Cómo lo ve

José Antonio Zarzalejos: "La construcción de una alternativa no consiste en querer o en intentar derrocar al Gobierno aquí y ahora"

El experimentado periodista bilbaíno es considerado por muchos progresistas como un ejemplo de la "derecha razonable". Sus reflexiones siempre buscan apoyarse en razonamientos lógicos y documentados. Defiende posiciones conservadoras e intenta hacerlo con argumentos consistentes. Se suele mostrar crítico tanto con la izquierda como con una derecha poco acostumbrada en España a discutir sobre los errores de su acción política. Nos atiende, con su tradicional amabilidad y cordialidad, desde su descanso vacacional para concedernos esta charla sobre los diversos asuntos de la actualidad.

La clase política y el coronavirus

Creo que hacer valoraciones globales sobre toda la clase política, en una ocasión de emergencia como ha sido el estado de alarma por la pandemia del coronavirus, es una generalización probablemente excesiva. Yo creo que se han podido observar algunos comportamientos muy empáticos. Citaré dos: me ha parecido empático el ministro de sanidad, Salvador Illa. Se ha comportado con una gran tranquilidad, con solvencia, afrontando los malos momentos con serenidad. También me han gustado actitudes como la del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. Por el contrario, ha habido algunas otras que no me han agradado y que considero que han estado por debajo del nivel de exigencia de la emergencia. Yo diría que el presidente Torra ha sido belicoso e inútilmente hostil con la autoridad única delegada del Gobierno. Creo también que la política de confrontación de Isabel Díaz-Ayuso en Madrid ha sido excesiva e innecesaria. Pero, en términos generales, yo diría que los presidentes de comunidades autónomas han sido más que razonables y que, de la autoridad única, yo destacaría al ministro Illa por su solvencia y capacidad de transmisión de tranquilidad.

La oposición frontal del PP al gobierno

No creo que el Partido Popular haya hecho una oposición frontal al Gobierno. Trataré de explicar esto en dos niveles. Primero, el Partido Popular ha colaborado activamente desde la mayoría de las comunidades autónomas con la autoridad única delegada del Gobierno. En segundo lugar, porque, en el Congreso de los Diputados, el grupo parlamentario popular ha respaldado algunas prórrogas, se ha abstenido en otras y ha votado en contra en otras. Por tanto, yo creo que no se puede decir que ha habido una oposición frontal. En las dos últimas prórrogas ha habido una negativa clara a respaldar la propuesta del Gobierno. Esta negativa no ha sido distinta a la de otras fuerzas políticas que tenían una vinculación con el Gobierno desde la investidura. Así pues, yo diría que ha sido una oposición desigual en la que habría que distinguir entre dos planos: el plano parlamentario y el plano de colaboración en la gestión desde la mayoría de las comunidades autónomas.

Una lección aprendida de lo sucedido

Aún estamos viviendo la crisis y todavía no hemos alcanzado el final. Por tanto, todavía no sabemos hasta dónde nos va a llevar la presencia del virus. Hemos pasado el estado de alarma, unos meses verdaderamente terroríficos, buena parte de marzo, abril, mayo y gran parte de junio. Ahora tenemos rebrotes importantes que incluso constituyen transmisiones comunitarias en Aragón y en Cataluña. Es decir, esto no ha terminado. Creo que vamos, no sé si a salir más fuertes, pero lo que sí vamos a salir es más aprendidos. Una de las cosas que creo que hemos aprendido es que tenemos que federalizar nuestro sistema sanitario. Fortaleciendo, por una parte, las competencias de un ministerio muy disminuido en estos últimos 15 o 20 años, el de Sanidad, y estableciendo mecanismos de coordinación y de cooperación tanto horizontales como verticales: entre las distintas comunidades autónomas y de las comunidades autónomas con el Ministerio de sanidad. Esta es la lección fundamental: federalicemos, en el mejor sentido del término, entendiéndolo como cooperación horizontal y vertical en la gestión de la salud pública en nuestro país.

Polarización política y polarización social

La polarización política es un fenómeno que efectivamente ha rebrotado en España con mucha fuerza. Está muy circunscrita al ambiente político parlamentario, pero es verdad que se ha producido una contaminación en los medios de comunicación. Los medios han experimentado también una polarización que les ha llevado también a planteamientos sectarios y de enorme confrontación, con pérdida de ecuanimidad y, por lo tanto, desatendiendo algunas de sus obligaciones en un sistema democrático. En cambio, creo que en términos sociales los ciudadanos están mucho menos polarizados que la clase política. Y mucho menos polarizados también que los medios de comunicación. Otra cualidad que veo en la ciudadanía es una enorme capacidad de discernimiento, de racionalizar sectarismos. Creo que es una sociedad que tiene criterios propios y constructivos. Un factor que encuentro muy preocupante es que la polarización ha prendido de una manera brutal en las redes sociales. Se han convertido en una especie de reducto verdaderamente salvaje, donde parece que todo lo que se diga y como se diga está permitido. Estamos aprendiendo, no sólo en España, sino en el mundo occidental, que las redes tienen que asumir un comportamiento que se adecúe a algunos principios de convivencia que ahora, sin embargo, no se observan.

Los efectos de la fragmentación política

En España se han fragmentado tanto la derecha como la izquierda. La derecha se ha fragmentado en tres grandes grupos: Partido Popular, Vox y Ciudadanos. La izquierda presenta también muchas opciones. Concretamente, el Partido Socialista y Unidas Podemos, pero también grupos parlamentarios de izquierda independentista o nacionalista como Esquerra Republicana de Catalunya, EH Bildu, la CUP o, en menor dimensión, Compromís. Por lo tanto, creo que podemos hablar de fragmentación tanto en la izquierda como en la derecha. Esto se produce de una forma simultánea: en el año 2014 emergen en las elecciones al Parlamento Europeo dos nuevas fuerzas políticas, que son Podemos por un lado y Ciudadanos por otro. Lo que ocurre es que eran alternativas que planteaban una opción de cambio muy profunda. El 10 de noviembre de 2019 se descalabró Ciudadanos, lo cual ha disminuido enormemente su dimensión como partido regenerador. También se redujo la dimensión que tenía Unidas Podemos. Observo una tendencia hacia la agrupación en los partidos más grandes, que todavía no se ha manifestado, pero que ha empezado a verse en Galicia y en el País Vasco el pasado 12 de julio. Estoy pensando en estos momentos que el Partido Popular y el Partido Socialista probablemente en un plazo no muy lejano volverán a tener mayores cuotas de representación, si no como las anteriores a 2014 y 2015, muy parecidas a las que llegaron a alcanzar.

El PP, entre la moderación y el radicalismo

Las mayorías de Gobierno en España están siempre en las zonas centrales. Aquellos partidos que tienen una mayor capacidad de transversalidad son los que obtienen un mejor resultado. Creo que no se trata de hablar estrictamente de moderación sino de que el Partido Popular tiene que construir una alternativa de Gobierno al actual y la construcción de una alternativa no consiste en querer o en intentar derrocar al Gobierno aquí y ahora, sino en desplegar una actividad que en unas veces será de colaboración y otras de competición, que terminen por demostrar a los ciudadanos que es una opción de Gobierno creíble y que no necesita vincularse a opciones radicales. Por tanto, más que de moderación hablaría de una práctica constructiva del ejercicio de la oposición, porque eso lleva a moderación, a actitudes y propuestas positivas y selectivas que discriminen cuándo es el momento de hacer crítica y cuándo es el momento de cooperar. Finalmente, hay que introducir una variable muy importante en política: es esencial manejar correctamente el lenguaje. El fondo de las ideas tiene que corresponderse a la forma en la que se expresan y muchas veces a la derecha le está traicionando la forma que tiene de expresarse desmejorando la calidad del mensaje que quiere transmitir. 

La unidad de la izquierda

El hecho de que haya un Gobierno de coalición entre el Partido Socialista y Unidas Podemos no quiere decir que estén unidos. Quiere decir que están juntos en un Gobierno. No veo una unidad de criterio en cuestiones de carácter esencial. Creo que hay un ayuntamiento de intereses en un momento muy concreto. Pedro Sánchez y el Partido Socialista, pese a haber ganado las elecciones en abril de 2019, no quisieron gobernar con Unidas Podemos y tuvieron que hacerlo a rebufo de un fracaso el 10 de noviembre, cuando se repitieron esas elecciones, en las que, por cierto, tampoco obtuvieron mejores resultados Unidas Podemos. Por lo tanto, es verdad que hay un Gobierno de coalición, pero lo que nos está indicando ese Gobierno de coalición es que la izquierda está junta, pero no unida. Además, el Gobierno de coalición no agota la izquierda en España. Hay potentes izquierdas de carácter soberanista o nacionalista y no son pocos los representantes de esa izquierda. Estamos hablando de 13 diputados de ERC, 5 de EH Bildu, otro de Compromís. Incluso podríamos incluir algunas fuerzas como la CUP, que también es de una izquierda radical. Por lo tanto, yo creo que hablar de la unidad de la izquierda en este momento me parece prematuro. El Gobierno de coalición es una forma de estar juntos, pero no de estar unidos.

La perdurabilidad de la legislatura

¿Que el Gobierno está cada vez más consolidado? Desde luego, es un criterio que no comparto, desde el momento en que acabamos de tener un contraste electoral en el que el Partido Socialista no ha recogido ni la debacle de Podemos que se ha producido en Galicia, ni ha recogido el desplome en Euskadi. Por lo tanto, más fuerte no lo veo. No veo que esté más sólido, que esté más fuerte. ¿Que este Gobierno obtiene un horizonte de más recorrido de los que algunos suponen? Sí, por dos razones. En primer lugar, porque no tiene alternativa. Es decir, la derecha en este momento está fragmentada y sin capacidad ni aritmética ni estratégica de ofrecer una alternativa. En segundo lugar, porque el Gobierno de coalición se ha convertido para Unidas Podemos en la última trinchera. Ha perdido todo su poder territorial tanto a nivel local como autonómico y la única base de poder que le queda es el Gobierno de coalición. Y muchas veces estas situaciones de necesidad comportan que el Gobierno tenga una mayor duración. Ahora bien, yo creo que el equilibrio que antes existía entre el Partido Socialista y Unidas Podemos ya no existe. Ahora mismo, claramente dentro del Gobierno, desde el punto de vista social y también electoral, la dimensión del Partido Socialista es enormemente superior en todos los terrenos a Unidas Podemos.

El auge electoral de Bildu

Bildu es una coalición política no demasiado conocida, porque en EH Bildu confluyen 3 fuerzas políticas diferentes. La más importante es Sortu, que recoge el legado político —si es que se puede decir así— de lo que fue la izquierda abertzale próxima a ETA, en los años de la actividad terrorista. Después está Alternativa, que tiene un enfoque muy izquierdista. Por último, está Eusko Alkartasuna, que es una fuerza escindida del Partido Nacionalista Vasco y que ha ido deslizándose a posiciones mucho más abertzales y radicales que las del PNV. Ocurre que estos matices no se conocen demasiado bien fuera del País Vasco y se entiende que EH Bildu es la Herri Batasuna de hace 25 o 30 años. No, es otra cosa diferente. Porque además juega con un factor generacional, que es la memoria histórica breve en el tiempo de las nuevas generaciones de la ciudadanía vasca. Tienen un recuerdo lejano de lo que supusieron los peores momentos de ETA y, por lo tanto, ya no existe una vinculación emocional entre lo que pueda representar Bildu y lo que representó en su momento la izquierda radical abertzale, muy próxima a la banda terrorista. En segundo lugar, porque también el discurso político de Bildu ha mutado. Ya no es solamente una fuerza independentista soberanista partidaria del derecho a decidir, sino que ha agudizado sus señas de identidad más de izquierda. En ese sentido, tiene una aproximación mayor a lo que pueda representar en Catalunya ERC. Si no se matiza bien, si no se desmenuzan estos detalles con un poco de sutileza, es difícil entender por qué Bildu es hoy el receptor, por un lado, de los electores más jóvenes y, por otro, al que se han ido los anteriores electores de Podemos en el País Vasco. Yo creo que eso tiene que ver con su evolución histórica por una parte y su evolución ideológica por otra. Es una izquierda nacionalista independentista radical pero que ha agudizado también sus factores ideológicos de izquierda y que enfoca la eventual soberanía de Euskadi desde un punto de vista mucho más identitario en el carácter social.

El futuro de la monarquía en España

La institución monárquica atraviesa en este momento una crisis de reputación. ¿Por qué? Porque el último tramo del reinado de Juan Carlos I ha sido muy convulso y acabó en una abdicación cuya voluntariedad no fue clara. El Rey tuvo que abdicar para rescatar a la institución del desprestigio que había causado él, con unas actitudes absolutamente reprobables y que rebrotan ahora. Pero no podemos olvidar que habido un peaje. La corona ha pagado el peaje de una abdicación que quería enjugar la responsabilidad política de Juan Carlos I en el mal ejercicio de sus funciones, en el último tramo de su reinado. Pero, en términos de estabilidad, creo que Felipe VI tiene capacidad de remontada. En segundo lugar, creo que desde el punto de vista jurídico constitucional alterar los términos de la forma de Estado, que es una monarquía parlamentaria, exigiría un consenso inimaginable de dos tercios para reformar. Implicaría además un proceso constituyente. Yo creo que no hay condiciones ni sociales, ni aritméticas, ni políticas para iniciar un proceso constituyente en el que se ponga en juego la permanencia de la monarquía. Insisto, creo que Felipe VI tiene capacidad para remontar esa crisis reputacional, por lo que ha demostrado y por lo que demostrará, espero, en el futuro más o menos inmediato.

Un estado católico, aconfesional o laico

Creo que España es un estado laico. No es un estado aconfesional. Es verdad que la Constitución hace una referencia de cierta prevalencia a la Iglesia católica. Dicho esto, yo creo que cuando el estado quiere hacer un homenaje fúnebre a casi 30.000 fallecidos en una pandemia como la que hemos sufrido, no debe optar por una ceremonia religiosa. Tiene que optar por un homenaje civil porque el estado es aconfesional y por lo tanto tiene que ser laico. La sociedad española es más laica que su proclamación de aconfesionalidad. Es decir, yo creo que ha sido correcto el acto de homenaje. Hubiese sido correcto también que hubiese sido un homenaje religioso. Ya que ha habido uno en la catedral de la Almudena al que asistió el rey, si hubiera habido también un homenaje musulmán, judío, ortodoxo, o protestante, a todos ellos habría acudido el rey. Porque la ciudadanía está por encima de las religiones de los ciudadanos. La ciudadanía es una condición que nos iguala y yo creo que las normas éticas que hay en una sociedad como la española son de carácter civil. Es verdad que la historia de España es una historia de un catolicismo constante y presente, pero yo creo que la contemporaneidad de España hoy es aconfesional. Me atrevería a decir que es laica y, precisamente por eso, creo que hay algunos elementos de anacronismo, tanto en la Constitución como en determinado tratamiento por parte de la administración pública a la Iglesia católica. Yo, que me declaro católico, vería con gran aprecio y satisfacción que hubiese una independencia absoluta y total por parte de la Iglesia católica de la administración pública, empezando porque la Iglesia católica tuviese un sistema de tributación que ahora no tiene. En segundo lugar, que el estado no se encargase de recaudar la financiación de la Iglesia. Esto me remite a un hecho que me parece que es urgente: revisar los acuerdos de la Iglesia con la de la Santa Sede con el Estado español, que son de 1979. Creo que con esto ya lo digo todo.

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