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Plaza Pública

La prueba del algodón

Fran Llorente Publicada 16/10/2015 a las 06:00 Actualizada 28/10/2015 a las 18:08    
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(Con este artículo del ex director de Informativos de TVE, infoLibre inicia la publicación de distintos análisis sobre el presente y el futuro de la radiotelevisión pública)

Hace ahora 10 años estaba a punto de morir el Ente. En unos meses iba a nacer Corporación RTVE, la nueva Radiotelevisión Pública que, por primera vez en la historia de nuestra democracia, tendría un presidente no elegido directamente por el Gobierno. La ley establecía que el nuevo presidente debía recibir el respaldo de al menos dos tercios del Congreso por seis años y que su mandato no coincidiría con las elecciones generales. El primer presidente de la nueva RTVE, Luis Fernández, estuvo menos de tres años, el segundo presidente de consenso, Alberto Oliart, apenas uno y medio. Los dos dimitieron. Uno había llegado con 295 votos en el Parlamento; el segundo, con 306 votos. Es evidente que algo no funcionó.

Está claro que una ley no lo es todo, que una ley cambia otra ley y que un decreto ley puede dejar una ley casi irreconocible. Con una ley, en 2009 el Partido Socialista dejó a RTVE sin publicidad y sin un sistema de financiación alternativo que garantizase el futuro y la independencia de la Radio Televisión Pública. Con un decreto ley, el Partido Popular desmontó la exigencia de un presidente de consenso y reabrió las puertas a la televisión de partido.

Vivimos hoy tiempos de regeneración y mayores exigencias democráticas de participación ciudadana, y una nueva RTVE es más necesaria que nunca. Los 8 años de la RTVE de consenso, donde se consiguieron unos notables niveles de prestigio, reconocimiento y respaldo social, deben servir de estímulo para avanzar en la recuperación de una radiotelevisión pública abierta a todos. Pero hoy ya no es suficiente con el mayor consenso parlamentario. Si los políticos creen de verdad en la regeneración, si los políticos aceptan en serio el reto de profundizar en una democracia mejor, todos, de cualquier partido, deben permitir una RTVE independiente, plural y con informativos profesionales. La prueba del algodón de la regeneración es que los políticos renuncien a tomar el control de las televisiones públicas para sus intereses partidistas.


Siempre he defendido que el futuro de RTVE pasa inexcusablemente por que los ciudadanos la perciban de su lado y no del lado del poder. Han sido muchos años de historia donde el control del gobierno de turno ha sembrado una semilla de desconfianza profunda en la sociedad. El paréntesis que significó la RTVE de consenso vive ahora una clara regresión con la modificación legal que permite imponer al gobierno un presidente sin pactar con la oposición; un cambio que facilita que una mayoría absoluta en el Parlamento pueda imponer la desinformación. Una situación que nos afean organizaciones internacionales, como el Instituto Internacional de Prensa, que lamenta el panorama de libertad de prensa en nuestro país y denuncia la crisis de credibilidad que afecta a RTVE.

Los periodistas debemos ser capaces de situar en la agenda de la regeneración política la necesidad de unos medios públicos independientes y con garantía de financiación estable. Los ciudadanos deben implicarse reclamando su derecho a recibir una información veraz, con RTVE en primera línea, que ejerza su papel de vigilante democrática del poder. Como derecho fundamental, debemos exigir a los políticos no solo que no se entrometan, limiten o cercenen ese derecho, sino que lo protejan y fomenten para fortalecer la mirada crítica de la sociedad. Únicamente desde un periodismo valiente, comprometido y honesto podremos recuperar la credibilidad y confianza perdida por los ciudadanos. Solo con la presión y la exigencia social comprenderán los políticos que han pasado los tiempos donde los medios públicos debían seguir las instrucciones de los gobiernos.

Estos días han coincidido dos noticias importantes en esa agenda necesaria. Desde la universidad y desde el Congreso se han escuchado sendos aldabonazos en pos de un nuevo tiempo para RTVE. Por un lado, con el peso académico del trabajo concienzudo y riguroso, hemos conocido el informe Teledetodos elaborado por un grupo de investigadores y expertos en comunicación. Enrique Bustamante –que ya participó hace 10 años en aquel comité de Sabios que inspiró en parte la Ley de RTVE– ha coordinado un estudio muy completo que incide en las líneas maestras de una RTVE más conectada y participada por sus ciudadanos. El informe plantea con valentía propuestas innovadoras y sugerentes, nuevas formas de financiación y participación de la sociedad, y una nueva estructura de funcionamiento que garantice una gestión eficaz y profesional.

Un día después, en el Congreso, representantes de todos los partidos, excepto el Partido Popular y Unió Democrática de Catalunya, firmaron un documento, elaborado por los Consejos de Informativos, para recuperar una RTVE plural, independiente y no sometida al control gubernamental, comprometiéndose a elegir un presidente de consenso apoyado al menos por dos tercios del Congreso, para evitar que un partido en solitario, aunque disponga de mayoría absoluta, pueda controlar RTVE y la convierta en un instrumento de propaganda al servicio del Gobierno.

La experiencia de estos últimos años en RTVE demuestra la importancia de los Consejos de Informativos. Una vez que se eliminó por decreto la presidencia de consenso, los Consejos de Informativos se erigieron como última garantía legal de la independencia profesional.

Ante la inoperancia de un Consejo de Administración condicionado por su origen político, los profesionales han dado la cara denunciando en numerosos informes el regreso a las prácticas de manipulación y censura que ya parecían superadas y han sufrido por ello los intentos de desprestigio por parte del poder político y sus resortes más o menos camuflados.

Los periodistas, documentalistas, reporteros, montadores que forman los Consejos de Informativos que se crearon en la ley de 2006, precisamente para defender y salvaguardar la independencia de los profesionales frente a las injerencias del poder, cuentan con el respaldo mayoritario de los trabajadores que les votaron y que estos meses han encadenado numerosas protestas para decirle a la sociedad que los Telediarios que ven no son fruto de un criterio profesional ejercido con libertad sino que son el resultado de interferencias ajenas al periodismo impuestas por una dirección que rechazaron también en votación.

Con sentadas y concentraciones en la Redacción, con un minuto de silencio en sus puestos de trabajo, con las manos arriba o con lazos naranjas, estos meses hemos visto a los trabajadores alzar la voz de denuncia. Es ahora el momento de que los muchos grandes profesionales que hay en RTVE sientan el apoyo de la sociedad y vean que no están solos en su pelea diaria para defender sus noticias. Es difícil decir en voz alta algunas cosas, pero no están solos. Esta no es una cuestión de partidos. Más bien es una cuestión de sin partidos, sin consignas, sin intereses ajenos, de ejercicio independiente de la profesión.

La ley de 2006 supuso un notable avance en la desgubernamentalización de RTVE, pero no debemos reclamar una vuelta atrás sin más. Es necesario abrir un nuevo escenario. Es evidente que ya no vale sin más un modelo de cuotas parlamentarias, donde los partidos políticos puedan ejercer su influencia partidista a través de órganos que repliquen sus intereses, sino que hay que pensar nuevas fórmulas de control y gestión que fomenten un auténtico pluralismo. Como ya sentenció en Alemania su Tribunal Constitucional, la participación de los partidos ha de ser minoritaria en los órganos de gobierno de las televisiones públicas.

RTVE es hoy un modelo frustrado y no sostenible. Es imprescindible colocarlo en la agenda de la regeneración junto al resto de las televisiones públicas. No podemos perder de vista lo que pase con Telemadrid, donde se van a debatir proyectos que superan el modelo gubernamental que hundió la empresa, pero que aún se quedan lejos del horizonte que perseguimos, o en la Comunidad Valenciana, donde todos hemos podido comprobar cómo el abuso partidista y gubernamental llevó a la quiebra y a la desaparición de Canal Nou.

No hablamos solamente de pluralidad política, sino de pluralidad social, para que en RTVE se vean reflejados todos. RTVE se debe situar en la vanguardia de la innovación. Debe seguir potenciando la colaboración de las industrias audiovisuales y siendo un animador del talento y la creatividad cultural. Debe reorientar sus estrategias y aprovechar el nuevo panorama global que se redibuja para convertirse en un medio internacional de referencia. Debe buscar a todos los ciudadanos y poner a su alcance una oferta cada vez más personalizada en todas las pantallas, en todos los formatos. Nadie debe ser ajeno a una RTVE que ha de ser un lugar de encuentro interactivo donde participen todos los que quieran construir nuevos horizontes.

No hay muchas experiencias y es difícil implicar a todos en la reconquista de lo apenas disfrutado, pero no hay otro futuro para RTVE que este: que los españoles sientan que les aporta y les enriquece y, desde luego, que les cuenta la verdad.



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