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    <title><![CDATA[infoLibre - Marta García Miranda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/marta-garcia-miranda/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Marta García Miranda]]></description>
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      <title><![CDATA[Fernanda Orazi reescribe ‘Niebla’, de Unamuno, y reivindica el teatro como “generador de existencia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/teatro/fernanda-orazi-reescribe-niebla-unamuno-reivindica-teatro-generador-existencia_1_2164191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ff892713-23b1-4f46-a561-6f4bae3caa01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernanda Orazi reescribe ‘Niebla’, de Unamuno, y reivindica el teatro como “generador de existencia”"></p><p>Hay un telón rojo, un diván, una puerta, un olivo, unos cuantos focos y unos zapatos colocados en el suelo, iluminados en medio de la penumbra. Augusto se sitúa junto a ellos, observa el espacio como si fuera la primera vez que lo ocupa, y se los calza. Todo comienza con ese gesto y Augusto pronuncia entonces palabras que escribieron para él. "¡Qué lástima!", dice, "es una desgracia esto de tener que servirse de las cosas, <strong>tener que usarlas, el uso estropea y destruye toda belleza"</strong>. Cuando termina su frase, el escenario se ilumina y los demás, que le han observado desde el principio, aplauden. Augusto se pregunta cuál será su siguiente paso y decide esperar a que pase un perro y tomar, dice, la dirección que él tome. Pero Augusto no sigue a un perro, sino a una joven, y repite hasta tres veces esa escena, confuso, sin saber cómo ha llegado hasta la puerta que ha cruzado esa garrida moza llamada Eugenia. Los demás estallan en carcajadas, como si fueran las risas enlatadas de una comedia de situación de la tele y Augusto, a quien nunca le ha pasado nada porque es un personaje recién creado, recién nacido, <strong>se da cuenta de que la vida es niebla</strong> y de que en ese viaje que acaba de iniciar amará la trama más que el desenlace, como cantaba <strong>Jorge Drexler</strong> y como, tal vez, suscribiría <strong>Miguel de Unamuno</strong> si asistiera a esta puesta en escena de su célebre <em>nivola</em>, publicada en 1914.  </p><p><strong>Fernanda Orazi</strong> dirige <em>Niebla</em>, una <a href="https://www.infolibre.es/temas/teatro/"  >propuesta escénica</a> que no es ni una versión ni una adaptación de la “rechifla amarga” de Unamuno, sino una <strong>reescritura y una destilación de aquella historia</strong> sobre un ente de ficción llamado <strong>Augusto Pérez</strong> que querrá ser y existir y que se rebelará contra su autor, que no le dejará suicidarse porque todos sabemos, pero él no, que los personajes de novela no deciden su propio destino. <em>Niebla</em> se estrena este viernes en <strong>Nave 10 Matadero</strong> (Madrid) con el mismo equipo con el que Orazi llevó a escena su versión de <em>Electra,</em> de Sófocles, galardonada con <strong>dos Premios Max</strong> a Mejor Espectáculo Revelación y Mejor Adaptación: <strong>Juan Paños</strong> en la piel de Augusto, <strong>Javier Ballesteros</strong> en la de Orfeo, <strong>Leticia Etala</strong> como Eugenia, <strong>Carmen Angulo</strong> como Rosario y <strong>Pablo Montes</strong>, nueva incorporación al equipo, dando vida a Víctor, el mejor amigo de Augusto. Con escenografía y vestuario de <strong>Cecilia Molano</strong>, diseño de luces de <strong>David Picazo</strong> y espacio sonoro de <strong>Javier Ntaca</strong><em>, Niebla</em> es una coproducción de Nave 10 Matadero, Buxman Producciones y Pílades Teatro. </p><p>“Yo había terminado de escribir <em>La Persistencia</em>, una obra para <strong>Ángela Boix</strong> que estrenamos en 2024 en el Teatro del Barrio, y le estaba contando a mi amiga <strong>Silvia Herreros de Tejada</strong>, que es filóloga, de qué iba la historia, por dónde pasaba la cuestión de ese personaje que le pedía a su autor que le diese una vida y una muerte de verdad, no una que tuviera que actuar, y ella me dijo: <strong>‘Pero eso es como </strong><em><strong>Niebla</strong></em><strong>, ¿no la has leído?’</strong>. Yo no había leído a Unamuno en mi vida y recuerdo que terminé <em>Niebla</em> <strong>llorando como una niña</strong> y sentí que era una novela en la que uno asistía a la creación de un personaje”, explica Orazi. </p><p>Cuando <strong>Luis Luque</strong>, director artístico de Nave 10, le propuso estrenar un montaje esta temporada, la actriz, directora y maestra de actores sintió “la llamada de hacer algo con el viaje que le da Unamuno a Augusto en la novela” y tomó varias decisiones. La primera, prescindir de lo literario en escena: “En esta obra Unamuno no deja de estar presente en todo momento, pero yo tenía que pensar en el lenguaje de la escena, de ahí que <strong>no esté el componente literario sino el espíritu de la obra</strong>, esa visión trágica sobre la existencia, la identidad y el destino que están en el texto”. En escena, a mayor sentimiento trágico y angustia existencial, más humor y carcajadas de los personajes, como si Orazi quisiera mostrar la cara b del drama en un espacio en el que conviven lo terrible y lo patético, la tragedia y la risa: “Hay algo que tiene el humor, que es una visión trágica también, y es la posibilidad de estar dos veces en una situación. <strong>Para mí el humor surge de la visión trágica</strong> y el humor de Unamuno es alucinante”.</p><p>La directora y dramaturga argentina, afincada en España desde hace veinte años, <strong>reconoce que este ha sido su proyecto más difícil</strong>, “y estoy recontenta, pero es la obra que más pelea me dio porque yo nunca escribí tanto antes de empezar a ensayar. Cuando llegamos a los ensayos, yo ya llevaba un año y pico con la cabeza quemada”. En ese proceso de escritura, Orazi seleccionará solo algunas de las tramas que imaginó Unamuno para Augusto: “La trama con Eugenia, la aparición de Rosario, el personaje de Orfeo y algo de su amigo Víctor. Quise trabajar sobre esas tramas y no sobre otros personajes y, en muchos casos, <strong>copiaba cada capítulo, escribía sobre él, quitaba, ponía…</strong> y llegó un momento en que ya no sabía qué era mío y qué era de Unamuno”. </p><p>Del mismo modo que Augusto está desprovisto de existencia, Orazi despoja también al resto de personajes. No sabremos que Rosario es planchadora, no veremos a Eugenia tocar el piano (aunque suene en la obra) ni discutir con sus tíos y ese novio vago y canalla que tiene llamado Mauricio, Víctor no nos contará que está casado y le angustia ser padre ni sabremos que Augusto vive con un criado y una cocinera. <strong>Tampoco aparecerá en escena el autor</strong>, aunque Augusto le busque a gritos cuando se quite esos zapatos que se puso al principio y la ficción y su existencia se acerquen al final. Sin embargo, Orazi le dará voz a un perro, Orfeo, quizá el primer <em>therian</em> de esta temporada teatral.</p><p>Otra de las decisiones que tomará Orazi será la de crear un artefacto, un dispositivo que dispare la acción teatral, esa especie de set en el que suenan risas y aplausos, habitado por algunos objetos: “El desafío era <strong>poder hacerle un teatrito a Augusto para que pudiese experimentar su existencia</strong> a través de procedimientos y escenas teatrales. ¿Quiénes son los personajes de la obra? La trama de Augusto. No hay más información sobre ellos. Están para que a él le pase lo que le tiene que pasar. Con <strong>Cecilia Molano</strong>, que firma el espacio escénico y el vestuario, trabajamos mucho sobre la idea de artefacto, sobre esa <strong>maquinita teatral</strong> en la que los objetos también actúan y producen la trama de Augusto. Lo que suena, lo que la luz le hace, lo que los objetos producen, su relación con las cosas, el carácter de las relaciones que establece con cada uno, todo eso es la trama de Augusto”. </p><p>Personajes como tramas y tramas como apariciones que irán construyendo a Augusto, un personaje que dirá que <strong>le sobra el cuerpo porque le falta alma</strong>, alguien con nombre de payaso inocentón y frágil al que da vida <strong>Juan Paños</strong>, creado a partir de un trabajo colectivo fuera y dentro de la escena: “En esta compañía nunca hablamos mucho del personaje, como si sostenerlo o levantarlo fuera una responsabilidad única de cada actor. Hablamos del personaje como quien habla de una especie de <strong>aparición o una visión que queremos que suceda en el teatro</strong>, pero no se trata de que Augusto sea una misión mía, sino una misión global, como también lo es en la novela de Unamuno”, explica el actor. </p><p>Paños, que crea junto a sus compañeros ese hombre que se siente más vivo cuantas más penurias pasa, recuerda que “Borges decía que la esencia del teatro es que <strong>un actor finge ser otro mientras el público finge creérselo</strong> y yo creo que en esa doble mirada es cuando se crea un personaje. Yo he descubierto con esta obra que hablo de la existencia de los personajes como si hablara de la existencia de Dios, y no es una hipérbole, lo creo de verdad. Yo <strong>necesito creer en esos personajes</strong>, me hace bien creer en los personajes de las funciones que voy a ver, en los personajes de los textos y las novelas que leo, y me consuela que existan, me consuela pensar que durante un ratito existen. Y pienso que mi relación con Dios es algo muy parecido a eso”.</p><p>También Orazi pensó en Dios durante el proceso de escritura. “Pensé en el <em>Libro de Job</em> de la Biblia, cuando le pide que comparezca y le pregunta <strong>‘¿Por qué me haces esto? ¿Por qué me lo quitas todo?’</strong>. Me quedó claro que esa relación de creador y criatura que está en <em>Niebla </em>está muy ligada a nuestra relación con Dios, con un Dios que no comparece, de ahí que me interesara que el autor no estuviera, que no se presentara alguien a quien apelamos, esa orfandad de otra naturaleza”. </p><p>La de Augusto será una <strong>existencia que irá creciendo a partir de sus diálogos</strong> y relaciones con el otro y en esta obra, ese otro será también el teatro, un teatro capaz de generar existencia y que convertirá esta <em>Niebla</em> de Orazi una especie de homenaje a la potencia del teatro. “Yo también lo creo y es hermoso. La potencia creadora del teatro no está solo en los creadores, sino en la gesta común. Uno puede hacer una buena o mala escena en un ensayo, pero si no hay público, los actores nos perdemos, nosotros solo sabemos percibir cuando una función va bien o va mal si está esa otra mirada que crea, la de los espectadores —explica <strong>Juan Paños</strong>— y te diré que en paralelo a toda esta creación <strong>yo he tenido un gran viaje personal</strong> en el que he ido descubriendo la fuerza de mi trabajo, de mi actividad, incluso como espectador. Cuando voy al teatro ahora miro de una manera mucho más hermosa esos personajes, esos textos”. </p><p><strong>“El teatro crea existencia”</strong>, añade Fernanda Orazi, que durante los últimos años ha estado leyendo y releyendo la obra del filósofo francés <strong>Étienne Souriau</strong>: “Él habla de los diferentes modos de existencia y, frente a esa ontología de ser o no ser, mantiene que <strong>hay diferentes modos de existencia</strong>. Habla de las existencias virtuales, de existencias más sutiles, y trata de describir cómo es un proceso donde algo muy sutil, una intuición o una sensación van ganando existencia. El proceso de creación es eso”. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 05:01:10 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta García Miranda]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Fernanda Orazi reescribe ‘Niebla’, de Unamuno, y reivindica el teatro como “generador de existencia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Directores teatro,Salas teatro,Cultura]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/manuel-segade-mata-padre-reconfigura-reina-sofia-poner-centro-arte-espanol_1_2146573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/07bcffca-2b7b-4cf5-afc5-bf3dd750236b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español"></p><p>Dos años y medio después de llegar a la dirección del <strong>Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía</strong> (MNCARS), Manuel Segade <em>mataba</em> al padre y presentaba la primera entrega de la reordenación de la colección permanente del principal museo de arte moderno y contemporáneo español. La última fue en 2021, a cargo de su antecesor, <strong>Manuel Borja-Villel</strong>, al frente de la institución durante quince años. Este lunes, Segade se sometía a su mayor reto como director del museo y lo hacía atendiendo la principal demanda del sector artístico (y parte del mediático), que echó en cara a Borja-Villel la escasa representación de <strong>artistas españoles </strong>en sus salas y que, en ocasiones, criticó un relato supuestamente complejo y excesivamente críptico. En la colección permanente construida por Segade y su equipo entran Guillermo Pérez Villalta, Joan Fontcuberta, Santiago Sierra o Miquel Barceló. Sale el 15M o el relato cronológico y se mantienen ausencias como la de <strong>Jaume Plensa</strong>. Pero no solo. </p><p>Con cartelas en papel y un lenguaje más didáctico y claro, luces led y un recorrido circular (más sencillo, pero sin escapatoria) que intenta evitar esa sensación de laberinto que dicen sentir muchos de sus visitantes, el nuevo relato expositivo del <a href="https://www.infolibre.es/temas/museo-reina-sofia/" target="_blank" >Reina Sofía</a> recorre 50 años de historia del arte, desde la Transición hasta la actualidad con el título <em><strong>Colección. Arte contemporáneo: 1975-Presente</strong></em><em>. </em>Lo hace a través de 403 obras de 224 artistas, expuestas en los tres mil quinientos metros cuadrados de la cuarta planta del edificio Sabatini. El 64% de las piezas que podrá ver el público a partir del 18 de febrero son inéditas,<strong> el 77% del total </strong>(137) pertenece a artistas de nacionalidad española y, entre los extranjeros, el 31% es de origen latinoamericano. De los 224 artistas expuestos, 198 son individuales y 26 colectivos. Del conjunto de artistas individuales, 129 (65%) son hombres y 69 (35%) mujeres. La nueva colección del museo incluye, además, adquisiciones recientes y trabajos actuales de jóvenes artistas, muchas de ellas mujeres, con una especial atención al <strong>panorama artístico español</strong>, como Laia Abril, Mònica Planes, June Crespo, Teresa Solar, Elena Alonso, Sahatsa Jauregi o Nora Aurrekoetxea.</p><p>El proceso de reordenación <strong>se completará en 2028 </strong>y ocupará, en fases sucesivas, la segunda y tercera planta del edificio Sabatini. Las obras de esta primera fase se dividen en una introducción y tres itinerarios que acogen 21 capítulos y, aunque se trata de un recorrido ordenado, no sigue criterios cronológicos. “Más que una reorganización expositiva es una relectura crítica que busca contextualizar las prácticas artísticas en diálogo con los procesos sociales, <strong>políticos y culturales</strong> que han marcado estas cinco décadas”, señalaba la presidenta del Patronato del Museo, Ángeles González Sinde, en una presentación con la presencia del ministro de Cultura, <strong>Ernest Urtasun</strong>, que calificaba la nueva reordenación como “un acontecimiento cultural de primera magnitud que refuerza el arte contemporáneo, con el que se abre el foco y se recogen más voces, más miradas y especialmente <strong>más miradas femeninas</strong>”.</p><p>Junto a Urtasun, la subdirectora artística del Reina, <strong>Amanda de la Garza</strong>, destacaba el objetivo de lograr “un museo más habitable y generoso, con criterios de ecología y sostenibilidad” y apuntaba, además, los cambios que se han realizado en torno al diseño museográfico: “Todos estamos acostumbrados al cubo blanco, instaurado en los siglos XX y XXI como el lenguaje clásico de instalación del arte moderno y contemporáneo, pero en este caso hemos desarrollado otro tipo de lenguaje de la mano del artista <strong>Xabier Salaberría</strong>, un creador de origen vasco que a través de su obra escultórica y de un pensamiento material y espacial muy específico acompaña el diseño museográfico junto con el arquitecto <strong>Patxi Eguiluz</strong>”. </p><p>En la nueva colección del Reina <strong>conviven artistas consagrados </strong>como Picasso, Miró, Dalí, Juan Genovés, Juan Muñoz, Cristina Iglesias, Juan Navarro Baldeweg, Esther Ferrer, Cristina García Rodero o Andy Warhol; creadores vinculados a la Transición y la Movida como Guillermo Pérez Villalta, Ocaña, Ouka Leele, Ceesepe, Nazario, Iván Zulueta o Alberto García-Alix; artistas con una práctica<strong> atravesada por género </strong>como Judy Chicago, Barbara Hammer, Eulàlia Grau, David Wojnarowicz, Pilar Albarracín o Cabello/Carceller; figuras clave en la <strong>representación del sida</strong> como Pepe Espaliú y Pepe Miralles; artistas que articulan sus propuestas en el marco de <strong>la crítica de la representación</strong> como Joan Fontcuberta o Dora García y aquellos que se han aproximado en su obra a<strong> la identidad afro </strong>como Pocho Guimaraes, Agnes Essonti o Rubén H. Bermúdez.</p><p>“Hemos abierto muchos relatos muy distintos en la (cuarta) planta y me parece que el fundamental ha sido el de intentar entender cómo, a pesar de la importancia de lo internacional<strong>, el arte español</strong> tiene que estar en el centro. El arte contado desde aquí, que<strong> incluye voces de Latinoamérica</strong> indisolublemente relacionadas con nuestra propia comunidad hispanohablante y que también deberían formar parte central del relato”, explicaba Manuel Segade sobre una propuesta que salda deudas pendientes con el sector artístico español. “Si me preguntarais qué quiero conseguir es que alguien que llegue aquí sin tener ni idea de arte español contemporáneo ni de qué pasó en España en los últimos 50 años pueda salir, al menos, con algunos iconos visuales que le permitan reconocer de qué hablamos cuando hablamos de arte español contemporáneo. Y esa deuda,<strong> conseguir que la propia escena se identifique</strong> con su propio relato, me parece que es fundamental”. </p><p>Más mensajes de apoyo al sector: “(Esta colección) pretende construir múltiples relatos y discutir el canon, eso es lo importante. Las actividades públicas que anunciaremos buscan ser espacios de discusión y de debate en los que escuchar también a nuestra escena, en los que podamos recomponer la colección y sus ausencias con respecto a la voz de una escena que <strong>quiere sentirse representada y que lo merece.</strong> Creo que eso es muy importante y será un trabajo de escucha futuro muy importante del museo”.</p><p>Y ese relato, Segade lo articula a partir de una pregunta que atraviesa todo su proyecto de reordenación de la colección: “¿Cómo se llega al pasado <strong>desde el presente</strong>?”. El director del Reina Sofía explicaba que su propuesta no defiende un relato único y unidireccional sino “abierto y permanentemente revisable que no trata de releer el pasado para encontrar en él un espejo donde se mire nuestra sociedad actual, sino de permitir que las preocupaciones del presente encuentren en el pasado<strong> una multitud de respuestas</strong> que permitan comprender que el hoy no es algo dado, sino un llegar a ser de construcción <strong>necesariamente colectiva</strong>.”</p><p>“En épocas inciertas como las que vivimos —añadía— no pretendemos solo imaginar futuros, sino intentar reconocer en el pasado y en el presente aquellos futuros deseables que<strong> ya estaban o están aquí</strong>. Creemos que esa es la tarea fundamental a la que nos enfrentamos como museo”. En esa búsqueda de futuros deseables se incorpora la obra de artistas que, explica Segade, no formaban parte de la colección del museo: “<strong>Lo afroespañol</strong>, Rubén Bermúdez, Agnes Essonti o Pocho Guimaraes <strong>no tenían representación</strong>. Miquel Barceló estaba vinculado a un relato diferente al suyo propio, Joan Fontcuberta tampoco había sido mostrado antes, los cuadros de Picasso rotos también son inéditos, aunque él sí estaba en la colección, pero sobre todo está la obra de <strong>mujeres más jóvenes</strong> como Marina Vargas, Mónica Planes, June Crespo o Teresa Solar que no había sido mostrada hasta el momento”. </p><p>Entre las ausencias que comparte con la colección de Borja-Villel, la de Jaume Plensa. ¿Por qué? “Hay muchos artistas importantes del siglo XXI que no están todavía en la colección porque no hay piezas lo suficientemente<strong> llamativas o interesantes</strong> para contar su relato o que encajen en los relatos que aquí estamos componiendo. En el futuro esperamos poder contar con obras que sean realmente relevantes y que encajen en lo que queremos contar”. Tampoco hay, en esta primera entrega de la reordenación, obras del Grupo El Paso, de Antonio López o del <strong>realismo madrileño</strong>, pero apunta Segade que espera poder incluirlas en la siguiente entrega. </p><p>También es significativa la ausencia de un relato acerca de los movimientos sociales desde 1975 hasta el presente o de <strong>aquel 15M</strong> al que Manuel Borja-Villel dio protagonismo en su colección. “Creo que están los mismos movimientos sociales, pero están representados en modos de arte. Esa es la diferencia. Esta planta está demostrando una confianza extrema en el arte para hablar de los <strong>problemas sociales y políticos</strong>, pero el documento pasa a segundo plano. Aquí convertimos la obra de arte en el vehículo para contar la historia de su tiempo y confiamos en ella para que haga su trabajo. La obra de arte en sí misma dice mucho más que cualquier documento que podamos plantar en sala”.</p><p>— ¿Con qué presupuesto ha contado para esta reordenación, cuánto ha costado?</p><p>— Eso no me lo sé de memoria. Son partidas muy distintas, de muchos equipos diferentes que no te puedo decir exactamente. </p><p>Segade, que asumió la dirección del Reina Sofía en junio de 2023 tras resultar seleccionado en un concurso público, señaló en la presentación de su proyecto que el relato museográfico de Manuel Borja-Villel <strong>estaba “caducado”</strong>. “Hablé de un discurso caducado porque habían cerrado ya las plantas de colección con tres capítulos de <em>Vasos comunicantes</em>. Esa era mi forma de entender la caducidad. No era porque el discurso estuviese caduco, había caducado porque <strong>ya no estaba en las salas</strong> y cuando yo llegué ya no teníamos los ocho capítulos sino el tres, el seis, el cinco, el ocho. Tenías un bingo que no te permitía contar lo que realmente era la historia porque se utilizaban unas salas de exposiciones temporales que hacían difícil el mantenimiento. De ahí venía la caducidad del museo”. </p><p>Sobre si le preocupa la injerencia y/o <strong>influencia política </strong>en los discursos y relatos del Reina Sofía, Segade señalaba que “el arte <strong>es político per se</strong>, evidentemente, pero creo que lo que<strong> </strong>no debería tener un museo nacional<strong> es una tendencia política determinada. </strong>Estas colecciones se componen colectivamente durante muchas generaciones, es la historia de 40 años del propio museo… ¿Cómo nos van a inquietar los cambios políticos respecto a la lectura de una colección cuando la colección en sí misma es lo que está aquí? El museo no ha hecho que el feminismo sea central en el arte contemporáneo porque es el arte contemporáneo el que tiene al feminismo como pauta central. No es que nos hayamos levantado un día por la mañana y nos interesen las cuestiones sociales afrodescendientes, es que el arte contemporáneo <strong>está trabajando </strong>desde ese punto de vista”. </p><p>— ¿Le preocupa que en 2027, en un hipotético escenario de<strong> triunfo de la derecha</strong>, se interrumpa todo el proceso de reordenación de la colección?</p><p>— No. He trabajado en múltiples ocasiones con gobiernos de derechas que han sido hiperrespetuosos con los discursos artísticos, por ejemplo en el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) de Madrid o en el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CEGAC), en Galicia. Creo que, por suerte, tenemos un espacio cultural <strong>lo suficientemente maduro</strong> para representar las cosas de otra manera. Es un ‘veremos’, evidentemente, pero creo que el Reina Sofía tiene un concurso modélico desde la época que le dio la dirección a Manolo Borja, en el que se respetan los códigos de buenas prácticas y como Museo Nacional Central del Arte Contemporáneo y Moderno Español creo que es fundamental que siga así y se respete esa parte. Por ahora hay una <strong>entente cordial</strong> muy buena con el ministerio y nos han ayudado mucho en las adquisiciones que queríamos para la colección en estos años, pero sin meterse en el contenido que nosotros proponíamos desde la dirección artística y desde los diferentes equipos del museo. </p><p>El director del Reina Sofía explicaba que la colección permanente “es<strong> permanentemente revisable</strong>, como las condenas de nuestro país, y la idea es que la planta sea flexible, pero no lo vamos a cambiar nada en los próximos tres años, a no ser que haya una causa de fuerza mayor, porque queremos que el equipo se centre en las otras dos plantas de la colección. Esta es una primera tentativa que tendrá <strong>muchísimas declinaciones futuras</strong> y que tiene que ir cambiando progresivamente, hay relatos que se mantendrán, otros que se transformarán, y nos encantaría mantener una galería de escultura y que crezca la colección de instalaciones, por ejemplo”. </p><p>En esta primera tentativa, el recorrido se abre con un prólogo que inaugura la obra <em><strong>Documento nº… (1975)</strong></em><em>,</em> de Juan Genovés, la imagen de un hombre solo, sentado, con los ojos cubiertos y las manos esposadas, a la espera de un interrogatorio o una ejecución. Junto a ella, aquella viñeta titulada<em> </em><em><strong>El futuro </strong></em><strong>(1975</strong><em><strong>)</strong></em> que dibujó Chumy Chúmez para la portada de <em>Hermano lobo</em> tras la muerte de Franco. Ambas obras se erigen en la puerta de entrada a tres espacios o capítulos: <em>Estructuras afectivas de la Transición, Contracultura material </em>y<em> Tentativas</em> <em>y límites de un régimen institucional para el arte en democracia</em>. </p><p>En ellas, obras de Rafael Canogar o de Joan Miró, la <strong>visibilización de la censura</strong> en la pieza <em>Seguimiento de una noticia</em>, de Concha Jerez; varios grabados de Picasso dañados tras un atentado de los Guerrilleros de Cristo Rey en la galería Theo de Madrid (1971) o el cortometraje <em>Hotel</em>, de Iván Zulueta, con música de Jota, de Los Planetas. También Ocaña, Ceesepe, Nazario, Almodóvar, Guillermo Pérez Villalta, la contracultura, la música, el video o el cómic, la Movida o el diseño de moda o de joyas. </p><p>Y después, los tres itinerarios posibles. El primero de ellos, <em><strong>Una historia de los afectos en el arte contemporáneo</strong></em>, y cuenta “una lectura emocional de estos últimos 50 años y de <strong>los usos de los afectos</strong> como herramientas de transformación social y construcción de comunidad”. El segundo, <em><strong>Los poderes de la ficción: escultura, nuevos materialismos y estéticas relacionales</strong></em>, propone “una revisión de la escultura y de la cultura material del arte contemporáneo”, además de un borrado de esa barrera existente entre la obra y el visitante, entre la ficción y la realidad. El tercero,<em><strong> La institución, el mercado y el arte que los excede a ambos</strong></em>, recoge la explosión de la nueva figuración en la pintura española, manifestaciones de arte contemporáneo que abordan sus propuestas desde posiciones políticas y en el marco de la crítica de la representación, la identidad afro o las prácticas de género de las décadas más recientes. También, por primera vez,<strong> la genealogía del Museo</strong>, “un relato de la institucionalización paulatina que cuenta por primera vez con el propio museo como parte de su colección, es decir, el museo se mira el ombligo y explica qué ha hecho”, explica Segade.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:31:17 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta García Miranda]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Manuel Segade 'mata al padre' y reconfigura el Reina Sofía para poner en el centro el arte español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Museo Reina Sofía,Ferias y exposiciones,Arte,Museos,Feminismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Play', de Matías Umpierrez: un atlas escénico del odio en el mundo contemporáneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/arte/play-matias-umpierrez-atlas-escenico-odio-mundo-contemporaneo_1_2131874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2ca00b1c-e125-40b9-ae09-dffd97557b8f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Play', de Matías Umpierrez: un atlas escénico del odio en el mundo contemporáneo"></p><p><strong>Un soldado de la guerra de Irak </strong>con estrés postraumático yendo de puerta en puerta para comunicar a las familias que un marido, un padre o un hijo no volverán a casa. Un excombatiente de la guerra de Malvinas, <strong>deletreando en lengua de signos la palabra odio </strong>como respuesta a la pregunta ¿qué sientes cada mañana al despertarte? <strong>Rita Segato</strong> hablando sobre el genocidio de Gaza, Pedro Lemebel sobre la infancia, Hanna Arendt sobre la mentira y Jorge Luis Borges, sobre la absurda idea de intentar clasificar el mundo. Los aprendices de una imprenta de la calle Saint-Séverin de París organizando en 1730 <strong>una matanza de gatos</strong> porque no les dejan dormir con sus maullidos, gatos condenados a la horca después de someterlos a un juicio paródico con guardias, un confesor y un verdugo. Instrucciones para cazar un unicornio. La utopía de Tomás Moro. <strong>Netanyahu, Trump, Salvini o Le Pen</strong> lamentándose de que “nuestra civilización se muere poco a poco porque ya no nacen los hijos que nuestra identidad necesita preservar”. Un actor latino vestido de <em>cowboy</em> ensayando el papel de alguien que ejecutó una matanza en una universidad de Virginia. Un chaval de 14 años suicidándose después de hablar durante meses con su mejor amiga, un <em>chatbot </em>llamado Dany. <strong>Un esclavista estadounidense </strong>paseando por medio país a una mujer que presenta como la antigua niñera de George Washington, asegurando que tiene 161 años. Un filósofo chino, y tras su nombre una Inteligencia Artificial, defendiendo en su nuevo libro que hay que reaprender lo que queda fuera del espectáculo, cultivar espacios de silencio y conversaciones que no se midan en clics. Un militar con una dentadura <strong>parecida a la de Hitler</strong>. </p><p>Todos, habitantes de <strong>un universo llamado </strong><em><strong>Play </strong></em>en el que habrá también un plató de televisión, un camerino, varias pistolas, un teléfono de rueda, un tocadiscos, vinilos, <em>cassettes</em>, grabadoras y cuatro cabezas colocadas sobre almohadones, como aquellas que <strong>Samuel Beckett </strong>metió en tres urnas para hablarnos de una sociedad dañada y mutilada en una obra, publicada en 1963, también llamada <em>Play</em>. Una palabra que activará hoy, igual que en aquella, la radiografía de un mundo herido en una pieza rizomática y fragmentada, creada, dirigida e interpretada por <strong>Matías Umpierrez</strong>, que lleva a escena desde este jueves, en Contemporánea Condeduque, una investigación escénica sobre los discursos de odio y<strong> los modos de habitar el poder</strong>, un espectáculo puramente teatral que también es una conferencia performativa, una instalación y un atlas del resentimiento. </p><p>Explica Umpierrez a este diario que <em>Play</em> nace de la necesidad “de <strong>investigar sobre el odio</strong> en relación a la historia de la ficción, que es, en realidad, la historia de la humanidad y todo lo que fuimos construyendo en las distintas estructuras de conocimiento, pero nace también de la sensación constante de odio que nos rodea y de una especie de<strong> estado de ansiedad</strong> que me hace sentir que a través de las artes podemos pensar o repensar nuestra manera de relacionarnos, una manera que, cuando investigas, entiendes que nunca ha sido diferente. Sin embargo, el problema ahora es<strong> la revolución cognitiva </strong>que vivimos, lo que hace que esta cuestión esté mucho más presente y veamos muchísimo más el reflejo de quiénes somos o lo que podemos construir colectivamente”. </p><p>De ahí, explica el creador, la elección del término <em>Play</em>: “Es la primera <strong>palabra </strong><em><strong>cyborg</strong></em><em>,</em> una palabra que implementó la estructura política dominante que después de la Segunda Guerra Mundial va a contener el modo en que deberíamos vivir en Occidente, una palabra que activa la reproducción de una gran cantidad de <strong>discursos de odio</strong> que no solo están en la política, sino en las canciones que escuchamos o en las cintas de VHS que poníamos para ver películas. <em>Play</em> es una palabra que está dentro de nuestra psiquis <strong>de una manera muy primaria</strong> y a esos discursos les dimos la bienvenida a través, justamente, de todas estas tecnologías analógicas”. Tecnologías fósiles y anacrónicas, “casi unos veteranos de guerra que ahora ya no tienen lugar, cintas de <em>cassette</em> o discos de vinilo que (en escena) van a tener en su interior voces de inteligencias artificiales, algo que no corresponde con su época y, de alguna manera, ese fósil va a revivir trayendo una voz que es la voz de la soledad, la voz <strong>de un cuerpo que no existe</strong>”. </p><p>Umpierrez empezó a trabajar en la pieza<strong> hace dos años</strong>, en su taller (donde construyó las marionetas y las cabezas que aparecen en escena) y en las bibliotecas públicas madrileñas de Lavapiés, Arganzuela, Puerta de Toledo y del Museo Reina Sofía. Un trabajo nutrido de lecturas y conversaciones con investigadores como la socióloga <strong>Micaela Cuesta</strong> o la historiadora del arte <strong>Elisa Romero</strong>, repleto de hipervínculos, capas y archivos que Umpierrez ha hallado, sobre todo, en Internet y que dice haber “<em>performado</em> para darles una especie de fricción o desgarro que <strong>desvele y abra otras puertas</strong>”. </p><p>Archivos con voces <em>fake</em>, voces sin cuerpo que habitan una obra que juega con el cabaret, el teatro de variedades o el <em>music hall</em>, que difumina las fronteras <strong>entre realidad y ficción</strong> y que está hablando, en el fondo, de vacío y vulnerabilidad: “Yo creo que <strong>la soledad es un gran caldo de cultivo para el odio.</strong> Esta idea de la pereza humana, de <strong>teletrabajar</strong>, que es algo que nos viene muy bien a todos y a todas, pero a la vez nos deja solos, <strong>con un eco del miedo</strong>, articulado por un algoritmo que nos dice lo que queremos pensar. Siempre que hubo soledad y siempre que alguien supo construir el miedo, el odio se activó también. Al final es una obra que termina hablando del vacío y de los nuevos miedos del presente, las inteligencias artificiales. A mí no me da miedo la IA, sino las cosas tan tremendas que puedan hacer con ellas las personas<strong> </strong>y los <strong>mecanismos económicos</strong>”.</p><p>Matías Umpierrez es, como su teatro, uno de esos artistas que<strong> rehúyen etiquetas y clasificaciones</strong>. Nacido en Buenos Aires en 1980, hijo de migrantes uruguayos y establecido desde hace años en España, ha sido coordinador del Área de Teatro del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas y fundador del Festival Internacional de Dramaturgia, ambos de Buenos Aires. Es, además, fundador y director artístico de <strong>Plataforma Fluorescente</strong>, un dispositivo transdisciplinar que promueve vínculos entre creadores e instituciones de distintos países con el que ha comisariado proyectos como <em><strong>Dramaturgia para una conferencia</strong></em><em>,</em> con Paul B. Preciado o Pedro G. Romero. </p><p>Dueño de una obra que se interroga siempre por<strong> nuestra relación con la ficción</strong> y que transita entre las artes escénicas, el cine y las artes plásticas, Umpierrez se dio a conocer en España en 2013, con <em><strong>TeatroSOLO</strong></em>, una serie de cinco piezas con un único actor y para un único espectador, estrenada en Graus, Huesca, que después replicó en Nueva York, Madrid, Buenos Aires y São Paulo. En 2013, mucho antes de la pandemia, creó <em><strong>Distancia</strong></em><em>,</em> teatro en pantalla con actrices y músicos en directo y <em>streaming</em> desde París, Hamburgo, Buenos Aires y Nueva York. En 2018, convirtió <em>Macbeth</em> en una instalación audiovisual llamada <em><strong>Museo de la Ficción. Imperio</strong></em>, que situaba el drama de Shakespeare en la España de los 90, con Ángela Molina, Elena Anaya, Ana Torrent o el director canadiense Robert Lepage, su mentor durante dos años gracias al programa Rolex Mentor and Protégé Arts Initiative. </p><p>En 2023 llevó a escena <em>Eclipse,</em> una investigación en torno a la máscara a lo largo de la historia, que repuso esta temporada en Nave 10 Matadero. Un año antes, en 2022, Umpierrez asumió la dirección de la obra <em>Muero porque no muero (La vida doble de Teresa)</em>, de <a href="https://www.infolibre.es/cultura/teatro/paco-bezerra-lleva-santa-teresa-antigua-carcel-segovia-vetada-madrid-inicio-gira_1_1444175.html"  >Paco Bezerra</a>, <strong>censurada por la Comunidad de Madrid</strong> y suprimida de la programación de los Teatros del Canal que entonces dirigía Blanca Li. Aquel episodio, sumado a la pandemia, dejó huella en el proceso de creación de <em>Play</em>. </p><p>“Yo siento que en la pandemia se generó una aceleración tecnológica y también discursiva, con <strong>una búsqueda de efectividad </strong>que obtiene una respuesta muy inmediata a través del odio. Yo puedo entender el odio, pero en este momento lo que hay es <strong>una enorme irresponsabilidad</strong>, sobre todo institucional, por parte de los políticos que no se están dando cuenta de lo que están provocando. El trabajo que hoy hacen los políticos es un trabajo performativo por esa sensación que provoca el odio en los cuerpos, y es es ahí donde se posó de alguna manera mi estudio”, explica. </p><p>En <em>Play </em>se escuchará <em><strong>Tú llegarás</strong></em>, una canción de 1967 que el director descubrió una noche, viendo en televisión un programa de <em>zapping.</em> Su intérprete, llamada Mikaela, canta: “Ni ver, ni oír, ni hablar es el secreto de la felicidad. Ni ver, ni oír, ni hablar, aunque comprendas y sepas la verdad”. Puro elogio de <strong>la censura en tiempos de franquismo</strong>, pero no solo. “Toda la experiencia con la obra de Paco Bezerra me llevó a pensar en la censura, en la aparición de los ultras y en todas estas cuestiones que desacomodan un poco lo que fuimos construyendo en nuestras democracias o que<strong> vuelven como un eco </strong>que nunca desapareció, que siempre estuvo y que se amplifica justamente a través de la tecnología”, explica Matías Umpierrez. </p><p>¿Por dónde pasa hoy la<strong> desactivación de los discursos de odio</strong>? “Creo que la educación y las artes son lo que nos puede ayudar en estos momentos a crear otro tipo de político, otro tipo de líder comunitario, otro tipo de compañero de trabajo. Si hay algo que me ilusiona de este trabajo como creador es poder ayudar a <strong>incentivar el sentido crítico</strong> en el espectador, que pueda no creer en todo y lo cuestione, que se pregunte si la historia es real y vaya a su casa, se siente en el ordenador y busque en Google quién dijo esos textos”.  </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 20:27:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Marta García Miranda]]></author>
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