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    <title><![CDATA[infoLibre - Joaquín Jesús Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/joaquin-jesus-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Joaquín Jesús Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Frenesí dialéctico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/frenesi-dialectico_129_2235146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Frenesí dialéctico"></p><p>Promediando agosto, dos grescas han tenido entretenido al respetable. España no será país de filósofos, pero sí de follones. <strong>Atiendan, atiendan: "Hoteles sin niños", cuestión de Estado</strong>. Enésimo ataque a la familia tradicional, última treta de los promotores del gran reemplazo. Derechos fundamentales colisionando: no me diga usted dónde pueden incordiar mis niños; señora, llévese a sus cabestros a pastar a otra parte.</p><p><strong>Mirándolo con sensatez, el debate tendría poco recorrido</strong>. Si aceptamos que los niños son personas (¡ejem!), lo de segregarlos queda feo. El silogismo obliga, ríñanle a Aristóteles. Miren, si Antonio Burgos no se suicidó cuando las mujeres salieran de capitore, nosotros podemos tragar con esto. <strong>Conste: como fin de mi raza y tiquismiquis empedernido, me he peleado con matrimonios parentelados en casi cualquier contexto imaginable</strong>. La más pintoresca: casi llego a las manos en el Auditorio Nacional. ¿La causa? Dos niñatos que confundieron mi respaldo con una pelota. Compadezcámoslos. Sus padres los habían abandonado en el otro extremo de la fila en manos de la integral de órgano de Johann Sebastian Bach. Imagino que, como parte de sus carencias educacionales, sus progenitores tampoco les habían advertido sobre los peligros que pueden acarrear los incordios a un señor gigante y barbudo que no tiene mejor cosa que hacer un sábado por la mañana que pagarse una entrada para escuchar fugas y pasacalles.</p><p>¿Creo, entonces, que habría que prohibir la entrada de los menores a los teatros? ¡Ni mucho menos! <strong>La humanidad no puede prescindir de una nueva generación de melómanos</strong>. Bastaría, en mi prudente opinión, con instaurar una <strong>sensata política punitiva contra los tutores descuidados</strong>. Algo sencillo, como <strong>amputaciones pedagógicas</strong>. Picotas en las entradas de la ópera, un discreto auto de fe al final de temporada.</p><p>La segunda bagatela hay que reprochársela al cosmos infinito. ¿A qué dios chapucero se le ocurre dejar que los cuerpos celestes se estorben tan a la ligera? <strong>Eclipse total, ¡válgame el señor!</strong>; despliegue informativo: consulte cómo se verá en su pedanía, qué gafas pertrechan mejor las córneas y demás hitos astronómicos a los que estar atento. Sorprendentemente, un espectáculo secular y celeste puede tener detractores. "¡Soy muy especial, así que me quedaré en casa!". Estupendo camarada, ve y cuéntaselo a mamá. Oiga, que se han escrito columnas con ese argumento; en periódicos serios, ¡de los que salen en papel! Ojalá encontrase una ranura desde la que fisgar en esas vidas irrepetibles. <strong>Gente esmerada en desborregarse: ni fútbol, ni procesiones, ni gaseosas, ni penicilina, que eso gusta mucho al populacho</strong>. Apóstatas de la sociedad consagrados a llevarle la contraria. Que el eclipse será una filfa, pero le has dedicado 600 palabras, compañero.</p><p>Luego, claro, vinieron los grupis. "Anoche pudimos tocar a dios". Madre mía, ese seguro que terminó con desprendimiento de retina. "Lo más hermoso que vi en mi vida", cincelaba alguien en Twitter. Ya lo siento, chico: desde ahora, todo cuesta abajo. Si fuese por mí, juntaba a tirios y troyanos en una plaza y que sobreviva el mejor. Cursilería contra cinismo baratero, una batalla para terminar con todas las guerras. Por medio, sospecho, florecería la tercera España: la que temía que la gravedad se tomase un descanso o que por el oscuro redondel se colasen los demonios y los marcianos. Los efectos de las profecías aún están por comprobarse. Serán como los de la vacuna del covid: en 100 años, todos calvos.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2026 18:10:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Frenesí dialéctico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Sierpes de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/sierpes-verano_129_2234874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sierpes de verano"></p><p>Cada vez que saco los ventiladores me digo: "estos meses tienes que escribir naderías". Luego llegan los<strong> incendios</strong>, el <strong>follón geopolítico</strong> seguido del <strong>escándalo nuestro de cada canícula </strong>y el plan se descalabra.</p><p>Les reconozco que<strong> siempre he querido ser un articulista de minucias</strong>. Tener una columna donde hablar de guisos, libros raros y jardinería. "La otra tarde anduve podando las hortensias a la sombra del sicomoro" o "dónde comer buenas albóndigas si vas al festival de Bayreuth", suma y sigue. Para muestra, una confesión. Llevo semanas enfrascado en las discusiones académicas sobre el libro de Enoc, un apócrifo del Antiguo Testamento del que se conserva una versión en etíope clásico, otra en eslavo eclesiástico y una tercera en hebreo. No me miren así: <strong>¿cómo no entusiasmarse con un profeta que viaja por las estrellas digievolucionado en "Metatrón, el príncipe de la presencia"?</strong></p><p><strong>Lo del ático</strong> palidece ante las trifulcas de los cabalistas; y <strong>tengo pendiente mucha literatura gastronómica por culpa de la dichosa lectura de la actualidad</strong>. Y sí, la democracia no se defiende sola, y aunque mis columnas tengan la eficacia de un tirachinas me consuela pensar que le saco una carcajada a alguien de tanto en tanto.</p><p>Que los veteranos me corrijan, pero no sé si es verdad que en los veranos <em>de antes</em> no pasaba nada. En los míos, claro: mis padres me arrastraban a la playa (odio el calor, la arena y la desnudez), donde, atrincherado bajo la sombrilla, pasaba las horas dándome paletadas de <em>factor cincuenta</em>; conjurando la locura con la promesa de una ración de sardinas y otra de choco frito. La única actualidad de aquellos días eran los cachiporrazos que recibía Mortadelo y las peripecias del protagonista del novelón de capa y espada que manoseaba para la ocasión.</p><p>Recuerdo, embobado, la calidez de aquel fantástico aburrimiento —el tiempo romo y pesado— ahora que<strong> llevo una década sin tomarme vacaciones</strong>. La total despreocupación por un futuro que aún no me parecía incierto ni amenazante; en el que la vida quedaba por hacer y el sendero solo estaba lleno de incógnitas, pero no de peligros. Me pregunto cuánta de mi angustia tendrá que ver con rebuscar miserias cada semana con las que escribir chistes los viernes para que se lean los sábados. Conste: <strong>puestos a elegir trabajos, prefiero este que picar en la mina</strong>; no me malentiendan, pero de tanto en tanto conviene mirar detrás del telón para ver cómo de averiada anda la tramoya.</p><p>Intentaré tomarme en serio el propósito de todos los veranos (hay quien se hace la lista en navidades, yo en julio) y <strong>hurtarle cuatro semanas al candelero</strong>. Este curso he aprendido cosas fascinantes sobre colecciones anatómicas, iconoclasia de quita y pon, gastronomía abracadabrante, sombras chinescas y botánica de andar por casa. Son, lo sé, asuntos menos acuciantes que la especulación inmobiliaria, los desastres migratorios, el auge del fascismo, el golpismo de las togas y la degradación de los servicios públicos; pero denme cuartelillo. <strong>Al menos una vez al año hay que respirar</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2026 16:55:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sierpes de verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[verano,Opinión,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El Prado mitiga los incendios con fotocopias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/prado-mitiga-incendios-fotocopias_1_2234822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4ad95d1f-357b-40f8-9238-2dac2117a093_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Prado mitiga los incendios con fotocopias"></p><p>El drama de los fuegos <strong>suscita solidaridades inesperadas</strong>. Hay quien vende el ático para repartir un aguinaldo entre los chamuscados y quien les envía estampitas de tamaño colosal. <strong>15 réplicas (¡15!) provenientes del mismísimo </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-del-prado/" target="_blank" >Museo del Prado</a> (departamento de reprografía, supongo) se repartirán por el rural zamorano "para acercar el arte a un territorio de incalculable valor ambiental".</p><p><em>No tienen cuadros, madame; pues que miren fotocopias</em>. La propuesta, tal como se detalla <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/en-un-lugar-que-renace/29fedb02-d320-f3bb-d7e2-de1d99b51f03" target="_blank">en la web</a> de la pinacoteca, se impone la tarea de "<strong>llevar la mirada a unos paisajes naturales</strong> que, aunque el año pasado se vieron afectados por los incendios, mantienen grandes espacios naturales de enorme belleza", <strong>"recrear la experiencia del museo al aire libre"</strong> y emplazar las obras en "espacios naturales" donde "alcancen una resonancia inédita". Tras enumerar su catálogo de simulacros ("en Zamora […] se ha instalado <em>Lucha de san Jorge y el dragón</em>, de Rubens; en Hermisende, <em>La Anunciación</em>, de Fra Angelico; en Lubián, se exhibe <em>Cardenal</em>, de Rafael; en Ribadelago, está<em> El quitasol</em>, de Goya"), la nota culmina: "El Museo del Prado <strong>demuestra que su colección no solo habita en las salas</strong>, sino que puede ser un motor de recuperación y diálogo en nuestro entorno natural".</p><p>El despropósito es tan generoso que cuesta decidir por dónde hincarle el diente. Quizás por su acepción de <em>lo natural</em>: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=U78rkfAdeMA" target="_blank">la pared de una casa de pueblo, el consistorio de una capital de provincia</a>. Oh, calamidad: nunca hay que perder la oportunidad de colgar un bodegón de un alcornoque. Lo de las <strong>"resonancias inéditas"</strong> también merece comentario; sobre todo porque uno pensaría que —a la luz de la propuesta— se habrían escogido obras en las que domina el paisaje, a fin de oponer la esperanza del verde sobre el gris de la ceniza. ¡Ni eso! Entre la nómina ganadora figuran <em>Las hilanderas</em> (interior alegórico), <em>La rendición de Breda</em> (Flandes, célebre pedanía de la Puebla de Sanabria), <em>El caballero de la mano en el pecho</em> (retrato sin fondo) y <em>La maja vestida </em>(gabinete semierótico).</p><p>Si una iniciativa ha de juzgarse por sus logros, me imagino que habrá algún becario contabilizando <strong>cuántas "miradas" habrán llegado a esos paisajes calcinados</strong> a cuenta de tan noble misión pedagógica. El resultado puede ser esclarecedor: un triunfo demostraría, de una vez y para siempre, que quienes no viven a la verita de las grandes instituciones culturales capitalinas se contentan con sucedáneos. No se hizo la miel para la boca del asno, etcétera, etcétera. También, que los museos nacionales no tienen ninguna responsabilidad para con ellos, por más que estos contribuyentes sean tan propietarios y sufragadores del patrimonio público como los que viven en el Paseo de la Castellana.</p><p>Los señores del Prado, conste, podrían enviar parte de sus colecciones más allá de la M-30 si se lo propusiesen; por más que eso cueste una mijita<strong> más que la solemne instalación de docena y pico de pósteres</strong>. Prefieren, sin embargo, colocarse la medallita de "la cultura es de todos" pero no la mueva usted de aquí. Cabe otra opción: que los paridores de esta bacalada no sean ni paternalistas ni altivos, sino firmes defensores de la desaurificación de la obra; execradores del reverenciado "original". La web nos da una pista: cuando rematas la noticia de <em>En un lugar que renace</em> (así se llama la cosa esta), <strong>chocas con el hipervínculo a la tienda de impresión bajo demanda</strong>. Ansío nervioso el siguiente paso: despejar la galería central para transformarla, según el signo de los tiempos, en una colosal tienda de regalos. </p><p>***</p><p>Querido lector, querida lectora. Con este <em>Asunto artístico</em> termina mi labor como crítico en las páginas de <strong>infoLibre</strong>. Termino profundamente agradecido a quienes tan generosamente me las ofrecieron y a quienes, semana tras semana, las han venido leyendo. La decisión me apena, pero me reclaman nuevos horizontes profesionales. Confío en que alguien tome el testigo con las mismas ganas y más talento, porque todo espacio reclamado para el arte y la cultura contribuye a la felicidad del mundo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2026 04:00:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Prado mitiga los incendios con fotocopias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo del Prado,Arte,Museos,Incendios forestales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atiqueando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/atiqueando_129_2234606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Atiqueando"></p><p>El problema de la vivienda escala una nueva cima. "No tengo nada", declara la presidenta de Asís, embargada —supongo— por el espíritu de Mujica. "Ni secretaria, ni coche, no tengo a nadie…". Ay.</p><p>La capital del reino, al borde del colapso reputacional. <strong>Extra, extra: una reforma en la sede del Gobierno podría dejar a la lideresa sin sala de juntas. ¡Prácticamente </strong><em><strong>homeless</strong></em><strong>, habráse visto! </strong>Puestos a librarnos de semejante bochorno, una bondadosa empresa pública ha soltado unos milloncejos (media docena, más o menos) para que la doña tenga dónde retomar su trepidante agenda. Fuentes consultadas por este columnista aseguran (<em>pinky promise</em>,<em> te lo juro por Snoopy</em>, etcétera) que <strong>no queda una oficina libre en toda la comunidad</strong>. "Los menas no paran de fundar <em>coworkings</em>", afirman, consternados.</p><p>La prudente iniciativa del autonómico ha despertado las envidias y recelos de la chusma bolchevique. Con inusitada vileza, opositores mezquinos, periodistas de "la sincronizada" y todos esos rencorosos que se fueron de Twitter se han lanzado a pedir explicaciones a Lady Madrid, ¡como si se las debiera! Que si el garito no tiene los permisos para usarse como oficina, que si la compra se hizo hace tres meses y nadie ha dicho media; y que <strong>qué curioso que doña Isabel se haya montado un chabolo frente al pisito de sus padres. ¡Otro ataque a la familia tradicional y católica!</strong></p><p>No queriendo armar revuelos que favorezcan al tirano que nos somete, la abnegada presidentriz ha decidido inmolarse en el altar de la bondad:<strong> "Vended el ático, ¡dad el dinero a los pobres!". No llores por mí, Chamberí</strong>. "Pero señora, que… no lo ha comprado usted, que es una adquisición pública y que…". Sapristi, nueva vacante en la consejería de presidencia. La tía no para: en una sola jornada paniagua a los chamuscados, escurre el bulto y crea empleo. La innovación, benemérita: la Comunidad de Madrid te deja sin bomberos pero te malpaga por las molestias. Esta debe de ser la economía circular de la que tanto he oído hablar. Pero, ¿cómo? ¿Qué dice este teletipo? <strong>¿Que González Amador puso a la venta su nidito de amor justo al cerrarse la compra de la oficinita con terraza?</strong> Nosotros, tan ufanos porque nos sombree un eclipse, premiados con esta carambola astral.</p><p>La felicísima casualidad nos habrá dejado con cara de idiotas, pero a cambio tenemos un publirreportaje de los interiores de <em>chez</em> Maxwell Cremona. Por fin le sacamos algo a una inmobiliaria. Busquen, busquen, que es de traca. Un botellín de Mahou al óleo, un tomo sobre el Valle de los Caídos y toallas con el nombre bordado en letras gordas. Mucho beige, peluches sobre el sofá y todos los vestiditos que elogia <em>La Razón</em> colgados como jamones: qué elegancia la de Francia.</p><p>Los pisos altos tienen algo que encandila a los supervillanos. Saruman, Logan Roy, Lex Luthor, el fantasma de Ignacio González: todos están perdidos como se les estropee el ascensor. Lo malo es que desde allí arriba no te coscas de los tejemanejes que se urden en el sótano. Del ñic ñac de las cintas VHS rebobinándose, <strong>a la búsqueda de aquel minuto glorioso en el que te trincaron robando un par de cremas</strong>. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 18:07:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Atiqueando]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El retorno del pensamiento mágico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/retorno-pensamiento-magico_129_2230826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El retorno del pensamiento mágico"></p><p>Como soy un pésimo español, el triunfo balompédico me pilló en la cama viendo una película de ovejas detectives. Lo había intentado, conste. Mi padre, al que le interesa el fútbol casi tanto como la literatura altomedieval, nos convocó en torno a una mesa llena de espirituosos y golosinas para ver el partido <em>comme il faut</em>. "A por el bote, ohé", que enceste el mejor y viva don Miguel de la Quadra-Salcedo. </p><p>Al minuto 14, el hombre roncaba. Mi madre, que iba y venía por la casa, no paraba de preguntar que "cuánto le faltaba", interrogante al que mi hermano y yo solo sabíamos responder con que "ni idea". Purito fervor en la casa Sánchez, un verdadero "sentir los colores". En fin, que con la prórroga dimos por terminada la <em>performance</em>, nos excusamos con el "que mañana trabajo" y cada mochuelo a su olivo.</p><p>Aunque no me emocione el <em>revival</em> nacionalista auspiciado por la cleptocracia de<strong> Infantino</strong>, reconozco que las consecuencias del sarao me han entusiasmado. <strong>Toda una nación calzándose el gorrito de papel de plata y armando conspiraciones como si fueran sangüichitos de miga</strong>. Extra, extra: la CIA nos ha obligado a jugar de pena. El poder en la sombra —gente atareadísima— ha pausado sus quehaceres noventa minutos para practicarle vudú a Messi. Las teorías, a cada cual mejor. La otra tarde escuché a una muchacha asegurar que "todos" (¡todos!) los astrólogos y brujos del país diagnosticaron que el estado de "las energías" presagiaba una victoria albiceleste; y que hizo falta mucha magia negra para cambiar eso. "Es gente que trabaja con las energías", aseguraba, juntando los deditos; "son profesionales". Otra, psicóloga, diagnosticaba un shock postraumático a toda la nación: "Por mi trabajo, soy experta en detectar lo no-dicho". Cu cú, cu cú.</p><p>En fin, que el paisito que tuvo el buen ojo de presidenciar a Milei anda dándonos lecciones de chaladura. Habrá que tomar nota. Nada da tanto lustre a una nación como una recogida de firmas para que se repita una final. "Nos sentimos estafados". Compadre, bienvenido al siglo XXI. Unos señalan la reivindicación de las Malvinas como el detonante de las maquinaciones. Otros, oscuras motivaciones económicas:<strong> los jugadores españoles son más jóvenes y auparlos aumenta las plusvalías, etcétera, etcétera</strong>. Teniendo un jefe de Estado capaz de invocar el fantasma de un mastín, no me explico cómo las fuerzas del mal han podido prevalecer, la verdad.</p><p>La inventiva, me temo, no entiende de naciones; y no pocos comentaristas se han lanzado al proceloso torrente de la alegoría. No solo la enfermedad tiene sus metáforas, también el deporte: se ve que nuestros chavales juegan mejor al fútbol porque el multiculturalismo ayuda a tirar penaltis. Ríos de tinta sobre las habilidades futbolísticas que te engalanan por ser hijo de migrantes pobres. ¡Viva la hermenéutica creativa! Que a mí me da igual, pero menos mal que hemos ganado: si no, hubiese tocado escribir que la derrota era culpa de esos zagales que nos estropearon el pedigrí.</p><p>La exégesis deportiva, la más estúpida de las ciencias. ¿Pero cómo vas a empatizar con un millonario, so zanguango? Luego les miras de cerca y pasa lo que pasa: que el que no se calza una <strong>gorrita MAGA-cañí </strong>invierte los maravedíes en activos inmobiliarios. Y tú, con tu canción como un gilipollas, madre; y tú con tu canción, etcétera, etcétera.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El retorno del pensamiento mágico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pive Amador, el fotógrafo breve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/pive-amador-fotografo-breve_1_2230145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d241423-0ef1-4362-ac0e-c201ba09f109_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pive Amador, el fotógrafo breve"></p><p>Aunque a<strong> Pive Amador</strong> (José Amador Gemio, Sevilla, 1950) se le conozca por su<strong> labor musical </strong>(ha sido mánager de Kiko Veneno, Imán o Silvio Rodríguez Melgarejo; y ha trabajado con Ricardo Pachón —productor de, entre otros discos, de <em>Nuevo día</em> de Lole y Manuel, <em>Veneno</em> y <em>La leyenda del tiempo–</em>), también ejerció de<strong> fotógrafo</strong>. Al menos, durante la década que va de finales de los sesenta hasta 1978.</p><p>Esta carrera concisa se expone, hasta finales de septiembre, en la <strong>Sala Atín Aya de Sevilla</strong> bajo el título de <em><strong>Maquinaciones para un decenio (Años 70, siglo XX)</strong></em>. Comisariada por <strong>Fran G. Matute</strong> y dispuesta a lo largo de las tres plantas con las que cuenta el espacio, la muestra comienza con una serie de imágenes dominadas por contrastes ocurrentes: una procesión de Semana Santa (con su bulla) que discurre bajo la atenta mirada de unos carteles de King Kong; la Giralda, siempre espléndida, vista desde un derribo; o un paso de palio que avanza sobre un cartel procaz de "Vaqueros Pivot, para hacer locuras". </p><p>Las imágenes, plásticamente atractivas e ingeniosamente compuestas, parecen abundar en esa idea tan andaluza del palimpsesto:<strong> una sociedad constituida por innumerables capas y borrones</strong>; por estratos tan acostumbrados al choque de potencias enfrentadas (lo sacro y lo profano, lo erudito y lo popular, suma y sigue) que ya ni se inmutan ante la contradicción.</p><p>Estas estampas populares fruto del hallazgo (por ejemplo, algunas imágenes de la peregrinación al Rocío, donde unos romeros bailan junto a otros que han desfallecido sobre la hierba) conviven con otras más premeditadas, como la serie <em>Miles gloriosus</em> (1971), realizada durante el servicio militar en Cerro Muriano (Córdoba), donde las instantáneas más documentalistas conviven con reclutas posando de manera afectada. También, los hermosos retratos de los internos del psiquiátrico de Miraflores (<em>Miraflores</em>, 1978), que se dejan fotografiar de espaldas al escenario armado con sábanas y hojas de palmera que serviría para el festival solidario Sala Tapia, organizado por Amador y Pachón.</p><p>En las siguientes salas se combinan algunas de sus series más reconocibles con elementos de sus otras producciones culturales, como los pasquines <em>Palanca</em>, órgano oficial del PQRSTU, el Partido Quimérico Revolucionario Sevillano de los Tarados Universales, cuyo programa electoral se sustanciaba en la defensa de "el cuelgue". Decía "reconocibles" porque <strong>algunas de ellas forman parte de las colecciones del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y el Reina Sofía</strong>, como la serie <em>Caretas</em> (1971), protagonizada por las aventuras de dos máscaras de papel —de indio o de egipcio con tocado— que van saltando por distintos elementos de la casa (la cama, el perchero, sus inquilinos). </p><p>Aún con su carácter lúdico, la serie convive con otros trabajos en los que la problematización de la identidad se hace patente, ya sea la sexual (<em>Terapia travesti</em>, 1975) o la política (<em>Materialismo dialéctico</em>, 1970; en la que una joven pertrechada con un culote deja caer el retrato de Lenin con el que se tapaba el pecho).</p><p>Sin duda, <strong>muchos de estos trabajos juveniles tienen más disparate (a lo goyesco) y tentativa que solidez</strong>. Sucede igual en lo puramente plástico, donde encontramos <em>collages</em> ingeniosos, aunque algo elementales; o composiciones de airecillo surrealista (como el encuentro inesperado entre una silla y un sujetador —qué inquietantes son siempre las ropas vacías— o una bandera que se rasga al engancharse entre los piñones de una bicicleta) un tanto sabidas para la época. La liviandad, con todo, le conviene, porque libra a las imágenes del alcanfor de la gravitas y las mantiene, aún, ocurrentes y desenfadadas para el ojo contemporáneo.</p><p>Pienso que,<strong> puestos a experimentar, mejor de joven que de talludito</strong>: quien a la vejez le da por abandonar la claqueta y entregarse al pintureo o al recorte suele acabar trasquilado.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 04:01:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pive Amador, el fotógrafo breve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fotografía,Arte,Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Richard Avedon y los vecinos del Salvaje Oeste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/richard-avedon-vecinos-salvaje-oeste_1_2227087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/21a58d1a-35e0-49bf-9b8e-68d41558cb1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Richard Avedon y los vecinos del Salvaje Oeste"></p><p>Al comienzo de sus <em><strong>Vidas imaginarias</strong></em>,<strong> Marcel Schwob</strong> lamenta que los historiadores aplanen la vida de los personajes hasta dejarlos en la raspa; es decir, en la suma de grandes acontecimientos. Sus minucias (su humanidad, digamos) solo interesan en la medida en que condicionaron sus proezas o fracasos: como si la única fiebre que padeciera Napoleón fuese la de la mañana de Waterloo o la única borrachera de Alejandro terminara causado la muerte de Clito.</p><p>"Las ideas de los grandes hombres son patrimonio común de la humanidad; lo único que cada uno de ellos poseyó realmente fueron sus rarezas". Pensaba en esta sentencia (tan maja, tan redondita) mientras visitaba <em><strong>In the American West, 1979-1984</strong></em>, la exposición de <strong>Richard Avedon</strong> (Nueva York, 1923 – Texas, 2004) que puede verse en la <strong>Fundación Mapfre de Madrid </strong>hasta finales de agosto. Se compone de las 110 copias con las que el fotógrafo trabajó para su célebre exposición en el <strong>Amon Carter Museum of American Art (sito en Fort Worth, Texas)</strong>, expuestas siguiendo el orden en que figuran en el catálogo (hoy famoso) que se editó para la muestra, así como de unos pocos y valiosísimos materiales que nos ayudan a comprender las complejidades de este proyecto.</p><p>El proyecto de Avedon era sencillo en su formulación:<strong> recorrer el Oeste (ese símbolo de la identidad estadounidense) retratando al paisanaje</strong>. Las fotos querían tener un aspecto elemental: lugareños sobre fondo blanco, iluminación natural. Durante cinco años, Avedon, pertrechado con una cámara de gran formato y acompañado por un grupo de asistentes, fue encadenando escapadas a la búsqueda de sujetos singulares. Durante sus pesquisas, visitó una veintena de estados.</p><p>Por aquel entonces, Avedon no era un cualquiera: ya había expuesto en el MoMA y retratado a un sinnúmero de estrellas; se había consolidado como uno de los grandes fotógrafos de moda de su tiempo y era el responsable de las portadas de la revista <em>Vogue</em>. El volantazo es elocuente: de Marilyn a un carbonero; de los duques de Windsor, Borges y Truman Capote a una legión de vagabundos.</p><p>De la pericia de Avedon en su oficio poco podemos añadir:<strong> sus imágenes son de una maestría palmaria y su habilidad para el retrato psicológico resulta indiscutible</strong>. Felizmente, <em>In the American West, 1979-1984</em> no solo nos ofrece el centenar de copias de época (lo más «original» que puede ofrecernos la fotografía, un arte infinitamente reproducible) de una serie icónica, sino un vistazo tras la cortina que resguarda la tramoya. Por ejemplo, mostrándonos algunas ampliaciones plagadas de indicaciones sobre saturaciones, brillos o definiciones que conviene afinar. También, las Polaroid que servían para vincular a los modelos con su expediente. Además de un pertinente testimonio del proceso, estas pequeñas imágenes —tomadas espontáneamente y sin más cuidado que el de juntar a tal persona con la carpeta numerada donde se almacenarán sus permisos y sus negativos— nos permiten entrever cuánto de artificioso hay en los retratos resultantes, tan pretendidamente elementales; tan de fondo neutro y a la luz del día.</p><p>Por más que, desde sus orígenes, la fotografía se pregonase como un ingenio objetivo —capaz de eliminar los sesgos que los intermediarios (pintores, escultores, dibujantes) sumaban a la imagen fijada— los fotógrafos hicieron trampas desde el principio: <a href="https://www.catedra.com/libro/ensayos-arte-catedra/la-invencion-de-la-histeria-georges-didi-huberman-9788437623818/" target="_blank">inventaron enfermedades</a>, <a href="https://unmaletinmarron.com/2024/06/26/el-fantasma-en-la-maquina/" target="_blank">cazaron, in fraganti, a los efluvios vitales</a> y se entregaron al tocomocho del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Fotograf%C3%ADa_espiritual" target="_blank">espiritismo</a> sin el menor rubor. Avedon, claro, se suma a esta tradición venerable, como demuestra que algunos de sus protagonistas más ceñudos luzcan risueños en las mentadas instantáneas; o que sobre el rostro de algunos esforzados mineros apareciesen manchas de barro en lo que va de la Polaroid a la cámara de gran formato.</p><p>Viéndolas cuatro décadas después, podemos decir —sin los apasionamientos de primera hora— que en la serie <em>westeriana</em> se superponen muchas<strong> inercias típicas de la Historia del Arte</strong>. El retrato solemne de los donnadie de este mundo (de los bufones de Velázquez a los crupieres en paro), el arte como productor de genealogías e identidades nacionales (he aquí "los americanos", casi al modo de las pinturas de castas) o el simpático esfuerzo por epatar al burgués. Cuesta eludir la fascinación exotizante hacia los desheredados de este mundo (concretamente, los damnificados por la pulsión ultraliberal de Ronald Reagan), por más que los retrate con dignidad y sin excesivos pintoresquismos (sobre su relación con ellos, la exposición aporta alguna correspondencia humanamente reveladora). Y asombra lo sucinto de la <em>dramatis personae </em>que jalonan los retratos. "David Beason, empleado de transporte marítimo, Denver, Colorado, 25 de julio de 1981". "Dave Thimothey, víctima de radiación nuclear. Orem, Utah, 8 de agosto de 1980". Recluso. Criador de cerdos. Paciente. "B. J. Van Fleet, nueve años". En el Oeste, uno tiene oficio, patología, condena o minoría de edad.</p><p>La serie va despegándose del carácter documental autoimpuesto a medida que progresa. Hacia el final aparecen animales sacrificados en algún matadero. La última de las obras es la más lírica y preparada: el retrato calculadísimo de Ronald Fischer, apicultor. Avedon lo encontró colocando anuncios en prensa y le obligó a firmar un descargo de responsabilidad, por si lo cosían a aguijonazos. Sobre su piel nívea y lampiña se acumulan los himenópteros: el personaje nos sostiene la mirada con laconismo. Volviendo a Schwob, vale preguntarse qué pertenecerá a estos hombres diminutos que apenas dejaron huella en la humanidad. Algo muy evidente los distingue de los próceres: no teniendo honores, nos han heredado sus rarezas.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 04:00:45 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Richard Avedon y los vecinos del Salvaje Oeste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Fotografía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que el Mundial nos enseña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/mundial-ensena_129_2227125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que el Mundial nos enseña"></p><p>Ocho años tardé en enterarme de lo del<strong> fuera de juego</strong>. Mi amigo Dani, exasperado, comenzaba sus lecciones con un invitatorio sulfurado: "Vamos a ver, Joaquinillo". <strong>30 veces me lo explicó y todas me pareció absurdo</strong>. Que si el primer delantero con el último defensa bailando el chachachá, pero qué más dará.</p><p>Hay quien tiene el colon irritable y a quien le proliferan los forúnculos: yo padezco <strong>insensibilidad balompédica</strong>. Lo sobrellevo, reconozco, con abnegación. Nunca hay que desperdiciar la ocasión para la parranda y lo de hacer el cabestro 90 minutazos suena envidiosamente liberador. Lustros intentándolo con derbis, eurocopas, finales autonómicas y liguillas regionales: chico, no hay manera.</p><p>Conste que no me doy por vencido. Y cada vez que se presenta la oportunidad me entrego a los noticieros y a los sociólogos, a ver si logro que se me espabilen (¡de una vez!) los receptores del oé oé, la bombofilia (oh, sutil instrumento) y el "yo soy español, español". Confieso que, en esta última intentona, no estoy llegando a conclusiones claras. La otra mañana, por ejemplo, uno de esos periodistas que lo mismo te hablan de toros que del estrecho de Ormuz, aseguraba que <strong>el fútbol "disuelve las fronteras"</strong>. Solo una cosa creía tener clara (que el personal se echaba al césped como representante de un Estado-nación) y se ve que me equivocaba. Cachis, me habré distraído con tanta bandera.</p><p>No me había dado tiempo a reestructurarme la mollera cuando todo un expresidente salió a dinamitarme lo aprendido. <strong>Atiendan: los franceses no son franceses, sorpresa en Las Gaunas</strong>. El requiebro metafísico me da esperanzas: por primera vez, haber estudiado Filosofía podría servirme de algo. No soy el único, miren cómo la columnita del susodicho (es verdad que la IA puede sustituir a algunas personas) ha puesto a salivar a los exégetas. Yo me hice un croquis para resolver el misterio: <strong>¿cómo un señor que trabaja para la República Francesa en calidad de "futbolista francés" podría no ser francés?</strong> Este es un caso para Hércules Poirot. La respuesta podría despejar un camino hacia la felicidad: imaginen la de gabachos que estarán deseando deshacerse de esa enojosa nacionalidad.</p><p>Los pérfidos defensores de los derechos humanos han puesto el grito en el cielo. También el Gobierno francés, pero qué sabrán ellos. Los juntaletras moderados han salido a poner paz: la gente ya no entiende los chistes. ¡Estamos crispadísimos! "El pobre, se trabuca con los colores, ¿no ves que tiene el pelo negro y la barba blanca?", declaran a este columnista fuentes próximas al célebre registrador. "Si el hombre se hace un lío con los vecinos y los alcaldes, ¡imagínate con las nacionalidades!".</p><p>El entusiasmo, claro, no entiende de genealogías. Miren cómo celebraba el triunfo en semifinales el Primero de los Españoles, que es hijo de una griega con raíces germánicas y un italiano venido de Francia. Qué saloncito tan cuco, clavadito al del tanatorio donde velamos a la abuela. Mocasines sin calcetín, abrazos ortopédicos, ni una triste cocacola en el horizonte con la que aliviarse el gaznate. El partido, en ayunas, pero qué delicia. Es verdad que hay gente a la que el dinero no le da la felicidad.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 04:01:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Lo que el Mundial nos enseña]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Deportes,Política,Mariano Rajoy,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tullidos del mundo, uníos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/tullidos-mundo-unios_129_2223136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tullidos del mundo, uníos"></p><p>El bolchevismo cotiza al alza. Miren, hay gente rompiéndose la pierna para joder a la patronal. <strong>«¡Chínchate, Garamendi!»</strong>, gritan los camaradas camino de quimioterapia. Frente a la CEOE acampan un trillón de lisiados; tan pronto pasa un directivo, <strong>alzan sus muñones y gritan con júbilo</strong>.</p><p>El señor que no nos preside porque no quiere anda afeando al respetable su falta de ganas. Se acabó la tibieza: del quirófano al tajo, que el país no se levanta solo. El candidato sempiterno se lo ha prometido a los patrones vascongados, no sea que resuciten el requeté.<strong> «Haya acuerdo o no»</strong>, claro que sí, guapi. El <strong>Estatuto de los Trabajadores</strong> es un concepto discutido y discutible, que decía el profeta. Malvender los derechos laborales a las puertas de las elecciones, en medio de una espiral inflacionaria y con la vivienda por las nubes: finísima idea, <strong>¡que alguien suba el sueldo a esos asesores!</strong></p><p><strong>«El </strong><em><strong>absentismo</strong></em><strong> es un cáncer que no podemos pagar»</strong>. El sustantivo se le resbala, pero no le exijamos demasiado. Esperanza Aguirre, pronta al rescate, ha parido un neologismo más preciso: <strong>«bajaciones»</strong>. Gente fina y ocurrente, así da gusto. En fin, que la calificación oncológica ha traído cola. Sospecho que si me detectasen un tumor, andaría deseando el alta. Como la desgracia no conoce ideologías, <strong>Borja Sémper</strong>, recién recobrado, ha tenido que matizar al superintendente; no sin antes acusar al Gobierno de embarrullar la discusión. <strong>«Es imposible abrir un debate serio en este país sin que se manipule»</strong>, dice el fulano. El del «<strong>me voy porque la política se ha desprestigiado»</strong>, glorioso papelón.</p><p>Siempre dispuesto a lanzarse al barro, el ministro Puente ha exigido a su edecán que le trajese el teléfono y las gafas de cerca para aportar su granito. Pantallazo de <strong>las ausencias parlamentarias del señor Núñez</strong> y el recorte de prensa de aquella vez que <strong>suspendió la campaña por lumbalgia</strong>. Combatir la bajeza con camorrismo, felicísima ocurrencia. Lo de que los trenes lleguen a su hora lo dejamos para la legislatura próxima.</p><p>Pareciera que, con el rival en la lona, el partido mayoritario de la Cámara ha decidido darse cabezazos contra el poste del ring hasta abrirse la cabeza. El debate, claro, ha enfervorecido a la opinión pública y la publicada (a mí mismo me remito), y no hay compatriota <strong>que no conozca a un primo segundo de un vecino</strong> que ha conseguido —oh, titán anticapitalista— pasarse la vida <strong>encadenando luxaciones y temblores para no dar un palo al agua</strong>. «Hay fraude», claman los empresarios prudentes. Pues persíganlos, que uno no deja de conducir por la derecha porque, de tanto en tanto, algún descerebrado se lance a la autovía en sentido contrario. No sea que con la cantinela de la picaresca y el timo de la estampita<strong> busquemos a desguazar los derechos adquiridos</strong>. Lo intentó, en otro rubro, el diputado De los Santos, elevado al escaño por sus méritos como <em>personal shopper</em> de la señora de Mariano (ay, si se llega a enterar el juez Peinado…). <strong>«Los transexuales nos mienten, señorías»</strong>, dijo —en resumen— moviendo mucho la cara. Podría haber citado alguno de esos casos acontecidos en un ignoto rincón de Alabama tan del gusto de los que «desmontan la ideología de género», las «denuncias falsas» y otras acechanzas del maligno. Siquiera se molestó. Total, si ahora su partido es la vanguardia de los derechos LGTBI. Como si fuésemos todos idiotas y no nos acordásemos del recurso al Constitucional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 04:00:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tullidos del mundo, uníos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos laborales,Vivienda,Óscar Puente,Borja Sémper]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pintura es para el verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/pintura-verano_1_2222585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/202017d2-f83e-42cd-a2fb-b17b7ad63be3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pintura es para el verano"></p><p>Hay exposiciones a las que ayuda el calendario. Lo pensaba viendo, en uno de estos días abrasadores y densos, dos pequeñas muestras propuestas por galerías que comparten tramo en la calle Doctor Fourquet de Madrid —epicentro, otrora, del mercado del arte capitalino—.</p><p>La primera la encuentran en <strong>Espacio Mínimo </strong>y la presenta <strong>Antonio Montalvo</strong> (Granada, 1982). Titulada<strong> </strong><a href="https://espaciominimo.es/antonio-montalvo-siempre-todavia/" target="_blank"><em><strong>Siempre, todavía</strong></em></a>, reúne una docena de lienzos pintados al óleo y fechados en el año en curso. Se trata de una colección de estampas costumbristas (una chica leyendo, instrumentos de labranza, una rosca de pan) sazonadas con algún desnudo academicista. Montalvo los ha pintado del natural (es decir, colocando el caballete frente al objeto, sin intermediarios), por lo que ha tenido que toparse con esas escenas que, a ojos del visitante madrileño, contarían como exóticas: un montón de fardos trinchados con una horquilla, lo nunca visto.</p><p>Aunque el título y la cierta melancolía de los personajes representados (los rostros hieráticos, la pose de mirar al vacío, <em>abyssus abyssum invocat</em>, blablablá…) crean en la sala un ambiente finisecular (llamémosle así), <strong>la escasísima materialidad de los cuadros resulta embaucadora</strong>. Pintados con apenas una finísima capa incapaz de disimular la trama del lienzo, pareciera que las modelos van a pasar de la desnudez a la desaparición; que las estampas campestres (no bucólicas, sino rurales) están al borde de la transparencia, como si la luz cegadora del verano que acecha fuera de la galería hubiese empezado a consumirlas.</p><p>A pesar del quietismo de las obras, la exposición procura crear un cierto ritmo en la visita alternando las piezas según su formato, que tiende a vincularse con el elemento que la protagoniza. Así, los grandes y pobres pertrechos de un cuarto de aperos escoltan el mediano perfil de un cabritillo; la pequeñez de un queso mohoso (o un pescadito dejado sobre una mesa) se resguarda del tamaño casi ajustado del desnudo.</p><p>Apenas unos metros más abajo, siguiendo la calle hacia el sur, se encuentra la sede de la<strong> Galería Silvestre</strong>, donde se exhibe <a href="https://www.galeriasilvestre.com/controllerexpom.php?a=actualm" target="_blank"><em><strong>La casa que no existe</strong></em></a> de <strong>Irene González</strong> (Málaga, 1988). La exposición se compone, esencialmente, de dibujos de formato cuadrado y de tamaño escueto: el encuadre sobre el fondo blanco del papel recuerda a una Polaroid. Las imágenes nos muestran fragmentos domésticos en los que abundan las ventanas y los umbrales. Ignoro los referentes a los que se aluden (tampoco es que me preocupen las chucherías biográficas), pero algunas están extraídas de la filmografía de Tarkovski.</p><p>Por lo resumido del formato y por la virtud técnica (son de un preciosismo admirable), <strong>el espectador termina inclinado sobre estas escenas minúsculas, como si fuera un mirón que se asoma a una rendija</strong>. El gesto es interesante, porque la proximidad nos recoloca en ese escenario, hogareño e interior (no miramos desde la calle, sino desde dentro de esos hogares desconocidos); no tan próximo como para sentirlo propio, no tan ajeno como para no reconocerlo.</p><p><strong>Dos obras rompen el modelo</strong>. En una, el esquema permanece (una consola con enseres y una lámpara de pantalla redonda de cristal; sobre el mueble hay un cuadro; la escena está desenfocada y priman los colores rojizos) pero varía la técnica (pintura) y el formato (díptico mediano). En otra se preserva el formato, pero la imagen se reduce a un cuadrado sólido sobre el que, en una serie de tres piezas, se superponen unos subtítulos amarillos. "¿Te gusta tu casa? ¿Eh, mi niño?; —Soy una especie de coleccionista. —¿Ah, sí?; Sabía que si vivía allí, sería feliz hasta morir".</p><p><em>Siempre, todavía</em> y <em>La casa que no existe</em> son dos exposiciones en las que, sin pretenderlo, <strong>se comparte una idea de lo doméstico y lo íntimo </strong>que, expuesto, nos descoloca como espectadores de un espacio —a pesar de su vulgaridad o su sencillez—  que no nos pertenece. En ambas subyace esa tensión que solo generan las casas, espacio de pretendida seguridad que, vulnerado por la presencia o la mirada ajena, se vuelve peligroso. También nos enseñan un refugio al que no estamos invitados. Luego, en la calle, nos aplastará el calor.</p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[1a43cb3a-6813-4b2c-a730-f7928070b82a]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La pintura es para el verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Ferias y exposiciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que vienen los nietos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/vienen-nietos_129_2219389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que vienen los nietos"></p><p>Una nueva amenaza se yergue frente a los dominios de don Pelayo. El vigía, un tal Núñez, se desgañita dando la alarma. <strong>Que salgan los pretores, los cónsules, los oradores:</strong> ya llegan los bárbaros dispuestos a saquear el censo… ¡con el cariño que le tenemos!</p><p>Los asesores de Génova han parido un ratón. «La ley de nietos», afirman: renombre menesteroso de una disposición adicional de la Ley de Memoria Democrática que permite a <em>los hijos de los hijos</em> de exiliados solicitar la ciudadanía. «Ingeniería social», insiste don Alberto, aclarándose la voz para futuros lamentos. <strong>El fantasma de Fraga, tan aficionado a pescar votos en las américas, deambula extrañado</strong>. Ni con medio <em>pe so e</em> calentando banquillo el orensano cree en sus posibilidades. ¡Feijóo primero, <em>El Prudente</em>!</p><p>No quisiera enmendarle la plana a los sagaces asesores genovitas, pero atendiendo a <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/gran-semana-socialdemocracia_129_2215578.html" target="_blank">los últimos sufragios</a> latinoamericanos, no diría que el sur global ande bolchevique. Pero qué sabré yo. Seguro que en algún lugar de la Patagonia, un exiliado del Frente Popular le está pasando de extranjis una papeleta sanchista a su nieta: «Toma, que no se entere tu madre».</p><p>Inquieto por el pufo inminente, <strong>me preguntaba la otra tarde si los fans del ortocenso habrían levantado la ceja cuando Mariano le dio la nacionalidad a los sefarditas</strong>. «Eso es otra cosa», sentenciaba la otra mañana (¡como si me oyera!) Federico en su filípica. Emisarios del lobby, me figuro, aplaudieron desde la pecera.</p><p>Para enmendar las maquinaciones del pérfido inquilino de la Moncloa, la oposición —sita en la Puerta del Sol— se ha sacado una medida de la chistera. Ya es oficial: <strong>en Madrid, los fetos vienen con paguita</strong>. Liberales, ¿quién os entiende? En fin, las comparaciones son odiosas: quinientos euros a los afincados en la placenta, pero traiga usted el padrón o le quitamos el bonobús. ¡No a los menas! ¡Sí al <em>nasciturus</em>!</p><p>El cántico, tan alegre, resuena allende Despeñaperros. Tras un par de negativas con la boquita pequeña, el simpático Juanma ha pronunciado el «sí quiero». La familia política, entusiasmada, lo ha celebrado lanzando Brummel y xenofobia desde una avioneta. Vivan la prioridad nacional y los vicepresidentes de VOX: <strong>la clásica apuesta por la moderación</strong>. Nuevos (viejos) tiempos: <strong>Moreno, descaretado, se dejará crecer las patillas e irá al parlamento a caballo</strong>. Figura en el acuerdo, conste, junto al recorte de la franja blanca de la bandera andaluza («muy moruno», declaran fuentes del nuevo ejecutivo) y una remodelación de la <strong>Alhambra</strong> y la <strong>Mezquita de Córdoba</strong> que oculte los arcos de herradura y los mocárabes debajo de gruesas capas del pladur.</p><p>«El arraigo es lo que cuenta», aseguraba el presidente reelecto. <strong>Los jeques de Marbella, tan enraizados, no tienen de qué preocuparse</strong>. Los temporeros, ya tal. Todavía aguardo una esperanza alocada. <strong>Quizás esta es una astutísima maniobra de la derecha para expulsar a todos esos paliduchos</strong> <strong>que piden «</strong><em><strong>paelia with sangría</strong></em><strong>»</strong> mirando a la Caleta y no nos estamos enterando. Una verdadera revolución a la chita callando. Puede que Juanma haya oído el clamor de su pueblo, tan hasta las narices de los turistas, los pisos vacacionales y la vivienda imposible, y haya cargado con dinamita el eslogan intolerable de sus palafreneros de gobierno.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 04:00:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Que vienen los nietos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Junta de Andalucía,PP,Vox,Xenofobia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Refugios climáticos y otras derivas culturales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/refugios-climaticos-derivas-culturales_1_2218777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9dfaecc6-e496-4814-9f53-907345e40c55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Refugios climáticos y otras derivas culturales"></p><p>Entre las notas de prensa que esperaban en mi buzón, una brillaba con particular fulgor. "<a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/"  >El Museo Reina Sofía</a>", decía el asunto, "refugio climático y cultural". El interés, creo, me venía por la coincidencia: no era la primera de esa guisa que recibía esta semana. <strong>El CA2M, por ejemplo, acaba de inaugurar su "Fresquera" en Móstoles</strong>, "un sitio donde el fresquito se agradece, como cuando te sentabas en la puerta de casa con un botijo al lado y buena compañía". Directitos al corazón de la generación zeta, ¿eh? "No es una actividad", remataba el comunicado: "es una actitud".</p><p>Con el comienzo de la canícula, <strong>los edificios culturales se ponen a disposición de sus sudorosos usuarios</strong>. Temperaturas bajas, una humedad relativa sensata y exposiciones por doquier, ¿quién da más? Dando algunos brincos por internet, descubrí que decenas de instituciones estaban adoptando idéntica medida. Sabía que el <strong>Círculo de Bellas Artes</strong> estaba habilitando desde el año pasado su Salón de Baile, y que para este fin suelen llenarlo de plantas. También, que los museos más señeros de la capital vuelven a acoger una maratón de «actuaciones flamencas» patrocinadas por el Ayuntamiento, en una iniciativa cuyo eslogan dice: "Refúgiate en la cultura". En Barcelona, según leo, hay "refugios climáticos" en el <strong>MACBA</strong>, el <strong>CCCB</strong> y la <strong>Fundació Miró</strong>, insertados en un plan municipal conformado por quinientos de estos lugares; privilegio con el que, me temo, no cuentan los vecinos de la villa y corte.</p><p>En estas circunstancias abrasadoras que padecemos, <strong>comprenderán que no vaya a poner un pero a cualquiera que abra su sede refrigerada</strong>, pero me sorprende que las instituciones culturales hayan tenido que tomar la iniciativa en este asunto. Y no solo porque la crisis climática sea un hecho incontestable a cuyos efectos deberían responder el conjunto de las Administraciones: también por el calado que pueda tener el latiguillo de la cultura como refugio.</p><p>Me pregunto qué implicará convertirse en un oasis. Justo ahora que venimos notando cómo tantas propuestas se esfuerzan en esquivar el conflicto y cómo tantos temas complejos se despachan, una y otra vez, encomendándolos a una mirada poética que pueda evitar cualquier posicionamiento. No me preocupa, entiéndanme, que <strong>una institución que cuenta con los medios para hacerlo pueda aliviar los padecimientos del vecindario</strong> que le queda próximo, sino que el discurso del <em>vente a charlar con las vecinas, te ves unas expos y te quedas tan pancha</em> (así enunciado) <strong>sea otro síntoma de la reconversión de las artes en un pasatiempo</strong>; de la programación de los museos en algo blando, orientado al descubrimiento de novedades (una artista que, en sus tiempos, fue más famosa que Warhol; la primera exposición en España de un quinceañero escandinavo; la versión sudafricana del <em>Guernica</em>, etcétera). Porque eso supondría otro clavo en el ataúd de las medio agonizantes capacidades emancipadoras del arte. <strong>El museo puede y debe ser un lugar acogedor, insertado en el lugar donde se ubica</strong> y, por tanto, atento a las necesidades de quienes lo circundan. Pero no basta con eso: también debería mantener la capacidad de generar conflictos y asombros; y de incomodar (a propios y extraños) y de darse, incluso, como algo desestabilizador y peligroso para quien lo contempla.</p><p>Queriendo resguardar estas potencialidades, comprenderán que me preocupe. Más, si de un tiempo a esta parte hay quien insiste en felicitarse porque su museo sea un lugar donde la gente puede ir a hacer cualquier cosa: pasar al baño, disfrutar de la wifi o tomar café. Esa, me temo, es la mejor excusa para que te lo cierren: en un polideportivo, también hay cocacolas y mingitorios.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 04:00:49 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Refugios climáticos y otras derivas culturales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Museos,Olas calor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran semana de la socialdemocracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/gran-semana-socialdemocracia_129_2215578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gran semana de la socialdemocracia"></p><p>«Negras tormentas agitan los aires», que dice la cancioncita. En una semana, dos tantos para la ultraderecha allende la mar océana. En Colombia, <strong>Espriella</strong> —esa calcomanía de <strong>Bukele</strong>— le ha ganado la segunda vuelta a <strong>Iván Cepeda</strong>, el candidato apoyado por <strong>Gustavo Petro</strong>. La receta, calcada: macrocárceles, megaliberalizaciones, una escasa melenilla embetunada y la barba perfilada con escuadra y cartabón. Y viendo que los <em>parces</em> le robaban el protagonismo en la prensa internacional, los peruanos han hecho la de «sujétame el pisco»: <strong>Keiko Fujimori, presidenta</strong>. Como papá, el de las matanzas, los secuestros y las esterilizaciones forzadas. Viéndolo por el costado optimista, peor no lo puede hacer.</p><p>Uno se pregunta <strong>qué lleva a los pueblos, una y otra vez, a escoger al líder más malvado</strong>. No a uno que te sale rana, sino al que hace campaña vestido de malo de James Bond. Ding, ding, ding: en una esquina del cuadrilátero, el etéreo temor a que vengan los rojos; en el otro, la orgullosa primogénita de un fulano encarcelado por crímenes de lesa humanidad. ¡Habla, pueblo, habla! Mecachis: nunca el susto, siempre la muerte.</p><p>En nuestro vecindario, <strong>los laboristas defenestran a su premier</strong>, a ver si los dioses les aceptan el sacrificio y contienen a los bárbaros desdentados que encabeza Farage. Vuelve la burra al trigo: una década de catástrofe a causa del Brexit —el PIB les ha menguado seis puntos— y los esforzados hijos de la Gran Bretaña deciden hacerle ojitos al prócer que orquestó aquella campaña tramposa y necia. Tampoco es que esperara mucho de la buena gente que reeligió dos veces a <strong>Thatcher</strong>, pero se ve que conservo la capacidad de asombro.</p><p>En el condominio de las Españas, ríete tú de la cochambre internacional. Extra, extra, <strong>han condenado a Ábalos, ¡y eso que siempre saludaba!</strong> También a <strong>Koldo</strong> (esbirro y compinche), pero no a <strong>Aldama</strong>, célebre mangante («corruptor», quiero decir), al que sus señorías han premiado el desembuche con cuatro añitos homeopáticos y servicios a la comunidad. <strong>No habrán querido truncarle la carrera de tertuliano</strong>, qué se yo.</p><p>Será el calor, pero esta olla de duelos y quebrantos me tiene empachado. Para los unos, que un ministro compre en el economato es <em>peccata minuta</em>. «<strong>¿Acaso no ves cómo la judicatura anda hostigando a la novia y al hermano del presidente?</strong>». Para los otros, como a Ábalos lo han cogido con el carrito del helado, todo lo que se le impute al PSOE se da por comprobado. El argumento, fíjense, lo compran hasta los fantasmones del partido. Dijo González —el de Filesa, el de Roldán— que <strong>Zapatero</strong> debería devolver las joyas y <strong>Sánchez</strong> convocar elecciones. Lo dice el tío que no tuvo reparos en salir de vacaciones a bordo del Azor, el barco de Paquito. Poco ha dicho, sin embargo, sobre las intolerables filtraciones de la investigación sobre Zapatero. <strong>Calama tendrá el pelo blanco</strong>, pero todavía no se ha enterado de lo que ocurre cuando le ofreces datos confidenciales a las acusaciones populares. «Ups, ¡perdoncito!».</p><p>Así las cosas, <strong>el parlamento ha aprobado una moción de confianza de mentirijilla</strong>. «Señor presidente, pregúntenos usted qué opinamos de usted». Por la banda del hemiciclo se ha visto calentar a un delantero miope. <strong>Con medio equipo tullido y el portero con lipotimia, ha enfilado el punto de penalti</strong>. Parando el balón, y tras girarse hacia su afición, ha vociferado: «Sigo sin ser presidente… ¡porque no quiero!».</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 19:06:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La gran semana de la socialdemocracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juicios,Política,Congreso de los Diputados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artista vencido por el monumento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/artista-vencido-monumento_1_2214975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/40a6caf3-d611-4f2e-9744-487d51840d2e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El artista vencido por el monumento"></p><p>"El arte es una fuerza que hace temblar las narraciones del Estado". Lo dice <strong>Fernando Sánchez Castillo</strong> (Madrid, 1970) justo al comienzo de su exposición en el <strong>Palacio Velázquez</strong>, que reabre con esta muestra tras dos años cerrado por obras de rehabilitación. La afirmación –tan de primeras, tan rotunda– contrasta con la variada colección de monumentos, pedestales y esculturas colosales que pueblan la solemne subsede del <strong>Reina Sofía</strong> <strong>en el</strong> <strong>parque del Retiro</strong>.</p><p>La muestra, articulada alrededor de la reproducción del estudio del artista, lleva por título<strong> </strong><a href="https://www.museoreinasofia.es/prensa/nota-de-prensa/la-perla-peregrina-nos-acerca-la-creacion-artistica-de-fernando-sanchez" target="_blank"><em><strong>La Perla Peregrina</strong></em></a>, joya insigne del ajuar de los Habsburgo y protagonista de un sinnúmero de azares. Cuenta la leyenda que fue<strong> hallada por un esclavo en Panamá</strong>, y que compró con ella la libertad de su amada. De ahí, al Escorial, para engalanamiento de los monarcas españoles: <strong>Velázquez </strong>la pinta ceñida al sombrero de <strong>Felipe III</strong> y en la cintura de <strong>Isabel de Borbón</strong>, consorte de Felipe IV. <strong>Robada por José Bonaparte</strong>, la joya saltó por Europa hasta embarcarse hacia las Américas, <strong>rumbo al escote de Elizabeth Taylor</strong>.</p><p>Según leemos, la perla sirve como hilván simbólico de la retrospectiva. De una parte, sus idas y venidas (y su insólito final) <strong>ejemplifican los vaivenes de la historia</strong> (el nombre, por cierto, no le viene por viajante, sino por tener una forma "peregrina", esto es, extraña). De otra, porque hablamos de un objeto valiosísimo surgido de una molestia: como se sabe, las ostras recubren con nácar la arena que se les cuela para minimizar las abrasiones. Tristemente, el título funciona <strong>más como anécdota que como asidero</strong> de una exposición que se contenta (y bien está que lo haga) con recapitular las líneas más señeras de la producción del artista madrileño. A saber, su trabajo con los monumentos, sus esfuerzos por subvertirlos y la decepcionante certeza de que las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo.</p><p>La exposición, decíamos, se compone de dos centenares de obras que van desde la acuarela hasta la escultura en bronce, pasando por el vídeo, la instalación, las obras icónicas y los trabajos en proceso. En el capítulo de lo conocido podemos mencionar <em><strong>Azor, Síndrome de Guernica</strong></em> (2012), una escultura modular hecha con <strong>los restos del barco de recreo de Franco</strong>, reconvertido ahora en una serie de cubos de metal aplastado. (La historia de la pieza, como muchas otras de Sánchez Castillo, es fascinante: Felipe González se deshizo de la embarcación porque en los periódicos le afearon su disfrute. Subastado, un señor de Burgos trató de convertirlo —sin éxito— en un motel). Comparecen también un buen número de<strong> bronces ecuestres descabezados o reconvertidos</strong>, variaciones racializadas de algunas esculturas famosas o versiones ideológicamente progresistas del monumento tradicional, como <strong>una figura de gran formato del hombre de Tiananmén</strong>.</p><p>También, muchas obras que recontextualizan artefactos represivos (por ejemplo, tanquetas antidisturbios), poniéndolos al servicio de las bellas artes. Muchos de los trabajos apuestan todo a la idea ingeniosa que los alumbra, como la gran estatua en la que <strong>un soldado carga a ciegas contra el enemigo</strong>, ya que la enorme bandera que porta se le ha enredado en la cabeza. O ese militar plegado (como bailando el limbo), cuya posición imposible sirve para sujetar un columpio.</p><p>La exposición nos ofrece, sin duda, una visita gustosa; resultado, supongo, de la magnificencia del espacio y de la solemnidad que permea en los trabajos del artista. Pero más allá de la impresión, me pregunto si las obras de<strong> Sánchez Castillo</strong> están a la altura de sus formidables pretensiones políticas. Si basta con remedar el vandalismo contra las estatuas (aquí, como acción calculada y estetizada) para desarmar su poder o para subrayar sus debilidades (conocidas, por cierto, por todas las culturas: la violencia contra las imágenes es tan vieja como el mundo). O si la treta de "<strong>monumentalizar"</strong> a los olvidados o los perdedores (las Madres de Plaza de Mayo, García Lorca como cliché de todos los represaliados…) <strong>logra algo más de lo que consiguieron</strong> <strong>los pintores del realismo social</strong> —esforzados retratistas de la famélica legión— hace más de un siglo. </p><p>También, si los formidables artífices de archiduques a caballo hicieron temblar las narraciones que ellos mismos construían (el arte, me temo, sirve para una cosa y la contraria) o cómo obra tan pretendidamente contestataria se habrá colado <strong>en las salas más solemnes de un Museo Nacional</strong> o en <strong>la lista de comisionados por el Gobierno</strong> para la conmemoración del quincuagésimo aniversario del deceso del dictador (25.000 reproducciones a escala de una estatua ecuestre del Caudillo, pero sin Caudillo).</p><p>La exposición puede visitarse hasta comienzos de marzo del año próximo y el catálogo de obras irá aumentando. Con la ayuda de antropólogos forenses, Sánchez Castillo <strong>pretende reproducir el cráneo de Lorca</strong> "atravesado por la bala de sus verdugos". (Anatomía ficción).</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 04:00:56 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El artista vencido por el monumento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Escultura,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pedruscos de Abdalá y las dádivas de Quirón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/pedruscos-abdala-dadivas-quiron_129_2211781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pedruscos de Abdalá y las dádivas de Quirón"></p><p>La partitura la escribió Gounod, pero la hizo famosa un personaje de tebeo. "Me río al verme tan bella en este espejo", repiqueteaba —en la caligrafía electrizada del bocadillo— Bianca Castafiore, la más célebre intérprete del <em>Aria de las joyas</em>. Imagino que Hergé se lo endosaría por el divismo, pero, metidos en estas lides de rubíes y tasaciones que afligen a la socialdemocracia, <strong>nos viene que ni pintado que Sonsoles Espinosa sea soprano </strong>y que el aria del brilli brilli forme parte de una ópera protagonizada por Mefistófeles.</p><p>Declaró Zapatero manteniéndose en sus trece. Las novedades siguen trayéndolas portavoces oficiosos. De los 30.000 —estimación en tercera persona— al millón y pico (la gemología, ¡profesión en boga!), de la herencia familiar a la generosidad del tal Abdalá, Custodio de las Dos Mezquitas. "Fuentes del entorno", el comodín del público. Si alguno me lee, le ofrezco una excusa: es que José Luis era rapero.</p><p><strong>"Les pido confianza. No les decepcionaré"</strong>, rogó el expresidente al salir de la Audiencia. <strong>"La verdad se abrirá paso. […] Ya lo verán"</strong>. Se habrá ido el papa, pero prosiguen las llamadas a la virtud: fe, esperanza, ¡caridad! Ayudaría, qué se yo, que alguien del Gobierno nos explicase por qué se rescató Plus Ultra o alguna minucia similar. O que los afectos al <em>pe so e</em> dejasen de martillearnos —como si eso exculpase a alguien— con el caballo que le regaló Gadafi Aznar o el Jaguar que se materializó (abracadabra, ¡simsalabim!) en el garaje de Ana Mato.</p><p>"Como teníamos confianza, no hizo falta firmar contratos", aclaró <em>Zetapé</em> a su señoría. "En principio, eso no es normal", masculla el juez. "Obviamente, en mi opinión; y en la de la Agencia Tributaria". Informes orales, reuniones etéreas y otras lindezas de la asesoría holística que no necesitan materializarse (¡qué vulgaridad!) para ser facturadas. La declaración, filtrada en mp3 a mayor gloria —supongo— del interés informativo, circuló la misma tarde de autos. Con todo, Sánchez ha decidido redoblar su adhesión. "La España de 2007 no es la de 2026". Ah… los 2000: moda horrenda, flamenquito flácido, años en los que nadie te miraba raro si pagabas un café con esmeraldas. Pero, ¡un momento! ¿No habían sido los logros del zapaterismo (aquel fulano contra el que hicimos, recuerden, recuerden, el 15M) el Código de Buenas Prácticas y haber escogido ministros que no acabasen en el trullo?</p><p><strong>No solo los joyones inquietan a Hacienda</strong>. Los funcionarios del Sacro Fisco acaban de rematar los votos matrimoniales entre la señora Ayuso y don González Amador. La dote la pone el centauro Quirón: cuatro millones y medio, qué espléndido. En el lazo, una preciosa dedicatoria: la empresa del susodicho "carecería de los medios necesarios para la prestación de servicios".</p><p><strong>El primero en celebrarlo ha sido Miguel Ángel Rodríguez</strong>, quien, después de apurar la copa y estrellarla al grito de "<em>mazel tov</em>", pidió el recado de escribir para mandar un telegrama: <strong>Hay que dinamitar la Agencia Tributaria.</strong> <em>¡Hacienda delenda est!</em> Luego, la salmodia de costumbre: que si esto es una cortina de humo para distraernos de las inmundicias del partido rival y que ladran, luego cabalgamos.</p><p>Desgraciadamente, la misma retahíla resuena en ambos lados del auditorio. Los unos, que si las <em>Leires</em>, los <em>Cerdanes</em> y los <em>Koldos</em> son pecadillos menores, gente de la que usted me habla, inventadas y conspiraciones para empañar las gloriosas gestas de Gobierno más progresista de la historia. Los otros, que qué manía con mentarle los amigotes embarcados a Feijóo y la parentela a Ayuso teniendo Sánchez a media familia procesada. Como si todos nos hubiésemos convencido de que basta con ser un pelín menos miserables que el adversario.</p><p><strong>PS</strong>: El juez Peinado ha sumado dos cargos más al caso Begoña Gómez, porque se ve que la doña se descargó la Encarta del eMule, y eso no puede quedar impune. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 18:16:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Los pedruscos de Abdalá y las dádivas de Quirón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Opinión,Justicia,Tribunales,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirad las telas: Teresa Lanceta en el Museo Arqueológico Nacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/mirad-telas-teresa-lanceta-museo-arqueologico-nacional_1_2211241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4be06893-a8c5-477e-bca0-42cec7c2cf3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirad las telas: Teresa Lanceta en el Museo Arqueológico Nacional"></p><p>Si me lo propongo, creo que podría describirles la cacharrería de cualquier obra medio famosa. <strong>Las espadas de los Horacios</strong>, la forma de las picas de los soldados de Breda, el nombrecillo de tantísimos dioses paganos. Sospecho que saldría con éxito del cuestionario mientras no me preguntasen por las ropas.</p><p>La constatación de esta "ceguera" se la debo a <a href="https://www.man.es/man/exposiciones/exposiciones-temporales-en-exposicion-permanente/20260519-teresa-lanceta.html" target="_blank"><em>Fueron tejidos</em></a>, una minúscula exposición que puede verse en el <strong>Museo Arqueológico Nacional</strong> hasta mediados de noviembre, en la que <strong>Teresa Lanceta</strong> (Barcelona, 1951) nos obliga a detenernos en un detalle palmario y, a la vez, inadvertido: que los vestidos con los que se engalanan las esculturas fueron de tela antes que de mineral. Para defender la hipótesis, la artista centra sus indagaciones en dos obras maestras de la escultura íbera (<em>La dama de Baza</em>, siglo IV a.C., y <em>La dama del Cerro de los Santos</em>, siglo III a.C.), tomadas aquí como una "piedra roseta" mediante la que descifrar sus artes textiles.</p><p>"El escultor y el pintor debieron ver estas telas sobre el cuerpo de una mujer por la naturalidad escultórica del tejido y la perspectiva realista de la cuadrícula", dice Lanceta en uno de los audios que conforman la exposición. Para demostrar su hipótesis (que la labor de los tallistas no fue arbitraria porque tuvieron como modelo un vestido real), la artista ha replicado las confecciones que pudieron cubrir a sendas damas y ha indagado qué tintes pudieron darles su color. Así, mediante esta actualización, la exposición<strong> nos propone un acercamiento directo e inteligible al textil</strong>, a su fabricación (concreta, imaginable) y a sus características plásticas. "La dama de Baza tiene tres túnicas y un manto [...]. Su hilatura seguramente sería de lino grueso o de una lana esponjosa que permitiría a la tela doblarse en ondas suaves e incluso sortear con un pliegue de marcada curvatura la mano que sostiene un pájaro", prosigue el audio. "Para tejer un manto similar el telar debía de ser ancho e incorporar unas tablillas que crearan la cuadrícula en rojo y azul que lo bordea".</p><p>La revelación (que las vestiduras tenían entidad propia), ya les digo, no debería ser para tanto, pero a mí me sorprendió. Sospecho que ni siendo hijo (sobrino y nieto) de una costurera me ha librado de los sesgos de mi cultura, que entiende que la confección o el bordado son habilidades menores; o al menos, inferiores al noble arte del picapedrero y el escultor. La exposición recalca esta jerarquía a través de su escuetísima instalación: apenas unas discretas intervenciones<strong> dentro de dos vitrinas cercanas a las esculturas</strong> —de señoras poderosas, por otra parte, el quiebro es interesante— a las que se alude (con algunos ejemplos de las "<strong>réplicas" </strong>mentadas, placas con pigmentos, ovillos y fibras), el audio resguardado tras un código QR y una docena de obras entre medianas y pequeñas expuestas en uno de los costados del "<strong>patio de los íberos"</strong>. La parquedad resulta significativa para los que conocemos el trabajo de Lanceta —autora habituada a los grandes formatos y a las exposiciones apabullantes; a uno no le conceden el <strong>Premio Nacional de Artes Plásticas</strong> a la ligera)— recluida para la ocasión en expositores tan menudos. La decisión me parece sensata: no conviene disputarle el foco a la <em><strong>Leona de Baena</strong></em>, la <em><strong>Bicha de Balazote</strong></em> o la <em><strong>Dama de Elche</strong></em>. Felizmente, la pequeñez logra transformarse en intimidad, sensación potenciada por la inclusión de los audios, que uno debe ponerse en sus auriculares y reproducir a través de su propio teléfono. De repente, pareciera que la artista te acompaña en la visita.</p><p>Así, recordamos que <strong>tejer es tan antiguo como el trabajo con la piedra</strong>, que tardaría en <strong>convertirse en una tarea femenina</strong> o que la belleza es una cualidad intrínseca del tejido, detalle que se trasluce en la hermosura de las palabras que pueblan su campo semántico: "fruncido", "pliegue", "hilatura". También, aprendemos que<strong> los telares funcionan siguiendo un código binario</strong>, como los ordenadores: "El código matemático cero-uno determina desde el principio de los tiempos un ligamen: el de los hilos de la trama cruzando los hilos de la urdimbre". Sobre esta relación, conviene mencionar<a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/charlotte-johannesson" target="_blank"> la exposición que el Reina Sofía dedicó hace unos años a Charlotte Johannesson</a> (Malmö, 1943), en cuya obra transitó del textil a lo digital con la mayor de las naturalidades: "En 1978 cambió su telar por un Apple II Plus, uno de los primeros ordenadores personales del mercado", leíamos en la hoja de sala.</p><p><em>Fueron tejidos</em> es el penúltimo capítulo del ciclo <a href="https://www.cultura.gob.es/cultura/museos/destacados/memoria-tejidos.html" target="_blank"><em>Memoria, tejidos, museos. Los barrios bajos de la atención</em></a>, comisariado por <strong>Selina Blasco</strong> y <strong>Patricia Molins</strong> en las sedes de varios museos nacionales. Hará unos meses nos ocupamos, en estas mismas páginas, de otro de sus episodios: el de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/historia-bordado-patricia-esquivias-museo-artes-decorativas_1_2124959.html" target="_blank">Patricia Esquivias en el Museo de Artes Decorativas</a>, centrado en <strong>sus pesquisas sobre el punto moruno de Caleruela</strong>. También a esta otra muestra podría aplicársele una de las afirmaciones con las que Lanceta completa su exposición: "Tejer es un proceso estructural que facilita la creación simultánea del objeto y el lenguaje, del soporte y la imagen. <strong>El tejido es la revelación humana de un arcano</strong>".</p><p>Al terminar, de camino a la salida, recorrí los asombrosos pasillos del Arqueológico sin parar de fijarme en las túnicas y los ropajes, como si de repente, tras toda aquella piedra, aflorase la blandura de los vestidos. Regresaba —les aseguro— siguiendo el mismo itinerario, pero ahora veía todo lo que había pasado sin mirar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 04:00:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Mirad las telas: Teresa Lanceta en el Museo Arqueológico Nacional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adiós, santidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/adios-santidad_129_2208352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós, Santidad"></p><p><strong>Se va el papa, a ver qué hacemos ahora</strong>. "Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras" y la Cibeles, expedita. La visita, bien discursiva. El primero, en el Palacio de Oriente, recortando silueta sobre un águila bicéfala. (Mi enhorabuena al de la ocurrencia, no todos los días contempla uno al fabuloso obispo-quimera). Luego, en las Cortes Generales, para entusiasmo de sus señorías.</p><p>El episodio ha dado para mucho comentario. "Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural", siete minutos de ovación plenaria. <strong>Muera el aborto, vivan los viejos y los comatosos</strong>. Luego, en los pasillos, tortas por declararse fan del romano pontífice. Ya puestos, instauremos el reinado social de Cristo y así nos ahorramos el engorro de la democracia parlamentaria. <strong>Si Prevost llega a exigir que el Legislativo solucionase lo de la vivienda, amanecíamos sin un solo Airbnb</strong>, qué oportunidad perdida.</p><p>Y tras las filípicas, luz, color y pop catoliquillo hasta las cejas de estevia. Así como las murallas de Jericó cayeron a trompetazos, los diques de la vergüenza ajena han claudicado al son de guitarritas y voces lánguidas. Viendo las imágenes, diría que la visita apostólica ha consumado <strong>la victoria del evangelismo</strong>. Atiendan a la profecía: antes de que cante el gallo, veremos el barrio de Salamanca llenito de protestantes rumberos.</p><p>La primera pica la han clavado en el Bernabéu, epicentro perpetuo del Bando Nacional. Atiendan al menú: los Manolos, coreografías desaconsejadas para el ojo humano, el "creador del tema viral “<em>Antonio Antónimo</em>”" y un trío de graznidos interpretado por Bustamante, Diana Navarro y aquel chaval que hizo el ridículo en Eurovisión. Aprende, Stockhausen. ¿La guinda? Todo ello presentado por Christian Gálvez (lema que me imagino presidiendo la puerta de los infiernos).</p><p><strong>En Barcelona la cosa ha sido más elegantona</strong>. Más europea, ya se sabe (la gente presume de cada cosa…). Tocaba inaugurar la torre más lustrosa del merengue de Gaudí. El espectáculo, bien pintón. Luces sincronizadas, escolanos cantando el gloria "<em>de angelis</em>", una formidable realización televisiva y la cara del venerable (¿o sería Papá Pitufo?) asintiendo sin demasiada convicción. Por lo demás, <strong>monjes en Montserrat y una parroquia del Raval: las dos Cataluñas</strong>.</p><p>El viaje se ha rematado este viernes en Canarias, tras encontrarse con migrantes y condenar la lacra del tráfico de personas y las prioridades nacionales. <strong>Menos fotos se ha tomado (un total de… ninguna) con las víctimas de abusos cortesía de la Iglesia</strong>. "<em>Deeply concerned</em>", patadón hacia adelante. Por lo demás, muy partidario de que los papas sean papas: vengan anatemas, enmiendas a la separación iglesia-Estado y tirones de orejas al respetable. ¡El único poder viene de lo alto, <em>democratitas</em> de pacotilla! Prefiero eso, a las franciscadas: declaración amable, implacabilidad doctrinal. "¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?". Pues el vicario de Cristo, colega. De hecho, <strong>he echado de menos alguna amenaza a los infiernos</strong>. <strong>Porque los sodomitas no irán al cielo, pero los rentistas tampoco</strong>. "He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos". Trocotró. Figúrense la de gente que comulgó en el Corpus estando en pecado mortal.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 04:01:43 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós, santidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa León XIV,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de lo previsible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/arte-previsible_1_2207801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/bfac5d40-9544-4dc4-8951-b932820de65b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de lo previsible"></p><p>De todas las controversias generadas por el <em>Debí tirar más fotos World Tour</em> (que si la estrechez de la zona vip, que si las mozas de La Casita), me ha dado que pensar la menos publicitada. <strong>Parece que hay quien va al concierto sin saberse las canciones</strong>. Los fans, indignados. ¿Cómo se atreven? La ignorancia ha causado algún equívoco simpático: una doña se grabó vociferando una letrilla de Ozuna (otro reguetonero puertorriqueño) sobre las armonías de Bad Bunny. El tres por cuatro te aguanta lo que sea.</p><p>La polémica, lo reconozco, no da para grandes titulares. 12 conciertos, medio millón de asistentes: la estadística obliga. Me interesan, con todo, las reacciones que los advenedizos han causado entre los simpatizantes más rigoristas. <strong>Muchas se justifican por el mero rencor</strong>: hay quien, por más que se sepa las rimas al dedillo, se ha quedado sin entrada por la voracidad de los del <em>no me lo pierdo</em>. En otras, sin embargo, se trasluce un posicionamiento más revelador. "Tendría que haber puesto las entradas un poco más caras en este país", decía un comentarista del otro lado del Atlántico, "para que la gente que realmente quiera ir vaya". Si obviamos la gansada económica, la consideración es interesante: el concierto —atiendan— <strong>es un evento destinado al "fan verdadero"</strong>, esto es, a quienes saben de antemano lo que van a recibir. </p><p>Reconozco que me fascina el cliché, y puede que por eso no lleve demasiado mal la ruindad descarada de <strong>una industria cultural que quiere atiborrarnos con la enésima repetición de lo mismo</strong>. Las tropecientas versiones <em>live action</em> de las películas animadas de Disney, las series de Netflix cortadas por el mismo patrón, los <em>hits </em>indistinguibles, la prosa calcada. La treta no es nueva: Adorno y Horkheimer le hicieron el traje en <em>La dialéctica de la Ilustración</em>, un librito sorprendentemente actual para haber sido publicado en 1944. </p><p>Puede que un concierto de masas no sea el lugar adonde mayoritariamente se acude a descubrir algo nuevo (más, cuando la entrada cuesta lo que un Seat de segunda mano), pero <strong>me inquieta que la posibilidad quede completamente desterrada</strong>. Llevándomelo a la clásica, ambiente mucho más dado al talmudismo y la exégesis, pensaba en cuántos conciertos me habré tragado sin conocer el menú. "Sonata para violín y gaita en si menor", tóquela usted. ¿Una ópera de un compositor checoslovaco donde una mujer se transforma en balalaika? Probemos suerte. No quiero decir que el público de los teatros esté más abierto a la novedad que el de los estadios, porque les estaría mintiendo: he visto demasiados auditorios vaciarse en el entreacto y decenas de montajes mínimamente desempolvados han terminado entre abucheos y pitidos porque el <em>regista </em>había racaneado en el cargamento miriñaques que esperaba el respetable. Uno puede ir a la Scala a "escuchar de memoria" (la expresión se la escuché una vez a Joan Matabosch) y enfurruñarse porque la soprano no mete el mismo vibrato que la diva de tu tocadiscos. Pero manda narices que sean los ámbitos en los que huele a alcanfor donde a uno no le asalte un reportero en la cola para preguntarle si se sabe de carrerilla el segundo monólogo de Segismundo. </p><p>En tanto que los bienes culturales son bienes de consumo, resulta esperable que el "cliente" exija que se ajusten a sus estándares. La coca cola no varía de sabor y quiero que me den el refresco por el que he pagado. Pero, por comprensible que resulte esta demanda pobre y perezosa, me sorprende verla reconvertida en un galardón. "Si no te sabes las canciones, no vengas". "Soy un verdadero fan, ¡nada puede sorprenderme!". <strong>Por favor, señor, suélteme el brazo</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 04:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El arte de lo previsible]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La mala educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/aspavientos/mala-educacion_129_2204645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/59dbe4df-797f-4daa-8f3e-08e80a8e68c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mala educación"></p><p>Por más que pueda parecerlo, un policía no es una persona.<strong> Al menos, no una normal; una como usted y como yo</strong>. Si no me crees, prueba a pedirle la documentación a Paqui la del quinto cuando te la cruces en el descansillo, <strong>verás qué risas</strong>. En algún momento de nuestra gloriosa historia, alguien ideó una cabriola: dejemos el monopolio de la violencia en manos de unos señores que se pirran por ejercerla. Serán metahumanos, ¡avatares del Estado! Los requisitos para tan delicada tarea, purito trámite: un psicotécnico facilón,<strong> «haber, ¿va con hache o sin hache?» </strong>y toma, Manolo, la porra y un pistolón.</p><p>Miren, en un país civilizado, querer ser policía debería ser razón suficiente para que no olieses la placa. El reclutamiento, por toca. Este año, los conciudadanos cuyo <em>de ene i</em> remate en noventa y <strong>cuatro lucirán el uniforme azulito</strong>. Enhorabuena a los premiados. Tristemente, y como aún no se ha impuesto la sensatez, esta semana nos hemos desayunado <strong>con otra de esas actuaciones delicadísimas de los antidisturbios</strong>. Un gañán bien pertrechado arrolla a una profesora jubilada que se manifestaba en Valencia. La doña, se ve en el vídeo (si no llega a estar filmado, a nuestro mastuerzo le dan la Laureada de San Fernando), <strong>ponía en riesgo la seguridad de los españoles caminando parsimoniosamente por el filo de la calzada. ¡Gloria al héroe empujador!</strong></p><p>Para aclarar el malentendido (la gente ve a un cabestro arrollando a una vieja y se piensa, neciamente, que ha visto a un cabestro arrollando a una vieja), una miríada de exégetas y talmudistas han salido a deshacer el entuerto. «Hay que verlo en perspectiva». <strong>¿Isométrica? ¿Cónica? Ay, a cuantísimas sutilezas hay que prestar atención para enjuiciar la labor de los maderos</strong>. Los sindicatos policiales, gente cuyos logos parecen diseñados por un programador noventero hasta las cejas de anfetaminas, han convocado a sus portavoces más sagaces para explicarnos que la brutalidad policial es un mal necesario y que nuestro bienestar depende de que señores a los que se les atraganta el test de ortografía reglamentario sigan teniendo impunidad para descalabrar a un transeúnte de tanto en tanto. «La maestra jubilada», nos aseguran, «no sufre durante el toreo».</p><p>Las cuitas educativas trascienden el litoral. En Madrid, los chiquillos aprenden álgebra al borde de la ignición. <strong>¡Vivan los niños galvanizados!</strong> Tiene su gracia: generaciones de muchachitos andaluces fundiéndose sobre el pupitre y tienen que sudar los madrileños para que la lipotimia cope los titulares. La novedad, sospecho, está en el recochineo. En el consejerito del ramo diciendo <strong>que se arremanguen las bermudas, que en el infierno siempre ha hecho calor y que si quieren educación pública pues… que se vayan a la privada</strong>. Mirémoslo por el lado bueno. La escuela te prepara para la vida: si sobrevives al aula burbujeante, el metro en hora punta te parecerá un vergel. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 04:01:37 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La mala educación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abuso policial,PP,Colegios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/felix-gonzalez-torres-reina-sofia-deuda-saldar_1_2203985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/10370848-2ba0-41bf-aa01-ffa31a27a01a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felix Gonzalez-Torres en el Reina Sofía: la deuda sin saldar"></p><p>La carrera de <strong>Felix Gonzalez-Torres</strong> (Cuba, 1957-Miami, 1996) duró apenas una década: la que va entre mediados de los 80 y los 90. Sus obras, vistas sin detenimiento, pueden parecer frívolas: pilas de papel, montañas de caramelos, cortinas o retahílas de acontecimientos escritos sobre la pared. Y, sin embargo, hablamos de <strong>uno de los mayores artistas del siglo XX</strong>.</p><p>La liviandad, por cierto, es deliberada: nada de solemnidades ni materiales epatantes. "Quiero trabajar dentro de las contradicciones del sistema e intentar crear un mundo mejor. <strong>Creo que las revoluciones fueron una muy buena idea en el siglo XIX</strong> y en la primera parte de este siglo, pero debemos tener en cuenta los avances tecnológicos que se están produciendo en estos mismos momentos. Los cambios tecnológicos están teniendo lugar en un mundo que se ha vuelto muy frágil y también muy pequeño". El Reina Sofía acaba de inaugurar <a href="https://www.museoreinasofia.es/exposicion/felix-gonzalez-torres" target="_blank"><em>Dulce venganza</em></a>, la primera exposición "a gran escala" de la obra de Gonzalez-Torres en Madrid. Por más que la muestra se haya presentado como una "deuda saldada" (qué obsesión, caramba), los comisarios de la muestra (<strong>Alejandro Cesarco</strong> y <strong>Nancy Spector</strong>) no disimulan las dificultades que un proyecto de esta naturaleza —artista tótem, obra icónica— trae aparejadas: "Como suele ocurrir al presentar exposiciones dedicadas a artistas que han ingresado en el canon de la historia del arte […] surge inevitablemente la pregunta: <strong>¿por qué Felix Gonzalez-Torres otra vez?</strong>, ¿por qué aquí y ahora? La urgencia de nuestro momento geopolítico actual, sus resonancias con el conservadurismo neoliberal de finales de los años 80 y 90, y la manera en que su obra nos permite reconsiderar, replantear y posicionarnos frente a esas condiciones, es una forma de justificar la re-presentación de su trabajo".</p><p>Vayamos a la muestra. <em>Dulce venganza</em> expone una cincuentena de obras (un número escasísimo para una exposición "a gran escala") que se nos presentan tras aclararnos, cartela mediante, la "metodología" del artista. Los títulos, se nos dice, son bicéfalos: <em><strong>Untitled</strong></em><strong> [Sin título]</strong>, seguido de otro entre paréntesis. <strong>El público puede interactuar con la mayoría de las obras</strong>, que <strong>son infinitamente reponibles</strong>. También pueden desaparecer, consumidas, durante el transcurso de su exhibición. Los retratos escritos (una suerte de biografías que incluyen hitos y fechas) pueden ser modificados por la institución que los exhibe (aquí, por ejemplo, se han hecho añadidos a <em>Untitled (Portrait of Austrian Airlines) </em>(1993), sumándole los años en que salieron a bolsa las compañías Amazon o NVIDIA.</p><p><strong>La propuesta "metodológica"</strong>, admitámoslo, <strong>sigue desconcertándonos 30 años después</strong>: el museo es ese lugar donde uno espera ser abroncado si se acerca demasiado a las obras o si no les brinda la debida reverencia. También, por cuanto desmantela la idea de autor heredada del Romanticismo y aún operante. Pero,<strong> ¿cómo va a ser el público quien termine la obra?</strong> Valéry había anticipado el giro hermenéutico con aquello de "mis versos tienen el sentido que se les da", pero llevarse la obra a casa o comérsela es otro cantar.</p><p>Tras la debilidad autoral y material de la obra de Gonzalez-Torres subyacen muchas tensiones que deben comprenderse a la luz de las circunstancias que le tocó vivir: la de ser migrante latino en los Estados Unidos, las convulsiones sociopolíticas del último tercio del siglo XX, su homosexualidad indisimulada, la eclosión de la epidemia del SIDA y su condición de seropositivo. También, la muerte a causa de complicaciones derivadas del VIH de su pareja, Ross Laycock, en 1991, cuya enfermedad y duelo impregnaría su obra con un aura fúnebre. Famosos son algunos de sus trabajos a este respecto, como <em><strong>Sin título (Retrato de Ross en Los Ángeles) </strong></em><strong>(1991)</strong>, una montaña de caramelos de 69 kilogramos (el peso de Laycock) que<strong> va desvaneciéndose según el público la va consumiendo</strong> (el caramelo, elemento ingenuo y colorido, la continua ingestión —la imagen es casi sacramental— del cuerpo enfermo transmutado en una pila arrinconada contra la pared constituyen una de las metáforas más emocionantes y perfectas de la historia del arte). También, la conocida valla publicitaria (<em>Sin título, </em>1991) en la que se reproduce una cama vacía y desecha, con el hueco que dos cuerpos han ahormado sobre el colchón y las almohadas; o <em>Sin título</em> <em>(Perfect lovers)</em> (1991), compuesta por dos relojes de pared que van perdiendo sincronía poco a poco. Sobre esta pieza, el artista escribió:</p><p>"<strong>No temas a los relojes, son nuestro tiempo, y el tiempo ha sido muy generoso con nosotros</strong>. Hemos marcado el tiempo con el dulce sabor de la victoria. Hemos vencido al destino al encontrarnos en un momento determinado, en un lugar determinado. Somos producto del tiempo, por eso le damos el reconocimiento que se merece: al tiempo.<strong> Estamos sincronizados, ahora y para siempre. Te quiero</strong>".</p><p>Tristemente, <strong>quien visite la exposición del Reina Sofía no encontrará ninguna de estas obras</strong>. Sí algunos retratos escritos, instalados en los frisos de las salas, algunas cortinas de cuentas (el umbral y los elementos que lo perfilan aparecen una y otra vez), pilas de papeles muy elocuentes, varias guirnaldas de bombillas que logran transformar la sala —casi sin esfuerzo— en una pequeña verbena, alfombras de caramelos, un par de murales, pequeños puzles plastificados e instalados sobre la pared e incluso un vídeo que, aunque anunciado en una cartela, no se expone: <em>Additional Material</em> (ca. 1979).</p><p>Aunque estas obras representan bien muchos de los temas recurrentes del trabajo del artista (por ejemplo, una pieza constituida por dos espejos de cuerpo entero separados por una mínima cesura, estrecho espacio irreductible entre dos reflejos, alegoría de dos tumbas paralelas, soporte efímero de la imagen de pareja, etcétera) y en ellas se mantenga intacta la potencia poética y política de Gonzalez-Torres (la intimidad que logra generar un mero rectángulo delimitado con bombillas pasma al más escéptico), cabe preguntarse si la exposición, tan escueta en obras y tan desprovista de algunos trabajos fundamentales, logra saldar esa deuda que la propia institución reconoce.</p><p>También, si el diseño expositivo, que (afortunadamente, conste) nos permite <strong>deambular a nuestro aire sin restricciones </strong>y saltar de cartela en cartela sin imposiciones, consigue verdaderamente contextualizar y explicar adecuadamente la obra de un artista tan rotundo o si, como me temo,<strong> la muestra ha quedado convertida (muy a su pesar) en una gincana de recuerditos</strong>, en la que el visitante salta de pila de papel en pila de papel enrollando <em>memorabilia </em>sin detenerse a mirar qué recoge y haciendo dibujitos (corazones, nombres, muñecos) sobre las alfombras de caramelos con total indolencia. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 04:01:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></author>
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