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    <title><![CDATA[infoLibre - Dónde están los abajo firmantes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/donde-estan-los-abajo-firmantes/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Dónde están los abajo firmantes]]></description>
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      <title><![CDATA[Antonio Lucas: “Con menos certezas la polarización sería más potable, ahora es de bajísima calidad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/antonio-lucas-mejores-dudas-polarizacion-seria-potable-ahora-bajisima-calidad_1_1575821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5c5f4183-9129-4243-be3d-277928e542ce_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Lucas: “Con menos certezas la polarización sería más potable, ahora es de bajísima calidad”"></p><p><em>Fuera de sitio</em> es el título que <strong>Antonio Lucas</strong> (Madrid, 1975) le dio en el año 2016 a la antología que reunía 20 años de su poesía. En una entrevista, el poeta explicaba que eligió ese título porque siempre se había sentido en otro carril, lejos del sendero que transitaban algunos de sus mejores amigos en el mundo de la poesía. Estar fuera de sitio produce, a veces, incertidumbre, pero sin duda, <strong>también la certeza de que ese lugar alejado de todos es el que has elegido</strong>. Precisamente, en ese camino distinto y marcando su propia senda, a Lucas no le ha ido nada mal en el mundo de la literatura. </p><p>El poeta tiene en su haber una amplia obra que incluye algunos de los premios líricos más importantes de nuestro país. Con su ópera prima, <em>Antes del mundo</em>, consiguió un accésit del Premio Adonáis de poesía, y desde entonces, <strong>no ha parado de publicar y de triunfar entre la crítica</strong>. Con <em>Los Desengaños</em> ganó el prestigioso <strong>Premio Loewe</strong>, <em>Lucernario</em> fue <strong>Premio Ojo Crítico</strong> y <em>Los desnudos</em>, su última obra de poesía hasta la fecha, le hizo merecedor del <strong>Premio Generación del 27</strong>. </p><p>En ocasiones, Lucas cambia el papel grueso de los libros de poesía por las finas y menos brillantes fibras de celulosa del periódico, <strong>donde escribe en la sección de cultura del diario </strong><em><strong>El Mundo</strong></em>. Además, el poeta es también un habitual en la sección de opinión, con sus columnas sobre diferentes temas de actualidad. Dejando a un lado el papel, también ha colaborado en programas radiofónicos como <em>El Faro</em> de la Cadena Ser o <em>No es un día cualquiera</em>, de RNE. Hoy, sustituye las rotativas por el HTML de <strong>infoLibre</strong> para hablar del papel de los intelectuales en nuestro tiempo.</p><p>Lucas piensa que la figura del pensador también se encuentra, como él, algo fuera de sitio en la actualidad. Una circunstancia favorecida, en su opinión, por <strong>por la falta de un clima propicio para el intercambio de ideas</strong>. “El problema es que el debate público es cada vez menos debate y los escasos intelectuales que participan con rigor <strong>están traspaleados entre las oleadas de tertulianos y profesionales de la cháchara</strong> que pasan de un plató a otro, de un micrófono al contrario, dispensando dosis de alpiste superficial (mayormente) para cubrir los minutos asignados”, explica. Por todo ello, el poeta piensa que, muchas veces, después de ver estas tertulias uno sale <strong>“más puesto de detalles, pero no siempre más enterado”</strong>.</p><p>Por todo ello, Lucas cree que la única manera de sobrevivir a estos tiempos de polarización y de aumentar el peso de los intelectuales en el debate social, es elevar el nivel del las discusiones. “Con buenos debates, con altura intelectual, con implicación de ideas, <strong>con mejores dudas y menos certezas absolutas la polarización sería más potable</strong>”, opina. Incluso, Lucas ironiza sobre la polarización de “bajísima calidad” que tenemos en nuestros días: <strong>“Hasta en el rechazo o el desprecio hay calidades. Mucha droga mal cortada”</strong>. </p><p>En este contexto, el poeta vería positiva la <strong>vuelta de espacios de debate intelectual profundo en televisión</strong>. No está seguro si el mítico programa de los años 70 y 80 <em>La clave</em> sería el modelo a seguir, pero entiende que, en nuestros días “<strong>hace falta más exigencia y más capacidad de riesgo, más diálogo, más confrontación de ideas duraderas</strong>. Y menos miedo a no estar al día, porque el día siempre acaba antes que nuestro entusiasmo, inquietud o desengaño”.</p><p>La ausencia de grandes discusiones o polémicas entre los propios intelectuales, como sí existían antaño, también está muy relacionado con ese debate público de poca calidad del que habla Lucas. El poeta piensa que en el contexto actual, estos pensadores <strong>no tienen una relación demasiada estrecha</strong> y por eso no aparecen grandes discusiones entre ellos. “Imagino que cada cual va a lo suyo. No existen grandes bloques ideológicos inexpugnables. <strong>Los intereses privados están cada vez más cruzados de un lado a otro del río. No hay ganas de pelea</strong>. De barro. De fango. Creo que va por ahí. Cada cual a lo suyo y las redes sociales cacareando en todo”, argumenta. </p><p>Pese a esos bloques ideológicos, sí existen algunos temas que a los intelectuales les interesan particularmente y, en opinión de Lucas, todos tienen una raíz común: <strong>“de qué coño va esto (colectivamente) y dónde estoy yo (individualmente)”</strong>. De este modo, el poeta cree que los temas de debate de estos pensadores no han cambiado demasiado a lo largo del tiempo, sino que <strong>se han ido replanteando y actualizando conforme el mundo ha ido cambiando</strong>. “Nosotros, como generación multigadget, tenemos retos extraordinarios que no estaban hace 25 años. Retos que apuntan en todas direcciones. Hay una realidad por concretar y otra por especular. La Inteligencia Artificial obligará a repensar todo radicalmente”, insiste Lucas.</p><p>El poeta también pone de manifiesto como la época y el contexto también afectan a la visión que tenemos de los propios intelectuales. Por ejemplo, Lucas cree que en el caso de los pensadores españoles del siglo XX, los cuales vivieron momentos como la Guerra Civil, el posterior exilio y la tarea de reconfigurar un país en tiempos de la Transición, fueron <strong>esos momentos “tan relevantes” los que les hicieron tener un presencia tan grande en la sociedad</strong>. </p><p>De ese peso social tan amplio de los intelectuales de antaño, emana un conocimiento popular muy amplio de esos grandes nombres, aunque, opina Lucas, muchas veces no es demasiado profundo y es más bien <strong>“una mezcla de olvido combinado con el disimulo de hacer creer que se los han leído”</strong>. El escritor pone el ejemplo de Antonio Machado, al cual considera “uno de los poetas cívicos más difíciles de citar sin caer en el tópico” porque su obra “está minada de lugares comunes”. Por ello, cree que es necesario haber leído muy bien toda su poesía “para entender la potencia de su palabra y decirla bien”.</p><p>Sin embargo, el escritor también <strong>piensa que ahora mismo hay intelectuales con una “sagacidad necesaria”</strong>, como pueden ser Remedios Zafra, Marina Garcés, Carlos Granés, Josep Maria Esquirol, Ramón Andrés, u otros más jóvenes como Jorge Freire, Ana Carrasco e Inmaculada Hoyos. En lo relativo a la juventud, Lucas imagina que tienen unas referencias intelectuales muy dispersas porque “las fuentes de alimentación son muchas", la mayoría de ellas emanadas del "pleno rendimiento" de las redes sociales. Ese “jolgorio” de las redes tiene como consecuencia, en opinión del poeta, que existan más <strong>“ecos que voces” en ellas y como consecuencia, unos referentes más “mutables” entre los jóvenes</strong>.</p><p>Otra de las cuestiones importantes está en el compromiso social y el posicionamiento político de estos intelectuales. Lucas sostiene que la mayoría de los pensadores <strong>sí se posicionan en público, pero, en ocasiones, con una posición “tan volátil que no dé tiempo a pillarle la postura”</strong> o que esta sea “indistinguible de la moda y no pase de un <em>Prêt-à-Porter</em> de ideas saltarinas”.</p><p>Por último, Lucas reflexiona sobre el papel de los medios en la percepción que tenemos de los intelectuales. El poeta piensa que en los medios de comunicación escritos “hay mucha confrontación de ideas, de emociones, de falsas certezas y de certezas”, y que más bien el problema de los medios está, a su modo de ver, <strong>en su incapacidad para generar interés en la sociedad</strong>. “Hay muchos motivos para este fenómeno, algunos merecidos. En el periodismo nos hemos trabajado mucho el desafecto del lector. Y aquí está”, zanja el poeta.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Aug 2023 18:44:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Poetas,Dónde están los abajo firmantes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Jorge Dioni: "El mundo no necesita conocer nuestra opinión de mierda sobre cualquier tema todos los días"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/jorge-dioni-mundo-no-necesita-conocer-opinion-mierda-tema-dias_1_1572131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/969fcd2e-0abc-4d8d-9a7c-16fc799d5b9d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Dioni: "El mundo no necesita conocer nuestra opinión de mierda sobre cualquier tema todos los días""></p><p><strong>Jorge Dioni López</strong> (Zamora, 1974), defiende que, si un intelectual es quien reflexiona sobre la realidad, entonces "es probable que necesite un espacio pequeño<strong> para que su voz pueda oírse de forma más clara</strong>". El ensayista zamorano es licenciado en Periodismo por la <strong>Universitat Autònoma de Barcelona</strong> y ha trabajado en medios diarios como <em>Marca, </em>medios radiofónicos como <em>Cadena Ser </em>y revistas como <em>Vanity Fair </em>o <em>GQ. </em>En la actualidad es profesor de lectura y escritura en la <strong>Escuela de Escritores</strong>, a la que se incorporó en 2006. En 2021 obtuvo el <strong>Premio Libro del Año </strong>con su ensayo sociopolítico <em>La España de las piscinas, </em>otorgado por el Gremio de Librerías de Madrid. Su última publicación, <em>El malestar de las ciudades</em> vio, la luz en primavera de 2023.</p><p>Para empezar, Dioni cree que la propia existencia de un debate público de índole intelectual <strong>es algo dudosa. </strong>Sin embargo, suponiendo que el debate existe y está presente en la actualidad, "requiere de una interacción entre las personas y, por ejemplo, la posibilidad de cambiar de opinión. El formato se parece más a <strong>una competición de ideas o visiones ideológicas</strong>", argumenta. De hecho, el periodista considera que la sociedad tiende a mitificar a los intelectuales del pasado como Unamuno o Machado: "Pensamos que la gente era<strong> más lista, más educada y más sensata</strong>, y es probable que sea al revés". Y leer las biografías de estos sabios es la mejor manera de saber si los tenemos mitificados, o no.</p><p>En el pasado, "el proceso de producción de un intelectual" estaba muy claro. El ensayista lo denomina como <em>La ruta del Café Gijón.</em> Un varón con estudios, que llegaba a la gran ciudad y se colocaba bajo la protección alguien reconocido. En conclusión, "era algo más reducido, cerrado y más homogéneo". Sin embargo, en la actualidad, <strong>el escenario público es muy amplio, está muy lleno</strong>, "eso es algo que crea mucho malestar en los que siguieron la ruta del Café Gijón o que confiaban en ella".</p><p>Dioni opina que, al haber tanta cantidad de gente en este "escenario", las polémicas a las que se enfrentan los intelectuales de hoy <strong>son rápidas y las considera como "duelos"</strong>. Con la intervención de las redes sociales, el periodista cree que <strong>los conflictos hacen menos ruido</strong> cuando hay más gente, y necesitan captar el interés de la sociedad. "Si hay poca gente, un conflicto hace mucho ruido; pero, en un espacio tan lleno, cuesta captar la atención. De hecho, esa es la gran competición: captar el interés", sentencia. </p><p>Las redes sociales son un formato que obliga a los intelectuales a ser<strong> avispados y distinguidos</strong>. Jorge Dioni destaca algunos de estos <em>sabios</em>, como <strong>Fernando Broncano, Clara Ramas o Marina Garcés</strong>, que tienen buena presencia en las redes, pero, insiste sobre la importancia de la oratoria. "Hay algo a lo que obligan las redes sociales y que, por ejemplo, puede recordar a <strong>la importancia de la oratoria </strong>en otros momentos. No basta con tener una buena idea. Hay que contarla bien y ser ingenioso", manifiesta el ensayista.</p><p>Uno de los temas que más se llevan a debate, sorprendentemente, es <strong>el cine. </strong>Se trata de una cuestión que más controversia ideológica genera y condiciona nuestras vidas, por delante del modelo económico, según Jorge Dioni. Sin embargo, expone que se debería "<strong>prestar más atención a los movimientos migratorios</strong>, inevitables por ese modelo económico, y sacarlos del debate securitario. Incluso, por egoísmo", anteponiéndolo a ese típico debate cinematográfico. Para poder entenderse y tener esa capacidad de oratoria, de la que tanto habla Dioni, estima que es imprescindible "tener <strong>espacios de debate donde las personas no se interrumpan</strong>, donde no haya bandos claros y donde la idea no sea soltar monólogos y argumentarios". Es más, para el periodista sería interesante <strong>sentarse a "leer y escuchar"</strong> a gente con la que seguramente no estemos de acuerdo. Pero también considera que no tenemos que pronunciarnos sobre cualquier cosa, ya que "el mundo no necesita conocer nuestra opinión de mierda sobre cualquier tema todos los días".</p><p>Tomar una posición política en público por parte de un intelectual es algo que muchos tienen claro, y de hecho para Dioni, "hay un número significativo de intelectuales <strong>que sí tienen una posición política clara</strong>". En algunas ocasiones, no pronunciarse es ya tomar esa "posición política". Jorge Dioni defiende que el pensamiento y la política son <strong>"esferas distintas, ambas valiosas"</strong>, ya que el pensamiento debería tender a situarse en un espacio cercano al análisis. La política trabaja con lo que tiene, y lo posible. Aun así, aunque sean dos universos diferentes, cree que "es importante defender la política porque <strong>la alternativa no tiene buena pinta</strong>".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Aug 2023 17:35:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iratxe Cuadrado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Jorge Dioni: "El mundo no necesita conocer nuestra opinión de mierda sobre cualquier tema todos los días"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dónde están los abajo firmantes,Filosofía,Literatura,Periodismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Nativel Preciado: "Dudo que los políticos de la Transición fueran mucho mejores que sus herederos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/nativel-preciado-echa-intelectuales-ocupan-temas-afecten-dia-dia-ciudadanos_1_1573288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cb610ce0-b48d-4532-83a1-85351de0870e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nativel Preciado: "Dudo que los políticos de la Transición fueran mucho mejores que sus herederos""></p><p>Si hablamos de juntar bajo una misma persona la brillantez de la narrativa, el rigor periodístico y el compromiso social, hay pocos nombres mejores a los que acudir que <strong>Nativel Preciado</strong> (Madrid, 1948). La escritora y periodista ha pasado, durante su larga y exitosa trayectoria <strong>por algunos de los medios de comunicación más importantes de nuestro país</strong>. Su pluma ha firmado artículos en <em>Abc</em>, <em>Tiempo</em> y ahora mismo, es columnista habitual en <strong>infoLibre</strong>. De hecho, Preciado es una de las opinadoras más respetadas de España, colaborando en tertulias radiofónicas como <em>Protagonistas</em>, <em>Hoy por hoy</em> y <em>Hora 25</em> y televisivas, asistiendo a programas como <em>Los Desayunos de TVE</em> , <em>La Sexta Noche</em> o <em>Al rojo vivo</em>. En reconocimiento a su trayectoria profesional, ha recibido el Premio de Honor de la Asociación de la Prensa de Madrid y el Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara de la Universidad de Málaga</p><p>Como escritora, Preciado ha cultivado todo tipo de géneros desde el biográfico, en el cual destacan sus libros dedicados a los boxeadores Muhammad Ali y José Legrá, o el novelístico. Es precisamente en este último donde acumula la mayor parte de sus éxitos, con libros como <em>El santuario de los elefantes</em>, galardonado con el <strong>Premio Azorín de Novela</strong>, <em>Canta sólo para mí</em>, por el que recibió el <strong>Premio Fernando Lara de Novela</strong>, y <em>El egoísta</em>, su primera novela, con la cual consiguió ser finalista del <strong>Premio Planeta</strong>. Con todo ello y con una vida dedicada a contar historias, Preciado nos viene a relatar su visión sobre una de las más controvertidas y apasionantes, la de los intelectuales. </p><p>La periodista y escritora comienza afirmando que los pensadores actuales <strong>ejercen su compromiso social de una forma muy diferente a los del pasado</strong>. “Los intelectuales eran quienes, tras alcanzar cierto prestigio, se dedicaban a reflexionar sobre la realidad de un modo crítico para influir en la opinión pública”, reflexiona Preciado sobre el papel de esos pensadores de antaño. Al contrario, actualmente, la periodista considera que <strong>ese papel de elaborar ideas o formar criterios no es tanto papel de los intelectuales sino de expertos</strong> que “perfeccionan o modifican la opinión de los comentaristas o tertulianos, a los cuales se les supone poco rigurosos, porque forman parte del espectáculo audiovisual”.</p><p>Por este auge de los expertos, Preciado cree que existe un <strong>“injusto” desplazamiento de los periodistas en el debate público</strong>. “Se les desplaza de forma generalizada y se les tacha de frívolos y superficiales”, comenta la escritora, la cual cree que, sin embargo, muchos de ellos son capaces de analizar la realidad con <strong>“seriedad, rigor y conocimiento”</strong>. Igualmente, Preciado destaca la capacidad de los periodistas para comunicar sus mensajes de una forma profesional, al contrario que en el caso de muchas personas “eruditas, instruidas, doctas, ilustradas, incluso que pueden resultar entretenidas y brillantes”, pero que sin esa habilidad de “comunicar sus conocimientos”, necesitan intérpretes o buenos divulgadores para dar a conocer sus ideas.</p><p>En este contexto, la periodista echa en falta que los intelectuales <strong>hablen de temas cotidianos de calado que afectan a al día a día de la población y a su futuro</strong> por centrarse, sobre todo, en la actualidad política y en los conflictos nacionalistas. En parte por ese alejamiento de las preocupaciones reales de la sociedad, Preciado cree que no existe un debate intenso entre intelectuales, el cual se suele centrar en “polémicas viscerales y descalificaciones rotundas de carácter personal”.</p><p>“Echo de menos que se ocupen con cierta urgencia de tres asuntos esenciales: <strong>las migraciones, el aumento de la desigualdad y el cambio climático</strong>”, reivindica la periodista. Unos temas, considera, particularmente acuciantes cuando cada vez son más los desplazados por motivos bélicos, económicos, políticos, crisis alimentarias o la degradación del medio ambiente. Además, a Preciado le preocupan los <strong>casi mil millones de personas que pasan hambre</strong>, no porque no haya en el mundo alimentos para todos sino porque, en su opinión, las grandes corporaciones y gobiernos más poderosos imponen injustas reglas comerciales. “Es necesario que los intelectuales den argumentos y conciencien a la opinión pública para que se movilice y obligue a los gobernantes a aplicar soluciones inmediatas”, zanja.</p><p>Precisamente, en épocas pasadas, particularmente en los primeros compases del siglo XX, la periodista sí cree que <strong>los intelectuales tenían un mayor peso e influencia política y social</strong>. “Siempre pongo de ejemplo a los intelectuales de renombre, entre muchos otros, María Zambrano, Luis Cernuda, Ramón Gaya, García Lorca, María Moliner, que <strong>en las llamadas 'misiones pedagógicas' se dedicaron a enseñar a leer y a escribir a la numerosa población analfabeta</strong>, crearon bibliotecas ambulantes y llevaron el teatro popular, canciones y poemas a los pueblos más remotos del país. Estos sí que ejercieron el papel de intelectual con dignidad y ejemplaridad”, destaca.</p><p>Esa encomiable labor y el hecho de que estos intelectuales fueran perseguidos políticamente ha favorecido, según la periodista, una gran idealización. “Unamuno, Machado, Zambrano, Ortega y Gasset, Cernuda, Salinas, Lorca, Buñuel, Max Aub y tantos otros, pertenecen a una generación que ha ejercido una asombrosa fascinación internacional, <strong>su persecución violenta los ha transformado en héroes de leyenda</strong>”, comenta Preciado. </p><p>Sin embargo, la periodista precisa que, con el tiempo, muchas biografías han descubierto una cara más oscura de todos ellos: <strong>“Algunos eran presuntuosos, ideológicamente erráticos y políticamente oportunistas”</strong>, destaca, aludiendo también a las malas relaciones existentes entre varios de ellos, como por ejemplo los desprecios de Lorca y de muchos otros pensadores de la época hacia Miguel Hernández. </p><p>Avanzando en el tiempo, otra época destacable para la periodista fue la Transición, donde piensa que fue la capacidad de los intelectuales y los políticos para afrontar las circunstancias históricas extraordinarias que les tocó vivir lo que les colocó en un escalafón muy alto: “<strong>Dudo que los políticos de la Transición fueran mucho mejores que sus herederos</strong>, no eran los mejores; se hicieron mejores a medida que iban superando obstáculos. <strong>No es beneficioso mitificar el pasado, como si lo de ahora fuera solo material de derribo</strong>”, concluye la periodista.</p><p>Volviendo al presente, Preciado cree que los intelectuales actuales <strong>se han visto arrastrados a la polarización y al sectarismo</strong>. En su opinión, a la mayoría les cuesta salirse del guion establecido o de las expectativas ideológicas que la sociedad tiene sobre ellos. “<strong>No suelen salirse de lo previsible</strong>. Los abajo firmantes de los manifiestos, generalmente, pertenecen a una lista que apenas varía en cada ocasión. Se constituyen en colectivos con cierto afán proselitista, como los del 'no a la guerra' o 'los de la ceja', comenta la periodista, que también destaca los ataques, persecuciones y campañas de desprestigio sufridos por estos intelectuales al defender sus posiciones políticas.</p><p>Por último, la periodista reflexiona sobre las referencias intelectuales de los más jóvenes y como estos, a su juicio, <strong>han abandonado al tradicional intelectual vanidoso</strong> que habla desde una cierta superioridad moral. "Me refiero a los jóvenes que tienen formación y criterio y se interesan por el debate intelectual; no a los millones de seguidores de los influencers o de los instagramers, cuyos referentes desconozco", comenta Preciado. En este caso, la periodista <strong>destaca a los politólogos actuales</strong>, los cuales, en su mayoría, son menores de 40 años y tienen una gran preparación intelectual para leer las diferentes coyunturas sociopolíticas, incluso mayor que los de antaño. "Lo importante es que <strong>utilizan sus conocimientos, no como un fin en si mismo, sino como herramientas para relacionarse mejor con el mundo</strong> donde se desenvuelven. Intentan, además, especializarse en temas sectoriales, como las relaciones internacionales, los conflictos bélicos, el terrorismo, las redes sociales, la sociología, la demoscopia… <strong>Sus seguidores, aunque numéricamente más modestos que los de los influencer, se cuentan por cientos de miles</strong>", zanja la escritora.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Aug 2023 18:21:58 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <title><![CDATA[Fernando Vallespín: "En esta sociedad de masas, lo que digan ciertas élites se la trae al fresco a la mayoría"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/fernando-vallespin_1_1568822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4a32e717-10fc-48d7-b32a-5c8198db2389_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernando Vallespín: "En esta sociedad de masas, lo que digan ciertas élites se la trae al fresco a la mayoría""></p><p>Fernando Vallespín (Madrid, 1954) considera que<strong> actualmente hay cierta confusión a la hora de considerar a alguien como un intelectual: </strong>"Se hace difícil saber qué entendemos por intelectuales porque muchos se autocalifican de tales. Los intelectuales tradicionales eran los que prestaban su voz para la defensa o la crítica de determinados posicionamientos ante situaciones especiales o excepcionales". Así opina el <strong>Catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid </strong>y<strong> </strong>profesor visitante de las universidades de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Harvard</span>, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Heidelberg</span>, <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Frankfurt</span>, Veracruz y Malasia. Entre 2004 y 2008 fue, además, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (<strong>CIS</strong>). </p><p>Vallespín ha publicado varios libros y <strong>cientos de artículos académicos en revistas nacionales y extranjeras </strong>con especial predilección por la teoría política contemporánea. Entre sus obras más destacadas se encuentran <em>Nuevas teorías del contrato social</em> o <em>El futuro de la política. </em><strong>Actualmente colabora en varios medios y es columnista en el diario 'El País'</strong>.</p><p>A su juicio, los intelectuales del pasado tenían mucha más presencia en la vida pública que en la actualidad, principalmente porque la <strong>sociedad de antes era más "elitista" y la opinión pública estaba "más controlada por la prensa</strong> e influían sobre su propio círculo". Según explica a <strong>infoLibre</strong>, no es algo que haya desaparecido hoy en día, pero los llamados intelectuales influyen en menor medida en la sociedad en general y lo hacen sobre todo "sobre las personas con mayor nivel educativo, que tienen también <strong>más curiosidad intelectual y saben ponderar mejor </strong>la relevancia de algunos de estos personajes".</p><p>Precisamente por esto, no considera el catedrático que los ciudadanos tengan idealizados a los intelectuales y pone como claro ejemplo <strong>el caso de Estados Unidos</strong>, "donde prácticamente todos los intelectuales se pronunciaron en contra de Trump y aún así éste consiguió ganar las elecciones". "En esta nueva sociedad de masas<strong> en la que habitamos, lo que digan ciertas élites se la trae al fresco a la mayoría</strong>", apostilla.</p><p>El catedrático opina que la inmediatez y la aceleración de información hacen que esas "opiniones" <strong>no duren nada y no se introduzcan dentro del debate público.</strong> Además, observa que a aquellos que emiten esas opiniones "se les dota de importancia cuando coinciden con las nuestras", mientras que "se ignoran o descalifican" cuando no nos gustan. Es por ello que Vallespín tiene en cuenta lo poco familiarizados que están los intelectuales con las redes sociales ya que "algunos tienen su cuenta de Twitter, por ejemplo, donde sueltan sus opiniones de vez en cuando, pero la celeridad con la que suelen leerse los distintos pronunciamientos, unido a la celeridad de la comunicación, <strong>hace que queden casi silenciadas</strong>". Además, muchos de ellos no las entienden y "les inhibe el ser tan fácilmente objeto de acoso en la red".</p><p>Por todo ello, el politólogo no cree que la mayoría de los jóvenes posean referentes intelectuales. "Algunos seguramente sí", concede, aunque sean personas que "<strong>funcionan como referentes icónicos</strong> que no se sabe bien qué es lo que propugnan en realidad o por qué importan". De ahí que Vallespín reflexione sobre la idea de que vuelvan a aparecer programas de <strong>tertulias culturales</strong>, pues los de antaño eran espacios televisivos "estupendos"<strong> y que favorecían "el debate sereno</strong> entre personas que buscaban el entendimiento, no la confrontación". "Ahí debería poder conjugarse la voz de los expertos con la de los intelectuales, periodistas y personas más modestas", plantea.</p><p>Por último, el catedrático considera que los medios <strong>no</strong> <strong>son los culpables de darle el protagonismo actual a los sabios de ahora</strong>, pero apunta que influyen en la manera en la que el intelectual se posiciona en público. "Creo que la causa principal hay que verla en la forma en la que se ha reestructurado el espacio público, que deja poco sitio para la reflexión pausada y ha caído bajo la dictadura del entretenimiento y la aceleración", explica. Volviendo sobre el uso de las redes sociales, opina que se trata de una plataforma que <strong>consigue inmediatez y "favorece una relación primaria" </strong>y, justo por eso, "la opinión se ha democratizado y, en consecuencia, la voz del intelectual, con contadas excepciones, <strong>acaba presentándose como una voz más</strong>". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Aug 2023 17:30:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iratxe Cuadrado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fernando Vallespín: "En esta sociedad de masas, lo que digan ciertas élites se la trae al fresco a la mayoría"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dónde están los abajo firmantes,Cultura,Política,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Care Santos: "Unamuno o Machado habrían dejado el ruido de las redes sociales para otros menos sensatos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/care-santos-considera-sabios-pasado-poseian-intelectualidad-coherente-preparada-comprometida_1_1568732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/48efa6c1-a56e-4b6e-9ecb-a5ac5dff94b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Care Santos: "Unamuno o Machado habrían dejado el ruido de las redes sociales para otros menos sensatos""></p><p>Care Santos (Mataró, 1970) <strong>estudió Derecho y Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona</strong>, pero desde pequeña sabía que su hueco se encontraba en el periodismo y en la literatura. Ha trabajado en <strong>medios como 'ABC' o 'El Mundo' </strong>y con tan solo 14 años ganó su primer concurso literario. Es autora de abundantes obras para jóvenes, adultos y niños, algunas tan reconocidas como <em>El aire que respiras, Deseo de chocolate, </em>e incluso novelas que han sido adaptadas a la televisión como <em>Habitaciones cerradas. </em>Ha sido galardonada con numerosos premios como<strong> el Gran Angular, el Premio Ramon Llull de las Letras Catalanas o el Premio Nadal</strong> por su obra <em>Media vida. </em>Además<em>, </em>su destacable función como crítica literaria le llevó a fundar la web <a href="http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/11/los-que-rugen-care-santos.html" target="_blank" ><em>Tormenta en un vaso</em></a><em>,</em> y es <strong>socia de honor de Nocte</strong>, la Asociación Española de Escritores de Terror.</p><p>Desde su visión siempre crítica de la sociedad, la ensayista y crítica literaria considera que el debate público es actualmente confuso<strong>. </strong>Un espacio lleno de voces "confundidas y revueltas" que son el reflejo del "signo de los tiempos". No en vano, hay tantos personajes que entran en el debate público que se solapan, que se encuentran en cualquier sitio y que hagan sus valoraciones constantemente "por todos los lados". Según explica a <strong>infoLibre</strong>, eso hace que <strong>"opine quien no deba opinar, y que a menudo escuchemos a quien menos deberíamos escuchar"</strong>. Esto provoca que el peso que tienen los intelectuales en nuestro tiempo, aún siendo importante, pueda llegar a ser algo desconcertante y difuso.</p><p>Para Santos, la palabra idealizar no sería la definición correcta si estuviéramos hablando de intelectuales del pasado como Unamuno, Machado o aquellos que despuntaron durante la Transición. De algún modo, lo que hacemos es tenerlos "valorados en su justa medida". Y dice esto último porque<strong> considera que son sabios con una "intelectualidad coherente, preparada y comprometida"</strong>. Sin embargo, se trata de una percepción de la propia ensayista, pues no cree que socialmente se les valore como merecen. "Echo en falta que <strong>se les recuerde y se reivindiquen sus figuras</strong>", remarca.</p><p>Si hablamos de la actualidad, incluyendo en ella las redes sociales, primero hay que definir lo que es para Care Santos un intelectual: "A mí me parece que es <strong>un término demasiado abstracto y algo pasado de moda</strong>. Creo que las redes no facilitan un debate profundo y serio". La escritora no imagina a un joven Machado o Unamuno utilizando TikTok o Instagram, y plantea que "tal vez si hubieran conocido las redes sociales habrían dejado todo este ruido para otros menos sensatos que ellos". Eso sí, señala que cada época cuenta con sus referentes, no teniendo por qué ser unos mejores que otros, si bien es cierto que las redes han cambiado su posición. "Las reglas del juego han cambiado mucho con la fiebre de las redes sociales y han abierto un sinfín de posibilidades que antes no existían. Ahora es <strong>más complicado separar el grano de la paja que nunca antes</strong>", afirma.</p><p>La polarización de nuestro país afecta a todas las opiniones, y la ensayista sospecha que puede haber un desgaste entre intelectuales. "La polarización, la facilidad con la que todo surge y todo se olvida, los insultadores profesionales, los ofendidos por naturaleza, la cantidad de opiniones sin fundamento que corren por todas las redes… <strong>todo eso no son elementos que animen al debate, precisamente</strong>", asegura, añadiendo que, para no meterse dentro de la boca del lobo, puede ser que algunos intelectuales se callen <strong>"por pura pereza a meterse en ese circo"</strong>.</p><p>Por último, Care Santos habla sobre la rapidez e inmediatez que prima en la actualidad y opina que se está perdiendo "un <strong>patrimonio muy rico basado en la espera, la paciencia y la tenacidad</strong>". Y, dentro de esta polarización en la que vivimos, considera que, diga lo que diga cualquiera, siempre "va a molestar, ofender o alejar a un gran grupo de población". "Incluso quienes se creen en posesión de una verdad creo que lo piensan dos veces antes de arriesgarse", asegura. Para que no ocurra esto, la escritora cree <strong>imprescindibles "espacios de reflexión pausados, profundos</strong>, que le lleven la contraria al ritmo endiablado al que parece evolucionar el mundo". </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Aug 2023 19:08:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iratxe Cuadrado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Care Santos: "Unamuno o Machado habrían dejado el ruido de las redes sociales para otros menos sensatos"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Literatura,Novela,Dónde están los abajo firmantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aroa Moreno: "Muchos pensadores no asumen su pérdida de privilegios por ser hombres"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/aroa-moreno-reivindica-intelectuales-pasado-pensamiento-razon-les-tenia-respeto_1_1563261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/82b71b40-67ff-4eb0-9e6b-4e5601ee2857_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aroa Moreno: "Muchos pensadores no asumen su pérdida de privilegios por ser hombres""></p><p>Escribir es una forma de luchar contra el olvido. Poner sobre el inmortal papel los nombres y los actos de quienes vivieron silenciados durante toda su existencia <strong>es un acto de valentía y, sobre todo de memoria</strong>. Porque la tinta y la Historia (sí, con mayúscula) son la única forma que tienen los exiliados, los perseguidos y los reprimidos de levantar la voz y ser recordados. <a href="https://www.infolibre.es/autores/aroa-moreno-duran/" target="_blank"><strong>Aroa Moreno</strong></a> (Madrid, 1981) es una de las autoras que con más tino lucha contra la desmemoria de ese vil olvido, una de las voces más comprometidas de nuestro país. Y con sus libros, no solo ha cosechado importantes premios y halagos de la crítica, sino que también ha evitado que las luchas de los más débiles se desvanezcan con el paso de los años. </p><p>Precisamente, Moreno dedicó a una de estas historias la que es, probablemente, su obra más exitosa hasta la fecha, <em>La hija del comunista</em>. En esta novela cuenta la historia de una familia de exiliados españoles en la RDA que ve pasar algunos de los acontecimientos históricos más importantes del siglo XX mientras vive a las sombras del Muro de Berlín. <strong>Un relato que conoció de manos del poeta Marcos Ana y que  “no pudo no escribir”</strong>, para hacerlo perdurar en la Historia. Su libro más reciente es <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/aroa-moreno-duran-escritoras-libros-cultura-lectura-librerias_1_1219152.html" target="_blank" ><em>La Bajamar</em></a><em>,</em> donde también recupera el tema de la memoria a través de tres generaciones de mujeres del País Vasco, que vivieron la Guerra Civil, el exilio y, posteriormente, el terrorismo de ETA. </p><p>El compromiso social de Aroa Moreno con la historia y con la memoria es claro, la pregunta es si, a día de hoy, los intelectuales siguen teniendo esta implicación social tan activa. “<strong>Siento que están sumados al ruido general y mediático</strong>. Sí creo que hay que ser radical contra ciertos pensamientos, pero <strong>me gustaría poder escuchar una sola voz reflexiva, dialogante</strong>, que no destierre ni venere una postura radicalmente dentro de ciertos parámetros. Hoy me parece imposible”, opina pesimista la autora, que observa la primacía de “un diálogo faltón entre personas que no se escuchan” por encima del debate profundo. </p><p>Una situación que deja a los intelectuales actuales bastante desdibujados con respecto a los de antaño. En opinión de la autora, estos pensadores del pasado <strong>tenían mucho más peso social, favorecido porque “antes al pensamiento y a la razón se les tenía cierto respeto”</strong>. Además, a su forma de ver, en el pasado “la educación no era un tejido horizontal de la sociedad. <strong>Había quiénes sabían más. Quienes tenían oportunidades para la reflexión</strong>. Quienes tenían una voz más fuerte” y, por ese motivo, también importaban más de cara al resto de la ciudadanía. </p><p>En contraste, actualmente Moreno piensa que se busca más el espectáculo que la reflexión, y en ese clima es complicado crear un debate reflexivo y sosegado propicio para los intelectuales “<strong>Ahora lo intelectual produce poco beneficio, y vivimos tiempos donde todo debe tener un precio</strong>, cuanto más alto, mejor”, sostiene. Además, otra de las características del tiempo presente para Moreno es el deseo constante de las personas por <strong>querer tener más, por llegar a más, y piensa que “ahí, a lo mejor, los intelectuales también se han perdido”</strong>.</p><p>Ese mercantilismo de la sociedad tiene una de sus traducciones más significativas, según la escritora, en las redes sociales. “Las redes definen claramente a esta sociedad inmediata. <strong>Es imposible que una red pensada para redireccionar intereses y afectos, para vender y comprar, pueda alumbrar un pensamiento intelectual propio</strong>”, opina la autora, que en este sentido cree que las redes sociales nos han convertido en “mercaderes de nosotros mismos”.</p><p>Otra de las situaciones que favorecen las redes sociales es la inmediatez. “<strong>Me parece increíble que, según sucede algo, se pueda tener una postura clara al respecto</strong>. A mí me cuesta mucho entender nuestro tiempo”, remarca. Por fortuna para todos, uno de los lugares en los cuales encuentra ese refugio de calma para pensar es la escritura, que le ayuda tanto a posicionarse como a entender su vida: “A veces, las cosas están claras, pero no siempre. <strong>A veces, hay que detenerse y darle una vuelta a nuestro interior y al exterior</strong>”.</p><p>Por eso, en un momento tan complicado como el que pasa España, y en particular el mundo de la cultura, <strong>Moreno echa de menos muchas voces</strong>. “Si tienes un espacio en un medio es porque aceptas que buscarás una fórmula para decir algo propio. <strong>No puede ser que el país se tensione tanto políticamente y se sigan llenando páginas de frivolidad para el </strong><em><strong>clickbait</strong></em>”, critica. De igual manera, cree que los intelectuales actualmente “<strong>están muy preocupados por la cancelación y no por la censura</strong>. Por sostener caricaturas ideológicas que ya no existen”. Sin embargo, si hay un tema que retrata, en opinión de Moreno, a estos pensadores es su posición con respecto al feminismo. <strong>“Muchos de ellos no asumen su pérdida de privilegio por ser hombres”</strong>, zanja.</p><p>Por todo ello, pese a confesar no saber muy bien qué significa la palabra “intelectual” con exactitud, <strong>Moreno prefiere refugiarse en aquellos que le enseñaron “las tripas de la vida”</strong>. “Machado me importa porque escribió algunos de los versos más hermosos de nuestra lengua. Idealizo a Unamuno porque leyendo <em>San Manuel, bueno, mártir</em> <strong>dio un vuelco a lo que yo entendía por escribir</strong>. Me enseñó el simbolismo. No es poco”, confiesa. </p><p>Así, en un mundo donde la palabra intelectual se está pervirtiendo cada vez más y más como <strong>“parte del borrado que está teniendo el pensamiento en esta sociedad del bienestar tan llena de fisuras”</strong>, Moreno ve imprescindible reivindicar a aquellas personas que pueden pensar más allá de una consigna. A aquellas que resisten y resistieron frente a ciertos regímenes. Dentro y fuera de España. Y a aquellas que, pese a llegar de generaciones muy diferentes, tienden una cadena infinita que permite pensar, recordar y seguir resistiendo. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Aug 2023 17:25:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aroa Moreno: "Muchos pensadores no asumen su pérdida de privilegios por ser hombres"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Redes sociales,Dónde están los abajo firmantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier de Lucas: "Los intelectuales ya no ocupan el espacio que tuvieron hasta el siglo pasado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/javier-lucas-no-quiero-decir-no-haya-hoy-voces-valiosas-punto-vista-capacidad-analisis-critica-e-intervencion-cuestiones-afectan_1_1555725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1149fe5a-9c3c-4a60-8eac-35e32bea69f5_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Javier de Lucas: "Los intelectuales ya no ocupan el espacio que tuvieron hasta el siglo pasado""></p><p>"Lo más importante es situar en contexto el significado de "intelectual", ya que <strong>las transformaciones en las que vivimos "afectan a su concepto y a su función"</strong>. Eso opina Javier de Lucas (Murcia, 1952), catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía política en el IDHUV (Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València), quien además ha publicado más de 25 libros, tales como <em>Decir no. El Imperativo de la Desobediencia, </em>o <em>Mediterráneo: El naufragio de Europa, </em>y ha escrito más de 270 artículos en revistas científicas nacionales e internacionales. Actualmente colabora en medios periodísticos, entre los que se encuentran El País, <a href="https://www.infolibre.es/autores/javier-de-lucas/" target="_blank" >infoLibre</a> o Pensamiento crítico,<em> </em>y en programas de radio de la Cadena Ser<em> </em>como Hora 25<em> </em>y La Ventana<em>. </em>Por su involucración en el desarrollo de los derechos humanos, de Lucas <strong>ha recibido diversos galardones de investigación como el Premio Cartelera Turia 2018 a la mejor contribución en defensa de los derechos humanos</strong> (2018).</p><p>En su opinión, según explica a <strong>infoLibre</strong>, los cambios en los últimos veinte años han provocado que el papel de los intelectuales con respecto a la opinión pública pierda su sentido o adquieran perfiles que "marcan profundas diferencias hoy respecto al debate clásico" sobre los mismos. Y desarrolla: "No es sólo que estén desapareciendo las referencias intelectuales en ese sentido clásico, el que pudieron representar por ejemplo<strong> S. Zweig, B. Rusell, A. Camus, S. de Beauvoir, J. P. Sartre, R. Aron</strong> o, más recientemente y por hablar sólo del contexto europeo, <strong>Steiner, Enszerberger, Berger o Judt </strong>y no encontremos referentes comparables. Es que, además, sostengo que hoy los intelectuales ya no pueden ocupar ese espacio privilegiado que tuvieron hasta finales del pasado siglo". </p><p>Esta situación principalmente se da por, entre otras, <strong>dos razones</strong>. Primero, a su juicio, porque "<strong>ha cambiado el concepto de intelectual</strong>". En su opinión, lo que define a los intelectuales es que se caracterizan por reunir, entre otros, estos <strong>tres rasgos</strong>: "Una excelente formación humanista en sentido amplio (aunque casi todos los referentes clásicos, con alguna excepción, presentan un déficit de conocimientos científicos y tecnológicos que hoy se nos antoja inaceptables), una capacidad creativa y comunicativa muy destacada y la voluntad de contribuir a conformar a la opinión pública sobre cuestiones clave". </p><p>Por tanto, destaca que en sentido estricto "no hace falta" que sean académicos profesionales (historiadores, filósofos, politólogos, etc), pero "tampoco basta con que sean periodistas o colaboradores en los medios". "<strong>Un sabio no tiene por qué ser un intelectual.</strong> Y hay intelectuales que no encajan en la condición de sabios… En todo caso, no encuentro referentes con la autoridad que les confiere la concurrencia de esas características", destaca.</p><p>Una segunda razón es que "se ha reducido mucho el <strong>humus</strong>, el <strong>caldo de cultivo</strong> que permite que desempeñen su función". Según subraya, incluso el "intelectual de intervención rápida (crítico u orgánico, da igual), necesita un <strong>mínimo de reflexión </strong>antes de pronunciarse", pero los medios de comunicación y -sobre todo- las redes "apenas ofrecen ese margen". "Todo ha de ser <strong>instantáneo</strong>. Los espacios que ofrecían ese otro tempo, más pausado (el paradigma serían las <strong>revistas periódicas</strong> de referencia, tanto para la derecha liberal como para la izquierda) están desapareciendo y ven muy reducido su público y comprometida su continuidad, aunque es cierto que hay ejemplos meritorios de esfuerzos de supervivencia. Lo máximo que queda, como sucedáneo, son los <strong>suplementos culturales</strong>", lamenta.</p><p>Y aún profundiza: "No hablemos, insisto, de la televisión, la radio o las redes, en las que el intelectual ha sido sustituido por el <strong>tertuliano, los </strong><em><strong>influencer </strong></em><strong>o blogueros de moda</strong>. Por lo demás, no cabe desdeñar el peso de un factor negativo, disuasorio: el riesgo que supone la perversa lógica que se ha impuesto en las redes retrae a no pocos que tienen capacidad para desempeñar la función de intelectual, pero quieren salvaguardar su espacio y tiempo de reflexión y quedar al margen de la <strong>marea de odio, prejuicios y descalificaciones </strong>que domina en esas redes".</p><p>Por lo que se refiere a los denominados “<strong>intelectuales de la transición</strong>” en España, aunque Javier de Lucas no ignora la existencia de "versos sueltos, como ejemplifica entre nosotros <strong>Fernando Savater</strong>", a su juicio la mayor parte de ellos fueron sobre todo, "dicho sea con el mayor de los respetos y reconociendo alguna excepción notable, intelectuales orgánicos, al servicio de opciones de partido, incluso más que ideológicas en el sentido amplio". Y, como tales intelectuales orgánicos, cree que hay que reconocer que desempeñaron "eficazmente" esa tarea -"siempre se cita el lugar común de que el gran intelectual orgánico fue El País", apostilla-. Desde el presente, en estos momentos de polarización, la impresión generalizada, siempre "con excepciones", es que lo que domina es el "modelo de <strong>intelectual de partido,</strong> lo que en muchos casos significa intelectual adscrito a un grupo mediático o editorial".</p><p>En este contexto, <strong>¿quedan intelectuales de vocación clásica?</strong> Sí, responde tajante Javier de Lucas: "En Europa, aunque ya muy declinantes por razones de edad, hay ejemplos señeros de intelectuales que son, además, sabios: <strong>Habermas, Morin, Balibar.</strong> Y, sin incurrir en el error de pensar que sólo puede ser intelectual-tipo el ensayista (que no necesariamente filósofo, literato o historiador), hay algunos ejemplos reconocibles -insisto, declinantes, por razones de edad-, como lo era hasta casi ayer <strong>Kundera </strong>o, en otro sentido, lo es <strong>Vargas Llosa</strong>. Desde luego, también encontramos intelectuales con claro compromiso político: pienso por ejemplo en <strong>José Saramago, Manuel Castellls, Sami Nair, Manuel Cruz, Victoria Camps</strong> o <strong>Amelia Valcárcel</strong> o, fuera del ámbito europeo, el caso emblemático de <strong>Michel Ignatieff</strong>".</p><p>En su opinión, hoy en día buena parte de los que en nuestro país serían candidatos a aparecer en el censo de intelectuales muestran esa "evidente voluntad orgánica, pero no cuentan con aquellos rasgos propios del intelectual" ya expuestos pues son, en su mayoría, "opinadores, columnistas o académicos (economistas, politólogos, historiadores, todavía muy pocos científicos) que se expresan desde las páginas de opinión de la prensa, en los espacios de tertulias, etcétera". "Y añadiré de inmediato que uso el término 'opinador' con todo el respeto que merece, a mi juicio, todo aquel que quiere presentar su opinión de forma pública, argumentada y aseada, lejos de la descalificación y la polarización", puntualiza.</p><p>Para terminar, insiste en que no trata de hacer un "canon", sino de dar su propia opinión. Por tanto, no quiere decir que no haya hoy "voces muy valiosas" desde el punto de vista de capacidad de análisis y crítica, e incluso de intervención en cuestiones que nos afectan a todos, como pueden ser <strong>J. Riechman, S. Alba Rico, L. García Montero, o J. L. Arsuaga</strong>. "Hay también, sin ninguna duda, científicos, historiadores, ensayistas, economistas, escritoras o escritores, artistas o periodistas muy relevantes, pero me parece que su presencia y peso, desafortunadamente, es muy diferente del que tuvieron los intelectuales en sentido clásico", concluye.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Aug 2023 19:08:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iratxe Cuadrado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Javier de Lucas: "Los intelectuales ya no ocupan el espacio que tuvieron hasta el siglo pasado"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dónde están los abajo firmantes,Cultura,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Jiménez: “Los intelectuales son como la felicidad, es más fácil verlos cuando ya han pasado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/david-jimenez-no-cree-haya-intelectuales-miramos-pasado-nostalgia_1_1559310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9e2697f1-bfa8-46ed-8e3a-4d7ce8bede55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Jiménez: “Los intelectuales son como la felicidad, es más fácil verlos cuando ya han pasado""></p><p>David Jiménez Torres (Madrid, 1986) conoce bie<strong> la importancia de los intelectuales en nuestro país</strong>. No en vano, en su último libro, <em>La palabra ambigua</em>, realiza un exhaustivo repaso a esta figura tan controvertida a lo largo de toda la historia de nuestro país. La obra, que abarca desde el año 1889 hasta el 2019, se pregunta por el <strong>papel del intelectual en diferentes momentos históricos</strong>, su evolución a lo largo de las décadas, cómo su influencia ha ido cambiando en función de cada época y qué imagen ha tenido de ellos la sociedad española. </p><p>Además de <em>La palabra ambigua</em>, Jiménez ha escrito <strong>otros libros</strong> como <em>El mal dormir</em> o <em>2017, la crisis que cambió España</em>. El autor compagina su faceta literaria con <strong>numerosas colaboraciones en medios de comunicación</strong> como El Mundo, donde es columnista, El Español, Onda Cero o EsRadio, así como con una <strong>amplia labor académica y de docencia</strong>, tanto en España como a nivel internacional. </p><p>Antes de hablar de los intelectuales, Jiménez cree que primero es importante tratar uno de los temas centrales de su libro: ¿Qué significa exactamente ser intelectual? Y es que la respuesta es harto complicada. Ortega y Gasset, por ejemplo, ya se refería al concepto por la frase que da título a su obra, “la palabra ambigua”, ya que <strong>“nunca ha habido una definición de consenso en cuanto a quién es y quién no es un intelectual”</strong>, explica el periodista. </p><p>Esta indefinición tiene como consecuencia, en opinión de Jiménez, que cada persona decida sus límites <strong>en función de sus “filias y fobias”</strong>, refiriéndose a esa personalidad como un “verdadero intelectual” o no en función de si <strong>está de acuerdo o no con lo que dice</strong>. A este respecto, el escritor pone de ejemplo al dictador Miguel Primo de Rivera, el cual se refería, ya en los años veinte, a los autores que le criticaban como <strong>"pseudointelectuales"</strong>.</p><p>Por otra parte, tampoco existe, en opinión del escritor, un consenso para establecer el peso que deberían tener estos intelectuales en el debate público: “A lo largo de los últimos 130 años (desde que se generaliza el uso de esta palabra como sustantivo) ha habido en todo momento histórico <strong>voces que pensaban que los intelectuales tienen demasiado peso en el debate público y voces que pensaban que no influyen lo suficiente</strong>”, explica el autor. Por ello, parece que el único punto en el que coincide la sociedad, en opinión de Jiménez, es en “el deseo de que ‘los intelectuales’ <strong>estén de acuerdo con lo que uno ya piensa, y en criticarlos cuando parece que no es así</strong>”.</p><p>Puestas las cartas sobre la mesa, el debate está servido. ¿Tienen los intelectuales un peso en la actualidad menor que en el pasado? “Los intelectuales son como la felicidad: <strong>es mucho más fácil descubrirla cuando ya ha pasado</strong>. El presente siempre nos parece confuso y caótico, mientras que el pasado siempre se antoja más ordenado, más comprensible”, responde Jiménez. En su opinión, la visión que tenemos de estos pensadores está, en muchas ocasiones, <strong>distorsionada por la “los mecanismos más amplios de la nostalgia cultural”</strong>.</p><p>Por esta distorsión, el autor ve importante matizar la verdadera presencia de estos intelectuales en la sociedad, preguntándonos <strong>no tanto si la tenían o no, sino más bien para quienes la tenían</strong>: “No hay duda de que Unamuno, Ortega o Maeztu eran figuras muy relevantes para los lectores burgueses de las ciudades de su tiempo. Pero <strong>ese no era el grueso de la población</strong>, ni mucho menos. ¿Qué presencia tenían para un jornalero andaluz o para un minero asturiano?”, se pregunta el escritor.</p><p>Por eso, en este momento, ante la “ansiedad” que a veces provoca el creer que los intelectuales están desapareciendo, hay que poner un punto de calma. Jiménez cree que este sentimiento de muerte del intelectual casi siempre está ligado al <strong>progreso tecnológico y a la aparición de nuevas formas de comunicación</strong>: “Tememos que vaya a ocurrir como en la canción aquella de <em>Video killed the radio star</em>. Esto se ve muy claramente en los años en los que la televisión se consolidó como el gran medio de comunicación; <strong>muchos autores señalaron que aquello suponía el fin del intelectual</strong>, ya que este sería una criatura propia de la prensa impresa”. </p><p>Sin embargo, cambio tras cambio, este miedo no se ha terminado de materializar. Por ejemplo, en el caso de la televisión, Jiménez recuerda que programas como <em>La clave</em>, <strong>lejos de matar a la figura del intelectual, la transformaron, en muchos casos, en un “producto televisivo”</strong>. Algo similar ha sucedido, en su opinión, con las redes sociales: “Algunos intelectuales han sabido <strong>adaptarse al nuevo ecosistema comunicativo</strong> y otros o no han sabido o no han querido. El sistema es democrático en cuanto al acceso, pero no necesariamente en cuanto al éxito”. </p><p>La cuestión de las redes sociales trae también a colación al público joven y la cuestión de si estos tienen referentes intelectuales o no. Con respecto a este tema, Jiménez piensa que <strong>“una minoría sí los tiene, aunque quizá el formato que utilizan no sea el clásico”</strong>, por ejemplo nombra formatos como el podcast o los canales de YouTube como formas de entrada de los jóvenes a los discursos de los intelectuales <strong>mucho más relevantes que, por ejemplo, las tribunas de los periódicos</strong>. De hecho, el escritor cree que es “mucho más fácil crear nichos viables” en estos nuevos formatos que en las cadenas generalistas de televisión o de radio. Así, atendiendo a estas transformaciones, Jiménez cree que los intelectuales siempre han tenido su público, la pregunta ahora es cómo consiguen llegar hasta él.</p><p>Por último, el escritor piensa que, a lo largo de la historia, a los intelectuales <strong>no les ha costado demasiado posicionarse a nivel político</strong>. “Si uno repasa la antología de manifiestos colectivos divulgados entre 1896 y 2013 que hizo Santos Juliá en <em>Nosotros, los abajo firmantes</em>, descubre que durante toda la historia -y también en los últimos cuarenta años- personajes que eran llamados intelectuales <strong>han adoptado posiciones políticas en público cada dos por tres</strong>”, sostiene. De hecho, en su opinión, muchas veces lo que se les ha criticado, tanto por parte de la derecha como por la izquierda, es que se posicionaran políticamente "con demasiada frecuencia".</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Aug 2023 17:32:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA[David Jiménez: “Los intelectuales son como la felicidad, es más fácil verlos cuando ya han pasado"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Dónde están los abajo firmantes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA["No han bajado los brazos": Carmen Amoraga reivindica la labor de los intelectuales frente a la censura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/carmen-amoraga-reivindica-educacion-tema-abandonado-intelectuales-base-vendra_1_1554491.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/838f71e6-f750-4981-91d1-c87fdd439b08_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""No han bajado los brazos": Carmen Amoraga reivindica la labor de los intelectuales frente a la censura"></p><p>Inmediatez, <em>click</em> o crispación son algunas de las palabras que usa <strong>Carmen Amoraga</strong> (Picaña, 1969) para definir el mundo tan complicado en el que se tienen que mover los intelectuales hoy en día. Periodista, política y escritora, la valenciana siempre ha estado muy ligada al mundo de la cultura. Tanto es así que desde el año 2015 es la <strong>directora general de Cultura y Patrimonio de la Generalitat Valenciana</strong>. Además de su actividad en el parlamento autonómico, Amoraga ha sido columnista en diversos medios de comunicación como Canal 9, Radio 9 o Punto Radio, y también una destacada escritora que atesora un Premio Nadal en 2014 por su exitosa novela <em>La vida era eso</em>. Suma a ese reconocimiento un puesto de finalista del Premio Planeta en 2010 con <em>El tiempo mientras tanto</em> y otro del propio Premio Nadal en 2007 con <em>Algo tan parecido al amor</em>.</p><p>No se puede conocer cuál es el papel de los intelectuales sin saber qué es exactamente un intelectual. <strong>La definición es, para Amoraga, enormemente difícil</strong>, y su ambigüedad hace que aún sea más complicado el análisis: “¿Es una persona con más formación, una persona con interés por las ideas o la cultura, o una persona con autoridad cultural sobre el resto? <strong>Creo que ni los propios pensadores se ponen de acuerdo</strong>", opina la escritora. </p><p>Ya entrando en materia, Amoraga es bastante pesimista con el momento histórico actual, sobre todo por tener que reflexionar en medio de un<strong> debate público contaminado por la inmediatez de las redes sociales</strong>: “Todo sucede a golpe de <em>click</em>, cualquier asunto inmediatamente pierde actualidad y <strong>se prioriza la originalidad y la supuesta ‘gracia’ sobre el razonamiento</strong>”. Este contexto es enormemente perjudicial para la labor de los intelectuales, ya que, según destaca, toda esa inmediatez deja muy poco espacio para la reflexión pausada y el pensamiento crítico. </p><p>Sin embargo, en el siglo XX, antes de que las redes sociales tomaran el mundo, <strong>la situación en España era bien distinta</strong>. En medio de todos los traumas que sufrió el país durante esa época, la sociedad contó con algunos <strong>de los intelectuales más importantes de nuestra historia</strong>. Muchos de ellos alzaron la voz en el golpe de estado a la República en 1936 y continuaron su lucha durante el franquismo. Por todo ello, Franco <strong>“los llegó a culpar de todos los males que sufría el país”</strong>, recuerda la escritora. Ya en la Transición, alzaron la voz para impulsar la democracia u oponerse a los últimos años del franquismo. Con todo este historial, es normal que muchos añoren ese pasado donde parecía que los hombres y mujeres de la cultura sí tomaban partido mayoritariamente por causas sociales y políticas. “No creo que tengamos idealizado ese pasado, pero <strong>es cierto que la historia ha situado a esos intelectuales en un lado muy pesado de la balanza</strong>”, opina la escritora.</p><p>Mucho tiempo después, las condiciones han cambiado enormemente, y los nuevos pensadores se han tenido que adaptar a un mundo que en nada se parece al de la Transición. “Antes no todo el mundo tenía acceso a la educación y ahora sí. Eso ha aumentado el número de personas con capacidad de opinar y <strong>se ha reducido en la misma proporción su presencia y capacidad de influir</strong>”, aduce Amoraga.</p><p>La escritora halla otra explicación de este fenómeno en el progreso tecnológico y en la irrupción de las redes sociales, que en su opinión, <strong>han democratizado posibilidad de mostrar una opinión</strong> en el espacio público de forma relevante. Además, cree que eso afecta a los medios de comunicación, los cuales “elevan a la categoría de noticia cualquier tema que aparece en redes sociales”. </p><p>Sin embargo, todo ello no evita la existencia de grandes intelectuales en la actualidad como lo son, para la propia Amoraga, <strong>Adela Cortina y Jesús Conill</strong>. De hecho, la escritora no comparte la visión de que ahora mismo faltan personalidades comprometidas en el mundo de la cultura: “Estos días, por ejemplo, en los que Vox ha comenzado a dar muestras en las instituciones de lo que es, un partido que cuestiona los derechos y que practica la censura, <strong>los intelectuales no han bajado los brazos</strong>”, sostiene Amoraga, la cual cree que este fenómeno no se da únicamente en la izquierda, sino en todos los espectros ideológicos: “Intelectual no es solo quien reafirma mi pensamiento. También lo es el que plantea ideas que no me gustan”, zanja.</p><p>De cara al futuro, en su opinión, una materia en la cual <strong>se deberían involucrar más los intelectuales por su gran importancia es la educación</strong>. Para Amoraga es fundamental ponerla en valor, porque es la base de absolutamente todo lo que vendrá. “No sólo educación de la escuela, que también, sino la de la vida. <strong>La que se da en casa y en el entorno más íntimo</strong>”, reivindica.</p><p>La clave de ese futuro son, sin duda, los jóvenes. A su modo de ver, estos tienen, como toda la sociedad, muchísimos referentes en todos los ámbitos (cultural, social, empresarial, deportivo…) para poder formar sus opiniones y cultivar su conciencia crítica. Sin embargo, pese a que existan todos esos referentes, <strong>también cree que estos intelectuales no llegan, en muchas ocasiones, a conectar con las nuevas generaciones</strong>: “A veces me da la sensación de que los intelectuales no tienen demasiado predicamento entre la gente joven, se relacionan con la vieja escuela, con lo viejuno, con lo caduco. Y eso es un error”.</p><p>La escritora relaciona este fenómeno con los referentes que, en su opinión, tienen los jóvenes. <strong>Muchos de ellos son </strong><em><strong>influencers</strong></em><strong> y </strong><em><strong>tiktokers </strong></em><strong>que, en general, “se sitúan en las antípodas de los intelectuales”</strong>. Estos ídolos se mueven en un clima, el de las redes sociales, donde suele primar la inmediatez y la rapidez, un ambiente que, según Amoraga, no favorece la reflexión propia de los intelectuales, porque esta “requiere una calma que las redes sociales no fomentan”. </p><p>Por último, la escritora no cree que a las personalidades de la cultura les cueste dar un paso adelante y comprometerse socialmente, aunque, desde su punto de vista, muchas <strong>“no pueden permitirse perder trabajos por dar una opinión”</strong>, o simplemente “consideran que más allá de su música, de su literatura, de su papel como artistas, no tienen por qué pronunciarse”. Por tanto, estén o no estén involucrados en política, la autora defiende que <strong>se les debe respetar porque</strong> “no todo el mundo con cierta relevancia pública tiene la obligación de posicionarse política o socialmente”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Aug 2023 19:25:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pablo Mortera Franco]]></author>
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      <media:title><![CDATA["No han bajado los brazos": Carmen Amoraga reivindica la labor de los intelectuales frente a la censura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Cultura,Movimientos sociales,Redes sociales,Dónde están los abajo firmantes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Javier Gomá: "Un intelectual debería ser crítico en tiempos de bonanza y dar esperanza en los de crisis"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/javier-goma-literato-intelectual-aprender-paciencia-mantener-ilusion-pese_1_1555526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3c4554c3-3c74-4868-bacb-fefe0ac4c29b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Gomá: "Un intelectual debería ser crítico en tiempos de bonanza y dar esperanza en los de crisis""></p><p>La época de las <strong>redes sociales ha tenido indudables consecuencias sobre los intelectuales de ahora</strong>. "Si son jóvenes se sienten a gusto con ellas, pero si son talludos, no". Así de claro y de conciso es el bilbaíno Javier Gomá (1965), Doctor en Filosofía y licenciado en Filología Clásica y en Derecho, el primero en su promoción al ganar las oposiciones al cuerpo de Letrados del Consejo de Estado. Desde 2003 es el presidente de la Fundación Juan March y un año después obtuvo el Premio Nacional de Ensayo con su primer libro, <em>Imitación y experiencia</em>. Además, escribe regularmente en periódicos, revistas y suplementos, y colabora en Radio Nacional de España. <strong>En 2012 fue considerado uno de los mejores intelectuales iberoamericanos más influyentes según la revista </strong><em><strong>Foreign Policy</strong></em><em>.</em></p><p>Según argumenta en conversación con <strong>infoLibre</strong>, una persona intelectual es aquella que "siendo especialista en una profesión <strong>es al mismo tiempo capaz de armar un discurso general y cívico para todos</strong>". Ni solo especialista, ni solo generalista, un especialista con ideas generales, plantea. Así, considera que, en la actualidad, hay muchos <strong>profesionales que se dedican a opinar y que pocas veces ese profesional tiene opiniones "de carácter general y y cívico"</strong>. </p><p>La idealización, para Gomá, está muy presente sobre todo con respecto a los intelectuales del pasado como Unamuno, Machado o los de la Transición. Una de las razones por las que secunda esto es la manera en la que <strong>"el tiempo selecciona lo mejor y lo comparamos con la realidad no selectiva que vivimos"</strong>. Por otra parte, también los idealizamos porque, <strong>como les llama Gomá, son "iconos pop"</strong>. </p><p>Además, la mayoría de esos intelectuales del pasado se podían contar con los dedos de una mano, tal y como apunta, "un puñado de varones" que eran casi todos catedráticos e iban a la universidad. Sin embargo, esta influencia <strong>estaba reservada sobre todo para la élite que iba a la universidad, leía el periódico o compraba libros</strong>. Actualmente, y como ya ha comentado Javier Gomá, el ritmo frenético de las redes sociales y la tecnología ha provocado que haya un pequeño número de polémicas entre los intelectuales porque "prefieren el fogonazo". </p><p>En esta época,<strong> el pensador requiere tiempo, sobre todo para argumentar su postura, que el lector pueda leerla y comprenderla</strong>. Sin embargo, no hay tiempo, el tiempo de ahora es "supersónico", como lo define Gomá. Igual que compara al literato y al intelectual, ya que "no hay nada que perdure más que la obra excelente o perfecta" aunque tarde mucho en producirse. Y por eso, <strong>"el literato y el intelectual tienen que aprender a tener paciencia y mantener la ilusión pese a todo"</strong>.</p><p>El filósofo también considera que <strong>la presencia de los eruditos tiene mucha peso en la polarización actual</strong>, pero que "un intelectual debería ser crítico en tiempos de bonanza y dar esperanza en tiempos de crisis". Y, con respecto a los jóvenes, <strong>no les culpa de no tener referentes intelectuales</strong>, sino que entiende que al tener "una esperanza de vida de cien años, disponen de tiempo sobrado para buscar esos modelos cuando lo necesiten". En cualquier caso, <strong>aboga por no volver a espacios de tertulias culturales</strong>, formatos que no son propios de la época actual y que, además, "rezumaban clasismo porque convocaban a minorías selectas". Algo que hoy en día no se concibe, <strong>porque la cultura interpela a todo el mundo</strong>. </p><p>Por último, Gomá cree que <strong>hay un "malentendido" sobre el significado de comprometerse socialmente</strong>. Ya que considera que la cultura no está hecha para estar "al servicio del discurso oficial y bien pensante", sino que rechaza servir al concepto político. De hecho, tiene en cuenta que "la política no quiere tu opinión, quiere tu posición en la guerra y reducir la visión del intelectual a una posición es ignominioso". Y, a través de la cultura, las generaciones de un futuro "cambiarán la mentalidad y el corazón" para tomar préstamo de las palabras que han puesto hoy en día os intelectuales en circulación. <strong>Esa es "la única batalla cultural que importa" </strong>para Gomá.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Jul 2023 16:06:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iratxe Cuadrado]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Javier Gomá: "Un intelectual debería ser crítico en tiempos de bonanza y dar esperanza en los de crisis"]]></media:title>
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