Nick Clegg,UKIP,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Red Flag Flying: Labour Moves Left]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/red-flag-flying-labour-moves-left_1_1117261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p> <em>Spanish version   </em></p><p>The election of Jeremy Corbyn on 12 September as the new leader of the Labour Party <strong>must rank as one of the most astonishing events of recent times and represents nothing less than an earthquake in British politics</strong>. Corbyn was the last of four candidates to enter the leadership contest which commenced in May, and began as the 200 to 1 rank outsider. Yet on Saturday he scored a crushing victory. On a high turnout of 76.3%, <strong>Corbyn gained 59.5% of the vote</strong> (exceeding the 57% which Blair obtained in his famous leadership victory in 1994) and obliterated his three rivals Andy Burnham (19%), Yvette Cooper (17%) – both of them former Labour ministers – and Liz Kendall (4.5%). </p><p>He did so, moreover, on the basis of a <strong>decidedly radical and anti-austerity platform</strong>. In the course of an often bitter campaign, Corbyn proposed higher rates of taxation for the wealthy, greater state intervention in the economy, increased public ownership (including renationalization of the utilities and Britain's much-maligned privatized railways), a new free national education service, an end to private sector involvement in the national health service, opposition to further cuts in public spending, and the use of the Bank of England to inject billions of pounds into the economy to boost infrastructure and manufacturing. His victory therefore <strong>represents a decisive and dramatic repudiation of the studied centrism which has shaped Labour Party policy and thinking</strong>, both in government and opposition, over the last twenty years. </p><p>How did it happen and <strong>what does it mean</strong> for British politics now and in the near future?</p><p>The scale of Corbyn's victory is all the more remarkable given the vilification and abuse to which he was subjected over the last three months from both the Right-wing press and senior Labour figures from the era of Tony Blair and Gordon Brown. In the course of the campaign, Corbyn was described variously as a <strong>racist, an anti-Semite, an economic illiterate and a friend of terrorists</strong>. In one notably vituperative intervention Tony Blair (apparently forgetting that he himself is one of the most despised British politicians in recent memory) suggested that those voting for Corbyn <strong>“with their hearts”</strong> should seek heart transplants. </p><p>Such attacks, however, when combined with Corbyn's steadfast refusal to respond in kind, seem to have been counter-productive, serving only to galvanize his campaign, reinforce his momentum and expand his base of support. In addition, Corbyn was undoubtedly aided by an important change to the method of electing the Labour leader introduced in 2014 and which may represent the most significant legacy (for better or worse) of Ed Miliband's otherwise undistinguished leadership of the party between 2010 and 2015. The previous electoral college, giving equal weight to Labour MPs, individual party members and the trade unions, was replaced by <strong>a simple one member – one vote system</strong>. </p><p>Party membership (and thereby ability to vote) was, moreover, <strong>greatly facilitated</strong> by application online for a modest fee of three pounds. Such was the attractiveness of Corbyn's campaign that the party electorate rose by an incredible 350,000 from approximately 200,000 in May (a figure which reflected long period of membership decline and stagnation during the Blair and Brown years) to a total of 554,272 eligible party voters by the time of the election itself. The so-called <strong>“three pound voters”</strong> undoubtedly accounted for the vast majority of this new influx, consisting largely of either youth with little previous interest in politics or older voters long since disillusioned with the politics of New Labour. It is estimated that approximately 85% of these new voters supported Corbyn. As even his defeated rivals acknowledged on Saturday, the scale of his victory cannot be denied.</p><p>Yet while the election of the leader of Britain's principal opposition party on an unambiguously Left-wing platform is an <strong>important advance for progressive politics, Corbyn faces significant challenges and constraints, on at least three fronts</strong>. As several commentators have noted, winning the party leadership was, in fact, “the easy part”. First, he faces an increasingly strident and vindictive Conservative government, emboldened by its re-election with an overall majority in May 2015, backed (as ever) by a venomous Right-wing press, and which is currently engaged in implementing some of the most severe curtailments of welfare rights and benefits since the establishment of the modern British welfare state. Corbyn's opposition to any welfare cuts whatsoever has been uncompromising - he was the only one of the Labour leadership candidates to vote in parliament against recent Conservative measures; the other three abstained, ostensibly as a means of demonstrating their fiscal rectitude and responsibility. His stance will have been noted – and to a certain extent feared – by the government. Meanwhile, alluding to Corbyn's desire to scrap Britain's ageing Trident nuclear defence system, and to his fierce (though entirely reasonable) criticisms of NATO's expansionism since the end of the Cold War, the Conservative Minister of Defence was quick to label a Corbyn-led Labour Party  as a <strong>fundamental threat to Britain's national security, and outside the mainstream of public opinion</strong>. These are only early precedents of how a remarkably ideological government is likely to launch and maintain a ferocious onslaught on Corbyn as a means of discrediting Socialist thinking and ideas once and for all.</p><p>Second, the ability of Corbyn to fashion a convincing and coherent response to just such an onslaught will be shaped by his relations with his own party, and in particular the Parliamentary Labour Party (PLP). Corbyn himself has been an MP (for Islington North) since 1983, increasing his majority on six successive occasions, largely as a result of his reputation – acknowledged by friends and foes alike – as an <strong>accessible, conscientious and honest  MP</strong> (during the 2009 expenses scandal in the House of Commons, Corbyn emerged as having claimed the least expenses of any MP). Yet for all this, he has been the eternal parliamentary rebel. He was a fierce critic of the 2003 Iraq war, a founder member of the Stop the War coalition, has always campaigned for unilateral nuclear disarmament regardless of current party policy, and has long been at odds with the general thrust of Labour's economic policies under Blair and Brown. Between 1997 and 2010 he voted against his own party more than 500 times, a fact not lost on his parliamentary colleagues. </p><p>As Laura Kuenssberg, the BBC's political editor, noted, Corbyn <strong>“has always been an outsider, an insurgent in his own party”</strong>. Above all, the vast majority of the PLP is to the right of Corbyn; only 20 of his 210 fellow Labour MPs voted for him on Saturday. Corbyn was victorious very much via an extra-parliamentary movement, yet the day-to-day political battle remains firmly anchored in the parliamentary arena. Several front bench Labour MPs indicated their unwillingness to serve under Corbyn and <strong>resigned quickly from their positions in the wake of his victory</strong>. The newly elected Deputy Leader of the party, Tom Watson, has publicly opposed Corbyn on defense issues. Corbyn's ability to forge and maintain majority support amongst the PLP for his agenda is therefore likely to be tested severely. Already, his appointment of the radical John McDonnell as Shadow Chancellor of the Exchequer has been likened by some commentators as a declaration of war on the PLP.</p><p>Third, while Corbyn is <strong>arguably the most radical Labour leader ever</strong>, he nonetheless faces the perennial challenge common to all his predecessors – that of not only maintaining but moving beyond the party's core support in order to achieve electoral victory (in this case, in 2020). Not surprisingly, key New Labour figures, horrified at the turn of events, have dismissed Corbyn's ability to do so, with Peter Mandelson, for example, warning that the party is in danger of <strong>“sliding into history”</strong>. Even more measured critics have voiced their fears that the appeal of Corbyn's radical agenda is too limited to regain the loyalty of lost Labour voters and capture the allegiance of new ones. David Blunkett, Home Secretary in the Blair government, has argued that Labour cannot simply be a coalition of the disillusioned and despairing alone, while Frank Field, one of Labour's longest-serving MPs and a distinguished scholar of the welfare state, has warned Corbyn not to lead the party into an electoral “cul-de-sac”.</p><p>At the same time, though, <strong>Corbyn's ability to mobilize new voters has been truly impressive</strong> – in fact, a further 15,000 people joined the party within the first 24 hours following his victory. He has done so, moreover, by confronting directly and seeking to break up a political and economic agenda in Britain increasingly defined by the Conservatives. Whether Corbyn can, in the long run, transform the terms of contemporary political debate, and forge the enthusiastic support which gained him the party leadership into <strong>a movement capable of going that one, critical, </strong><strong>step further – that of returning Labour to power and on a radical platform to boot – remains to be seen</strong>.</p><p>________________________________________________</p><p><strong>Andrew Richards</strong><a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a>is a senior researcher at the Center for Advanced Studies in Social Sciences, Juan March Institute. PhD from Princeton University, is the author of Miners on Strike (Berg, 1996). Currently he is writing a biography of Salvador Allende.</p><p>     </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[d077efc7-cd3a-4118-b347-165c3c1db2d8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrew Richards]]></author>
      <media:title><![CDATA[Red Flag Flying: Labour Moves Left]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Partido Laborista,Reino Unido,Tony Blair,El futuro de la izquierda,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bandera roja vuelve a ondear: el Partido Laborista se mueve a la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/bandera-roja-vuelve-ondear-partido-laborista-mueve-izquierda_1_1117260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p> <em>Versión en inglés  </em></p><p>La elección de Jeremy Corbyn el pasado 12 de septiembre como nuevo líder del Partido Laborista <strong>constituye uno de los fenómenos más sorprendentes en los últimos tiempos</strong>. Supone todo un terremoto en la política británica. Corbyn fue el último de los cuatro candidatos en entrar en la competición por el liderazgo del partido que se había iniciado en mayo pasado. Las apuestas iniciales eran de 200 contra 1: todo el mundo lo veía como un contendiente marginal. Y, sin embargo, el pasado sábado obtuvo una victoria aplastante. Con una elevada participación, del 76,3%, <strong>Corbyn consiguió el 59,5% del voto</strong> (por encima del 57% en la votación de 1994 en la que salió elegido Blair), barriendo a sus tres rivales, Andy Brunha (19%), Yvette Cooper (17%) –ambos ex ministros- y Liz Kendall (4,5%). </p><p>Su triunfo se ha basado en <strong>un programa radical y abiertamente anti-austeridad</strong>. Durante la campaña, que resultó bastante áspera, Corbyn propuso subir los impuestos a los ricos, mayor intervención del Estado en la economía, expandir el sector público (incluyendo la renacionalización de las empresas de servicios públicos y de los ferrocarriles), un nuevo sistema nacional de educación gratuito, acabar con la presencia del sector privado en el sistema nacional de salud, paralizar nuevos recortes en el gasto público, y usar el Banco de Inglaterra para inyectar miles de millones de libras con el propósito de estimular la inversión en infraestructuras y en el sector manufacturero. Su victoria, pues, <strong>representa un repudio decisivo y sin paliativos del centrismo de laboratorio que ha conformado la política y la filosofía del Partido Laborista</strong>, tanto en el gobierno como en la oposición, durante los últimos veinte años. </p><p>¿Cómo ha podido ocurrir algo así y <strong>qué consecuencias</strong> tiene para la política británica en el corto y medio plazo?</p><p>La magnitud del triunfo de Corbyn es tanto más llamativa si se tiene en cuenta el tratamiento abusivo y vil que le ha dispensado durante los últimos tres meses la prensa de derechas y las figuras más importantes de la era de Tony Blair y Gordon Brown. A lo largo de la campaña, se describió a Corbyn como <strong>racista, antisemita, analfabeto económico y amigo de los terroristas</strong>. En una intervención especialmente agresiva de Tony Blair (parece que olvidando que él mismo es uno de los tipos más despreciados en la política británica de los últimos tiempos), este afirmó que todos aquellos que votaban a Corbyn <strong>“con el corazón”</strong> deberían recibir un trasplante. </p><p>Da la impresión, no obstante, de que todos estos ataques sirvieron de poco o incluso fueron contraproducentes una vez que Corbyn se negó a contestar en esos mismos términos; al final, han acabado galvanizando su campaña, reforzando la dinámica ganadora y expandiendo sus bases de apoyo. Aparte de esto, no hay duda de que a Corbyn le ha beneficiado un cambio trascendental en el método de elección introducido en 2014 y que quizá sea el legado más visible (para bien o para mal) de la etapa anodina de Ed Miliband al frente del partido entre 2010 y 2015.  El nuevo sistema se basa en el principio<strong> “un afiliado, un voto”</strong>, frente al antiguo colegio electoral que daba el mismo peso al grupo parlamentario, los sindicatos y los afiliados. </p><p>La entrada en el partido (y con ello el derecho a voto) <strong>se simplificó enormemente</strong> gracias a la posibilidad de solicitarlo on-line pagando únicamente tres libras. Tal ha sido el atractivo de la campaña de Corbyn que la militancia en el partido ha pasado de 200.000 personas el pasado mayo (un mínimo histórico que reflejaba el periodo de estancamiento de los años de Blair y Brown) a 554,272 el día de la elección, un aumento de más de 350.000 miembros.  Los llamados<strong> “votantes de 3 libras”</strong> constituyen la mayoría de estas nuevas incorporaciones: se trata sobre todo de jóvenes que hasta el momento tenían poco interés en la política, así como votantes mayores que llevaban tiempo desilusionados con el Nuevo Laborismo de Blair. Se estima que alrededor del 85% de los nuevos votantes han optado por Corbyn. Ni siquiera sus rivales han cuestionado el amplio margen de victoria del nuevo líder.</p><p>A pesar de que la elección de Corbyn con un programa indisimuladamente izquierdista <strong>es un avance importante para la causa progresista</strong>, el nuevo líder se enfrenta a duros desafíos y ha de contar con importantes limitaciones a su capacidad de acción. En cierto sentido, según han señalado muchos analistas, ganar el liderazgo del partido era la parte más sencilla. Ahora tiene que medirse con un Gobierno conservador cada vez más crispado y rencoroso, crecido tras su victoria el pasado mayo y apoyado (como siempre) por una prensa derechista venenosa; este Gobierno está realizando algunos de los recortes más severos en las políticas sociales desde que se creó el Estado del bienestar. </p><p>La oposición de Corbyn a estos recortes es <strong>frontal y sin matices</strong>: ha sido el único de los cuatro candidatos laboristas que ha votado en el parlamento contra las medidas recientes del Gobierno conservador, frente a la abstención de los otros tres, que prefirieron no votar para demostrar su responsabilidad y rectitud fiscal. El ministro de Defensa, haciéndose eco del deseo de Corbyn de acabar con el antiguo sistema de defensa nuclear Trident, y de su fuerte crítica al expansionismo de la OTAN tras el final de la guerra fría, ya ha dicho que un Partido Laborista dirigido por Corbyn es <strong>una amenaza para la seguridad nacional y le coloca  fuera de la opinión pública</strong>. Se trata solo de los primeros movimientos de lo que un Gobierno especialmente ideológico como este de Cameron se dispone a hacer, lanzar un ataque feroz contra Corbyn con la idea de desacreditar las ideas socialistas para siempre. </p><p>En segundo lugar, la capacidad de Corbyn para resistir el ataque y lanzar una respuesta convincente y coherente dependerá de las relaciones que desarrolle con el partido y, sobre todo, con su grupo parlamentario. Corbyn ha sido diputado del distrito de Islington North desde 1983; en cada una de las seis elecciones a las que se ha presentado, ha ido aumentado su apoyo popular gracias a su reputación (que reconocen incluso sus enemigos) de ser <strong>un diputado accesible, concienzudo y honesto</strong>: durante el escándalos de los gastos en la House of Commons, Corbyn apareció como el diputado más austero de toda la cámara. Pero debe añadirse que, sin perjuicio de lo anterior, Corbyn se ha caracterizado por ser un rebelde permanente. Fue un crítico despiadado de la guerra de Irak en 2003, ha sido miembro fundador de la coalición Paren la Guerra (Stop the War), ha hecho campaña a favor del desarme nuclear unilateral, y ha estado muchas veces en contra de la filosofía inspiradora de las políticas económicas de Blair y Brown. Entre 1997 y 2010 votó en contra de su partido más de 500 veces. </p><p>Tal y como ha señalado Laura Kuensberg, la responsable de política en la BBC, Corbyn <strong>“ha sido siempre un outsider y un insurgente dentro de su propio partido”</strong>. Hay que subrayar que la inmensa mayoría del grupo parlamentario está a la derecha de Corbyn: solo 20 los 210 diputados laboristas le votaron el pasado sábado. La victoria de Corbyn, por tanto, se debe a un movimiento extraparlamentario, pero la batalla política del día a día sigue firmemente anclada en la vida parlamentaria. Varios diputados laboristas han dejado claro que no están dispuestos a trabajar con Corbyn y <strong>han dimitido rápidamente tras la victoria de este</strong>. El nuevo número dos del partido, Tom Watson, se ha opuesto a Corbyn en asuntos de defensa. La capacidad de Corbyn para cimentar y mantener un apoyo mayoritario de su grupo parlamentario se verá sometida así a una difícil prueba. Apenas 24 horas después de su triunfo, el haber elegido al radical John McDonnell como ministro de finanzas en el  gobierno en la sombra ha sido interpretado por algunos analistas como una declaración de guerra a su grupo parlamentario.</p><p>En tercer lugar, aunque Corbyn sea probablemente <strong>el líder laborista más radical de la historia del partido</strong>, no podrá zafarse de los dilemas con los que se han enfrentado sus predecesores: conseguir apoyos más allá del núcleo del partido a fin de obtener una victoria electoral (en este caso, en 2020). Como era previsible, algunas figuras claves del Nuevo Laborismo, horrorizados ante el desenlace de las primarias, han descartado que Corbyn pueda ganar; Peter Mandelson ha avisado que el partido corre el riesgo de <strong>“pasar a la historia”</strong>.  Lo mismo han dicho críticos más moderados. David Blunkett, quien fuera ministro de Interior con Blair, ha afirmado que el Partido Laborista no puede ser simplemente una coalición de gente desilusionada y desesperada; por su parte, Frank Field, uno de los diputados más antiguos del partido y un reconocido experto en el Estado de bienestar, ha pedido a Corbyn que no lleve al partido a un callejón sin salida.</p><p>Ante todos estos desafíos,  debe recordarse que <strong>la capacidad de Corbyn para movilizar votantes nuevos ha sido realmente impresionante</strong>: en las horas siguientes a su victoria, 15.000 personas se han apuntado al partido. Lo ha conseguido oponiéndose y rompiendo con la agenda política y económica que en Gran Bretaña monopolizan cada vez más los conservadores. Habrá que esperar para ver si Corbyn puede, en el largo plazo, transformar los términos del actual debate político, forjando, a partir del apoyo entusiasta con el que ha conseguido su elección interna, <strong>un movimiento que vaya más allá y dé el paso crítico de ganar las elecciones  generales con un programa radical</strong>.</p><p>________________________________________________</p><p><strong>Andrew Richards </strong>es investigador senior en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. Doctor por la Universidad de Princeton, es autor del libro Miners on Strike (Berg, 1996). En la actualidad está escribiendo una biografía de Salvador Allende.</p><p>   <a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[99115473-e50d-41ff-85b7-8b8c6e81e4de]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrew Richards]]></author>
      <media:title><![CDATA[La bandera roja vuelve a ondear: el Partido Laborista se mueve a la izquierda]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Partido Laborista,Reino Unido,Tony Blair,El futuro de la izquierda,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Break-Up of Britain?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/the-break-up-of-britain_1_1113234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p> <em>Spanish version   </em></p><p>The unexpected nature and scale of the <strong>Conservative Party’s election victory on 7 May </strong>should not be underestimated. With the exception of the BBC’s exit poll (the results of which were announced immediately after the polls closed), all surveys conducted during the election campaign pointed confidently to a hung parliament with the <strong>Conservative Party emerging </strong>– at most – as the largest party but short of an outright parliamentary majority. The election result itself confounded these predictions dramatically. Compared to the 2010 General Election, the Conservatives increased their share of the vote from 36.1% to 36.9%, and their number of seats from 306 to 331, giving them a governing majority of 12. For the first time since Margaret Thatcher’s re-election in 1983, an incumbent governing party has increased both its share of the vote and its parliamentary representation. In his moment of triumph, and reflecting on a bruising and divisive election campaign, David Cameron declared that he would strive to “bring the country together.<strong> We will govern as a party of one nation, one United Kingdom</strong>”.</p><p>This is little more than empty rhetoric. In fact, the political unity of Britain has never been more fragile, for the Conservatives’ victory was accompanied by the Scottish National Party (SNP)’s staggering triumph in which it gained 56 of Scotland’s 59 parliamentary seats, a gain of fifty on its 2010 total. Together with its control of the Scottish Parliament, the SNP now has near monopoly power in Scotland, with potentially critical implications for British politics as a whole. Scotland’s status as a traditional bastion of the Labour Party has been destroyed, possibly forever. Meanwhile, the Conservative Party – pro-Union par excellence – remains, fundamentally, the party of England. It has long ceased to be an electoral force in Scotland (with only 1 MP), and while it achieved its best performance in Wales for thirty years (gaining 11 of 40 Welsh constituencies) it remains the case that 96.4% of its MPs (319 of 331) represent English constituencies. Regardless of Cameron’s stated commitment to the political integrity of the United Kingdom, Scotland and England<strong> now appear to be following sharply diverging trajectories.</strong></p><p>In contrast to the Conservatives’ and SNP’s electoral gains, the parties of the opposition suffered disaster, to varying degrees. The breakthrough of the <strong>United Kingdom Independence Party </strong>(UKIP) –heralded in recent years as the greatest threat to the British party system in a generation– failed to materialize. Nonetheless, while it gained only 1 MP, it could argue –with considerable justification– that it was <strong>only the iniquities of the electoral system</strong> which had prevented it from capturing more seats (while its vote total of 3.9 million gained it a single MP, the SNP’s 56 MPs were gained by a much lower, but more geographically concentrated, total of 1.45 million votes). In addition, the UKIP came second in many parliamentary constituencies (both Conservative and Labour) and its total vote share of 12.6% has established it as the third force in British, easily outstripping electoral support for the Liberal Democrats.</p><p>The latter have suffered an unmitigated disaster. The party’s share of the vote dropped to 7.9% (down from 23% in 2010) and it lost 48 of its 56 seats, being swamped by the nationalist surge in Scotland and losing to the Conservatives and Labour in roughly equal measure across England and Wales. Clearly, the Liberal Democrats <strong>have been punished by centrist voters for their participation</strong> in the Conservative-led coalition government of the last five years. Traditional Labour voters who supported the Liberal Democrats in 2010 out of dissatisfaction with the previous governments of Blair and Brown appear to have returned to Labour, while more right-leaning voters, hesitant to vote Conservative in 2010, appear to have done precisely that in 2015.</p><p>Above all, the election results represent a crushing disappointment for Ed Miliband’s Labour Party and, as such, a severe setback for the cause of progressive politics in Britain. Labour’s vote share of 30.4% constituted only a very feeble advance on that of 2010 (29.0%), while more importantly, it lost, overall, 26 of its 258 seats. T<strong>his is partially due to the catastrophe it suffered in Scotland</strong>, where 40 of its 41 seats fell to the SNP. This debacle is nothing more than the spectacular culmination of a twenty-year-old trend in Scottish politics. History, to be sure, will credit the Labour government of Blair with the re-establishment of a Scottish Parliament. However, its calculation that this would halt the advance of nationalism and reinforce Labour’s traditional domination in Scotland has obviously proved to be wildly inaccurate.</p><p>Nonetheless, even if Labour had retained all of its Scottish seats, it would still have lost the general election, thereby underscoring the comprehensive nature of its defeat – it lost the battle in England and Wales, too. Miliband himself bears some of the responsibility. For sure, he was (with the partial exceptions of <em>The Guardian, The Independent</em> and the<em> Daily Mirror</em>),<a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2013/10/16/miliband_versus_the_mail_8671_1121.html" target="_blank"> the unfair victim of a constant, merciless and vindictive press campaign. </a>Yet media hostility alone cannot explain Labour’s loss. Miliband’s strategy since 2010 has been to distance the party from the unpopularity of the<em> New Labour </em>era of Blair and Brown, but he failed, in the end, to develop a coherent and convincing alternative, above all in the social and economic spheres so vital to underpinning a progressive political platform. While Cameron’s incumbent government could point to Britain’s<strong> low inflation and falling unemployment</strong>, Labour failed to exploit a reality of extremely sluggish levels of economic growth and, above all, the truly brutal levels of social and economic inequality that now exist in the country.</p><p>What does the election result say about the state of British politics? Half a century ago, Peter Pulzer famously declared that “class is the basis of British politics;<strong> all else is embellishment and detail</strong>”. To a certain extent, this remains true: the electoral map of England and Wales shows that Labour’s electoral support is largely concentrated in the poorer districts of London, and the formerly heavily industrialized areas of South Wales and the cities of the English Midlands, the North-West and North-East. In sharp contrast, the Conservatives control the wealthy city suburbs, and the prosperous towns and rural counties of the English heartland. Yet events in Scotland now question the validity of Pulzer’s celebrated dictum. Nationalism now, as never before, ranks as the other principle axis of competition in British politics. Nowhere is this more evident than in the city of Glasgow. Not so long ago, it would have been unthinkable that this poor, working-class, fortress would have voted anything other than Labour. Yet on 7 May,<strong> the SNP captured all seven of the city’s constituencies. </strong>How did this happen? Glasgow’s left-leaning electorate has long been dissatisfied with Labour’s political moderation and perceived neglect of the city’s deep-rooted economic and social ills. With Labour’s candidates dismissed as nothing more than <em>Red Tories</em>, the electorate was responsive to the SNP’s adroit tactical move to the left. Yet the SNP also gained allegiance through a fundamentally nationalist appeal in which the needs of Glasgow could be better met via greater autonomy, if not outright independence, for Scotland as a whole.</p><p>Yet Jim Murphy, Labour’s defeated leader in Scotland, also noted astutely: <strong>“Let’s be clear; it wasn’t just in Scotland that the SNP cost Labour votes”</strong>. The fear of SNP influence over a Miliband-led Labour government was used ruthlessly, and effectively, by the Conservatives in the course of the campaign to reinforce their support amongst the English electorate. Murphy labelled this as the creation of “an artificial contest between English and Scottish nationalism”. It may well have been artificial, but its consequences are real enough: a Conservative government, whose electoral support is drawn overwhelmingly from England, is now pitted against an SNP with almost total power north of the border and which will almost certainly cede to pressure from its jubilant supporters to convoke another referendum on Scottish independence. Indeed, on 9 May,<strong> Alex Salmond</strong>, former SNP leader and now one of the party’s 56 MPs in Westminster, declared that Scottish independence was “a question of when, not if”. London and Edinburgh are therefore on a collision course, and it is this battle that is likely to dominate British politics for the time being. Discussion of the grave economic and social inequalities which affect all parts of the United Kingdom –and which is key to Labour’s electoral recovery– will, lamentably, be lost in the storm.</p><p>______________________</p><p><em>Andrew Richards en investigador senior en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. Doctor por la Universidad de Princeton, es autor del libro 'Miners on Strike' (Berg, 1996). En la actualidad está escribiendo una biografía de Salvador Allende. </em></p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[30cc4342-5007-438b-ae2d-eed47de247e3]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrew Richards]]></author>
      <media:title><![CDATA[The Break-Up of Britain?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Reino Unido,Escocia,David Cameron,Elecciones,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿La ruptura de Gran Bretaña?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/ruptura-gran-bretana_1_1113228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p> <em>Versión en inglés  </em></p><p>No debería subestimarse ni el alcance ni el carácter inesperado de<strong> la victoria conservadora en las elecciones británicas </strong>del pasado 7 de mayo. Con la excepción del sondeo a pie de urna realizado por la BBC (cuyos resultados se hicieron públicos en cuanto cerraron los colegios), todas las encuestas hechas durante la campaña electoral apuntaban sin duda a un parlamento fragmentado en el que el Partido Conservador podía ser el ganador, pero lejos de obtener una mayoría absoluta. Los resultados de las urnas han hundido esos pronósticos. </p><p>En comparación con las elecciones de 2010, los conservadores han aumentado su voto del 36,1 al 36,9% y los escaños de 306 a 331, lo que les da una mayoría absoluta con un margen de 12 escaños. Por primera vez desde la relección de <strong>Margaret Thatcher </strong>en 1983,  un partido en el poder ha mejorado tanto en votos como en representación parlamentaria. Ante el triunfo, después de una campaña dura y divisiva, David Cameron ha expresado su propósito de luchar “para unir al país. Gobernaremos como el partido de una sola nación, un Reino Unido.” </p><p>Desde luego, esas palabras suenan a retórica hueca. De hecho, la unidad política de Gran Bretaña nunca ha sido tan frágil como ahora: baste recordar que la victoria conservadora <strong>no ha impedido otra victoria, tan o más impresionante</strong>, la del Scottish National Party (SNP, Partido Nacional Escocés), que ha obtenido 56 de los 59 escaños en juego en Escocia, lo que supone una ganancia de cincuenta escaños con respecto a 2010. Además de controlar el Parlamento escocés, el SNP ha alcanzado un poder casi monopolístico en Escocia, que no podrá dejar de tener consecuencias para la política británica en su conjunto.</p><p>Escocia, tradicionalmente,<strong> era un bastión del Partido Laborista</strong>. Eso ha dejado de ser así, probablemente para siempre. A su vez, el Partido Conservador, el partido favorable a la Unión por encima de todo, ha quedado como el partido de Inglaterra.  No tiene presencia en Escocia (tan sólo un escaño) y, aunque ha ganado posiciones en Gales, obteniendo allí sus mejores resultados en treinta años (11 de 40 escaños), debe subrayarse que el 96,4% de sus escaños (319 de 331) corresponden a distritos ingleses. Al margen del empeño de Cameron para garantizar la integridad política del Reino Unido, la conclusión a la que hay que llegar es que <strong>Escocia e Inglaterra siguen trayectorias fuertemente divergentes.</strong> </p><p>Frente a las ganancias de los conservadores y del SNP, el resto de los partidos han sufrido severas derrotas. La entrada del<strong> United Kingdom Independence Party</strong> (UKIP, Partido de la Independencia del Reino Unido), que se ha llegado a presentar como  la mayor amenaza al sistema de partidos en una generación, no se ha materializado. Con todo, a pesar de haberse limitado su representación a un único escaño, hay razones para argumentar que el principal culpable de este desastre ha sido el sistema electoral y no el apoyo popular (el UKIP ha obtenido un escaño con 3,9 millones de votos, mientras que el SNP ha conseguido 56 escaños con tan solo 1,45 millones de votos, eso sí, territorialmente concentrados). Además, el UKIP ha quedado segundo en muchos distritos. Su voto, un 12,6%, lo convierte en<strong> la tercera fuerza política en Gran Bretaña</strong>, muy por encima de los Demócratas Liberales. </p><p>Estos últimos han sufrido un desastre sin paliativos. Su voto ha caído hasta el 7,9% (frente a un 23% en 2010), perdiendo 48 de sus 56 escaños. Muchos de esos escaños han pasado a los nacionalistas escoceses y, en el resto de Gran Bretaña, se han repartido aproximadamente a partes iguales entre conservadores y laboristas.<strong> Los votantes centristas han castigado a los Demócratas Liberales </strong>por su participación en la coalición de Gobierno encabezada por Cameron durante los últimos cinco años. Parece que los votantes laboristas tradicionales que habían votado a los Demócratas Liberales a causa de su insatisfacción con los Gobiernos anteriores de Blair y Brown han vuelto, en esta ocasión, al Partido Laborista, mientras que los votantes más derechistas, muchos de los cuales se cuestionaron su voto conservador en 2010, en esta ocasión no han dudado en apoyar a los <em>tories.</em></p><p>Por encima de todo, los resultados de las elecciones constituyen <strong>una decepción demoledora para el Partido Laborista de Ed Miliband</strong> (y para la causa progresista en Gran Bretaña). El 30,4% de voto supone un avance demasiado tímido con respecto al 29,0% de 2010; ese avance, por lo demás, no ha impedido que el partido pierda 26 de sus 258 escaños. Esto, en buena medida, se debe a la catástrofe de Escocia, donde ha perdido, en beneficio del SNP, 40 de sus 41 escaños. Semejante debacle es resultado de una tendencia que se remonta a hace 20 años. La Historia reconocerá que fue Blair quien restableció el Parlamento escocés. Sin embargo, lo que se ha demostrado claramente erróneo es el cálculo que había detrás de la operación, según el cual se reforzaría el dominio laborista de Escocia y se frenaría el avance del nacionalismo.</p><p>En cualquier caso, incluso si el Partido Laborista hubiera retenido todos sus escaños en Escocia, habría perdido las elecciones generales, lo que muestra la profundidad de su derrota. El propio Miliband tiene cierta responsabilidad ante este resultado. Aun admitiendo que el líder laborista <a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2013/10/16/miliband_contra_daily_mail_8672_1121.html" target="_blank">ha sido víctima de una campaña constante, vengativa y sin piedad por parte de la prensa </a>(con la excepción parcial de diarios como <em>The Guardian, The Independent </em>y <em>Daily Mirror</em>), la hostilidad de los medios no puede explicar por sí misma la derrota del laborismo. Desde 2010, la estrategia de Miliband ha consistido en distanciar al partido de la impopular filosofía del<em> New Labor</em> de la era de Blair y Brown; sin embargo, no ha conseguido desarrollar una alternativa coherente y convincente, sobre todo en las esferas social y económica, que son vitales en todo proyecto progresista. A diferencia del Gobierno de Cameron, que ha podido presentar como logros la baja inflación y la caída del paro, el Partido Laborista no ha sabido explotar los flojos niveles de crecimiento ni, mucho menos,<strong> los niveles brutales de desigualdad social y económica </strong>que hay en el país. </p><p>¿Qué nos enseñan estos resultados electorales sobre el estado de la política británica? Hace medio siglo, Peter Pulzer afirmó que “<strong>la clase social es la base de la política británica;</strong> todo lo demás es adorno y detalle”. Hasta cierto punto, sigue siendo verdad: el mapa electoral de Inglaterra y Gales muestra que el apoyo electoral al laborismo se concentra en los distritos más pobres de Londres, en antiguas zonas industriales del sur de Gales y en las ciudades del área central de Inglaterra. En cambio, los conservadores controlan los barrios residenciales ricos, así como los condados rurales más prósperos de Inglaterra. Solo los resultados de Escocia ponen en cuestión la famosa tesis de Pulzer. Hoy, el nacionalismo, como nunca lo había hecho antes, figura como el segundo eje principal de competición política. El caso que mejor lo demuestra es Glasgow. Hace no tanto, habría sido imposible que esta ciudad, bastión de la clase trabajadora, hubiese votado a cualquier otro partido que no fuera el laborista. Sin embargo, el pasado 7 de mayo el SNP se hizo con los siete distritos. ¿Cómo ha podido suceder algo así? El electorado de izquierdas de Glasgow ha estado durante mucho tiempo insatisfecho con la moderación política del Partido Laborista y su desdén de los males sociales y económicos más profundos de la ciudad. Los votantes han etiquetado a los candidatos laboristas como “conservadores rojos” (“red tories”) y, por tanto, no es de extrañar que se hayan ido con un SNP que se ha desplazado hacia la izquierda. El SNP también ha ganado apoyos apelando al nacionalismo, dando a entender que los problemas de Glasgow se podrían resolver más fácilmente si Escocia tuviese más autonomía (o incluso la independencia).</p><p>El líder laborista en Escocia, Jim Murphy, ha dicho unas palabras que dan de pensar: “Seamos claros, <strong>el SNP le ha quitado muchos votos al Partido Laborista en Escocia pero también fuera de Escocia</strong>”. El temor de que un Gobierno laborista pudiera estar hipotecado al SNP se ha usado despiadadamente y con gran eficacia por los conservadores para reforzar su apoyo en el electorado inglés. En este sentido, Murphy se ha referido a la creación de “una disputa artificial entre los nacionalismos inglés y escocés.”  Puede que sea artificial, pero sus consecuencias son bien tangibles: el Gobierno conservador, cuyo apoyo fundamental procede de Inglaterra, se enfrenta ahora a un SNP con todo el poder en el norte del país y que, muy probablemente, cederá ante las presiones de sus exultantes seguidores para la convocatoria de un nuevo referéndum sobre la independencia escocesa. El 9 de mayo, el anterior líder del SNP, y ahora uno de los 56 diputados del partido en Westminster,<strong> Alex Salmond</strong>, dio por descontada la independencia, indicando que la incertidumbre es cuándo esta tendrá lugar, no si llegará a ocurrir. Londres y Edimburgo se dirigen a un enfrentamiento: esta batalla protagonizará la política británica durante los próximos tiempos. Lamentablemente, el debate sobre las graves desigualdades económicas y sociales que afectan a todas las regiones del Reino Unido , y que ha sido la clave de la recuperación electoral del laborismo,<strong> quedará opacado por esta tormenta política.____________________________________</strong></p><p> <em><strong>Andrew Richards</strong></em><em> en investigador senior en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. Doctor por la Universidad de Princeton, es autor del libro 'Miners on Strike' (Berg, 1996). En la actualidad está escribiendo una biografía de Salvador Allende.</em></p><p>  </p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a>  </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[656bc591-3bd6-465a-b1d2-9abe5517ea05]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Andrew Richards]]></author>
      <media:title><![CDATA[¿La ruptura de Gran Bretaña?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Reino Unido,Escocia,David Cameron,Elecciones,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los sondeos en Reino Unido a pie de urna no desempatan a ‘tories’ y conservadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/sondeos-reino-unido-pie-urna-no-desempatan-tories-conservadores_1_1113067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/80c06140-c8d0-4d53-9983-91bfc27c687b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los sondeos en Reino Unido a pie de urna no desempatan a ‘tories’ y conservadores"></p><p>Los británicos votaron este jueves en las elecciones más ajustadas en décadas. <strong>Las tres encuestas publicadas durante la jornada no deshacen el empate</strong> que todos los sondeos venían augurando entre los conservadores del primer ministro David Cameron, y los laboristas de Ed Miliband.  </p><p><strong>El sondeo de Lord Ashcroft da a tories y laboristas un 33%</strong>. En los dos últimos sondeos de Ashcroft, los conservadores estaban en cabeza, con dos puntos de ventaja a principios de esta semana y seis puntos a finales de abril.   El apoyo a los liberaldemócratas, socios de coalición de los tories, se mantiene en el 10%, mientras que el antieuropeo Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP) se sitúa en el 11% y los Verdes en el 6%.</p><p>La encuesta de Populus también <strong>da un empate en el 33% a conservadores y laboristas</strong>, que ceden ambos un punto con respecto al anterior. Los liberaldemócratas se mantienen en el 10%, el UKIP alcanza el 14% y los Verdes el 5%.  </p><p>En el caso de la encuesta de Ipsos MORI para el 'Evening Standard',<strong> da una ventaja de un punto a los tories sobre los laboristas</strong>, frente a la ventaja de cinco puntos que tenían los de Cameron el 30 de abril.  </p><p>Así, sitúa a los conservadores en el 36% y a los laboristas en el 35%. Los de Nick Clegg se quedarían en este caso en el 8% mientras que el UKIP de Nigel Farage se situaría en el 11% y los Verdes en el 5%.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[245eccaf-5da1-4cca-a97f-5c2d7b7059e4]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2015 20:42:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infolibre]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/80c06140-c8d0-4d53-9983-91bfc27c687b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="30790" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/80c06140-c8d0-4d53-9983-91bfc27c687b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="30790" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los sondeos en Reino Unido a pie de urna no desempatan a ‘tories’ y conservadores]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/80c06140-c8d0-4d53-9983-91bfc27c687b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Partido Conservador,Partido Laborista,Reino Unido,Nick Clegg,Elecciones,UKIP,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reino Unido se juega su futuro en la Unión Europea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/reino-unido-juega-futuro-union-europea_1_1112938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cc71e08e-fe96-455f-bab7-254c5fd39467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reino Unido se juega su futuro en la Unión Europea"></p><p>“El reto europeo no es una prioridad para la mayoría de los ciudadanos. Se habla de sanidad, de educación, de empleos. Después del 7 de mayo, si llegamos al poder, no vamos a pasarnos los dos primeros años de mandato organizando un <strong>referéndum que solo interesa a una minoría de los británicos</strong>. Queremos reactivar la economía, ayudar a los que más lo necesitan. Es cuestión de prioridades”. Jude Kirton-Darling es una joven eurodiputada del Partido Laborista, la formación de Ed Miliband que puede alzarse con la victoria en la noche del 7 de mayo. A preguntas de <a href="http://mediapart.fr" target="_blank">Mediapart</a>, esta eurodiputada, que procede del mundo sindical, se desmarca del debate que estremece a los funcionarios europeos –y un poco menos, quizás– a los electores británicos: la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea o "<em>Brexit"</em> (<em>British exit</em>).</p><p>Las elecciones generales del próximo jueves 7 de mayo se prevén inciertas. <strong>Las posibles coaliciones son múltiples</strong>, pero sobre el papel sólo hay dos hombres susceptibles de convertirse en jefe del Gobierno. Por un lado, el conservador David Cameron <strong>aboga por la celebración de un referéndum sobre la salida del Reino Unido</strong> de la UE de aquí a 2017, una vez que Londres –según se ha comprometido– recupere competencias que ahora están en manos de Bruselas. Por su parte, Ed Miliband, su rival laborista, aboga por <strong>“reformar” Europa,</strong> aunque no tiene previsto realizar una consulta a corto plazo.</p><p>“Estamos en contra de organizar un referéndum en una fecha que no tendría vinculación alguna con la realidad europea”, precisa Jude Kirton-Darlong. “Los <em>tories</em> han anunciado un referéndum, que ha <strong>generado demasiadas incertidumbres tanto para las empresas como para los ciudadanos</strong>”. La dificultad estriba en la posibilidad de que ninguno de los dos partidos, ni <em>tories</em> nilaboristas, alcancen el apoyo suficiente como para gobernar en solitario. De modo que tendrán que recurrir al apoyo –que se puede materializar bajo la forma más o menos formal de una coalición– de los liberal-demócratas de Nick Clegg (europeísta) o de los nacionalistas escoceses de SNP. Las combinaciones posibles son numerosas y vuelven a plantear la duda de <strong>qué sucederá  tras el 7 de mayo</strong>, lo que origina no pocos quebraderos de cabeza a los “eurócratas” de Bruselas.  </p><p>Los problemas británicos con la Unión Europea no son nuevos. No obstante, para muchos <a href="http://www.mediapart.fr/journal/international/120514/ukip-la-marche-triomphale-des-anti-europeens-britanniques" target="_blank">el auge de UKIP</a>, el partido de <strong>Nigel Farage</strong> –ganador de las elecciones europeas de mayo de 2014 (26,6%) con su discurso antiinmigración y antieuropeísta– está tras el discurso demagógico de David Cameron sobre Europa. El actual jefe del Gobierno ha ido endureciendo su postura, desde su <a href="https://www.gov.uk/government/speeches/eu-speech-at-bloomberg" target="_blank">discurso</a> sobre Europa de enero de 2013, en el que anunciaba su famoso proyecto de referéndum, que reduce la Unión a un amplio mercado interior y que supone el triunfo del ala euroescéptica del partido. </p><p>“Lo paradójico es que la pertenencia de Gran Bretaña a la UE no es algo que, según los sondeos, los británicos consideren prioritario. Los movimientos de política interna, en el seno del partido conservador, dirigidos a frenar el avance de UKIP<strong> han llevado a Cameron a arremeter contra Europa</strong>”, escribe Roger Liddle, exasesor eurófilo de Tony Blair, en un ensayo reciente (disponible, en inglés, en este <a href="http://www.mediapart.fr/files/Brexit-PolicyNetwork.pdf" target="_blank">enlace</a>). “A ojos de las bases de los conservadores, que no pasan por su mejor momento, el electorado de UKIP lo integran aliados naturales y amigos que teóricamente tendrían que volver a su verdadera casa”, la de los <em>tories</em>, prosigue Liddle.</p><p>Sin embargo, Syed Kamall, un destacado eurodiputado de los <em>tories</em>, rechaza que el posicionamiento actual de Cameron responda a una estrategia: “Los electores con los que me he entrevistado, al menos aquellos que marcan diferencias entre Westminster, la alcaldía y la Unión Europea, me dicen que<strong> no es por esta Europa por la que votaron</strong>”, mantiene. Kamall se refiere a la única consulta popular celebrada en el Reino Unido sobre la UE, el <a href="http://tempsreel.nouvelobs.com/monde/20050606.OBS9114/europe-il-y-a-30-ans-l-angleterre-disait-oui.html" target="_blank">referéndum de 1975</a> sobre la permanencia de los británicos en el mercado común (dos años después de que Londres firmase el Tratado de Roma). Entonces, el <em>sí </em>obtuvo el 67% de los votos, con el apoyo activo, durante la campaña, de Margaret Thatcher, que todavía no había llegado al poder. En 2006, estaba prevista la celebración de otro referéndum sobre el proyecto del Tratado Constitucional Europeo (TCE), pero el <em>no </em>a la consulta, un año antes, en Francia y Holanda, lo hicieron innecesario.</p><p>“Cuando voy a puerta a puerta, lo que me dice la gente es que <strong>no votaron para conseguir más integración europea</strong>... Se habló de comercio y de mercado interior”, continúa el eurodiputado conservador Syed Kamall. “La relación entre Gran Bretaña y la UE se ha basado siempre en el registro de la transacción, nunca de la emoción. <strong>Los británicos quieren saber lo que les cuesta y lo que obtienen a cambio</strong>”, puntualiza Mats Persson, al frente de <a href="http://openeurope.org.uk" target="_blank">Open Europe</a>, sin lugar a dudas el <em>think thank</em> británico más influyente de Bruselas, muy próximo al partido conservador.  </p><p>Según Persson, una victoria de los laboristas no atenuaría la probabilidad de un <em>Brexit</em>, al contrario.<strong> “Los riesgos de la salida de Gran Bretaña de la UE disminuiría los cinco próximos años con un Gobierno de Miliband</strong>, pero estos riesgos pueden ser mucho más elevados dentro de diez”, pronostica. Estima que, con Miliband, los euroescépticos se recuperarían en la oposición, a base de argumentos fáciles.</p><p>Por su parte, el sociólogo Anthony Giddens, teórico de la difunta “<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anthony_Giddens" target="_blank">tercera vía</a>”, defendida por el Nuevo Laborismo de Tony Blair, juzga <strong>imposible vaticinar qué escenario es el más probable entre el Brexit y el </strong><em>Brexit</em><strong>Bremain</strong> (neologismo acuñado por él mismo para hablar de la permanencia de Londres en la UE). “Hay demasiado contingencias en juego”, estima. Pero el intelectual, europeísta, se atrevió a lanzar su pronóstico en una <a href="http://europesworld.org/2015/02/24/britain-teeters-closer-brink-brexit/#.VUH2UGbpyL0" target="_blank">conferencia</a> celebrada el pasado 30 de abril en Bruselas:<strong> “Si vencen los laboristas se descarta la celebración de un referéndum. Si la victoria es para los conservadores, también Cameron tendrá dificultades para mantener su promesa</strong>, porque deberá alcanzar un acuerdo de Gobierno con los liberal-demócratas... A menos que UKIP obtenga una victoria importante, algo que no parece probable, a tenor de los últimos sondeos”. UKIP, a quien el sistema electoral de estos comicios generales no favorece, puede obtener, como mucho, un puñado de escaños.</p><p><strong>La limpieza de la Comisión Juncker</strong></p><p>Los responsables europeos recibieron mal el discurso de Cameron de enero de 2013 y su proyecto de celebrar una consulta popular. Sin embargo, <strong>Jean-Claude Juncker no cierra por completo la puerta a la hora de introducir “modificaciones al margen” de los tratados</strong>. “Descarto cualquier modificación de calado de los tratados cuando la libertad de movimiento está en juego, pero se pueden abordar otras cuestiones”, señaló el pasado <a href="http://www.bbc.com/news/world-europe-32495060" target="_blank">28 de abril</a>, en un intento por suavizar algunas afirmaciones de antaño mucho más duras. Desde la llegada del luxemburgués al frente de la Comisión Europea el año pasado, <strong>Cameron y Juncker mantienen una relación tensa</strong>, después de que el <em>premier </em>británico se haya enfrentado en varias ocasiones a Juncler en la prensa londinense.</p><p>En Bruselas son muchos los que dudan de que se puedan realizar cambios en los tratados. “Si Cameron resulta reelegido, tendrá que exponer en el Consejo Europeo de junio sus intenciones”, pronostica un diplomático europeo. “No obstante, celebrar un referéndum en 2017 sobre la reforma de los tratados parece un calendario demasiado atrevido”. Dicho de un modo menos diplomático, hay que colegir que <strong>Cameron no tiene ninguna posibilidad de lograr la reforma de los tratados en un año y medio</strong>. Los franceses no quieren; los alemanes, tampoco –para disgusto de Cameron que apostó mucho, en 2013, por el apoyo de la canciller, Angela Merkel–.</p><p>El proyecto de Cameron, sobre el papel, es muy vago. La “renegociación” que quiere llevar a cabo con los 27 Estados miembros versa sobre tres aspectos: la <strong>legitimidad democrática de la Unión</strong>, la relación entre los 19 miembros de la eurozona y el resto de países (entre ellos, el Reino Unido) y, por último, las <strong>medidas para reforzar la competitividad de la UE</strong>, donde el “mercado único” tiene que ser el pulmón central. “En el hipotético caso de que Cameron organizara un referéndum en 2017, sería necesario, para que haga campaña por la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea, que consiga algún avance en cada uno de estos asuntos, pero todo depende del nivel en el que sitúe el listón”, aventura Mats Persson.</p><p>Los <em>tories</em> son muy críticos, por ejemplo, con que se refuerce la integración en el seno de la eurozona –a la que no pertenece Gran Bretaña– por la crisis. “La Unión Europea evoluciona para sostener la moneda única y esto tiene consecuencias importantes para cada uno de nosotros, estemos o no en la zona euro”, señaló en enero de 2013 David Cameron, a quien le gustaría dejarse oír, de un modo u otro, en las cuestiones de integración. <strong>A los británicos tampoco les ha gustado no tener voz en el nombramiento del presidente de la Comisión Europea, Juncke</strong>r, elegido por la derecha europea (PPE) y los socialdemócratas, y dado que los <em>tories </em>de Cameron optaron por salir del PPE para lanzar otro grupo en el Parlamento Europeo (el ECR).</p><p>Cameron también podría volver a pedir un “<em>opt out</em>”, es decir, que Londres no se sume a aspectos adicionales de la política comunitaria, del mismo que Gran Bretaña decidió no entrar en el euro en los años 90. Para Londres, lo ideal es disponer de una <strong>Europa a varias velocidades</strong>, a la carta, donde cada país presente su propia “lista” y se desentienda del resto. “¿En qué momento la proliferación de estos “<em>opt-outs</em>” corre el riesgo de convertirse en un desmantelamiento generalizado? Ese es el verdadero riesgo que presentan las reivindicaciones británicas”, comenta el diplomático europeo. “<strong>El giro radical</strong> del discurso británico, entre el de un Tony Blair en 2014 que quería un Reino Unido en el “corazón de Europa” y el de Cameron de hoy se ha producido de forma muy rápida. Esto explica el declive de la imagen de los británicos en Bruselas”. </p><p>Frente al alejamiento de los británicos (<em>drifting apart</em>), la Comisión de Juncker quiere hacer ver que entiende sus preocupaciones. El luxemburgués hizo campaña en 2014 con un lema que suena muy bien en los oídos de algunos anglosajones: <strong>Europa será </strong><strong>“big on big things, and small on small things”</strong> (fuerte en los asuntos importantes y modesta en el resto). Los asuntos de regulación financiera prácticamente se han caído de la agenda en la capital belga, a la espera de las elecciones del 7 de mayo, para no causar molestar a Londres y en la City. Por el contrario, <a href="http://www.mediapart.fr/journal/economie/dossier/europe-usa-tout-sur-laccord-transatlantique" target="_blank">el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos</a>, del que el Reino Unido espera mucho, es una prioridad absoluta para el Ejecutivo europeo.</p><p>El vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, a quien Juncker describe como su “mano derecha”, es el encargado de llevar a cabo una misión clave, la de una “mejor regulación” (<a href="http://ec.europa.eu/priorities/work-programme/index_en.htm" target="_blank"><em>better regulation</em></a>, en el argot de bruselas). El socialdemócrata neerlandés trabaja, desde que llegó al cargo, en <strong>reducir los textos legislativos europeos no actualizados o anticuados</strong> o en <strong>suprimir proyectos puestos en marcha por la Comisión precedente</strong> que ahora se consideran inoportunos. Así, en marzo anunció la cancelación de 73 proyectos de ley que se acumulaban en los cajones. De ahí a pensar que la limpieza de Timmermans bastará para frenar las inclinaciones aislacionistas de los británicos...</p><p><strong>Traducción: Mariola Moreno</strong></p><p> <em>Leer el texto en francés:</em></p><p><span id="doc_29440"></span></p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[3b0c6c41-ef34-4c7a-890c-e189d342efd9]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ludovic Lamant (Mediapart), Mariola Moreno]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/cc71e08e-fe96-455f-bab7-254c5fd39467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="132800" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/cc71e08e-fe96-455f-bab7-254c5fd39467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="132800" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Reino Unido se juega su futuro en la Unión Europea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/cc71e08e-fe96-455f-bab7-254c5fd39467_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alemania,Bruselas,Campañas electorales,Elecciones generales,Europa,Partido Conservador,Partido Laborista,PPE,Unión Europea,Angela Merkel,Reino Unido,Londres,Referéndum,David Cameron,Eurozona,Elecciones,Jean-Claude Juncker,UKIP,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laboristas y conservadores, empatados a una semana de las generales en el Reino Unido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/internacional/laboristas-conservadores-empatados-semana-generales-reino-unido_1_1112870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8d715858-168b-4e17-ac3f-9dd3351ad6d6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laboristas y conservadores, empatados a una semana de las generales en el Reino Unido"></p><p>El Partido Conservador del primer ministro británico, <strong>David Cameron</strong>, está empatado con el opositor <strong>Partido Laborista</strong>, según<a href="http://www.populus.co.uk/wp-content/uploads/OmOnline_Vote_01-05-2015_BPC.pdf" target="_blank"> un sondeo de Populus </a>a falta de una semana para que Reino Unido celebre sus elecciones más ajustadas en décadas.</p><p>El sondeo sitúa a los conservadores sin cambios con el <strong>33% de la intención de voto mientras que los laboristas ceden tres puntos</strong> hasta situarse en el mismo porcentaje.</p><p>El Partido para la Independencia de Reino Unido (<strong>UKIP</strong>), populista y eurófobo, dirigido por <strong>Nigel Farage</strong>, sube un punto hasta el 15%, mientras que los liberaldemócratas, socios de coalición de Cameron, se sitúan en el 9%.</p><p>Los sondeos dan un resultado muy ajustado entre conservadores y laboristas para los comicios del 7 de mayo, y aunque algunas encuestas en los últimos días parecen apuntar a que los <em>tories </em>estarían consolidando una cierta ventaja, <strong>otros muestran a los laboristas de Ed Miliband en cabeza</strong>.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[e26b1561-3192-4519-a01e-5ba40b754a90]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2015 17:13:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
      <enclosure url="https://static.infolibre.es/clip/8d715858-168b-4e17-ac3f-9dd3351ad6d6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="74841" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.infolibre.es/clip/8d715858-168b-4e17-ac3f-9dd3351ad6d6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="74841" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Laboristas y conservadores, empatados a una semana de las generales en el Reino Unido]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.infolibre.es/clip/8d715858-168b-4e17-ac3f-9dd3351ad6d6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones generales,Encuestas,Encuestas electorales,Europa,Partido Conservador,Partido Laborista,Reino Unido,Londres,David Cameron,Elecciones,UKIP,Ed Miliband]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
