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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 212]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/los-diablos-azules-numero-212/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 212]]></description>
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      <title><![CDATA[Gianni Rodari, historia de un rebelde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gianni-rodari-historia-rebelde_1_1191152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/70b94733-c240-4fc2-ab47-d740334bb8b5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gianni Rodari, historia de un rebelde"></p><p>Cuando <strong>Gianni Rodari</strong> (Omegna, Piamonte, 1920 - <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Roma" target="_blank">Roma</a>, 1980) estaba especialmente contento, solía gritar: "¡Viva <strong>Marx</strong>! ¡Viva <strong>Lenin</strong>! ¡Y viva la Juventus de Turín!". Los lectores conservadores le llamaban <em>il diavolo comunista</em>, y el Vaticano no dudó en excomulgarle, tachándole de "<em>ex seminarista cristiano diventato diabolico". </em>No es la descripción de un personaje blanco, plano, el tipo de personaje que se podría esperar de uno de los autores para niños más conocidos de Europa. Porque eso fue Rodari, autor de volúmenes geniales como <em>Cuentos por teléfono, </em>pedagogo defensor de la inventiva y del poder de los niños, convicciones reflejadas en <em>Gramática de la fantasía</em>, uno de sus libros más famosos. Pero Rodari fue también parte de la resistencia contra el fascismo, militante comunista, viajero frecuente a la Unión Soviética. No era una doble vida, la de militante por un lado, la de escritor infantil por otro. Era una sola vida, que no trataba de separar lo que él consideraba inseparable. </p><p>Este año, Rodari habría cumplido un siglo. Su muerte, provocada por una cardiopatía en medio de lo que iba a ser una sencilla operación de la pierna izquierda, supuso un golpe para una nación que había crecido con sus libros. Pero aquí en España también tuvo su público: la editorial Juventud publicó <em>Cuentos por teléfono</em> ya en 1973. Este volumen blanco, con ilustraciones de Jordi Saludes, era un ingenioso mecanismo metaliterario: en él, se contaba la historia del señor Bianchi, de Varese, viajante obligado a recorrer el país seis días a la semana. Pero su hija no podía dormir sin uno de sus cuentos, así que Bianchi la llamaba cada noche para recitarle una historia breve, atendiendo al precio de la llamada. "Me han dicho que cuando el señor Bianchi telefoneaba a Varese", escribía Rodari en la introducción, "las señoritas de la telefónica suspendían todas las llamadas para escuchar sus cuentos". En ese particular mil y una noches estaban algunos de sus personajes más tiernos, como Juanito Pierdedía o Alicia Caerina. </p><p>Con ocasión del centenario, la editorial Juventud ha recuperado este <em>hit</em>, todavía con la traducción de <strong>Ramon Prats de Alòs-Moner</strong>, aunque cambiando las ilustraciones por las de <strong>Emilio Urberuaga</strong>. Hay también una nueva edición de <em>El libro de los errores</em>, una demostración práctica de las ideas pedagógicas de Rodari: es un libro plagado de fallos, de lógica, de ortografía, o de una naturaleza algo más compleja. El autor italiano defendía el derecho a la equivocación como principal mecanismo de aprendizaje, un derecho que tenía que garantizarse a niños y a adultos. Es una de las lecciones que señala también en <em>Gramática de la fantasía</em>, de la que el sello Kalandraka ha publicado una edición renovada. Si el propio Rodari pudo aprenderlo, no fue gracias a los grandes maestros ni a los clásicos, sino a los niños. Ese volumen, su único libro dedicado a la teoría, fue el fruto de su paso por distintas escuelas del país a lo largo de los sesenta, de los que garabatearía apuntes aquí y allá, y de un encuentro con profesores de primaria de Reggio Emilia que le ayudaría a aterrizar las ideas. </p><p>La editorial Blackie Books le ha dedicado también un volumen, <em>El libro de Gianni Rodari</em>, después de otros proyectos previos como <em>El libro de Gloria Fuertes </em>y <em>El libro de Gila</em>. En él, la italiana <strong>Alice Incontrada</strong> y el español <strong>Jorge de Cascante</strong>, responsables de la edición, seleccionan algunos de sus mejores poemas y cuentos, traducidos por <strong>Jordi Martí Garcés</strong> e ilustrados por <strong>Marta Altés</strong>. Además, los editores dejan algunas notas biográficas "adaptadas" para contar la vida del autor a sus lectores más pequeños, y crean también el cuestionario "Pregúntale a Gianni", con citas extraídas de entrevistas, artículos y ensayos. El volumen, de 400 páginas, es todo un caramelo para los fans de Rodari —como lo son los propios editores—, aunque es una lástima que se haya sacrificado el enorme contenido biográfico de otros títulos de la misma serie, como los citados, para hacer el libro más accesible para el público infantil. Es una decisión comprensible, pero quizás no del todo coherente con la idea <em>rodariana</em> de que el mundo infantil y el adulto son realmente el mismo. </p><p><strong>Tomar el poder, desde la infancia</strong></p><p>Gianni Rodari llevaría consigo toda la vida el olor de la tahona de su padre, que murió siendo él un niño. En casa no hay mucho dinero para libros, pero consigue hacerse con algún <strong>Julio Verne</strong>, con el Sandokán de <strong>Emilio Salgari</strong>, historias que leía a la luz de la farola que llegaba de la calle. Aunque su madre le ingresa primero en el seminario —era 1931, cuando para muchos la educación solo estaba asegurada a través de la Iglesia—, pronto cambia de idea, entendiendo que no es el mejor ambiente para el niño: los sacerdotes del Vaticano no dejaban de tener razón. Empezó ganándose la vida como músico, en las tabernas, pero no tardó en licenciarse como maestro. Ni siquiera entonces, siendo todavía un adolescente, concebiría la enseñanza como un oficio meramente alimenticio, sino como un instrumento para la igualdad y el cambio social. Él mismo contaría que a los 17 o 18 años impartiría clases de italiano "a unos niños judíos alemanes que creían haber encontrado en Italia un refugio contra las persecuciones raciales". </p><p>Su carrera como profesor se vio interrumpida, como tantas otras cosas, por la Segunda Guerra Mundial. Aunque se libró primero del servicio militar obligatorio, acabó siendo llamado a filas por la República de Saló: le horrorizan los heridos del hospital militar del Baggio, en Milán, a donde es enviado, y le aterra la suerte de su hermano, internado en un campo de concentración alemán —al que sobrevivirá—. Está decidido: se alistará en la Resistencia lombarda. El 1 de mayo de 1944, el último Día del Trabajo antes de la liberación el 25 de abril del año siguiente, se afilia al Partido Comunista, una militancia a la que dedicará gran parte de su vida. Su idea de una infancia que aprende a través de la imaginación y el juego, frente a una pedagogía jerárquica y pseudomilitar, está muy ligada a la defensa de la emancipación del ser humano. Los niños tienen que usar la fantasía, defendía, "no para que todo el mundo sea artista, sino para que nadie sea esclavo". </p><p>En 1950, junto a la periodista Dina Rinaldi, pone en marcha la revista <em>Pionere</em>, la publicación oficial de la Associazione Pioneri d'Italia, una organización juvenil dentro del PCI. En ella, los editores planteaban una alternativa al modelo del scoutismo, fundado por el militar británico <strong>Robert Baden-Powell, </strong>que consideraban militarista y colonialista. En esas páginas, mordaces y a veces incluso violentas, hará aparición Cipollino, Cebollino en su traducción española, la cebolla antropomórfica de clase obrera que combate al ricachón Caballero Tomate. Las enseñanzas sobre la lucha de clases no pasaron desapercibidas, y es esta revista la que lleva a la excomunión del escritor.</p><p>Hacía bien el Vaticano, porque Rodari era, en efecto, un personaje peligroso. En la nota a la edición que introduce <em>El libro de Gianni Rodari</em>, Alice Incontrada cita al autor: "La educación no es algo que se da ni que se impone, sino algo que se toma. Incluso a través de la fuerza. Que se arrebata. Contra todas las resistencias de la sociedad. Pero mientras se tenga esa idea de que la educación es algo que se impone, que los grandes le dan a los chicos, los que saben a los que no saben... El saber es poder y el poder nadie lo da. El poder se toma". De hecho, a Rodari le preocupaba muchísimo que la escuela se utilizara como una estrategia de pacificación, de adoctrinamiento autoritario para domar los espíritus libres. Su decálogo "Nueve maneras de enseñar a los niños a odiar la lectura" es famoso. En él dice, entre otras cosas: "La lectura ha dejado de ser un fin loable y se convierte en un medio para realizar actividades supuestamente más serias. Eso se corresponde a la perfección con la concepción del niño como medio; el objetivo final pueden ser las notas, el adiestramiento para la paciencia o la preparación para la vida. A saber qué preparación y para qué vida; es probable que para la vida concebida como un sufrimiento, lo cual requiere entrenamiento". </p><p>Contra ese entrenamiento, la fantasía. La que permite imaginar mundos absurdos, mundos luminosos y divertidos, mundos ricos y complejos, y mundos mejores. Como el que imagina en un poema muy festivo, "El planeta de los árboles de Navidad": </p><p>  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura,Los diablos azules número 212]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Polvo de estrellas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/polvo-estrellas_1_1191147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d29fb3d2-8c26-4c9f-85c5-b94c82cae83f_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Polvo de estrellas"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos 'Liebre por gato' está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. Esta nueva entrega recoge cuatro textos de Manuel Terrones.</em></p><p>_____</p><p><strong>Polvo de estrellas</strong></p><p>Aquel lejano polvo de estrellas aparecería tras la explosión de una supernova, solo para recorrer el espacio durante eones y deslizarse por el brazo de una galaxia espiral, llegar a la órbita de un joven y pequeño sol e instalarse en la superficie de un planeta rocoso, convertirse en una célula, un grupo de cianobacterias, un árbol paleozoico, un insecto que vuela sobre el pantano, un reptil que huye en el bosque, un ave que se alza sobre el paisaje, un dinosaurio acorazado, un mamífero tímido, un tigre dientes de sable, un conejo, un perro, un mono y, finalmente, un hombre que sella interminables folios en una oficina, mientras piensa en todo lo que ha sido, vivido y experimentado en vano; tanto ser polvo de estrellas para no ser nada, al final.</p><p><strong>Ciego y solitario</strong></p><p>Me entristece no tener que prender la luz.</p><p><strong>Semilla</strong></p><p>Para salir del hormiguero, la obrera deberá recorrer las inmensas galerías que la separan del exterior. Destinada a cuidar los huevos de la reina, la obrera imagina que el recorrido hacia la libertad podría ser largo y tedioso. Empezará bordeando la cámara real, subiendo por el conducto principal, atravesando con cuidado el larvario. Sabe que el hormiguero es profundo y sus caminos intricados, que podría gastar su vida entera para apenas alcanzar a ver un rayo de sol. La obrera medita y se decide. Acomete la travesía sujetando un huevo entre sus poderosas mandíbulas. Si ella no alcanza la libertad, se dice, al menos dejará una semilla.</p><p><strong>Sangre</strong></p><p>Me perdí en la selva desde hace años y tuve que adaptarme a vivir en ella. Recolecté frutos, aprendí a cazar y, gracias al recuerdo de un libro de botánica, logré preparar ungüentos y pociones con algunas plantas, que me alivian de heridas y enfermedades.</p><p>Pese a todos mis avances, no he podido deshacerme de los zancudos. Todas las noches, al volver a mi guarida de caña y hojas de plátano, he sufrido los embates de sus zumbidos y picaduras que no pocas veces me han hecho pasar la noche en vela. Por ello, he ideado un método que me ha dado cierta tranquilidad. En un plato de madera, vierto unas gotas con la sangre del animal que he cazado en el día y lo coloco en la entrada. Los zancudos entonces se dirigen al recipiente y se hartan con el líquido, al punto de dejar el plato casi limpio.</p><p>Hoy no he podido cazar ningún animal y he debido pinchar uno de mis dedos para verter algunas gotas en el recipiente. Lo que sea a cambio de una noche de sueño tranquilo. Pero he debido permanecer despierto. Un hombre de capa ha bebido la sangre del plato y ahora se acerca sigilosamente a mí, mostrando sus dos enormes caninos.</p><p><em>_____</em></p><p><em>Manuel Terrones (Lima, 1989) es licenciado en Administración de Turismo y estudiante de Maestría de Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima. Es autor del libro de microrrelatos </em><strong>Manuel Terrones</strong>Transparencias<em> (2018), publicado por la Pontificia Universidad Católica del Perú.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manuel Terrones]]></author>
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      <title><![CDATA[Fuego para encender el alba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/fuego-encender-alba_1_1191145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8bf928d6-c014-4db1-965c-9ef0ea789377_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fuego para encender el alba"></p><p><em>La editorial italiana Aracne acaba de publicar el poemario bilingüe </em><a href="http://www.aracneeditrice.it/index.php/pubblicazione.html?item=9788825535907&fbclid=IwAR1vw6qF3zN0QGgOADhh9V3xCt5_iXOPdDKFWCtFUy9sC7yQ6CLaYfKYEOk" target="_blank">Si puedo puedo participo / Se posso partecipo</a><em>, de la poeta y filósofa italomexicana Francesca Gargallo Celentani. Esta es la introducción del volumen, firmada por Marisa Martínez Pérsico. </em></p><p>_____</p><p>La poesía de <strong>Francesca Gargallo Celentani</strong> constituye una escritura mixta, bifronte, anfibia. Hay una fértil retroalimentación de discursos –lírico, filosófico, antropológico, ensayístico, historiográfico– de cuya interacción surge una lengua singular, un idiolecto reconocible. Los anfibios son aquellos animales cuyo ciclo de vida se desarrolla tanto en un ambiente acuático como en uno terrestre, por lo que pueden vivir dentro del agua –respirando a través de la piel, aunque algunos, como los ajolotes, respiren también por las branquias– o sobre la tierra –respirando por los pulmones y la piel–. Esta analogía entre el mundo zoológico y el literario fue utilizada por el sociólogo y lingüista británico <strong>Basil Bernstein</strong> pero su fértil aplicación al campo de la crítica de la poesía contemporánea la he conocido gracias a las investigaciones de <strong>Loretta Frattale</strong> sobre el signo poético intermedial de <strong>Rafael Alberti</strong>, poeta-pintor que combinó el código verbo-alfabético con el espacio-figurativo para crear una sólida obra que <em>respira</em> y se nutre de los dos soportes sígnicos y materiales. Esta es la metáfora que tomo en préstamo y de la que quiero partir para reflexionar sobre la poesía híbrida de Francesca Gargallo, también, por el interés de la autora en defender una mirada ecológica que conduzca a la integración del ser humano con su hábitat natural, con el paisaje, su vegetación y sus animales.</p><p>La autora ítalo-mexicana, nacida en Sicilia, estudió Filosofía en la Universidad La Sapienza en Roma y se doctoró en Estudios Latinoamericanos en la UNAM. En su poesía el uso de los pronombres y adjetivos posesivos suele reflejar la elección de una patria: “A los cadáveres de mi país les repugna la paz de los cementerios”, leemos en “Perseverancia”. Novelista, ensayista, poeta, historiadora, fue profesora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. La defensa de un feminismo comunitario así como el cuestionamiento a las hegemonías del feminismo tradicional y la crítica de ciertas lógicas naturalizadas en el ámbito laboral, la interacción interpersonal y las relaciones de parentesco durante la modernidad son aspectos muy presentes en las seis partes de <em>Si puedo participo</em>, siempre en correspondencia con ideas desarrolladas en sus ensayos. En un artículo suyo publicado en <em>Pensares y quehaceres. Revista de Políticas de la Filosofía </em>de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán en 2010 afirma que “pensar el feminismo desde una perspectiva no hegemónica nos lleva a problematizar una práctica ya institucionalizada acerca de las reivindicaciones de las mujeres. Así, ante la insurgencia de sectores hasta ahora invisibilizados como indios, negros, disidentes sexuales también irrumpen nuevas maneras de pensar el feminismo. Por eso, desde la autonomía feminista, se propaga una crítica al feminismo originado en Europa y Estados Unidos y aceptado sin cuestionamientos por parte de una minoría blanca, académica, de clase media, instalado, a su vez, en los intersticios del poder masculino (ONGs, partidos políticos, gobiernos e instituciones)”. Esta encendida y articulada toma de posición reverbera con eco en su poesía: aquí también cuestiona los procesos de enseñanza-aprendizaje y el verticalismo que se ejerce muchas veces en las universidades e instituciones públicas, donde se suelen reproducir dinámicas de avasallamiento de raza y de clase a las que denomina “pigmentocracia”.</p><p>La primera sección de este libro, “Si puedo participo”, gira en torno a la idea de la urgencia de la palabra para combatir la desidia, los “tiempos indolentes”, siempre concebida como herramienta “política” que renuncia a convertirse en “dato”. Busca una palabra capaz de ser “fuego para encender el alba”. Es muy interesante el uso del condicional del título, que a su vez da nombre al libro entero. La duda se relaciona estrechamente con la cautela epistemológica precisada en el párrafo anterior: el condicional opera como reconocimiento del límite, como voluntad de no querer imponer una visión foránea que ejerza una nueva violencia simbólica y colonizadora. Gargallo es conciente de su biculturalidad constitutiva: mujer blanca nacida en Europa, donde cursó sus primeros estudios universitarios. Su origen podría considerarse, en cierto sentido, “privilegiado” respecto de la realidad que denuncia, aunque más tarde haya emigrado a México, haya transcurrido la mayor parte de su vida en el país donde se hablan 68 lenguas indígenas y allí se haya formado (y, evidentemente, transformado). Esta sección, que no por casualidad es el pórtico del libro, manifiesta una cuidadosa –y amorosa– vigilancia de la propia conciencia. Así se explican, también, las dudas que manifiesta en esta primera sección <em>metapoética</em>: “Mi selva depende de la semilla/ que guardo, y bien puede ser estéril” son dos versos de “Digo si puedo”, el poema que inaugura el libro. En sus ensayos sobre el feminismo Gargallo justamente cuestiona el pensamiento de los blancos (hombres y mujeres) que se creen investidos del derecho de interpretar la realidad, así como de dirigirla y justificarla. Su intención de visibilizar los cuerpos de la violencia sexual, de la guerra y la sumisión en América Latina a través de sus libros –los de investigación y los de creación– parecen conducirla a un severo examen de conciencia, por ejemplo, en el artículo de 2010 ya citado: “¿Cómo estar segura de que mi mirada no sea cómplice de la mirada hegemónica del feminismo académico occidental a la hora de tratar tanto la autonomía feminista como la extrañeza de las mujeres que viven al margen de la hegemonía en Nuestra América?”, o “Las teóricas no saben de vender su cuerpo, ni de sobrevivir a las violaciones en campos de refugiados o a manos de militares en las propias tierras, estar embarazada, amamantar o no querer acceder al intercambio sexual durante largos períodos. No viven las contradicciones que denuncian. Paralelamente, las ecologistas no escuchan a las campesinas, las recolectoras, las pescadoras, las habitantes de los bosques como conocedoras de su realidad”. Esta sección inaugural nos advierte que nombrar a <em>las otras </em>merece una amorosa cautela que no avasalle ni reproduzca privilegios de clase, raza ni sexo.</p><p>La segunda sección, “Líricas del viaje”, está dedicada a las mujeres migrantes, a las sobrevivientes de los caminos. Hay espacios económicos y simbólicos reconstruidos por la poesía mediante el acto mágico del peregrinaje. “Oda a las migrantes” es una suerte de epopeya de las mujeres que hablan a media voz: “Cantan sus nostalgias con menor/ asiduidad, las migrantes”; “Sin voz/ pizcan café/ al cruzar la frontera/ áfonas lavan ropa ajena/ disimulan las gracias en el comedor/ de la casa del migrante./ Temen, por supuesto, el estupro./ Las acecha desde los atavíos militares”; “Dicen que la lengua es materna/ ¿qué trova pasarán a sus hijas,/ valdrá un canto esta agonía de pueblo mudo?/ Sus mismas madres las bendijeron sin loas.// No tienen casi palabras propias las migrantes”. Por ello la poeta busca devolverles la voz, ser intérprete y mediadora compasiva de sus luchas privadas. Hay en esta sección una serie de estampas de mujeres indígenas, nómadas, campesinas, que representan el colectivo femenino que se vio impelido a enfrentar el avance del sistema capitalista sobre su espacio económico y simbólico y que vio sus posesiones amenazadas por la privatización de la tierra y de sus frutos, fenómenos que Gargallo denuncia y analiza en sus ensayos: el rebrote de la esclavitud en el siglo XXI, las mujeres que luchan contra la esclavitud sexual y doméstica, la prostitución forzada, la privatización de la enseñanza y la medicina, el uso de sus hijas o hijos en el trabajo infantil, la minorización de sus saberes, la pauperización de sus habilidades. En lo que concierne al motivo del trabajo infantil, hallamos una estampa entrañable encarnada en la figura del niño vendedor de limones: “<em>tres limones es todo lo que tengo</em>, dice el muchacho/ y los exhibe en la palma sucia y triste/ <em>tres limones que necesito compres/ para que me des cinco dólares/ porque mi madre tiene hambre</em>”. Así se cierra el poema: “La lógica del muchacho es perfecta/ –circular y explicativa– / o tan solo justa y la justicia no es de este mundo”.</p><p>Un tema central de este libro es, también, la denuncia de la falta de autonomía del cuerpo femenino, es decir, la falta de potestad de la mujer sobre su propio cuerpo. Su libro <em>Feminismos desde Abya Yala. Ideas y preposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América</em>, cuya primera edición fue publicada en 2012 en Bogotá, recoge y analiza una serie de testimonios femeninos recolectados entre agosto de 2010 y de 2011, año en el que Gargallo hace un viaje terrestre desde México a Chile para entrevistarse con intelectuales y feministas indígenas en sus comunidades. Varios de estos testimonios y anécdotas ingresan en su poesía estilizados y elaborados líricamente: “En promedio dos violaciones cuesta el peaje/ que pagan las azoradas mariposas/ del verde Usumacinta a los cactos de Arizona.// Todavía en la línea se inyectan/ anticonceptivos para un mes”; “Expatriadas sin nombre/ escondidas en las aristas/ de una lengua sin lugar/ se les han borrado las coplas/ sus dioses reciben alabanzas desgastadas.// Las miro deambular a orillas de las autopistas/ les compro el boleto de un bus/ porque me lo piden a media voz”; “Migrar es la última esperanza –y como todas, una ilusión– / si tu país es meta turística y territorio de dictaduras.// Madre migrante me habla a medias”. En su conferencia “Cuerpos específicos en tránsito por México. Sobre migraciones, espacio, tiempo, cuerpos sexuados y roles de género” presentada en Donostia en 2019 la poeta da más noticias acerca del corpus de relatos migrantes con los que ha ido elaborando sus investigaciones de campo. Hay personajes arquetípicos que reconocemos en muchos poemas: “Por motivos literarios he escuchado cientos de relatos de mujeres; hoy me centraré en 48 de ellos, recogidos de 2015 a hoy, en México, Honduras y Guatemala, de mujeres que me han hablado en primera persona de su experiencia como migrantes o, más bien, como nómadas modernas de un territorio, el americano o Abya Yala, cuyas fronteras son todas de origen colonial (...) Las historias que me han contado las mujeres que recorren los caminos de México son epopeyas que narran hechos heroicos frente al cansancio, las amenazas, los riesgos, el desamparo y el sentido de libertad que ofrece adentrarse en territorios desconocidos”. Para Gargallo estas travesías son comparables a las de Gilgamesh, Hannon o Marco Polo, y las protagonistas son exiliadas políticas como <strong>Dante Alighieri</strong>, perseguidas que, como <strong>Trotsky</strong>, han denunciado las atrocidades que se comenten en sus países contra los derechos humanos. “Son jovencitas que van en busca de sus madres como el personaje del libro <em>Corazón</em> de E<strong>dmundo De Amicis</strong>. Inician el viaje estando embarazadas, son ancianas perseguidas por haber exigido justicia contra el asesinato o desaparición de algún familiar, anhelan una mejor condición económica, viajan por deseos de conocer mundo, pretenden estudiar, les han devastado el medioambiente, quieren sentirse seguras. Las mujeres migrantes son personas de carne y hueso, con culturas, sueños y miedos específicos que atraviesan sus cuerpos. Cuando cruzan a pie el corredor Huehuetenango-La Mesilla-Comitán, una ruta altamente transitada entre Guatemala y México, enfrentan extorsiones o son robadas, abusadas sexualmente, desaparecidas o cooptadas por las redes de trata. Ahí muchas madres brindan sus cuerpos para proteger a sus hijas e hijos”.</p><p>Otro de los motivos recurrentes del libro es el cuestionamiento del mundo privado e inamovible de la familia como espacio de contención y de seguridad. Ya desde sus ensayos, Gargallo advierte el riesgo de naturalizar las políticas de identidad y parentesco: pueden ser peligrosas para las mujeres porque las reconducen a la subordinación. En su poesía, la familia no siempre es un núcleo de serenidad y sosiego, por eso se torna necesaria “la lenta hazaña de desaprender la familia”. La privación de la autonomía del cuerpo femenino puede ser practicada por un miembro de la propia familia (y no necesariamente por una amenaza externa). La encontramos tematizada en el largo poema inicial de la tercera sección, que se titula “Resistencias”, donde aparecen campesinas que van a pedir medicinas a la ciudad y cuando regresan añoran que el marido esté ausente, que “nadie le exija la cena/ que la suspensión de la regla sea/ la bendita menopausia y no otro chamaco”.</p><p><em>Se posso partecipo </em>es un homenaje a mujeres ejemplares que integran un colectivo “de resistencia” que la autora busca visibilizar: maestras, artistas plásticas, escritoras, pensadoras, periodistas, pintoras o, como el yo lírico las llama, “vestales de nuestra resistencia”. En este friso encontramos a <strong>Dolores Castro Varela</strong>, poeta, escritora y maestra mexicana que fue compañera de generación de <strong>Octavio Paz </strong>y <strong>Rosario Castellanos</strong>, a la gran pintora mexicana <strong>María Izquierdo</strong>, “nuestra abuela/ hermana de pintoras brutales e iridescentes/ guَía de transito a lo Cordelia Urueta./ Surrealistas necesarias las inquietantes tíَas adquiridas/ (republicanas, judías, comunistas/ gringas viudas de un marido aviador/ una fotógrafa húngara como elemento insospechado)”. Se rinde homenaje a la periodista muerta <strong>Anabel Flores Salazar,</strong> de 27 años, asesinada y encontrada muerta en la carretera de Puebla y a las víctimas de femicidios por violencia doméstica o estatal: “A Regina Martínez Pérez la estrangularon en casa. Dice mi amiga que no puede imaginar su terrorifica agonía/ su dolor por dejar sin leche al bebé de quince días/ sin madre al hijo de dos años./ No puede escucharlo no puede leerlo no puede más”; “Matar periodistas/ deporte nacional/ seguido a vuelta de rueda/ del tiro a la defensora/ el amansar mujeres/ y arrendar ecologistas. (...) El gran floreo consiste/ en culparlos/ de su propia muerte”. No falta la conmemoración a la activista y ambientalista hondureña <strong>Berta Cáceres</strong>, líder del pueblo indígena lenca asesinada en 2016. Ella es una de las representantes de la “mujer insumisa” e “impertinente”, una figura con la que el yo poético se identifica y adhiere emocionalmente durante todo el libro, de manera coral: “Con ellas altero/ la ley de morderse la lengua/ desamarro la normalidad de la agresión/ rechistamos/ respondemos/ despracticamos lo habitual”; “Ejemplo de lucha y resistencia/ aguantar bala, atropellamiento o machetazo.// Bebo, luego soy impertinente”. Es muy impactante la identificación entre la “puta” y la “luchadora” que aparece en la sexta y última sección del libro, “Hierbas elevadas”: “¿Cuánto? le gritaban para ofenderla/ porte ligero/ ideas fuertes/ el sueño de cambiar/ la costa/ la injusticia/ el fraude electoral/ ¿Cuánto? porque puta y luchadora/ son sinónimos”.</p><p>La poesía de Francesca Gargallo elude las simplificaciones maniqueas y plantea el imperativo ético de ejercer la autocrítica y la autovigilancia, pues ni siquiera la condición de mujer implica necesariamente solidaridad con las congéneres, sororidad. Esta afirmación se ejemplifica mediante las figuras de la “jueza patriarcal” y de la indiferente “jefa del centro de estudios”, las cuales reproducen modos de avasallamiento coherentes con la pigmentocracia mencionada: “He visto hoy una mujer desesperada/ mimar la displicencia con un asomo/ de hartazgo en el gesto y la voz/ para que la palabra no se le quebrara (...) Cuando rompió a llorar/ la jefa del centro de estudios encogió los hombros”. Y en otros versos: “Erguida la jueza sentencia que la madre es nada/ el padre violento/ y el niño de adulto tendrá que acudir/ al servicio profesional de sicólogos caros./ Una vez más, la injusticia en forma/ da su laudo al poder de la costumbre/ decreta que un golpe a la madre no hiere al vástago./ La mujer en llanto confirma a la inquisidora/ la equidad de su resolución patriarcal./ El círculo se cumple”. El libro se cierra con una fábula en femenino donde no faltan la carnavalización animalesca ni la moraleja donde se concluye que también la mujer puede ser loba de la mujer si reformulamos la locución del comediógrafo latino <strong>Plauto</strong> <em>homo homini lupus</em>: “Despeguemos, dijo la garza./ La mona la mandó a volar/ acompañando el gesto de sus manos/ con muy malas palabras”.</p><p>La crítica a las lógicas de explotación laboral y mecanización del ser humano se concentran, aunque no solamente, en la anteúltima sección del libro, “Amar era el verbo”, donde, a pesar de lo que su título podría sugerir, se denuncia la atrocidad de las “masacres en el país de la eterna primavera/ orillas de sangre para los ríos/ fosas comunes./ Barricas de ácido deshacen/ más estudiantes/ e ingenieros/ médicas/ electricistas”. El trabajo mecanizado se opone al trabajo manual, y este último se identifica con la escritura mediante la metáfora del tejido (la palabra es entendida como artesanía: equivale al acto de cruzar una red de hilos y agujas para construir mallas). Esta metáfora se entrelaza, a su vez, con la del viaje, por eso hay mujeres que “se cosen vidas/ con las telas que encuentran” y hay poemas que tienen hormas y suelas como los zapatos, porque testimonian tránsitos a pie, por ejemplo el dedicado a <strong>Alfredo López Casanova</strong>, escultor mexicano y defensor de los derechos humanos que puso en marcha el proyecto <em>Huellas de la memoria</em>. Esta iniciativa promueve la inscripción de palabras en las suelas de los zapatos de las personas que buscan a sus familiares y afectos desaparecidos. Por último, hay en este libro una antítesis frecuente entre el trabajo manual y el trabajo mecanizado junto con la denuncia de la formación de tecnócratas y burócratas por un capitalismo alienante: “‘La mecanización reduce el trabajo’, sostiene el ingeniero”; “La cabeza del oficinista sacude/ sus manos trenzadas con las dudas./ A la esclava de microchips/ en caja de plásticos inodoros”; “No es mujer sino ruido de máquina”; “Brazos y manos en los pedales/ arrojo de bajo consumo/ orientado al sol para no morir de frío/ silbando en el camino a casa/ a expensas del maestro que predijo/ el uso restrictivo de la tecnología/ en provecho/ ni más ni menos/ de esa minoría de la población/ que habrase suicidado en masa”.</p><p>En octubre de 2019, Francesca Gargallo fue invitada por el Circolo Walter Benjamin, coordinado por <strong>Paolo Quintili </strong>en la Facultad de Letras y Filosofía de la Università di Roma Tor Vergata, para dictar una conferencia que tuve la suerte de moderar. Allí expuso ante los estudiantes algunos principios del feminismo comunitario y del concepto de <em>cuerpo-territorio</em> que también encontramos esbozados en su ensayo “Las políticas del sujeto en Nuestra América” publicado por la UNAM en 2013: los feminismos colectivos y comunitarios sumieron la lucha por la defensa de territorios indígenas como una defensa construida por hombres y mujeres, donde la autoridad no viene más ejercitada exclusivamente por la figura masculina. Los sujetos sociales, en especial las mujeres, encuentran en los movimientos colectivos la posibilidad de hacer valer derechos, demandas, aspiraciones y nuevas modalidades de hacer política. Esta defensa del trabajo en equipo y de formas de organización social en comunidades urbanas, rurales e indígenas es enunciada en sus versos: “...en el cálculo liberal/ somos madres solteras y ancianas/ las transitorias que producen un cara a cara/ en el cruce de caminos/ una colectividad/ el acariciable horizonte de terrenos sembrados”.</p><p>Como el lector podrá comprobar a vuelta de página, la poesía de Francesca Gargallo revela un fructífero hibridismo genérico. En sus versos comulgan sin fisuras la investigación en campos disciplinares pertenecientes a las humanidades y las ciencias sociales con la inspiración poética, potenciando así la fuerza de un mensaje fuertemente político pero sin renunciar a la belleza estética.</p><p><strong>Marisa Martínez Pérsico</strong>. Università di Roma Tor Vergata. Roma, junio de 2020</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marisa Martínez Pérsico]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fuego para encender el alba]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Los diablos azules número 212]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Diálogos desde la prehistoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/dialogos-prehistoria_1_1191140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/63357683-79d3-4cc3-ac18-59340e23ad9b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diálogos desde la prehistoria"></p><p><strong>La vida contada por un sapiens a un neandertal</strong></p><p><strong>Juan José Millás y Juan Luis Arsuaga</strong></p><p><strong>Alfaguara</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Conocíamos las grandes virtudes como contador de historias y otras cosas de <strong>Juan José Millás</strong>. Conocíamos el vasto conocimiento de <strong>Juan Luis Arsuaga</strong>. En<a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-vida-contada-por-un-sapiens-a-un-neandertal/MES-112409" target="_blank"> La vida contada por un sapiens a un neandertal</a> se han conjuntado los planetas y ha nacido una unión que esperamos no se disuelva, ahora que le hemos cogido el gusto. Millás convierte al sabio Arsuaga en un personaje y se convierte a sí mismo en un sujeto de estudio. El libro tiene doble efecto, se degusta y se ingiere –se devora, se deglute—, a la vez: se degusta cuando resuena en el cerebro una frase, un hallazgo; cuando te ves a ti mismo haciendo esas pruebas físicas que Millás hace con su propio cuerpo para descubrir el milagro de la bipedestación, por ejemplo; y se ingiere porque los capítulos se hacen pocos, las páginas se hacen escasas para tanta sed, como el agua en la sabana.</p><p>Hay libros que cumplen otro doble papel, más allá del doble efecto, el neófito en el asunto, el seguidor de Millás que nada sabe de los <em>arsuagas sapiens</em> que hay por el mundo, disfrutará con esa prosa brillante, de fino espadachín, estilista de la idea, con sus ocurrencias en fin, con ese punto de vista puesto en el lugar más inesperado: esa cámara ingeniosa y prosística colocada donde el lector no la espera. Por otro lado, el aficionado a la divulgación de la paleontología –y de la antropología, incluso el estudioso— agradece el acercamiento, disfruta con esa sencilla manera de contar las grandes cosas. La divulgación bien hecha es un reto, y contar con dos homínidos como Arsuaga y Millás es un hito. A quien se le ocurriese acertó con la mezcla, como un cóctel inolvidable y trascendente: la pareja confiesa que fue una idea mutua: "―Tú y yo podríamos asociarnos para hablar de la vida; levantaríamos un gran relato sobre la existencia. ¿Lo hacemos? —dijo el escritor―. Lo hacemos —contestó el paleontólogo". </p><p>Hay misterios enormes, que pueden ser comentados con humildad y sencillez, con la larga mirada de la curiosidad que tan bien maneja Millás. <em>La vida contada por un sapiens a un neandertal</em> cuenta lo complejo de manera tan entendible que nos termina por parecer imposible que la vida resulte un arcano, pero como toda historia bien contada, como toda ciencia bien mostrada, deja los marmolillos bien señalados: las explicaciones son solo fotos fijas de una película en movimiento, la de la evolución humana, y el sabio sapiens muestra sus dudas tal y como el aprendiz neandertal anota la relatividad.</p><p>Cada capítulo se abre con el personaje Millás ―neandertal convencido, pero que se ofrece como animal homínido de laboratorio― en su mundo ordinario, dispuesto a lanzarse a la aventura paleontológica que el sabio ―irremediablemente <em>sapiens</em>, siempre tan ocupado― le ofrecerá ya sea en una visita a un museo, en una caminata por la sierra, en un banco de un parque, una incursión en una juguetería o el paseo por un mercado. Porque toda la evolución humana está ahí: en el objeto más común, y en el vestigio más insólito; en el lugar más insólito y en el paraje más común.</p><p>Uno se va acercando al final con la esperanza de que existan conversaciones futuras ―hay una promesa al final, un rayito de esperanza para la divulgación más divertida― entre ese <em>sapiens</em> determinadamente <em>sapiens</em> y ese otro neandertal que tan neandertalmente nos cuenta la historia de la Humanidad. Gracias, sabios.</p><p>_____</p><p><strong>Alfonso Salazar </strong>es escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfonso Salazar]]></author>
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      <title><![CDATA[Pedagogía, periodismo y lucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pedagogia-periodismo-lucha_1_1191134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d28ce44a-7c14-461d-8bca-e7ce98419727_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedagogía, periodismo y lucha"></p><p><strong>Feminismo, literatura y exilio</strong></p><p><strong>María de Maeztu</strong></p><p><strong>Edición de Carmen Urioste Azcorra</strong></p><p><strong>Renacimiento</strong></p><p><strong>Sevilla</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>La presente edición <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/los-cuatro-vientos/2398-feminismo-literatura-y-exilio.html" target="_blank">Feminismo, literatura y exilio</a> presenta a través de un estudio introductorio y de un compendio de artículos periodísticos la faceta y la lucha pedagógica de la escritora <strong>María de Maeztu</strong> (1881-1948). Su actitud ante la vida tuvo toda la fuerza en unos tiempos muy difíciles. Fue una mujer incansable y una de las figuras más destacadas y avanzadas del panorama pedagógico español, además de reconocida en este ámbito. También fue la directora de un proyecto de educación femenina sin precedente, que dirigió un plan innovador, el más moderno de la España de principios del siglo XX. Difundió e impartió conferencias en torno al tema “La mujer, sus derechos y responsabilidades” o sobre la “Actitud de la mujeres sobre la crisis del mundo”, entre otras. Su personalidad, su gran sensibilidad y su enorme cultura hicieron posible que esta labor por la pedagogía y educación de la mujer permaneciese como trabajo incesante durante toda su vida, iniciado en España y que continuaría en América hasta el final de sus días.</p><p>Este volumen, cuya edición, introducción y notas corren a cargo de <strong>Carmen de Urioste Azcorra, </strong>catedrática de literatura española en la Universidad Estatal de Arizona, en donde imparte clases de literatura contemporánea, cultura del siglo XX y crítica literaria. Es autora de numerosos libros sobre novela y cuentos, especializada en literatura española contemporánea. Destacar sus publicaciones dedicadas a mujeres. Así, es responsable de la edición crítica de <em>La casa de enfrente</em> (2013), novela de la poeta del 27 <strong>Ernestina de Champourcin, </strong>también editora de la antología sobre textos de <strong>Victoria Kent</strong>, y co-autora del epistolario <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/biblioteca-de-la-memoria-serie-mediana/2232-preciadas-cartas-1932-1979.html" target="_blank">Preciadas cartas. Correspondencia entre Gabriela Mistral, Victoria Ocampo y Victoria Kent</a>, publicados en Renacimiento. Ahora presenta este libro con un estudio preliminar sobre la figura excepcional de <strong>María de Maeztu</strong> y en donde recoge una extensa y valiosa selección de artículos periodísticos comprendidos entre 1937-1945.</p><p>El libro está estructurado en dos partes, por un lado un interesante estudio introductorio en donde defiende que aunque se haya escrito y hablado bastante sobre su vida y su obra, de su feminismo y de su importante labor pedagógica, sin embargo los últimos años de su vida en tierras americanas son prácticamente desconocidos. Nos cuenta Carmen de Urioste que “tal vez esta situación se deba a las especiales circunstancias de su salida de España, a su condición de exiliada de derechas, porque Maeztu no tuvo ninguna razón para salir de España, así como tampoco la tuvo para no volver. Y cuando decidió que su lugar estaba en Madrid, la muerte la sorprendió de manera fortuita a los 66 años en Mar del Plata (Argentina)”. Y por otro, esta edición recopila y selecciona magistralmente sus artículos periodísticos escritos durante su exilio americano en los siguientes periódicos: <em>El Hogar, La Prensa</em> y <em>Revista de Pedagogía</em>, que apoyan su lucha incansable por la educación de la mujer. En la última parte del libro recoge entrevistas periodísticas concedidas por María de Maeztu que tuvieron un gran éxito.</p><p>En sus artículos periodísticos (1937-1945) escritos durante el exilio americano aparecen ensayos, reportajes y estudios críticos. Así, entre estas publicaciones se encuentran los de la revista <em>El Hogar:</em> aquí reivindica el trabajo de la mujer fuera de casa, sobre sus derechos y deberes, y de la importancia y la urgencia de la formación obligatoria a partir de la adolescencia, del papel del bachillerato, y el valor esencial que tienen los aprendizajes. En otra publicación, <em>La Prensa</em>, estudia la repercusión de algunos mitos literarios, como don Quijote, don Juan o La Celestina, y la función esencial que tienen en la realidad cotidiana. Sus análisis y comentarios en los distintos números la llevaron a acercarse a otros autores y personajes literarios trascendentales e influyentes. En otros escritos, nos traslada sus investigaciones sobre el papel de la universidad y la mujer. También nos acerca a la vida de escritoras como <strong>Teresa de Cepeda, Emilia Pardo Bazán</strong> o <strong>Cecilia Böhl de Faber</strong>, y las enmarca dentro de la historia femenina de las letras españolas y su influencia. También analiza a autores como <strong>Galdós</strong>, <strong>Unamuno</strong>…, y entre ellos a su hermano <strong>Ramiro</strong>. Diserta sobre la formación del hombre moderno, de la realidad argentina y la cultura americana que está viviendo. Aporta distintos artículos únicos, ya que sólo conociendo estas publicaciones americanas salen a la luz estos materiales desconocidos, como el dedicado al pensamiento de <strong>Virginia Woolf </strong>y al feminismo en Inglaterra. Abre las puertas a la nueva educación y la efectividad que conllevan a las escuelas y a las universidades públicas. En otra, <em>Revista de Pedagogía</em>, ya postula sobre la nueva educación moderna, sus principios pedagógicos y filosóficos, y su fundamentación científica. Finaliza el libro con entrevistas periodísticas concedidas en donde se recoge su lucha feminista por una educación nueva y moderna para las mujeres.</p><p>La Editorial Renacimiento está sacando a la luz facetas de escritoras que pasaron por la historia sin conocerse su obra. Existen cada vez más editoriales que están rescatando <strong>obras importantes de mujeres que fueron olvidadas</strong>. Justicia histórica.</p><p>Pese a todas las trabas sociales y a su ideología conservadora, fue una feminista y una renovadora en las cuestiones que tuvieron que ver con la formación y la educación femenina. Fue una mujer cultísima, catedrática que aparte de su trabajo y de su propia obra, supervisó, prologó y editó la de su hermano Ramiro de Maeztu.</p><p>Así este libro nos desvela el destino americano de esta figura tan excepcional como fue María de Maeztu. Su relación de amistad con <strong>Victoria Ocampo</strong> y <strong>Gabriela Mistral</strong>. El intercambio de cartas con su amigo <strong>Ortega y Gasset</strong> para contarle sus proyectos y ponerle al día del ambiente tan negativo y duro que vivía. El estudio preliminar y la selección tan valiosa e interesante que recoge Carmen de Urioste nos lleva al conocimiento de la tarea tan importante que llevó a favor de la formación de las mujeres. No se rindió nunca, llevando su actividad y entusiasmo primero a España y luego a América.</p><p>_____</p><p><strong>Carmen Canet</strong> es crítica literaria y aforista. Su último libro es <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/aforismos/olas/" target="_blank">Olas</a><em> (La Isla de Siltolá, 2020).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Dec 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carmen Canet]]></author>
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