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    <title><![CDATA[infoLibre - Francisco Rodríguez Consuegra]]></title>
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    <description><![CDATA[infoLibre - Francisco Rodríguez Consuegra]]></description>
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      <title><![CDATA[Ucrania. Equidistancia y complicidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ucrania-equidistancia-complicidad_129_1429658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e8087e0c-d336-484e-a81e-eb1638130ed7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ucrania. Equidistancia y complicidad"></p><p>Cierto mandatario de un gran país latinoamericano, supuestamente progresista, declaró no hace mucho que la guerra en Ucrania tiene <strong>dos culpables: Rusia y Ucrania</strong>. Se trata de una posición compartida por algunos. En mi opinión, ello supone instalarse en la <strong>equidistancia</strong>. Para quienes piensan así, agresor y agredido son igualmente culpables de esta guerra. El supuesto argumento subyacente sería que Ucrania suponía un peligro existencial para Rusia, y que por eso Putin invadió. </p><p>Ese argumento no se sostiene. Putin declaró que debía <strong>desnazificar y desmilitarizar</strong> Ucrania, alejándola de la OTAN, al tiempo que “defender” a la población rusohablante. Como se ha demostrado, todo ello ha sido una gran farsa para emprender una nueva aventura imperialista y mantenerse en el poder a cualquier precio, causando decenas de miles de muertos, tanto militares como civiles, estos últimos solo en Ucrania. </p><p>En efecto. No hay más neonazis en Ucrania que los cuatro gatos presentes en cualquier país europeo. Sin embargo, a diferencia de otros países de nuestro entorno, donde estos tienen representación parlamentaria, en Ucrania <strong>ésta ha quedado reducida a cero en las últimas elecciones</strong>. Para colmo, los principales miembros del gobierno ucraniano, Presidente, Primer ministro y ministro de Defensa, son <strong>judíos</strong>. La denunciada militarización de Ucrania ha resultado ser otra falsedad: es precisamente a causa de la invasión rusa que Ucrania se está haciendo con un ejército poderoso. En cuanto a la OTAN, siempre estuvo claro que el supuesto peligro señalado por Putin no existía. Es más, el dictador <strong>está logrando lo contrario de lo que decía pretender</strong>: Suecia y Finlandia serán pronto nuevos miembros, y probablemente Ucrania no tardará en establecer un nuevo estatus con la Alianza Atlántica. Finalmente, el idioma ruso, que nunca había estado en peligro en Ucrania, inicia ahora cierta decadencia, pues muchos rusohablantes están abandonando la lengua del invasor para convertirse en hablantes de ucraniano. Para más detalles sobre el tema puede verse mi artículo <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribunaabierta/culpa-guerra-ucrania_129_9543906.html" target="_blank">aquí</a>.</p><p>A mi juicio, los principales motivos reales de la invasión han sido dos. Uno, el peligro de que la sociedad rusa se <strong>“contagiara” del modo de vida occidental</strong>, mirándose en el espejo del pueblo hermano de Ucrania, que se integraba poco a poco en la cultura europea. Cultura que se caracteriza por la <strong>democracia y las plenas libertades</strong>, que brillan por su ausencia en Rusia, especialmente desde que Putin asumió el poder. Los oligarcas rusos, incluyendo a Putin y su familia, ya hace decenios que se “contagiaron”, pues compran mansiones y yates en Occidente, donde educan a sus hijos. </p><p>El otro motivo es sencillamente el viejo truco de <strong>señalar a un enemigo exterior</strong>, que le permita al dictador afianzarse en el poder. En esta ocasión Putin llama al pueblo a unirse en la defensa de la “Santa Madre Rusia”, en peligro de ser destruida por el “ateísmo materialista” europeo. Para lograrlo, el dictador ha recurrido a amordazar los medios de comunicación, y al encarcelamiento o asesinato de opositores y periodistas valientes. </p><p>Putin hizo lo mismo con la <strong>segunda guerra de Chechenia</strong>, tras alcanzar el poder como un líder gris y mediocre. Para ganar prestigio, es más que probable que los servicios secretos rusos, bajo el mando de Putin, organizaran los atentados con bomba en bloques de viviendas de Moscú y otras ciudades rusas, en setiembre de 1999, causando cientos de muertos. Después fue ya fácil señalar a Chechenia como culpable, <strong>justificando así una guerra terrible</strong>, destruyendo ciudades y masacrando a la población, resultando decenas de miles de muertos, lo cual permitió a Putin presentarse como un héroe salvador. Algunos datos de aquella operación de terrorismo de Estado fueron ya denunciados por <strong>Litvinenko</strong>, que por ello murió envenenado. Los detalles más completos hasta ahora aparecen en el reciente libro de John Sweeney (<em>Killer in the Kremlin</em>, Transworld). </p><p>Por tanto, decir que hay dos culpables en esta odiosa guerra es buscar una equidistancia donde no puede haberla. <strong>Entre verdugo y víctima no cabe tercera vía</strong>. Recuérdese por ejemplo el caso de los crímenes de ETA, donde incluso en los años de plomo algunos justificaban el ataque al “Estado opresor”, recurriendo a cualquier medio que pudiera debilitarlo, con tal de lograr la independencia del País Vasco. A los atentados que mataban civiles se les llamó cínicamente la “socialización del sufrimiento”. Ahí estaba claro que la equidistancia no era más que complicidad con los crímenes. </p><p>Podemos también reflexionar sobre cómo se interpretan las violaciones en algunos medios. Se argumenta que las mujeres que son violadas lo provocan ellas mismas. Bien vistiendo minifalda o saliendo de noche, especialmente si se divierten bebiendo. Después, se dice, que no se quejen si son violadas, pues deberían haberlo previsto y evitado. De nuevo, no cabe equidistancia ni tercera vía: los únicos culpables de las violaciones son los que las perpetran. <strong>Quienes culpan a las mujeres son por tanto cómplices de los violadores</strong>. </p><p>Aplicando esa línea de razonamiento al caso de Ucrania llegamos a la misma conclusión. Ucrania se juega sobrevivir como Estado y como pueblo. <strong>No buscó la guerra ni realizó provocación alguna</strong>. Se limitó a decantarse poco a poco por una vida mejor: la que veían en Europa, a la que siempre han ansiado pertenecer, para disfrutar de su democracia y sus libertades. Que ello fuese un problema para un tirano de mentalidad medieval como Putin no es achacable al pueblo ucraniano. En cambio, Rusia ha atacado del modo más criminal y destructivo posible, y para colmo se está sirviendo de los medios <strong>más rechazables desde el punto de vista moral</strong>. Muchos de sus soldados luchan solo por dinero, o por alcanzar la libertad, como las decenas de miles de presos extraídos de las cárceles, la mayoría condenados como peligrosos asesinos, violadores, traficantes de drogas, etc. </p><p>Otra forma de equidistancia es la de quienes ponen en duda la conveniencia, o incluso la relevancia del envío de armas a Ucrania. Ya vivimos esa polémica en la primavera del año pasado. Sobre ello puede verse mi artículo <a href="https://blogs.publico.es/version-libre/2022/05/07/por-que-debemos-enviar-armas-a-ucrania-una-reflexion-desde-la-izquierda/" target="_blank">aquí</a>. Ahora el tema se reaviva tras la decisión de EEUU, Canadá, Europa y otros países de <strong>enviar tanques a Ucrania</strong>, que llevaba pidiéndolos muchos meses. Unos se refugian en cierto pacifismo melifluo, que ni saben ni pueden justificar. Otros en cuestionar la supuesta eficacia de esos tanques, desde un punto de vista “técnico”. Ambos coinciden en sostener que ese envío <strong>supone una escalada que alargará la guerra</strong>. </p><p>Para empezar, deberían darse cuenta de que con ello mantienen literalmente <strong>la misma posición que Putin</strong> y su entorno al respecto, algo que debería preocuparles. Pero hay más. Si se examina el razonamiento implícito se descubre una falacia. En efecto, al asegurar que la entrega de tanques a Ucrania alargará la guerra, ocultan una premisa presupuesta e injustificada: <strong>“de todas formas Ucrania va a tener que rendirse”</strong>. De ahí concluyen: si le damos tanques tardará más en hacerlo, por lo que la guerra se alargará y habrá más muertes. Me cuesta creer que haya políticos, militares y analistas que no vean la falacia, despreciando de paso la voluntad del pueblo ucraniano de luchar. ¿Por qué presuponer que Ucrania va a rendirse en todo caso? </p><p>Lo contrario me parece más verosímil. Una Ucrania muy bien armada lucharía para doblegar al incompetente ejército ruso, que se vería <strong>obligado a negociar en posición de debilidad</strong>. Por tanto, cuantas más armas pesadas reciba Ucrania más se acortaría la guerra, pues antes se forzaría a Putin a reconocer sus fracasos. El dictador buscaría entonces cualquier excusa, presentando unos mínimos “logros” como una gran victoria para consumo interno, y firmaría un acuerdo de alto el fuego, animado por la oferta del levantamiento gradual de las sanciones. Entonces sería el momento de que un Occidente unido implementara garantías absolutas de que el dictador no volviera a atacar. </p><p>En todo caso, tanto la cesión a Ucrania de sistemas de defensa aérea avanzados como la de tanques y, probablemente, la de aviones de combate en un futuro próximo, envía un fuerte <strong>mensaje disuasorio a Putin</strong>. De ahí la inflamada retórica de Moscú denunciando una guerra subsidiaria, que no existe, y una participación militar directa de Occidente, que tampoco. Lo que se le hace saber a Putin es lo que más teme: que Occidente va a permanecer unido en la ayuda militar, llegando con ella hasta donde haga falta, y durante todo el tiempo necesario. Y ello, de nuevo, conduciría a un acortamiento de la guerra. <strong>Putin no puede competir con un Occidente unido</strong> en la ayuda militar, que rebasa incluso el marco de la OTAN, por tanto debería doblegarse antes de encajar una derrota clamorosa, que acabaría con su régimen y con el propio dictador. </p><p>Un momento, dirán algunos, está el peligro del botón nuclear. Pero está claro que apretarlo también sería un suicidio para Putin, y ciertamente el dictador ruso no es de los que se suicidan. Medvedev, el expresidente y ex primer ministro ruso, ha declarado, en su amenazante tono habitual, que una gran potencia nuclear no ha perdido nunca una guerra. Habrá que recordarle que la URSS perdió la guerra de Afganistán, y que EEUU perdió la de Vietnam. Con Ucrania puede perfectamente suceder lo mismo. </p><p>Quienes critican la entrega de armas a Ucrania tienen en común la defensa de una <strong>supuesta tercera vía</strong>, distinta de la guerra defensiva de Ucrania. Unos abogan por la cesión de territorios para <strong>“apaciguar” a Putin</strong>. No piensan en el destino de millones de ciudadanos abandonados a su suerte. Ni en que ello animaría al invasor a preparar un nuevo ataque, como ocurrió con Hitler. De hecho, el ministro Lavrov acaba de señalar el próximo objetivo: <strong>Moldavia</strong>, que debe ser también absorbida por el “mundo ruso”. </p><p>Hay que <strong>negociar</strong>, dicen otros, mientras Putin bombardea bloques de viviendas e infraestructuras civiles para chantajear al gobierno ucraniano y que ceda los territorios capturados. Territorios donde aplica deportaciones masivas, secuestro y “reeducación” de miles de niños, prohibición del idioma ucraniano, quema de libros en esa lengua, y recurre a la tortura y la violación como armas de guerra. <strong>Naturalmente que hay que negociar, pero antes hay que frenar las ofensivas rusas</strong>, darles la vuelta y poner a Putin en una posición de debilidad. Y ello solo puede hacerse manteniendo la presión militar e incrementándola cuando haga falta. No cabe pues hablar de equidistancia ni de tercera vía entre Rusia y Ucrania. De nuevo, en la práctica ello equivaldría a complicidad con el agresor.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Francisco Rodríguez Consuegra</strong></em><em> es catedrático de Lógica y Filosofía de la ciencia, retirado.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Feb 2023 20:23:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Ucrania. Equidistancia y complicidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Guerra en el este de Europa,Rusia,Vladimir Putin]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Los fracasos de Putin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/fracasos-putin_129_1413799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9890543d-17e5-49b9-9ed1-0441b6005840_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los fracasos de Putin"></p><p>Numerosas localizaciones residenciales e instalaciones eléctricas en toda <strong>Ucrania </strong>están siendo periódicamente bombardeadas por misiles rusos de dudosa precisión, indiscriminados lanzamisiles múltiples, y nubes de drones iraníes, causando gran sufrimiento y muchas víctimas civiles. Mientras, la<strong> ONU</strong> declara casi 7.000 muertos civiles en Ucrania, una cifra poco realista, por una guerra que dura ya diez meses. ¿Es todo esto ya solo rutina genocida? ¿No hay nada nuevo al respecto que permita alguna esperanza? A mi modo de ver, hay algunas novedades que no han sido suficientemente consideradas. Se encuentran en las recientes declaraciones de Putin, donde han aparecido <strong>afirmaciones y silencios</strong> de cierto interés. </p><p>Las últimas entrevistas y ruedas de prensa del dictador ruso muestran algunos cambios. Se mantienen los mismos mantras vacíos, como que en Ucrania hubo un golpe de estado organizado por Occidente, o que <strong>Ucrania amenazaba la seguridad de Rusia</strong>. Sin embargo, hay otros temas que comienzan a desaparecer de su lenguaje, como ocurre con la supuesta desnazificación y desmilitarización a las que habría que someter a Ucrania. </p><p>Solo el ministro Lavrov insiste ya en la supuesta desnazificación, claramente de cara al consumo interno, ya que en el exterior tal insistencia es risible. Pobres soldados rusos, a quienes se les había manipulado con la creencia en el nazismo ucraniano, que no salen de su asombro al ver con sus propios ojos que no hay tal, como se demuestra en las numerosas llamadas a sus familias donde se quejan del engaño. En realidad hay más neonazis en el <strong>grupo mercenario Wagner de Prigozhin</strong>, el matarife amigo de Putin, que en toda Ucrania. Al dictador le sale el tiro por la culata, primer fracaso. </p><p>En cuanto a la desmilitarización, solo el<strong> portavoz Peskov </strong>se atreve ya a mencionarla, lo cual resulta particularmente ridículo ante la situación sobre el terreno, donde Ucrania mantiene un frente de mil kilómetros sin que haya avances rusos significativos, y ha sometido ya a Rusia a varias derrotas sonadas. Tras seis meses de ataques Putin no ha logrado tomar Bajmut. Por el contrario, Ucrania avanza en el norte, en la provincia de Lugansk, y provoca bajas rusas masivas en los territorios ocupados del Donbás. Sin mencionar los exitosos ataques ucranianos en Crimea y en bases estratégicas en el interior profundo de Rusia. Es decir, nunca las fuerzas armadas de Ucrania han sido más fuertes ni han estado mejor entrenadas y dotadas. De nuevo, <strong>Putin logra justo lo contrario de lo que pretendía</strong>, segundo fracaso. </p><p>Además, si de lo que se trataba era de contener la expansión de la <strong>OTAN,</strong> las cosas no le van mejor. Con la incorporación de <strong>Suecia y Finlandia</strong>, la más que probable de Ucrania en un futuro a medio plazo (aplaudida por Kissinger, en un vuelco radical de opinión), y quizá la de algunos otros países, como <strong>Georgia y Moldavia</strong>, puede decirse que Putin está provocando lo peor para sus intenciones originales. Tercer fracaso, este especialmente sonado. </p><p>Por si fuera poco, una de las excusas principales de Putin para invadir Ucrania, la defensa de idioma ruso, que por cierto nunca estuvo allí en peligro, se ha vuelto contra él. En primer lugar porque la pequeña parte del Donbás ocupada en 2014 fue masivamente abandonada por todo el que pudo. La mayoría de ellos para instalarse en Kiev, donde se han venido esforzando en hablar ucraniano en lugar de ruso. En segundo lugar porque, tras la invasión de febrero de 2022, y en vista de las prácticas genocidas del ocupante, muchos ucranianos que hablaban sobre todo ruso, pero que no se expresaban con fluidez en ucraniano, han jurado no volver a hablar el idioma de Putin. Un ejemplo notorio es <strong>el presidente Zelensky, </strong>que ha mejorado mucho su ucraniano en los últimos meses. <strong>Nunca se había hablado menos ruso en Ucrania</strong>. Una vez más, las cosas le salen a Putin al revés. Cuarto fracaso. </p><p>Otro de los objetivos de Putin con la invasión, este nunca abiertamente reconocido, era <strong>lograr la división de Occidente</strong>. Según sus planes, ni la ayuda militar a Ucrania sería grande, ni continuada en el tiempo, ni se lograría la unidad de los países de la Unión Europea y de la OTAN en esa ayuda. Estamos viviendo todo lo contrario. Incluso ahora se van a enviar tanques de última tecnología a defender Ucrania, procedentes de EEUU y de casi toda Europa, incluyendo el Reino Unido. Quinto fracaso, este de dimensiones ya colosales. </p><p>Por cierto que, a raíz del envío de tanques a Ucrania están ya empezando a aparecer las voces “exquisitas” que hablan de “escalada” peligrosa, y llaman a no “arrinconar” a Putin, sino a “negociar” la paz. Parecía ya un tema superado desde la primavera del pasado año, pero no, esas voces no descansan. Curiosamente, tales proclamas vienen a coincidir con las quejas de Putin y su entorno. Parecen no ver que la verdadera escalada es la del propio Putin, que ha movilizado a cientos de miles de soldados, y recurrido a excarcelar a decenas de miles de criminales para que maten aún a más ucranianos. Sin contar con el recurso sistemático de bombardear ciudades, matando civiles y destruyendo bloques de viviendas e infraestructuras sin interés militar. En cuanto a no arrinconar a Putin, es el pueblo ucraniano el que está siendo arrinconado: unos doce millones<strong> buscaron refugio en Europa</strong> y hay no menos de seis millones de refugiados internos. ¿Qué negociación se defiende entonces ante alguien que no se detiene ante nada? Solo cabe la precedida por una presión militar sostenida cada vez más fuerte, combinando más sanciones con más y más armas. Putin solo entiende el lenguaje de la fuerza. </p><p>Finalmente, <strong>el dictador</strong> ha recurrido a varios chantajes, a cual más inhumano. Primero el <strong>chantaje del grano</strong>, dificultando las exportaciones ucranianas y provocando hambre en muchos países. Segundo, el <strong>chantaje del gas</strong>, pensando que al tener a Europa prácticamente en sus manos nadie se atrevería a contradecirle: cederían y callarían ante la nueva invasión, como hicieron con la de <strong>Crimea y el Donbás en 2014</strong>. Por último el <strong>chantaje nuclear</strong>, ocupando la enorme central de Zaporiya y practicando ahí sus juegos de guerra para amedrentar a Occidente con ello. Todos esos chantajes han fracasado: la presión internacional le ha obligado a permitir la exportación de decenas de millones de toneladas de grano ucraniano al mundo; el reajuste del gas en Europa le ha dejado sin su arma favorita, al tiempo que hunde cada vez más la economía de Rusia, y los organismos internacionales le han forzado a permitir las inspecciones y los controles en las centrales nucleares. Tres nuevos fracasos. </p><p>Pero volvamos a las declaraciones recientes de Putin. Algo relativamente nuevo es su insistencia en la supuesta “pureza” del mundo ruso, esa entidad producto solo de su imaginación<strong>, frente al “materialismo” de Occidente</strong>. Nos dice ahora el dictador que en Rusia se mantienen los valores espirituales, mientras Occidente se encharca en lo material, como es la acumulación de riqueza y la falta de solidaridad entre los pueblos. No deja de sorprender tal aseveración, que contrasta frontalmente con la realidad. El régimen ruso es claramente una oligarquía mafiosa, presidida por el mayor oligarca de todos, donde unos pocos se han hecho con prácticamente toda la inmensa riqueza del país, a cambio de cerrar los ojos en la esfera política, y eludir toda crítica al poder, que les da su protección. Claro que esa protección no deja de ser selectiva, como lo demuestran las frecuentes muertes misteriosas de ciertos oligarcas en los últimos años, ya más de veinte. </p><p>La historia de los últimos decenios en Rusia ha resultado espléndidamente contada en el impactante libro de John Sweeney aparecido el último verano, y que todo interesado en entender a Putin debería sin duda conocer antes de opinar sobre el tema (<em>Killer in the Kremlin</em>, Penguin). Ahí se ve la deriva del poder de Putin hacia una dictadura cada vez más profunda y perversa, y los terroríficos medios a los que el dictador ha venido recurriendo sistemáticamente. Asimismo, los estudios publicados por <strong>Marie Mendras (CNRS, Francia)</strong> nos muestran cómo Putin ha declarado la guerra también a Rusia, su propio pueblo, desde donde han huido no menos de ocho millones de personas desde 2011, sin contar los cientos de miles que han escapado a causa de la movilización. </p><p>Recordemos que en diciembre de aquel año tuvo lugar el <strong>gran pucherazo en las elecciones legislativas</strong>, que sacó a la calle a 150.000 manifestantes en Moscú, cogiendo por sorpresa a Putin, que desde entonces no ha hecho más que profundizar en la represión en todos los frentes, segando de raíz lo poco que subsistía en materia de democracia y libertades. Y el drama no es solo ese, sino que quienes han escapado representan la mayor riqueza intelectual del país, donde solo queda la población más ignorante y peor preparada, más propensa por tanto a caer en las garras de la televisión pública, donde se habla de un país inexistente en la realidad, y se cuentan las mayores mentiras sobre la guerra de Ucrania. Término este, “guerra”, que por cierto Putin ha utilizado ya por primera vez, frente al oficial de “operación militar especial”. Curiosamente, un concejal de <strong>San Petersburgo,</strong> la ciudad natal del dictador, ha presentado una denuncia en los juzgados, acusando a Putin de vulnerar su propia ley, según la cual quien hable de guerra debe ir a la cárcel. </p><p>Otra manifestación relativamente nueva del régimen de Putin, en la misma línea ideológica de defensa del “mundo ruso”, está siendo su insistencia en la <strong>lucha contra los derechos LGTBI</strong>, ahora incluso con apoyo visual. Desde Navidad circula en ciertos medios un vídeo, de la misma productora del ya famoso donde se pinta a los europeos volviendo al carro y los caballos. En la nueva entrega se ve a un niño triste, a cuyo lado aparece una foto con sus dos papás, y una estantería de libros sobre el tema LGTBI. El niño escribe una carta a Papá Noel pidiéndole una mamá. Papá Noel atiende su petición y vemos cómo en la foto uno de los papás desaparece y se ve reemplazado por una sonriente mamá. Lo más curioso es que, en un brevísimo momento del final del vídeo, se vislumbra el rostro del benefactor Papá Noel: ¡el mismo Putin! </p><p>Muchos se quejan ahora del Putin que deberían ya haber conocido hace años, un personaje que en buena medida es una construcción occidental. Cría cuervos y te sacarán los ojos. No quieren recordar cómo <strong>Bush</strong> padre le invitó a su rancho tras la terrible segunda guerra de Chechenia, donde arrasó ciudades y masacró a sus habitantes por decenas de miles. Pero como Bush dijo, había mirado directamente a los ojos de Putin, para descubrir a un hombre de fiar, lleno de buenas intenciones. Ahí podríamos también recordar la contemporización de Sarkozy ante el hábil dictador. Sin olvidar la amistad mostrada por Merkel, la máxima responsable de que Europa cayera en las garras del chantaje ruso con el gas. <strong>Merkel</strong> era un producto de la Alemania comunista, donde se educó, de modo que hablaba a menudo con Putin en ruso. <strong>Merkel fue la arquitecta de los acuerdos de Minsk</strong>, dando a Putin la potestad de su incumplimiento, que después este achacó hipócritamente a Ucrania. Y ahora declara Merkel que ya sabía que tales acuerdos eran papel mojado, pero que al menos daban tiempo a Ucrania a prepararse para una nueva invasión: ¡podía haberlo dicho antes! </p><p>Incluso el presidente Biden cayó no hace mucho en el error de declarar que Putin es un actor racional. Como si fuéramos nosotros quienes no le “comprendemos” bien. Por el contrario, lo que estamos viendo es que el <strong>comportamiento de Putin es plenamente irracional.</strong> La racionalidad es la capacidad de adecuar medios a fines: es racional un ser que recurre a los medios adecuados para lograr un fin determinado, al tiempo que corrige los posibles errores, volviendo a reajustar medios y fines. Putin está haciendo todo lo contrario. </p><p>Se ha equivocado en todos sus pronósticos sobre la guerra de Ucrania, fallando en todos sus objetivos, pero se niega a reconocerlo. En algún momento tendrá que hacerlo. En lugar de corregir sus criminales métodos, profundiza en ellos. <strong>En vez de reconocer sus múltiples fracasos, amenaza con grandes represalias y más muertes. </strong>En lugar de replegarse y admitir su impotencia en el campo de batalla, lanza veladas amenazas de destrucción de Occidente, ante el que además se hace la víctima. Admirable “racionalidad” que solo defiende la supervivencia política del dictador, el gran falsario de nuestros tiempos.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Francisco Rodríguez Consuegra</strong></em><em> es catedrático retirado de Lógica y Filosofía de la Ciencia.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Jan 2023 20:56:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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      <title><![CDATA[El mito Chomsky]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/mito-chomsky_129_1396474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/42ae538f-1c53-4da0-beba-6d3fdb2d0a22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mito Chomsky"></p><p>Una vez le preguntaron a <strong>Alain Delon</strong> si pensaba que llegaría a ser un mito. La respuesta fue taxativa: <strong>soy ya un mito</strong>. Él se consideraba objeto de esa gran admiración, incluso adoración, que hace de algunos personajes populares seres casi divinos. Lo malo de esos mitos es que a menudo se les atribuyen cualidades maravillosas de las que en realidad carecen. Así, <strong>se confunde fama con excelencia.</strong></p><p>En <strong>Chomsky </strong>tenemos otro caso de <strong>mito contemporáneo</strong>. Algunos periodistas buscan entrevistarle, a veces haciendo cola para guardar turno, aunque lleve largo tiempo repitiendo más o menos lo mismo. Se le atribuye una<strong> “revolución” en la lingüística</strong>, de la cual casi nadie sabe realmente nada, lo cual le daría fundamento para que sus opiniones en otros ámbitos fueran respetadas. El problema es que las aportaciones de Chomsky a la ciencia están lejos de ser admitidas por la mayoría de los lingüistas, por lo que sus opiniones políticas no podrían apoyarse en esos logros. En realidad, tales opiniones no solo no tienen más valor que las de un ciudadano cualquiera, sino que están muy sesgadas por meros prejuicios. <strong>Hay que distinguir entre el Chomsky científico, el Chomsky filósofo y el Chomsky comentarista político. </strong></p><p>En los años 50 y 60 Chomsky inventó una formalización para el lenguaje, basada en la aplicación de un modelo lógico-matemático. El objetivo de aquella formalización radicaba en la sintaxis. El nuevo modelo mostraba las insuficiencias del análisis clásico sujeto-predicado, incapaz de dar cuenta de muchas oraciones. Para ello, Chomsky postuló el recurso a ciertas reglas, capaces de generar y transformar un número infinito de oraciones del lenguaje, que resultaban descompuestas en árboles. Es lo que se conoció como <strong>lingüística generativo-transformacional</strong>. Esa es la parte de sus aportaciones que ha logrado mayor aceptación entre los especialistas, aunque como digo lejos de alcanzar la mayoría.<strong> Se trata del Chomsky científico</strong>. Desde el principio su concepción, limitada a la sintaxis, ha sido muy disputada y existen numerosas alternativas, aunque al estar sus defensores fragmentados, y eludir la polémica política, no han logrado la popularidad del maestro. </p><p>El problema comenzó cuando Chomsky dio un paso ciertamente temerario. Al ver que su modelo de formalización lógico-matemática del lenguaje funcionaba sobre el papel, supuso sin más que aquellas reglas no eran solo parte del modelo inventado. Es más, coincidiendo sus aportaciones con la aparición de lo que se llamó<strong> inteligencia artificial</strong>, Chomsky atribuyó sus reglas al cerebro mismo, cuyo funcionamiento debía considerarse análogo al de un ordenador. Las reglas en cuestión no formarían parte del <em>software</em>, sino que debían estar insertas en la circuitería de nuestro cerebro. Por ello, Chomsky propuso que una parte del cerebro, distinguida de las demás, está constituida como “órgano del lenguaje”, siendo así parte de su <em>hardware</em>. </p><p>Chomsky se tornó entonces filósofo, intentando argumentar su posición de forma independiente, y lo hizo en dos frentes. Por un lado, atacando duramente al entonces en boga <strong>empirismo conductista,</strong> que trataba de explicar la adquisición del lenguaje desde el punto de vista asociacionista, donde <strong>el aprendizaje lo desarrolla poco a poco.</strong> Por otro lado, insistiendo en que los niños aprenden el lenguaje demasiado rápidamente como para poder explicarse su adquisición por métodos empíricos: hay que postular que <strong>el lenguaje “surge”</strong>, se activa, desde el órgano que lo rige:<strong> es el argumento de la “pobreza del estímulo”.</strong> En cuanto al origen de tal órgano misterioso, Chomsky lo atribuyó a una gran<strong> mutación genética única</strong>, al no aceptar que la comunicación, basada en las leyes de la evolución biológica, hubiera dado lugar al lenguaje tal como lo conocemos, por un largo proceso de adaptación al medio. Aquí la supuesta revolución se hizo regresiva, pues suponía la vuelta a un <strong>Descartes o un Leibniz, defensores de las ideas innatas</strong>. </p><p>Tales argumentos han sido desacreditados por numerosos filósofos y científicos de prestigio. El empirismo ha rebasado el marco del conductismo de mediados de los años 50 y hallado enfoques alternativos, que fundamentan la adquisición del lenguaje en la experiencia vivida. Al mismo tiempo, se ha visto que<strong> el lenguaje se convierte en eficaz medio del pensamiento</strong>, contra otro de los dogmas innatistas de Chomsky. Respecto al órgano del lenguaje, no ha sido hallado como tal en ningún rincón del cerebro. En cuanto a la supuesta universalidad de las reglas que rigen el lenguaje, se han señalado muchas excepciones, e incluso se han descubierto idiomas, entre los 6.000 que existen, donde no se cumplen. </p><p>Por otro lado, los especialistas en el origen evolutivo del lenguaje nos dicen que esa gran mutación, que hubiese hecho posible el lenguaje, <strong>no tiene el menor viso de haber ocurrido</strong>. Los rasgos que exigiría del cerebro son los menos adecuados para aparecer súbitamente en toda su complejidad, así como para transmitirse según las leyes de la evolución. Además, la supuesta pobreza del estímulo ha quedado superada. Minuciosos estudios sobre la adquisición del lenguaje en los niños han puesto de manifiesto la gran potencia y elasticidad de la mente infantil, perfectamente capaz de adaptarse a los diferentes idiomas sin presuponer reglas fijadas en el cerebro. Finalmente, extensos estudios sobre la adquisición de idiomas humanos por otras especies han descubierto que <strong>la capacidad lingüística no es exclusiva de nuestra especie</strong>. Los bonobos pueden aprender, por medio del lenguaje de signos, cientos de palabras, así como a combinarlas creativamente formando oraciones complejas, en las que son sensibles a los mecanismos sintácticos. Ampliaciones a ello pueden hallarse <a href="https://revistas.upr.edu/index.php/dialogos/article/view/19366/16856" target="_blank">aquí</a>.</p><p>Nos queda el <strong>Chomsky político</strong>. Hay dos rasgos que ayudan a entender sus “aportaciones” a este campo. Uno es su carácter intransigente, incapaz de admitir un error, ni en su obra científica y filosófica, ni en sus posiciones políticas. Bajo una gran amabilidad superficial en el trato, aparecen súbitamente en el reacciones muy negativas ante cualquier opinión que no le guste, o frente a cualquier pregunta que de algún modo cuestione sus posiciones. Eso explicaría que Chomsky tendiera a evitar los congresos, donde estaría obligado a discutir de tú a tú,<strong> prefiriendo los foros de bajo nivel académico, o donde sabe que la audiencia le va a estar entregada</strong>. Cuando un entrevistador, o asistente a una charla, se atreve a repreguntar o a cuestionar de algún modo sus tesis, la reacción de nuestro hombre tiende a ser dura, cuando no a<strong> bordear lo insultante</strong>. </p><p>El otro rasgo es su manifiesta inquina a EEUU y la OTAN. Al parecer todo empezó por su oposición a la guerra del Vietnam en los años 60-70, cuando fue detenido varias veces y estuvo a punto de ir a la cárcel. Sea ello como fuere, todas sus opiniones políticas están regidas por un principio:<strong> los EEUU y la OTAN son el verdadero “eje del mal”, y por tanto los causantes principales de todos los conflictos de peso geopolítico de los últimos setenta años</strong>. Mantener ese principio le conduce a retorcer la historia y la actualidad para amoldarlas a su dogma, al tiempo que a proferir perlas que a menudo suenan a barbaridades. Veamos algunas. </p><p>Según Chomsky, el papel de EEUU en la Segunda Guerra mundial fue insignificante, comparado con el de la URSS. Todos los presidentes de EEUU tras aquella guerra han sido criminales. Su país no está dirigido por sus gobiernos, ni por el parlamento, sino por grandes corporaciones, que buscan solo maximizar sus beneficios a costa de lo que sea. La invasión rusa de Afganistán fue de hecho provocada por secretas maniobras americanas. Asimismo, la intervención rusa en Siria fue causada por la previa de los EEUU. El ataque de la OTAN a Serbia, motivado por las matanzas de albaneses en Kosovo, no tuvo por objeto defender a aquella minoría étnica, sino debilitar a un aliado de Rusia. Es más, aquellas matanzas no fueron la causa de los bombardeos, sino su consecuencia. Es un patrón repetido hasta la saciedad. Señalen Vds. cualquier conflicto internacional de los últimos setenta años, y verán como<strong> Chomsky se las arregla para culpar de el a EEUU y la OTAN</strong>. </p><p>Hay todavía posiciones más incomprensibles. Por ejemplo, sostener que la muerte de dos millones de camboyanos a finales de los 70 no se debió al genocidio ejecutado por los jemeres rojos de Pol Pot, sino a una mala cosecha de arroz. Incluso el asesinato de 3.000 personas, en el atentado a las Torres Gemelas de 2001, suscitó en Chomsky comentarios rayanos en lo escandaloso. Sin negar su carácter de atrocidad, inmediatamente pasó a atribuir la responsabilidad a EEUU y la OTAN, por llevar años causando muchos más muertos por sus intervenciones en Oriente Medio. Ese mismo patrón lo ha aplicado numerosas veces ante sucesos similares. Se caracteriza por este esquema:<strong> “Sí, esto ha sido terrible, pero la causa última hay que buscarla en Occidente”</strong>. Cuando se le recrimina esa reacción, responde: <strong>comprender un hecho no es justificarlo</strong>. Sin embargo, al hacerlo así parece no cobrar conciencia de que, señalando como causante último de un hecho cruento a un agente distinto al que lo ha producido, le hace el caldo gordo al criminal en cuestión. </p><p>Es lo que ocurre en el caso de la guerra de Putin contra Ucrania. Ya <strong>en 2014 Chomsky restó importancia a la invasión de Crimea</strong>, alegando que ese territorio había sido tradicionalmente ruso, que sus habitantes parecían estar de acuerdo (bendiciendo así un referéndum hecho a punta de <em>kalashnikov</em>), y que Rusia necesitaba un puerto cálido para su flota. No merece la pena argumentar en contra; toda persona bien informada sabe que semejante posición es injusta y confundidora. Él diría que <strong>comprender no es justificar,</strong> pero lo cierto es que para Putin la posición de Chomsky fue poco menos que un espaldarazo. Ni que decir tiene que la izquierda seguidista de Chomsky adoptó una posición parecida, que se ha repetido con la invasión de 2022. </p><p>En efecto, <strong>para Chomsky Putin se vio “obligado” a invadir Ucrania</strong>. La expansión de la OTAN hacia el Este, contra lo supuestamente prometido por Occidente, estableció las condiciones que llevaron a la invasión. De nada le han servido los numerosos argumentos en contra. Primero, mostrando que se ha tratado de una clara agresión imperialista de Putin, destinada a mantenerse en el poder a cualquier precio. Putin quería obtener un punto más de influencia, como en <strong>Chechenia, Georgia</strong> (Abjasia, Osetia del Sur) y <strong>Moldavia</strong> (Transnistria). Segundo, señalando el objetivo de <strong>destruir una cultura ampliamente proeuropea</strong>, por miedo a que calara en la sociedad rusa. Asimismo, para Chomsky, parte de culpa la tuvo el gobierno de Zelensky, al no cumplir los acuerdos de Minsk. Pero ello dependía tanto de Ucrania como de Rusia, y Putin nunca quiso cumplir Minsk, que era incompatible con sus planes de invasión, como se ha visto. Sobre ello hay más detalles <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribunaabierta/culpa-guerra-ucrania_129_9543906.html" target="_blank">aquí</a>.</p><p>Termino. En unas entrevistas de este verano, un periodista atrevido le preguntó si es que los ucranianos no tienen derecho a defender su tierra contra el invasor. La respuesta de Chomsky fue típica, al decir que nadie les niega ese derecho, pero que él <strong>no se lo recomendaría</strong>. Esta asombrosa afirmación es perfectamente coherente con su conocida posición sobre la guerra: <strong>Ucrania debe negociar una salida “digna” para Putin</strong>, aunque para ello deba ceder territorios. Como si los territorios no estuvieran poblados por millones de ciudadanos. Por si fuera poco, en otro momento de esas entrevistas <strong>Chomsky insulta a Zelensky,</strong> afirmando sin pruebas que el presidente de Ucrania no cumplió con los acuerdos de Minsk porque la extrema derecha de su país le tenía amenazado de muerte si lo hacía. Semejante lindeza, impropia de un intelectual serio, nos deja sin palabras, al tiempo que vuelve a servir de apoyo directo a Putin.</p><p>___________</p><p><em><strong>Francisco Rodríguez Consuegra</strong></em> <em>es catedrático retirado de Lógica y Filosofía de la Ciencia.</em> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jan 2023 20:15:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El mito Chomsky]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Ucrania,Guerra,Europa,Estados Unidos,Noam Chomsky]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Que pidan perdón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/pidan-perdon_129_1329046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/eed9899d-38c3-4034-bc5d-8577513dbc3b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que pidan perdón"></p><p>Desde el inicio de la guerra de Ucrania ha habido personas que han<strong> “comprendido”, justificado, e incluso defendido a Putin,</strong> el psicópata más peligroso y el más cruel asesino en serie desde Hitler y Stalin. Tras siete meses de las mayores atrocidades contra civiles desde el Holocausto, y en vista de que el empecinamiento del dictador en destruir y matar no se detiene sino que aumenta con una gran movilización, ha llegado el momento de que esas personas <strong>rectifiquen y pidan perdón.</strong> Ya no hay excusa posible. </p><p>Sí, que pidan perdón quienes sostenían que no había que enviar armas a Ucrania, para no alargar la guerra, aunque ello implicara dejar morir a los ucranianos que deseaban defenderse, pero nunca denunciaron los envíos de armas a Rusia, ni exigieron a Putin detener la invasión. </p><p>Y quienes rechazaban las sanciones a Rusia, alegando que el pueblo ruso sufriría, especialmente los niños, pero jamás han denunciado el sufrimiento real de los ucranianos, ni de los<strong> doce millones de refugiados,</strong> ni de los más de mil niños ucranianos asesinados o malheridos por Putin. </p><p>Y quienes se burlaban del presidente Zelenski, previendo que escaparía como una rata en cuanto los rusos se acercaran, pero ahora callan ante su férrea <strong>resistencia </strong>y la del sufrido pueblo ucraniano, cuando arriesgan sus vidas para no caer en manos de la dictadura rusa. </p><p>Y quienes decían que las <strong>armas de Occidente irían a parar a bandas nazis, </strong>con las que cometerían atentados en Europa, pero ahora se esconden en sus cavernas para no admitir su error, vistos los resultados logrados con esa ayuda militar. </p><p>Y quienes aseguraban que las sanciones infringirían graves daños al pobre pueblo ruso, pero ahora callan ante la destrucción y la muerte que siembra Putin en Ucrania, especialmente contra civiles, y ante los cientos de miles de ucranianos deportados forzosos a Rusia y diseminados por regiones apartadas y deprimidas. </p><p>Y quienes afirmaban que Putin no es el culpable último de la guerra, sino los EEUU, la OTAN y Zelenski, pero<strong> silenciaban el afán imperialista de Putin,</strong> olvidando el tratado de Budapest de 1994, y callando sobre los antecedentes expansionistas en Transnistria, Chechenia y Georgia. </p><p>Y quienes agitaban el espantajo del “batallón de Azov”, que cometía supuestos crímenes contra los habitantes del Donbás, pero permanecen mudos ante los miles de crímenes de guerra cometidos por Putin en Ucrania, muchos ya acreditados por organizaciones internacionales neutrales. </p><p>Y quienes tanto se preocupaban por el sufrimiento que la guerra causaría al<strong> pueblo ruso, </strong>pero no han dicho ni una sola palabra ante el secuestro de más de mil niños ucranianos, separados de sus familias y dados en adopción ilegal a familias rusas. </p><p>Y quienes avisaban de las atrocidades que Ucrania cometería contra los separatistas prorrusos, pero se ponen de perfil ante el modo en que Putin utiliza sistemáticamente<strong> la tortura, la violación, el saqueo,</strong> el robo de grano y el chantaje nuclear como armas de guerra. </p><p>Y quienes se rasgaban las vestiduras denunciando que en Ucrania existían grupos de patriotas de extrema derecha combatiendo, y ahora no se inmutan ante las fechorías del grupo ruso Wagner, reconocidos<strong> mercenarios de inspiración neonazi, </strong>y cierran ojos y oídos ante los “fichajes” del líder del grupo en las cárceles rusas, donde<strong> liberan sobre todo a los asesinos, para que maten ucranianos</strong>. </p><p>Y quienes dicen que Ucrania debe rendirse, a fin de parar la guerra, en nombre de un pacifismo fariseo, aunque sea al precio de ceder territorios, como si los territorios no contuvieran millones de ciudadanos, aterrorizados de caer en manos rusas, en vista de las atrocidades que están teniendo lugar. </p><p>Y quienes continúan sosteniendo, contra la masiva evidencia en contra, que las sanciones contra Rusia no están surtiendo efecto. Piden detenerlas y dicen defender la paz a cualquier precio, pero no parece importarles el destino de Ucrania en ese caso, por negro que sea. </p><p>Y quienes señalaban al <strong>Partido Comunista de Rusia </strong>como parte de la oposición a Putin, y ahora no denuncian la intervención de su líder en la Duma, exigiendo a Putin que se deje de operación especial militar y vaya a la guerra total contra Ucrania, incluida la movilización general. </p><p>Y quienes callaron cuando<strong> se descubrieron las atrocidades en la zona de Kiev</strong>, tras la liberación, en Bucha, Irpin, etc., con fosas comunes de cadáveres maniatados, y continúan callando al aparecer lo mismo en Izium (Járkov), con múltiples testimonios de torturas y saqueos sistemáticos. </p><p>Finalmente, que pidan perdón quienes aseguraban que los ucranianos prohibían hablar ruso en el Donbás, lo que se ha demostrado falso, pero guardan ahora un clamoroso silencio sobre la forma en que <strong>Putin está destruyendo la lengua y la cultura ucranianas en los territorios ocupados.</strong> Queman libros en ucraniano, secuestran docenas de maestros ucranianos, ya desaparecidos o en cárceles rusas, reemplazan los currículos ucranianos por rusos, y envían maestros rusos con la orden de llevar a cabo un auténtico genocidio cultural. Sí, que pidan perdón. Que lo hagan públicamente.<strong> Que usen sus partidos y sus medios para ello</strong>. Y ¿ante quién deben pedir perdón? Ante el pueblo ucraniano, ante sus niños, mujeres y hombres, y ante las familias de los al menos nueve mil soldados ucranianos muertos defendiendo su pueblo, su tierra y su libertad.</p><p>_________________________</p><p><em><strong>Francisco Rodríguez Consuegra</strong></em><em> es catedrático retirado de Lógica y Filosofía de la Ciencia</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Oct 2022 18:09:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Rusia,Ucrania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dogmatismo y la OTAN]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/dogmatismo-otan_129_1281225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/f3489cb9-a43f-4f7c-bfad-ea6f1dc5f412_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dogmatismo y la OTAN"></p><p>La esencia del dogma es no poder cambiar, bajo ninguna circunstancia, al tiempo que ser proclamado y administrado por una élite, que lo impone al resto de miembros de una religión, partido político, secta, asociación, etc. <strong>Se trata de supuestas verdades absolutas, de axiomas indiscutibles, que ni requieren ni admiten premisas de las que deducirse o en las que apoyarse</strong>. Tampoco necesitan demostración ni prueba o evidencia alguna; su verdad resplandece por sí misma. El dogma se sustenta en la autoridad y la autoridad en el dogma, son indivisibles. Y lo que es peor: todo fundamentalismo, o fanatismo, se basa siempre en algún tipo de dogmatismo. </p><p>Desgraciadamente, algo de eso es lo que en mi opinión <strong>ocurre en la actualidad con los partidos a la izquierda del PSOE</strong>, zona que ha sido y es mi propio territorio ideológico de toda la vida. La mejor muestra de ello son sus posiciones respecto a Ucrania, Rusia, la OTAN, EEUU, etc. En ello, esa izquierda es buena heredera de los partidos comunistas que dominaron Rusia y China durante gran parte del siglo XX. Curiosamente, a veces no parecen darse cuenta de que no hay comunismo en Rusia desde hace decenios, ni tampoco en China, aparte del mero nombre, que solo sirve para justificar la durísima dictadura. O al menos no parecen extraer las consecuencias adecuadas de ello.</p><p>Hay sin embargo algo que pocos notan: así como la Iglesia católica admite cierta “evolución homogénea” del dogma, la izquierda dogmática no admite la menor evolución: la verdad absoluta no puede cambiar; si cambiara, es que no era la verdad absoluta. <strong>Tan terrible seguridad tiene dos consecuencias inevitables: el anquilosamiento (una forma de invalidez) y el maniqueísmo (los buenos y los malos; todo es blanco o negro, no hay grises)</strong>. Todo ello se une a un orgullo que no conoce el desaliento, caracterizado por el desprecio a la información nueva: el que está ya en posesión de la verdad absoluta no necesita, ni admite, ponerse al día, actualizarse: ¿para qué? Así, sus “posiciones” ideológicas son trincheras: ¡ni un paso atrás!</p><p>El dogmatismo tiene grandes ventajas, no te exige pensar por ti mismo, y constituye una receta a <strong>ser aplicada mecánicamente en toda situación y circunstancia histórica, que es reducida a caricaturas simplificadas, casi infantiles</strong>. Por ejemplo, si soy comunista, entonces los malos son los EEUU y la OTAN, y los buenos la Unión Soviética, convertida hoy en la Federación Rusa, así como sus “herederos”: Cuba, Venezuela y Nicaragua (no se atreven a citar a Corea del Norte). Los primeros son los responsables de todos los males del mundo, y de que el comunismo haya fracasado en todos los lugares donde se ha intentado implantar. En el caso de la URSS, porque al obligar a la maquinaria soviética a militarizarse, dejando de lado las mejoras sociales, hizo que el régimen, que en sí era bueno, se hundiera. En el caso de Cuba, por el bloqueo de EEUU, que impidió al régimen progresar adecuadamente. No hubo otras causas; si las hubo fueron menores, incluso insignificantes.</p><p>Es más, según afirman sin matices, los EEUU y la OTAN son una maquinaria criminal de muerte, responsable de prácticamente todas las guerras de los últimos 80 años. A pocos les gusta la política exterior de EEUU, desde luego a mí no, y es innegable que han cometido invasiones criminales, intervenciones indebidas, y sucias maniobras de manipulación. La invasión de Irak es el ejemplo más sangriento, y la intervención de la CIA en Chile, hasta hacer caer a Allende, el más doloroso. <strong>Al mismo tiempo, debe admitirse que los EEUU sacaron a Europa del atolladero en las dos guerras mundiales habidas hasta la fecha, cosa que ya no les gusta tanto recordar</strong>.</p><p>Igualmente, no hay que confundir las intervenciones armadas de EEUU con las de la OTAN. La izquierda dogmática las identifica de modo totalmente acrítico, cuando endosan a la OTAN la intervención en Afganistán, en Siria, en Libia, y en tantos otros lugares. Pero la OTAN, como tal, ha tenido solo una intervención armada (dirigida por Javier Solana, entonces su secretario general), que fue en la guerra de Kosovo de 1999, <strong>cuando Yugoslavia, dirigida por los serbios, trataba de masacrar a la minoría albanesa de Kosovo</strong>, que acabó siendo independiente de hecho. En el resto, los países que han podido actuar como aliados de EEUU lo han hecho a título individual, pero sin el mandato de la OTAN. Es otra de las simplificaciones del dogmatismo.</p><p>La izquierda dogmática es una izquierda en cierto modo huérfana. <strong>Tras decenios declarando que los EEUU y la OTAN son lo malo y Rusia lo bueno, al deshacerse la URSS y convertirse en un país capitalista oligárquico, aun se resisten a condenarlo abiertamente</strong>. Es como si Putin aun representara para ellos, de algún modo, la añorada grandeza de la URSS, aunque sea ya de una forma degenerada, pero en todo caso mejor que lo que representan los EEUU, que son el mal absoluto. Ahora bien, como semejante estatus representativo de Putin no es ya creíble para nadie, el resultado es la orfandad del que vive de recuerdos. Así, la izquierda dogmática es una izquierda nostálgica, lo cual no la prepara bien para afrontar el presente mirando al futuro sin lastres.</p><p>Curiosamente, los dogmáticos de izquierdas nunca, o muy rara vez, recuerdan que la primera invasión de Afganistán fue la de Rusia. Tampoco la forma en que <strong>Putin casi destruye por completo la pequeña república de Chechenia</strong>, solo porque pretendía la independencia. O las guerras con Georgia, con la falaz excusa de que había que defender a las minorías rusas de Abjasia y Osetia del Sur. Nada que ver con la OTAN, pero claro, al tratarse de acaecimientos que no “encajan” en el molde antiamericano y anti-OTAN es mejor no tenerlos en cuenta.</p><p>En el caso de la actual guerra de Ucrania, el dogmatismo comunista funciona también a la perfección, siguiendo (¿sin saberlo?) las directrices marcadas por Putin, que por cierto dejó de ser comunista hace decenios, si es que alguna vez lo fue. Veamos su versión por encima. Rusia ha sido obligada a actuar en Ucrania porque este país estaba a punto de entrar en la OTAN, que se disponía a atacar. <strong>Putin no quería, pero se le forzó, por motivos de seguridad</strong>. Es más, también estaba obligado, ya que Gorbachov fue engañado por Reagan, cuando se le prometió que la OTAN no se extendería hacia el Este ni una pulgada. Para colmo, añaden que Ucrania era y es un estado corrupto, dirigido por una especie de mafia neonazi, que estaba causando un genocidio en el Donbás desde 2014. He señalado con todo detalle en artículos (<a href="https://blogs.publico.es/version-libre/2022/05/07/por-que-debemos-enviar-armas-a-ucrania-una-reflexion-desde-la-izquierda/" target="_blank">“¿Por qué debemos enviar armas a Ucrania?”</a> y <a href="https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ucrania-no-dice-izquierda-exquisita_129_1252498.html/" target="_blank">“Ucrania: lo que no se dice de la izquierda exquisita”</a>) recientes lo desencaminado, cuando no lo ridículo, de tales pseudo argumentos, por lo que no volveré aquí sobre ellos. </p><p>El presentar a los gobiernos ucranianos como neonazis es particularmente chusco, pues en Ucrania, desde 2015, rige una ley que prohíbe la ideología nazi, tanto organizativa como simbólicamente, como sucede en Alemania, pero no por cierto en España, donde la Fundación Francisco Franco subsiste abiertamente. Asimismo, está prohibida la ideología comunista, por motivos similares. <strong>Tanto el comunismo de la URSS como el nazismo de Hitler dejaron en el pueblo ucraniano marcas indelebles de dolor y sufrimiento sin límites</strong>. Sin embargo, le demonización del enemigo es una de las leyes inamovibles de la propaganda de guerra, desde al menos lord Ponsonby, que en 1928 la identificó y describió, estudiando la propaganda en la 1ª guerra mundial. En nuestro caso Putin, que maneja muy bien la propaganda, marcó la línea de esa demonización, que siguen hasta el día de hoy los comunistas españoles dogmáticos. En sus discursos justificativos de la invasión Putin afirmó que el gobierno de Kiev es <strong>una banda de drogadictos y neonazis </strong>que intentan exterminar a los ucranianos rusos de lengua y cultura del Donbás. Claro que no todos a la izquierda del PSOE (donde como he dicho me incluyo) son dogmáticos, pero me temo que sí una buena parte.</p><p>En los artículos mencionados he etiquetado a la izquierda del PSOE como “izquierda exquisita”, aludiendo a su miedo a “mojarse”, a ensuciarse las manos accediendo a verse involucrados en cualquier iniciativa que conlleve el uso de la fuerza militar, incluso aunque esta sea puramente defensiva. <strong>El pacifismo a toda costa es otro de sus dogmas, junto al antiamericanismo</strong>. Su negativa a enviar armas a Ucrania, o incluso a sancionar a Rusia por la invasión, eran mis ejemplos favoritos en tales trabajos. Se supone que, puesto que otros sí que se van a encargar, de todos modos, de apoyar y organizar esa ayuda militar, entonces no hace falta que ellos se comprometan. En todo caso, si por ellos fuera Ucrania estaría ahora mismo ya ocupada, desmembrada o incluso destruida, con tal de no poner en cuestión su pacifismo a ultranza: otro de sus dogmas inamovibles. A veces, por su forma de hablar, parece que, para ellos, Ucrania incluso <em>se merecía </em>semejante destino.</p><p>Veamos por encima un par de ejemplos recientes, muy ilustrativos de lo que estoy manteniendo aquí: <strong>sendas entrevistas de prensa de Willy Meyer y Manu Pineda</strong>, ambos conocidos comunistas de larga trayectoria. </p><p>Meyer (elPlural, 28/6/2022) dedica sus respuestas a defender la manifestación contra la OTAN celebrada en Madrid, como “recibimiento” a la cumbre de esa organización. Considera Meyer que la manifestación ha sido un éxito, pues ha movilizado a gran número de personas, que han expresado su oposición a tan nefasta organización, que consideran poco menos que criminal. Añade Meyer que la OTAN ha vulnerado el derecho internacional tanto como Putin. Sin embargo, no solo se refiere a la intervención histórica de 1999 para defender Kosovo, cuya minoría albanesa estaba siendo exterminada por los serbios. No. <strong>Añade a la lista una serie de imaginarias intervenciones en Afganistán, Irak, Libia, etc., en las que la OTAN, </strong><em><strong>como tal</strong></em><strong>, no tomó parte</strong>. Por cierto, elude mencionar la anterior intervención de Rusia en Afganistán; al parecer hay intervenciones e intervenciones. Por decirlo brevemente: que ciertos países se unieran a EEUU por su cuenta y riesgo no convierte a la OTAN en responsable. Como no lo fue de la invasión de EEUU en Irak, donde el nefasto trío de las Azores nos metió donde bajo ningún concepto queríamos estar.</p><p>Sigue Meyer con los acostumbrados mantras, ya totalmente desacreditados (véase más arriba), de que Reagan le prometió a Gorbachov que la OTAN no se expandiría hacia el Este, con lo cual parece que responsabiliza a la OTAN de la invasión rusa de Ucrania, <strong>creando así una laguna vacua en su ya dudosa argumentación</strong>. Continúa diciendo que no hay que enviar armas a Ucrania, pues es imposible que gane la guerra.</p><p>Otro mantra ya muy repetido. Pero no se trata de ganar la guerra, sino de sobrevivir como pueblo y como país. De no haber sido por la ayuda militar Putin habría tomado Kiev en cuestión de días, reemplazado el gobierno democráticamente elegido por uno títere y convirtiendo a Ucrania en otra Bielorrusia. <strong>Ello sin contar con que el exterminio no habría sido detenido y habría terminado en una gran limpieza étnica, con cientos de miles de muertos y deportados</strong>. Es decir, si lo entiendo bien Meyer defiende que hubiera sido mejor no hacer nada y dejar que los ucranianos sucumbieran como ovejas en el matadero.</p><p>Resumiendo, la manifestación tan exitosa, ¿a quien beneficia? <strong>Pues claramente a Putin, que podría haberla celebrado brindando junto a Lavrov, sus oligarcas favoritos y sus generales aspirantes a genocidas</strong>. Está claro que se ha tratado meramente de un ritual, semejante a los de las viejas tribus en extinción, que los ejecutan para aumentar la cohesión interna, y apegarse a las viejas rutinas sin las que no son nada. Pero claro, dado que están en posesión de la verdad absoluta no hace falta modificar nada: hay que continuar con las viejas liturgias, aunque estas los lleven a la completa desaparición y descrédito.</p><p>Por su parte, Manu Pineda (eldiario.es, 27/6/2022) ve encabezada su entrevista diciendo que la OTAN es una maquinaria de guerra y muerte que nunca tuvo sentido. Olvida, o lo finge, que su nacimiento obedeció al expansionismo soviético, que convirtió militarmente toda la Europa del Este en países satélites, igualmente dictatoriales. <strong>Continúa Pineda acusando a la OTAN de crear guerras por todo el mundo defendiendo el capitalismo</strong>. Ya he comentado más arriba lo desencaminado de semejante alegato. Prosigue defendiendo la paz y la negociación y, aunque acusa a Putin de ser presidente gracias a un fraude, exige no enviar ayuda militar a Ucrania: ¡no hay que echar leña al fuego! Por tanto repite punto por punto la tesis de Putin.</p><p>Pero lo peor viene ahora: Pineda acusa a Ucrania de estar entregando las armas a “bandas nazis”, volviendo a seguir estrictamente el guion marcado por Putin. <strong>Con ello, muestra que confunde al batallón de Azov, integrado hace muchos años en el ejército oficial ucraniano, y controlado por el gobierno, con supuestas bandas inexistentes</strong>. En 2014 hubo batallones de voluntarios de todas las ideologías, combatiendo contra los separatistas pro-Putin, entre ellos algunos de extrema derecha. Todos ellos lucharon a muerte contra la primera invasión del Donbás, y hace años que desaparecieron o se integraron en las fuerzas armadas oficiales. Lo explico en detalle en uno de los trabajos citados más arriba. Es ocioso insistir.</p><p>No contento con ello, Pineda vuelve a seguir literalmente a Putin al decir que Ucrania ha estado bombardeando el Donbás sistemáticamente desde 2014. Veamos. Los separatistas, organizados, armados y guiados por Putin, son los que han hecho imposible que se cumpliesen los acuerdos de Minsk, pues nunca aceptaron <em>de hecho </em>el alto el fuego. <strong>No ha habido noche, en 8 años, en que dejaran de disparar y asesinar</strong>, si podían, a militares ucranianos en la línea del frente estabilizado, causando también bajas civiles. Putin nunca aceptó fuerzas neutrales de separación, como cascos azules, o similares. Ucrania no ha tenido más remedio que defenderse, y claro, siempre hay muertos civiles, en las comunidades que, viviendo muy cerca de la línea del frente, no podían desplazarse a otras zonas, o no se les permitía evacuar.</p><p>Aparte, los separatistas, de nuevo mandados por Putin, han hecho imposible toda negociación para organizar unas elecciones decentes en los territorios ocupados, que debían realizarse con la     legislación ucraniana, que nunca aceptaron. Asimismo, obligaron a Ucrania a no enviar dinero para las pensiones, pues sencillamente se lo apropiaban. Sin embargo, el gobierno de Ucrania las siguió pagando si los afectados cruzaban a los pueblos cercanos, bajo control ucraniano, único método para evitar la apropiación mafiosa.<strong> Era algo molesto, sí, pero ha funcionado durante muchos años, como única garantía de no financiar a los invasores</strong>. En suma, Putin ha mantenido abierta la herida del Donbás durante ocho años y, al ver que Zelensky traía ideas nuevas en su programa, destinadas a solucionar el problema, se ha apresurado a invadir de nuevo, esta vez con la idea de ocupar la totalidad del país.</p><p>La ignorancia de Pineda sobre la historia de Ucrania, real o fingida, le lleva después a acusar a ciertos “batallones” de seguir a Stepan Bandera, que según Pineda fue responsable de la muerte de miles de personas, de nuevo en la línea estrictamente señalada por Putin. En realidad <strong>llamar a alguien “Bandera” en Ucrania es una especie de insulto, que los pocos nostálgicos de la URSS que quedan utilizan</strong> contra todo lo que huele a ucraniano, sea el idioma, la cultura o el país mismo. El tema de Bandera no se puede tratar tan superficialmente. Acusarle de miles de muertes supone implicarle directamente en las matanzas, algunas de judíos, que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial, en Polonia y en Ucrania, en parte organizadas por la URSS, en parte por elementos de las organizaciones nacionalistas ucranianas, de las cuales Bandera fue líder político.</p><p>Sin embargo, se da la circunstancia de que Bandera pasó casi toda la guerra prisionero en un campo de concentración nazi, donde Hitler estuvo a punto de asesinarle, por independentista. En 1944 se le liberó, pero solo para que colaborase con el llamado Ejército Insurgente Ucraniano contra la URSS. Hitler perdía la guerra y utilizó a Bandera, pero para él se trataba de frenar a Stalin, que estaba cometiendo masacres y un auténtico genocidio en Ucrania. Recordemos las hambrunas de los años 30 y las deportaciones masivas que organizó Stalin, que por cierto están siendo reproducidas por Putin en estos días. <strong>Bandera veía a la URSS como el peor enemigo contra la independencia de Ucrania, su gran sueño</strong>. Hacer de él un nazi, o inspirador de nazis, es por tanto no solo exagerado sino francamente falso. Además, Bandera colaboró también con Inglaterra y la CIA, introduciendo agentes en la Ucrania ocupada por la URSS. En 1959 el KGB lo envenenó en Múnich, método popular en la Rusia actual. Al parecer, para algunos el haber sido asesinado por la URSS le convierte en un mártir de la extrema derecha. Aclarar el tema no es defender a Bandera, que no fue un angelito, pero agitar su nombre contra la Ucrania actual es ridículo, salvo para Putin y sus seguidores.</p><p>Terminemos. Para Pineda, Putin ha hecho un gran favor a la OTAN con su invasión. Pero no se ve por ningún lado que la condene abiertamente, como no se ha visto en la manifestación de Madrid ya mencionada, con muy pequeñas y aisladas excepciones.<strong> Asimismo, no se da cuenta, o finge no darse, que él mismo lleva años haciendo un gran favor a Putin, al presentar una Ucrania poco menos que nazi</strong>, rechazar la ayuda militar contra la invasión, condenar las sanciones contra Rusia, y defender la desaparición de la OTAN. Curiosamente, Pineda ha estado haciendo un gran trabajo de defensa del pueblo palestino, por todos los medios a su alcance, cosa grandemente meritoria. Pero ¿es que el pueblo ucraniano no se merece también esa misma defensa? Es triste que ni Meyer ni Pineda salgan abiertamente en defensa del pueblo ucraniano, fuera de los consabidos alegatos vacíos por la paz y la negociación, ni denuncien las continuas matanzas sistemáticas de civiles, que tienen lugar a diario, como las ocurridas en Bucha, en Mariúpol, y más recientemente, en Kremenchuk, Mikolaev y Odesa. Y es desalentador que no organicen manifestaciones masivas frente a la embajada de Rusia en Madrid, contra las masacres de civiles, ellos que tienen poder de convocatoria. Conducta compartida por Podemos, y en especial por Pablo Iglesias. A todos ellos es fácil confundirlos con los “periodistas” que hacen de <em>Russia Today </em>el órgano propagandístico fundamental de Putin en el mundo.</p><p><strong>El resultado global de ese dogmatismo, que atenaza el pensamiento y la acción política, es un progresivo distanciamiento de la realidad de todas esas formaciones a la izquierda del PSOE</strong>, realidad que es necesariamente cambiante, y por tanto incomprensible e inabarcable con los viejos y caducos instrumentos de siempre. La consecuencia más funesta es perder el apoyo de la gente: cada vez los votan menos, mientras ellos se condenan a si mismos al fraccionamiento, acusando de “desviacionismo” a algunos, que se apartan de la verdad absoluta, y por tanto son expulsados, o excomulgados del tronco principal, cada vez más astillado y debilitado, fosilizado en realidad.</p><p>Se trata en suma de una izquierda que se ha hecho rancia, y puede que esté sobreviviendo a la desaparición solo gracias a la coalición con el PSOE. La reciente catástrofe de las elecciones andaluzas está llevando a algunos partidos a profundas reflexiones; <strong>no así a la izquierda dogmática que, al creerse ya en posesión de la verdad absoluta, no necesita reflexión ni refundación alguna</strong>. Es la gente la que ha votado mal, parecen pensar, por tanto solo hay que esperar a que rectifique y vote por fin bien. ¿Es que el destino de esa izquierda es derivar hacia la socialdemocracia, o caer definitivamente en el testimonialismo, el mero ecologismo feminista, o el fraccionamiento infinito? ¿No hay alguna vía intermedia que sea lo suficientemente flexible para adaptarse a la cambiante realidad, sin dejar por ello de reclamar el seguir siendo llamada “izquierda”? No lo sé, nadie lo sabe hoy por hoy, pero el refugio en la trinchera del dogmatismo es lo último que en mi modesta opinión debe hacerse.</p><p>----------------------------------------------------------------</p><p><strong>Francisco Rodríguez Consuegra </strong><em>es catedrático retirado de Lógica y Filosofía de la Ciencia</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Jul 2022 19:36:30 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El dogmatismo y la OTAN]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[OTAN,Ucrania,Vladimir Putin,Rusia]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Ucrania. Lo que no se dice de la izquierda exquisita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/ucrania-no-dice-izquierda-exquisita_129_1252498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5f515589-c9dc-4dbf-a841-04633d088922_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ucrania. Lo que no se dice de la izquierda exquisita"></p><p>No hace mucho, Santiago Alba identificó y describió a cierta izquierda, en un espectacular hallazgo terminológico,<strong> como la “izquierda estalibana”.</strong> Esa izquierda, ya afortunadamente muy marginal, defiende, más o menos abiertamente, la invasión rusa de Ucrania, con argumentos más bien trogloditas. No merece la pena insistir sobre ello, fue un excelente trabajo (“<em>Ucrania y la izquierda</em>”. CTXT, 8/4/2022).</p><p>Sin embargo, no se tocaba en aquel artículo el problema de otra izquierda, <strong>la que yo llamo “exquisita”,</strong> que se empecina en rechazar el envío de armas a Ucrania, para que ese desgraciado pueblo pueda defenderse de tan sangrienta invasión. Ya he analizado los falaces mantras en los que esa izquierda se basa para justificar semejante rechazo: en 2014 hubo un golpe de Estado en Ucrania; los gobiernos sucesivos han carecido de legitimidad, y se han inclinado por la extrema derecha, siendo el batallón “neonazi” de Azov la manifestación de esa simpatía. Asimismo, criticaba yo, en general, su recurso al pacifismo, <strong>igualmente falaz en este caso</strong> (“<em>¿Por qué debemos enviar armas a Ucrania? Una reflexión desde la izquierda</em>”. Público.es 7/5/2022). Toca ahora entrar en detalle en las posiciones concretas de los principales protagonistas de esa izquierda exquisita, denunciando sus —en mi opinión— lamentables declaraciones recientes sobre la guerra de Ucrania.</p><p>Toda la izquierda exquisita coincide en que<strong> la OTAN tiene la culpa de la invasión rusa.</strong> Lo que nunca dicen es que la OTAN misma nació a causa del expansionismo soviético de posguerra, cuando instaló y mantuvo por la fuerza militar dictaduras comunistas en todos los “países del Este”, es decir, los países que el ejército soviético había ocupado en su marcha hacia Berlín. Ahora está de moda, tras los papeles desenterrados por un periódico alemán, decir que el “acoso” militar de la OTAN ha sido el desencadenante de la invasión rusa, y que se le prometió a Gorbachov que no habría expansión hacia el Este.<strong> ¿De qué acoso militar hablamos? </strong>¿Alguien puede creer que la OTAN se disponía a atacar a Rusia? Cuando Putin dice que se estaba preparando un ataque para recuperar Crimea sabe que miente, de cara a su parroquia, que por cierto también sabe que miente, excepto algunas “<em>babushkas</em>” (abuelas) que solo ven la TV rusa oficial. La prueba, por si hiciera falta alguna, es la declaración reciente de Putin, según la cual no le importa que Suecia y Finlandia se incorporen a la OTAN, siempre que no instalen armas cerca de Rusia.<strong> Algunos aún ignoran que en la península de Kola</strong>, junto a Finlandia, hay ya hace años armas nucleares, como las hay en Kaliningrado, a un tiro de piedra de Finlandia, Suecia y toda Europa.</p><p>La OTAN tiene poco o nada que ver con la invasión rusa. Igual que no lo tuvo con la invasión de Afganistán, ni con las guerras contra Chechenia, que casi hicieron desaparecer del mapa la pequeña república que ansiaba la independencia. Ni tuvo que ver con los “mordiscos” rusos a Georgia (Abjasia y Osetia del sur) y a Moldavia (Transnistria).<strong> Ni tampoco con las salvajes matanzas que organizó Putin en Siria</strong>, solo para sostener en el poder al sátrapa Bashar Al-Asad, que permite bases militares rusas en su territorio. Insistir pues en que el “acoso” militar ha llevado a Putin a invadir Ucrania no es más que seguir a Putin, repitiendo sus consignas; resumiendo: es convertirse, <em>objetivamente</em>, en pro-Putin.</p><p>Nadie engañó a Gorbachov, que de todos modos estaba forzado a <strong>permitir la unificación de Alemania</strong>, ya que la URSS se deshacía por momentos. En las negociaciones sobre el tratado de unificación no se tocó para nada el tema de la posible expansión de la OTAN, como reconoció Gorbachov posteriormente. El hecho de que, en las conversaciones informales, alguien (como Blake) hubiera pronunciado las palabras de que la OTAN no se expandiría<strong> “ni una pulgada” hacia el Este, no significa nada</strong>: no constaron en el tratado, carecían de fuerza política. Hay muchas páginas de conversaciones, todo informal y sin validez ni vigencia, ni entonces ni ahora. Las conversaciones diplomáticas preparatorias de un tratado no cuentan si no quedan reflejadas por escrito y firmadas oficialmente. <strong>Pablo Iglesias gusta ahora de insistir en aquel “engaño”</strong>, aduciendo alguna oscura queja posterior del propio Gorbachov, y se empecina en que ahí radica la causa de la invasión actual. De nuevo una justificación, enmascarada, del proceder invasor de Putin, el cual dice rechazar. ¿Dónde está el espíritu crítico de la izquierda, que nos ha distinguido siempre de la derecha?</p><p><strong>A quien sí engañaron fue a la joven Ucrania independiente </strong>(la tercera potencia nuclear del mundo entonces), cuando, en diciembre de 1994, presionaron a su inexperto gobierno para que cediera todas sus armas nucleares, y la logística involucrada en su uso, a la Federación Rusa. Nadie hace ahora caso de que aquello fue un tratado en toda regla, firmado solemnemente por Rusia, EEUU y el Reino Unido. Las tres potencias nucleares se comprometieron a “respetar la independencia, soberanía e integridad territorial de Ucrania” (art. 1), asumiendo la “obligación de abstenerse de amenazar o usar la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania” (art. 2).<strong> Es un escándalo que se haya tolerado la invasión rusa de Crimea</strong> y la posterior del Donbás en 2014; así hemos llegado a donde ahora estamos. Solo ahora Occidente ha reaccionado como debía haberlo hecho antes. No he escuchado nunca a la izquierda exquisita denunciar la traición hacia Ucrania por aquel tratado clamorosamente incumplido.</p><p>Por cierto, el término “Occidente”, favorito de Putin, se ha demostrado ahora como engañoso<strong>: ya no son solo Europa, EEUU y Canadá quienes se oponen frontalmente a la invasión de Rusia</strong>, sino también Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Taiwán, y muchos otros países. La confrontación no es ya entre Rusia y Occidente, sino la existente entre un gobierno totalitario padecido por Rusia, sin democracia ni libertades,<strong> y los países democráticos de todo el mundo.</strong></p><p>El odio de Putin por Ucrania viene de lejos, y en él le acompañan<strong> algunos personajes del imaginario “</strong><em><strong>Russkiy mir</strong></em><strong>”</strong>, el mundo ruso, que no es sino un conglomerado ideológico ultraconservador, pariente cercano del trumpismo, de Vox <em>e tutti quanti</em>. Uno de tales personajes es <strong>el patriarca Kiril, exagente del KGB (como Putin)</strong>, implicado durante años en el suculento negocio de la importación de tabaco extranjero, que gusta llevar un reloj de 30 mil dólares. Kiril fue siempre un aliado y protegido de Putin, con cuya ayuda logró hacerse con el poder absoluto en la iglesia ortodoxa rusa, pasando así a engrosar la ya larga lista de oligarcas que se lo deben todo. <strong>En esa línea, Kiril ha bendecido la guerra de Siria y demás agresiones de Rusia</strong>, como la actual de Ucrania, describiendo el gobierno de Putin como un “milagro”. Es de notar el <strong>reciente asombro del Papa Francisco </strong>cuando, tratando de conversar con Kiril, tuvo que soportar veinte minutos de una encendida defensa de la invasión de Ucrania, despliegue de mapas incluido.</p><p>Todos ellos desean<strong> absorber, desmembrar o destruir Ucrania, </strong>en parte porque saben que lo que usualmente más se asocia a la cultura rusa procede en realidad de Ucrania: desean apropiárselo, falseando así la historia. Es una relación de amor-odio: unas veces dicen que Rusia y Ucrania son el mismo pueblo, y otras que Ucrania es “nazi” y hay que “purificarla”, cuando no reeducarla o incluso exterminarla. Cuando San Petersburgo era aún un pantano deshabitado, y Moscú la pequeña capital de un principado incipiente, recién salido del dominio mongol, el Rus de Kiev llevaba largo tiempo siendo una nación floreciente y poderosa, con una cultura variada y riquísima, que se extendía desde el Mar Negro al Báltico.<strong> Incluso algunos de los símbolos de los que se enorgullecen más los rusos son en realidad ucranianos</strong>: los cosacos y su legendario baile en cuclillas (el<em> kasachok</em> u <em>hopak</em>) proceden de la zona sureña ucraniana de Zaporiyia, que en estos momentos está siendo bombardeada por Rusia. Es más, <strong>incluso la famosa sopa de verduras y carne, el </strong><em><strong>“borsch”</strong></em><strong>, es originaria de Ucrania, no de Rusia,</strong> donde hacen una mala imitación. Es tal la envidia de algunos rusos por estos hechos, archiconocidos por cualquier historiador o persona bien informada, que hace poco la portavoz de Lavrov, María Zajarova, declaró, con toda solemnidad, que la afirmación de que el <em>borsch</em> es un plato ucraniano es una afirmación nazi (<em>sic</em>), que viene a demostrar el carácter fascista de los ucranianos.</p><p>En numerosas ocasiones <strong>Putin ha declarado que Ucrania no tiene derecho a existir,</strong> que es un país “artificial”, sin identidad nacional. Llegan informaciones, aún poco claras, de que con los cientos de miles de deportados forzosos que Putin está tomando en los territorios ocupados, incluso del propio Donbás, se está llevando a cabo una política de “filtración”, que podría conllevar la separación de familias, de reeducación obligatoria para los niños, en la que se les prohíbe hablar ucraniano y <strong>se adopta el currículo ruso</strong>. Ello sin mencionar la destrucción de libros ucranianos en las bibliotecas. Se trataría entonces de una auténtica limpieza étnica, tanto física como cultural.</p><p>Quieren hacer desaparecer a todo un pueblo: es la desucranización. <strong>Todo ello no tiene nada en absoluto que ver con la OTAN</strong>: se trata de obsesiones enfermizas, totalmente ahistóricas, muy antiguas. En realidad Putin aún tiene mentalidad soviética: invadir Ucrania es un episodio más de los tanques en Hungría y Checoslovaquia en los años 50 y 60 del pasado siglo. Sin embargo, ahora es mucho más grave: para Putin Ucrania es,<strong> </strong>además<strong>, un pueblo “traidor” a las esencias de la madre Rusia.</strong></p><p>Según Putin y su entorno, la deriva democrática de Ucrania la aleja de las tradiciones del “mundo ruso”, acercándola peligrosamente a <strong>Occidente,</strong> <strong>según ellos un nido de drogadictos y homosexuales</strong>, encharcado en una enfermiza y descontrolada libertad de prensa, no digamos de asociación y manifestación. Todo ello son “extremismos” para el “mundo ruso”. Según proclaman, Occidente exhibe un modo de vida degenerado, unas costumbres decadentes, sin valores profundos, sin religión, como sí que aún permanecen intocables en la madre Rusia. (Es obligado recordar aquí <strong>el término hitleriano </strong><em><strong>entartete</strong></em><strong>, para señalar las costumbres, el arte y la música que había que prohibir</strong>, para que el pueblo no se contaminase.) Paradójicamente, todos los oligarcas hacen sus mejores negocios financieros en Occidente, envían a estudiar a sus hijos a Occidente, y compran sus yates y palacetes para residir todo el tiempo que pueden en Occidente. Londres, Suiza y Marbella están entre sus lugares favoritos.</p><p><strong>En Rusia tienen elecciones</strong>, sí, pero antes de que se celebren, los jueces, a las órdenes de Putin, <strong>se inventan supuestas causas criminales justo contra los oponentes</strong> que ofrecen algún peligro de atraer votos: a todos se les prohíbe participar. Ahí está el pobre Navalny, pudriéndose en Siberia, y no digamos Nemtsov, al que mataron frente a las murallas del Kremlin, mientras paseaba tranquilamente al atardecer. Lo mismo sucede con los periodistas que se atreven a decir la verdad en sus medios:<strong> los matan (Politkovskaya) o desaparecen en el exilio, eso si tienen tiempo de escapar; es más, incluso escapando los envenenan a distancia (Litvinenko).</strong></p><p>Eso es en realidad el “mundo ruso”, y la democracia de Ucrania, aunque todavía imperfecta, pero con un gran impulso de integración en Europa, era un tremendo peligro, que podría ser seguido por otras “repúblicas” de la llamada Federación Rusa.<strong> Véase si no lo ocurrido hace poco en Bielorrusia</strong>, donde las masas ansiaban democracia, habiendo ganado la oposición unas elecciones que Lukashenko, guiado por Putin, falseó sin problemas. El peligro no es la OTAN, nunca lo fue, el peligro que causa terror en el Kremlin es el ansia de democracia. Algunos aquí, desgraciadamente, aún no han superado aquello de<strong> “OTAN no, bases fuera”, que gritábamos por las calles en los primeros 80</strong>, y permanecen anclados en la idea de que todo lo malo del mundo viene de EEUU, del “complejo militar-industrial”; como si Rusia no fuera otro complejo similar, pero sin control alguno ni el menor rastro de democracia.</p><p>Un momento, dirán algunos: es que la OTAN representa los intereses del capitalismo, y la implantación de políticas neoliberales en cada vez más territorios. Y yo pregunto: ¿hay algo más capitalista que la Rusia actual? <strong>Los oligarcas que la gobiernan, y que sostienen a Putin, son neoliberales en lo económico, aunque claro, no en lo político</strong>, pues ello les llevaría a acercarse peligrosamente a la democracia. Y claro que su neoliberalismo no es el de Occidente: su capitalismo, fuertemente intervencionista, es mucho más salvaje que en cualquier país capitalista de nuestro entorno, pues se basa en el saqueo de sus recursos naturales y de sus propias sociedades, con un nulo control y una protección social indigna de tal nombre. ¿O es que todavía hay quien ve en Putin a un comunista? Nada o casi nada de todo lo anterior parece ser entendido por la izquierda exquisita. Pero veamos más detalles de sus declaraciones.</p><p>El coordinador de IU,<strong> Alberto Garzón</strong>, y el secretario general del PCE, <strong>Enrique Santiago</strong>, dieron un<strong> triste espectáculo</strong> con ocasión de la visita virtual del <strong>presidente Zelensky al parlamento español. </strong>Sus tímidos y dudosos aplausos, cuando los hubo, pusieron de manifiesto la real inquina de tales dirigentes por Zelensky. Es más, el ministro Garzón, preguntado al respecto, declaró que aunque el respeto institucional era debido, el gobierno de Ucrania pecaba de simpatías por la extrema derecha, y era culpable de la prohibición de varios partidos políticos. Además, el diputado Miguel A. Bustamante, miembro del PC de Andalucía y de IU, <strong>incluso se negó a asistir al discurso de Zelensky, aunque confesó más tarde haberlo seguido por la pantalla interior. </strong>Sin embargo, junto a otros diputados de partidos pequeños, de cuyo nombre no quiero acordarme, repitió los falsos mantras de siempre: en Ucrania hubo un golpe de Estado en 2014, los gobiernos sucesivos no fueron realmente democráticos, y se había prohibido el<strong> Partido Comunista.</strong></p><p>No hay que mezclarlo todo. Ya en 2015, mucho antes de Zelensky, no solo se prohibió, por ley, cualquier partido comunista, sino también cualquier partido nazi, tanto organizativa como simbólicamente. Mucha gente ignora este hecho y sus causas: para el pueblo ucraniano la dictadura comunista suscita tan malos recuerdos como la invasión nazi: ambas condujeron a hambrunas, masacres e intentos de exterminio del pueblo ucraniano y de su cultura.<strong> Cuando Putin hoy añora a Stalin</strong>, reivindica su memoria y, con la boca pequeña, sus políticas de exterminio y deportaciones, hablando de Ucrania como país “artificial”,<strong> lo que hace es tratar de terminar el trabajo no completado por el viejo sátrapa.</strong> Con ocasión de la actual invasión rusa, el parlamento ucraniano ha implantado la ley marcial, que limita ciertos derechos, solo mientras dure la guerra, y faculta al gobierno para intervenir medios, organizaciones y propiedades. Es una práctica habitual en caso de guerra.</p><p>En ese marco, se han limitado las actividades de otros partidos, todos de poca implantación. La razón es simple: <strong>se trata de partidos abiertamente pro-Putin </strong>que, o bien defienden la invasión rusa, o bien la justifican, al tiempo que apoyan a los “rebeldes” pro-Putin del Donbás y celebran la incorporación militar de Crimea a Rusia. Dado que pueden ser plataformas de propaganda pro-Putin, desinformando e incluso aprovechando sus medios para pasar información sensible a Rusia, es normal que se les limite. Muchos olvidan que <strong>Ucrania está llena de espías </strong>que trabajan para Rusia, fotografiando objetivos y pasando sus coordenadas al agresor, que lo tiene fácil para enviar sus misiles de precisión.</p><p>La ministra <strong>Belarra</strong> y el exvicepresidente del Gobierno <strong>Pablo Iglesias</strong> han lanzado una <strong>acusación muy grave contra quienes defienden la ayuda militar a Ucrania. </strong>Según ellos, enviarles armas constituye una acción hipócrita: en realidad esconde el interés de los fabricantes de armas y el de EEUU. Sin embargo, varios líderes morales de los países democráticos, nada sospechosos de esconder oscuros intereses, se han mostrado comprensivos con esa ayuda militar. El propio Chomsky no rechaza el envío de armas, que interpreta como la ayuda a un pueblo que se defiende de una agresión injustificable, por más que también defienda, de forma paralela, todo esfuerzo hacia una negociación de paz. Incluso el Vaticano ha declarado recientemente que enviar armas a Ucrania es legítimo, desde el punto de vista moral, pues forma parte de lo que su doctrina considera como guerra justa. En consecuencia, según el dúo Belarra/Iglesias ambos personajes, <strong>Chomsky y el Papa Francisco, serían hipócritas y estarían defendiendo secretamente los intereses de los fabricantes de armas y de EEUU.</strong> De nada vale que Belarra e Iglesias se hayan apuntado a firmar un “manifiesto por la paz” donde constaba la firma de Chomsky. En ese manifiesto no se menciona a Putin y se limita a lo de siempre: pedir medidas de negociación para la paz y de protección humanitaria.</p><p>Otro personaje digno de nota, en este marco incomparable, es el eurodiputado<strong> Manu Pineda</strong>, de Podemos. Sin olvidar sus encomiables esfuerzos por defender al pueblo palestino, hay que denunciar la forma en que se sirve de su voz en el Parlamento Europeo para criticar la ayuda militar a Ucrania. Pineda ataca ferozmente todo envío de armas a ese país, cuyo gobierno casi califica como neonazi. No solo eso; siguiendo la línea oficial del PCE, incluso<strong> rechaza las sanciones contra Rusia.</strong> Los argumentos oficiales del PCE son conocidos: las sanciones las sufren los más débiles, alegando cosas tales como que en Irak fueron las responsables de la muerte de medio millón de niños. No se paran a pensar (o lo disimulan) que las sanciones contra Rusia ya están teniendo gran efecto en su economía y, más concretamente, en su <strong>creciente incapacidad para importar armas o sus componentes</strong>, así como para fabricar los repuestos necesarios.</p><p>La ministra<strong> Irene Montero</strong> ha declarado varias veces estar <strong>en contra de la invasión rusa, que califica de horrible</strong>. Sin embargo, rechaza también el envío de armas a Ucrania. Según ella, debemos limitarnos a buscar la paz mediante la negociación, etc. Su original aportación en este campo es notable: <strong>hay que utilizar la “diplomacia de precisión” </strong>(<em>sic</em>). Como señalaba con ironía cierto comentarista experto en temas militares, los diplomáticos que supieron de tal concepto coincidieron en una cosa: se debieron perder todos la clase donde en la escuela diplomática se explicó esa idea.</p><p>Lo que sí echamos en falta en el proceder de la ministra de Igualdad, <strong>sin negar sus admirables logros en la protección de la mujer y sus derechos, es que recapacite en su rechazo al envío de armas,</strong> precisamente por motivos propios de su departamento. En efecto, ha sido precisamente la ayuda militar la que ha hecho posible que Ucrania gane la batalla de Kiev. Como es sabido, al abandonar la zona los soldados rusos se han descubierto horribles crímenes, muchos de ellos contra las mujeres. No solo han aparecido cadáveres desnudos y mutilados de mujeres, sino incluso alguna que otra “cuadra”, donde los salvajes militares mantenían presas a un<strong> </strong>grupo de <strong>jóvenes ucranianas disponibles para la violación, que ejecutaban repetida y sistemáticamente.</strong></p><p>Asimismo, se ha descubierto que el ejército ruso ha venido usando la violación como arma de guerra sistemática: los oficiales permitían a sus hombres ejecutar el plan sin problemas, incluso algunos participando. Es decir: <em><strong>gracias a la ayuda militar </strong></em><strong>Ucrania ha podido detener esas atrocidades,</strong> aunque solo en los lugares liberados. Pocos se atreven a imaginar lo que estará ocurriendo en los lugares donde Rusia aún mantiene su bota, como Mariúpol, Jersón, etc. Quizá nunca lo sepamos. Las mujeres que han logrado escapar cuentan historias de auténtico terror. No estaría de más que la ministra sugiriera alguna medida al respecto del Gobierno del que forma parte. Otra inconsecuencia de la izquierda exquisita, ahora clamorosa, es la forma en que se limitan a rechazar el envío de armas <em>a Ucrania</em>. No se les ve el mismo entusiasmo por rechazar el envío de armas <em>a Rusia</em>. Es sabido que, incluso tras la ocupación rusa del Donbás y de Crimea,<strong> algunas empresas han continuado vendiendo armas a Rusia.</strong></p><p>Igualmente, se sospecha que China se las está arreglando para suministrar al menos chips, para que Rusia pueda seguir fabricando misiles y otro armamento militar. Es más, al parecer, en algunas de las armas arrebatadas al ejército ruso, o formando parte de misiles o drones derribados<strong>, han aparecido chips de reciente fabricación europea. </strong>Finalmente, hay indicios de que Irán puede estar enviando armas a Rusia por vía marítima, a través del mar Caspio. Sería de agradecer un poco de coherencia por parte de la izquierda exquisita, por ejemplo sirviéndose de su influencia en el Gobierno de España, donde tienen varios ministerios, para promover alguna iniciativa en la que se investiguen, o al menos se condenen, tales suministros.</p><p>A la luz de semejante panorámica, no me parece excesivo el calificar la actitud y la conducta de Podemos, IU y PCE respecto a Ucrania de<strong> lamentables, cuando no de vergonzosas. </strong>Lo más triste es que muchos de los datos que he reunido aquí no se suelen divulgar, e incluso a menudo se ignoran, o se tapan, de manera también vergonzosa. Para quienes compartimos el mismo territorio ideológico, esa vergüenza se vive, penosamente, como vergüenza ajena.</p><p>_________________________</p><p><em><strong>Francisco Rodríguez Consuegra</strong></em><em> es catedrático retirado de Lógica y Filosofía de la Ciencia</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jun 2022 19:50:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Francisco Rodríguez Consuegra]]></author>
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