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    <title><![CDATA[infoLibre - plaza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/plaza/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - plaza]]></description>
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      <title><![CDATA[Las plazas de las ciudades ya no son espacios para compartir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/plazas-ciudades-no-son-espacios-compartir_1_2222144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a0f3b2f7-78f3-44a7-a9be-11a0b9638d9c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las plazas de las ciudades ya no son espacios para compartir"></p><p>El fin del covid-19 nos dejó una configuración de ciudad muy distinta. El adiós al uso de la mascarilla y al gel hidroalcohólico trajo más terrazas, más mesas, más sillas, más espacio público ocupado y menos bancos, menos árboles y menos lugares donde “hacer comunidad”. La urbanista <strong>Zlatina Petrova,</strong> en su <a href="https://oa.upm.es/49709/1/TFG_Petrova_Stoyanova_Zlatina.pdf" target="_blank">trabajo sobre las plazas de Madrid</a>, concluye que <strong>el espacio público es cada vez más un “espejismo”</strong>: parece abierto, pero está cada vez más condicionado por reglas, usos privados y lógica comercial.</p><p>Quien pasee por grandes capitales como Madrid, Nueva York o Tokio comprobará cómo las prisas se han apoderado de la urbe y sus ciudadanos, pero puede que esa sea la sensación porque <strong>no hay lugares donde quedarse quieto, donde parar</strong> —salvo los parques—. Petrova describe cómo el espacio público madrileño ha sido reconfigurado para favorecer usos rentables y desplazar los usos gratuitos, espontáneos o incómodos: la plaza sigue estando ahí, pero ya no siempre funciona como plaza.</p><p>En Salamanca, por ejemplo, Gabriel Risco <a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/ocupacion-espacio-publico-negocio-gana-cultura_129_2217959.html" target="_blank">narraba en </a><a href="https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/ocupacion-espacio-publico-negocio-gana-cultura_129_2217959.html" target="_blank"><strong>infoLibre</strong></a> cómo “el negocio de la hostelería ha vencido y el Gobierno municipal del PP <strong>defiende solo y exclusivamente los intereses de ese gremio</strong>”, dándoles el privilegio de ocupar en exclusiva espacio público frente a los libreros de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.</p><p>Paseando por Madrid —pero también por Ávila, Zaragoza o Alicante—, se ve cómo las plazas, los soportales y las calles están cada vez más <a href="https://www.infolibre.es/opinion/blogs/el-barrio-es-nuestro/defensa-espacio-publico-frente-invasion-terrazas_132_2061042.html" target="_blank">ocupados por sillas, mesas y sombrillas</a>, y cómo se han ido perdiendo bancos públicos donde sentarse. “Lo que define a una plaza como espacio verdaderamente público es el <strong>uso libre que hacen de ella los ciudadanos</strong>”, explica el arquitecto del grupo Teisa, <strong>Pablo Asián</strong>. “Cuando las personas pueden utilizarla de forma espontánea para reunirse, descansar o jugar, hablamos de una plaza viva”.</p><p>“El problema real aparece cuando esos <strong>lugares excluyen al ciudadano</strong> y se destinan únicamente al consumo”, añade. “El ejemplo más claro en Madrid es la Plaza Mayor. Es un espacio enorme, pero sin lugar para sentarse, salvo en una terraza, y frecuentemente ocupado por eventos comerciales”. Petrova sostiene, en la misma línea, que la plaza contemporánea <strong>puede ser un espacio público sólo en apariencia</strong>, porque su uso real está mediado por la privatización y el consumo.</p><p>“Que esto ocurra no es necesariamente perjudicial, las ciudades también necesitan plazas representativas para acoger grandes eventos”, matiza Asián. “El problema surge cuando este mismo modelo se replica en todas las plazas céntricas, dejándolas sin espacio para la vida cotidiana”. Como escribió <strong>Ortega y Gasset</strong>, la ciudad es “ante todo plaza, ágora, discusión, elocuencia”. Para el filósofo, la plaza —y la ciudad— era, en esencia, donde “la gente salía de casa para encontrarse con otros”.</p><p><strong>Alfonso Bruna</strong>, miembro del área técnica del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, recuerda que, si se pone el foco del diseño en “la experiencia del usuario", la accesibilidad es un resultado natural. Sin embargo, cree que existe una falta de sensibilización por parte del promotor o del diseñador del espacio. </p><p>El profesor de Derecho de la Universidad de Zaragoza <strong>Darío Badueles</strong> va más allá y se pregunta: “¿Es lógico que si desea descansar en la vía pública tras su largo paseo deba hacerlo en el suelo, apoyado en una farola o sentado en una terraza de un bar?”. La pregunta ilustra el cambio: la dificultad para permanecer en el espacio público sin pasar por caja. </p><p>Como ejemplifica Badueles, si uno va por Madrid y no tiene dónde sentarse, va a la terraza del bar: “Se sentará, pedirá una cerveza, disfrutará del rato y pagará. <strong>Pagará por estar sentada en la vía pública”.</strong> Así, la plaza deja de ser ese lugar de encuentro para funcionar como una superficie privatizada y de gestión de rentabilidad.</p><p>“Se pretende el <strong>continuo movimiento</strong>, la <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/calle-convierte-refugio_129_2216663.html" target="_blank">transitoriedad perpetua</a>, el no ‘apalancamiento’ en un espacio público”, resume Badueles. Coincide también Asián, que explica que se trata, fundamentalmente, de “gestión municipal y decisiones políticas”.</p><p>“En la mayoría de los casos, la configuración de estos espacios no responde a una falta de capacidad técnica, sino a la voluntad (o a la ausencia de ella) de <strong>diseñar un entorno verdaderamente amable</strong> y habitable para el ciudadano”, dice Asián, que señala que el diseño de las plazas más céntricas está “orientado a satisfacer las demandas del turismo, el comercio o la hostelería, relegando las necesidades del residente”.</p><p>Y de esto también se ha dado cuenta Antonio, un vecino jubilado de Madrid, que asegura que <strong>la ciudad “es para los turistas:</strong> eventos, conciertos, la visita del papa, bares con cartas en inglés o en francés. Siempre gastando”. Por eso, desde que se jubiló hace más de diez años, pasa más tiempo en el pueblo, “donde aún se puede parar, sentarse en una plaza al fresco y hablar con los vecinos sin hacer gasto”. Así que, Antonio dice estar de acuerdo con Miguel Delibes cuando decía que “la cultura se crea en los pueblos y se destruye en las ciudades”.</p><p>Asián advierte de que <strong>las plazas se “están mudando”,</strong> que el debate sobre el ágora pública está en los barrios tradicionales porque en los nuevos PAU el problema es que “el espacio público se ha concebido a menudo como el espacio que separa los edificios, perdiendo su valor de encuentro” y ahora, en un híbrido entre pueblo y ciudad, <strong>el ágora y la necesidad de hacer comunidad se han desplazado al ámbito privado</strong>, “refugiándose en el interior de las urbanizaciones con piscina y pista de pádel”.</p><p>En los barrios tradicionales, Asián recuerda que <strong>las plazas “quedan a menudo en una situación de abandono</strong> o dejadez”; tanto es así, que en el barrio de Puerto Chico, en Madrid, han sido sus vecinos y la asociación quienes se han ocupado de dar vida a una de sus plazas a través de la renaturalización del espacio.</p><p>Muchos, como Antonio, <strong>critican el turismo y la gentrificación</strong> como el origen de muchos males, pero Asián recuerda que la creación de espacios cómodos y amigables es, en parte, gracias a estos procesos. “Un claro ejemplo de esto es Madrid Río. <strong>Ha mejorado sustancialmente el entorno</strong> y la calidad de vida de los vecinos, pero como consecuencia ha impulsado la revalorización y la gentrificación de la zona, lo que se conoce como ‘gentrificación verde’”, explica.</p><p>El turismo, por su parte, llena las plazas de actividad, pero “el verdadero problema es que ese modelo de uso intensivo <strong>termina desplazando al residente habitual</strong>, rompiendo el tejido social y los vínculos vecinales que tradicionalmente daban sentido a la convivencia en esas plazas”, añade.</p><p>Los gobiernos liberales han apostado por <strong>exprimir el rendimiento urbano con más terrazas</strong>, más actividad económica y, por tanto, más rentabilidad. El problema es que eso provoca menos bancos públicos y menos rincones gratuitos donde estar en la ciudad.</p><p>Las ordenanzas y planes municipales han ido consolidando esa lógica de ciudad como recurso económico. <strong>Se amplían horarios y superficies de ocupación de terrazas</strong>, se permite alquilar plazas para eventos comerciales y se diseñan <a href="https://callaocitylights.es/circuito_gran_via/" target="_blank">espacios como la plaza de Callao</a>, en Madrid, casi como escaparates permanentes más que como lugares para estar, como recuerda Petrova. </p><p>Precisamente en la capital, a la falta de sombras y de plazas “gratuitas” se le suma, ahora en verano, el <a href="https://www.madrid.es/UnidadesDescentralizadas/ZonasVerdes/TodoSobre/AlertasCierreAperturaParques/Lista%20de%20Parques%20con%20Restrincciones.24.06.2026.pdf" target="_blank">cierre de parques</a> como <strong>consecuencia del calor y el viento</strong>. Guillermo, vecino de la ciudad comprometido con las asociaciones vecinales, critica esto: “El único refugio para quienes no tienen aire acondicionado es buscar la sombra de un parque, <strong>sentarse un rato con un refresco o cerca de las fuentes, sin tener que ir a un centro comercial</strong> ni gastar dinero en un bar para estar fresquito”. Y ahí está, otra vez, la misma cuestión: quién puede permanecer en la ciudad, dónde y a qué precio.</p><p>Algunos modelos apuntan hacia otro camino. “Para mí, el referente más interesante de renovación del espacio público se encuentra en Barcelona con su <strong>modelo de supermanzanas</strong>”, señala Asián. “Reduce de forma drástica el tráfico rodado y aprovecha el espacio liberado para crear nuevas plazas y revitalizar las ya existentes”. </p><p>“Al final, la clave de todo esto es <strong>volver a poner a las personas en el centro</strong> cada vez que se diseña o se cuida nuestra ciudad”, concluye Asián.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 17:39:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Iván Muñoz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las plazas de las ciudades ya no son espacios para compartir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[plaza,Privatizaciones,Aquí no hay quien viva: la ciudad en disputa]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[De Tahrir a Taksim: plazas, símbolos y retratos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/tahrir-taksim-plazas-simbolos-retratos_129_2125342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/134f7b85-6e55-4e33-906f-cccbc8faa4a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Tahrir a Taksim: plazas, símbolos y retratos"></p><p>En Oriente Medio y el Norte de África, la calle ha sido históricamente el principal espacio de vida y expresión política. En 2011, durante la oleada de <strong>levantamientos populares </strong>que sacudieron la región, plazas como la de <strong>Tahrir,</strong> en <strong>El Cairo,</strong> se convirtieron en el epicentro de la <strong>acción política </strong>de unas sociedades que dijeron “basta” a décadas de represión, estancamiento económico y corrupción. Hoy, estas plazas muestran un<strong> rostro distinto.</strong></p><p>En <strong>Egipto, </strong>durante los 18 días de protestas que culminaron con la caída del régimen de <strong>Hosni Mubarak </strong>―tras tres décadas en el poder―, los manifestantes ocuparon en masa la plaza Tahrir, que se convirtió entonces en un bastión revolucionario. Una década después, sin embargo, el paisaje urbano cairota cuenta otra historia, y <strong>en Tahrir los policías se imponen </strong>en número a los transeúntes.</p><p>La plaza fue rediseñada en 2020, y en su centro se erige ahora un <strong>obelisco faraónico</strong> de 19 metros custodiado por cuatro esfinges procedentes del templo de Karnak, en Luxor. Ya no es lo que era, y de ser un espacio de reunión y protesta ha pasado a ser un<strong> enclave frío y monumental.</strong> El poder ―representado en este caso en la figura de al-Sisi, que se mantiene en el cargo desde que en 2013 un golpe de Estado militar acabase con el efímero gobierno de los Hermanos Musulmanes― ha securitizado el corazón simbólico de la ciudad, convirtiéndolo en un escenario controlado y sin apenas presencia ciudadana.</p><p>Como Egipto, Túnez conoció el mismo destino de la<strong> contrarrevolución urbanística,</strong> y las plazas de la revolución fueron militarizadas y cercadas para limitar su acceso. Estas intervenciones, circunscritas al periodo posterior a los levantamientos populares de 2011, son en realidad parte de una tendencia regional más amplia. Por eso, más allá de los casos en los que el Estado interviene de forma directa en la disposición de los lugares, existen otros antecedentes históricos y escenarios en los que el <strong>control del espacio público </strong>se ejerce de forma más sutil: <strong>modificando, </strong>por ejemplo, <strong>su apariencia y función.</strong></p><p>Las <strong>grandes urbes del Golfo</strong> ejemplifican esta lógica, cuyos planes urbanísticos ―aunque producto del urbanismo neoliberal― beben de las experiencias de sus vecinos regionales. En estas ciudades <strong>la vida privada sustituye la pública,</strong> y en lugar de plazas y parques encontramos centros comerciales, complejos residenciales y estructuras poco amigables para el peatón.</p><p>En esa misma línea, el <em>downtown</em> de Beirut, antiguo zoco y corazón histórico de la ciudad, fue objeto de una<strong> profunda transformación</strong> tras la guerra civil libanesa. El proyecto prometía <strong>revitalización social y económica, </strong>pero acabó desplazando a familias y comerciantes locales, que fueron reemplazados por edificios de mármol y fachadas de lujo.</p><p>Este modelo elitizado, por cierto, nunca logró arraigar, y pasear hoy por el <em>downtown</em> es lo más parecido a estar dentro de una postal postapocalíptica: el área permanece casi deshabitada y fuertemente controlada, lo que plantea la pregunta de si la reconstrucción perseguía también la creación de un espacio público dócil en el frágil periodo de posguerra. Sea cual sea la intención, <strong>el resultado es un centro histórico desactivado y sin tejido urbano. </strong></p><p>En todos los casos, ya sea de manera directa —a través de la militarización— o indirecta —mediante proyectos urbanos que alteran el entorno—, la <strong>gestión del espacio público</strong> se ha convertido en una extensión de los intereses de quienes ejercen el control. Pero<strong> la calle nunca es completamente dócil,</strong> y ante esa resistencia, el poder recurre a otra estrategia: saturar el espacio público con su propia iconografía. Es decir, “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. </p><p>Un ejemplo paradigmático de este fenómeno es<strong> Erdoğan, </strong>en Turquía. El líder turco ha desplegado una estrategia de <strong>monumentalización religiosa </strong>con la que busca inscribir su proyecto político en el paisaje urbano. Así, en uno de los costados de la plaza Taksim —espacio central de las protestas de 2013 y lugar profundamente asociado a la historia de la resistencia en Turquía— se erige desde 2021<strong> la mezquita Taksim.</strong> Su construcción no responde únicamente al deseo del presidente de controlar el que fuera el principal punto de encuentro de los manifestantes, sino que obedece también a su ya conocido empeño por <strong>reforzar la identidad islámica de Turquía. </strong>También la mezquita de Çamlıca, inaugurada en 2016, se alza sobre una de las más altas colinas de Estambul, desde donde observa y vigila toda la ciudad.</p><p>Pero el antecedente más claro de la apropiación simbólica del espacio público se encuentra en<strong> Irán. </strong>Un año después de su proclamación, la República Islámica se vio envuelta en una cruenta <strong>guerra con su vecina Iraq. </strong>El proyecto político era muy prematuro, y eran muchas las voces críticas y detractores. En un momento donde la identidad nacional iraní estaba aún definiéndose, <strong>Jomeini</strong> entendió que una manera efectiva de generar <strong>cohesión social </strong>era inundando el espacio público con<strong> retratos oficiales y mensajes nacionalistas. </strong>De hecho, con la exaltación de los mártires de la guerra, cuyos rostros asomaban por las calles de Teherán, el régimen logró<strong> movilizar a la población</strong> y alentar a muchos jóvenes a alistarse en el ejército.</p><p>En definitiva, quien controla el paisaje y su simbolismo ejerce un <strong>gran poder sobre las dinámicas sociopolíticas</strong> en <strong>Oriente Medio y el Norte de África. </strong>Por eso, y aunque las formas varíen en función del lugar —ya sea mediante la securitización, el rediseño o la saturación simbólica—, el espacio público constituye un campo de batalla donde se negocian la identidad, el poder y el orden.</p><p>___________________________________</p><p><em><strong>Nahia Varela Molina </strong></em><em>es especialista en el mundo árabe-musulmán y colaboradora de la Fundación Alternativas. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jan 2026 20:08:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Nahia Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[De Tahrir a Taksim: plazas, símbolos y retratos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Egipto,Turquía,Protestas sociales,Planes urbanísticos,plaza,Irán,Opinión,Oriente Medio,África]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El PSOE propone instalar en la Plaza de Santa Ana una placa conmemorativa en honor a Marisa Paredes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/psoe-propone-centro-placas-recuerdo-marisa-paredes-fuera-pareja-cineasta-antonio-isasi-isasmendi_1_1924975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/79ba945c-a006-4faf-b0bc-8be3c43c9a24_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El PSOE propone instalar en la Plaza de Santa Ana una placa conmemorativa en honor a Marisa Paredes"></p><p>El<strong> PSOE</strong> propondrá en el Pleno de la Junta Municipal del Centro de Madrid que tendrá lugar este jueves que el distrito homenajee a dos de sus antiguos vecinos, la actriz <strong>Marisa Paredes</strong>, fallecida el pasado 17 de diciembre, y quien fuera su pareja y padre de su única hija, el cineasta madrileño <strong>Antonio Isasi-Isasmendi</strong>, fallecido en el año 2017.</p><p>Los socialistas plantearán la instalación de una primera <strong>placa conmemorativa</strong> en el número 13 de la <strong>Plaza de Santa Ana</strong> en honor a Paredes. "Como homenaje a su trayectoria profesional y como muestra de afecto de los vecinos y las vecinas de Madrid", han explicado en un comunicado. También en el número 3 de la calle Carretas en memoria de Isasi-Isasmendi.</p><p>Una propuesta que ya habían solicitado desde <strong>Más Madrid</strong> tan solo días después de que se conociera el fallecimiento de la intérprete. Entonces, su portavoz en el Ayuntamiento, Rita Maestre, iba un paso más allá, instando a que se le concediera también <strong>la medalla de la ciudad</strong> y a que el centro cultural Prado 30 pasara a llevar su nombre. </p><p>Maestre retomaba la propuesta hace unos días, ya entrados en el nuevo año, asegurando que siguen en busca de alcanzar <strong>el mayor consenso político posible</strong> "con el máximo número de grupos municipales involucrados". Desde Más Madrid permanecen en contacto con el entorno de la actriz y continuarán trabajando para que la madrileña tenga un homenaje en su ciudad natal "a su altura".</p><p>El primer intento de reconocimiento oficial a la actriz madrileña tras su fallecimiento, a través de <strong>un minuto de silencio en el último pleno del año</strong>, terminó fracasando ante la falta de acuerdo entre los grupos políticos en la Junta de Portavoces.</p><p>El 'no' rotundo llegó de parte de Vox, que rechazó el homenaje a Paredes por considerar que "su trayectoria pública ha estado marcada por <strong>un posicionamiento ideológico sectario</strong>, alejado de los valores de unidad y respeto que deben primar en las instituciones". "Su desprecio hacia millones de españoles que no comparten su visión política no la convierten en una figura adecuada para ser reconocida por los madrileños", trasladaban a los medios desde la formación de extrema derecha.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jan 2025 17:09:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <title><![CDATA[El bulo, la 'fake' y el capital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/bulo-fake-capital_129_1922389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/26acac24-a5c4-42cd-bf94-241355471f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bulo, la fake y el capital"></p><p>Cuando se habla de<strong> bulo,</strong> de <strong>noticia falsa</strong> (<em>fake news</em>), en estos tiempos, se pretende trasladar la idea de que son fenómenos nuevos. Es decir que antes (¿cuándo?) no las había y ahora han aparecido. Es más, se los vincula a una forma concreta de extenderse, las redes sociales, obviando la cantidad de veces que se publican en medios de comunicación convencionales. Con esto se quiere generar la ilusión de que haciendo desaparecer o regulando las redes sociales se acabaría con el bulo o la <em>fake</em>.</p><p>Sin embargo, ninguna de estas afirmaciones son ciertas:<strong> ni son nuevos ni tienen su origen en las redes sociales </strong>ni, por supuesto, la regulación de éstas acabará con las noticias falsas.</p><p>Más allá de que la mentira acompañe al hombre desde que empieza a comunicarse, lo que se está planteando es que <strong>la mentira</strong> se considere una forma de intervención política socialmente aceptada y, en un momento determinado, como<strong> el modo necesario de la reproducción del capital.</strong></p><p>¿Debería sorprendernos, me pregunto, que la mentira sea un ingrediente constitutivo del capitalismo, o deberíamos añadirlo como un determinante de la relación social general, el capital, al igual que la explotación, la valorización o la acumulación?</p><p>El capitalismo produce la conciencia libremente enajenada, es decir que hace que las personas porten la capacidad de regir su acción deteniéndose en la apariencia (libertad), olvidando su esencia (enajenación) y elevando la apariencia a la categoría de esencia. Es decir, que <strong>se crean libres cuando realmente son multidependientes </strong>(mercado, dinero, capital) y, en muchos casos,<strong> sin ser conscientes de ello</strong>. Pero el capitalismo borra aparentemente todas esas dependencias y genera la ilusión de que basta tener el dinero en el bolsillo para que todo ocurra mágicamente (fetichismo).</p><p>No es solo que la clase capitalista use la mentira, en su modernidad bulo y <em>fake</em>, para mantener su dominio; por tanto, incorpore la mentira en su estructura de dominación (fuerza bruta, legalidad, escuela, familia). Ni siquiera que <strong>la propia clase obrera</strong>, cuando es incapaz de hacer la crítica del capital, en la subsunción al capital<strong> se encargue de reproducir la mentira capitalista</strong>. Por no hablar del papel del representante político del capital, el Estado, o sus gestores inmediatos, los gobiernos. Recuérdense: las mentiras sobre el derrame del chapapote del Prestige, las armas de destrucción masiva de Irak, el 11M, o las de la dana de Valencia, etc. Todo ello forma parte de una mentira aún mayor, el propio capitalismo.</p><p><strong>Es mentira que la propiedad</strong> (privada o pública)<strong> de las cosas esté en su naturaleza</strong>, es la relación social general, el capital en el caso del capitalismo, la que requiere que ello sea así. También <strong>es mentira que el dinero sea necesario, es la relación social la que obliga</strong> a que sea así. Como una mentira es que la fuerza de trabajo haya de ser una mercancía y venderse por un salario, es el capital el que exige que sea así. Por no decir que el salario equivalga a la contribución de la fuerza de trabajo en el proceso capitalista de producción. Y mentira es que la única forma en que se puedan relacionar las personas sea la relación social general de las sociedades actuales, el capital. Pero el <strong>capital exige que así lo creamos.</strong></p><p>Como se ve, los fundamentos de la sociedad actual están basados en la mentira (el capital como atributo natural de la persona, cuando no el único o mejor) como “verdad” socialmente admitida. Mantener la mentira como “verdad” socialmente admitida exige un esfuerzo, que concierne a toda la sociedad. Un esfuerzo que consiste en crear un aparato, que exige la intervención de varios actores (creadores, difusores, legitimadores …), toda una superestructura que se eleva sobre la base capitalista.</p><p>Un sociedad que se afirma en la mentira, como la capitalista, no tiene más medio que hacer de la mentira un medio de su reproducción. Otra cosa es que el fenómeno se ha disparado en la actualidad, pero eso será para otra ocasión.</p><p><strong>_______________________________</strong></p><p><em><strong>Pedro Andrés González Ruiz </strong></em><em>es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Sevilla.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jan 2025 18:38:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Andrés GR]]></author>
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