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    <title><![CDATA[infoLibre - Frans van den Broek]]></title>
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      <title><![CDATA[Zorros y erizos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/zorros-erizos_1_1159851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cbbf2865-1674-46f4-93da-c51ac7f4ff74_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Zorros y erizos"></p><p><strong>La llamada de la tribuMario Vargas LlosaAlfaguaraMadrid2017</strong><em>La llamada de la tribu</em></p><p>  </p><p>Además de su conocida labor como creador de ficciones, en forma de novelas sobre todo, si bien ha escrito libros de relatos y ha incursionado en el teatro, <strong>Vargas Llosa</strong> ha desarrollado una constante actividad ensayística y periodística. Con regularidad publica en distintos diarios del mundo su serie de artículos llamada Piedra de toque, en los que analiza sobre todo sucesos contemporáneos o cosas que ha experimentado recientemente. Sus ensayos han tenido sobre todo temas literarios, pero es sabido que a Vargas Llosa le ha interesado siempre la política, la cual forma también una buena parte de sus trabajos narrativos. Una de las mejores novelas de contenido político del siglo veinte latinoamericano es <em>Conversación en La Catedral</em>, y en sus artículos periodísticos comenta a menudo la situación política de varios países. Vargas Llosa fue incluso candidato a la presidencia de Perú, al frente de una plataforma liberal que se rebelaba en contra de las políticas nacionalizadoras del presidente <strong>Alan García</strong>.</p><p>El libro que nos ocupa, <em>La llamada de la tribu</em>, es de contenido político y constituye una especie de autobiografía político-intelectual, en el que expone lo que considera más importante del pensamiento de escritores que le han influido en su conversión al liberalismo. Vargas Llosa, al contrario que muchos escritores latinoamericanos, ha recorrido una trayectoria política que no es común en la intelectualidad de Latinoamérica. Tuvo simpatía por el régimen cubano cuando la revolución de Castro tomó el poder, pero muy pronto se desencantó, por las maneras dictatoriales que adquirían los regímenes socialistas, y sobre todo por la instauración de la censura en el caso de <strong>Heberto Padilla</strong>. Muchos escritores de América Latina y del mundo sostuvieron posiciones más bien izquierdistas, algunos incluso radicales y se dio casos como el de <strong>Sartre</strong>, quien también influyó en la formación intelectual de Vargas Llosa, que apoyaron regímenes a todas luces dictatoriales y justificaron atrocidades hechas en nombre del proletariado y por mor de la revolución socialista. Vargas Llosa fue uno de los pocos que denunciaron desde muy temprano los excesos autoritarios de los gobiernos así llamados socialistas. En este camino desde un tímido socialismo a lo que Vargas Llosa considera el pensamiento liberal le ayudaron varios autores, que son los que aparecen en este libro, todos expuestos de manera más bien hagiográfica, admirativa, y basando sus datos en más completas biografías, que él resume con soltura.</p><p>El primer autor que le ocupa es <strong>Adam Smith</strong>, el que le sirve para introducir una de las ideas principales de todo el libro: la libertad política y comercial requieren de un estado que se reduzca al mínimo y que se restrinja lo máximo a la hora de intervenir en el mercado y en la sociedad. El estado debe ser funcional y limitado, de lo contrario se convierte en un peligro para el ciudadano y para la democracia. El capitalismo solo puede prosperar en un clima de libertad, y con ello favorecer al conjunto de la población. En cuanto el estado maniata el mercado se suceden todas las enfermedades de sociedades disfuncionales.</p><p>Vargas Llosa continúa luego con el filósofo <strong>José Ortega y Gasset</strong>, de quien dice que se le ha arrumado injustamente en el rincón de las antiguallas, mientras que considera que muchas de sus ideas tienen enorme relevancia para el mundo actual. En libros como <em>La España invertebrada </em>y <em>La rebelión de las masas</em> analiza fenómenos que siguen siendo pertinentes para comprender la situación actual, como el resurgimiento del independentismo o la vigencia del espíritu tribal y superficial. De igual manera, en ensayos como <em>La deshumanización del arte</em> Ortega pudo apreciar un fenómeno que incluso hoy sigue dando que hablar: baste ver en lo que se ha convertido el así llamado arte contemporáneo, en el que un tiburón en un estanque pasa por arte, como para comprender que Ortega tuvo una visión profética y clara de lo que iría a suceder en el mundo del arte y en la sociedad en general. Vargas Llosa recalca además el hecho de que Ortega escribiera sobre temas complejos en un lenguaje diáfano, muy lejano del lenguaje esotérico con que escriben muchos filósofos hoy en día.</p><p>Vargas Llosa afirma que si le preguntaran qué pensadores modernos han influido más en sus ideas políticas, no dudaría un instante: <strong>Karl Popper, Friedrich August von Hayek </strong>e <strong>Isaiah Berlin</strong>, a quienes dedica también su correspondiente capítulo en este libro. Tras las que llama ilusiones y sofismas del socialismo, en las que alguna vez creyó, se puso a buscar filosofías de la libertad que pudieran congeniar los contradictorios valores de la igualdad y la libertad, la justicia social y la prosperidad. A su parecer ninguno fue tan lejos como Hayek, cuya tesis expresada en su panfleto <em>Camino de servidumbre</em>, ha sido, según Vargas Llosa, probada una y otra vez: "que la planificación centralizada de la economía socava de manera inevitable los cimientos de la democracia y hace del fascismo y el comunismo dos expresiones de un mismo fenómeno, el totalitarismo, cuyos virus contaminan a todo régimen, aun el de apariencia más libre, que pretenda ‘controlar’ el funcionamiento del mercado", en sus palabras. Vargas Llosa recuenta la confrontación entre Keynes y Hayek, pues el primero sí le atribuía una función positiva al intervencionismo estatal, algo que Hayek aceptaba, pero diferían en los límites de dicha intervención. Hayek, nos dice, era un hombre de ideas radicales, operando en un clima intelectual en el que las ideas de Keynes eran prevalecientes, y su radicalismo le llevó a cometer también grandes errores. Afirmó, por ejemplo, que una dictadura que practique una economía liberal es preferible a una democracia que no lo hace, y llegó a decir que bajo la dictadura de <strong>Pinochet</strong> en Chile había más libertad que en el gobierno populista y socializante de <strong>Allende</strong>. Fuera como fuere, Hayek tenía un gran respeto por Keynes y el debate entre ambos sirvió también para alimentar la discusión intelectual de mediados del siglo pasado.</p><p>El libro le dedica páginas muy elogiosas a Karl Popper, sobre todo por su libro <em>La sociedad abierta y sus enemigos</em>, en el que Popper analiza las razones que pueden llevar a una sociedad al totalitarismo. Se detiene Vargas Llosa en breve en la filosofía de la ciencia de Popper, que gira en torno al concepto de falsificación, esto es, la necesidad de que toda hipótesis o conjetura tenga que compulsarse con la experiencia. Llevado a la política, esto se traduce en la necesidad de mejorar la sociedad de a pocos, confrontando las medidas políticas con la realidad, siempre conscientes de que bien podrían ser medidas erradas que la aplicación en el mundo real desmienten. Esto en contraste con las ideas comunistas y fascistas de cambiarlo todo siguiendo patrones ideológicos que más tienen de metafísicos que de políticos. El sano escepticismo de Popper le despierta simpatía, porque evita quimeras y llama al sentido común y a la racionalidad tentativa, y al intercambio de ideas democrático de las sociedades libres. Como defensor del individualismo y de la libertad individual en una sociedad democrática, Popper también desconfiaba de lo que Vargas Llosa llama la llamada de la tribu, de todo tipo de nacionalismos y clamores por identidades colectivas.</p><p>Luego, Vargas Llosa se vuelca sobre la figura de <strong>Raymond Aron</strong>, de quien admira su tenaz defensa de ideas liberales en un ambiente intelectual de tendencias izquierdistas, en el cual Raymond Aron era vilipendiado y rechazado. Nos recuerda uno de sus libros fundamentales, <em>El opio de los intelectuales</em>, en el que Aron fustiga el fanatismo y analiza la actitud de los intelectuales frente al poder y al Estado desde la Edad Media, y compara al intelectual sometido a los dogmas del partido con el intelectual escéptico, esto es, libre, que se permite la crítica incluso (y sobre todo) de las propias ideas. Aron consideraba al marxismo una religión secular, y polemizó ardientemente con intelectuales como Sartre, quien llegó a defender la necesidad de los gulag debido a la lucha a muerte del proletariado con la burguesía. Aron jamás transó con las justificaciones ideológicas que coartaban la libertad individual y el pensamiento, y denunció tanto los fanatismos de la derecha como de la izquierda, algo que admira Vargas Llosa. Aron critica conceptos clave del marxismo, como el que llama el mito de la función rectora del proletariado, en el que reconoce orígenes mesiánicos, más producto de la tradición judeocristiana que de una fundamentación científica, lo que le convierte en un acto de fe. Los proletarios de la URSS, además, al llegar al poder antes que liberarse de un totalitarismo zarista lo remplazaron por la dictadura de las élites del partido único comunista. Aron, como los otros pensadores mencionados, desconfía de las ideologías que le atribuyen un sentido único a la historia, que terminará con la dictadura del proletariado, y le parece simplista atribuir a un solo factor, la lucha entre la burguesía y el proletariado, la función de motor de la historia. Vargas Llosa considera que Aron es un llamado de alerta contra el dogmatismo ideológico que legitima mitos de revolución y promueve la centralización. Por ello, cuando estalla la revuelta de mayo del 68, Aron se muestra incandescente e intransigente con las ideas comunes que agitan este periodo de la historia reciente Francia.</p><p>El siguiente capítulo lo dedica a un pensador por el que demuestra mucha admiración y respeto, Sir Isaiah Berlin, a quien llama el filósofo discreto. Berlin consideraba que las ideas tenían gran importancia en el desarrollo de la historia, y dedicó a la historia de las ideas buena parte de su vida intelectual como en su libro <em>Russian Thinkers</em>, en el que analiza el mundo intelectual de la Rusia de fin del siglo diecinueve y comienzos del veinte. De Berlin dice que su obra nos da la impresión de no poseer un pensamiento propio, pues expone con equilibrio las ideas de los demás, pero esta es una impresión que compara con el ideal flaubertiano de desaparecer al autor en sus personajes. Para Berlin los personajes son ideas, por lo que sus ensayos, según Vargas Llosa, se leen como novelas, con trama y acción incluidos. En Berlin también reconoce el saludable escepticismo de Popper, pues para Berlin las grandes utopías e ideologías son más bien ilusiones metafísicas, que no soportan la confrontación con la realidad. El verdadero progreso, para Berlin, se ha conseguido no por revoluciones cataclísmicas que pretenden cambiarlo todo de manera centralizada, sino gracias a "una aplicación sólo parcial, heterodoxa, deformada, de las teorías sociales. Los sistemas ideológicos tienen siempre un requisito para lograr este progreso, y es que esos sistemas fueran flexibles, pudiendo ser enmendados, rehechos, cuando pasaban de lo abstracto a lo concreto y se enfrentaban a la experiencia diaria de los seres humanos. El cernidor que no suele equivocarse al separar en esos sistemas lo que conviene o no conviene a los hombres es la razón práctica". Aunque Berlin atribuía una importancia fundamental a las ideas, éstas debían someterse al entrar en contradicción con la realidad, pues si ocurría lo contrario llegaban las guillotinas y los paredones. Berlin acuñó los conceptos de libertad negativa y positiva, que Vargas Llosa expone con claridad, a pesar de ser algo abstrusos en primera instancia, y recuerda la división que Berlin hizo de los zorros y los erizos, en su ensayo sobre <strong>Tolstoi</strong>. La libertad negativa está relacionada con la limitación de la autoridad del estado, que permita al individuo decidir su destino como le plazca, la positiva está más bien relacionada con las constricciones que impone la realidad social a lo que el individuo quiera hacer. Los zorros son aquellos intelectuales que lo saben todo, que tienen un conocimiento más bien amplio y disperso, que utilizan para su labor intelectual, mientras que el erizo sabe bien una sola cosa, posturas que Berlin compara con pensadores que analiza. A quienes alumbra una sola gran idea, que pretenden aplicar en todo terreno, les llama erizos, filósofos como <strong>Hegel</strong>, por ejemplo, quien con el mismo aparato conceptual intenta analizarlo todo, desde la historia hasta la naturaleza.</p><p>El libro se cierra con un capítulo dedicado a <strong>Jean-François Revel</strong>, escritor francés que se convirtió en uno de los más formidables polemistas de la Francia de la posguerra. Se alejó del mundo académico y se hizo periodista y ensayista político, en un mundo intelectual en el que campeaban por sus fueros las teorías abstrusas y escritas en lenguaje incomprensible, como el estructuralismo o el existencialismo, por lo que su combate, nos dice Vargas Llosa, fue bastante incomprendido y solitario. Revel privilegiaba los hechos a las teorías, y en cuanto le parecía que las ideas se alejaban de la realidad las criticaba de manera implacable. Escribió un libro mordiente, <em>¿Para qué los filósofos?</em>, de una ferocidad crítica a la manera del mejor <strong>Voltaire</strong>, al que podría calificarse de panfleto, si a esta palabra la despojamos de su connotación negativa. Revel critica las modas intelectuales de su época, que según él arrastraban a la filosofía a ignominiosos niveles de artificialidad y esoterismo, lo que constituía una especie de suicidio. No era difícil en su época encontrarse con escritos y afirmaciones cuyo único propósito parecía ser impresionar al lector por la novedad absurda, algo que Revel condenaba con acidez. Al contrario que aquellos a los que criticó con mordacidad feroz, su estilo siempre fue claro y asequible, incluso cuando trataba con ideas complejas. Revel fue acusado de ser un conservador de derechas intransigente, pero nunca lo fue. Es más, en su juventud militó en el socialismo y consideraba que el peor obstáculo para el triunfo del socialismo no era el capitalismo sino el comunismo dictatorial. Lo que quería era reorientar en el buen camino la lucha en favor del progreso, la justicia y la libertad, lucha que se había extraviado más por males de la propia izquierda que por astucias del enemigo capitalista. Para Revel los peores enemigos de la sociedad liberal no eran los enemigos externos, como las dictaduras del tercer mundo, sino los objetores internos de la <em>intelligentsia</em> de los países libres, quienes se especializaban en criticar a las democracias con argumentos torcidos y algo que solo podía considerarse un odio a la libertad.</p><p>Este libro de Vargas Llosa representa una especie de ensayo autobiográfico de los pensadores que más han influido en su formación política. Está muy bien escrito y la exposición de los autores que trata es clara, sin dejar de exponer ideas complejas y relevantes. Si algo puede criticársele es que deja de lado la importante influencia que ha tenido el socialismo en la construcción de la sociedad moderna, sobre todo en las sociedades prósperas. La sociedad del bienestar es consecuencia de la diseminación política de ideas de libertad e igualdad que provienen de pensadores socialistas, y en este libro parece implicarse que todo aquello que tenga que ver con socialismo es inevitablemente dictatorial, lo cual no es cierto. Países como Suecia u Holanda, donde nadie se muere de hambre y existe un sistema que asegura la protección del ciudadano en cualquier circunstancia, no hubieran sido posibles sin la presencia de ideas igualitarias de cuño socialista en el mundo político que conformó sus sistemas de estado. Tiene razón Vargas Llosa, como la tienen los pensadores de los que escribe, en denunciar los sistemas que se autodenominaron socialistas y devinieron dictaduras espantosas. También en denunciar teorías e ideas que pretenden englobar toda la realidad histórica y social en un solo sistema. Sin embargo, una visión más equilibrada debiera haber dado su lugar también a las ideas socialistas que ejercieron y siguen ejerciendo un efecto positivo sobre las sociedades en las que están presentes. Por supuesto, ese no era el propósito del libro, sino exponer aquellos que le influyeron políticamente, pero quien lo lea puede llevarse una imagen errada de lo que ha significado el socialismo como idea rectora a lo largo de la historia. Con todo, es un libro que merece la pena ser leído y que se suma a una obra ensayística excelente y una trayectoria narrativa que ha sido reconocida de muchas maneras, desde el premio Nobel hasta las cifras de ventas de sus excelentes novelas.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Jun 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[Un extraño nirvana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/extrano-nirvana_1_1158054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ebd467-cd42-499c-9f11-21af44f81e60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un extraño nirvana"></p><p><strong>Más maldito karmaDavid SafierTraducción de María José Díez PérezSeix BarralBarcelona2017</strong><em>Más maldito karma</em></p><p>Para algunas personas todavía existe el estereotipo de que los alemanes carecen de sentido del humor, aun cuando exista evidencia de lo contrario en su tradición artística en general. Pero si alguien desea desmantelar aquel estereotipo definitivamente tiene que leer a <strong>David Safier</strong>, uno los escritores alemanes que más libros ha vendido en los últimos años, con novelas de un humor fantástico en las que los seres humanos se reencarnan en animales y los animales hablan como seres humanos. También es guionista de televisión y ha ganado prestigiosos premios por ello. La obra de Safier ha hecho reír a millones de personas, incluidos los hispanohablantes por sus previas traducciones, y se ha convertido en uno de los mejores escritores humorísticos de Europa.</p><p>La novela que nos ocupa no es exactamente una secuela de una novela previa titulada en español <em>Maldito karma</em>, en la que juega con la idea de la reencarnación, la cual dependiendo del karma se efectúa en un animal de uno u otro nivel de evolución, o en otro ser humano si se han acumulado los méritos necesarios. Por supuesto, la idea de karma que le sirve de estrategia narrativa es una simplificación de la noción de karma que aparece en los escritos sagrados hindúes, pero Safier no pretende exactitud teológica alguna, sino hacer reír al lector, lo que logra con creces.</p><p>Los protagonistas de esta novela son una actriz de segunda, llamada Daisy Becker, en su veintena, que lucha por sobrevivir debido a la carencia de contratos, lleva una vida desordenada, fuma marihuana, bebe, se acuesta tarde y no tiene reparos en dejar de pagar la renta a sus amigas que comparten piso. Su vida amorosa es además un desastre, satisfecha con llevarse hombres a la cama de vez en cuando, solo por el sexo. Al comienzo de la novela le llama su agente preguntándole si habla francés, a lo cual miente que sí, solo para conseguir una parte en una película de James Bond, cuyo actor principal es Marc Barton, una superestrella del cine. Llega tarde a la audición, en un taxi que no puede pagar, y al último momento Barton decide eliminar la escena en donde ella aparece. El taxista la persigue en el estudio de grabación y ella se mete al camerino del superestrella, donde hay un perrito que empieza a morderle la pierna, la que ella sacude con tal fuerza que el perro acaba estrellado contra la pared y muerto. El actor vuelve a su camerino y descubre a su perro muerto, lo que le hace odiarla sin tapujos. Ella huye, pero la agobia el sentimiento de culpa. Otro día, después de haber tomado una buena cantidad de alcohol, se atreve a esperar al actor antes que este coja su Lamborghini y en cuanto este parte, se mete en su coche, para intentar pedirle perdón por su perrito. El actor se muestra consternado por su presencia y descuida la conducción de su rápido auto, y acaba estrellándose, con lo cual ambos mueren en el accidente.</p><p>Lo que sigue después son una serie de reencarnaciones de ambos, que les hacen transitar por diferentes estratos biológicos y vivir muchas aventuras absurdas, las que acometen juntos, a pesar de que Barton detesta a Daisy. En el transcurso de la novela se aligeran las animosidades y empiezan a cooperar con más gusto. Después del accidente se reencarnan en hormigas, hecho que tendría que obligarlas a ir a la guerra, a lo que se niegan. Buda mismo aparece en la novela en momentos clave para conversar con la pareja e informarles que han acumulado mal karma, por lo que todavía les quedaría un buen tiempo en el reino animal. La única salida de su condición es acumular buen karma, pero ¿cómo hacerlo habitando cuerpos de animales? Además, la mujer de Barton se va acercando sentimentalmente a un chico que adoraba a Daisy, aunque ella no le hizo caso jamás, algo de lo que ahora se arrepiente al constatar la calidad humana del muchacho. Se proponen entonces impedir que surja algo amoroso entre ellos, para lo cual idean planes cada cual más loco, lo que ocasiona también que mueran de nuevo, para ascender en la escala a los pájaros, los peces y luego a los mamíferos, no sin pasar por caracoles y finalmente, por su buen karma, llegan ambos a reencarnarse en otros seres humanos, una pareja de inmigrantes obesos, la mujer embarazada y a punto de dar a luz un hijo.</p><p>La novela tiene muchos diálogos, cada cual más efectivo en su sentido humorístico, y no faltan especulaciones de filosofía vital, sobre todo de parte de Daisy. Se encuentran incluso con <strong>Casanova</strong>, todavía reencarnado en una hormiga y Daisy reconoce a su madre reencarnada en un oso panda. No todos los animales son reencarnaciones, pero abundan quienes lo son, como una hormiga de carácter bruto que viene reencarnándose desde la prehistoria. La novela, por supuesto, no es solo un medio para suscitar la risa, sino que pone en la piqueta reflexiva la superficialidad de la sociedad del espectáculo y las celebridades, a la vez que nos hace preguntarnos con humor por el sentido de la existencia, algo que tanto Daisy como Marc habían perdido de vista antes de morir y reencarnarse, pero que reencuentran tras las peripecias de sus reencarnaciones. Tanto Daisy como Marc han sido acusados por sus parejas o amigos de ser incapaces de amar, de entregarse a otra persona, por egoísmo o simple ignorancia. Al final, habitantes de cuerpos que no son los suyos, y hechos padres sin habérselo propuesto, descubren que el amor es lo único que da sentido a la vida, o como lo dice Safier al final de la novela, no es necesario el nirvana para acceder al nirvana, sino el amor, y el amor requiere un poco de valor. Con esta reflexión concluye la novela, Daisy y Marc reencarnados en otros cuerpos y conformando una familia. Esta novela no solo derrocha humor, sino también ternura, lo que la hace altamente recomendable.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 107]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Adiós al pasado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/adios-pasado_1_1156588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/62f669a4-b18c-4122-90ed-8c8ad92efff0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adiós al pasado"></p><p><strong>La decadencia de Nerón GoldenSalman RushdieTraducción de Javier Calvo PeralesSeix BarralBarcelona2017</strong><em>La decadencia de Nerón Golden</em></p><p>En la nueva novela de <strong>Salman Rushdie</strong>, <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-decadencia-de-neron-golden/256477" target="_blank">La decadencia de Nerón Golden</a>, confluyen tantos temas y técnicas literarias, así como niveles de referencia e interpretación, que resulta difícil resumirla o asignarle una categoría clara. La novela está narrada desde el punto de vista de un joven aspirante a director de cine, quien vive en una zona de Nueva York en la cual varias casas comparten Los Jardines, una especie de parque común. Este joven dice llamarse René Unterlinden, hijo de belgas profesores, quienes más tarde en la novela morirían ambos en un absurdo accidente de tránsito, convirtiéndole en huérfano temprano. Esta es una de las líneas narrativas de la novela, la vida de René, sus amores, pensamientos, aspiraciones.</p><p>La otra línea narrativa principal la constituye la vida de la familia Golden, también habitantes que comparten Los Jardines y que desde el primer instante fascinan a René, decidiendo averiguar todo sobre ellos, pues le parecen material perfecto para una película. Así es que se inmiscuye en sus vidas y hasta llega a tener un rol muy importante en las mismas. Nerón Golden llega a Nueva York desde un país que no quiere nombrar, ordenando a sus hijos que ni siquiera lo mencionen. Muy pronto nos enteramos que proceden de la India, de Mumbai/Bombay, país del que han decidido emigrar por varias razones, algunas no precisamente santas, pero la razón aparente es la muerte de la madre de dos de los tres hijos en el ataque terrorista a Mumbai, en concreto al hotel Taj Mahal, donde la madre se encontraba al momento del ataque. Nerón Golden es un multimillonario que ha hecho su fortuna en la construcción, sin reparar demasiado en las demandas de la ley y utilizando la corrupción endémica de su país. Se hace, además, amigo de mafiosos, a los que sirve de varias maneras, sobre todo lavando dinero. Estas conexiones le costarían caro más tarde en la novela.</p><p>Al emigrar deciden todos cambiarse de nombre, en un intento de enterrar sus identidades anteriores. Este es uno de los temas principales de esta obra, el de la identidad, en varios niveles, nacional, sexual, profesional. El nombre de Nerón alude por supuesto al emperador romano, como romanos son los nombres que tomarían también sus tres hijos, Petronius, Lucius Apuleyus y Dioniso; luego se harían llamar Petya, Apu y D. Nerón es un hombre ambicioso y descreído, de origen musulmán, e inescrupuloso. La familia intenta insertarse en la sociedad americana, pero todos trasgreden los límites de la normalidad. Petya es autista y agorafóbico, si bien un genio de la programación de videojuegos, Apu es artista, aunque preocupado por el pasado de su familia, y D no está seguro acerca de su identidad sexual. Nerón es un hombre prepotente y poco dado al compromiso. René se hace amigo de los hijos y empieza a descubrir poco a poco las peculiaridades de tal familia, a la que ha hecho objeto de su curiosidad artística. La familia arriba a los Estados Unidos cuando <strong>Obama </strong>accede al poder y la novela se extiende hasta el momento en que <strong>Trump</strong>, a quien nombra Joker en la novela, gana las elecciones en un país dividido, en el que los peores rasgos de la sociedad americana se hacen transparentes y decisivos.</p><p>Nerón ya es un hombre viejo, pero conoce a una mujer rusa, Vasilisa, quien le seduce y consigue casarse con él. Esto causa cierta conmoción en la familia, pero Nerón no admite disensiones y Vasilisa es demasiado astuta e inescrupulosa, al igual que su marido, como para permitir que nadie ponga en peligro su posición. En cierto momento, Vasilisa anhela un hijo. El problema es que Nerón ya está mayor y según las pruebas médicas, incapaz de impregnar a una mujer. Es aquí que el rol de René deja de ser el de mero espectador para convertirse en pieza fundamental de la segunda parte de la novela. Vasilisa le propone que sea él quien la impregne, bajo estricto secreto. Dada la belleza de Vasilisa, René accede, a espaldas de su novia, y se encuentran con regularidad hasta que se aseguran un embarazo. Nerón no tiene idea de lo que sucede y recibe a la nueva criatura con júbilo. El poder de Vasilisa no hace sino crecer a raíz de esta circunstancia y trae incluso a su madre para que le ayude con la crianza del niño. Nerón está envejeciendo y perdiendo sus facultades.</p><p>Sucesos trágicos afectan a la familia, comenzando por la muerte de Apu y su novia, quienes habían viajado a Mumbai para conocer mejor el pasado de su familia, solo para ser objeto de una venganza, un mensaje a Nerón de que no se habían olvidado de él y de su traición a la mafia. La novela sigue a partir de este punto una trayectoria trágica, en la que el destino se ensaña con los Golden, hasta un final que prefiero no revelar al lector para no estropearle el suspenso de la lectura. René, el narrador, sigue asociado a la familia Golden, ahora más que nunca, pues es su hijo el que se hace pasar por un nuevo Golden, un hijo que Vasilisa le hace difícil ver, y al que se siente naturalmente ligado. René hace constantes referencias al cine, y Rushdie se vale de técnicas de guion cinematográfico para narrar varias partes de la novela. La distancia entre la realidad y la imaginación también se difumina, ya que sabemos que René no ha podido presenciar muchas escenas que relata, las que sin embargo imagina de manera verosímil. En cierto momento, el viejo Nerón, a quien la demencia empieza a arañar, decide contarle a René su pasado y Salman Rushdie cuenta la historia de la mafia en Mumbai, real o imaginada, no lo sabemos, con la que se había asociado Nerón Golden. A todo esto, el Joker ha ganado las elecciones y todo parece cambiar en dirección de la intolerancia, el divisionismo y el conservadurismo.</p><p>La novela, como dije antes, está repleta de referencias, al cine, a la cultura pop, a la política y la historia americanas recientes, a la mitología, a Roma y hasta a <em>Las mil y una noches</em>. Es una obra que demuestra la habilidad técnica del autor de <em>Hijos de la medianoche</em> y en la que comparece sobre todo el problema de la identidad, de aquello que se supone nos hacer ser lo que somos. Y el problema del destino, que nos encuentra aunque intentemos huir del mismo, incluso cuando hay océanos de por medio. Esta novela tal vez no sea la mejor de la obra de este autor, pero le confirma como un maestro de la narrativa y la estructuración argumentativa, capaz de mostrarnos mundos tan diferentes como los de América y la India. En suma, su decimotercera novela no defraudará al lector que recorra sus más de 300 páginas y comparta el trágico destino de una familia india que ha intentado dejar de serlo, sin éxito al final, un final de historia romana</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Mar 2018 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Adiós al pasado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Los diablos azules número 102]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La razón produce monstruos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/razon-produce-monstruos_1_1147672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/88f1bf54-3b17-4fa9-9d2e-fdabd55e6d3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La razón produce monstruos"></p><p><strong>La edad de la ira. Una historia del presentePankaj MishraGalaxia GutenbergMadrid2017</strong><em>La edad de la ira. Una historia del presente</em></p><p>  </p><p>Uno de los más famosos grabados de <strong>Goya </strong>lleva por título: "El sueño de la razón produce monstruos". Algo análogo quiere decirnos el autor indio <strong>Pankaj Mishra</strong> en la obra que nos ocupa, con la diferencia de que no es un sueño el monstruo que la razón ha producido, sino la inevitable consecuencia de su hegemonía. Y donde decimos razón, entiende Mishra la modernidad, que ha entrado en una era en la que el resentimiento y la ira son inevitables y globales. Su nuevo libro ensaya una explicación del presente, desplegando una erudición notable y recorriendo la historia de varias partes del mundo. Su peculiar posición en el mundo intelectual de hoy en día, originario de India y con gran conocimiento de la historia del Asia, y además con un conocimiento envidiable de la historia intelectual de Occidente, le otorgan una autoridad que pocos escritores poseen. Una autoridad que le hizo enfrentarse al historiador <strong>Niall Ferguson</strong>, por ejemplo, al hacer una reseña de su libro <em>The West and the rest</em>, en la que le reprocha leer la historia de Occidente con cristales no solo teñidos del color de su preferencia, sino opacos a buena parte de la historia de las últimas centurias.</p><p>El mundo occidental se ha fabricado una historia rosada de la emergencia de su modernidad, según la cual la ciencia y la racionalidad emergieron como faros de luz en las tinieblas de la edad media, disolviendo viejas creencias y supersticiones, y enrumbando por el camino del progreso. Además, las varias revoluciones políticas nos habrían procurado un mundo más democrático y provisto de más libertades. Si bien Mishra no niega esta visión de la historia, la considera incompleta y sesgada. La parte del mundo que vio surgir la industrialización, la expansión de la democracia, que promovió la promesa de igualdad, fraternidad y justicia para todos, también es el mismo que colonizó, no pocas veces de manera brutal, a buena parte del mundo, que se encaramó sobre la esclavitud para prosperar económicamente y que fue responsable de genocidios, guerras masivas y de la expoliación del planeta. La modernidad no solo ha traído progreso material, con todas sus expectativas de ascenso social, de una vida acomodada y justa, sino la frustración de millones al constatar que dichas expectativas no siempre pueden ser satisfechas, al contrario, se presentan cada vez más distantes al acumularse la riqueza en una minoría que protege sus predios y no está dispuesta a abrir las puertas de la prosperidad a todos.</p><p>Mishra puntualiza el hecho de que hay cientos de millones de gente afectada por el resentimiento, que ya habían estudiado también <strong>Nietzsche </strong>o <strong>Scheler</strong>, el que produce ver las premisas en las que se sustenta el capitalismo, esto es, de un avance de la libertad y la democracia y las oportunidades, convertidas en fuegos fatuos, y verse a sí mismos confinados a los márgenes del paraíso que se supone crea el mercado libre. Para mostrar el estado en que se encuentra el mundo Mishra opta por escoger episodios y escritores y líneas de confrontación intelectual que, a su parecer, ejemplifican este fenómeno de una ira generalizada, que lleva a fenómenos tan dispares como la bomba que pusiera <strong>Tim McVeigh</strong> en América, destrozando un edificio federal, y la desesperada huida de tantos europeos a convertirse en militantes del Daesh en Irak y Siria, por más que sus supuestas ideologías difieran en la superficie, no sin pasar por episodios como el de <strong>D'Annunzio</strong> tomando la ciudad de Fiume con un pequeño ejército que inspiraría más tarde al fascismo italiano, además de detenerse en el surgimiento del nacionalismo hinduista de la mano de ideólogos que vislumbran un futuro de regeneración de la vieja gloria Hindú (lo cual podría suponer la eliminación genocida de la gran minoría islámica de la India). Por su recuento de la historia pasan los nacionalistas de Alemania, los revolucionarios rusos, los anarquistas o los nacionalistas italianos como <strong>Mazzini</strong>, que inspirarían a otros ideólogos en lugares tan distantes como la India.</p><p>La modernidad, y la globalización, no solo llevan ciencia y progreso a los países que las abrazan, pues los beneficios alcanzan casi siempre en los países emergentes solo a una élite. Además, al acarrear un enorme poder disolvente del tejido de las sociedades a las que llega, en cuanto disrupción de las viejas tradiciones, religiones y creencias, la modernidad deja a muchas comunidades en un limbo entre el universo precedente y el que no pueden compartir con plenitud, con las consiguientes confusión y dislocación existenciales. Para ilustrar estos puntos Mishra se vale, entre otras, de la confrontación entre <strong>Voltaire</strong>, con su confianza plena en el poder de la razón para iluminar los caminos del mundo, y <strong>Rousseau</strong>, quien ya viera en la entronización del individualismo, la codicia y la vanidad, signos de degeneración moral y vital. Voltaire, quien también era empresario, alabó en su tiempo a gente como Catarina de Rusia y se mostró favorable a la desaparición de Polonia, expresando una de las características del nuevo mundo moderno: la primacía de la ganancia material por sobre todas las cosas. Las ideas de Rousseau, en cambio, inspirarían a toda una generación de románticos que privilegiaban la elevación del espíritu por sobre el progreso material y que le dieron sustento intelectual a la idea de un espíritu del pueblo o de las naciones, algo que persiste hasta nuestros días. Para Mishra no hay demasiada diferencia entre el romántico que va a pelear por una causa nacionalista, aunque fuera foránea, y el joven desencantado de Europa que va a luchar por el Daesh en Siria. Ambos encuentran un sentido existencial en dichas luchas, aunque no por las aparentes razones, sino por el resentimiento que produce sentirse excluido de los privilegios del progreso material y por ver desmoronarse los valores de sus ancestros, a la vez que sentirse foráneo en el propio lugar de nacimiento. Mishra enfatiza que estos jóvenes islamistas radicalizados tienen una educación religiosa muy pobre, como tampoco la tienen incluso los que les incitaron a seguir este camino, imanes con poca formación, y que lo que les lleva a emprender tal camino es verse como excretados del proceso iniciado por la modernidad. A todo esto debe añadirse algo que occidente prefiere olvidar, que es el colonialismo, el cual está cualquier cosa menos olvidado en los países que lo sufrieron, lo que aumenta el resentimiento y la ira.</p><p>El mismo fenómeno le parece evidente a Mishra en su propio país, ahora gobernado por un hinduista radical probablemente corresponsable de una matanza de musulmanes cuando era el gobernador de Gujarat, pero a quien sus compatriotas votaron por una clara mayoría. India es un país de enormes contradicciones en el que, de una parte, envían satélites a Marte, usando la más alta tecnología, y de otra parte, un tercio de la población no tiene acceso a servicios sanitarios o es analfabeta. En dicha situación, en la que un tercio de la población se ve excluida de los beneficios del crecimiento económico y habitante de las márgenes pauperizadas del mismo, no es difícil que venga alguien prometiendo la restauración de la gloria mítica del pasado y atraiga la atención de una población mayoritariamente joven, como en todo país emergente.</p><p>Incluso en los países económicamente más avanzados, como los europeos, vemos el surgimiento de una corriente de opinión más inclinada a la derecha radical, excluyente de los extranjeros y nacionalista. Todos estos fenómenos, según Mishra argumenta en este libro de gran erudición y elegancia expositiva, están conectados y no son excepciones, sino parte del proceso mismo de la modernidad, que no solo produce dulces sueños, sino monstruos que ahora vienen a hacer realidad otros sueños que creíamos olvidados. Como en sus otros libros, lo que expone no está exento de polémica, pero esa es la función de un libro ensayístico, el provocar la discusión que necesitamos ahora más que nunca, sino queremos ver que los ataques terroristas, y las derechas radicales, y los militantes islámicos se multipliquen hasta provocar una reacción como las que vimos en el siglo veinte, con guerras catastróficas y exterminios masivos. Mishra cree que el presente tiene una historia distinta de la que nos contamos a nosotros mismos en tintes favorables y que ignorarla es incurrir en el riesgo de repetirla y repetirla.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. </em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Nov 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La razón produce monstruos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Literatura,Los diablos azules número 85]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Cambiar tigre por chimpancé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cambiar-tigre-chimpance_1_1145481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/21914297-47a4-49ef-9c44-cb19fc08b624_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cambiar tigre por chimpancé"></p><p><strong>​​​​​​Las altas montañas de Portugal​Yann MartelMalpasoBarcelona2017</strong><em>​​​​​​Las altas montañas de Portugal</em></p><p>  </p><p>En esta nueva novela de <strong>Yann Martel</strong> muchas cosas no son lo que parecen, comenzando por el título: <a href="http://malpasoed.com/mx/libro/las-altas-montanas-portugal/" target="_blank">las altas montañas de Portugal</a> en realidad no existen y se refiere a una región un poco más alta que la costa, algo agreste, pero fundamentalmente plana, sembrada de algunas rocas enormes dejadas en el lugar por alguna glaciación. En su novela <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-vida-de-pi/70313" target="_blank">La vida de Pi</a>, un resonante éxito internacional, el autor menciona que había abandonado un proyecto novelístico ubicado en Portugal y optado por contar la historia que le habían contado del naufragio de Pi y su aventura en un bote salvavidas acompañado por un tigre, historia que fue llevada al cine con éxito similar al de la novela. Al parecer, el autor, que es un personaje de la novela mencionada, decide retomar este proyecto y el resultado es esta bizarra novela, que son en realidad tres historias ocurridas en tiempos distintos del siglo XX y conectadas de algún modo por detalles y coincidencias, y sobre todo por un animal, el chimpancé. Ya es sabido que Martel tiene afinidad por el reino animal, como lo prueban sus anteriores obras.</p><p>En alguna ocasión el famoso crítico literario<strong> Harold Bloom</strong> comentó que la narrativa de Yann Martel probaba que todavía se podía ser original en narrativa, sin infringir las leyes de la lectura. Pero también es posible ser original evadiendo algunas claves narrativas básicas, como demuestra esta obra de Martel. En ella el autor asume un tono narrativo que oscila entre el surrealismo mágico realista y el realismo más prosaico, sin que, a la larga, logre convencer en ninguno de ellos. No solo transgrede normas básicas de verosimilitud, sino de credibilidad literaria. Toda obra es ficción, claro está, incluso el realismo más crudo, pero las premisas que guían la creación deben plantearse dentro de un marco coherente, y Martel no logra en este caso algo que ejecutó a la perfección en <em>La vida de Pi</em>. Esto se entenderá mejor al describir en breve las historias que constituyen esta novela.</p><p>En la primera, situada en 1904, Tomás, un asistente de curador en un museo, sufre por la muerte de su mujer y de su hijo pequeño, ocurrida en el transcurso de una semana por efecto de una difteria. Tomás tiene una historia de pérdida, pues ha perdido a su madre cuando era muy joven y luego a su padre, poco tiempo después de su amada y su hijo. La mujer en cuestión era una sirvienta de un tío suyo millonario, por lo que se plantea como un problema de clase y de posición social en la Lisboa de comienzos de siglo. A consecuencia de esta pérdida, Tomás decide objetar del mundo y la divinidad caminando para atrás, siempre en reverso. Esta es la primera tensión narrativa que el lector encontrará, me imagino, pues de una lado la historia es conmovedora y relevante para la época, pero de otro cuesta imaginar a alguien caminando para atrás todo el tiempo. Al mismo tiempo, Tomás ha descubierto el manuscrito de un sacerdote portugués del siglo XVII residente en Sao Tomé, el Padre Ulisses, quien deplora la vida en la colonia, el esclavismo, las exigencias de una existencia en el trópico. Este padre, quien ha llevado un diario, el cual descubre Tomás, decide en cierto momento hacer un crucifijo de tal naturaleza que llegaría a conmocionar al mundo cristiano. Pero no se sabe dónde ha ido a parar dicho crucifijo, por lo qué Tomás, intrigado, decide ir en su búsqueda. Tras algunas pesquisas en archivos, concluye que el objeto ha de estar en Portugal, en la región de las altas montañas de Portugal, a la que se dirige Tomás en el coche de su tío, uno de los primeros de su género. He aquí otra incoherencia, ya que Tomás, quien no tiene idea de coches, aprende a conducir el de su tío en tan solo un par de horas y emprende su aventura con torpeza, pero con habilidad propia de quien ha practicado ya algún tiempo. Después de varias peripecias, entre las que se incluye atropellar a un niño y matarlo, hecho del cual huye, recala en el pueblo de Tuizelo, después de haber visitado varias otras iglesias sin haber podido encontrar el tesoro que busca, con el cual ganaría prestigio en su trabajo. Por pura inercia examina la iglesia de este pueblito, a la cual le da acceso una mujer del pueblo, María, y halla lo que busca, pero el hallazgo le perturba hasta la agonía. El crucifijo que busca muestra a un Cristo con aspecto de chimpancé, con lo que concluye que el padre… quiso decirle a la humanidad que los seres humanos no éramos ángeles caídos, sino simios evolucionados, animales en fin que desconocen su condición. Este es el primer chimpancé de la novela. El crucifijo no es lo que parece y esperaba Tomás, sino un alegato en contra de la humanidad, expresado al desvelar sus raíces animales.</p><p>La segunda historia tiene lugar unas décadas más tarde, en el último día de 1938, y tiene como protagonista a Eusebio, un patólogo, a quien encontramos en su trabajo en nochevieja, redactando reportes sobre sus exámenes de cadáveres. De pronto, llega su esposa en medio de la noche, mujer hermosa y de imparable conversación, dada a las especulaciones teológicas. Su presencia en el lugar de trabajo de Eusebio la dedica sobre todo a disertar sobre las conexiones que ha hallado entre la Biblia y la obra de <strong>Agatha Christie</strong>, autora de la que ambos son aficionados. Después de una larga perorata sobre esta peculiar relación se marcha. Pero Eusebio escucha al poco rato golpes en la puerta y piensa que es su esposa que ha vuelto. Al abrir se encuentra con una mujer vestida con tenidas rurales y acarreando una maleta. Esta mujer resulta ser María Dores Passos Castro, la misma que le abrió la puerta de la iglesia a Tomás y a la vez, nos enteramos más tarde, la madre del niño atropellado por Tomás. La mujer aparece en la oficina del patólogo, en dicho día y a esa hora, con una petición propia del tono general de la novela: quiere que le haga una autopsia a su marido, recientemente fallecido, para que le diga no de qué ha muerto, sino cómo ha vivido. Según María, su marido jamás fue el mismo después de la muerte de su hijo, espacio que jamás pudo ser llenado y que instituyó un vacío existencial irremediable en sus vidas. El doctor duda al inicio, indicándole que lo haría con todo gusto una vez se le presente el cuerpo, a lo cual la mujer replica que el cuerpo lo tiene allí mismo, metido en la maleta. Intrigado, Eusebio accede a ver el cadáver, al que deposita en la mesa de disección. La mujer asiste a la autopsia, la que observa sin desfallecer. Es más, guía las acciones de Eusebio. Le pide que comience por los pies, hecho inusual en la práctica patológica, con lo que comienzan las sorpresas que exceden las leyes naturales. Lo que emerge del pie no son músculos o grasa subcutánea, sino vómito. Eusebio no sabe qué pensar de aquello, pero la autopsia sigue y revela más incongruencias con el orden natural, al encontrar en el cuerpo del marido objetos de varios tipos, como una flauta, un libro, y al final, cuando abre el espacio abdominal, incluso a un chimpancé abrazado a una cría de oso. Este es el segundo chimpancé de la novela. María entonces se quita toda la ropa y se mete en la cavidad abdominal junto a los animales, y Eusebio sabe lo que tiene que hacer: la cose y la deja metida en el cuerpo de su marido. Pero luego Martel deja en suspenso toda esta escena algo grotesca al darnos a entender que la mujer de Eusebio ha muerto y que tal vez todo aquello ha sido un sueño o que la aparición de su mujer lo fue. Eusebio se ha quedado dormido encima del reporte de la autopsia del marido, hecho que descubre su asistenta al final de esta parte de la novela.</p><p>Luego, la novela se traslada a los ochenta y a otro personaje, Peter, quien es senador en el parlamento canadiense, ya en edad de pensionarse y viudo. Desde la muerte de su mujer la vida ha tomado otro cariz y sigue sus actividades por sentido del deber más que por placer laboral. Para disipar su dolor otro compañero político le recomienda ir con una delegación de visita a América. La visita incluye un centro de investigación en el que se usan chimpancés y uno de ellos le llama la atención por su aparente tranquilidad, en contraste con los otros que hacen bulla y se agitan con su presencia. En un impulso del cual la novela no da claves para comprender, como no fueran su cansancio con la vida y su deseo de cambio, el senador propone a los científicos comprarle el chimpancé, de nombre Odo. Este es el tercer chimpancé de la novela. A pesar de inicial reluctancia, aceptan venderlo y Peter se hace con Odo. Además, decide abandonar la vida que ha llevado hasta ahora y emigra, junto con el chimpancé, al pueblo de donde proceden sus ancestros. Sus padres habían emigrado de Portugal cuando él tenía dos años a Canadá en busca de una mejor vida, pero jamás les habían inculcado la cultura o lengua portuguesa a sus hijos. Por lo que la decisión de instalarse en el pueblo de sus padres no viene sin dificultades, a lo que se añade la compañía animal que trae, un chimpancé que al comienzo engendra miedo y desconfianza en los lugareños. Pero muy pronto se adaptan a su presencia e incluso ayudan a Peter a hacer habitable la casa que han encontrado para él. El hijo de Peter, así como su hermana, no entienden su decisión, pero él persiste. Su relación con Odo es el núcleo de esta parte de la novela, relación en la cual Peter se maravilla ante las que podrían ser las características budistas del simio, por su total atención al presente y su manera de adaptarse a las circunstancias sin pensamientos que obstruyan su acción. Renuncia a su cargo de senador y descubre, por una maleta llena de objetos varios que Odo encuentra en la parte inferior de la casa, que ha servido antes como establo, y por simple deducción, que está habitando la que fuera el hogar de sus padres, antes de que emigraran a Canadá. La coincidencia le parece lógica, dado que no habría muchas familias en aquellas partes desoladas de Portugal que hubieran tomado la decisión de emigrar.</p><p>El conocimiento de la vida animal de Martel es notable, sin duda, hecho que demuestra una vez más en sus detalladas descripciones de los hábitos de Odo y en la relación que entabla con una jauría de perros de la localidad. Su hijo viene a visitarlo y le encuentra viviendo una existencia elemental, en una casa rústica y un lugar lejano de las urbes más habitadas de Portugal. El simio le produce suspicacia al principio, pero se acostumbra a su presencia. Se entera de que en dicha casa han vivido sus abuelos y bisabuelos, y pasa unos días explorando las tierras de quienes le precedieron. Peter da largos paseos por los alrededores en compañía de Odo, hasta que en cierta ocasión se encaminan a la región de las rocas enormes, que atraen la atención de Odo, quien las explora y se encarama en ellas siempre que las ve. Todo este tiempo Peter ha observado a Odo con ojo clínico, pero a la vez con aprensión, pues sabe que el chimpancé puede matarle, si quisiera. En el último paseo de ambos, Odo escoge una roca a la que subirse y Peter le sigue. Odo se inquieta y mira algo que le instiga curiosidad al pie de la roca. Resulta ser un rinoceronte de pelo largo, de los que solían ser abundantes en Europa antes de su extinción. Tras contemplar al animal, Peter muere en brazos de Odo, quien sale corriendo en dirección al rinoceronte extinto. Nada más se nos explica en la novela, que termina con esta escena.</p><p>A pesar de sus incoherencias de tono narrativo, la novela puede interpretarse como una reflexión sobre temas como los de la pérdida y el duelo, y como una meditación sobre la condición humana, escindida entre su naturaleza animal y su naturaleza racional y espiritual. Martel también se embarca en digresiones de carácter teológico-místico sobre el misterio de la existencia, análogo al del misterio propio de las novelas de detectives, como las de Agatha Christie, y la sujeción del ser humano a los vaivenes del destino, que nos hace sufrir pérdidas y buscar consuelo, a veces de modo algo absurdo, como en esta novela, caminando en reverso, o leyendo novelas de misterio o decidiendo vivir con un simio, quien entiende mejor los sentimientos propios que los congéneres humanos. Hacia el final, esta obra nos muestra a personas del pueblo Tuizelo caminando en reverso a raíz de un funeral, costumbre que nadie sabe de dónde procede, pero que el lector sabe proviene de haber observado a Tomás haciendo lo propio decenios atrás, lo que implica una reflexión también sobre buena parte de los quehaceres humanos, costumbres, rituales o modismos sobre los cuales no tenemos idea y que seguimos de manera mecánica, sin noción de su funcionalidad u origen. La novela está surcada por un temple darwiniano que causa desespero o serenidad, dependiendo de la interpretación de los personajes. En este sentido, no deja de ser inquietante y provocadora, como las otras obras de Martel, pero hubiera ayudado más a la complicidad del lector el que los episodios mostraran más credibilidad, dentro de los cánones algo difusos de lo que podría llamarse un mágico realismo algo diluido. Como fuera, para quien guste de fantasías algo surrealistas con un tinte filosófico y en el que figuran simios, esta novela no le defraudará. Pero no deja de hacernos sentir nostalgia por el extraordinario tigre de su afamada novela <em>La vida de Pi</em>.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Sep 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Cambiar tigre por chimpancé]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Los diablos azules número 77]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida de ningún Jesús]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/vida-jesus_1_1140307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/0e9581b1-2550-48a2-a0b4-7e1344140bc7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida de ningún Jesús"></p><p><strong>Los días de Jesús en la escuelaJ.M. CoetzeeTraducción de Javier Calvo</strong><em>Los días de Jesús en la escuela</em></p><p><strong>Literatura Random HouseBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p>El libro que nos ocupa es la secuela de una novela anterior que creó polémica al momento de su publicación, <em>La infancia de Jesús</em>, no solo por su extrañeza argumental, sino por su propio estatus literario. ¿Se trataba de una novela al estilo de aquellas a las que <strong>Coetzee </strong>nos tiene acostumbrado desde hace décadas, que exploran la condición humana en situaciones extremas, política, social o psicológicamente? ¿O de algo completamente diferente? Al igual que en la primera novela, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/los-dias-de-jesus-en-la-escuela/ES0151295" target="_blank">Los días de Jesús en la escuela</a> no tratan del personaje histórico de Jesús, al que ni siquiera se le nombra en ambas obras. Queda al lector e intérprete adivinar quién podría merecer dicha adscripción, y tal y como se presenta la obra que nos ocupa, la respuesta no es clara, ni mucho menos. ¿Se trata del niño Davíd (sic), de su padre adoptivo, Simón, o incluso de Dmitri, el guarda del museo que comete un crimen y lo confiesa sin ambages y exige castigo?</p><p>La historia toma el hilo donde lo dejó la novela anterior, esto es, con Inés (la que ha asumido el rol de madre), Simón (quien encontró a Davíd perdido en el barco que les llevaba a aquel país de habla hispana) y Davíd (el niño mentado, quien posee cualidades inusuales para un niño de su edad) huyendo del sistema burocrático de la ciudad de Novilla, en la que habían estado residiendo y en cuyo sistema educativo Davíd no podía encontrarse a gusto, por su alma inquisitiva e irreverente. Alejar a un niño de la escuela es penalizado en dicho país ficticio, por lo que huyen a la ciudad de Estrella, en la cual deciden mantener un perfil bajo, evitando incluso el censo nacional, para evitar que Davíd sea mandado de vuelta a la escuela pública y los padres posiblemente penalizados por la infracción.</p><p>Al comienzo deciden ir a trabajar a una especie de hacienda en la que hacen trabajo manual y donde Davíd puede correr a sus anchas, como lo haría cualquier niño de seis años en el campo de cualquier país. El niño conoce a otros niños, los cuales se comportan de manera más desinhibida que Davíd, e incluso llegan a matar un pato en un lago cercano, hecho que afecta a Davíd, niño sensitivo y emocional. La plantación es posesión de tres hermanas ya mayores, que reconocen en el niño cualidades especiales y ofrecen a Inés y Simón pagar por su educación en la Academia de Danza de la ciudad de Estrella, algo que los padres aceptan. Pero Davíd prefiere cantar. Sin embargo, al llegar a la escuela se adapta con facilidad y empieza a tener más respeto y admiración por sus profesores en la escuela que por sus propios padres adoptivos, lo que perturba de modos distintos a Inés y Simón. Éstos no están casados ni tienen una relación entre ellos, solo se han encargado del cuidado de Davíd, como responsables de su bienestar. Ambos carece de pasiones extremas y prescinden del sexo, inclinados más bien al la vida cotidiana y ocasionalmente al pensamiento y la vida mental.</p><p>Davíd también se hace amigo de Dmitri, el vigilante del museo al lado de la Academia de Danza, quien está enamorado de Ana Magdalena de manera platónica, o al menos eso es lo que sabemos al inicio de la novela. Confiesa lamer el suelo por el que camina la profesora de la Academia, una mujer de hermosura extraordinaria, pero fría, que Simón también admira, pero sin la pasión desmedida de Dmitri. La novela incursiona en lo que podría llamarse un pitagorismo platónico al exponer la filosofía que sostiene las actividades de la Academia. El objetivo de la danza es invocar los números y encarnarlos en los propios movimientos, algo así como dejarse poseer por su esencia y expresarlos mediante movimientos. Ana Magdalena expone dicha filosofía, relacionándola con las estrellas, lo que resulta en una amalgama un tanto extraña de platonismo y de astrología, algo sorprendente en Coetzee. Simón no cree en todas estas elucubraciones metafísicas y se muestra escéptico al inicio, pero consiente en que el niño acuda a la escuela, ya que David parece disfrutarlo mucho y se muestra como un alumno privilegiado, que entiende la filosofía de manera intuitiva y la cristaliza en su habilidad con la danza.</p><p>Entretanto, Dmitri representa la otra cara de la luna, un hombre basto y sin mayor educación, al que los niños de la escuela, no obstante, adoran, y a los que reparte caramelos y engríe en cuanto puede. Dmitri ha notado el carácter especial de Davíd, y éste le corresponde con afecto. Es más, Davíd piensa que Dmitri le entiende como no pueden hacerlo incluso sus padres, sobre todo Simón, a quien acusa de falta de comprensión. Davíd, como en la primera novela, es un niño fuera de lo común, tal vez la mejor opción para ser considerado Jesús, pero a la vez algo consentido, reacio a obedecer y siempre con preguntas sobre todo lo que los adultos dan por entendido. Simón responde de la mejor manera que puede a sus inquisiciones, pero no parece satisfacer la curiosidad de Davíd jamás. De pronto, algo ocurre que cambia la dirección argumental de la novela. Davíd descubre un día el cadáver de Ana Magdalena en un rincón del sótano y se lo muestra a Simón. La policía interviene, pero no tiene que hacer ninguna investigación para averiguar al asesino, ya que Dmitri se presenta en la policía y confiesa su crimen. La ha violado y estrangulado después, es lo que dice. Dmitri exige castigo y retribución, que no puede ser otro que mandarle a las minas de sal, donde el trabajo es inhabilitante y en las que de seguro moriría una muerte pronta.</p><p>Muchas páginas del libro se dedican al juicio y la decisión de Dmitri de inculparse a sí mismo, y de exigir un castigo ejemplar. Los jueces, sin embargo, argumentan que el sistema judicial está concebido para proteger a los acusados incluso de sí mismos, por lo que lo envían a un hospital psiquiátrico, del cual se escapa, ayudado por Davíd. Dmitri perora muchas veces sobre su culpa, sobre la necesidad de que todo el peso de la ley caiga sobre él, sobre la naturaleza irredimible de su crimen. El final se lo dejo al lector, pero en su ardor ético, Dmitri recuerda sin duda al Raskolnikov de <strong>Dostoyevski</strong>, sobre el cual escribió Coetzee una novela estupenda, <em>El maestro de San Petersburgo</em>, y cuyos ecos son claros en la confección de este personaje. Si dije antes que incluso Dmitri podría ser considerado un buen candidato para atribuírsele el título de Jesús es por su agónico deseo de sacrificarse por haber traicionado el amor de su adorada Ana Magdalena, algo que solo merece desprecio y retribución, no solo por haber traicionado a la persona que amaba, sino por haber traicionado al amor, a su esencia como ser humano.</p><p>Más tarde en la novela entendemos que Ana Magdalena, la fría belleza de aspecto sideral, había estado teniendo una relación clandestina con Dmitri y que le amaba en su presencia elemental y terráquea, en contraste con sus ideales platónicos. Su esposo no sospecha de dicha traición, pero se le describe como viviendo en las nubes, ignorante de toda vicisitud sub-lunar, incluida la de la relación ilícita entre su mujer con el desaliñado Dmitri. Esta revelación le compete a Simón, quien desprecia a Dmitri, pero al que éste busca una y otra vez, porque le considera una persona decente que haría lo que le pedía sin engañarle. Y le pide que confíe al fuego unos documentos que están escondidos en el sótano del museo en el que Dmitri trabajaba, en los que se hallan cartas de Ana Magdalena a Dmitri, expresando un deseo visceral de estar con él de nuevo, de sentir sus brazos en torno a ella. Al final de la novela no sabemos más de los motivos de Dmitri para cometer dicho crimen que cuando el crimen tuvo lugar. Davíd recorre todas estas escenas en estado de confusión, incapaz de entender por qué Dmitri ha hecho lo que hecho y deseando que Dmitri traiga a Ana Magdalena de la muerte. Simón mantiene su desdén para con Dmitri, a quien atribuye un crimen absurdo y absoluta falta de moralidad.</p><p>Como han señalado otros críticos, esta última novela de Coetzee es una novela extraña, por muchas razones, el argumento –se me olvidó mencionar que los viajeros que arriban en dicho país olvidan todo lo que han vivido hasta ese momento en su paso por el océano—, los personajes, el desenlace. No faltan algunas incongruencias, como el hecho de que Dmitri, siendo una persona sin educación, sucia y desaliñada, hable como un filósofo de una novela rusa, o de que Davíd exceda los límites de una mente de su edad, por lo cual se ha acusado a esta novela de no serlo, de ser un artefacto verbal para expresar ideas más que un ente narrativo como solía presentarnos Coetzee hasta ahora. Como fuera, esta inquietante novela estimulará la mente de quien se avenga a leerla, sea novela o tratado en sordina, por la sencilla razón de que Coetzee no ha sabido plantear cosas irrelevantes en lo que va de su producción literaria y crítica.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 May 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vida de ningún Jesús]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Novela,Premios Nobel,Narrativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esos seres que hablan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/seres-hablan_1_1138744.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/341671bf-9fce-42ac-9810-aed4f2b1dde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esos seres que hablan"></p><p><strong>¿Qué clase de criaturas somos?</strong></p><p><strong>Noam ChomskyTraducción de Jorge ParedesArielBarcelona2017</strong></p><p>  </p><p><strong>Noam Chomsky</strong> es sin duda uno de los intelectuales más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, y lo sigue siendo hoy en día, a sus venerables 88 años, sobre todo por sus comentarios sobre política americana e internacional. Se le conoce en primer lugar por su contribución a la lingüística y al cognitivismo científico y filosófico, pero desde muy temprano en su trayectoria intelectual no ha dejado de opinar sobre temas políticos, siempre opuesto a los desmanes de su gobierno, como en la guerra de Vietnam, o a las acciones de otros gobiernos, como la ocupación indonesia de Timor. Últimamente, puede vérsele incluso en Netflix, en el documental llamado <em>Requiem for the American Dream</em>, en el que Chomsky expone con su habitual sequedad expresiva la manera en que la riqueza se ha concentrado en unos pocos en América, dejando a muchos en la pobreza, algo que resonará en estos días incluso con más urgencia, dado el ganador de las últimas elecciones.</p><p>El libro que nos ocupa presenta cuatro conferencias dedicadas a temas que han ejercido la mente de Chomsky desde el principio de su derrotero intelectual. Para entender al ser humano, dada su fundamental diferencia con otros seres biológicos, hay que entender en primer lugar qué cosa es el lenguaje, el que constituye un salto cualitativo en relación con las capacidades de los primates que nos anteceden u otros animales, un salto sobre cuyo origen podemos saber poco, dada la escasez de datos empíricos con que se cuenta, aunque Chomsky especula que podría haber ocurrido por un cambio genético que alterara la capacidad computacional del ser humano, algo así como 100.000 años atrás, o incluso más temprano. ¿Pero qué es exactamente el lenguaje? Chomsky define la que considera la propiedad más básica del lenguaje de esta manera: "Cada lenguaje provee una variedad ilimitada de expresiones estructuradas jerárquicamente que reciben interpretación en dos interfaces, la sensorial-motórica para la externalización y la conceptual-intencional para los procesos mentales".</p><p>Ahora bien, Chomsky fue quien sentó las bases para una forma nueva de entender el lenguaje, la gramática generativa, que explica la capacidad humana de generar un número infinito de oraciones con un número limitado de elementos léxicos, esto es, la gramática debe tener algún mecanismo recursivo que permita esta operación computacional. Chomsky distingue, a su vez, entre una capacidad generativa débil y fuerte. La primera permite al lenguaje generar oraciones lineares de modo infinito, mientras que la segunda, que considera fundamental, permite al lenguaje generar constituyentes estructurados jerárquicamente. Chomsky distingue también entre los lenguajes externos e internos y considera que el objeto de la sintáctica es el lenguaje interno, la correcta caracterización intencional del procedimiento recursivo interno que es representado en la mente del hablante. Es más, Chomsky puntualiza que la mayor parte del lenguaje tiene lugar en la mente, como diálogo interno, y que la principal función del lenguaje no es la comunicación externalizada, sino el pensamiento. La externalización del lenguaje puede incluso prescindir del sonido, como en el lenguaje de manos. Pero lo que estructura todas estas expresiones es la capacidad lingüística hereditaria.</p><p>Es bien sabido que Chomsky ha sido asociado con cierto cartesianismo idealista, por su énfasis en una Gramática Universal, que es la que permitiría a todo hablante adquirir una lengua en cualquier idioma. Chomsky, empero, no sitúa la gramática o los elementos conceptuales que la constituyen en un reino ideal ajeno al mundo material, sino en la herencia biológica. Todo ser humano aprende su particular idioma con estímulos limitados, lo que haría casi milagroso el aprendizaje de no postularse la presencia de una gramática universal. Le corresponde a la neurología la explicación de los patrones neuronales que expliquen esta capacidad computacional, pero Chomsky sugiere en este libro que tal vez sea necesario un cambio de paradigma en las ciencias que se ocupan del cerebro antes que una explicación satisfactoria pueda ser posible. Pues uno de los asuntos que ocupan buena parte de este sustancioso libro es la filosofía de la ciencia, sobre todo los límites que tiene el conocimiento humano y la forma en que ha avanzado, más allá del sentido común e incluso de la inteligibilidad. En su concepción, los seres humanos, a menos que sean ángeles, tienen una capacidad limitada de acceso cognitivo, pues es su misma limitación la que permite adquirir conocimiento.</p><p>En este contexto, el de las especulaciones epistemológicas, es que se sitúa la distinción chomskiana entre problemas y misterios, y lo que se ha llamado misterianismo. Los problemas caen aún dentro de nuestras capacidades cognitivas y nuestro poder generativo de hipótesis; los misterios, en cambio, no. La ciencia ha avanzado, sin embargo, muchas veces sin poder explicar partes esenciales de sus teorías, como cuando Newton describió las leyes que gobiernan la gravedad sin entender cómo era posible la acción a distancia. De igual modo, recuerda Chomsky, la química pudo avanzar sin ser reducida a la física, hasta que la física cuántica abrió otras posibilidades de comprensión científica. Chomsky sugiere una conexión entre su rechazo de la referencialidad y su misterianismo. Los conceptos atómicos del lenguaje no pueden ser todos relacionados directamente con eventos y propiedades independientes de la mente, lo que no ocurre con los lenguajes animales. Esta característica del pensamiento chomskiano se relaciona a su vez con el naturalismo metodológico de Chomsky y su rechazo del dualismo metodológico. Si bien hay cosas que nuestra propia constitución biológica impide conocer, esto no ha detenido el avance de la ciencia, aun cuando opere con limitaciones. Es probable que dadas otras condiciones naturales de cognición, otros serían los límites epistemológicos. Los seres humanos poseerían lo que llama una facultad de crear ciencia, pero dadas sus limitaciones, Chomsky cree que la investigación científica debiera adoptar un ¨escepticismo mitigado¨, esto es, abandonar la idea de que el universo vaya a ser inteligible a los seres humanos por completo.</p><p>Pero las labores intelectuales de Chomsky no se han circunscrito a la lingüística o la filosofía de la ciencia, como dijimos. Hay una sutil conexión entre sus quehaceres más abstractos y su preocupación política. El ser humano tiene la capacidad innata de producir lenguaje, pero también de desarrollarse en todos los ámbitos de la ciencia y el arte. Obstaculizar tal desarrollo tiene que ser considerado una injusticia y eso es lo que hacen muchos gobiernos al condenar a muchos de sus ciudadanos a la pobreza o al oprimirlos directamente. Chomsky dedica uno de los capítulos de su libro al bien común y recurre para su reflexión a la tradición anarquista. Cree que el esfuerzo de justificación le compete al sistema capitalista en ejercicio, pues han de hacer comprensible al hombre común que se les prive de oportunidades de desarrollo humano. De lo contrario, las instituciones que sostienen un sistema que empobrece y oprime, han de ser desmanteladas y construidas de nuevo, bajo el principio de organizaciones libres que deciden sus objetivos en común. La democracia, tal y como opera hoy en día en su país, favorece a las élites, algo que tiene sus raíces en el propio origen del sistema democrático americano. Chomsky cita a los Padres Fundadores, en el sentido de que se muestran temerosos de que la chusma acceda a cualquier poder decisorio, por lo que se inventa un sistema que los excluya, y que garantice la prevalencia de las élites y la conservación de sus propiedades, algo que sigue ocurriendo hoy en día. Hace referencia a las experiencias anarquistas en España y las muestra como ejemplo de lo que puede alcanzarse desde una organización comunal que no ignora a las bases. Chomsky no se decanta por partido político alguno, al menos en el contexto de este libro, pero deja claro que siempre habrá injusticia donde se ignore el desarrollo natural de los seres humanos. En este sentido, Chomsky continúa una vieja tradición humanista que se centra en el florecimiento humano como principal bien común.</p><p>El libro se presenta como una serie de conferencias desprovistas de lenguaje técnico y accesible al público en general, pero aunque es cierto que Chomsky evita tecnicismos abstrusos me imagino que buena parte del libro le resultará de difícil al lector común, por su constante referencia a otros autores, a teorías planteadas por el autor previamente, a investigaciones de especialistas. Chomsky recorre vastas áreas de conocimiento con pluma segura, lo que deleitará al enterado, pero confundirá, tal vez, a quien se acerque a este libro como primera aproximación al autor. Cierta familiaridad con los temas que preocupan al autor es, por tanto, un requisito que enriquece la lectura de una persona cuya importancia en la historia intelectual de Occidente no puede exagerarse.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"><em> </em></a><em> </em><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Los diablos azules número 58]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA['Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ejercito-nuevo-modelo-democratico_1_1137721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16313a48-7596-4e7f-a26c-0ecbd0649122_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático"></p><p><strong>Ejército Nuevo ModeloAdam RobertsGigameshBarcelona2016</strong><em>Ejército Nuevo Modelo</em></p><p>  </p><p>En alguna ocasión, la escritora británica <strong>Doris Lessing</strong> dejó dicho que las categorías literarias que escindían las obras en géneros y sub-géneros, y los aislaban, eran artificiales e impedían muchas veces su difusión o apreciación artística, además de su aceptación académica o intelectual. Se refería en particular al dominio de la ciencia ficción, en la que había encontrado un terreno de especulación filosófica mucho más rico y variado, en ocasiones, que el de la propias obras así llamadas filosóficas o de tesis, dadas las premisas metafísicas de su elaboración y la libertad imaginativa de su ejecución (se recordará en este contexto aquel dictado borgiano que estimaba toda metafísica como una rama de la literatura fantástica). Doris Lessing se mostró siempre suspicaz para con toda clasificación de la creatividad en diferentes –ismos. Ella misma había sido clasificada, muy pronto, en la categoría de literatura feminista, hecho que la incomodaba. Para probar la artificialidad de dichas categorías y zafarse de la etiqueta feminista, escribió ella misma cinco novelas de lo que podría llamarse ciencia ficción, lo que confundió a sus seguidores y alarmó a los críticos, muchos de los cuales no pudieron seguirle en dicha fase de su creación.</p><p>La novela que nos ocupa, del escritor también británico <strong>Adam Roberts</strong>, hace buenos estos gestos de desclasificación al incursionar en la literatura de carácter distópico y en la ciencia ficción para ofrecernos una reflexión intensa sobre la democracia llevada a sus últimas consecuencias, el nacionalismo, la guerra y las propiedades emergentes de la tecnología. La novela está escrita como si fuera un reporte que un soldado escribe a un coronel del ejército norteamericano tras su captura, algo de lo que nos vamos enterando en el transcurso de la narración. El soldado pertenece a un nuevo tipo de ejército, llamado Ejército Nuevo Modelo, una referencia irónica al tipo de ejército que el parlamento británico decidió formar en 1645 para mejor enfrentarse a las tropas del rey, en el cual la procedencia no importaba, solo la capacidad del combatiente, por lo que un carnicero podía ser oficial si su habilidad lo sostenía para ello, el tipo de ejército que le dio la victoria a <strong>Cromwell</strong>. En la era tecnológica que describe la novela, el Ejército Nuevo Modelo combina características de este tipo de ejército con el de la guerra de guerrillas, al menos cierto tipo de guerrillas, que se diluyen en la población cuando no se requiere de acciones armadas. Todos los soldados tienen el mismo rango, a diferencia de los ejércitos feudales, como les llama Adam Roberts, que están sujetos a jerarquías que, a la larga, los vuelven inoperantes.</p><p>En los Ejércitos Nuevo Modelo todos tienen derecho a opinar sobre cada acción y derecho a voto, el cual se hace viable por estar todos interconectados a través de sus wikis, terminales que permiten analizar las situaciones de combate y comunicarlas de inmediato, convocar combatientes al instante y votar cuando las circunstancias lo requieren sobre las acciones a tomar. Dada su flexibilidad, estas unidades de combate pueden congregarse al toque de un botón y dispersarse entre la población en cuanto no se necesitan. No están guiadas por fervor patriótico alguno, sin embargo, pues son más bien mercenarias, al servicio de quien les paga mejor. La misma flexibilidad les confiere ventaja sobre los ejércitos feudales, a los que derrotan siempre, con el objetivo de llevarlos a la negociación.</p><p>El protagonista de la novela, de apellido Block, ha formado parte antes del ejército regular, pero lo ha dejado en razón de su estructura jerárquica. Los combatientes de los Ejércitos Nuevo Modelo (hay varios operando en distintos escenarios de guerra y conflictos políticos) han escogido dicha organización por la democracia que las rige, en la cual todos tienen voz y voto directo y porque no quieren vivir como esclavos. Block forma parte de un ejército que lucha del lado de Escocia, quien les contrata, pues ha declarado su independencia, la cual el gobierno central de Gran Bretaña, como era de esperarse, no acepta y está dispuesto a reprimir con violencia. Pero los eventos no le resultan como esperaban a los británicos y sufren derrota tras derrota enfrentando al ejército nuevo, quien con mucho menos personal les avergüenza una y otra vez. Roberts demuestra habilidad narrativa en la descripción de las batallas, y hasta profundidad poética al insertar las reflexiones del protagonista en la narración. Hay elementos de belleza alucinatoria, como un niño al que una bomba ha ocasionado que una llave se inserte en su cráneo y que el narrador vuelve a ver en varias ocasiones cerca suyo, como un espíritu que le acompaña en la batalla y que siente que quiere decirle algo secreto con relación a la guerra misma. Los seres humanos, comprende, gozan de la guerra, se divierten con ella, y por ello la continúan practicando, más allá de lo que la razón pueda dictarles. Muchas escenas de batalla son de una crudeza realista que no dejará de afectar al lector.</p><p>Block, además, es homosexual y se enamora, sin mayores esperanzas, de su compañero de combate, Simic, quien es heterosexual. Durante una de las acciones de guerra les descubre un avión del ejército feudal y lanza una bomba, que mata a Simic. Algunos de los pasajes más conmovedores de la novela son justamente los que se refieren a la manera en que Block vive esta experiencia y cómo la supera, si es que esto es posible después de ver el cuerpo de la persona amada desmembrado por una bomba e incinerado parcialmente, mientras que uno sobrevive por pura suerte. En cierto momento, Block debe dispersarse y ocultarse hasta que se le requiera para una nueva acción y decide hacerlo en la casa de un antiguo novio, quien ya vive con una nueva pareja. El gobierno, por supuesto, considera estos ejércitos de nuevo cuño como grupos terroristas sin soporte moral. A la expareja de Block algo ha de haberle afectado esta descripción desfavorable, porque le aterra la presencia del mismo en su casa, e incluso inicia una felación gratuita hacia Block con el supuesto móvil de calmar sus posibles instintos violentos, lo cual hace que Block deje la casa y se oculte en otra parte.</p><p>En una de las batallas Block es alcanzado por lo que parece ser una bomba –no es claro, pues ha perdido la memoria de los últimos acontecimientos de su vida— y es capturado por los americanos. Estados Unidos se ha involucrado en la guerra de secesión no por solidaridad internacionalista, sino porque en su propio territorio ha surgido uno de estos ejércitos nuevos, demandando independencia para uno de sus Estados, lo que les hace comprender que la derrota de estos ejércitos democráticos y flexibles es una prioridad. Por ello Block es llevado al coronel que es el destinatario del reporte que constituye la novela. El coronel pretende convertirlo en agente de su propio ejército, infiltrándolo en el ejército nuevo que está derrotando al ejército británico, provisto de medios digitales que infectarían el sistema de comunicación de los rebeldes. Pero el genio informático que está encargado de insertar un programa en su cerebro tiene otros planes, o sus planes se le escapan de las manos, lo que deriva en algo más terrorífico e inesperado. Lo que resulta es una especie de Leviatán informático que adquiere conciencia y voluntad propia, las cuales ocupan las páginas finales de la novela, una vez finalizado el reporte. El Ejército Nuevo Modelo adquiere entidad vital emergente de la suma de sus componentes individuales y enrumba en direcciones que el lector debe imaginar.</p><p>El ritmo de la novela es ágil y lleno de acciones bélicas que sorprenderán a quien haya leído otras novelas de guerra por su originalidad. No está exenta, sin embargo, de pasajes meditativos e incluso líricos que desvelan la conciencia del protagonista y conforman una reflexión sobre el sentido de la existencia, el amor, la democracia y la naturaleza de las organizaciones humanas cuando se exploran sus límites y sus posibilidades. A título personal, algunos pasajes me hicieron recordar la difícil tarea que tuvo el ejército peruano cuando se enfrentó a Sendero Luminoso en los años ochenta, una guerrilla que podía desaparecer entre la población en cuanto quisiera, dada su flexibilidad y organización descentralizada. Una película que recomiendo hace esto evidente, <em>La boca del lobo</em>, del director peruano <strong>Lombardi</strong>, en la que un grupo de soldados más bien citadinos se enfrentan a la amenaza de un combatiente invisible, que aparece y desaparece sin dejar rastros, como no fueran muertos y pintadas en las paredes. Adam Roberts, claro está, es más ambicioso en su análisis de la guerra y la sociedad, y postula la posibilidad de propiedades epifenomenales que acaben sobreponiéndose a las voluntades individuales que la constituyen. Un Leviatán que absorba nuestras vidas, interconectado por medios digitales y con propiedades proteicas. En pocas palabras, un ejército invencible que no sabe adónde se dirige pero que sabe cómo ganar, si fuera necesario. Como en su última novela, <em>The thing itself</em>, inspirada en el concepto kantiano del noúmeno, Adam Roberts, en la vena de Doris Lessing, sabe hacer de una narración de ciencia ficción una meditación sobre la condición humana y la naturaleza de las sociedades modernas que estamos construyendo, a menudo sin saber por qué ni hacia dónde, sometidas a una violencia invisible contra la cual podemos poco, como no fuera consentir o crearnos más ilusiones que nos sostengan. Solo por ello, merece ser leída.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. </em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Mar 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['Ejército Nuevo Modelo': Un poder democrático]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 55]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La Gran Ola': La estupidez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/gran-ola-estupidez_1_1135983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4ec3b5ca-4f84-43a4-8ce5-83d7e4cd049a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La Gran Ola': La estupidez"></p><p>En un libro cuya lectura debiera incorporarse a los currículums universitarios de todas aquellas carreras que tienen que ver con la gerencia o las organizaciones en general, llamado <em>The stupidity paradox </em>(La Paradoja de la Estupidez),<strong> Matt Alvesson</strong> y <strong>André Spicer</strong> postulan que, antes que una excepción, la estupidez es la norma en el funcionamiento de la mayoría de organizaciones y corporaciones. A esta característica la llaman estupidez funcional, pues asegura conformismo y acrítica rutina, a los que tienen que adaptarse los empleados que quieran conservar su puesto. Esta estupidez asume diversas formas, como afirmar una cosa y hacer lo contrario, cual es el caso al declararse una empresa innovadora y dinámica, para luego sepultar a los jóvenes reclutas en trabajos anodinos e insulsos; o como concebirse egregios participantes en lo que se llama <em>Knowledge-economy</em>, pero sofocar todo verdadero intento de creatividad y aumentar los trabajos de bajo nivel cognitivo. Sin embargo, lo que probablemente sea la peor forma de estupidez es caer presa del pensamiento positivo, con sus mantras motivacionales llenos de lugares comunes y clichés ultra masticados.</p><p>La nueva y excelente novela de <strong>Daniel Ruiz García</strong>, <em>La Gran Ola</em>, ganadora del premio Tusquets, añade a la estupidez, que patentiza con feroz sarcasmo, la crueldad y los tejemanejes de poder que estructuran la vida de toda organización empresarial en el capitalismo moderno. Y para hacerlo, se vale de una empresa familiar, Monsalves, especializada en productos de limpieza, como detergentes y jabones, y en el destino de unos cuantos personajes, todos ellos afectados por una u otra forma de neurosis y víctimas directas o indirectas de la crisis que asoló España en la primera década de este siglo. Julián Márquez, director comercial de una de las divisiones de Monsalves, tiene una vida familiar miserable, con una esposa recuperada de cáncer a la mama, y que le huele a remedios y a desolación, por la que ya no siente atracción alguna, y con un hijo medio raro al que molestan los otros niños. Para solazarse, visita una página porno que protagoniza un transexual con apariencia de mujer y pene intacto, y que le ayuda a masturbarse. Además, su división es la que peor cifras ha demostrado en los últimos ejercicios, por lo que sus superiores le recriminan su actuación y exigen que reduzca personal, cosa que hace con remordimientos de conciencia.</p><p>Otro personaje, Ribera, ha perdido su trabajo a raíz de la crisis del ladrillo,  odia a su exmujer, pues le mezquina las visitas a su hija, a quien adora, y en el momento de iniciar la novela se dedica a robar perros de gente bien para luego recabar la recompensa. Una de las personas a las que ha robado el perro y devuelto para gozo de la mujer de casa es, precisamente, Monsalves padre, con el que logra concertar una cita y del que obtiene un trabajo más bien clandestino, esto es, como supuesto comercial de Monsalves, en la división de Márquez, pero en realidad encargado de averiguar lo que fuera que desprestigie a Estabile, el especialista en motivación y <em>coach</em> de la empresa, una especie de gurú del pensamiento positivo al que Monsalves padre detesta. Estabiles encarna lo peor de la moda motivacional, venida en realidad de América y a la que se han entregado las empresas sin más razón que la de seguir los vaivenes de las últimas tendencias, por mera estupidez, en suma, y con la esperanza de aumentar las ganancias al crear un ambiente de trabajo más dinámico y armónico. Estabile hace alarde de todos los trucos de la psicología pop, entremezclados con retazos de sabiduría oriental (o la versión diluida que se ha apoderado de occidente) y de espíritu americano de frontera.</p><p>Cualquiera que haya sufrido algún <em>workshop</em> o <em>training</em> de este tipo reconocerá en Estabile a la peor de sus pesadillas: palabras llenas de superficialidades positivas, el pelo blanco como el de un profeta, el aire de un hippie hecho empresario de sí mismo. He tenido la mala suerte de ser participante de varias de estas sesiones de <em>team building</em>, y es por ello que doy fe de que lo contado por Ruiz García corresponde a una absurda realidad, si bien la novela maneja con soltura el sarcasmo y la ironía que hacen de los episodios algo más sustancioso que una mera relación de hechos, por supuesto. En cierta ocasión nos pidió el <em>coach</em> de turno que nos apiñáramos en grupos de a veinte o treinta, lo más juntos posible, sin mayor explicación. Cuando ya el perfume de mi vecina o el mal aliento del colega estaban a punto de hacerme romper filas, nos ordenó de nuevo el gurú de turno que nos separáramos y nos explicó que este era un ejercicio para demostrar lo unidos que podíamos estar y la confianza que teníamos el uno en el otro. Francamente, más fue sentir mi inteligencia humillada que confianza con nadie y me escapé a la primera oportunidad. El episodio es tan ridículo que constituye su propia caricatura. Ruiz Márquez nos brinda en su novela un cáustico ejemplo de esta forma de estupidez.</p><p>Estabile no tiene empacho en humillar a Márquez durante una reunión del consejo directivo, en el que tiene sitio permanente, reunión con el objetivo de dar cuentas de sus malas cifras, preguntándole si se sentía feliz, si estaba bien consigo mismo. Pues las empresas afectadas por este tipo de pensamiento no solo exigen del empleado esfuerzo y dedicación, sino una transmutación del alma, una especie de terapia que le incite a consubstanciarse con los objetivos de la organización. Y Estabile tiene a toda la capa gerencial comiendo de su mano. Ya que el tipo de conocimiento que divulga esta tendencia y el tipo de experto que la propala son mercadería de moda, mercadería útil, por más estúpida que sea.</p><p>En la novela no faltan los comerciales de a pie, que tienen que llevar a sus posibles clientes de tragos y de putas para conseguir contratos, ni la directora comercial, Martita, pariente de los Monsalves, que está al borde de un colapso nervioso y que se fue a follar con un comercial de mala manera en un coche, con resultados adversos, pues creyó que el tal comercial quería sodomizarla y se ofendió por ello, jurando que arreglaría su despido. No falta tampoco la secretaria que desea el holocausto de la empresa y en particular la muerte de Martita, cosa que quiere concertar con el comercial acusado del pecado de Sodoma. Ni falta el trepa de palabras y comportamiento melifluos, dispuesto a clavar el cuchillo en la espalda de quien necesite a la primera oportunidad.</p><p>Más tarde en la novela, Ribera, quien ha desarrollado habilidades de ratero en su peregrinaje por el desempleo, logra desenmascarar a Estabile, tras emborracharle, meterle Rohipnol en su whisky y examinar con cuidado sus pertenencias, fotos y <em>laptop</em>. Descubre que no se llama así y que tiene un pasado oscuro, que prefiero no develar ahora para no arruinar el gusto lector. La novela transcurre con agilidad narrativa en capítulos que alternan puntos de vista, y patentiza un universo tragicómico en el que hay poco resquicio para la cordura. En el microcosmos de Monsalves se reflejan, como en un espejo de feria, las taras de una sociedad y una época cultural que ha reducido el valor al precio y que estima al éxito como el propósito más elevado de una vida en la que la mayoría está acogotada por necesidades reales o virtuales, y que ha perdido todo horizonte espiritual, como no fueran las memeces de expertos en sabiduría barata y comerciable.</p><p>La prosa de Ruiz García es efectiva y de buen ritmo, además de estar preñada de humor negro y de inmisericorde sarcasmo. La novela nos anima a plantearnos la pregunta de si un mundo abandonado a los preceptos del neoliberalismo más ácido puede ser habitable sin comprometer la dignidad, la vida o la esperanza. Quizá el personaje más razonable sea Monsalves padre, como no fuera más que por desconfiar de Estabile y desdeñar sus sosas enseñanzas. La novela, empero, nos hace comprender que ni siquiera el padre puede salvarse de las consecuencias de un universo transido de egoísmo, malas artes y estupidez generalizada. Por lo que no cabe pensar más que en los perros como los únicos que se salvan de la miseria moral que se ha convertido en la segunda naturaleza de los personajes. Perros que Ribera suelta cuando ya trabaja para Monsalves, pues no los necesita más, y que se lanzan al monte, para volver a casa o perderse para siempre entre los matorrales y las piedras, libres, por lo menos, del <em>coaching</em> de Estabile y la captividad de Ribera.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. </em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Feb 2017 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La Gran Ola': La estupidez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura española,Novela,Narrativa,Los diablos azules número 50]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La topología de la violencia', de Byung-Chul Han]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/topologia-violencia-byung-chul-han_1_1134345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/1cee37e2-b3d2-45aa-b504-4d10ec78ef6c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'La topología de la violencia', de Byung-Chul Han"></p><p><strong>La topología de la violenciaByung-Chul HanHerder Barcelona2016</strong><em>La topología de la violencia</em></p><p>El libro que nos ocupa se caracteriza por la peculiaridad de haber sido escrito por un coreano en lengua alemana, pero poseer un distintivo aire francés en su contenido y modo de exposición. Es cierto que puede parecer forzado en estos tiempos cualificar un libro como escrito siguiendo un <em>modus</em> nacional, pero esta aseveración la justifican no solo su estilo o forma de argumentación, sino los autores con los que entabla diálogo en el libro.</p><p>Hasta hace no mucho, el mundo filosófico anglosajón mostró casi exclusivamente características muy propias, modeladas en la ciencia y el positivismo lógico, que lo separaron de lo que se dio en llamar filosofía continental. Por décadas, los filósofos entrenados en la filosofía anglosajona harían ascos de cualquier producto proveniente del Continente, especialmente de los franceses, en cierto modo. El conocido filósofo <strong>A. J. Ayer</strong> llegó a decir, al ser preguntado sobre la obra de <strong>Heidegger,</strong> “<em>Preposterous”</em> (absurdo, ridículo), indicando su absoluto desdén por tal tipo de filosofía, viniera de donde viniera. De igual manera, buena parte de la filosofía continental no tuvo en cuenta a la filosofía de otras corrientes a la hora de ejercer su oficio, lo que originó una relativa disparidad en los estilos filosóficos de las naciones, incluida Alemania, la cual tenía su propia y sesuda tradición.</p><p>De un tiempo a esta parte las cosas han cambiado, sin embargo, y he aquí que un filósofo nacido en otro continente, cuya formación inicial la hizo en metalurgia, ha producido una serie de libros de mucho éxito en la comunidad filosófica internacional. La globalización tendrá que ver algo con este fenómeno, pero a ello no es ajeno el estado en que se encuentra la filosofía y el mundo intelectual en general, sin una clara visión sobre el rol del intelectual en el mundo digitalizado del momento.</p><p><strong>Byung-Chul Han</strong> prosigue en este libro su análisis de la sociedad contemporánea, después de libros como <em>La sociedad del cansancio </em>o <em>La sociedad de la transparencia</em>, centrándose en este caso en la violencia, que, según sus tesis, es omnipresente en la sociedad tardomoderna, aunque no se perciba como tal. En el pasado, de acuerdo a Han, la violencia social era externa, flagrante, basada en la relación del sujeto subordinado con el soberano, en la que la vida o la muerte se deciden unilateralmente, desde la instancia de autoridad. A este tipo de sociedad la llama "de la decapitación", pues la voluntad es ajena al sujeto, y el poder se ejerce con carácter absoluto. Más tarde, la sociedad evolucionaría hacia una sociedad disciplinaria, en la que las relaciones estructurales perpetúan un estado de dominación del poseedor del capital sobre las masas trabajadoras. En su terminología llama a esta sociedad una "de la deformación", por su capacidad de formar a su antojo las necesidades de la explotación capitalista y la identidad de los sujetos involucrados. En nuestros tiempos, la violencia se ejerce desde dentro, pues cada ciudadano la ejerce sobre sí mismo, y se genera el fenómeno de la autoexplotación, en el cual el ser humano ejerce su libertad para encarcelarse a sí mismo en un individualismo que satisface las demandas del capital y la globalización. Han caracteriza a esta sociedad como la sociedad "del rendimiento", que produce fenómenos psíquicos como la depresión, o el <em>burnout </em>y el déficit de atención por hiperactividad.</p><p>Mientras que en las sociedades que nos anteceden la violencia operaba por negatividad, esto es, incitando una reacción inmunológica, de defensa, pues las líneas de confrontación eran claras, hoy día el problema sería un exceso de positividad, que ofusca toda negatividad y desplaza la violencia al interior de uno mismo, a pesar de las apariencias de prosperidad y libertad que prevalecen. Con estas ideas, Han entabla un diálogo con algunos pensadores que le han servido de contraparte o de inspiración, como <strong>Schmitt</strong> o <strong>Ehrenberg</strong> o <strong>Foucault</strong>, el cual es una obvia referencia en su armazón conceptual, por su análisis de la violencia estructural y de la presencia del poder en las relaciones de la sociedad disciplinaria.</p><p>Pero Foucault no tuvo tiempo de asistir a la emergencia de una sociedad en la que las relaciones de poder se difuminan y se interiorizan, en las que la ideología y las líneas de confrontación han desaparecido, y en la que la transparencia elimina toda subjetividad negativa o crítica con el sistema que uno ha interiorizado. De la misma manera, Han critica a <strong>Negri</strong>, por ejemplo, por mantener un marco conceptual marxista de análisis, ya que las clases han desaparecido y solo existe un sistema único, que exige de uno la participación en el sistema global del capitalismo, que, a pesar de invadir nuestra intimidad, se presenta como un sistema de positividad y libertad absolutas, en el que las identidades son fluidas y moldeables, a diferencia de la sociedad disciplinaria, donde las identidades eran fijas.</p><p>A la sociedad moderna la llama Han, como dijimos, sociedad del rendimiento, pues el valor de la realidad y de los individuos se establece sobre la base de su producción económica y de su contribución al crecimiento del sistema, lo que ocurre con la anuencia de los que participan, embriagados por la positividad presente de consumo infinito, comunicación global, despliegue constante de la intimidad, sin lugar al misterio o al secreto, dado que el sistema nos necesita con ilusión de libertad y con disposición para el consumo, a fin de funcionar a cabalidad. Para lograr este estado de cosas, la sociedad requiere de nosotros la autoexplotación, en la que víctima y verdugo son lo mismo, esto es, ejercer una violencia íntima que nos lleva al cansancio, al infarto social y a la depresión, la enfermedad por excelencia de esta sociedad de violencia microfísica.</p><p>El problema con este tipo de interpretaciones omnicomprensivas, que pretenden dar cuenta de un gran rango de fenómenos, es que acaban de perder de vista la realidad empírica más elemental, como en aquella anécdota en que le preguntan a <strong>Hegel</strong> sobre la ausencia de concomitancia entre sus ideas y la realidad y responde: “Tanto peor para la realidad”. Han pretende explicar, por ejemplo, la presencia masiva de enfermedades como la depresión o el déficit de atención por hiperactividad por el exceso de positividad. En sus palabras: “La violencia microfísica, al contrario, des-interioriza al sujeto <em>dispersándolo</em> (...) con un exceso de positividad. Las enfermedades psíquicas, como el trastorno por déficit de atención por hiperactividad, serían consecuencia de esta <em>dispersión</em> destructiva… La dispersión carece de la negatividad del otro. Remite a un exceso de lo <em>mismo</em>”. Me pregunto a cuántos padres de niños con esta enfermedad les satisfaría una explicación de este tipo. Incluso podrían sentirse culpables de haberle dado al niño demasiada positividad, dado que han sido hasta entonces los principales agentes de influencia social en su crecimiento. Si Han se refiriera expresamente, cosa que hace solo tangencialmente en el caso del psicoanálisis, a la influencia de la sociedad en la categorización de ciertas enfermedades, el análisis podría ser más ajustado a los hechos. Pero atribuir esta enfermedad al influjo de una sociedad del rendimiento excede los límites de lo razonable.</p><p>Lo mismo puede decirse de su atribución de la depresión a un exceso de positividad. No sé qué tan alambicada tiene que ser la definición del concepto de positividad como para que se le pueda decir a un depresivo clínico que lo que le ha asaltado es nada más que un exceso de positividad. Soy consciente de que su noción de positividad –que Han nunca define o se toma el trabajo de elucidar— implica la idea de un <em>positum </em>excesivo de datos y de posibilidades en la sociedad tardomoderna, que eliminan la subjetividad y la dispersan en una red global de conectividad y de transparencia, pero si alguien pretende llevar el análisis al terreno de la <em>empiria</em>, no estaría mal tomar en cuenta los datos de la ciencia natural, que incluyen la disponibilidad genética para adquirir o desarrollar enfermedades psíquicas, los resultados de la neurofisiología y la dinámica de las catecolaminas, cosas que Han jamás hace. Si bien su entramado conceptual es coherente dentro de su premisas, como lo era el del desdeñoso Hegel, omite referirse a los resultados de las ciencias naturales o sociales que se ocupan de estos asuntos usando el método científico.</p><p>Por último, el análisis de este libro se aplica con cierta coherencia a la sociedad de quienes vivimos en un mundo más aligerado de problemas vitales esenciales, pero me temo que en el resto del mundo perviven suficiente negatividad y reacciones inmunológicas (como las llama Han, adepto a las metáforas biológicas), como para que su disolución de las fronteras de confrontación no se aplique en lo más mínimo. No sé qué pudiera decirle de útil el filósofo Han, en su confortable torre de marfil, a quien labora en condiciones inhumanas por un sueldo miserable, no pocas veces con peligro de su vida: tal el caso de las fábricas de ropa en Bangladesh, que colapsan o se queman por la codicia de corporaciones que harían cualquier cosa con tal de reducir precios; tal el caso de campesinos que son apaleados por la policía en mi propia tierra, Perú, porque quieren defender sus fuentes de agua de la ambición inmoral de las mineras transnacionales; tal el caso de los que acaban en la calle porque no han podido pagar sus hipotecas tras el comportamiento irresponsable de bancos sin escrúpulos. Decir que las líneas de confrontación han desaparecido en tales casos y de que uno es su propio verdugo, es si no ridículo, al menos irresponsable.</p><p>A fin de cuentas, Han está hablando de menos del veinte por ciento de la población mundial, e incluso en ese caso, con olímpica indiferencia de los datos y de la investigación empírica. Construir un bello artificio conceptual, después de todo, no es lo mismo que explicar la realidad, aunque a veces lo parezca. Con todo, el análisis toca ciertos puntos que ameritan consideración, pero que tienen que ser circunscritos a su esfera de posible aplicación. Más allá de ella, son, es verdad, <em>preposterous</em>.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. Su último libro es </em><strong>Frans van den Broek</strong><a href="https://www.amazon.es/Otro-Precio-Frans-Broek-Ch%C3%A1vez/dp/940214871X" target="_blank">Otro precio</a><em> (Brave New Books, 2016).</em></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a><a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Dec 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA['La topología de la violencia', de Byung-Chul Han]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo,Libros,Literatura,Filosofía,Los diablos azules número 44]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[‘Nebiros’, de Juan Eduardo Cirlot]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nebiros-juan-eduardo-cirlot_1_1132422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/cf04fee3-f4cd-4fc8-826b-a27274dce64f_16-9-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="‘Nebiros’, de Juan Eduardo Cirlot"></p><p><strong>Nebiros</strong><strong>Juan Eduardo CirlotSiruela Madrid2016</strong></p><p>El autor de la novela que nos ocupa es uno de los intelectuales más peculiares del siglo XX en España y en el mundo hispanohablante, y solo razones históricas y propiamente textuales explican que el conocimiento de su obra poética no se haya extendido más allá de las fronteras de nuestra lengua en la medida en que lo merece. Su <em>Diccionario de los símbolos</em>, sin embargo, ha conocido varias traducciones y sigue usándose como fuente de referencia, a pesar de que hayan aparecido otros del mismo tipo más enjundiosos y anotados, como el de <strong>Gheerbrant </strong>y <strong>Chevalier</strong>, quizá por la limpidez de la prosa y la acertada vinculación metafísica y cultural de las explicaciones. Su poesía es de las mejores que se han escrito en castellano en las últimas generaciones, pero no es de fácil lectura y demanda un esfuerzo interpretativo al que nos vamos desacostumbrando en esta era de información rápida y significados explícitos. </p><p>El manuscrito de <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=autor&letra=C&id_libro=3035" target="_blank"><em>Nebiros </em></a>ha atravesado una trayectoria que, en cierto modo simbólico, remeda la de la historia de España: censurada cuando el editor<strong> José Janés</strong> la quiso publicar, por expresar una "moral repugnante" y ostentar un "espíritu derrotista", acabó arrumada en algún armario de la casa del autor, hasta que fue redescubierta no hace mucho por su hija, <strong>Victoria Cirlot</strong>, perdido en los entresijos de la casa familiar. También ha aparecido en los Archivos Generales de la Administración, en Alcalá de Henares, el ejemplar utilizado por la censura parar su evaluación, marcados con rojo varios pasajes que, presumiblemente, ofendían el gusto del censor. </p><p>La novela, la única que escribió Cirlot (en los meses de agosto y septiembre de 1950), es en realidad un largo monólogo interior, al que los hechos externos, que no son muchos, solo sirven de acicate o de apoyo narrativo. Cuenta la historia de un hombre en edad madura, al que no se nombra, como indicando que representa a cualquiera de nosotros, que trabaja en la vieja empresa familiar de contabilidad que ha heredado de su padre. La empresa decae ante la indiferencia del personaje, que detesta dicho trabajo, pero que no ha tenido jamás el valor de hacerse de otra profesión o de abandonar la vida rutinaria que ha llevado hasta entonces. La historia cubre una noche, al menos en el manuscrito que se ha rescatado, pues la hija indica en el epílogo que quizá se han perdido algunas páginas que la continúan hasta igualar las 24 horas del <em>Ulises </em>de <strong>Joyce</strong>, obra que conocía y admiraba Cirlot. El personaje sale del trabajo y decide caminar por la ciudad innombrada que es el escenario de la novela, una ciudad portuaria, como la Barcelona del autor, pero le atraen los barrios bajos, donde se encuentran los prostíbulos y los bares de prostitutas, donde vagan la gente pobre y los descastados de la sociedad. Como ha hecho tantas veces, retrasa el retorno a su casa, donde vive en soledad, temeroso de oír las voces de su padre en su habitación, de hundirse en la serena desesperación que cimenta sus días. </p><p>Durante el paseo, el personaje reflexiona. Todo lo que encuentra le lleva a la indagación espiritual, su mente, que él mismo tipifica como ondulante y ambivalente, pendula entre el nihilismo existencialista que deniega todo sentido a la vida y la esperanza de una revelación que otorgue sentido a todo aquello que ha vivido. Siente, de forma imprecisa, que aquella noche le espera alguna experiencia de orden trascendente y se afana para obtenerla, pero, de acuerdo con su carácter contradictorio, toda vez que parece encontrarla, le asalta la convicción en la futilidad de todo esfuerzo. Durante su largo peregrinaje nocturno a ninguna parte, se entrega a alucinaciones que distorsionan la realidad en la dirección de algún contenido simbólico o recuerda episodios de su infancia, de su juventud, en los que sufrió o en los que no supo qué hacer y le llenaron de culpa. Recala en un bar que tiene el nombre que da título a la novela, Nebiros, el nombre de un demonio que preside sobre un pecado que no se puede nombrar, en concordancia con el tono de ambigüedad opresiva de la novela. En aquel bar observa a un borracho hablar a solas y piensa que su trabajo es más arduo que el de cualquiera, el de hundirse en el abismo del alcohol con disciplina casi mística. Entran personas que parecen empleados del puerto y de pronto aparece una mujer semidesnuda, con los pechos al aire, que termina por identificar con la mítica Lilith. Va a un prostíbulo y ejerce el acto sexual con desapego, lo que le incita la culpa que ha marrado buena parte de su vida. Se queda dormido por un rato, sentado en unos sacos del puerto, y la ciudad se convierte en jaula, en una prisión. Se encuentra con una niña mendicante, a la que asume de no más de dos, tres años, y se le ocurre la idea de adoptarla, de redimir con aquel acto y el amor que le daría, toda una vida de irrelevancia e intrascendencia vital. Pero los pensamientos, como en toda la novela, se interponen entre él y la realidad y la niña desaparece, para no verla jamás. </p><p>Todo este periplo viene acompañado de reflexiones filosóficas que, como dijimos, oscilan entre la desesperación y la revelación. Tan pronto como piensa que recoger a aquella niña le salvaría moralmente, por ejemplo, como que se arrepiente y decide que la soledad no puede ser quebrada con actos que a la larga son ilusorios. Al punto que ve en las prostitutas a símbolos de la magia sexual que ha leído en algún libro o encarnaciones de divinidad femenina, le perturban pensamientos sobre la naturaleza cruel de tal profesión, que las obliga a acostarse con 20 o 30 hombres cada noche y  sobre su debilidad de carácter al hacer uso de sus servicios. Poco más sucede en esta novela, que tiene antes la cualidad de un largo poema en prosa que de un texto narrativo en el que hechos y personajes estructuren una realidad reconocible. Nada es reconocible de modo fácil en la novela de Cirlot, que hace referencias a sus propios poemas y a lecturas de gran rango, desde <strong>Dante </strong>hasta la literatura del mal de <strong>Bataille </strong>y el surrealismo, por lo que es de suponerse que incluso su publicación no le hubiera traído un público lector demasiado amplio. Me pregunto si se lo traerá incluso ahora, cuando las reflexiones de orden metafísico atraen menos la atención del lector, a menos que vayan ornamentadas de acción dramática, de impulso de <em>thriller </em>americano o de sexualidad patente. </p><p>Si Cirlot hubiera merecido la atención de alguien como <strong>Rubén Darío</strong>, no me cabe duda de que le hubiera incluido en su famoso libro <em>Los raros</em>, por la extrañeza y misterio de su producción literaria. En estos tiempos, se me ocurre que la mejor aproximación a su obra la proveería el marco interpretativo de la escuela tradicionalista (también llamada perennialista) de interpretación de la religión y la mística, la que representan figuras como <strong>Mircea Eliade</strong> o <strong>Frithjof Schuon</strong>, por el énfasis que ponen en el simbolismo y la experiencia de lo trascendental de modo directo, intuitivo. Su propio diccionario se inscribe en este movimiento de indagación de las universalidades subyacentes a la variedad de expresiones filosóficas o religiosas. <em>Nebiros </em>patentiza una visión gnóstica de la existencia, en la que el mundo de la materia y de la carne se encuentra en perpetua lucha con el mundo del espíritu y de la trascendencia, un mundo creado tal vez por un dios subalterno, desprovisto de la perfección del principio absoluto, pero emanado del mismo y aún provisto de sombras de la divinidad, algunas de las cuales se encarnan en símbolos. El paseo nocturno del personaje es, de algún modo, una expresión más de la discontinuidad existencial de lo mundano con lo Absoluto, y, a la vez, de su continuidad esencial con el mismo, hasta en los aspectos más abyectos y degradantes. </p><p>En ciertos tipo de gnosticismo existe la noción de que una forma de acceder a la trascendencia, al mundo superior que subyace a las apariencias, consiste en abandonarse a lo infernal, al mal, a lo de abajo. O como lo expresa el título del magnífico estudio de lo oculto en el simbolismo literario de <strong>John Senior</strong>, <em>The way down and out</em>, el camino hacia abajo y hacia afuera. El peregrinaje de <em>Nebiros </em>ejemplifica dicha expresión, y el personaje acaba en la novela comiendo la cena que le han dejado la noche anterior, de madrugada, como si de la última cena se tratara, atrapado en las redes del universo material, pero aspirando a ir abajo y arriba, hacia lo trascendente. Una novela, por tanto, que debe leerse más como un poema surrealista que como un constructo narrativo de literatura realista.</p><p><em>*Frans van den Broek es crítico literario.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Nebiros’, de Juan Eduardo Cirlot]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Libros,Literatura,Literatura española,Narrativa,Los diablos azules número 37]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘Antonio vuelve a casa’, de Ivan Thays]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/antonio-vuelve-casa-ivan-thays_1_1130517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a2afee8f-1e3f-4622-81e9-084d65ac3fba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Antonio vuelve a casa’, de Ivan Thays"></p><p>El tema del doble en la literatura tiene una larga tradición que, según algunos, se remonta a la antigüedad clásica. Es probable que sus orígenes se hundan en la prehistoria, como parte de la literatura oral de los pueblos más primitivos. Lo que se sabe desde que dichas historias pudieron ser plasmadas en la escritura es que la figura del doble era tomada muy en serio, y tenía más bien un carácter negativo, pues el encuentro con el doble o la visión del mismo podía augurar la muerte o el infortunio. En general, el doble poseía una cualidad metafísica, acorde con las creencias de entonces, como espíritu, fantasma o proyección astral, de lo que la literatura fantástica se hizo eco. Más tarde, el doble adquirió un talante psicológico, siguiendo el desarrollo de la cultura occidental hacia el paradigma humanista, como la expresión de las fuerzas ocultas e incontroladas que anidan en todo ser humano, aunque no faltaron quienes lo rescataran del reino de la conciencia humana al del esoterismo o las realidades alternativas, lo que se refleja en la literatura. <strong>Stevenson </strong>o <strong>Borges </strong>acuden a la memoria para ejemplificar estas tendencias.</p><p>El escritor peruano<strong> Ivan Thays</strong>, en su último libro, <a href="http://www.megustaleer.com.pe/libro/antonio-vuelve-a-casa/PE28810" target="_blank"><em>Antonio vuelve a casa</em></a> (Alfaguara), se vale de la figura del doble de manera más bien tenue para poner en la piqueta la vida de su personaje principal, Antonio, quien ha llevado hasta la aparición del doble en su vida una existencia anodina e insulsa. Antonio tiene un trabajo rutinario, está casado desde muy joven con la misma mujer, ha ejercido con mediocridad su labor paternal con su único hijo, ya independiente y distante, cuando se aparece un nuevo y misterioso vecino, Halsen, el que le habla de la existencia de los dobles (sobre lo que Antonio se muestra intrigado, pero escéptico) y quien le pide después de un tiempo que le cuide la casa y alimente a sus peces mientras él está de viaje. Antonio va la casa del vecino a cumplir con lo prometido y observa desde allí, sin demasiada consternación, que alguien igual a él entra en su casa y toma su lugar, sin que su esposa, Mercedes, note la diferencia. Decide entonces permanecer en la casa del vecino y observar la vida de su doble, su propia vida, desde la escasa distancia de una pista de por medio, con ocasionales incursiones por los alrededores de su casa para observar dentro lo que pasa. </p><p>Este marco argumental le sirve a Thays para construir una historia en la que el tono general es el de una cotidiana extrañeza, con eventos de carácter extraordinario en la vida de Antonio, pero narrados como si de hechos naturales se tratara. Aparece, sin explicación alguna, una bella y joven mujer, Valdemar, con la que se entrega a sesiones de sexo satisfactorio y desangelado. Observa con difidencia los ires y venires de su doble y de su esposa, a quienes ve compartir momentos de gozosa intimidad familiar que él mismo ya había olvidado, da de comer a los peces y aprende  de sus vidas usando libros de la casa, cocina y comparte vinos y cenas con Valdemar, duerme hasta tarde, va a buscar a su hijo y llega a ver una pelea entre el mismo y su doble en la que no interviene. Valdemar le presenta a una amiga suya, una gorda descomunal que tartamudea y transpira una inocencia primitiva que le conmueve. Ofilia, la gorda, es testigo de la muerte de un pez del acuario y le pide a Antonio que no lo eche por el váter, que le evite el destino del alcantarillado, y lo entierran con debido respecto en el jardín metido en una caja. A todo esto, de Halsen no hay señales. </p><p>Más tarde, a Valdemar, mujer sin demasiados escrúpulos, se le ocurre la idea de filmar una película porno con Ofilia y alguien que ha conocido por allí, ducho ya en estas tareas sexuales. El objetivo es ganar dinero, aprovechando el interés que despertaría un acto tan grotesco, pero el principal resultado es desarticular la precaria vida de Ofilia y arruinarla. Antonio ha asistido a todos estos hechos con poca o nula participación de las emociones, como si el doble se hubiera llevado consigo su vida interior. Al mismo tiempo, Antonio experimenta, en sordina, lo que hubiera sido imposible en su adocenada vida anterior, el deseo, la improvisación, hasta la compasión y la ternura por Ofilia o por su propio hijo. Se da cuenta del absurdo de su propia vida, resignado a una existencia sin amor, sin fantasía, sin sobresaltos. Al final, después de destrozar el auto de su doble, decide volver, transmutado su ego en algo que la novela deja a la imaginación del lector.</p><p>Todo lo anterior está narrado en un estilo límpido y económico, que remeda el estado semicatatónico del protagonista, sin alambiques formales o rítmicos, casi en estilo telegráfico a ratos. Este aspecto formal contribuye a la coherencia de la novela y agiliza la lectura de hechos que son, a todas luces, ajenos a la normalidad vital del lector. Sin embargo, cabe preguntarse por el uso de la figura del doble como artilugio argumental, esto es, en qué medida contribuye a reforzar lo que parece ser la intención principal de la novela o a distraer de lo que podría ser una carencia argumentativa. El doble no habla jamás, como no fuera más que de modo indirecto, no demuestra atributos que le distingan del original de modo significativo, aparte de ser más amable o cariñoso con su mujer y más antagónico con su hijo, y parece antes un fantasma referencial que un verdadero doble de carne y hueso. Algo peor pasa con el vecino, Halsen. Después de hablarle de los dobles, dejarle la casa y encargarle a sus peces, desaparece de la novela, para no volver jamás, más que de modo indirecto, mencionado por otros personajes. ¿Para qué invocarle en primer lugar, se pregunta uno? </p><p>Valerse de la fantasía literaria permite al escritor una libertad creativa que, diríase, no está disponible al escritor de ficción realista. Esto es ilusorio, por supuesto, pues hasta la literatura más realista es fantasía. Pero alejarse de la correspondencia con lo que consideramos de común la realidad autoriza al lector a incursionar en terrenos imaginativos que están vedados a quien pretende reflejar, de modo ficticio, la realidad. Dicha libertad debiera haber concedido a Thays un margen imaginativo que utiliza apenas. Da la impresión de que Thays no ha querido alejarse  demasiado de la así llamada realidad sin renunciar a la libertad que le conceden las premisas de la literatura fantástica, pero haciendo justicia a ninguna. Antonio ha llevado una vida carente de significado o de trascendencia, pero ¿en qué medida asistir y hasta colaborar con una escena pornográfica en la que alguien se folla a una mujer groseramente obesa contribuye al desarrollo psicológico de Antonio o al desarrollo del personaje? Alimentar peces, que puede tomarse como una metáfora de una sociedad que nos nutre y condiciona sin mayor conciencia de lo que hacemos, ¿es adecuado reflejo de la evolución psíquica de Antonio, quien ha de aprender lo que se necesita para llevar una vida en un nivel más elevado de existencia? </p><p>Si bien la novela de Ivan Thays muestra cierta originalidad en ejecución y argumentación (aun cuando el tema del doble, como se dijo, tiene una larga presencia en la literatura universal), decepciona en los detalles y en la tesitura narrativa. Antonio puede ser cualquiera de nosotros, es cierto, pero no cualquiera de nosotros le dejaría su casa a un doble sin una historia que justifique tal indiferencia. No cualquiera de nosotros asentiría con un acto grotesco que más quita que deja en cualquier persona que no haya abandonado toda referencia moral. Thays, como otros escritores de su estilo, operan bajo la preconcepción de que hechos chocantes tienen un efecto liberador sobre la conciencia, mientras que la liberación viene, más bien, de no necesitar hechos chocantes para acceder a lugares más elevados de funcionamiento psíquico. La literatura abunda en hechos horríficos, por supuesto, y son incontables las historias chocantes o desconcertantes. Quedarse a medio camino, no obstante, produce un efecto de falta de compleción, el que aureola esta nueva novela de Ivan Thays. A la larga, la historia de Antonio y de su aventura en los confines del Yo deja un sabor de dejadez creativa y de carencia imaginativa. A tal punto que, al finalizar la novela, cuando Antonio decide volver a su casa después de meses en la casa del vecino, nos importa menos lo que podría pasarle entonces que el hecho de haber concluido una historia en la que todo es irrelevante, incluido dicho final.</p><p><em>*Frans van den Broek es crítico literario.</em></p><p><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Sep 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘Antonio vuelve a casa’, de Ivan Thays]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Literatura latinoamericana,Novela,Los diablos azules número 30]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[‘El ruido del tiempo’, de Julian Barnes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/ruido-tiempo-julian-barnes_1_1127833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/05a8aa25-e1f9-4299-969a-cc5510d2e691_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El ruido del tiempo’, de Julian Barnes"></p><p><strong>El ruido del tiempo</strong><strong>Julian BarnesAnagramaBarcelona2016</strong></p><p>Desde los inicios de la cultura occidental, la música ha sido vinculada con realidades de orden trascendente y se le han atribuido correspondencias simbólicas. Se atribuye a <strong>Pitágoras</strong>, aunque es probable que proceda de fuentes más antiguas, la noción de la armonía de las esferas o de un universo gobernado por patrones análogos a los que se encuentra en la música, la mayoría imperceptibles para el profano, en el que todos los órdenes de existencia se corresponden como lo hacen las escalas y los acordes. Es en este sentido que las ciencias matemáticas, la astronomía y la música se consideraban saberes afines, pero la realidad simbólica de la música se extiende a la armonía del alma y del espíritu, de las sociedades y la naturaleza. Estas ideas fueron concebidas asociadas a la religión y lo sagrado, pero la importancia de la música ha sobrevivido a la secularización e incluso al nihilismo contemporáneos, como lo demuestra, por mencionar a alguien, la filosofía de <strong>Nietzsche</strong>, acerbo anti-cristiano, quien sin embargo atribuye a la música la posibilidad de comunicar realidades superiores cuya expresión no es posible de otra manera, realidades que trascienden el orden racional y simbólico, de naturaleza dionisíaca. Tomó la idea de su maestro <strong>Schopenhauer</strong>, para quien la música vehicula la Voluntad nouménica sin la distorsión de las representaciones de la razón. Si se quiere, la música ha conservado un cierto carácter de sacralidad secular de naturaleza inefable que, sin embargo, instiga a la interpretación. </p><p>Dicho carácter sacro sufrió una degradación reduccionista, no obstante, en las sociedades con un sesgo más agudamente ateo, como en la Unión Soviética, en la que la música, como todo arte, debía ponerse al servicio de aquella hipóstasis de lo trascendente llamado Pueblo o, mejor dicho, quien lo representaba de manera más fiel, el Partido. Y al pueblo le gustaba las melodías claras y asequibles, no las complejidades formales de la música moderna que solo alimentan el narcisismo elitista de la corrupta burguesía. Y quién mejor que el Gran Timonel <strong>Josef Stalin</strong> para saber lo que necesita el pueblo en aquella gran empresa de ingeniería social que fue la URSS. </p><p>Con una ya larga y distinguida trayectoria novelística, <strong>Julian Barnes </strong>dedica su atención en su última novela a la inherente tensión entre libertad creativa e imposición dictatorial, recreando de modo lírico momentos selectos de la vida del músico soviético <strong>Dimitri Dimítrievich Shostakovich</strong>, o más bien debiera decirse, novelando la conciencia del compositor durante partes cruciales de su vida, haciendo uso de un estilo libre indirecto íntimo y algo desapegado a la vez, a la manera del monólogo interior, pero equilibrando el estilo con referencias a la situación política y social de la Unión Soviética que le tocó vivir a Shostakovich y con escenas realistas de supuestas conversaciones con el Poder y episodios de su vida personal. El tono general de la novela es poético, si bien de una intensidad mesurada, una larga reflexión sobre el desgarramiento de una conciencia que se ve jalonada por sus principios artísticos y éticos de un lado, y la necesidad de sobrevivir, del otro, tanto él como su familia, amigos y allegados, en una sociedad en la que la más mínima desviación o signo de disidencia podía costarle la vida a todos. El resultado es hermoso, sin duda, una novela escrita con sabiduría técnica y conocimiento de su tema (Barnes revela al final de la misma las fuentes en las que ha basado su escritura), pero no exenta de disonancias (para decirlo a la manera musical), las que se dan entre el sujeto de su exploración poética y lo que sabemos de aquella época, de la cultura en la que tuvo lugar su supervivencia. Tres momentos le sirven a Barnes de pivotes narrativos para estructurar su obra, situaciones de terror, derrota y humillación para Shostakovich, quien a pesar de sus desencuentros con el Poder, logró sobrevivir a la época de Stalin y morir como un músico de éxito y respetado internacionalmente, pero estragado por abismos morales de los que nunca supo recuperarse.</p><p>La primera parte se centra en la perturbadora experiencia de asistir a una representación de su ópera <em>Lady MacBeth</em> en Mtsensk, la cual se ha representado con éxito en otras partes, el 26 de enero de 1936, cuando dignatarios del régimen también concurren, entre ellos Stalin, quien se aposta detrás de una cortina en el palco principal. Antes de terminar la ópera, todos se han retirado, indicando con ello su desaprobación. Shostakovich comprende lo que esto significa. Una editorial, unos días más tarde, en el periódico oficial del Estado, <em>Pravda</em>, en la que se vitupera su obra de manera ponzoñosa, como ruido propio de burgueses degenerados (aquí la palabra inglesa tiene connotaciones de las que carece la traducción española, <em>muddle</em>, una mezcolanza barrosa de sonidos), producto del formalismo elitista y la autocomplacencia, le convence de que su fin está cerca, por lo que decide prepararse. Espera todas las noches de pie frente al ascensor, con una pequeña maleta en la que empaca un pijama, un cepillo de dientes, un dentífrico, para salvar a su familia de las agonías de la detención. Noches enteras en vela en las que medita sobre su existencia y los compromisos a que le obliga componer en una sociedad constreñida y asfixiante. El primer amor pasa por su mente, su timidez, su talento para la música y su torpeza para con los seres humanos, las ideas sobre el amor libre, las mutaciones que conlleva tener una familia. Le llaman para una conversación con el Poder, con un oscuro funcionario que le conmina a recordar todo aquello de lo que ha podido ser testigo durante las reuniones con uno de sus más queridos protectores, el <strong>Mariscal Tujachevsky</strong>, quien ha perdido el favor del régimen y es ejecutado por una supuesta conspiración para derrocar al actual gobierno. El funcionario le da unos días para recordar lo que no puede recordar, conversaciones sobre la conspiración, y Shostakovich se atormenta durante el fin de semana, seguro de que su conversación con el Poder significaría su detención y su ejecución, pero cuando acude a la cita para contar lo que no puede contar, el propio funcionario ha desaparecido, engullido por las fauces de un sistema que no salvaguarda a nadie, ni a sus propios lacayos y sirvientes. Dimitri, por tanto, se salva, pero no así su ópera, que permanecerá prohibida por mucho tiempo.</p><p>Barnes nos lleva luego, en la siguiente parte de su novela, a un viaje de Shostakovich a los Estados Unidos de Ámerica, a un congreso por la paz, en los comienzos de la guerra fría, en 1948. Stalin mismo le ha pedido que vaya, llamándole por teléfono y asegurándole que lo de prohibir su ópera e impedirle el trabajo ha sido una confusión lamentable que se rectificará al instante. Al inicio se niega, comprobando, para su sorpresa, que teme al Poder, a toda forma de opresión sistemática y anónima, pero no al mismo Stalin como persona, como individuo, con el que discute pero con el que, al final, y a pesar de sus reticencias, acuerda ir al congreso. Este viaje solo le reportará más degradación moral y un sentimiento de culpa que le acompañará siempre. Tiene que repetir los discursos preescritos para él por los funcionarios del Estado, asentir con artículos que se han atribuido a su nombre sin que siquiera los haya visto de antemano, responder a preguntas hirientes de los que atienden la conferencia que da en América, sobre todo de <strong>Nicholas Nabokov</strong> (pariente del famoso escritor), al servicio de la CIA, se sabe después, y quien hace hincapié en su condena de la música formalista y, en especial, del compositor al que Shostakovich admira más, <strong>Prokófiev</strong>, hace años exilado en dicho país y que se ha negado a asistir, para no apoyar un régimen que desprecia y la farsa del congreso por la paz. El discurso que pronuncia lo hace con monotonía displicente, las respuestas le salen prefabricadas y sosas, su actitud es vacua y desencajada. ¿Cómo ha podido llegar a este nivel de bajeza moral, se pregunta, de sistemática cobardía?</p><p>Porque la novela, si algún tema la insufla y estructura, es el de la cobardía, la de aquellos que tuvieron que acomodarse a un sistema criminal que no respetaba ninguna frontera ética o política, una cobardía que suscita reflexiones amargas e irónicas de parte del Shostakovich de Barnes, que le hacen incluso postular la paradoja de que se requiere más valentía para persistir en la cobardía toda la vida, con la constante amenaza de represalias, detención, humillación, que ejecutar un acto heroico que significase el fin de la vida en la Unión Soviética, hecho que le ocurrió a muchos otros artistas, conocidos y desconocidos. Una cobardía que solo encuentra respiro en la ironía, en el cinismo, en el silencio. Y en la música, por supuesto, la que sostiene su vida y su existencia, allende el absurdo de la tiranía. </p><p>La última parte de la novela nos muestra a un Shostakovich maduro, reconocido y asentado en su profesión, conducido por chófer, director de la federación de compositores de Rusia. Para ello, ha tenido que hacerse miembro del Partido Comunista, lo que había evitado toda su vida, ya muerto Stalin y durante el proceso de cambio desde el período del culto a la personalidad al de reformas parciales y apertura hacia Occidente. Le ha llevado a esa decisión que le agobia otra de sus conversaciones con el Poder, en la figura de un tal Piotr Nikoláievich Pospelov, a quien, no obstante sus temores, llega a decirle que no quiere hacerse miembro de un partido que mata, a lo que replica el diligente funcionario que esa es precisamente la razón por la que tendría que afiliarse, pues el Partido ya no mata, ya han pasado los tiempos del asesinato arbitrario y el crimen de Estado, ahora se le necesita para darle un nuevo lustre al comunismo soviético y para dirigir los destinos de la música en Rusia. Antes, el compositor ha sido sometido a una reeducación política a domicilio, que aseguraría su comprensión de los principios básicos del socialismo realmente existente, uno de los cuales era asentir y callar. Shostakovich no tiene más remedio, nos hace creer Barnes, que afiliarse, hecho que le hace merecedor del desprecio de muchos y que se suma a su larga lista de cobardías y culpas, por las que sufre el más acerbo remordimiento, por la que se desprecia a sí mismo incluso más que antes. Pero allí está, su fama consolidada, su reputación a salvo, su música interpretada en muchas partes, miembro del Partido y de una élite de artistas que el Poder utiliza para promocionarse, para justificarse. Unos años después moriría, admirado por su país y el mundo musical, pero derrotado por el poder, quebrado en su conciencia, lo que expresaría al final de su vida en una serie de cuartetos desgarradores y tortuosos que expresarían mejor que cualquier biografía su tormento interior.</p><p>Barnes toca en esta novela el eterno problema de la tensión entre libertad artística y el poder estatal absoluto, y nos entrega un Shostakovich del que un crítico ha afirmado que parece antes inglés que ruso, dado a reflexiones irónicas y comedidas, llagadas por el temor, la culpa y el desprecio de sí mismo, es verdad, pero circunspectas y hasta serenas, con resignación de noble caballero, de profesor de Cambridge o de Oxford. Nadie podrá jamás saber cómo discurrieron las tormentas de su conciencia y mal haría cualquier interpretación al servirse de estereotipos o lugares comunes. Si uno se vale tan solo de la propia literatura rusa, empero, bien puede afirmarse que el Shostakovich de Barnes está lejos de Raskólnikov y es ciertamente ajeno al subsuelo del que ha brotado no poca literatura de aquella parte del mundo. Barnes deja al lector el juicio moral a un compositor que tuvo que traicionar su conciencia para sobrevivir y crear una de las obras musicales más notables del siglo veinte, admirada por algunos, considerada mediocre por otros. Bien puede la música pertenecer a otro orden que el simbólico o el racional, Shostakovich no pudo evitar que se vieran en su obra luchas de clases o irónicos desplantes al poder, según la interpretación al gusto. Su caso y su obra han sido debatidos <em>ad infinitum</em>, siempre asumiendo que la música permite dichas lecturas, traduce realidades que le son ajenas o distantes. La disputa hermenéutica quizá no tiene solución o final. Pero el Shostakovich de Barnes parece volver a los orígenes sagrados de la música, a su pureza elemental y trasracional, a aquel espacio impoluto desde donde surge la creación más elevada, la que tramonta los ardores ideológicos o políticos de su época, la que hará olvidar sus tormentos, cobardías y humillaciones. La que acuerda con la armonía de las esferas y la música del espíritu. </p><p>La novela de Barnes comienza y finaliza con la misma escena, un detalle poético conmovedor que enmarca con simple belleza la reflexión lírica de la novela. Shostakovich viaja en tren con un amigo, el cual se detiene en alguna estación distante, en medio de la vasta geografía de Rusia. Por el andén se mueve un mendigo, un veterano de guerra al que han amputado las piernas en la Gran Guerra, quien canta canciones algo obscenas para agradar a los viajeros e incitarles a darle unas monedas. Dimitri y su amigo le muestran la botella de vodka que llevan y el mendigo accede a beber con ellos, por lo que se apean premunidos de unos vasos, que llenan, pero en diferente medida. Al chocarlos para brindar, la diferencia en las medidas de vodka producen una armonía, que el fino oído de Shostakovich capta al instante, y así lo refiere. Una armonía de vasos de vodka en un andén olvidado, y brindando con quien lo ha perdido todo, menos la voz para cantar, beber vodka y pedir monedas para sobrevivir. Barnes quiere decirnos, con la voz de un Shostakovich trágico, atormentado y, a pesar de todo, puro, que la música es símbolo del universo y está en todas partes, cualesquiera que fueran los avatares del poder, la miseria humana y las desgracias de la existencia, más allá del ruido del tiempo, de la historia, de las contingencias y pérdidas. Piensa Shostakovich: "¿Qué podría oponerse al ruido del tiempo? Sólo esa música que llevamos dentro –—a música de nuestro ser, que algunos transforman en auténtica música. Que, a lo largo de las décadas, si es lo suficientemente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo, se transforma en el susurro de la historia. A esto se aferraba él". Un hermoso final para una bella novela en la que la esencia del arte se sitúa más allá del miedo, la culpa y el dolor. </p><p><em>*Frans van den Broek es crítico literario.</em></p><p><strong>Frans van den Broek </strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jun 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘El niño terrible y la escritora maldita’, de Jaime Bayly]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/nino-terrible-escritora-maldita-jaime-bayly_1_1126758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/6d688bd7-4184-42de-bee8-768277ec4954_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El niño terrible y la escritora maldita’, de Jaime Bayly"></p><p><strong>El niño terrible y la escritora maldita</strong><strong>Jaime BaylyEdiciones BBarcelona2016</strong></p><p>Me imagino que un crítico literario de orientación posmodernista podría permitirse un festín al analizar <em>El niño terrible y la escritora maldita, </em>la última novela del escritor y presentador peruano <strong>Jaime Bayly</strong>, aunque dudo que esa haya sido la intención del autor al escribirla, servir de pasto para la deconstrucción o el fausto conceptual de los discípulos de <strong>Derrida</strong>. Ni que decir tiene que lo mismo —en sumo grado, incluso—ocurriría si el crítico se vale de nociones psicoanalíticas, pues tendría material para un banquete de heliogábalo. El posmodernista podría regodearse en aspectos tales como la auto-reflexividad o la difuminación de fronteras conceptuales y vitales que ejemplifica esta obra, la que existe entre el autor, el narrador y el personaje principal, por ejemplo, o la que se da entre los sexos y las preferencias sexuales, por mencionar otro elemento prominente en esta novela y la obra entera de Jaime Bayly. Podría hasta invocarse conceptos abstrusos como la diseminación del significado, la <em>différance </em>o el <em>pharmakon</em>, por cuanto cada rol tradicional de la sociedad limeña que se retrata en estas páginas (y sus conceptos y estructuras asociados) lleva en sí la simiente de su propia destrucción o de su inherente inestabilidad. Y el crítico psicoanalítico no se daría abasto por la constante presencia de la libido y las relaciones familiares en un drama disfuncional que arrincona a todos los personajes en comportamientos regresivos o neuróticos. </p><p>Dado que no subscribo ninguna de dichas orientaciones analíticas —que bien podrían ofrecer ángulos interesantes de lectura, sin duda—, y porque no creo que la novela amerite tales ejercicios intelectuales, me limitaré a observar algunos de los aspectos que me han parecido más saltantes de esta nueva obra de Jaime Bayly. Como es bien sabido desde la publicación de su primera novela, Bayly se vale casi en exclusiva de su propia experiencia para escribir sus libros, algo que se repite en este caso, sobre el que el propio autor ha declarado que es fiel a la realidad, salvo nombres cambiados y, supongo, ordenamientos temporales o estructurales que la realidad no posee. El personaje principal de esta novela irreverente (irreverencia, humor e iconoclastia constituyen una de las características más destacadas de su novelística) se llama Jaime Baylys y al mismo le acontecen cosas que cualquiera que haya leído con cierta regularidad las columnas periodísticas de Jaime Bayly  o las páginas de sociales de los diarios limeños y hasta americanos (en lengua española) le han de ser familiares. A saber, un conocido presentador de televisión y escritor de novelas atrevidas, experto en realizar entrevistas a personajes famosos, políticos o celebridades, de corte más bien socarrón e informal, entrado en la cuarentena, bisexual militante y engarzado los últimos años con un novio argentino, se enamora de una mujer de veinte años, atractiva, burguesa e irreverente como él, que aspira a ser escritora ella misma y a la que conoce por su programa de la televisión. Este amor le lleva a abandonar, de momento, su vida homosexual con el argentino o con cualquier otro hombre (lo que no deja de sorprenderle) y le gana la animadversión de casi todos los seres cercanos que le rodean, comenzando por su exesposa (de quien sabemos desde el inicio que le irrita sobremanera y le resulta antipática e insoportable) y sus dos hijas adolescentes, a quienes adora, pero que rechazan a la nueva mujer en su vida como a una trepadora chusca y ramera. La madre de Baylys (como la madre de Bayly, huelga decirlo) pertenece a un grupo cristiano ultraconservador, para el que todo lo que hace su hijo es anatema y pecado mortal, pero se alía con las nietas y la ex esposa, haciendo causa común contra la intrusa. El escritor Baylys hace lo imposible para reconciliar su vida de flamante enamorado con su antigua vida semifamiliar, en la que ocupaba el departamento encima del de sus hijas y su ex esposa, el cual ha comprado con los millones que tenía en el banco, producto de décadas de trabajo en la televisión. </p><p>Se suceden muchas peripecias y desencuentros, el escritor se muda a Miami para huir de la mediocridad y pacatería limeñas, se siente feliz con su nueva pareja, que resulta muy pronto embarazada, pero desdichado por el abandono de sus hijas y la constante condena de su medio. Además, ciertas decisiones políticas e influencias conservadoras (de su propia madre, entre otras), le apartan de la televisión peruana, pues ha decidido apoyar a la candidata de izquierda para la alcaldía de Lima, odiada por el entorno que le procura trabajo, y su propia madre estima que la influencia de su hijo es funesta para la moral y las costumbres. Juega con la idea de presentarse a la presidencia (algo a lo que su madre le ha instigado desde su primera infancia), ya que las encuestas le dan entre un cinco y diez por ciento de apoyo, pero no para ganar, algo que considera casi imposible, sino para promocionar un proyecto de gobierno que incluya la igualdad de derechos sexuales, la legalización de toda droga, y que supone dormir hasta tarde y hacer lo menos posible como presidente. Con tales ideales programáticos y su fama de puto, no ve posible la financiación de dicha campaña, no sin antes entregarse a largas meditaciones sobre el oficio de político y la vanidad, estupidez y hasta degeneración de quienes lo practican.</p><p>En este punto es preciso señalar que la novela está estructurada como si de columnas periodísticas se tratara, inspiradas en sus colaboraciones o copiadas de sus propias columnas en la prensa nacional de su país, a lo que se añade las partes propiamente narrativas, pero sin que el lector pueda distinguir las unas de las otras con claridad (si se quiere, otra difuminación de fronteras). Esto le da oportunidad al escritor de entregarse a disquisiciones existenciales sobre variedad de temas, desde la paternidad hasta su propio destino como escritor o como ser humano. Jaime Baylys se declara agnóstico, cínico, algo misántropo, a pesar de su constante presencia  mediática y su habilidad social. Considera a la mayoría de sus congéneres, puede columbrarse de sus peroratas y el tono de la novela, imbéciles, codiciosos, fanatizados. Solo se salva el amor, sobre todo por sus hijas, pues hasta el amor de pareja le parece impredecible, doloroso, imperfecto y frágil. Ha intentado incluso alguna vez suicidarse, cuando comprendió que jamás podría satisfacer las exigencias morales de su clase y su educación religiosa, pues le empezaban a gustar los hombres y no había pecado más mortal que la homosexualidad. Gasta dinero en proporciones que a cualquier habitante de Perú no solo daría envidia, sino una apoplejía: millones aquí y acullá para satisfacer a su novio, a sus hijas, a sus amigos. No ha conocido un solo día de necesidad en su vida, como no fuera la necesidad de acostarse con quien le apeteciera. La edad, sin embargo, le agobia, ha engordado, ya no conquista a quien le viene en gana y se resigna a unos años más de vida mediocre y feliz con su nueva mujer y su nueva hija (que ha deseado sea hombre y gay hasta la médula), hasta que los estragos del abusivo uso de estupefacientes de todo tipo caiga sobre él finalmente. Podría decirse que cultiva una filosofía hedonista o epicúrea, si no fuera que hasta los buenos epicúreos conocen la restricción y el cálculo de los placeres que a Jaime Baylys le faltan.</p><p>Como en todas sus novelas, el uso del humor es fundamental en su técnica narrativa: su carencia convertiría sus obras en alegatos absurdos en favor de una vida sibarita sin sentido. El lenguaje hará reír a cualquiera que conozca un mínimo de peruanismos, si bien se preocupa de mezclar términos que ayuden al lector español a seguirle. Entrenado en el ejercicio del arte de contar, el autor hace que la novela fluya sin tropiezos, aparte de algunas de sus meditaciones en las que se excede en tiradas de filosofía existencial. En relativo contraste con algunas de sus obras anteriores, la autoreflexión se encarniza consigo mismo y con su posición como escritor y presentador de televisión. Jaime Baylys (queda el misterio si Jaime Bayly piensa lo mismo, aunque es probable) sabe que su estatus como escritor no le asegura un puesto en el panteón de los dioses de la literatura, se reconoce como mediocre e impertinente, y denosta su labor como presentador, algo que considera casi como el trabajo de un payaso. Se cuela, pues, un aire melancólico en la novela, el que dan los años y la reflexión objetiva sobre el sentido de una existencia orientada sobre todo por la vanidad y la necesidad de probarse a sí mismo en medio de un ambiente social que le condena. </p><p>La escritora <strong>Doris Lessing</strong>, fallecida hace algunos años y premio Nobel, decidió convertir en novela lo que iría a ser la tercera parte de su autobiografía, para no herir a quienes aún estaban vivos de la época narrada. El resultado fue una novela mesurada y hermosa sobre los años de la ilusión revolucionaria de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Bayly, el autor, no puede tomarse tanto trabajo, al parecer, pues solo cambia nombres y expone su vida de manera exhibicionista y cruda. Habrá quienes aprecien esta exposición descarnada como autenticidad y valentía literarias, pero tras más de una decena de novelas, el truco se agota y agobia. ¿Teníamos que enterarnos de que en cierta ocasión, durante el acto sexual, se cagó en el pene de su pareja masculina que le estaba enculando, embarrando las sábanas y la dignidad de ambos, para sentir autenticidad y honestidad autorales? Según el autor, todo lo descrito en la novela es estrictamente cierto, pero, a decir verdad, uno quisiera que no lo fuera. Y aunque lo fuera, ¿era necesario contarlo de tal manera o simplemente contarlo? Es probable que dichas irreverencias le procuren más lectores y hasta la admiración de algunos, pero dudo que influyan en su valoración literaria o artística. ¿Era necesario saber que alguna de sus hijas había tirado huevos a la ventana de su nueva pareja en venganza por su presencia en la vida de su padre? En una obra de pura ficción, el acto es nimio, inane y hasta enternecedor, pero Bayly afirma que todo es verdad, por lo que uno se pregunta lo que habrá pensado su hija de tal revelación de ardor adolescente. ¿Se trata de un juego posmoderno, en el que la ficción se ha entreverado con la realidad y en el que todos se quedan sin saber qué pasa? Tal vez. Pero al lector que no ha abandonado ciertos parámetros morales le resultará inquietante que alguien se dedique a exponer la vida de los demás, sin consideración por sus sentimientos o las consecuencias que puedan acarrear sus revelaciones. En esto, sin embargo, nos alejamos del análisis meramente literario para incursionar en el juicio ético, que quizá no viene al caso.</p><p>Con todo, es fácil suponer que esta nueva novela de Bayly venderá muchas copias y se difundirá como han solido hacerlo las anteriores. No faltarán quienes la compren por la misma razón que compran la revista <em>Hola</em>, para enterarse en más detalle de los chismes de su vida privada, en la que no faltan eventos sabrosos. Habrá quienes estén interesados en la vida de su nueva mujer, retratada en la novela como Lucía Santamaría, que se ha hecho escritora y ha escrito a su vez novelas de contenido controversial y chocante. En un mundo editorial y lector en el que bazofias literarias como <em>50 sombras de Grey</em> alcanzan cifras de ventas astronómicas, no sería de extrañar que novelas como esta también las alcancen. A decir verdad, lo sorprendente es que no las alcancen tan fácilmente como la antedicha novela. Será que el mundo editorial angloparlante tiene poderes que la lengua castellana no tiene, pero bien podría tenerlos. Tal como el mismo Jaime Baylys recalca una y otra vez, el libro no llegará al nivel de <strong>Vargas Llosa</strong> o de <strong>García Márquez</strong>, ni ha sido tampoco su intención, pero cumple a la perfección la tarea de hacer de la necesidad virtud, esto es, de la vida privada tema de novelas, columnas periodísticas y hasta programas de televisión. Que además le paguen por esto es beneficio añadido. Que la crítica le dedique un análisis posmoderno, psicoanalítico o marxista, por decir algo, ya es pedir demasiado. Lo que, quiero suponer, el autor no ha pedido jamás. </p><p><em>*Frans van den Broek es escritor. Su último libro es 'Otro precio' (Brave New Books, 2016).</em><strong>Frans van den Broek</strong><a href="https://www.amazon.es/Otro-Precio-Frans-Broek-Ch%C3%A1vez/dp/940214871X" target="_blank">Otro precio</a></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 May 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘Cinco esquinas’, de Mario Vargas Llosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/cinco-esquinas-mario-vargas-llosa_1_1125609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/5263b7c7-8746-4e17-a17c-af5b9a096c3d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Cinco esquinas’, de Mario Vargas Llosa"></p><p><strong>Cinco esquinas</strong><strong>Mario Vargas LlosaAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>Una de las ideas matrices del afamado <em>boom</em> latinoamericano, y de otras literaturas de donde procede la idea o a las que influyó, fue la de aspirar a la novela total, una obra cuyo contenido y estructura imitara de forma analógica la realidad o que constituyera un universo autónomo, provisto de distintos niveles de existencia y en el que la condición humana se viera retratada en todas su dimensiones. La forma más usual de este paradigma estético es la novela en la que múltiples personajes representan los diversos estratos en que la sociedad se divide, desde la burguesía hasta el proletariado, la marginación o la miseria. Suelen reflejarse también distintas formas de poder o de su carencia, ocupaciones varias, culturas disímiles, hasta geografías dispersas, cuando no países diferentes. Se trata de una aspiración trunca, por supuesto, debido a obvias razones epistemológicas, ya que es imposible reproducir la complejidad de lo real de forma verbal, pero la idea ha inspirado muchas novelas y vino aparejada a menudo con posturas políticas o preocupaciones éticas, sobre todo en el sentido de conllevar una denuncia de una sociedad injusta u opresiva. </p><p><strong>Mario Vargas Llosa</strong> ha escrito algunas de sus mejores novelas con esta idea matriz (y motriz, si se quiere) en la cabeza, como <em>Conversación en La Catedral</em> o <em>La casa verde</em>, extraordinarios ejercicios de construcción narrativa, en las que al rigor estilístico se le une el ardor político, inspiradas también por su convicción juvenil de que la literatura podría contribuir a transformar la realidad que se patentiza en la novela, o, para decirlo en sus palabras, de que la literatura es fuego, capaz de arder en la conciencia del lector y de la sociedad. Dicha convicción se ha atemperado con los años, como también la fuerza directriz de la noción de la novela total, pero no del todo, y si algo es persistente en la obra de este autor es su interés por la política, hechos que demuestra la nueva novela que acaba de publicar a sus ya venerables ochenta años, <em>Cinco esquinas</em>. </p><p>Con esta novela el autor vuelve a su país de origen, y más específicamente a Lima, que le sirviera de escenario para varias de sus obras anteriores. Recordará el lector aficionado a su novelística el famoso comienzo de <em>Conversación en La Catedral</em>, en el que la contemplación desganada de una ciudad gris y sucia incitan al personaje principal a preguntarse en qué momento se jodió el Perú, cuya capital muestra en su fealdad y caos el espíritu de una nación mal gobernada por dictadores y caudillos de corrupta calaña. Si nos atenemos a lo que expresa esta nueva novela, el Perú ha seguido jodido por muchas décadas más desde aquella pregunta melancólica, pues el tema se centra en los años del gobierno de <strong>Fujimori</strong> y de su tristemente célebre jefe del servicio de inteligencia, <strong>Montesinos</strong>, ambos hoy encarcelados por diversos crímenes, entre los que se cuenta uno de los mayores latrocinios de la historia del Perú: se dice que el dinero acumulado por Montesinos, por ejemplo, alcanzó la exorbitante suma de mil millones de dólares, en parte mal habidos por tratos con el narcotráfico. Quizá la ciudad de Lima no sea tan horrible hoy como en aquellos años de la <em>Conversación</em>, dado el crecimiento económico sostenido del país y su modernización de las últimas décadas, pero los problemas sociales persisten, y al momento de escribir estas líneas se decide el nuevo presidente del Perú con la hija de Fujimori liderando los sondeos. </p><p>Si en algo persiste la idea de totalidad en esta narración es en la distribución económica y social de los protagonistas de la misma, desde el minero multimillonario al artista caído en desgracia, pasando por la figura del propio Montesinos, aquí referido como <em>El Doctor</em>, y de los periodistas de prensa amarilla que tuvieron un rol importante en la legitimación del régimen fujimontesinista, aunque el espectro vital de la novela sea más modesto que el de sus obras más monumentales antes mencionadas. La trama gira en buena parte en torno al periodismo de escándalos, aquel que utiliza revelaciones de la vida íntima de personas conocidas para hundirlas personal o políticamente. Dichos medios fueron utilizados por el régimen para dañar la imagen de quienes se le oponían, y para satisfacer la morbosa curiosidad de un público adormecido por la dictadura, la necesidad de sobrevivir tras el desbarajuste económico y el terrorismo estatal y de los grupos rebeldes. El director de uno de aquellos pasquines, al servicio también de El Doctor, decide chantajear a uno de los hombres más poderosos del país, un minero, quien se niega a su demanda, con lo que el director decide publicar unas fotos comprometidas que le desprestigian y ponen su matrimonio en peligro. Tras ello, el director de la revista desaparece y es encontrado más tarde masacrado en circunstancias sospechosas. Entretanto, un artista caído en desgracia, que sobrevive a duras penas con achaques y demencia incipiente, sigue escribiendo cartas en protesta por el trato cruel que le había dispensado el susodicho director en su revista <em>Destapes</em>, lo que resultó en su expulsión del programa de televisión en el que trabajaba y en su ulterior marginalización. Más tarde, este personaje es usado por el régimen para justificar el asesinato anterior, bajo presión y amenaza. </p><p>Otra parte importante de la novela se dedica al despertar sexual de dos mujeres de edad media, esposas del minero y de su abogado, todos amigos personales, que descubren su bisexualidad de forma casual, y la exploran con discreción y entusiasmo, fugándose con excusas a veces a aquella meca de la burguesía peruana, Miami, para disfrutar sin peligro de su amistad devenida amatoria. El tono general de la novela es el de un <em>thriller</em>, con elementos de novela negra y policial, con la situación social y política ingiriendo en la vida de todos los personajes de una manera u otra desde el principio. Las amantes mencionadas, por ejemplo, se ven forzadas a dormir en la misma cama a raíz del toque de queda que se ha impuesto en la ciudad debido a la violencia política y que duró años, lo que da ocasión al deslice de manos que resulta en su nuevo decurso amoroso. Y, por supuesto, el soporte de la trama y el trasfondo argumentativo es la extendida corrupción, que llegó a niveles grotescos y hasta tragicómicos en aquellos años. Resulta sorprendente que Vargas Llosa no recurriera al escándalo de los videos que grababa Montesinos de sus transacciones ilegales con políticos y personas importantes, de los que se hicieron miles, si mal no recuerdo. De todas formas, El Doctor aparece retratado como un personaje maquiavélico, un psicópata manipulador y astuto, capaz de asesinato y extorsión, generoso con quien se muestra leal, implacable con quien le traiciona y con sus enemigos. Todos estos hilos narrativos son entrelazados con la acostumbrada habilidad de Vargas Llosa, quien es experto en la creación de aquello que solía llamar él mismo "vasos comunicantes", esto es, historias que aparecen, desaparecen y reaparecen a discreción en los diálogos y la narrativa, sin que el lector, que ha sido guiado con mano segura, pueda confundirse al respecto. </p><p>Quizá valga la pena recordar que Vargas Llosa mismo fue candidato a la presidencia en las elecciones que resultaron en la victoria del <em>tsunami</em> Fujimori, después del desastroso primer gobierno de <strong>Alan García</strong>, que llevó al país a la ruina y al borde del abismo. Esta historia la cuenta el propio Vargas Llosa en su libro de memorias <em>El pez en el agua</em>. En abril de 1992 el ingeniero Fujimori se da a sí mismo un golpe de estado, con la anuencia del estamento militar, para disolver el parlamento y gobernar sin obstáculos, ocasión que aprovecha Montesinos para coger las riendas del poder y hacerse, en efecto, el hombre más poderoso del Perú. Aparte de su libro de memorias, esta es la primera vez que Vargas Llosa trata en libro de este período de la historia peruana, y lo hace con buen ritmo narrativo y verbo límpido, pero no sin que amerite también algunas objeciones. </p><p>En primer lugar, en los diálogos y las descripciones no son raros los clichés y los lugares comunes, que eran más cuidadosamente evitados en sus obras previas. El diminutivo aparece por todas partes, hasta donde menos se lo espera, como el delincuente que se encuentra el minero a su breve paso por la cárcel y que le pide que le masturbe. Refiriéndose a su pene o pichula (en peruano), le dice que la tiene "muertita". La verdad, lo último que me imagino que un forajido de esos diría es precisamente esto, lo que afecta la credibilidad de la escena. </p><p>Que el cliché se inmiscuya en las frases es algo tolerable y hasta esperado en una narración de este tipo. Más grave es que lo haga en el diseño de los personajes y la asignación de roles en el entramado social, que resulta un tanto acartonado en este caso. Quizá esa sea la intención de la novela, el crear caracteres que se han identificado con sus propios estereotipos, pero, ¿por qué son los personajes de la alta burguesía favorecidos con características más bien positivas, como la honestidad, la liberalidad en materia sexual, hasta la nobleza de espíritu, mientras que los periodistas amarillos o el artista son más bien despreciables o insignificantes? Es verdad que los amigos millonarios también son mostrados como capaces de la infidelidad, la hipocresía y la mentira, pero a la larga son retratados en posesión de virtudes superiores a los de su contrapartes, y, huelga decirlo, son blancos y de origen europeo. El valor de una novela no se puede establecer por su estricta referencia a la realidad, sin duda, pero el conocimiento personal de la burguesía de mi país me obliga a mencionar el hecho de que no pocos de sus miembros son gente arrogante, petulante y racista, que vive de espaldas a su país y al mundo mestizo e indígena que constituye la mayoría de la nación, algo que el propio Vargas Llosa ha criticado en algunas de sus otras obras. De otro lado, el comportamiento de estos personajes es casi infantil, hasta ridículo. En esta novela se los ve usando diminutivos a menudo, como dije, como víctimas de las circunstancias, aunque adalides de la libertad que tanto precia Vargas Llosa, entregados a la satisfacción de sus fantasías, además de a hacer más dinero y aliarse con el gran capital extranjero, al parecer. A decir verdad, resultan un tanto antipáticos, así expuestos. En lo que respecta a la trama general, el autor se vale de un yugoslavo mafioso —lo que puede ser considerado otro estereotipo— para escenificar el comienzo del chantaje, que luego desaparece sin dejar trazas. Su aparición es un tanto <em>ad-hoc</em> y podría haberse eliminado con facilidad. </p><p>Luego, el erotismo, que Vargas Llosa ha explorado con acierto en novelas recientes, como <em>Travesuras de la niña mala</em>, o en la muy anterior, <em>Elogio de la madrastra</em>, aparece aquí algo pálido y soso, hasta irreal, descrito sin creatividad. Ignoro cómo besan otras personas, pero hasta donde puedo acordarme jamás he <em>sorbido la saliva</em> a nadie, o <em>los juguitos</em> de mujer alguna, como dice Vargas Llosa en esta novela. Cuando una de las amantes-amigas empieza a excitarse por el <em>cunnilingus</em> que le practica su amiga "sentía ascender el calor por su cuerpo y un temblorcito —de nuevo el diminutivo— corría por sus muslos, su vientre y llegaba hasta su cabeza". Y como este, varios pasajes que hubiera sido mejor dejar aludidos antes que descritos con poca gracia. La periodista que trabaja con el director de <em>Destapes</em>, por el contrario, carece de experiencias sexuales o es tan fea que nadie se fijaría en ella. Los bajos fondos de la cárcel son, como podía esperarse, perversos. </p><p>Con todo, la novela es de lectura ágil y entretenida, y retoma en cierto modo temas que siempre han agitado la mente del autor. El periodismo como tal se redime al final de la novela, en su función de cuarto poder de la democracia, exponiendo la corrupción y al servicio de la objetividad y la libertad. Hasta los millonarios dejan atrás el ocultamiento, para entregarse, tal vez, a un arreglo no convencional de sus apetitos sexuales. Lejos de la novela total, si bien con tenues remanencias de la misma, <em>Cinco esquinas </em>es una novela bien escrita, como todo lo que hace Vargas Llosa, pero menor en su producción. El escritor ha criticado con incisiva certeza la civilización del espectáculo, en la que se privilegia la superficialidad sobre la hondura estética o el pensamiento crítico. El periodismo amarillo cae ciertamente en la categoría de medios que explotan las tendencias más insubstanciales del ser humano. El arte de la novela, empero, también puede verse afectado por las fuerzas que hacen dicha civilización posible, una de las cuales es sin duda la comercialización excesiva del arte. <em>Cinco esquinas</em> no es parte de dicha civilización y antes bien, la crítica. Pero hubiera ganado mucho con una mejor caracterización de los personajes y la sociedad que retrata en sus páginas. </p><p><em>*Frans Van den Broek es escritor.</em><strong>Frans Van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <title><![CDATA[‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/noche-alfileres-santiago-roncagliolo_1_1124801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/9d27d43c-f3b8-4674-9f5c-93037494fc9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo"></p><p><strong>La noche de los alfileres</strong><strong>Santiago RoncaglioloAlfaguaraMadrid2016</strong></p><p>La adolescencia es quizá una de las etapas más intensas y azoradas de la vida humana, un período en el que, a tenor de los biólogos y psicólogos del desarrollo, se definen la constitución fisiológica y la personalidad del individuo. No solo el sistema endocrino, sino sistemas de ideas y actitudes están en fluctuación y reacomodación, algo que recoge en parte el propio término que se usa para referirse a esta aturullada fase, que indica padecimiento y hasta enfermedad. No es de extrañar, por tanto, que la adolescencia sea el momento en muchas culturas en el que tienen lugar rituales de iniciación de todo orden, desde los que implican pruebas no exentas de peligro mortal hasta los que involucran actos sexuales extremos o ceremonias que remedan pasajes mitológicos, destinados a dar estabilidad social y psicológica a lo que de otro modo podría derivar en caos psíquico y dispersión vital. </p><p>En nuestras sociedades modernas, sin embargo, muchos rituales y estructuras de apoyo sociales se han desvanecido, o han sido reemplazados por equivalentes prosaicos que más confunden que enaltecen la atolondrada psique del adolescente o por eventos religiosos en los que pocos creen y de poca eficiencia interior. Y, para el caso de los adolescentes varones, en muchas sociedades latinoamericanas, la peruana incluida, en lugar del guerrero o del sacerdote, aparece la figura del macho bruto, cuya iniciación a la adultez pasa por meterle hostias a quien pueda para afirmar su primacía, beber como un cosaco y, si acaso, irse de putas con el papá o los amigos para hacerse hombre hecho y derecho. Y a quienes no pueden o no quieren seguir estos senderos de dudosa vanagloria, no les queda más camino que el aislamiento o la segregación, en la esperanza de que los golpes le caigan al vecino. De varias maneras, los ritos de iniciación y los quehaceres adolescentes reflejan la sociedad en general y la sustentan.</p><p>La literatura peruana —y sin duda la universal también— se ha hecho eco de este fenómeno y, aunque no muchas, no faltan las obras que han elegido el mundo adolescente como tema nodal, sobre todo en la narración. El colegio, en particular, le ha servido al escritor como símbolo del mundo social en el que se inserta, una especie de microcosmos que reflejaría, no sin distorsión o exageración, el macrocosmos que lo hace posible, un lugar en donde varias clases sociales y modos de vida se entrecruzan, confrontan e influencian. El ejemplo que más recordará el lector es la novela de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, <em>La ciudad y los perros</em>, en la que la escuela militar Leoncio Prado le sirve como espejo de una sociedad peruana rasgada por divisiones raciales y de clase e impregnada de valores machistas y de violencia latente o patente. Otra narración que, en un sentido poético, hurga en el mundo adolescente para expresar una visión particular del mundo es <em>La casa de cartón</em>, de <strong>Martín Adán</strong> (<strong>Rafael de la Fuente Benavides</strong>, en su nombre real), centrada más bien en el universo del barrio y de una Lima de comienzos del siglo pasado, que hoy ha desaparecido para siempre. </p><p>La novela de <strong>Santiago Roncagliolo</strong> que es motivo de estas páginas sigue esta línea temática y escoge como escenario de su novela, <em>La noche de los alfileres</em>, el colegio La Inmaculada, una reputada institución de Jesuitas de la capital peruana, y la Lima de los años noventa del siglo pasado, y lo hace con buena soltura narrativa y eficiente dominio del género de intriga. La obra narra un episodio trágico o, si se quiere, tragicómico, en la vida de cuatro estudiantes de cuarto de secundaria, cuya edad ronda la quincena, todos ellos algo marginales y segregados, por distintos motivos. A un grupo inicial de tres, se junta un estudiante medio matón y asocial, que muy pronto se hace líder del mismo, y al que admiran por su talante indiferente y bravucón. La novela se cuenta desde la perspectiva alternada de los cuatro protagonistas, a quienes uno de ellos, muchos años después, ha reunido un poco a la fuerza para grabar su versión de los hechos. Poco a poco se va desvelando lo que constituye un acto de venganza en contra de una odiada profesora que se ha ensañado con los chicos, en particular con el líder, cuya secreta misión es, en realidad, hacerse expulsar de cuanto colegio le acoja, para así ser enviado donde su padre, quien ha dejado la casa familiar y recalado en la selva peruana para reponerse de estrés postraumático causado por su servicio en la zona de emergencia, luchando contra Sendero Luminoso, el grupo maoísta que asoló Perú en los ochenta y principios de los noventa, hasta la captura de su jefe, <strong>Abimael Guzmán</strong>, persona (y movimiento) sobre el que el autor de esta novela ha escrito un libro, <em>La cuarta espada</em>. El terrorismo de Sendero Luminoso y la represión gubernamental fueron también temas de su novela <em>Abril rojo</em>, que le valió el premio Alfaguara y reconocimiento internacional. Manu, el líder, cambia de súbito su comportamiento brutal, pues la profesora de marras le amenaza con hacerle repetir de año antes que expulsarle, algo que los otros descubren va contra las propias reglas del colegio, por lo que Manu resume sus maneras toscas y persigue aún su objetivo con denuedo. Las cosas, sin embargo, se tuercen, y todos enfrentan la perspectiva de la expulsión y del reformatorio, cada cual con su propio trasfondo familiar. Lo que pase después debe averiguarlo el lector a través de los ojos de los cuatro participantes y del pulso narrativo de Roncagliolo.</p><p>Si bien la novela discurre con buena dosis de humor e ironía, es en el fondo una tragedia de la que no pueden escapar los personajes, abocados sin remedio a uno de aquellos eventos que definen una vida, lo que al principio consideran una aventura también, pero una aventura malsana, incitada por la matonería, la disfunción psíquica y las circunstancias. La novela es un trasunto a su vez de aquel período de la historia peruana, en el que Sendero Luminoso parecía tener las de ganar, con bombas, apagones, muertos, desaparecidos, toques de queda, el eterno temor de ser despedazado por una explosión o tomado por terrorista, apresado y torturado, y la sensación general de que el país podía colapsar en cualquier momento, sin que las autoridades parecieran poder hacer mucho, como no fuera añadir más violencia a la violencia ilegal de los grupos rebeldes (en plural, pues aparte de Sendero Luminoso también se afanaba por la revolución el MRTA, otro grupo de izquierda). </p><p>La novela refleja también las contradicciones de una sociedad en la que se espera de algunos varones que se porten como machos y de otros se espera poco o nada; criados los unos por padres tradicionales, y los otros por padres progresistas, cuya interpretación de la modernidad pasa por negligir responsabilidades y ocuparse más de sí mismos que de los hijos; los unos casados para siempre, aunque se caiga el cielo, con madres sumisas y católicas, los otros siempre en trance de divorcio; los unos homófobos, los otros tolerantes hasta la indefinición. Como no podía ser menos en una novela de adolescentes peruanos, el sexo es omnipresente y pastoso, más una obsesión que un vehículo de sentimientos amatorios o una expresión de pulsiones naturales, un acto vedado a la mayoría juvenil por una cultura todavía mojiganga, al menos en apariencia, obcecada por el qué dirán. La masturbación durante clases es torcido sustituto de una pareja con la que iniciarse en el arte amatorio, el porno duro es sucedáneo de una buena educación sexual, que enfatiza, esta última, las enfermedades venéreas más que el placer, la visita a las putas es la iniciación que corresponde al macho peruano, como mencioné antes. Y la religión se encarga de administrar las correspondientes dosis de culpa y de torturas de conciencia. </p><p>Quizá lo más conmovedor de la novela sea la exposición de la situación familiar de los chicos del grupo, cada cual con su vía crucis particular. La historia reciente del Perú se cuela en dicha situación de manera dramática, como en el caso de Manu, cuyo padre se ha visto envuelto en actos de guerra que desafiarían la mente más estable, y que casi mata a su hijo confundiéndolo, en su delusión traumática, con un terrorista. Otro chico pierde a su madre durante un apagón, pues necesita de la corriente eléctrica para seguir sobreviviendo a un cáncer que la consume, y su padre se entrega entonces a otra de las obsesiones peruanas, el alcohol. Otro logra el anhelado encuentro sexual, solo para ser descubierto y amenazado por la madre de la enamorada, convertida en amarga madre soltera tras el suicidio de su esposo, y contempla con desánimo la dependencia emocional de sus padres. Otro quisiera hacerse un machote como su padre desea, pero le gana su naturaleza homosexual. A la larga, todos son marcados desfavorablemente por su pasado familiar y el evento que los une para siempre, el único en el que han sobrepasado sus limitaciones y disipado la niebla anodina o tragicómica de su vida. Su pasaje a la adultez ha sido un ritual ridículo y malogrado, si bien no exento de cierto heroísmo, de cierta dignidad.</p><p>La novela de Roncagliolo se lee con facilidad por la ágil manera en que dispone los capítulos y las voces narrativas, dosificando la información de forma hábil y con verbo eficiente, aunque también sin eludir los lugares comunes en ocasiones. Me atrevería a afirmar que el tipo de humor que recorre la novela es muy peruano, y tal vez se le escapen a más de un lector de otras latitudes, como el español, los matices y las referencias implícitas, que podrían haberse explicado en notas breves. Pero es comprensible su ausencia, pues las notas irían en contra del espíritu de esta obra de intriga y rapidez narrativa. El artilugio de la grabación postrera de los hechos me parece, sin embargo, innecesario, pues añade poco o nada a la efectividad de la narración y a los eventos contados. Que todos los personajes pertenezcan a la clase media limeña confiere unidad a la obra, sin duda, pero también la restringe en su ámbito social. La experiencia de un adolescente de las barriadas o pueblos jóvenes de Lima en aquellos años ha de diferir en importantes aspectos de la de un habitante de los barrios más pudientes, y podría haber enriquecido la temática de la novela. Pero estas son objeciones menores, que no desmedran el vigor narrativo de <em>La noche de los alfileres</em>. Dejo al lector averiguar por sí mismo la razón —cuasi ritual o iniciática, se diría— del título de la novela.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor y profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a> </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Apr 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:title><![CDATA[‘La noche de los alfileres’, de Santiago Roncagliolo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[‘Espectros del capitalismo’, de Arundhati Roy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/los-diablos-azules/espectros-capitalismo-arundhati-roy_1_1124063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/11bed638-04ce-4a05-9cd2-e7d1c83d1497_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Espectros del capitalismo’, de Arundhati Roy"></p><p><strong>Espectros del capitalismo</strong><strong>Arundhati RoyCapitán SwingMadrid2015</strong></p><p>No es infrecuente que el oficio de escribir y el activismo político se junten en la misma persona, algunas veces para bien, como cuando la escritura se ve enriquecida por un conocimiento directo del ejercicio político o de las condiciones sociales de los más desfavorecidos, y otras veces para detrimento de la escritura, como cuando las obras de arte se transforman en panfletos y arengas sin savia vital. La lectura del libro de <strong>Arundhati Roy</strong> que ocupa estas líneas produce una sensación a medio camino entre ambas posibilidades, pero no tanto por el texto en sí, cuyo contenido podrán debatir a conciencia quienes conocen la situación de su país, la India, sino por la renovada constatación de una vocación perdida. </p><p>Como se sabe, Roy publicó un libro hermoso y controvertido que la impulsó a la fama internacional, <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/pn_392" target="_blank"><em>El dios de las pequeñas cosas</em></a>(Anagrama, 2000), del que se vendieron millones, un cuadro vívido de la India más tradicional y su confrontación con el mundo moderno, enhebrado en la historia de una familia de Kerala, estado con el que la autora tiene vínculos ella misma. Pero luego la escritora se dedicó al activismo y a escribir ensayos de contenido político, y no ha vuelto a escribir ficción, para decepción de sus admiradores literarios, pero deleite, me imagino, de sus lectores de vena más social. Si el ensayismo comprometido ha sido responsable del abandono de la imaginación es difícil decirlo, aunque supongo que la insistencia de la autora india en la urgencia de los temas que trata en sus libros explica en parte su decisión. Cabe afirmar, sin embargo, que pone en su labor ensayística una pasión literaria hermanada con la que desplegó en su novela, si bien dicha pasión le ha valido en algunas ocasiones la acusación de histerismo o de exageración. Fuera como fuere, <em>El espectro del capitalismo </em>no solo alza la voz, sino que lo hace con datos y documentación exhaustivos. Otra cosa es la interpretación o de dichos datos y las conclusiones que deriva de los mismos. En ocasiones es probable que la pasión se sobreponga al razonamiento, pero esto concuerda con la afirmación de la propia autora de que la acusación de histerismo argumentativo o expresivo no es casual, pues ella es y quiere ser histérica, dada la importancia de los hechos comentados. Hechos en los que abundan la injusticia, la corrupción y hasta el genocidio. </p><p>La imagen que propalan los medios de la India coincide con lo que alguna vez afirmara el escritor y político indio <strong>Shashi Tahroor —</strong>otro buen ejemplo del maridaje entre ficción y activismo, si bien desde un punto de vista más moderado—, en el sentido de que de la India se puede afirmar cualquier cosa y también la contraria. Riqueza monumental coincide con pobreza extrema, modernidad capaz de mandar una nave a Marte con un tradicionalismo que se resiste a abandonar un sistema de castas que, en principio, la constitución ha abolido. El crecimiento económico de la India tras el inicio de políticas de liberalización en los noventa, sin embargo, se ha celebrado por doquier como uno de los logros más exitosos de los países en desarrollo. La democracia más populosa del mundo ha crecido a un ritmo sostenido durante los últimos veintitantos años, lo que ha resultado en una expansión considerable de la clase media. Esta imagen, no obstante, nos recuerda la autora de este libro, es no solo incompleta, sino hasta falaz, basada en criterios de desarrollo que ignoran el destino de una mayoría de la población, cuando no oculta adrede crímenes y explotación. </p><p>Un cuarto de la riqueza del país está concentrada en algo así como cien familias en posesión de conglomerados que incluyen negocios en toda rama de actividad económica, desde la agricultura a las telecomunicaciones, sin olvidar el sector de los servicios que es en buena parte responsable del crecimiento mencionado. Lo que no se sabe o se calla es que el desarrollo ha supuesto entre otras cosas el despojamiento de tierras de poblaciones minoritarias sin capacidad de respuesta, como no fuera la lucha armada que libran algunos grupos maoístas o las protestas de los desposeídos, que no pocas veces acaban con muertos. Lo que es mejor barrer bajo la refulgente alfombra del capitalismo triunfante es que el desarrollo económico ha causado desastres ecológicos cuyas consecuencias se seguirán sintiendo por generaciones, ha significado cientos de miles de muertes y se ha cimentado en una corrupción rampante que afecta a todos los estratos de la sociedad, una colusión insana entre política y empresa que no para mientes en consideraciones sociales, ecológicas o democráticas. Y esta corrupción implica a todos los principales partidos, como el del Congreso o el BJP, el primero de raigambre socialista —al menos en principio-—y el segundo, hinduista, hoy en el gobierno. Y este desarrollo no ha venido aparejado siempre de modernización de las costumbres, sino que ha incitado una reversión religiosa de carácter hinduista y nacionalista, que promueve una identificación de la nación con su pasado ancestral, en una versión simplista que es análoga a la que muestran los fundamentalismos islámicos o evangelistas, con similares peligros y despropósitos. </p><p>Nadie ejemplifica mejor este panorama que el actual primer ministro de la India, <strong>Narendra Modi</strong>, un hinduista casto y astuto, asociado a la matanza de miles de musulmanes mientras era la autoridad principal del estado de Gujarat, la que habría tolerado, o incluso instigado, y a la vez un fanático promotor del libre mercado y las inversiones favorables, libre, esto es, para quienes tienen acceso a su red de privilegiados, y favorables por sus tratos sesgados, con exenciones fiscales y favoritismos políticos. El libro de Roy fue escrito antes de la victoria de Modi y no acertó a predecir el futuro: según ella, una gran coalición gobernaría de nuevo la India y todo seguiría igual. Pero los resultados para el hinduista BJP fueron apabullantes, por lo que Modi puede gobernar en solitario e impulsar sus planes de liberalización capitalista e hinduización del país. Y ahora, a quien le fuera prohibida la entrada a los Estados Unidos de América por su implicación en la antedicha masacre, es recibido con honores por todos los jefes de estado del mundo. </p><p>Mientras tanto, miles de pueblos siguen siendo evacuados, con muertes incluidas, para dejar libre paso a las empresas mineras, constructoras o industriales, comunidades enteras tienen que refugiarse en la selva y resistir como pueden, leyes siguen siendo aceptadas para conceder más poderes al estado, el ejército y la policía en su labor de guardianes del capitalismo, opositores políticos terminan con sus huesos en la cárcel, donde la tortura es habitual, medios de comunicación siguen en manos de conglomerados económicos de inmenso poder y aquellos que se atreven a adelantar críticas a esta situación se ven a menudo asaltados sin razón por una ley al servicio de los poderosos o ahogados financieramente y un cuarto de millón de agricultores cometen suicidio sofocados por las deudas y la falta de perspectivas. Roy habla de todo esto y mucho más, y su crítica se extiende incluso a la labor caritativa de ONG financiadas por el gran capital para lavar su imagen y controlar cualquier proceso de resistencia dentro de cauces sacramentados por los mismos, concediendo incluso generosas becas educativas para estudiar en el extranjero y volver como pulidos representantes del mismo capitalismo que les ayudó y que desean perpetuar. Y la justicia, en lugar de corregir esta situación insostenible, se convierte en derechos humanos o en cuotas para los grupos desfavorecidos de las castas más bajas, muchas de las cuales se pelean ahora para ser consideradas como tales, dados los beneficios parciales que reporta el hacerlo.</p><p>Uno de los temas más controversiales que toca el libro es el de Kashmir, aquel pedazo de paraíso terrenal devenido infierno por las disputas territoriales, la guerra y la opresión militar, y que ha sido motivo ya de tres guerras con Pakistán. Medio millón de soldados del ejército indio ocupan el estado de Janmu Kashmir, donde operan con impunidad y arrestan y asesinan cuando estiman que el estado indio está en peligro. Pero en las circunstancias de crispación neurótica en que se encuentra el mundo por el terrorismo islámico, y Kashmir en particular, por la sediciosa influencia de Pakistán, cualquier crítica al Estado indio se concibe como traición y al perpetrador como enemigo de la patria, lo que ha resultado en ejecuciones extrajudiciales y el descubrimiento de entierros masivos cuya presencia se quiere ocultar. En este contexto es que Roy critica la ejecución "legal" de <strong>Afzal Guru</strong>, a quien se acusó de haber estado implicado en el asalto al parlamento indio del 2001, tras un juicio lleno de irregularidades y en el que el acusado tuvo poca o nula ayuda judicial. Una ejecución que solo serviría para inflamar aún más los ánimos en una región explosiva, donde los enfrentamientos entre la población y el ejército son frecuentes. Nuestra autora ha llegado a sugerir que Kashmir tendría que poder decidir su destino libremente, sugerencia que ha sido recibida con indignación en su país, para cuya clase política y el ciudadano común dicha posibilidad es anatema y herejía máximas. </p><p>No cabe duda que Arundhati Roy pone el dedo en muchas llagas supurantes del Estado indio, corrigiendo la imagen estereotipada que tenemos en general los occidentales de dicho país como un ejemplo de liberalismo económico exitoso o de repositorio de sabiduría espiritual pasiva, y aun cuando los detalles se le escapen al lector común, pues suponen el conocimiento de eventos que han pasado desapercibidos a la prensa internacional, la esencia permanece, y no es otra que el carácter destructivo de un capitalismo sin frenos y encabalgado en la corrupción, donde las víctimas son siempre las mismas, los destituidos de la tierra, los parias, los invisibles, los intocables. Tal vez hubiera favorecido al tenor del libro, que es en verdad un tanto chillante, la presentación de alternativas que muestren lo que es posible cuando la voluntad política se dirige en la dirección correcta, como en el Estado indio de Kerala, donde sucesivos gobiernos de izquierda han logrado desterrar el analfabetismo y han instituido un sistema de salud efectivo, sin desatender a las necesidades del mercado y de la integración económica. En este sentido, el libro ofrece una imagen un tanto ladeada e inocente, como cuando se aboca al caso de Kashmir, donde las variables político-militares son muchas y en extremo peligrosas, dada la potencia nuclear de India y Pakistán, y el rol que indudablemente juega la expansión del fundamentalismo terrorista. Un Kashmir independiente no es solo impensable, sino un peligro para la comunidad internacional en estos momentos, sin que esto, por supuesto, justifique la actuación opresiva del ejército indio. Pero como la misma Roy afirma, en cierto tipo de cuestiones, es mejor parecer histérico que complaciente, por lo que libros como el suyo son necesarios y hasta urgentes. Algo en lo que a todas luces está de acuerdo el lector español, pues ha permitido a este libro quemante llegar a la segunda edición, a pesar de tratar de una India lejana y desconocida.</p><p><em>*Frans van den Broek es escritor y profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</em><strong>Frans van den Broek</strong></p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Mar 2016 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Ensayo,Libros,Los diablos azules número 8]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Grecia y el 'betutteling']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/grecia-betutteling_1_1115795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Si alguien le preguntara a un holandés medio quién es Pericles o Aristófanes o Katzanzakis o Elytis, es bastante probable que se quedase con la boca abierta y la mirada vacía. “La boca llena de dientes”, reza un dicho en estos lares, para significar que no se tiene nada que decir, por <strong>ignorancia u omisión</strong> (suponiendo que aún se tenga dientes, pues los seguros médicos que antes cubrían los gastos dentales se han reducido de tal modo que puedo imaginarme a más de un holandés prefiriendo la caries que los miles de euros que supondría curárselas, y esto tras una <strong>privatización feroz</strong> que iría en principio en favor del consumidor, pero que ha ido, sobre todo, en favor de las aseguradoras, sin la protesta de nadie y con la anuencia y estímulo de la Unión Europea). </p><p>Pero si le mencionan el nombre de Tsipras o de Varoufakis, el oyente tendrá que prepararse para una retahíla de <strong>insultos, acusaciones y lugares comunes </strong>que seguro que aflojan los dientes y hasta el estómago. De ellos no paró de hablar la prensa en los últimos meses, por supuesto, lo que explicaría la reacción en cierto modo, y si bien hubo algunas voces comprensivas en la cobertura de la crisis griega, la mayoría se expresó siguiendo la narrativa aceptada por los gerifaltes de la Unión, de la que Holanda es orgullosa fundadora e incondicional soporte. </p><p>Quizá lo resuman bien las palabras de un colega, profesor universitario, quien dijo algo así como que ya era tiempo de que los griegos aprendieran a hacer las cosas de manera correcta y que merecían <strong>el castigo de los recortes</strong>, dadas la corrupción, ineficiencia y despilfarro de la nación. Lo dijo así, los griegos en general, la nación, como persona colectiva, no sucesivos gobiernos liderados por personas específicas, con nombre y apellido, miembros de partidos con nombre propio y a plena luz, conocidos de todos, incluidos los funcionarios europeos que aceptaron el ingreso de Grecia en la UE, aunque tuvieran entonces, casi de seguro, las mismas ideas sobre la nación griega que parece tener mi colega todavía, y la mayoría de los holandeses. </p><p>Es bien sabido que la mente, antes que pensar, repite, usando categorías que le ahorran el laborioso proceso de discriminación y análisis que supondría el <strong>ejercicio del pensamiento</strong>, como lo entendía el griego Aristóteles al menos, y que han olvidado los jerarcas europeos, y las instituciones bancarias, si atendemos a su comportamiento de los últimos tiempos con respecto a Grecia (y a otros países, sin duda). No es de extrañar, por tanto, que hasta un miembro del estamento intelectual, encargado de transmitir conocimiento, repita estereotipos cuya validez no se ha parado a juzgar con detenimiento. </p><p>El estereotipo es claro y la narrativa, fluida, y parecen ser los siguientes: Europa del Norte es superior ética, económica y culturalmente, sobre todo por su moral laboral, su impecable honestidad y su madurez de carácter, asociadas a su raigambre protestante.<strong> Europa del Sur es inferior</strong>, entregada a los placeres solares y a la buena vida, flexible, si no corrupta, en materia moral e ineficiente en la administración, que se entrega a familiares, amigos y conchabados. Parte del problema es ser católicos u ortodoxos, religiones, se sabe, con jerarquías dudosas y en las que una simple confesión redime de pecados que un buen protestante debe afrontar solo y con firmeza. </p><p>¿Cómo no iban a acabar mal dichos países, si siempre han estado jodidos y han permanecido en un estado de infantilidad general? <strong>Esos países tienen que aprender, y quién mejor para enseñarles que los países del Norte</strong>, cuya prosperidad es prueba de su misión divina, y que la Unión Europea, constructo sagrado y pináculo de civilización, cuyos modos de operación y deliberación asemejan los de un conciliábulo, por el bien del alma de todos, y que aplica la mejor forma de democracia: la de la sabiduría tecnocrática, aureolada por la ciencia y la verdad. Los holandeses tienen una palabra para definir esta actitud, que aceptan ellos mismos como perteneciente al carácter nacional (otro estereotipo, pero esto es de lo que se trata, a fin de cuentas): <em>betutteling</em>, del verbo <em>betuttelen</em>, que significa, traducido a lo bruto (pero qué le voy a hacer, soy más sureño que los sureños europeos, del retrasado Perú), <strong>paternalismo con el dedito estirado</strong>, dar la lección siempre, y creerse con derecho a hacerlo por el solo hecho de ser lo que se es, y de la nación a la que se pertenece. </p><p>Pues bien, durante los últimos meses, en los que mi adhesión a la causa europea, por lo que tenía de idealista, de progresiva, de cosmopolita, se ha transformado en viva animadversión, he tenido que escuchar esta historia en mi país de residencia una y otra vez, hasta despertar en mí deseos de formar un grupo de partisanos sureños que inicie una campaña de secuestro de funcionarios europeos, a los que someteríamos, al estilo de <em>La Naranja Mecánica</em>, a largas sesiones auditivas, pero no de música, sino de voces repitiendo el estereotipo contrario: Los europeos del Norte son gente de alma arrugada, carentes de sentido del humor, moralistas y cascarrabias, que han hecho de las regulaciones y leyes un fetiche, las cuales en lugar de servir al ser humano, son objeto de adoración y esclavitud, y que <strong>están dispuestos a castigar a pueblos enteros </strong>por lo que hicieron unos pocos o fue consecuencia de coyunturas internacionales. </p><p>Además, tienen poca memoria histórica, pues ni la colonización, ni las guerras mundiales, ni Srebrenica, ni el Plan Marshall, ni la quita de deuda masiva del que fueron beneficiarios, han aparecido mucho en los discursos punitivos con que acosaban a Grecia, ni en los panoramas catastrofistas con que minaban su democracia. Y para colmo, las decisiones las toman a escondidas, favorecen a las grandes corporaciones, desmantelan el sistema del bienestar, y exigen recortes que solo pueden significar miseria. Y todo esto, sin pensar un carajo. Pues según nuestra idea sureña del pensamiento, cuando una cosa no funciona y va mal, pues se analiza el problema y se cambian las medidas, como las de austeridad, pero la forma en que se han comportado los poderes norteños (que, no nos hagamos ilusiones, son quienes gobiernan la Unión Europea) me recuerda lo que dijera un combatiente afgano de los rusos que habían invadido su país en los ochenta:<strong> cuando algo sale mal, hacen más de lo mismo, pero con más fuerza</strong>. Quizá tras sesiones paulovianas de este tipo, y por aquello del síndrome de Estocolmo, algo empiece a cambiar en la tambaleante Unión Europea. Lo dudo mucho, sin embargo. </p><p>Claro está, en estudios socio-psicológicos o sociológicos del estereotipo y su funcionamiento se alude a lo que se suele llamar <em>kernel of truth</em> del mismo, el grano de verdad que poseen, ya que de lo contrario no existirían. Es cierto que los griegos no tuvieron los mejores gobiernos y que cocinaron sus cuentas, con la benemérita ayuda de Goldman Sachs (por lo que nadie ha sido juzgado responsable). Pero la Unión Europa tenía que haber sabido que la administración griega era lo que era, y no obstante, le prestaron dinero en carriles, y <strong>le vendieron a sus ultraendeudados habitantes todo lo que pudieron</strong>. Solo para ahora imponerle medidas rechazadas por su población, amenazarla con el infierno y ofender a cuanto objetante se pusiera delante. Y el que escribe, escuchando esta historia un día sí y otro también, pensando en que ahora entiendo cómo se hizo este país con territorios tan vastos como Indonesia, cómo asesinó a todos los jefes tribales de aquel país para hacerse con el comercio de la nuez moscada y cómo dejó a su suerte a los hombres y jóvenes de Srebrenica, y a pesar de todo, sigue teniendo la prensa que tiene en el extranjero, como la de un pueblo tolerante, civilizado y valiente.</p><p>Pues los estereotipos se inscriben en lo que se ha llamado la política de la representación, y la política en Europa en estos tiempos es clara: <strong>neoliberalismo o muerte;</strong> corporaciones que pueden, por trato hecho entre cuatro paredes con la Unión Europea en nuestro nombre, llevar a juicio a gobiernos que amenazan sus ganancias, movimientos sindicales amordazados por regulaciones centralizadas, privatización de las empresas públicas, a mansalva o no, re-nacionalización de empresas impedida por otras leyes, desmantelamiento de las prestaciones sociales. ¿<strong>Es esta la Europa por la que clamaban los políticos de izquierda</strong>, “La solución a los problemas es 'Más Europa'”? Quizá la izquierda, temerosa de ser asociada con los movimientos fascistoides que medran en esta Europa burocrática e insensible, tenga aun reticencia a expresarlo, pero a esta Europa hay que decirle no, Menos Europa. Que se queden con su Europa si europeizar significa imponer medidas anti-democráticas que condenan a un país entero a la pobreza.</p><p>El estereotipo holandés en el extranjero supone a este país modelo de tolerancia y apertura. Algo habrá de cierto en este lugar común, como lo demuestra (parte de) la Historia. Pero la tolerancia se acaba en cuanto te incordian, según se ve, como lo demostró el holandés Dijsselbloom, presidente del Eurogrupo (un grupo fantasma, sin existencia institucional, no sujeto a responsabilidad legal alguna, y sin embargo capaz de decidir el destino de países enteros) al dirigirse a Varoufakis por primera vez en una reunión, cuando le dijo que tenía dos alternativas: o aceptar lo que le ofrecían o el Caos (implicando total falta de apoyo a los bancos griegos, salida del euro, descrédito global). Así es como se trata a los infantiles griegos, tuve que leer en la prensa, escuchar a mis colegas, sufrir en conversaciones informales. <strong>O como lo hacemos nosotros, o el diluvio</strong>. Si esto sigue así, me voy para Grecia. No sé si a organizar a partisanos, pero al menos para tomar el sol, contemplar el Partenón, y recordar a Zorba el Griego y a Aristófanes, quien supo burlarse de Sócrates poniéndolo en las nubes. A ver si aparece algún otro dramaturgo heleno que ponga a los eurócratas en las nubes también. Y los haga caer de bruces en la realidad, a las buenas o a las malas. </p><p>_______________________</p><p><strong>Frans van den Broek</strong> es escritor peruano-holandés. Tiene estudios de biología y filosofía y es doctor en Letras por la Universidad de Amsterdam. Ha publicado numerosos artículos en revistas como <em>Claves</em> y <em>Revista de Libros</em>. Colabora habitualmente en el blog Debate Callejero. En la actualidad, es profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</p><p> <a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
      <media:title><![CDATA[Grecia y el 'betutteling']]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,Grecia,Crisis en la eurozona,Holanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Occidente y el resto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/occidente-resto_1_1103122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Dice la sabiduría popular –y hasta la sabiduría a secas– que cuando alguien se siente inseguro tiende a defenderse y justificarse hasta cuando no se lo piden. Lo que vale para las gentes, puede que valga también para las naciones y las culturas, y es constatable en el nuevo espíritu de apuntalamiento argumental a favor de Occidente que ha fatigado las imprentas europeas y americanas los últimos decenios. La tinta que ha corrido a raíz de la publicación del afamado libro de Huntington sobre el <strong>choque de civilizaciones</strong>, por ejemplo, sería suficiente para, de derramarse en alguna playa, ocasionar una catástrofe ecológica de proporciones bíblicas. Peces, pájaros y focas morirían si no de sofoco, al menos de aburrimiento, pues mucho de lo escrito no sobrepasa el nivel de la opinión, la tertulia o el oportunismo político. Pero este es solo un caso y puede argüirse que su principal empuje no es tanto un sentimiento de inferioridad frente a otras civilizaciones, cuanto de alarma frente a la inevitable expansión del mundo post-colonial y <strong>el gradual desmorone del mundo unipolar que dejó la caída del comunismo soviético</strong>. </p><p>Otros ejemplos son, sin embargo, más explícitos en su afán defensivo y justificador de la civilización occidental, llevado a cabo con ostentación académica, argumentos de diverso calado y sospechosas inferencias conclusivas. Pienso en libros como el de <strong>Niall Ferguson</strong>, <em>Civilization: The West and the Rest </em>o el de <strong>Roger Scruton</strong>, <em>The West and the Rest: Globalization and the Terrorist Threat</em>, signados por una buena calidad literaria, así como una inmensa petulancia cultural. Ambos parten de la premisa de<strong> la intrínseca superioridad de la civilización occidental, o al menos de su triunfo tecnológico, científico y económico</strong>, y exponen las que a su ver son las razones de dicha superioridad. Scruton es más filosófico y nostálgico, quizá resignado al lento declive de Occidente, pero a Ferguson le agitan el temor de la decadencia, el avance imparable de China y de Asia y la necesidad de identificar cuáles son los elementos de nuestra civilización que la hicieron victoriosa en su momento, con el fin de revitalizarlos sin ambages y evitar el declive. Ferguson elige nombrar dichos elementos civilizatorios, de manera un tanto ridícula, como<em> killer apps</em>, a tono con el espíritu digital de la época. A decir verdad, no son tan digitales como parecen, en el sentido de tratarse en el fondo de viejas ideas en odres nuevos, algo que reconocerá quienquiera que se asome a su lectura: la ética protestante, la competencia, la propiedad privada, la medicina moderna, la ciencia matematizada, el consumismo. Lo que es nuevo es la urgencia con que se presentan. Si antes la civilización occidental no necesitaba demasiados subterfugios o alambiques argumentales para afirmar y propalar su superioridad –los colonizados debían ser tratados como niños y las espaldas del hombre blanco cargaban con la responsabilidad civilizatoria– hoy por hoy son otras las estrategias al uso, y una de ellas es <strong>valerse del prestigio académico, la abundancia de datos y la astucia argumentativa para sobrecoger al oponente.</strong> </p><p>¿Pero quién es el oponente? ¿Los chinos, los indios, los africanos? A veces, no cabe duda, pero chinos, indios o africanos están más preocupados en sobrevivir y crecer económicamente que en leer a Ferguson o a Huntington y, en todo caso, solo una élite intelectual está en condiciones de leer estas sutilezas argumentales y lo más probable es que interpreten su libro como <strong>otro intento de Occidente de probar su superioridad</strong>, algo que antes se hacía con cañones y hoy no queda más remedio que hacer con libros que pocos leen o instituciones que pocos respetan, como las Naciones Unidas. El resto trabaja como mula,  se reproduce y se desarrolla, si puede. <strong>¿Tal vez el Islam militante y fundamentalista?</strong> Éste es mejor candidato a llenar el casillero opositor, dada su virulencia actual y relevancia mediática, y el hecho de que el fundamentalismo islámico mismo se genera y gestiona en directa oposición a la corrupta civilización de los cruzados. Pero bien visto el cotarro, el oponente de estas justificaciones pro-occidentales, en la mayoría de los casos, es el mismo Occidente, pues en el seno de la propia cultura occidental anida su más severo enemigo: el espíritu crítico y la libre circulación de ideas, y métodos ideológicos y de resistencia que los propios orientales han asimilado, tal como demuestran libros como el de Ian Buruma, <em>Occidentalism</em> y otros.</p><p>Occidente, argumentan quienes lo defienden, ha llevado demasiado lejos su espíritu crítico, hasta minar sus propios fundamentos y rendirse al impulso cuasi bárbaro del resto del mundo. Décadas de socialismo, multi-culturalismo, neurótica introspección y laxitud general han sembrado de duda su clase intelectual y política, y debilitado su temple y su moral. Lo que se necesita es una robusta afirmación de los valores que hicieron grande a Occidente, como la libertad, el secularismo, la democracia, el libre mercado.<strong> Basta de quejarse</strong> (uno casi puede sentir el susurro detrás que añade “afeminadamente”)<strong> de la propia cultura</strong>. Orgullo en la propia tradición es necesario, si no se quiere sucumbir a la energía cruda de Oriente, al fascismo islámico, al capitalismo dictatorial de China. Basta de la tiranía de la culpa, para decirlo con el título de un libro de <strong>Pascal Bruckner</strong> que también arguye por una <strong>reevaluación positiva de Europa y por poner punto final al remordimiento que la paraliza y enferma</strong>. En toda esta polémica, sin embargo, faltan en buena medida dos cosas: preguntarle al resto qué es lo que piensa (o solo fijarse en excepciones a la carta que se acomodan a las necesidades polémicas), y una perspectiva histórica verdaderamente global. Esto no se logra con simple rigor académico, sino con la eliminación de prejuicios y la conciencia de su operación en uno u otro lado de la dudosa línea demarcatoria del Occidente y el resto. Ferguson y sus secuaces saben mucho de historia, huelga decirlo, pero<strong> ¿se han tomado el trabajo de  analizar con debida objetividad la trayectoria de alguien como Al Afghani?</strong>¿Han visitado las páginas debidas al chino Liang Qichao?</p><p>De estos promotores de la resistencia oriental y asiática frente a las intromisiones y opresiones de los poderes occidentales es posible enterarse con la lectura del nutrido libro del autor indio <strong>Pankaj Mishra</strong>,<em> From the ruins of empire:…</em> , por mencionar un libro reciente que ha llamado la atención de la prensa anglosajona (hasta donde me llega el conocimiento, no lo he visto mencionado en la prensa española, ni sé de traducción alguna, pero hay otros libros suyos editados en castellano y catalán). <strong>Importan menos los detalles que la memoria, pues de lo que se trata es de entender cómo es que se gestaron los movimientos de oposición a Occidente</strong> que espolean en buena medida las alarmadas respuestas de los intelectuales occidentales de hoy en día. La relación del resto con Occidente es ambivalente, por supuesto, ya que hubo tendencias políticas que impulsaron la occidentalización de oriente y Asia, a fin de promover el progreso y equilibrar la disparidad económica y tecnológica. Al Afghani, por ejemplo, fue uno de aquellos intelectuales que atribuyó al despotismo y al aislamiento cultural el retraso del imperio otomano o los países del Asia con relación a Occidente, y propuso hasta el cansancio la modernización, incluso de la religión y los estamentos políticos. Pero los poderes de Occidente se encargaron de callarlo y radicalizarlo, haciendo uso de su inmoderada influencia sobre los déspotas orientales que apoyaban para su medro. </p><p>El resto del mundo no se mantuvo en situación de desventaja político-económica solo por carecer de <em>killer apps </em>(que los tenía) adecuados, sino porque el maravilloso Occidente se encargó de alinearlos en situación de desventaja a cañonazos, como en la guerra del opio que impuso la adicción a millones de chinos, lo quisieran o no, algo que recuerdan vivamente hasta ahora en China, o como en El Motín Indio (o primera guerra de independencia, como prefieren llamarla en el país), tras la cual se ató a los amotinados a cañones para despedazarlos y se masacró a mujeres y niños en represalia. Así vista,<strong> la tentativa de justificar la superioridad de Occidente basándose en supuestos elementos culturales ausentes en el resto del mundo es espuria, cuando no mendaz</strong>. No es del todo falsa, por supuesto, como corresponde a estas interpretaciones, pero la permeabilidad de ideas y tecnologías hubiera sido mayor de haberlo permitido Occidente mismo. Y muchas de las ideas occidentales fueron de todas formas adoptadas, como el nacionalismo o la resistencia revolucionaria. El discurso colonial ha debido mudar de su tenor paternalista y civilizatorio, a defensor de la democracia y la libertad. El resultado, no obstante, es el mismo: Occidente es mejor y punto. Lo que ha cambiado es que no es posible controlar al resto como antaño, y el resto no está tan dispuesto a dejarse amilanar. </p><p>Una de las formas en que la inseguridad occidental se expresa, además de la cruzada intelectual, es en la política migratoria. <strong>Europa se ha convertido en un fuerte al que solo acceden quienes merecen hacerlo, al parecer</strong>. Si antes se trajo a peones invitados para que reconstruyeran Europa –con la esperanza de que se hicieran humo una vez hecho el trabajo, algo que, huelga decirlo, no ocurrió, de lo que atestiguan las minorías marroquíes, turcas o argelinas–, ahora se prefiere a los más listillos, con tal de que pasen las <strong>pruebas de selección</strong>. Cuando realmente me di cuenta de que la inseguridad occidental estaba tocando fondo fue al comprobar que incluso Holanda, uno de los países más liberales y hospitalarios de Europa hasta no hace mucho, se había vuelto timorata, xenófoba y hasta estúpida en su política de inmigración. Es el único país de Europa que exige al prospectivo migrante a su país rendir un examen de idioma y cultura en el país de origen antes de darle el visado que le permita reunirse con su familia o pareja. Para hacerlo, vende (en euros que se multiplican por varios dígitos en el país de origen) un paquete de preparación que incluye un DVD informativo que, de no ser supuestamente serio, podría participar en cualquier concurso de comedia negra. En el mismo salen emigrantes que dicen, con rostro compungido, que de haberlo pensado mejor no habrían venido a Holanda jamás. El clima es horrible, la comida, sosa, y la gente, fría y distante.</p><p><strong>En otras palabras, piénselo de nuevo y gracias por su dinero</strong>. El nivel de lengua que exigen dice ser A1 en el marco de referencia europeo, pero es en verdad A2 o B1. El examen lo deben hacer todos, educados o no, con lo que ingenieros, profesores universitarios o doctores deben responder a preguntas como: ¿si llueve, es mojado o seco? Hay también un examen de conocimiento de la sociedad holandesa, que contiene preguntas como: ¿qué aprende usted en clase de lengua holandesa?, o<strong> ¿en Holanda, hay muchas o pocas bicicletas?</strong> A esto se añade el poco amable hecho de que el examen ha de ser hecho por teléfono y con una computadora como interlocutor, y solo puede hacerse en la embajada, lo que supone para muchos tener que viajar miles de kilómetros para un examen de una hora. No es de extrañarse que esta política se considere exitosa, esto es, que menos extranjeros quieran venir a Holanda. No vaya a ser que llueva seco sobre mojado. </p><p>Como fuera, la nueva corriente de reafirmación de los valores occidentales es comprensible, pero juega también en las manos de políticos como el inefable Wilders de Holanda, quien preguntó abiertamente a sus correligionarios<strong> si querían más o menos marroquíes en el país</strong>, a lo que sus extasiados seguidores respondieron que menos, menos, menos, al unísono. Quizá las categorías de Occidente y Oriente, de Occidente y el resto, no tengan ya sentido en un mundo global, quizá todavía sean funcionales hasta cierto punto. Lo que no tiene sentido es enmascarar <strong>discursos coloniales y temores xenófobos</strong> en ilusiones académicas o ínfulas democráticas, y menos aún preguntar si hay bicicletas en Holanda. Al final, terminarán haciéndolas en China o India, y sin necesidad de bombardear Rotterdam.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Jul 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
      <media:title><![CDATA[Occidente y el resto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Europa,India,Inmigración,Inmigrantes,Oriente Medio,Oriente Próximo,China,Política exterior,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Te admiro, pero no te quiero y viceversa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/luces-rojas/admiro-no-quiero-viceversa_1_1091376.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ea59c579-a902-4b94-9e3f-09e675a07dfe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Te admiro, pero no te quiero y viceversa"></p><p>¿Qué acude a la dizque hacendosa mente de un europeo del norte al pensar en el sur de Europa y sus habitantes? <strong>Sol, playas, buena comida. Y siestas, muchas siestas. </strong>Tanto es así que, al parecer, hasta la troika europea se ha ocupado al respecto, promoviendo su eliminación, por improductiva (véase <a href="http://www.spiegel.de/international/europe/southern-europe-sees-way-of-life-under-threat-a-908109.html" target="_blank">aquí</a>). Mejor permanecer despierto rajándose el lomo y consumiendo,  que dándole placer al cuerpo en el hervor de la tarde mediterránea, pues la siesta no casa con el espíritu del capitalismo, el que, bien lo sabemos, es protestante y de clima más bien turbio. Y la crisis no se supera con siestas. </p><p>Todo lo anterior es un cliché, por supuesto, parte de aquellos estereotipos que, a pesar de su aparente inanidad, <strong>influyen hasta en los estamentos gubernamentales más elevados</strong>. De las muchas cosas que se han dicho sobre los estereotipos, quizá la más certera sea la siguiente: todos los tenemos y nuestra mente opera, en una medida u otra, influida por los mismos. No es impensable que exista algún cisne negro, cuya mente sea tan líquida y pura como el agua bendita, pero la mayoría de los mortales debemos reconocer, tarde o temprano, que buena parte de las imágenes que tenemos de nuestros congéneres son burdas simplificaciones con cierta traza de realidad.</p><p>De esto no se escapa ni el más sabio ni el más erudito, o si no, considérese la siguiente afirmación: "Los negros de África tienen por naturaleza sentimientos que no se elevan más allá de lo trivial". La frase anterior, escrita en el siglo dieciocho, no la expresó un hacendado del sur de América, ni un explorador colonialista, sino nada menos que el gran Kant, una de las mentes más brillantes, según algunos, que jamás haya existido, y nada menos que en su libro sobre lo bello y lo sublime. <strong>Pero los estereotipos no suelen ser ni bellos ni sublimes</strong>, y el pobre Kant jamás dejó su pueblo ni habló con negro alguno y tuvo que basarse en información de segunda o tercera mano, común en su época. De haberlos, haylos, por tanto, hasta en las más finas entendederas. </p><p>Los estereotipos suelen ser parte del tejido de creencias de una cultura (o del imaginario colectivo, como suelen decir los pedantes), y su origen es complejo, pero tiene que ver de seguro con nuestra tendencia a categorizar, como ya dijera Allport, el gran estudioso del prejuicio, esto es, <strong>a simplificar la realidad para hacerla comprensible y manejable</strong>. De allí a la pereza mental no hay mucho trecho, por cuanto se trata de mecanismos –los del prejuicio y el estereotipo– que se supone ahorran energía psíquica y, ¿cuántas cosas no hace el ser humano por mera ociosidad? Se ha tendido a enfatizar el estereotipo como una visión negativa de los grupos estereotipados, pero este no es siempre el caso y existen estereotipos mixtos, que a la vez que denostan, quieren, o que respetan, detestan. Esta característica la explica mejor, creo, lo que se ha dado en llamar Stereotype Content Model, o el Modelo del Contenido Estereotípico. Este modelo explica no sólo esta característica mixta de muchos estereotipos, sino también ciertas regularidades en el contenido que otras teorías no contemplan, asociadas a estructuras sociales. Desarrollada por Susan Fiske y  colaboradores, la teoría postula que los estereotipos tienen dos dimensiones: calidez y competencia. </p><p>Estas dimensiones están basadas <strong>en la elemental necesidad de protegernos de nuestros semejantes, de quienes no sabemos si serán una amenaza, ni su capacidad para dañarnos</strong>. Si un grupo no compite con el nuestro por recursos de algún tipo, lo consideramos cálido. Si lo hace, será considerado bajo en calidez. Si un grupo posee estatus alto, en algún sentido relevante, como el económico o el intelectual, se le considera competente. Si no posee estatus, será incompetente. Según este modelo, todo grupo social puede clasificarse en una de las cuatro combinaciones posibles de estas dimensiones, de acuerdo a su calidez baja o alta, o su competencia baja o alta. Un grupo puede estereotiparse como de alta calidez, pero baja competencia: los viejitos, por ejemplo. Otro será bajo en calidez, pero alto en competencia: a los jefes autoritarios solemos detestarlos, pero apreciamos su capacidad laboral. El modelo predice además emociones asociadas a estas categorías: si consideramos a un grupo como posible enemigo, esto es, con baja calidez emocional, pero con mucha competencia, la emoción asociada al estereotipo será de envidia, en general. Si, por el contrario, consideramos al grupo con calidez y sin competencia, la emoción prevaleciente será de compasión o lástima. Como dije, son posible los estereotipos, por tanto, que mezclan actitudes y emociones.</p><p>Ahora bien, aunque los estereotipos sobre grupos, como las naciones, pueden ser modificados a nivel individual o social por cambios históricos, cognitivos o emocionales, <strong>no es posible desembarazarse de ellos por completo, por más inteligente que uno sea o más títulos que se tenga</strong>. De esto no se salvan, y hasta se valen, los políticos europeos, algo que ha quedado en evidencia malsana durante esta última crisis económica. Baste leer lo que se ha dicho en los periódicos alemanes sobre Grecia desde hace tres o cuatro años para comprobarlo y lo mismo puede decirse de lo que piensan ahora los griegos de los alemanes, patentizado en todas partes. </p><p>En general, la actitud alemana para con los países del sur ha solido ser de afecto, compasión o condescendencia. En términos del modelo de Fiske el estereotipo de griegos, italianos o españoles posee una calidez alta, pero a la vez una competencia baja, ya que serán muy divertidos y afectuosos, pero no saben ni atarse los zapatos. Lo contrario ocurre con el estereotipo reverso: los españoles o italianos no ven a los alemanes con demasiada calidez,<strong> pero les atribuyen buena competencia laboral e intelectual, algo que predice envidia, que no falta en el sur</strong>. </p><p>Estas actitudes quizá promovían antes el turismo hacia el sur y la migración en busca de trabajo hacia el norte, no lo sé, pero desde el inicio de la crisis y la debacle económica de los países del sur, se ha convertido en deletérea en muchos sentidos, incluido el económico. <strong>¿Cómo si no explicarse la tozudez alemana para con los presupuestos de dichos países, su insistencia en el ahorro, su pertinaz negativa a soltar el nudo que los ahorca? </strong>Toda calidez mermada, el estereotipo se ha modificado hasta incitar no la piedad paternalista de antaño, sino el desprecio de hogaño, que a la larga perjudicará a todo el mundo, norteños, sureños u orientales. Estereotipar es humano, pero inhumano persistir en el estereotipo cuando las consecuencias son tan flagrantes y amargas para muchos. Y como el ejemplo de Kant y muchos otros demuestran a las claras, es ingenuo pretender que el prejuicio y el estereotipo no juegan un rol en este embrollo, por más modernos y desprejuiciados que se crean los europeos: ni la Merkel ni Rajoy me parecen almas libres, la verdad. Y seguro que alguno admira y no quiere, y el otro quiere y no admira, aunque jamás lo admitan.</p><p>Los que se modificarán también con casi toda seguridad por la crisis son <strong>los estereotipos que se tiene de Europa en China o en India</strong>: el Viejo Mundo colonialista y próspero, al que se admiraba, pero no se quería, se convertirá en poco tiempo en el Viejo Mundo empobrecido y simpático, buen parque de atracciones y lleno de ruinas, incapaz, no obstante, de apañárselas con su economía y de actualizar su legado, pero al que habrá que prestarles dinero, pues no tendrán competencia, pero suscitan calidez y deseos de ayudar. Por ahora.</p><p>------------------------------ </p><p><strong>Frans van den Broek </strong>es escritor peruano-holandés. Tiene estudios de biología y filosofía y es Doctor en Letras por la Universidad de Amsterdam. Ha publicado numerosos artículos en revistas como <em>Claves </em>y <em>Revista de Libros</em>. Colabora habitualmente en el blog<em> Debate Callejero</em>. En la actualidad, es Profesor en la Hospitality Business School de La Haya.</p><p><a href="http://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/portada/" target="_blank"> </a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jul 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Frans van den Broek]]></author>
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