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    <title><![CDATA[infoLibre - Fernando Claudín di Fidio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/fernando-claudin-di-fidio/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Fernando Claudín di Fidio]]></description>
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      <title><![CDATA[La belleza de Sánchez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/belleza-sanchez_129_2210164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e2e132e-f2b4-4406-9bd0-fadd2af03cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La belleza de Sánchez"></p><p>Existe una curiosa asimetría en la percepción pública de Pedro Sánchez.</p><p>Pocas figuras políticas españolas han sido sometidas a un escrutinio tan feroz, tan constante y tan emocional. <strong>Desde que alcanzó la presidencia, Sánchez no ha conocido tregua.</strong> Cada gesto, cada decisión, cada silencio y cada palabra han sido diseccionados con una intensidad que supera ampliamente la aplicada a la mayoría de sus predecesores.</p><p>Y basta cruzar las fronteras españolas para encontrarse con una imagen muy distinta.</p><p>Mientras dentro del país se le presenta a menudo como un dirigente oportunista, ilegítimo o incluso peligroso, fuera de él suele aparecer retratado como uno de los pocos líderes europeos capaces de exhibir personalidad propia en un escenario internacional cada vez más uniformado. <strong>Un político dispuesto a discrepar cuando otros callan. A incomodar cuando otros contemporizan.</strong> A defender posiciones impopulares cuando resultan coherentes con sus convicciones.</p><p>La diferencia entre ambas miradas resulta tan llamativa que merece una reflexión. Sánchez no es perfecto.</p><p>Sus gobiernos no están libres de errores.</p><p>No es inmune a los mecanismos de poder que afectan a cualquier dirigente.</p><p>La experiencia histórica aconseja prudencia frente a cualquier idealización de la política. Todos los partidos han conocido episodios oscuros. Todas las organizaciones humanas generan estructuras de influencia, intereses particulares y dinámicas de autoprotección. <strong>Pretender que existe una formación política moralmente pura equivale a desconocer la naturaleza humana.</strong></p><p>Por eso resulta interesante observar qué sucede cuando dejamos de analizar a Sánchez como líder de una sigla y comenzamos a observarlo como fenómeno político.</p><p>Primero llama la atención su extraordinaria capacidad de resistencia.</p><p>La carrera política española está llena de dirigentes que parecían invencibles y desaparecieron tras una derrota, una campaña adversa o una crisis interna. <strong>Sánchez ha sobrevivido a todo ello.</strong> Ha sido apartado por los suyos, dado por amortizado innumerables veces, convertido en objeto de burlas y sometido a campañas de desgaste de una intensidad poco habitual en las democracias europeas.</p><p>Y continúa ahí.</p><p>Esa perseverancia suele interpretarse como ambición. Sin duda lo es. <strong>Pero también exige otra cualidad menos frecuente: fortaleza.</strong></p><p>Vivimos en una época fascinada por los personajes.</p><p>La política se ha convertido en una competición de estímulos. Importan los apodos, las excentricidades, los gestos teatrales y las provocaciones virales. Un dirigente logra notoriedad por su peinado imposible. Otro por blandir una motosierra. Otro por su capacidad para insultar al adversario con mayor creatividad.</p><p><strong>La atención se ha convertido en la moneda principal de nuestro tiempo.</strong></p><p>Paradójico que el político español que más rechazo despierta sea también uno de los que mejor encajan en el molde clásico del liderazgo institucional.</p><p>Alto, elegante, correcto en las formas, disciplinado en el discurso y muy cuidadoso en su imagen pública, Sánchez recuerda más a los dirigentes de otra época que a las celebridades políticas contemporáneas.</p><p><strong>La belleza siempre ha provocado sentimientos contradictorios.</strong></p><p>La admiramos y la sospechamos.</p><p>La deseamos y la castigamos.</p><p>La celebramos cuando aparece lejos y la cuestionamos cuando la tenemos cerca.</p><p>No me refiero solo a la belleza física, aunque forme parte del fenómeno. <strong>Me refiero a esa combinación de presencia, autocontrol, confianza y capacidad comunicativa que históricamente ha acompañado a ciertos liderazgos.</strong></p><p>Los españoles solemos considerarnos inmunes a esas influencias. Nos gusta pensar que juzgamos exclusivamente las ideas. <strong>Pero la realidad demuestra que la apariencia continúa desempeñando un papel enorme en nuestras valoraciones.</strong></p><p>¿Qué ocurriría si parte de la animadversión hacia Sánchez procediera precisamente de las cualidades que más admiramos en otros lugares?</p><p>¿Qué ocurriría si el mismo político que suscita recelos en un bar de provincias fuera celebrado como estadista en una cumbre internacional?</p><p>No sería la primera vez.</p><p><strong>España mantiene una relación compleja con la excelencia individual.</strong></p><p>A menudo celebramos a nuestros compatriotas cuando triunfan lejos y los sometemos a un escrutinio despiadado cuando permanecen cerca.</p><p>La literatura española está llena de observaciones sobre este fenómeno. Cervantes escribió que “la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”. Y Quevedo dedicó páginas memorables a retratar una sociedad donde el resentimiento podía ser más poderoso que la admiración.</p><p>Quizá exageraban.</p><p>O conocían bien el país.</p><p>La reacción que despierta Sánchez rara vez es tibia. Pocos dirigentes generan opiniones moderadas. <strong>Se les ama o se les detesta. Se les considera un peligro o una esperanza.</strong> Se les atribuyen todos los males o todas las virtudes.</p><p>Cuando una figura pública provoca semejante intensidad emocional, suele significar que estamos proyectando sobre ella algo más profundo que un simple juicio político.</p><p>En los últimos años Sánchez ha encarnado para muchos europeos una cierta idea de resistencia frente al avance internacional de las derechas radicales, el nacionalismo excluyente y la política entendida como espectáculo permanente. <strong>Ha sido una de las voces más visibles en asuntos internacionales.</strong> Por encima de poderosos dirigentes de perfil más cauto.</p><p>Se puede discrepar de sus posiciones.</p><p>Se debe debatir sobre ellas.</p><p>Pero es innegable que ha demostrado una <strong>disposición poco frecuente </strong>a sostener públicamente sus planteamientos, cuando éstos implican costes políticos.</p><p>Y esa cualidad, compartida por líderes de cualquier ideología, merece reconocimiento.</p><p>Quizá la cuestión interesante no sea si Pedro Sánchez es un gran presidente o un mal presidente. <strong>La historia se encargará de responderla.</strong></p><p>Sino… ¿por qué un dirigente que proyecta una imagen relativamente sólida, en buena parte del exterior, provoca dentro de España reacciones tan viscerales?</p><p><strong>Tal vez la respuesta tenga menos que ver con Pedro Sánchez que con nosotros mismos.</strong> Con nuestras expectativas.</p><p>Nuestras frustraciones.</p><p>Nuestra tendencia a convertir a los políticos en espejos donde contemplamos nuestras propias obsesiones.</p><p>La belleza no habla solo de quien la posee.</p><p><strong>También revela algo sobre quienes la observan.</strong></p><p>____________</p><p><em><strong>Fernando Claudín di Fidio</strong></em><em> es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 04:00:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Claudín di Fidio]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA['Persépolis']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/persepolis_129_2205466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8e2e132e-f2b4-4406-9bd0-fadd2af03cb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Persépolis'"></p><p>Hoy hice un ejercicio de empatía.</p><p>Me rebauticé <a href="https://www.infolibre.es/cultura/libros/muerte-satrapi-deja-shock-feria-libro-madrid-persepolis-deberia-lectura-obligatoria_1_2204029.html"  >Marjane Satrapi</a> y renací en Teherán en 1969, en una familia donde las conversaciones sobre política y justicia eran tan naturales como hablar del tiempo.</p><p>Desde niña <strong>me enseñaron a cuestionarlo todo</strong>, a no aceptar medias verdades y a evaluar los acontecimientos con ojos críticos. Mi infancia estuvo regada de arte y preguntas polémicas: ¿Por qué el sufrimiento de unos nutre el superávit de otros? ¿Inspirar normas espira anormalidad? ¿Lo arbitrario es legal?</p><p>Yo soy hija de este Irán-marioneta cuyos hilos penden de <strong>cuatro sucesos antagónicos</strong> que han arrojado nuestras vidas a un cuadrilátero del horror.</p><p>En 1951, Mohammad Mossadeq, primer ministro democrático, abrió la caja de Pandora al <strong>nacionalizar la industria petrolera</strong>, hasta entonces controlada por la compañía británica AIOC.</p><p>En 1953, un <strong>golpe de Estado, promovido por USA y el Reino Unido</strong>, instauró la monarquía del Sha: miles de disidentes ejecutados durante su reinado, decenas de miles de torturados, carta blanca al servicio secreto SAVAK, oligarquía, elitismo, vasallaje a occidente.</p><p>En 1979, la <strong>Revolución Islámica del Ayatolá Jomeini</strong> estableció su régimen religioso: decenas de miles de ejecuciones y torturados, teocracia, segregación patriarcal de la mujer, velo y normas de vestimenta, limpieza ideológica.</p><p>En 1980, USA, Reino Unido, Francia y Alemania intentaron <strong>recuperar el monopolio del petróleo</strong> apoyando la invasión de Irak en Irán. Sembraron un millón de cadáveres y ocho años de desolación.</p><p>Entre tanto, mis progenitores despertaron mi conciencia. Me educaron para pensar sin renunciar a la curiosidad, el asombro y la compasión. Aprendí la historia de Irán, con sus logros y errores. <strong>Mamé un axioma</strong>: la libertad y los derechos humanos son tesoros que se obtienen con sacrificio y valor.</p><p>Pero fuera de la égida parental, <strong>mi espíritu rebelde se ahogaba bajo la panoplia de las reglas</strong>. No consentí que mi estilo de vida lo guiara un pedazo de tela como las anteojeras de las caballerías de tiro. Ningún gobernante tenía potestad para controlar mi cuerpo y mi pensamiento. Mis amigas y yo nos inventábamos triquiñuelas clandestinas para preservar nuestras ideas en una sociedad que nos quería tapadas y calladas.</p><p>Mis ansias de conocimiento devoraban libros y hacían de mí una esponja de lo divino y lo humano. Me fue poseyendo el impulso de expresarme. Necesitaba compartir los sentimientos que me inspiraba el mundo. <strong>Comenzó mi pulso personal</strong>. Frente a censura y coacciones, literatura e ilustraciones.</p><p>A los catorce años me enviaron al liceo francés de Viena para impedir que cortasen las alas a mi formación. Dejar atrás familia, amistades y raíces fue duro. <strong>Añoraba Teherán, sus olores, sus sonidos, sus sabores, sus calles</strong>, y el aliento de mis allegados. Sufrí soledad. Ser libre no siempre resultó cómodo, requería reprogramar los automatismos conductuales. La búsqueda de mi lugar, en una encrucijada que conciliase evolución y autenticidad, era un laberinto.</p><p><strong>Europa me enchufó su electroshock cultural</strong>. Los iraníes suscitábamos prejuicio, paternalismo o fisgoneo inquisitivo. Tenía que explicarme, defenderme, justificarme. Empecé a sentirme orgullosa de mis orígenes. La distancia me ayudó a comprender la complejidad histórica de mi nación, sus contradicciones y la fuerza indómita de sus gentes.</p><p><strong>Construir mi identidad era una tarea diaria</strong>, a caballo entre dos mundos a veces incompatibles, y el regreso a Irán me exigía armonizar pasado y presente para no sentirme extraña en mi propia casa.</p><p>Con el tiempo decidí contar mi experiencia. La novela gráfica, combinando imágenes y palabras, era la mejor herramienta para transmitir sentimientos que no podía comunicar solo con texto.</p><p><strong>Nació </strong><em><strong>Persépolis</strong></em><strong>, síntesis de humor, crítica social y emociones desgarradas</strong>. Espejo de una generación que vivió la revolución, la guerra, la represión y el exilio. Retrato de una niña que creció entre bombas y reivindicaciones, una joven que quiso ser ella misma en un mundo polarizado e intransigente, y una mujer que destiló sus vivencias en arte y testimonio. Semblanza de toda una juventud aferrada a sus ideales, que no entregó al miedo su destino. Dibujos y relato al servicio de la resistencia de un pueblo frente a la opresión de los intereses económicos y fundamentalistas. Legado contra imposiciones. <strong>Narrativa escénica versus belicismo cruel.</strong></p><p><em>Persépolis</em> recoge el eco de la antigua capital persa, símbolo de una época floreciente. Aunque estuviera sometida al rey y su administración, y solo la elite disfrutara de la cultura, existía una riqueza creativa e intelectual impensable en nuestro Teherán regido por el oscurantismo y la represión.</p><p>Inmune a los vaivenes del poder, esa legendaria promesa de realización, impregnada en nuestra entraña, siempre regresa. Es un ágora inmortal, como los cuentos farsi de <em>Las mil y una noches</em>, donde <strong>hallan voz quienes luchan por hacerse escuchar</strong> en un tiempo empeñado en silenciarles.</p><p>Mi madurez de cincuenta y seis años, mis creaciones y mi refugio en el bello Marais de París no evitan que siga arrastrando el <strong>estigma de esquizofrénica dualidad existencial</strong>. Mientras mi obra recibe premios —del León en Bélgica, Princesa de Asturias, del jurado en el Festival de Cannes, nominación al Óscar—, mi amado Irán la prohíbe…</p><p>Ver mi tierra masacrada otra vez por <strong>el imperialismo extranjero</strong> clava un puñal en mi corazón, y prende en mis ojos un fuego de amargura que arde noche y día. Dos mil quinientos años atrás, Alejandro Magno borró del mapa Persépolis. Y ahora pretende emularlo el nuevo pelele de esa vieja aspiración usurpadora.</p><p>La bola de cristal de la actualidad refleja a los mismos conquistadores de antaño, <strong>vomitando la violencia de siempre</strong> y disfrazando su afán de lucro con discursos mendaces.</p><p>El pueblo paga la factura de esa delirante ambición. <strong>Terror, ruina, víctimas y duelo. </strong>Cada joven que sale a la calle, cada familia que pierde a un ser querido o el hogar, replica las tragedias que viví en mi infancia y adolescencia.</p><p>Invoco el <strong>lenguaje del alma frente a los regímenes dictatoriales</strong> y la hegemonía de las superpotencias. La libertad y la creatividad son las dos piernas de esa memoria activa que sobrevive a las tiranías y camina hacia el futuro incluso en la noche más negra.</p><p>¡<strong>Persépolis, levántate y anda</strong>!</p><p>____________</p><p><em><strong>Fernando Claudín di Fidio</strong></em><em> es escritor.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 04:01:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Claudín di Fidio]]></author>
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