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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 219]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 219]]></description>
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      <title><![CDATA[Jesús Carrasco: "La pandemia ha puesto de manifiesto muchas carencias, pero también muchos deberes éticos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/jesus-carrasco-pandemia-puesto-manifiesto-carencias-deberes-eticos_1_1193210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/addb72cb-67e6-4f87-893c-156b582470b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jesús Carrasco: "La pandemia ha puesto de manifiesto muchas carencias, pero también muchos deberes éticos""></p><p>Es fácil asumir que <strong>Jesús Carrasco </strong>(Olivenza, Badajoz, 1972) no estaba preparado para lo que le sucedió en 2013. ¿Quién está preparado para que su primera novela venda millones de ejemplares, se traduzca a 28 idiomas y sea adaptada al cine por <strong>Benito Zambrano</strong>? <em>Intemperie</em> fue una bomba comercial, pero también supuso una detonación sorda en su vida. Y en su vida como escritor. Después llegó <em>La tierra que pisamos</em> (2016), cuyo borrador había nacido antes de que le reclamaran para entrevistas. Y después, con el éxito a cuestas, algo se torció. Habla de algunos borradores que no fueron a ninguna parte, de una novela que, una vez terminada, fue devuelta al cajón. Y llegó <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-llevame-a-casa/326976" target="_blank"><em>Llévame a casa</em></a> (Seix Barral). </p><p>Dice el escritor que si este texto funcionó es porque tenía que ver con lo que sucedía cerca. Con la familia, con la tierra en la que nació. Aquí el protagonista es Juan, que ha hecho su vida conscientemente lejos del pueblo, muy lejos, en el verde escocés que nada tiene que ver con los colores de Toledo. Pero Juan es hijo, y los padres mueren, y entonces se ve obligado a volver. Lo que plantea Jesús Carrasco puede no parecer muy atractivo: un viaje emocional que no tiene que ver con la libertad ni con el descubrimiento de la propia identidad, sino con la responsabilidad y con el descubrimiento del otro. Pese a la muerte y pese a la enfermedad, Carrasco defiende que es un viaje luminoso. </p><p><strong>Pregunta. En la carta que dirige a los lectores cuenta que estuvo un tiempo dando vueltas hasta que encontró esta novela. ¿Por qué cree que sucedió?</strong></p><p><strong>Respuesta</strong>. Voy teniendo una respuesta para eso: creo que estaba digiriendo mi llegada al mundo literario, algo que fue muy disruptivo para mí. No lo admití en su momento. Fue al cerrar la puerta tras la segunda novela, una novela que tenía bastante avanzada cuando <em>Intemperie</em> se publicó, con lo cual no se vio afectada por lo que me ocurrió... Bueno, hablo de lo que me ocurrió como si fuera una desgracia, cuando fue una maravilla. Pero me di cuenta de que me estaba lastrando la atención recibida, la certeza de que había bastantes lectores al otro lado, tener una editorial fuerte detrás... Eso contamina mucho el trabajo creativo, y no supe acercarme a un texto literario con esto en la cabeza. En mi opinión —y en opinión de mi editora— los textos que surgieron no fueron finos. Eran textos enrevesados, que no fluían.</p><p><strong>P. Después de vivir lo vivido con Intemperie, ¿cambió su respuesta al para qué escribir? ¿Se sintió perdido?</strong><em>Intemperie</em><em>para qué escribir</em></p><p><strong>R.</strong> Esa pregunta no voy a poder responderla nunca. No sé por qué escribo. Lo intuyo, porque no es casual. Podría solventar la pregunta diciendo que no sé hacer otra cosa, pero no es cierto, o que necesito expresarme, que tampoco es eso. Sí que hay un indicio para mí, que es el placer. Yo no me defino como artista, sino como artesano, y el artesano en la descripción de Richard Sennett es alguien que hace algo con la intención de hacerlo bien. Yo intento escribir bien, y eso es algo que me produce gusto. En el proceso de escritura hay procesos sublimes. Pasa un poco como en la relación con la pareja, que por alcanzar ese momento sublime otra vez uno es capaz de asumir todas las partes de la relación con la pareja que no son tan agradables.</p><p> <strong>P. ¿Ha localizado por qué después de dar vueltas encontró este cauce?</strong></p><p><strong>R.</strong> Creo que tiene que ver con las circunstancias materiales de mi vida, no con el impulso literario. Quiero acabar una novela, tengo que pagar mis facturas y decido que no me voy a dar mucho tiempo. No quiero seguir otros tres años escribiendo una novela. Empecé a escribir <em>Llévame a casa</em> en diciembre de 2019, venía de pasar un mes en Eslovenia en una residencia para escritores, acabando mi anterior novela, que no se ha publicado. Me vine con ella, me di cuenta de que no fluía, y pasaron las semanas. Un viernes estaba sentado en una terraza y de repente dejé a mis amigos y mi familia, me subí a casa y abrí el ordenador por un arranque de una de las novelas previas. Empecé a escribir y ya no paré en veintipico días. En menos de un mes había escrito el primer borrador. Me quité tonterías de la cabeza y dejé que el oficio surgiera, intentando ser menos crítico conmigo mismo.</p><p><strong>P. Dice también que es su novela “de inspiración más autobiográfica”. ¿Eso hace que se enfrente a ella de forma distinta? ¿Ha tratado los materiales de la misma forma?</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí que he notado algo distinto. Es un material mucho más sensible. Así como el niño de <em>Intemperie</em> es un modelo más conocido, y no es mi vida por suerte, aquí es más fácil que una madre, un amigo o un hermano se sienta retratado. Sería muy falaz que yo dijera que la madre del libro no tiene nada que ver con mi madre. Y a la vez no es mi madre, porque no lo es. Pero no quiero verme en la situación de [Karl Ove] Knausgard [escritor noruego cuya narración autobiográfica <em>Mi lucha</em> tuvo serias consecuencias en su vida personal], me daba cierto miedo. El final del viaje es que mi madre lo ha leído, le ha conmovido, y eso me da mucha alegría.</p><p><strong>P. Cuando se usan materiales de la propia vida, ¿entra en juego también una consideración con la verdad, no solo con la verdad del relato, sino con una verdad externa?</strong></p><p><strong>R. </strong>Intento ser honesto con mis fuentes, igual que un periodista. He tomado modelos muy cercanos para ciertos pasajes, y a todos ellos les he dado a leer el texto. Incluso para cosas nimias, para escenarios, para una casa que recuerda a la casa de alguien. Hay personas que me han concedido el permiso sin problema: Fermín, por ejemplo, es un buen amigo de la infancia. Y hay otros que no quieren aparecer de ninguna forma. A partir de ahí, está el pacto del escritor. ¿Qué es real y qué es ficción? Es mi obligación como escritor desdibujar estos límites, y no entregarle a la prensa ni a nadie la clave.</p><p><strong>P. Hay un tema que se repite en sus libros y que en este caso incluye un regreso físico a la tierra de la familia. Desde que se publicó Intemperie, hemos hablado mucho sobre nuestra relación con lo rural. ¿Cómo ha asistido a ese debate?</strong><em>Intemperie</em></p><p><strong>R.</strong> He asistido a él con interés, porque me parece necesario. Era anormal que un país no dirigiera ninguna mirada a la parte más extensa de su territorio. Eso lo denotó muy bien Sergio del Molino [en <em>La España vacía</em>] cuando habla del gran trauma: el vaciamiento —vacío o vaciado, como se quiera decir— ha producido un trauma, y ese trauma persiste. Que se produzca este debate, que interese a las personas jóvenes, es por eso. Las cosas no interesan porque sí. El que más y el que menos tiene una historia familiar que se relaciona con lo rural, con la periferia, había mucha más gente de la que pensábamos concernida por este asunto. Y ahora ya pasemos a la siguiente fase, que no es estética o literaria, sino sociológica: cuáles son las consecuencias humanas y patrimoniales de ese vaciamiento.</p><p><strong>P. ¿Se ha ido modificando su visión de este asunto a lo largo del tiempo? ¿Ha habido un aprendizaje personal o literario?</strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, el viaje de regreso de Juan lo hago yo también en mi vida. Yo también fui a Edimburgo a fregar platos cuando era joven, y me fui porque quería conocer el mundo, pero también para huir de un espacio que a mí me parecía asfixiante —no digo que la España rural o mi pueblo lo fueran, sino que me lo parecía—. Me asfixiaba todo: el pueblo, la familia, todo. Era un joven normal, un joven rebelde que tenía que inaugurar su propia vida. Yo lo comparo con la energía que necesita un satélite para ser puesto en órbita. Una vez que estás arriba, todo es mucho más sencillo. Yo necesité mucho esfuerzo para escapar de la tracción terrestre. Pero una vez que me fui he regresado. Quería reflejar esa revisión de lo propio, de las relaciones de las que te fuiste despotricando, pero a las que luego les das otra oportunidad. Se regresa con otra mirada, la mirada que te da el paso del tiempo y la madurez. Es una mirada más limpia y más justa. Esta novela está ambientada en dos lugares que amo: Escocia, la tierra que elegí para vivir, y Extremadura y Toledo, mis tierras, que cada vez aprecio con más complejidad y más amor.</p><p><strong>P. El protagonista experimenta también la transformación del hijo que tiene que ponerse en una posición de cuidado. ¿Están ligados estos dos descubrimientos, el redescubrimiento de la tierra y de los padres?</strong></p><p><strong>R. </strong>Sí, en el camino de regreso están ambas cosas. La tierra es más conocida, porque ha jugado por ahí de niño, pero no esperaba encontrarse con el personaje desconocido de su madre. Tenemos una visión estereotipada de los padres: están ahí, forman parte del paisaje doméstico y los damos por sabidos. Lo que encuentra Juan es que puede conocer el arquetipo de su madre —cuidadora, que siempre está en casa, que les ama casi con posesividad—, pero que ella no es así. Cuando ve cómo otra persona la abraza, se pregunta: pero bueno, dónde estaba yo cuando este abrazo se fraguaba, cómo es que mi madre tiene una vida afectiva al margen de la familia. El camino de vuelta es un camino de conocimiento verdadero. Y en el libro hay algo que va de lo oscuro hacia lo claro, de una oscuridad emocional hacia la luz del territorio, del afecto, de la responsabilidad emocional.</p><p> <strong>P. Hay otro estereotipo con el que tiene que lidiar el protagonista, pero también el lector, que es el estereotipo del hijo egoísta. El que se fue y no ha reaccionado suficientemente bien a la muerte del padre.</strong></p><p><strong>R.</strong> No deseo para Juan que se convierta en un hijo amantísimo. Aspiro a que considere la idea de la responsabilidad. ¿Qué hacer con algo que te cambia el paso? Él vive su libertad ajeno a las personas que le rodean, no encuentra ninguna vinculación ética. No se encuentra concernido, parece que el cuidado de la madre es una cosa de su hermana, que se encuentra allí en España y que es mujer, porque subyace esta idea. A su vuelta, se le plantea su responsabilidad. Porque una persona adulta plena es una persona responsable, hagas lo que hagas, tomes el camino que tomes: tienes que asumir las consecuencias de sus actos. Es lo que le propongo a Juan porque es lo que me propongo a mí mismo. Porque nunca uno responde suficientemente a la exigencia ética que se le plantea.</p><p><strong>P. Este libro se recibe en un mundo en el que se impone la presencia de la enfermedad y la muerte, y donde el concepto de responsabilidad está muy presente. ¿Cómo cree que se lee el libro en este contexto?</strong></p><p><strong>R.</strong> Hay una coincidencia clara. Yo no voy a ofrecer ninguna respuesta, ofrezco una pregunta: qué hacer con esa responsabilidad, sabiendo que esa responsabilidad nos concierne a todos. Es lo que llamo viscosidad, que es una cosa que tiene muy mala prensa: es algo que se pega, que no te permite estar cómodo, de lo que no te puedes deshacer, y que aparece cuando tienes que hacer algo que no te apetece. Y sí me parece que en este tiempo se han puesto de manifiesto muchas carencias de la sociedad, pero también muchos deberes éticos que tienen que ver con el cuidado a los demás. Hay que tomar partido. Porque la pandemia no ha llamado a la puerta, se ha impuesto. Y se imponen otros acontecimientos: se impone la enfermedad, se impone la vejez, se imponen los vínculos familiares. Todas compiten con ese modelo de libertad total. Se dice que hemos venido al mundo a hacer florecer nuestra individualidad, y en cierto modo es así, pero ese es un mundo ideal que no existe. El mundo real está lleno de viscosidades, y difícilmente puede uno desarrollarse de manera autónoma.</p><p><strong>P. Esta es la historia de una familia, pero es la historia de una familia obrera. ¿Hay un interés político en escribir una historia obrera?</strong></p><p><strong>R.</strong> Sí, radicalmente sí. Hay conciencia de clase. Yo soy hijo de una familia obrera. No en sentido estricto: mi padre no trabajaba en la fábrica, era maestro de escuela en un momento en el que ser maestro de escuela tenía cierta consideración social pero una remuneración paupérrima. De hecho, había un refrán: “Ser más pobre que un maestro de escuela”. Y por supuesto mi madre trabajaba en casa como una auténtica obrera. Esta conciencia de clase se puede ver en la novela: el protagonista analiza sus orígenes y en ocasiones los denosta en comparación con el modelo americano que nos llega a través de las series y las películas, donde todo parece perfecto y el dinero mana de los grifos. Y hay cierta ironía, cuando se habla por ejemplo de lo ideal que es desayunar con tu familia. Claro, si tienes dinero y tiempo, condiciones que un obrero no tiene, porque no le da, porque no puede desayunar con sus hijos por la mañana, porque tiene que levantarse a las cinco y pasar hora y media en transporte público.</p><p><strong>P. ¿Cree que la literatura se ha ocupado de esta parte de la historia? ¿Lo ha encontrado en sus lecturas?</strong></p><p><strong>R. </strong>Lo ha tratado, pero de un modo marginal y periférico. Hay editoriales que se dedican a ello, y autores como Isaac Rosa, Marta Sanz y tantos otros. Pero la corriente central está ocupada por otro modelo. Este año he leído el libro de [Alberto] Prunetti [<a href="https://www.hojadelata.net/tienda/amianto/" target="_blank">Amianto</a>] sobre su padre, enfermo de asbestosis, pero he tenido que ir a una editorial muy chiquitita y a un lugar muy alejado de las mesas de novedades. No me parece que sea el debate que ocupa más espacio en las librerías, ni mucho menos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Morales]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jesús Carrasco: "La pandemia ha puesto de manifiesto muchas carencias, pero también muchos deberes éticos"]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Moderación y estrés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/moderacion-estres_1_1193205.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9e33413a-2a55-4994-bd38-38dc152735b3_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Moderación y estrés"></p><p><em>La sección de microrrelatos inéditos 'Liebre por gato' está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. Esta nueva entrega recoge dos textos de Víctor Lorenzo Cinca.</em></p><p>_____</p><p><strong>Moderación</strong></p><p>Abre la puerta del bar con un empujón y un par de gruñidos y a rastras cruza el umbral. Repta hasta la barra esquivando mesas, sillas, huesos de aceituna, palillos y servilletas arrugadas y desde las baldosas grasientas balbucea algo pastoso dos, tres, cuatro veces, hasta que creo entender que quiere un cubata. Lo preparo con esmero y se lo dejo en el suelo, a su lado. Da cuenta de él rápidamente, no sin tirarse la mitad por encima. Agarrado al taburete se incorpora y ahora, de manera algo más inteligible, mastica un par de úes y un par de aes mientras su mirada perdida intenta centrarse en mi rostro y yo, diligentemente, le sirvo el segundo. Lo termina en cuatro tragos y, ya sentado en el taburete, aunque tambaleando como una boya, me implora, o eso creo, otro. Engulle el tercero a la vez que me cuenta pastosamente que se ha reconciliado con su esposa y que lo han readmitido en el trabajo, circunstancias ambas que me importan poco o nada. El cuarto y el quinto los pide ya de manera comprensible, y los va saboreando a tragos cortos mientras ojea un periódico deportivo. Acodado en la barra, tras arreglarse el nudo de la corbata y el flequillo, me pide con voz y mirada claras el último cubata, si soy tan amable. Lo siento, respondo, pero usted ya ha bebido bastante y no voy a servirle más. Y ahora, si no le importa, salga del bar y váyase a su casa.</p><p><strong>Estrés</strong></p><p>El psicólogo experto le aconseja al economista estresado que respire hondo, que se distraiga con alguna actividad relajante, que arriende un huerto, por ejemplo, que lo cuide por las tardes, que lo riegue y lo abone, que observe su lento crecimiento con calma y parsimonia y que se olvide de números, símbolos y operaciones. El economista sigue su recomendación, y prepara azadones, rastrillos, semillas, plantel, carretilla, y a los pocos días ya nota los beneficios del tratamiento. Sus niveles de ansiedad se reducen con cada tomate, con cada berenjena, con cada plaga eliminada, hasta que desaparecen casi por completo las taquicardias y el insomnio. Animado por tan fructíferos resultados, dedica más y más horas a su pequeña parcela, tantas que se ve obligado a arrendar un terreno colindante. Se interesa por fertilizantes, antifúngicos y pesticidas. Se plantea la instalación de un riego por goteo y solicita presupuestos y estudios de viabilidad. La producción aumenta de tal modo que debe empezar a almacenar y conservar el excedente, a venderlo a vecinos y pequeños distribuidores locales, a repartirlo casa por casa con la furgoneta que ha tenido que alquilar, a regresar exhausto a su apartamento, de madrugada, agobiado y sin fuerzas. De noche casi no duerme, obsesionado con la previsión meteorológica, el estoc que va acumulándose y los pequeños saqueos que perpetran algunos pillos. Para relajarse, ahora se distrae en la oficina cerrando balances, cuadrando presupuestos y redactando informes fiscales.</p><p><em>_____</em></p><p><em>Víctor Lorenzo Cinca (Balaguer, 1980) es licenciado en Filología Hispánica y profesor de lengua y literatura en secundaria. Fue cofundador de la </em><strong>Víctor Lorenzo Cinca</strong>Internacional Microcuentista<em>, revista digital especializada en el microrrelato. Ha publicado sus textos en distintas revistas (</em>Litoral, Quimera <em>o </em>Microtextualidades<em>) y antologías, tanto digitales como en papel. Algunos de sus textos han sido traducidos a otros idiomas. Es autor del libro de microrrelatos </em>Cambio de rasante<em> (Enkuadres, 2015).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Víctor Lorenzo Cinca]]></author>
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      <title><![CDATA[Una distopía presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/distopia-presente_1_1193200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/83dd1538-de87-413c-9471-1585ead4af19_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una distopía presente"></p><p><strong>Días de euforia</strong></p><p><strong>Pilar Fraile</strong></p><p><strong>Alianza Editorial</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p><strong>Pilar Fraile</strong> (Salamanca, 1975) sostiene que la narrativa surge ante esa constante conmoción que conlleva toda acción humana, algo que, bien mirado, es bastante incomprensible, así que narrar, para la salmantina, es toda una suerte de investigación en las causas del comportamiento del individuo, esgrimiendo planteamientos como por qué un personaje es capaz de lanzarse por un puente, o tal vez qué motiva a aquel otro a actuar de una determinada manera, o quizá por qué alguien es capaz de faltar a la verdad.</p><p>La autora ha ido desdoblándose de una forma cautelosa en su proyecto literario hasta el momento, quizá porque tiene una curiosa habilidad en el tratamiento de la expresión lingüística y ha publicado varios poemarios donde el lenguaje alcanza momentos fascinantes, —subráyese <em>La pecera subterránea</em> (2010)—. Parecido tratamiento expresivo reivindicaba en su colección de relatos <em>Los nuevos pobladores </em>(2014), textos en su mayoría de estructura abierta y con un asombroso poder de sugestión que muestra lo más evidente y disimula lo realmente importante: la esencia de los comportamientos humanos, las zozobras de los personajes que en ocasiones construyen y otras destruyen su identidad.</p><p>Como era de esperar, se exponía a un paso más construyendo la estructura narrativa de su primera novela, <em>Las ventajas de la vida en el campo</em> (2018), una historia que comienza con un macabro suceso: Alicia, la protagonista, acaba de atropellar al perro de su vecino y decide ocultar este hecho antes de tener que enfrentarse a esos ojos que siempre la observan. Para desarrollar su relato, la salmantina intercalará saltos temporales en los que enfrenta un entorno rural bucólico e idílico con la realidad del presente, el abandono y el silencio oscuro de los pueblos, y será entonces cuando descubriremos a través del discurso de Alicia la evolución de los personajes, del escenario y de la propia protagonista, que nos quiere mostrar cuáles puedan ser las ventajas de la vida en el campo.</p><p>Una vuelta de tuerca a esa motivaciones que rigen el comportamiento de los individuos lleva a Pilar Fraile a retratar la realidad tecnológica y el papel del <em>big data</em> en nuestra vida cotidiana, así que su nueva novela, <em>Días de euforia</em> (2020), se traduce en el retrato inquietante de un extraño futuro no tan lejano que traerá cambios radicales en las relaciones humanas. María, Roger y Manuela inician ese recorrido vital y no menos angustioso desde un espacio que se denomina de “Crecimiento”, comporta un tránsito hacia las causas, y se convierte en una vacua huida hacia adelante que sólo les coloca desnudos frente al modelo de una realidad fingida. También en <em>Días de euforia</em>, Carlos y Angélica planean un futuro en común y, sorprendidos con su amor inesperado y honesto, serán una balsa a la deriva en su entorno laboral, La Planta, en realidad un laboratorio dedicado a la reproducción asistida. Blasco se obsesiona con Laila, una joven que se desnuda a través de la <em>webcam</em> en una página pornográfica; se siente aburrido de su vida conyugal con Diana, así que busca en esta obsesión una salida a la monotonía. La narradora retrata personajes que huyen hacia adelante buscando las respuestas que la edad adulta debería proporcionarles, y en esa carrera sin una meta conocida, sus destinos se cruzarán, revelándoles la posibilidad de una vida mucho más consciente.</p><p>Pilar Fraile se enfrenta a una trama narrativa compleja, ha sido capaz de imaginar y poner en escena a unos personajes de una asombrosa variedad que experimentan una esperanzadora existencia con la promesa de que todo deberá cambiar, su pasada vida cotidiana y sus costumbres, el hábitat y su percepción de la realidad, cuando lleven a cabo ese paso adelante, y siendo conscientes de que las riendas de nuestra vida están esperando ser cogidas con una absoluta determinación. La novela, una profunda crítica al capitalismo, sorprende a un curioso lector por su audacia, por convertirse en el retrato de una sociedad que tiene miedo a mirarse en el espejo. En esa otra crítica a la levedad de las relaciones de pareja, los personajes, que caminan sobre el filo, se acercan a un abismo de cuyo peligro noson conscientes; solo algunos descubrirán cómo romper con esa vida manipulada, observada por ese gran ojo en que se convierten los grandes medios de poder y las multinacionales. La narradora dibuja una sociedad que se sale del guion previsto, aunque corrobora ese retrato de un futuro dominado por muchos de los valores de siempre, y presenta al ser humano como simple dato. La salmantina ensaya una literatura que sacude nuestra conciencia y se extiende a esa alienada sociedad que sobrevive en una constante mueca de adversidad y de dolor, y nos muestra la imagen de quienes a estas alturas aún nos resultan irreconocibles.</p><p><em>Días de euforia</em> inquieta por sus cuantiosas verdades, sorprende por su irónica visión de un presente contado en futuro, y por esa aparente búsqueda de una felicidad a la que hace ya algún tiempo hemos renunciado.</p><p>____</p><p><span id="div-gpt-ad-roba-c-mv"></span><strong>Pedro M. Domene </strong>es escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <title><![CDATA[La vigilancia de los inversores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vigilancia-inversores_1_1193197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1a99e261-3ebf-44be-95b2-3636e62cc4ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vigilancia de los inversores"></p><p><strong>La era del capitalismo de la vigilancia</strong></p><p><strong>Shoshana Zuboff</strong></p><p><strong>Traducción de Albino Santos Mosquera</strong></p><p><strong>Paidós</strong></p><p><strong>Barcelona</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p>Me parece muy pertinente el argumento de este ensayo, según el cual el capitalismo de la vigilancia no es una tecnología (digital, IA, <em>big data</em>, la nube,…) sino cómo se usa, “la lógica que impregna la tecnología y que la pone en acción” (p. 30). Lo que nos remite a los fines económicos que acompañan al “desarrollo y el despliegue de la tecnología en cuestión” (p. 31). Desde la hiperescala organizativa, sus efectos sobre el empleo o los salarios, el mercado de patentes, su relación con los consumidores o con los usuarios como fuente de la materia prima (los datos)… todo estará determinado por esa lógica.</p><p>Sin embargo, cuando uno busca progresar en ese trasfondo a lo largo de este extenso ensayo, acaba de vacío. Y eso que ya en la página 40 se dice de estas tecnologías, en relación a cómo se usan, a su lógica y fines económicos (para el caso de Apple o Amazon, que curiosamente apenas ocupan espacio en el análisis), que “están sometidas a una menor presión financiera para captar ingresos de la vigilancia de lo que lo están las compañías de datos puras” (Google, Facebook, Microsoft, que sí centran por extenso el argumento). Lo sorprendente es que nunca se detalla esa presión financiera, ni para unas ni para otras.</p><p>De manera que en su prolijo índice analítico y de nombres (páginas 863 a 910), uno puede encontrar de todo (hasta “Partido Comunista”), pero no términos como <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/The_Vanguard_Group" target="_blank"><em>Vanguard Group</em></a><em>, BlackRock, financiero o inversores</em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/BlackRock" target="_blank">BlackRock</a>.</p><p>Y ello a pesar de que, por ejemplo, refiriéndose a <strong>Mark</strong><strong>Zuckerberg, </strong>CEO de Facebook (p. 537), se nos cuenta cómo “el director ejecutivo dijo a los inversores que Facebook…”, pero nos quedamos sin conocer los detalles de fondo de esos inversores que moldean la lógica del desarrollo y despliegue del capitalismo de la vigilancia. Solo conocemos numerosos pasajes del guiñol de actores pretendidamente estelares (los Zuckerberg, <strong>Gates</strong>, <strong>Page</strong>, <strong>Nadella, Varian, Schmidt, Brin</strong>… aunque no aparezcan tanto los no menos estelares <strong>Bezos</strong> o <strong>Jobs</strong>) que, en realidad, son secundarios de lujo de los actores principales que no aparecen en su índice analítico y de nombres (los <strong>John Bogle </strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/John_Bogle" target="_blank">Bogle</a>o <strong>Laurence</strong> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Laurence_D._Fink" target="_blank">Fink</a> de grandes fondos de inversión globales).</p><p>Esto así, el ensayo se extiende hasta el infinito en la IA derivada de una minería masiva de datos y sus incertidumbres sociales asociadas, debido a estar comandadas por esos negociantes, pero no se llega a proponer una <em>inteligencia social</em> global alternativa a la de los actuales fondos y bancos de inversión (o gobiernos posdemocráticos<em> chimericanos</em>). No hay aquí una alternativa social a los capitalistas de la vigilancia: <em>los que explotan y controlan la naturaleza humana</em> (p. 623) y no necesitan <em>instituciones económicas o políticas inclusivas</em> (p. 679).</p><p>En ausencia de esto, el ensayo deriva hacia una defensa de “la individualidad” en la colmena (p.581), o de “la privacidad” en el rebaño (p. 585). Y en vez de denunciar la propensión hacia el monopolio de la mano de sus patrones financieros, se considera tanto que existe una “lucha competitiva entre capitalistas de la vigilancia” (p. 659), como que Google y Facebook son “el duopolio del mercado publicitario digital” (p. 675). Un eclecticismo demasiado superficial para un ensayo de más de 900 páginas en el que, no por casualidad, ni se cita a Wikipedia como ejemplo de lo que, de momento, no es ni capitalismo-publicidad ni vigilancia.</p><p>Quizás el mejor exponente de cómo el capitalismo de la vigilancia (un colosal monstruo antidemocrático y anti igualitario, p. 679) puede crecer a sus anchas sin instituciones económicas o políticas inclusivas, campe a sus anchas en el lado asiático de <em>Chimérica</em>. Sin obviar que según <strong>Shoshana Zuboff</strong> en Estados Unidos la democracia tampoco goza de muy buena salud, ya que, en palabras de uno de los asesores de <strong>Obama</strong>, “sabemos a quién va a votar la gente antes incluso de que lo hayan decidido” (p. 171). Porque las breves páginas que la autora dedica a lo que llama “el síndrome de China” (p. 518-526) ejemplifican muy bien el acierto y, al mismo tiempo, las limitaciones de este ensayo.</p><p>El acierto porque en esas páginas visualiza cómo el uso de las modernas TIC no va en la senda de una información y deliberación creativa sino más bien de todo lo contrario. Por ejemplo, el sistema de perfil de Sesame Credit (se trataría de un registro <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Public_records_in_China" target="_blank"><em>dang’an</em></a> computerizado y gestionado por IA) de la empresa china Ant Financial que, más allá de la puntuación de conductas, puede utilizar la IA y el <em>big data</em> para primar/moldear las conductas deseables, en una aplicación ejemplar de las líneas de ingeniería social de Silicon Valley para el control social a lo largo y ancho de <em>Chimérica</em>. Todo sucedería, según se recrea magníficamente en el episodio titulado “<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Nosedive" target="_blank">Nosedive</a>” (c<em>aída en picado</em> o <em>caída en desgracia</em>) de la tercera temporada de la serie de televisión <em>Black Mirror,</em> en favor de las ingentes potencialidades de manipulación y control social de la gestión del <em>big data</em> con algoritmos de IA.</p><p>Pero también las limitaciones, porque en las finanzas <em>online</em> y los modernos sistema de pagos (en paralelo a lo que en occidente supone <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/EBay" target="_blank">eBay</a>, propietaria de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/PayPal" target="_blank">Pay-Pal</a>, también controlada por Vanguard Group y BlackRock), hoy en China <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ant_Group" target="_blank">Ant Group</a>, propietario del gigante de pagos, préstamos y seguros médicos <em>online</em> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Alipay" target="_blank">Alipay</a>, tiene como clientes nada menos que a mil millones de personas. Será en 2015 que el Banco Central de China impulse un proyecto piloto de integración de comercio electrónico y <em>software</em> sobre reputación personal. En esa línea, Ant Financial de Alibaba llegará a desarrollar el citado sistema Sesame Credit de IA para cuatrocientos millones de usuarios. Sin embargo, en 2017 el mismo Banco Central retirará su apoyo a dichos programas desde el sector privado y <a href="https://www.elconfidencial.com/mercados/2020-11-03/reguladores-chinos-frenan-salida-a-bolsa_2817476/" target="_blank">suspenderá</a> la salida a bolsa en noviembre de 2020 de Ant Group.</p><p>Emergen así fines económicos y políticos que, tras las bambalinas de los populares y mediáticos CEO, moldean los sumergidos dueños del capitalismo de la vigilancia. Los dueños de una <a href="https://internethealthreport.org/2019/los-nuevos-inversionistas-de-cables-submarinos/?lang=es" target="_blank">nube</a> de vigilancia que, en realidad, transita por el fondo de los océanos. Toda una metáfora.</p><p><em>_____</em></p><p><em>Albino Prada es investigador de ECOBAS.</em><strong>Albino Prada</strong><a href="http://ecobas.webs.uvigo.es/index_en.php" target="_blank">ECOBAS</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Albino Prada]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Redes sociales,Los diablos azules número 219]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una sociología del desamor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/sociologia-desamor_1_1193189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/141659dc-14ef-48f4-b13a-fc87d5dd3995_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una sociología del desamor"></p><p>En su proyecto de analizar las relaciones erótico afectivas en la modernidad tardía, <strong>Eva Illouz</strong> se adentra en este complejo ensayo, <a href="http://www.katzeditores.com/fichaLibro.asp?IDL=207" target="_blank">El fin del amor</a> (Katz), no en el amor, que la ocupó en algunos de sus anteriores libros, sino en el desamor, componiendo lo que llama una sociología de las elecciones negativas. Tal y como viene observando en sus trabajos, las formas del desamor son un síntoma más de cómo el capitalismo y la cultura de la modernidad han transformado nuestra vida emocional y sexual y nuestra intimidad. Illouz incide en que esta investigación sociológica, a la que lleva dedicada más de dos décadas, constituye un elemento crucial para emprender la necesaria crítica de ese mismo capitalismo.</p><p>El desamor se inscribe en un tipo de elección negativa que se realiza en nombre de la sacrosanta libertad de elección y de la imperativa realización del yo, propuestas ambas caras a los principios del pensamiento económico que ha modificado nuestro mundo afectivo. En palabras de la autora: “Este libro indaga las condiciones sociales y culturales que explican lo que ha pasado a ser una característica común y corriente de las relaciones sexuales y románticas: el acto de abandonarlas. El 'desamor' es un terreno privilegiado para entender de qué manera la intersección entre el capitalismo, la sexualidad, las relaciones de género y la tecnología, produce una nueva forma de (no) sociabilidad”.</p><p>Haciendo uso de entrevistas en las que se explora ampliamente el comportamiento sexual y afectivo de individuos de distintas edades y nacionalidades; analizando algún programa de televisión y algunas obras literarias y cinematográficas, Illouz hace un breve repaso por diferentes épocas históricas y sus modos de cortejo hasta llegar a nuestro tiempo, en el que se detiene más pormenorizadamente, y en el que, afirma, la libertad sexual pasó a constituir el centro de la yoicidad. Para la autora, en la subjetividad sexual del neoliberalismo las elecciones y separaciones reiteradas no se experimentan como miedo o aislamiento, sino como una libertad en la que el yo se afirma a sí mismo al negar o ignorar a los otros: “En las relaciones casuales, el yo se involucra poco, solo disfruta de 'un hedonismo autotélico' que gira en torno al acto sexual como principal y único objetivo”.</p><p>Pero, y a demostrarlo dedica parte de este ensayo, el sexo casual es más congruente con la forma masculina de sexualidad que con el deseo de las mujeres, por lo que estas se adaptan a él reprimiendo una sexualidad propia, más relacional, que busca involucrarse afectivamente con el otro. Un sesgo de género que tiene su razón de ser en la diferente educación patriarcal que encargó a las mujeres el cuidado de las relaciones, por lo que el matrimonio y la maternidad siguen siendo factores cruciales para la identidad femenina. De ahí que la incertidumbre que provoca el sexo casual, donde el sentido de lo que pasa queda casi siempre en el dominio de los hombres, produzca un malestar cuya gestión se realiza a través de la poderosa industria psicológica, a la que Illouz dedicó algunos de sus libros anteriores. La dificultad de ponerle nombre a la experiencia de una relación donde el compromiso está ausente, el abandono es brusco e inesperado, o el <em>ghosting</em>, el borrado, la desaparición sin explicación alguna, se convierte en una forma común de ruptura, responde a esta desregularización de las relaciones afectivas que incrementa la incertidumbre y, como consecuencia, el malestar y la angustia. Para los hombres y mujeres educados sentimentalmente en este capitalismo escópico, que privilegia lo imaginario y la mirada como ejes del reconocimiento, la clave está en no mostrarse necesitados, pues la necesidad “proporciona la máxima expresión despectiva del otro en una cultura dominada por el ideal de la autonomía”. Experimentar o sentir necesidad mina la representación de ese yo autotélico, autárquico, autosuficiente, al que se aspira.</p><p>Cuidándose mucho de no ser tildada de puritana, sino ajustándose a la experiencia de las mujeres que reflejan los numerosos estudios que cita, Illouz opina que “el sexo casual es una experiencia placentera, siempre y cuando depare a ambas partes una sensación de dominio, autonomía y control. Sin embargo, a menudo genera una experiencia opuesta de desorganización del yo e incertidumbre en al menos un miembro de la pareja que participa en la interacción”. La incertidumbre de marco, producida por la ambigüedad de los encuentros y la falta de protocolos de cortejo, provoca a la larga una incertidumbre ontológica que afecta profundamente a la naturaleza misma del yo. Un yo que se expone al otro mediante imágenes, y que busca el reconocimiento en el plano visual y sexual, un efecto de la poderosa industria de la belleza y la pornografía que nos conforman. De la certidumbre normativa del XIX que exigía el respeto por las normas sociales (léanse las novelas de <strong>Jane Austen</strong> o <strong>George Eliot</strong>, por poner un ejemplo), y supeditaba la apariencia a los valores morales, a la libertad sexual convertida en libertad de consumo y al cuerpo convertido en valor de cambio.</p><p>La devaluación de la mujer aparece en este contexto como consecuencia de la cosificación que se produce a partir de la hipersexualización de los vínculos contemporáneos y de la mercantilización de los cuerpos, utilizados como capital erótico en el contexto neoliberal de la mercantilización, también, de las relaciones humanas.</p><p>Eva Illouz cuestiona que la metáfora del contrato sirva para explicar las relaciones erótico-afectivas actuales, y profundiza en los matices de un consentimiento que esconde la desigualdad de género en los vínculos entre hombres y mujeres. Siempre crítica con la psicología, a la que acusa de negar las causas institucionales y sociales de nuestra conducta, haciéndose vocera del pensamiento neoliberal (los libros de autoayuda han sido analizados por ella en otro ensayo), las tesis de Illouz nos interrogan y nos inquietan, precisamente, porque podemos identificarlas en nuestro entorno, porque no podemos pasarlas por alto, porque nos explican.</p><p><em>El fin del amor</em> aporta además al lector una síntesis del pensamiento de la autora; un pensamiento que nos parece indispensable para comprender aspectos fundamentales de nuestro tiempo.</p><p>_____</p><p><strong>Lola López Mondéjar</strong> es psicoanalista y escritora. Su último libro es <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/que-mundo-tan-maravilloso/" target="_blank">Qué mundo tan maravilloso</a><em> (Páginas de Espuma, 2018).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Feb 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Lola López Mondéjar]]></author>
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