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    <title><![CDATA[infoLibre - Joaquín Jesús Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/joaquin-jesus-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Joaquín Jesús Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La Malinche y otros peligros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/malinche-peligros_129_2193656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Malinche y otros peligros"></p><p>Enfermedades ratoniles, barcos lazareto y trifulcas en el virreinato. Disculpe, <strong>¿en qué siglo decía que estábamos?</strong> Conste, no tengo problemas en regresar a la baja Edad Media: un tiempo más civilizado, en el que tenías que hacer algo gravísimo para que te mandasen a dar tumbos por el océano. Galeote por cuenta propia, válgame el señor: aquagym, hantavirus y piña colada, oferta imbatible. </p><p>Eso sí, déjenme el wifi. Lo mismo pensará Clavijo, célebre aficionado al ChatGPT. <em>Eppure nuota</em>, viva la rata andina: el Michael Phelps de los roedores. Con tanto desasosiego, un rumor pululó entre las gentes prudentes: hay que minimizar riesgos. ¿El napalm? Desinfectante eficacísimo. A las ocho, aplaudimos a los artificieros y a otra cosa. Que impere la cordura, que no es para tanto: según leo, todo ha sido una maniobra del sanchismo para autorreivindicarse. Camarada, o nos gobierna un fatuo o el presidente es un titán capaz de desatar una guerra biológica para subir en las encuestas: hay que escoger. En fin, que el desembarco fue como la seda y <strong>nos hemos quedado sin contenido pandémico</strong>. Con lo entusiasmados que andaban los periódicos dando el minuto y resultado. ¡Última hora! Se acerca la embarcación ponzoñosa. ¡Extra! Ya se divisan cuatro jinetes en el horizonte. </p><p>A Ayuso la maniobra le ha pillado en las provincias de ultramar. ¡Lo que hubiese disfrutado enredando! <strong>Enésimo paseíto a cuenta del contribuyente para beneficio de algún esmerado empresario.</strong> El plan es una de esas lindezas que si no las ves no las crees. Sombrero de mariachi, bigotón postizo y antes de que llegásemos nosotros todo esto era campo y sacrificios humanos. Inexplicablemente, mearse en todas y cada una de las reglas de la más elemental diplomacia no ha servido para embelesar a los aborígenes. Tendría que haber probado el método tradicional: cambiar oro por espejitos y contagiarles la viruela. </p><p>Hernán Cortés, justo entre las naciones; México, un país de chichinabo. ¿El metro de Madrid? Lleno de malinches. Agradeciéndole la deferencia, sus anfitriones entonaron el "bueno, tendrá usted que irse, que esta gente se quiere acostar". Para capear el bochorno, la presidenta ha pisado el acelerador: la internacional socialista (Sánchez y Sheinbaum, ¡las SS!) anda boicoteando su cruzada por la libertad. Lo transcribo, porque es de no creer. "El gobierno, el de México y el de España, me han puesto en peligro a mi equipo y a mí. […] Ha habido centenares de políticos asesinados. Es un país sumido por el narcotráfico (sic), y muchos de los estados son directamente gestionados por el narco. Es un país profundamente violento y peligroso". Caramba, qué ganas de pasar unos diítas en la Riviera Maya. </p><p>Con todo, la moza alargó estancia. Ole el arrojo torero. <strong>A MAR, me cuentan, no hay quien lo amedrente mientras el resort tenga existencias</strong>. "Estaban buscando cómo volver", ha declarado un vocero. Todo el fin de semana dándole a los margaritas y buscando en la web de Booking, qué infierno. Con semejantes andanzas, no creo que Nacho tarde en parir una segunda parte de su célebre musical. "500 años después: la venganza". </p><p>Para rematar el <em>revival</em>, <a href="https://www.infolibre.es/economia/enrique-riquelme-hombre-sacado-quicio-florentino-acerca-sanchez-galan_1_2192717.html"  >ha comparecido Florentino</a>, que es lo más parecido a un señor feudal que tenemos. A él también lo asedia la prensa, los poderes fácticos, el antimadridismo y la chochez. Tras el esperpento, comentaristas sensatos han elevado una rogativa: el Real Madrid es más importante que cualquiera de sus dirigentes. ¡La institución debe prevalecer! La otra mañana, un tertuliano creía percibir trazas de sanchismo en el desbarre del plutócrata. Don Pedro ha envilecido tanto la conversación pública que hasta el Madrid está a punto de colapsar. Ya quisiera el presidente parecerse a las fantasías de sus adversarios. </p><p><strong>Postdata</strong>: El domingo, elecciones andaluzas. En una astuta jugada, <strong>Juanma Moreno ha despachado el asunto de los cribados con el fantasma de su padre, fallecido por un diagnóstico tardío</strong>. Como palmó el mío, que se prepare el tuyo. No creo que el cinismo le penalice, Madrid es el ejemplo: los deudos, votando al matasanos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 17:25:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La Malinche y otros peligros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Claudia Sheinbaum,Viajes]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/daniel-jacoby-galeria-maisterra-aves-mal-aguero_1_2193315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/806c2bbc-d7a4-4909-8207-c3e078b8e86d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero"></p><p>"Los clubes elegantes", escribe Bourdieu, "protegen su homogeneidad sometiendo a los pretendientes a unos procedimientos muy estrictos: acta de candidatura, recomendación […], pagos de derechos de entrada a veces extremadamente altos. En realidad, <strong>sería inútil tratar de determinar si las reglas formales que sirven sobre todo para proteger al grupo frente al exterior</strong> —no tanto frente a las otras clases, excluidas de antemano, como frente a las otras fracciones de clase o frente a los advenedizos de la propia fracción— están hechas para disimular la arbitrariedad de la elección o si, por el contrario, <strong>la arbitrariedad pregonada, que deja a un tacto indefinible el cuidado de la elección</strong>, está hecha para disimular las reglas oficiales".</p><p>Recordé esta cita de <em>La distinción </em>mientras veía <em>Gallinazo</em> (2026), el vídeo que vertebra la exposición <a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><em><strong>Cathartes</strong></em></a><a href="https://maisterra.com/exhibitions/55-daniel-jacoby-cathartes/" target="_blank"><strong> de Daniel Jacoby (Lima, 1985) en la galería Maisterra</strong></a>. La pieza escoge un mismo emplazamiento —un club, con sus sombrillas de paja, sus tumbonas adocenadas, sus personajes bronceados y sus embarcaciones de pitiminí— como escenario de un relato diacrónico: <strong>tres etapas de la vida del narrador y las andanzas de un naturalista europeo empeñado en clasificar la flora y fauna de aquella provincia alejada del imperio.</strong></p><p>"Un lugar. El mismo lugar. El mismo lugar al que viniste ayer, anteayer y el día anterior. El mismo lugar al que has venido casi diariamente desde que tienes uso de memoria". La salmodia hace de preámbulo en cada episodio: la niñez idílica, la juventud y sus azares y la madurez,<strong> momento en que descubre la presencia ominosa de un gallinazo, un ave carroñera cuya aparición desconcierta a los burgueses</strong> (el avistamiento coincide con el desclasamiento del protagonista, que regresa como <em>invitado</em>). Después, la narración se retrotrae unos siglos. Recién desembarcado, un botánico se desploma en la playa. <strong>En su agonía, recibe la visita del dichoso buitre americano </strong>(otro de los nombres con los que se conoce al pajarraco). Vendrá a devorarme, se dice el estudioso; pero el ave despliega una facultad inesperada y neutraliza las toxinas que enferman al erudito.<strong> "No se alimenta de la muerte, sino que la purifica"</strong>. (¿Qué será eso?). Sorprendido por el hallazgo, el naturalista se entristece: querría enmendar la descripción de la especie, pero sus notas ya viajan rumbo a Europa y el malentendido quedará fijado en la bibliografía científica.</p><p>Con un montaje ambiguo, en el que se entremezcla el punto de vista del narrador con el del pájaro, <strong>el vídeo de Jacoby explora, mediante la reiteración y la metáfora, las fricciones que los caprichos de la burguesía</strong> (la playa privada, el velerito, la grosera reproducción social del capital) causan: una membresía que valga la pena debe ser exclusiva; es decir, debe negársele a muchos. Y es ese límite, necesariamente existente,<strong> el que se hace evidente cuando aparece en escena </strong><em><strong>algo que no debiera estar aquí</strong></em>; algo que, como sucede al final del metraje, nos arrastra a <em>las afueras</em> con él.</p><p><em>Cathartes</em> (el título está tomado de la taxonomía del animal) <strong>también puede leerse como una réplica a </strong><em><strong>Los gallinazos sin plumas</strong></em><strong> (1955)</strong>, célebre cuento de Julio Ramón Ribeyro protagonizado por dos chiquillos a los que su abuelo obliga a recolectar basuras —de los contenedores de los barrios ricos y en los vertederos— <strong>con los que alimentar al voraz cerdo familiar</strong>, único destinatario de los desvelos del viejo, al que acabará merendándose. También los niños actúan en un ámbito fronterizo: <strong>"la hora celeste",</strong> <strong>las inmediaciones del alba en la que los noctámbulos corren a casa "envueltos en sus bufandas y en su melancolía"</strong> y las beatas "se arrastran" hasta las iglesias buscando su dosis de espiritualidad. La exposición se completa con un conjunto de cinco esculturas de bronce que representan —muy libremente— al pájaro de marras. El display es decididamente efectista: <strong>instaladas sobre pedestales elevados, un foco las ilumina teatralmente</strong>. Además, el interior de la galería está forrado con rafia azul.</p><p>Aunque la propuesta de Jacoby me resulte interesante (especialmente el vídeo, no sé qué tal funcionarían las esculturas sin tanto artificio), <strong>me pregunto en qué clave propone el artista que leamos su obra</strong>: en si, al llenar el burguesísimo espacio de la galería (de esta o de cualquiera) con rapaces aficionadas a los desechos, está emparentando al visitante con los socios de aquel club tan <em>fancy</em>. <strong>Esta osadía me parecería elogiable</strong>. Porque, por más que en su relato el gallinazo sea un ave prodigiosa, en la naturaleza (y sin literatura) actúan como cualquier buitre.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 04:00:52 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Daniel Jacoby en la galería Maisterra: aves de mal agüero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La abuela Angelita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/abuela-angelita_129_2190400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joaquín Jesús Sánchez"></p><p>Se había dejado un armarito con lecturas preparadas. Si le gustaba un artículo, arrancaba la página y lo echaba al montón. "Así, cuando no pueda salir de la cama, no desperdiciaré el tiempo con tonterías". El plan era ingenioso, pero<strong> no contábamos con la demencia, que es enemiga de la lectura</strong>.</p><p><strong>El domingo por la mañana murió la abuela Angelita, heredera de un imperio invisible</strong>. Su madre recitaba de memoria el estadillo de las fincas que habíamos perdido, trastada a cuenta de un matrimonio poco provechoso. Fue sobrina de un conde inverosímil, hija de un zapatero remendón y nieta de una señora corajuda y benigna, que le espantaba los pretendientes dando cerrojazos y dejando caer macetas. Todos ellos, como fantasmas amables, vinieron a acompañarla durante sus últimos años.</p><p><strong>Era devota de la virgen de Fátima y aficionada al bacalao</strong>. Compraba el <em>ABC </em>para maldecir a Antonio Burgos (luego la tomó con De Prada); jamás cambió de periódico, no por ideología (ella era de Felipe) sino por la grapa. Le gustaba robar esquejes, la copla, el café denso, las piedrecitas y las conchas, los cacharros de cerámica, las películas de los hermanos Marx y la sidra del Gaitero. <strong>Detestaba el verano y las matemáticas</strong>. Dejó el colegio para ganarse el jornal cosiendo al gusto de los señoritos y perteneció a esa generación semiescolarizada cuyos hijos lograron ser funcionarios. La casa donde vivieron la construyó mi abuelo.</p><p>Me regaló mi primer poemario (el <em><strong>Romancero gitano</strong></em>, edición de Cátedra) una vez que me dejaron a su cuidado. Me dijo que ese hombre escribía muy bien y que lo habían matado en la guerra. Yo tendría seis años, pero recuerdo que al dármelo chapurreó que "el río Guadalquivir va entre naranjos y olivos; los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo". Siempre alentó mis inquietudes literarias. El día que me licencié me acompañó a la facultad porque quería escucharme, ya que mis compañeros me habían encomendado el discurso de colofón. "Yo no he entendido lo que has dicho, pero hay que ver lo bien que habla mi niño". La primera vez que me publicaron en papel (lo del digital nunca terminó de creérselo) cogió el suplemento con tanto entusiasmo que pensó que yo lo había escrito entero. "Mamá, el artículo de tu nieto está en la página 54". <strong>"Ay, con razón decía: hay que ver lo parecido que escribe el niño a Pérez-Reverte"</strong>.</p><p>Toda su vida perseveró en la alegría. "Cada vez estoy más vieja, más fea y más chica; coñe, ¿además quieres que llore?". Tuvo el don de la indulgencia y la virtud de la esperanza. Llenó su casa con flores y estampas; y todos los que se sentaron a su mesa —que fueron muchos— se levantaron al filo del empacho. <strong>Reía con la cara iluminada y las carcajadas hacían que se le moviese la barriga</strong>. Unos días antes de que todo se precipitase, mi padre me envió un vídeo en el que se la ve cantando <em>Y sin embargo te quiero</em> al modo de la Piquer. "Es bonito, ¿verdad?", pregunta al terminar. Mucho, abuela.</p><p>Desde que la enterramos vengo preguntándome si escribirle un obituario: mi columna es de chascarrillos y no quiero importunar a nadie. Al final me he animado, aunque solo sea por dejar su nombre en la hemeroteca, donde compita con el de los poderosos y les gane. <strong>Que nadie rechiste, o se levantará el sepulcro y se defenderá a capones</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 17:24:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La abuela Angelita]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Qué está pasando con la Bienal de Venecia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/pasando-bienal-venecia_1_2189798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/90e08716-da72-4909-b232-17e3074a0e13_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué está pasando con la Bienal de Venecia?"></p><p>Aunque su inauguración está prevista para el 9 de mayo, hace días que tenemos noticias sobre qué encontrarán los visitantes de la sexagésima primera edición de la <strong>Bienal de Venecia</strong>. Lo sabemos, claro, porque no hay director de museo, jefe de suplemento, comisario de renombre, galerista con posibles o coleccionista ambicioso que no haya desembarcado en la ciudad de los canales a comienzos de semana para asistir a los fastos previos a la apertura oficial. En el mundo del arte vale la consigna de la granja: "Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros".</p><p>La Bienal es un evento singular. Fundada en 1895, su estructura responde a una concepción nacionalista del arte: cada país participante tiene un pabellón (una <em>embajadita</em>) desde el que mostrar al mundo las excelencias del arte patrio. El modelo, como sospecharán, viene mostrando fatiga de materiales desde hace décadas, aunque sus patologías parecen haberse agudizado en esta edición a causa de una tormenta perfecta. Al inesperado fallecimiento de <strong>Koyo Kouoh</strong>, comisaria encargada del pabellón central (exposición considerada el <em>plato fuerte</em> del programa), se le han sumado otras deserciones imprevistas: la<strong> incomparecencia del representante iraní </strong>(anunciada este lunes) y la <strong>dimisión en pleno del jurado que debía conceder el León de Oro </strong>—premio autóctono al mejor pabellón— acontecida nueve días antes de comenzar el evento. ¿La razón? <strong>Sus miembros se negaron a valorar las propuestas de países sobre cuyos líderes pesan órdenes de detención emitidas por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad</strong>. La objeción fue desechada por el presidente de la organización, <strong>Pietrangelo Buttafuoco</strong>, escritor de querencias extremoderechistas y autor de la edificante novela <em><strong>Los cinco funerales de la señora Göring</strong></em>, donde se narra la preciosa historia de amor entre el <em>reichsmarschall</em> y su primera esposa. Entre los jurados dimisionarios figura, por cierto, una española: <strong>Elvira Dyangani Ose</strong>, directora saliente del MACBA y reciente fichaje de la Bienal de Arte Público de Abu Dabi, conocido paraíso de los derechos humanos.</p><p>La controversia ha sido respondida por los aludidos con los resortes habituales. Lloriqueos del representante israelí ("Deberían tratarme como a un artista en igualdad, y no deberían discriminarme por mi raza, por ser judío, ni por mi nacionalidad o pasaporte. Tienen que verme como soy. Soy un artista que quiere mostrar su arte, y tengo derecho a ser evaluado") y la defensa de Rusia por la boca ajena del propio Buttafuoco, a quien la inclusión de los enviados de Putin (recordemos, esto es un certamen de propaganda nacional con barniz artístico) le parece una oportunidad maravillosa para celebrar la libertad artística. La jugada no parece haber causado mucho entusiasmo ni en el Gobierno italiano ni en la Comisión Europea, que ha amenazado con retirar la subvención millonaria que presta para su mantenimiento.</p><p><strong>Ninguna de estas polémicas parece haber desanimado a los convidados a la fiesta</strong>, que se están dejando fotografiar con el entusiasmo acostumbrado por los Giardini y el Arsenale (lugares en los que se emplazan los pabellones) y a través de cuyas publicaciones en redes sociales nos enteramos de que, por ejemplo, los austríacos han llevado una propuesta en la que una mujer se cuelga del interior de una campana para alertar —tolón tolón mediante— de la subida de los mares que, a cuenta de la crisis climática, terminará por sumergir la ciudad. El repiqueteo se completa con otra performance en la que <em>performers</em> desnudas bucean en un tanque lleno con orina reciclada proveniente de las vejigas de los visitantes: "Una metáfora de un orden global que deja a los vulnerables como residuo del poder". Imagino que el requiebro habrá conmocionado a los tantísimos VIPs que estos días atiborran una ciudad apolillada por el turismo (por más de pitiminí que sean sus visitantes): seguro que la huella de carbono que han causado entre todos de camino a la cita ineludible (también la de Florentina Holzinger, encargada de este proyecto agitaconciencias) les habrá quitado el sueño, por más mullidas que sean las almohadas en los hoteles multiestrellados.</p><p>Suma y sigue. Al pabellón ruso han respondido las <strong>Pussy Riots y Femen</strong>, cantando con el dedo levantado al grito de <strong>"Disfruta del show e ignora el mundo"</strong>. Combatir el espectáculo espectacularmente, apagar el fuego con fuego. Pero quedan esperanzas: cuando parecería que el modelo está al borde del colapso, nos enteramos de que hay nuevos candidatos para apuntalarlo. El Gobierno vasco está esforzándose por conseguir su propio espacio, privilegio del que ya gozan los representantes catalanes. Con tantas buenas intenciones podemos augurar una larga vida al bienalismo, quintaesencia del noble quehacer del bombero-pirómano.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 04:00:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Venecia,Cine]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/aurelia-munoz-reina-sofia-retrospectiva-sesgada_1_2186429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e099890-0540-40e8-80ba-368e4fa27819_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada"></p><p>Coincidiendo con el centenario de su nacimiento (qué nos gusta una efeméride), el Reina Sofía acaba de inaugurar <strong>“la retrospectiva más ambiciosa” </strong>jamás dedicada a Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011). La muestra, coproducida con el MACBA, <strong>podrá visitarse hasta comienzos de septiembre</strong>, fecha tras la cual emprenderá viaje hacia el museo barcelonés.</p><p>En su planteamiento, <em>Entes</em> es una exposición conservadora: propone un repaso cronológico y temático por las distintas etapas del trabajo de Muñoz a través de un centenar y medio de obras, <strong>dispuestas en un recorrido en el que se alternan trabajos monumentales con otros más discretos</strong> (como maquetas, dibujos o fotografías producidas como documentación de sus procesos artísticos).</p><p>La propuesta comienza con una selección de tapices fechados en las inmediaciones de la década del sesenta, muy deudores de una estética medieval (la artista, leemos, sintió una revelación frente al tapiz de la Creación de la catedral de Girona), <strong>del estilo de Paul Klee y del constructivismo de Joaquín Torres-García</strong>. Tras estos trabajos –de un colorido magnético y de una composición elegantísima–, Muñoz iría desligándose paulatinamente de una concepción del textil como “pintura de aguja” hacia una decidida tridimensionalidad –aquí llamada “escultura anudada”–: <strong>volúmenes formidables armados con fibras trenzadas que levitan en mitad de la sala</strong>.</p><p>En los ochenta, la artista concibió su gran serie de los <em>pájaros-cometa</em>: <strong>unas esculturas “voladoras” cuyo perfil recuerda a ciertos dibujos de Leonardo </strong>y que, suspendidas, transmiten una gracilidad embaucadora. La muestra incluye la reconstrucción de algunas de las maquetas preparatorias (los originales se perdieron), elaboradas para la ocasión por el taller de conservación y restauración del MACBA siguiendo la documentación existente sobre ellas (que por más que sean reproducciones, son maravillosas). <strong>Finalmente, la exposición concluye con un conjunto de piezas realizadas en papel</strong>: dibujos, exploraciones formales en torno a la idea de libro (algunos, con las páginas abiertas como si fueran un gran erizo; otros que saltan por los aires; e incluso algunos que, desencuadernados, exhiben sus pliegos formando como una barrera)<strong> y ejercicios en los que las páginas –rasgadas y pintadas–</strong> adquieren el aspecto de una escama o el del cuerpecito de algún animal marino.</p><p>La pertinencia de una exposición como <em>Entes</em> <strong>parecería estar fuera de toda duda</strong>. Y no es porque Aurèlia Muñoz necesitase ningún “rescate” (afición institucional un tanto odiosa, casi tanto como la de ufanarse por apuntarse “la primera exposición” de alguien): <strong>durante su vida, la artista gozó de una notable atención </strong>(considerando, claro, las limitaciones impuestas que sufrían las mujeres de su época). Por ejemplo, sus <em>pájaros-cometa</em> se mostraron en una exposición individual acontecida en el Palacio de Cristal. <strong>Tras su muerte, su obra tampoco ha dejado de mostrarse</strong>, valga mencionar la colectiva en la que la incluyó el MoMA, que guarda algunas de sus piezas en colección. También el contexto patrio, <strong>la galería madrileña José de la Mano,</strong> le ha dedicado un par de muestras en los últimos años. Con todo, y teniendo la percha del redondísimo cumpleaños, se agradecen las pretensiones de una retrospectiva que logra, capítulo a capítulo, ofrecernos <strong>una buena selección de obras articuladas en capítulos redondos y accesibles</strong>: lo aéreo, lo marino, la escultura anudada, el taller y los libros.</p><p>Más preocupante me parece, sin embargo, <strong>el indisimulado entusiasmo que trasluce en los textos </strong>que instruyen al lector en cada una de estas secciones, porque pareciera que los comisarios (Manuel Cirauqui, Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, hija y responsable del archivo) prefieren ejercer como admiradores. Algunos apuntes son claros a este respecto: la artista se nos presenta como alguien <strong>“autodidacta e intuitiva”</strong> que, sin embargo, estudió técnicas textiles en la Escuela Massana de Barcelona; o que desde joven “mostró una profunda sensibilidad hacia la naturaleza” y<strong> hacia “los derechos vitales” de las piedras, las aves o los árboles</strong>. Los “bordados de los años setenta reinventan la pintura”, suma y sigue. Luego, la cosa empeora: hay esculturas anudadas que “desafían la noción de unidad ontológica” y otras que (uno diría que como cualquier obra geométrica) <strong>conforman una “cosmología poblada por figuras plurales sin género definido que desafían el binarismo”</strong> y otras que, como “personajes a medio camino entre lo humano y lo animal habitan un espacio interespecie”. Por buena que sea, <strong>no se me ocurre ninguna obra que pueda estar a la altura de semejantes exigencias metafísicas.</strong></p><p>Además, la documentación y las cartelas establecen machaconamente en una doble aurificación de las piezas: la artista no solo hizo el objeto, también los materiales que lo componen. Aquí y allá se nos insiste:<strong> “papel hecho a mano por la artista”,</strong> <strong>“cuerdas teñidas por la artista y guijarros”</strong>, suponemos que encontrados por otros. Esta fetichización de los procesos contrasta con una de las consignas que atraviesan el planteamiento curatorial: la de que el trabajo de Aurèlia Muñoz “<strong>trasciende con creces los ámbitos del arte textil</strong> y la artesanía contemporánea”, condición que debe parecer pobre a los comisarios salvo cuando los mismos métodos de colado o teñido son realizados por un artista capaz de transmutarlos.</p><p>Ya ocurrió con la exposición de Maruja Mallo, cuando nos la presentaron como una señora con querencias <a href="https://www.instagram.com/reels/DQt21_qjdxV/" target="_blank">“ecofeministas”</a>. Entiendo el noble afán de vincular a artistas a los que admiramos con<strong> preocupaciones del presente para así mantenerlos vigentes</strong>, pero en pocas ocasiones esto funciona más allá de la consigna publicitaria o de la interpretación interesada. En una entrevista reciente, Ventosa reconocía que su madre jamás se había considerado feminista, por más que le podamos suponer tal ideología. <strong>Ignoro si le interesó la gresca ontológica, pero sospecho que tanta farfolla nos distrae del verdadero potencial plástico </strong>y semántico que se despliega, eso sí, en la pura materialidad de su obra. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 04:01:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Aurèlia Muñoz en el Reina Sofía, una retrospectiva sesgada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gresca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/gresca_129_2186825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gresca"></p><p>La noticia de la semana ha venido por triplicado. <strong>Otro yanqui ha intentado liquidar al presi</strong>. Les das armas, les niegas la cobertura de salud mental y sucede la magia. «Violencia política», sapristi. En todas las provincias del imperio, los redactores tocan a zafarrancho: ¡Gran suceso en la metrópolis! ¡Llamad al hermeneuta!</p><p>Como soy vicioso, me los he zampado todos. Que si matan más los capuletos o los montescos (los extremos se tocan, blablablá) y, oye, no nos pongamos tan estupendos, que aquí al Gobierno lo «apoya la ETA» (sic). Uno diría, valorando la historia reciente (¡inmediata!) de los Estados Unidos, que lo más recomendable es que se liquiden entre ellos. Mira que si no balean al prójimo. ¿El magnicidio? <strong>Venerable tradición de cualquier república bananera</strong>. De esas en las que reeligen presidente a un fulano cuyos simpatizantes —gente sensatísima, de la que se disfraza de bisonte— tomaron el Parlamento.</p><p>Los tertulianos, sobrepasados entre el currículo del maestrillo justiciero y los sesudos análisis del dispositivo de seguridad (cada español lleva dentro un seleccionador y un fan de esas películas en las que los libios asaltan la Casa Blanca), no han tenido un segundillo para comentar que en Mali le han dado matarile al ministro de Defensa. Y a la primera, oiga.</p><p>Será la primavera, pero un frenesí homicida se respira en el ambiente. Que se lo pregunten si no a los afiliados de Más Madrid, que se fueron de verbena y acabaron en un rosario. De la aurora. Gran trifulca en los bajos de la tabla: «moniquistas» contra «emilistas», probablemente la contienda más estéril desde lo del Cantón de Cartagena. <strong>Como campo de batalla, el plató de Ferreras</strong>. «Es muy burdo, voy con ello», qué alipori. Pelea en el barro entre los cabecillas del Frente Popular de Judea, nada más movilizador.</p><p>Mientras tanto, la famélica legión mastica corchopán. Decayó el decreto que prorrogaba los alquileres y se avecina «la inseguridad jurídica». ¡Uuuuuuh! Pobres caseros, los tenemos en un sinvivir. En el hemiciclo, sus señorías le pisaron el gaznate a esos <strong>peligrosos bolcheviques</strong> que anhelan vivir bajo techo. ¡Una jauja! Desde la tribuna de invitados, una señora gritó al respetable: «Haced algo ya, coño». Los diputados, tristemente, no se dieron por enterados, así que lo mismo hay que obligarlos.</p><p>El próximo 24 de mayo hay convocada una manifestación por el derecho a la vivienda. Exigencia constitucional, para que luego nos llamen levantiscos. Viendo que nuestros augustos representantes no sienten nuestras angustias, convendría comunicárselas. ¡Un ejercicio de empatía! Puede que, al enseñarles qué son los sudores fríos, el miedo y la vulnerabilidad, se vuelvan más comprensivos. No por intimidarlos, conste, ¡sino por explicarnos! Lo mismo, a fuerza de pisar moqueta, la electricidad estática les ha fundido los plomos (el electroshock más burgués de la historia). No creo que sean malas personas: seguramente, entre el sueldazo y el ujier, <strong>habrán olvidado lo mal que se vive aterrado</strong>. No le encuentro un pero, así que aquí mi propuesta; un esfuerzo pedagógico, coordinado y continuado en favor de una reclamación fundamental: las casas son para vivir en ellas.</p><p>Nogueras, me lo copia usted cien veces. Y con buena letra.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 17:25:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La gresca]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Las cosas, por su nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/cosas-nombre_129_2183315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Joaquín Jesús Sánchez"></p><p>La de problemas que nos han traído los rotulitos: desde la crisis del nominalismo hasta los juicios de Núremberg. Allá vamos otra vez: ni ha medianeado el siglo y un nuevo engendro retórico se yergue sobre el horizonte. <strong>La "prioridad nacional", sapristi. Imaginen a las lumbreras de Vox estrujándose las meninges en el parto de los montes</strong>. "—¿Solución final?". "—Creo que tiene mala prensa". "—¿Putos moros?". "—Vamos a darle otra pensada".</p><p>Los españoles primero, antiquísimo espantajo para tener a los pobres peleándose entre ellos. Querellas de hidalguía en las colas del hambre, un planazo para echar la mañana. Con todo, qué tiempos burdos para la ultraderecha en los que hasta las amenazas están de saldo: el turco, de Lepanto a las paguitas. En fin, que esa organización fundada por una señora cubana, otro medio belga y un tal Ortega-Smith (de los Smith de Albacete, de toda la vida) se ha propuesto boicotear la regularización de migrantes quitándole las subvenciones a las oenegés que atiendan a migrantes. <strong>"Prioridad nacional": déjalos que se ahoguen</strong>.</p><p>Cosas veredes: la derecha de caballo y reclinatorio incluyendo a Cáritas en la lista de enemigos de la patria. "Viven del negocio millonario de la inmigración". Los obispos no dan crédito, "que soy compañero, coño". Monseñor Mazuelos, mitrado canario, ha salido al paso recomendando a los del por Dios y por España una semanita en cayuco, que viene de perlas para entrenar la empatía.</p><p>La treta, que podría haberse quedado en las cochiqueras de la organización ultraderechista, ha cogido vuelo gracias al partido de las <em>golden visa</em>, que necesita a los bracito tieso para las componendas autonómicas. Fuentes populares repiten con la boca chica que no hay que preocuparse, que son excesos de los del morrión y la cruzada. Menos mal que no lo ha propuesto Bildu, que si no la teníamos.</p><p>Por suerte ha vuelto Mariano, el tautológico, para distraer a la concurrencia. "Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe, y luego cada uno me llama como quiere". La pregunta le viene por las anotaciones de Bárcenas, donde figuran todas las permutaciones posibles de su nombre y apellidos: qué mina para el juez Peinado, lástima que esté ocupado con la enésima pesquisa sobre Begoña.</p><p>La <em>Kitchen</em>, leo en las cabeceras sensatas, es agua pasada, no como lo del hermano de Sánchez, que quita el sueño a la Interpol. ¿A quién le puede importar que el ministro del Interior y la secretaria general del pe pé apañasen una trama policial para ocultar la financiación ilegal del partido del Gobierno? <strong>Quita, quita, y cuéntanos más de ese </strong><em><strong>software</strong></em><strong> que usan en la Complutense</strong>.</p><p>Para rematar el sainete, vino María Corina a ser condecorada. <strong>No hay supervillano en cuya pechera no resplandezca la Medalla de Oro de Madrid</strong>. La doña, que tampoco es presidenta porque no quiere, deseó que en España hubiese pronto unas elecciones irreprochables. La sala, atestada de patriotas y exilados de chequera generosa, aplaudió entusiasmada semejante escupitajo a nuestro Estado de derecho. ¿Recuerdan aquella vez que Hugo Chávez dijo media y el rey le saltó a la yugular? Por más que busco, no encuentro ahora el telegrama de Zarzuela.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 04:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las cosas, por su nombre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artista, diga “patata”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/artista-diga-patata_1_2182708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/130620c1-e733-4429-8c62-04052b2eed0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Artista, diga “patata”"></p><p>En 1827, Joseph Nicéphore Niépce arrimó una cámara oscura a una ventana. Quitó la tapa del objetivo y dejó que el invento funcionara ocho horas. Al terminar, extrajo de su interior una placa metálica recubierta de betún. Sobre su superficie, la exposición prolongada había fijado el perfil de unos edificios y un paisaje brumoso.</p><p>Puede que la foto en cuestión (<a href="https://fr.wikipedia.org/wiki/Point_de_vue_du_Gras" target="_blank"><em>Point de vue du Gras, en francés todo sueaa chic</em></a>) no impresione mucho, pero créanme: <strong>esa imagen imprecisa y fantasmagórica cambió para siempre la historia del arte</strong>. Algunas de sus consecuencias son más o menos evidentes: al disponer un nuevo invento capaz de retratar marquesas y burgueses, los pintores se vieron liberados de la tediosa tarea de fijar el rostro de los poderosos para la eternidad y pudieron dedicarse a sus experimentos. Pero, sobre todo, la popularización de la imagen fotográfica supuso un doble cambio en el régimen de la visión. De una parte, porque la cámara (cuyo "modo de ver" se parece bastante al del ojo humano) destapó un engaño que las bellas artes habían practicado durante siglos: <strong>el mundo no está tan enfocado como en los cuadros de Brueghel o Velázquez</strong>. De otra, porque la fotografía amplió los márgenes de lo representable: pobres, lugares destartalados y hechos intrascendentes se sumaron al repertorio de fotógrafos aficionados y profesionales. </p><p>Como imaginarán, los artistas del siglo XIX se pirraron por esta novedad técnica, y ellos mismos se apresuraron a colocarse frente a cuanta lente encontraran. Una<strong> exposición en el Museo del Prado</strong> recupera algunas de estas imágenes, procedentes de los fondos del museo. <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/el-universo-del-artista-ante-la-camara/b581a759-4ab0-b459-f3d4-8168c84923f2" target="_blank"><em>El universo del artista ante la cámara</em></a><em>: retratos, estudios y creación artística en la segunda mitad del XIX y primeras décadas del XX</em> da lo que promete el título: multitud de pintores haciendo de sí mismos, con poses en general afectadas o calculadamente contestatarias. Algunas tienen detalles entre tiernos e irritantes, como la enorme aglomeración de personajes retratados en el gabinete de Ángel Alonso Martínez, en el que un montón de señores con cara solemne posan junto a una reproducción del <a href="https://www.museivaticani.va/content/museivaticani/es/collezioni/musei/museo-pio-clementino/Cortile-Ottagono/laocoonte.html" target="_blank">Laocoonte</a> y unos pinceles: que se note el oficio (en el marco de papel, alguien ha dibujado la pose de Raimundo Madrazo, para que se le distinga). </p><p><strong>La excentricidad de estos bohemios es otra de las constantes de la exposición</strong>, como evidencia el grupito de artistas españoles retratados en Roma, que alternan sombreros de copa con túnica, capucha y boina; o esa tarjeta en la que los pintores Jaime Morera y Agustín Lhardy salen disfrazados de cocineros. </p><p>Más allá de la foto grupal, el otro gran asunto de la muestra es el tema de "<strong>el artista en su taller</strong>", tropo bien explorado en la historia de la pintura que ahora viene a representarse en la fotografía, sabiendo que la escenografía resultaría más verosímil al que la contemplase porque, como se sabe (y la de problemas que esto nos ha traído) <strong>una imagen vale más que mil palabras</strong>. Concebido hasta bien entrado el siglo XX como una suerte de gruta de las maravillas o una caverna de las musas, el taller del artista debía reunir cuanto artefacto necesitase el artífice para "dopar" su inspiración. Algo así parecen ilustrar las fotografías que componen esta sección: el orientalizado estudio de Fortuny o el gran salón de Madrazo presidido por un globo terráqueo. <strong>Los escultores, sin embargo, prefieren ser cogidos con las manos en la masa</strong>. Así aparece Agustín Querol rematando el frontón de la Biblioteca Nacional, o Miguel Blay. Quizás, la imagen más curiosa y autoconsciente de todas sea la de <strong>la pintora María Luisa de la Riva en su estudio de París</strong>, quien, para reivindicarse contra las acusaciones de "aficionada", se hace retratar rodeada de caballetes, con la paleta cruzada en la mano, el tiento en ristre y expresión ensimismada. </p><p><em>El universo del artista ante la cámara</em> es una exposición diminuta (ocupa apenas la sala 60 del museo, dedicada a estas exhibiciones de los fondos del XIX) pero realmente interesante: <strong>nos muestra un buen puñado de documentos que reflejan bien el espíritu de una época </strong>en la que los modos de mirar, de representar y de ser representado comienzan a cambiar. Un instante en el que señores con bigotes imposibles posan con el semblante de un personaje de Tiziano; mientras, otros tantos, hacen morisquetas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 04:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Artista, diga “patata”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Fotografía,Museo del Prado]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La guerra de Irán es cosa de los reptilianos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/guerra-iran-cosa-reptilianos_129_2179545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra de Irán es cosa de los reptilianos"></p><p>Vivimos tiempos recios. Los estrechos se abren y se cierran con una intermitencia nunca vista; los océanos hierven, una inestabilidad geopolítica que presagia carestías y la inflación engordando enteros. Preocupante, ¿cierto? <strong>¡Pues es todo una engañifa!</strong></p><p>Se lo he oído decir a uno de esos todólogos que llevan gafas de colores. Resulta que la Comisión Europea ha propuesto lo del teletrabajo para subyugarnos. ¡Sapristi!<strong> La medida más tonta de la historia viene cargada de malas intenciones</strong>. “Pretenden que el ciudadano no se mueva y consuma menos”. <strong>Alerta, ¡criptosocialismo sedentario!</strong></p><p>Por lo visto, las “organizaciones supranacionales” (qué nombre de supervillano) acechan como buitres. Los planes están ahí, solo hay que aprovechar el colapso para implementarlos. Imaginen la escena: un despacho oscuro, los magnates encapuchados. De pronto, entra un edecán: “Mis señores, la Tercera Guerra Mundial está a punto de estallar”. “¡Por fin! Llamad a Von der Leyen, es hora de imponer… ¡una jornada semanal de trabajo a distancia!”.</p><p>Embelesado por tamaña revelación (puede que esa mañana no me hubiese tomado los psicofármacos), me dispuse a abrevar en el copioso manantial de la chaladura. Un paseo muy instructivo, atiendan: nos cicatean quintales de información y todo está al borde del colapso. La IA, las reservas estratégicas, los bancos centrales, los flujos mercantiles y la floreciente industria del altramuz. Los vaticinios, eso sí, se repiten cada quincena desde hace cuatro o cinco años; pero el acabose es inminente, ya se lo digo yo.</p><p>Consagrado a estas labores, no tardé mucho en descubrir otro inquietante tocomocho: <strong>la misión Artemis tiene gato encerrado</strong>. ¿Colonialismo espacial? ¿Propaganda yanqui? Mucho peor: <strong>control mental</strong>. Me lo explicaban un chaval con voz de pito y otro argentino que no se aclara con la trigonometría. Según sus averiguaciones, tu cuñado –con una lupa y una kodak– podría haber sacado mejores fotos de la cara oculta; y nadie manda una nave de tropecientos millones solo para tomar unos retratos. No, no, aquí lo que se quiere es reafirmar el engañabobos de la esfericidad terráquea para evitar que el personal vibre en la frecuencia de la dimensión desconocida y olvide definitivamente sus poderes telequinéticos.</p><p>Hará no mucho, uno de esos horteras oligofrénicos a los que Trump ha dado una vicepresidencia afirmó que los marcianos eran criaturas demoníacas y que los ovnis le quitaban el sueño. ¿Y a quién no? La treta es habilidosísima: patadón y vaya usted a buscar la pelota entre la maleza. ¿Sin cita en el ambulatorio? Algo trama el Fondo Monetario Internacional. ¿Enésima carnicería en la Franja? La clásica cortina de humo. Al día siguiente, vídeo ceñudo explicando “lo que nadie te cuenta” y seguimos para bingo. No me extraña que el más célebre cazafantasmas del país coseche tanto éxito en su nuevo formato contestatario y <em>horizóntico</em>. Un día las caras de Bélmez, al otro una trepidante exclusiva: así se hizo detener tal diputado racializado de Podemos. <strong>Los maderos, ¡víctimas de una conspiración globalista e izquierdosa!</strong></p><p>Uno se imagina a los forofos del formato en mitad del apocalipsis. “No te preocupes, no es el ángel exterminador, <strong>es un globo sonda de las élites</strong>”.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 04:00:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La guerra de Irán es cosa de los reptilianos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,conspiranoicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/regina-silveira-perfil-sombra_1_2178912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fa2b4cf3-6982-4bc3-8501-9b53cace84e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Regina Silveira, perfil y sombra"></p><p>En su <em>Tratado de la pintura</em>, <strong>Leonardo da Vinci</strong> dedica un epígrafe a<strong> "las sombras que no concuerdan con el objeto iluminado"</strong>. "Todos los cuerpos envían su semejanza por todo el aire circundante, como es probado por la perspectiva". Aunque la prosa nos suene literaria, el <em>Tratado</em> es un libro esencialmente técnico, que enseña a los neófitos <strong>cómo representar "correctamente" el mundo según las reglas (exactas y matemáticas) de la "ciencia de la pintura"</strong>. El propósito parece benigno, pero hay que desconfiar de cualquier proyecto totalizador. Uno contempla cualquiera de esas ciudades ideales que tanto gustaban en el <em>Quattrocento</em> y se dice: claro, así es el mundo. Pregúntense, sin embargo, cuántas veces han visto que las calles de algún villorrio (por más que lo hayan diseñado con escuadra y cartabón) converjan tan ordenadamente en un punto de fuga. O cuándo se ha topado con un paisaje que se parezca en su estructura al que representan los pintores. La perspectiva (siento ser yo quien les dé la noticia) es, como cualquier otra convención representativa, una imposición sobre el mundo:<strong> una arbitrariedad</strong>. Un intento por establecer una ortodoxia en la mirada.</p><p>Pensaba en cómo habría encajado el buen Leonardo las obras de <strong>Regina Silveira</strong> (Brasil, 1939) que se reúnen en <em><strong>Timeline</strong></em>. La exposición, elegantísima, que puede verse en la madrileña <strong>galería La oficina</strong> hasta el <strong>9 de mayo</strong>, reúne una selección de trabajos fechados entre 1980 y 2025 y nos brinda la oportunidad de acercarnos a una creadora poco divulgada en el ámbito patrio. Volviendo al pintor florentino, la referencia no es caprichosa. Valga decir que la artista llegó a España en 1967 trayendo en la mochila una sólida formación como pintora y grabadora. Venía a proseguir su camino riguroso como estudiante de la <strong>Real Academia de Bellas Artes de San Fernando</strong>, donde cualquier modernez ha de dejarse en las taquillas. Sin embargo, mucho pasó desde entonces, como puede apreciarse en los trabajos de esta muestra. En casi todos predomina un uso de la sombra y la silueta, entre juguetón y contestatario.</p><p>Lo notamos, por ejemplo, en <em>Secret</em> (1997), unas cajas de madera sobre las que se ha dibujado una mano negra que recubre parte del frontal y de la tapa. Dispuestas entreabiertas, el espectador descubre que en su interior la expresión se bifurca: en el exterior, el gesto es plano; dentro, una peineta, unos cuernos o unos dedos cruzados. El motivo de las manos negras se repite en varios de los trabajos. Por ejemplo, en el enorme vinilo <em>Touch #1, 2, e 3</em> (2021), en el que se reproducen las palmas como entintadas, apretadas con gran fuerza contra la pared. También en los fotograbados <em>Plugged 1 y 3</em> (2011): dos manos oscuras, de un negro profundísimo, accionan un interruptor y sostienen una bombilla.</p><p>Volviendo a las sombras, en esta exposición las encontramos en dos vertientes. De una parte, el juego de perspectivas forzadas, en las que un elemento colocado sobre un fondo blanco e iluminado con una luz imperiosa deja tras de sí una silueta histriónica (<em>Símile 1, 3, 4</em>, 1983). De otra, aquellos en los que se pierde el referente: una tenaza que produce un peine (<em>ENIGMA III</em>, 1996) o unas zapatillas que dejan tras de sí el perfil de unas tenazas (T<em>opo-sombra 2</em>, 1983). Pero la artista no solo practica estas deformaciones y sustituciones como un ejercicio formal; también como instrumento de crítica política: personajes uniformados o trajeados que dejan tras de sí un rastro ominoso, a veces el propio (<em>Os grandes, serie dilatáveis</em>, 1981) y otras simbólico, como en <em>ENCUENTRO</em> (1991) en el que un corrillo de lo que suponemos líderes políticos o económicos aparece rodeado de los perfiles gigantescos de un tornillo, varias sierras, un sacacorchos, unas tijeras, un revólver y un tirachinas. (Mirando estas piezas, uno recuerda —aunque sea como contraparte— las <em>Auras anónimas</em> de Beatriz González).</p><p>Esta vertiente crítica también se manifiesta en los dos cuerpos de obras que completan la exposición. En el díptico <em>São Paulo turístico</em> y <em>Madrid turístico</em> (2025) la metáfora es clara: montañas de coches desguazados se superponen sobre dos imágenes típicas de la ciudad. En las protagonizadas por insectos se entrevé el contexto, aunque nos lo confirma una anécdota: la artista propuso para la Bienal de São Paulo una proyección en la que una mosca recorriera incansablemente la fachada del edificio de Niemeyer. Previsiblemente, la organización se negó.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 05:50:07 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Regina Silveira, perfil y sombra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apacigüe su entusiasmo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/apacigue-entusiasmo_129_2175880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apacigüe su entusiasmo"></p><p>Veintidós millones de afiliados, válgame el Señor. <strong>La Seguridad Social viste tiros largos y el presidente se calza la camiseta de la selección</strong>. En el dorsal, los dos patitos. "España tiene el mejor equipo": retahíla de topicazos. "Sois quienes labráis, quienes construís, quienes cuidáis", para los gordos, para los bajos, beba Coca-Cola.</p><p>No me malinterpreten, que vivan las cotizaciones y los compatriotas con jornal, pero <strong>me ahorraría el triunfalismo</strong>. Con la inflación disparada y la vivienda prohibitiva, mejor no nos cuentes que vamos como un tiro, <strong>no sea que te salga por la culata</strong>. Pocas cosas más humillantes que fichar tus ocho horitas y estar <strong>a una mala noticia de pedir la vez en Cáritas</strong>. "Si los inquilinos ejercen su derecho y piden la prórroga, ganamos", decía la otra mañana el ministro Bustinduy. </p><p>Si aspiramos a estas victorias, <strong>¡qué derrotas nos esperan!</strong> Conste, ni un pero al señor don Pablo (tiene mucho mérito hacer política de verdad con un ministerio de mentira), pero vamos a cumplir ocho años de Gobierno coaligado (¡progresista!) y no hay mejora social que <strong>no se haya ido por el sumidero de la especulación inmobiliaria</strong>. Qué deprimente que la prorroguita de marras nos haya venido de Oriente, como los Reyes Magos. Decreto de emergencia, como si antes de lo de Ormuz Idealista fuera una arcadia. Me imagino la zapatiesta en el Consejo de Ministros: "¡Orden!, pero, ¿de verdad es necesaria esta prórroga?, <strong>¡si ya le cambiamos el nombre al SEPES!".</strong></p><p>Escasean las alegrías. Ni dos horas han tardado los israelíes en desbaratar el alto el fuego —cortesía de Paquistán, superhéroe inesperado— entre los yanquis y los iraníes. ¡Viva Islamabad y la madre que la parió! La noticia felicísima (ninguna civilización iba a desaparecer esa noche, <strong>a qué clavos flamígeros tiene uno que agarrarse</strong>) hacía hocicar al petróleo (catorce por ciento a la baja): albricias, los buques volverían a procesionar por el Estrecho. Todos contentísimos porque una vía que estaba abierta <strong>volvía a transitarse miles de muertos después</strong>. ¿Los ayatolás? En su poltrona. ¿El suministro energético global? Temblando. ¿La bomba atómica? Ni está ni se la espera. No habían terminado de redactarse los teletipos cuando llegó Netanyahu (otra vez). "Israel lanza en una jornada más bombas sobre el Líbano que en toda la guerra", decían los titulares. No me cansaré de repetirlo: por menos de la mitad de la quinta parte de un tercio de lo que ha hecho Israel en la última semana <strong>se han invadido países</strong>.</p><p>Me pregunto qué hará falta para que la comunidad internacional haga el vacío a estos chalados genocidas. Sesenta años llevan los cubanos chupándose un bloqueo so pretexto de lo guapos que están sus líderes vestidos de verde oliva. <strong>Claro que Castro financiaba peor a sus voceros</strong>. "Sí a la guerra contra Irán", tuiteó hace un mes la portavoz adjunta de los populares en el Congreso. "En momentos delicados, necesitamos sensatez, no brutalidad. Occidente no es esto", apostilló, severísimo, Alberto Núñez Feijóo la tarde en que Trump amenazaba con practicar el genocidio más rápido de la historia. Algo olerá a podrido en Washington cuando hasta sus <em>grupis</em> menos espabilados <strong>empiezan a cobardear en tablas</strong>. Pero vamos, no pienso entusiasmarme: seguro que luego me la pego.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 17:38:03 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Apacigüe su entusiasmo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inflación,Pedro Sánchez,Vivienda,Pablo Bustinduy,Irán,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'Guernica' trashumante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/guernica-trashumante_1_2174893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3ab0920a-d150-4ad4-ae0c-10ad1e4e3c50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 'Guernica' trashumante"></p><p>Acaloradísimo debate a cuenta de un cuadro: esto no se ve todos los días. Lo habrán leído: el <a href="https://www.infolibre.es/politica/gobierno-vasco-insiste-guernica-sacaron-franco-tumba-no-son-capaces-traer-cuadro_1_2172985.html"  >Gobierno Vasco quiere que le presten el ‘Guernica</a>’. Otra vez. Ibone Bengoetxea, vicelehendakari y consejera del ramo, ha pedido al ministerio de Cultura que les explique "cuáles serían las condiciones óptimas para que pudiera venir a casa". Los conservadores del museo, raudos y veloces, han respondido lo mismo que en 1987, 2004 y 2007: que <strong>esas condiciones no existen.</strong></p><p>La precariedad de la célebre obra de Picasso se conoce desde 1957, año en el que el MoMA —donde entonces estaba alojado— acordó con el propio artista dejar quietecito el cuadro no sea que, al terminar la dictadura, no hubiese nada que devolver a España. Demasiados viajes: <strong>don Pablo lo pintó en 1937 a petición de la República</strong>, que quería exhibirlo en el pabellón español de la Exposición Internacional de París con la intención de recabar el apoyo internacional en su guerra contra los sublevados. Clausurado el evento, la obra partió hacia destinos escandinavos (Paul Rosenberg, marchante de Picasso, lo incluyó en una exposición itinerante en la que también participaron Matisse y Braque). De ahí, a Inglaterra (a la búsqueda de financiación para el Comité de Ayuda a los Refugiados Españoles), Francia, Estados Unidos (San Francisco, Chicago, Nueva York, Filadelfia, Columbus, Cambridge…), Brasil (para la Bienal), Italia (retrospectiva milanesa), tourné centroeuropea (Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Dinamarca) y regreso a las américas. Finalmente, <strong>en 1981, el cuadro llega por primera vez a España</strong> y se expone en el Casón del Buen Retiro (dependiente del Museo del Prado) hasta su traslado definitivo al Reina Sofía, donde reside desde 1992.</p><p>Viendo el periplo, me pregunto a qué "casa" se refiere la vicelehendakari. ¿Al MoMA? Pues miren, también les dieron nones cuando lo solicitaron en el 2000. Lo mismo al Royal Ontario Museum en 2006, al Grupo Fuji (sí, la cadena de televisión) en el 2009 o al Gwangju Museum of Art (sito en Corea del Sur) en 2012, como puede <strong>comprobarse en el </strong><a href="https://recursos.museoreinasofia.es/Colecci%C3%B3n/PETICIONES_GUERNICA%20.pdf"  ><strong>histórico de peticiones</strong></a> publicado por el Reina Sofía. También, en la web del museo pueden consultarse los estudios de conservación de la obra acompañados con imágenes en rayos X, luz ultravioleta e infrarroja y luz visible en altísima resolución (ampliando, se ve hasta la trama del lienzo).</p><p>Más allá de si el cuadro soportaría un enésimo traslado (los restauradores <a href="https://www.infolibre.es/cultura/arte/cultura-rechaza-trasladar-guernica-obligacion-garantizar-proteccion_1_2173893.html"  >tienen claro que no</a>) por más que esta vez no se lo enrolle (así es como ha viajado siempre, dadas sus dimensiones colosales), conviene preguntarse por qué tendría que prestarse el <em>Guernica</em> para que lo colgasen en el Guggenheim (es decir, a treinta y cinco kilómetros de la villa bombardeada). Como decíamos, <strong>la única relación que tiene la obra con la localidad vizcaína es el tema</strong>. Por lo demás, la cabriola es elocuente: fue pintada por un malagueño afincado en París por encargo de un dramaturgo hispanomexicano (Max Aub) —empleado en el servicio diplomático de la Segunda República— con el objetivo de contribuir al esfuerzo propandístico-bélico en un evento internacional ocurrido en la capital de Francia. Quiero decir, no dista mucho de lo que el <em>Carlos V en la batalla de Mühlberg</em> de Tiziano tenga que ver con Brandeburgo, o el <em>Juramento de los Horacios</em> con las peleas por lindes en el Lacio. </p><p>"Sería una buena forma de avanzar en la <strong>reparación al pueblo vasco</strong>; a la memoria democrática", declaró el lehendakari Pradales, justo antes de rematar su arenga con una perfecta estupidez: "¿Sacaron a Franco de su tumba y no son capaces de traer el <em>Guernica</em> desde Madrid?". Si pasamos por alto las butades (y en esta trifulca las hay a paladas), parecería se está jugando tramposamente la carta de "los mármoles del Partenón": reclamar un bien expoliado que en justicia les pertenece. La treta es grosera, pero no nueva: en 2007, <strong>Juan José Ibarretxe ya le solicitó al ejecutivo de Zapatero que el cuadro les fuese donado</strong> <strong>"para siempre"</strong> y que el Gobierno se disculpase por las tropelías de los sublevados. Recordando, como recordamos, el asuntillo del Pacto de Santoña, mejor no ponerse estupendos.</p><p>Con todo, y por aclararnos en este maremágnum de dimes y diretes, convendría aclarar cómo funciona el espinoso asunto de los préstamos institucionales, porque parecería que estos trámites se resuelven en una reunión entre políticos, que si están de humor levantan el teléfono y obligan a la institución de turno a pasar por el aro. El procedimiento habitual es tal que así: el solicitante motiva su petición, que ha de llegar en tiempo y forma (habitualmente, no menos de seis meses) al prestador. Se reúne el patronato o la instancia que corresponda, que <strong>evalúa la solicitud atendiendo a la pertinencia</strong>, a si la sala receptora cumple con las necesidades de conservación y seguridad que la pieza requiere, al propio calendario de la institución y a su política de préstamos. Con todo ello, los conservadores emiten un dictamen que sirve para motivar la decisión. Servidor, en sus andanzas curatoriales, ha recibido calabazas de museos arqueológicos, centros de arte contemporáneo, colecciones privadas y museos de bellas artes por las razones más diversas: a veces, porque íbamos con demasiadas prisas, otras porque el proyecto no justificaba —a juicio de los prestadores— el roto que les hacíamos. Además, no todas las obras son susceptibles de ser prestadas. <strong>El Louvre no presta </strong><em><strong>La Gioconda</strong></em><strong> ni El Prado </strong><em><strong>Las meninas</strong></em>, por más que el transporte no les fuese a causar desperfectos. Siendo que el Reina Sofía se ha construido en torno a esta obra insignia, se comprende que no les haga ilusión empaquetarla y mandarla de paseo.</p><p>Hasta donde sé, los responsables de exposiciones del Guggenheim (qué nombre poco euskaldún, ya que estamos) <strong>no se han comunicado con sus colegas</strong> <strong>del Reina Sofía</strong>, así que parecería que los responsables del Gobierno autonómico están exigiendo al ministro Urtasun que fuerce a una institución autónoma a proceder en contra de los criterios de sus conservadores y resuelva deliberaciones del patronato mediante un ordeno y mando. Todo para celebrar los noventa años del primer gobierno vasco (evento extraartístico, no me negarán) y adelantarse al aniversario de los criminales desmanes de la Legión Cóndor. Malas maneras para una operación que se engalana con tanta farfolla democrática.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 19:56:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El 'Guernica' trashumante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[País Vasco,Cultura,Museo Reina Sofía,Museos,Guggenheim Bilbao]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La Semana Santa se respeta"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/semana-santa-respeta_129_2172520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Semana Santa se respeta"></p><p>Es fácil chotearse de la <a href="https://www.infolibre.es/politica/resignacion-participacion-popular-viven-ateos-ciudad-tomada-semana-santa_1_2171766.html"  >Semana Santa</a>: de los fachillas engominados, del calculado histrionismo; la performance fanático-devocional, la exhibición callejera de los resabios del Antiguo Régimen, etcétera. Si uno quiere, la caricatura se escribe sola: basta con juntar en la misma crónica las <strong>filípicas de un par de capillitas con los berridos de la Legión</strong> desembarcando en Málaga. "Soy el novio de la muerte", y ya estaríamos todos.</p><p>Sería injusto, eso sí, reducir un acontecimiento tan complejo a tres tristes tópicos, que por más que sean verdaderos no agotan el fenómeno. Lo pensaba el otro día, viendo procesiones en mi pueblo (provincia de Sevilla, villa ducal, cofradías de primer nivel, oiga) y fijándome en el paisanaje. Por la bulla <strong>pululaban los cretinos habituales</strong> —mocasín de charol, corbata de nudo fino, seis toneladas de fijador—, muchos compañeros de pupitre que ahora empujan el carrito de sus bebés y vecinos cuyo nombre ignoro pero a los que cada año encuentro en el mismo sitio. "A tu abuelo le gustaba ver la procesión aquí", me dijo mi madre.</p><p>Levanté los ojos y vi a una anciana murmurando tras una ventana. La hija le agarraba la mano. Por los adoquines avanzaban unos romanos de mentirijilla (señores con leotardos y plumas), escolta solemne del paso de un nazareno que enfila el calvario. Al alejarse, por el desnivel de la calle, parecería que andaba. "Sus pies no pisan el suelo, sino que camina sobre la cabeza de los hombres", escribió Homero de Hermes. <strong>Lo seguía María Santísima, con los ojos hinchados y la cara de pena</strong>. Al girar la esquina, una señora pedía por martinetes que la salvase de un peligro. Al rematar la saeta, se escabulló entre la multitud.</p><p>Me gusta pensar, remedando a Borges, que <strong>las tradiciones se sirven de nosotros para perpetuarse</strong>: que uno mismo, con otro nombre (ah, el linaje) ocupa el lugar que la función le adjudica. Allí estamos todos: los idólatras, los blasfemos, los adúlteros, los sodomitas, los marxistas y los incrédulos; como en las fiestas de las religiones primitivas: para actualizar la creación del mundo cada cual tiene que interpretar el papel que le toca o la cosmogonía se queda a medias.</p><p>Pensaba, volviendo a casa, en cuántas celebraciones habrá por el país en las que los propios se disfrazan y toman las calles sin menoscabo de erudición y reverencia (danzas macabras, carnavales ominosos, payeses impostores subiéndose al castillito y danzas forales que válgame el Señor) y en cuánto lo detestable de lo <em>semanasantero</em> se amolda (curiosamente) a las exageraciones de la fiesta en Andalucía. Anoche, en el telediario, entrevistaban a un mangurrián que <strong>se enorgullecía de "lo castellano" de su cofradía</strong>: más recogido, ordenado y recio; por tanto, mejor. Qué lástima, carajo.</p><p>A ver: puede que las hermandades sean un reducto de clasismo e hipocresía, pero también <strong>han servido como espacio de socialización y refugio</strong> para minorías sexuales y políticas. ¿Que la iglesia se sirve de la religiosidad popular para mantener su hegemonía? Por supuesto, pero en muchos pueblos la única oportunidad de introspección que tiene un paisano al año son las horas que se pasa tras el antifaz y bajo el capirote. Conviene no despachar con dos brochazos ("es que le rezan a un muñeco de palo", finísimo análisis antropológico) fenómenos tan densos, no sea que caigamos en el mismo <em>gañanismo</em> que decimos combatir. Soy el primero al que le repugna la cursilería y el sentimentalismo barato de todo el asunto, pero, si nos quedamos en la superficie de cualquier práctica religiosa o cultural, ¿cuál se nos resiste? Mira qué tonto Shakespeare: ¿cómo van a caber los campos de Francia en ese ridículo escenario?</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 17:50:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA["La Semana Santa se respeta"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una estafa piramidal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/estafa-piramidal_1_2172157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4d89690b-e3b7-4801-9b21-5503c00eaf84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una estafa piramidal"></p><p>"No me puedo quejar: estoy trabajando de lo que me apasiona, estoy, por así decirlo, cumpliendo mi sueño". Lo confesaba la otra tarde <a href="https://www.infolibre.es/cultura/cine/pelicula-semana/sorrentino-huye-grazia-le-sorrentino-logra-mejores-peliculas_1_2170535.html"  >Alberto Corona</a>, crítico de cine (al que también pueden leer en esta casa) en el episodio 59 de Comentario de texto, un podcast que emite en <a href="https://youtu.be/6sGIkMdq2wU?si=Q9YI6UkwL8JSWot8&t=2280"  >YouTube</a> junto a Marta Trivi. "¿Quieres hablar un poco de esas condiciones envidiables?" <strong>Dos críticas semanales, entre noventa y cien euros el jornal</strong>, y otro empleo que le financie el trabajo soñado.</p><p>Como si se hubiesen alineado los astros, a los pocos días me cayó en las manos un artículo de <a href="https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://www.infolibre.es/autores/marta-garcia-miranda/&ved=2ahUKEwiq1OXot8-TAxUCWqQEHV6dMfgQFnoECBUQAQ&usg=AOvVaw3ArAH618rqUD-bqrEJ6a_N"  >Marta García Miranda</a>, crítica de escénicas y —también— compañera en estas páginas, en el que relataba cómo, tras ser despedida de la SER, había aceptado despachar en <em>elconfidencial.com </em>una crítica teatral a la semana. En su texto, una <strong>brillante argucia armada con las réplicas de algunos de sus damnificados</strong>, García Miranda también mienta sus emolumentos: ciento cincuenta machacantes (antes de impuestos, seguridades sociales y demás lindezas).</p><p>No quisiera empantanar estos <em>asuntos artísticos </em>con metacomentarios y miserias de consumo interno, pero es sorprendente que ninguno de mis compañeros perseverase en la crítica porque, sencillamente, les diese de comer. Corona, ya lo mentamos, resiste por razones románticas; García Miranda, porque viéndose en el paro le ofrecieron curro de reseñista. <strong>Lo cultural se presta al chantaje</strong>. De tanto en tanto, alguien se te acerca en alguna inauguración y te felicita por la sagacidad de un articulito. ¡Qué rato más bueno! Oh, el prestigio; ah, la influencia. “Te leemos todos”, me aseguraba un amigo al verme apesadumbrado. <strong>Ignoro si habrá otros oficios en los que la gente se contente tan fácilmente con simulacros</strong>: si en el gremio de charcuteros o contables soportan soldadas de miseria y periodicidades cojeantes so pretexto de “la vocación”, la pervivencia de las artes o vaya usted a saber qué milonga.</p><p>Oigan, que <strong>el declive de las tarifas no es el único escollo</strong>. La prensa renquea (¡extra, extra!), pero conserva maneras de sus tiempos mozos, y aunque ningún colaborador pueda subsistir de una sola cabecera, publicar allá te descarta acullá. Competencias directas (¡pero si no nos lee ni el tato!), rivalidades históricas, líneas editoriales contrapuestas y demás espantajos. Además, conviene considerar el famoso conflicto de intereses. Hará no mucho, un galerista me preguntaba si no me resultaba problemático completar la nómina escribiendo ensayos de los que se publican en el catálogo de una exposición. Le dije que no, porque <strong>todos mis trabajos se divulgan</strong> y cualquiera puede escrutarlos a la caza de tejemanejes. También, porque mis reseñas se parecen a mis ensayos lo que un huevo a una castaña y porque me impongo <strong>períodos de incompatibilidad entre colaboraciones</strong> para que nadie sospeche. Y, para terminar, porque yo no sacaba nada de que a un artista, marchante o museo le fuese bien, mal o regular. “Es un asunto delicado”, sentenció, ceñudo. En realidad, querría haber dicho: si alguna vez escribes algo que no me convenga, sé qué espantajo invocar para desactivarte. (Algún día me gustaría que alguien me aclarase por qué los críticos son los únicos conflictuados. Por qué no los padecen las galerías que comercian con las instituciones, los comisarios apesebrados, los artistas en nómina oficiosa, ciertos agentes o los alumnos de tal colegio que ríete tú de la francmasonería; pero este es otro asunto).</p><p>En el podcast citado, y discutiendo sobre el <strong>último desplante de Santiago Segura</strong> a la prensa especializada, Marta Trivi replicaba a Corona, que se quejaba de que la crítica “hubiese aceptado esas normas de juego”. “Los críticos no hemos aceptado nada, los críticos no tenemos ningún poder, salvo el de dejarlo”. Últimamente pienso mucho en esto: en si no estaremos desgastándonos en una <strong>empresa estéril que ni tiene influencia ni nos paga las facturas</strong>. Si no convendría retirarnos a nuestros menesteres, sacarnos una oposición y tener las tardes libres para leer al solecito sin tener que despachar, a toda prisa y en caliente, una recesión del librito de marras.</p><p>Hará unos meses, discutiendo mis tarifas con un posible empleador que nunca fue, me replicaron que no podían pagarme más porque esos temas “no tenían tantas visitas”. Tuve que morderme la lengua: <strong>si lo que quieres son visitas, despacha a los redactores y monta un OnlyFans</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 10:02:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una estafa piramidal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Cultura,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un arte plastificado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/arte-plastificado_1_2161039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7134d14c-2652-46f7-bff7-eeec5790e343_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un arte plastificado"></p><p>A pesar de sus nombres de pastor griego (Poliestireno, Fenoplasto, Polivinilo, Polietileno), el plástico […] es esencialmente una sustancia alquímica, […] la idea misma de la transformación infinita. […] Puede formar cubos tanto como alhajas. Esta es la razón del perpetuo asombro […] ante las relaciones que descubre entre lo singular del origen y lo plural de los efectos. […] En el orden poético de las sustancias, el plástico consta como un material ignominioso, perdido entre la efusividad de la goma y la simple dureza del metal”. La cita nos la presta <strong>Roland Barthes</strong>, célebre teórico del arte y la literatura, y está tomada de un artículo escrito tras la visita a una exposición de polímeros. La muestra, según deduzco, no tenía pretensiones artísticas, sino petroquímicas. No importa, los nuevos materiales (por pedestre que sea su exhibición) siempre han fascinado a artistas y adláteres.</p><p>Bien mirada, la Historia del Arte es una sucesión de afanes por la novedad. Tan pronto los arquitectos medievales se las ingeniaron para elevar las techumbres y clarear las catedrales, el invento correteó por toda Europa. Desde el <strong>Quattrocento</strong>, no ha habido pintor que no esté pendiente a los avances de la química (créanme, la síntesis de pigmentos y las innovaciones en aglutinantes son responsables de más avances que la cacareada genialidad) y los artistas de la Modernidad se entregaron con devoción a los prodigios de la óptica y a las maravillas de los espejos (si tienen curiosidad, lean sobre la cámara lúcida –un ingenio que permite enfocar la imagen directamente sobre el soporte pictórico con muchísimo detalle– o el espejo de Claude). Ni que decir tiene que la irrupción de las primeras técnicas protofotográficas (el daguerrotipo, la cámara oscura con placas embetunadas, etcétera) no solo terminaron por instaurar una <strong>nueva disciplina</strong>, sino que el modo de operar de las dichosas maquinitas cambiaría para siempre el curso de las ya existentes. El objetivo de la cámara tan solo enfoca un área de la imagen, mientras que el resto queda emborronado: el mundo ya no volvería a retratarse con la nitidez ubicua de la pintura clásica.</p><p>Siendo que el petróleo es tan fértil en sus derivaciones, no es de extrañar que los practicantes de las Bellas Artes hayan encontrado <strong>mil y un empleos al mentado </strong><em><strong>plastiquete</strong></em>. Uno de los más extendidos es, seguramente, la<strong> pintura acrílica</strong>, que surgió como alternativa al óleo y que, por decirlo en pocas palabras, se logra sustituyendo los emulsionantes tradicionales (huevo para el temple, aceite para el óleo) por un polímero. Seca más rápido, aguanta bien a la intemperie, puede aplicarse sobre muchos más soportes (cartón, papel, metal), promete durabilidad y, como se disuelve en agua, el usuario evita los intoxicantes (aunque embriagadores) vapores de la trementina. Como imaginarán, los botes de espray no están rellenos de acuarela, ni las tintas de serigrafía con las que Warhol se hartó de hacer <em>Marilynes</em>. Por citar algunos, están hechos con acrílico los cuadros comiqueros de Roy Lichtenstein, los muñecotes malpintados de Basquiat (no es un reproche, es que a ese movimiento se le llamó <em>bad painting</em>), los garabatos de Cy Twombly, las piscinas de David Hockney, las antropometrías de Yves Klein o los coloridos monigotes de Keith Haring.</p><p>Pero la pintura no ha sido la única disciplina venerable que se ha rendido a las novedades del polímero. Los <strong>escultores</strong>, hartos de los martillazos y los calores de la fundición, vieron en las resinas sintéticas y en la silicona un mundo de posibilidades gomosas, de facilidades técnicas y de inquietantes semejanzas con la carne. Ahí están los muchos avatares de sí mismo que Maurizio Cattelan ha ido desperdigando por el mundo, las perturbadoras creaciones de Paul McCarthy o los insustanciales (y carisísimos) <em>juguetitos</em> de Jeff Koons. (Todo ello, claro, sin contar cómo el diversificado mercado de los sintéticos ha ayudado a facilitar procesos –como los vaciados– que antes debían hacerse empleando cera o escayola)</p><p>Como los artistas, mal que se piense, no viven refugiados en sus torres de marfil, sino insertos en las precariedades del mundo, es sensato aceptar que trabajen con lo que les quede a la mano. Confieso que, antes de sentarme a escribir este artículo, nunca me había dado por pensar cuántas obras habré visto en el último lustro. No solo es que el arte digital haya conseguido materializarse gracias a la impresión con bobinas de filamento (el célebre 3D), o que artistas aficionados al <em>merchandising</em> como Kaws encontrasen el cielo abierto a la hora de producir miríadas de coleccionables; también es probable que los artistas que, por ejemplo, trabajen con <em>objetos encontrados</em> (el famoso <em>objet trouvé</em>) acaben hallando cachivaches que –de no ser salvados en pro de la creatividad– acabarían recalando en el contenedor amarillo.</p><p>Siguiendo con los grandes nombres, puede que conozcan la <strong>célebre montaña de caramelos de Félix González-Torres</strong>: apiladas en un rincón, el celofán que los envuelve brilla con un atractivo irresistible. La obra se compone de setenta y nueve kilos de golosinas (ni uno más, ni uno menos), un peso que se corresponde con el de Ross Laycock, pareja del artista, que falleció a causa de complicaciones derivadas del SIDA cinco años antes de que el propio González-Torres sufriese el mismo destino. La propuesta es sencilla y efectiva: el público, que va sisando los dulcecitos, desgasta –como haría una enfermedad– ese cuerpo metafórico hasta, finalmente, dejarlo en nada.</p><p>Las<strong> relaciones entre lo plástico y lo orgánico</strong> han tenido encontronazos más literales, como el propiciado por <strong>la </strong><em><strong>performer</strong></em><strong> francesa Orlan</strong>, muy aficionada a las modificaciones corporales y único ser humano hasta la fecha capaz de convertir un procedimiento quirúrgico (“póngame usted un cuerno encima de la ceja, doctor”) en un acontecimiento artístico. No es un circunloquio: sus andanzas en el quirófano han sido filmadas o, directamente, retransmitidas en vivo para que pudiesen seguirse cómodamente desde alguna institución cultural.</p><p>Pero regresando a los envoltorios, conviene mencionar a los más hábiles <em>empaquetadores </em>que en el mundo han sido: <strong>el binomio Christo y Jeanne-Claude</strong>. Les sonará, son los que empaquetaron el parisino Arco del Triunfo (que, entre nosotros, queda mejor velado que al natural y es la portada de este suplemento). Aunque el procedimiento pueda parecer pedestre (colocar una lona de nylon y poliéster encima de tal o cual monumento o paraje, maniobra que requiere un batallón de ingenieros y permisos), los resultados fueron admirables: cubiertos como los muebles de una casa abandonada, los edificios más poderosos adquieren un aspecto inofensivo; el ornamento se oculta entre los vértices por los que se pliega la tela y el parlamento más imponente o el puente más icónico adquieren un aire desvalido, entre vendado y precario, como si lo hubiesen preparado para que alguna empresa de mudanzas lo retirase sin mayores miramientos. Particularmente hermosas me parecen sus intervenciones en la naturaleza. En 1972 desplegaron una cortina de trece mil metros cuadrados que cerraba un valle del Estado de Colorado. Las imágenes son prodigiosas: al final de una carretera estatal que serpentea innecesariamente, un bloque de color naranja anula el paisaje (imaginen cómo debían chirriar los cables que soportaban aquella colosal estructura con la más mínima brisilla). También, aquella vez que taparon un pedazo de la costa australiana: tras la colosal sábana blanca y grisácea, los riscos parecen amortajados. Por las fotos, casi se diría que la naturaleza es atrezo. </p><p>Lo dice Barthes justo al final del texto que citábamos al principio: “La jerarquía de las sustancias ha quedado abolida, una sola las remplaza a todas: el mundo puede ser plastificado”.</p><p><em>*Joaquín Jesús Sánchez es crítico de arte y columnista.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 05:01:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un arte plastificado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[TintaLibre,plásticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como toda la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/vida_129_2169399.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Como toda la vida"></p><p>Versión palurda de lo de <strong>Lutero en Wittenberg</strong>: en la puerta de una parroquia de Sagunto, unos zagales han claveteado la única tesis para la que les da la mollera: <strong>"Chicas no"</strong>. Trescientos ochenta tíos han dirimido la cuestión con sorprendente resultado: <strong>aquí las mujeres no pintan nada</strong>. Los cofrades apechugan con el revuelo: son nuestras tradiciones, bla bla blá.</p><p>El argumentito es de mis preferidos. <strong>"Siempre se ha hecho así", la falacia más tonta de la humanidad</strong>. Me pregunto si los saguntinos se alivian el dolor de cabeza con sanguijuelas y conjuros, si viajan en carreta o si el telégrafo les parece un adelanto diabólico. No es la primera vez que pasa. <strong>Antonio Burgos</strong>, a quien Dios perdone, creyó pertinente advertir al mismísimo arzobispo de Sevilla de las acechanzas del hembrismo. ¡Buuuh! Preserve, por caridad, el "tesoro inmaterial de las cofradías como toda la vida, <strong>sin señoras, sólo con señores de nazareno</strong>". Que con semejante prosa se pudiese vivir del columnismo, válgame el Señor.</p><p>No hace falta apretarse las meninges para demostrar que <strong>cualquier tradición inmemorial es de ayer por la tarde</strong>, y que todas sirven para mantener un estado de las cosas que conviene a los de siempre. No hace falta, digo, porque <strong>abundan los estudios al respecto</strong>; y si no tienen lectura para el puente háganse con el librito de Hobsbawm (<em>La invención de la tradición</em>, 1983), que, aunque verse sobre las costumbres de la Gran Bretaña, tanto monta, monta tanto. </p><p>Me crispa la tibieza. Empeñados en venerar el tarro de las esencias, hagámoslo sin trilerismo: recuperemos nuestras tradiciones y rompamos con la Santa Romana Iglesia. <strong>Hagámonos arrianos, carajo</strong>; como los godos, que para eso nos cristianizaron. ¿Que Cristo es Dios? ¡Desde cuándo! Al cuerno el <em>homoousios</em>, el concilio de Nicea, los cánones de Toledo y demás moderneces. ¿Y la misa? <strong>Ni latina ni leches: mozárabe</strong>, con denominación de origen.</p><p>Que las hermandades <strong>vuelvan a ser gremiales</strong> y que los pasos los saquen cargadores a jornal cocidos hasta las cejas en vino peleón. Vengan ayunos y abstinencias, indulgencias compradas a dos duros, juicios por ordalía y familiares del Santo Oficio <strong>acechando por las esquinas a los traviesos judaizantes</strong>. Digo más: ya puestos, recuperemos los cultos paganos, vistámonos con togas y bisutería del Carambolo, y cambiemos las mantillas por los redondeles de la Dama de Elche. </p><p>Quisiera que algún integrista del atavismo me aclarase <strong>en qué recuadrito del calendario empieza lo de "como toda la vida"</strong>. Me imagino que los tíos se lo habrán pensado: sería muy decepcionante que tras tanta palabra solemne solo hubiese una misoginia gañana. Por cierto, y por rematar el cuento, el arzobispo de Sevilla dio nones a don Antonio, y ordenó que las cofradías con olor a Brummel permitiesen a las señoras ponerse el capirote. <strong>Hay que ser muy retrógrado para que un propio con mitra te llame carca</strong>. En el caso valenciano, según leo, está interviniendo el ministerio de Igualdad y el monseñor con mando en plaza <strong>prefiere no emitir un decretazo</strong>. La Iglesia católica respetando la autonomía ajena, qué <em>wokismo</em> intolerable.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 19:21:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Como toda la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Iglesia católica,Religión,Semana Santa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los otros Guernicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/guernicas_1_2168883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2ab3e319-ce3c-4bd7-b626-cdac944ed07b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los otros Guernicas"></p><p>Una vez, paseando por <a href="https://www.infolibre.es/temas/salamanca/" target="_blank" >Salamanca</a>, choqué con una campaña turística en la que la ciudad se vendía como <strong>"la Florencia española"</strong>. La metáfora me recordó a aquel capítulo de Los Simpsons en el que Marge consuela a Lisa diciéndole que no se preocupe: si la rechazan las universidades de la Ivy League siempre podrá ir a McGill,<strong> "el Harvard de Canadá"</strong>. "Cuando algo es el algo de algo… es que es el nada de nada".</p><p>El <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Museo Reina Sofía</a> acaba de inaugurar <em>La historia no se repite, pero rima</em>, un ciclo de "yuxtaposiciones" en las que el <em>Guernica</em> se enfrentará a sus "equivalentes" <strong>de otros tiempos y espacios</strong>. El primero de estos encuentros (ubicados en una salita frente al gran cuadro de Picasso) lo protagoniza una obra del artista sudafricano <strong>Dumile Feni </strong>(1942-1991) cuyo título viene al pelo: <em><strong>Guernica africano</strong></em><strong> </strong>(1967). El dibujo está realizado en carboncillo sobre papel de periódico y mide casi dos metros por lado:<strong> un formato casi cuadrado</strong> cuyo ecuador surca la unión indisimulada de las dos grandes tiras de papel con las que el artista formó el soporte.</p><p>Exhibida por primera vez en <strong>la Gallery 101</strong> de Johannesburgo el mismo año de su realización —en un contexto sociopolítico marcado por<strong> la segregación racial</strong>— la obra nos muestra una escena agitada: en<strong> un espacio indiferenciado</strong> por el que pululan vacas y pájaros, unos personajes contrahechos y electrizados se agitan <strong>en poses inquietantes</strong>. El dibujo, cargado de esos manierismos que <strong>un espectador occidental </strong>puede reconocer como "africanos", está resuelto con maestría; y la velocidad de los trazos y el habilidoso sombreado dotan a la escena de <strong>un dinamismo contagioso</strong>. Cuando más se mira, menos se entiende <strong>qué hacen aquellos hombrecillos</strong>: ¿qué espera el tipo trajeado en su mesita con mantel? ¿Qué se susurra la pareja que se rodea con los brazos? ¿A dónde galopa el jinete del cucharón que monta <strong>un toro de ojos vacíos</strong>? ¿Qué provoca las contorsiones gritonas del señor con tres piernas? ¿Nadie atenderá al niño de ojos negros <strong>que se aferra a una ubre</strong>? Como si el dibujo fuera inagotable, la acción se prolonga hacia el margen superior en una multitud de personajes ensombrecidos <strong>cuya actividad apenas intuimos</strong>.</p><p>La exposición se completa con otras cinco piezas de Feni: <em><strong>Decir no</strong></em>, 1967 (un grupito trata de dar sepultura a alguien que parece escapar de su ataúd), <em><strong>El aula</strong></em>, 1965 (una composición vertical construida como en espejo, de modo que los retratados de la sección inferior aparecen cabeza abajo), <em><strong>Hector Pieterson</strong></em>, 1987 (un hombre plantado de frente, que nos clava la mirada mientras porta lo que parece un niño muerto entre los brazos), <em><strong>Mujer y niño</strong></em><strong> </strong>(obra no datada en la que un personaje femenino, de rostro similar a una máscara, sujeta a un homúnculo con su brazo raquítico) y <em><strong>No conocerías a Dios ni aunque te escupiera en un ojo</strong></em>, 1975 (un enorme dibujo enrollado lleno de rostros angulosos).</p><p>En el cuadernito que el museo ha editado para la ocasión, la comisaria<strong> Tamar Garb</strong> nos explica (en un texto plagado de groseros errores de redacción) que la vinculación entre la célebre obra de Picasso y la de Feni <strong>es menos directa</strong> de lo que cabría esperar a tenor de la propuesta. Posiblemente, el artista conocía <em>Guernica</em>, pero no hay constancia que <strong>él le diera ese título</strong>, por más que aceptase que el galerista se lo endosase. "Picasso […]", leemos, "<strong>nunca supuso una “influencia”</strong> o fuente directa. Dumile era un creador <strong>demasiado independiente e idiosincrático</strong>. Al mismo tiempo, la forma en que recurrió en <em>African Guernica</em> al enmascaramiento facial y a la simplificación corporal, al tono monocromático y a la iluminación dramática […] para producir una obra<strong> a escala monumental </strong>no puede dejar de hacer pensar en el <em>Guernica</em>, obra a la que además apunta en el título". </p><p>Entonces, <strong>sí, pero no</strong>. Como el interés de Picasso por "el arte africano" (así, en general; <strong>África, ese gran país</strong>, etcétera), mencionada en el texto que presenta la exposición como <strong>una "temprana dependencia"</strong>, sin mayores consideraciones que profundicen en su fascinación exotizante y en el modo en el que este "arte" circulaba por Europa<strong> en vehículos perfectamente coloniales</strong> como El Museo del Hombre de París. Esta <strong>calculada</strong> <strong>ambigüedad</strong> (que ya se presagia en el título del ciclo, tomado de una cita ¡apócrifa! de Twain) me parece el problema más subrayable de esta nueva propuesta del Reina Sofía. Si, como parece, el museo quiere aprovechar <strong>su principal reclamo turístico</strong> (cuando uno sale del ascensor en la segunda planta, lo primero que ve es un cartelito que le indica en qué dirección está el <em>Guernica</em>) para presentarnos obras desconocidas y vinculaciones inesperadas —propósito elogiable, conste— convendría (ya que todos vamos a morder el anzuelo) que nos echásemos a nadar<strong> sin necesidad de guardar la ropa</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 05:01:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los otros Guernicas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pablo Ruiz Picasso,Pintura,Sudáfrica,Museo Reina Sofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe, el pachamamas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/felipe-pachamamas_129_2165589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe, el pachamamas"></p><p>Zapatiesta precolombina. El Rey, <strong>Nuestro Señor</strong>, aseguró la otra tarde que bueno…<strong> viéndolo con nuestros valores</strong>… lo mismo… algún <strong>abusito sí que hubo </strong>durante la conquista de América. <strong>¡Para qué más!</strong> El comentario —del vigor de una tila— ha sublevado a los del <strong>Orgullo Virreinal</strong>. Salga Felipe, vuelva <strong>don Carlos María Isidro con boina y bigotón</strong>. Dios, patria y fueros: vivan las Leyes de Indias, la Disputa de Valladolid, el Tanto monta y la evangelización de los naturales.</p><p>Pocos debates<strong> tan cansinos como el que tienen</strong>, periódicamente, los defensores del <strong>buen salvaje y los hooligans de la proeza civilizatoria</strong>. De un lado, la arcadia feliz en la que los pueblos originarios jugaban a la pelota hasta que un puñado de <strong>gañanes sedientos de sangre y oro</strong> llegaron a joder la marrana. Del otro, los bárbaros descorazonadores siendo amablemente reconducidos por el <strong>incienso y los avemarías</strong>, las universidades y el derecho civil. Mestizaje, sincretismo, ¡chupiguay!</p><p>¡No es de recibo <strong>enjuiciar hoy lo que pasó hace cinco siglos</strong>!, ha protestado Feijóo, imaginamos que tras enviar un heraldo a Zarzuela adelantando la alocución. «<strong>Pero estoy orgulloso del legado hispano en Latinoamérica»</strong>. Chico, o lo uno o lo otro. Afeándole <strong>la tibieza, los zagales del morrión y la reconquista </strong>se han puesto serios: inmensa gesta, muera el duque de Orange y los salvajes emplumados.</p><p>Viendo el carajal, Iker Jiménez ha juntado una <em><strong>mesa de análisis </strong></em><strong>para zanjar la cuestión</strong>. La alineación, de ensueño: un <strong>consultor sobrevenido, un militar jubilado</strong> («cuando habla el rey habla España»),<strong> doña Elvira Roca Barea y un payo con pajarita y apellidos compuestos</strong>. El debate, búsquenlo, quedó apasionante: se dan la razón con tanta vehemencia que uno teme por sus cervicales. En cierto momento, uno de los doctos ponentes encuentra un resorte exculpatorio: <strong>¿y si el rey hablara al dictado de Sánchez? </strong>Iker, ojiplático, desenmascara el atropello: el Gobierno revisa los discursos del Jefe del Estado. <strong>Dictadura, ¡intromisión!</strong> Como defensa, le encuentro fisuras: o Felipe es un mandado o un traidor.</p><p>«El rey <strong>es un militar y lee lo que le dicen</strong>», sentenció la otra mañana Federico. Para eso, nos sale más barata la IA. En EsRadio han localizado al culpable: <strong>el jefe de la Casa</strong>. Será un <strong>agente de Zapatero, si no, al tiempo</strong>. «El rey de España, de ninguna manera, puede <strong>atacar</strong> la memoria de los reyes católicos». Alertados, funcionarios palaciegos ultiman los detalles para que <strong>doña Leonor vaya a ciscarse sobre la tumba de la Beltraneja</strong>.</p><p>Poniendo la guinda,<strong> Díaz Ayuso </strong>ha acudido al panfleto de Inda para protagonizar en una de sus célebres <strong>«</strong><em><strong>Okentrevistas</strong></em><strong>»</strong> (se llaman así, lo juro). La presidenta, imbuida —<strong>imagino</strong>— por el espíritu de la Malinche, glosó los beneficios de la hispanización con una frase felicísima:<strong> «Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden.</strong> […] Evidentemente había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir». <strong>¡Evidente!</strong> La declaración, claro, ha reflotado aquellos careos en los que Isabel<strong> se reconocía atea y del </strong><em><strong>pe pé</strong></em><strong>, a mayor gloria</strong> de la pluralidad doctrinal del partido. «Los de la cruz», aprende, <strong>Jacques de Molay</strong>. Sospecho que la conversión será reciente, fruto de alguno de los conciertos <em>pijocatoliquillos</em> de <strong>guitarrita y sacarina</strong> que frecuentan los líderes populares últimamente. Por eso, asumo, la doña aún <strong>no ha pasado por la vicaría</strong>. Mira, Isabel, que vives en pecado. <strong>¡En concubinato!</strong> Si algo le faltaba al ático de González Amador era propiciar una condenación eterna.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 05:00:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Felipe, el pachamamas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[rey emérito,Felipe VI,Isabel Díaz Ayuso,Alberto Núñez Feijóo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laia Estruch en Ehrhardt Flórez: ahora le toca a usted]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/laia-estruch-ehrhardt-florez-ahora-le-toca_1_2165030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5565f81f-52fc-442a-a95a-5161c55712c2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laia Estruch en Ehrhardt Flórez: ahora le toca a usted"></p><p>Nunca es fácil "exponer" a un performer. <strong>La culpa</strong>, me temo, es de la propia disciplina. "La única vida de la performance reside en el presente", escribió <strong>Peggy Phelan </strong>en su célebre <em>Unmarked: The Politics of Performance</em>. "No puede guardarse, grabarse, documentarse ni participar de ningún modo en la circulación de representaciones de representaciones: en cuanto lo hace, <strong>deja de ser una performance</strong>".</p><p>No todos los artistas están conformes con esa definición. Hace quince años, <strong>Marina Abramović </strong>montó en el MoMA <em>The Artist Is Present</em> [La artista está presente], una de esas exposiciones que marcan época. El planteamiento tenía su gracia, porque aunque Abramović anduviese presente —ustedes recordarán <a href="https://vimeo.com/72711715" target="_blank">aquella acción</a> en la que permanecía sentada en el costado de una mesa mientras, por el otro extremo iban desfilando voluntarios que tomaban asiento y <strong>le sostenían un rato la mirada</strong>— la mayoría de las obras que componían la muestra fueron interpretadas por actores entrenados por doña Marina. "Las performances recreadas en la exposición del MoMA son <strong>producto de un contexto</strong> que en su día las convirtió en transgresoras, poéticas o, simplemente, las dotó de intensidad, pero que ahora<strong> ya no existe</strong>. Y, sin que sea culpa de los intérpretes, las piezas dan la sensación de ser restos: insulsas, cumplidoras; meros artefactos", leemos en la crítica que <strong>Holland Cotter </strong>escribió en <em>The New York Times</em>.</p><p>Hasta finales de abril, puede visitarse <em><strong>Carrau</strong></em><strong> </strong>en la <a href="https://ehrhardtflorez.com/es/" target="_blank">galería Ehrhardt Flórez</a> (Madrid), una exposición de <strong>Laia Estruch</strong> (Barcelona, 1981) inaugurada hace un par de semanas. La artista vive un momento dulce: en los últimos años ha encadenado exposiciones en instituciones tan destacadas como el <a href="https://www.museunacional.cat/es/trena-laia-estruch" target="_blank">Museo Nacional de Arte de Cataluña</a> o el mismísimo <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/laia-estruch" target="_blank">Museo Reina Sofía</a>, que le dedicó una retrospectiva clausurada hace apenas unos meses. Estas muestras se articularon en torno al <strong>conjunto de esculturas</strong> que la artista utiliza en sus acciones: flotadores, estructuras metálicas de las que suspenderse o abrevaderos hechos para la ocasión. También este fue el planteamiento con el que se formalizó <a href="https://ehrhardtflorez.com/es/exposiciones/residua/" target="_blank"><em>Residua</em></a>, su anterior muestra en la galería, en la que la sala principal fue colonizada por dos formidables <strong>pasarelas azules</strong> que Estruch recorría (trepándolas, colgándose o reposando sobre ellas) mientras practicaba un ejercicio de <strong>extenuación vocal</strong>.</p><p>Padecían, me temo, <strong>una misma deficiencia</strong>: cuando nadie <em>actúa</em> ("activación la exposición", concepto horripilante), el visitante deambulaba por un escenario fantasmal que solo ofrece una porción de la obra: en el mejor de los casos, su dimensión escultórica; en el peor, <strong>una tramoya</strong>. Sin embargo, en <em>Carrau</em>, se nos propone una treta admirable. ¡Un habilidoso cambio de tornas! En vez de vérselas con esas estructuras, Estruch decide pasar el testigo <strong>al visitante</strong>. Para ello, la artista ha cerrado los tres espacios de la galería con unos coloridos artefactos neumáticos que <strong>bloquean </strong>blandamente los accesos. Conos colosales, un costillar rectilíneo y una terna de mandorlas o vaginas (usted escoja). La maniobra es astuta: al toparse con las puertas franqueadas, <strong>el espectador </strong>debe escoger entre quedar como un timorato o, con arrojo, animarse a traspasarlas dejándose en el lance cuanta<strong> dignidad y elegancia </strong>crea poseer.</p><p>"El umbral", escribe Cirlot en su <em>Diccionario</em>, "simboliza la transición y <strong>la trascendencia</strong>". Estruch replica a estas solemnidades con una apuesta indisimuladamente lúdica: un juego que custodia el acceso a la nada misma: tras las brazadas y los refregones, el abnegado "activador" se topa con <strong>una sala vacía</strong>; le aguardan, como único premio a su valentía, unas fotos recosidas el interior de la estructura en la que la artista aparece en tribulaciones similares.</p><p>En pocas ocasiones uno encuentra planteamientos tan ingeniosos y <strong>tan inteligentemente ejecutados</strong>. En estos tiempos pesados, Dios bendiga <strong>la liviandad</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 05:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Estados Unidos,Nueva York]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Ordenó usted el código rojo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/ordeno-codigo-rojo_129_2161620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Ordenó usted el código rojo?"></p><p>"Tres o cuatro semanas", pronosticó Trump: quitamos al ayatolá y <strong>malo será que pongan otro</strong>. No hay que impacientarse, raro será que fallen los cálculos del hombre que <strong>declaró seis bancarrotas</strong>.</p><p>Van quince días de guerra. El nuevo Jamenei ordena por carta que minen el Golfo Pérsico. <strong>¡Viva el servicio postal!</strong> Como el tipo no da la cara y arrecian los rumores. ¿Estará herido? ¿Habrá muerto? En un país donde vuelan más misiles que pájaros, yo tampoco asomaría el turbante. "Está herido, probablemente desfigurado", aseguran los portavoces del ejército estadounidense. Un remake de <em>El</em> <em>fantasma de la ópera</em>, <strong>lo que nos faltaba</strong>. </p><p>¡Atención! Comunicado del gabinete presidencial. "Los ataques de Irán son lo único que impide el tránsito por el estrecho de Ormuz". <strong>¡Lo único!</strong> "Tenemos un plan para derrotar, destruir e inutilizar sus capacidades militares a un ritmo <strong>nunca antes visto</strong>". La fanfarronada no amilana a los mercados: el petróleo campa por sus respetos y Washington ha tenido que levantar las restricciones a los importadores rusos. <strong>Otro triunfo geopolítico</strong>. La inflación sube casi tanto como el contador de bajas estadounidenses: siete muertos y ciento cuarenta heridos. Los enterradores de Arlington, previsores, exigen que el cementerio <strong>se declare zona tensionada</strong>.</p><p>Once mil millones de dólares en misiles, chiquita propina. La factura, por favor, <strong>mándela al Pentágono</strong>. La operación <em>Furia Épica</em> (¿tenemos quince años?) tiene a los contables amargados. Tras la debacle arancelaria, los yanquis deben <strong>treinta y seis billones de dólares</strong> a sus prestadores: un tercio del pagaré (arrea) está en manos de potencias extranjeras. Quisiera felicitar al colectivo MAGA, ¡al fin una grandeza! No todos tenemos el privilegio de vivir en <strong>la mayor multipropiedad del mundo</strong>. </p><p>En nuestro condominio particular, el personal no encuentra su postura. Von der Leyen, que comenzó la semana <strong>ciscándose </strong>en el derecho internacional, trata de hacerse perdonar dándole besitos a la carta de Naciones Unidas. No aprendemos: ¿a quién se le ocurre dejar <strong>a una alemana</strong> a cargo del polvorín? "No se debe llorar por el régimen iraní". Regalo un penique al que me localice a una sola plañidera. En nuestro terruño, el <em>pe so e</em> ha desempolvado el "No a la guerra". Se agradece la cabriola nostálgica, aunque<strong> ya veremos si surte efecto</strong>. Según parece, ni Consumo ni Hacienda consideran que convenga aprobar medidas para paliar el sablazo. Dos rayitas me marca el depósito del coche: al final voy a tener que pagar la gasolina<strong> con bailes exóticos</strong>.</p><p>Trump aseguró en octubre que había parado <strong>ocho guerras en ocho meses</strong>. Todos nos choteamos, le dieron la medallita a María Corina Machado (¿estará bien esa señora?) y el señor del tupé raro se nos rebotó. Los cubanos, sabiendo que no hay dos sin tres, se aprestan a dialogar, ¡como si les fuera a servir de algo! La próxima, por caridad, riámosle la gracia <strong>y a otra cosa</strong>, carajo. </p><p>Pero tranquilos, un brillo de sensatez despunta en el horizonte. "Ya no me interesa el Nobel de la Paz", ha declarado don Donald. Será que <strong>con el FIFA se contenta</strong>. He buscado las declaraciones y les aseguro algo: reconozco el tonillo. Lo he usado mil veces para decir que no adelgazo porque no quiero.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 19:27:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Ordenó usted el código rojo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Irán,Donald Trump]]></media:keywords>
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