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Big miedos

 

Publicada 05/03/2016 a las 06:00 Actualizada 04/03/2016 a las 22:11    
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Mis amigos y la nueva economía

La economía del intercambio (nos) funciona regular. Uno consigue entradas para el teatro y nos invita con matices: o sea, nos invita pero a cambio de sushi. Durante la cena, le propongo un altavoz para sus textos y el tercero protesta:

– No escribáis sin cobrar.

– ¡No podemos evitarlo!

– ¿El escribir o el no cobrar? Tenéis que cobrar por vuestro trabajo. Y, tú, listilla, te quedas sin porcentaje de agente…

– No, hombre: tengo un 10% de su visibilidad.

Mi ingenuidad roza la estulticia, y me ignoran.

– Aquí sólo gana el restaurante, que sí que cobra el sushi.

– Porque la gastronomía también es cultura…

Uno de nosotros (no digo cuál) muestra un desacuerdo absoluto. Pero el desacuerdo tampoco se cobra.

Los libros perdidos

No duermo. Mis libros deberían haber llegado al periódico de referencia. Para que los medios hablen de tu novela se la tienes que mandar; normal. Además, tienes que enviar varias porque se encelan; comprensible. Pero… como los periodistas reciben tantos libros (se publican, dicen, 11.000 títulos al año), abandonan algunos en cualquier mesa de la redacción.

Mi insomnio ha sido invadido por esos libros solitarios que ningún periodista soplará hacia la orilla de un lector. Al día siguiente el mensajero me confirma que no son los míos: “Los tuyos no han llegado al periódico. Nos confundimos”. Los libros solitarios son otros. Los míos sólo son libros perdidos.

Big Miedos

Tengo dos citas y, por el camino, me desinvitan a una. Cambio de autobús y llego (tarde). Mario Tascón y Arantza Coullaut presentan libro: Big Data y el Internet de las Cosas. Entre el público, amigos, groupies y gente a la que el Big Data le aterra y le fascina, que escucha con morbo. Pillo a Mario ya con la mirada baja, en plena travesura, soltando zascas en voz muy bajita. Lo bueno de Mario es que la gente aprende divirtiéndose. Su ironía no es cruel, sino parabólica: “aprende de los otros, melón, no repitas sus errores”, viene a decir.

(Días después, leyendo su libro en el metro, me paran para apuntarse título y editorial. Es gente con miedo y con ganas, y les recuerdo una frase de Sara, hija de Jesús Maraña: “al miedo se le puede vencer con un arma que es el conocimiento”).

El Óscar a la mejor margarita goes to…

Ganó el Atleti en el Bernabéu y yo quería celebrarlo en casa, pero… me sacan para una primera vez. Primera vez con margaritas. Me las recetaron como terapia contra el oxímoron de un artista gélido. Desconfiad de cualquiera (actor, escritor, pintor, músico) que pretenda hacer arte sin entrega, sin despeinarse, sin sangrar. Es un fracaso seguro.

(El fracaso de un narcisista es como aquello de la verdad: “nunca es triste, lo que no tiene es remedio”).

El domingo Spotlight gana el Óscar a la mejor película en unos premios muy literarios. La chica danesa, El renacido, Brooklyn, La habitación y El puente de los espías nacieron como libros.

La segunda edición

Mi madre se queja por whatsapp. Mi novela todavía no está en El Corte Inglés de su barrio (mi madre es su mejor clienta, señores, ¿qué les cuesta?). Le copio sin pensar un whatsapp de la editorial: “llega mañana al Corte y en sólo diez días ya hay segunda edición”. Mi madre se relame satisfecha, yo sigo trabajando.

Hemos pasado el día dedicados al cine, pero un poco abrumados porque dos sofás más allá Daniel Calparsoro desborda talento. Saludamos a los periodistas que lo entrevistan y nos confirman que su peli es muy buena (“va a romper taquilla”). Yo me quedo enganchada al título (Cien años de perdón), perfecto para este debate de investidura en el que suenan más reproches al pasado que proyectos de futuro. ¿Nos perdonarán dentro de cien años?

No creo. Pero ya no escarbarán en la Wikipedia en busca de citas arrojadizas (¡Toma un Churchill! ¡Calla, que te suelto un Machado!).

Vuelvo a mi reunión y recojo: he quedado con una niña extraordinaria que, justo hoy, va a darme una lección. El futuro sí existe: tiene siete años, y es mejor.
LA AUTORA


3 Comentarios
  • 3 Ciro2 05/03/16 20:15

    Pronto habrá cambio de nombre: El Corte Qatarí. Y qué poco se piensa en el sentido del nombre. El Corte Inglés, nunca interioricé, pese a la evidencia de su raíz, qué pudiera significar. Con el nuevo será más fácil. El capital lo explica todo y se entiende a la perfección, sobre todo si eres pobre.

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  • 2 cabare 05/03/16 17:51

    Mejor que como periodista informes a tu madre, por lo menos: El Corte Inglés lo lleva crudo, ya tiene capital catarí y se dedica a deshacerse de inmuebles y de trabajadoras.

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  • 1 Irenepaz 05/03/16 15:32

    Palabras cargadas con futuro, buena suerte Paloma. Un saludo 

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