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Luces Rojas

La proporcionalidad es mayoritaria


Publicada 18/06/2015 a las 06:00 Actualizada 18/06/2015 a las 10:09    
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El sistema electoral español no atraviesa su mejor momento en lo que a popularidad se refiere. Los partidos emergentes lo señalan al unísono como fuente de muchos de los males que han infestado nuestro sistema político; los movimientos populares de protesta –especialmente el 15-M– coinciden en ese análisis; y, en fin, la ciudadanía no parece especialmente satisfecha, por decirlo suavemente, con el funcionamiento institucional que tal sistema promueve.

La adopción de nuestro actual modelo electoral se hizo, como casi todo, durante la Transición. En concreto en 1976, durante el último gobierno de la dictadura. Su diseño es, por tanto, anterior a la Constitución, si bien los partidos que hicieron la Constitución -que habían sido elegidos con ese sistema, claro- lo incluyeron en el texto y, de ese modo, lo blindaron ante posibles reformas. La historia de cómo y por qué se adoptó y constitucionalizó el sistema es interesantísima, y en ella se revela de modo palmario hasta qué punto los grandes discursos y las hermosas palabras pronunciadas para el público no son, en ocasiones, otra cosa que un disfraz confeccionado para esconder intereses mucho más pedestres (véase aquí o aquí). Pero como me temo que en este artículo toda esa historia no cabe, me detendré tan solo en uno de sus flecos.

Durante la transición sólo un partido político -la Alianza Popular de Fraga, heredera directa del franquismo- abogó claramente por los modelos denominados habitualmente “mayoritarios”. Se trata, como es sabido, de sistemas en los que hay tantos distritos como escaños a elegir en el parlamento, de tal manera que en cada distrito solo es elegido un diputado. Aunque la Ciencia Política sigue llamando “mayoritarios” a tales sistemas, a mi juicio eso es un error, y especialmente grave. Para no caer en él y perpetuarlo, aquí los llamaré “británicos”.

Como les decía, solo AP defendió durante la transición un modelo británico para España. El resto de las formaciones, desde el centro derecha de UCD hasta el Partido Comunista de Carrillo, abogaban por un sistema proporcional. Salvadas las distancias, se trata de una situación que llega hasta nuestros días. Solo Vox, un partido a la derecha del PP, defiende hoy sin titubeos la adopción de un sistema electoral británico.

Este tipo de modelos sigue, con todo, ejerciendo cierta influencia en determinados sectores. Algunos de esos sectores son claramente cercanos al PP. Yolanda Barcina, presidenta de Navarra, ha lanzado ya varias tiradillas en ese sentido. Y Francisco Camps, expresidente de Valencia, leyó una tesis -hemos de creer que escrita por él, si bien todo indica que la copió- en la que defiende los sistema británicos. Otros sectores en esa línea no son del PP, aunque desde luego tampoco están en la izquierda. Se trata de intelectuales como César Molinas o integrantes de think tanks como Fedea, que en ocasiones han abogado por irnos a un modelo británico.

A mi juicio, la adopción de un sistema de distritos en España sería un error de dimensiones impredecibles. En primer lugar porque lo último que necesita un país con una historia como la nuestra -y aquí sigo a alguien tan poco sospechoso de “guerracivilismo izquierdista” como Torcuato Fernández de Miranda, uno de los artífices en la sombra de la transición, que dejó escritas páginas muy lúcidas a favor de la proporcionalidad en España- es un sistema electoral que, en vez de integrar y concertar, lo que hace es promover la polarización. Porque lo que los sistemas británicos incentivan son -como sus mismos defensores aducen- dinámicas bipartidistas.

Que todos nuevos partidos -UPyD, Ciudadanos, Podemos, Equo, por citar solo los más relevantes- aboguen por un sistema proporcional e integrador es, en este sentido, una buena noticia “histórica” (perdónenme la exageración). Parece haber llegado a su fin el secular enfrentamiento a dos en el que uno tiene toda la razón -y la tiene de modo perfecto, absoluto, acabado- y el otro tan solo puede representar el error y la ignorancia. Nos vamos a un escenario plural, en el que van a coexistir muchas voces. Y eso hará que nuestro oído se acostumbre a escuchar la parte de verdad que hay en otros discursos que no son el propio, lo cual nos obligará a dejar de pensar en que es mi bando el que tiene siempre la razón de su lado… con absoluta independencia de lo que diga. En vez de dos equipos de los que obligatoriamente hay que “ser”, vamos a tener varias voces que nos tendrán que “convencer”. Es una muy buena noticia.

Los sistemas británicos no son una buena opción, además, porque el sistema de partidos que probablemente arrojarían ahora en España sería cualquier cosa menos recomendable. Lo que acaba de ocurrir en la propia tierra que dio a luz a la criatura no deja lugar a dudas. Cameron ha logrado en el Reino Unido una mayoría absoluta de los escaños, cierto, pero no tiene, ni de lejos, una mayoría social detrás. Su respaldo en votos -que son, hasta dónde yo entiendo, los que miden la voluntad de la gente- ha sido del 36,9%. Los británicos son, desde luego, muy libres de regirse a sí mismos como consideren oportuno, por descontado, pero yo no quiero que en España nos gobierne una minoría, por mucho que sea la mayor de todas. Prefiero que nos juntemos, hablemos y lleguemos a acuerdos entre todos cada cuatro años. No solo no hay nada de “ingobernable” en eso -no escuchen a los altavoces del bipartidismo- sino que, más bien al contrario, en la inmensa mayoría de las democracias europeas que nos deben servir de ejemplo, lo hacen sin ningún problema. Y les va de maravilla.

Por lo demás, que la “ciencia” política siga denominando “mayoritarios” a los sistemas británicos es para mí uno de los mayores misterios de las ciencias sociales. Que, además, se les retire ese título a los sistemas proporcionales -en los que por obligación el gobierno tiene que estar sustentado por una mayoría social, por mucho que sea en coalición- roza ya el terreno de lo sobrenatural. Pero, aunque lo es en casi todas las ciencias, intuyo que en la ciencia de la política es especialmente difícil delimitar dónde acaba la una y dónde empieza la otra…

Así que, como digo en el título, a mi juicio la proporcionalidad es mayoritaria. Lo es en primer lugar en España -desde un punto de vista empírico- porque excepto opciones muy a la derecha como AP y Vox, y excepto ciertos francotiradores sueltos, la inmensa mayoría de los españoles compartimos los valores de la representación proporcional. Y lo es en segundo lugar en buena lógica democrática -desde un punto de vista científico- porque solo cuando existe proporcionalidad en los resultados electorales el gobierno va a ser con toda seguridad mayoritario. Esto es: va a tener detrás una mayoría social. Siendo ello así, ojalá los nuevos partidos tengan éxito en su lucha por un sistema electoral verdaderamente proporcional… y por eso mismo verdaderamente mayoritario.


_________________________________________

Jorge Urdanoz es profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Pública de Navarra.
Su blog es www.20destellos.com.

  
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10 Comentarios
  • 11 luzin 18/06/15 19:25

    y esta ya es de traca: "y excepto ciertos francotiradores sueltos, la inmensa mayoría de los españoles compartimos los valores de la representación proporcional". ¿Pero es que alguien en España conoce nuestro sistema electoral? Aunque tengo que reconocer que mi muestreo personal no tiene ningún valor científico apostaría a que ni el 1% de la población lo conoce.

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  • 10 luzin 18/06/15 19:14

    ¡¡¡Y a Europa le va de maravilla con este sistema electoral!!!, imagino que lo dirá por Alemania, aunque tiene algo de mixto y es un poquito mejor que el nuestro. Pero mi pregunta es: ¿alquien sabe con qué sistema electoral tomó el poder Hitler? Y tal y como van las cosas es mejor ir poniéndose a temblar, tiempo al tiempo

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  • 9 luzin 18/06/15 19:01

  • 8 luzin 18/06/15 18:50

    ¿Qué es mayoritario? ¿Cómo se determina lo mayoritario? Creo que el Teorema de Imposibilidad de Arrow nos da la solución. ¿Es posible que todo un profesor universitario lo desconozca? ¿Es posible que toda una nación lo desconozca?. Por ejemplo, el PSOE elige, en nombre de la democracia, su secretario general por elección directa a una sola vuelta. ¿Dicen los resultados de tal votación cuál era la preferencia mayoritaria de sus afiliados?. En un orgasmo de democracia Pablo Iglesias es elegido secretario general de Podemos, nada menos que de entre 80 candidatos. ¿Fue este el culmen de la democracia?. En ambos casos la  respuesta es un contundente NO, más bien fue una estafa a la mayoría, a la democracia. Sólo la elección entre dos opciones garantiza la preferencia mayoritaria de los electores. Sólo un sistema a doble vuelta, con elección en la segunda entre las dos opciones más votadas garantiza de la preferencia de los votantes.

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  • 7 Demetrio Vert 18/06/15 11:35

    Un debate que nadie plantea publicamente es el de la gobernabilidad. Se aduce que es difícil componer gobiernos estables con varios partidos de ideologías diferentes, y no falta razón. Ahora bien, se olvidan que el sistema político español no hay separación de poderes. Elegimos a unos representantes. Ellos eligen al gobierno y al poder judicial. Si se añade la desproporcionalidad ya tenemos el "Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como", con lo que INEVITABLEMENTE se fomenta una "casta" política con sus cambaleches y corrupciones. Es el mismo sistema el que atrae como un imán a los trujimanes. Si el puebvlo eligiera por una parte al Legislativo, por otra al Ejecutivo, y por otra al poder Judicial (este a propuesta de una muy extensa lista de la judicatura), no habría problemas. En el Legistaivose aprueba ley a ley (cuantos mmás grupos mejor); un Ejecutivo compacto gobernaría según lo aprobado por el Legislativo, y el Judicilal sería mucho más independiente.

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  • 6 Demetrio Vert 18/06/15 11:14

    Es evidente que las sociedades actuales ya no son las de hace cien años, por poner un ejemplo. Ni existe el grado de analfabetismo que entonces había ni están en la inopia por falta de información. Si un despotismo ilustrado -que a lo que tienden los sistemas electorales de hoy- tuvo alguna vez su sentido de ser, hoy ya no lo tiene. Y la clave de la desproporción de representantes no se halla solamente en la ley D' Hont sino principalmente el la distribución de las circunssripciones. Ello produce efectos tan nocivos como que partidos minoritarios (en España los nacionalistas) tengan la llave del poder en todo el estado. Sería más conveniente que para el Congreso la circuncripción fuera única (toda España una sola circunscripción), y el Senado se convirtiera en una cámara de verdadera representación territorial con senadores electos por las respectivas comunidades.

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  • 5 migra 18/06/15 09:52

    miki dijo..
    Me uno O si no, que cada vez que aparezca la palabra "electoral" en el cuerpo del artículo, aparezca como "helectoral".

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  • 4 Macrons 18/06/15 09:50

    miki dijo..
    Reconocerá Ud. amigo mío, que un error con h es más erróneo. En lugar de un error de dimensiones impredecibles, lo sería de dimensiones inconcebibles. Los errores a la postre, son simplemente eso, errores y errar es de humanos. Herrar es otra cosa muy diferente y requiere bastante más pericia.

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  • 3 Quintanilla 18/06/15 09:11

    Lo que está claro que los escaños no valen lo mismo para los diferentes partidos, en las últimas elecciones andaluza al PSOE le costó un diputado alrededor de 29000 votos y en el otro extremo a IU 54000 con 39000 para podemos y el reto entre medio. Creo que es uno de los "grandes" deficits de nuesta democracia. Rozando el engaño electoral.

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  • 2 Copito 18/06/15 08:52

    Muy interesante este artículo. Gracias.

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