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    <title><![CDATA[infoLibre - Alejandro Solís Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/alejandro-solis/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Alejandro Solís Rodríguez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los liderazgos en Cataluña: entre la ideología y el nacionalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/liderazgos-cataluna-ideologia-nacionalismo_129_1787301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9b2df353-73c0-41cb-912f-e7db6cce8ce9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los liderazgos en Cataluña: entre la ideología y el nacionalismo"></p><p>En Cataluña, el regreso de<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/carles-puigdemont/" target="_blank"><strong>Carles Puigdemont</strong></a> —una vez más— a la primera línea política con su designación como candidato de <em><strong>Junts</strong></em><em> </em>ha puesto sobre la mesa la creciente importancia que tienen los <strong>liderazgos</strong> a la hora de afrontar una <strong>cita electoral</strong> de estas características. Por si esto fuera poco, el nombre de su candidatura,  <em><strong>Junts + Puigdemont per Catalunya</strong></em>, es una clara apuesta por su figura como la principal, si no la única, <strong>herramienta de carácter electoral </strong>en su pugna frente a ERC y, también, el PSC.</p><p>Mientras tanto, los socialistas lo están fiando todo a la <strong>creciente popularidad </strong>que <a href="https://www.infolibre.es/temas/salvador-illa/" target="_blank"><strong>Salvador Illa</strong></a><strong> </strong>ha cosechado durante los últimos años, ensalzando su figura cada vez más, al igual que ocurre con <strong>Sánchez </strong>en el resto de España. En este sentido, lo que comenzó como un <strong>"todos contra Illa"</strong>, ha pasado a ser un <strong>"Puigdemont contra Illa" </strong>en una recta final de campaña cada vez más polarizada. </p><p>Por otro lado, la figura de un<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/temas/pere-aragones/" target="_blank"><strong>Pere Aragonès</strong></a><a href="https://www.infolibre.es/temas/pere-aragones/" target="_blank"> </a>cada vez más diluido según las encuestas es la constatación de que no sólo es indispensable contar con un liderazgo fuerte, sino de que a la hora de afrontar una cita electoral hay que <strong>salir a la ofensiva</strong>, tomando la iniciativa y evitando caer en los marcos de tu adversario.</p><p>Sin embargo, los datos del <a href="https://www.cis.es/catalogo-estudios/avance-resultados" target="_blank">barómetro preelectoral de Cataluña del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)</a> muestran que, al contrario, <strong>los votantes le dan mucha más importancia al partido político </strong>(60,8%) <strong>que al candidato/a</strong> (25,9%) en estas elecciones. </p><p>Ahora bien, hay partidos de carácter <strong>personalista</strong>, donde <strong>el líder </strong>es un factor determinante entre el electorado a la hora de decidir el voto, como puede ser el caso de <em><strong>Junts</strong></em>, donde la mitad de sus votantes señalan al candidato, Puigdemont, como el <strong>factor fundamental a la hora de decidir su voto</strong> (49,9%). Mientras tanto, entre los votantes de otros partidos, como la <strong>CUP, En Comú Podem</strong> —ahora <strong>Comuns Sumar</strong>— o <strong>Vox</strong>, tres de cada cuatro votantes, en torno a un <strong>75%</strong>, <strong>señalan al partido político como la razón que determina su voto</strong>. Es decir, se premia el proyecto, no tanto quién ejerza su liderazgo.</p><p>Dicho esto, ¿en qué punto se encuentran los líderes políticos de Cataluña a sólo unos días de acudir a las urnas? Para empezar, <strong>Illa es el líder político preferido por una mayoría del electorado</strong> para ocupar la Presidencia de la Generalitat, logrando el apoyo de un 27,3% de los catalanes. Por detrás, le seguirían Puigdemont y Aragonès con un 16,9% y un 12,8% respectivamente. </p><p>En este sentido, la fortaleza del liderazgo de Illa reside en su <strong>carácter transversal</strong>, puesto que no sólo es capaz de lograr apoyos entre los votantes de izquierdas —entre las posiciones 1 y 5 de la escala ideológica—, sino que también es capaz de penetrar entre los votantes de centro y, por sorprendente que parezca, entre los votantes de derechas. Por ejemplo, en la posición 9 de la escala ideológica, que, habitualmente, es considerada de ‘extrema derecha’, <strong>Illa es el segundo líder preferido a sólo 4 décimas de Alejandro Fernández, del PP, y por encima de Ignacio Garriga, de Vox</strong>.</p><p>De esta manera, al ser capaz de dominar la izquierda, ser el principal líder político entre los votantes de centro y, más aún, ser razonablemente competitivo entre los votantes de derechas, Illa logra esta posición predominante en Cataluña. Ahora bien, esto también se debe a una cuestión propia de Cataluña: <strong>la interrelación que existe entre la cuestión nacional y la cuestión ideológica</strong>. Dicho de otra manera, que Illa puede ser el preferido entre una parte del electorado de derechas no porque existe afinidad ideológica, sino porque es la principal figura de oposición al independentismo, tanto en la izquierda como en la derecha.</p><p>A su vez, ocurre algo muy parecido con Puigdemont, el líder de Junts, los herederos de Convergència, la principal fuerza del centroderecha histórico en Cataluña. Este no es sólo el preferido entre los votantes del centroderecha, y con una posición muy buena entre el centroderecha o la extrema derecha, en menor medida, <strong>sino que también tiene una posición predominante entre los votantes de izquierdas</strong>. De nuevo, se hace patente la relación que existe entre la cuestión nacional y la cuestión ideológica.</p><p>De hecho, <strong>hay una parte importante de los votantes de Junts</strong><em><strong> </strong></em><strong>que se sitúa en el espacio político propio del centro izquierda.</strong> En concreto, un 40% que se sitúa entre las posiciones 1 y 4 –en una escala que va del 1 al 10, donde el 1 significa ‘lo más a la izquierda’–, lo que se puede también apreciar con ese 23% de los votantes de la posición 4 que elige a Puigdemont como su candidato a president preferido. </p><p>Ahora bien, esto también podría deberse a un cierto electorado de ERC, <strong>descontento con su deriva hacia la moderación, que prefiere a Puigdemont para volver a la confrontación</strong>. Una clara muestra de la prevalencia, en algunos casos, de la cuestión nacional sobre la ideológica: mostrar tu apoyo a un líder que no defiende tus intereses ideológicos porque sí lo hace con los territoriales.</p><p>Esta cuestión se hace muy obvia cuando los liderazgos se analizan no sólo a través de la autoubicación ideológica, sino a través del voto en las últimas elecciones en Cataluña. De hecho, se puede ver cómo <strong>en el bloque independentista Puigdemont es el líder preferido por una abrumadora mayoría</strong>. En concreto, por un 74,7% de los votantes de <em>Junts</em>, un 20,7% de los votantes de ERC y un 26,7% de los votantes de la CUP. Mientras tanto, Aragonès ni siquiera es capaz de entusiasmar a la mitad de sus votantes, con sólo un 43,3%. Es un partido que está situado entre dos gigantes: el PSC y <em>Junts</em>, lo que está perjudicando notablemente sus expectativas electorales.</p><p>Por su parte, Salvador Illa reproduce lo que se podía apreciar a través de la autoubicación ideológica: <strong>es la principal figura de oposición al independentismo, tanto en la izquierda como en la derecha</strong>. Por ello, no sólo atrae a un 72,5% de sus votantes, sino también a un tercio de los de En Comú Podem (30,3%), a un 15,7% de los de Ciudadanos, un 13,3% de los de ERC y a un 11% de los del PP. Illa está presente a izquierda y derecha y, por si fuera poco, también entre el independentismo.</p><p>En definitiva, si hay una cuestión que, más allá de los partidos políticos, <strong>influirá en el voto de una gran cantidad de los votantes de Cataluña son los líderes políticos</strong>, que son el puente entre la ideología y el nacionalismo, que es la verdadera incógnita de estos comicios: si Cataluña camina hacia el independentismo, con la ideología perdiendo prevalencia, o si lo hace hacia la ideología, como ya lo empezó a hacer con el pacto de Presupuestos entre ERC y el PSC. <strong>De ello dependerá no sólo el color del próximo Govern de la Generalitat, sino también la estabilidad de la mayoría</strong> parlamentaria del Congreso de los Diputados.</p><p>__________________</p><p><em><strong>Alejandro Solís Rodríguez</strong></em> es <em>politólogo. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 May 2024 17:35:40 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro Solís Rodríguez]]></author>
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      <title><![CDATA[¿Quién ganó: el PP de Galicia o el sistema electoral?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/gano-pp-galicia-sistema-electoral_129_1736182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7410523d-6d31-4e46-bea6-51ac4ce2ca05_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién ganó: el PP de Galicia o el sistema electoral?"></p><p>Antes de las elecciones en Galicia, la cuestión del sistema electoral cobró una especial relevancia en las columnas de opinión de los principales medios de comunicación en nuestro país. Especialmente, en lo que respecta a <strong>la sobrerrepresentación de Lugo y Ourense en el Parlamento de Galicia</strong>, puesto que ambas provincias repartían más escaños (14) de los que les correspondería en función, exclusivamente, de su población. Algo que, por la situación en la que se encontraban, cobró más interés en el entorno de la izquierda —y, en concreto, de Sumar y Podemos—, donde el hecho de superar la barrera electoral del 5% en cada una de estas provincias, algo que, finalmente, no ocurrió, era una cuestión de vida o muerte.</p><p>En este sentido, se ha sugerido desde algunos ámbitos que esta sobrerrepresentación de la Galicia <em>rural</em> es una de las razones —si no la de mayor peso de todas ellas— que han motivado la victoria del PP de Alfonso Rueda. De hecho, <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/cuatro-lecciones-18f-reforma-electoral-pendiente_129_1718807.html" target="_blank">Jaime Miquel</a>, en estas mismas páginas, señaló que "en Galicia está pendiente una reforma electoral" con el objetivo de corregir este problema. Ahora bien, y aquí llega la pregunta: <strong>¿de haber sido otro el sistema electoral, habría cambiado el resultado en Galicia?</strong></p><p>En primer lugar, habría que <a href="https://x.com/dfuentescastro/status/1753758224077992255?s=20" target="_blank">distribuir</a> los escaños en Galicia según la población. Para ello, Lugo y Ourense, que cuentan con un 12% y un 11,3% de los habitantes de la región, pero un 18,6% de los escaños del Parlamento de Galicia cada una,<strong> tendrían que perder 5 escaños cada una</strong>. De esta manera, ambas tendrían un número de asientos acorde al de su población, representando estos 9 escaños un 12% de los que hay en el Parlamento de Galicia y, con ello, un balance perfectamente proporcional.</p><p>Por supuesto, estos escaños irían a parar a las otras dos provincias, que verían corregida su infrarrepresentación, siendo A Coruña la más beneficiada, que pasaría de los 25 a los 31 escaños. Por lo tanto, con 41,6% de la población, contaría con un 41,3% de los escaños, mientras que, en la actualidad, <strong>A Coruña sólo tiene un 33,3% de los asientos en el Parlamento de Galicia</strong>.</p><p>Dicho esto, ¿cómo afectaría esta variación al resultado del 18F? Hay varias posibilidades. En primer lugar, para saber cúal sería el resultado podríamos <strong>utilizar la fórmula D’Hondt</strong>, que es la que se utiliza siempre en España, pero no es la única. También existen otras fórmulas, como<strong> Sainte-Laguë</strong>, que es muy similar a D’Hondt, pero de carácter aún más proporcional. </p><p>Ahora bien, el resultado no sería muy distinto. Con esta nueva distribución de escaños y <strong>con la fórmula D’Hondt, el PP sólo perdería un escaño que iría a parar al PSOE</strong>, mientras que el BNG mantendría sus 25 diputados, al igual que Democracia Ourensana. Por su parte, Vox y Sumar no entrarían en el Parlamento de Galicia, algo que tampoco cambiaría si redujeramos la barrera electoral del 5% al 3% de los votos.</p><p>Asimismo, si utilizáramos <strong>la fórmula Sainte-Laguë</strong>, el PP de Galicia tampoco perdería la mayoría absoluta, aunque se quedaría al filo de hacerlo con 38 escaños.<strong> Los populares perderían otro escaño</strong>, que iría a parar al PSdeG, situándose en los 11 escaños. Por su parte, el BNG y Democracia Ourensana volverían a mantener su resultado. Dicho esto, ¿a qué se debe que, a pesar de la redistribución de escaños, el PP siga manteniendo un resultado muy similar y, con ello, la mayoría absoluta?</p><p>Principalmente, se debe al hecho de que, aunque es cierto que <strong>el PP obtiene su ventaja en Lugo y Ourense</strong>, donde su ventaja sobre la izquierda es muy notable, esto no significa que los populares obtengan un mal resultado en las provincias de carácter urbano, como son A Coruña y Pontevedra. En la primera, el PP se hizo con más de un 47% de los votos, mientras que en la segunda, con cerca de un 44% de los votos, continuó por encima de la barrera del 40%.</p><p>Por lo tanto, aunque el PP pudiera perder hasta 6 escaños en Lugo y Ourense con una distribución de escaños ajustada a la población de cada provincia, seguiría siendo capaz de recuperar 3 escaños en A Coruña y 1 en Pontevedra, compensando esta pérdida. Por ello, aunque A Coruña y Pontevedra estén infrarrepresentadas, también lo está el resultado del PP de Galicia en ellas, por lo que<strong> la mayoría absoluta de los populares seguiría produciéndose</strong>.</p><p>Pero, ¿y si el problema no está en el número de escaños que reparte cada provincia, sino en la circunscripción provincial en sí misma? Esto es algo que, en cierta manera, ya ocurre en España, donde<strong> las provincias del interior, las más rurales </strong>—especialmente las menos pobladas de Castilla y León o Castilla-La Mancha—, están sobrerrepresentadas en el Congreso de los Diputados, pero es muy difícil plantear una solución, puesto que la circunscripción provincial está recogida en la Constitución. </p><p>En el caso de Galicia, para corregir esta problemática hay quien podría pensar que la solución se encuentra en un sistema electoral como el que se utiliza en las elecciones al Parlamento Europeo en España, donde hay <strong>una única circunscripción </strong>—por lo que la cuestión de la circunscripción provincial desaparece— y no hay barrera electoral, lo que supuso tantísimos quebraderos de cabeza para la izquierda de cara al 18F. Por lo tanto, ¿cómo hubiera sido el resultado del 18F con este sistema electoral?</p><p>Con este método, <strong>el PP de Alfonso Rueda perdería, por fin, la mayoría absoluta, situándose en los 37 escaños</strong>. Sin embargo, es muy probable que los populares siguieran al frente de la Xunta de Galicia, puesto que Vox, que hasta ahora no había logrado ningún asiento en Galicia por tener sólo un 2,19% de los votos, se haría con un único escaño que, aunque pudiese dificultar las cosas a Alfonso Rueda, serviría para llevar de nuevo a los populares al Gobierno de la Xunta. Igualmente, Sumar, que también se quedó fuera, lograría un escaño a pesar de no llegar al 2% de los votos en el conjunto de Galicia. </p><p>Divididos, los votos de <strong>Vox y Sumar</strong> no son suficientes, pero<strong> al agruparse en una única circunscripción, sí que serían suficientes para obtener un escaño </strong>cada uno. Algo que, al revés, le pasa a Democracia Ourensana, puesto que lograr 15.000 votos en Ourense es una auténtica proeza, pero en el conjunto de Galicia no, lo que les llevaría a perder su representación. Aun así, no sería suficiente, pues la entrada de Sumar se compensa con la de Vox.</p><p>En resumen, a pesar del esfuerzo de la izquierda, que ha sido innegable en estas elecciones, la realidad ha vuelto a imponerse. La fortaleza del PP de Galicia, con Alfonso Rueda al frente, <strong>radica en el logro de ser capaces de aglutinar, en un solo partido, a casi la mitad de los votantes de la región</strong>. Algo que ya lleva ocurriendo desde hace demasiadas legislaturas y que, en un sistema electoral como el nuestro, supone una amplísima ventaja. Sin embargo, aunque el BNG parece estar entendiendo las ventajas de hablar al conjunto del electorado, la situación del PSdeG y Sumar ha lastrado la posibilidad de un cambio en la región.</p><p>Por lo tanto, la izquierda no sólo sigue teniendo pendiente la tarea de ser capaz de unificar a las diferentes sensibilidades que existen en su espacio político —algo que, hasta ahora, no ha logrado, centrándose, cada vez más, en sus diferencias— sino que, de una vez, <strong>debería darle la seriedad que se merece a las reglas del juego</strong>. Es decir, el sistema electoral, puesto que, al final, es él quien marca que los 700.491 votos del PP de Galicia se traduzcan en 40 escaños, mientras que los 674.765 votos de la suma del BNG y el PSdeG sólo —y los 28.171 votos de Sumar que fueron a la basura— logren 34 escaños. Esta cuestión, aunque pueda parecer evidente, es algo que va más allá de la barrera electoral. Que la división no nos vuelva a costar un Gobierno.</p><p><strong>________________________________</strong></p><p><em><strong>Alejandro Solís Rodríguez </strong></em><em>es politólogo.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Mar 2024 18:03:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro Solís Rodríguez]]></author>
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