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    <title><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 223]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Los diablos azules número 223]]></description>
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      <title><![CDATA[El talento de la impostura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/talento-impostura_1_1194543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b036bfba-3dda-4816-80a8-5b8057f93c4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El talento de la impostura"></p><p>Cuando el lector apenas acaba de empezar la fascinante navegación por este libro, encuentra citado un falso epitafio o epitafio ficticio, sacado de los diarios inéditos de la niña Susan, de 15 años, donde es irreprimible la sospecha de que parpadea o late una verdad profunda y a su modo turbadora. El epitafio, autocrítico o incluso autoparódico, de la adolescente dice así: “Aquí (re)posa// (en vida no hizo más que posar)// <strong>Susan Sontag</strong>// (1933-195?)”. Cuando llega el lector al final del libro no tiene ninguna duda de la adictiva inteligencia, superdotada y memoriosa de la escritora y, a la vez, le conmueve la profunda desgracia vital que esconde ese epitafio veraz, exacto e irrefutable.</p><p>La impostura de una vida, sin embargo y paradójicamente, no conduce necesariamente a una escritura impostora. La calidad literaria de Susan Sontag está muy por debajo de la sobredimensión global e icónica de su figura, pero no es en absoluto menospreciable. Diría, incluso, que ha vivido el destino de los clásicos del pensamiento y sobre todo del ensayo moderno: haber convertido en doctrina común, en saber colectivo e imaginario compartido, algunas de sus mejores observaciones. Eso es lo que sucede con el conjunto de ensayos titulado <em>Sobre la fotografía</em>, donde su análisis se adelanta a las inquietudes debatidas y analizadas en una sociedad hegemonizada por la imagen, fija o en movimiento, y donde la fotografía ha ganado un predominio mediático que apenas empezaba cuando ella reflexionó sobre el asunto. O es lo que pasa también con muchos de los ensayos que recogió en <em>Contra la interpretación</em>, empezando por el que da título al libro y siguiendo por brillantes, pioneras y militantes lecturas de literatura francesa de primer nuivel, prácticamente desconocidas en el Estados Unidos de los años sesenta, desde <strong>Albert Camus, Simone de Beauvoir</strong> o <strong>Sartre</strong> hasta <strong>Antonin Artaud</strong> o <strong>Michel Leiris</strong>. Incluso su última obra, <em>Ante el dolor de los demás</em>, era una poderosa incursión reflexiva y valiente en las imágenes bélicas o de destrucción, aunque ella quiso ya en su madurez (murió del tercer cáncer a los 71 años, en 2004) que el público apreciase sobre todo su novela, sin éxito. No es fácil dar con un lector que valore más su novela que aquello que la hizo icónica desde los años sesenta en las páginas, entre otros, de <em>Partisan Review, The New York Review of Books</em>, donde colaboró desde el primer número en 1963, o del <em>New Yorker</em>.</p><p>Pero debajo había, sepultada, crónica y desgarradora, una falsificación de la persona convertida programáticamente en personaje, decidida a ocultar la esfera privada de su proyección pública, y no solo en asuntos íntimos y sexuales. Negó hasta el final su lesbianismo, incluida la relación más larga de toda su vida, con la fotógrafa<strong> Annie Leibovitz.</strong> Pero no es eso lo más relevante: lo es la exploración piadosa, empática y honesta de <strong>Benjamin Moser</strong> en la inmensa cantidad de papeles autobiográficos que Sontag dejó inédita a su muerte. Parece veraz el testimonio que asegura que le dejó dicho a su hijo, <strong>David Rieff</strong>, que el mejor legado que podía dejarle eran sus diarios, autorizándolo a publicarlos: cien volúmenes que conocemos en una selección muy amplia (y Moser conoce en su integridad). El alcance de la impostura y la extensión de su herida es lo que hace auténticamente apasionante este libro: la exploración en las capas, las máscaras, las mentiras compulsivas y los subterfugios de una mujer profundamente insegura de sí misma, extraordinariamente afortunada en términos profesionales, superdotada intelectualmente, además de llevar encima eso que nunca sabremos dónde nace pero identificamos con el carisma, la imantación que suscita una determinada persona.</p><p>Únicamente en la última página del libro utiliza Moser la expresión de un yo <em>escindido</em>, pero es eso lo que atraviesa el libro entero para armar un retrato complejo y doloroso con el sufrimiento como rasgo constante de una triunfadora incontestable. Era difícl que cualquiera de nosotros pensase que su supervivencia económica no estaba garantizada por sus ingresos como colaboradora de la prensa más prestigiosa, o como autora de la principal editorial norteamericana. Sus libros nunca se vendieron de forma relevante pero fue su primer editor y probable amante, <strong>Roger Straus</strong> (de Farrar, Straus & Giroux), quien ejerció de mecenas y protector financiero de ella (y de su hijo) durante más de veinte años, o al menos hasta que Sontag decide buscar los servicios del agente literario <strong>Andrew Willye </strong>con una deslealtad fría e implacable, habitual en ella, o finalmente vive sus últimos años bajo la protección multimillonaria de Leibovitz, a pesar del maltrato público y ofensivo al que sometió a la fotógrafa.</p><p>¿Cominerías de campanario solo? En absoluto: la densidad del retrato y la inteligencia analítica y estructural del autor dotan de sentido trágico, shakesperiano, la figura de esta mujer obviada desde niña por una madre alcohólica y narcisista (tanto como lo sería su hija), madre casada con un hijo a los 19 años, estudiante por méritos propios en las mejores universidades privadas de los Estados Unidos, autora con 23 años del primer e importante libro de su marido <strong>Philip Rieff</strong> (sin firmarlo: las disculpas del marido llegarían casi medio siglo después de separarse) y famosa por voluntad y vocación desde pequeña. El libro se convierte en un fabuloso laboratorio humano en el que el sujeto de análisis es una mujer desgraciada, incapaz de amar y educar a su hijo, enamorada no solo metafóricamente de su madre, enamorada y a la vez rival de su hijo (cuando empieza también él a escribir), déspota sin escrúpulos, sarcástica sin piedad con amigos y conocidos, colérica y profundamente dependiente, enganchada a la anfetamina durante más de veinte años, masoquista hasta la humillación como condición necesaria de sus múltiples parejas y un talento excepcional también para detectar los resortes materiales y humanos optimos para su propia proyección pública: espectacular.</p><p>En las fotografías que han sobrevivido de sus múltiples viajes a la Sarajevo sitiada de 1993-1995 se ve a una mujer cansada, con el pelo muy canoso y despojada de su <em>glamour</em> habitual para adaptarse sin manías a la absoluta precariedad de una ciudad sin nada, sin luz, sin comida, sin ropa. Su fabulosa mancha blanca en el pelo, a la altura de la oreja derecha, ha sido una de las imágenes más icónicas del siglo XX, a la altura del <strong>Mao</strong> de su amigo <strong>Andy Warhol</strong>, como mínimo. Fue el resultado del ingenio del peluquero de su madre. Con 41 años, Sontag había superado el primer cáncer —con una mastectomía radical de pecho— y el pelo se le quedó completamente blanco a causa de la quimio: el peluquero pensó que teñiría de negro intenso el resto del pelo y dejaría esa lengua de pelo canoso natural. Es también una metáfora de sí misma y es a la vez una fascinante descripción de la vida amarga de una mujer celebérrima. Me atrevo decirlo: pese a la ingente cantidad de datos, citas y entrevistas del libro, sigue impertérrito el misterio de una personalidad escindida, seductora y aberrante, cruel y generosa, egocéntrica, megalómana e intensamente lúcida.</p><p>_____</p><p><strong>Jordi Gracia </strong>es ensayista y profesor de Literatura Española en la Universidad de Barcelona. Su último libro es <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/javier-pradera-o-el-poder-de-la-izquierda/9788433964397/A_537" target="_blank">Javier Pradera o el poder de la izquierda</a> (Anagrama, 2019).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jordi Gracia]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El talento de la impostura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 223]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Pablo Martín Sánchez escribe desde el Reus apocalíptico de 2066]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/pablo-martin-sanchez-escribe-reus-apocaliptico-2066_1_1194530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e5a60a4a-5463-4b30-955a-9fa5c56a1d5f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pablo Martín Sánchez escribe desde el Reus apocalíptico de 2066"></p><p><a href="https://www.acantilado.es/catalogo/diario-de-un-viejo-cabezota/" target="_blank">Diario de un viejo cabezota (Reus, 2066)</a>, editado por Acantilado,es la última entrega de la trilogía iniciada por Pablo Martín Sánchez, tras <em>El anarquista que se llama como yo</em> (2012) y <em>Tuyo es el mañana</em> (2016), a cuyo desarrollo y componentes se alude en esta obra que ahora nos ocupa (p. 153). Pero si en las novelas anteriores el autor se proyectaba hacia el pasado, en esta el espacio aparece concentrado y la historia, que transcurre entre la realidad y la ficción, se desplaza a un futuro en el que acaban cumpliéndose algunas de las amenazas que presentimos en la actualidad. Así, la trama aparece dividida en dos partes: en la primera, anterior al 2019, se mezcla la realidad y la ficción; mientras que en la segunda, la que transcurre después de esa fecha, todo lógicamente es solo ficción.</p><p>Estamos ante una narración que el autor ha calificado de distópica y apocalíptica, que adopta la forma de un diario. La “Nota de los editores”, con la que empieza la narración, finge ser un paratexto, aunque en realidad forma parte del relato. El conjunto se nos presenta como un diario íntimo crepuscular (constata la fecha de las entradas siguiendo la cronología), que ni fue compuesto para ser publicado ni llevaba título. A pesar de ello, aparecería fechado en el 2108, en la ciudad de Ginebra, 42 años después de haber sido escrito, y casi un siglo después de nuestro presente. Pero se trata más bien de una novela con su correspondiente historia, trama, espacio (incluye planos) y personajes, al igual que en <em>La náusea</em>, de <strong>Sartre</strong>, que se cita como una novela en forma de diario (pp. 240 y 259). En cualquier caso, y aunque lo que escribe el narrador sea un diario, el conjunto que nos llega a nosotros creo que se lee mejor como una novela.</p><p>Nos encontramos en el año 2066, en la denominada Confederación Ibérica, tras una pandemia de marburgo que se ha extendido por toda Europa, y después de varias guerras (se alude a una Tercera Guerra Mundial, un choque de civilizaciones ocurrido diez años antes, como consecuencia de la caída de las Torres Gemelas, y después de un ataque bioterrorista que provocó 30 millones de muertos, entre ellos la esposa del narrador), por ejemplo, la llamada de la Independencia, que fue precedida por un Sexenio negro, durante la crisis económica, social y política; mientras que la de 2044 se debió —entre otras causas— a la escasez del petróleo.</p><p>Un poco antes, en el 2041, se había caído la torre de Pisa a causa de un terremoto. Pero, además, padecimos el <em>procés</em>, tres referéndums (cumplidos los deseos de los indepes) y el llamado Pacto de la Vergüenza entre USA y la Mancomunidad Europea, con la connivencia de la Confederación Ibérica, que acabó convirtiendo nuestra península, y la de Anatolia, en el escudo de Occidente. De modo que después de esta especie de apocalipsis, lo que había sido España pasa a ser una gigantesca base militar. Nos encontramos, en suma, en una Cataluña en la que, al tercer referéndum, le siguió una guerra civil que duraría tres años. Y todo ello sin que lo produjera el pangolín ni los murciélagos, sino los seres humanos, pues se trata —en esencia— de un conflicto político, que se cuenta a través de una historia personal, y que pone en juego la capacidad de los protagonistas de intentar sobrevivir en libertad.</p><p>El presente narrativo transcurre a lo largo de unos tres meses (arranca el 24 de junio del 2066 y concluye el 30 de septiembre), mientras que un narrador innominado, que no es otro que los varios Pablo Martín Sánchez de esta novela, más allá del tiempo y del espacio tradicionales, anota sus experiencias y se autorretrata (p. 47), tras haber abandonado una trayectoria de escritor y declararse pacifista, para dejar constancia —nos dice— “de los tiempos convulsos en que vivimos”, obligándose a decir la verdad, “con la esperanza de que [estas líneas] puedan servir a las generaciones futuras para entender cómo vivíamos en los tiempos del Gran Apagón”, una catástrofe ocurrida nueve meses antes (pp. 11, 12 y 70).</p><p>El mundo, el espacio que ocupan estos supervivientes, como hemos advertido, se ha convertido en un lugar inhóspito, pues no sólo carecen de agua corriente, electricidad y carburantes, sino que las reservas de comida escasean y las enfermedades los acosan. Y, sin embargo, sigue habiendo solidaridad, amor y nacimientos, en medio de tanta mortandad.</p><p>El caso es que un heterogéneo grupo de doce personas, entre ellos el cabezota del título, que cuenta 89 años, se ha refugiado en un viejo hospital, que había sido un psiquiátrico y luego un geriátrico, situado en las afueras de Reus, y se resiste a abandonarlo, quizá porque la mayoría no tenga otro sitio adonde ir, a pesar de haber sido conminados a hacerlo y de que el plazo para ello esté llegando a su fin. Estos rebeldes, con algo de cautivos y de resistentes (sobrevivir, resistir, parece ser el objetivo) forman parte —decíamos— de un grupo compuesto por “cinco momias, cinco tullidos y dos trabajadores” (pp. 21-24), quienes son descritos a la manera de los <em>dramatis personae</em>. Esta vez, sin embargo, aparecen al comienzo de la narración, y no al final, como suele ser habitual, para que de antemano los conozcamos mejor, aunque sin que se nos cuente lo que será de sus vidas. Sus edades oscilan entre los 94 años y los 28 del más joven, si bien el narrador confiesa que las edades las ha puesto al tuntún.</p><p>El diario nos muestra un mundo visto desde la vejez. El narrador baraja recuerdos que lo ayudan a sobrevivir, como la apelación a su mujer, fallecida, a la que a veces se dirige (por ejemplo, le escribe un soneto por su cumpleaños; o la recuerda en siete textos que empiezan diciendo: “Hoy se cumplen ocho años de tu muerte...”, pp. 155 y 290-295); o a su hija Leire, que vive en Shanghai, y que supone una posibilidad de huida para el protagonista; así como las relaciones que entabla con la doctora Audrey; tiene 50 años, casi cuarenta menos que él.</p><p>En el título de la novela se incluye la forma que adopta la narración, la propia del diario, y el calificativo que mejor le cuadra al protagonista, el de <em>cabezota</em>. Es un procedimiento que también habían utilizado en sus novelas <strong>Félix de Azúa</strong> y <strong>Luis Landero</strong>, por solo recordar un par de ejemplos, que tacharon a sus protagonistas en el título de sus obras de <em>idiota</em> e <em>inmaduro</em>, respectivamente.</p><p>Pero también se vale de diversas formas textuales, además de la novela y el diario, tales como la carta, el poema, la canción, la partitura musical, los dibujos y un microrrelato (al que se tacha de cuento, pp. 196 y 197); de materiales gráficos, como la cubierta de un libro que se ha citado, e incluso de un par de chistes manidos (pp. 62, 197 y 342). Cabe decir, asimismo, que lo metaliterario desempeña un papel importante, no solo por las ideas que aporta sobre el diario o la novela, la creación o el oulipismo, con <strong>Perec</strong> a la cabeza, sino también por el protagonismo que adquiere en el final <em>El nombre de la rosa</em>, de <strong>Umberto Eco</strong>. A ello habría que sumar las dos oportunas citas iniciales. Tampoco falta el humor y la ironía, en general, bien dosificados.</p><p>Acompañan en la narración al protagonista, formando parte de ese grupo de resistentes iniciales, o incorporándose después a él, Audrey; Naisha, la niña ciega, y su perro Yasti, cuyos padres eran unos indúes radicados en Cataluña que fueron degollados durante una de las guerras. Entre tanta desolación, al final, renace la vida, con el nacimiento de Bruna, y con los gatos de Petra (p. 339), pues, como diría el gran Dersu Uzala, también son gente.</p><p>Al acabar la novela, no podemos dejar de pensar que si en el 2066 el mundo va a ser como se nos pinta aquí, nos alegramos por no tener que vivir tales hechos; con esas epidemias (aunque estemos padeciendo otras también mortales), los apagones, los pactos vergonzosos, los referéndums (esperemos que menos fraudulentos que el del 1-O) y con tantas otras guerras. Y, sin embargo, algunos sentirán no haber podido disfrutar del avance que supondrá la ropa de termopreno, los <em>alephones</em>, sustitutos de los <em>smartphones</em> (para quienes no puedan prescindir de estos aparatos), los nuevos combustibles y monedas (la eureta), los llamados monotines, el heliauto y el tetráfono. Pero, sobre todo, nos alegra saber que, para entonces, <strong>Cristina Fernández Cubas</strong> habrá ganado el Premio Cervantes. Sea como fuere, lo que quizá sorprenda más —es un decir— es la gestación exógena, fuera del vientre materno, o que el Barça haya obtenido ya nueve Copas de Europa, cuando lo más probable sea, más bien, que le resten alguna de las que ya ha ganado...</p><p>Respecto al lenguaje, destacaría sobre todo el esfuerzo por denominar esos nuevos objetos a los que acabamos de referirnos, en general con acierto. Pero me desazona pensar que en el 2066, alguien como el narrador, que había sido escritor, aunque dejara de hacerlo al darse cuenta de que en realidad no creía en la ficción, siga usando expresiones como<em> evento, perimetral, proactivo, ya te vale, sí o sí, pastizal, madero, tutorial, ronda perimetral</em><em> </em>(puro lenguaje COVID), <em>protocolos</em> (que parece que han logrado que olvidemos las normas y las leyes), <em>a pie de calle</em> y <em>negro sobre blanco</em>, aunque nos hayamos librado por fin de las <em>líneas rojas</em> que pueden o no traspasarse y de la necesidad de <em>remar</em><em> </em>que tanto utilizan los comentaristas deportivos. Estábamos convencidos de que semejantes tontunas serían moda de un día, pero parece ser que no.</p><p>Pablo Martín Sánchez se une a <strong>José María Merino </strong>y <strong>Rosa Montero</strong> (¿el nombre de Bruna no es en homenaje a la escritora?), como cultivadores ocasionales de la ciencia ficción en estos últimos años, un género que en España no parece haber dado mucho de sí, si pensamos en la ambición y calidad literaria. El autor posee el talento de los buenos narradores, pero debería confirmarlo de una vez con una novela realmente notable. Posee todas las virtudes que podemos esperar de un buen escritor: tiene cosas que contar, sabe cómo hacerlo, pues escribe bien (debería evitar los catalanismos y las expresiones a la moda del día que nacen viejas, el narrador habría escrito <em>viejunas</em>), es discreto y no marea con su presencia constante en los medios y redes, en las que la mayor parte de los nuevos autores acaban atrapados. Le sobra, en cambio, fascinación por el OULIPO, a quien rinde homenaje venga a cuento o no, en todos sus libros, con motivos ya algo trillados. Mejor encajado aparece un homenaje a los reusenses ilustres: <strong>Prim</strong>, <strong>Pere Mata</strong>, <strong>Gabriel Ferrater</strong> (¿por qué no <strong>Lluís Pasqual</strong>?) y otros de menos enjundia.</p><p>El final es abierto, por no decir ambiguo. A lo largo de la novela se apela al presente, a sucesos de hoy (p. 265), a nuestras inquietudes y miedos, dado que los temores del autor, de su <em>alter ego</em>, son en esencia los nuestros, al mismo tiempo que al presentarnos un futuro posible nos advierte sobre lo que podría pasar si seguimos así.</p><p><em>_____</em></p><p><strong>Fernando Valls </strong>es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Valls]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pablo Martín Sánchez escribe desde el Reus apocalíptico de 2066]]></media:title>
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      <title><![CDATA[No pensar en nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/no-pensar_1_1194515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28fb73a5-392b-4aa7-a2e7-cb4c3975776e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No pensar en nada"></p><p><strong>Manual de despedidasJana BeňováSexto Piso</strong><em>Manual de despedidas</em></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2020</strong></p><p><strong>Jana Beňová </strong>(Bratislava, 1974) es toda una desconocida en el panorama narrativo español, y en la información que aporta la breve biografía en la solapa de la novela se lee que es poeta, narradora y periodista y que, en 2012, obtuvo el Premio de Literatura de la Unión Europea por <a href="http://sextopiso.es/esp/item/471/manual-de-despedidas" target="_blank">Manual de despedidas</a>, obra publicada originariamente en su país en 2008, y que ahora edita Sexto Piso en España. La novela retrata o, quizá mejor, representa a toda una generación exasperada, desarraigada, pero sobre todo de esperanzas y de futuros truncados. La imagen de unos jóvenes de la Europa Central que no se reconocen en el pasado, cuya infancia transcurrió en algunos de los regímenes claustrofóbicos y autoritarios, y que en el presente, treinta años después de la caída del muro de Berlín, aún no encuentran su lugar en la sociedad en la que les ha tocado vivir.</p><p>La protagonista, Elza, es una joven eslovaca, periodista y aprendiz de escritora, que vive en Petrzalka, el barrio más popular de Bratislava, situado en la orilla derecha del río Danubio, y a diario se cruza con gente desesperada como ella. Tiene un novio, Ian, y solo piensan en huir: representan a una juventud inquieta, se convierten en los protagonistas de la ácida, a ratos sarcástica y neurótica, incluso poética y desgarrada novela, que la misma Elza está escribiendo, y tanto desean Elza e Ian escapar como sea del gueto de bloques siniestros de hormigón donde viven, que prefieren gastarse todo lo que escasamente obtienen de aquí y de allá en cafeterías y restaurantes del centro de la ciudad, lugares que frecuentan turistas, extranjeros y gente de mayor posición económica. Escriben, leen y pasan las horas, forzados a un autoexilio en su propia ciudad. Acuden al Café Hiena dos veces al día con otra pareja de amigos, Rebeka y Lukas, los cuatro forman parte del Cuarteto, y allí pasan la mayor parte de su tiempo: beben, escriben y discuten, pero sobre todo ensayan un método para sobrevivir, y para que esto ocurra uno de ellos mantiene al resto a fuerza de becas que va consiguiendo, pequeñas ayudas o lo que sea necesario, como Rebeka, que hace juez de línea en partidos de tenis, una actividad que no requiere pensar; aunque Rebeka es la más desangelada, o tal vez desafortunada: su pareja es Elfman, alguien condicionado por el alcohol, bebe y siempre vomita. Y, mientras, transcurren las horas entre discusiones sobre el cine de <strong>David Lynch</strong> o acerca del poeta dadaísta <strong>Carl Solomon</strong>, cuando los ecos del socialismo aún reverberan, sobre todo para los mayores del barrio.</p><p>Elza anota todo a modo de un diario y tiñe lo que va escribiendo con un humor negro, triste y desalentado, mezcla amigos reales y personajes imaginarios con la realidad del día a día y, en sus párrafos puede percibirse una narración solapada, en apariencia inconexa y fragmentaria que se nutre de ciertos aires de la literatura del absurdo —resulta bastante surrealista en ocasiones—. Si nos atreviéramos a establecer características comunes con las vanguardias, tan alejadas en el tiempo, las calificaríamos de acertadas, y en esa misma evidencia contextual compartimos algunas de las particulares reflexiones apuntadas, desde la exclusiva narratividad de su autora, y cómo transcurre la vida de cuatro jóvenes escritores inquietos en la nueva realidad convulsa del fin del socialismo en Eslovaquia, o incluso en la percepción de las inquietudes de la protagonista en su propia relación de pareja con Ian al transitar por la ciudad de Bratislava, y de la imagen que se ofrece de su barrio peculiar, un lugar donde el tiempo parece no tener importancia alguna.</p><p>Elza es, desde el principio, la voz casi única que pone imagen a los otros tres integrantes del cuarteto; solo a veces se le da voz a Rebeka, y será ella quien nos permita entrever algo más, porque eso es lo que abunda en la novela, silencios y omisiones, hasta llegar a vislumbrar cómo cada uno de los personajes se despide, en el proceso de vida, de todo aquello que se cuenta en presente y un día deja de serlo, quizá porque la propia existencia puede ser cuanto nos une a la vida de los demás. Con ellos exploraremos la cotidianeidad de la ciudad y algunos, o muchos, de los sentimientos de pérdida que el lector irá escrutando con esas confesiones diarias sobre el acontecer común y los sentimientos que aquellas generan, tales como el olvido y la rememoración, los sueños y esa pérdida de la memoria, tanto la propia como la colectiva. Es así como sucumbimos a ese tránsito por los laberintos de los sentimientos de estos jóvenes, de la melancolía y de sus derivas tanto maniáticas como psiquiátricas y, como fondo de todo, los sustratos de una infancia sobre la que el inconsciente humano actúa libre en muchas más ocasiones de las que este estima, la vida vista desde los retrovisores de esas innumerables pérdidas a que alude el título.</p><p>Jana Beňová constata que su <em>Manual de despedidas</em> (2020) es un libro tan sorpresivo como lírico, cuya estructura, y este es su mayor logro, no sigue una narración lineal y convencional, en la que la vida se nos puede poner cuesta arriba, como subyace en esa intención de los textos que escriben los cuatro protagonistas, el Cuarteto, sino el retrato de un auténtico conjunto de vidas a la deriva, arrastradas por el devenir cotidiano, cuyas vivencias se mueven entre el sueño y una inquietante duermevela, sin que ninguno acabe de despertar en esa sucesión de días y de noches. Beňová construye una novela enrarecida que muestra unos mundos personales que son excepcionales en favor de tanta falta de excepcionalidad; pero lo cierto, es que nada les pasa que pudiera pasarnos a nosotros, ni siquiera la locura nos es ajena, y así como ellos prolongan en vida el mito de <strong>Allen Ginsberg</strong>, quién sabe si no, por el mismo arte de la literatura, también los dilataremos nosotros a ellos. El otro, y los otros, y es así como la novela avanza entre nosotros como luces que atraviesan la noche, mostrando escenas, fragmentos acertados y microsentencias que iluminan unas vidas y que se van engarzando en una memoria, un pasado, un presente dudoso, un futuro que no se acaba de ver, y mucho menos de interpretar. Se trata, en definitiva, de fijar la vista en un punto, no pensar en nada, concentrarse en esa exclusiva línea, perseverar en no pensar en nada, o insistir en la imposibilidad de no pensar en absoluto.</p><p>____</p><p><span id="div-gpt-ad-roba-c-mv"></span><strong>Pedro M. Domene </strong>es escritor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro M. Domene]]></author>
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      <media:title><![CDATA[No pensar en nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 223]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nadie sale ileso de la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nadie-sale-ileso-infancia_1_1194511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e04960c9-37ad-4cf3-8667-dd2e3cdfa0c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nadie sale ileso de la infancia"></p><p><strong>Una historia desconocida, Marie Jelen</strong></p><p><strong>Mercedes de Vega</strong></p><p><strong>Huso</strong></p><p><strong>Madrid</strong></p><p><strong>2021</strong></p><p>Releo <em>Una historia desconocida, Marie Jelen</em>, el ensayo de <strong>Mercedes de Vega</strong> (este documental casi perfecto, esta biografía novelada, este impecable trabajo de investigación), y siento un nudo en el estómago. El mismo nudo que sentí la primera vez que lo leí, pero en este caso acompañado de una sensación de desamparo intransferible.</p><p>De impotencia, de tristeza, de vacío. Como si mi mente se sintiera huérfana de ideas, y solo tuviese espacio para reflejar los ojos de Marie Jelen (que me miran de adentro hacia fuera) exigiendo una respuesta que no encuentro. Que no tengo.</p><p>Marie Jelen: una de las tantas niñas a las que la guerra les asesinó la infancia, pero que, sin embargo, invadida por el aquel coraje ¿inútil? que a todos nos abriga y nos justifica la niñez, fue capaz de escribirle siete cartas a su padre en medio del horror, con la única y noble intención de sentirse un poco más cerca de la vida. De salvarse y de salvarlo del olvido (que siempre se parece tanto a la muerte).</p><p>Siete cartas que fueron escritas desde la “Francia de Vichy” (o el régimen Vichy), después de que ella y su madre (como tantos otros judíos) fueran capturadas y secuestradas por los nazis.</p><p>Siete plegarias que explotan, como si fuesen bombas, en las manos temblorosas de un padre que no sabe qué hacer, sin imaginar que un día (aquellas cartas y sus dos vidas perdidas) terminarían siendo rescatadas por Mercedes.</p><p>Por esta escritora que, a través de Huso y sus palabras hilanderas, se animó a recorrer los lugares más siniestros y dolorosos de esta historia (tirando de los hilos invisibles y filosos que sostienen a cualquier destino) con una hidalguía y una prosa admirable. Palpable. Tangible.</p><p>Y hablo de hidalguía porque Mercedes está ahí, sentada al lado de Marie, acariciándole las ganas. Ayudándola a escribir. A respirar y resistir. A buscar y encontrar el ¿sentido? El latido.</p><p>La voz de <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, se hace presente y se impone: “Yo no sé de la infancia más que un miedo luminoso y una mano que me arrastra a mi otra orilla. Mi infancia y su perfume a pájaro acariciado”, dice. Y se esfuma.</p><p>Me quedo en silencio. Tomo un sorbo de café. Hay historias que tienen alas, pienso. Y hay manos, como las de Mercedes, que las hacen volar. Y valer.</p><p>_____</p><p><strong>Luciana Prodan</strong> es periodista y escritora. Su último libro es <a href="https://www.husoeditorial.es/libros/la-perfecta-casualidad-de-seguir-con-vida/" target="_blank">La perfecta casualidad de seguir con vida</a><em> (Huso, 2020). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Luciana Prodan]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Nadie sale ileso de la infancia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Los diablos azules número 223]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Se supone que no debo recordar, pero lo hago]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/supone-no-debo-recordar_1_1194504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/78b60040-486c-49b8-972b-26febffbdbb9_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Se supone que no debo recordar, pero lo hago"></p><p><em>Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.</em></p><p><strong>Wislawa Szymborska</strong></p><p>Una profesora de la Universidad de San Francisco está en su despacho. Llaman a la puerta. Se asoma una joven: “¿Profesora Luengo? ¿Se puede?”. A la profesora le llama la atención el acento de la joven. Se pregunta de dónde le viene ese acento: ¿Colombia, Honduras, Costa Rica…? La respuesta: “Viví en El Salvador de niña, de los tres a los diecisiete años. Pero soy de San Francisco”. La profesora le dice que no conoce El Salvador, que algún día le gustaría visitarlo. Pregunta si también a la joven le gustaría volver. Y la respuesta, clara, entre la timidez y la contundencia: “No, nunca volveré”. Ahí comienza la historia.</p><p>La niña se llama Sandra, aunque en casa la llaman Stephanie. La madre dejó El Salvador y se fue a San Francisco en 1984. Se casó con un hombre chicano, difícil, sufría esquizofrenia. La hija nació en 1988. Un día se fue el padre y las dejó solas. Tenía ya entonces Sandra una hermana más pequeña. Un día la madre vuelve a El Salvador, a la casa familiar de Ilopango. Deja a las niñas con la abuela y regresa a San Francisco. “Mami se fue a hacer un mandado. Ahorita va a volver”, tranquiliza la abuela. Sandra tiene cuatro años y su hermana casi tres. En la casa —que la madre seguirá pagando— se quedan la abuela y las nietas. También el tío, el hermano de la madre. El hombre que trabaja de camionero y vuelve cansado a la casa familiar. El hombre que sube por las noches a la habitación de las niñas y viola a la niña Stephanie. El lobo del cuento. El perpetrador.</p><p>En el despacho de la profesora Luengo, Sandra le dice que su vida ha sido un infierno, que, si quiere, le enviará lo que ha escrito, lo que ha venido escribiendo en forma de poemas y diario, cuando no sabía si su historia debería ser contada. Y la joven Sandra (ya atrás su Stephanie de cuando era niña en Ilopango) le dice a la profesora que podría ser ella la que contara su historia. “Toda mujer adulta sigue siendo, en algún lugar, aquella niña que fue, que miraba el mundo sin apenas entender nada. Por eso la niña que fue <strong>Sandra Pulido</strong> merece ser escuchada y tomada en serio. El último paso del abuso es la displicencia, la ignorancia, el no ser escuchada, el no ser valorada”: por eso la profesora <strong>Ana Luengo</strong>, aquella mañana en su despacho de la Universidad de San Francisco, decide que sí, que va a escribir la historia tan terriblemente escondida de Sandra Pulido.</p><p>El silencio en la casa familiar. La habitación de las niñas convertida en el territorio del crimen. Todas las noches. Primero sacando a la niña de la cuna. Después yendo el monstruo a su cama de adolescente. La abuela que finge no saber, pero sabe. Cómo borrar las huellas del lobo, sus dentelladas en la piel de la inocencia. No se borran. Ahí están. Pero la abuela calla. Adora a su hijo. Por teléfono tampoco le cuenta a su hija el sufrimiento de la niña Stephanie. Nadie habla. Es como si cada noche asistiera la abuela al insomnio de la niña y le dijera, acunándola, el verso de Wislawa Szymborska: “Vale, vale, pero ahora duérmete”. Durante trece años, esa fue la vida de Sandra Pulido. “Me pregunto si alguien puede liberarse de la dinámica de sumisión, cuando se ha aprehendido desde la primera infancia”, escribe la autora. Y más adelante: “Estar usada: la mujer como objeto para el hombre. Cómo una educación violenta y patriarcal consigue que la víctima de un pedófilo se sienta responsable y hasta culpable de lo que le sucede”.</p><p>Un día volvió la madre y se llevó a las niñas a San Francisco. Siguió pagando la casa donde habitaban el monstruo y la madre del monstruo. Mejor no remover nada, y aún menos si remover el espanto puede acabar con la concordia. Esa concordia, escribe Ana Luengo y se refiere también a las transiciones democráticas en España y América Latina, esconde sufrimientos antiguos, los borra de la historia individual y colectiva: “¿Pero es posible ignorar el daño que se le hace a una sola persona en nombre de la supuesta concordia? ¿Es moral? ¿A quién beneficia esta al fin y al cabo, a la víctima o al perpetrador?”.</p><p>La escritura resulta dolorosa muchas veces. Difícil de encontrar el punto exacto del equilibrio narrativo. Antes de asentarse en EEUU, Ana Luengo enseñó literatura española en la Universidad alemana de Bremen. Conozco muchos de sus trabajos sobre lo que (mal)llamamos memoria histórica. Después incursionaría en la narrativa de movimientos sociales y LGTBI. También se adentró en el mundo de la ficción. O sea, que experiencia como escritora tenía para vender y regalar. Pero contar esta historia, la que empezó un día en su despacho universitario casi como el encargo de una estudiante que se negaba a guardar silencio sobre el horror que había sido su vida, no le resultaba fácil: “¿Por qué confió en mí para esta tarea? Probablemente porque no la juzgué por nada de lo que me contó. Probablemente porque no me puse a darle consejos sin sentido. Probablemente porque fui la primera persona que no le pedí que olvidara para seguir viviendo”.</p><p>La niña Stephanie se convirtió finalmente en Sandra Pulido. Estudió en la Universidad de San Francisco. Su tesis, <em>Las meta-máscaras limitadas de la identidad sexual en dos novelas contemporáneas</em>, fue distinguida con honores. Es profesora de español y ha publicado varios libros de poesía. Consiguió salir del infierno, de la habitación oscura de su infancia y su adolescencia. Y aun así, muchos años después, no sabía cómo hablar con su madre sobre su homosexualidad. Le habló y ella le contestó sin asperezas: una terapia, que se convenciera de “si era o no lesbiana” después de hablar con un experto. Nunca lo hizo. Había superado el miedo a contarse delante de su madre. Incluso ahora, la madre le dice que piensa en “cuando ella se case de blanco con un príncipe azul”. La abuela sigue viviendo en la casa de Ilopango con el monstruo. Esa casa la sigue pagando la madre de Sandra desde San Francisco. La historia de Sandra Pulido es la historia de tantos niños y tantas niñas que sufrieron la violencia tantas veces impune de un pedófilo. La impunidad empieza casi siempre en el entorno más cercano. No contar para que siga inamovible el orden familiar, para que nada cambie aunque lo que habite en la casa sea el horror. Guardar silencio para que el monstruo pueda seguir haciendo de las suyas: “Por eso quiero denunciar con este libro que la impunidad constituye siempre la última victoria del perpetrador”. Hay muchos libros que hemos de leer, por más que el dolor nos pueda a ratos romper en la lectura. <em>Seguir viviendo</em> es uno de esos libros. Léanlo, por favor. De verdad se lo digo. De verdad.</p><p><em>_____</em></p><p><strong>Alfons Cervera</strong> es escritor. Su último libro es <a href="https://www.pieldezapa.com/catalogo/3351-algo-personal-9788418550232.html" target="_blank">Algo personal</a><em> (Piel de Zapa, 2021). </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alfons Cervera]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Los diablos azules número 223]]></media:keywords>
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