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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 3]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-3/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 3]]></description>
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      <title><![CDATA[‘Ya nadie baila’, de Elvira Sastre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nadie-baila-elvira-sastre_1_1122568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/38cca716-1173-4b66-afc8-8b17b5e17cd8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Ya nadie baila’, de Elvira Sastre"></p><p><strong>Ya nadie baila</strong><strong>Elvira SastreValparaíso Ediciones2016</strong></p><p>Hay poetas que odian a los lectores, casualmente los poetas que no los tienen. <strong>Elvira Sastre</strong> (Segovia, 1992) tiene muchos y fieles lectores que se están reconciliando con la poesía gracias a su claridad, a la difícil sencillez que hay en sus poemas. </p><p>Cabe preguntarse qué excelencia buscamos en la poesía, qué mayor privilegio puede haber que nombrar lo humano con claridad. Hacerlo, o al menos intentarlo, requiere de un acto de valentía. En primer lugar porque “todos los valientes mueren en el penúltimo paso”, como escribe Elvira Sastre en 'El vuelo de mi voluntad'. En segundo lugar, porque es imprescindible un compromiso, una autenticidad. No bastará, como afirmaba el <strong>Zaratustra</strong> de <strong>Nietzsche</strong>, con “remover las aguas para resultar profundo”, que es lo que ha venido haciendo una gran parte de la poesía en español en las últimas dos décadas. Y ahí estará el tercer desafío, nadar contra una corriente llena de intereses, contra el prestigio de lo difícil y el descrédito de las emociones. En nombre de la razón se ha impuesto la oscuridad, como forma de ilustración en nuestro tiempo, en el que todo artista persigue resultar moderno, sin llegar a ser conscientes de que la modernidad se ha vuelto efímera y líquida, como asegura el filósofo polaco <strong>Zygmunt Bauman</strong>. Sin la necesidad de resultar moderna, Elvira Sastre es una poeta de su tiempo que ha encontrado una voz con la que poder comunicarse con los otros. Y es precisamente en la existencia del otro, en la posibilidad de conmover, donde se encuentra el sentido verdadero de su poesía y de toda la poesía que merece la pena. </p><p>En el prólogo a<em> 43 maneras de soltarse el pelo</em>, su primer libro, el poeta <strong>Benjamín Prado</strong> describe los poemas de Elvira como “desafiantes, jóvenes, afilados; llenos de imanes, de anzuelos y de bombillas rotas que, sin embargo, aún siguen encendidas en la oscuridad”. Además, asegura que “le ha enseñado a nuestra poesía el idioma de la juventud”. No puedo estar más de acuerdo. </p><p>Buscar el lenguaje de la juventud no sólo es una empresa difícil, sino también llena de riesgos difíciles de sortear. Prueba de ello es esa corriente de poesía que está a mitad de camino entre la canción de autor y la frase ocurrente que funciona en las redes sociales y que puede deslumbrar a los jóvenes, a quienes todavía no agarran con muchas certezas un mundo personal. Por suerte, la poesía de Elvira Sastre trasciende ese fenómeno y se distancia de él, ahora que muchos poetas tratan precisamente de nadar discretamente en sus aguas cuando sube la marea de la propaganda. La poesía de Elvira Sastre será una de las pocas que logre sobrevivir al éxito, porque tras su apariencia sencilla se esconde una apuesta verdadera por la literatura, un amor limpio por la poesía. </p><p><em>Ya nadie baila</em>, la antología de su obra que acaba de publicar Valparaíso Ediciones, reúne poemas de sus dos primeros libros y algo más de una decena de inéditos. Cualquiera que quiera saber lo que están escribiendo los más jóvenes debería leerlo con atención y disfrutar de sus aciertos y de sus caídas. Porque el riesgo implica la caída y es fascinante contemplar la manera en que Elvira se recupera de ellas de forma luminosa. </p><p>“La vida es para quien se conforma. / La poesía, / para quien sueña y desea…”. Sólo Elvira Sastre va a poder evitar que Elvira Sastre se convierta en una de las grandes poetas de España. Ella ya ha aprendido que “ser sencillo no implica ser fácil, / significa saber”. Ha visto cómo la poesía y la vida se funden y se confunden, ha tenido que alimentar al león que es su tristeza para que no despierte rabioso de hambre. </p><p><em>*Fernando Valverde es poeta. Su último libro es 'La insistencia del daño' (Visor de poesía, 2014).</em><a href="http://www.fernandovalverde.com/index.php" target="_blank">Fernando Valverde</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valverde]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Ya nadie baila’, de Elvira Sastre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘El día del Watusi’, de Francisco Casavella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dia-watusi-francisco-casavella_1_1122564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/24f3e8c9-d730-4239-bc16-0fa4361172ef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El día del Watusi’, de Francisco Casavella"></p><p><strong>El día del Watusi</strong><strong>Francisco CasavellaEditorial AnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Lo único sin arreglo en esta vida es la distinta manera en que nos obliga a amarla. Esta afirmación de <strong>Fernando Atienza </strong>en <em>Los juegos feroces</em>, primer libro que compone la trilogía <em>El día del Watusi</em>, que acaba de reeditar Anagrama, nos acompañará a lo largo de las casi 900 páginas que conforman la novela.</p><p>El protagonista, con el encargo de escribir un extraño informe sobre un enigmático personaje, se dirigirá a un anónimo lector y, cual <strong>Lázaro de Tormes</strong>, relatará el caso de una manera extensa, tomándolo desde el principio para interceder por aquellos a los que la fortuna les fue contraria, y con fuerza y con maña remando, salieron a buen puerto.</p><p>Una fecha, el 15 de agosto de 1971, de la que Atienza afirma es el día más importante de su vida, y que los <em>casavellistas</em> siguen celebrando como el día del Watusi, es el génesis de una historia que cerramos el verano de 1995, tras haber presenciado la deriva de unos personajes, de una ciudad y de un país en el que nada era lo que parecía y descubrir que las mentiras no significaba necesariamente descubrir la verdad. Las mentiras  generan mentiras y aquellas de origen real se mezclan con una realidad de origen ficticio y dificultan la búsqueda de identidad del individuo moderno.</p><p>Así, cuando se publicaron por primera vez las novelas, <em>Los juegos feroces</em>, <em>Viento y joyas</em> y  <em>El idioma imposible</em>,  entre 2002 y 2003, la crítica estuvo de acuerdo en afirmar que era una novela sobre la Transición española. Sin embargo, ahora que podemos releerla completa y ser conscientes de lo bien que ha envejecido, descubrimos  que más que la Transición española, Casavella nos ofrece, de manera magistral, la relación de amor/odio que dicha transición tuvo con los hombres y mujeres hijos de ese momento; que vivieron una infancia mitificando sobre el silencio que se cernía en todo lo que los rodeaba y que crecieron siendo conscientes de que esa mitificación difícilmente los abandonaría, porque los mitos no se sitúan en un tiempo histórico sino en la condición humana.  </p><p>En <em>Los juegos feroces</em>, <strong>Fernando </strong>y <strong>Pepito </strong><strong>el Yeyé</strong>,  dos niños fruto de un descarnado suburbio barcelonés en el que convivían todos aquellos a quienes la ciudad pretendía esconder, se enfrentarán en un viaje iniciático a una jornada teñida de violencia que marcará el resto de sus vidas  y a la que sólo podrán sobrevivir a través de la invención de su propia realidad.    </p><p>Con el telón de fondo de la Transición, el joven Fernando entrará en <em>Viento y joyas </em>en un mundo decadente donde el dinero y las ambiciones políticas, que Casavella retrata con una lúcida ironía, le mantendrán atado a esa necesidad de inventar el pasado como (en palabras del propio Atienza) bálsamo para aliviar el dolor producido por reinventar de continuo el presente. </p><p>En el volumen que cierra el ciclo, <em>El idioma imposible</em>, asistimos a la ascensión social del protagonista, que escondido en la clandestinidad de la noche, sintiendo nostalgia de la nostalgia, se aleja incluso de sí mismo para poder resurgir al final de la novela en su propia cosmogonía.          </p><p>En una entrañable escena en la que el niño Fernando Atienza asiste a una pelea doméstica de sus vecinos de chabola, tras un momento de felicidad al son de un <em>chachachá</em>, su madre le pide  llorando que vuelva al minuto anterior; y el Fernando adulto, recurrirá a ese segundo para certificar que, como él cree, somos invencibles en el desastre.       </p><p>Casavella en su novela mira donde nadie mira, o quizá deberíamos decir, donde nadie quiere mirar. Y es capaz, como <strong>Elsa</strong>, personaje femenino magníficamente dibujado por el novelista, de no deleitarse en los fuegos artificiales de la verbena de San Juan, sino de observar el comportamiento de los vecinos mientras estos los contemplan. Mirar a la gente que mira. Y eso es literatura. Y la literatura hay que celebrarla.      </p><p>Y es así cómo, entre escenas salpicadas de ternura, de crudeza, o de sarcasmo,  Casavella nos invita a la celebración, nos envuelve con su prosa ágil e inteligente y con su habilidad para crear ambientes, y nos hace bailar al compás de una música que nos acompaña durante toda la novela, con el deseo de no dejar de hacerlo. Como el Watusi.  </p><p><em>*Mònica Vidiella Bartual es profesora de Literatura.</em><strong>Mònica Vidiella Bartual </strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mònica Vidiella Bartual]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘El día del Watusi’, de Francisco Casavella]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Las prisas del instante’, de Federico Díaz-Granados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/prisas-instante-federico-diaz-granados_1_1122541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5ab55602-66ba-4b3b-b1a1-668b54c7824b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Las prisas del instante’, de Federico Díaz-Granados"></p><p><strong>Las prisas del instante</strong><strong>Federico Díaz-GranadosVisorMadrid2015</strong></p><p><em>Las prisas del instante</em>, del colombiano<strong> Federico Díaz-Granados</strong> (Bogotá, 1974) nos deja el sabor de la vida exprimida hasta sus últimas consecuencias, ahondando en ella a través de una mirada que no cesa de escrutar la realidad, una indagación constante en la materia y en el poliedro del sujeto —tantas veces contradictorio— contemporáneo: "Y si estos ojos no conocen otro oficio / sino contemplar las cosas destruidas y los rostros perdidos / entonces qué sería del puntual golpe de almanaque, / la llegada de las lluvias según los pronósticos del tiempo." (p. 42) (de 'Oficios', pp. 42-43). Quizás uno de los mejores o más conseguidos poemas del libro, 'Oficios' es también una declaración de principios: "No fuimos asesinos, ni notarios, ni carteros / y no hicimos pactos entre el decir y el callar. / Volvimos a extraviarnos en el amargo olor de la cocina, / y a perder el amor en un mal golpe de dados"(pp. 42-43). Entregados al azar con sus imprecisiones y a las muchas ambigüedades de la palabra, el oficio del poeta es mirar, pero más allá de la poesía, el oficio del hombre es mirar no en el sentido platónico y pasivo del término, sino de observar, aportando un enfoque eminentemente constructivo. Es más, el poeta aporta desde su don verbal una gnosis que supera cualquier intuición, que traspasa cualquier barrera metafísica, encarnándose en la cotidianidad. De hecho, esa cotidianidad es uno de los ejes de este libro, como en 'Recados cotidianos' (p. 23), donde el escenario de la intimidad se bifurca entre la casa, lo privado, y la calle, lo público: "Porque desde la trastienda del sueño llega un viento / que mueve la casa / una luz que se enciende al otro lado de la calle / como trayendo señales de otro mundo." (ibíd.). Cara y cruz del día a día, a veces lo que tenemos cerca se constituye en extrañeza tanto por puntillista identificación como por falsas similitudes: "No podía salir porque afuera había pestes y epidemias / y no sabía ni intuía de qué se trataba." (ibíd.)</p><p>Por eso en ciertas ocasiones un guiño cortazariano puede ayudar a descongestionar la situación: "Para qué restaurar la casa / si este amor es un relato de hastíos y ángeles de extraña estirpe" (p. 21, inicio de 'Casa tomada'). Guiño que va más allá de la relación intertextual o creativa y que se imbrica en una concepción melancólica del mundo, melancolía fruto precisamente de la velocidad del momento, de la intensidad de lo vivido o, lo que es lo mismo y utilizando el título del libro, de <em>Las prisas del instante</em>. No son pocas las páginas donde se puede leer este hastío, verdadero hilo en el que se articula el poemario. Este <em>spleen</em> contemporáneo sin duda alguna nace de esa apuesta absoluta por vivir, sea lo que sea eso, vivir: "Tenía razón el tiempo en llevar su ritmo / y la vida en tener sus afanes / para quedarse acá / con todas las prisas del instante." (p. 11, del homónimo poema 'Las prisas del instante', con el que se abre el conjunto). La abulia, pues, como única salida a las expectativas que nos hemos creado, a la ilusión por las cosas —materiales y emocionales— y las personas: "Para matar el tiempo guardo los fantasmas y tristezas / las nostalgias y los nombres que permanecen / para que cada uno encuentre / —como en los juegos de azar— / su par, su carta repetida." (p. 14, de 'Pasatiempo').</p><p>Federico Díaz-Granados nos ha regalado un libro que necesitamos leer y con el que empatizamos. Un libro importante que no sólo viene a refrendar la trayectoria del autor sino que viene a enriquecer el panorama siempre magmático de la poesía colombiana, y que los lectores agradecemos.</p><p>OFICIOS</p><p>Y si estos ojos no conocen otro oficio</p><p>sino contemplar las cosas destruidas y los rostros perdidos</p><p>entonces qué sería del puntual golpe de almanaque,</p><p>la llegada de las lluvias según los pronósticos del tiempo.</p><p>Qué sería de la vana algarabía</p><p>de ver envejecer el rostro entre lágrimas</p><p>y ver dormir en las palabras</p><p>los amores fracasados y los muertos que no conocimos.</p><p>Y si estas manos no conocen otro oficio</p><p>que aferrarse al timón y romper papeles</p><p>entonces qué sería de estas hambres</p><p>y las basuras acuñadas en el rincón de la alcoba.</p><p>Si tal vez conocieran los oficios de asesino,</p><p>trashumante, hombre de circo</p><p>alguien bebería del corazón en el exilio.</p><p>El alma no tendría el desdén de amar otra piel</p><p>otros ojos, otras manos</p><p>en estancias que dialogan en lenguas extranjeras</p><p>toda peste y todo insomnio</p><p>por un puñado de palabras o de arroz.</p><p>No fuimos asesinos, ni notarios, ni carteros</p><p>y no hicimos pactos entre el decir y el callar.</p><p>Volvimos a extraviarnos en el amargo olor de la cocina,</p><p>y a perder el amor en un mal golpe de dados.</p><p><em>*Juan Carlos Abril, poeta. Su último libro es 'Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española' (Bartleby editores, 2014).</em><strong>Juan Carlos Abril</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Juan Carlos Abril]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Palabra de Billy Wilder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/palabra-billy-wilder_1_1122536.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3e54f4de-d0bd-4dd7-a32e-99e550a41549_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabra de Billy Wilder"></p><p>El cine también se lee. De hecho, primero se lee… y luego viene todo lo demás. <a href="http://70teclas.es/" target="_blank">70 teclas</a> es un experimento insólito en el panorama editorial español. 70 guionistas se han unido para publicar los guiones que se escriben o se han escrito en nuestro idioma.<strong> Carlos López </strong>(<em>La Niña de tus Ojos</em>, <em>Los Años Bárbaros</em>, <em>Besos para todos</em>, <em>Embajada</em>, <em>El Príncipe</em>, <em>Hospital Central</em>, <em>11M para que nadie lo olvide</em>…) es uno de los guionistas impulsores de esta asociación. </p><p><strong>PREGUNTA: ¿Qué es 70 Teclas?</strong></p><p><strong>RESPUESTA:</strong> 70 Teclas es una asociación sin ánimo de lucro formada enteramente por guionistas en activo que decidimos y sufragamos la publicación de guiones de cine y televisión.</p><p><strong>P: ¿Cómo y por qué surge? </strong></p><p><strong>R:</strong> Nació de manera espontánea y entusiasta, en el verano de 2013. Algunos guionistas nos reunimos en la madrileña librería Ocho y Medio para recordar al recientemente fallecido <strong>Jesús Robles</strong>, editor y director de la librería, y rendirle un emocionado recuerdo en compañía de <strong>María Silveyro</strong> y <strong>Begoña Robles</strong>, que compartían con él la maravillosa tarea de mantener una librería dedicada al cine, en la calle más cinematográfica de Madrid. Allí reparamos en que la labor de edición de guiones que había desarrollado la librería no podía interrumpirse y dimos un paso adelante sin pensarlo demasiado, después de preguntarnos unos a otros: ¿Cuánto cuesta publicar un guión? ¿Por qué no lo publicamos nosotros mismos? Y allí mismo lo decidimos: juntemos a todos los compañeros que quieran sumarse y entre todos publiquemos los guiones que queramos leer. Así de fácil.</p><p><strong>P: ¿Quién forma parte del proyecto? </strong></p><p><strong>R:</strong> Al proyecto se sumaron enseguida docenas de guionistas, siempre con entusiasmo, convencidos de la necesidad de la propuesta. Calculamos que necesitaríamos en torno a 70 para poder financiar la edición anual de al menos dos guiones, y en ese momento caímos en la cuenta de que 70 es precisamente el número de teclas de que consta un teclado de ordenador (aproximado, según diferentes versiones). Ahí decidimos llamarnos 70 Teclas e invitar a los guionistas en activo, asociaciones de guión e interesados en la edición de guiones, a que se unieran a nosotros. El requisito es sencillo: pagar la cuota anual, que son 30 euros. A cambio, se participa en las decisiones y se tiene derecho a un ejemplar de cada publicación. Desde el principio hemos podido contar con el respaldo de la entidad de gestión DAMA (Derechos de Autor de Medios Audiovisuales), que no participa en las decisiones pero sí en la gestión del proyecto, además de garantizar que pueda llevarse a cabo sin necesidad de que seamos 70 guionistas. La verdad es que nunca hemos bajado de 80, y en algún momento hemos pasado de 100.</p><p><strong>P: ¿Qué tipos de guiones se publican? </strong></p><p><strong>R: </strong>Siempre hemos intentado apostar por tres tipos de guiones. En primer lugar, el guión de uno de los largometrajes estrenados en el año, que intentamos publicar en torno a las nominaciones de los Premios Goya. Después, el guión del piloto de una serie de televisión emitida en el año anterior. Y finalmente, aunque esta tarea es más laboriosa, recuperar algún guión de años atrás, para así dar a conocer material clásico.</p><p><strong>P: ¿Cómo se decide qué guiones publicar?</strong></p><p><strong>R:</strong> Es muy sencillo: se somete a votación entre todos los que llamamos <em>teclistas</em>, es decir, guionistas miembros de la asociación que estén al corriente de la cuota. </p><p><strong>P: ¿Cuántos y cuáles se han publicado?</strong></p><p><strong>R:</strong> Hemos publicado tres libros cada año. El primero publicamos <em>Caníbal</em>, de <strong>Manuel Martín Cuenca</strong> y <strong>Alejandro Hernández</strong>; <em>11-M,</em> la miniserie escrita por <strong>Carlos López</strong> y <strong>Miguel Ángel Fernández;</strong> y <strong>Crematorio,</strong><em>,</em> que firman <strong>Jorge</strong> y <strong>Alberto Sánchez Cabezudo</strong>. El segundo año los títulos publicados fueron <a href="http://70teclas.es/wp-content/uploads/pdf/Guion_IslaMinima_web.pdf" target="_blank"><em>La isla mínima</em></a>, de <strong>Alberto Rodríguez</strong> y <strong>Rafael Cobos</strong>; <em>Prim, el asesinato en la calle del turco</em>, de <strong>Nacho Faerna</strong> y <strong>Virginia Yagüe</strong>; y <em>Los peces rojos</em>, el fantástico guión que <strong>Carlos Blanco </strong>escribió en 1955. Este año, finalmente, lo hemos iniciado con la publicación del guión de <em>Truman</em>, de<strong> Cesc Gay </strong>y <strong>Tomàs Aragay</strong>, y esperamos publicar el de una serie de televisión en los próximos meses. </p><p><strong>P: ¿Dónde pueden adquirirse?</strong></p><p><strong>R: </strong>En la librería Ocho y Medio de Madrid y también en grandes librerías de las principales capitales. Además, todos los títulos se cuelgan en PDF gratuito, cierto tiempo después de su publicación, en la <a href="http://70teclas.es/" target="_blank">página web de la asociación</a>, donde cualquiera puede consultarlos.</p><p><strong>P: ¿El cine se lee?</strong></p><p><strong>R: </strong>El cine no es un medio pensado para ser leído, y los guiones, en principio, se escriben para que los lea el equipo y sea el punto de referencia, los planos sobre los que todos levantan el edificio, que es la película o la serie. Ningún guionista escribe un guión para que sea publicado, lo cual significa que no piensa en el lector, sino en el espectador, y empeña su talento en que aquello que está escrito con palabras cobre verdadero sentido cuando se haya convertido en imágenes y sonidos, en luces, silencios, miradas y emoción. Pero la lectura de un guión, el trabajo previo al rodaje que ha nacido en la cabeza del autor, es realmente fascinante, una experiencia diferente a la visión de la película, en ocasiones complementaria y casi siempre sorprendente. </p><p><strong>P: ¿Es una lectura sólo para profesionales o puede interesarle a otro tipo de lectores? </strong></p><p><strong>R:</strong> Para los guionistas o los aspirantes a guionista es una lectura obligatoria. Todos aprendemos de nuestros colegas, y buscamos qué soluciones han encontrado para administrar los recursos infinitos que una pantalla ofrece para contar tu historia. Además del guión, en cada libro añadimos algunos materiales que permiten conocer el proceso de trabajo: versiones alternativas o desechadas de alguna parte del guión, la escaleta previa a la escritura, o la memoria presentada a una cadena cuando la serie era tan sólo un proyecto. Así que finalmente es un libro que sirve para el estudio, para conocer el trabajo de los guionistas y para entrar a fondo en el viaje del escritor de cine. Es, desde luego, una lectura para los amantes de las películas y las series de televisión. </p><p><strong>P: ¿El guión es una pieza literaria o por el contrario es una guía para que la despiece el equipo de rodaje? </strong></p><p><strong>R:</strong> Entre guionistas, el adjetivo literario aplicado a un guión tiene una connotación peyorativa, porque un guión con exceso de estilo puede ser una pieza de fácil lectura, pero esa vestimenta literaria quizá camufle sus defectos. Y desde luego, la escritura preciosista no garantiza en absoluto que ese texto sea efectivo una vez puesto en escena o filmado. Así que los guionistas, en general, hacemos el esfuerzo de utilizar una prosa lo más desnuda posible para que las indicaciones sean precisas y las acciones y los diálogos, tanto como las omisiones y los silencios, sean las que expliquen por sí solas a los personajes que representan la historia. Eso convierte a menudo la lectura de un guión en un ejercicio áspero. Pero ese es el reto: despojado de artificios, el artefacto dramático tiene que funcionar. Y como sucede con el teatro, al que nadie discute su valor literario, la escritura de guión ha terminado por ser un empeño artístico de primer nivel, que implica una autoría porque parte del blanco más absoluto, aunque luego se sumen a él los colores de cada miembro del equipo y, muy especialmente, del director. </p><p><strong>P: ¿Los guionistas son reconocidos como escritores? </strong></p><p><strong>R: </strong>Para empezar, sería necesario que fuéramos reconocidos como guionistas, con eso el primer paso estaría dado, y aún falta un buen camino por recorrer para que los guionistas reciban la consideración que su trabajo merece y podamos trabajar con el tiempo y los medios que son necesarios para que la película o serie sean las mejores posibles. Y ya puestos, volviendo a la comparación anterior con el escritor de teatro, espero que algún día veamos que un guionista recibe el Premio Nobel de Literatura. </p><p><strong>P: ¿Algo más?</strong></p><p><strong>R: </strong>Sí, algo que surgió en nuestras conversaciones el mismo día en que los guionistas de 70 Teclas nos lanzamos a ser editores: no puede ser que prácticamente todos los libros publicados sobre guión en nuestro país estén firmados por autores extranjeros. No es posible que esas sean nuestras referencias, cuando entre nuestros guionistas hay grandes escritores que han convertido este oficio en una dignísima profesión al servicio del arte, y cuyo legado tenemos la obligación de compartir.    </p><p><em>*Azucena Rodríguez es directora de cine. Ha dirigido la serie 'Cuéntame cómo pasó' y la película 'Atlas de geografía humana', entre otras obras.</em><strong>Azucena Rodríguez</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Azucena Rodríguez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Palabra de Billy Wilder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Editoriales de libros,Cine español,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La forastera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/forastera_1_1122533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7a40a582-8bb0-48cb-ab2e-40fa4e15fcee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La forastera"></p><p>(Lo inicia <strong>Felipe Benítez Reyes</strong>)</p><p>Todo el mundo da por hecho que <strong>la Japonesita</strong> llegó aquí en un carguero de bandera boliviana, por la época en que los ingleses montaron la refinería de aceites vegetales y el hacendado <strong>Berrocal</strong> se dedicó a la cría de caballos de presumir para venderlos a los dandis criollos. “La Japonesita vino en un barco”. Es un dato sostenido en el aire con un hilo invisible, igual que se sostienen los presentimientos y las ideaciones defectuosas. Me consta que no llegó en barco alguno, sino en el ferrocarril, huyendo de un pasado en el que había un marido tahúr y bebedor, un hijo muerto y un desfalco. Lo sé porque soy el telegrafista, y los de mi profesión nos enteramos de cosas, aunque no nos corresponda divulgarlas. Esta será la excepción.</p><p>A pesar de su palidez y de sus ojos rasgados, la Japonesita no era natural de Japón sino de la isla San Vicente, aunque la niñez la pasó en Colombia, por la parte de Manizales. Unos años más tarde cruzó varias fronteras, tejiendo una biografía de sinsabores, y se casó en Oaxaca, y de allí llegó a lo nuestro, imagino que por la misma razón por la que podría haber desembocado en cualquier otro sitio. Es decir, por ninguna razón, pues hay decisiones que no la necesitan. Lo de Japonesita se lo puso la gente, a falta de conocerle el nombre verdadero. Cuando llegó aquí se instaló en una choza abandonada, en la linde del cafetal de <strong>Jeromo Vinuesa</strong>, que por entonces ascendió a gobernador y hablaba a todo el mundo como los virreyes. La choza no era ya de nadie ni nadie la quería, porque allí encontraron, tras varios días de búsqueda, el cadáver mutilado de la niña<strong> Genoveva Cienfuegos</strong>. “Vino de Bolivia”, decía la gente cuando algún visitante preguntaba por aquella forastera apartada y exótica, con algo de loto delicado y carnal, acechada por fieras salvajes y por fieras con nombre y apellidos. </p><p>Que se sepa, la Japonesita no cruzó jamás una palabra con persona alguna del pueblo. Ni siquiera conmigo cuando iba a poner un telegrama o a recoger los que le llegaban de una abuela suya que vivía en Valledupar y que siempre la animaba a que se reuniese con ella para llevar una vida discreta y decente, en vez de andar como las vagabundas. Casi todas las mañanas se acercaba al mercado, diligente y silenciosa, señalaba lo que quisiera comprar y se volvía a la suyo. En la pulquería, los fanfarrones fantaseaban con ir una noche a la choza y darle lo que suponían que la Japonesita esperaba de ellos. “A esa…”, decían, y cada cual echaba a volar sus alardes y quimerismos. Yo temía que la noche menos pensada a alguno se le desbocase el ansia y cometiera una locura. Pero a lo más que llegaron fue a acercarse varias veces en grupo, muy borrachos; gritar unas cuantas obscenidades en el silencio de la madrugada y volver a sus hogares con el orgullo satisfecho y a la vez humillado.</p><p>Unos decían que la Japonesita guardaba un cofre con monedas de oro. Otros decían que le sacaba los pesos al gobernador, que se supone que la visitaba de vez en cuando. Ni lo uno ni lo otro era cierto, por mucho que casi todo el mundo rumorease ambas certezas con el aplomo de los notarios. La verdad de la Japonesita la fui descubriendo yo, igual que se descubre un pozo de agua en el desierto, y verán ustedes que muy poco tenía que ver esa verdad con las apariencias.</p><p>(Continúa <strong>Marta Sanz</strong>…)</p><p>Cuando encontré estos papeles en el cajón de papá, me enfadé tanto que llamé a mi madre sin dudar un momento: “Mami, mami, ya está papá otra vez con lo de la Japonesita”. Mi padre no es telegrafista ni boliviano ni nada, y posiblemente tiene que buscar en el diccionario el significado de la palabra “pulquería” para poder encajar bien el término en sus maquinaciones y sus fiebres poéticas. Mi padre es de Valladolid y prejubilado y, como debe de aburrirse más que una mona, se pone peliculero y escribe sobre cafetales, palenques, ay Mamá Inés, ferrocarriles, niñas ultrajadas, tahúres, bebecitos muertos, tesoros escondidos, insondables incógnitas, zopilotes, güeys y chavos, yuca y hombres beodos que, como las polillas y los polillos, huelen a hembra a kilómetros de distancia.</p><p>A mí todo eso me daría lo mismo porque entiendo que no se le puede hurtar a un hombre su legítimo derecho de pasar un buen rato con sus fantasías. Los hay que levantan la Torre Eiffel con fósforos o construyen maquetas de aviones de la I Guerra Mundial, y eso sí que me pone verdaderamente enferma. Al telegrafista, mi padre, por lo menos le ha dado por la literatura latinoamericana, los pájaros exóticos y las jacarandas en flor. Frente a otras posibilidades de chochez prematura, la suya no me parece de las peores. Pero lo que no le consiento de ninguna de las maneras es lo de la Japonesita. Guacamayos sí, japonesitas no. Ya está bien de japonesitas. Porque yo sí sé quién es la Japonesita. Y no es un personaje rodeado de un aura de misterio. Es la vecina del quinto.</p><p>Se llama Irene y sí, es forastera. Viene de Las Palmas de Gran Canaria o de algún sitio así. Lejano y guanche. Sesea. Yo la veo como un junquillo escuálido de pelo muy negro y muy liso. “Como ala de cuervo”, escribió un día el cursi de mi padre, el telegrafista. Mi madre dice que se parece un poco a<strong> Isabel Preysler</strong>, pero mucho más joven. “Pues entonces la Preysler tenía puente en la nariz. Tu comparación no le hace justicia a la Japo…”, mi padre detectó –de hecho, se quemó- con en el fulgor de mi mirada y casi se ahoga al tragarse el fin de su sentencia. “…nesita”, completé yo con esa mala leche adolescente que siempre me echan en cara y que a mí me conforta mucho y me ayuda a permanecer viva. La obsesión por la Japonesita de mi padre, el de telégrafos, tal vez le viene de que quiere emular a <strong>Vargas Llosa</strong>. A mí me eso me importa un bledo. Como si quiere parecerse a <strong>Alfonsina Storni </strong>y tirarse desde un acantilado o ahogarse en el mar o lo que quiera que hiciese esa rubia loca sobre la que tuve que escribir un trabajo de clase: me salió incluso más cursi que ella. </p><p>Lo que me parece una verdadera guarrada es que mi padre meta a la Japonesita en todas sus ficciones y que mi madre, que se llama <strong>Victoria</strong> –o sea, <em>Vicky</em>- y es una señora que no es “un loto delicado y carnal” pero sí un clavel reventón, nunca salga en sus historietas. Y lo peor de todo es que a mi madre le da lo mismo. “Mami, mami, ya está papá otra vez con lo de la Japonesita”, grito yo queriendo sembrar el pánico. Y ella acude, toquetea un instante los papeles, sonríe y se apoya en el dintel de la ventana concentrándose en las baldosas del patio sobre las que a las dos en punto de la tarde se oirán las pisadas de <strong>Antón Rábago</strong>, el novio de la Japonesita. Son las dos menos uno. Mi vida está a punto de desmoronarse. </p><p>(Continúa <strong>Rafael Reig</strong>…)</p><p>Ahora me gusta creer que, cuando sonó el timbre, tuve un presentimiento y ya sabía que iba a encontrarme a Antón Rábago, con la mirada de través, las botas con puntera de hierro y la mano apretando la navaja por dentro del bolsillo. Vi a mi hija encerrarse en su habitación y poner música a todo volumen y comprendí que algo tenía ella que ver con su aparición. </p><p>-¿Qué va diciendo esa cría? -preguntó.</p><p>-Pégame, por favor. No hagas preguntas y pégame hasta que caiga al suelo. Hazme caso, dame duro...</p><p>Para terminar de convencerle, le di un puñetazo en la cara. Antón me pegó tres, cuatro, hasta cinco veces, y me dejé caer sobre la moqueta. </p><p>-Gracias, cariño –le dije.</p><p>-Mira que eres perra, por un momento pensé que la mocosa tenía razón –me dijo, me dio un beso en el labio partido y se dio media vuelta con un elegante gesto aprendido en los billares. </p><p>Estaba irresistible, agitado, sonriente, los labios pintados con mi sangre.</p><p>Grité por encima de la música de <strong>Martita</strong>, que apareció titubeante y de puntillas. Nunca fue una chica valiente. Mientras me curaba con agua oxigenada y algodón, se echó a llorar y me contó que ella le había contado a Antón que yo había intentado abusar de su novia. Que lo había hecho por mamá. Ya lo sabía, pero no le dije nada. Pobre Antón, seguro que tuvo dudas, es demasiado celoso. Pobre Vicky, qué disgusto se va a llevar. </p><p>Antón y yo llevamos juntos casi cuatro años. Vicky lo sabe, por supuesto. Lee lo que escribo y sabe que son fantasías sobre Antón, al que amo, pero con quien no querría vivir ni en pintura. Amo su cuerpo, quería decir: el resto de Antón lo invento yo en lo que escribo. Lo que hay fuera del papel y en su interior me da más miedo, Antón es sentimental y bastante obtuso, un tipo peligroso y violento que lleva tres chicas en el apartamento del quinto, entre ellas <strong>Irene</strong>, la Japonesita de mi hija. Por supuesto que Antón recibe una contraprestación económica, pero tal vez me quiera: por eso tiene celos. Bastante moderada, por cierto, la contraprestación; asequible para un prejubilado y equivalente a la que le entrega Vicky al joven que la entretiene: <strong>Alberto</strong>, el novio de nuestra hija.   </p><p>La vida es demasiado complicada para una chiquilla como Marta y tuve que dejarme pegar para protegerla. Bastante  nos ha costado aceptarlo a Vicky y a mí, comprendernos el uno al otro, pero ahora somos mucho más felices, siempre juntos, más unidos que nunca, aunque ella visite los jueves a Alberto y yo los lunes a mi Antón. </p><p>Mira que se lo tengo dicho a Martita, la activista: transformar la realidad está muy bien, pero primero hay que intentar comprenderla. Esto es demasiada realidad para una niña como Marta, se desmoronaría, así que la tranquilicé:</p><p>-Tienes razón, hija, me lo merezco, no volveré a escribir sobre ella.</p><p>El dolor en los pómulos pasará, el labio roto se curará y, por lo demás, no ha ocurrido nada grave, ya que Martita puede seguir siendo una inocente criatura que se manifiesta por un mundo mejor en compañía de su Alberto, menudo elemento. </p><p>Lo único que me intranquiliza es que ahora tendré que convencer a Vicky de que busque otro entretenimiento. Así estaremos los tres en paz.</p><p>(Lo cerrará, si puede, quien lo empezó: <strong>Felipe Benítez Reyes</strong>)</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Felipe Benítez Reyes/ Marta Sanz/ Rafael Reig]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La forastera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Literatura española,Marta Sanz,Felipe Benítez Reyes,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deseducado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/deseducado_1_1122531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6e18a859-e82a-48aa-83b4-3e4ee8d9d32b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Deseducado"></p><p>Me educaron para ser el primero. Para convertir a los demás en segundos. En últimos.</p><p>Me dijeron tienes que ser mejor. Que los otros.</p><p>Me dieron números para que pudiera cuantificar mis éxitos en sus fracasos.</p><p>Me instauraron la jerarquía como paradigma de la responsabilidad.</p><p>Y la burla para cualquier tipo de duda.</p><p>Y las dudas, me las enseñaron como signo de debilidad.</p><p>Tengo un dibujo de mí mismo lleno de cosas que me dijeron.</p><p>Aprendo a desaprender:</p><p>el hogar: la risa: el camino.</p><p>Pero no hay hábito de silencio en este refugio.</p><p>Subo la música a los problemas.</p><p>Y ahora que me he visto desnudo</p><p>poco a poco</p><p>me desvisto.</p><p><em>*Escandar Algeet es poeta. Su último libro es 'Ojalá joder' (Ya lo dijo Casimiro Parker).</em><a href="http://www.escandar-algeet.blogspot.com.es/" target="_blank">Escandar Algeet</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Escandar Algeet]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Poesía,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘¡Vivir!’, de Yu Hua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vivir-yu-hua_1_1122525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/636405e8-6750-4100-a96e-e28fb506bd45_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘¡Vivir!’, de Yu Hua"></p><p>¿Cabe la historia de un hombre, la de cuatro generaciones de una familia entera y la del siglo XX de un país, en 232 páginas? Sí. ¿Incluso si ese país es China? Sí. </p><p><strong>Yu Hua</strong> (1960 Hagnzhou, Zheijiang) es uno de los autores vivos más importantes de China, sus libros han vendido millones de ejemplares en los cinco continentes,  han sido traducidos a 20 idiomas y esta novela,<em> ¡Vivir!</em> (1992), fue elegida uno de los 10 libros más influyentes en el país asiático durante la década de los noventa. Fue adaptada al cine por <strong>Zhang Yimou</strong> en <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film466295.html" target="_blank"><em>To live</em></a>, considerada la obra maestra de director y censurada durante un tiempo en China. La cinta obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1994. Hace años que muchos consideran a Yu Hua un prometedor candidato a los Premios Nobel, pero cuando yo leí <em>¡Vivir!</em> por primera vez, nada sabía de Yu Hua ni de su exitosa carrera como novelista.</p><p>Compré <em>¡Vivir! </em>en una librería de Madrid en mayo de 2010, justo cuando Seix Barral (18 años después de que saliera la primera edición en China) decidiera publicar la obra en español. Lo digo porque si, por casualidad, el librero que me la recomendó  se acuerda de mí y está leyendo esto, que sepa que le estoy muy agradecida porque es una de las novelas que han marcado mi vida como lectora y, por lo que ha contado el propio autor en varias entrevistas (son especialmente interesantes las publicadas en <a href="http://www.asiared.com/" target="_blank">Asiared.com</a> y el artículo sobre la obra que escribe <strong>Manuel Durá</strong> en su blog <a href="http://www.chinaensutinta.com/2011/06/vivir.html" target="_blank">chinaensutinta.com</a>), la novela también cambió su vida como escritor.  </p><p>Yu Hua creció durante la Revolución Cultural de <strong>Mao</strong>.  Su padre era cirujano y su madre, médica, y la familia residía en un complejo hospitalario frente a la morgue. Antes de empezar a escribir, Yu Hua trabajó durante cinco años como odontólogo, de modo que pasó la mitad de su vida entre sangre y sollozos.  Después de varios relatos cortos marcados por una crudeza impía, <em>¡Vivir! </em>es la primera obra que incorpora un elemento nuevo en su literatura: la esperanza.</p><p>La novela comienza un día de verano cuando un joven que recorre el campo en busca de canciones populares se encuentra con el anciano <strong>Fugui</strong>, acompañado de un buey de labranza. El viejo, sentado bajo un árbol frondoso, comienza a contar su propia historia, que abarca desde la caída del Imperio y la contienda fratricida, hasta el triunfo de la Revolución Cultural. Fugui es testigo y protagonista de la tremenda y brutal transformación que experimenta la sociedad china durante el siglo XX y <em>¡Vivir!</em> es un libro fundamental para  conocer este capítulo de la historia, pero sobre todo es una novela imprescindible para entender dónde están los límites del ser humano, si es que los tiene, para enfrentarse al sencillo y complejo hecho de vivir. La historia de Fugui, con quien el lector llega a establecer una intensa y removida relación, desde el rechazo a la empatía, es demoledora y, sin embargo, la novela es un sublime canto a la vida y a la voluntad de continuar hacia adelante. </p><p>Es el libro más triste y menos dramático que he leído nunca. Dice el autor que cuando lo relee, aún solloza en algunos capítulos y yo recuerdo que tuve que parar la lectura, al menos en dos ocasiones, porque Yu Hua no avisa ni se regodea narrativamente en el dolor, sino que dispara los acontecimientos como balas que atraviesan el corazón y salen limpias por la espalda. Al cabo de un rato, te das cuenta de que te estás desangrando, pero sigues leyendo de la misma manera que Fugui sigue viviendo. </p><p><em>*Mara Torres es periodista y autora de la novela 'La vida imaginaria', finalista del premio Planeta en </em></p><p><a href="https://twitter.com/maratorres_?lang=es" target="_blank">Mara Torres</a><em>2012.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mara Torres]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘¡Vivir!’, de Yu Hua]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pasión irrefrenable de Chirbes y el origen de la violencia en Colombia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pasion-irrefrenable-chirbes-origen-violencia-colombia_1_1122512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a1628cf1-39bb-4c58-9d2f-389254e96591_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pasión irrefrenable de Chirbes y el origen de la violencia en Colombia"></p><p><strong>París-Austerlitz</strong><strong>Rafael ChirbesEditorial Anagrama2016</strong></p><p><strong>  </strong></p><p> Novela póstuma del autor de <em>En la Orilla</em>, retomada tras 20 años en el olvido y finalizada pocos meses antes de su muerte. Cuenta la historia de un joven pintor y un hombre maduro en el París de la posguerra, un escenario sombrío y cargado de frío y miseria en el que el autor pone a sus personajes a merced de una pasión irrefrenable. <strong>Rafael Chirbes</strong> nos vuelve a estremecer con <em>Paris-Austerlitz</em>.</p><p><strong>En movimient</strong><strong>oOliver SacksEditorial Anagrama2015 </strong></p><p>Biografía de uno de los grandes divulgadores científicos. <strong>Oliver Sacks</strong> pone en práctica su visión analítica y humanista a su propio periplo vital. Su llegada a EEUU desde Inglaterra, su pasión por las motos, sus inicios como psiquiatra y sus primeras investigaciones, o sus amistades con los poetas Auden y Thom Gunn, y de su más fugaz relación con personajes como <strong>Robert De Niro</strong>, <strong>Robin Williams</strong> y <strong>Harold Pinter </strong>desfilan por estas páginas cargadas de honestidad.</p><p><strong>TumultoH.M. Enzensberger Editorial Malpaso 2015</strong><em>Tumulto</em></p><p>Libro autobiográfico en el que el autor se confronta con sí mismo rememorando su juventud en los tiempos en que las revoluciones podrían cambiar el curso de la Historia en Europa. Cuba, la URSS, Camboya… La mirada lúcida y mordaz del ensayista alemán autor del <em>Corto verano de la anarquía</em>.</p><p><strong>La forma de las ruinas</strong><strong>Juan Gabriel VásquezEditorial Alfaguara2016. </strong></p><p>¿Qué conecta los asesinatos de <strong>Jorge Eliécer Gaitán</strong>, líder político cuya muerte partió en dos la historia de Colombia, y de <strong>John F. Kennedy</strong>? A partir de esta cuestión y de unos hallazgos inquietantes,<strong> Juan Gabriel Vásquez</strong>, autor de <em>El ruido de las cosas al caer</em>, indaga en la historia reciente de su país y trata de desgranar la violencia inherente a todo conflicto histórico.</p><p><strong>Yo soy el OtroBerta Vias Mahou Editorial Acantilado2015 </strong><em>Yo soy el Otro</em></p><p><strong>Berta Vias</strong> utiliza como excusa al doble de <strong>El Cordobés </strong><em>El Cordobés</em>para hablar de la España de los sesenta, de la vida de la gente en los pueblos olvidados, donde la única salida de la miseria es el éxito y la fama del toreo. Una historia de una calidad narrativa excepcional.</p><p><em>*Puedes encontrar la librería Alberti en la calle Tutor, 57, Madrid.</em><a href="http://www.libreriaalberti.com/" target="_blank">librería Alberti</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Librería Alberti]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La pasión irrefrenable de Chirbes y el origen de la violencia en Colombia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA['El paraíso en la otra esquina', por Vargas Llosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/paraiso-esquina-vargas-llosa_1_1122508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf861bbd-32d0-47e0-9381-ed6d83c15395_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El paraíso en la otra esquina', por Vargas Llosa"></p><p>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos <strong>esta sala</strong> para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a <strong>losdiablosazules@infolibre.es</strong> para hacernos llegar vuestras sugerencias.</p><p>El club de lectura Punto es uno de tres clubes de la biblioteca municipal de Sanlúcar la Mayor, en Sevilla. Fundado en 2005, el grupo está coordinado por <strong>Chary Arbolí</strong>, que nos explica a continuación cómo funciona, además de recomendar su última lectura colectiva: <strong>  </strong></p><p>Básicamente se trata de un grupo de personas que se reúnen para hablar sobre un mismo libro que previamente han leído. El número de integrantes, la temática literaria o la temporalización son elementos cambiantes; pero para que exista debe haber, en primer lugar, lectores, también lotes de libros del mismo título, un monitor que coordine el grupo y un lugar para la reunión. Sin embargo un club de lectura es mucho más que la suma de estos elementos.</p><p>Trabajo en la biblioteca pública <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> de Sanlúcar la Mayor (Sevilla) y llevo más de 10 años como coordinadora del Club de Lectura Punto, el más veterano de los tres que hay en nuestra biblioteca (Coma y Entrelíneas completan el trío).  La experiencia en este campo la he ido adquiriendo al mismo tiempo que los lectores que lo forman, con aciertos y errores, pero creciendo siempre; haciendo de la lectura no sólo un instrumento de conocimiento literario, sino tal vez (y más importante) una herramienta para el diálogo, el respeto y las relaciones sociales. </p><p>Nos reunimos una vez al mes, elegimos los títulos entre los lotes disponibles de otras bibliotecas o de organismos como el CAL (Centro Andaluz de las Letras) que posee un largo listado de títulos. El género literario que más leemos es la novela contemporánea, pero también procuramos en cada temporada visitar a los clásicos, leer teatro y descubrir o profundizar en la obra de algún poeta. Huimos de los superventas y de las novedades editoriales, más bien procuramos acercarnos a autores más desconocidos. En septiembre solemos planificar las lecturas teniendo en cuenta las propuestas de los lectores, algunas efemérides literarias o las recomendaciones de otros clubes. Cada sesión consta de dos partes:  la tertulia del libro leído, que ocupa la mayor parte del tiempo, y ya al final reservamos un espacio para   la presentación del autor del libro que vamos a leer.  De esta forma ubicamos al escritor en su época histórica y aprendemos un poco más de Literatura. </p><p>La biblioteca pública es el universo que suele acoger esta actividad de animación a la lectura que cada vez se multiplica con más rapidez. Con una dinámica sencilla, son muchos los beneficios que se obtienen formando parte del club. De la relación íntima y personal con el libro a través de la lectura pasamos al encuentro colectivo y enriquecedor que proporciona la tertulia, donde se comparten o discuten opiniones, se aportan nuevas visiones y se respetan todos los puntos de vista. Y esto es lo más importante, no se trata sólo de leer, sino de compartir lo que se lee. </p><p>Además de la reunión mensual, en nuestros clubes se llevan a cabo otras actividades, prolongando así la vida cultural que nos proporciona la lectura: encuentros con escritores, cineclub de libros, lecturas dramatizadas, asistencia al teatro, rutas literarias y hasta un viaje cultural que realizamos cada año para fomentar la convivencia de los miembros de los tres clubes de lectura. El primer itinerario que hicimos fue fue la <em>Ruta del hereje</em> por Valladolid, como homenaje a la novela de Delibes. </p><p>Además, los clubes de lectura son excelentes aliados de la biblioteca pública.  Los usuarios asisten a las presentaciones literarias, organizan eventos, colaboran en la feria del libro y animan a otras personas a participar en las actividades de extensión cultural.</p><p><strong>El paraíso en la otra esquina</strong><strong>Mario Vargas LlosaEditorial AlfaguaraMadrid2003 </strong></p><p>Los grandes escritores siempre dejan una huella profunda en el lector no sólo por lo que cuentan en sus libros, sino por la maestría con que lo hacen. <strong>Mario Vargas Llosa</strong> realizó esta novela partiendo de dos biografías, volcando los datos más significativos de dos vidas reales, pero con tal fuerza narrativa que se olvida la crónica para entrar directamente en la apasionante ficción. </p><p>En dos épocas diferentes y con una generación de por medio, los protagonistas son una abuela y un nieto, la primera mucho más desconocida que el segundo:<strong> Flora Tristán</strong> y <strong>Paul Gauguin</strong>. Cada una de estas vidas daría para varios libros independientes, pues a pesar del parentesco apenas coincidieron en el tiempo; curiosamente hay un siglo de diferencia entre el nacimiento de Flora Tristán (1803) y la muerte de Paul Gauguin (1903). Ambos viven de diferente forma y en distintas épocas, con desiguales destinos y dispares intereses; y aunque aparentemente no tienen nada en común, Vargas Llosa enlaza estas dos trayectorias en capítulos alternativos, estableciendo una analogía donde encontramos semejanzas en los mundos apasionantes de ambos personajes. </p><p>Activista, feminista, escritora y pensadora socialista, Flora Tristán se descubre ante nosotros como una mujer luchadora por las libertades y la igualdad en la Francia del siglo XIX, una época bastante dura para dos sectores de la población completamente discriminados: los obreros y las mujeres.</p><p>Pintor y escultor francés, postimpresionista, la vida de Paul Gauguin se nos muestra llena de claroscuros al igual que su pintura y, aunque nos enamora el artista, a veces nos decepciona el hombre. </p><p>Dos inconformistas de espíritu libre, dos seres desarraigados que buscan su paraíso aunque cada uno de forma diferente: Flora de un modo altruista a través de la lucha por una sociedad más justa; y Gauguin, en pos de un interés más particular explorando nuevos caminos para volver a lo primitivo del arte. </p><p>Una magnífica y apasionante obra literaria que te atrapa desde la primera página. Y a pesar de estar ambientada en el siglo XIX, aborda temas universales que siguen estando de actualidad. Salpicada de múltiples historias, singulares y diversos escenarios, que Vargas Llosa describe con una prosa asequible y emotiva no exenta de intriga y de humor. Literatura con mayúsculas   que garantiza una jugosa tertulia después de su lectura.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Chary Arbolí]]></author>
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      <media:title><![CDATA['El paraíso en la otra esquina', por Vargas Llosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Mario Vargas Llosa,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Cocaína’, de Daniel Jiménez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cocaina-daniel-jimenez_1_1122324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6762a481-093b-4b18-86f9-f77c04dbc0ac_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cocaína’, de Daniel Jiménez"></p><p><strong>Cocaína</strong><strong>Daniel JiménezEditorial Galaxia GutenbergBarcelona2016</strong></p><p>31 de diciembre. 24 horas. Cambio de año. Llega el 2013. Cada campanada, una raya.</p><p>31 de diciembre. 24 horas. Cambio de año. Llega el 2014. Cada campanada, una uva. </p><p><em>Cocaína</em> es el diario de un año, el 2013. Cada mes comienza con una cita. La que abre el otoño es de <strong>Fernando Pessoa</strong>: “Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana. El ansia insaciable e innúmera de ser siempre el mismo y otro”. Ese ansia insaciable e innúmera, esa necesidad de ser libre, de tenerse a uno bien atado y a la vez conseguir ser quien quieres ser, esa es la sensación que atraviesa el lector de <em>Cocaína</em>.  La que atraviesa el propio Daniel, el protagonista de <em>Cocaína</em>, la novela ganadora del Premio Dos Passos. La primera acabada del madrileño <strong>Daniel Jiménez</strong>. Otra raya.</p><p>365 días en la vida de un cocainómano que sabe que lo es; de un escritor, que no tiene tan claro serlo; de un no acomodado; del hermano de una suicida. De un sufridor. De un vividor. Otra raya.</p><p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=5gwSxsnBvLc" target="_blank">La libertad (es la cárcel más grande de todas las cárceles)</a> así se titula un tema de<strong> Javier Corcobado</strong> que recuerda a la novela de Daniel Jiménez; el poeta y cantante implora en este tema un cielo donde pueda arañar la libertad, donde pueda besar a la oscuridad. Lo mismo que anhela Daniel, que es lo mismo que estar vivo.</p><p><em>Cocaína</em> habla –pero no sólo- de esa sustancia blanquecina e ilegal que cualquiera que haya consumido sabe que produce adicción y que cualquiera que no haya probado puede comparar con el amor, el dolor, la literatura, el miedo, los dulces o la música. Cuando uno es adicto, lo sabe. Otra raya.</p><p><em>Cocaína </em>se regodea en las entrañas de la justicia, de la desesperanza, del valor de lo inacabado, de la envidia, del postureo, de la inutilidad de la energía. Del éxito y el fracaso. De la amistad que no es. De la valentía de seguir vivo. O no, de la cobardía de seguir vivo. De la muerte. De escribir. </p><p>Daniel, el protagonista de la novela, es adicto. Y el otro Daniel, el autor, también. Son adictos a salirse del carril de los mortales, a intentar explicar qué es esta farsa, a desordenar el orden, a sufrir la cuadrícula, a comer mierda, los dos son adictos a la vida. Y en esa adicción solo pueden ver un planeta sin sentido, una Europa gris, una España ruin, un Madrid pestilente. La insoportable gravedad del estar. Otra raya.</p><p><strong>Juan Soto Ivars</strong> le ha ayudado a dar forma a la novela, pero <strong>Mara Torres</strong>, <strong>Mamen Mendizábal</strong>, <strong>Pérez Reverte</strong> ¿son colegas del autor? ¿Les va a gustar ser tan públicos como son, con sus labios demasiado pintados, sus tediosas cartas marinas o sus dentaduras perfectas? A <strong>Daniel Jiménez</strong> no le ha importado, con dos huevos, ahí están. Personas que todos conocemos y personajes de las páginas de <em>Cocaína</em>. Al final los  nombres dan igual… pero, oye, imaginando a estos, te ríes. Otra raya.</p><p>Y no son solo ellos los que nos colocan en este Madrid que ahoga, también <strong>Rufus Wainwright</strong> (que hace llorar a Daniel en el concierto del Teatro Real del 22 de julio de 2013) y también Radiohead y Arcade Fire.  A este Madrid nocturno, a este Madrid ruidoso, al Madrid más libre y más agónico nos llevan todas la referencias literarias, toda la literatura, y de ella, los más grandes, los escritores suicidas y los que murieron sin haberlo querido:<strong> </strong><strong>Bioy Casares</strong>, <strong>Chandler</strong>, <strong>Doris Lessing</strong>, y por encima de todos ellos, <strong>Bolaño</strong>.</p><p>Otra de las adicciones de Daniel (el autor) es Roberto Bolaño, está clarísimo. Es más,<em> Cocaína</em> podría ser la adicción a la literatura del chileno, a esa narrativa de la juventud, a la necesidad de cambiar al mundo.</p><p>La cocaína crea adicción, eso lo sabemos antes de leer una sola línea de la novela. <em>Cocaína</em>, la novela, cada una de sus líneas, también.</p><p>P.D.: Daniel, escribe ya <em>En las cimas de la drogadicción</em>, <em>La cocaína infinita</em>,<em> Cocaína, instrucciones de uso</em> o <em>Vivir para esnifarla</em>. Y deja de llamar a<strong> Andrés</strong> el camello, haz el favor. Otra raya.</p><p><em>*Sara Vítores es periodista.</em><strong>Sara Vítores </strong></p><p>[Puedes leer <a href="http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2016/01/21/una_novela_muchos_gramos_cocaina_43578_1026.html" target="_blank">aquí </a>la entrevista con el autor publicada en infoLibre]</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sara Vítores]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Cocaína’, de Daniel Jiménez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La novela de una sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-sociedad_1_1122313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/501dbf39-7ecc-412d-a07d-d2f11c462d05_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La novela de una sociedad"></p><p><strong>Farándula</strong><strong>Marta SanzEditorial AnagramaBarcelona2015</strong></p><p><em>(Texto leído en la presentación de la novela en el Círculo de Bellas Artes)</em></p><p>A la alegría del Premio  Herralde otorgado a <strong>Marta Sanz</strong>, se suma la lectura de una novela magnífica y necesaria.</p><p>En el libro se hace una interpretación muy inteligente de la sociedad en la que vivimos a partir del mundo del teatro. Según la etimología especial de la autora, la Farándula es una mezcla de faralaes y tarántula.</p><p>El teatro sirve, desde luego, para aludir a la sociedad del espectáculo, a los faralaes, a la inercia de los últimos años que ha convertido la cultura en entretenimiento. No educación, ni formación, ni imaginaciones éticas, sino divertimentos cada vez más zafios.</p><p>Pero lo importante de esta novela es –para mí- que la mirada hacia el teatro resulta verdaderamente seria. El teatro se consolida como el género moderno que en su propia raíz articula la vida privada y la vida pública. Desde el teatro a la italiana y la perspectiva del telón como cuarta pared, el teatro es la representación pública de lo privado.</p><p>Es decir, Marta mira hacia el lugar donde se fragua la cultura de un tiempo, de una época, una cultura que ya no alude sólo al Teatro, la Poesía, la Novela con mayúsculas, sino que señala el modo que tiene la gente de vivir las relaciones laborales, los miedos, las ilusiones, la soledad, la amistad o el sexo.</p><p>Marta Sanz mira al espacio de articulación que nos convierte a todos, lo queramos o no, en actores. Somos realidad, intervenimos en la realidad, representamos, nos representan, porque por desgracia sí, sí nos representan.</p><p>Y desde este lugar la novela se pregunta por el compromiso. El compromiso con los amigo, con el amor, con la propia vocación o con la política.</p><p>¿Quién es aquí el personaje más comprometido?</p><p>¿<strong>Daniel Valls</strong>, el actor de éxito que firma manifiestos para protestar por los 5.960.400 parados?  ¿O <strong>Natalia de Miguel</strong>, la joven actriz sin mucho respeto por el arte y el pudor que participa en un bochornoso <em>reality show</em> para hacerse famosa?</p><p>Desde luego la más ideológica, la más comprometida con su tiempo, más allá de la decisión ética personal, es Natalia de Miguel. Y en cualquier caso, la cultura como forma de vida nos compromete a todos, nos hace actores de la historia, tanto a los que firman o firmamos manifiestos como a los que prefieren no meterse en política para no perder las simpatías del público.</p><p>Desde este punto de lectura, o de vida, o de articulación social, Marta crea una narración de personajes muy bien definidos. Daniel nos habla del éxito, de la carga ética que se niega a convertir la solidaridad en marketing siguiendo las directrices del espectáculo. Y nos habla de contradicciones, del peligro de pensar de una manera y habituarse a un tiempo de vida propio de personas con una ética diferente. Y nos habla de soledad, de una soledad doble. Su compromiso político, le provoca conflictos con el público de derechas y los intereses comerciales del espectáculo. Es la derecha. Su éxito y su calidad, despiertan el rencor de los fracasados. Consideran que un triunfador con buena vida no tiene derecho a comprometerse. Es la mezquindad disfrazada de izquierdismo, la política como disfraz de la mediocridad personal, un proceso muy alimentado por las corrientes neoliberales de la telebasura, que tanto abunda en la sociedad de la sospecha, de la indignación populista, que tiene como principio ideológico la incapacidad de respeto y la pérdida del sentido de la admiración.</p><p>Valeria es alguien que, a contracorriente, sorprendida entre dos edades, todavía piensa que el éxito es la dignidad en el propio trabajo, el desempeño de una vocación.</p><p><strong>Lorenzo Lucas </strong></p><p>será el cinismo y la supervivencia, una tensión que dignifica la ladera oscura y carga de sombras la luz.</p><p>Natalia y <strong>Charlotte Saint-Clair</strong>, en dos orillas distintas, son también las dos caras de la nueva época, los privilegios especulativos de la élite y la lucha por la vida de la mayoría que intenta sacar la cabeza y triunfar en el orden de las nuevas reglas.</p><p>Desde esta articulación privado-público, la novela nos habla también del tiempo, del cambio generacional, del cambio social, porque la biología, claro, se convierte aquí en historia.</p><p>Los mayores nos recuerdan una época en la que la vigilancia de lo correcto era ejercida por el franquismo o por el senador MacCarthy en la caza de comunistas o de brujas. La gente que todavía sostiene una herencia de solidaridad y lucha está obligada a llevarse a casa la agonía de un tiempo casi muerto, tal vez por culpa de un ictus histórico. Porque históricamente hay quien necesita vivir la dignidad como la obligación de hacerse cargo de lo que agoniza. Que el enemigo haya sido más fuerte no significa que uno deba cambiar de bando.</p><p>Los más jóvenes han aprendido que la vigilancia la ejercen hoy los mismo de siempre, pero a través de la ley de la oferta y la demanda, las normas del mercado. Si quieres el éxito que te ofrecen, mejor que aceptes participar sin demasiados escrúpulos en el<em> reality show</em> de esta vida virtual en la que estamos. Todos es táctica, disfraz, electoralismo, ahora esto y mañana lo otro.</p><p>Desde esta situación, la novela de Marta Sanz no tiene más remedio que resolverse en la conciencia de la escritura. Es la respuesta. Sartre caracterizó a Baudelaire como el poeta que se veía viendo, la conciencia de su propia perspectiva.<strong> Valeria Falcón</strong>, <em>la Falconcita</em>, heredera de una estirpe, se piensa pensando y se hace escritura, una voz consciente de sí misma, con un pudor extraño en una sociedad que privatiza lo público a costa de publicitar lo privado. En esta inercia está justificada la nostalgia del anonimato: la pregunta sobre si es conveniente dejar el teatro.</p><p>La novela no es feliz, pero está llena de humor, de impertinencia. El mundo no está para que nos riamos de él, pero sí podemos reírnos de nosotros mismos. El humor y la mirada nos ayudan a romper la realidad virtual para acercarnos a la experiencia de carne y hueso, con sus enfermedades, sus miserias, sus conversaciones, sus fragilidades, su bondad. Ponerse aquí al pie de la letra es ponerse también a pie de calle.</p><p>Esta es la Farándula, compuesta por actores, pero también por gordos, por flacos, por  delgaditas que salen más gordas en televisión, por anoréxicas, por viejos verdes, por mujeres y hombres que dejan de ser mirados, calentones, personas que joden o que no joden, polvo apasionados y polvos aburridos, olores de cocina y olores a rancio.</p><p>La Farándula de Marta Sanz nos devuelve un sabor a nosotros mismos. Somos faralaes, somos tarántulas, pero tenemos corazón, esa enfermedad de la gente de carne y hueso, ese lujo que nos permite, por ejemplo, admirar y querer a Marta.</p><p><em>*Luis García Montero es poeta, su último libro publicado es 'Un velero bergantín' (Visor Libros, 2014)</em></p><p><strong>Luis García Montero</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Feb 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luis García Montero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La novela de una sociedad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura española,Marta Sanz,Los diablos azules número 2,Los diablos azules número 3]]></media:keywords>
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