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    <title><![CDATA[infoLibre - Belleza]]></title>
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      <title><![CDATA[Vales tu peso en oro, pero no peses tanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/desde-la-casa-roja/vales-peso-oro-no-peses_129_2197305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4dab3c29-3cf1-4f08-9fa5-1ce3a98a3291_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vales tu peso en oro, pero no peses tanto"></p><p>Un recuerdo repetido. Afueras de la ciudad. Una empresa celebra una barbacoa en el jardín de una casa. Ha llegado ese calor de junio que aprieta de golpe el grito de las chicharras a mediodía. De las veinte personas que han ido a comer, la mitad son hombres y la mitad son mujeres. Se terminan los postres y pasadas las copas de después, <strong>los hombres se tiran a la piscina, han traído bañador. Las mujeres, no.</strong> Ellas se acercan a su borde, meten las piernas hasta las rodillas, arremangan sus camisas, mojan sus nucas abrasadas, se pasan la crema solar. ¿No os bañáis?, les dice uno de ellos. Por supuesto que no. Todas estas mujeres no quieren ser vistas en traje de baño. Porque están blancas, porque tienen pelo, porque la regla. La mayoría piensan que su cuerpo no se ajusta a la foto: creen que están gordas. Que se ha echado encima el verano y no han conseguido adelgazar uno, dos, cinco, diez, veinte kilos. Las fotos de la fiesta correrán por el grupo de WhatsApp y mostrarán a los hombres mojados, agarrados por los hombros, sus cuerpos fríos, sonriendo, y a <strong>ellas</strong> <strong>adornando el borde del agua</strong>. </p><p>Pasando calor. </p><p>Toda la vida a dieta. Quien no ha pronunciado esta frase desconoce el esfuerzo crónico e imposible por ajustar un metabolismo a los cánones de belleza cambiantes que caen sobre la mujer. Y, sin embargo, <strong>la respuesta es casi unánime: así no cabes. En el canon, en la ropa, en un ideal, en la foto</strong>. No siempre es glotonería, no es siempre dejadez, no es siempre voluntario, no es algo merecido, no siempre tiene consecuencias sobre la salud. Y otra cosa: si tu tendencia es que te engorde hasta el aire que respiras, adelgazar cuesta –además de una voluntad de hierro para conseguirlo que no siempre se tiene afinada porque la vida– dinero.</p><p>Lo rozamos con la punta de los dedos. Lo llamaron <em>body positive</em>, pero tenía algo que chirriaba. Pretendía visibilizar todo tipo de cuerpos, pero siempre poniendo la belleza, lo que se aproximaba al canon normativo a pesar del peso, en el centro. <strong>Si eras gorda y fea, no eras </strong><em><strong>curvy</strong></em>. Puedes tener unos muslos grandes, pero que en la cara no se te noten. Las <em>curvys</em>, si es que lo eran, fueron todas unas mujeres preciosas, de melenas largas y brillantes y rasgos de muñeca. Pero, de un tiempo a hoy, la delgadez ha vuelto con las inyecciones milagro y, con ella, toda una batería de cuidados estéticos enfocados en la mujer, amplificados por las redes sociales y el consumo desatado de productos. <strong>No conozco a ningún hombre que tenga una rutina facial o capilar</strong> consistente en pasos incontables antes de dormir. Los que yo conozco, se duermen, se despiertan y andan. </p><p>Quienes hemos tenido toda la vida que pelear con el peso, desde que <strong>se nos negaron las papillas de cereales siendo bebés</strong>, sabemos la deformación en la autoestima que produce cualquier comentario acerca de nuestro físico no ajustado a ese canon. Palabras que nunca se olvidan: aquella amiga de mi abuela que me dijo que con lo guapa que era, debería estar más flaca, yo solo tenía siete años; aquella profesora de quinto en el colegio que quiso explicarme que nunca tendría la talla ideal poniéndome al lado de una compañera en educación física, y dio igual que yo fuera mejor que ella en cualquier deporte, eso no era importante; ese familiar que te quiere, pero que no pierde ocasión de decirte en un restaurante delante de todos que no comas más pan y, si lo haces, hola, culpa. <strong>Si te vas a embarazar, adelgaza; si te vas a casar, adelgaza; que viene el verano, adelgaza</strong>; que te van a hacer fotos, mete tripa, ponte de lado, vístete de negro, lo que sea para arañar un milímetro a la vista del otro. Cuánta resistencia y seguridad hay que tener para seguir sintiéndote alguien deseable, alguien que camina feliz por su vida, con toda esa desaprobación constante encima. Ya se lo digo yo: mucha. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 19:37:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Aroa Moreno Durán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vales tu peso en oro, pero no peses tanto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Belleza,Mujeres]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Sydney Sweeney o cómo la ultraderecha ha convertido la belleza en su nuevo campo de batalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/sydney-sweeney-ultraderecha-convertido-belleza-nuevo-campo-batalla_1_2132285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3362f8d-d32e-4c0d-9126-b6fa6dc0d350_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sydney Sweeney o cómo la ultraderecha ha convertido la belleza en su nuevo campo de batalla"></p><p>¿Somos todos potencialmente guapos? <strong>¿La belleza es una apreciación cultural o contextual? </strong>Esta pregunta, que me apasiona desde hace mucho tiempo, está presente en la mayoría de mis libros, y mi última publicación no es una excepción.</p><p>Cuando el medio <em>Urbania</em> me preguntó sobre mi <a href="https://www.babelio.com/livres/Diallo-Dictionnaire-amoureux-du-feminisme/1785634" target="_blank">Dictionnaire amoureux du féminisme</a> (Plon, 2025), lógicamente mencioné este tema. En él<strong> describo la belleza como “una construcción social, el resultado de una relación de poder”</strong>. Y añado que, históricamente, “las poblaciones en posición de dominio han impuesto sus propios criterios como criterios de belleza”, es decir, “los rasgos que se asocian a las personas de origen europeo: piel más clara, cabello menos rizado, rasgos considerados finos” impuestos “al resto del mundo y que llevarán a las poblaciones marginadas y minoritarias a intentar parecerse lo más posible a esos cuerpos que se consideran más bellos, que están en la cima de la jerarquía”.</p><p>Para ser concisa, concibo la belleza no como un estado objetivo, sino como el producto de las relaciones sociales construidas por las diferentes formas de dominación que estructuran nuestras interacciones: lo que se considera bello es lo que nos acerca al poder. <strong>Los criterios que definen la belleza no son más que el reflejo de la historia de la sociedad que los determina.</strong></p><p>Lo que no dije es que<strong> una cuenta de la fachosfera realizó rápidamente un montaje de vídeo</strong> publicado en la red social X aislando ese extracto, intercalando imágenes de la actriz Sydney Sweeney y concluyendo con la canción de Boris Vian: “Llena de complejos, ha cambiado mucho. Necesita un psicoanálisis para liberarla de sus complejos y que pueda romper con todo”.</p><p>Además del asombroso sexismo del texto, sobre el que no me extenderé aquí, me llamaron la atención varios usuarios de la red que criticaban mi supuesta envidia. <strong>Un registro misógino clásico que sitúa sistemáticamente a cada mujer en una postura de rivalidad con respecto a todas las demás. </strong>Una rivalidad envidiosa basada en atributos plásticos, lo que recuerda hasta qué punto la apariencia física de las mujeres es un elemento central de su valoración. Antes de profundizar en mi análisis, me gustaría volver sobre la elección de la antagonista que me han puesto. Sydney Sweeney, actriz estadounidense blanca, rubia y de ojos claros, se ha convertido en el emblema de la extrema derecha occidental alimentada por la supremacía blanca.</p><p>Todo comienza en el verano de 2025, cuando la marca de ropa American Eagle Outfitters lanza una gran campaña publicitaria de la que ella es la musa. El eslogan <em>Sydney Sweeney has great jeans</em> (Sydney Sweeney tiene unos vaqueros estupendos) juega con un doble sentido: en inglés<strong>, la palabra </strong><em><strong>jeans</strong></em><strong> (la prenda) se pronuncia igual que la palabra </strong><em><strong>genes </strong></em><strong>(los genes biológicos)</strong>. Y la expresión <em>to have good genes</em> (tener buenos genes) pertenece al lenguaje corriente y significa ser guapo/guapa, atlético/atlética, saludable, incluso de buena cuna.</p><p>En un contexto de aumento del racismo explícito,<strong> la lógica de los “buenos genes” aplicada a una mujer que encarna precisamente un ideal blanco activa un imaginario racista</strong>, sin que sea necesario referirse a él explícitamente. Estados Unidos se ha estructurado en torno a la idea de la pureza racial elevada al rango de doctrina institucional. La <em>one-drop rule</em> (regla de una gota), teoría de la “gota de sangre”, clasificaba a toda persona como negra si uno de sus antepasados tenía ascendencia africana, lo que determinaba su valor humano, así como su posición social y política.</p><p><strong>El trumpismo ha retomado activamente ese léxico del patrimonio genético.</strong> Sus defensores invocan cada vez más abiertamente el orgullo o el legado genético, mientras que el propio presidente encasqueta a los inmigrantes y a las minorías raciales numerosos “defectos”, al tiempo que los acusa de <a href="https://www.nbcnews.com/politics/2024-election/trump-says-immigrants-are-poisoning-blood-country-biden-campaign-liken-rcna130141" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;">"</span></a><a href="https://www.nbcnews.com/politics/2024-election/trump-says-immigrants-are-poisoning-blood-country-biden-campaign-liken-rcna130141" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:#f7f7fa;">envenenar la sangre"</span></a> de Estados Unidos.</p><p>Así, cuando se denunció que la publicidad de American Eagle Outfitters enviaba señales implícitas a esa ideología históricamente mortífera, las reacciones de la derecha dura no se hicieron esperar, lamentando la “cultura de la cancelación” que apuntaría a Sydney Sweeney por ser “guapa y blanca”.</p><p><strong>El propio Donald Trump elogió a la estrella, oficialmente inscrita como votante republicana, y felicitó a la cadena de ropa.</strong> Y, como era de esperar, la controversia coincidió con un notable aumento de las ventas y del precio de las acciones de la marca. A partir de ahí Sweeney, la <em>all-American girl</em> (chica americana ideal) se ha convertido en el arquetipo de la perfección blanca, hasta el punto de ser invocada por la extrema derecha de mi propio país, que ha convertido la belleza en un auténtico campo de batalla.</p><p>Hay varios aspectos de esta oposición con mi propia estética que me llaman la atención. Por un lado, no soy actriz y no hablo de mi propio físico, con el que me siento muy a gusto. Por otro lado, aunque mi discurso denuncia los criterios generales de belleza, la elección de una actriz joven, rubia y delgada como prueba de mi supuesta envidia hacia las mujeres blancas plantea muchas preguntas.</p><p>Según las cifras, Francia <a href="https://www.ladepeche.fr/article/2007/10/19/88933-5-millions-de-blondes-en-france-dont-50-de-fausses.html" target="_blank">cuenta con 5 millones de rubias</a>, la mitad de las cuales no lo son de forma natural, lo que constituye el 3,5 % de la población. Las francesas, cuya <a href="https://www.insee.fr/fr/statistiques/2381476" target="_blank">edad media es de 44,4 años</a>, visten por término medio ropa de tallas que oscilan entre la 40 y la 42. <strong>Todos los estudios muestran que la mayoría de las francesas están insatisfechas con su aspecto físico</strong>,<strong> y ¿qué hay más normal cuando los modelos propuestos ofrecen opciones tan limitadas?</strong></p><p>Sweeney se ha convertido en estandarte, la prueba de la superioridad de la belleza blanca, cuando su aspecto no se ajusta en absoluto a la norma dominante. Las personas que se valen de su físico para criticarme probablemente no se parecen a ella ni de lejos. Pero su sentimiento de superioridad racial es tal que prefieren la comodidad de imaginarse que pertenecen al bando de los ganadores de la belleza antes que aprovechar la oportunidad que les ofrezco de replantearse su propia fisonomía cuestionando los cánones de belleza.</p><p>Y en <strong>la muy conservadora emisora </strong><em><strong>Europe 1</strong></em><strong>,</strong> la voz de Eugénie Bastié se sumó a las críticas a mi postura dedicándome una crónica en la que <strong>me presenta como una “activista afrofeminista”</strong>, como si yo no fuera periodista igual que ella. Ella percibe en mi intervención “todos los ingredientes del wokismo” y sostiene que “la belleza no es impuesta desde arriba por una conspiración de malvados publicistas ávidos de vender maquillaje”. Una afirmación discutible si tenemos en cuenta que los modelos promovidos por la publicidad crean normas cada vez más alejadas de la realidad media, lo que lleva a las mujeres a cuestionar constantemente su aspecto físico.</p><p>Mientras que otros invocan una “simetría” que haría atractivos los rostros, <strong>la columnista evoca a continuación “la ciencia y la psicología evolutiva”, </strong>que “nos enseñan que la atracción por la belleza es un mecanismo adaptativo destinado a maximizar las posibilidades de reproducción y supervivencia”,<strong> para deducir que la belleza es una “señal de salud y fertilidad”.</strong></p><p>Se trata de una simplificación de tesis muy discutidas por los científicos. Por un lado, si esos criterios fueran indicativos de salud y fertilidad, las personas percibidas como bellas presentarían esas características, pero ningún estudio científico lo demuestra: la simetría facial no es un indicador fiable de la salud general en los seres humanos. La antropóloga Margaret Mead criticaba la idea de que las preferencias fueran innatas y afirmaba la radical variabilidad cultural de las normas estéticas, ya que <strong>los estándares de belleza son culturalmente específicos</strong>. En particular, observó en varios campos estándares inversos a los considerados “naturales” en Occidente.</p><p><strong>Incluso la psicóloga </strong><a href="https://archive.org/details/SurvivalOfThePrettiestTheScienceOfBeauty/page/n9/mode/2up" target="_blank"><strong>Nancy Etcoff</strong></a><strong>, </strong>que se encuentra entre los científicos que defienden la idea de que ciertas preferencias estéticas no provienen únicamente de la cultura, sino que son el resultado de presiones evolutivas relacionadas con la biología, considera que “las prácticas culturales determinan de manera decisiva lo que se considera atractivo, aunque las predisposiciones evolutivas delimiten un abanico de posibilidades”.</p><p><strong>Considera</strong> por tanto <strong>que la belleza se basa en una base biológica moderada amplificada por la cultura</strong> y, en particular, por los medios de comunicación, las industrias cosméticas y las normas sociales. Son estas normas, forjadas por un pasado histórico, las que determinan los cánones de belleza y condicionan nuestros puntos de vista. Así, un mismo cuerpo puede clasificarse como sublime o repugnante según la época, el lugar o el contexto cultural.</p><p><strong>Los estándares de belleza</strong> producidos en el marco de las relaciones de poder, codificados por los grupos dominantes, <strong>son la expresión de un orden social y político</strong>. En gran parte del mundo, son las poblaciones blancas, que se han beneficiado de siglos de dominación económica, militar, cultural y mediática, las que han visto cómo sus características físicas se convertían en referencias estéticas universales.</p><p>Los cánones elaborados a partir de estas fisonomías han relegado a los demás cuerpos a la parte inferior de la jerarquía de lo bello. Frantz Fanon recordaba en Piel negra, máscaras blancas (Seuil, 1952) que el sujeto colonizado debía deshacerse de las imágenes despectivas impuestas por el colonizador y liberarse del “arsenal de complejos que germinó con la situación colonial”.</p><p>Cuando los rasgos constitutivos del cuerpo se designan como intrínsecamente feos, reivindicarlos como bellos constituye un gesto subversivo. Para las mujeres de las minorías, reinvertir en el campo de la belleza es un acto saludable: <strong>afirmarse como bella en un mundo que afirma lo contrario es revertir el estigma.</strong></p><p> </p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 20:17:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Rokhaya Diallo (Mediapart)]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Belleza,Extrema derecha,Minorías raciales,Colonial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jóvenes rebeldes sin pausa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/jovenes-rebeldes-pausa_129_2075499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/396d6d8b-0a9d-4640-ab67-5c9104d226c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jóvenes rebeldes sin pausa"></p><p>La publicación de<em> The Lonely Crowd</em> en 1950 despertó inquietud en la sociedad americana. El estudio, dirigido por el sociólogo<strong> David Reisman, </strong>mostraba cómo <strong>la clase media americana </strong>tendía a definir su consumo, su ideología, su religión y su forma de vida no desde ideas y deseos propios, sino buscando<strong> la aprobación de los demás.</strong> El sueño americano parecía así más amenazado por el conformismo y aburrimiento que por los misiles de Moscú. Las agencias de publicidad, que entonces vivían una auténtica revolución, tomaron nota y buscaron un <strong>modelo alternativo que fuera revulsivo social </strong>y, sobre todo, renovado<strong> motor del consumo. </strong>Nació así la <em>juventud</em>.</p><p>Frente al americano gris, la<strong> juventud</strong> sería paradigma de <strong>inconformismo, vitalidad, frescura, deseo constante de novedad.</strong> El cine proyectará aquel ideal. László Benedek fue pionero al presentarnos en <em>Salvaje </em>(1953) a un Marlon Brando motero e inadaptado. Le seguiría <em>Semilla de maldad </em>(1955), de Richard Brooks, una historia de adolescentes inadaptados que, además, al incluir en su banda sonora el <em>Rock around the clock, </em>de Bill Haley & His Comets, llevó por primera vez el rock a la pantalla. Pero <strong>la película que fijó aquel imaginario</strong> será <em><strong>Rebelde sin causa</strong></em><em> </em>(1955), de Nicholas Ray. La muerte de su protagonista, James Dean, reforzará el mito juvenil.</p><p>Aquel título condensaba<strong> la esencia del modelo. </strong>Lo joven deberá ser individualista e inadaptado; pero, sobre todo, deberá <strong>carecer de causas.</strong> Sus metas las señalarán unas agencias publicitarias empapadas de contracultura, espíritu hippie e incluso ansias revolucionarias. Una revolución nihilista y sin causa. Si no acatabas esas premisas, desaparecías. Por eso, <strong>Gilles Tautin,</strong> el adolescente de 17 años que murió ahogado en el Sena acosado por la policía cuando apoyaba a los huelguistas de la fábrica Renault, o los obreros de la Peugeot, <strong>Henri Blanchet</strong> y <strong>Pierre Beylot,</strong> asesinados por la gendarmería, serán <strong>borrados de los publirreportajes del 68.</strong> Y la misma suerte correría quien osara salirse de un guion que exigía buscar playas bajo los adoquines del Barrio Latino para, como pedían los airados jóvenes burgueses, llevar la imaginación al poder. </p><p>Aquella era, de hecho, la única reivindicación que el poder iba a asumir: <strong>volverse multicolor y hedonista.</strong> Para los publicistas del 68, el objetivo “revolucionario” no era la justicia social sino <strong>consolar con imaginación el desasosiego existencial de James Dean. </strong>Eso y transformar la rebeldía en reclamo consumista, claro. En España el modelo tardó en llegar, pero llegó, como reflejó en 1980 una famosa canción:<em> el futuro ya está aquí / y yo caí / enamorado de la moda juvenil / de los precios y rebajas que yo vi</em>. Aunque Radio Futura renegó pronto del tema (que nunca volvió a interpretar), el éxito fue abrumador. <strong>La</strong><em><strong> moda juvenil</strong></em><strong> había fagotizado las esperanzas de la lucha antifranquista.</strong></p><p>En realidad, <strong>Pier Paolo Pasolini </strong>ya nos había advertido mucho antes. Tras los disturbios en Valle Giulia, el 1 de marzo de 1968, escribió un duro poema contra los estudiantes: <em>Tenéis cara de hijos de papá / que la buena casta no engaña / la misma mirada maligna.</em> Como contraste provocador, Pasolini veía en los policías el rostro de los <strong>campesinos y de los obreros. </strong>Su conclusión fue demoledora: <em>En Valle Giulia, ayer, / se desarrolló, pues, un episodio / de lucha de clases: y vosotros, amiguitos (bien que en el bando / de la razón) erais los ricos, / mientras que los polizontes (que estaban en el bando / equivocado) eran los pobres.</em> </p><p>Desde entonces<strong> los hijos </strong><em><strong>rebeldes</strong></em><strong> </strong>de aquellos ricos <strong>no han dejado de enriquecerse </strong>vendiéndonos el sueño de una eterna juventud. La realidad entera adaptó su <strong>engranaje cultural, </strong>social y económico al modelo. Todo se hizo<strong> joven y </strong><em><strong>creativo</strong></em><strong>. </strong>Los trabajos se flexibilizaron <em>contra</em> el aburrimiento. La formación se hizo continua, hasta transformarnos en perennes aprendices. <strong>La precariedad se reconvirtió en </strong><em><strong>freelance</strong></em><strong>, </strong>como si el falso autónomo fuera un intrépido corresponsal de guerra que cambió su macuto por la mochila de Glovo. Y el mundo se llenó de <em>experiencias</em>: desde ser trotamundos de Ryanair hasta sentirse<em> </em>alegres universitarios en piso compartido por no poder pagar una vivienda.</p><p><strong>Vidas jóvenes en cuerpos jóvenes.</strong> Los grandes almacenes se llenarán de ropa desenfadada; los gimnasios moldearán nuestros músculos; las industrias farmacéuticas y alimentarias nos atiborrarán de proteínas y el<strong> negocio de la estética </strong>nos facilitará desde un corrector de arrugas al bisturí más diestro. España ronda el millón de tratamientos estéticos al año, un negocio que factura ya <strong>4.000 millones de euros. </strong>Estar joven no tiene precio. Ni edad. La Sociedad Española de Medicina Estética estima que el 20% de los pacientes tiene entre 16 y 24 años. Nunca se es suficientemente joven para el canon de <em>TikTok</em> o <em>Instagram</em>. <strong>El neoliberalismo se legitimaba</strong> así con <strong>indumentaria juvenil </strong>y los multimillonarios, como Elon Musk o Mark Zuckerberg, se presentaban como desenfadados universitarios en una fiesta de fin de curso. Pero llegó 2008 y descubrimos que no estábamos invitados a esa fiesta. </p><p>Pese a ello, el capitalismo <em>hollywoodiense</em> no tenía recambio para la película juvenil que nos había vendido. Se hizo preciso, pues, actualizar el argumento para no perder el favor de un público que ya se cuestionaba algunos personajes. Especialmente, el más delicado de todos: <strong>el malvado. </strong>Cada vez más espectadores pensaban que ese papel<strong> les correspondía a los ricos, </strong>por eso los guionistas oficiales trabajaron a fondo para ofrecer una<strong> larga lista de malvados alternativos </strong>a los que debería enfrentarse el héroe juvenil: el migrante, la feminista, el sindicalista, el izquierdista. Y el viejo. El viejo, y no el rico, era el responsable de que los excluidos de la fiesta vieran amenazado su consuelo al botellón; el viejo con sus <em>privilegiadas</em> pensiones, con su dependencia de una sanidad pública que la vitalidad juvenil no necesita. </p><p>Esta vez, además, era preciso no dejar cabos sueltos. Era imprescindible<strong> introducir en el guion una definitiva vuelta de tuerca </strong>que ni Henry James hubiera podido imaginar. Y para ello, encontraron inspiración en un fenómeno juvenil chino. Una de las cosas que sorprende del metro de Beijing es cruzarse con muchachas ataviadas con vestidos de la dinastía Han. Es el pujante <em>movimiento Hanfu</em>, reflejo de un orgullo nacional que vincula el desarrollo actual del país con el esplendor milenario del imperio chino. Pero <strong>en Occidente </strong>no hay orgullo sino, especialmente entre los jóvenes varones, <strong>un profundo sentimiento de decadencia. </strong>Había pues que adaptar el modelo. Y para ello, los publicistas sustituyeron a James Dean por el patético Ignatius J. Reilly, aquel protagonista de <em>La conjura de los necios,</em> la novela de John Kennedy Toole, que no veía otra salida a su frustración vital que regresar al orden teológico feudal.</p><p>Incapaz de ofrecer futuro, <strong>el capitalismo nos vende pasado como lo último en moda joven.</strong> Era la jugada maestra: lograr que las generaciones Z y Alfa renunciaran al mañana para reivindicar el ayer más <em>vintage</em> y casposo. La operación fue un éxito arrollador. Bastaba con ver cómo, por ejemplo, los españoles más jóvenes, espoleados por las redes sociales, se aprestaban a <strong>considerar </strong><em><strong>cool</strong></em><strong>  la defensa del franquismo, </strong>de la cruz borgoña y de Don Pelayo. </p><p>Nada parecía detener aquel movimiento tan jovialmente<strong> reaccionario. </strong>Hasta que, de repente, un día sucedió lo imprevisto. Las ciudades se llenaron de hombres, mujeres y trans, de niños, jóvenes y viejos, de migrantes, nativos y apátridas, gritando por las calles <em><strong>Palestina libre. </strong></em>Y<em> </em>el nerviosismo volvió a apoderarse de los guionistas. Porque una multitud que grita <em>Palestina libre</em> es un sujeto peligroso capaz de <strong>recordar o soñar causas perdidas</strong>. O lo que es lo mismo, dispuesto todavía a<strong> imaginarse el futuro.</strong></p><p>________________</p><p><em><strong>José Manuel Rambla </strong></em><em>es periodista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Oct 2025 04:00:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Manuel Rambla]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jóvenes rebeldes sin pausa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Elon Musk,Mark Zuckerberg,Estados Unidos,Derecha,Liberalismo político,Fascismo,Moda,Belleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del modelo Kate Moss a las carísimas rutinas faciales: así sigue machacando la moda a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/igualdad/modelo-kate-moss-rutinas-faciales-moda-sigue-machacando-cuerpo-mujeres_1_1971062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b862074a-2b7d-48a5-96f7-9e6ae4c77291_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del modelo Kate Moss a las carísimas rutinas faciales: así sigue machacando la moda a las mujeres"></p><p>Una mujer joven frente a un espejo saluda a cámara. En silencio comienza a retirarse todos los objetos que le han acompañado a lo largo de la noche: moldeadores para el pelo sin calor, para poder conseguir unas <strong>ondas naturales sin dañarse el pelo</strong>, una cinta en la mandíbula, para reducir una papada inexistente, una mascarilla de colágeno, que promete convertir la piel en porcelana, y otra para reducir ojeras y bolsas, para eliminar los llamados signos de “fatiga”. Ah, y los retenedores invisibles, para poder lucir siempre una sonrisa perfectamente blanca y alineada. A continuación, comienza un<strong> baile de serums</strong>, cremas hidratantes, aceites y masajes que consiguen un acabado luminoso en la piel. </p><p>El vídeo termina, pero en el <em>feed</em> se pueden encontrar miles de vídeos por el estilo, hipnóticos, que presentan diferentes técnicas, como la <strong>máscara led roja</strong>, que ayuda a mejorar la circulación y acelera la producción de colágeno y la cicatrización, o la <em>hieloterapia</em>, que, a través de la aplicación de hielo directamente en la cara, ayuda a refinar los poros, activa la circulación y reafirma el rostro. Quienes están expuestas a esto suelen ser <strong>mujeres jóvenes </strong>tratando de alcanzar un ideal prácticamente imposible, que combina un buen colchón económico—puesto que los productos cosméticos no suelen ser baratos—, con una piel libre de manchas, acné y líneas de expresión, una piel libre de vida. </p><p>Naomi Wolf ya planteaba en los años 90 la belleza como una antigua ideología que aún conserva el<strong> poder de controlar a las mujeres</strong>, ligada a un sistema monetario en el que aún se mantiene la dominación masculina. Wolf adelantaba que en la medida que las mujeres se hacían más fuertes en el ámbito político —o profesional—, mayor era la presión que ejercían los ideales de belleza sobre sus cuerpos, principalmente para disuadir su energía. Idea que <strong>Esther Pineda G</strong>., doctora en ciencias sociales y autora del libro <em>Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer (Prometeo Libros</em>, 2020), reitera en respuesta a preguntas de<strong> infoLibre. </strong></p><p>Pineda incide en que la exigencia de belleza ha recaído históricamente sobre las mujeres, ya que esta se asociaba a la concepción de la mujer como objeto, como “algo” que debía satisfacer el imaginario y deseo masculino que se reflejaban directamente en el <strong>imaginario y deseo social</strong>. Además, añade, que si las mujeres están angustiadas por su apariencia física y ocupan sus horas en ella, “van a estar<strong> desmovilizadas de la reflexión </strong>y acción social, de los espacios de creación y poder político, económico, social, académico, entre otros”. </p><p>Y, esta presión, ha sabido ir encontrando su hueco en el mercado —y en las redes— con cada vez más picardía a lo largo de los años. En los 90, por ejemplo, como respuesta a una industria de la moda que abogaba por el aspecto<strong> impecable de las supermodelos</strong>, nació el <em>heroin chic</em>, una tendencia que trataba de romper con todo aquello mediante estilos “descuidados”, <strong>ligados al grunge y al consumo de drogas</strong>, concretamente la heroína. Muchos sitúan el inicio de esta corriente estilística en la modelo Gia Caragi, que murió con 26 años a causa de complicaciones relacionadas con el SIDA y cuyo relevo cogió Kate Moss. </p><p>El <em>heroin chic, </em>a pesar de ese inicio supuestamente rompedor, dejó a su paso unos años 2000 cargados de pantalones de <strong>tiro bajo, tops apretados y trastornos alimenticios</strong>. Muchas mujeres –tanto jóvenes como adultas– se enfrentaron a un ideal que a duras penas podía mantener la industria, mientras lidiaban con mensajes tan nocivos como el de la vida de <strong>Bridget Jones</strong>, que se presentaba como a la protagonista como una fracasada –incidiendo a lo largo de toda la saga que era por su peso–, a pesar de estar en la treintena, independizada en Londres y encadenar varios buenos trabajos. </p><p>Con la llegada de la década de 2010, se comenzó a abrazar conceptos como el de <strong>modelos </strong><em><strong>curvy</strong></em><strong> y el </strong><em><strong>body positive</strong></em>, que abogaban por un mensaje conciliador con el cuerpo femenino, con todas sus imperfecciones, hasta casi rozar la romantización. Junto a este nuevo enfoque, se popularizó el <strong>autocuidado</strong>, una manera de orientar la salud y el cuidado que residía en dedicarse tiempo a uno mismo a través de diferentes prácticas, pero siempre con una actitud positiva hacia la propia corporalidad. Las redes sociales –y el capitalismo– echaron mano de esto y transformaron lo que en principio podría plantearse como un espacio seguro para las mujeres –y muchos hombres– en <strong>otra trampa de consumo</strong>. </p><p>El autocuidado, la positividad en torno al cuerpo, sólo era válido si iba acompañado de un esfuerzo constante por mejorar, hacer deporte, comer sano y, sobre todo, <strong>comprar productos</strong> para facilitar todo este proceso. Como recuerda Pineda, “las grandes y multimillonarias industrias en general, y la industria de la belleza (quirúrgica, farmacéutica y cosmética) siempre intentan adherirse o apropiarse de consignas, emblemas y narrativas de movimientos sociales”, ya no solo para conseguir<strong> nuevos consumidores</strong>, sino también como “estrategia para neutralizar y desmovilizar el impacto de estas ideas [feminismo y empoderamiento] y movimientos sociales”. Fue durante esos años cuando dietas como la <strong>Dunkan, la detox o la cetogénica </strong>volvieron a resonar entre las conversaciones de pasillo.  </p><p>La hiperconectividad y la exposición constante en redes sociales han conseguido que estos mensajes de falsos cuidados calen con mayor rapidez y cada vez en edades más tempranas. Las rutinas de cuidado de la piel, el último gran bombazo de las <strong>industrias estéticas</strong>, protagonizan vídeos, post, sorteos y colaboraciones. Y no se reducen exclusivamente a limpiar la piel y protegerla del sol, sino que consienten en la utilización de<strong> cuantiosos productos </strong>con nombres tan rimbombantes como retinol, vitamina C, ácido hialurónico o correctores de imperfecciones. Según el último informe de la <a href="https://www.stanpa.com/sector-en-cifras/cultura-del-bienestaresencialidad-de-la-cosmetica-y-el-perfume-en-espana/" target="_blank" >Asociación Nacional de Cosmética y Perfumería</a>, el gasto en productos dedicados al cuidado de la piel es primordial en las rutinas diarias, y el<strong> 73% de las mujeres</strong> aseguran sentirse "mejor cuando su piel está cuidada", utilizando <strong>8,5 productos de media diarios</strong> para ello. El mismo informe sitúa a España como el primer país de la Unión Europea en consumo cosmético y de perfumería, traduciendo el gasto en más de 220 euros año por habitante. </p><p>Esta realidad, según razona Laura Barrios, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, contrasta con el supuesto <strong>mensaje empoderante</strong> que muchas marcas han ido incorporando a lo largo de los años: “Nos dicen que somos libres y poderosas, pero a la vez nos venden la idea de que solo lo seremos si encajamos en<strong> ciertos ideales de belleza</strong>”. Además, matiza “nos animan a querernos, pero al mismo tiempo nos bombardean con retoques, filtros y productos que nos sugieren que nuestra apariencia natural no es suficiente”. </p><p>Lo que esconden estas promesas de perfección es <strong>una realidad distorsionada</strong>, basada en la inseguridad, el consumismo y la perpetuación de unos estándares estéticos prácticamente imposibles. Y, como señala Barrios, “no te dicen directamente que necesitas cambiar para gustar a los demás”, <strong>los ideales de belleza tradicionales</strong> siguen estando más fuertes que nunca. “Cuidarnos”, remata Barrios, “es elegir lo que nos hace bien, no lo que nos imponen”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Apr 2025 17:45:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Alonso]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Del modelo Kate Moss a las carísimas rutinas faciales: así sigue machacando la moda a las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales,TikTok,Instagram,Belleza,Mujeres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otro verano llenando las playas de complejos o cómo las clínicas se lucran con la inseguridad de las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/igualdad/decadas-llenando-playas-complejos-industria-belleza-lucra-inseguridades-mujeres_1_1788466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/781a068f-a5b4-472c-ba00-780757cb5f76_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otro verano llenando las playas de complejos o cómo las clínicas se lucran con la inseguridad de las mujeres"></p><p>Miércoles 8 de mayo. La empresa Clínicas Dorsia despliega una gigantesca lona en pleno centro de Madrid, en la que presumen de haber "<strong>cambiado el panorama de las playas</strong>". El anuncio aprovecha la llegada de los meses estivales para publicitar una de sus promociones relativas a aumento de pechos. Jueves 9 de mayo. La misma clínica se compromete a retirar el cartel y siente haber podido "herir sensibilidades". Sobre cuántas sensibilidades se han podido herir en ese lapso temporal, poco se sabe. Pero sí conocemos algunos datos: las intervenciones estéticas no han parado de crecer en los últimos años y son <strong>chicas cada vez más jóvenes quienes se acercan a las clínicas ansiando cambiar sus cuerpos</strong>. </p><p>El informe <em>La realidad de la Cirugía Estética en España</em>, elaborado por la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (Secpre), determina que en 2021 las operaciones estéticas<strong> crecieron un 215%</strong> respecto a la década anterior. A la cabeza, las operaciones de aumento de pecho. Son las mujeres quienes de forma masiva pasan por el quirófano: el 85% de las operaciones son para ellas, frente al 15% donde el paciente es un hombre. </p><p><strong>Esther Pineda</strong>, doctora en ciencias sociales y autora del libro <em>Bellas para morir. Estereotipos de género y violencia estética contra la mujer </em>(Prometeo Libros, 2020), señala a preguntas de <strong>infoLibre</strong> que el incremento de las operaciones estéticas es "multifactorial y pluricausal". Existe, por un lado, un "bombardeo mediático con<strong> ideales de belleza</strong> y publicidad de procedimientos estéticos" que ha encontrado acomodo en redes sociales, pero también emerge una suerte de <em>mcdonalización</em>, en palabras del sociólogo George Ritzer, de la cirugía estética. </p><p>Precisamente Clínicas Dorsia destaca en su anuncio que la operación de aumento de pecho se realiza en tan sólo una hora. Esta "<strong>disponibilidad masiva</strong> a bajo coste", continúa Esther Pineda, se ha unido a la "profundización de la violencia estética", la expectativa y presión social "para responder al ideal de belleza".</p><p>Y si alguien está expuesto a las redes sociales y es además vulnerable a la presión estética, ese alguien son las <strong>mujeres jóvenes</strong>. La encuesta de la Federación de Mujeres Jóvenes <em>Relación con el cuerpo y la alimentación en mujeres jóvenes</em> revela que el<strong> 89% de las encuestadas cambiaría alguna parte de su cuerpo</strong> y según el informe <em>No seas presa de la talla</em>, el 44,43% de las chicas destaca la influencia negativa de las redes sociales en relación a sus cuerpos.</p><p>"Para nosotras supone un motivo de alarma", reseña <strong>Raquel Pérez</strong>, vicepresidenta de la Federación, "estamos ante empresas que se enriquecen<strong> sacando beneficios de las inseguridades de las mujeres jóvenes</strong>". La sobreexposición en las redes sociales, agrega, ha hecho que "la imagen corporal de las mujeres esté cada vez más distorsionada" y la "percepción de su propio cuerpo es cada vez más negativa". </p><p>En redes sociales, las chicas jóvenes están "expuestas a una realidad concreta" que se expresa en un "<strong>cuerpo canónico</strong> que no es la generalidad", por lo que esa "falta de diversidad tan brutal" termina afectando a la "salud mental de las mujeres", lo que a juicio de la activista tiene que ver con el "incremento exponencial" de las intervenciones estéticas. </p><p>En 2023, casi la mitad de la población (46,6%) se sometió a un tratamiento de medicina estética. Ahí, en lo que tiene que ver con las <strong>intervenciones no quirúrgicas</strong>, ellas también se llevan el oro: el 69% de quienes reciben algún retoque estético es una mujer, según la Sociedad Española de Medicina Estética (Seme). Y se repite la tendencia: cada vez son más los jóvenes que acuden a este tipo de tratamientos estéticos que no requieren de bisturí. La franja de edad de entre 16 y 25 años, señala la misma entidad, ha aumentado su presencia hasta suponer el 20% del total.</p><p>Pero existe un reverso: "Al ser procedimientos cuya duración o efecto es corto, esto convierte a quienes se lo realizan en <strong>consumidoras permanentes y eternas </strong>de estos procedimientos para mantener la imagen deseada y ya mostrada públicamente, pasando a ser una renta que descapitaliza a las mujeres, pero que también puede tener consecuencias físicas ante la alteración no deseada de la imagen, resultados no esperados o la migración del producto a otras partes del rostro", advierte Pineda. </p><p>La perversidad en torno a este tipo de tratamientos es que "vuelven accesible algo que no lo era y lo convierten en una necesidad". Toma la palabra la periodista feminista <strong>Paola Aragón</strong>, quien también posa la mirada sobre las redes sociales y sus efectos. "Son un canal de difusión brutal", capaz de inocular una serie de "estímulos sin ningún control". El resultado es que las chicas "están yendo en masa a pedir que les pinchen los labios, les estiren los pómulos o les quiten una mini arruga de la frente, chavalas que quieren asemejar sus rostros a los de las influencers que admiran", lo cual conlleva además una "pérdida de identidad", observa Aragón.</p><p>Con el paso de los años, los mensajes de las clínicas especializadas en tratamientos estéticos han dado un salto hacia una idea concreta: la libertad de las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos. "Las industrias siempre intentarán <strong>apropiarse de los discursos feministas</strong>, cuestionadores y movilizadores de las ideas de las mujeres, para desactivarlos" y sacar rédito a partir de ellos, lamenta Pineda. </p><p>La pregunta, coinciden las expertas, no pasa tanto por cuestionar la capacidad de cada mujer de tomar sus propias decisiones, sino de escrutar cuáles son los motivos que mueven sus anhelos. "¿Tú quieres modificar tu cuerpo genuinamente o porque tus gustos están <strong>construidos en base a un canon</strong> que se sostiene sobre un sesgo de mirada patriarcal hegemónica?", plantea Aragón, quien sugiere que "nada es aséptico" y que las decisiones de las mujeres están atravesadas por un deseo de adaptación que busca, precisamente, sortear la violencia estética que recae sobre aquello que se sale de lo normativo.</p><p>Pero ahondar en la raíz de todo este entramado de violencia pasa por cuestionar los estereotipos que anidan en el imaginario de las niñas desde edades tempranas. "Desde las<strong> princesas delgadas, guapas y canónicas</strong>", concreta Raquel Pérez, quien insiste en que "no se puede configurar como empoderamiento, porque es un mensaje que cala en el subconsciente de las mujeres jóvenes desde que son pequeñas". </p><p>En ese sentido, la feminista cree fundamental desplazar el foco de los comportamientos individuales, para adoptar un enfoque colectivo: "Debemos analizar estas problemáticas entendiendo <strong>cuál es el sistema que fundamenta esto</strong> y sabiendo que sólo a través de la erradicación de ese sistema podremos verdaderamente ser libres".</p><p>Si Clínicas Dorsia ha decidido dar un paso atrás respecto a su lona, probablemente haya sido gracias a la presión escenificada en redes sociales y pilotada por la asociación sin ánimo de lucro teta & teta. "¿Cómo puede ser esto legal? ¿Cuánto falta para que <strong>se regule la publicidad de cirugías plásticas y retoques estéticos</strong> (en la TV y en RRSS)?", decía la organización en redes sociales.</p><p>Este mismo viernes, el Instituto de las Mujeres ha recordado que cualquier campaña debe cumplir el artículo tercero de la <a href="https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1988-26156" target="_blank">Ley General de Publicidad</a>, respecto a publicidad ilícita, donde se encuadra también aquella de carácter sexista. En añadido, la institución gestiona el <a href="https://www.inmujeres.gob.es/observatorios/observImg/home.htm" target="_blank">Observatorio de la Imagen de las Mujeres</a>, una herramienta que busca analizar la <strong>representación femenina en la publicidad </strong>y los medios de comunicación, donde cualquiera puede además formular denuncias.</p><p>Pero ¿es suficiente? Para Raquel Pérez, la respuesta es no. "Si mensajes como el de Dorsia están permitidos, es porque es <strong>necesaria una mayor regulación y vigilancia </strong>de quienes capitalizan las inseguridades de las mujeres". Si bien es cierto que la futura <em>ley de influencers</em> prohibirá promocionar actos o clínicas de cirugía estética a los creadores de contenido, por el momento no hay previsto ningún paso más para endurecer la legislación.</p><p>La directora del Instituto de las Mujeres,<strong> Isabel García</strong>, cree que hay que poner el foco en otro lado: la sensibilización. Así lo explica en conversación telefónica con este diario. "Cada vez se estereotipa más a las mujeres, con graves <strong>consecuencias en su salud física y mental</strong>". Por eso, añade, lo oportuno es trabajar en "campañas institucionales para prevenir que sigan aumentando este tipo de intervenciones", siendo su prioridad al frente del Instituto de las Mujeres potenciar la actividad del Observatorio. "Trabajamos continuamente y estamos en alerta permanente", asiente. Como institución, no cree necesario "regular la publicidad de estas clínicas", pero sí trabajar hacia una reflexión global y sensibilizar especialmente a los menores de edad a través de las redes sociales. </p><p>Al final, sostiene, "tener los labios más gruesos o los pechos más grandes" no otorga "ningún tipo de poder" a las mujeres, sino que "las esclaviza".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 May 2024 17:30:48 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sabela Rodríguez Álvarez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Otro verano llenando las playas de complejos o cómo las clínicas se lucran con la inseguridad de las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Ministerio de Igualdad,Mujeres,Belleza,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Muere a los 94 años Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/muere-94-anos-liliane-bettencourt-mujer-rica-mundo_1_1145494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/83c1a5df-6391-41ca-bc87-6306d893f9cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere a los 94 años Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo"></p><p>Liliane Bettencourt, hija del fundador del imperio cosmético L'Oréal y considerada la <strong>mujer más rica del mundo</strong> por la revista <a href="https://www.forbes.com.mx/las-mujeres-en-la-lista-forbes-de-los-mas-ricos-del-mundo-en-2017/" target="_blank">Forbes</a>, murió este jueves de madrugada a los 94 años en su domicilio, según informó su familia y recogió Europa Press.</p><p>"Liliane Bettencourt falleció esta noche en su domicilio. Habría cumplido 95 años el 21 de octubre. <strong>Mi madre se ha ido apaciblemente</strong>", anunció su hija, Françoise Bettencourt Meyers, en un comunicado recogido por medios galos.</p><p>La hija aprovechó la nota para confirmar, "en este doloroso momento", la <strong>"fidelidad" familiar a L'Oréal</strong> y expresar la absoluta "confianza" en el actual presidente de la compañía, <a href="http://www.loreal.es/el-grupo/gobierno/comit%C3%A9-de-direcci%C3%B3n/jean-paul-agon" target="_blank">Jean-Paul Agon</a>, así como a los equipos de la empresa "en el mundo entero".</p><p>Bettencourt heredó la casa cosmética tras la muerte de su padres, Eugène Schueller, en 1957, pero en los últimos años fue más noticia por su deterioro cognitivo —un juez llegó a ponerla bajo tutela de un familiar— y por los procesos abiertos en relación al <strong>supuesto aprovechamiento</strong> que hicieron de su delicado estado personas de su entorno.</p><p>El diario francés<strong> Mediapart</strong> –del que infoLibre es socio editorial– se vio obligado a retirar de su página web todas las referencias a las grabaciones que están en el origen de una de sus mayores hitos periodísticos, el <em>caso Bettencourt</em>, un proceso que sacó a la luz en 2010 un caso de financiación ilegal que salpicó a la presidencia de Francia. En cumplimiento del mandato de la corte de apelación de Versalles, el diario que encabeza Edwy Plenel borró los contenidos que, sin embargo, pueden consultarse en su versión original en infoLibre y en otros muchos medios, tanto franceses como extranjeros. El caso está pendiente de la resolución de un recurso ante la Fiscalía de la República y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.</p><p> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Sep 2017 17:36:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Muere a los 94 años Liliane Bettencourt, la mujer más rica del mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Belleza,Empresas,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cosmética que fomenta la incultura científica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/cosmetica-fomenta-incultura-cientifica_1_1132128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Con células madre, ADN vegetal, probióticos, activadores de los genes <em>clock</em>, recuperadores de la velocidad de las enzimas... En los últimos años los anuncios de cosmética se han llenado de términos científicos que impresionan a algunos consumidores. En su inmensa mayoría transmiten mensajes absurdos, confunden y <strong>fomentan la incultura científica. </strong></p><p>La industria cosmética tiene todo en su mano para el éxito. Vende belleza, placer, evasión, ilusión, cuidado personal y mental. Son productos que se venden solos. Para qué meterse en sinsentidos científicos. Sin embargo, los creativos han descubierto un mundo lleno de <strong>tecnicismos de laboratorio que quieren explotar</strong> hasta el paroxismo. </p><p>Personalmente, disfruto mucho de productos de belleza y aseo. Me encanta parar el mundo un rato al día y relajarme disfrutando de los aromas, texturas y efectos sobre mi piel y cabello. Para elegir productos esquivo las paparruchadas científicas, me fijo en el espíritu de la línea, pruebo las muestras y leo los ingredientes. Porque <strong>encontrar información honesta sobre el producto en su envase es misión imposible. </strong></p><p>Muy elocuente fue el toque de atención de la FDA (la Agencia que regula los fármacos y alimentos en Estados Unidos) a Lancôme (de L'Oreal). La marca aseguraba que sus productos activaban los genes y estimulaban la producción de  proteínas de la juventud. La agencia instó a la compañía a dejar de publicitar esos productos para el cuidado de la piel utilizando un lenguaje médico. O en el caso de que quisieran mantener sus afirmaciones se le exigía las <a href="http://www.fda.gov/ICECI/EnforcementActions/WarningLetters/2012/ucm318809.htm" target="_blank">mismas evidencias que a un medicamento</a>. </p><p>Aquí en Europa, la Autoridad Italiana de Competencia <a href="https://www.altroconsumo.it/salute/cura-della-persona/news/multa-antirughe-clinique" target="_blank">multó por motivos parecidos a Clinique</a> (de Estée Lauder). No parece haber servido de mucho. </p><p>En el otro extremo está "lo natural". El término también ha sido pervertido por la industria. Sin químicos, sin conservantes, 100% natural, aceites naturales de salud, biohidratante casera, con plantas adaptogénicas o con raíces milenarias, son algunos de los reclamos que se pueden leer en este tipo de productos. Para lograr que el consumidor crea que está comprando artículos fabricados en comunión con un concepto de naturaleza cándido, <strong>visten sus productos con esos mensajes </strong>que también contribuyen a la incultura científica. Pero la realidad es que la naturaleza no es amable, sino despiadada y ajena a sentimentalismos. Y la química o lo sintético no es sinónimo de veneno.</p><p>Otra práctica que confunde al consumidor (y que está prohibida) es <strong>resaltar que los productos están libres de algún componente,</strong> dando a entender que es dañino, o que los productos que sí lo tienen son peores. Por ejemplo, los aceites minerales, siliconas (ambos típicos de las cremas hidratantes) o los parabenos (conservantes que mantienen los cosméticos libres de hongos y otros microbios). En este último caso, es necesario saber que hay muchas clases de parabenos; los que se usan <a href="http://ec.europa.eu/health/scientific_committees/docs/citizens_parabens_en.pdf%20" target="_blank">en cosmética y en las proporciones permitidas son seguros.</a> Sin embargo, el consumidor empezó a rechazar todos confundido por los mensajes alarmistas que recorren la red y aseguran que todos son cancerígenos. La industria aprovechó esta nueva tendencia para hacer caja lanzando nuevos productos sin parabenos, aunque no sean malos, y los ha sustituido por otros conservantes, que no son necesariamente mejores. </p><p>Algunos afirman que los anuncios de cremas nos dicen lo que queremos oír.  <strong>Yo no quiero oír mentiras.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Oct 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[América Valenzuela]]></author>
      <media:title><![CDATA[Cosmética que fomenta la incultura científica]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Belleza,Ciencia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
