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    <title><![CDATA[infoLibre - Miguel Barroso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/miguel-barroso/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Miguel Barroso]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dígamelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/digamelo_129_1927470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b16ba5e9-58d1-4861-8066-58934a2e00d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016762.jpg" width="553" height="311" alt="Dígamelo"></p><p>Hoy me he dado permiso para llamarte. Es un día señalado. El año pasado aprendí que, a las desgracias como a las alegrías, <strong>hay que reservarles una fecha concreta</strong>, si no, sueltas, aparecen sin avisar tantos días como quieran.</p><p>Por eso me atrevo a llamarte: si va mal, <strong>sólo me dolerá una vez al año</strong>. Si va bien, quién sabe. Como siempre, colgaré si al tercer toque no contestas, y ya llamarás cuando puedas. </p><p>Tecleo tu número de memoria, no porque tiene 20 años, sino por <strong>las miles de veces que me lo has pedido</strong>, la mayoría para que sonara y poder encontrarlo... </p><p>Da señal una vez, la seg…</p><p>Me saludas como siempre, porque sabes que soy yo.</p><p>-       Dígamelo.</p><p>-       ¿Con flores?</p><p>-       Con balas. Dispara. ¿Qué hay de nuevo?</p><p>-       Buf, no sé ni por dónde cogerlo, es difícil.</p><p>-       En ese caso, por las agallas, Turbau, ¿está fresco?</p><p>-       Sí y no. Ya es el 1er aniversario, pero no me hago a ello.</p><p>-       Turbau, no te pongas mística. A ver, dame el titular, cortito.</p><p>-       Llevamos un año sin hablar, Miguel.</p><p>-       Imposible. Qué va. Estamos hablando, ya te digo yo que exageras.</p><p>-       Sí, parece que exagero, y que hablamos. Después de tantos años, te oigo sin pensarlo.</p><p>-       Menos lobos, que siempre puedo sorprenderte.</p><p>-       Ojalá. Me encantaría.</p><p>-       A ti te pasa algo. Veámonos, y me lo cuentas mejor.</p><p>-       ¿Me acerco a tu casa?</p><p>-       ¡Bárbaro!… Espera, me he quedado en blanco, hay un lugar… ya me vendrá.</p><p>-       Olvídalo, me va fatal salir, estamos a tope con la plataforma, eso sí me da rabia, que no llegaras a verla analizando archivos y detectando de qué modo han sido alterados con inteligencia artificial…</p><p>-       Discúlpeme, pero perdóneme…</p><p>-       Ya, ya, que no aburra con el proceso, que deje al resultado hablar.</p><p>-       Correcto. Si puedes, está hecho. No necesitas mi beneplácito.</p><p>     …</p><p>Tiene razón, pero no puede evitarlo: ni yo buscar su aprobación, ni él dármela sin notarlo.</p><p>-       Aún no sé qué te pasa, ni por qué me has llamado.</p><p>-       No escuchas, ¿eh?</p><p>-       Será que no te explicas…</p><p>-       A ver, ¿cómo te lo cuento? Que esto no tenía que pasar, que nos ibas a enterrar a todos, tan en forma, comiendo tan sano, cuidándote como buen hipocondríaco, aparentando 10 años menos…</p><p>-       No entiendo bien de qué me hablas, pero vamos, si la envidia fuera tiña…</p><p>-       No te envidio, créeme, pero tú a mí tampoco: <strong>tu muerte fue la primera bomba</strong>, y me dejó tan aturdida que la segunda tuve que negarla hasta hacerle sitio. 2024 ha sido un campo de minas, lo supe al pisar la tercera, ya en septiembre, la peor. La de noviembre te diría que casi fue oportuna, me habría hundido de tener capacidad para sentir más dolor, pero como no me quedaba casi no la noté.</p><p>-       No sé por qué hablas en clave otra vez. Me has recordado hace mil años, cuando nos arrancamos el uno al otro los giros y modismos inconscientes, redundantes, las perífrasis verbales…</p><p>-       Nunca logré pasar la plancha por tus adjetivos. Qué manía con usarlos en su segunda acepción, aunque se entiendan.</p><p>-       ¿Y tú con los puntos? Pareces la Dirección General de Tráfico, que reparte pocos y mejor no usarlos. Frases más cortas, Turbau.</p><p>-       Voy. Háblame. Quiero escucharte…</p><p>-       ¿Qué quieres que te diga?</p><p>-       Lo que quieras.</p><p>-       No me viene nada a la cabeza. ¿Has oído un pitido? Quizá me queda poca batería. Pero no me importa agotarla. No entiendo por qué nadie me llama. Y no me has dicho aún qué quieres. Estás muy dispersa, céntrate.</p><p>-       Tú has vivido a mi lado más de la mitad de mi vida, y el resto la sabes, y te has ido. <strong>Yo me he quedado la tuya</strong>, pero tengo mala memoria.</p><p>-       ¿Y? Desembucha, Turbau. Si crees que hace un año que no hablamos es que tienes mucho que decirme.</p><p>-       Hace un año falleciste y <strong>me quedé sin palabras</strong>. Te recuerdo que la amistad puede ser unilateral, no hace falta estar los dos vivos y puede durar lo que me dé la gana. Cada amistad es diferente y la nuestra era muy rara, casi 30 años intentando justificarla sin dar explicaciones…</p><p>-       Sí, pero es comprensible y además me da igual, a nosotros mismos nos sorprendió y nos costó entender esta amistad.</p><p>-       A los 22 me conociste, de esa entrevista de trabajo recuerdo: define inmarcesible, qué adaptaciones al cine de relatos de Patricia Highsmith conoces, y quién es Tomatito.</p><p>-       Lo sabías todo, claro.</p><p>-       Tampoco era física cuántica.</p><p>-       En Comunicación y marketing me urgía alguien listo, joven y tan fan de la Fnac que lo convertiría en Síndrome de Estocolmo.</p><p>-       Me encanta cuando haces eso.</p><p>-       ¿Qué he hecho?</p><p>-       Convertir lo que encontraste en lo que buscabas.</p><p>-       Funciona poco con lo esencial, pero no falla con todo lo demás. </p><p>-       No empieces. Tu repertorio era amplio, pero me lo sabía entero.</p><p>-       No sé por qué hablas de mí en pasado si seguimos siendo amigos.</p><p>-       <em>Touché</em>, Barroso. No sé, hablemos de música. Siempre te has encargado de nuestra banda sonora. ¿Has ido a algún concierto, últimamente? Tengo que pedir tus <em>playlists</em> antes de que se me olvide. Lo que no puedes negar es que <strong>se ha detenido el tráfico de libros</strong> entre nuestras casas. </p><p>-       ¿Estás 100% segura?</p><p>-       No me vas a hacer dudar, este truco es viejo, sí. Tengo <strong>decenas de cuadernitos de notas</strong>, como tú, y están llenos de ideas, recuerdos. Cada uno nos solía durar un par de meses. ¿Te acuerdas? Te lo cuento para acordarme yo.</p><p>-       Por eso soy tu amigo, te estoy escuchando.</p><p>-       Ojalá pudiera descargar de tu cerebro al mío el conocimiento enciclopédico sobre el estrambótico catálogo de temas que te obsesionaban, de los que no parabas de hablar hasta contagiarme tu fijación.</p><p>-       No creo que te obligara…</p><p>-       Al contrario. Pero me voy a tener que apañar sola para seguir indagando sobre ellos, no son precisamente intereses corrientes.</p><p>-       Por eso nos gustan, no veo el problema. Dame ejemplos.</p><p>-       A ver: Porfirio Rubirosa, el Tigre, y las horas que hemos dedicado a los Playboy latinoamericanos, sobre todo de la primera mitad del siglo XX… Philip Agee y demás agentes de la CIA activos en los años 50, 60 y 70 que escribieron memorias… la estética del boxeo en blanco y negro y los boxeadores fracasados, la vida de las actrices del destape cuando pasaron de moda, los mafiosos en la Cuba prerrevolucionaria, el Standup Comedy francés, que te costó, pero me aficionaste, incluso a Dubosc. </p><p>-       Francófila ya eras antes de conocerme…</p><p>-       Y tantos años de FNAC también, la música, el cine, los pensadores, las revistas, los diarios, novelistas, cantantes… conocimos a fondo París y provincia, <strong>pateamos medio mundo juntos</strong>.</p><p>-       Lo pasamos bien, ¿verdad?</p><p>-       Siempre hemos disfrutado. Tanto estando hasta arriba de trabajo como en plan relax. Coincidimos en detalles imposibles, y topamos con diferencias irreconciliables, pero nuestra amistad nunca ha estado en peligro. Creo. ¿Estás de acuerdo?</p><p>-       Si estoy muerto, como dices, está claro que esta amistad lo resiste todo.</p><p>-       Si lo pienso, Miguel, se me ocurren momentos peores que este…</p><p>-       No puedo comparar, pero a mí esto no me parece mal.</p><p>-       ¡Porque lo hago todo yo, como cuando trabajábamos juntos!</p><p>-       Te enseñé, te di confianza, querías más. ¿Cómo te llamaba?</p><p>-       <em>Victorinox</em>. ¿Qué vas a hacer cuando cuelgue, Miguel?</p><p>-       No tengo planes, ¿tú?</p><p>-       Voy a hacer un plan contigo. Una cenita ligera, música brasileña, un buen vino, pediré a Jose que me haga un Negroni Sbagliatto o un Tom Collins, y como es un día especial, vamos a poner alguna de esas películas de Steve Martin que veías para desconectar y la usaré para conectar contigo.</p><p>-       ¿Ya vas a colgar?</p><p>-       ¿Te parece poco? Sigues siendo <strong>un yonqui del teléfono</strong>.</p><p>-       ¿Volverás a llamarme?</p><p>-       Mucho más a menudo.</p><p>-       Cuando quieras. No me voy a ninguna parte. Ni siquiera creo que necesitemos el teléfono.</p><p>-       Lo sé, Miguel. Pero si le hablo al aparato se me olvida que no estás.</p><p>-       Como quieras, cielo. Ahora sabes que estoy contigo cuando me quieras a tu lado.</p><p>____________________</p><p><em><strong>Inma Turbau </strong></em><em>es periodista, escritora y gestora cultural.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jan 2025 19:12:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Inma Turbau]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dígamelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Barroso]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Miguel Barroso. Talento y lealtad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/miguel-barroso-talento-lealtad_129_1927330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/faaa9bc7-58ee-40bf-b28d-c9aec457ada5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016759.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel Barroso. Talento y lealtad"></p><p>El recuerdo de un amigo y colaborador<strong> con el que viví momentos tan intensos y definitivos</strong> en nuestras vidas suele estar impregnado de nostalgia y afecto. En el caso de Miguel Barroso la admiración supera cualquier otro recuerdo. Admiración por su cultura, su inteligencia y su brillantez. Era un deleite verle construir discursos y respuestas políticas. </p><p>Miguel no fue ni un político, ni un periodista, ni un escritor, ni un asesor de imagen. En rigor, era todo eso y algo más. <strong>Un hombre de estirpe renacentista</strong>, inquieto ante cualquier expresión cultural.</p><p>Leal a unas ideas, <strong>comprometido sin sectarismos</strong>, deseo reiterar mi gratitud por todo lo que me aportó.</p><p>Y como era persona de fina y, a veces, afilada ironía, deseo recordar aquí un momento memorable compartido con él .Elecciones 2008. Preparábamos los debates con Rajoy, y en<strong> los ensayos él hacía de Rajoy para simular el duelo</strong>. Era tan brillante que hizo de Rajoy mejor que Rajoy, eso provocaba que me costara concentrarme porque la sonrisa se me escapaba de forma incontrolable.</p><p>Miguel fue de esos amigos que uno siempre quiere tener, más aún en su etapa de relación con mi añorada Carme, <strong>esos que te demuestran que al talento le sienta muy bien la lealtad</strong>.</p><p>Mi relación con Miguel Barroso fue siempre creativa, profunda, amable y aún se mantendrá para siempre, <strong>eso es la amistad, que puede ser más poderosa que la muerte</strong>. Eso sí, lástima que no pueda ya invitarme a comer. O sí?</p><p>__________________________</p><p><em><strong>José Luis Rodríguez Zapatero </strong></em><em>es expresidente del Gobierno (2004-2011) y ex secretario general del PSOE (2000-2012).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jan 2025 19:00:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miguel Barroso. Talento y lealtad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,España,Miguel Barroso]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un recuerdo imperecedero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/recuerdo-imperecedero_129_1926583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c4bb05cd-2693-4a9a-8779-d7be12b08e6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016719.jpg" width="1197" height="673" alt="Un recuerdo imperecedero"></p><p>Miguel permanecerá siempre en mi corazón y en mi cabeza. Nos conocimos con trece años y desde el primer día en el que, por el orden alfabético de nuestros apellidos, nos sentaron juntos, congeniamos. Ya entonces era<strong> un gran organizador de “relatos”.</strong> Inventó una historia según la cual el segundo día de conocernos vino a mi casa y, para su horror, le metí unos ratones por dentro de la camisa. Era una fabulación, sólo le enseñé mis hamsters, pero a él le gustaba “novelar”. A pesar de eso, desde entonces <strong>hemos sido mucho más que compañeros de pupitre</strong>. En aquellos años adolescentes compartimos, como sólo en esas edades puede hacerse, todo tipo de confidencias. Supe de sus amores y él fue el primero en saber, sin necesidad de que se lo contara, que me había enamorado de la que acabaría siendo mi mujer.  En los últimos años de Bachillerato y en Preuniversitario, al final de la década de los 60, empezamos a preguntarnos muchas cosas y las respuestas nos fueron alejando del pensamiento conservador de nuestras familias. En aquellos cursos publicamos un periódico colegial, <em><strong>Ímpetu</strong></em><em>, </em>que nació con espíritu crítico. Sin conocer la teoría, practicamos el principio según el cual “es noticia algo que alguien querría suprimir”. Precozmente <strong>Miguel apuntaba ya maneras</strong> de periodista y comunicador. Desde entonces nos dedicamos a llevar la contraria a los que mandaban: en el colegio nos metíamos con los malos profesores y con el director; y en la Universidad, él en Barcelona y yo en Madrid, nos aliamos con el antifranquismo para oponernos a la dictadura. </p><p>No haré mención de la evolución ideológica que tuvimos en aquellos años de lecturas desordenadas entre las que no faltaron, además de los clásicos del marxismo, manuales infumables de un <strong>dogmatismo insoportable,</strong> incluidos los <em>Conceptos elementales del materialismo histórico </em>de Marta Harnecker. </p><p>Aún guardo la correspondencia en la que, desde Barcelona, ya en el 76, <strong>cuando la libertad se abría paso,</strong> me hablaba del <em>Viejo Topo </em>y de otras experiencias apasionantes. </p><p>Tiempo después, con algún whisky de por medio, nos preguntamos, como hizo Javier Pradera, cuáles fueron las razones que nos llevaron, como a tantos veinteañeros hijos de familias vinculadas al bando vencedor de la guerra civil, a tomar partido por los vencidos y ver en la reconciliación nacional el camino adecuado para conseguir la libertad y <strong>organizar la democracia. </strong></p><p>Después de algunas “enfermedades infantiles”, compartimos militancia en Bandera Roja, aunque yo enseguida<strong> me incorporé al PCE,</strong> lo que ocasionó que tuviéramos algunos debates, pero siempre coincidiendo en rechazar toda dictadura, también la del proletariado.  </p><p>Conquistada la democracia,<strong> empezamos a colaborar con el PSOE</strong>, él en el Ministerio de Educación <a href="https://www.infolibre.es/tintalibre/ano-miguel-barroso_1_1927070.html?utm_source=infoLibre&utm_campaign=635178bb0a-Portadademanana_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_1967a1cfd3-635178bb0a-" target="_blank">con Maravall</a>, yo en Castilla-La Mancha. No me referiré a sus responsabilidades posteriores, sólo diré que, por sus cualidades, tener a Barroso de asesor era un verdadero privilegio. </p><p>Como ocurre con los buenos amigos, cuando después de un tiempo sin vernos nos encontrábamos era como si nunca nos hubiéramos separado. Últimamente, además de la amistad antigua, <strong>fuimos vecinos. </strong>Miguel y Carme vinieron a vivir en frente de nuestra casa, lo que hizo que se intensificaran nuestras relaciones: íbamos y veníamos de una casa a otra sin necesidad de avisar ni de llamadas previas. Por supuesto, siempre que jugaba el Barça cruzaba la calle para ver el partido con Carme y Miquel. </p><p>Cuando Carme se presentó a la Secretaría General del PSOE yo era el responsable del partido en Castilla-La Mancha y la apoyé incondicionalmente. No por Miguel, sino por ella. Pensaba que sería muy bueno para el PSOE, y para España, que una <strong>mujer, joven y catalana</strong>, asumiera esa responsabilidad y optara a la Presidencia del Gobierno. Pero precisamente esas tres condiciones –mujer, joven y catalana– resultaron insoportables a los mandarines, que hicieron lo posible por evitarlo, utilizando incluso procedimientos rastreros. Lo consiguieron por unos pocos votos, suficientes para truncar una experiencia que hubiera sido muy positiva. Pero no tiene sentido plantearse “qué hubiera pasado si…” </p><p>En estos últimos años hemos discutido bastante. En realidad, discutir, y querer llevar siempre razón, era su verdadero <em>hobby</em>. <strong>Gran polemista y perseverante,</strong> si alguna vez su posición no quedaba claramente triunfante, preparaba nuevos argumentos y  provocaba la discusión días después para tratar de convencer a su interlocutor. Reconozco que me encantaba contradecirle para poder debatir con él porque, por su capacidad dialéctica, resultaba un ejercicio estimulante. </p><p>Aunque siempre de acuerdo en lo esencial, hemos polemizado mucho, como sólo los buenos amigos pueden hacerlo sin enfadarse. Pero no es el momento de entrar en detalles… Soy conocedor del importante papel que Miguel ha representado en nuestro <em>país </em>(¡y no me refiero sólo al periódico!) pero para mí siempre será un amigo al que quería como era.  A Miguel siempre le gustó permanecer en un segundo plano y era poco partidario de  comparecencias públicas, por eso le agradecí que accediera a presentar en el Ateneo mi libro<em>,</em><em><strong> Historia vivida, historia construida, </strong></em>donde él tiene mucho protagonismo. Tras su lectura, me animó a escribir sobre el antifranquismo y la Transición, lo que, conociendo su espíritu crítico, me animó. Le hice caso y lo he titulado <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/cerrar-etapa-abrir-nueva-elecciones-amnistia_1_1830688.html" target="_blank"><em><strong>Un militante de base en (la) Transición</strong></em></a><em>, </em>donde de nuevo tiene una gran presencia. Por desgracia, cuando lo estaba terminando, “temprano levantó la muerte el vuelo”, y Miguel, “con quien tanto quería”, “se nos murió como el rayo“. Confieso que me hubiera hecho ilusión su crítica; en gran medida, lo escribí por él. </p><p>Jamás podré olvidar los minutos eternos en los que<strong> los médicos trataron de reanimarlo</strong>. Pasaron por mi cabeza muchos momentos compartidos y por mi corazón muchas emociones desbordadas en medio de la incredulidad ante lo que estaba realmente sucediendo. </p><p><em><strong>Re-cordar </strong></em><strong>significa </strong><em><strong>volver al corazón</strong></em><strong>. </strong>Todos los días me acuerdo de él: cuando veo sus balcones, cuando leo una noticia, cuando se produce un acontecimiento, echo de menos comentarlo con Miguel. Ha dejado un legado importante y una gran impronta en los sitios por los que ha pasado y en las personas que lo hemos conocido bien, pero cuando veo a sus hijas, Cristina y Camila, y a Miquel, en quienes perdura, pienso que son su mejor herencia.</p><p>________________________</p><p><em><strong>José María Barreda, </strong></em><em>profesor de Historia Contemporánea y ex presidente de Castilla-La Mancha (entre 2004 y 2011).</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jan 2025 18:59:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José María Barreda]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Transición democrática,Franquismo,José María Barreda,Miguel Barroso]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Miguel en los tiempos difíciles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/miguel-tiempos-dificiles_129_1926750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c15c890c-a493-4c64-b985-2aa63f7ffab4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1016760.jpg" width="800" height="450" alt="Miguel en los tiempos difíciles"></p><p>Era noche cerrada en el cuartel de artillería de información y localización en Ciudad Real. Hace cincuenta y un años, en el franquismo, el servicio de información militar, el SIM, destinaba a ese cuartel y al de Plasencia a todos los soldados con antecedentes policiales motivados por acciones de resistencia al régimen. Se trataba de <strong>dar “un trato especial” a los rojos, separatistas o sindicalistas</strong>. En mi caso, con una petición fiscal de ocho años de cárcel, acusado de sedición, por haber participado en Madrid en el comité de huelga de la construcción de CCOO en abril de 1972, estaba más que justificada esa especial atención por parte de la inteligencia militar. Por allí pasaron Chema Mendiluce, Ricardo Lovelace, Carlos Vila, militantes de ETA o de CCOO y muchos jóvenes antifranquistas.</p><p>Aquella noche, después del toque de silencio, estábamos “los artilleros” en lo que se denominaban las baterías, esto es, en los dormitorios colectivos, dispuestos a meternos en los catres. Allí se presentó un joven con un uniforme para nosotros extraño, no de artillero, con un gorro tipo oficial. Me dirigí a él, me presenté y él se presentó: «me<em> </em>llamo <strong>Miguel Barroso</strong>». Su cara de desconcierto, acentuada por la poca luz de los dormitorios, animaba a saber rápidamente sobre su presencia entre nosotros. Se explicó. Venía, como todos nosotros, los rojos, castigado desde el Cuartel General de Madrid al descubrirse sus antecedentes policiales. En el Cuartel General, los soldados utilizaban la gorra de plato como los oficiales, de ahí nuestra extrañeza al verle llegar. Era lógico su desconcierto, de un destino formidable en Madrid, en la Cibeles, con pase pernocta, <strong>al cuartel de Ciudad Real, vigilado y sin poder salir</strong> del cuartel.</p><p>En aquellos años difíciles, y en situaciones extraordinarias de convivencia, como en las cárceles o en cuarteles de castigo, <strong>la camaradería era un instrumento fundamental para la supervivencia</strong>. Él de la organización Bandera Roja, yo del Partido Comunista, nos entendimos y confraternizamos desde aquel encuentro desconcertante. Con la pasión que le caracterizaba, discutíamos sin descanso sobre Althusser, la revolución rusa, la china, el golpe de Estado contra Allende y todos y cada uno de los temas más diversos que tuviesen que ver con nuestro firme compromiso de poner fin a la dictadura. Un Miguel apasionado que era maestro en la dialéctica, en abrumarte con datos, mordaz y sarcástico, pero siempre dispuesto al encuentro o al acuerdo (si fuese posible). Intercambiábamos opinión de las lecturas más diversas, de cine, de música y siempre presente la revolución, la lucha por las libertades y la democracia. «La audacia, audacia y más audacia» que reclamaba Danton para vencer a los enemigos de la revolución en 1792, la practicábamos aquellos jóvenes <strong>envidiosos de la Revolución de los Claveles</strong>, dispuestos a organizarnos dentro del cuartel con el resto de los soldados para, si llegase el momento, impedir que el régimen nos utilizase contra el pueblo. </p><p>Efectivamente, los universitarios nos dedicamos a alfabetizar a muchos soldados y trabábamos una relación que nos permitía establecer <strong>relaciones políticas confidenciales</strong> en aras de conseguir apoyos a nuestras ideas liberadoras.</p><p>En aquella época de audacias, vino a ver a Miguel desde Mallorca una amiga y, los días previos a su llegada, aquel joven audaz me inundó con canciones de María del Mar Bonet: «<em>Si sabessis en quina platja t’he estimat en quina estrella t’ocultes invencible…». </em>No tardó en idear un plan para no dormir en el cuartel y poder acompañar a su amiga. «El plan es muy sencillo, Willy, cuando toquen silencio no me presento al cuartel. Pasaré la noche con mi amiga y al día siguiente, cuando en el recuento me nombren, tú contesta por mí»<em>.</em> Por mucho que le expliqué que yo era muy conocido y que su plan podría fracasar, <strong>su audacia no le permitía dar un paso atrás</strong>. En esas condiciones, me puse de acuerdo con los cabos y cabos primeros y, efectivamente, conseguimos que, al nombrar a Miguel en el recuento, mi voz, desde muy atrás de las filas, le suplantara y no tuviera consecuencias su ausencia.</p><p>El cuartel nos hermanó y desde entonces mantuvimos una amistad que compartía objetivos sencillos pero difíciles de conseguir, <strong>una sociedad más justa, más humana, más solidaria y defensora de lo común</strong>. Recuerdo que una de nuestras últimas conversaciones, en el restaurante De María, la dedicamos casi con exclusividad al ascenso de la ultraderecha y a Trump. Cuando aquel fatídico 13 de enero me llamaron para decirme que su noble corazón había dejado de latir, me arrepentí de haber dedicado nuestra última conversación a la ultraderecha y no a él, para saber más de su vida, para cimentar aún más nuestra amistad y camaradería. Lloré.</p><p>En el largo y sinuoso camino hacia el socialismo siempre vas acompañado de gente buena. Compartí con Miguel parte del camino y seguiré andando, teniéndole muy presente con aquella sonrisa que me dirigía entre cínica y cómplice.</p><p>________________________________</p><p><em><strong>Willy Meyer</strong></em><em> es ex eurodiputado de Izquierda Unida.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jan 2025 18:59:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Willy Meyer]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Miguel en los tiempos difíciles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Ejército español,Democracia,Miguel Barroso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esa sonrisa sardónica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/sonrisa-sardonica_1_1927120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/753723b6-52be-4f29-a48a-18a9a61a9bb7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esa sonrisa sardónica"></p><p>Casi un año se va a cumplir. Le conocí hace unos cincuenta años en Leviatán, una librería de Barcelona donde buscábamos ideas, conocimiento. Y encontré inteligencia. Mucha. Y desafío intelectual en una época en la que <strong>no había demasiados medios para profundizar en la política</strong>.</p><p>Miguel ya tenía entonces esa sonrisa sardónica del que se sabe superior, del que apunta las respuestas a lo que todos nos preguntamos sin imponer nada,<strong> solo colaborando en construir caminos</strong> para que todo sea mejor. Acumulaba una cultura a la que casi nadie llegaba. Y yo siempre me he sentido encantado con ello. Aprendía cada vez que nos veíamos.</p><p>Empecé a dar vueltas por el mundo y le perdí de vista. Nos volvimos a encontrar en Cuba, dónde si no. <strong>Creo recordar que era responsable de la FNAC</strong>, fundada por ex-trotskistas (alguien debería hacer un recuento de proyectos puestos en pie por viejos trotskos; sería, creo, bastante aleccionador).</p><p>La Habana. Nunca me he arrepentido tanto de no haber ido a compartir las últimas navidades del año pasado como habíamos quedado, para conocer su hotel y reirnos de todo. Una mezcla de problemas médicos y alguna pereza me privó de disfrutar de sus conversaciones, sin prisas, <strong>absorbiendo cada detalle y divirtiéndonos en cada discusión</strong>. Espero no volver a cometer un error similar. No hay que perder las oportunidades de vivir intensamente junto a la gente que amamos. Nadie sabe cuándo será la última vez y lloraremos doblemente por la pérdida de la persona y por la pérdida de los momentos irrepetibles que ya no tendremos, los momentos que no podremos revivir cuando cualquier cosa, palabra, hecho, <strong>haga que nuestra mente quiera viajar a felicidades pasadas y compartidas</strong>.</p><p>Conocí a Carme Chacón en Esplugues, allá por el 2000. Ella era la concejala de Desarrollo y yo impulsaba un centro de producción audiovisual en una vieja fábrica de frigoríficos. Congeniamos muy pronto, <strong>por los proyectos y por la política</strong>; por la militancia, ese espíritu motor de la defensa de lo público, del interés general. Carme era una reflexiva fuerza de la naturaleza, imparable. No me sorprendió que acogiera a Miguel, eran la fusión de dos caracteres complementarios que compartían objetivos.</p><p> El pequeño jardín de su casita de Esplugues <strong>nos brindó cenas y noches fructíferas</strong>, que después compartimos con Javier de Paz en la terraza del Ministerio de Defensa, en plena Castellana, mientras el pequeño Miquel gateaba por allí.</p><p>Javier y Miguel formaban una pareja que gravitaba sobre todo y sobre todos. Las grandes teorías de Miguel aterrizadas por un De Paz listo y pragmático. Cuántas realidades y avances les debemos a este dúo superdinámico. Los dos vivían muchas vidas, grandes momentos, <strong>principalmente en la órbita de Zapatero</strong>, dibujando futuros que no podíamos creer que se concretarían en la vida cotidiana de millones de personas. Se convirtieron en los tejedores de esos acuerdos que, desdibujando las posiciones encontradas, salen de la paciencia, de la empatía con los otros, de creer que (como decía un señor con barba) vale más un paso real del movimiento que una docena de programas, que no es lo mismo que “pájaro en mano que ciento volando”. </p><p>Nunca me sorprendieron los furibundos ataques de la derecha contra Miguel. Tenían la lógica de creer que los inteligentes son los enemigos más peligrosos y vertieron hasta el final <strong>todo tipo de embustes sobre él y sus supuestos negocios</strong>. Eso le divertía mucho porque le reforzaba en su superioridad moral. A falta de líneas políticas que confrontar inventaban cualquier cosa. Por desgracia eso se lleva ahora hasta el paroxismo.<strong> </strong></p><p><strong>Su papel en la desarrollo de la TDT</strong> y en la recuperación de la televisión pública fueron muy importantes. El impulso que dio a la presidencia de Luis Fernández posibilitó que el Ente volviera a jugar el papel que le correspondía. Miguel tenía un olfato especial en todo lo que se relacionaba con los contenidos audiovisuales. Siempre me pregunté cómo lo hacía para saber qué se estaba imponiendo en el mundo audiovisual global y compararlo con la pobreza de muchos programas televisivos. Pasábamos horas discutiendo sobre cine; el que yo hacía y sobre todo el francés que conocía bastante bien y que no era mi modelo.</p><p>Y a veces los ataques no venían solo de la derecha. Las crisis del PSOE y el papel que quería jugar Carme en su solución<strong> también se concretaron en algunas campañas </strong>que solo ponían de manifiesto que el machismo y la manipulación no son patrimonio exclusivo de la derecha y la presentaban como un sujeto que seguía a Miguel ¡Qué poco conocían a los dos y su independencia de criterio! Eso es lo que sustentaba esa relación. </p><p>Por desgracia hay que ser de una madera especial para convivir con tanta mediocridad que solo busca perturbar la vida cotidiana de los que quieren hacer un mundo más justo. Y seguramente muchas veces deberíamos ver en ese incesante ataque las razones de algunas de nuestras crisis. No quiero decir que su separación tuviera que ver con esto; ignoro qué les llevó hasta ahí. Pero ahora que cada día se habla más de la salud mental <strong>estaría bien reflexionar no solo sobre la salud mental</strong> de esos mediocres (que está claramente muy perjudicada) sino también de la mella que pueda hacer sobre nosotros ese desgaste continuo. Miguel lo combatía con esa sonrisa sardónica que he comentado antes. Quizás es la mejor de las fórmulas.</p><p>La muerte de Carme fue un duro golpe. Por inesperada, por injusta, por quebrar la nueva vida que se estaba construyendo, por perderse el crecimiento de Miquel. Seguro que sus espíritus libres se volverán a encontrar otra vez. Cuba era otra de sus grandes entregas de toda la vida. Le apasionaba la gente, su viveza, su gran cultura, sus colores. Le dedicó libros, viajes, reuniones, debates, amores. Todo el mundo le conocía y él conocía a todo el mundo. <strong>Eso solo es posible en Cuba</strong>. Me ayudó a hacer un par de películas allí en situaciones de infraestructura complejas; siempre tenía un contacto o encontraba a alguien que podía ayudar. Todo  el mundo le respetaba aun sabiendo que no era seguidor de la línea oficial. Aún me emociono recordando que a su funeral vino el que fue el médico de Allende, ya muy anciano, pero que quería despedirse de Miguel a toda costa (si véis la foto de Allende saliendo de La Moneda con casco, el 11 de setiembre de 1973, el del bigote que está detrás es el amigo de Miguel, Danilo Bartulín). Este es uno más de <strong>los retazos de la historia que impregnaban su vida</strong>, que la envolvían. Poca gente podría presumir de vivir inmerso en ese devenir histórico, formar parte de él.</p><p>Echo de menos las cenas o las comidas en casa de Javier de Paz. <strong>Cuando estábamos discutiendo cualquier cosa</strong>, importante o fútil, y él no estaba “ganando”, no se cortaba en llamar a alguien que viniera a ayudarle en la defensa de su línea argumental. No le gustaba “perder” (supongo que a nadie le gusta), pero él tenía un arte especial en esas situaciones que no le hacían aparecer como el oportunista de turno; era más bien el brujo que derramaba pócimas de argumentos que nos abrumaban o que nos hacían rendir nuestras armas agotados en la búsqueda de contraargumentos a sus movimientos de ajedrez verbal que le llevaban a la “victoria”. Y eso nos hacía muy felices a los tres. Sin ánimo de desmerecer a nadie, <strong>dudo que ese clima lo pueda volver a vivir tan intensamente</strong>, pienso que por desgracia será irrepetible. Debe ser eso que llaman camaradería.</p><p>Cuando murió Cruyff le dije a Valdano que era una gran putada que se mueran los buenos y él me respondió: <strong>“Es que los otros no nos dejan nada”</strong>. Pues eso, Miguel nos lo ha dejado todo.</p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Jaume Roures</strong></em><em> es empresario y productor audiovisual.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:57:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jaume Roures]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Esa sonrisa sardónica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Política,PSOE,Miguel Barroso]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Miguel, desde un país lejano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/miguel-pais-lejano_1_1927151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/faaa9bc7-58ee-40bf-b28d-c9aec457ada5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel, desde un país lejano"></p><p>Cuando hicimos la adaptación al cine de su novela <em>Amanecer con hormigas en la boca</em>, Miguel y yo nos enfrascamos en discusiones que no acababan nunca. Yo me permitía hacer cambios en la historia, tal como habíamos pactado, pero él los cuestionaba todos. Y eso me llevaba a mí a querer hacer más cambios. <strong>Las disputas llegaron a las comidas dominicales en casa de nuestra madre</strong>. Ella tomaba partido por él –era su primogénito–, y un día se me encaró: “¡Pero quién eres tú para cambiarle la novela a tu hermano mayor!”. Esta frase me dolió por un segundo y enseguida nos hizo reír a carcajadas a los tres. Como buenos hermanos, tuvimos después muchas agarradas fuertes. <strong>No era fácil ganarle una disputa a Miguel (supongo que tampoco a mí)</strong>, y mucho menos si tenía el apoyo de mi madre. Pero aquél fue el principio del fin de nuestros desencuentros. Hasta que un día, en su boda, los dos nos hicimos mayores y aprendimos a zanjar cada discusión con un abrazo.</p><p>Nuestros padres se habían conocido en Venezuela, eran inmigrantes. Él consiguió trabajo como vendedor en una fábrica de galletas de Barquisimeto. Era un buen vendedor. Lo imagino viajando de tienda en tienda como esos personajes de Arthur Miller o de Mamet. <strong>Siempre obligados a vender un poco más</strong>. Todas las semanas iba al banco a ingresar el dinero que había recaudado. La cajera del banco, nuestra madre, tenía entonces 20 años. Se había instalado con sus padres en la ciudad seis meses antes. En la caja contaba y guardaba los billetes que traían los clientes. Entre ellos los de aquel español de 35 años que vestía traje y se desplazaba en coche. <strong>Una tarde él la esperó a la salida del banco</strong> y se ofreció a llevarla a casa. Meses después regresaron juntos a España. Buscaron dónde instalarse y encontraron Zaragoza, la ciudad de nuestros abuelos. Allí nació Miguel bajo el calor asfixiante de un mes de Julio.</p><p>Hay una foto en algún lugar de casa de mi madre, la tengo que buscar. En ella aparece Miguel con 3 o 4 años, pantalón corto, con mi madre y mis abuelos delante de la basílica del Pilar. Hay muchas palomas de fondo, y él sonríe mirando a cámara. <strong>Es la primera imagen suya que registro</strong>. En la última, que me ha mandado nuestro hermano Alejandro, <strong>Miguel bebe café de una taza</strong>, con el fondo de un mar del sur. También en ella sonríe.</p><p>Sé que con frecuencia se mostraba serio, tenso o angustiado. Que su carácter podía resultar abrumador y su personalidad imponía una autoridad que incomodaba a algunos. <strong>Tenía una inteligencia rápida y un conocimiento arrollador</strong> que podía asustar y ofender. Podían interpretarse como soberbia o arrogancia. Alguien lo podía tomar como provocación o como insulto. Y en cierto modo lo era. Quizás porque <strong>sentías que te estaba recordando tu ignorancia</strong>. Pero también había en él otros Migueles, y muchos de ellos siguen vivos. A algunos nos han dejado huella.</p><p>Cuando llegaba al desayuno, siempre traía una sonrisa de niño feliz, como si acabara de llegar de viaje desde un país lejano. Se sentaba a la mesa con un libro a medio leer, su cuaderno de notas, su exceso de vitalidad, y algo nuevo que contar. A los demás nos costaba empezar a hablar antes del café, pero él irrumpía con una conversación en marcha. Así recuerdo que empezaba Miguel todos los días. Podíamos estar en Barcelona, en Ávila, en Denia o en La Habana. <strong>Su alegría era la misma en todas partes</strong>. Por eso la frase de Hemingway que me recordó J. C. en su funeral me pareció que estaba escrita para él: “Conoció la angustia y el dolor, pero nunca estuvo triste una mañana”.</p><p>Él no se permitía la tristeza. Si lo hubiera hecho, quizás hubiéramos podido escuchar algún aviso de su corazón antes de pararse. Pero él, que fue un gran hipocondríaco, decía que había que ser rocoso para no quedar expuesto a la intemperie. Sabía bien que la intemperie en la política, en la comunicación y en la comunicación política <strong>es cruel como una guerra, o como un invierno lejos del Caribe</strong>. Y aplicaba un mantra a todas las facetas de su vida: “La sabiduría consiste en suprimir cualquier pensamiento que te debilite”. Se había llegado a convertir en ese mantra.</p><p>Tenía claro que dedicarle tiempo a un problema solo lo agrandaba. Y cuando alguien, yo mismo, le contaba algún tipo de miseria que le obsesionaba, resolvía en el tiempo justo: “Vamos a ver, Mariano…”, me decía. <strong>Resumía el asunto con tres frases y recetaba una solución</strong> que funcionaba a partir de ese momento. Entonces uno se decía a sí mismo: “¡Pero cómo no lo he visto antes!”. <strong>Era así con algunos de nosotros o con un ministro</strong>; con nuestra madre o con un presidente; con un amigo de la infancia, con un socio, con sus hijos… Y también era implacable con quien le hacía daño o nos lo hacía a alguno de los suyos. Sabía proteger y protegerse. Una roca.</p><p>Todo lo había aprendido con los años y en los libros. Le recuerdo siempre, desde la adolescencia en la casa familiar y en el colegio, con un libro entre las manos. Leía cientos de novelas, ensayos, libros de historia, de antropología, de economía, de política, de filosofía, de poesía. Los devoraba a un ritmo frenético. <strong>Lo quería leer todo, conocer todo</strong>. Su pulsión por la lectura y sus ansias de conocimiento correspondían a alguien de otro tiempo, o quizás de otro país.</p><p>Si la literatura era una de sus pasiones, la novela negra era su debilidad. Le fascinaban las historias de Chandler, Hammett, Simenon, Padura, Patricia Highsmith, Eric Ambler, Graham Greene… <strong>Relatos de personajes ambiguos, amorales y desalmados</strong>, que cruzan una y otra vez la línea entre el bien y el mal sin despeinarse. Gente sin escrúpulos en la ciudad viciada, el símbolo de la vida moderna (pongamos que hablo de Madrid). Mundos hostiles habitados por élites corruptas y elementos advenedizos que socavan la generosidad y el afecto en las relaciones. ¿Qué queda entonces en el universo de la novela negra? Traición y engaño. <strong>Miguel admiraba la estilización de los personajes y la ironía cruel de los diálogos</strong> de la literatura negra. Ahora entiendo que devoraba estas obras maestras como si fueran manuales de supervivencia. También se acercó al género como brillante escritor. Amanecer con hormigas en la boca y Un asunto sensible son dos novelas extraordinarias (aunque sea yo quien lo afirme).</p><p>“Suprimir cualquier pensamiento que te debilite” era su forma de protegerse en el mundo de la alta política, el periodismo, las corporaciones, y la combinación de las tres. Era una pasión que le podía. A ellas dedicó mucho más tiempo del que habría querido. <strong>En realidad, era una forma pragmática de desplegar su verdadero talento</strong>, la literatura. Pero la literatura es incompatible con el ruido y con el odio del ambiente. Para escribir se necesita sosiego.</p><p>Lo había encontrado en algunos rincones de La Habana, como en su época de universitario lo había tenido en Barcelona. En el Mediterráneo descubrió, a los 20 años, el amor y la militancia, en una época en que ambas cosas iban de la mano. <strong>Su atracción compulsiva hacia La Habana le proporcionó días felices</strong> durante décadas. La distancia geográfica le daba distancia emocional. <strong>El ritmo pausado de la isla le regalaba el silencio</strong> que necesitaba para escribir. En ese silencio que tanto añoraba encontraba lo mejor de él. Solo allí, en el mismo mar Caribe en el que se conocieron nuestros padres, dejaba de escuchar el ruido tóxico, insoportable de la política madrileña.</p><p>Miguel no creía que hubiera que vivir cada día como si fuera el último. Tomarte así la vida obligaba a estar siempre preparado para la despedida. Él no pensaba en entregar nunca el equipo. Era partidario más bien de lo contrario: <strong>vivir cada día como si no fueras a morir nunca</strong>. Lo cumplió. Vivió plenamente, intensamente, todos y cada uno de sus días. Nadie nos prepara para hacernos mayores, eso decía. Y fue a morir en brazos de mi madre, a quien estuvo más unido que ninguno de nosotros durante toda su vida. Probablemente se había ganado ese derecho por ser su primogénito.</p><p>La muerte repentina de alguien querido es una guillotina que cae sobre los planes conjuntos, sobre las conversaciones en marcha y sobre los abrazos aplazados. <strong>Es un corte limpio y brutal que te obliga a escribir en pasado</strong>, a abandonar lo que quedó a medio hacer, o a retomarlo de otra forma. Pero también te regala su memoria y descubres en ti algunas partes que ha dejado. Aunque la muerte de Miguel acabó con su vida, no acabó con nuestra relación. <strong>La mía con mi hermano había sido una sucesión de momentos que ahora añoro</strong>. Ojalá estuviera cerca, aunque solo fuera para discutir con él. O para reír juntos desde lejos al leer intrigas y conspiraciones fabricadas desde la mentira, más propias de novela negra que de prensa libre.</p><p>16 de Diciembre de 2024</p><p>______________________________</p><p><em><strong>Mariano Barroso</strong></em><em> es director de cine.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:56:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Mariano Barroso]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,Miguel Barroso]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una historia de amor y política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/historia-amor-politica_1_1927152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2cf3d3f-dabe-4839-ba31-911373804c46_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una historia de amor y política"></p><p>No borro los mensajes de los amigos que murieron, al contrario: les profeso un culto sagrado. Esas conversaciones cortas, desplegadas como signos de una vida que se alojó allí, no son valiosas solo por su carácter notarial<strong> sino porque te conducen a recordar cómo sonaban esas palabras en sus voces</strong>. Releo el último whatsapp que me envió Miguel Barroso, justo hace un año, cuando a finales de noviembre se encienden los tendidos de luces que insisten en mantener un halo de encantamiento sobre la ciudad: “¿Dónde pasas las navidades?” me preguntaba. Son incontables las veces en que decimos “nos vemos después de fiestas”. Marcamos transitoriamente el paréntesis del paso del año y nos emplazamos para el nuevo sin pensar <strong>que existe una probabilidad</strong>, entre muchas, de que no suceda. Así le ocurrió a Miguel Barroso Ayats, que falleció en Madrid el sábado 13 de enero de 2024, recién llegado de unas vacaciones en La Habana.</p><p>A Barroso le apasionaban los viajes, especialmente a destinos que fueron antiguos puertos francos, como Tánger o La Habana, casi tanto como los pisos diáfanos del centro de Madrid. En aquella última conversación virtual hablamos sobre Pedro Sánchez, y me dijo que algunos políticos le confesaban no haber conocido nunca a un tipo tan duro como el presidente. “Yo sí, porque conozco a Roures”, escribió<strong> junto a una serie de emojis boquiabiertos</strong>. Estaba preocupado por la onda ultra, el impacto de Milei y el <em>comeback </em>de Trump. “Reacción o progresismo, desde Washington, Buenos Aires o Zaragoza”, escribió. Y me hizo gracia el</p><p>ejemplo final para incluir a España a través de su ciudad natal, con la que poco vínculo tuvo. No en vano, Miguel Barroso fue un hombre nómada que recaló en Barcelona, Madrid, París, La Habana o Miami. Mezclaba política y vida de la misma forma que alternaba austeridad y paraíso. Y también llegó a combinar la política con el amor, el episodio sobre el que amablemente<strong> me invita a escribir Jordi Gracia </strong>en estas páginas de homenaje en el primer aniversario de su muerte.</p><p>Año 2002. Sede madrileña del PSOE en la calle Gobelas de la urbanización La Florida. Training con los delfines de José Luis Rodríguez Zapatero a cargo de “los Migueles”: Miguel Barroso y José Miguel Contreras. Barroso ha padecido una enfermedad hepática y aún toma Interferon, <strong>cuyos efectos afilan su mal humor</strong>. Los cachorritos son Trinidad Jiménez, Leire Pajín, Jesús Caldera, Juan Fernando López Aguilar y Carme Chacón. Les ponen a prueba preguntándoles como si fueran cuadros de la oposición. Y en lugar de corregir, machacan al candidato, en especial Barroso. Así me lo contaron por separado Carme y Miguel, ambos, aunque él sumó el atenuante de la medicación. Leire Pajín recordaba que, al ver cómo despellejaban a Carminator –como apodaron los Migueles a Carme–, se temía lo peor cuando llegara su turno. Pero Chacón, lejos de amilanarse, sacó todas sus plumas. “Como yo tenía adjudicada la Cultura y Miguel era un entendido en ello, se fue abriendo un diálogo y un vínculo. Un día fuimos a almorzar y me regaló un libro que acababa de publicar. Mientras lo leía, durante una Semana Santa, me di cuenta de que estaba completamente colada por él. Lo tenía clarísimo, y me dije:<strong> has metido las dos patas en un zapato</strong>. Decidí que aquello no podía pasar”. Así me lo contaba en 2008, en el apartamento de la última planta del Ministerio de Defensa que ella y Miguel convirtieron en hogar al ser padres, muy a pesar de las cortinas de cretona.</p><p>El campo magnético entre ellos, que compartían el círculo más estrecho del zapaterismo, era potentísimo. “Nos conocimos en 2003, y pasó un año entero de entrenamientos, preparaciones de programa, etc… Un día comimos en un restaurante de la calle Zorrilla que ya no existe; en aquel almuerzo no pasó nada. <strong>Al cabo de unos días yo tenía una boda y tenía que comprarme un top</strong> <strong>negro</strong>. Fui al Corte Inglés y él se ofreció a acompañarme, junto al escolta, porque tenía que comprarse unos zapatos. Tal vez allí nos dimos cuenta de que pasaba algo. Hasta que un día me invitó a La Habana, me dijo que tenía una casa y que le encantaría que pasara unos días allí. Aquella noche le envié un sms que decía: “¿Tú te das cuenta de lo que me estás proponiendo?”. Y así empezó todo. Aquella semana en La Habana fue la más maravillosa de mi vida” explicaría Carme.</p><p>Formaron una pareja atractiva, deseada y muy juzgada, tanto que podrían aplicarse aquellos versos de Szymborska: “La ignorancia tiene aquí mucho trabajo/ todo el tiempo mide, cuenta y compara/ saca de ellos conclusiones y raíces cuadradas”. Ninguna duda queda de que la ambición política idealizó más, si cabe, su amor.<strong> Barroso la vislumbró como líder progresista del futuro</strong>. Para un viejo militante de izquierdas que apuntaló al socialismo desde la misma Transición, proveyendo al partido de estrategia comunicativa, eslóganes y golpes de escena colosales, Carme era un diamante al que se podía sacar más brillo. Ella, mujer independiente desde la cuna, criada a base de disciplina doméstica y El Capital de Karl Marx, profesora de Derecho Constitucional especializada en federalismo, nieta de anarquista, y joven seductora, reunía los dos elementos indispensables para el enamoramiento: misterio y admiración.</p><p>Esta historia está contada con pormenores en el libro Carme Chacón, la mujer que pudo ser presidenta (Destino), un proyecto que inicié animada por Miguel cuando ella llegó a Defensa, y que se fue posponiendo porque la agenda de Carme era endiablada. Hasta que finalmente <strong>se canceló antes de finalizar la segunda legislatura de Zapatero</strong>. Ella argumentó que podría ser utilizado en su contra por sus adversarios, sobre todo dentro del partido. Por otro lado, yo sabía que existía cierto temor en su entorno de que pudiera revelar una serie de confesiones privadas que habían aflorado a lo largo de una noche de entrevista pues los entrevistados a menudo sienten la necesidad de explicarse íntimamente ante un interlocutor atento y empático. Imagino a Miguel llevándose las manos a la cabeza: “¡Pero cómo le has podido contar todo eso, Carme, aunque sea tu amiga!”. Acepté la decisión sin lamentos ni recelos, ya que lo último que deseaba era perjudicarla. No me costó nada renunciar al proyecto, aunque un año antes de su muerte le confesé cierto pesar por no haber escrito el libro, <strong>y ambas recordamos con cariño las conversaciones sobre su abuela Seve</strong>. Fue entonces cuando ella me dijo “quién sabe, quizás algún día escribirás este libro, Joana”.</p><p>Hay acciones que se alumbran gracias a la lucidez que te brindan unas palabras lanzadas al aire, como aquellas, que tiempo después regresan revestidas de todo su sentido. <strong>Decidí hacer realidad el libro con el apoyo de la familia </strong>de mi amiga, aunque la opinión de Miguel era importante.</p><p>La salida de la política por parte de Carme también fue alentada por Barroso. En una ocasión, durante un viaje a Samaná, me dijo que era partidario de que Carme, con tanta traición, se fuera a dar clases a Estados Unidos. Y así fue. Idas y venidas, soledad, extrañeza. Una vez desvanecido el sueño, la relación entre ellos fue languideciendo. Se divorciaron como amigos en julio de 2016 –Carme murió en abril de 2017–, aunque ella <strong>no había abandonado el domicilio familiar</strong> hasta cinco meses antes. En la capilla ardiente de Ferraz, Miguel ejercía de viudo sin disimular su dolor.</p><p>Pasado el duelo, quedamos a almorzar en el restaurante malagueño La Vanduca, y Barroso se mostró no solo favorable a la idea, sino abierto y colaborador. Me ofreció algunos contactos esenciales para hablar de los años americanos de Carme, como el de Luis Fernández y Julián Linares en Miami. Y, poco después, <strong>mantuvimos tres entrevistas</strong>, dos con grabadora, la otra solo con apuntes. Así me lo pidió él. El sentido de posteridad aplicado a su voz le resultaba embarazoso, en cambio a lo largo de su vida como asesor político, logró frames de gran valor histórico. Él, al igual que la familia de Carme, deseaba que quedara bien documentado quién fue Carme Chacón, en especial para su hijo Miquel.</p><p>Mucha tinta corrió gracias a sus adversarios políticos sobre la supuesta influencia de Barroso en la carrera política de Carme. El diario<em> El País</em> publicó un artículo <strong>dedicado a la entonces candidata a secretaria general del PSOE</strong> titulado Chacón & Compañía que, alejado de toda ética periodística al estar construido exclusivamente sobre descalificativos juicios de valor anónimos, condenaba de antemano al “influyente entorno de la aspirante [que] levanta profundas suspicacias en un sector del partido”. Parecía, tras su lectura, que si Chacón ganaba, mandarían en realidad Barroso, La Sexta, Roures y, con perdón, el coño de la Bernarda. Aquel artículo les dolió profundamente a ambos, e imagino cómo debió de atribularles como pareja. Miguel mantendría desde entonces aquella herida sin cicatrizar, acaso porque se sentía responsable –parcialmente, sí, pero sobremanera– de la derrota de Chacón por apenas 22 votos en unas primarias que <strong>suspenderían una truncada renovación del partido</strong>, que, tras el paréntesis de Zapatero, regresaba a la oficialidad. Un cambio que no se acometería hasta la llegada de Pedro Sánchez.</p><p>Durante una hora y 16 minutos recupero la voz de Miguel en una grabación de enero de 2018 con fragmentos inéditos. “En el período democrático, la primera mujer con significación política es Carme, porque las otras dejaban de ser mujeres para tener poder y solo había hombres a su alrededor. <strong>Lacan afirma que el azar no existe</strong>, es el encuentro entre dos necesidades, y eso pasó con Zapatero”, dice Barroso. <em>The New York Times,</em> que publicó su necrológica, le da la razón. “Gráficamente –continúa– el mensaje queda para la historia: a principios del siglo XXI una mujer embarazada pasa revista a tropas militares, lo que hace posible que cualquier otra pueda aspirar a conseguir cualquier cosa. Quien lo visualizó psicológicamente ante la sociedad española y estuvo dispuesta a librar la batalla de llegar a ser presidenta del Gobierno fue ella. Fue ella la que se quemó. Lo hizo todo antes de tiempo”.</p><p>Su voz es rápida, rectifica sin que se note. Repite términos como ‘peleles’, ‘mequetrefes’, ‘maniobreo’ o ‘camarilla’. Y no permite que se le cambie el paso cuando inicia un relato. Le gustaba explicarse. En el mismo audio señala al <em>establishment </em>–y a Cebrián y Rubalcaba en concreto– por querer fracturar la buena imagen de Carmen,<strong> presentándola como un caballo de Troya</strong> dispuesto para dinamitar los cimientos del sistema. Y llegando incluso a enviar mensajes falsos que la tachan de alborotadora republicana al Rey.</p><p>Cuando salió mi libro, Miguel Barroso formaba parte del comité editorial del Grupo PRISA, el grupo que había sido decisivo para liquidar políticamente a Carme. Aquello significó para él algo más que un mero cargo; fue una victoria personal, una suerte de justicia poética. Me confesó entonces que había podido leer no más de ocho páginas porque se echaba a llorar, y a mí me pareció que exageraba, que la verdadera razón era la de no revolver el pasado. Lo pude comprobar cuando quedamos a almorzar en la terraza del Four Seasons madrileño –él horrorizado por los precios de la carta–.<strong> Le relaté alguno de mis descubrimientos al sumergirme en la vida de Carme</strong>, como las llamadas y cartas que ella siguió mandando cada navidad a las viudas de militares fallecidos durante su mandato, y a Miguel Barroso, aquel hombre con fama de estar hecho de granito, la pura imagen del poder en la sombra, se le cayeron dos lagrimones.</p><p>Poco antes de su muerte, se sumó encantado a la propuesta del equipo de <em>TintaLibre </em>de realizar una investigación periodística sobre aquel congreso de Sevilla <strong>en el que el proyecto Chacón se desmoronó</strong>. No lo llegaría a ver impreso, pero su reivindicación, al estilo del caballero que exige una reparación ética de los daños, se llevó a cabo. Fue su último acto de honor. Un acto de amor.</p><p>_____________________________________</p><p><em><strong>Joana Bonet</strong></em><em> es periodista y escritora.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:56:36 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joana Bonet]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una historia de amor y política]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Un año sin Miguel Barroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/ano-miguel-barroso_1_1927070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/da2d54d0-d72e-410d-89c1-f61dd07a4bcd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un año sin Miguel Barroso"></p><p>Escribo este texto para dar testimonio de un ejemplo singular de compromiso político y capacidad profesional. Y también de una amistad muy grande que se extendió a lo largo de 41 años. Conocí a Miguel Barroso en 1983.<strong> Había militado en Bandera Roja</strong>, colaboró en<em> El Viejo Topo</em> y fue redactor de información nacional en el diario<em> El País</em>. Procedente del diario, se incorporó al Ministerio de Educación y Ciencia, primero como jefe de prensa y, posteriormente, como jefe del gabinete a partir de 1986. Mi última conversación con él fue el 27 de noviembre de 2023, cuando nos intercambiamos comentarios sobre un texto de<em> El País.</em> A lo largo de esas cuatro décadas, Miguel Barroso <strong>me impresionó siempre por una aguda inteligencia</strong>, una viveza incansable y un inmenso encanto personal.</p><p>Desde su puesto en el ministerio ejerció una influencia importante en decisiones sobre la política educativa.<strong> Ayudó a defender la Ley Orgánica del Derecho a la Educación</strong>, la Ley de Reforma Universitaria, la Ley de la Ciencia. Durante su período en el ministerio, la proporción del gasto público en educación respecto del gasto público total pasó de representar un 8,03% a un 10%. El número de becarios se multiplicó por 2,81% en las universidades y por un 2,10% en las enseñanzas medias. Se crearon 14.828 unidades escolares nuevas en centros públicos, y se pusieron en marcha programas de educación compensatoria (de ayuda a colectivos desfavorecidos) y de educación especial (de ayuda a alumnos con particulares necesidades).</p><p>Ayudó en la preparación del libro <em>La Reforma de la Enseñanza</em> (1984). También en el desarrollo del Congreso de Intelectuales organizado por Ciprià Ciscar y Ricardo Muñoz Suay y celebrado en Valencia el 15 de junio de 1987. El congreso pretendía<strong> rendir homenaje al Congreso de Intelectuales Antifascistas</strong> que tuvo lugar en 1937. Acudí a él, y también lo hicieron Jorge Semprún, Joan Fuster, Juan Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán, Josep M. Ferrater Mora, Mario Vargas Llosa, Norberto Bobbio, José Manuel Caballero Bonald, Guillermo Cabrera Infante o Daniel Cohn-Bendit.</p><p>La influencia política de Miguel Barroso se extendió mucho más allá. Su contribución fue muy grande en la inesperada victoria del PSOE en 1993, tras ir cuatro puntos por detrás en intención de voto <strong>y devaluar el Gobierno socialista la peseta en un 4% </strong>en vísperas electorales. Tras la estrepitosa derrota de Felipe González por José María Aznar en el primer debate televisado de la campaña, sin que nadie se lo hubiera encargado, Felipe González me pidió ayuda para preparar el segundo debate. Acudí a Miguel Barroso y a José Miguel Contreras, porque su contribución era imprescindible. De esta forma, tras una intensa preparación, en el segundo debate celebrado el 31 de mayo de 1993, Felipe González se impuso de forma contundente a Aznar. El éxito de ese debate aumentó en cerca de cuatro puntos el voto socialista.</p><p>Miguel Barroso siguió siendo un<strong> asesor fundamental para los siguientes dirigentes socialistas</strong>. Así sucedió con Joaquín Almunia como secretario general del PSOE entre 1997 y 2000. De cara a las elecciones generales del año 2000, Almunia decidió introducir en el seno del partido elecciones primarias, de forma que el candidato socialista no fuera designado por organismos internos del partido (Comisión ejecutiva, Comité federal o Congreso nacional)<strong> sino por los afiliados del partido</strong>. La iniciativa fue muy audaz.</p><p>Comenté la estrategia de Almunia en un artículo en <em>El País</em>, titulado <strong>El valor de Almunia</strong>. Intentaba dar una respuesta a críticas bastante extendidas respecto de los procesos de oligarquización de los partidos políticos. Se argumentaba que las agrupaciones, como aquellas de organización territorial, habían ido languideciendo. Que la información y la influencia interna de los militantes era escasa. Se recordaba el artículo 6 de la Constitución, que definía a los partidos como<strong> “instrumento fundamental para la participación política”</strong>, y señalaba que habían de tener una “estructura interna y funcionamiento [que] deberán ser democráticos”. Es cierto que las elecciones primarias multiplican la influencia y el peso de los afiliados. Dijo una vez Willy Brandt que “los problemas de la democracia se curan con más democracia”. La decisión de Almunia fue una respuesta en esa dirección, audaz y valiente. La elección del candidato a la presidencia del Gobierno mediante primarias abiertas a todos los afiliados es el sistema actualmente vigente. Sin embargo, no existen soluciones mágicas. Las primarias son, en efecto, un proceso muy movilizador mientras dura el proceso de selección. Sin embargo, con posterioridad a la elección pueden dar lugar a una gran concentración de poder, con reducidos pesos y contrapesos. Manuel de la Rocha escribió el 18 de octubre de 2024 un artículo en El País titulado PSOE: los límites de la democracia partidaria.<strong> Siendo un firme partidario de las primarias</strong>, avisa de los riesgos de reducción del debate interno, de concentración de poder y de reducción de contrapesos internos. Es oportuno examinar la Ley de Partidos Políticos de 2002, elaborada por el gobierno de José María Aznar, para pensar en posibles reformas que promuevan una mayor democracia interna en los partidos.</p><p>Miguel Barroso ayudó a Joaquín Almunia en la campaña y en las relaciones de colaboración entre el PSOE e Izquierda Unida, liderada por Francisco Frutos. Su colaboración estaba guiada por lo que Joaquín Almunia calificó como una “causa común”: en  palabras de Almunia, “la izquierda, los progresistas, tenemos que hacer causa común <strong>para superar nuestra división y representar a una sociedad que mayoritariamente es progresista</strong> y no quiere seguir en manos de la derecha”.</p><p>Miguel Barroso no pudo ayudar a Joaquín Almunia en la preparación de algún debate con José María Aznar en las elecciones generales del año 2000 porque éste se negó a debatir, privando a los ciudadanos de información política. Aznar ocupaba la presidencia del Gobierno y no quería correr riesgo alguno. Consiguió conservar el poder, obteniendo un 44, 5% de los votos, frente al 34,1% del PSOE y el 5,4% de Izquierda Unida. La clave del resultado fue un extenso voto exonerativo por parte del electorado femenino y de edad madura (que exculpaban al Gobierno de turno de responsabilidades por los problemas del momento). Como resultado de esas elecciones, en un gesto ejemplar,<strong> Joaquín Almunia dimitió como secretario general del PSOE</strong>.</p><p>Miguel Barroso fue un asesor importante en los sucesivos gobiernos socialistas. Así sucedió con el gobierno de<strong> José Luis Rodríguez Zapatero</strong>, del que fue amigo personal. Con él fue secretario de Estado de Comunicación en los años 2004 y 2005. En ese periodo consiguió la aprobación de las licencias de las cadenas televisivas La Sexta y Cuatro, así como de la ley de 2006 que contribuyó a despolitizar la televisión (los presidentes de la radio y televisión públicas pasaron a ser elegidos por el Parlamento). Asimismo, <strong>consiguió aprobar el Estatuto de la Redacción de la Agencia EFE</strong>, que reforzó la independencia de los periodistas. Ayudó a José Luis Rodríguez Zapatero en su debate televisivo de febrero de 2008 contra Mariano Rajoy, seguido por 13 millones de ciudadanos. El debate influyó mucho en la victoria electoral que dio lugar al segundo periodo de gobierno socialista con Rodríguez Zapatero.</p><p>Miguel Barroso siguió apoyando al gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez. A lo largo de cuatro décadas fue un asesor político fundamental con los tres presidentes socialistas. Pero su profesión se situaba fuera de la política: era un profesional de la información y la comunicación. Por ello dejó la Secretaría de Estado y volvió a su profesión. Trabajó para Hispasat, fue director general de la filial de la FNAC en España y, posteriormente, director internacional de Comunicación y Marketing de la empresa en París. Trabajó también para Young&Rubicam, primero en España, posteriormente en Centroamérica y el Caribe. Y en marzo de 2021 pasó a ser <strong>consejero de PRISA y vocal de su consejo de administración</strong>.</p><p>Tuve una profunda amistad con él. A lo largo de los años posteriores, tuvimos frecuentes reuniones y almuerzos, los dos solos o acompañados de José Miguel Contreras. Quedábamos en el Café Gijón de Madrid, en la Librería La Central cerca de Callao, en el restaurante Di Maria de Ópera. A lo largo de su vida,<strong> su compromiso político fue constante</strong>. Comentábamos la política, los escritos o las entrevistas. Artículos publicados <strong>en</strong><em><strong> El País</strong></em><strong>, en infoLibre, en</strong><em><strong> El Español</strong></em><strong>,</strong> entrevistas en televisión o conferencias públicas. Discutíamos versiones falsas del debate entre González y Aznar en la campaña electoral de 1993. Lamentamos el insuficiente recuerdo de Ernest Lluch, el gran ministro e intelectual socialista. Me escribía que era “extravagante y desconcertante ver a Felipe y Guerra en esas actitudes”, “¿has visto el acto de presentación del libro de Guerra por González en El Ateneo este jueves?”, “el colmo es pedir un referéndum sobre la amnistía y decir que se arrepiente de haberlo convocado sobre la OTAN”, “¿se arrepiente del indulto al general Alfonso Armada?”.</p><p>Su vida fue, tristemente, demasiado corta. Pero a lo largo de los años<strong> mostró afectos profundos a sus amigos</strong>, lealtades perdurables, una aguda inteligencia, una inmensa capacidad profesional y un compromiso ejemplar con sus principios e ideas.</p><p>________________________</p><p><em><strong>José María Maravall </strong></em><em>es sociólogo y fue ministro de Educación y Ciencia entre 1982 y 1988</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2025 18:45:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[José María Maravall]]></author>
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