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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 211]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-211/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 211]]></description>
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      <title><![CDATA[Una mirada íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/mirada-intima_1_1190889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eea91981-e342-47b6-b54a-61692d4c0826_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mirada íntima"></p><p>"No sabemos qué sería de la vida sin los inútiles pesares cotidianos. Tampoco en qué consistiría exactamente la poesía; su enorme prestigio y su batir de alas cuando ausculta los abismos de un corazón humano", se pregunta el escritor y crítico literario José Andújar Almansa. "Pero si me lo pregunto desde la tesitura de lector de Joan Margarit, podría dar testimonio de los numerosos momentos en que las palabras dichas por él han provocado en mí alguna angustia". La poesía como acompañamiento vital, como aguijón, como lentes para encontrar la belleza. Ese acercamiento íntimo a la poesía plantea Andújar, junto con el crítico Antonio Lafarque, en <a href="https://www.visor-libros.com/tienda/novedades/detras-de-las-palabras.html" target="_blank">Detrás de las palabras</a>, editada por Visor. Es una antología de Joan Margarit, Premio Cervantes 2019, pero no es una antología al uso. Los 50 poemas que la componen han sido elegidos y comentados por otros tantos escritores y críticos. A menudo, la huella que la literatura deja en los lectores es invisible. En este libro lo es un poco menos. </p><p>Entre los firmantes están nombres como los de <strong>Luis García Montero, Sara Mesa, Felipe Benítez Reyes, Javier Cercas, Carlos Pardo, Carlos Marzal, Raquel Lanseros, Luis Alberto de Cuenca, Marta Sanz</strong> o <strong>Ben Clark</strong>, y también los de colaboradores de infoLibre y Los Diablos Azules como <strong>Benjamín Prado, Ioana Gruia </strong>o<strong> Jordi Gracia</strong>. Juntos, dan una imagen múltiple del poeta, de los efectos de sus versos —dónde resuenan, qué tocan— y de la influencia de Margarit en la literatura española reciente. Aquí nos detenemos en cuatro lecturas, cuatro miradas entre medio centenar, cuatro lectores entre miles y miles en el mundo. </p><p><strong>El robo de Luis García Montero</strong></p><p>Habría sido difícil predecir qué poema, de todos los de Margarit, podría elegir Luis García Montero, que mucho antes de ser director del Instituto Cervantes fue discípulo mil veces confeso de Joan Margarit. Pero quizás habría sido muy sencillo, a la vez, predecir qué poema iba a elegir Luis García Montero: se trata de "Dona de primavera" / "Mujer de primavera", publicado en <em>Edad roja</em>, 1989. "Triste quien no ha perdido / por amor una casa", escribe el catalán en este poema de solo siete versos que habla de la pérdida, pero también de la valentía, de la renuncia y de lo irrenunciable. Quien no haya leído este poema pero sí sea lector de García Montero ya conoce los versos. Están en "Merece la pena (Un jueves telefónico)", publicado en <em>Completamente viernes</em>, 1998.  </p><p>En él, el poeta granadino, veinte años menor que el catalán, comenzaba citando los versos en la lengua en la que fueron escritos: "Trist el qui mai no ha perdut/ per amor una casa". Pero luego, en la última estrofa, los retoma y alarga: "Nada sabe de amor quien no ha perdido / por amor una casa, una hija tal vez / y más de medio sueldo, empeñado en el arte de ser feliz y justo...". Explica García Montero en la antología que aquellos versos leídos en 1989 se quedaron en él, y llamaron cuando el poeta se vio en la encrucijada de perder "una casa", ante el riesgo a morir "con un aura de respeto y prestigio", como advierte Margarit. "Más que el heroísmo, se trata de constatar que para ser leal a la propia vida uno sufre pérdidas, toma decisiones, pero asimismo trata de responder con lealtad al propio destino", escribe Luis García Montero en su comentario. Y luego confiesa: "Entré en el poema y me llevé dos versos para hacerlos míos. No fue un robo, quien lo probó lo sabe".</p><p><strong>La grieta de Sara Mesa</strong></p><p>Sara Mesa, autora de libros como <em>Un amor </em>(2020), <em>Cara de pan</em> (2018) o <em>Mala letra</em> (2016). Comenta a Margarit desde la ficción. El poema elegido se llama "Grieta", y su contenido bien podría estar en el origen de alguno de los personajes de la autora, personajes a menudo solitarios, incapaces de comunicarse con el otro, en mundos frágiles, vibrantes de tensión, amenazados. Escribe Margarit: </p><p>  </p><p>La grieta rondará la vida de la pareja, aparentemente serena, por mucho que esta se empeñe en ignorarla. Y Mesa responde con una escena muy similar. Un hombre y una mujer descansan en la cama cuando la grieta se abre. Él parece no verla, ella hace como que no la ve. En el breve relato de Mesa, la grieta no es exactamente un fallo, sino una apertura al mundo, a lo posible, a lo que vive fuera de la habitación y la pareja, un universo fascinante y lleno de deseo. Esa es quizás la diferencia entre la escena dibujada por Margarit y la recreada por Mesa, más fragante y menos oscura. La escritora se pregunta si no habrá una forma de dejarse iluminar por esa "punta de luz" y si no habrá alguna forma de hablar de ella que no implique necesariamente el lenguaje. </p><p><strong>La Barcelona compartida con Javier Cercas</strong></p><p>Joan Margarit lo titula "Mi oda a Barcelona", y este título funciona casi como un chiste. No es una oda. No lo es en absoluto. "Aquí no sentí nunca  la ternura / de la lengua materna, ni el amparo /de tradición alguna,  tan sólo la contienda / civil en donde empieza mi pasado", arranca. El idilio con la ciudad fue una relación breve de juventud, y ahora solo queda el desengaño (mutuo): "No vendría conmigo si me fuese". Quizás Cercas haya reconocido en ese retrato la Barcelona que lo acogió en su juventud. Pero no es eso lo que más le interesa al autor de <em>Soldados de Salamina</em> y <em>Anatomía de un instante</em>. Se fija, más bien, en la parquedad lingüística de Margarit y en su cercanía, defiende, con la prosa. </p><p>"La poesía de Margarit excluye cualquier atisbo de autocomplacencia, no digamos de autocompasión; también —porque en ella, como no podía ser de otro modo, el rigor moral es un trasunto del rigor formal— cualquier tentación decorativa, cualquier vanidad de estilo, cualquier asomo de logomaquia", escribe en su comentario. Y haciendo eso se acerca a una tradición que buscara "inyectar en el cuerpo tradicional de la poesía el ímpetu del relato y el ensayo". La renuncia a la "hojarasca literaria", permite "una adhesión sin resquicios a lo real, con todo su horror y su pánico, pero también con toda su maravilla". Como en todos los demás comentarios, este análisis de la poética de Margarit dice seguamente mucho del poeta catalán, pero dice tanto o más sobre los intereses y valores literarios de quien la escribe. </p><p><strong>Un paseo hasta el cementerio junto a Carlos Pardo</strong></p><p>Carlos Pardo parece señalar en el mapa los lugares de los que habla el poema, para quien no esté familiarizado con el terreno. El prosista y poeta, autor de libros como <em>Los allanadores</em> o <em>El viaje a pie de Johann Sebastian</em>, elige "Mañana en el cementerio de Montjuïc". En él, Margarit —o su yo poético, en puridad— relata su paseo, cruzando "el yermo de Can Tunis", hasta "la montaña de las tumbas", el cementerio del título. "Aquí, en lo alto, / estás salvada del dolor del mundo", cierra el poema. No se nos dice a quién le habla, pero el lector iniciado lo sabe. Ese tú es su hija Joana, fallecida a los 30 años a causa del síndrome de Rubinstein-Taybe que padecía. A ella le dedica el poemario Joana en 2002, aunque este pertenece a <em>Càlcul d’estructures / Cálculo de estructuras. </em></p><p>Pardo se centra en el espacio, algo acorde a sus propios intereses, pero también a los de Margarit, arquitecto, catedrático de Cálculo de Estructuras: "Can Tunis no es un detalle menor. Superviviente entre dos espacios funcionales, las grúas del puerto y la montaña del cementerio, es un residuo de vida chabolista. Es un gueto y un anacronismo. Pero no es una metáfora". Margarit no quiere metáforas, defiende Pardo, no juega a los dobles fondos. "Los elementos de la realidad ya son suficientemente <em>poéticos</em> si se dan las circunstancias", escribe en el comentario. Si Margarit ha comparado la poesía con un edificio donde no falta ni sobra nada, dice Pardo, este poema es raso, llano. No hay casas. No la hay en Can Tunis ni puede haberla en el cementerio. Pero sí la hay: "La casa también es el lugar hacia el que nos dirigimos cuando ya no queda tiempo: donde yace, 'salvada del dolor del mundo', la hija del poeta".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una mirada íntima]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Los diablos azules número 211]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El desasosiego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/desasosiego_1_1190879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/947f2fa0-1399-4673-9da1-ef687a64293a_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El desasosiego"></p><p><em>Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a contacta@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.</em><strong>contacta@infolibre.es</strong></p><p>_______________</p><p><a href="https://ellibrodurmiente.org/" target="_blank">El libro durmiente</a> comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. <em>El libro durmiente</em> se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.</p><p><strong>Un amor</strong></p><p><strong>Sara Mesa</strong></p><p><strong>Anagrama</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>No he parado de hacerme preguntas durante esta lectura y al terminar he seguido igual. <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/un-amor/9788433999030/NH_651" target="_blank">Un amor </a>es confusión, incertidumbre, pálpito de una tensión constante y un extraño runrún que desosiega. ¿Qué le pasa a la protagonista? ¿Qué ha ocurrido? ¿Es lo que parece? <strong>Sara Mesa</strong> parece decir al lector "ahí dejo eso", mandándote al rincón para que pienses.</p><p>La portada ya dice mucho: mujer caminando sola por la noche, árbol sin hojas con su sombra y una casa básica que no invita a un reconfortante fin de semana rural. Presidiendo el conjunto, una pequeña luna llena, abierta a las interpretaciones: ¿luz o misterio? Gran parte de las respuestas corren a cuenta del lector.</p><p>Nat, la protagonista, es una mujer joven que lo ha dejado todo atrás y se retira a un lugar desangelado para dedicarse a la traducción. Qué ironía, traducir. Eso que tan bien se le da... Pero es que esta chica más que retirarse <em>se aparca</em>.</p><p>La pequeña comunidad del entorno la observa como todo aquel que es el último en llegar. Los vecinos irán entrando en escena como cartas sobre el tapete que invitan al juego de las primeras impresiones. Eso sí, para la carta del casero no caben demasiadas interpretaciones. Nada más poner un pie en la página huele a chamusquina y la cosa no irá a mejor. No digo más. Del resto tampoco; temo sucumbir a la tentación de añadir datos que no debo.</p><p>También hay un personaje de cuatro patas: el perro que le regala el casero, con más protagonismo incluso que alguno de los secundarios. Lo mismo sucede con<strong> la casa </strong>que Nat intenta convertir en hogar aunque las goteras –literales y simbólicas– no ayuden demasiado. El papel de animal y casa son fundamentales.</p><p>Me encantan este tipo de personajes. Y Sara Mesa los construye de manera eficaz, pero no esperen una marea de datos. La autora ofrece información a cuentagotas. Y lo que no cuenta es igual de importante. La autora es una fabulosa estratega en este sentido.</p><p>Por eso mide sus frases breves y secas. Todo forma parte del <em>plan: </em>dejarte con las ganas y contribuir al tono ágil predominante de la narración. El plan funciona. Bravo. Otra cosa es que desesperes con lo que sucede, con lo que no ocurre y por tanto con esa Nat que llega a cabrear. ¿Qué leches le pasa a esta chica? ¿Es el pueblo? ¿La gente? ¿O en realidad ya venía así <em>de</em><em>fábrica?</em> ¿O es una suma que se retroalimenta?</p><p>Como la autora nos <em>castiga</em> con su premeditada cicatería de datos y no tenemos mucha idea del pasado de Nat, el lector deberá elaborar una teoría para llegar a sus propias conclusiones. La mía: que la forastera ya venía con mochila y, por cierto, bien defectuosa. Si no, no podrían entenderse muchas cosas. Puede parecer que hablo en clave pero ya me contarán si coincidimos cuando lean este amor extraño.</p><p>Nat no debe haber practicado demasiado en su vida lo de decir <em>no</em>; deja para mañana lo que podría haber hecho y dicho hoy y... así le va. Dice la sinopsis que la novela aborda "el asunto del lenguaje no como forma de comunicación, sino de exclusión y diferencia". Cuestión que da de sobra para lo literario, y Sara Mesa ha hecho de su Nat todo un ejemplo. Es verdad que el ambiente sórdido del pueblo no es la mejor compañía pero las relaciones sociales no son su fuerte. E intuyo que, aunque algo aprenda, el problema lo llevará vaya donde vaya por mucho que escape.</p><p>Un asunto espinoso –que no puedo contar– marcará un antes y un después en la novela. Sara Mesa quiere que nos pongamos en los zapatos de Nat cuando se ve envuelta en una peculiar encrucijada. Y aunque me puse en su pellejo y circunstancias, no habría escogido el camino que toma. Siempre se puede rectificar, pensé, y sin embargo el personaje continúa su deriva enredada en una espiral de obsesiones y paranoias.</p><p>Sara Mesa se emplea a fondo en su inquietante relato, donde parece mascarse la tragedia gracias a la visión distorsionada de la realidad de su protagonista. La autora no se desvía del plan, no le hace falta acción ni nada que se parezca a una escena trepidante para atrapar al lector. Pasito a pasito lo sumerge en la escalada de tensión donde silencios y movimientos lentos suenan más alto que un grito. Este es el gran valor de la narración de la autora.</p><p>Tenía tantas ganas de leer a Sara Mesa que mis expectativas eran muy altas. Aunque su personaje no me ha convencido totalmente porque no resulta creíble al cien por cien, es cierto que su técnica narrativa me ha encantado. Consigue que te metas en la atmósfera que Nat sufre y vive como una auténtica pesadilla. Por supuesto, seguiré leyendo a esta escritora.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Begoña Curiel (El libro durmiente)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El desasosiego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 211]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Murmullos, el aliento de las ánimas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/murmullos-aliento-animas_1_1190876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0bcd09b6-32b4-4cb3-a98b-cebf3b9fe529_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Murmullos, el aliento de las ánimas"></p><p><strong>Juan y los Murmullos</strong></p><p><strong>Cristina Rentería Garita</strong></p><p><strong>Ediciones Azimut</strong></p><p><strong>Málaga</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>El hecho de que un autor incluya como personaje principal de su obra a una figura representativa de la tradición literaria conlleva una suerte de compromiso histórico y artístico. Este el caso de <em>Juan y los Murmullos,</em> de <strong>Cristina Rentería Garita</strong>, libro que no teme aventurarse para ofrecer una perspectiva intimista de los episodios más significativos de la vida de <strong>Juan Rulfo</strong> al tiempo que ficcionaliza su obra, en especial su emblemática novela <em>Pedro Páramo</em>.</p><p>El libro está compuesto por 68 relatos que no tienen una secuencia lineal, pero que logran cierta unidad cronológica mediante la inscripción de los años en los que se contextualiza cada episodio. Su composición resulta una apuesta para el lector, capaz de configurar una trama intrínseca en el mismo discurso narrativo de la obra, cuya particularidad es presentar otra visión de los personajes: <strong>Juan Rulfo</strong>, Clara Aparicio, Juan Preciado y los resonantes <em>Murmullos</em> de Comala, que surgen como un artilugio metaficcional del diálogo entre la vida del escritor jalisciense y su obra.</p><p>Los textos revelan un universo paralelo rulfiano, diferente al que marca la historia literaria, y son acompañados por la descripción precisa de los páramos del bajío mexicano, principalmente de Tuxcacuesco, lugar en el que se inspiró el autor de <em>Diles que no me maten</em> para recrear la atmósfera de Comala, según investigaciones de <strong>Jorge Cepeda</strong>.</p><p>¿Qué sería de la literatura sin la diégesis que retrata –con la fidelidad de una cámara fotográfica– las atmósferas y espacios en los que habitan los personajes? Rulfo, en su quehacer de fotógrafo, lo sabía: el espacio narrativo es primordial para dar una dimensión singular a lo insólito. Es por eso que <em>Juan y los Murmullos</em> se compone de estas visiones: “Allá, suena el teléfono. Acá, cierro los ojos, disfruto del sol de mediodía en mis garras artríticas, en mi pecho atascado como una tubería sucia. Huelo los vapores de la cocina, de la sopa de fideo y del espinazo en salsa verde. Allá suena el teléfono…”, reza el texto 65.</p><p>La narrativa de Rentería Garita posibilita estas estampas de lo cotidiano, que, a su vez, retoman particularidades de la biografía del autor, como el tabaquismo, que terminó por provocarle cáncer del pulmón, y la ternura que le provoca su esposa Clara, la “que tiene en la boca gusto a nieve de limón”. En este mismo sentido, a lo largo de las secuencias del libro, la autora inserta elementos de la historia mexicana para plantear episodios de la vida nacional y así crear un marco temporal adecuado que recupera la práctica del muralismo y la figura de <strong>Siqueiros</strong>. De manera que la Revolución mexicana y la Guerra Cristera son precedentes de la condición social que se hace eco en los murmullos.</p><p>No sorprende que los susurros constituyan una parte esencial del argumento. La autora propone su presencia como estrategia que sirve para dilucidar las fronteras entre el plano terrenal –tal como los ecos heredados de las escenas revolucionarias que se configuran en el colectivo social en forma de leyenda– y el más allá. Luego, en la ficcionalización de la obra rulfiana, el pasado, ya sea histórico o fantástico, vuelve en forma de ánima para intercalarse con el presente.</p><p>La elocución unísona de estas múltiples voces silentes produce un efecto místico y dan forma a lo que está oculto en el colectivo mexicano, desde su pasado colonial, hasta los umbrales del siglo XXI. Se trata de dichos ecos heredados de las escenas trágicas que, queramos o no, conforman nuestra identidad y se urden en nuestro <em>habitus</em>, en la raíz de nuestra psique y nuestros comportamientos. Como bien señala <strong>Octavio Paz</strong>: el mexicano tiene una dualidad, se somete, se reprime; pero, no se raja (no se acobarda). Tal vez, esta es la razón por la que resguarda en su interior deseos perniciosos que no quieren ser revelados por el inconsciente.</p><p>El murmullo fue lo único que le quedó al indio que no tenía derecho de enunciar palabra alguna frente al patrón y frente al general. En el caso de esta obra, los silencios se quedaron arraigados en la vaporosa tierra de Comala y, sobre todo, en su desolada ventisca. Recordemos que los silencios en <em>Pedro Páramo</em> recrean su sibilante consonancia tanto en los nombres de los personajes —Susana San Juan— cuanto en la entristecida brisa del desierto que guarda las palabras de los muertos en sus andanadas.</p><p>En este libro, los murmullos reflejan el discurso interior de los personajes; o sea, la introspección, presente en todos esos hombres del universo de Rulfo y que la autora recupera con puntual cuidado en los diálogos para construir momentos de anacronía en la tetralogía temporal de su obra. Es decir, en los cuatro tiempos en que se disponen sus relatos: el de Juan Rulfo y Clara Aparicio; el de Juan Preciado; el de Comala y otros personajes, y el de los Murmullos.</p><p>Cristina Rentería Garita se sirve de su formación académica en el campo de las Ciencias Sociales y la Antropología, pues cuenta con un doctorado Economía, Sociología y Política Agraria, para resaltar, en palabras de sus personajes, “la comprensión de lo extraño” que se fragua en las fantasmagorías sociales del pueblo mexicano; observación que se hace sin demeritar su trabajo en las letras. Rentería es, además, una reconocida escritora, pues ya ha recibido galardones por su obra. En 2018, recibió la Mención Honorífica en el Premio Nacional Dolores Castro, premio destinado a reconocer la labor de las escritoras mexicanas. Con su reciente título, <em>Juan y los Murmullos</em>, pisa fuerte en el camino de la creación literaria y continúa trazando una voz que se distingue de sus contemporáneas, por su particular visión social de la literatura mexicana.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gloria Ramírez Fermín]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Murmullos, el aliento de las ánimas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 211]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La novela de Andrés Ibáñez: ¿tenemos salvación?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/novela-andres-ibanez-salvacion_1_1190871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bc601681-83df-4e9b-847c-70cd6953cae7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La novela de Andrés Ibáñez: ¿tenemos salvación?"></p><p><strong>Nunca preguntes su nombre a un pájaro</strong></p><p><strong>Andrés Ibáñez</strong></p><p><strong>Galaxia Gutenberg</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>¿Cómo escribe un narrador español una novela de terror utilizando mimbres norteamericanos? En eso parece estribar el reto al que se enfrentaba el autor de <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/nunca-preguntes-su-nombre-a-un-pajaro/" target="_blank">esta obra</a>, alguien que concibe la novela como juego y desafío.</p><p>La trama de apariencia sencilla se desarrolla entre el realismo y lo fantástico: un escritor en horas bajas, llamado Horst Wallace, que se gana la vida dando clase, se retira a una casa aislada en mitad de un bosque (como hizo su admirado <strong>Henry David Thoreau</strong>), calificada de vieja, oscura y triste, para intentar encontrar la inspiración que le permita escribir una novela con que poder salvarse, “un verdadero libro”, convencido como está de que el clima condiciona la escritura (pp. 65, 90 y 137).</p><p>El autor ha confesado en una entrevista que “todo empezó con la imagen de una casa aislada en medio de la montaña”. Esa vivienda se encontraba en el Estado de Nueva York, cerca de Nueva Inglaterra, entre el bosque y la montaña, en el valle de Delaware, no lejos de los pueblos de Roscoe y Monticello, habitados por judíos hasídicos, seguidores de la cultura judía ortodoxa. Se trata de una zona en la que puede palparse algo oscuro, la presencia de una vieja leyenda, en “un país maldito” (p. 108). Quizá por ello, la casa parece haber adquirido vida propia, dando lugar a que el protagonista se enfrente a sus propios fantasmas.</p><p><strong>Andrés Ibáñez</strong> ha repetido que no se puede crear de la nada, que es una manera de reivindicar la tradición cultural, literaria. Aquí estamos ante un relato gótico, de misterio, en la estela de la literatura y de la cultura norteamericana, con resonancias de <strong>H.P. Lovecraft</strong>, los poetas <strong>Walt Whitman </strong>y <strong>Robert Frost</strong>, <strong>Stephen King</strong> o Thoreau, tal y como ha reconocido el autor; a lo que podría añadirse su fascinación por el <strong>David Lynch</strong> de <em>Twin Peaks</em>. La obra que nos ocupa tiene también un componente de novela de amor, de pasión, pues las dos visitas que Eva, su cuñada (se la describe como “desesperadamente hermosa”, p. 52), le hace a Horst, y lo que en ellas ocurre, resulta extraordinario, por la sensualidad y delicadeza con que el autor trata los hechos.</p><p>En la narración comparten protagonismo con la casa, los bosques y el río que la rodean, la atmósfera inquietante de todo el territorio, unos cuantos personajes singulares: Willard, el viejo pescador, que le cuenta la leyenda del Rey Amarillo y de la ciudad de Carcosa, que conocíamos por el relato de <strong>Ambrose Bierce</strong> (p. 105); la citada Eva, quien en el curso de una hora goza de lo bello y padece lo siniestro (p. 190); los amenazantes Matt Signorelli y el indio Kenny, reencarnación de la maldad, del diablo, y la misteriosa voz que le habla al protagonista, que supone una apertura a su mundo interior, en la terminología del autor, y junto a todo ello, el miedo, la presencia de una escopeta, una Remington (“Le parece hermosa. Es como un ser vivo, casi como un animal de compañía”, comenta el narrador de la historia, p. 68). En suma, Horst, en el estado de crisis en que se encuentra, se nos presenta como un hombre perdido, que ni sabe qué hacer con su vida ni tampoco qué escribir, pero cuyo espíritu —digamos— se abre a la percepción y a la sensibilidad, con sus pros y contras. Pues, como afirmaba <strong>Jung</strong>, a quien también se alude en la novela (p. 56), nuestros temores los llevamos dentro de nosotros y nos persiguen.</p><p>La narración recurre a diversos componentes metaliterarios. No en vano, el protagonista es un escritor que se plantea para qué se escribe, qué estamos dispuestos a ceder para alcanzar la gloria, el éxito, que según Andrés Ibáñez consiste en el reconocimiento crítico, tener lectores y ganar dinero (<a href="https://theobjective.com/further/andres-ibanez-escribir-es-hacer-aquello-que-creo-que-es-imposible" target="_blank">se lo comenta en una entrevista</a> a <strong>Anna Maria Iglesia</strong>), y cuáles son los límites de estas pretensiones, pues el protagonista, como Fausto, parece hacer un pacto con el diablo, aunque nunca llegue a aceptarlo de forma explícita. A este respecto, la segunda parte del sexto capítulo es significativa, habida cuenta de que allí se plantea qué tipo de seres son los escritores, cómo se escribe, en la personalísima visión del autor. “No se escribe —nos dice— con la inteligencia, sino con las entrañas. No se escribe con el ingenio, sino con la fuerza” (p. 111). Hallamos, además, un diálogo de estirpe <em>bekettiana</em> que mantienen Horst y Matt (pp. 78-82), y numerosas referencias a escritores. Solo en la página 114, por ejemplo, se citan nada menos que siete autores distintos.</p><p>Tampoco llegamos a saber qué ha ocurrido, pero sí constatamos que la realidad del protagonista es más compleja de lo que solemos aceptar habitualmente como tal. ¿Se trata, acaso, de delirios, de imaginaciones y de creaciones de su mente, o los hechos han ocurrido en lo que de forma convencional entendemos por realidad?</p><p>El enigmático título de la novela proviene de la conversación que el protagonista entabla durante un sueño con un pájaro de cristal que es también una mujer, quien le aconseja que abandone la casa del bosque para siempre. Y a este respecto, debe leerse con detenimiento todo el pasaje (pp. 116 y 117) y el conjunto del capítulo del que forma parte.</p><p>Si lo que pretendía el autor era contar una historia que pudiera interesarnos, tal y como él mismo ha declarado que intenta en todos sus libros, creo que lo ha logrado con creces. Andrés Ibáñez es un narrador singular con un mundo y un estilo propio, diferente del resto conocido, a pesar de los ecos que apreciemos de otras voces. Además, cuenta sus historias con buena prosa, valiéndose de una voz que, no siendo siempre la misma, consigue adecuar a su narración, y a menudo logra que sus relatos nos inquieten, emocionen y perturben al mismo tiempo.</p><p>_____</p><p><em>Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario. </em><strong>Fernando Valls</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La novela de Andrés Ibáñez: ¿tenemos salvación?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 211]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Dos escritoras contra el olvido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/escritoras-olvido_1_1190857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/161dd9e1-d278-4ab9-b663-4924c3d1434c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos escritoras contra el olvido"></p><p><em>La femineidad es una representación visual que se sitúa en un mercado controlado por hombres, destinada a la mirada masculina y consumida por hombres… el cuerpo es el pilar fundamental de la cultura de consumo, puede retroalimentar la esfera de la producción y generar capital.</em></p><p><em>El fin del amor. Una sociología de las relaciones negativas</em> (Katz), <strong>Eva Illouz</strong></p><p>El libro que tengo delante es muy breve, apenas pasa de las cien páginas. No sé por qué ahora se estilan los libros gordos y las películas de dos horas y media por lo menos. El título es bello, poético: <a href="http://www.ed-bellaterra.com/autores/?idAuthor" target="_blank">Vivir el tiempo</a> (Edicions Bellaterra). Lleva un subtítulo: <em>Mujeres e imaginación literaria</em>. Su autora: <strong>Noelia Adánez</strong>. En la portada, de fondo rojo intenso, una pluma estilográfica, la nube de tinta que sale del plumín y otra nube donde hay una mujer con un libro abierto en una mano, mientras con la otra acaricia, no sé si en clave de gozo o de preocupación, los labios medio cerrados de una boca que se desdibuja y funde con la mejilla en sombra y los cabellos oscuros que, como en una onda, tienen brechas claras abiertas sobre la frente. Gozo o preocupación en el gesto de la mujer. Ahí se anticipa ya, si queremos verlo así, lo que es la escritura grande. La que no confirma ningún bienestar, sino que lo hará difícil y a ratos imposible. Para dejarnos sólo con el gozo, ya están los tratados de autoayuda, incluida ahí mucha literatura de ficción que convierte el conflicto de las situaciones y los personajes en un chirriante mercadeo con las emociones, esas emociones que tan bien están siendo utilizadas por el fascismo de viejo o nuevo cuño, que tanto da cuando se trata de colarnos capitalismos a destajo en ese desconcierto y esa incertidumbre (tan dignamente tratada, esa incertidumbre, en el libro de Eva Illouz que encabeza estas líneas) en que unas cosas y otras, más o menos iguales, han convertido nuestras vidas.</p><p>El libro de Noelia Adánez es un libro contra el olvido. Y mirado, de frente o por la espalda, también una crítica más que razonada —a ratos con una irritación más que justificada— de eso que llamamos canon literario y de la autoridad más que discutible que lo firma y lo alimenta, muchas veces sin el pudor mínimamente exigible a lo que pensamos y decimos. Una niña preguntó a la abuela de los refranes qué era eso del fin del mundo, algo parecido, aunque entonces no lo supiera, a “lo que existe dentro y fuera de la conciencia”. Lo que buscaba era una respuesta que le señalara el camino para escapar del silencio. La mejor respuesta a cualquier pregunta es seguir haciendo preguntas, que no se acaben nunca las preguntas. Ahí, los libros. Y después, el convencimiento de que “los libros no se acabarían nunca”. Pero hay veces en que lo que deseamos se tuerce y no sabemos muy bien por qué y de qué manera podemos devolver a los libros lo que fueron cuando creíamos que sus páginas eran como la balsa de inseguros tablones que nos salva del naufragio. Y es cuando la niña “supo entonces que existen miles de páginas de libros que hace años que nadie lee, y que solo hace falta recuperarlos, ordenarlos, completarlos con los pedazos que alguien les arrancó y devolverlos a las estanterías de las librerías y las bibliotecas”. Y entre esas páginas y su necesario rescate están —y a eso dedica su autora este libro impresionante— las de<strong> Concha Alós </strong>y <strong>Dolores Medio</strong>. La primera nacería en 1926 y ganaría el Premio Planeta en 1964, con <em>Las hogueras</em>. La segunda viene de 1911 y con <em>Nosotros, los Rivero</em>, obtendría el Nadal en 1953. Las dos fueron maestras de escuela, en un tiempo en que cursar esa carrera era lo más que les estaba <em>permitido</em> a las mujeres.</p><p>“Escribir, por lo que sabemos, no deja de ser una forma de soñar y cuando las que sueñan son las mujeres estamos ante un acto de resistencia”, escribe Noelia Adánez en la introducción. Y un poco más adelante: “Hablar de Dolores Medio o de Concha Alós, las dos autoras en torno a las que organizo la reflexión sobre la literatura de posguerra escrita por mujeres, es también un intento por contribuir a una descolonización del canon y por devolver la voz a estas escritoras injustamente condenadas al silencio”. Las dos fueron eso que <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, también citada en el libro junto a otras escritoras de su generación, llamó “chicas raras”, esas chicas que se salían no sólo de un canon literario que obviamente las ignoraba, sino también del que el franquismo imponía para ellas por el hecho de ser mujeres. “Recordemos —escribe Adánez en el capítulo dedicado a Dolores Medio— toda la herencia decimonónica que sobre nosotras pesa en torno al <em>enigma de la mujer</em>, al <em>eterno femenino</em>, la <em>femineidad</em> y tantos otros lugares de la imaginación destinados a describir a las mujeres como incógnitas”. En sus novelas, la escritora asturiana rompe los moldes de una cotidianeidad curtida en el enclaustramiento de la mujer para sacar al aire libre sus aspiraciones de autonomía, de curtirse en otra cotidianeidad distinta a la que la Sección Femenina ha decidido para las jóvenes cuando la victoria fascista hace estragos en el ámbito doméstico, como si lo doméstico no fuera político. Por eso son ferozmente políticas las novelas de Dolores Medio. Por eso, en su novela <em>Diario de una maestra</em>, “elaborará su propia experiencia como maestra y como republicana”. Por eso, ella y otras mujeres se plantan en la madrileña Puerta del Sol para solidarizarse con las huelgas mineras de 1962. Por eso no pagará la multa que le imponen y pasará un mes en la cárcel de Ventas, de donde saldrá una sus novelas que más me gustan: <em>Celda común</em>, que escribió en 1963, cuya publicación impidió la censura y que fue finalmente publicada en 1996. Por eso, tal vez por todos esos “eso”, Dolores Medio merece que rompamos su invisibilidad para que ocupe el lugar que, como mujer y como escritora, le corresponde en la literatura española contemporánea.</p><p>En el apartado que dedica a Concha Alós, deja clara Noelia Adánez la “filiación republicana” de la escritora. “Por tanto, pertenece al bando de los <em>perdedores</em> o <em>vencidos</em>. Ninguno de los dos adjetivos deja espacio al equívoco. Los vencidos y las vencidas lo serán siempre, no solo en los años inmediatamente posteriores a la guerra, en la medida en que carguen con esta condición en su memoria”. Y ya refiriéndose a las dos escritoras, añade: “Sus respectivas narrativas constituyen, entre otras cosas, un trabajo de elaboración de la memoria de los vencidos y vencidas con el fin de <em>hacerse cargo</em> de la misma, de darle una salida. Frente al dictado franquista de olvidar, ambas escriben para recordar”. Había nacido Concha Alós en Valencia, pero pronto su familia se trasladó a Castellón y sería ahí donde ambientaría <em>Los cien pájaros</em> y <em>El caballo rojo</em>, una novela, esta última, sobre la guerra a la que dio paso el golpe de Estado fascista de 1936. Por cierto, en un excelente trabajo sobre el papel de la censura en las novelas de Concha Alós, reseña la profesora <strong>Lucía Montejo </strong>que una de las exigencias censoras en <em>El caballo rojo</em> fue “sustituir la palabra <em>fascista</em> por <em>nacionales</em>”. Curioso que hoy todavía encontramos la palabra <em>nacionales</em> para designar al bando fascista cuando se habla o escribe de la guerra. Igualmente, cuenta Montejo, había en esa novela, según la censura, “menciones poco respetables de <strong>Queipo de Llano</strong> y <strong>Yagüe</strong>”. Tengan ustedes en cuenta que estamos hablando del año 1966.</p><p>En 1962 ganó Concha Alós el Premio Planeta con <em>Los enanos</em>, pero se lo anularon porque, según opiniones que la autora no comparte en todos sus detalles, esa novela estaba comprometida con Plaza y Janés. Dos años después, le sería reconocido ese mismo premio por <em>Las hogueras</em>. Como Dolores Medio, fue maestra de escuela y dejó su oficio para dedicarse a la literatura. Su escritura entra dentro de lo que se llama <em>tremendismo</em>, por la fuerte carga física que adquieren muchas de sus descripciones. También se la considera dentro de esa corriente —en boga entonces— del existencialismo. Pero en sus novelas, en las de Concha Alós, estamos “ante un existencialismo de fuerte contenido político”. Destaca Noelia Adánez la importancia de “lo orgánico y corpóreo” en sus novelas. “Los personajes de sus historias arrastran la huella del frío, del hambre, del dolor físico y de toda suerte de privaciones. Sus novelas se llenan de referencias a lo fisiológico, a la sangre, al deseo, al aullido y a lo abyecto”. En ese sentido, añado yo, si ustedes leen <em>Los enanos </em>verán todo eso retratado como nadie lo hizo antes, y no sé si alguien hasta ahora. Cuando murió en Barcelona, en el año 2011, poca gente se enteró y casi nada salió de esa muerte en los medios. Quedan las palabras del escritor <strong>Biel Mesquida</strong>: “Su muerte marca el final de una época”.</p><p>Acabo —enormemente agradecido a la autora— con lo que escribe Noelia Adánez en este libro cuya ajustada brevedad nos descubre la grandeza inmensa de lo pequeño: “Las dos se dedicarán a escribir para vivir. Sus narrativas contribuyen a elaborar la memoria de los vencidos y las vencidas en la guerra, a diseccionar las sociedades de su tiempo, a componer modelos de mujer desde la resistencia y el compromiso y a luchar contra la desmovilización y el olvido. Y, sin embargo, su obra respectiva ha sido olvidada”. Ojalá ustedes acepten la invitación de este libro rabiosamente hermoso para ayudar, cuanto sea posible, en esa recuperación que la obra de Dolores Medio y Concha Alós se merecen.</p><p>_____</p><p><strong>Alfons Cervera</strong> es escritor. Su último libro publicado es <a href="https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2020/03/12/alfons_cervera_entrevista_claudio_mira_104888_1821.html" target="_blank">Claudio, mira</a><em>(Piel de Zapa).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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