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    <title><![CDATA[infoLibre - Clara Ramas San Miguel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/clara-ramas-san-miguel/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Clara Ramas San Miguel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright infoLibre]]></copyright>
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      <title><![CDATA['La sustancia' y nosotras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/sustancia_129_1962417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La sustancia' y nosotras"></p><p>La mayoría de las recepciones de <em>La sustancia</em> subrayan el mensaje más evidente de la película: la crítica a <strong>una sociedad obsesionada con la belleza, la juventud y la deseabilidad </strong>que impone exigencias crueles e imposibles a las mujeres y desprecia los cuerpos no normativos, no jóvenes o ya no bellos. En ese sentido, la película puede ser “edificante”, pero a mi juicio no es el más interesante. Otras reflexiones meditan sobre hasta qué punto el lenguaje visual excesivo y paródico de la cinta sirve mejor o peor para canalizar “el mensaje”: la cosificación deliberada del cuerpo de Sue en la propia película, ¿es una crítica o una repetición de lo que se intentaba criticar en primer lugar? ¿Es su troceamiento y primeros planos de partes erotizables más o menos cruel que la transformación en un monstruo? Es otro debate posible, pero no el que me gustaría subrayar.</p><p>Creo que hay un punto en el que la película insiste y que la hace interesante. El punto de partida es que el personaje de Demi Moore, atravesado por los crueles criterios edadistas y misóginos de nuestra sociedad, solo puede desear una versión más joven, más bello, más perfecta de sí misma. Del mismo modo, el personaje de Margaret Qualley, una joven bella y triunfadora, en ese entorno social, solo podría despreciar y odiar la versión mayor de ella misma, ya no triunfadora ni socialmente deseable. Si se enfoca así, en ambos casos se está pensando en <strong>cómo cada yo vería a la otra versión. </strong></p><p>Pero la película, mediante la voz demiúrgica de la misteriosa corporación que produce “la sustancia”, no cesa de repetir un mantra: <strong>“las dos sois una”.</strong> No es solo que “la otra” sea algo ajeno que deseamos o no para nosotras mismas. Se trata de entender qué significa ese otro yo para cada una. Qué significa la joven para la mayor es obvio: querría ser solo ella. ¿Pero y el lado contrario? ¿Podemos decir simplemente que la joven no quiere ser la mayor? La mayor no es solo el monstruo porque la sociedad vea como un monstruo a las mujeres mayores. La mayor se vuelve un monstruo porque ella se odia a sí misma como mujer mayor. <strong>Ha interiorizado la mirada de odio </strong>y la ha vuelto hacia sí misma. Los perdedores interiorizan como auto-odio el desprecio hacia ellos socialmente vigente –ello explica el aumento de voto migrante a Trump: no quieren ser lo que el sistema les ha dicho que son–. Del mismo modo, la joven no solo odia a su versión mayor y la ve como monstruosa: en realidad se odia a sí misma.<strong> La joven es ella misma un monstruo también </strong>en la medida en que no puede abrazar lo que algún día será. En suma: lo monstruoso ha penetrado en las dos. No hay belleza posible para ninguna de las dos. Esa es la consecuencia demoledora. </p><p>Es decir, el monstruo no es solo la mujer mayor vista con los ojos de la sociedad: el monstruo son <em>las dos</em> mujeres. La joven bella es el monstruo. No es belleza versus monstruosidad: solo hay monstruosidad.<strong> El monstruo, en realidad, es ser cualquier mujer. </strong>La monstruosidad es algo que cualquier mujer puede ver en sí misma, seamos mayores, jóvenes, feas, guapas, exitosas o invisible. La película no es solo una crítica al desprecio edadista y misógino de las mujeres mayores; es una reflexión sobre cómo se cruzan feminidad, horror y cuerpo. </p><p>Hace ya un par de años, Luna Miguel vaticinó el fin del estilo de la auto-ficción intimista que había sido el sello de la literatura <em>millenial</em>. Venía el tiempo del terror gótico y el renacer de la ciencia ficción para la literatura escrita por mujeres. <a href="https://elpais.com/cultura/2024-01-25/neogoticas-por-que-el-horror-magico-invade-las-narrativas-del-trauma.html" target="_blank">Tenía razón</a>: mujeres, monstruos y <em>cyborgs</em>. Las mujeres están ya hace un tiempo pensando qué hacer con la identidad como otredad. ¿Puede o no leerse <em>La sustancia</em> -sobre todo su final- <strong>en clave humanista-lynchiana? </strong>Puede ser. En todo caso, el diálogo y las preguntas que plantean las mujeres están cambiando.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Su último ensayo publicado es 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Mar 2025 18:58:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La sustancia' y nosotras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Feminismo,Mujeres,Tercera edad,Machismo]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Por qué la izquierda está perdiendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/izquierda-perdiendo_129_1945402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la izquierda está perdiendo"></p><p>En un texto reciente, Žižek ha definido a <a href="https://slavoj.substack.com/p/trumps-inaugural-speech-the-madness" target="_blank">Trump y sus equivalentes europeos</a> como “defensores del sentido común que niegan que estamos en mitad de lo que puede denominarse la ruptura más radical en la historia humana”. A ojos del filósofo, la victoria de Trump y el auge de los nuevos reaccionarios en general envuelve esta doble dimensión. </p><p>Por un lado, las <strong>nuevas derechas defienden valores</strong> que pretenden ser <strong>“de sentido común”</strong>, “lo de siempre” frente a las <strong>extravagancias posmodernas, woke y progresistas</strong>: dos sexos naturales, familia tradicional, industria (“<em>drill, baby, drill</em>”), comunidad nacional. En consecuencia, Trump abandona el Acuerdo de París (contra la supuesta locura ecologista), la <a href="https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/01/withdrawing-the-united-states-from-the-worldhealth-organization/" target="_blank">OMS</a> (contra la supuesta locura progresista) y anuncia el fin de medidas de integración e igualdad en las agencias federales y el estado de emergencia por la inmigración ilegal (contra la supuesta locura <em>woke</em>). Estas medidas, se dice, pretenden ser una <strong>“restauración de la cordura”</strong>. Sin embargo, al mismo tiempo, invierte 500 millones en infraestructura de IA junto con los gigantes tecnológicos y contribuye activamente a acelerar una crisis ecológica que puede amenazar nuestra existencia en el planeta. </p><p>¿Qué sentido tiene hablar de supuestos valores de sentido común cuando nuestra realidad cotidiana está cada vez más definida por <strong>señores tecno-feudales </strong>que van a revolucionar lo que hemos considerado hasta ahora las definiciones de humanidad, pensamiento, conciencia, lenguaje y pensamiento? ¿No quedarán igualmente trastocadas nuestras nociones de libertad, justicia, acción, ética o decisión? ¿No deberemos redefinir, en suma, lo que significa la propia realidad, la propia humanidad? Musk quiere conectar nuestro cerebro a un ordenador; Zuckerberg sigue desarrollando un Metaverso que va a sustituir a la realidad física y espacial: es “la realización de la metafísica”, observa Žižek. Por no hablar de una crisis climática que puede hacer simplemente imposible la vida humana sobre el planeta. </p><p>En otras palabras, los nuevos reaccionarios están llevando a cabo, bajo la cobertura de un discurso de vuelta a valores “de sentido común”; la<strong> mayor revolución antropológica y ontológica de la historia de la humanidad.</strong> Mientras tanto, la izquierda sigue en un tímido lenguaje de actualización de derechos sociales, políticas públicas de mejoras de acceso a sanidad, vivienda o salarios o, a lo sumo, denuncia de los “oligarcas”. Nada de eso puede siquiera acercarse al nivel de revolución de nuestras condiciones de vida que está ya realizando el neoliberalismo reaccionario. Crisis de la democracia, por supuesto: pero <strong>crisis de la propia noción de realidad. </strong>Crisis del Estado, por supuesto: pero crisis de la propia existencia del planeta. En las condiciones actuales, la democracia, los derechos y el Estado van a ser víctimas de una revolución que va a acabar con nuestro mismo concepto de lo real. </p><p>Los reaccionarios aceleran el capitalismo. ¿Y nosotros? ¿Para cuándo la crisis del capitalismo? Me temo que un lenguaje de bienestar socialdemócrata ampliado no es suficiente para generar<strong> lo único que debemos trabajar por generar:</strong> una<strong> crisis definitiva del capitalismo.</strong> Hace unos días se hizo “viral” en el ámbito de debate político en X (si acaso queda tal cosa) <a href="https://x.com/masconvertidos/status/1884325839019634724" target="_blank">un post</a> que afirmaba que, contra la moda de Mark Fisher y compañía, el problema no era que en el capitalismo no podamos imaginar un futuro alternativo, sino que no podemos producirlo. El problema no sería de imaginación, sino de producción. Además de que la distinción es completamente abstracta (¿¿“mente” y “materia”??) y de que, como <a href="https://x.com/penultimos/status/1884564328788955309" target="_blank">le señalaron</a>,<strong> la imaginación es la facultad productiva por excelencia</strong>, todo eso son cuestiones supeditadas, porque el asunto es que la nueva reacción está <em>ya</em> produciendo un mundo que ni siquiera podemos imaginar. La disyuntiva por tanto no tiene sentido. Musk, Trump y Zuckerberg están <em>ya</em> imaginando y produciendo un mundo nuevo. Nuevo, al menos, en el sentido de acelerar y realizar el potencial destructor y devastador del capitalismo. Nadie va a solucionar esto con una columna de opinión (sería ridículo), pero ojalá entre todos generemos una conversación seria sobre esta coyuntura. Porque si la izquierda no encuentra nuevas posiciones y nuevas palabras, vamos a seguir perdiendo. </p><p>_______________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Su último ensayo publicado es 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Feb 2025 20:34:44 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la izquierda está perdiendo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Crisis económica,Medioambiente,Medios comunicación]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[La guerra definitiva contra la universidad pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/guerra-definitiva-universidad-publica_129_1907861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra definitiva contra la universidad pública"></p><p>El diseño elaborado por <strong>Immanuel Kant</strong> de un programa para la paz perpetua cosmopolita se considera frecuentemente como ingenuo o “idealista”. Nada más lejos de la realidad. Kant es perfectamente consciente, para empezar, de que ninguna legalidad será suficiente para garantizar una paz verdadera mientras un “peligroso poder financiero” y su sistema de crédito potencialmente infinito puedan operar como acicates para la competencia y la beligerancia entre potencias. Además de una advertencia notable al respecto del estallido de las guerras mundiales en el siglo XX, podemos extraer otra lección del viejo filósofo: <strong>las coacciones económicas pueden tener efectos tan devastadores como una guerra</strong>. Lo formuló así un pensador bien diferente, <strong>Carl Schmitt</strong>: las nuevas formas de guerra económica convertirán las viejas formas de guerra militar en un juego de niños. ¿Qué quiere decir esto? Que hay políticas económicas que pueden ser <strong>tan letales para las instituciones y el bien común como la peor de las guerras</strong>. </p><p>El Gobierno de Ayuso ha decidido actualizar estas intuiciones kantianas y schmittianas de un modo muy sencillo: comprendiendo que la guerra definitiva a la universidad pública <strong>se realizará como asfixia económica</strong>. </p><p>La situación actual de las universidades públicas en la Comunidad de Madrid <strong>es “crítica”</strong>. En “pocos años” podría volverse “catastrófica”. No son exageraciones propagandistas. Son valoraciones de los <strong>rectores de las seis universidades públicas de Madrid</strong>. En un gesto sin precedentes, han convocado sesiones extraordinarias de sus respectivos Consejos de Gobierno y han emitido conjuntamente una durísima <a href="https://www.ucm.es/file/carta-abierta-a-la-presidenta-de-la-comunidad-de-madrid" target="_blank">carta abierta a Isabel Díaz Ayuso</a> sobre la infrafinanciación de la universidad. El rector de la UC3M y actual presidente de la CRUMA ha advertido que el presupuesto actual “<a href="https://www.epe.es/es/espana/madrid/20241120/rector-uc3m-denuncia-financiacion-critica-universidades-madrid-111876255" target="_blank">compromete seriamente la actividad docente</a>”. Una fuente implicada en la gestión de la consejería del gobierno regional añade: “Hagan lo que hagan, <a href="https://elpais.com/educacion/2024-11-28/la-universidad-publica-madrilena-se-revuelve-contra-su-asfixia-economica-y-los-desaires-de-ayuso-no-somos-centros-de-adoctrinamiento.html?event_log=oklogin" target="_blank">están muertas</a>”. En la carta, los rectores advierten de que la universidad pública <strong>no tiene fondos suficientes para pagar los suministros, las nóminas o las infraestructuras</strong>. Es el resultado de 15 años de infrafinanciación. Este año los rectores pidieron un incremento del 18% para cubrir gastos mínimos; el Gobierno de Ayuso ofrecerá el 0,9%. Siguen los rectores: las universidades operan hoy con una subvención nominativa de cuantía inferior ¡a la de 2009! Los estudiantes, sin embargo, pagan una de las tasas más altas del país. </p><p>De la crisis a la catástrofe. Como decimos no es una casualidad: <strong>es una nueva forma de guerra contra las instituciones</strong>. Nadie toleraría hoy (al menos todavía) una guerra abierta o legal contra la universidad pública. Hágase entonces de la forma más letal: <strong>una guerra económica como forma más refinada de guerra política</strong>. La asfixia económica que denuncian los rectores no es un accidente o una dejación, sino un plan premeditado y ejecutado al milímetro. El objetivo: <strong>acabar con la universidad pública tal y como la conocemos</strong>, como operación concreta de un frente más amplio que se completa con la guerra a la educación obligatoria o la sanidad. El enemigo de esta guerra tiene un nombre: lo público. No es una metáfora o una figura retórica. Es un programa político. </p><p>La guerra en el campo de los hechos (cuantías contantes y sonantes en los presupuestos, ausencia de planes plurianuales) se prepara con la denigración en el campo de las palabras. El rector de la Complutense tuvo que <a href="https://elpais.com/espana/madrid/2024-11-25/el-rector-de-la-complutense-reprende-a-ayuso-por-desmerecer-a-la-universidad-y-reducirla-a-una-caricatura-ideologica.html" target="_blank">reprender a Ayuso</a> por afirmar que la universidad está “colonizada” por la izquierda y da los títulos “como churros”. La operación simbólica es evidente: <strong>Ayuso la ha aprendido, por cierto, de Donald Trump</strong>. Si en las elecciones americanas hemos presenciado cómo Trump, Musk y la <em>alt-right</em> trataban de identificar el mero hecho de ser hombre con el voto a favor de Donald Trump, para Ayuso lo público como tal se convierte en “ideológico”, “de izquierdas” o “comunista”. De esta manera, Ayuso renuncia a mantener una idea de lo público como, al menos, mínimo denominador común que garantice derechos universales o una idea compartida de bien común, <strong>y lo convierte en enemigo político</strong>. Revela así su propia posición de parte: para unos pocos, contra lo de todos.</p><p>Porque, evidentemente, hay más hechos en esta guerra. Con el voto en contra de los rectores e informes negativos, <strong>en Madrid acaba de aprobarse otra universidad privada más</strong>. Son ya catorce. Pronto triplicarán a las públicas. Madrid tiene ya más estudiantes de primer curso de Medicina en universidades privadas que en públicas. Por eso la Comunidad de Madrid será, parece, casi la única comunidad que no firme el programa María Goyri para la incorporación de profesores ayudantes doctor a la universidad pública: <strong>quieren a los jóvenes doctores formados en la pública produciendo beneficio en las privadas</strong>. </p><p>Todo esto no ocurre por casualidad, no ocurre a la vez solo en el espacio y en el tiempo: ocurre a la vez en el orden del plan, la intención y la voluntad. El plan: <strong>la universidad, para los pocos que puedan pagársela</strong>, para unos pocos y selectos apellidos o códigos postales. Ese es el programa: una suerte de nuevo neoliberalismo feudal. No son exageraciones retóricas. <strong>Ésta es la nueva y la más letal guerra jamás emprendida contra la universidad</strong> pública en nuestra región. Pero lo público reclama una paz que solo puede ser verdadera y garantizada. Trabajemos para ello.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Nov 2024 18:01:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Público,Gasto público,Enseñanza pública,Universidad,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Un detalle de la campaña presidencial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/detalle-campana-presidencial_129_1894710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un detalle de la campaña presidencial"></p><p>Podría parecer un detalle baladí. Pero no lo era. En las últimas semanas de la campaña presidencial de los Estados Unidos, sonaba un mismo acorde fundamental en los discursos de la <em>alt-right</em> y la extrema derecha que se arremolinan alrededor de Trump. La consigna era sencilla: en estas elecciones, se trata de una guerra con dos bandos: <strong>hombres versus mujeres (y gays)</strong>. Así lo decía, literalmente, Andrew Tate, influencer de la nueva derecha conocido por sus declaraciones polémicas. Elon Musk, convertido en la vanguardia de la campaña trumpista al poner la red social X, su desinformación y sus bulos al servicio del candidato, soltaba, machaconamente, una única consigna, con cuentagotas, hasta que permeara en el sentido de todos: hombres, mirad lo que las mujeres están haciendo con nuestro país; hombres, en estas elecciones os jugáis todo; hombres, tenéis que defenderos. En una palabra:<strong> hombres, salid a votar.</strong> La caballería ha llegado: los hombres están votando, respiraba aliviado Musk. Milo Yiannopoulos, impulsor junto con Steve Bannon de Breibart News, afirmaba en tono celebratorio: "Donald Trump nos ha salvado DOS VECES de tener una presidenta mujer".</p><p>No tenemos todavía datos definitivos: lo que parecen indicar las <em>exit polls</em> es que la brecha de género se ha dado en alguna medida, y <strong>en torno al 60% de los hombres blancos han votado por Trump</strong>. Es más, los hombres latinos han girado su voto a los republicanos (55%). Las <strong>mujeres</strong> han apoyado mayoritariamente a <strong>Harris</strong>, pero no ha sido suficiente. No es ni mucho menos el único factor que explica el resultado; habrá que hablar de divisiones por nivel de ingresos, nivel educativo, geografía y otras muchas cosas. También de temas: a los votantes republicanos les preocupaba la seguridad y la economía; a los demócratas, los derechos reproductivos y el estado de la democracia. Pero no podemos minusvalorar el <strong>eje de género</strong>: podríamos decir, incluso, que la actual extrema derecha invierte buena parte de su capital simbólico en politizar el ser hombre como tal; que ser hombre equivalga directamente a votar reaccionario. Esta agenda se cumple en internet: no solo podcasts con contenidos directamente misóginos, sino el intento de despertar un sentimiento identitario masculino que tienda al antifeminismo asociándolo a cualquier contenido que potencialmente pueda interesarles (videojuegos, deporte, naturaleza, cultura clásica…). También son hábiles, como ya explicamos en <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/musk-trump-izquierda-obsoleta_129_1873350.html" target="_blank">este medio</a>, en conectar con un <strong>sentimiento de época nihilista y desesperanzado</strong>. La agenda cultural de la nueva derecha es que los hobbies masculinos dejen de ser hobbies y se conviertan en agentes de politización reaccionaria. Es, en suma, una nueva política de la identidad. Warren Buffet pronunció esta frase reveladora: hay una lucha de clases, pero la hacemos y la ganamos nosotros, los millonarios. Hoy, hay una “guerra de sexos”, y la hacen ellos.</p><p>¿Cómo puede conectar Donald Trump con este sentimiento, especialmente en hombres de rentas bajas o bajo nivel de estudios? La clave es el victimismo:<strong> Donald Trump</strong>, millonario y dos veces presidente, <strong>acostumbra a presentarse a sí mismo como víctima</strong>: del feminismo, de la justicia, de los medios. De este modo, los agentes de la reacción no son necesariamente poderosos privilegiados que se ven amenazados, sino también desfavorecidos que se sienten abandonados y piensan que alguien por fin les escucha y legitima su agravio. Como toda política de la identidad, camina por el filo del peligro del resentimiento y el agravio. Frente a esto, la condena y el lamento son igualmente impotentes.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2024 19:09:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un detalle de la campaña presidencial]]></media:title>
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      <title><![CDATA[“Confesiones” de un rey]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/confesiones-rey_129_1875376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Confesiones” de un Rey"></p><p>“Tengo la sensación de que me están robando mi historia”. No es una frase pronunciada por una <em>celebrity</em> en un plató de televisión que quiera rivalizar con el relato que los comentaristas o el público hacen de su propia vida. O mejor dicho, y esa es la tragedia: quizás sí. Porque esas palabras las ha pronunciado <strong>el rey emérito Juan Carlos I</strong>. La declaración completa es como sigue: “Mi padre siempre me aconsejó no escribir memorias. Los reyes no se confiesan. Menos aún en público. Sus secretos quedan enterrados en las sombras de los palacios. ¿Por qué desobedecerle hoy? ¿Por qué finalmente he cambiado de opinión? Tengo la sensación de que me están robando mi historia”. <strong>Las memorias, que ocupan más de 500 páginas, se publicarán el año que viene en la editorial francesa Stock</strong>. Según la editorial, el rey emérito “explica sus errores y malas decisiones. No oculta sus arrepentimientos. Habla con el corazón abierto, como alguien que sabe que no le queda mucho tiempo y prefiere confesarse que mentir”.</p><p>Algo funciona profundamente mal cuando un rey emérito habla con el lenguaje de las <em>celebrities</em> de televisión. Efectivamente, su padre tenía toda la razón: un rey no se “confiesa” en público porque <strong>un rey no es una persona privada</strong> con interioridades e intimidades. Un rey <strong>es una figura institucional</strong>: como jefe del Estado, constitucionalmente, es la forma más general de la representación de un país, la encarnación de su continuidad y unidad. Un rey no es, pues, un individuo: <strong>es una forma de representación de una entidad política</strong>. Como tal, no puede hablar, vivir ni aparecer como individuo privado. Como tal, le juzga su país y la historia de su país, y se juzgan sus actos y su papel histórico. En ese sentido, la historia tendrá que juzgar el papel del rey emérito en la Transición, su relación con la dictadura, sus actos como monarca, etc. Pero, evidentemente, no es eso lo único que ha trascendido al público. En este caso, los escándalos de su vida privada, el uso de dinero público para taparlos, las investigaciones sobre su fortuna privada, han construido su figura pública tanto o más que lo anterior. Es decir, <strong>su figura institucional se confunde con los contornos de un individuo privado</strong>.</p><p>Ello no se puede solventar con unas memorias ni con una confesión. Da igual lo que diga la “confesión”. El hecho mismo de pretender que unas confesiones “con el corazón abierto” pueden redimir actos y fallos de un rey, el hecho mismo de poner ambos registros en un mismo plano, es el error. Un rey no se confiesa porque un rey no es un individuo. El problema es el hecho mismo de que la persona individual y privada de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón haya suplantado el rol institucional de Juan Carlos I; <strong>aprovechando, en no pocas ocasiones, el rol, los privilegios y prerrogativas de Juan Carlos I para realizar los asuntos y apetencias de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón</strong>. Pretender salvar al primero con una “confesión” y unas “memorias” no restaura ni un ápice lo que debería ser el segundo. Por principio, ninguna memoria o confesión restaurará esa confusión terrible de planos. La historia dirá si Juan Carlos I fue un mal o un buen rey. Pero si el balance final es Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón confesándose “con el corazón abierto”, quizás lo que ocurre es que no se trata ya de un rey en absoluto, y lo que está en duda no es su persona particular, sino el sentido mismo de la idea de “rey”.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Oct 2024 17:37:55 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[“Confesiones” de un rey]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Memorias]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Musk y Trump ante una izquierda ¿obsoleta?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/musk-trump-izquierda-obsoleta_129_1873350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Musk y Trump ante una izquierda ¿obsoleta?"></p><p>Hay una vieja observación del filósofo <strong>Baruch Spinoza</strong> en la que dice que sería conceptualmente inconcebible que un gobernante se paseara desnudo rodeado de mujeres sin ropa, presumiera de delitos o exhibiera comportamientos que atentan contra la propia idea de su majestad. Es decir, si un gobernante hiciera tales cosas, lo que no sería es un gobernante. Tales cosas, quiere decir la observación, <strong>contravienen la definición misma de gobierno, dignidad pública y representación</strong>. Spinoza trataba de sentar las bases conceptuales, la definición misma de lo político moderno; y lo hacía dibujando su límite exterior. Pues bien, tales cosas son exactamente <strong>las que hoy exhibe sin ningún pudor Donald Trump</strong>, desde el “<em>Grab ‘em by the pussy</em>” hasta haberse convertido en el primer expresidente de los Estados Unidos <strong>condenado en un juicio penal</strong>, en concreto a causa de un soborno a una actriz porno. Las <em>boutades</em> no cesan; la última, haber prometido encargar a <strong>Elon Musk</strong> una <a href="https://elpais.com/internacional/elecciones-usa/2024-09-05/trump-encargara-a-elon-musk-una-reforma-drastica-de-la-administracion-si-gana-las-elecciones.html" target="_blank">reforma de la Administración</a> si gana las elecciones. El multimillonario, por su parte, sigue entretenido en su particular cruzada personal: la de convertir la red social X en lo más parecido a un subforo de 8chan, difundiendo bulos y contenidos <em>alt-right</em> o compartiendo fotos de Kamala Harris disfrazada de comunista. </p><p>Pero, más allá de la indignación, debemos comprender que esto es una operación política perfectamente orquestada. No se trata solo de prometer los <em>hits</em> habituales del programa neoliberal autoritario, como también ha hecho Trump: control de fronteras, rebajas fiscales a empresas y rentas altas, políticas energéticas antiecologistas. Se trata de <strong>demoler la misma idea de esfera y conversación pública</strong> que hasta ahora se había mantenido. No se trata del capricho de un multimillonario que opera como un adolescente encerrado en su habitación, sino de <strong>un programa político</strong>. Un viejo ideal ilustrado de razón comunicativa sucumbe a un paradigma, no menos comunicativo, construido <strong>desde la fuerza corrosiva del cinismo, la ironía y el meme</strong>. Actores poderosos lo han comprendido perfectamente y trabajan al unísono.</p><p>Frente a ello, <strong>la queja nostálgica, aleccionadora e ingenua de una izquierda</strong> que se lamenta porque ya no estamos en la era del Twitter <em>habermasiano</em> o de los periódicos <em>diderotianos</em> resulta solo en un canto de impotencia. En primer lugar, porque dichos actores han hecho del <em>ragebait</em> y la polarización su propia gasolina de crecimiento. En segundo lugar, porque estos actores han comprendido que este modus operandi recoge un cierto espíritu de los tiempos, casa bien con un material antropológico que es el de los psiquismos devastados. Hay más verdad antropológica, lo hemos dicho en muchos lugares, en los arquetipos meméticos del Doomer o el Wojak que en las tribunas de intelectuales o profesores que nos echamos las manos a la cabeza contemplando cómo, en efecto, se ha cumplido la <em>frankfurtiana</em> dialéctica de la Ilustración. <strong>A sujetos rotos por la precariedad y la crisis permanentes no se les conquistará con recuerdos de la optimista subjetividad ilustrada</strong>. </p><p>Por ello, las fuerzas progresistas tienen por delante una formidable tarea, y no es inmediatamente electoral, sino estratégica de largo alcance, y también intelectual. Hay que preguntar <strong>con qué palabras y con qué conceptos pensar una realidad que ha triturado las palabras y conceptos de un Hobbes, un Spinoza o un Kant</strong>. Echar mano de paradigmas que la propia realidad de un Musk o un Trump han convertido en obsoletos puede contentar solo al que busque edificación y alivio en la huida. Pero el mundo nos reclama para tareas a la vez urgentes y de largo porvenir.</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2024 17:30:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Musk y Trump ante una izquierda ¿obsoleta?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Donald Trump,Elon Musk,Izquierda,Redes sociales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una advertencia no solo para Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/advertencia-no-macron_129_1837698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una advertencia no solo para Macron"></p><p>El resultado de la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas significa mucho en algunos sentidos. El primero de ellos, <strong>la victoria de un sentido común republicano </strong>que ha permitido que votantes de derecha moderada y de izquierdas renunciaran a sus candidatos predilectos para evitar que Reagrupamiento Nacional llegara al poder. Es, también, un importante toque de atención a las políticas de Macron y sus coqueteos con el lenguaje de la extrema derecha. Sami Naïr se preguntaba si este resultado es un <strong>destello en la noche</strong> o una luz para tiempos venideros. Lo cierto es que es difícil de decir, porque puede ser las dos cosas al mismo tiempo.</p><p>La derrota de Le Pen tampoco es menos significativa que el hecho de que su opción política exista. Ello habla de malestares profundos en nuestra sociedad actual. Contrariamente a la caricatura simplificada que a veces se presenta, una de las intuiciones políticas más valiosas de Marx es la de una clase social muy especial: <strong>la clase de los sin clase.</strong> En el caso de la sociedad francesa, Marx estudió cómo una “masa variopinta” formada por residuos de varias clases sociales capitalistas y precapitalistas y no integrada socialmente en ninguna forma de organización política, reconocimiento o conciencia de clase dio su apoyo al golpe de Luis Bonaparte. El lenguaje de “lumpenproletariado” o “campesinado” puede resultar sociológicamente insuficiente hoy en día, pero la noción de una “parte de los sin parte”, como diría Rancière, que Marx inventa en <em>El 18 Brumario de Luis Bonaparte, </em>conserva toda su vigencia. ¿Por qué estos sujetos, a juicio de Marx, miran hacia formas autoritarias de representación política? Porque no tienen vínculo social entre ellos, carecen de toda forma de mediación. Están juntos, dice Marx, “como patatas en un saco”: aislados, fragmentados, envueltos solo en el miedo y el malestar. <strong>No pueden proyectar una voluntad colectiva. No pueden representarse, deben ser representados, </strong>concluye Marx, por una figura autoritaria que imponga la representación que ellos no pueden darse.<strong> </strong></p><p>Marine Le Pen y <strong>buena parte de la actual extrema derecha buscan hablar a estos “olvidados”, o parte sin parte.</strong> Acicatean un cierto sentimiento anti-elites, pero también anti-institucional y, en ocasiones, con rasgos de teoría de la conspiración. Para estas masas desorganizadas, invadidas por la <strong>desesperanza política </strong>y la anhedonia de la que hablaba Mark Fisher, cualquier promesa de pertenencia representa un asidero al que agarrarse, así sea el de compartir mensajes en grupos de Telegram o el de amenazar de muerte a un presidente de gobierno. No es nuevo: también Luis Bonaparte enfrentaba a la burguesía contra las descontentas masas populares para, finalmente, emplear el ejército contra ambos; declarándose a sí mismo heredero, en su singular persona, de 1789: el “emperador de la canalla”.  </p><p>En todo caso, el problema no ha cambiado tanto desde 1852. De algún modo, la presencia de <strong>esa clase de los sin clase es el permanente recordatorio de una brecha que sigue dividiendo el cuerpo social.</strong> Bonaparte apareció en un momento de precario equilibrio, a juicio de Marx: la burguesía había perdido, pero los trabajadores no podían ganar todavía. El siempre presente tenso desacoplamiento entre condiciones socioeconómicas y representación política se llevó entonces hasta el extremo. Nuestro actual capitalismo neoliberal produce sistemáticamente un equilibrio igual de precario: genera cotas de malestar social y económico cada vez más difíciles de embridar políticamente.<strong> El neoliberalismo está dispuesto, lo sabemos perfectamente, a renunciar a la democracia para mantener su régimen de valorización y acumulación. </strong>La advertencia no es solo para Macron. De qué se haga con ese malestar social depende nuestra política en las décadas que vienen. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jul 2024 18:31:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una advertencia no solo para Macron]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Emmanuel Macron,Marine Le Pen,Francia,Karl Marx,Lucha clases]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Meloni y la (in)definición de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/meloni-in-definicion-europa_129_1806927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/14be24e6-dace-437d-942b-38764d7044cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Meloni y la (in)definición de Europa"></p><p><strong>Todos los ojos están vueltos hacia las próximas elecciones europeas.</strong> No es el menor de los motivos el pronóstico de <a href="https://elpais.com/internacional/elecciones-europeas/2024-05-26/la-ultraderecha-se-reorganiza-para-devorar-a-los-populares-en-europa.html?event_log=oklogin" target="_blank">auge contundente de la ultraderecha</a>. Su objetivo es claro. Ya no es salir de la Unión Europea, sino cambiarla desde dentro. Concretamente, condicionando y absorbiendo la totalidad del bloque de la derecha. <strong>Se acabaron los cordones sanitarios</strong>: pues este auge vendrá, cuando no directamente de la mano de los populares, al menos tolerado por ellos. No solo por el desplazamiento a nivel de marcos discursivos e ideológicos con cuestiones como el cambio climático o la inmigración, como hemos visto también en España con <strong>la influencia de Vox en el PP, </strong>sino también por la perspectiva de alianzas y apoyos. <strong>Ursula von der Leyen</strong> ha afirmado esta semana sorbe Giorgia Meloni que ha "trabajado muy bien con ella”.<strong> Cuenta con su apoyo para su reelección.</strong> El efecto puede ser similar al de Donald Trump respecto del Partido Republicano.</p><p><strong>Meloni es, efectivamente, la punta de lanza de esta estrategia. </strong>Los analistas coinciden en que su objetivo es arrastrar a la derecha moderada. Ha sabido dejar atrás posiciones radicales, euroescépticas o abiertamente neofascistas para encontrar un perfil que aspira a cuotas de poder en la Unión. Ello no significa la renuncia, ni mucho menos, a sus posiciones. Mientras tanto, hacia dentro, en Italia aprueba medidas de bloqueo de la filiación de hijos de parejas homosexuales o <a href="https://cadenaser.com/nacional/2024/04/17/el-gobierno-de-meloni-obligara-a-las-mujeres-que-quieran-abortar-en-italia-a-escuchar-antes-el-latido-del-feto-cadena-ser/" target="_blank">restricciones de la libertad reproductiva</a> de las mujeres (financiadas, por cierto, con fondos europeos), como autorizar a los antiabortistas a entrar en las clínicas, obligar a las mujeres a escuchar el latido del feto o restringir el acceso a la píldora<strong>. “Sí a la familia natural, no al lobby LGBT.</strong> Sí a la identidad sexual, no a la ideología de género”, ha clamado en discursos públicos. Mantiene, a cambio, cierta ambigüedad respecto de la <a href="https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/crisis-climatica-ecologia-conservadora-italia" target="_blank">crisis climática</a>.</p><p><strong>¿Es ésta la locomotora ideológica que debe conducir el bloque conservador popular europeo?</strong> Este protagonismo de Meloni nos muestra, creo, dos cosas. </p><p>En primer lugar, <strong>una debilidad rampante y una espectacular vacuidad de contenido del concepto de Europa.</strong> No hace falta más que escuchar la justificación de Von der Leyen para su colaboración con Meloni: “[Meloni] es claramente pro europea, está en contra de <strong>Vladímir Putin,</strong> y está a favor del Estado de derecho; si eso se mantiene, ofreceremos trabajar juntos”. Lo más interesante de esta declaración no es la tibieza de Von der Leyen, o su claudicación política ante una figura teñida de fascismo. Lo más interesante de esta declaración es que contiene una definición de Europa. Y es una <a href="https://www.elmundo.es/internacional/2024/05/30/66575680e9cf4a0e708b45a3.html" target="_blank">definición</a> bien pobre. A saber: no ser euroescéptico; ser proucraniano, o, al menos, no defender a Putin o a China; y respetar, al menos en líneas generales, al Estado de derecho. Es una definición casi tautológica. <strong>Ser pro-europeo para Von der Leyen significa… estar a favor de Europa</strong>. Bien, pero: ¿qué significa Europa? No se ha dado un solo rasgo sustantivo. ¿Acaso es posible?</p><p>Alguien podría pensar que ese rasgo es <strong>“Estado de derecho”</strong>. En las últimas décadas, la definición formal de Estado de Derecho querría haberse llenado de algún contenido: justicia social, igualdad de género, transición ecológica. Lo que la situación actual nos permite concluir es que no todos ellos se han estabilizado de la misma manera. Parece que las lecciones de la crisis de 2010 y de la pandemia han instalado con cierta estabilidad<strong> un paradigma de no austeridad. </strong>Sin embargo, los avances en materia de derechos de las mujeres y LGTB quizás no son tan de consenso y tan irreversibles como a veces pensamos.<strong> Una ola de reacción amenaza con partir la sociedad</strong>, y estas cuestiones están en su núcleo. Si Meloni, con las políticas que efectúa a ese respecto en Italia, está en condiciones de arrastrar al entero grupo conservador moderado europeo, ¿podemos confiar en que Europa ha integrado en su ADN<strong> los avances de los recientes movimientos feminista y LGTB? </strong></p><p><strong>El problema es de calado</strong>. Europa no ha encontrado un fundamento que darse a sí misma. Quizás, en parte, porque el propio proyecto de Europa fue despojarse de todo fundamento en un sentido fuerte. La propia democracia nace cuando, haciendo uso de la palabra de cualquiera, Sócrates no da por supuestos los dioses y las leyes de la ciudad. Razón es poderlo discutir todo, y poderlo hacer en público, para tratar de encontrar algo sobre lo que estemos de acuerdo, sobre lo que cualquiera pueda estar de acuerdo. Así encontramos el teorema de Pitágoras; pero ¿podemos encontrar del mismo modo un fundamento político que ya no sea Dios, la sangre o la tierra? El uso del logos inaugura, qué duda cabe, algunas incertidumbres que arrastramos hoy; tratar de redactar una constitución desde algo así como “la razón” o “los derechos humanos” generó algunos quebraderos de cabeza a las mentes más brillantes de la Modernidad (y no pocas burlas de algunos sagaces reaccionarios). <strong>¿Qué significan ley, representación o voluntad soberana hoy?</strong> ¿Es posible actualizar hoy estos términos ante oscuros poderes económicos e intereses de fuerzas que no responden a parlamentos?<strong> La pregunta sigue siendo qué significa Europa. </strong></p><p>Mientras, la extrema derecha, y cada vez más la derecha en general, esconde en su vacía definición de Europa una intención:<strong> llevar a Europa el modelo italiano.</strong> Aún queda tiempo para conseguirlo, porque haría falta, por ejemplo, superar el escollo entre los grupos ECR e ID; pero <strong>Le Pen ya corteja a Meloni. </strong>Tales ideas vacías y tautológicas de Europa allanan el camino. ¿Se cumplirá así, otra vez, como tantas veces trágicamente en la historia de Europa, <a href="https://cadenaser.com/nacional/2024/04/17/el-gobierno-de-meloni-obligara-a-las-mujeres-que-quieran-abortar-en-italia-a-escuchar-antes-el-latido-del-feto-cadena-ser/" target="_blank">la ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada</a>?</p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jun 2024 19:39:02 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <title><![CDATA[Pedro Sánchez: el día después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/pedro-sanchez-dia-despues_129_1782866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedro Sánchez: el día después"></p><p>Una decisión se valora por sus efectos, y no solo los inmediatos. En esta semana subsiguiente a los cinco días en que Pedro Sánchez mantuvo al país en vilo, se ha ido imponiendo una sensación de decepción, como de burbuja desinflada. Más allá de argumentos dirigidos a la coyuntura más próxima, como la influencia de este gesto en las elecciones catalanas, debemos preguntar cuál es el espacio que se abre ahora. Como ha señalado <a href="https://elpais.com/opinion/2024-04-29/el-chiste-de-pedro-sanchez.html" target="_blank">Santiago Alba Rico</a>, <strong>la tensión literaria de un gesto de estas características tenía que desembocar necesariamente en decepción literaria</strong>, por mucho que sea el alivio político que sintamos porque no haya caído el Gobierno. Además, es cierto que los momentos inmediatamente posteriores, como bien se vio en la entrevista de la noche del lunes, no daban pie a nada que no fueran páginas más o menos empalagosas de la saga literaria.</p><p>Ahora bien. Pasado ese margen, comienza el tiempo de pronunciamientos políticos para problemas acuciantes. Y aquí también ha habido unanimidad. Esos problemas tienen nombres propios muy concretos: renovación del CGPJ, derogación de la Ley Mordaza, desinformación y bulos en los medios, medidas sociales y de vivienda. Esto significa solo una cosa. Haga lo que haga después, ya solo con este gesto <strong>Pedro Sánchez ha marcado un camino que no se puede deshacer, ni para él mismo ni para los demás</strong>. Haga lo que haga ahora, Pedro Sánchez no puede borrar el protagonismo que han cobrado esos problemas. Haga lo que haga ahora, Pedro Sánchez no puede desentenderse del lugar donde él mismo ha apuntado con el foco de la luz pública. Ha sido él quien <strong>ha señalado los problemas de una esfera pública deteriorada</strong> cuyos efectos él mismo ha sufrido. Nada de lo que haga ahora puede cambiar esto. Es decir, con Sánchez o sin él, los problemas son ahora los ya dichos: democratización de la justicia, pluralidad y garantías en los medios, medidas sociales. Sánchez tenía dos vías para abordar estos problemas. Una, dimitir y convertirse en mártir contra una derecha tóxica desbocada que secuestra y daña las instituciones, generando un impulso épico en el que encabalgar una renovación de un PSOE crecientemente legitimado. Dos, no dimitir y tomar él mismo esas medidas. Ha optado por no dimitir. Pero en ambos casos <strong>estas medidas deben tomarse</strong>. Había varios caminos para abordar estos problemas, pero ninguno pasa por obviar los problemas mismos.</p><p>El principal resultado del gesto de Sánchez, por lo tanto, no será si Sánchez sigue al frente del PSOE, qué pasa con las catalanas o qué pasa con Sumar. El principal resultado del gesto de Sánchez es una vara de medir para su propio Gobierno: hacerse cargo de los<strong> problemas que habían permanecido más o menos implícitos hasta que él los convirtió en el centro</strong> de la vida pública. Sea con mayor o menor vista puesta en citas electorales, sea, parece, con el mayor impulso de Sumar, solo hay un camino. Si Sánchez no aborda las medidas mencionadas, que se le piden con consenso desde todo el espacio progresista, comienza el verdadero peligro de la victoria de una derecha dispuesta a todo. </p><p>_____________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Estos días llega a las librerías su nuevo ensayo, 'El tiempo perdido. Contra la Edad Dorada. Una crítica del fantasma de la melancolía en política y filosofía', editado por Arpa.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 May 2024 18:38:54 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Pedro Sánchez: el día después]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Beyoncé y la invención de la tradición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/beyonce-invencion-tradicion_129_1762265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Beyoncé y la invención de la tradición"></p><p>Los mejores orígenes son los que se inventan. La mejor tradición es la que se reescribe. </p><p>El nuevo disco de Beyoncé, <em>Cowboy Carter</em>, presenta una <strong>reinterpretación del género country</strong>. A él se incorporan influencias de otros géneros como el pop, el hip hop, el R&B, el blues o la música electrónica. Los maestros de ceremonias que aparecen como locutores de la emisora ficticia que emite el álbum, <em>KNTRY Radio Texas</em>, son titanes de la historia del country como <strong>Willie Nelson y Dolly Parton</strong>. Se ha hecho viral la coreografía de la canción <em>Texas Hold’Em</em>, donde personas de todas las edades y nacionalidades, grupos de amigas o padres con hijos, europeas o asiáticos, repiten el baile cowboy y le dan un nuevo sentido. </p><p>De este modo, Beyoncé realiza con la música country lo que últimamente se había hecho ya con diversos géneros populares latinos, que han sido reactualizados en discos de reggaetón o música urbana. Este caso es especialmente interesante porque el country lleva consigo la <strong>pretensión de representar algo así como un purismo de los orígenes</strong>, asociado a un sentido cultural, nacional y étnico. El country se presenta frecuentemente como la música de la tierra, las raíces, lo rural, la comunidad, lo orgánico, lo “natural” y los verdaderos americanos blancos. Frente a esto, <strong>Beyoncé reivindica el papel olvidado</strong> y reprimido de elementos afroamericanos en los orígenes del country y lo presenta fusionado con ingredientes diferentes. Porque todo relato de la verdad última de unas raíces o la pureza de lo popular es eso, un relato; la imagen de lo “natural” se construye, como se construye en el estudio el sabor añejo de la ficticia <em>KNTRY Radio Texas</em> añadiendo <strong>voces filtradas, interferencias y </strong><em><strong>glitches</strong></em>. Todo el mundo sabe que la insufrible estética de cabaña en el bosque y camisa de leñador del <em>indiefolk</em> fue una invención urbanita y pequeñoburguesa. No es la única. </p><p>Este disco es producto de una trayectoria difícil. De hecho, la primera incursión en el country de Beyoncé, <em>Daddy Lessons</em>, de 2016, recibió insultos racistas y el <strong>rechazo de la Asociación de Música Country</strong>. Es allí donde empezó a forjarse esta obra. Beyoncé, por cierto, fue criada en Houston, Texas, y ha estado en contacto con esta cultura desde su niñez; pero el color de piel impide en opinión de algunos la pertenencia a su selecto club. Pero Beyoncé no impugna un origen para reivindicar otro, no se trata para ella de hacer algo así como una <strong>nueva política de la identidad</strong> de las raíces negras del country; porque el resultado es él mismo un collage. <strong>Samples de Fleetwood Mac, Chuck Berry</strong>, Nancy Sinatra, Beach Boys, Jay-Z o los Beatles conviven con la versión de “Jolene” y un aria de ópera. Porque lo que este disco dice, como antes hicieron otros como Bad Bunny, Bad Gyal o C. Tangana que han jugado de la misma manera a reinventar la tradición de los géneros populares, es que la tradición no es nada si no se transmite; que tradición significa <em>trans-dare</em>, <strong>dar al que está más allá de ti</strong> y recibe lo que le das de modo diferente; que “tradición” comparte raíz etimológica con “traición”; que, en fin, toda tradición es una invención, como toda traducción es una interpretación. </p><p>En este tiempo de melancolía, <strong>rechazo del presente y fantasías de retorno</strong> a un origen perdido, encontramos aquí una valiosa lección. </p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (Editorial Siglo XXI). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx' en la editorial Akal.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Apr 2024 19:05:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Beyoncé y la invención de la tradición]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El trumpismo de Ayuso: auge y ¿caída?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/trumpismo-ayuso-auge-caida_129_1742523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/14be24e6-dace-437d-942b-38764d7044cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="El trumpismo de Ayuso: auge y ¿caída?"></p><p>Desde que la figura de Ayuso empezó su carrera política hasta su auge y triunfo electoral como presidenta de la comunidad de Madrid, la calificación de “trumpista” ha sido una constante: alumna aventajada de Trump en España, nueva lideresa populista de derechas… Lo cierto es que hemos observado por su parte la ejecución de campañas agresivas, confrontación ideológica con el adversario y polarización a cualquier precio (ETA, Cataluña, feminismo, comunismo), guerra mediática, descalificación del gobierno legítimo y las instituciones del Estado, marcos catastrofistas y, en el contenido, <strong>un neoliberalismo desacomplejado en lo económico, con modelo fiscal regresivo y capitalismo rentista, y conservador en lo moral, con guiños a la extrema derecha cristiana</strong>. Pero pienso que el verdadero carácter trumpista de Ayuso no ha hecho sino empezar. La mayor expresión del trumpismo de Ayuso no tendrá lugar en su auge, sino en su caída. </p><p>Basta observar los indicios en la crisis por los actuales asuntos sin aclarar de su pareja, Alberto González Amador. Sociedades pantalla, delitos fiscales, comisiones, coche y pisos de lujo; como guinda, Quirón, el macrogrupo de la sanidad privada madrileña, el principal cliente de González Amador. Todo ello, obviamente, salpica al gobierno de la Comunidad de Madrid.<strong> ¿La respuesta de Ayuso? Hacerse la víctima</strong>. Igual que con Avalmadrid, igual que con su hermano, igual que con sus padres. El problema no son las circunstancias, al menos turbias, cuando no potencialmente ilegales o presuntamente corruptas que hay que explicar; el problema es que se le pidan explicaciones a ella. Ella no es la villana, sino la víctima, la perseguida. Esta semana, Ayuso directamente denunciaba una persecución “de <a href="https://www.eldiario.es/politica/cronologia-mentira-pareja-ayuso-confeso-2-febrero-escrito-fraude-fiscal-presidenta-niega_1_11211674.html" target="_blank">todos los poderes del Estado”</a>. Ayuso culpaba a Moncloa y a Pedro Sánchez, así como a Hacienda, a la que acusa de “desquiciada” y de deber incluso dinero a su pareja.  </p><p>Esto sí es trumpismo en estado puro. Esta mezcla de privilegio, abuso, impunidad, sentimiento de agravio y victimismo es trumpismo en estado puro. Y lo advertimos no cuando Ayuso gana, sino cuando pierde. El trumpismo es por definición reactivo: <strong>es la reacción resentida y agraviada de quien se creía con derecho a todo y por primera vez enfrenta el abismo de la posibilidad de ser cuestionado</strong>. Eso es lo que exhibe Ayuso. En primer lugar, el privilegio y la impunidad del que cree que tiene derecho a todo le permite extraer de los recursos públicos beneficio personal, familiar o privado. Cuando se le exige rendir cuentas, ella se presenta como la víctima. ¿Cómo es posible que la ejecutora de los hechos, la que sacó tajada de la situación, aparezca como víctima? Ello solo es posible si se presupone un <strong>sentimiento de impunidad</strong>, un creerse con derecho a ostentar la posición que ocupa y de que nadie le obligue a respetar los límites. Cogida en falta, lejos de reconocer la realidad, pasa al ataque. Los culpables son los demás. Empieza entonces la verdadera guerra de <em>fake news</em>, insultos, acusaciones y nubes de tinta. Esa es la estrategia de desgaste. Y, recordemos, la verdadera ofensa para Ayuso no fue el beneficio privado en el momento más crudo de la pandemia, no fue el desprestigio de las instituciones, no fue el abuso de la posición de poder: la verdadera ofensa es que se le pidan cuentas por todo ello. La ofendida es ella. La agraviada es ella. Pero no nos engañemos, este victimismo no nace de debilidad alguna, sino de una pura y descarnada voluntad de poder. La misma reacción la encontramos en Trump cuando era investigado. </p><p>No sabemos si esta crisis hará caer o no a Ayuso. Dependerá también de cuanto quiera presionar Feijóo; gobernando Sánchez, parece verosímil que no demasiado. Pero lo que sí sabemos es que es en estos momentos de crisis donde<strong> el trumpismo de Ayuso encuentra su expresión más pura</strong>; y si, sea ahora o en otro momento, ocurre finalmente la caída de Ayuso, su trumpismo alcanzará ahí su éxtasis.</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx' en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Mar 2024 18:31:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El trumpismo de Ayuso: auge y ¿caída?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Es el capitalismo, estúpido; pero eso no basta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/capitalismo-estupido-no-basta_129_1713761.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Es el capitalismo, estúpido; pero eso no basta"></p><p>Conocer las causas estructurales de una situación social o política cualquiera no basta para determinar cómo se politizará dicha situación. Es decir, no basta con indagar las causas estructurales “reales” que explican lo que está pasando, por ejemplo, con la situación del campo para comprender las actuales protestas de los agricultores. Esas causas “reales”, en nuestro mundo, son siempre y ante todo causas económicas. Es el capitalismo, estúpido. Está claro que lo que ocurre “en realidad” con el campo es, por ejemplo, que los grandes tenedores controlan el campo y acaparan el 80% de las ayudas; lo que ocurre “en realidad” es que en una economía de mercado global desigualmente regulada tiene una ventaja competitiva quien asume menos restricciones; lo que ocurre “en realidad” es que <strong>los beneficios de los productores son los más desfavorecidos</strong> en una abusiva cadena alimentaria; lo que ocurre “en realidad” es que los agricultores y ganaderos son los que primero sufren los síntomas de la crisis climática como desastres naturales, sequías o plagas; lo que ocurre “en realidad” es que hay una carga burocrática excesiva y una protección insuficiente por parte de los seguros agrarios. </p><p>Ahora bien, ninguna de esas “realidades” va a explicar el sentido en el que se politice el descontento de los agricultores afectados. Tampoco, lo que es otra manera de decir lo mismo, va a determinar a quién se elija como enemigo. <strong>La derecha y la extrema derecha llevan tiempo interviniendo</strong> en este descontento para politizarlo en un sentido muy concreto. Los culpables, para ellos, la Agenda 2030 y los gobiernos progres ecologistas. De este modo, instrumentalizan un problema severo para su propia agenda política. </p><p>Por supuesto que <strong>su relato no se corresponde con “la realidad”</strong>. Por supuesto que en “la realidad” los culpables de la situación de los agricultores son el capitalismo global, la estructural debilidad de los Estados y la crisis climática. Pero conocer esa realidad no genera por sí mismo un relato político. Cómo funciona “la realidad” ya lo sabemos desde, al menos, más de dos siglos: se explica en una obra titulada <em>El capital. Crítica de la economía política</em>. Si bastara con comprenderlo, bastaría con haber leído <em>El capital</em> para haber derrocado el capitalismo. Pero sabemos que no es así. Importa poco que la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/rosa-martinez-enfrentar-agenda-verde-ganaderia-agricultura-falacia-irresponsabilidad-politica_128_10910242.html" target="_blank">Agenda 2030</a> incorpore medidas a favor de la agricultura y la ganadería a pequeña escala o las rentas agrícolas cuando se la ha dibujado como un conspirador<strong> plan globalista para aplastar a los pequeños campesinos</strong>; la derecha que argumenta así, incluso últimamente se hace llamar el verdadero anticapitalismo. Desde luego, lo sabemos también, ellos no tienen el más mínimo interés en cuestionar los fundamentos de ese reparto de poder o ese modos de explotación que es el capitalismo; pero da igual, porque han dado con un relato del malestar y con un enemigo político. <strong>Por supuesto que es el capitalismo, estúpido; pero eso no basta</strong>. Los progresistas no pueden limitarse a responder con el análisis estructural del capitalismo y sus efectos sobre el sector primario cuando se habla de rabia, hartazgo, inseguridad y se señala a un enemigo. Una estructura no se ve ni se toca. Hay que ganar la disputa en esos mismos términos.</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx' en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Feb 2024 18:30:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Agricultura,Derecha,Medioambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La universidad pública o el último Versalles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/universidad-publica-ultimo-versalles_129_1682390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La universidad pública o el último Versalles"></p><p>“Cuidad bien de mi pobre Versalles”, parece que suspiró Luis XVI cuando abandonaba el palacio hacia París. Los que tuvimos que irnos de la universidad pública debido a la crisis podríamos haber pronunciado con aquella misma falta de esperanza “cuidad bien de mi pobre Complutense”, “cuidad bien de mi pobre Autónoma”, porque por desgracia sabíamos ya<strong> lo que le esperaba a la universidad pública en manos del PP madrileño</strong>. </p><p>La situación de la universidad española puede no ser la noticia más urgente del día, pero pocos discutirán que es desde luego importante. La nueva Ley de Universidades de la Comunidad de Madrid ya se había presentado en septiembre, según la web institucional, “<a href="https://www.comunidad.madrid/noticias/2023/09/19/diaz-ayuso-presenta-nueva-ley-universidades-comunidad-madrid-defender-libertad-excelencia-frente-lastre-losu" target="_blank">para defender la libertad y excelencia frente al “lastre” de la LOSU</a>”. “Lastre”: así rotulan en la sección de novedades de la acción de gobierno en la Comunidad de Madrid, como en una sección de tertulianos de opinión y no como lo que debería ser un repositorio de acción institucional dirigido a todos los madrileños. Dejando eso aparte, la argumentación de Díaz Ayuso es que la LOSU supone un enorme impacto económico,<strong> unos 100 millones para las universidades públicas madrileñas. </strong>Lamenta, en una argumentación que anticipó el Rector de la UCM hace unas semanas, que el Gobierno de España no ha aportado financiación. Las competencias de financiación de universidades están transferidas a las comunidades autónomas, pero esto es lo que ocurre cuando se carece de un sistema robusto de inversión pública y no se tiene ninguna intención de solventarlo. </p><p>Pero, ¿para qué necesitan dinero las universidades? La LOSU obliga a que el personal funcionario supere el 50% y el personal temporal no supere el 8%. Es decir, funcionario o no, <strong>el 92% de los profesores universitarios deben tener un contrato indefinido.</strong> Discutible en otros aspectos, este punto de la ley es necesario. No parece tanto pedir ante la nefasta situación de la carrera docente e investigadora en España: hasta ahora, casi la <a href="https://www.20minutos.es/noticia/5105412/0/casi-la-mitad-de-los-profesores-universitarios-en-espana-no-tiene-contrato-permanente/" target="_blank">mitad del personal docente era temporal</a>, la media de acceso a la primera plaza docente se acercaba a los 40 años y los profesores asociados constituían una cuarta parte del total del profesorado, cobrando <strong>menos de 500€ al mes </strong>y en muchos casos en régimen de falsos asociados. Cuando uno habla con colegas europeos de esta situación, no dan crédito. </p><p>¿Cómo va a lograrse la necesaria estabilización del profesorado que exige la LOSU? Solo en la UCM harían falta unos 30 millones. La situación es tan dramática que ni siquiera se ha presentado un plan plurianual de estabilización y promoción, como era habitual, y se ha limitado a 2024, sin saber todavía cómo va a financiarse. Los presupuestos no cubren los gastos. <strong>El gobierno autonómico asfixia a la universidad pública</strong>, que en el capítulo de gastos fijos no recibe ni lo suficiente para cubrir el total de los salarios de la plantilla. </p><p>Si hablamos de acceso a la educación superior, la perspectiva es igual de desoladora: Ayuso saca pecho con que doblan el presupuesto en becas socioeconómicas (6 millones), pero así solo igualan lo que ya destinaban a becas de excelencia (6,7 millones), que solo alcanzan a los estudiantes más favorecidos, y sigue siendo irrisorio en comparación con otras comunidades. Lo que el PP llama “libertad” ya sabemos lo que significa: continuar con la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/becas-ricos-pobres-trampa-ayudas-educativas-no-cuenta-renta_1_9144486.html" target="_blank">subvención enmascarada de la educación de las capas más favorecidas</a>, como ya hacen con las becas para <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/becas-rentas-altas-ayuso-financian-tres-estudiantes-bachillerato-centros-privados_1_10723738.html" target="_blank">Bachillerato en centros privados</a>, o <strong>fomentar la explosión de universidades privadas</strong> (ya 13 en la Comunidad de Madrid) que en muchas ocasiones no cumplen criterios académicos mínimos. </p><p>Los reyes tuvieron que huir de los palacios, pero el PP intenta convertir a la universidad pública en un último Versalles donde atrincherar políticas segregadoras y precarizadoras. Tanto es lo que está en juego.</p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx' en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jan 2024 20:32:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La universidad pública o el último Versalles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Universidad,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiempos podridos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/tiempos-podridos_129_1661665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tiempos podridos"></p><p><strong>Esta columna no es precisamente alegremente navideña,</strong> <strong>aunque quizás, por desgracia, sí es tristemente navideña</strong>. Hace unos días me estaba bajando del Metro en el intercambiador de Moncloa. Iba, como siempre, con prisa. Iba, como siempre, mirando el móvil. Iba, como siempre, con los cascos puestos. Iba, como siempre, intentando resolver asuntos de trabajo mientras caminaba. Lo cierto es que un hombre mayor me paró a la salida. Tarde unos segundos en reaccionar, tras un sentimiento relámpago primero de desconfianza, después de impaciencia por no poder continuar a toda prisa mi camino. Descarté ambos en otro instante.<strong> El anciano me estaba preguntando dónde se cogía su autobús</strong>. Le acababan de realizar una prueba en los ojos en el hospital, no veía bien y estaba muy desorientado. Calibré en otro microsegundo la información alojada en los estratos más superficiales de mi conciencia y le respondí que lo lamentaba, pero no sabía dónde se encontraba el autobús por el que me preguntaba. Seguí hacia el paso de cebra. Algo me inquietó, porque me di la vuelta. Estaba intentando infructuosamente parar a alguien más para que le ayudara. <strong>Nadie se paraba</strong>. Seguía solo y desorientado en las escaleras. Volví a acercarme y le indiqué cómo podía tomar el ascensor para dirigirse hacia las ventanillas de información donde seguro que podrían ayudarle. Me lo agradeció efusivamente. Retomé el camino hacia mi paso de cebra. Pero volví a girarme. Sería mejor acompañarle, pensé; ya era maldita hora de que lo hicieras, debí más bien haber pensado. Volví entonces por una segunda vez para ayudarle a encontrar el autobús. Se deshizo en agradecimientos. Casi tuve que llamar la atención a varias personas que le empujaban para pasar en las escaleras mecánicas, cuando él apenas podía andar sin perder el equilibrio. <strong>Finalmente llegamos a su autobús. Me fui a casa con un nudo en la garganta.</strong></p><p><strong>Lo grave de todo esto es que necesité sopesar no menos de cinco reacciones iniciales y darme la vuelta no menos de dos o tres veces para finalmente decidirme a vencer la inercia</strong> de volver rápido a casa (a trabajar) y seguir mirando el móvil (para trabajar), y realizar lo único normal que cualquiera debería haber hecho en ese momento sin pensarlo ni un segundo: dedicar literalmente <em>cinco minutos</em> a ayudar a una persona vulnerable que lo necesita. “Me sabe muy mal que venga hasta aquí, le estoy haciendo perder el tiempo”, me decía mientras bajábamos las escaleras. <strong>Se me cayó la cara de vergüenza</strong>. Por supuesto, todavía más vergüenza y más tristeza si sigo pensando (lo hago ahora) en todas las personas en su situación. Mayores, solos, dejados de lado. Me comentó por encima que estaba viudo, que vivía solo y que ya no hablaba casi nunca con su hija. <strong>¿Qué habrá hecho cuando llegó ese día a casa? ¿Cuántos días estará sin hablar con nadie? ¿Cómo va a pasar las Navidades?</strong></p><p>No se trata de fustigarse o de buscar redención personal. <strong>Es</strong> <strong>un problema social que nos atañe a todos.</strong> Algo muy podrido debe haber en nuestro reparto del tiempo para que algo así sea lo normal. Algo muy podrido en que centenares de personas pasen a su lado y nadie se pare a ayudarle. Algo muy podrido en que yo dedicara más energía mental a decidirme a hacerlo que a resolver cuatro e-mails de trabajo mientras camino. <strong>El clima inhóspito y frenético de Madrid desde luego no ayuda. </strong>Algo huele a podrido, pero no en Dinamarca, sino aquí, en nuestras calles, en nuestras ciudades. Supongo que <strong>se llama capitalismo</strong>, pero eso no evitará el nudo en la garganta con el que llevo desde entonces.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Dec 2023 20:45:26 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tiempos podridos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/ley-hierro-impotencia-derecha-moderada_129_1638235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada"></p><p>Me gustaría proponer un concepto a propósito de las manifestaciones que han tenido lugar estos días en las calles contra el acuerdo de investidura y la <strong>Ley de Amnistía</strong>: lo llamaré “la ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada”.</p><p>Veamos. Estas manifestaciones no forman un bloque homogéneo: como siempre ocurre, albergan tendencias diferentes en su seno que luchan por enarbolar un sentido único de la movilización. Todo movimiento, sea de protesta o de gobierno, se encuentra siempre en un cierto grado de tensión por su definición, generalmente mayor cuanto más incipiente es el movimiento. Ciertamente, hay un sentido general en estas movilizaciones: el de una derecha, la española, que históricamente considera ilegítimo todo ejercicio del gobierno y el poder que no sea el suyo. Pero, además, dentro de ese<strong> bloque de protesta reaccionario</strong> la lucha por la hegemonía se dirime entre varios actores y sentidos posibles. </p><p>El sector dominante agrupa a votantes enfadados del PP y Vox. Se articulan en torno a las <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escuadristas-disputa-bloque-reaccionario_129_10665796.html" target="_blank">ideas fuerza</a> de políticas neoliberales (recortes públicos, rentismo, ventajas fiscales para la oligarquía), cosmovisión conservadora en lo moral y nacionalismo centralista.<strong> El conflicto catalán </strong>ha servido de detonante en las calles, pero actúan al compás en las instituciones y en todos los frentes de esas ideas fuerza: al mismo tiempo, el juez García Castellón intenta emprender acciones judiciales contra Puigdemont y este viernes conocíamos que el PP quiere tramitar por vía de urgencia una <a href="https://twitter.com/javierpadillab/status/1722940294998470745" target="_blank">derogación de facto de la ley LGTB</a> en la Comunidad de Madrid. </p><p>Otro grupo lo forman <strong>grupos militantes y partidos de extrema derecha</strong> tradicional, en los márgenes de Vox, franquistas o neonazis. Con poca visibilidad, consideran que incluso un gobierno del PP y en algunos casos Vox sería todavía demasiado suave, y que es la propia Constitución, la división de poderes, la policía o la democracia parlamentaria lo que hay que combatir. </p><p>Un sector, diría que minoritario, quiere pintar esta protesta <strong>en clave antisistema</strong>. Se trata de presentar estas manifestaciones como un nuevo 15M, donde “el pueblo” expresaría masiva y espontáneamente su disgusto con el establishment. Este <strong>sector alt-right</strong>, concentrado en torno a figuras como Iker Jiménez, los antivacunas o los conspiranoicos, lleva mucho tiempo adoptando máscaras antisistema o contenidos superficialmente de izquierdas, que utilizan para blanquear posiciones reaccionarias. </p><p>El bloque en su conjunto se enfrenta a un dilema irresoluble.</p><p>Por el lado de sus <strong>componentes “anti-sistema”</strong>: estos componentes ideológicos son demasiado superficiales. A diferencia de lo que potencialmente puede ocurrir en Francia o en <a href="https://www.publico.es/es/opinion/sahra-wagenknecht-piensa-en-diagonal/" target="_blank">Alemania</a>, no ofrecen una articulación de visiones mayoritarias o populares que logre absorber la simpatía de izquierdas. Se nota demasiado el lado pardo, y no engañan apenas a ningún “obrero rojo”, que en España mantiene su voto de izquierdas. No tienen pues, más allá de los sueños húmedos de algún columnista, perspectivas de crecimiento.</p><p>Por el lado del sector numéricamente mayoritario: si el PP continúa tolerando que su avanzadilla ideológica y política la constituya Vox o incluso, como en estos días, fuerzas más radicales, <strong>la pelea la perderán siempre los primeros</strong>. Los siglos XIX y XX han demostrado con creces una ley política invariable que me gustaría denominar “la ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada”. Los liberales y conservadores bienintencionados y que se quieren a sí mismos moderados harían bien en aprenderla de una vez por otras. Esta <strong>ley de hierro</strong>, ya formulada con toda precisión por Marx en <em>El 18 Brumario</em>, dice lo siguiente: cuando los liberales o conservadores presuntamente moderados se apoyan en los reaccionarios radicales para frenar a gobiernos progresistas, quienes ganan son <em>siempre</em> los reaccionarios radicales, y en los peores casos, por las<strong> vías expeditivas del golpe de Estado</strong>, la guerra civil o la dictadura; lo que acaba destruyendo también, por supuesto, a los propios conservadores presuntamente moderados, que acaban, en el mejor de los casos, desalojados del poder y del sistema parlamentario o, en el peor, encarcelados o violentados. La derecha moderada se vuelve, pues, absoluta e invariablemente impotente en cuanto decide apoyarse en la derecha radical. </p><p>En el siglo XX esta ley adoptó la faz terrible de:<strong> o capitalismo o fascismo</strong>. Si había que elegir entre sacrificar la democracia o el capitalismo, se sacrificaba la democracia. Estaría bien que el siglo XXI hubiera aprendido algo y no pretendiera saltar por encima de esa ley de hierro. En España, este camino ha comenzado para el PP con la foto de Colón. Quizás no comprende que ceder la iniciativa a Vox y sus acompañantes es el camino para regalarles la hegemonía. A menos que el PP haya decidido convertirse de facto en un partido de derecha radical. Pero entonces al menos hablemos claro: muere de impotencia la derecha moderada, comienza el reino de la derecha radical. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Nov 2023 18:06:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La ley de hierro de la impotencia de la derecha moderada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Amnistía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los adverbios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/adverbios_129_1610594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre los adverbios"></p><p>Es muy conocido el pasaje sobre la felicidad en <em>Poeta chileno</em>, de Alejandro Zambra: <strong>“Dicen que eso es la felicidad: nunca sentir que sería mejor estar en otra parte, nunca sentir que sería mejor ser alguien más. Otra persona. Alguien más joven, más viejo. Alguien mejor.”</strong> Se ha citado mucho y se ha escrito sobre esa intersección entre felicidad, deseo, posibilidad. Pero lo que no suele decirse es que esas frases son en el libro el colofón de una reflexión más amplia sobre el tiempo y la repetición. El protagonista escribe una carta a un niño que tiene que repetir curso, argumentando en qué medida repetir algo es escapar a la condena del tiempo, el desgaste. Repetir algo es la condición de posibilidad de, contra el tiempo, perseverar en las cosas, detenerse en ellas, encontrar su verdad: sean cursos escolares, palabras o noches con la persona amada.</p><p>No me parecen entonces tan interesantes las reflexiones, por cierto, bastante de moda en ciertos entornos últimamente, sobre el tan traído y llevado deseo: como afecto, como pulsión, <strong>como brecha entre el amor y la muerte</strong>, o, incluso, como aquello que se comparte como forma de comunidad (en ese sentido, por poner un ejemplo reciente del que se ha hablado bastante, me resultan terriblemente banales tanto la propia película <em>Las chicas están bien</em> –por ese y muchos otros motivos– como los comentarios sobre ella en esa línea). </p><p>Me parece más sugerente lo que Zambra construye en las líneas anteriores a esa definición. Con el tiempo todo se pierde, y sobre todo <strong>“el ruido de los días”</strong>, dice el escritor: resulta difícil recordar exactamente de qué inercias, de qué sonidos estaba lleno el silencio de la vida cotidiana, en el que normalmente no reparamos. Me parece un buen escritor, entre otros motivos, porque intenta nombrar esto: <strong>“</strong><a href="https://librotea.com/estanterias/entrevista-a-alejandro-zambra-autor-de-poeta-chileno/" target="_blank"><strong>Un poema</strong></a><strong> funciona como una canción. Si te gusta, la escuchas de nuevo y así mil veces. Y una novela es como una canción más larga, más rara, más difícil de memorizar.</strong> Pero en la lectura de una novela también funciona el placer anticipatorio, por ejemplo. Piensas, mientras lees, en que volverás a leer esas mismas palabras, en que esa posibilidad existe, y entonces el presente se proyecta y se amplía, sin dejar de ser presente. Hay que hablar de esas cosas, creo yo.” Hay que nombrar ese milagro de un presente que es mucho más que presente.</p><p>En esas dos páginas magistrales, Zambra pone en marcha todo un andamiaje de adverbios: “generalmente”, “siempre”, “ocasionalmente”, para ganarse ese “nunca” de la definición final. Además de esa definición de felicidad, lo que hemos ganado por el camino es la noción de que necesitamos esas marcas del tiempo en la lengua, los adverbios, para ordenar y dar sentido a la corriente de la experiencia. Y paradójicamente, lo que quizás ocurre en nuestro tiempo acelerado del neoliberalismo es que solo existe un adverbio: “ahora mismo”<strong>. El “ahora mismo” del click, del Glovo, de Amazon Prime, del like</strong>. Ese “ahora mismo” que es el de la satisfacción inmediata, que es puro consumo absorto, que mata, ahora sí puede decirse, el deseo. Todo se da por sentado, todo va de suyo: nadie se detiene en el milagro de ese presente que se amplía. Hemos olvidado que lo verdaderamente excepcional es que esa persona ha vuelto a levantarse otra mañana a nuestro lado, y eso es amor. Ya no reparamos en los ritmos diferentes, en la espera, en lo que estaba implícito, en las huellas de nuestros actos que solo se revelan décadas después, en la vida entera que cuesta saber quién es uno; y, por supuesto, <strong>hay muy pocas ganas de comprometerse con un “nunca”</strong> –nunca más volveré a drogarme– o con un “siempre” –te amaré siempre–. Quizás son los adverbios las palabras más importantes de la literatura. Esa pobreza de adverbios hoy es la pobreza de nuestra experiencia. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte', de Karl Marx, en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Oct 2023 19:58:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Sobre los adverbios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Internet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rubiales y el autoengaño masculino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/rubiales-autoengano-masculino_129_1587272.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rubiales y el autoengaño masculino"></p><p>Escojamos una de las muchas y muy desagradables aristas que ha mostrado el <em>caso Rubiales</em>. Me refiero a la medida en que este personaje ha exhibido una suerte de carácter paradigmático de la masculinidad tradicional. Porque, contrariamente a lo que suele decirse, el mayor privilegio masculino no es la capacidad de ejercer violencia directa, la ocupación del espacio público, el uso de la palabra reconocida como válida, el monopolio de poder o el acceso directo o indirecto al cuerpo de las mujeres. Quizás el mayor privilegio consiste más bien en desarrollar un carácter que permita realizar esas acciones. Y es <strong>ese tipo de carácter el que ha permitido a Rubiales ejercer actos de poder contra las jugadoras </strong>y reaccionar como lo ha hecho cuando ha sido cuestionado. ¿En qué consiste ese carácter? </p><p>Un primer rasgo deriva del funcionamiento del poder. Tener poder es siempre, a la vez, creer merecer ese poder. Tener poder es a la vez sentirse legitimado o creerse con derecho a ostentar el poder. No hay poder sin legitimidad: la que otorgan los que lo reciben y la que reclaman los que lo ejercen. Porque, en efecto, como decía muy bien un meme de <a href="https://twitter.com/clararamassm/status/1597210264092704775?s=20" target="_blank">Proyecto Una</a>, “La masculinidad no equivale a la experiencia de poder, sino a la experiencia de merecer el poder”. Pues bien, <strong>Rubiales se cree con derecho a ocupar el espacio, hacer gestos y tratar al cuerpo de las jugadoras como él disponga</strong>. Es soberano de su cuerpo, del espacio y del cuerpo de las jugadoras. </p><p>De ese rasgo se deriva el siguiente. Cuando esa soberanía es disputada, <strong>el sujeto se siente víctima </strong>de un terrible agravio. Se le está cuestionando algo a lo que él <em>tiene derecho</em>. La mayor víctima no es quien ha sufrido su violencia, sino él mismo. La premisa oculta, claro, es que la víctima <em>no tenía derecho</em>: no tenía derecho a disponer del espacio o a decidir sobre el uso de su cuerpo.  Así comprendemos que Rubiales pueda exhibir rabia y ofensa cuando es cuestionado, como hizo en la rueda de prensa. El perseguido es él. <strong>Así comprendemos que el agresor se presente como víctima</strong>. </p><p>Hay un último aspecto que me parece clave. Se trata del autoengaño respecto de la propia posición. El poder desnudo, decíamos, debe enmascararse siempre. El ejercicio del poder no solo exige la búsqueda de legitimidad en quien debe acatarlo, sino también y quizás ante todo en quien lo ejerce. Para ello, el sujeto en una posición de poder aplica sobre sí mismo <strong>una mirada sistemáticamente distorsionada</strong>: no soy un tirano, soy un benefactor, o, al menos, una buena persona. Iris Murdoch ha descrito magistralmente en <em>El mar, el mar</em> este constitutivo autoengaño masculino en el trato con la mujer, especialmente con la mujer amada: tomar permanentemente la palabra por ella, convertirla en un menor de edad, imponer los propios deseos e intereses, despojarla de voluntad y decisión; pero todo ello bajo el manto de una presunta benevolencia, entrega y tranquilidad de conciencia. Del mismo modo,<strong> Rubiales piensa de sí mismo que está siendo gracioso</strong>, galante, gallardo o simpático, y piensa que el mundo es demasiado cobarde o mojigato para comprenderlo. </p><p>¿Qué ocurre entonces cuando alguien cuestiona al sujeto poderoso, como hizo Jenni Hermoso? Que su protesta se topa con el muro de <strong>un sentimiento de impunidad y legitimidad construidas</strong>. La respuesta de Rubiales fue clara. Posiciones defensivas y pasivo-agresivas. Dar la vuelta a la situación para culpar a la víctima. <strong>Atacar a la víctima para quitar el foco sobre uno mismo</strong>. Eludir toda asunción de responsabilidad, de perdón o reparación. Considerarse a sí mismo la propia víctima de procesos persecutorios de diversa magnitud. Explosión de agravio, victimismo y resentimiento. Lo que se ha visto vulnerado para Rubiales no ha sido su cuota de poder objetiva, que al menos hasta la infame rueda de prensa permanecía relativamente intacta, sino su experiencia de creerse con derecho a ejercerlo y la tranquilidad de conciencia respecto de sí mismo. <strong>Su dimisión no cambia mucho las cosas. “Campaña desproporcionada”</strong>, “poderes fácticos que impedirán mi vuelta”, hijas y familia como víctimas, dice en <a href="https://drive.google.com/file/d/1ez1fJvGC5L_Zf0S8AY_GqtHJu3mo-IYh/view?pli=1" target="_blank">la carta</a>. </p><p>En una palabra: <strong>lo que el </strong><em><strong>caso Rubiales</strong></em><strong> demuestra es que los hombres, incluso cuando son agresores, se comportan como si fueran las víctimas</strong>. Por eso, dicho sea de paso, los análisis del malestar masculino y reacción antifeminista que inciden en el deterioro objetivo de las condiciones materiales de la clase trabajadora, el nivel de estudios, suicidios masculinos, etc., no dan en el clavo, porque lo que importa aquí no es la cantidad objetiva de recursos o poder, sino la pretensión de merecerlos y el creerse con derecho a mantenerlos. Es esa pretensión la que, al verse vulnerada, explota como resentimiento y violencia. </p><p>Así, el problema de Rubiales no es que sea un gañán que ejerce un poder grotesco y lo disfrace de actitudes victimistas y manipuladoras: el problema es que no puede aparecer ante sí mismo como un gañán grotesco, violento y manipulador. El problema no es el cinismo de Rubiales, el problema es que Rubiales realmente piensa que tiene motivos para estar ofendido. El problema, en una palabra, es que seguramente Rubiales duerme tranquilo por las noches. <strong>El problema es que Rubiales cree que tuvo dignidad en la rueda de prensa del “no me voy” </strong>y que conserva su dignidad ahora. Es eso lo que debemos tomarnos en serio. Para evitar la disonancia cognitiva, Rubiales debe verse a sí mismo bajo otro prisma. Como se dice en <em>Hamlet</em>: “Cuántas veces, con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas, engañamos al diablo mismo”. Rubiales querría engañar al mismísimo diablo para poder seguir engañándose a sí mismo. Durante mucho tiempo me ha maravillado la frialdad con que pueden ejercerse ciertas violencias. Lo que hoy me maravilla es que dichas violencias se ejercen no solo con la conciencia tranquila, sino con la certeza de que los equivocados son los demás, para empezar, las propias víctimas.</p><p>Cómo eso es posible es el misterio que debemos comprender. Hay que tomarse en serio el enigma, este mundo al revés, el misterio de este autoengaño. <strong>Es la única vía para ser sujetos más libres</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Sep 2023 19:38:19 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Rubiales y el autoengaño masculino]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El barrio 'zombie' del fentanilo y nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/barrio-zombie-fentanilo_129_1564172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El barrio 'zombie' del fentanilo y nosotros"></p><p>Estos días entre julio y agosto tienen el sabor de un <strong>limbo de tiempo detenido</strong>: demasiado cansados de trabajar o demasiado incapaces de desconectar si estamos de vacaciones. En las horas perdidas de <em>scrolling</em>, se percibe que las webs de los medios se nutren, más todavía que lo habitual, de contenidos de diversas redes sociales. Uno de los clips más vistos estos días es el de la visita de un YouTuber al barrio de Kensington en Filadelfia, el llamado “<strong>barrio zombie</strong>”, donde el consumo de <strong>fentanilo </strong>ha dejado una atmósfera propia, se dice, de una temporada de <em>Last of Us</em> o <em>Walking Dead</em>. <strong>Las imágenes son muy duras</strong>. Más allá del morbo que suele despertar este tipo de contenido, ¿qué terrible fascinación despierta en este caso? </p><p>Alguien diría que es el horror de lo ajeno: ese mundo de personas casi inconscientes en la calle es un <strong>mundo de pesadilla</strong> que no es el nuestro. Lo miramos porque, por extraño, lo tememos. Es el morbo de la desgracia ajena. Sin embargo, estas imágenes no son solamente extrañas: no nos son del todo ajenas, sino que de algún modo nos conciernen. Podíamos decir que esas imágenes son siniestras, pues lo siniestro encierra lo familiar mezclado con lo ajeno. Por eso <strong>nos fascina</strong>. Eso que ocurre ahí, intuimos, debe estar conectado con la misma totalidad social que compartimos. No hay compartimentos en el capitalismo avanzado global. Tiene que poder reconstruirse el nexo que conecta esas imágenes con “lo nuestro”. </p><p>¿Y cómo? No sería difícil hacer un análisis desde la sociología, la economía crítica o la geografía urbana que explique la <strong>prevalencia de las drogas en población pobre</strong>, la división del espacio urbano y su relación con la exclusión o el rentable negocio capitalista de mantener estructuras paralegales de tráfico de sustancias. Por otra parte, a estas alturas, todo el mundo ha leído a Roberto Saviano y ha visto <em>The Wire</em>.</p><p>Hay algo más aquí. La conexión es más cercana. Quizás esas miradas vacías, esos <strong>cuerpos </strong><em><strong>depotenciados</strong></em><strong> y esos sujetos quebrados</strong> expresen una verdad más profunda que va más allá de ellos mismos y en la que reconocemos nuestras propias vidas. Cuando Mark Fisher escribe sobre la anhedonia depresiva y las subjetividades rotas del capitalismo tardío, se refiere exactamente a esto. Esas imágenes son quizás <strong>representación real </strong>de lo que ocurre en nuestras vidas en una oficina o una administración: la ausencia de futuro, el vacío existencial, la desolación y la atomización. Ese es el abismo al que miramos cuando vemos estas terribles imágenes: el nuestro. Quizás solo podemos saber algo sobre quiénes somos mirando esas imágenes. </p><p>Seguramente por este mismo motivo no dejamos de consumir productos culturales en torno a <strong>distopías</strong>, escenarios post-apocalípticos, hecatombes zombies o futuros cyberpunk. Cada uno de ellos puede ser más real que las noticias en un periódico: lo aparentemente imaginario nos dice algo real sobre el modo en que está estructurada nuestra realidad social. Los caminos del reconocimiento por el que llegamos a nosotros mismos son torcidos y enrevesados. Las distopías no son sino la <strong>proyección inconsciente de los miedos y angustias más propias</strong>. Es el único consuelo. Es la única manera que nos queda de sentirnos hoy en casa: saber que ya no tenemos ninguna.</p><p>___________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte', de Karl Marx, en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Aug 2023 17:33:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El barrio 'zombie' del fentanilo y nosotros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Drogas,Capitalismo,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un aula propia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/aula-propia_129_1538777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un aula propia"></p><p>Virginia Woolf escribió que una mujer necesita tener dinero y una habitación propia si quiere escribir. También dijo que ninguna puerta ni cerrojo podía imponerse a la libertad de tu mente. Si se conjugan ambas frases, resulta que el ejercicio de la libertad, ella misma capaz de sobrepasar todo límite, requiere de condiciones. ¿Cuáles son esas condiciones? <strong>“Dinero y una habitación propia”</strong>: no tener que destinar el total del tiempo y las fuerzas a la propia supervivencia. La versión universalizada de una habitación propia es un aula de colegio o una consulta de hospital. Allí se nos acoge, se nos cuida y se nos dan las herramientas con que diseñar nuestra propia vida, <strong>nuestra propia libertad</strong>. Se hace cuando estamos enfermos y cuando somos pequeños, porque la salud y la mayoría de edad (no meramente biológica: el coraje de servirnos del propio entendimiento, decía Kant) son pre-condiciones de la libertad. <strong>Con ello, literalmente, se nos salva la vida, es más: se nos enseña por qué vale la pena vivir</strong>.</p><p>Hace un año, a propósito de otra cuestión, reflexionábamos sobre la importancia de tener un <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/importancia-nombre-propio_129_1250726.html" target="_blank">nombre propio</a>. Decíamos que hay dos extremos que ahogan la posibilidad de decir “yo” con libertad: por un lado, <strong>la limitación que imponen condiciones materiales</strong> como la pobreza, la precariedad, la ausencia de oportunidades; por otro, la inercia que condena a quienes solo viven de rentas heredadas, materiales o espirituales, y tienen ya todo hecho antes de comenzar. La incapacidad de poder ser escuchado por el nombre propio o el exceso de apellidos: ambos ahogan la libertad. </p><p>Pues bien, recientemente contemplamos con estupor el proyecto político diseñado al milímetro para <strong>impedir que quien no tenga ya apellidos pueda labrarse un nombre propio</strong>. Es el proyecto de Isabel Díaz Ayuso. La conocemos ya en lo que concierne a la sanidad. En educación, varias noticias recientes son estremecedoras: ha dado 30,5 millones a becas de la FP privada mientras 30.000 alumnos se quedan sin plaza pública; ha eliminado el Bachillerato nocturno presencial; ha eliminado la enseñanza presencial en cinco Escuelas Oficiales de Idiomas, especialmente en las zonas este y sur de la Comunidad de Madrid. Hay ejemplos que tienen la virtud de elevarse a paradigmas. <a href="https://www.huffingtonpost.es/virales/le-llueven-me-gusta-replica-ayuso-eliminar-bachillerato-nocturno-presencial.html" target="_blank">Escribía</a> un usuario en respuesta a la noticia: “Cuando tenía 17 años mi madre tuvo un accidente y la sustituí en la frutería familiar. Me saqué el bachillerato y la carrera de Periodismo en el nocturno mientras por la mañana trabajaba. <strong>El nocturno es la segunda oportunidad para mucha gente sencilla. Eliminarlo es una crueldad</strong>.” En tres líneas, se ha resumido el problema. Eliminar plazas de FP pública, bachillerato nocturno o clases de idiomas en ciertas zonas es, simple y llanamente, cercenar de raíz la posibilidad de que <strong>gente humilde acceda a una oportunidad</strong>. Es cercenar la posibilidad de que gente humilde, sin apellidos, acceda a un nombre propio. </p><p>Eso es la educación: ganarnos el derecho a hacer uso de nuestro propio entendimiento, de gobernarnos a nosotros mismos, de elegir cómo queremos configurar nuestra vida para que no sea otro quien lo haga por nosotros. Decía Kant que la mayoría de edad consistía en liberarse de la tutela de padres, autoridades y ancestros. <strong>Hoy la autoridad es más invisible y a la par más asfixiante: no es un quién, es un qué</strong>. Es el golpeo sordo de la precariedad, es el ritmo ciego y mecánico de la supervivencia material, son los ritmos acelerados de las demandas del mercado laborar quienes marcan nuestro compás vital. La posibilidad de liberarnos un espacio de autonomía pasa por tener, además de una habitación propia, un aula de escuela y una consulta médica propias. Y no olvidemos que hay quienes tienen como único proyecto político <strong>aplastar la posibilidad de que la gente humilde acceda a una habitación, a un aula y a una consulta médica propias</strong>. </p><p>___________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte', de Karl Marx, en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jul 2023 17:36:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un aula propia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pacto ya es lo de menos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/pacto_129_1520373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b4c58d02-8f64-4e7d-9f4d-e0c948ea88b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pacto ya es lo de menos"></p><p>En un primer momento, teniendo a la vista argumentos técnicos y de cálculo de escaños, la preocupación principal era que la situación pudiera desbloquearse y Sumar y Podemos alcanzaran un pacto. <a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/etica-conviccion-etica-responsabilidad_129_1517913.html" target="_blank">Yo misma argumenté</a> a favor de ello hace un par de días. Pero el clima ha cambiado en poco tiempo, y ahora hay que tener en cuenta motivos de índole política que pesan aún más que los técnicos y que pueden redibujar las previsiones. Un estado de ánimo predomina entre analistas y comentadores: <strong>el desánimo y, lo que es peor, la vergüenza.</strong> Elizabeth Duval decía el viernes que la única esperanza de aquí al 23J es que la izquierda deje de dar vergüenza. </p><p>Por decirlo claramente: si Podemos continúa con la actitud destructiva que ha mostrado esta semana, lo de menos será ir en coalición, porque esa actitud por sí sola puede destruir la campaña. Si siguen así, Podemos puede lograr que se pierdan las elecciones. <strong>Como me hundo, destruyo al de al lado; destruyo y me autodestruyo; morir matando. </strong></p><p>Sumar ha hecho la oferta que podía hacer, ofreciendo condiciones adecuadas a la correlación de fuerzas y la rendición de cuentas que suponen los resultados electorales de las autonómicas y municipales. Sus aliados se mantenían en una posición constructiva y discreta, aceptando lo ofrecido. En cambio, <strong>desde el principio Podemos boicoteó las conversaciones</strong> (por no remontarnos a la nefasta actitud desde que Yolanda Díaz fue nombrada sucesora). El farol de unas supuestas conversaciones con ERC que ERC tuvo que apresurarse a desmentir. La astracanada de presentarse en solitario en la Comunidad Valenciana, donde han obtenido exactamente cero escaños el 28M. El estiramiento de las negociaciones hasta horas antes del cierre del plazo. La consulta a sus bases, que por cierto desde 2017 se realizan sin auditorías externas, cuando el plazo de las conversaciones ya estaba prácticamente agotado, solamente para enturbiar y ganar tiempo. Y, por supuesto, <strong>Pablo Iglesias desde fuera acusando a Más Madrid, Comunes y Compromís de falsos vetos</strong> y desmintiendo las declaraciones de los propios órganos de Podemos, de modo que cada uno de sus comentarios en medios condicionaba los pasos del acuerdo. </p><p>Requeriría un comentario aparte por qué Pablo Iglesias tiene que dirigir de este modo el devenir político de Podemos. Retuiteaba a Ione Belarra: “Toda la confianza en vosotras, compañeras”. Toda la confianza, Pablo, significaría dejar de entrometerte en la dirección que a Podemos quieran dar sus actuales cargos orgánicos y, especialmente, secretaria general; lo cual resulta especialmente sangrante cuando toma <strong>esos tintes de condescendencia masculina hacia una mujer </strong>a la que <em>de facto</em> no permites dar ni un paso sola sin tu visto bueno. </p><p>En estos momentos, creo que puede constatarse, no sin amargura, no sin resignación, que el pacto en sí es ya casi lo de menos. El viernes conocimos que finalmente, a última hora, Podemos se integraba en la coalición de Sumar. <strong>Debería ser el primer paso para el optimismo. </strong>Y, sin embargo, si algo nos han demostrado las últimas 48 horas, es que el cierre o no del pacto ni siquiera va a ser lo más decisivo. A esta hora (ya no se puede decir ni siquiera en el día de hoy, porque el asunto cambia por horas), lo último que hemos conocido es la carta que Ione Belarra ha enviado a los inscritos, en la que anuncia que su partido “no acepta el veto” a Irene Montero y que presionará “hasta el último minuto” para que la acepte en las listas. <strong>Continúan igual</strong>: como escribió Antonio Maestre hace ya 10 días, se demuestra que lo único que importaba realmente era los nombres propios: <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/unidad-desestructurada-izquierda_129_10257176.html" target="_blank">mantener a Irene Montero</a>. Este es exactamente el espectáculo vergonzoso por el que cada día se pierden votos. Como decía este periodista, Podemos debe cesar de operar como si se tratara de mantener los sillones para <a href="https://twitter.com/AntonioMaestre/status/1667170245553840131?s=20" target="_blank">un negocio familiar</a>. <strong>El 23J no es la venta de Waystar RoyCo en </strong><em><strong>Succession</strong></em>. Podemos no es la familia Roy defendiendo como tigres sus intereses privados familiares en el consejo de accionistas. ¿O sí? Esto tiene que parar: el 23J se juega la posibilidad de evitar un gobierno PP-Vox. No podemos perder ni un día más. No podemos ver ni un palo en las ruedas en la campaña: ni por ir a tales o cuales televisiones, por hacer actos de tal o cual manera o por qué banderas se sacan. Simplemente, no nos lo podemos permitir. A menos que se trate de la hipótesis más oscura: que Podemos prefiere un gobierno de extrema derecha que le permita volver a los cuarteles de invierno y reconstituirse. Me temo que, con este espectáculo, a estas alturas la carga de la prueba está en su tejado. </p><p>En todo caso, hecho el pacto con mimbres frágiles, hay ahora entonces tarea si cabe mayor: unir fuerzas en una campaña decisiva para mantener el Gobierno. Como argumenta este sábado <a href="https://www.infolibre.es/opinion/columnas/buzon-de-voz/izquierda-23j-derogar-derrotismo_129_1520145.html" target="_blank">Jesús Maraña</a>, los datos del 28M no muestran una victoria tan aplastante del PP como a ellos les gustaría. Hay partido, siempre que el bloque progresista aproveche al máximo sus capacidades. Hay puntales de gestión a los que agarrarse. El gobierno de coalición ha tenido que enfrentar desafíos terroríficos como una pandemia o una guerra en Europa y, pese a los errores, los aciertos han sido notables. El mantenimiento de los precios de la energía, la reforma laboral, la subida del SMI, los ERTES. <strong>El PSOE debe sacar pecho y Sumar debe hacer lo propio</strong>, pues no cabe duda de que los logros de Yolanda Díaz como ministra de Trabajo son el mayor aval para la coalición. Todo lo que no trabaje en esa dirección demostraría, de nuevo,<strong> la más profunda irresponsabilidad respecto del país. </strong></p><p>_______________________________</p><p><em><strong>Clara Ramas San Miguel</strong></em><em> es filósofa, política, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y autora del ensayo 'Fetiche y mistificación capitalistas. La crítica de la economía política de Marx' (</em><a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/fetiche-y-mistificacion-capitalistas_51648/" target="_blank"><em>Editorial Siglo XXI</em></a><em>). Acaba de traducir y publicar también una edición de 'El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx' en la </em><a href="https://www.akal.com/libro/el-18-brumario-de-luis-bonaparte_52565/" target="_blank"><em>editorial Akal</em></a><em>.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2023 18:40:05 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Clara Ramas San Miguel]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[23J | Elecciones generales,Sumar,Podemos,Yolanda Díaz,El futuro de la izquierda]]></media:keywords>
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