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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 2]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-2/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 2]]></description>
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      <title><![CDATA[La novela de una sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-sociedad_1_1122313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/501dbf39-7ecc-412d-a07d-d2f11c462d05_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La novela de una sociedad"></p><p><strong>Farándula</strong><strong>Marta SanzEditorial AnagramaBarcelona2015</strong></p><p><em>(Texto leído en la presentación de la novela en el Círculo de Bellas Artes)</em></p><p>A la alegría del Premio  Herralde otorgado a <strong>Marta Sanz</strong>, se suma la lectura de una novela magnífica y necesaria.</p><p>En el libro se hace una interpretación muy inteligente de la sociedad en la que vivimos a partir del mundo del teatro. Según la etimología especial de la autora, la Farándula es una mezcla de faralaes y tarántula.</p><p>El teatro sirve, desde luego, para aludir a la sociedad del espectáculo, a los faralaes, a la inercia de los últimos años que ha convertido la cultura en entretenimiento. No educación, ni formación, ni imaginaciones éticas, sino divertimentos cada vez más zafios.</p><p>Pero lo importante de esta novela es –para mí- que la mirada hacia el teatro resulta verdaderamente seria. El teatro se consolida como el género moderno que en su propia raíz articula la vida privada y la vida pública. Desde el teatro a la italiana y la perspectiva del telón como cuarta pared, el teatro es la representación pública de lo privado.</p><p>Es decir, Marta mira hacia el lugar donde se fragua la cultura de un tiempo, de una época, una cultura que ya no alude sólo al Teatro, la Poesía, la Novela con mayúsculas, sino que señala el modo que tiene la gente de vivir las relaciones laborales, los miedos, las ilusiones, la soledad, la amistad o el sexo.</p><p>Marta Sanz mira al espacio de articulación que nos convierte a todos, lo queramos o no, en actores. Somos realidad, intervenimos en la realidad, representamos, nos representan, porque por desgracia sí, sí nos representan.</p><p>Y desde este lugar la novela se pregunta por el compromiso. El compromiso con los amigo, con el amor, con la propia vocación o con la política.</p><p>¿Quién es aquí el personaje más comprometido?</p><p>¿<strong>Daniel Valls</strong>, el actor de éxito que firma manifiestos para protestar por los 5.960.400 parados?  ¿O <strong>Natalia de Miguel</strong>, la joven actriz sin mucho respeto por el arte y el pudor que participa en un bochornoso <em>reality show</em> para hacerse famosa?</p><p>Desde luego la más ideológica, la más comprometida con su tiempo, más allá de la decisión ética personal, es Natalia de Miguel. Y en cualquier caso, la cultura como forma de vida nos compromete a todos, nos hace actores de la historia, tanto a los que firman o firmamos manifiestos como a los que prefieren no meterse en política para no perder las simpatías del público.</p><p>Desde este punto de lectura, o de vida, o de articulación social, Marta crea una narración de personajes muy bien definidos. Daniel nos habla del éxito, de la carga ética que se niega a convertir la solidaridad en marketing siguiendo las directrices del espectáculo. Y nos habla de contradicciones, del peligro de pensar de una manera y habituarse a un tiempo de vida propio de personas con una ética diferente. Y nos habla de soledad, de una soledad doble. Su compromiso político, le provoca conflictos con el público de derechas y los intereses comerciales del espectáculo. Es la derecha. Su éxito y su calidad, despiertan el rencor de los fracasados. Consideran que un triunfador con buena vida no tiene derecho a comprometerse. Es la mezquindad disfrazada de izquierdismo, la política como disfraz de la mediocridad personal, un proceso muy alimentado por las corrientes neoliberales de la telebasura, que tanto abunda en la sociedad de la sospecha, de la indignación populista, que tiene como principio ideológico la incapacidad de respeto y la pérdida del sentido de la admiración.</p><p>Valeria es alguien que, a contracorriente, sorprendida entre dos edades, todavía piensa que el éxito es la dignidad en el propio trabajo, el desempeño de una vocación.</p><p><strong>Lorenzo Lucas </strong></p><p>será el cinismo y la supervivencia, una tensión que dignifica la ladera oscura y carga de sombras la luz.</p><p>Natalia y <strong>Charlotte Saint-Clair</strong>, en dos orillas distintas, son también las dos caras de la nueva época, los privilegios especulativos de la élite y la lucha por la vida de la mayoría que intenta sacar la cabeza y triunfar en el orden de las nuevas reglas.</p><p>Desde esta articulación privado-público, la novela nos habla también del tiempo, del cambio generacional, del cambio social, porque la biología, claro, se convierte aquí en historia.</p><p>Los mayores nos recuerdan una época en la que la vigilancia de lo correcto era ejercida por el franquismo o por el senador MacCarthy en la caza de comunistas o de brujas. La gente que todavía sostiene una herencia de solidaridad y lucha está obligada a llevarse a casa la agonía de un tiempo casi muerto, tal vez por culpa de un ictus histórico. Porque históricamente hay quien necesita vivir la dignidad como la obligación de hacerse cargo de lo que agoniza. Que el enemigo haya sido más fuerte no significa que uno deba cambiar de bando.</p><p>Los más jóvenes han aprendido que la vigilancia la ejercen hoy los mismo de siempre, pero a través de la ley de la oferta y la demanda, las normas del mercado. Si quieres el éxito que te ofrecen, mejor que aceptes participar sin demasiados escrúpulos en el<em> reality show</em> de esta vida virtual en la que estamos. Todos es táctica, disfraz, electoralismo, ahora esto y mañana lo otro.</p><p>Desde esta situación, la novela de Marta Sanz no tiene más remedio que resolverse en la conciencia de la escritura. Es la respuesta. Sartre caracterizó a Baudelaire como el poeta que se veía viendo, la conciencia de su propia perspectiva.<strong> Valeria Falcón</strong>, <em>la Falconcita</em>, heredera de una estirpe, se piensa pensando y se hace escritura, una voz consciente de sí misma, con un pudor extraño en una sociedad que privatiza lo público a costa de publicitar lo privado. En esta inercia está justificada la nostalgia del anonimato: la pregunta sobre si es conveniente dejar el teatro.</p><p>La novela no es feliz, pero está llena de humor, de impertinencia. El mundo no está para que nos riamos de él, pero sí podemos reírnos de nosotros mismos. El humor y la mirada nos ayudan a romper la realidad virtual para acercarnos a la experiencia de carne y hueso, con sus enfermedades, sus miserias, sus conversaciones, sus fragilidades, su bondad. Ponerse aquí al pie de la letra es ponerse también a pie de calle.</p><p>Esta es la Farándula, compuesta por actores, pero también por gordos, por flacos, por  delgaditas que salen más gordas en televisión, por anoréxicas, por viejos verdes, por mujeres y hombres que dejan de ser mirados, calentones, personas que joden o que no joden, polvo apasionados y polvos aburridos, olores de cocina y olores a rancio.</p><p>La Farándula de Marta Sanz nos devuelve un sabor a nosotros mismos. Somos faralaes, somos tarántulas, pero tenemos corazón, esa enfermedad de la gente de carne y hueso, ese lujo que nos permite, por ejemplo, admirar y querer a Marta.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta, su último libro publicado es 'Un velero bergantín' (Visor Libros, 2014)</em></p><p><strong>Luis García Montero</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La novela de una sociedad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Marta Sanz,Los diablos azules número 2,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Leer… tal vez soñar: ‘El agente confidencial’ de Graham Greene]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/leer-vez-sonar-agente-confidencial-graham-greene_1_1122401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/25fe79ba-a39e-4308-9c84-a0ed85ff4eb5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer… tal vez soñar: ‘El agente confidencial’ de Graham Greene"></p><p>Como de costumbre, la idea (en ciernes) me vino a la mente temprano por la mañana —en este caso, tras haberme soñado encerrada en un laberíntico e infernal mercado municipal. </p><p>Había sido invitada, el día anterior, a participar en un taller de lectura sobre el tema de la guerra civil en el volumen de novelas cortas de mi marido, Francisco Ayala, titulado<em> La cabeza del cordero</em>, lo que me permitió volver sobre una de sus obras de invención mejor logradas… a la vez que menos fáciles de comprender a fondo. </p><p>En lo de la comprensión estuvimos de acuerdo los asistentes —gente mayor, inteligente, bien preparada— y yo; en cuanto a las razones por las que aquellos relatos hubiesen producido en cada uno de nosotros una sensación de malestar —ya sea intelectual, emocional o hasta corporal—, no hubo, sin embargo, acuerdo alguno (reacción, me apresuro a añadir, que le hubiera complacido, y mucho, al propio autor). </p><p>Al irme reponiendo de mi pesadilla y de sus secuelas inmediatas, me siguió rondando por la cabeza aún una cierta sensación de intranquilidad. Así que me puse a recordar, pensar y, sobre todo, esperar a que me acudiesen por sí solas las ideas (<em>la poète travaille</em>…). Fue entonces cuando me vino a la mente la portada —negra, con dos cabezas masculinas: el busto de un señor que lleva puesto un <em>derby</em> londinense debajo de cuya corona se asoman las facciones de un hombre más pequeño— de un gastado ejemplar de la novela <em>The Confidential Agent</em>, de Graham Greene, volumen que, junto con otros de la biblioteca de mi casa de Nueva York, habíamos traído hace tiempo a nuestro piso en Madrid. Es más: recordé habérmela leído, con provecho y placer, un par de años después de que su dueño falleciese.</p><p>Remontándome, luego, en el tiempo y el espacio, me acordé de mí misma, de turista, en un viaje de Semana Santa por aquella pobre y pintoresca España del año 1959: la única gringa en un grupo de estudiantes franceses que, además de ser simpatiquísimos, presumían de intelectuales. En aquellas inacabables conversaciones suyas surgía con cierta frecuencia el nombre del escritor inglés Graham Greene, cuyas obras de ficción, muy de moda por aquel entonces, me daba la impresión de que se sabían ellos de memoria (a mí, una joven formal de Nueva Inglaterra, la pasión político literaria de aquellos jóvenes <em>engagés</em> me resultaba cuando menos  exagerada...). Apostando por lo seguro, opté, en cambio, por dedicarme a las procesiones, las catedrales y los toros de Osborne (junto con alguna aventurilla de índole particular), y abstenerme de participar en aquellas discusiones de nunca acabar. Con todo, de entre las frecuentes alusiones suyas a autores a quienes no había leído yo, me quedaría grabado en la memoria el nombre de aquel novelista inglés contemporáneo que, quizá por tratarse precisamente de eso —de un escritor angloparlante vivo y activo, en lugar de muerto y transformado en un clásico—, a la muchacha que en aquel entonces era yo, poco o nada le interesaba. </p><p>No creo que estuviera del todo equivocada: cada cosa en su momento, cada momento en su lugar… y yo, tenaz, a mis 19 añitos sólo quería leer, hablar, e inclusive soñar, en la lengua de Molière. Regresemos, pues, ahora a comienzos de la década actual, a mi estantería madrileña y al librito de Graham Green, el cual, como el pastelillo de Alicia, me estaba gritando: “¡LÉEME, ya, de una vez!...” </p><p>Obedecí, y al hacerlo poco tardé en comprender, no sólo el entusiasmo de aquellos antiguos compañeros míos franceses, sino también —y sobre todo— la razón por la que entre los pocos libros que mi difunto esposo optara por conservar, figuraba aquel de Graham Greene, cuya primera edición, pronto averigüé, fue del año 1939: el del final de la guerra civil española (conflicto que, según la opinión general, está reflejado en el texto). </p><p>De modo alguno quisiera inferir aquí una influencia, ni directa, ni indirecta, de dicha novela de espionaje en los cuatro relatos que, precedidos de un importante Proemio, publicó 10 años más tarde Francisco Ayala bajo el título de <em>La cabeza del cordero</em>. Lo que sí me gustaría señalar es una cierta coincidencia de perspectiva —¿de época? ¿De ideas?— en las obras de los dos escritores, discípulos, cada uno a su manera, de Cervantes (piénsese, sin ir más lejos, en los textos recogidos por este último en <em>La invención del Quijote</em>; o en la novela de Greene, <em>Monsieur Quixote</em>). Recrean ambas obras de ficción lo problemático de una realidad relacionada, directa o indirectamente, con circunstancias históricas vividas por uno y otro creador.</p><p>Parafraseando el título de un conocido ensayo de Ayala, se podría preguntar: ¿Para quién escribían ellos? En sendos momentos históricos, como en los que en su día correspondían a la publicación de las dos partes del Quijote, la respuesta resulta ser la misma: para su propio público lector, que no dejaría de ver en el contenido de aquellas obras de ficción contemporáneas un reflejo, directo, de su propia realidad social y personal. Quienes<em> a posteriori </em>leemos esos textos solemos adoptar frente a ellos una cierta perspectiva histórica que ojalá no nos impida valorar la verdad humana plasmada a lo largo de sus páginas: la que les acabará por otorgar su grano de universalidad.</p><p>Hay obras cuya acción, por cualquiera que sea la razón, no se cierra del todo, sino que queda en suspenso, como la vida misma, en el fondo tan abierta, tan impredecible… Buen ejemplo de ello: la primera parte del Quijote, con sus consabidas —y felicísimas— consecuencias literarias. Ocurre, también, hasta cierto punto en los textos que aquí nos ocupan, que se aproximan más, como es lógico, a nuestra propia realidad: a la terrible incertidumbre del mañana, a la verdad detrás del espejo, al vacío existencial. “Nunca se sabe nada, nunca” es el estribillo que aparece, una vez y otra, a lo largo de la narrativa ayaliana. “You'll be dead very soon: you needn't tell me that, but now…” (“Estarás muerto bien pronto: no hace falta que me digas eso, pero ahora…”) son las últimas palabras de la novela de Graham Greene. Muchísimas son las preguntas sin respuesta, tanto en ella como en las cuatro <em>novelle</em> de Ayala.</p><p>Son inquietantes y ambivalentes, cada uno a su modo, estos dos libros, tan diferentes al mismo tiempo entre sí: reflejos poéticos, no sólo de unas determinadas circunstancias históricas, sino también, y sobre todo, de nuestra condición humana en toda su terrible, y en el fondo, indescifrable ambigüedad. Llega a su fin —eso sí— el argumento propiamente dicho de cada historia en cuestión: se pone punto final a lo novelado; pero se da también la sensación de que el tiempo, sin embargo, no para: de que continúa la vida —la de los personajes de ficción, la de quienes habitamos esta tierra. Como nosotros, aquellos han de seguir adelante con unos recuerdos que se les irán acumulando, como el polvo de los siglos, hasta que solos, sin la compañía, ni del autor, ni siquiera de un último lector, se disuelvan, como las páginas de un libro, en el aire del olvido. </p><p>O no. Yo misma llegué a rescatar de mis estanterías aquel polvoriento y quebradizo ejemplar de<em> The Confidential Agent</em>, me lo leí, y al relacionarlo, luego, con el contenido de <em>La cabeza del cordero</em> les concedí a ambos una vida nueva… y a mí misma, entre otras cosas, una salida de aquel soñado y laberíntico mercado infernal.</p><p><em>*Carolyn Richmond, profesora jubilada del Broklyn College y viuda de Francisco Ayala.</em><strong>Carolyn Richmond</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carolyn Richmond]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Leer… tal vez soñar: ‘El agente confidencial’ de Graham Greene]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Graham Greene,Literatura española,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Dog songs]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dog-songs_1_1122371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bed73eb2-9e00-4446-ad95-da633275a1f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dog songs"></p><p><strong>Dog SongsMary OliverTraducido por Nieves García PradosEdición bilingüe inglés y españolEditorial Valparaíso Ediciones </strong><em>Dog Songs</em></p><p>“Basta con dejar que el animal que llevamos dentro ame lo que ama”. La poesía de <strong>Mary Oliver</strong> es un canto a la libertad natural, un grito de rebeldía convertido en himno para miles de mujeres en todo el mundo. </p><p>Oliver es precisa y directa: “Hábleme de tu desesperación, la tuya, y yo te hablaré de la mía. Mientras tanto el mundo seguirá su curso”. </p><p>Su primer libro en español, <em>Dog Songs</em>, acaba de ser publicado en versión bilingüe por Valparaíso Ediciones después de ser un fenómeno de ventas sin precedentes en Estados Unidos. </p><p>La poesía de Mary Oliver, ganadora del Premio Pulitzer en 1984, se agita entre dos grandes tensiones. Por un lado la manera en la que los seres humanos se han distanciado del mundo natural, convirtiéndose en criaturas menos libres. Por el otro la imposibilidad de disfrutar las cosas que realmente valen la pena en la vida, cegados por todo aquello que nos evita amar libremente. </p><p>Muchos lectores, en su mayoría mujeres, han encontrado un referente en la visión del mundo de Oliver. Su poema 'Wild Geese' (gansos salvajes) es un himno a la libertad en todas sus facetas. “Quien quiera que seas / no importa lo solo que estés / el mundo te llama como los gansos salvajes”.</p><p>El mundo de Mary Oliver está protagonizado por dos mujeres fundamentales en su biografía. En primer lugar la fotógrafa <strong>Molly Malone</strong>, que durante más de 40 años fue su pareja, hasta su muerte en 2005. Antes la joven Oliver se había entregado en espíritu a la poeta<strong> Edna St. Vincent Millay</strong>, a la que no conoció en persona, pero que fue su modelo vital y el motivo por el que empezó a escribir poemas. </p><p>La poesía de Oliver aprendió de la de Edna St. Vincent Millay su atrevimiento, su búsqueda de la libertad en la literatura frente a una sociedad que se afanaba en someter a las mujeres. Pronto Oliver se convirtió en una autora reconocida y acostumbrada a levantar su voz por la igualdad, dueña de  un enorme deseo de ver reconocida su condición dentro de la amplitud y la diversidad de la naturaleza. La defensa del amor en la poesía de Oliver resulta conmovedora, porque transciende su condición sexual para establecerse en el campo del amor por la vida y todas sus criaturas. En ese punto, sus razonamientos no sólo son incontestables, sino que además se presentan frente a las desigualdades y el dolor como un consuelo que nace de la afirmación de la singularidad y de la evidencia de que el planeta es lo suficientemente ancho para todos. </p><p>En su permanente búsqueda de un equilibrio y de un orden entre dos mundos, la poesía de Oliver se ha convertido en la más leída de Estados Unidos. Su último libro, <em>Dog Songs</em>, se colocó en todo lo alto de la lista de ventas del New York Times y es sin ninguna duda el libro de poemas más vendido de los últimos tiempos. Recién publicado por Valparaíso Ediciones con traducción de <strong>Nieves García Prados</strong>, es una buena puerta de entrada al universo de Mary Oliver. </p><p>Treinta y cinco poemas y un ensayo conforman <em>Dog Songs</em>, en el que la poeta norteamericana recuerda a todos los perros que la han acompañado durante su vida. Lejos de ser un libro sobre mascotas, lo que podría resultar superficial, el libro es una muestra de amor por las criaturas de la tierra y por la creación. Oliver consigue a través de historias de lo más cotidianas relacionadas con sus perros mostrar el modo en que el mundo de los animales está relacionado con el de los hombres. </p><p>La forma de estar en la tierra de los perros, su manera de observar la realidad, sus dudas, sus temores, su fidelidad o sus debilidades, es empleada para hablarnos de los humanos y de la relación que tenemos con la naturaleza. El resultado es un libro que se pregunta si el grado de sofisticación que hemos alcanzado no nos ha separado del mundo natural hasta el punto de que somos incapaces de disfrutar de aquellas cosas que las vida nos ofrece cada día.</p><p>Defensora de una poesía sencilla, capaz de hablar a los lectores con inusual cercanía y complicidad, ha logrado aproximarse a un público por lo general poco aficionado a la poesía. Oliver ha devuelto la poesía al ciudadano norteamericano, en una versión feminista y cálida de lo que hiciera <strong>Billy Collins</strong>. Eso sí, en Oliver no existen concesiones al humor que puedan encender las alarmas en los lectores más exigentes. Su poesía es de un alto contenido filosófico, aunque en una primera impresión a alguien pueda parecerle hueca. Su aspecto de sencillez esconde debajo una gran complejidad, como sucede con la mejor poesía. Resulta sorprendente que la poesía de Oliver no hubiera llegado a España, en especial su libro American Primitive, que todavía esperamos, en el que a lo largo de 50 poemas reivindica la unión entre la naturaleza y la humanidad desde la perspectiva del otro, representado en la mayoría de las ocasiones por diferentes animales. La búsqueda de lo primitivo, del verdadero lugar de los hombres, no es una empresa vana ni carente de profundidad. Sino todo lo contrario. </p><p>En <em>Dog Songs</em>, esa búsqueda se hace universal al evidenciarse en el que posiblemente sea el animal que más y mejor se relaciona con los hombres, el perro. Oliver, que casi toda su vida ha tenido un perro a su lado, nos presenta a <strong>Trippy</strong> (el primero), a <strong>Ricky</strong> o a <strong>Percy</strong>, al que llamó de ese modo por el poeta <strong>Percy Shelley</strong>. </p><p>Explica García Prados en el prólogo que el libro es un consuelo de la misma manera que los perros pueden llegar a dar consuelo cuando su dueño ha tenido un mal día o está triste. En su traducción, exacta y rítmica, los poemas fluyen para que el lector pueda encontrar un abrazo que le falte en estos tiempos en los que la soledad es un mal endémico que se alimenta de la incomunicación. Es ahí donde la poesía de Oliver se presenta con una gran contundencia, ya que sus versos están llenos de esperanza y muestran tantas puertas abiertas que uno siente la necesidad de entrar a un paisaje, a un camino o a un sueño. Por las páginas de <em>Dog Songs</em> saltan, corretean, husmean y ladran multitud de perros en libertad, como <strong>Bear</strong>, que odia la soledad y ama la nieve, <strong>Luke</strong>, que nació en una chatarrería, o Percy, que se comió el Bhagavad Gita. </p><p>También en sus páginas van a ir muriendo y van a dejar un vacío en el corazón de Oliver, que los recordará unas veces con nostalgia y otras, las más, con la satisfacción del que sabe que fue una fiel compañera, que amó junto a ellos la libertad y que celebró cada carrera, cada huella en la nieve de quienes pasaron por el mundo prestándole atención, con el mero propósito de disfrutarlo, sin apenas intuir que no era eterno, que iba a terminarse un día. </p><p><em>*Fernando Valverde es poeta. Su último libro publicado es 'La insistencia en el daño' (Visor de poesía)</em></p><p><strong>Fernando Valverde </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valverde]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura estadounidense,Poesía,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo Leviatán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nuevo-leviatan_1_1122370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f54d7bae-051a-437c-b50d-286b35cc68d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo Leviatán"></p><p><strong>El nuevo Leviatán: Una historia política de la Red Enrique AlonsoEditorial Díaz Pons2015 </strong><em>El nuevo Leviatán: Una historia política de la Red </em></p><p><strong>Enrique Alonso</strong>, especialista en lógica computacional de la Universidad Autónoma de Madrid, nos ofrece en su libro una visión comprensible de la estructura en capas de Internet, así como una clara explicación de los mecanismos de decisión por los que se rige. Tras remontarse a los orígenes de la Red, analiza las corporaciones que la gobiernan en los distintos niveles (“cable” y “código”) y acaba con preguntas sobre su incidencia en nuestras sociedades y sobre la posibilidad de una labor democrática. </p><p>El derribo de los Estados y el desmontaje de sus políticas convencionales parecen obedecer a nuevas formas de extracción de plusvalía, que satisface la globalización. Internet, como las finanzas globalizadas, dibuja hoy otros continentes sin apenas resistencia política. Las inversiones cambian su rumbo vertiginosamente, pero el acceso a la financiación llega a través de los Estados, ya interceptados por las agencias de calificación y evaluación. Todo un sistema de control de acceso a los recursos y al desarrollo. Esto último no es el motivo de su reflexión, pero <em>El nuevo Leviatán </em>es sin duda condición para este análisis aún pendiente. </p><p>La Red posee un poder de absorción de lo real y alcance global. Desde la simple calificación de un alumno al proceso evaluativo de una agencia, todo pasa por la Red. En sí misma, como medio y como nicho global de negocio, está constituida por dos niveles interrelacionados entre sí. La infraestructura (física y lógica): servicios, aplicaciones, instalaciones e interconectividad, sistemas de nombre de dominio y direcciones IP, estándares técnicos, servidores raíz y seguridad en las redes. Y las transacciones y contenidos: comercio electrónico, firma electrónica, contratación electrónica, comercio de bienes y servicios digitales, lenguas, encriptado, seguridad y privacidad. </p><p>Sobre este modelo -uno de los varios que analiza Alonso- pesarían dos tipos de autoridades en Internet: las organizaciones intergubernamentales, que actúan bajo acuerdos o tratados, y las instituciones internacionales pertenecientes al sector privado (ICANN, W3C, IETF…), y que en algunos casos interactúan formando modelos híbridos de “cooperación”. Pese a su apariencia técnica, la importancia de estas corporaciones es vital para el dominio y para el desarrollo de las fuerzas productivas.</p><p>La Red posee cierta unidad en tanto existe un trazado físico de “cable” y un control de la zona raíz a partir del protocolo TCP/IP. Este permite que la tecnología de las redes físicas sea transparente, funcionando como una red lógica única. Pero para hacer inteligibles esas direcciones, se requiere el uso de nombres, un Sistema de nombres de dominio. </p><p>En la Red, hay que tener en cuenta, en primer lugar, el control de los “procesos críticos” sobre la infraestructura y la lógica, es decir, sobre “el cable”, “el código”. Pero, actualmente existen además agregados, que se han constituido en elementos sistémicos: primero, la web (www) y en los últimos años, las redes sociales (Facebook, Youtube, Twitter, WhatsApp, etc.) y los navegadores Google y Yahoo.</p><p>El control del soporte físico de la Red (implementación de los distintos niveles de servicio, amplitud y anchos de banda) corre a cargo de las actuales formas organizativas agrupadas en la ITU (International Telecomunication Union). En nuestro país es clave Telefónica. La ITU despliega foros a nivel mundial, como el  World Summit en la Information Society (WSIS) en Ginebra, e intenta alianzas con las otras instituciones con capacidad de agencia en la red, por ejemplo con ICANN. También mantiene una línea de avance que “consiste en promover paneles de estudio orientados a marcar las líneas estratégicas de las TIC”, es decir, promueve el desarrollo de la Sociedad de la Información. Sin embargo, otras compañías de software, como Microsoft, no quedan al margen, y crean sus propios foros globales sectoriales como SIMO Educación 2015 o South Summit 2015, dedicado al “emprendimiento”.</p><p>La representación de las grandes corporaciones y de los Estados en los diversos comités técnicos de cada uno de los niveles, parece sostener una gobernanza en la Red, que cristaliza en mecanismos de colaboración entre “todas las partes interesadas” o <em>stakeholders</em>. “Partes” que son, fundamentalmente, grandes empresas “interesadas”.</p><p>Nuestro país cumple ahora el mandato de la agenda europea, que en 2010, “recomendaba” implementar la red NGA (redes de nueva generación), con acceso FTTH para mayor eficacia y velocidad. De la mano de esta infraestructura, dando un paso más en la carrera de extracción del beneficio, los otros niveles de la Red y la industria ligada a ellos, presionan para forzar a los gobiernos al compromiso: desarrollar la cada vez más sofisticada industria ligada a la red (TIC, Industria del <em>software</em>,<em> hardware</em>, plataformas, dispositivos, redes inteligentes, etc.). Las agendas digitales de los distintos países dinamizan desde lo político esta hipertrofia tecnológica. La agenda eigital de España, en el marco de “Horizonte 2020”, juega precariamente su papel en el “territorio europeo”, un territorio virtual bombardeado por la transversalidad de toda clase de intereses globales. </p><p><em>*Sergio Hinojosa es profesor de Filosofía. Su último libro publicado es 'Santa anorexia. La noche oscura del cuerpo' (Maia Ediciones)</em><strong>Sergio Hinojosa</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El nuevo Leviatán]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Libros,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El ADN español y los besos de Almudena Grandes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/adn-espanol-besos-almudena-grandes_1_1122367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9476b6da-ed67-47db-a114-c0bf37b022c3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ADN español y los besos de Almudena Grandes"></p><p><strong>El ADÑ</strong><strong>Óscar TerolEditorial Planeta2016</strong></p><p>Una mirada desenfadada sobre un tema de gran actualidad, este libro es una sátira genial sobre las dificultades de encontrar el verdadero ADN español.</p><p><strong>Óscar Terol</strong> es un guionista, articulista, escritor de ensayos de mucho éxito y actor ocasional que se hizo muy famoso con la serie <em>Vaya semanita</em> (ETB) y que ahora triunfa en <em>Allí abajo </em>(Antena 3). Con esos antecedentes, advierto al lector que este es un libro de humor escrito muy en serio donde el autor nos propone un selfi de nosotros mismos. Y en este viaje descubriremos el ADÑ, un juego verbal que sirve para ilustrar las cosas que nos unen, a pesar de que usemos los tópicos para empeñarnos en todo lo contrario. No pretende rigor sociológico, ni maneja grandes convencimientos pero en su afán de observación sobre el terreno, Óscar nos invita a visitar el imaginario colectivo que nos convierte en seres afines: de la comida al paisaje, el sentido lúdico o el apego a cosas tan etéreas como las tradiciones. Entre los aciertos del libro hay un “Test de españolidad” donde más de uno se puede llevar una sorpresa.</p><p>Lectura, en fin, muy recomendable para practicar el sano ejercicio de reírnos un poco de nosotros mismos en estos tiempos de reivindicación nacionalista. </p><p><strong>Los besos en el pan</strong><strong>Almudena Grandes Editorial Tusquets2015 </strong></p><p><strong>Almudena Grandes</strong>, una escritora de larga y planificada trayectoria literaria, ha hecho un paréntesis en su ambiciosa producción de novelas <em>Episodios de una Guerra Interminable</em> para construir un relato de personajes contemporáneos, <em>Los besos en el pan</em>. Esta es una historia coral, de vidas cruzadas cuyos protagonistas tienen en común el tiempo presente de un año como el que acabamos de pasar y la vecindad compartida en un barrio popular del centro de la ciudad (alrededores de la Glorieta de Bilbao, en Madrid) y al que siempre vuelve la autora como a su particular Macondo. </p><p>Almudena, que presume de no manejarse en las redes sociales ni perder un minuto de su tiempo en coleccionar amigos virtuales, ha conseguido sin embargo una legión de miles de admirados lectores. Pero, ¿qué tiene este libro para acabar siendo el número uno en ventas casi desde el mismo momento que salió, y seguir ahí imbatible semanas después? Como editores nos solemos hacer esta pregunta cuando ocurren fenómenos parecidos. Para responderla en realidad hay que acudir a nuestra condición de lectores. El secreto de <em>Los besos en el pan </em>es que habla de personas normales. Gentes que sufren, padecen, sueñan y se esfuerzan siempre por salir adelante. Hay gente sola, abuelas, matrimonios, adolescentes, gremios como los de la enseñanza, los sanitarios o las peluqueras. Viven al margen de los titulares de los periódicos, pero a todos ellos la crisis de las noticias les ha hecho saltar por los aires las ilusiones de un futuro mejor. Lo que ocurre con un libro como este es que cuando lo leemos, nos estamos mirando en un espejo. Sus páginas tienen la épica de la vida sin héroes y el mensaje optimista de que hay que pelear por doblegar la tozuda realidad. Este libro tiene tanto éxito porque su lectura sin duda resulta terapeútica.</p><p><em>*Ángeles Aguilera es editora de Planeta.</em><strong>Ángeles Aguilera</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángeles Aguilera]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El ADN español y los besos de Almudena Grandes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Almudena Grandes,Literatura española,Nacionalismo,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La ley del menor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ley-menor_1_1122332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/db522d70-e1f4-45cf-bbb6-f1b3fa1f1055_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ley del menor"></p><p><strong>La ley del menor</strong><strong>Ian McEwanAnagramaBarcelona2015 </strong></p><p>Una vez más ha sido un placer leer a <strong>Ian McEwan</strong> en su nueva novela <em>La ley del menor</em>. Y abrumada todavía por las escasas 200 páginas me asomo con precaución a la misma ventana londinense donde sus personajes empiezan un día que no será cotidiano, como el de ayer.</p><p>En esta novela, la protagonista es una mujer, <strong>Fiona Maye</strong>, magistrada del Tribunal Superior de Justicia y especializada en derecho de familia.  Una profesional honesta y trabajadora, con una carrera irreprochable que no ha sabido conducir, quizás, su vida personal.  Tratando de impartir justicia en las familias de Londres ha descuidado la suya y una noche de un domingo de junio, su marido, <strong>Jack</strong>, pone patas arriba toda una vida juntos, cuestionando abiertamente su vida sexual y su relación como pareja al filo de los 60 años.</p><p>A pesar de una conversación en el salón conyugal que presupone un desequilibrio abismal en la vida de los esposos Maye, la novela se va a entretener con diversos casos judiciales de menores que nos desvían la atención de la trama fundamental, si es que efectivamente la hay.  Porque la vida de Fiona no sería completa sin su trabajo diario en el Tribunal de Justicia.  Y antes de continuar con la inevitable distancia del matrimonio se nos relatan las preocupaciones de la Fiona jueza, por la sentencia que tendrá que dictar mañana haciéndonos reflexionar sobre distintos asuntos que tienen como telón de fondo la religión en la familia.  Dos niñas judías ortodoxas y unos padres con distintos planes de futuro para ellas, unos bebés siameses que hay que separar y el más importante en la novela: un menor de 17 años, testigo de Jehová que debe recibir una transfusión de sangre para poder seguir viviendo.</p><p>Las calles de Londres se convierten en el escenario para el pensamiento reposado sobre todos estos casos que ocupan la mente de la protagonista y que se conjugan aleatoriamente con diversas partituras de piano, música tocada y disfrutada, con la guerra de Siria y la responsabilidad europea, con el cambio climático o con el destino inevitable de nuestro planeta.</p><p>Todo se presenta de manera reflexiva, al estilo del autor y nos recuerda otras novelas.  Todo queda amansado por el silencio del razonamiento, de las ideas, de los recuerdos… Incluso de lo que pudiera haber sido.  Dos hijos soñados, el niño músico no universitario, la niña artista, conservadora de museos quizás, vacaciones de verano en un castillo, invenciones para una mujer que no ha sido madre porque no ha querido.  Una familia inventada que nos acerca demasiado a la familia que conocimos en<em> Sábado</em>, esa otra gran novela, unas páginas donde reafirmé qué me gustaba leer realmente.</p><p>En esta maraña de pensamientos y de digresiones, de juicios y de propósitos, se cuela la historia del niño testigo de Jehová, <strong>Adam Henry</strong>,  hasta hacerse decisiva en la vida de nuestra protagonista.  Fiona debe tomar una decisión y para ello quiere conocer a Adam.  Antes de dictar sentencia a favor de los padres o del hospital y decidir si Adam debe o no recibir una transfusión de sangre, se dirige al hospital donde está ingresado para saber de primera mano cuál es la determinación del joven que tanto arraigo siente por su religión, tanto que prefiere morir antes que aceptar el tratamiento de los médicos.</p><p>Este episodio magistralmente entrelazado con el que ocupa principalmente la mente de la jueza, su crisis matrimonial, nos llevará de nuevo a multitud de reflexiones acerca de la interpretación de las sagradas escrituras.  Esta no es una cavilación más en el libro.  La interpretación forma parte importantísima de dos aspectos que preocupan en esta novela al autor: la ley y la religión, ambas susceptibles desde siempre de distintas lecturas.  Si bien la literatura o el arte implican glosa o comentario, éste se queda en mero juego, sin nada que perder.  Pero es bien sabido (y más en estos tiempos aciagos) que la interpretación de la ley y de la religión pueden acarrear serios conflictos, personales, como en nuestra novela y sociales o mundiales, como desgraciadamente está ocurriendo en nuestros días.</p><p>El libro camina lento y parsimonioso entre las partituras pausadas de Mahler.  La chimenea se volverá a encender en el salón de Jack y de Fiona y todos los sentimientos, errores, miserias, aciertos y baches que suponen nuestras vidas quedarán alumbrados en una excelente novela que no puedes soltar una vez que la agarras, como no puedes soltar ni tus recuerdos ni tus caídas.  Una vez más, excelente Ian McEwan.  Como he dicho más arriba, un placer y una valiosa reflexión.</p><p><em>*Sonia Asensio es profesora del IES Juanelo Turriano de Toledo</em></p><p><strong>Sonia Asensio</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sonia Asensio]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La ley del menor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura europea,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La forastera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/forastera_1_1122322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0c41b737-db16-4aa9-8736-5cc5d20acec3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La forastera"></p><p>( Lo inicia <strong>Felipe Benítez Reyes</strong>)</p><p>Todo el mundo da por hecho que <em>la Japonesita</em> llegó aquí en un carguero de bandera boliviana, por la época en que los ingleses montaron la refinería de aceites vegetales y el hacendado Berrocal se dedicó a la cría de caballos de presumir para venderlos a los dandis criollos. “La Japonesita vino en un barco”. Es un dato sostenido en el aire con un hilo invisible, igual que se sostienen los presentimientos y las ideaciones defectuosas. Me consta que no llegó en barco alguno, sino en el ferrocarril, huyendo de un pasado en el que había un marido tahúr y bebedor, un hijo muerto y un desfalco. Lo sé porque soy el telegrafista, y los de mi profesión nos enteramos de cosas, aunque no nos corresponda divulgarlas. Esta será la excepción.</p><p>A pesar de su palidez y de sus ojos rasgados, la Japonesita no era natural de Japón sino de la isla San Vicente, aunque la niñez la pasó en Colombia, por la parte de Manizales. Unos años más tarde cruzó varias fronteras, tejiendo una biografía de sinsabores, y se casó en Oaxaca, y de allí llegó a lo nuestro, imagino que por la misma razón por la que podría haber desembocado en cualquier otro sitio. Es decir, por ninguna razón, pues hay decisiones que no la necesitan. Lo de Japonesita se lo puso la gente, a falta de conocerle el nombre verdadero. Cuando llegó aquí se instaló en una choza abandonada, en la linde del cafetal de Jeromo Vinuesa, que por entonces ascendió a gobernador y hablaba a todo el mundo como los virreyes. La choza no era ya de nadie ni nadie la quería, porque allí encontraron, tras varios días de búsqueda, el cadáver mutilado de la niña Genoveva Cienfuegos. “Vino de Bolivia”, decía la gente cuando algún visitante preguntaba por aquella forastera apartada y exótica, con algo de loto delicado y carnal, acechada por fieras salvajes y por fieras con nombre y apellidos.</p><p>Que se sepa, la Japonesita no cruzó jamás una palabra con persona alguna del pueblo. Ni siquiera conmigo cuando iba a poner un telegrama o a recoger los que le llegaban de una abuela suya que vivía en Valledupar y que siempre la animaba a que se reuniese con ella para llevar una vida discreta y decente, en vez de andar como las vagabundas. Casi todas las mañanas se acercaba al mercado, diligente y silenciosa, señalaba lo que quisiera comprar y se volvía a la suyo. En la pulquería, los fanfarrones fantaseaban con ir una noche a la choza y darle lo que suponían que la Japonesita esperaba de ellos. “A esa…”, decían, y cada cual echaba a volar sus alardes y quimerismos. Yo temía que la noche menos pensada a alguno se le desbocase el ansia y cometiera una locura. Pero a lo más que llegaron fue a acercarse varias veces en grupo, muy borrachos; gritar unas cuantas obscenidades en el silencio de la madrugada y volver a sus hogares con el orgullo satisfecho y a la vez humillado.</p><p>Unos decían que la Japonesita guardaba un cofre con monedas de oro. Otros decían que le sacaba los pesos al gobernador, que se supone que la visitaba de vez en cuando. Ni lo uno ni lo otro era cierto, por mucho que casi todo el mundo rumorease ambas certezas con el aplomo de los notarios. La verdad de la Japonesita la fui descubriendo yo, igual que se descubre un pozo de agua en el desierto, y verán ustedes que muy poco tenía que ver esa verdad con las apariencias.</p><p>(Continúa <strong>Marta Sanz</strong>…)</p><p>Cuando encontré estos papeles en el cajón de papá, me enfadé tanto que llamé a mi madre sin dudar un momento: “Mami, mami, ya está papá otra vez con lo de la Japonesita”. Mi padre no es telegrafista ni boliviano ni nada, y posiblemente tiene que buscar en el diccionario el significado de la palabra “pulquería” para poder encajar bien el término en sus maquinaciones y sus fiebres poéticas. Mi padre es de Valladolid y prejubilado y, como debe de aburrirse más que una mona, se pone peliculero y escribe sobre cafetales, palenques, ay Mamá Inés, ferrocarriles, niñas ultrajadas, tahúres, bebecitos muertos, tesoros escondidos, insondables incógnitas, zopilotes, güeys y chavos, yuca y hombres beodos que, como las polillas y los polillos, huelen a hembra a kilómetros de distancia.</p><p>A mí todo eso me daría lo mismo porque entiendo que no se le puede hurtar a un hombre su legítimo derecho de pasar un buen rato con sus fantasías. Los hay que levantan la Torre Eiffel con fósforos o construyen maquetas de aviones de la I Guerra Mundial, y eso sí que me pone verdaderamente enferma. Al telegrafista, mi padre, por lo menos le ha dado por la literatura latinoamericana, los pájaros exóticos y las jacarandas en flor. Frente a otras posibilidades de chochez prematura, la suya no me parece de las peores. Pero lo que no le consiento de ninguna de las maneras es lo de la Japonesita. Guacamayos sí, japonesitas no. Ya está bien de japonesitas. Porque yo sí sé quién es la Japonesita. Y no es un personaje rodeado de un aura de misterio. Es la vecina del quinto.</p><p>Se llama Irene y sí, es forastera. Viene de Las Palmas de Gran Canaria o de algún sitio así. Lejano y guanche. Sesea. Yo la veo como un junquillo escuálido de pelo muy negro y muy liso. “Como ala de cuervo”, escribió un día el cursi de mi padre, el telegrafista. Mi madre dice que se parece un poco a Isabel Preysler, pero mucho más joven. “Pues entonces la Preysler tenía puente en la nariz. Tu comparación no le hace justicia a la Japo…”,  mi padre detectó –de hecho, se quemó- con en el fulgor de mi mirada y casi se ahoga al tragarse el fin de su sentencia. “…nesita”, completé yo con esa mala leche adolescente que siempre me echan en cara y que a mí me conforta mucho y me ayuda a permanecer viva. La obsesión por la Japonesita de mi padre, el de telégrafos, tal vez le viene de que quiere emular a Vargas Llosa. A mí me eso me importa un bledo. Como si quiere parecerse a Alfonsina Storni y tirarse desde un acantilado o ahogarse en el mar o lo que quiera que hiciese esa rubia loca sobre la que tuve que escribir un trabajo de clase: me salió incluso más cursi que ella. </p><p>Lo que me parece una verdadera guarrada es que mi padre meta a la Japonesita en todas sus ficciones y que mi madre, que se llama Victoria –o sea, Vicky- y es una señora que no es “un loto delicado y carnal” pero sí un clavel reventón, nunca salga en sus historietas. Y lo peor de todo es que a mi madre le da lo mismo. “Mami, mami, ya está papá otra vez con lo de la Japonesita”, grito yo queriendo sembrar el pánico. Y ella acude, toquetea un instante los papeles, sonríe y se apoya en el dintel de la ventana concentrándose en las baldosas del patio sobre las que a las dos en punto de la tarde se oirán las pisadas de Antón Rábago, el novio de la Japonesita. Son las dos menos uno. Mi vida está a punto de desmoronarse. </p><p>(Continuará <strong>Rafael Reig</strong>…)</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes/ Marta Sanz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La forastera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marta Sanz,Felipe Benítez Reyes,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contar la música]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/contar-musica_1_1122318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e15c2ad3-60dd-43bf-933d-2a82a636ae70_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contar la música"></p><p><strong>Contar la música</strong><strong>Jesús Ruiz MantillaEditorial Galaxia GutenbergBarcelona2015</strong></p><p>Recuerdo bien la primera entrevista que <strong>Jesús Ruiz Mantilla </strong>me hizo para <em>El País</em> hace años. Aunque nos acabábamos de conocer, tuvimos una amistosa charla en la que sólo escribía de vez en cuando. Lo que apareció en el periódico días después fue una fiel transcripción de nuestro encuentro, contado de modo personal, ilustrativo, ameno y con sentido del humor.</p><p>Me aficioné a leer las entrevistas que realizaba a la mayoría de los artistas que venían de gira por España, disfrutando de aquellos retratos que escribía casi a diario. Su manera de “contar la música” - este es el título del libro que acaba de publicar- fue lo que me sedujo. Jesús Ruiz Mantilla escribía no sólo sobre los temas que me interesaban de la música, sino cómo percibía a los músicos, “esos seres extraños y atractivos que pareciendo normales están en otra dimensión” , especialmente por ser una lectura que siempre aportaba algo más, tratando de penetrar en la vida y personalidad de los artistas. </p><p>De este modo creó en el periódico un nuevo espacio donde compartía su propia fascinación por este arte, desplazando si cabe, la tan reverenciada y temida crítica.</p><p>Además de las entrevistas, Jesús Ruiz Mantilla ha publicado también en los últimos años algunos libros sobre música, profundizando más aún en el tema con <em>Preludio</em>, sobre 24 preludios de<strong> Chopin</strong> y <strong>Farinelli</strong>, el capón de palacio, sobre el gran “castrato” italiano que cantaba cada noche para combatir el mal de la melancolía que padecía Felipe V con su canto. </p><p>Hace unos meses Ruiz Mantilla me anunció su intención de escribir <em>Contar la música</em>, un libro en el que, según me dijo, pensaba incluir breves biografías, artículos y entrevistas,  que resumirían lo más destacable de lo que ha sido su intensa vida musical desde que comenzó su trabajo en <em>El País,</em> muy a finales de los noventa. A continuación me propuso otra entrevista, esta vez para dedicarme un capítulo de su libro como “pianista española”.</p><p>Hasta que he tenido el libro en mis manos no he sido consciente de la envergadura de su trabajo. Editado elegantemente por Galaxia Gutenberg, el libro sintetiza el tiempo que nos ha tocado vivir, con su música y sus músicos, entendiendo que los compositores que nos presenta en su primer capítulo, desde <strong>Mozart</strong>, <strong>Chopin</strong>, <strong>Mahler</strong> hasta <strong>Philip Glass</strong>, forman también parte de nuestra actualidad, dado que los hemos escuchado frecuentemente en las salas de conciertos en parte por la aportación extraordinaria de Alfonso Aijón, gestor musical de gran cultura que ha sido protagonista en el proceso por el que este país ha gozado de niveles artísticos internacionales muy elevados. Además se ha visto favorecido por una importante inversión en formación de orquestas y auditorios en España. </p><p>Los siguientes capítulos presentan a los grandes maestros de la dirección como <strong>Karajan</strong>, <strong>Argenta</strong>, <strong>Abbado</strong> o <strong>Muti</strong>, y el capítulo sobre “el piano”  es un preludio de las entrevistas a <strong>Zimmermann</strong>, <strong>Brendel</strong>, <strong>Pollini</strong> o <strong>Pires</strong>, sin olvidar el que dedica a “las cuerdas” con <strong>Rostropovich</strong>, <strong>Mutter</strong> y <strong>Maisky</strong>, toda una magnífica galería de retratos que nos abre al microcosmos de cada artista, a su mundo y sus circunstancias, donde el aspecto musicológico no es más importante que el psicológico.</p><p>A Ruiz Mantilla no sólo le interesa el aspecto virtuoso de la música, sino que busca nuevas dimensiones en el plano social, político y la penetración de la música occidental en otras culturas tal y como sucede en China, donde <strong>Lang Lang</strong> se ha hecho tan popular que ya hay 40 millones de niños chinos estudiando piano, o con la experiencia fascinante en Venezuela del proyecto de <strong>Jose Antonio Abreu</strong>, o con el milagro de la música en la conciliación de judíos y palestinos con la orquesta del West -Eastern Divan  que dirige<strong> Daniel Baremboim</strong>, equiparando la realización de esta obra a la de su realización como músico.</p><p>Hay un capítulo dedicado a los intérpretes españoles más reconocidos de las dos últimas décadas, que después de <strong>Larrocha</strong> o <strong>Achucharro</strong> forman también parte importante de nuestra historia musical, como <strong>Josep Pons</strong> y<strong> Josep Colom</strong> o el caso de <strong>Javier Perianes</strong> y la magnífica generación del 85 con<strong> Leticia Moreno</strong>, <strong>Andrés Salado</strong>, <strong>Judith Jáuregui</strong> o <strong>Adolfo Gutiérrez</strong>, todos músicos jóvenes de primera y realidades innegables. </p><p>De todo lo dicho se deduce que independientemente de lo que nos cuenta Jesús Ruiz Mantilla sobre el mundo musical de los últimos años, <em>Contar la música</em> nos transmite el entusiasmo y pone en valor la transcendencia de la música en la vida de las personas muy por encima de la mera afición musical contemplativa.</p><p><em>*Rosa Torres Pardo es concertista de piano. Desde 2011 es artista residente en The New York Opera Society y miembro del patronato del Instituto Cervantes.</em><a href="http://www.rosatorres-pardo.com/" target="_blank">Rosa Torres Pardo</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rosa Torres Pardo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Contar la música]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Música,Los diablos azules número 2]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Amarrada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/amarrada_1_1122317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8ac378fa-6a2d-4d80-a400-a46acd6fece0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amarrada"></p><p>No es el frío,</p><p>ni la lluvia,</p><p>ni el invierno colándose por la ventana,</p><p>ni las calles desiertas,</p><p>ni el viento barriendo lo que queda de mí</p><p>una madrugada cualquiera.</p><p>No es esta ciudad descolocada,</p><p>ni un grito a destiempo,</p><p>no es que la soledad me fuerce a extrañarte</p><p>y no sepa qué hacer con estas manos vacías,</p><p>con esta nube que amenaza mi puerta.</p><p>No es que tema estar perdiendo mi horizonte,</p><p>reducirme en otro cuerpo</p><p>incapaz de ser mi océano,</p><p>desconocerte por momentos</p><p>y reconocerme en ellos.</p><p>Es, simplemente,</p><p>el espejo,</p><p>el silencio,</p><p>la cama vacía.</p><p>La</p><p>pregunta</p><p>que</p><p>solo</p><p>es</p><p>pregunta.</p><p><em>*Elvira Sastre es poeta y traductora. Su último libro publicado es 'Ya nadie baila' (Valparaíso Ediciones)</em><a href="http://elvirasastre.net/" target="_blank">Elvira Sastre</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Elvira Sastre]]></author>
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      <title><![CDATA[‘La esfera de lo divino’ de María Regla Prieto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/esfera-divino-maria-regla-prieto_1_1122286.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ea3dd216-9ad8-45c9-afb0-2f443276e22c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La esfera de lo divino’ de María Regla Prieto"></p><p>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos <strong>esta sala</strong> para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a losdiablosazules@infolibre.es para hacernos llegar vuestras sugerencias.</p><p><strong>La esfera de lo divino</strong><strong>María Regla PrietoEdiciones Ulises2015 </strong></p><p>El club de lectura Mardeleva de Sanlúcar de Barrameda se fundó hace cuatro años por un grupo de alumnos del Centro de Educación de Adultos de esta localidad gaditana. Coordinado por la profesora<strong> Ifigenia Bueno Berdell</strong>, actualmente está formado por 15 mujeres. Así resume cómo fue para ellas la lectura del libro de <strong>María Regla Prieto</strong>:</p><p>Un terrible crimen conmocionó a la España de finales del siglo XVIII. Un fraile carmelita descalzo mató en la puerta de su iglesia a una joven de apenas 18 años. Las trágicas circunstancias que rodearon el suceso, la crueldad del crimen y el hecho de ser el asesino un hombre de Dios provocaron un gran escándalo en la sociedad del momento e hicieron tambalearse los cimientos del reinado de<strong> Carlos III</strong>. Sucedió, además, en una España en la que a pesar de conservarse los más arraigados privilegios, ya estaba siendo zarandeada por los vientos de la razón, de la libertad y de la igualdad. </p><p>Quince años más tarde, <strong>Francisco de Vargas</strong>, en los comienzos de su carrera política, encuentra ecos de esta tragedia que permanecía cubierta bajo un manto de silencio. Vargas no podrá resistirse a adentrarse en las circunstancias que rodearon este crimen del que nadie quiere hablar y todos, olvidar. Un viaje emocional e intelectual hacia el lado más oscuro del ser humano y hacia la cara más dura y más terrible de la injusticia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ifigenia Bueno]]></author>
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