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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 210]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-210/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 210]]></description>
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      <title><![CDATA[A fuego lento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fuego-lento_1_1190561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3945b1de-4d08-4881-8725-33a21a01f9b3_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="A fuego lento"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos 'Liebre por gato' está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. Esta nueva entrega recoge un texto de Enrique del Acebo Ibáñez. Este microrrelato está basado en la obra </em><a href="https://mnba.museosabiertos.org/27-tertulia-en-la-fonda-10677.html" target="_blank">Tertulia en la fonda antes de comer</a><em>, de Pedro Figari (c. 1919), en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires.</em></p><p>_____</p><p>Apenas se mudó al barrio, un par de años atrás, el joven y apuesto Nicasio comenzó a ganarse su justa fama de gran anfitrión. Sus eventos culinarios de los sábados por la noche no tenían parangón. Cada vez el plato principal era una sorpresa, y siempre muy sabrosa: Nicasio ponía creatividad y cuerpo en la tarea. Y los vecinos –sobre todo ellas- lo agradecían.</p><p>Esta vez no fue la excepción: todos vinieron movidos por develar la sorpresa del plato de la noche. Mientras estaba en plena tarea culinaria, encerrado en los fondos de la casa en esa vieja cocina amparo de sus secretos, algunas de las devotas vecinas no hacían más que hablar de él: “Nicasio es un bombón, es único…”, decía con convicción una viuda de negro infinito mientras quienes la rodeaban asentían. A sus pies podía verse la gata blanca del dueño de casa, junto a otros gatos presentes, relamiéndose sus bigotes, en un extraño ritual al amparo de las polleras de las señoras, como queriendo esconder algo entre sus dientes.</p><p>Otras tres vecinas, vestidas de negro antiguo, mostraban cierta mirada huidiza. “La verdad que no tengo hambre”, dijo una. “¿Para qué viniste entonces?”, le replicó quien estaba a su lado. “¡Tú sólo piensas en comer!”, retrucó la primera. “Además –continuó, embobada— más que por sus sabrosos platos, sabes que Nicasio es mi perdición, ¡me lo comería a besos!”. Desde la habitación del fondo llegaban aromas inefables, tal como Nicasio las tenía acostumbradas. “Hmm… se me hace agua la boca…“, alcanzó a murmurar la tercera. “Shhh —previno la más anciana de las contertulias, mirando para ambos lados—, no hables tan alto, se van a pensar que somos unas muertas de hambre”. “Es que no puedo dejar de pensar en él… —se defendió la primera, bajando la voz y mirada—. ¡Pobre! Ama tanto cocinar y a sus vecinos que pone su vida en ello”. “¡Por favor! Te dijimos que no hablaras tan fuerte”, volvió a tronar la anciana, mientras trataba de no enredarse con el sigilo de los gatos.</p><p>Todas siguieron murmurando, entregándose miradas cómplices culposamente envueltas en sus ropas negras. Sólo las hizo callar la llegada del esperado plato sorpresa: carne fresca asada y condimentada de manera exquisita. Nicasio apareció así de cuerpo presente satisfaciendo todas las expectativas. Fue una comida inolvidable para casi todos.</p><p><em>_____</em></p><p><strong>Enrique del Acebo Ibáñez </strong>es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor e investigador en universidades argentinas, europeas y estadounidenses. Ha escrito numerosos libros de ensayos y microficción editados en la Argentina, México, Estados Unidos y Europa. Es artista plástico y realizador de cine.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Enrique del Acebo Ibáñez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 210]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Guerra y hambre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/guerra-hambre_1_1190553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f5767feb-bf8f-4dd8-a5b8-e205dea2ba84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Guerra y hambre"></p><p><strong>Quercus. En la raya del infinito</strong></p><p><strong>Rafael Cabanillas Saldaña </strong></p><p><strong>Cuarto Centenario</strong></p><p><strong>Valparaíso (Toledo)</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p><a href="https://www.cuartocentenario.es/paginas/libros/id60-quercus.-en-la-raya-del-infinito.html" target="_blank">Quercus</a> va al grano. Y lo hace desde la primera página. No, lo hace desde el mismo título, que ya nos adelanta una historia universal, pero única, aunque a nosotros nos vaya a recordar a la nuestra o a otras que sabemos ciertas porque quienes las vivieron no pudieron dejarlas dormir en el inconsciente olvido de los siglos y nos las contaron más que con palabras con todo su cuerpo. Pero la que vive en <em>Quercus</em> es única, y así nos la hace sentir su autor, <strong>Rafael Cabanillas Saldaña</strong>, un hombre que sabe muy bien de lo que escribe, lo que hace además con la destreza que da el don de la pluma y de la honestidad cuando se juntan.</p><p>Tras un par de páginas que desbordan belleza y en las que se nos describe la luz del otoño como si quisiera que desde el primer instante nos habituásemos al olor y a la luz de la historia que vamos a leer, el autor ya nos presenta a Abel Mejía, a quien de inmediato queremos acompañar, y nos lo pone a correr solo unas pocas páginas después. Después de haber presenciado lo que jamás debería haber ocurrido, de haber vivido lo que nadie nunca debería vivir, lo que no va a olvidar en toda su vida, lo que le va a convertir en el hombre salvaje que sin embargo conserva intacta la razón y la cordura. Corremos con él, respiramos con él, y con él nos intentamos proteger de un dolor que nos lleva a la rabia y a la ira, pero con él también nos enamoramos, disfrutamos una lumbre de besos y sabemos que el amor siempre llega a tiempo.</p><p>Todo lo que viene a continuación es una cascada de sentimientos, de emociones que te enfrentan con la vida que ha pasado, pero que no acaba de pasar, con el frío extremo y el calor sofocante de los campos de Castilla, con un coro de voces que te estremecen página sí y página no, por lo que viven y por lo que no viven y deberían vivir. El dolor y las adversidades que son de Abel, pero también nuestras porque nos siguen corriendo en la sangre y porque el autor, con su prosa potente y al mismo tiempo delicada, consigue hacérnoslo sentir así. Y no suelta las riendas, al caballo desbocado que es su historia le va marcando el paso con capítulos que son hermosos ya solo con sus títulos, que son nombres (el mismo Abel Mejía, Ezequiel, don Casto, Melquiades, Candelaria…) que son lugares (Guadamajud, Valdelagua, Navalagrulla…) y que son emociones (lumbre, locura, desnudez). Y son, por encima de todo, sobresaltos que te ponen el corazón en la boca y los pies a caminar.</p><p><em>Quercus</em> no es otra novela sobre la Guerra Civil, <em>Quercus</em> es una novela sobre el hambre, el campo y la tierra, la dignidad, la soberbia, la avaricia, el perdón, el amor. <em>Quercus</em> es una novela sobre una España en la que vivieron hombres y mujeres que se empeñaron y consiguieron, aún no comprendo bien cómo, sobrevivir.</p><p>Leí <em>Quercus</em> por primera vez sin saber a qué me enfrentaba, solo por el placer de volver a leer a su autor, de quien ya había disfrutado otros títulos. A penas leídas las primeras páginas, supe que esa lectura iba a ser una aventura de la que me costaría salir. Ahora que el libro alcanza una merecidísima segunda, y primorosa, edición gracias a la impecable labor de la editorial Cuarto Centenario, me ha vuelto a ocurrir. <em>Quercus</em> no irá al estante de leídos, porque sé que en cualquier momento tendré que volver a él, tal es la fuerza de la historia que Rafael Cabanillas Saldaña ha querido colocar en las páginas de un libro que pienso sinceramente que todos deberíamos leer, por la calidad del lenguaje con el que está escrito y por la veracidad de una historia que muy bien puede, y no debería, volver a ocurrir.</p><p><em>_____</em></p><p><strong>Paz Martín-Pozuelo</strong> es escritora y profesora titular de la Universidad Carlos III de Madrid.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Paz Martín-Pozuelo]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 210]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Patinando sobre hielo fino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/patinando-hielo-fino_1_1190552.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5dae3ebb-13bd-4a3c-9837-69be65001289_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Patinando sobre hielo fino"></p><p>Confieso mi ignorancia, pero antes de leer este libro no sabía en absoluto quién era <strong>Sally Rooney</strong>, circunstancia que al final de su lectura he tenido que agradecer, al darme cuenta de que había valorado el texto sin prejuicios, ganándome a medida que avanzaba la historia, con independencia de la identidad de su autora. Al terminarlo he buscado sobre ella y he sabido que el libro se ha convertido en una famosa serie de televisión del mismo nombre, pero mi lectura ha sido, podríamos decirlo así, completamente virgen.</p><p>Sally Rooney (County Mayo, 1991) es una joven escritora irlandesa que ya ganó un premio con su primera novela, <em>Conversaciones entre amigos</em>, que no he leído. Por lo tanto mi comentario versa exclusivamente sobre este único libro, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/gente-normal/MES-101088" target="_blank">Gente normal</a> (Literatura Random House), que relata los encuentros y desencuentros de dos adolescentes pertenecientes a diferentes clases sociales, Marianne y Connell, que se conocen desde el instituto y que van creciendo a lo largo de la novela hasta convertirse en dos adultos con vidas fluidas y complejas, como lo son las de la mayoría de jóvenes de la generación millennials a la que pertenecen ellos y la propia autora.</p><p>Rooney es joven, insisto, pero <em>Gente normal </em>es una obra madura. Y lo demuestra ampliamente en el dominio del tiempo narrativo, en las dosis perfectas con que salpica la descripción, en la dosificación justa de los acontecimientos que nos proporciona, que son pocos, pequeños detalles de la existencia mostrados a través de unos diálogos que brillan no tanto por su originalidad como por su perspicacia. Rooney desarrolla su maestría a la hora de recortar las escenas que elige para escalonar un amor que se quiere negar, una necesidad del otro que pretende pasar desapercibida porque asusta reconocerla, pero que se expresa en mil y un gestos de sus protagonistas, envueltos en una relación asimétrica siempre, en la que Marianne parece más necesitada y Connell más esquivo, pero donde finalmente triunfa la vulnerabilidad y el deseo de compañía y de reconocimiento. Deseos tan negados en una generación que corre hacia delante, por miedo a resbalar sobre el hielo fino del mundo incierto que le ofrecemos y perecer ahogada, congelada en el agua fría que acecha bajo su superficie. Y desarrollo la imagen a partir de una cita que <strong>Zygmunt Bauman</strong> también toma prestada de <strong>R. W. Emerson </strong>para describir la huida hacia delante que la caracteriza: “Cuando se patina sobre hielo fino la seguridad es la velocidad”.</p><p>Las diferencias de clase, la vida intelectual y la curiosidad como motor de la vida, o la hipocresía y el convencionalismo de ciertas relaciones sociales urbanas, en contraposición a las no menos convencionales y crueles relaciones del mundo rural son algunos de los subtemas que se multiplican en la obra para dotar de textura a la historia; y lo hacen con una habilidad aparentemente natural, mezclándose entre sí unos con otros, como sucede también en la realidad. La prosa es cuidada y liviana, teñida de sutiles destellos líricos.</p><p>No son superficiales estos chicos, aunque su huida de los sentimientos podría hacérnoslo pensar, y este es otro acierto de Rooney, que construye unos personajes cultos, capaces de reflexionar sobre sí mismos llegado el caso, por más que les paralice un enorme miedo a hacerlo. Hay un episodio, central en la trama, que apunta a la presión del grupo, capaz de imponerse sobre los más fuertes afectos; un episodio que abrirá una herida en la relación entre los dos amigos y amantes clandestinos, cuya cicatrización será el hilo conductor de esta historia hasta que se imponga el perdón, la reparación y la confianza mutua que naufragó con él. Pero cualquier síntesis sería tramposa, se haga como se haga, porque lo que brilla con luz propia aquí es la mesura a la hora de contar la historia, su ajustada proporción en los tiempos, en los espacios, que varían entre el pueblo y Dublín, hasta un amplio mundo abierto al futuro. La autodestrucción de Marianne, la liquidez de Connell, dos personajes que se nos meten dentro.</p><p>Solo me cabe hacerle un reproche a esta delicada pieza de buena literatura: la caída en el masoquismo sexual de Marianne no es fácil de explicar como no sea que sus circunstancias familiares, su orfandad, la indiferencia de la madre, la violencia que ejerce sobre ella su hermano, haya abierto esa gruta al pasado de la especie que, según pensaba Lou-Andreas Salomé, habita en todas las mujeres, <em>la loca atracción por la sumisión</em>, y que Marianne se complazca en explorarla hasta el fondo.</p><p>No había conocido hasta ahora a Sally Rooney, repito, pero les invito a leerla, yo ya estoy deseando volver a hacerlo.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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      <title><![CDATA[El relámpago negro de Juan Cárdenas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/relampago-negro-juan-cardenas_1_1190544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1cec95ef-49dd-424f-963c-f14020d38948_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El relámpago negro de Juan Cárdenas"></p><p>Hay libros donde las palabras descansan estáticas y aferradas a su materia, esa leve transitoriedad de la tinta. Y hay libros donde vibran o crepitan, a la espera de que alguien abra sus páginas para liberar su danza. Es el caso de <a href="http://sextopiso.es/esp/item/473/elastico-de-sombra" target="_blank">Elástico de sombra</a> (Sexto Piso) la última novela de<strong> Juan Cárdenas</strong> (Colombia, 1978): sus hojas respiran por cuenta propia, hablan de figuras reales o convocan otras fantasmagóricas —como hace el calor húmedo del trópico—, y mientras las recorremos nos asalta el cosquilleo de lo inquietante y de lo inesperado, entre la burla a las trampas del lugar común y la puesta en tela de juicio de un mundo que no da más de sí, pero que todavía preserva algún resquicio de salida. Ese resquicio se atisba aquí en una otredad siempre relegada: lejos de la gran urbe, en el espacio de la naturaleza y en ese sujeto olvidado que integran los de abajo —hombres y mujeres afrodescendientes, pueblos originarios— que además custodian el venero de lo mejor del idioma, algo que en Cárdenas asoma sin cesar, gozoso y fecundo, sea en el <em>muscurrullar</em><em> </em>de un personaje, sea en el cascabeleo <em>nochedumbroso</em><em> </em>de la trocha o en los innumerables momentos donde nos magnetiza la gracia y la poesía de la oralidad que emerge en la superficie de la página.</p><p>Las novelas de Juan Cárdenas trazan un itinerario coherente en su diversidad, en su alejamiento de la inercia y en el riesgo asumido ante cada reto. La primera fue <em>Zumbido</em>, que ya acogía la materialidad de lo sómnico y la concepción de la escritura como experiencia arriesgada, poética y vital. Después llegó el monólogo de <em>Los estratos</em>, que mantiene la percepción de una violencia omnipresente, y un aliento poético que fluye sin ser buscado, como una respiración: su recorrido por los espacios desolados de los márgenes se mueve entre el regreso a la infancia y un presente en derrumbe. Le siguió <em>Ornamento</em><em>, </em>con esos personajes que experimentan nuevas drogas para disfrazar la náusea con una felicidad impostada, y vuelven ahí las obsesiones de Cárdenas —lo siniestro, lo abyecto, la banalidad del mal—, y además el riesgo y la aventura que es también lingüística, con la delación del artificio que nos envuelve desde el propio idioma, y la mueca irónica ante lo sórdido y corrupto. Sin afectación ni concesiones a lo fácil, Cárdenas señala la aspereza de la cárcel urbana que vivimos, y también la sensación de oquedad en una época sin horizonte. Esas inquietudes regresan en la entrega siguiente, <em>Tú y yo, una novelita rusa</em><em>, </em>una deliciosa y brevísima experiencia poética, un juguete de estirpe vanguardista, que se cierra con un apunte sobre la represión del impulso utópico y amoroso, sustituido hace tiempo por la mercantilización de los sentimientos y los cuerpos, y por el signo conservador de la distopía, “fábula doctrinaria que nos impide siquiera imaginar cualquier forma de vida que no responda a la lógica imperante”. Por último, en <em>El diablo de las provincias</em> explicitaba Cárdenas el espacio colombiano, mientras subvertía el género negro con algo que en alguna ocasión ha llamado el “gótico tropical”, para regresar sobre la corrupción, las sectas o la sacudida brutal de una violencia paralizante y omnívora.</p><p>Acerca de su nueva novela, <em>Elástico de sombra</em><em>,</em> nos advierte el autor desde la nota liminar que es fruto de una investigación sobre ese arte marcial negro que es la esgrima de machete, y que espera con el libro “contribuir a la memoria y el presente de las luchas negras de toda América” frente a la barbarie impune del Hombre Blanco. Ese punto de partida pudiera evocar propuestas previas, sean las del realismo —como el sobrecogedor relato antiesclavista “Nay y Sinar” del también colombiano <strong>Isaacs</strong>, aún vigente— o sean las del mundonovismo. Pero pronto descubrimos que una vez más Cárdenas da una vuelta de tuerca y subvierte los referentes, a los que rinde el debido homenaje y también la necesaria profanación: el río adictivo del relato nos arrastra en un viaje laberíntico, alucinatorio y cuasi-volteriano que no precisa de aquellas descripciones prolijas ni de paisajes minuciosos para atraparnos en una atmósfera de encantamiento, donde las palabras rinden su magia antigua: “lo despertó la risa enguayabada de sus compañeros desde el exterior del rancho, cuando el sol ya pintaba el mundo con colores vistosos y el cañaveral sacudía su sábana para que un caracol de polvo perfumado se deshilachara en la ventana”.</p><p>Destaca en toda la novela el trabajo de orfebrería con la oralidad que en ella se desgrana, de modo que la obra supone además un viaje gozoso por el idioma. Y en cuanto a la historia que vamos conociendo, entre sus protagonistas están los entrañables macheteros Sando y Miguel —además de otros muchos personajes populares, reales o ficticios—, y también encontramos supersticiones y leyendas, y el viento con su voz de siglos, y una seductora Circe de nombre africano, y un escribidor llamado Cero que ejerce un delirante intrusismo cervantino. Y hay damas “de las que hacen hablar a las piedras, de las que rezan al revés”, y sombreros prodigiosos y hasta un duende displicente con un violín de difunto que espanta las rondas de El-Que-Ya-Sabemos, es decir, del Diablo. Hay asimismo fantasmas y delirantes metamorfosis —<strong>Kafka</strong> y <strong>Apuleyo</strong> mediantes—, y una montaña que se mueve como un lagarto, pero nada de eso logra ocultar el memorial de agravios de unas etnias maltratadas durante siglos, y hay también cadáveres y cuerpos torturados —“aquí la guerra no se acaba nunca”— que nombran el pasado de derrotas de los ejércitos de negros, y está su sabiduría ancestral en el manejo del machete y en el movimiento nocturno de los cuerpos que, cubiertos con lodo, “atacaban como relámpagos negros” con sus juegos de sombra, y con el más singular de ellos, el Elástico de Sombra: ese tránsito por el mundo de la negritud resistente culminará en una deslumbrante escena climática en el capítulo noveno.</p><p>Las palabras de <em>Elástico de sombra</em> nos invitan, desde su propia diferencia, a mirar hacia el Otro: son palabras inquietas —como el simpático cucarrón que por ella revolotea—, que se arremolinan o se desplazan como un río sanguíneo en ese cuerpo vivo que es la novela. Un libro endiabladamente bien escrito y además divertido, de un escritor que se reinventa aquí una vez más, probablemente en su novela más plena y madura. Para no perdérsela.</p><p><em>_____</em></p><p><strong>Selena Millares</strong> es escritora. Su último libro publicado es <a href="http://www.barataria-ediciones.com/barbaros/laisladelfindelmundo.html" target="_blank">La isla del fin del mundo</a><em> (Barataria).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Nov 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Selena Millares]]></author>
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