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    <title><![CDATA[infoLibre - Ángel Viñas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/autores/angel-vinas/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Ángel Viñas]]></description>
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      <title><![CDATA['El oro negro de Franco: petróleo y espionaje en la Guerra Civil']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/libros/oro-negro-franco-trafico-petroleo-determinante-victoria-franquista_1_2099344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/8fc14d63-ad10-49c1-99e0-41ba20bd50d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="'El oro negro de Franco': cómo el tráfico de petróleo fue determinante para la victoria franquista"></p><p>El petróleo y sus derivados fueron un elemento crucial en la guerra civil para movilizar las tropas. <em><strong>El oro negro de Franco</strong></em> narra las estrategias del bando sublevado para hacerse con carburantes, que al principio tuvieron lugar gracias a redes conspirativas monárquicas. Este libro, escrito por <strong>Ángel Viñas y Guillem Martínez Molinos</strong>, aborda el papel que tuvo la ayuda internacional de Estados Unidos y los regímenes fascistas en el acceso a este combustible y cómo esto fue clave para la victoria del general Francisco Franco.</p><p><strong>Ángel Viñas</strong> es catedrático emérito de la Universidad Complutense, doctor honoris causa por la Universidad de Alicante; hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria; premios Gernika, “Bernardo Vidal” y “Lola González Compromiso y Memoria”. Ha ejercido como asesor ejecutivo de los ministros de Asuntos Exteriores Fernando Morán y Francisco Fernández Ordóñez y como director de relaciones con América Latina y Asia, entre otros cargos. Además, es <a href="https://www.infolibre.es/autores/angel-vinas/"  >colaborador de infoLibre</a>, donde suele escribir sobre la guerra civil y el franquismo.</p><p><strong>Guillem Martínez Molinos</strong> es titulado en Ingeniería industrial y en Ciencias económicas, por la Universidad de Barcelona. Gran parte de su carrera profesional se ha fundamentado en la industria petroquímica española. Gracias a dos becas del Banco de España, ha sido el primer investigador en acceder al archivo del monopolio de petróleos, lo que le ha permitido desvelar con varias publicaciones la importancia del petróleo en la guerra civil.</p><p><strong>infoLibre</strong> adelanta un fragmento de esta obra que publica Editorial Crítica y que sale a la venta este miércoles 19 de noviembre: </p><p>_____________________________________________________</p><p>Estamos en condiciones de aportar algunos datos del espionaje realizado por la Texas Oil Company a través de su amplia red de agentes. Los comunicaba William M. Brewster [empleado de la Standard Oil en España y luego delegado de la Texas en Francia] a los sublevados, en general, por mediación de José Arvilla [ingeniero industrial, exempleado de la Royal Dutch Shell y a la sazón director del departamento de Industria de CAMPSA]. Sus informaciones contribuyeron a incrementar la inseguridad de los transportes por el Mediterráneo y el brutal encarecimiento de los fletes y seguros que debía pagar el gobierno republicano.</p><p>Por el contrario, para los franquistas, los suministros de petróleo y muchos otros materiales no encontraron demasiados problemas. Los barcos de la Texas enarbolaban pabellones extranjeros, como veremos posteriormente. Los de CAMPSA con bandera rojigualda se concentraron, a su vez, en los trayectos protegidos por la Marina de guerra propia en el Atlántico. Lo mejor de ambos mundos. Uno de nosotros lo explicó hace tiempo de esta manera:</p><p>El temprano volte face de The Texas Co. fue de efectos devastadores: no solo Madrid había perdido un tradicional suministrador de primera clase, sino que se había pasado al enemigo [...] La flota propia había perdido unidades importantes. Sus supervivientes no volvieron a aventurarse demasiado lejos de las costas propias, sea por decisión de los responsables, que no querían exponerlas a un viaje sin retorno, o de las propias tripulaciones, refractarias a enfrentarse a los peligros de la guerra o la captura [...] Y lo que es peor, la evolución de la contienda arrinconó a CAMPSA [republicana] en el Mediterráneo [...] un mar inhóspito, con los accesos sometidos a una doble pinza...</p><p>El primer ejemplo de espionaje antirrepublicano que hemos localizado data del 20 de enero de 1937. Recuerde el lector que esto ocurrió mes y medio después de los arreglos de San Sebastián. Se revela en la respuesta a una pregunta que [José Antonio Álvarez Alonso, empleado de CAMPSA, aquí mencionado como JAAA] hizo a Brewster. Los españoles estaban interesados en saber si el ejecutivo estadounidense podría dar alguna información sobre un suministro de gasolina con destino a los "rojos" desde Port-Saint-Louis-du-Rhône, en Francia, efectuado el 4 de ese mismo mes. Brewster acababa de recibir la noticia de que se trataba del buque tanque noruego Storsten. Había descargado a finales de diciembre y vuelto a cargar en el Campuzano, del que ya hemos hablado en relación con su última carga en Port Arthur.</p><p>Rápidamente, Brewster se enteró de que el Campuzano navegaría bajo pabellón griego. Señaló que trataría de conseguir más detalles, por ejemplo, cuál había sido el origen de la carga del Storsten. Dos días después, avisó de que la CAMPSA republicana había contratado en régimen de chárter al Beme, un buque tanque de 4.000 toneladas que partiría de Constanza en algún momento en el mes de marzo —más tarde informó de que sería en abril, a no ser que se tratara de otra expedición— con un cargamento mitad de fueloil y mitad de gasolina. Algo que nos parece imposible porque era un petrolero limpio, de bandera panameña. Este aviso es interesante porque muestra el carácter prospectivo de las noticias que obtenía la compañía estadounidense. Ello permitiría que los franquistas pusieran a punto el mecanismo de seguimiento y vigilancia.</p><p>En el ínterin, Brewster había montado un sistema para mejorar sobre la marcha la información que le llegaba. Así, por ejemplo, el 22 de enero rectificó los datos sobre el Campuzano. Suponemos que lo tenía en su visor desde hacía tiempo. El buque republicano de CAMPSA había llegado a Port-Saint-Louis-du-Rhône en realidad el 5 de enero y atracado junto al Storsten, que procedía de Constanza, con 8.000 toneladas a bordo. Las operaciones por las cuales la carga líquida se transfirió se hicieron como era costumbre entonces entre buques amarrados uno al otro, "abaorlados" en la jerga naval, por los medios de que disponía uno de ellos tras instalar mangueras de bombeo. Terminada la operación, el barco noruego salió con destino a Filadelfia y el español puso rumbo a Bilbao, donde al parecer se carecía de gasolina. Hemos de suponer que los barcos italianos o alemanes también fueron advertidos de la larga travesía alrededor de la Península que los aguardaba. No llegaron a intervenir. El Campuzano lo capturaron el Canarias y el Almirante Cervera el 8 de enero de 1937.</p><p>Para mayor dicha, el 25 de este último mes Brewster informó de la partida del Campoamor desde Filadelfia. Además de su carga de gasolina, llevaba 200 toneladas de aceites lubricantes. Se le había disfrazado y repintado con el color verdoso de las olas del mar. Poco después, envió algunas fotografías para facilitar su identificación a las autoridades navales franquistas. Desgraciadamente para los sublevados, el barco consiguió evadir la captura.</p><p>A los franquistas les habría sido difícil llegar a conocer los pedidos de la CAMPSA republicana. No era el caso para la Texas. El 3 de febrero, Brewster anunció que se había fletado el barco griego Ionia con el fin de transportar 9.000 toneladas de fueloil y gasoil desde Constanza a un puerto de la costa mediterránea. Fue interceptado y apresado.</p><p>No solo se informaba de los suministros, sino también de ciertas incidencias. Por ejemplo, el 11 de enero de 1937, se comunicó a Burgos que las tripulaciones de los barcos Campeador y Zorroza, anclados en el puerto de Barcelona, se habían negado a salir a la mar. Igualmente se rectificaron datos enviados por error o, advertido de que sus noticias no habían llegado a destino, Brewster las repitió con los últimos acontecimientos. Evidentemente, el petrolero estadounidense no hacia ascos a prestar un servicio completo.</p><p>En algún momento en febrero, la CAMPSA republicana anunció a la Texas Oil Co. los suministros que necesitaba para el segundo cuatrimestre de 1937: 25.000 toneladas de gasolina, 5.000 de gasoil y 25.000 de fueloil. Estaba amparada en el contrato de 1935, que suponía, contra toda esperanza, que aún siguiera siendo válido. Las razones de esta petición no las conocemos, ya que en Valencia se estaba desde hacía tiempo al corriente del cambio experimentado en la compañía estadounidense. Quizá fue un intento de ver si era posible jugar a dos barajas. Si tal fue el caso, no les extrañaría la negativa, aunque sí tal vez la contundencia de la respuesta. La Texas en Nueva York y el propio Brewster comunicaron su rechazo a aceptar el pedido. Se informó a Burgos, como parte del servicio completo, de que los republicanos se habían dirigido también a la Atlantic Refining Co. para ver si estaba dispuesta a suministrarlos —adelantamos que sobre ella se ejercieron tales presiones que terminó abandonando a su suerte a la CAMPSA "roja".</p><p>El 19 de febrero, Brewster señaló a Arvilla que podían tener la seguridad de que la empresa iba a seguir el tema con suma atención y que si se enteraba de que desde Filadelfia se preparaban suministros para los republicanos, se lo notificaría inmediatamente con el fin de que se interceptaran antes de llegar a las costas españolas. Este tipo de informaciones valía, naturalmente, su peso en oro. Sobre todo cuando el 1º de marzo se precisó que un agente republicano había logrado el compromiso de la refinería para suministrar 35.000 toneladas de gasolina durante los tres meses siguientes.</p><p>Igualmente, la Texas advirtió de posibles manipulaciones republicanas. El servicio completo incluyó el no dejar de pasar avisos con el fin de que desde Burgos pudieran prepararse los necesarios contragolpes. El 10 de marzo, Brewster informó de una operación que le parecía sospechosa. El cártel del fueloil le había comunicado que a través de la refinería de la Gironda se habían vendido 5.000 toneladas a la British Mexican Petroleum Co., en Londres. El buque tanque noruego Thoroy se desplazaría a Burdeos para proceder a la carga. Su sorpresa fue mayúscula cuando se enteró de que el barco tenía papeles para dirigirse a Ceuta. Inmediatamente lo comunicó. Nada se perdía si el buque atracaba en Ceuta, pero ¿y si era una añagaza? Mejor prevenir que curar. Arvilla respondió poco después informando a su vez de la captura del Marqués de Comillas con 123 piezas de artillería, 38 blindados y otros materiales procedentes de la URSS.</p><p>El abanico de amistades de Brewster —o, quizá, más bien de Rieber— que surge de la correspondencia, especialmente cuando utilizó a la Arrendataria como agencia de viajes, ofrece también un panorama de personajes altamente sospechosos. En él figuraba en lugar prominente el corresponsal de The New York Times, William F. Carney. Antes de la guerra, se había distinguido por su enemistad hacia el Frente Popular. En la zona franquista mantenía una dirección que dio a Brewster. Este solicitó a Arvilla el 22 de marzo que Álvarez Alonso ofreciera sus buenos oficios a Carney para facilitarle en todo lo posible "información" de cara a utilizar en sus reportajes. Hay que recordar que estos tenían gran predicamento en un sector de la prensa estadounidense proclive a los sublevados. Superficialmente, no parece una gestión de mucha importancia, ya que Carney habría hecho sus propios contactos, pero lo cierto es que la dirección que de él tenía Brewster era la del consejero político de la embajada nazi en Salamanca, Karl Schwendemann. Hay amistades peligrosas y este dato nimio permite precisar sin grandes alharacas el tipo de amistades a que Carney acudía en la zona franquista. ¡Un periodista muy "objetivo"!</p><p>Fue precisamente por aquellos días cuando publicó en <em>The New York Times</em> (23 de marzo de 1937) uno de sus más infumables artículos. Esta vez sobre la felicidad que reinaba en el feudo por excelencia de Queipo de Llano: Sevilla. Carney dibujó una atmósfera rosada y de fiesta. Reprodujo las mentiras del psicópata general que rechazaba los "embustes" de los marxistas sobre asesinatos, crueldades, etc. Nada de eso. La gente siempre había saludado a los sublevados como libertadores, tanto al principio del "Alzamiento" como en Málaga. Los nacionales habían hecho justicia y ejecutado a muy pocos y siempre por hechos comprobados por los tribunales militares. Se trataba de un ridículo 10 % de todos los procesados. En comparación, había que pensar en las innumerables víctimas del terror rojo que había precedido la liberación de la ciudad. No hace falta detenerse en las consecuencias que Carney pretendía lograr con informaciones de tal tenor.</p><p>Al enviar una copia de la página a Arvilla, Brewster no dejó de subrayar que era una pena que en Estados Unidos no hubiera muchos más periodistas como Carney. Servirían de contrapeso a "la propaganda roja que se esparce en gran parte de la prensa americana, tan controlada por los judíos". Con esto el lector ya se dará cuenta, por si tenía alguna duda, de qué lado latía el corazoncito del representante en Europa de la Texas Oil Co.: antisemita, pronazi, profranquista. ¡Una perla!</p><p>La petrolera tampoco dudó en hacer pesquisas por cuenta de los sublevados. En una ocasión, <em>The Morning Post</em>, periódico inglés, dio la noticia de que la tripulación del buque tanque británico Esturia, que iba de Filadelfia a Barcelona y se encontraba en Gibraltar el 24 de mayo, se negó a continuar el viaje. Brewster acudió al <em>Lloyd’s Register</em> y a otras publicaciones y no encontró el menor rastro de un navío con tal nombre. Preguntó si en Burgos querían que la Texas hiciera más investigaciones y planteó si no se trataría del <em>Campoamor</em> bajo un alias.</p><p>La lluvia de informaciones sobre importaciones efectuadas por la República llevó, en manos de sus adversarios, a acciones concretas. Que el control naval en el Mediterráneo siguiera efectuándose por medio de los nazis y los fascistas indudablemente simplificó las cosas. Además, la Marina franquista también compartía sus informaciones con Roma y Berlín. Al fin y al cabo, de lo que se trataba era de estrangular los aprovisionamientos bélicos y no bélicos del enemigo.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Nov 2025 05:01:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Guillem Martínez, Ángel Viñas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Petróleo,Guerra civil,Francisco Franco,Estados Unidos]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Tras una encuesta del CIS y la ignorancia de una generación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/encuesta-cis-ignorancia-generacion_129_2081549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tras una encuesta del CIS y la ignorancia de una generación"></p><p>La guerra civil española fue el resultado de la conjunción de dos evoluciones: <strong>la primera, interna; la segunda, exterior</strong>. Las dos están hoy bien documentadas merced a los avances registrados por la historiografía extranjera y española. La primera progresó más que la segunda, porque los archivos foráneos se abrieron antes que los españoles, <strong>cerrados por la dictadura a casi cal y canto</strong>, excepto para algunos autores proclives a la misma que eludieron los temas controvertidos, en general de naturaleza política o ideológica. </p><p>Ahora bien, incluso en esta historiografía pro-franquista no faltó el vector internacional. Se omitió todo lo que no podía fácilmente fagocitar la dictadura, en especial la <strong>temprana petición de ayuda de los monárquicos a la Italia fascista</strong>. La sobredimensionada dimensión falangista tampoco se quedó atrás. El golpe de Estado del 18 de julio lo prepararon los dos grupos. El 1º de aquel mes se firmaron cuatro contratos en Roma que detallaban la ayuda inicial. El primero debía cumplimentarse, y así ocurrió, antes de finales de julio <strong>con aviones y tripulaciones fascistas</strong>. Las peticiones de ayuda monetaria se ocultaron. Como Franco ordenó, en la “preparación” del “Movimiento” jamás se pidió ayuda al extranjero. ¡Ja, ja, ja! En la última versión de dos autores pro-franquistas, uno un otrora respetado historiador, de una biografía de Franco se omite toda referencia al caso. El “Movimiento” debía ser nacional y solo nacional. </p><p>El lector de nuestros días puede tirar igualmente a la papelera la leyenda de que la sublevación <strong>fue necesaria para impedir una revolución comunista</strong>. Mucho de lo que ocurrió en algaradas, encontronazos e incluso asesinatos en la primavera de 1936 fue en gran medida resultado de mecanismos para <strong>excitar al Ejército y a las derechas</strong>. El vector anticomunista sirvió para excitar aún más los ánimos.</p><p>Las potencias democráticas optaron por la <strong>“no intervención”</strong>. Inglaterra para cercenar la supuesta revolución “comunista” que temían. Francia porque no se atrevió a entrar en tierras movedizas para sus ciudadanos y la dependencia con respecto a los británicos para contener la temida expansión nazi. Los Estados Unidos se mantuvieron neutrales, <strong>pero en la práctica inclinados a favor de Franco</strong>, como demostraremos Guillem Martínez y un servidor en un libro (<em>EL ORO NEGRO DE FRANCO</em>) que saldrá, no es casualidad, el 19 de noviembre próximo. </p><p>Anulada la posibilidad de actuación de la Sociedad de Naciones (que ya se había manifestado en los conflictos de China y Abisinia), el destino de la República <strong>dependió de la posterior intervención soviética</strong>. Se manifestó en octubre de 1936, cuando el gobierno legítimo se encontraba en una situación dificilísima. El interés de Stalin estribaba en no dar una victoria fácil al fascismo y en lograr un entendimiento con las potencias occidentales frente a la común amenaza nazi. </p><p>El colapso de los organismos de seguridad del Estado y las rápidas victorias en campo abierto –con la imposición del terror en las zonas en las que ejército y falangistas hicieron causa común con los grandes matarifes que fueron Franco, Mola, Cabanellas o Queipo de Llano, entre otros– <strong>abocaron a los republicanos a una situación límite</strong>. El mismo Azaña en septiembre de 1936 no daba un céntimo por la supervivencia de la República.</p><p>La no rendición republicana se hizo más fácil gracias a la intervención soviética y, en paralelo, de las brigadas internacionales y voluntarios fuera de ellas. Un abigarrado conglomerado de unos <strong>36.000 hombres procedentes de casi todos los países</strong>. En general bajo el amparo organizativo de los partidos comunistas, se aprestaron a defender con las armas en la mano a aquellos españoles víctimas de la conspiración monárquica, militar y fascista. Los soviéticos enviaron un total aproximado de entre 2.000-2.150 personas.  Se conocen los nombres o seudónimos de casi todos ellos que el añorado Ricardo Miralles relacionó en el catálogo de una exposición que celebró hace años la Fundación Pablo Iglesias. </p><p>Por el contrario, en el lado franquista combatió un total aproximado de 187.000 extranjeros (marroquíes, italianos, alemanes, portugueses y otros). En cuanto a elementos de combate pesados y ligeros y aprovisionamientos para la guerra (petróleo, grasas, aviones, camiones) <strong>también la balanza se inclinó del lado de Franco</strong>. Los autores no están del todo acordes sobre las cifras y la batalla por los números sigue encendida.</p><p>Las grandes aportaciones de los brigadistas al combate directo contra los sublevados tuvieron lugar en el <strong>primer año de la guerra</strong>. Pagaron un amplio tributo de sangre. Después, con el progresivo fortalecimiento del Ejército Popular, a pesar de todos sus percances, su importancia empezó a disminuir. A finales de 1937 el general <strong>Vicente Rojo</strong> ya sopesaba si no sería conveniente retener a los especialistas e <strong>inducir a quienes no lo eran a regresar</strong> en lo posible a sus países de origen o de adopción. </p><p>Esta idea fue haciendo su camino a lo largo del siguiente año. Se materializó en septiembre de 1938 <strong>por razones de política exterior</strong>.</p><p>Los gobiernos de la democracia (no hay que señalar de qué color) <strong>llenaron de honores a los brigadistas</strong> y terminaron concediendo a los supervivientes la nacionalidad española. El caso que mejor conozco es el británico. Esparcidos por el Reino Unido se encuentran monolitos, bien en grandes ciudades o en pequeños villorrios, pequeños y <strong>no tan pequeños monumentos que atestiguan el recuerdo</strong> que en sus lugares de origen dejaron los combatientes por la España republicana y la contención del fascismo.  </p><p>Con el sacrificio de su sangre, los brigadistas testimoniaron que su empeño en tierra extranjera podría, quizá, <strong>lavar la mancha que la historia ha colgado del cuello de los gobiernos</strong> de la época, incapaces de entender lo que estuvo en juego en España. Hoy algunos historiadores ingleses todavía reivindican la política de Chamberlain, una continuación en los años treinta de la diplomacia palmerstoniana del siglo XIX. Cabe resumirla en la frase: Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes. <strong>Tiene intereses permanentes.  Ya está un poco ajado</strong>.</p><p>Es de lamentar que el sistema democrático español no haya logrado imponer una versión sobre la guerra y la dictadura que <strong>se base en hechos y no en mitos</strong>. Más aún que uno de cada cinco estudiantes jóvenes se crea lo que el franquismo hizo tragar por el embudo a sus padres y abuelos. Son datos del Centro de Investigaciones Sociológicas. </p><p>_____________________</p><p><em><strong>Ángel Viñas, </strong></em><em>investigador y autor de numerosos ensayos sobre la guerra civil y el franquismo</em><em><strong>, </strong></em><em>publicará en noviembre junto con Guillem Martínez Molinos 'El oro negro de Franco' ,en Ed. Crítica.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Oct 2025 04:01:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Francisco Franco,Dictadura,Guerra civil,Guerra Civil española,Brigadas Internacionales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Otro 18 de julio más]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/18-julio_129_2030905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otro 18 de Julio más"></p><p>Es una ley física que se repite todos los años. <strong>Hacia mitad de julio aparece del día 18.</strong> En épocas que ya se deslizan en una HISTORIA podrida, bautizado como el del Alzamiento Nacional para limpiar la PATRIAAAAAAAAAA de comunistas, socialistas, anarquistas, liberales, masones, ateos, librepensadores e izquierdistas sin afiliación determinada con el fin de <strong>purificar a la sociedad española de todos los “malhechores” </strong>que querían hacer de aquella PATRIAAAAAAAAA un títere a las órdenes de Moscú. Un ilustre historiador de la literatura, de cuyo nombre no quiero acordarme, lleva años manteniendo que el programa a tal efecto lo explicó Francisco Largo Caballero unos días antes a un grupo de periodistas nada menos que en la embajada republicana en Londres. Ha mantenido el mismo sonsonete en varias ediciones de un libro que prefiero no mencionar. Que yo sepa nadie ha expuesto públicamente su nombre. Servidor lo hizo en tiempos que llevaba un blog. No desperté la menor atención. </p><p>Sin embargo, <strong>todavía hoy, 2025, predominan las leyendas y la desinformación. </strong>Líderes en tal empeño suelen ser periodistas de medio pelo e incluso historiadores de derechas, muy empeñados en las guerras culturales de nuestros días, y respaldados por políticos o aficionados de Vox y del PP. No se les conoce en general por su exploración de archivos. Quizá intuyen que no es necesario. Se ven en posesión de la verdad y con la verdad no se juega. <strong>Lo que importa es seguir engañando a la población</strong> y, en particular, a las jóvenes generaciones. A ellas, naturalmente, pertenece el futuro. </p><p><strong>Sobre este futuro no cabe documentar nada. </strong>Pero sobre el pasado, sí. Retazos, acciones que dejan huella en archivos y manipulaciones menos sofisticadas y tecnificadas como las de hoy, pero manipulaciones a fin de cuentas, proliferan y se expanden por el éter merced a las modernas técnicas de desinformación política, social y cultural. </p><p>En realidad la preparación del golpe del 18J tuvo un largo recorrido. Solo imperfectamente ha podido reconstruirse.<strong> Los vencedores, </strong>que hicieron picadillo de quienes se mantuvieron firmes en defensa de la Constitución de 1931 y de la República, <strong>arrasaron en todo lo posible con la documentación</strong> en la que fueron plasmando sus intenciones y sus planes. Afortunadamente fueron un tanto chapuzas y no destrozaron todo, aunque sí una gran parte. </p><p>Desde 1935, cuando uno de los jefecillos de la trama civil, un abogado del Estado, excatedrático de Derecho, exministro de Gracia y Justicia de la Monarquía, expresidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y, naturalmente, exdiputado de las Cortes, expuso al Duce que si por un azar (que Dios no quisiera) las izquierdas ganaban las próximas elecciones, ellos, <strong>los monárquicos y los militares se sublevarían.</strong></p><p>En paralelo, los escalones civiles y militares de la conspiración miraban lejos y <strong>se pusieron en contacto con agentes petroleros extranjeros </strong>porque, lógicamente, tanto civiles como militares levantados en armas iban a tener necesidad de combustible. </p><p><strong>La Repúblic</strong>a (a cuyos rectores les llegaban estas noticias sobre los preparativos) <strong>no quiso, no supo o no pudo cortar la conspiración. </strong>Sus espías, infiltrados entre los conspiradores civiles y militares, mantuvieron un chorro de informaciones con destino a la Superioridad. Su tenor se desconoce. Los papeles de los jefecillos de la conspiración también han desaparecido, salvo por algunas copias de las instrucciones del general Mola a quienes iban a sublevarse. <strong>Se han exagerado hasta el paroxismo, </strong>pero lo que han dado es una visión alicorta y descontextualizada de lo que se estaba haciendo. Otros papeles que no se guardaron pero que alumbrarían puntos oscuros de la conspiración no se han aprovechado. <strong>Muchos se esfumaron por las chimeneas antes de la sublevación</strong> o se quemaron después para borrar complicidades.</p><p>Quien esto escribe se ha topado, durante años, con una notable <strong>desidia por parte de las autoridades</strong> en seguir las pocas pistas que todavía quizá queden. Quizá futuros historiadores tengan más suerte, si no es que los papeles, material débil si los hay, se esfumen también en forma de humo. </p><p>Es decir, sigue habiendo lugar para querer mantener un<strong> ligero optimismo,</strong> aunque en ausencia de papeles clave los interrogantes subsistirán. </p><p>Lo que sí podemos decir es que los cuentos chinos narrados por la escuela de historiadores amamantada por <strong>Ricardo de la Cierva </strong>en relación con los orígenes de la sublevación de julio de 1936 están destinados a la <strong>hoguera de las vanidades.</strong></p><p>¿Sería tan difícil para la Administración, sobre todo en los ministerios de Defensa, Interior y Justicia, <strong>abrir sin restricciones los papeles relacionados con la conspiración y luego con la dictadura? </strong>En el bien entendido que de no hacerlo de manera rápida, eficiente y generalizada en lo que queda de legislatura es invitar a mantener la situación durante otra, ¡no lo quiera el Señor!, del PP y VOX. </p><p>________________________________________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> publicará junto con Guillem Martínez Molinos 'El oro negro de Franco' en Ed. Crítica.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Jul 2025 18:30:14 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Otro 18 de julio más]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Francisco Franco,Golpe Estado,Historia,República,Segunda República española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franco, Estados Unidos y otros presidentes españoles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/franco-estados-unidos-presidentes-espanoles_129_2030287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco, Estados Unidos y otros presidentes españoles"></p><p>No he querido manifestarme en los recientes debates. Carezco de información fiable. <strong>El torbellino de noticias (muchas de ellas exageradas, torcidas o, simplemente, inventadas)</strong> ha sido tal que se ha cruzado con la terminación de tres libros en los que participo. La carga de trabajo ha sido agotadora. Este fin de semana del 12/13 he acabado todo.  Hay que esperar al 18 J. </p><p>Desde hace quince años voy cada vez menos a España.<strong> En contraposición, mi productividad como historiador ha ido aumentado</strong> y casi siempre me ha tocado acercarme a momentos cumbres del pasado de sus relaciones internacionales, tanto por la derecha (Franco) como por el lado socialista con los rescoldos que han suscitado con Estados Unidos. </p><p>Hoy me atrevo a hacer una comparación y a invitar a mis numerosos detractores a que aporten evidencias primarias relevantes de época para justificar, con otras al apoyo y que consideren mejores, <strong>que soy un historiador de izquierdas insensible a ellas</strong> y que ellos tienen otras cartas que esgrimir, aunque no las han esgrimido. </p><p><strong>FRANCO:</strong> en 1952 y 1953 <strong>la dictadura sostuvo largas negociaciones hasta llegar a los famosos Pactos de septiembre</strong> de este último año. Cómo discurrió la vertiente militar (la más importante) se desconoce. Las llevó a cabo el teniente general jefe del Alto Estado Mayor Juan Vigón y, hay que suponer, bajo la estrecha supervisión del tan añorado Caudillo por Vox y el PP. El 16 de marzo de 1953 los norteamericanos, muy formales, entregaron una carta al entonces Jefe del Estado por intermedio del ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín Artajo. Obsérvese: se atuvieron a un estricto protocolo pero sugirieron que el núcleo de los pactos <strong>se consignara en un acuerdo secreto</strong>. Lo que pedían era carta blanca para utilizar las bases por construir en defensa de la seguridad de Occidente cuando estuviera muy amenazada. La nota correspondiente, supersecreta, la descubrí en 1977. La he publicado en varias ocasiones. Franco ordenó a Vigón que la aceptara sin más. Los norteamericanos la aplicaron varias veces aunque cabe dudar que en ellas las discusiones con los militares españoles fueran muy prolongadas. Repitieron en 1962 cuando la crisis de los misiles en Cuba. </p><p>Cuando Franco planteó en Madrid, el 10 de abril de 1956, al secretario de Estado John Fuster Dulles que temía un posible ataque sobre la capital por la operatividad futura de la base de Torrejón, la respuesta fue muy ajustada a la realidad: “Caudillo, vivimos hoy peligrosamente”. <strong>Franco se inclinó: Todo por la Patria</strong>. El Ministerio de Defensa guarda hoy como oro en paño la documentación militar de las negociaciones y no existe historiador que las haya visto. Su resultado sí se conoce. </p><p><strong>OTAN:</strong>  En medio de grandes protestas populares, del PSOE y de toda la izquierda cuando el sucesor de Adolfo Suárez, un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos llamado Leopoldo Calvo-Sotelo, anunció que España ingresaría en la OTAN, una votación parlamentaria lo autorizó pero dejó a su sucesor lidiar con la patata caliente. <strong>Felipe González lo hizo como mejor pudo</strong>. Ningún país había abandonado la Organización. Esta alternativa hubiese comportado costes considerables. Se sometió la cuestión a referéndum y la opción se descartó. Obsérvese: se dejó el campo libre a la expresión de la voluntad popular con alguna restricción operativa.  </p><p><strong>PP:</strong> El inconmensurable nuevo presidente del Gobierno, el inmarcesible José María Aznar, inspector de Hacienda, la eliminó. Todo por la gracia de Dios. Años después, se produjeron los atentados de Madrid. <strong>Muy pronto la policía habló del componente islámico</strong>. El Gobierno se empeñó en la autoría de ETA. ¿Resultado? Tuvo que dejar paso al PSOE. </p><p>A José Luis Rodríguez Zapatero le sucedió Mariano Rajoy. Todavía no se sabe cómo tal prohombre repartió el coste del ajuste económico, pero evidentemente afectó a todos los ciudadanos sin obtener, que se sepa, contrapartida alguna digna de exhibirse para mayor gloria del partido y sus dirigentes. <strong>Añádase la corrupción que invadió una clase política y una policía putrefacta</strong>. No cabe olvidar, sin embargo, que también había aflorado en la última etapa de Felipe González. Con un registrador de la Propiedad al frente desbordó todo límite. No es exagerado afirmar que no hizo el menor honor a su profesión. </p><p>¿Han dado su sucesor y el PP alguna muestra de arrepentimiento o de contrición por los desmanes ocurridos? Son correctivos muy católicos, como les informará el señor presidente de la Conferencia Episcopal, tampoco muy “lanzado” a pedir perdón por las tenebrosas maniobras de sus funcionarios (religiosos) con chicos dejados a su cuidado y educación. En resumen, <strong>en toda casa cuecen habas y, en las de algunos, más que calderadas</strong>. Si la historia sirve para algo, podemos dudar de que alguien en la derecha anteponga los intereses de España a los de Mr. Trump. </p><p>________________________________</p><p><em>El próximo libro de </em><em><strong>Angel Viñas</strong></em><em> está escrito con </em><em><strong>Guillem Martínez Molinos</strong></em><em> y versará sobre las leyendas y realidades de los suministros de petróleo a Franco que le permitieron ganar su guerra.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2025 04:00:35 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Franco, Estados Unidos y otros presidentes españoles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Historia,Política,Políticos,Felipe González,Francisco Franco,Dictadura,Corrupción,Corrupción política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para hacer rabiar a la derecha pro-franquista en Alemania y España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/rabiar-derecha-pro-franquista-alemania-espana_129_1930149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para hacer rabiar a la derecha pro-franquista en Alemania y España"></p><p>A la españolísima derecha franquista, para-franquista y post-franquista y a sus portavoces mediáticos no les ha hecho ninguna gracia el plan del Gobierno de dedicar este año a conmemorar el 50 aniversario (número redondo) de <strong>la bajada de Franco a los infiernos </strong>(porque es impensable que haya podido ascender a los cielos). Tampoco, por eso del azar, le hará mucha gracia el que se avecina el año próximo, también redondo, del<strong> estallido de la guerra civil</strong>, guerra de España, Alzamiento Nacional, sublevación militar o cualquier otra denominación que los amables lectores puedan evocar. Es una cuestión de calendario que no se repetirá fácilmente. La discusión en torno a su denominación, sí.</p><p>Se nos avecina una<strong> multitud de títulos en España.</strong> Ya han tomado carrerilla en el extranjero. Acaba de llegarme el libro de un amigo mío de los tiempos heroicos en los que buscar papeles en los archivos españoles era como buscar un oasis en el Sahara meridional, pero sin mapas. </p><p>Es un libro corto, muy bien escrito en alemán, en la prestigiosa editorial Kohlhammer. La portada afirma que se trata de una edición ampliada y actualizada de otro anterior. Es técnicamente cierto, pero constituye un ejemplo fiable de uno de los mejores hispanistas del momento en Alemania, catedrático de historia en la prestigiosa Universidad de Marburg donde, en tiempos remotos, estudió don José Ortega y Gasset. Se llama<strong> Carlos Collado Seidel</strong> y es autor de varias obras sobre los tiempos pre y franquistas y las relaciones hispano-germanas que hacen autoridad. No es desdeñable en una sociedad en la que proliferan argumentos sobre Franco como demócrata "ultratumba", o que fue <strong>un socialista revolucionario </strong>o el de su férrea voluntad de mantenerse neutral durante la SGM. O que su dictadura, al ser la de un país románico en el que se vive con mayor ligereza, no tiene punto de comparación con la de Hitler o la de Stalin, e incluso con la de Mussolini. Por cierto la Memoria Democrática evoca algo pero Franco sigue siendo considerado como un dictador de menor categoría.</p><p>Collado Seidel enfoca el recorrido de Franco en la historia bajo <strong>tres subtítulos: general-dictador-mitos</strong>. Con ellos lleva al conocimiento del público y de los lectores una visión moderna, actualizada y competente, que debería ser un antídoto contra las biografías dulzonas, derechistas, que solían presentar en Alemania al general como la barrera contra las asechanzas comunistas.<strong> Algo que se vendía bien,</strong> dado que los alemanes occidentales tenían a sus puertas la sedicente República Democrática Alemana.</p><p>Nuestro autor no deja de lado ninguno de los avances que la historiografía española y otra extranjera han hecho sobre las supuestas virtudes del biografiado (Joaquín Arrarás, Ricardo de la Cierva, Brian Crozier, Hellmuth Günther Dahms, Luis Suárez Fernández, recientemente fallecido) y muchos otros. De notar es que dos biógrafos de super extrema derecha solo reciben una mención en el prólogo. (Servidor en cambio casi nunca ha citado a uno de los dos y cuando lo ha hecho ha sido por necesidades imperiosas del guion).</p><p>No me da la impresión de que el futuro vaya a ser más bondadoso con la memoria de Franco. Salvo, naturalmente, que al timón del Gobierno español se pongan los mandamases del PP y Vox y sus equipos de sedicentes historiadores.  Pero para que tal combinación pudiera tener algún éxito serían imprescindibles<strong> varios requisitos previos</strong>: cerrar los archivos ya abiertos; no abrir ninguno de los que, contra toda lógica y por razones nunca confesadas, siguen protegidos contra la curiosidad de los malvados historiadores; implantar por la vía de los hechos una derogación al principio de libertad de investigación y publicación y, ahora que la derecha norteamericana se acerca al sistema postsoviético,  reconocer el principio fundamental de respeto absoluto a los hechos alternativos. </p><p>Y <strong>¿en Alemania? </strong>Aunque como es ya notorio en este país el conocimiento abrumador de su pasado (el nazi, el comunista) no es, como ya se ha comprobado, un valladar inexpugnable a los cantos de sirena de su Alternativa, hay que esperar que no sigan el camino de su vecina Austria, en la que, como es obvio, circulan mitos como que Mozart fue austríaco, un tal Adolfo era alemán y el país se vio invadido por fuerzas extranjeras en 1938 (en realidad recibidas con flores y el entusiasmo delirante de una grandísima parte de la población).  </p><p>Es decir, que también en España podríamos llegar a una situación en la que la historia fuese lo que el gobierno de turno (de derechas, por supuesto) quisiera. Como en los tiempos (heroicos) de la periclitada dictadura y<strong> también de la extinta Unión Soviética.</strong></p><p>___________________________________</p><p><em>El próximo libro de </em><em><strong>Angel Viñas</strong></em><em> está escrito con </em><em><strong>Guillem Martínez Molinos</strong></em><em> y versará sobre las leyendas y realidades de los suministros de petróleo a Franco que le permitieron ganar su guerra.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jan 2025 19:55:09 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Para hacer rabiar a la derecha pro-franquista en Alemania y España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,ultraderecha,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos episodios de historia-ficción y la tragedia española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/episodios-historia-ficcion-tragedia-espanola_129_1924771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos episodios de historia-ficción y la tragedia española"></p><p>Ahora que empieza el año de <strong>recordatorio del fallecimiento de Franco</strong>, villano superlativo de tal tragedia, vamos a abordar dos episodios, muy diferentes, de historia-ficción. En el primero nos situamos a finales de agosto. En el segundo al principio. En tres días de julio había estallado una sublevación militar. </p><p><strong>No hay demasiadas constancias</strong>, no han quedado o aún no se han descubierto, de que los países más próximos a España y con relaciones económicas y comerciales más intensas supieran que en los meses anteriores las potencias fascistas iban a participar en dicha sublevación. </p><p>La respuesta a la inmediata petición que el gobierno de Madrid hizo urgentemente a Francia supongamos que hubiese tardado unas semanas en atenderse, pero no demasiado. A principios de agosto el gobierno de Léon Blum ya sabía que los aviones y sus tripulaciones que aterrizaron el 30 de julio en el aeropuerto de Nador (Melilla) procedían de la Real Fuerza Aérea fascista. A pesar del alboroto interno generado, <strong>París habría conseguido que Londres se le uniera</strong> y abierto las puertas a alguna de las empresas británicas exportadoras de armamento, convencido su gobierno de que nazis e italianos tramaban un asalto a España. </p><p>Ya había habido precedentes preocupantes: la denuncia alemana del tratado de la Sociedad de Naciones (SdN), el rearme y ocupación militar de Renania y la invasión italiana de Abisinia. Ante una respuesta enérgica a tales acometidas un resultado-ficción podría haber sido que las descaradas potencias<strong> se lo hubieran pensado dos veces.</strong> Documentos alemanes muestran que el alto mando de la Wehrmacht y del Auswärtiges Amt no estaban demasiado entusiasmados con la intervención en España. ¿Hubiera continuado, solito, el régimen mussoliniano?</p><p>La sublevación se habría encontrado con un<strong> rechazo político, diplomático y armamentístico</strong> que no hubiera dejado de tener efecto. La SdN hubiera cumplido con su tratado fundacional y reconocido al gobierno español el legítimo recurso a ella para hacer frente a la sublevación y Stalin se hubiese unido a los esfuerzos colectivos desplegados por la organización multilateral. </p><p>Para los efectos que aquí nos interesan, el Gobierno español, la SdN y las potencias no nazi-fascistas hubiesen estado en una situación muy favorable para imponer un alto a las hostilidades. <strong>¿Con qué se habrían encontrado?</strong> Con matanzas de militares y civiles por ambos lados, pero mucho más acentuadas en el bando rebelde, carente de legitimidad y de todo reconocimiento internacional. </p><p>Con <strong>un solo gobierno como interlocutor</strong>, el único existente, se hubieran constatado inmediatamente las diferencias abismales entre ambas zonas. En la que se atenía a la legalidad se hubiera buscado aplicar la legislación vigente, en particular a los militares sublevados. Ocurrió, en efecto, en la Ciudad Condal. En la zona rebelde, la torticera distorsión de la Ley Constitutiva del Ejército referida a su papel, tal y como resultó tras la segunda, segunda y media o tercera guerra carlista, no habría servido ni de tapadera.</p><p>¿Y los excesos, asesinatos y vejaciones contra la población civil? Se habría constatado también una diferencia abismal. Los militares sublevados que siguieron las consignas de Mola se habrían puesto fuera de la ley. Probablemente hubiesen salido a la luz <strong>la documentación, hoy desaparecida</strong>, de los servicios de inteligencia militar (SSE, radicados en el Estado Mayor Central) y civil (en la DGS del Ministerio de la Gobernación). </p><p>Pasemos ahora al segundo episodio, muy diferente, pero en cierta medida también de historia-ficción. Cuarenta años de dictadura dan para mucho y, en particular, para ocultar o destruir las evidencias molestas. La “historia” que se achaca a las izquierdas fue<strong> parte integrante de la “teología” franquista</strong> y se ha resaltado hasta la saciedad durante la guerra. La dictadura primero y luego las derechas, hasta la más reciente actualidad, prefirieron abordar el surco cuyas virtudes se propagaron a diestro y siniestro durante los “cincuenta años de paz”. Los ha alabado hace tan solo unos meses un neocreacionista en un congreso de las derechas internacionales celebrado en Madrid.</p><p>Este segundo ejemplo de historia-ficción se agarra a lo que los sublevados predicaron desde los primeros días de su sublevación: <strong>la guerra civil fue inevitable</strong>; la evolución del sistema republicano conducía a ella necesariamente; había llegado al poder ilegalmente, aprovechándose de unas elecciones municipales en abril de 1931 y extrapolado los resultados obtenidos en ciertas partes del país a la totalidad del mismo; desde el primer momento se basó en un declarado sectarismo; en los dos primeros años y medio de gobiernos republicano-socialistas se atacó sin pausa a monárquicos, católicos, patriotas y se apoyó a las fuerzas disolventes que habían laborado por la destrucción de la España católica cuya supervivencia se puso en duda; los ataques a la Iglesia (la única posible) coincidieron con la práctica enervación de los cuadros de mando del glorioso Ejército español; se inició el proceso de la desintegración de la Patria; la Masonería vio la ocasión de proseguir su obra destructora; las reformas sedicentemente sociales promovieron la agitación social y la lucha de clases; envalentonadas, las izquierdas cometieron grandes desmanes y destruyeron el orden público. Incluso el presidente de un Gobierno saliente en 1933, Manuel Azaña, pensó en dar un golpe de fuerza. La rectificación de tan lamentable rumbo topó con la “revolución de Octubre” en 1934, <strong>antesala de la guerra civil</strong>; se manipularon las elecciones de febrero de 1936 y el triunfo del Frente Popular abrió un período de pistolerismo, asesinatos y agitación, preludio de una revolución comunista. </p><p>Esta revolución estaba prevista para agosto de 1936 y solo la divina providencia y un puñado de militares osados se atrevió a oponerse a la prevista disolución de España. </p><p>Desde esta perspectiva, que la historiografía más solvente ha rechazado, las derechas siguen abordando lo que consideran historia “woke”, los esfuerzos por llevar a la conciencia de las jóvenes generaciones lo que siempre se ocultó, la reivindicación de <strong>un pasado que, hasta 1936, no fue tan diferente</strong> –aunque sí más retrasado– que la evolución de los países europeos del entorno y los esfuerzos por poner a España a la altura que merecía y que consistía en trasladar al terreno político y social los avances registrados en la literatura y las artes.</p><p>¿Creen los amables lectores que exagero? Echen un vistazo a las publicaciones de una editorial nacionalsocialista (invierto el orden de tal adjetivo). O comparen los dicterios a los gobiernos de 1936 con los de la evolución actual, en la radio, tv, ciertos periódicos y, sobre todo, en el Parlamento y las redes. </p><p>_______________________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Junto a </em><em><strong>Guillem Martínez Molinos</strong></em><em> publicará este año uno de los secretos mejor guardados que facilitó la victoria de Franco y lanzará un desafío a militares y civiles que ocultan sus proclividades de derecha bajo una supuesta objetividad. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jan 2025 10:34:11 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dos episodios de historia-ficción y la tragedia española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura,Franquismo,Víctimas del franquismo,Democracia,Guerra civil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos aniversarios: 2025 y 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/aniversarios-2025-2026_129_1916865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos aniversarios: 2025 y 2026"></p><p>El Gobierno ha anunciado a grandes rasgos los planes que tiene para<strong> recordar lo que ocurrió en 1975 y 1936 </strong>respectivamente. La reacción de las derechas (PP+VOX) no ha sido decepcionante. Por lo visto convendría guardar silencio sobre un período en el que se hundieron todas las esperanzas que despertó la Segunda República a su inicio y que no se liquidaron hasta el final de una larga dictadura. Nos mantuvo alejados de Europa hasta que se cumplieron las “previsiones sucesorias” (en román paladino, el fallecimiento del dictador). En el primer caso del estallido de la guerra civil nos separan ya casi cien años. Del segundo, medio siglo.</p><p>¿Cuál será el porcentaje de españoles y españolas que recuerde el primer acontecimiento? Me atrevo a pensar que <strong>ni con los dedos contados</strong> quedará alguno. Tampoco serán millones los que recuerden el segundo, más próximo. </p><p>En ambos casos ha transcurrido ya el tiempo suficiente para poder<strong> explorar el pasado con visión histórica.</strong> Hay distancia, fuentes y se han sucedido tres o cuatro generaciones de historiadores españoles y extranjeros. Sin embargo continúan abundando los viejos mitos acuñados por los vencedores como si en realidad el tiempo no hubiera transcurrido. </p><p>Es un caso próximo al bochorno o a <strong>la desvergüenza oír a ilustres políticos</strong> (de ambos sexos) despotricar como si vivieran en años próximos a buena parte de la casi interminable dictadura. De sus soportes mediáticos en periódicos, revistas, publicaciones <em>online</em> y de sus seguidores en las redes mejor ni hablar. <strong>Como si el tiempo no hubiera pasado</strong>. Como si las pasiones no se hubiesen calmado. </p><p>El caso español es casi único en Europa. Los franceses, cierto es, trataron en los años que siguieron a 1945 de tender el velo sobre la derrota, Vichy y sus tropelías. Cuando en los años sesenta un historiador norteamericano, Robert Paxton, echó luz sobre aquel período en base a documentación alemana provocó una escandalera. Hoy, en general,<strong> se ha asumido.</strong> Incluso el FN (rebautizado en RN) busca alejarse de sus orígenes.</p><p>Más complicado es <strong>el caso italiano,</strong> en el que derecha neofascista está ya en el poder, aunque la reivindicación total del Duce todavía no se ha alcanzado. </p><p>En Alemania, después de <strong>15 años de silencio</strong> tras 1945 y de perdones masivos a los integrantes de las huestes hitlerianas, los historiadores y las autoridades emprendieron labores de limpieza aunque demasiado tarde. El resultado, que pareció muy estimable, está hoy en entredicho. De Austria poco hay que decir. De participar en el genocidio pasó a ser considerada como la primera víctima de la expansión nazi. </p><p>Los norteamericanos, que habían abandonado a los republicanos a su suerte, pasaron de una actitud bastante fría<strong> a un estrecho abrazo</strong> al “Centinela de Occidente” y el Ministerio de Defensa español todavía protege la documentación militar de las negociaciones de 1952-1953 como secreto de Estado. </p><p>De la República española pocos se acordaron,<strong> salvo México,</strong> y el régimen de Franco siguió en su condición de paria (excepto para poder realizar con él negocios nada despreciables).</p><p>Para mí, como historiador de la República, de la guerra civil, del primer franquismo y de la sumisión a los dictados que venían de allende los mares como si España fuera un Estado cipayo (la expresión no es mía: la utilizaron el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado y el embajador Carlos Fernández Espeso), la reacción a la reciente exposición del presidente del Gobierno es más que un error: <strong>es una demostración de estupidez, </strong>estulticia y cobardía. </p><p><strong>No mirar al pasado es cerrar los ojos ante el futuro.</strong> Las próximas elecciones, cuando toquen, quizá las ganen el PP y VOX, o tal vez no, pero salvo que dinamiten todos los <em>master drives</em> de todos los archivos y Ministerios (parece que ya lo hizo uno, muy encomiado hoy por sus seguidores, con los de la Moncloa) el análisis de la documentación existente no cambiará demasiado lo que los historiadores, españoles y extranjeros, de tres generaciones hemos ido desvelando. </p><p>Además, ya no se trata hoy solo de archivos. <strong>Hay otras pruebas más duras</strong>, más consistentes: las “fosas del olvido” donde yacen los “olvidados”: hombres, mujeres, niños. Una exposición, ya cerrada, sobre las víctimas enterradas en el cementerio de Paterna, próximo a Valencia, constituyó un ejemplo sobresaliente de lo que puede hacerse a la hora de recuperar, en alguna medida, lo que ocurrió en aquella región de España tras la VICTORIA. No fue la única.</p><p>___________________</p><p><em><strong>Angel Viñas</strong></em><em> y </em><em><strong>Guillem Martínez Molinos</strong></em><em> publicarán este año próximo uno de los secretos mejor guardados que facilitó la victoria de Franco y lanzarán un desafío a militares y civiles que ocultan sus proclividades de derecha bajo una supuesta objetividad. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Dec 2024 19:11:38 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Dos aniversarios: 2025 y 2026]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Segunda República española,Guerra civil,Francisco Franco,Memoria histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desmontando el bulo de que "la Guerra Civil salvó a España del comunismo" que tanto repitió el franquismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/veranolibre/bulo-duradero-consecuencias-actualidad_1_1833264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/b8c27c34-5fba-4bd4-b048-6125ab0dacff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desmontando el bulo de que "la Guerra Civil salvó a España del comunismo" que tanto repitió el franquismo"></p><p>Hay muchos bulos históricos que comparten las dos características. Sin embargo, y sobre todos los que me vienen a la memoria, destaca uno: <em><strong>la guerra civil fue absolutamente necesaria para salvar a España de caer en las garras del comunismo</strong></em><em>.</em> Ciertamente, hasta la muerte de Franco, nunca vacilante en repetirlo durante su larga dictadura, fue considerado dogma de fe. Después ha incorporado dos rasgos adicionales: no hay forma posible de exonerar a los <strong>socialistas </strong>y también se explica por la catastrófica situación del orden público en que se había despeñado la <strong>República</strong>. En nuestra gloriosa monarquía, origen de todos los males de la PATRIA. </p><p>Los bulos tienen su lógica propia, pero no son impermeables a la <strong>contrastación documental</strong>. El que aquí nos ocupa ha sido visitado y revisitado por una multitud de historiadores, españoles y extranjeros. Gracias, en particular, a la recuperación de las libertades democráticas, y a investigaciones estimuladas por la creciente apertura de archivos, fuera y dentro de España. </p><p>Corresponde al inolvidable catedrático de Historia <strong>Ricardo de la Cierva</strong> haber mantenido enhiesta, hasta su fallecimiento, la defensa de las diferentes variantes del bulo. Lo mismo podría afirmarse del profesor <strong>Stanley G. Payne</strong>, <em>darling</em> de la gran derecha española. </p><p>Contra la supuesta responsabilidad <strong>comunista/socialista/anarquista </strong>que justificó la necesidad de levantarse en armas para salvar a la PATRIA, la exploración minuciosa de <strong>archivos </strong>españoles públicos y privados en conexión con los italianos, alemanes, franceses, británicos y rusos (los norteamericanos son bastante irrelevantes al respecto) permite llegar a conclusiones muy diferentes: <strong>ni los comunistas, españoles o soviéticos, planeaban una revolución en España</strong>. Tampoco lo hacían los <strong>socialistas </strong>y a los <strong>anarquistas </strong>ya se les habían dado buenos palos de 1931 a 1934. </p><p>Existe una cierta conexión entre el <strong>18 de Julio</strong> y la <strong>revuelta obrera en Asturias de 1934</strong>. El Gobierno y los militares aprendieron que una explosión de tal tipo no tendría futuro si el Ejército permanecía leal. Sus conclusiones fueron, sin embargo, muy diferentes. En 1936 el primero desestimó la agitación en los cuarteles, que habían seguido los mecanismos de seguridad correspondientes, y no se atrevió a cortarla. Los segundos comprendieron que había que contar con el apoyo de una parte de los mandos para sortear los mecanismos internos de vigilancia, despistar al Gobierno y <strong>crear la sensación colectiva de que España iba directamente a una revolución social-comunista</strong>.</p><p>El Gobierno no llegó a creerse del todo que existían variables foráneas en la agitación de los cuarteles. Esto, sin embargo, lo afirmaban sistemáticamente los partidos de izquierda. La aparición de <strong>contingentes nazi-fascistas</strong> a principios de agosto de 1936 validó los <strong>temores de la izquierda</strong>. Los sublevados enfatizaron que fue para evitar que la España católica, apostólica y romana de siempre cayese en las aviesas garras moscovitas. Ni unos ni otros acertaron. Tampoco sus historiadores de cabecera y, menos aún, sus múltiples <strong>propagandistas</strong>. Desde entonces a la actualidad.</p><p>La <strong>conspiración operativa contra el régimen republicano</strong> comenzó, documentadamente, en 1932 y tuvo, desde el principio, una connotación particular: la constante demanda de apoyo al régimen <strong>fascista </strong>por excelencia. El <strong>italiano</strong>. Por el contrario, los <strong>nazis</strong>, en el poder desde principios de 1933, no tuvieron particular interés en España. En esto, una larga literatura histórica de izquierdas se equivocó rotundamente. </p><p>Los esfuerzos para derribar a un futuro gobierno de tal naturaleza cristalizaron a lo largo de 1935. Antonio Goicoechea -que ya había firmado un acuerdo con Mussolini el año anterior, conocido desde la guerra misma pero con efectos muy limitados- redobló sus esfuerzos bajo la batuta y dirección del “proto-mártir” por excelencia, Don José Calvo Sotelo. <strong>Goicoechea volvió a ver al Duce a principios de 1935</strong> y, en particular, en octubre. Le llevó un mensaje: <strong>si las izquierdas volvían al poder, aunque fuera por medio de elecciones, ellos se sublevarían</strong>. Contaban con el apoyo de la Unión Militar Española (UME), de los monárquicos alfonsinos y de los carlistas. </p><p>En aquel mismo año la DGS había introducido a un espía en la UME. Mantuvo informado a los responsables gubernamentales de la coalición de derechas (con <strong>Gil Robles y Franco mangoneando</strong> en el Ministerio del Ejército) e incluso al presidente de la República, <strong>Alcalá-Zamora</strong>. Las izquierdas volvieron al poder en febrero de 1936 y, naturalmente, las fuerzas vivas de las derechas prepararon la sublevación: solo había que calentar los ánimos y, en particular, recabar la ayuda fascista en términos operativos. Para lo primero contaban con los apoyos mediáticos de la época (<em>ABC</em>, <em>El Debate</em> y sus ramificaciones provinciales). Para lo segundo con la ayuda financiera de <strong>Juan March</strong>. </p><p>El 1º de julio de 1936 se firmaron cuatro contratos con una empresa italiana para el suministro inmediato, tras el golpe, de material de guerra moderno: <strong>bombardeos, cazas, hidroaviones, municionamiento, gasolina</strong>. No para dar un golpe sino para iniciar una guerra que estimaban corta. </p><p>Las raíces de la guerra de España, merced a la <strong>intervención nazi adicional </strong>y a la inesperada retracción de las democracias, condujeron a una larga dictadura. Franco, que conocía desde 1935 los manejos conspirativos, <strong>echó la culpa a las izquierdas</strong>, en particular a la URSS. <strong>Sus soportes mediáticos impusieron su relato</strong>. Hubo que <strong>salvar a la PATRIA</strong>, ante todo y sobre todo. Hoy todavía se lo creen muchos ciudadanos. <strong>Pocos bulos habrán tenido tan fatales consecuencias para España</strong>. Sobre qué hacer con tal relato, todavía vivo en diversos círculos, <strong>no cabe equidistancia</strong>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jul 2024 19:04:51 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Desmontando el bulo de que "la Guerra Civil salvó a España del comunismo" que tanto repitió el franquismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bulos que cambiaron la Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hitler, Franco y el nacimiento de la Legión Cóndor (2/2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/hitler-franco-nacimiento-legion-condor-2-2_129_1779900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hitler, Franco y el nacimiento de la Legión Condor (2/2)"></p><p>El que la Cóndor no fuese, en un principio, una mera reacción a la intervención soviética no quita para que, a mitad de octubre, los nazis observaran por primera vez <strong>cómo descargaba material soviético el famoso </strong><em><strong>Komsomol</strong></em><strong> en el puerto de Cartagena</strong>. Antes se habían acumulado en Berlín noticias totalmente fantasiosas sobre una ayuda soviética que todavía no se había materializado con el envío de armamento. En mi libro <em>Oro, guerra, diplomacia</em> he señalado algunos ejemplos de exageraciones sin cuento. En particular, el cónsul general nazi en Barcelona destacó por su ignorancia de cómo decía que los soviéticos hacían los envíos. </p><p>De todas maneras, cabe imaginar todas estas noticias que llegaban a Berlín por los más diversos medios y de las más curiosas procedencias sirvieron para <strong>acelerar los preparativos para la puesta a punto de la futura unidad</strong>. Explicables, como ilustra el caso italiano, en clave netamente ofensiva. Es más, como Morten Heiberg señaló ya en su momento, Mussolini había jugado con <strong>la idea de subir bruscamente su aportación en hombres</strong> mediante la denominada <em>Operación Garibaldi</em> con el envío de tropas de tierra (soldados y milicianos fascistas) que los franquistas pudieron contener en aquel momento, aunque ya no lo impidieron en diciembre. </p><p>Las semanas que transcurrieron entre el 18 de julio y finales de septiembre son riquísimas en acontecimientos. Muchos son conocidos. Otros todavía no. Pero lo que sí se sabe es que el 3 de octubre el Auswärtiges Amt (Ministerio de Relaciones Exteriores) comunicó a Lisboa que era preciso <strong>informar a Franco de que, tan pronto como ocupase Madrid, Hitler y Mussolini lo reconocerían</strong> diplomáticamente. La diferencia es que el primero estaba ya preparando una gran innovación conceptual: la Cóndor. </p><p>Tras nuevos contactos al más alto nivel, <strong>Hitler aprobó las orientaciones a que la nueva formación debía atenerse</strong>. No son ningún secreto. Figuran en los documentos diplomáticos nazis sobre la guerra civil que se publicaron en inglés en 1949 y en el original alemán en 1951. <strong>Hoy ni siquiera es necesario buscarlos en bibliotecas</strong>. Están en internet. </p><p>Las orientaciones llevan fecha de 30 de octubre y <strong>a Canaris se le ordenó que las presentara con la máxima energía</strong> ante Franco. Es de suponer que se le comunicarían informalmente algunos días antes porque en aquella fecha ya se encontraba en España. </p><p>Evidentemente también se comunicaron a los italianos. Que se sepa, no hubo en ellas, ni podía haberla, <strong>la menor aportación del jefe de la naciente “España nacional”</strong>. Se ha especulado mucho sobre la supuesta sorpresa de Franco. Ello traduce no una realidad sino la carencia de documentación, debida a muchas posibles razones. Para los fines de este artículo se resumen como sigue:</p><p>       a) La <strong>dirección de todas las unidades alemanas en España correspondería al jefe alemán</strong>. Este sería el único asesor del general Franco en relación con el empleo de la fuerza aérea alemana y responsable exclusivamente ante él de las medidas que adoptase. Hacia el exterior, sin embargo, solo aparecería el mando español. </p><p>      b) Todos los pilotos, unidades antiaéreas y de comunicaciones, así como sus apoyos respectivos que ya había en España, <strong>deberían integrarse en la nueva formación</strong> a tenor de lo señalado en el anterior párrafo. </p><p>        c) Sería preciso <strong>proteger las unidades</strong> con todos los medios de tierra necesarios y, en el caso de ser preciso, aumentarlos. </p><p>       d) Era preciso desarrollar una conducción de las operaciones más sistematizada y más activa en conexión con las que se siguieran en tierra, en particular en lo que se refería a la <strong>ocupación de puertos a los que pudiera llegar la ayuda soviética</strong>. </p><p>        3. Si el general Franco aceptaba las anteriores condiciones sin reserva alguna, la ayuda alemana podría incrementarse. </p><p>Un anexo detalló a grandes rasgos los <strong>componentes de lo que sería la Legión Cóndor</strong>. Se preveía un grupo de bombarderos y otro de cazas, una escuadrilla de reconocimiento a distancia, aviones para el reconocimiento de proximidad, una compañía de comunicaciones, baterías pesadas, etc. </p><p>Los historiadores españoles han solido disminuir la crítica implícita que las condiciones anteriores significaban. La Cóndor <strong>se concibió como una unidad estrictamente nazi</strong>. Debía mantener su autonomía en la medida de lo posible, aunque las necesidades de cooperación con el ejército franquista fueron incrementándose en el curso del tiempo. Una inferencia insoslayable es que en el lejano Berlín <strong>se dudaba de la capacidad militar española</strong> y también de Franco. Había que ayudarle, eso sí, porque dejado de la mano correría tal vez el riesgo de no tener éxito en las operaciones. La Cóndor, innovadora y autónoma, constituía un primer elemento para darle un empujoncito. </p><p>De la tarea de informar a Franco se encargó el almirante Canaris quien, por lo menos, ya había estado en España en agosto y a principios de octubre. Como es sabido, <strong>los papeles de la Abwehr perecieron en el fuego berlinés en gran medida</strong>. Es verosímil que los que se refieren a la ayuda a Franco sufrieran tal destino. </p><p>Lo que se sabe sobre las instrucciones que se le dieron en octubre de 1936 se desprende de <strong>una carta que el ministro nazi de Asuntos Exteriores escribió a su embajador en Roma</strong>, Ulrich von Hassell, y en la que afirmaba que Canaris estaba ya en España.</p><p>Es obvio que su misión cerca de Franco resultó en un éxito. ¿Quién iba a oponerse a una perita en dulce, sobre todo si ante el exterior la jefatura de la nueva unidad aparecía como netamente española? <strong>No soy el único en caracterizar de novedosa tal innovación</strong>. El propio Proctor consideró que, en muchos aspectos, era revolucionaria. </p><p>Por encima de las distorsiones que sobre el envío de la Cóndor, cabe encontrar en la literatura pro-franquista, cabe señalar el tipo de <strong>reacciones que el seguimiento de los envíos despertó en Londres</strong>, el “hada negra” que velaba por Franco. Hubo quien los interpretó como una apuesta para ayudarle a ganar “su” guerra. El subsecretario permanente del Foreign Office, Sir Robert Vansittart, <strong>subrayó acertadamente que el Tercer Reich</strong> se movía mucho más deprisa y más inteligentemente que la Italia fascista. Berlín, además, había disfrazado mucho mejor su intervención. Aun así, con la Cóndor <strong>se quitaba la careta</strong>.</p><p>En definitiva, el Eje empezó a funcionar en la práctica en España, pero <strong>sus papeles respectivos no estaban fijados desde el principio</strong>. Mussolini fue mucho más descarado y, en ocasiones, más agresivo. Con todo, los nazis, sin caer en gesticulaciones, ayudaron más a Franco y se cobraron mejor. Sin el Tercer Reich, simplemente, no hubiera habido en España un dictador durante casi cuarenta años.</p><p>__________________________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'La forja de un historiador' Crítica, Barcelona, 2024.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 May 2024 17:48:46 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hitler, Franco y el nacimiento de la Legión Cóndor (1/2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/hitler-franco-nacimiento-legion-condor-1-2_129_1779882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e0aa502c-3960-4cce-86b1-ba93247a3392_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hitler, Franco y el nacimiento de la Legión Condor"></p><p>Debo empezar diciendo que este tema se encuentra muy tratado en la historiografía. En especial, en la de origen alemán y anglo-norteamericano. No es mi propósito, al atender la petición de algunos de los amables lectores, ponerme ninguna medalla y decir algo nuevo. Sí lo es <strong>desmontar ciertos errores que esmaltan la literatura patria,</strong> siempre teñida de las correspondientes alabanzas al genio y a la astucia del simpar Caudillo.  </p><p>Al igual que los conspiradores peninsulares necesitaban aviones de guerra y los apalabraron el 1º de julio de 1936 con Mussolini, también Franco en Tetuán recurrió a un <strong>antiguo contacto suyo, el agregado militar nazi en París y Madrid</strong>, para pedirle aviones de transporte el 22 de julio. Este episodio, muy conocido, puede hoy encuadrarse de forma diferente a la habitual si se especula que es difícil que Franco ignorara que los monárquicos habían llegado a un acuerdo con el Duce (no le faltaron mensajeros que le hubieran informado de las negociaciones previas: sin más, el general Luis Orgaz o el diplomático José Antonio Sangróniz). Yo me fijé en Beigbeder, que había sido agregado militar en Berlín e ido con Sanjurjo a Alemania en febrero a mendigar alguna ayudita previa, aunque por lo que se sabe <strong>no se les hizo caso</strong>. </p><p>El hecho es que, como en Canarias Orgaz había detenido un avión del servicio postal de Lufthansa, Franco lo convocó a Tetuán. En él envió una misión a Berlín compuesta de <strong>dos nazis y un capitán español, ingeniero y aviador</strong>. Todo ello es muy conocido y yo empecé mis incursiones en el pasado escudriñando sus antecedentes y abordando sus consecuencias inmediatas. A principios de agosto llegaron a Cádiz diez aviones de transporte (Ju 52) con seis de caza de protección. Las discrepancias entre historiadores no vienen a cuento aquí. </p><p>También es conocido que el 4 de agosto los jefes de los servicios de inteligencia militar de las dos potencias fascistas, el general Mario Roatta y el almirante Wilhelm Canaris, <strong>se reunieron en Bolzano (Italia) para coordinar esfuerzos</strong>. A mitad de agosto, un general de Aviación, Hellmuth Wilberg, curiosamente de ascendencia judía, abordó con Franco los detalles de la asistencia “técnica”, reconocido como único receptor posible de la misma. A finales de mes el mismo Canaris <strong>se desplazó a otear la situación sobre el propio terreno en la España sublevada</strong> (esto lo descubrí gracias a la documentación italiana y no lo había indicado ningún autor). Es de suponer que fue entonces cuando Canaris se encontró por primera vez con Franco. Y, por último, a finales de mes, Roatta y Canaris volvieron a reunirse para coordinar mejor los esfuerzos mutuos. No es necesario entrar en detalles. </p><p>A principios de septiembre llegó el teniente coronel Walter Warlimont como enlace con Franco (los italianos enviaron otro) y <strong>para hacerse una idea de sus necesidades de material.</strong> A mitad de mes arribó el teniente coronel Hans von Funck como observador del Ejército de Tierra. Con ambos tuve ocasión de hablar cuando preparaba mi tesis doctoral en 1973 y <strong>consulté también muchos de sus informes a Berlín, conocidos y no conocidos</strong>. Aprovecho la ocasión para señalar mi deuda con el profesor (ya fallecido) Manfred Merkes, que se basó en varios de entre ellos años antes que servidor. </p><p>Como es lógico, ambos <strong>informaron a Berlín de lo que veían y les decían en España</strong>. Hicieron sugerencias sobre cómo podría aumentarse y mejorarse el naciente empeño nazi en la piel de toro. Se añadieron múltiples despachos y telegramas enviados por la <em>Kriegsmarine</em>, el <strong>componente naval de los observadores de lo que ocurría en España</strong>.</p><p>Como ocurrió con Italia, el inicial empeño para apoyar una sublevación <strong>no tardó en convertirse en una apuesta que exigía la inversión de más material</strong> <strong>y de más hombres</strong>. La República (motejada siempre de comunista) no había rendido las armas y resistía. Se afirmaba en Berlín que la URSS ya le había enviado ayuda masiva (lo que no respondía a la realidad) y era ya notorio que las potencias democráticas (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos) lideraban la <strong>política de no intervención que terminaría asfixiándola</strong>. Simultáneamente la Sociedad de Naciones, maniatada por las dos primeras, se veía obligada a permanecer al pairo, como ha estudiado exhaustivamente David Jorge, cortesía del Reino Unido y de Francia.</p><p>En Berlín no tardó en divisarse una ventana de oportunidad. Acabar con la República se pensó que equivalía a infligir una derrota al comunismo a la vez que <strong>se conseguía un eventual aliado situado al dorso de Francia</strong>. También cabía seguir obteniendo materias primas (de las que en algunos casos España había sido un suministrador excelente hasta junio de aquel año) e incluso más. Poco a poco fue apareciendo la idea de que <strong>la nueva Luftwaffe encontraba un escenario idóneo para experimentar</strong> aparatos, técnicas y métodos de ataque y defensa en condiciones no de pruebas sino de guerra aérea. </p><p>Lo que hasta ahora no se ha documentado es <strong>de quién partió la idea de enviar un contingente aéreo</strong> en formación cerrada al nuevo teatro de operaciones. ¿Provino de los escalones técnicos intermedios de la Luftwaffe? ¿Del mando? ¿De Göring, su jefe máximo? ¿O del propio Hitler? Con todo, es un punto bastante irrelevante.</p><p>Más suerte hay en cuanto al momento de la decisión. Existen autores que afirman, sin documentación al apoyo, que pudo ser a finales de septiembre. Otros, generalmente pro-franquistas, que fue a finales de octubre. Gracias a un piloto norteamericano y luego profesor, Raymond L. Proctor, que se interesó por la guerra aérea en España y que habló con uno de los jefes (el entonces comandante, más tarde general, Hermann Plocher) que sirvieron en Berlín sabemos que cuando se le destinó a un nuevo puesto en octubre de 1936 a mitad de octubre se encontró con que ya se estaba planificando la operación. Era, en efecto, <strong>la primera que la Alemania nazi realizaría en operaciones activas en el extranjero</strong>. Mientras no se demuestre lo contrario, me inclino por la hipótesis de principios de aquel mes. </p><p>Fijar la fecha, aunque sea aproximadamente, es importante porque sabemos que en el caso soviético se produjo un deslizamiento de dos meses largos hasta que <strong>Stalin dio la orden de suministrar armamento a la República</strong>. Se ha establecido la fecha: el 26 de septiembre. Los nazis se les adelantaron. Hasta entonces no habían llegado a España sino diplomáticos, algún observador militar, agentes de los servicios de inteligencia, varios periodistas y operadores cinematográficos. Se ha hecho de ello <strong>gran alharaca por parte de los historiadores franquistas</strong> (la tesis fundacional de los camelos de este origen situaba la decisión soviética a los dos o tres días después de la de Hitler y Mussolini, pero evidentemente sin la menor prueba documental). </p><p>Lo que diferencia la naturaleza de las tres intervenciones militares extranjeras es el papel estratégico, operativo y táctico que los Estados Mayores italiano y soviético por un lado y el nazi por otro concibieron con relación al arma aérea. Aparte de que <strong>los soviéticos siempre se inhibieron a la hora despachar contingentes</strong> navales y de tierra. Fueron los nazis quienes más innovaron. Lo hicieron de forma radical y sin apoyarse en precedentes.</p><p>_______________________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra es 'La forja de un historiador' Crítica, Barcelona, 2024.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 May 2024 21:32:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hitler, Franco y el nacimiento de la Legión Cóndor (1/2)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Franquismo,Adolf Hitler]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hay que mirar detrás de los documentos. La contribución nazi al origen de la campaña del norte (2/2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/hay-mirar-detras-documentos-contribucion-nazi-origen-campana-norte-2-2_129_1758644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay que mirar detrás de los documentos. La contribución nazi al origen de la campaña del norte (2/2)"></p><p>¿Y en el Norte? A lo que parece los historiadores militares nazis lo consideraron como la consecuencia lógica de que hubiera en aquel momento tan escasas posibilidades de ofensiva en el arco Oviedo-León. La parte oriental era, sin embargo, más prometedora. Aquí, el relato se hizo eco de las presiones de Mola <strong>durante meses </strong>para obtener más recursos con los que reforzar sus elementos de combate en el Norte. Obsérvese lo subrayado en negrita. Los autores germanos de la intervención de su país en la guerra no escatimaban la aportación “nacional” española. Otra cosa es que no siempre hubiesen comulgado con las doctrinas de Mola, esas que durante la dictadura la historiografía patria esquivó limpiamente. Lo que se necesitaba era aviación y, sobre todo, artillería para avanzar rápidamente hacia Bilbao. En esto no cabe señalar que ningunearon a Mola, “el destructor”. </p><p>Es posible que los alemanes “apretaran”. Si bien tales apremios no están demasiado documentados en los archivos españoles, por lo menos en lo que he podido determinar, me parece evidente que la reacción no podía postergarse indefinidamente. Sobre todo porque Sperrle no pensaba que la suerte de la guerra pudiera decidirse en el Norte de forma rápida (quedaban otros huesos duros por roer). Pero para él, como quizá para otros militares del Ejército al que la Legión Condor apoyaba, lo que sí ocurriría es que <strong>un avance o una victoria favoreciesen al menos la superioridad moral y material franquista</strong> y la recuperación del prestigio de sus armas. </p><p>Todo ello, se afirmó en <em>Die Kämpfe im Norden</em>, sería un aliciente para lograr una victoria en la región central. Por lo demás, el relato alemán no dejó de aludir al <strong>aliciente adicional que suponían las reservas mineras y fabriles de Vizcaya</strong>. Esto es algo que interesaba sobremanera en la estrategia global (y no solo militar) del Tercer Reich en España. Tras el hundimiento del frente vizcaíno se produjeron incluso una serie de rozamientos cuando desde Berlín se pugnó por tallarse la parte del león en la exportación vizcaína en detrimento de los británicos. Otra historia. </p><p>Franco no fue fácil de convencer. Por las memorias de Francisco Serrat (que no suelen citarse, pero que reflejan los altos y bajos en las percepciones sobre la marcha de la guerra en los alrededores del Cuartel General), se sabe que en Burgos y Salamanca se ansiaba la caída de Madrid, que las dificultades en ocuparla crispaban los ánimos y que la moral se resentía. A ello creo que cabe añadir que es altamente probable que el servicio de información franquista señalara desde Londres que la ocasión de reconocer a los sublevados los derechos de beligerancia había pasado (lo cual era cierto). En una palabra, <strong>la tentación de marchar hacia el Norte se hizo sentir cada vez con mayor intensidad</strong>. </p><p>Transcurrió el tiempo y hasta el 20 de marzo no se dio luz verde. La cautela de Franco no cabe sobreestimarla. Ante la presión de sus propios militares y de Sperrle, no encontró otra alternativa. Sabemos que de forma inmediata el jefe del Estado Mayor de la Condor, el coronel Wolfram von Richthofen, <strong>empezó a discutir el 24 de marzo los detalles de la campaña y de la participación nazi</strong>. Como ha señalado uno de los mejores estudiosos de la campaña en Vizcaya, Xabier Irujo, estuvo desde entonces en contacto permanente con el coronel Juan Vigón (llamado a más altos destinos aunque no siempre a los más honorables). </p><p>No faltaron roces y controversias. Nazis y franquistas tenían concepciones diferentes sobre la forma de hacer la guerra. Sperrle y von Richthofen no desaprovecharon la ocasión de pasar a sus aliados sus propias ideas sobre el empleo de la aviación. Según <em>Die Kämpfe im Norden,</em> el segundo subrayó que había que <strong>conjuntar toda la potencia aérea disponible para impulsar el avance</strong>. Tras largas discusiones, los españoles aceptaron las ideas alemanas. Por la cuenta que les traía, las fuerzas de tierra “nacionales” deseaban tener la mayor coordinación posible con la aviación. </p><p>De lo que antecede se deducen, sin grandes dificultades, dos nociones. La primera es<strong> la primacía de Franco como Generalísimo</strong>, algo que nadie discutía. La segunda es que españoles y alemanes empezaron a poner en pie los puntales para <strong>sostener una estrecha coordinación táctica y operativa</strong>. En limpio castellano: con pleno conocimiento de todos los escalones implicados, desde la jefatura de las unidades de tierra, pasando por Mola y por Vigón. Llegaba hasta Kindelán y Franco. Subsistía plenamente en el aciago 26 de abril, día en que tuvo lugar la destrucción de Gernika. </p><p>¿Cabría hablar de “negociaciones”? Solo hasta cierto punto, porque en el decisivo aspecto del uso de la fuerza aérea, los alemanes tenían gran experiencia, ansiaban <strong>probar nuevos métodos de coordinación tierra-aire</strong> y nunca fue cuestión de prescindir de ella. Lo demuestra el choque (casi siempre oculto en la historiografía patria) entre Franco y Sperrle poco antes de aquel luctuoso día.</p><p>No tengo en mi biblioteca la versión en castellano del libro, magnífico, de Schüler-Springorum. En la alemana leo que el general Sperrle deseaba desde el primer momento experimentar y comprobar los resultados de la actuación de sus aparatos en los <strong>bombardeos sobre ciudades</strong> y, en especial, Madrid. Empezaron distribuyendo octavillas en las que Franco amenazaba con destruir la ciudad y luego siguieron las bombas. Ningún alto mando franquista protestó. </p><p>Sí terminó protestando Francisco Franco, genio de entre los genios, pero por razones relacionadas con su comprensión de las operaciones, propias de un general que no tenía otra experiencia bélica que la de <strong>aplastar a las kabilas y a los mineros asturianos</strong>.</p><p>Entre el 2 y el 5 de abril de 1937, al poco de iniciarse la campaña del Norte, Franco se entrevistó con el mitificado almirante Canaris en Sevilla y Salamanca respectivamente. Elogió ante él a los aviadores alemanes, su capacidad y sus éxitos. <strong>Sus relaciones con Sperrle las calificó Franco de muy buenas</strong>. Le había asesorado siempre bien y lo consideraba un excelente soldado. Que yo sepa no se abordaron las disensiones que ya había habido entre Mola y Sperrle, emperrado el primero en devolver a Vizcaya a la condición preindustrial (lo que bauticé con el término de “reruralización”)</p><p>Pocos días después, tales relaciones se pusieron a prueba en un episodio que nunca he podido comprender por qué no ha entrado en el <em>mainstream</em> de la historiografía patria. Lo he enfatizado una y otra vez desde que empecé a escribir sobre el Tercer Reich y la guerra. El 11 de abril, Sperrle destacó, de nuevo, ante Franco que si las operaciones llevaban tanto tiempo era porque <strong>no se había contado con fuerzas suficientes</strong>.</p><p>Así pues, ¿qué hizo Franco? Dando pruebas de su gran genio estratégico y político, que le ha valido tantas alabanzas, solicitó a Sperrle el 14 de abril el <strong>envío de aviones de la Condor al frente central</strong>. Es un episodio conocido. Se hace escaso hincapié en la frígida respuesta de Sperrle: “Le informo nuevamente que tengo órdenes tajantes de utilizar la Legion Condor solo en bloque, de acuerdo con sus instrucciones, y no en partes aisladas. En estas condiciones se la puso a disposición de V.E. bajo mi mando”. </p><p>Debió de haber cierto papeleo porque tres días más tarde el propio ministro de la Guerra, mariscal von Blomberg, telegrafió a Franco directamente<strong> desde Berlín apoyando a su general</strong>. Es la única vez que en toda la guerra se encuentra una intervención parecida. </p><p>La vieja actitud de querer <strong>mantener impoluto el honor de Franco</strong>, en quien en último término revierten todas las responsabilidades, sigue viva con las modificaciones oportunas. Hay diversas formas de presentarla. La primera, arquetípica, consiste en ignorar la cuestión. La segunda en echar la culpa a Sperrle o a los nazis.</p><p>Lamentablemente los papeles alemanes se han perdido del todo, salvo en el caso –arquetípico– de Gernika, al que he dedicado una gran parte de mis investigaciones. Hace tiempo que lo que se busca es mantener, en todo lo posible, <strong>el mito de la “ignorancia” de Franco</strong>. </p><p>(Los lectores interesados en abordar <em>Die Kämpfe im Norden</em> ya no tienen que ir a ningún archivo alemán. Pueden encontrarlo en fotocopia en el Centro Documental del Bombardeo de Gernika. No me consta que ningún otro archivo español haya pedido copias, pero a lo mejor me equivoco). </p><p><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/hay-mirar-detras-documentos-contribucion-nazi-origen-campana-norte-1-2_129_1758624.html" target="_blank">Ver aquí el primer artículo</a><strong> de esta serie de dos entregas. </strong>Anterior serie del mismo autor en <strong>infoLibre</strong>:<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank">'</a><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/franco-alargo-conscientemente-guerra-civil-3-3_129_1690593.html" target="_blank">Franco alargó conscientemente la guerra civil</a><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank">'</a><strong>.</strong></p><p><em><strong>__________________________________</strong></em></p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Acaba de publicar su última obra es 'La forja de un historiador'', Crítica, Barcelona, 2024.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2024 19:11:39 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Hay que mirar detrás de los documentos. La contribución nazi al origen de la campaña del norte (2/2)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Guerra Civil española,Nazismo,Adolf Hitler,Franquismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Hay que mirar detrás de los documentos: La contribución nazi al origen de la campaña del norte (1/2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/hay-mirar-detras-documentos-contribucion-nazi-origen-campana-norte-1-2_129_1758624.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay que mirar detrás de los documentos. La contribución nazi al origen de la campaña del norte (1/2)"></p><p>Por esas casualidades que ocurren a veces, mis últimas tres contribuciones a este periódico sobre la campaña de Cataluña coincidieron con la publicación de un artículo en una revista académica. Los autores discreparon de mi tesis de que Franco quiso prolongar la guerra en tal ocasión. No es este el lugar para enzarzarme en una disputa. Quisiera, simplemente,<strong> ilustrar una tesis complementaria</strong>. La necesidad de estudiar el proceso de elaboración de las órdenes de operaciones en sus diferentes versiones hasta que las aprobase el Alto Mando es un ejercicio útil y con frecuencia imprescindible. </p><p>A veces, la evidencia primaria relevante de época (EPRE) permite hacerlo (en otras ocasiones, no). Sigue siéndolo en el caso catalán, con una EPRE ampliada (que tales autores ignoraron). Ahora voy a romper una lanza en lo que se refiere al <strong>origen de la campaña del Norte</strong>. Sé bien que me meto en camisa de once varas, porque la literatura sobre el tema es abundante y cuenta incluso con las aportaciones de insignes historiadores militares españoles, en general favorables a las consagradas tesis franquistas. </p><p>Como en este mes tiene lugar <strong>un aniversario más de aquella campaña</strong> (incluidos el bombardeo y la destrucción de Gernika) me parece conveniente dar a conocer al público las conclusiones a las que llegué sobre tal origen, en apariencia claro y meridiano. Sigo, como siempre, la recomendación del añorado Herbert R. Southworth a la hora de escribir sobre historia. Estribo en mirar siempre que sea posible en lo que hubiera detrás de los documentos. </p><p>En el caso del Norte, ¿qué es lo que se silenció? <strong>La crucial aportación nazi</strong>, que por razones obvias se ha querido minimizar. </p><p>No es un azar que los grandes historiadores militares franquistas que abordaron el tema <strong>dejaran de lado el origen de tal aportación</strong>. Pienso, por ejemplo, en el coronel de Artillería José Manuel Martínez Bande. O en el general de división en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. O en el general de División Rafael Dávila, nieto del general que sucedió a Mola —tras estrellarse el avión de este a principios de junio de 1937— a la cabeza del Ejército del Norte. No me detendré en el ilustre coronel de Aviación Jaime de Montoto y de Simón que presenta (en una publicación conjunta de la Real Academia de la Historia y del Ministerio de Defensa) las cosas al revés:<strong> </strong>el impoluto mando franquista convenció a los nazis para que desplegaran en el frente Norte a casi toda la Legión Cóndor. </p><p>Tales y tan esforzados autores (hay más) se abstienen cuidadosamente de introducirse en vericuetos foráneos. Uno, en particular, utilizó otro recurso para dar el pego. Atribuyó a Kindelán y al coronel Juan Vigón haber convencido al Generalísimo, aunque “sin ningún entusiasmo”. Que tal carencia apareció ya en fecha temprana lo demuestra el propio Salas al reproducir los pertinentes documentos y concluir que “<strong>Mola </strong>había preparado<strong> un proyecto de orden el 26 de enero </strong>y antes del 9 de febrero de 1937 el general jefe de la 6ª División había precisado un boceto de plan de operaciones para el Norte”. Origen, pues, español y muy español.</p><p>El general Rafael Dávila ha tratado recientemente de sortear el tema en la p. 248 de su magna obra. Mola, afirma, estaba a finales de año muy dolido por la atención prestada al frente de Madrid que tan mal salió. Sus subordinados le plantearon que la operación en el Norte debía continuar hacia Bilbao. Sin embargo, Mola les comentó que <strong>Franco no cesaría en mantener su atención fijada en Madrid</strong>. Es difícil que Franco ignorase que la caída de la capital tendría importantísimas repercusiones internacionales favorables a su causa (y como hoy sabemos hasta el propio Stalin advirtió de ello simultáneamente al embajador republicano Marcelino Pascua), pero en febrero de 1937 ya se había revelado difícil. </p><p>Tampoco hay que desdeñar la posibilidad de que, tras el renovado achuchón de Mola en enero, algunos militares continuasen en la brecha que él había querido abrir. O no. Las razones pueden diferir en ambos casos, pero no es en ello en lo que deseo detenerme. Lo que quiero subrayar es que tan esforzados historiadores militares españoles "<strong>dejaron cuidadosamente de lado las cada vez más intensas presiones del general Hugo Sperrle</strong>, mando supremo en España de la Legión Condor". </p><p>No hay que olvidar que tampoco este actuaba en el vacío. A principios de enero por parte alemana ya se había pensado en dicha campaña. Indicios de ello los aporta la profesora Stefanie Schüler-Springorum en un libro publicado en alemán en 2010 y poco después traducido, aunque no completamente, al castellano. Ya entonces un visitante de la España de Franco pensó que habría que<strong> recurrir a bombardeos de terror</strong>.</p><p>Ahora bien, existe un borrador —muy conocido de los especialistas— de <strong>la historia oficial de la participación alemana </strong>en dicha campaña y en otras de la guerra civil. En lo que aquí nos interesa (<em>Die Kämpfe im Norden</em>: <em>Los combates en el Norte</em>) se evocan los antecedentes. Empieza con el siguiente análisis:</p><p><em>“El fracaso de los ataques de los nacionales contra Madrid y la ofensiva de Guadalajara en febrero y marzo de 1937 obligaron a adoptar nuevas decisiones operativas. Había que intentar compensar los indeseados efectos políticos de tales tortazos mediante actuaciones en otros frentes y evitar que la iniciativa pasara al enemigo. En este sentido el comandante en jefe de la Legión, general Sperrle, insistió cerca del Generalísimo a que se tomara alguna decisión”.</em></p><p>He procurado atenerme lo más estrictamente posible al original y no hacer florituras en castellano. Me importa más destacar que en modo alguno podría acusarse a Sperrle de extralimitarse en sus cometidos. En el mes de octubre <strong>Hitler había decidido formar la Legión Condor </strong>e informado a Franco de las condiciones a que se atendría. (No es el momento de enumerarlas, aunque lo haré si a mis amables lectores les interesa, porque también han sido objeto de manipulación en la historiografía patria).</p><p>Entre ellas figuraba la definición del papel de Sperrle. Debía ser el de consejero y asesor de Franco en relación con el empleo de la Condor, es decir, el aspecto más importante y significativo que debería <strong>servir de guía para su labor</strong> (o sea órdenes del Führer, ya en su periodo de empezar a pasar por el mayor genio militar de todos los tiempos, en alemán abreviado <em>Grössfaz)</em>.  </p><p>Los militares nazis describieron la situación española desde el punto de vista militar de la manera siguiente:</p><p><em>“No existían reservas operativas en formación cerrada. La capacidad combativa de las fuerzas en el frente de Madrid estaba quebrada por el momento. No cabía contar con las brigadas italianas entonces. El Ejército del Sur estaba cansado. El ataque contra el frente Córdoba-Don Benito-Toledo, que el general Sperrle había aconsejado repetidamente, no podía realizarse en aquellas circunstancias. En el extenso frente de Aragón se mantenía la calma, con independencia de algunos avances locales. La fuerza y la condición de las tropas no permitían llevar a cabo ataques de grandes dimensiones</em>”. </p><p>Dejo al cuidado de los eminentes historiadores militares franquistas, parafranquistas o metafranquistas la disección de tales afirmaciones, que he procurado verter del alemán pegándome lo más posible al texto original. Se trata de las formulaciones a las que los redactores de la historia de su intervención en España llegaron después de consultar la enorme masa de documentación disponible entonces en Berlín. Hoy, por desgracia, <strong>desaparecida</strong> en gran medida<strong> a consecuencia de uno de los bombardeos aliados</strong> sobre la capital del ya casi noqueado Tercer Reich en los primeros meses de 1945.</p><p><strong>(Continuará)</strong></p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra, recién publicada, es La forja de un historiador' (Crítica, Barcelona, 2024).</em></p><p>Anterior serie del mismo autor en <strong>infoLibre</strong>:<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank">'</a>Franco alargó conscientemente la guerra civil<a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank">'</a><strong>.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Apr 2024 17:27:59 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil española,Francisco Franco,Franquismo,Adolf Hitler,Nazismo]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Franco alargó conscientemente la guerra civil (3/3): borrar del mapa a la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/franco-alargo-conscientemente-guerra-civil-3-3_129_1690593.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco alargó conscientemente la guerra civil"></p><p>Para el tema que nos ocupa, muchos autores que han escrito después de 2002 ignoran, pasan por alto o desprecian los diarios del conde de Jordana publicados en aquel año. Señaló que en los primeros días de abril de 1938 tanto los franceses como un sector de los republicanos abogaban por el traspaso de poderes en el seno del Gobierno de Barcelona. Se quedó corto. En el momento mismo de la constitución del segundo gobierno Blum en París, en el MAE ya se sabía que <strong>los ministros radicales franceses creían firmemente en la victoria de Franco</strong>. Para aclararse, Jordana cursó órdenes inmediatas para que se sondeara a la primera espada de Francia, el mariscal Philippe Pétain, vicepresidente de la CPDN. Se esperaba que, dado su elevado patriotismo y profundo sentido político, pudiera ejercer su influencia.</p><p>Al día siguiente de la reunión de la CPDN, Jordana supo que su petición había sido atendida y que en modo alguno habría intervención francesa. Se lo comunicó al duque de Alba en Londres. ¿Es verosímil que <strong>no dijera nada al portentoso Generalísimo</strong>? Sobre todo cuando Pétain se lo explicó detenidamente en París al agente de Franco, quien el 18 de marzo se lo confirmó aún más rotundamente a Jordana. El cual, obvio es decirlo, lo explicó en una de las reuniones del Consejo de Ministros (se conserva el texto de muchas de sus exposiciones).</p><p>Naturalmente, el escamón Franco pudo no creérselo. Pero en los días siguientes se acumularon indicios en el mismo sentido y, para colmo, a finales de marzo, el marqués de Magaz, embajador en Berlín, se enteró por el teniente coronel Antonio Barroso, mano derecha de Franco como jefe de la Sección de Operaciones del Cuartel General, que <strong>ya tenían noticias que descartaban la presunta intervención francesa</strong>. Es decir, fue después de estas y otras comunicaciones cuando Franco decidió parar la acometida de Yagüe en Lleida. ¿Por qué?</p><p>Por los documentos alemanes sabemos que, a la par, el 30 de marzo, Berlín había ordenado al jefe de la Legión Cóndor que transmitiera el deseo nazi de que continuasen las operaciones militares hasta la completa conquista de Cataluña y que no se detuviera para realizar operaciones en otros frentes (doc. de la Wilhelmstrasse nº 554). Es decir, lo contrario exactamente de lo que propagó el profesor Payne y luego escabulló. A mayor abundamiento, el 4 de abril Canaris se entrevistó con Franco. ¿Quién ha demostrado documentalmente que el jefe del espionaje militar nazi le dijera lo contrario de las instrucciones que es difícil que Hitler cambiara en pocos días? Nadie. <strong>¿Podría haber ocurrido que Franco se irritara por recibir el consejo opuesto? </strong>También esto habría que demostrarlo. Nadie lo ha hecho. </p><p>Pero es que, además, Franco siguió meditando cual esfinge prehistórica, expuesto a opiniones contradictorias. La cuestión, pues, es la siguiente: si Yagüe, Solchaga, Vigón, Jordana, Kindelán y los alemanes opinaban en el mismo sentido, ¿<strong>quiénes le apoyaron en su decisión</strong>, aparte de unos historiadores militares y no militares “pelotas” que escribieron después de los acontecimientos?</p><p>Como nadie ha respondido, documentos en la mano, a tal preguntita, hay que especular un pelín, pero sin contravenir el <strong>análisis de toda la documentación</strong> disponible (que hoy es algo más amplia, aunque va en el mismo sentido que la que servidor utilizó hace ya muchos años). </p><p>Es preciso partir del supuesto de que<strong> Franco sabía lo que más le convenía</strong>. No tanto a sus grandes designios estratégicos sino, más pragmáticamente, a su posición en 1938.  </p><p>En cuanto a los primeros, conocía, pertinentemente, que la guerra la tenía ganada (en realidad desde mucho antes si no se modificaban las coordenadas internas y externas). Era solo<strong> cuestión de tiempo</strong>. </p><p>Cuando, en septiembre de 1938, las condiciones externas amenazaron con modificarse en sentido opuesto a sus intereses primarios en paralelo a la evolución que llevó a la crisis de Munich, Franco se apresuró a dar muestras de pragmatismo. Si estallaba una guerra en Europa, <strong>“su” España se declararía neutral</strong>. Todo antes que verse arrastrado a una dinámica que no podía modificar porque la conducirían gobiernos extranjeros en busca de su propia seguridad. El pequeño berrinche de Hitler desapareció tras su triunfo en Munich. Por el contrario, Negrín estaba en la postura opuesta: lo que interesaba a la República es que en un conflicto europeo que englobase, por lo menos, a la Alemania nazi, la España antifascista continuase en la lucha. Ya se lo había anunciado el socialista francés Vincent Auriol.</p><p>La decisión del 16 de abril de 1938 de<strong> tornarse contra la feraz huerta valenciana, </strong>según reafirmó Franco veinte años más tarde, le permitió, sin embargo, cumplir su objetivo estratégico primario de alargar la guerra en lo posible, seguro como estaba de su victoria. ¿Para qué y por qué?</p><p>Aquí, como los papeles de Franco (no los que están en la FNFF) todavía no se conocen y quien esto escribe no sabe si algún día llegarán a hacerse públicos (en el supuesto de que no hayan sido destruidos), el historiador más pegado a los documentos tiene que establecer <strong>hipótesis</strong>.</p><p>La primera es que, al sobreponerse a sus generales,<strong> Franco reafirmó su preeminencia con respecto a ellos</strong>. Si dictaba una orden que se oponía al más elemental sentido de la estrategia militar y le obedecían como perritos falderos, podría parecerle obvio que tampoco se opondrían a sus apetencias más íntimas, que todavía no se habían revelado, “mientras duraba la guerra”.  </p><p>En este sentido, la primera hipótesis en la que hay que pensar es que Franco contaba con la aquiesciencia de todos ellos. A decir verdad, el ejército que forjaba no era una reedición del de la Monarquía sino el de Franco. En guerra abierta nadie se atrevería a cuestionar su posición. Había comenzado el 1º de octubre de 1936 con una acción pirata que <strong>colmó con éxito en la Jefatura del Estado</strong> y continuó al autoascenderse a jefe del Movimiento de denominación kilométrica al año siguiente con la “Unificación”. </p><p>La segunda hipótesis es muchísimo más dura y, en los tiempos que corren de revisión pro-franquista de las páginas más oscuras de la historia contemporánea española, quizá convenga resaltarla: alargar la guerra le daba la oportunidad de <strong>seguir machacando y triturando al Ejército Popular de la República</strong>. Una victoria rápida habría dejado menos castigado al adversario, que no podría exterminar tanto si, como cabía esperar, continuaban los combates. Y, para colmo, le permitiría seguir limpiando a la par los territorios conquistados. Es decir, borrar en ambos casos del mapa a luchadores aguerridos y altamente motivados. </p><p>En este sentido, gracias a un libro reciente de Carlos Píriz, <em>En zona roja</em>, sabemos que el espionaje franquista, la quinta columna y <strong>la acción desmoralizadora y subversiva </strong>que propiciaba, funcionaban a pleno rendimiento en la primavera de 1938.</p><p>¿Por qué apresurarse, pues? De lo que se trataba no era tanto de vencer al “comunismo” (tapadera que siguen esgrimiendo movimientos tan comprometidos como Vox y algunos sectores de las derechas españolas, siempre en alerta, en paralelo de la autopropaganda trumpiana) sino de <strong>quebrar a la variopinta izquierda española</strong>. Había cometido, a los ojos de Franco y los conspiradores monárquicos de la primera de 1936, un pecado esencial, imperdonable: el no haber rendido armas y sí haberse opuesto a la sublevación.</p><p>El asesinato de Calvo Sotelo (el mayor desfavor que las izquierdas hicieron a la República) y la muerte en accidente del teniente general Sanjurjo habían <strong>despejado el camino de Franco hacia la gloria</strong>. ¿Cómo no proseguir en el camino que la Providencia le había puesto por delante? </p><p>No todos los años se ofrecía la posibilidad de eliminar el mayor número posible de activistas de la heterogénea, y tan escindida, izquierda española. El asesino patológico que había sido, a las órdenes de Queipo de Llano, el posterior teniente coronel Manuel Díaz Criado casi acertó: en los treinta años siguientes en España<strong> las izquierdas no se moverían</strong> (para poner en peligro agudo, añadiré, a los “bienpensantes” como él mismo).</p><p>Naturalmente, soy el primero en señalar que no todo el pasado es desentrañable en base a los documentos disponibles y que han llegado hasta nosotros después de superar mil azares. Pero, tras acumular masas y masas de evidencias, en algún momento hay que extraer conclusiones. Puede, naturalmente, haber otras. Pero, ¿en qué documentación se basarán y en qué contextos? </p><p>Hablamos de un régimen que <strong>instauró el terror con falsos pretextos</strong> (en particular la inminencia de un golpe de Estado comunista) justificativos de la “salvación” de la Patria y que se reflejaron en miles y miles de consejos de guerra espurios.</p><p>Sería muy de agradecer que, aprovechando esta nueva etapa de gobierno, <strong>los archivos todavía cerrados de la guerra civil y, sobre todo, los del franquismo se abrieran de par en par </strong>sin restricción alguna. ¿Quién tiene miedo a la historia? El pasado es inamovible. No mata. Quienes matan son los seres humanos. Lo vemos hoy en Ucrania o en Israel. Por no hablar de otros lugares, como Sudán, con un negro porvenir. </p><p><strong>(</strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/guerra-alargada-1-3-franco-prolongo-conscientemente-guerra-civil_129_1686696.html" target="_blank"><strong>Aquí</strong></a><strong> y </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/franco-alargo-conscientemente-guerra-civil-2-3-carbon-naranjas_129_1690184.html" target="_blank"><strong>aquí</strong></a><strong> puedes leer los anteriores artículos de esta serie).</strong></p><p><em><strong>__________________________________</strong></em></p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023. Su próximo libro aparecerá el 6 de marzo: 'La forja de un historiador', en la misma editorial.</em></p><p><strong>Anterior serie del mismo autor en infoLibre</strong>:<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank"><strong>'El vector fascista en la conspiración contra la república'</strong></a><strong>.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Feb 2024 20:42:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Franco alargó conscientemente la guerra civil (3/3): borrar del mapa a la izquierda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Historia,Memoria histórica]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Franco alargó conscientemente la guerra civil (2/3): por el carbón y las naranjas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/franco-alargo-conscientemente-guerra-civil-2-3-carbon-naranjas_129_1690184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="Franco alargó conscientemente la guerra civil (2/3)"></p><p>En la literatura disponible hay autores que<strong> se abstuvieron prudentemente de entrar en profundidades</strong>. Pertenecen a tal categoría Luis María de Lojendio, que caracterizó los planes de Franco de “luminosos”, o Manuel Aznar, que caracterizó de “matemática” la operación. Es cierto que el teniente general Rafael García-Valiño aludió crípticamente a “razones de tipo político” y que el coronel José Manuel Martínez Bande se refirió a “otros factores”. Autores muy recientes defienden a Franco, en la senda del inefable Joaquín Arrarás, como por ejemplo el general Rafael Casas de la Vega. Otros, como el general Rafael Dávila Álvarez, lo lían.</p><p>Con su claridad habitual, Cardona expuso las tres alternativas existentes tras el corte franquista por Vinaroz el 15 de abril. Al norte quedaron los restos desgastados de las mejores unidades republicanas. Al sur permaneció la mayor parte del Ejército de Maniobra y todo el de Levante, que se encontraban en mejor estado. La primera alternativa consistía en atacar hacia el norte por la línea de la costa en dirección a Tarragona y Barcelona. La segunda, en avanzar desde Lleida tras haber tomado algunas de las principales centrales hidroeléctricas que suministraban energía a Barcelona y sus núcleos industriales. La tercera, en lanzar las dos operaciones al tiempo. Sus generales esperaban una u otra. <strong>Lo mismo cabía decirse de los nazis y de los fascistas</strong>, cuyas aportaciones los historiadores pro-franquistas suelen disminuir. </p><p>Sin embargo, Franco, el genio militar de los tiempos modernos según sus panegiristas, sorprendió a todo el mundo: decidió formalmente el 18 de abril avanzar hacia la huerta valenciana. Esta opción redujo de inmediato<strong> la gran presión que podría haberse ejercido sobre Cataluña</strong>. Los republicanos trataron de aprovechar al máximo la oportunidad que se les abría. Lo hicieron con éxito. </p><p>La pregunta del millón estriba, pues, en dilucidar los motivos de Franco. No olvido, antes al contrario, que tuvo buen cuidado de explicarlos. El coronel Salas escribió su magna obra años antes de que se publicaran en 1976 las <em>Conversaciones privadas con Franco</em>, que dio a conocer póstumamente su primo hermano el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo. Hay que tomarlas, en ocasiones, con gran prevención (omitió detalles poco dignos para Su Excelencia el Jefe del Estado, SEJE, sobre todo en los asuntos financieros y en alguno que otro, como el asesinato del general Balmes, dio pistas pero no las siguió). Sin embargo, quizá sin querer —o incluso queriéndolo en parte—, <strong>ofreció a la posteridad pistas fundamentales.</strong> </p><p>Para el tema que nos ocupa, las declaraciones de Franco el 2 de marzo de 1957 (poco después del cambio de Gobierno que elevó al poder político a algunos ministros del no santo Opus Dei) son muy reveladoras. <strong>Los amables lectores me permitirán su reproducción </strong>(los dos primeros entrecomillados recogen lo escrito por el primo hermano, traduciendo las ideas de SEJE).</p><p>“Nuestra guerra se ganó por un verdadero milagro, gracias a nuestra fe en la victoria, a los altos ideales que defendíamos y a la ayuda grande de la Providencia [obsérvese la desaparición de las “ayuditas” de Hitler, Mussolini, la Texaco y los efectos de la inhibición británica como adalid de la no intervención]. “Tuvimos que importarlo todo (sic) y empezar a fabricar municiones buenamente como pudimos, pues <strong>todas las fábricas militares y la mayor parte de la industria nacional </strong>estaban en poder de los rojos”. </p><p>En lo que aquí nos interesa, el primo hermano reprodujo <strong>en términos presumiblemente literales </strong>y en itálicas las palabras de SEJE. Las resalto, para su inmarcesible gloria, en negritas:</p><p>“Por ello mi prisa en conquistar el norte para apoderarme de la industria bilbaína y del carbón de Asturias; no quise apresurar la ocupación de Barcelona por no tener divisas para facilitar algodón a las fábricas catalanas.<strong> En cambio antes ocupé Valencia para poder exportar las naranjas</strong> y demás fruta de su espléndida huerta…” </p><p>Se observa, en 1957, la continuación del pensamiento de 1938, aunque referido no a los días inmediatos a la toma de Lleida sino a unos diez días más tarde. En ambos momentos, parece evidente —y más en el segundo— que tomar Barcelona y sus fábricas hubiera debido ser una prioridad económica (y no solo política y militar) porque las divisas no faltaban a los franquistas, aun cuando tampoco fuesen muy abundantes. Pero es que, además, hasta el lector más lerdo sabrá, si ha leído algo sobre la guerra civil, que las instrucciones de Franco para iniciar la ofensiva contra Valencia se fecharon el día 18 y es evidente que en modo alguno las denominadas fuerzas nacionales llegaron a conquistar la totalidad de la huerta. Su avance fue parado en seco, no sin dificultades, en posiciones <strong>que prácticamente no variaron hasta el final de la contienda en marzo de 1939. </strong> </p><p>Pero no se preocupe el amable lector, hay eminentísimos autores que han dado con la piedra filosofal. Incluso se atreven a discrepar del glorioso Caudillo. En primer lugar, por ser quizá el más combativo y conocido, el adalid máximo de la historiografía profranquista: el ya fallecido profesor Ricardo de la Cierva. Los motivos de su decisión se los comentó el propio Jefe del Estado en 1972 (año de la aparición de la obra de Salas). Don Ricardo la utilizó en flamígeros escritos oponiéndose a la “marejada roja” que, según él, anegaba las universidades españolas. Añadió: lo que movió a Franco fue “el temor de suministrar un pretexto para la ya premeditada invasión francesa de Cataluña” (Biografía histórica de Franco, 1986). Diez años más tarde cambió sutilmente: se trataba de “no avivar el intervencionismo francés”. En 1999 fue menos críptico: “<strong>evitar complicaciones internacionales por el comprensible recelo de Francia </strong>ante la presencia de alemanes e italianos en el Pirineo”. Dejemos de lado la preguntita de si los franceses no habían intervenido en 1936 ni en 1937, ¿por qué irían a hacerlo en 1938?</p><p>De hecho, correspondió, en 1945, al general Alfredo Kindelán, en sus censurados <em>Cuadernos de guerra</em>, mencionar las discrepancias entre Franco y algunos mandos superiores entre los que se incluyó, si bien pudo escaparse de rositas al aludir a la necesidad de subordinarse al Mando, “que disponía de mayores elementos de juicio”. Criticó, con todo, la decisión afirmando que los republicanos apenas si contaban con aviación (lo cual era absolutamente cierto) y argumentó que “el cerebro y la voluntad del enemigo están en Barcelona, cuya toma podía “significar el fin virtual de la guerra”. Gracias a Tusell (2000) se conoce también, por las no publicadas memorias del general Solchaga, que este tenía la vívida impresión de que era posible cortar la frontera, porque el enemigo estaba “blando” y era una ocasión única. El general Juan Vigón, leal entre los leales, <strong>asintió, pero “en las alturas opinan de otra manera”</strong>. No mencionaron la menor referencia a las “complicaciones internacionales”, porque no las había, aunque muchos otros historiadores amigos o conocidos míos no terminan de creérselo o mezclan todos los posibles motivos. Stanley G. Payne, en la senda de mi buen amigo Robert H. Whealey, lo achacó en 2008 (pp. 54 y 431, Franco y Hitler) a una supuesta sugerencia del Führer (de todo punto inexistente) para que Franco se tornara hacia Valencia. Claro está que tan eminente autor se había olvidado de la fundamental obra de Merkes (1969) y no tardó demasiado en evadir la cuestión en libros futuros, por ejemplo en la versión en inglés de otra de sus síntesis (2012, p. 146, también traducida al castellano. Sin embargo, lo más habitual ha sido señalar que en las alturas parisinas el Comité Permanente de la Defensa Nacional (CPDN) había evocado la posibilidad de intervenir a favor de la “España roja”. </p><p>Naturalmente podría argumentarse que, desde la fecha de la reunión que tuvo lugar el 15 de marzo y es archiconocida desde 1946, hasta la decisión final de Franco de volcarse contra Valencia transcurrió casi un mes. <strong>En tiempos de guerra, una eternidad a la hora de fijar decisiones</strong>. </p><p>Para el historiador que se guía esencialmente por documentos y no por propaganda no se trata de acudir solo a los argumentos de aquellos autores que abordaron lo que habría habido de peligro —que no existió— en la reunión de la CPDN. La lista es considerable y destacan cuatro autores españoles: Jaime Martínez Parrilla, Ángel Bahamonde, Javier Cervera y Javier Tusell. Quienes aspiren a nota podrían haber acudido hace ya mucho tiempo al conocido diario del conde Ciano o a los documentos coetáneos de la Wilhelmstrasse (disponibles desde hace años en versión original y en inglés en internet). <strong>Que el profesor Payne tardara tanto en hacerlo es difícilmente comprensible. </strong></p><p><strong>(Continuará) </strong></p><p><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/guerra-alargada-1-3-franco-prolongo-conscientemente-guerra-civil_129_1686696.html" target="_blank"><strong>Ver aquí el primer artículo</strong></a><strong> de esta serie de tres entregas.</strong></p><p><em><strong>________________________________</strong></em></p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023. Su próximo libro aparecerá el 6 de marzo: 'La forja de un historiador', en la misma editorial.</em></p><p>Anterior serie del mismo autor en <strong>infoLibre</strong>:<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank"><strong>'El vector fascista en la conspiración contra la república'</strong></a><strong>.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jan 2024 18:40:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Franco alargó conscientemente la guerra civil (2/3): por el carbón y las naranjas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Historia,Memoria histórica]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[Franco alargó conscientemente la guerra civil (1/3): LLeida, abril de 1938]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/guerra-alargada-1-3-franco-prolongo-conscientemente-guerra-civil_129_1686696.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/28e18a4b-8955-440a-aa64-4219a2e29b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco alargó conscientemente la guerra civil (1/3): LLeida, abril de 1938"></p><p>Que la guerra durara casi tres años se ha explicado con argumentos varios. Para los pro-republicanos, los factores más importantes fueron <strong>la innata capacidad de resistencia del pueblo en armas</strong> y la voluntad de defensa contra el fascismo. Para los no republicanos lo fue la ayuda soviética (casi siempre sobredimensionada). Para todos, y no en último término, el convencimiento de la justicia de la causa. </p><p>Historiadores militares como el lamentado Gabriel Cardonas se acercaron al tema desde otro punto de vista:<strong> la escasa visión estratégica de Franco</strong>, forjada en las campañas coloniales de Marruecos. Su escasa experiencia al frente de grandes unidades le llevó a cometer errores que alargaron la contienda innecesariamente.</p><p>Este último enfoque emerge más o menos claramente en todos aquellos autores que deploraron que Franco retrasara, en septiembre de 1936, el avance sobre Madrid para desviarse en pos de la toma (“liberación”) de Toledo, donde <strong>el Alcázar resistía los asaltos republicanos</strong>. Otros han criticado que Franco se concentrara tanto en la toma de Madrid en detrimento de otras opciones menos espectaculares, pero a la postre más provechosas.  Personalmente en la ocasión de marras creo que Franco tenía razón en función de sus tácticas de la época para alcanzar el poder militar y político supremo tras las desapariciones de Sanjurjo y, no en último término, de Calvo Sotelo.</p><p>El propósito de esta <strong>pequeña serie de tres entregas</strong> no es debatir acerca de la estrategia de Franco. Estriba en diseccionar las circunstancias —y las razones— por las cuales el “Invicto” no quiso dar una estocada mortal a la República en abril de 1938. <strong>Hubiera acortado la contienda en casi un año ahorrando millares de víctimas </strong>a ambos lados del espectro militar, político e ideológico. Es decir, incluido el propio.</p><p>Para evitar, en lo posible, que se me ataque como “repelente” historiador antifranquista buscaré un <strong>primer apoyo en un militar que hizo la guerra con los vencedores</strong>. Luego acudiré a la evidencia primaria relevante de época (EPRE) de los archivos. Esos que numerosos autores han pasado por alto en esta ocasión.</p><p>Apelo, pues, al coronel <strong>Ramón Salas Larrazábal</strong>, uno de los escasos militares que entró a saco en archivos españoles y que no tardó en llegar al generalato. </p><p>Escribiendo en tiempos de dictadura, Salas prestó una<strong> particular atención a los documentos</strong>, algo que antes de la muerte del dictador no estaba al alcance de cualquiera.</p><p>Su intención había estribado en escribir una historia del Ejército de la Victoria, pero sus superiores no lo permitieron. Logró, eso sí, que se le autorizara a <strong>escribir una historia del Ejército vencido</strong>. Publicó su magna obra en 1973, por lo que la investigación que subyacía a la misma la llevó a cabo años antes. </p><p>Salas fijó la fecha de la decisión de Franco que<strong> terminó alargando innecesariamente la guerra</strong>: la situó a principios de <strong>abril de 1938,</strong> cuando las tropas de Yagüe ocuparon Lleida. Como es notorio, fue la primera capital catalana que cayó en manos de los autodenominados “nacionales”. Delante de ella se encontraba abierta de par en par la carretera nacional que, prácticamente, en vía recta unía con Barcelona. El gobierno republicano refugiado en esta se encontraba al borde de la implosión y en una de las circunstancias más críticas hasta entonces en la guerra.</p><p>Consciente de todo este cúmulo de circunstancias, Yagüe —que no fue un militar que inspirase oleadas de admiración— <strong>solicitó a Franco la autorización para avanzar impetuosamente</strong>. El <em>inmortal Caudillo</em>, remedo del Cid y adalid de todas las virtudes castrenses que según sus fieles biógrafos en él se daban cita, se negó tajantemente. </p><p>Ramón Salas era en aquel entonces un modesto teniente. Se había alistado voluntario y, como requeté, tomado parte en la campaña del Norte. Al escribir muchos años después su magna obra <em>Historia del Ejército Popular de la República</em> (publicada para gozo de lectores fieles a la dictadura por nada menos que la Editora Nacional) recordó que <strong>Yagüe piafaba de impaciencia</strong>. No entendía la justificación de la orden, que chocaba con su sentido militar y el progreso alcanzado por las “armas nacionales”. </p><p>Para la mejor comprensión de las dos próximas entregas reproduzco<strong> aquí sus propias reflexiones</strong> entre comillas. No se me acusará de ser incorrecto con su memoria. Cuando servidor era un historiador neófito (y, no lo oculto, un tanto pardillo) tuve gran amistad con él y participamos juntos en algunos encuentros, tanto en España como en el extranjero. </p><p>“<em>Franco permanece fiel a su idea primitiva renunciando a la persecución del derrotado y disperso Ejército del Este. El que esto escribe fue testigo de la </em><em><strong>decepción del general Yagüe</strong></em><em>. Cataluña se abría fácil a sus vanguardias y se le imponía la detención en contradicción con el principio inmutable del</em> <em>arte militar que ordena no dar respiro al enemigo derrotado. ¿Cuál fue la causa de tan sorprendente decisión? </em><em><strong>¿Qué impulsó a Franco a preferir Tortosa a Tarragona y Valencia a Barcelona? </strong></em><em>Sin la menor duda el más grosero análisis demostraba plenamente que Cataluña era un objetivo mucho más importante y decisivo en todos los conceptos y por añadidura más fácil. Dividido el Ejército enemigo la fracción que había quedado al norte del corte era menor que la que permaneció en la zona Centro-Levante. En principio lo lógico era concentrar la masa de maniobra nacional contra la más reducida de ambas fracciones que es contra la que se podía lograr una mayor superioridad, y aplastarla. Si además esa fracción ocupaba un territorio de mucho más alto valor militar, por su demografía, su riqueza y su potencial industrial, la elección no ofrecía la menor duda y resultaba inapelable si a todas estas circunstancias se unía la de que la zona en que se encontraba esa parte del ejército gubernamental disponía de una amplia frontera por la que le podían llegar cuantiosos medios cuya arribada era imperativo impedir. El Estado Mayor gubernamental lo comprendió así y se preparó inmediatamente para defender Cataluña y para ello dicta las apresuradas instrucciones de los días 4 y 5 de abril en las que ordenaba la inmediata construcción de seis líneas sucesivas de defensa y cuya consistencia hubiera sido muy reducida de haberse visto inmediatamente sometidas a la prueba del fuego…”</em> .</p><p>No podría explicarse más claramente la perplejidad del entonces coronel. Franco había dado órdenes a pesar de haberse constatado que el avance de sus tropas hasta entonces había sido imparable. <strong>El adversario se batía en retirada</strong>. Se abría una ventana de oportunidad generada por los propios éxitos sobre el terreno, pero el supuesto genio de la guerra detuvo el avance. ¿Prudencia? ¿Incapacidad? ¿Cálculo? Pero, en este caso, ¿de qué tipo? </p><p>Innecesario es señalar que aquella decisión tenía unos antecedentes y generó ciertos efectos. En cuanto a estos últimos, el 6 de abril se reorganizó, tras largas discusiones internas y externas, el Gobierno republicano con la asunción por parte del presidente del Consejo, Juan Negrín, del crucial Ministerio de Defensa; la auto-desaparición de Prieto del gabinete y la entrada de nuevo en el Ejecutivo de los anarquistas, ausentes de él desde mayo del año anterior. La entonces tan cacareada “unidad nacional” <strong>permitió otros cambios en el mando político y militar</strong> y una cierta recuperación del Ejército Popular. Son temas muy estudiados. No impidieron que la acometida franquista, disparada hacia Vinaroz, cortara en dos el territorio republicano poco más de una semana después.    </p><p>Tal victoria, con minúsculas, pero no desdeñable, opacó la posibilidad de la victoria, con mayúsculas, que perseguía Yagüe. La guerra continuó hacia el <strong>hito rompedor de la batalla del Ebro </strong>en julio de 1938. Fue, como es sabido, la más sangrienta y reñida de toda la guerra civil en otras circunstancias políticas, militares e internacionales. </p><p><strong>(Continuará)</strong></p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023. Su próximo libro aparecerá el 6 de marzo: 'La forja de un historiador', en la misma editorial.</em></p><p>Anterior serie del mismo autor en <strong>infoLibre</strong>:<strong> </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html" target="_blank"><strong>'El vector fascista en la conspiración contra la república'</strong></a><strong>.</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jan 2024 20:20:29 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Guerra civil,Republicanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (20/20): ¿Quién quiso, pues, la guerra civil?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-20-20-quiso-guerra-civil_129_1557912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="EL VECTOR FASCISTA EN LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA REPÚBLICA (16/20)"></p><p><em>Esta es la entrega final de una larga serie. De aquí que termine con una afirmación y varias preguntas. La primera estriba en constatar que a la conspiración siempre le han faltado fuentes. Es verosímil que quienes la prepararon no quisieran dejar muchas. Otras se han perdido o destruido. </em><em><strong>A la omisión del vector fascista </strong></em><em>contribuyó, sin duda, la conciencia de que la previa ayuda mussoliniana suponía una ruptura en toda regla con los principios y normas de convivencia internacionales existentes en la época en Europa occidental. Mussolini podía, impunemente, intervenir en Libia, incluso en Etiopía. Eran actuaciones hasta cierto punto tolerables. Que lo hiciera en España por la puerta trasera fue un hecho absolutamente nuevo (aunque luego siguieron otros). </em></p><p><strong>Las</strong> <strong>fuentes documentales que se conservan en diversos archivos españoles, italianos y franceses iluminan la decisión del Duce, perfilada en secreto, de intervenir en España. </strong>Sin preaviso ni aviso, sin antecedentes obvios y, al principio, en la oscuridad más absoluta, aunque tras un largo período de maduración.</p><p>Es un hecho que Mussolini no “tragó” a la República desde el primer momento (como demuestran sus famosos <em>Aforismi</em> que puso en circulación Heiberg en la literatura en castellano). Por otro lado, los monárquicos (más o menos fascistizados) siempre divisaron en su figura una referencia (ya en la dictadura de Primo de Rivera) y luego, en los primeros años de la República, la posibilidad de un apoyo providencial. </p><p><strong>Los vencedores en la guerra civil ocultaron desde el primer momento tal relación umbilical.</strong> Los italianos porque Franco no terminó comportándose como esperaban, es decir, abrazándoles desbordante de gratitud (ya lo intuyó el agregado militar francés, Henri Morel, a las pocas semanas de llegar a Madrid tras el golpe de julio). <strong>Los conspiradores monárquicos y militares porque siempre habían puesto en su diana a los comunistas y a la URSS para justificar la futura sublevación. </strong>Desde la victoria tuvieron motivos adicionales para acentuar el peligro “rojo”. ¡No iban a proclamar que quienes conspiraron con los fascistas fueron ellos! </p><p>El factor anticomunista siguió ganando enteros después de la derrota del Eje: Franco habría sido el primer líder europeo en vencer al comunismo en el propio campo de batalla elegido por el Kremlin. Un licor embriagador. Lo han seguido consumiendo en grandes dosis sus historiadores de pro, antiguos y modernos. Aplicaron, lo supieran o no, la función esencialmente proyectista en vigor durante toda la dictadura y, todavía, en la manipulada opinión pública de la actualidad. <strong>De lo que se trató siempre fue, es, de atribuir al enemigo los crímenes horrendos de que los vencedores fueron capaces. </strong>¿Acaso se hubiera hundido la República en la revolución y en la sangre de no haber habido una insurrección que contaba con la ayuda fascista?</p><p>Uno de los embajadores republicanos, Gabriel Alomar, ciertamente no el más brillante, pero en su puesto en Roma vio con gran claridad que el régimen fascista divisaba en los republicanos españoles a adversarios que era preciso triturar. Desde el punto de vista de Mussolini probablemente el asunto fue bastante simple. Ayudar a un cambio de régimen en España cumplía dos funciones: la ideológica –expansión del fascismo a una nación latina– pero también otra geoestratégica y geopolítica de mayor calado:<strong> contribuir a asegurarse una posición en el Mediterráneo occidental </strong>para cuando hubiera que ajustar cuentas con franceses y británicos, ahítos de Imperios y que dificultaban a los italianos ocupar su propio lugar en el sol, es decir, <em>a poor man´s empire</em>, desde otra óptica. </p><p>El que la ayuda a la sublevación se desencadenara en junio de 1936 y no previamente no encierra ningún misterio. En primer lugar, Italia se enfrentó a un repudio bastante generalizado por su invasión de Etiopía, pero ya estaba prácticamente liquidado hacia junio de aquel año. En segundo lugar, porque <strong>todavía no se había materializado el acercamiento al Tercer Reich que Mussolini iba buscando</strong>. En tercer lugar, porque los proyectos monárquicos y militares podrían dar resultado y, no en último término, porque se estimó que, en el peor de los casos, las hostilidades serían cortas. </p><p>Para que la sublevación fuese guerra faltaban todavía tres elementos. En primer lugar, que, en lo que parecía hollar también el surco italiano, Hitler decidiera igualmente apoyar a Franco. No es de extrañar que los primeros atisbos de cooperación entre las potencias fascistas se encadenaran de inmediato. En segundo lugar, que <strong>las democracias occidentales pusieran cerco a la República</strong> a través de la no intervención, pero no a los agresores. Algo que no había ocurrido hasta entonces en Europa, pero los franceses –por razones internas esencialmente– se apresuraron a dar el primer paso. En tercer lugar, que los soviéticos se decidieran a intervenir a su vez en las movedizas arenas españolas después de pensárselo un par de meses. Cuando lo hicieron, los dos regímenes fascistas ya pudieron proclamar que con ello los voluntarios –a quienes no “podían” impedir ir a España– contribuían a la lucha anticomunista (algo siempre bien visto en Whitehall y en los círculos conservadores franceses). </p><p><strong>Los más criticables son, en retrospectiva, los italianos</strong>. Cumplieron su compromiso de suministro de los Savoia Marchetti 81 previstos en el primer contrato, aunque tuvieron la mala fortuna de que dos de ellos cayeran en poder de los franceses en territorio marroquí el 30 de julio. Se destapó el asunto. En París se llegó a discernir que <strong>el envío se había previsto antes de la sublevación</strong>, pero como se plegaron a los británicos se olvidaron de ello<strong>. </strong>El general Dávila Álvarez, el profesor Gil Pecharromán y el académico Alejandro Nieto, con muchos otros más, todavía no se han enterado. El último en hacerlo tampoco tiene perdón: es el profesor, jubilado como servidor, Michael Alpert y lo ha demostrado en el número del pasado mayo en la revista <em>Historia y Vida</em>. ¿Quién da más?</p><p>Que servidor sepa, nada demuestra hasta ahora que otros historiadores españoles a sueldo del PP, de Vox o de sus soportes mediáticos se hayan apresurado a ir a ver los papeles de La Farnesina en conjunción con los paralelos que encontrarán en el Service Historique de la Défense en el castillo de Vincennes y en los Archives Diplomatiques de France. Si lo han hecho, hasta ahora no han demostrado si quien esto escribe tiene o no tiene razón. <strong>Soy consciente de que el error está siempre inscrito</strong> en la actividad de los seres humanos.</p><p>Con todo, quedan lagunas. Por ejemplo, ¿dónde están los informes de la inteligencia militar republicana tras las elecciones de 1936? ¿Dónde se encontrará la documentación intervenida por la DGS ante el frustrado golpe del 20 de abril, que todo el mundo olvida? ¿Qué se elevó realmente al conocimiento del Gobierno y de Azaña?<strong> ¿Quién avisó al Gobierno de que Sanjurjo quería trasladarse a Marruecos?</strong> No se sabe, no se contesta. </p><p>Ahora bien, ¿conocen los amables lectores una auténtica peculiaridad española de la época? En la DGS existía un Negociado de Control de Nóminas militares. Supongo que tendría alguna relación con la Pagaduría del Ministerio de la Guerra. En plena contienda se elaboró una lista de generales, jefes, oficiales y suboficiales a quienes se les detraían algunos óbolos que se destinaban a financiar la UME. <strong>Entre ellos figuraban nombres ilustres </strong>que no se pasaron a la sublevación: Miaja. Rojo. </p><p>¿No se conservó más documentación de la conspiración? ¿Nadie preguntó nada a las autoridades del Palacio de Buenavista? Misterio. Un misterio más profundo que el de la Santísima Trinidad. Aclarar las incógnitas todavía subsistentes sobre la conspiración es un trabajo fundamental para responder mejor a la segunda derivada de la pregunta del título: <strong>¿Por qué el Gobierno republicano no cortó los manejos al menos militares, ya que no los civiles?</strong></p><p>Un comentario retrospectivo a los historiadores, comentaristas y periodistas de la cuerda ya mencionada: tienen la puerta totalmente abierta para deslumbrarnos con sus descubrimientos futuros exhibiendo pruebas ciertas y diferentes a las utilizadas por sus predecesores desde la misma guerra civil. Por ejemplo, documentar las actividades comunistas de cara a organizar una revolución de tipo soviético. [<strong>Advertencia: aprovechen la ocasión antes de que David Jorge, en su próxima trilogía, les desbarate sus intentos y les amargue su “momento” de gloria</strong>] Id. de lo que hacían los socialistas, porque no vale citar desordenadamente y sin contextualización afirmaciones de campaña electoral. Estoy pensando en un autor al que se le dan muy bien, aunque a veces, en plena <em>envolée </em>de la imaginación, se las invente. Lo he mencionado en mi blog y ha publicado hace unos meses un relato novelado sobre un incidente de la postguerra. (Las <em>Obras Completas</em> de Largo Caballero (discursos y memorias incluidos) se han dado a conocer hace ya también muchos años). También pueden tratar de desmontar la biografía de Julio Aróstegui, basada en ellos y, entre otras fuentes, los archivos socialistas. </p><p>Al fin y al cabo, no hay historia definitiva. Tampoco historiadores definitivos, pero en las actuales circunstancias –y habida cuenta de las experiencias personales y colectivas de los últimos quince años– los lectores que me hayan hecho el honor de seguir esta serie comprenderán<strong> mi apoyo a la Ley de Memoria Democrática</strong>. También explica que las derechas la quieran derogar inmediatamente.  </p><p><strong>Las variopintas derechas españolas y sus portavoces engañaron miserablemente al pueblo soberano durante el franquismo y durante la democracia</strong>. <strong>Siguen haciéndolo</strong> <strong>y a la vez rechazando la evidente demanda social de profundizar en el proceso de recuperación e identificación de las víctimas de los sublevados del 18 de julio, aunque no tuvieron inconveniente en entonar loores a las “suyas” durante más de cuarenta años. </strong></p><p><strong>DESPEJAR EL PASADO NO ES CONTINUAR LA GUERRA CIVIL POR OTROS MEDIOS. ES HACER LO QUE HAN HECHO OTROS PAÍSES CIVILIZADOS ANTES DE NOSOTROS Y, SALVO HECATOMBE NUCLEAR, CONTINUARÁN HACIENDO ALGUNOS MÁS CUANDO ASÍ SIENTAN LA NECESIDAD</strong>. No es el caso, al parecer, de los republicanos norteamericanos, sumidos hasta el cuello en sus líos y necedades <em>trumpianas</em>. Que sus historiadores entierren sus propios fantasmas. En 1936 había una conspiración subterránea en el Ejército, las fuerzas de seguridad y la policía. De cobertura la batalla política entre los partidos y los medios de la época. Su contrapartida hoy ha agitado la campaña electoral. No parece que haya habido conspiración subterránea. Hemos progresado. </p><p><strong>FIN DE LA SERIE</strong></p><p>(<a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-19-20-aviones-favor-duce-aviones_129_1557897.html" target="_blank">Ver aquí capítulo anterior</a>)</p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Sep 2023 17:31:12 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (20/20): ¿Quién quiso, pues, la guerra civil?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Historia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (19/20):  Aviones, por favor, Duce, más aviones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-19-20-aviones-favor-duce-aviones_129_1557897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="EL VECTOR FASCISTA EN LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA REPÚBLICA (16/20)"></p><p><em>La carta de Goicoechea a Mussolini en su propio nombre y en el de José Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera no es nueva. Se conoce, por lo menos, desde el año 1979, cuando la publicó en un artículo en la revista </em>Storia Contemporanea<em> el historiador italiano Massimo Mazzetti junto con otros documentos relacionados con el pacto de 1934. Era </em><em><strong>una revista entonces todavía relativamente nueva </strong></em><em>que dirigía desde 1970 Renzo de Felice. En castellano la reveló Ismael Saz en 1986, siete años más tarde. Básicamente asumió las tesis de Mazzetti: la petición de fondos, tan brillantemente expuesta por los conspiradores, la rechazó Mussolini. Y ahí se ha quedado la cosa. </em></p><p>Con apoyo en E. H. Carr, servidor sostiene la conveniencia de estudiar un documento junto con el historiador que afirma haberlo descubierto. Este principio lo aplico también en mi caso. </p><p>En consecuencia, hay que decir dos palabras sobre Mazzetti. En primer lugar, fue ayudante de Renzo de Felice, después fue profesor de la Universidad de Salerno y presidente de la Sociedad Italiana de Historia Militar. En 1979 publicó una obra sobre la industria italiana en la Gran Guerra y al año siguiente ganó la cátedra. Nada extraordinario. Falleció en junio de 2019. Ahora bien, recorriendo sus publicaciones nada hace pensar que en su extensa obra<strong> escribiera algo más sobre España o las relaciones hispano-italianas</strong>. Tampoco deja de tener interés, por cierto, el que también fuese conocido por su ferviente monarquismo (supongo que con respecto a la casa de Saboya que fue enviada a los infiernos de la historia por el pueblo italiano en el referéndum de junio de 1946, más de treinta años antes de la publicación de Mazzetti). </p><p>Pues bien, este artículo fue decisivo para lanzar la tesis de que Mussolini se había desentendido de los asuntos españoles en junio de 1936. <strong>Nada más lejos de la realidad</strong>. En el original de la carta al Duce no hay la menor mención, en contra de lo que Mazzetti afirmó, a que la petición se hubiera denegado. Naturalmente es posible que la negativa se hubiera inscrito en una copia (que Mazzetti no mencionó), pero aun así la literatura ha ignorado desde 1979 que las relaciones de ayuda italiana a los conspiradores españoles discurrían también por otras dimensiones, aparte de las “pelas”.  </p><p>También se desconocía, hasta 2013, que pocos días después de que Carpi entregara la carta de los tres próceres fascistas o semifascistas se encontraría ya en Roma el negociador sobre la futura ayuda militar o que llegaría para entonces. Los monárquicos, y solo los monárquicos, se apuntaron el mayúsculo éxito de la firma de los cuatro contratos con la SIAI. Teóricamente podría argumentarse que esto era más importante para Mussolini que un millón de pesetas para sobornar a los jefes de la guarnición de Madrid. Sí, claro, pero<strong> también que convenía completar la inversión política</strong> –ya que no económica– que representó la venta de los aparatitos pagados a tocateja con el dinero de Juan March. </p><p>Hoy es posible afirmar que los preparativos para la futura negociación de los contratos se iniciaron casi al tiempo de la reunión de generales de marzo de 1936. Se allegaron fondos a través de un banco británico, el Kleinwort, en el que March tenía la voz cantante. El banquero mallorquín puso a disposición de los conspiradores<strong> medio millón de libras esterlinas</strong>, fuera de todo control de las autoridades españolas. Con él, y algunos fondos adicionales, fue posible hacer frente al pago de los cuatro contratos del 1º de julio. </p><p>En contra de las “relativas” seguridades dadas a Mussolini por Calvo Sotelo, Goicoechea y Primo de Rivera, Sainz Rodríguez fue mucho más escéptico. Hasta que servidor lo dio a conocer hace un par de años, se ha ignorado que el probo catedrático de la Universidad Central se cuidó, precavidamente, de hacer ver a sus interlocutores italianos que<strong> no cabía excluir la posibilidad de que la República no renunciase a hacer frente a la sublevación</strong> y que, por consiguiente, se desencadenara una guerra corta. </p><p>Después de tal éxito el catedrático informó de ello a Calvo Sotelo a su regreso a Madrid. No iba desencaminado. En el mismo sentido<strong> podría interpretarse la visita que Goicoechea hizo a José Antonio Primo de Rivera</strong> en la cárcel de Alicante el 8 de julio (figura en la lista de visitantes al ilustre detenido y debo este dato a la amabilidad del profesor Pedro García-Caro, de la Universidad de Oregón). Naturalmente, es difícil que los órganos de seguridad –minados por los conspiradores– supieran mucho de lo que antecede. </p><p>Como es notorio, tras la renuncia de Casares Quiroga a la presidencia del Consejo y al cargo de ministro de la Guerra, Azaña encargó el 18 de julio a Diego Martínez Barrio la formación de un gobierno de coalición que pudiera evitar el derramamiento de sangre.  Se preveía para la cartera de Guerra al general Miaja y para la de Gobernación a Augusto Barcia Trelles, hasta entonces en la de Estado. <strong>Ha sido objeto de muchas discusiones un tanto estériles</strong>. Desde 1932 los conspiradores monárquicos habían apostado por la ayuda fascista. Una vez que la tenían en la mano, no iban a ceder. Y no cedieron. </p><p>Para entonces había ocurrido una pérdida irreparable. El remedo español del Duce, y en quien los monárquicos habían depositado todas sus esperanzas,<strong> José Calvo Sotelo, fue asesinado en la noche del 12 al 13 de julio, en represalia por la muerte del teniente José del Castillo. </strong>Con Calvo Sotelo desapareció el supuesto genio político por quien apostaban. Sanjurjo debía asegurar que la exitosa sublevación abriera las puertas a un período de transición al término del cual pudiera llegarse a una restauración de la Monarquía. Eso sí, fascistizada, de acuerdo con las nuevas tendencias políticas que marcaban Roma y Berlín. En este último caso no había habido realmente ninguna conexión efectiva y el famoso viaje de Sanjurjo y Beigbeder a Alemania no había dado resultado conocido (aunque, al parecer, sí lograron establecer algunos contactos). <strong>Los monárquicos y los militares apostaron todo a la carta italiana. ALGO QUE SIGUE SIN ENTRAR EN LA CONCIENCIA DE MUCHOS CIUDADANOS ESPAÑOLES. </strong></p><p>El hombre propone y Dios dispone. El viejo refrán se aplica a este caso. Los planes se malograron definitivamente<strong> cuando Sanjurjo pereció en un accidente de aviación</strong> provocado por la egolatría y la incompetencia de su piloto, precisamente Juan Antonio Ansaldo. Con ello se creó un vacío de poder en la cúpula de la sublevación por el que, oportunamente, se coló Franco. </p><p>Sanjurjo había estado tranquilo en Portugal. La primera noticia que tenemos de que el gobierno republicano, quizá ya descendiendo de las nubes, tomó acción contra él fue el mismo 18 de julio. El encargado de negocios portugués, vizconde de Riba Támega, transmitió a Lisboa la noticia de que Sanjurjo iba a salir en un avión del aeródromo de Alverca el mismo día a las 3 horas para dirigirse al Norte de África a fin de encabezar un levantamiento contra el gobierno. El ministro de Estado le había solicitado que, dada la importancia del caso, las autoridades portuguesas impidieran el vuelo porque era el jefe de un movimiento militar. Pregunta:<strong> ¿le habían seguido la pista en el país vecino?</strong></p><p>Quedan, naturalmente, huecos que rellenar. Tienen que ver, en primer lugar, con el comportamiento de Franco en Canarias y sus conexiones con el resto de la conspiración. Personalmente me centré en la <strong>manipulación hecha desde tiempo inmemorial del vuelo del </strong><em><strong>Dragon Rapide</strong></em><strong>, necesario para trasladarlo a Tetuán</strong>. Las historietas de Arrarás y de Bolín, entre muchos otros, fueron un intento de cobertura, supieran la verdad de lo sucedido o no, para enmascarar una necesidad imperiosa. La de que el general comandante de la guarnición de Las Palmas, <strong>Amado Balmes, desapareciera del mapa antes de que las tropas se sublevaran en Marruecos</strong>. Tampoco la operación se desarrolló como se había previsto. Balmes no murió en el acto, pero<strong> los militares hicieron gala de un alto sentido de la improvisación</strong> y lograron desvirtuar lo ocurrido. Solo un periódico local de la tarde informó del tipo de herida, que no fue como ya se publicó al día siguiente. Tampoco volvió a aparecer. La buena vista de los militares pocas horas antes de la sublevación. </p><p>Ahora bien, tan pronto se abrieron los archivos relacionados con la concesión de la pensión completa a su viuda como fallecido en acto de servicio aparecieron las pruebas en apoyo de su otorgamiento. Con retraso. En un principio la pensión completa se había denegado de forma rutinaria, pero algunos de los compañeros del asesinado, apiadados de la viuda, consiguieron la intervención de Franco. <strong>El expediente mostró que la supuesta autopsia a Balmes era una estupidez</strong> como un pino y que en el momento de su “accidente” el general iba vestido con unos pantalones cortos, como si se tratara de un mando cualquiera del Ejército británico en la India. ¿Se habría cambiado en el coche después de pasar revista a las tropas que le rindieron honores en su previa visita a unos cuarteles, según informó a sus lectores años después precisamente el mismo juez militar que asumió el expediente? ¡Qué sentido de las vacaciones veraniegas!</p><p>Subsiste la interrogación sobre cuándo Franco pudo enterarse de los detalles de la apelación a Italia. Naturalmente se cuidó de borrar toda huella, pero en mayo de 1936 el Gobierno envió a Las Palmas como residenciado al general Orgaz, habida cuenta de su actividad conspiratorial. En la isla Orgaz siguió complotando y es improbable que no informara a Franco de los planes con la Italia fascista. Si, como es de esperar, fue así, la mentira que luego montó el Caudillo es auténticamente colosal. Arrarás y Bolín, entre otros, se plegaron. <strong>El asesino terminó mucho más tarde de gobernador civil</strong> de, al menos, dos provincias. Franco nunca dejó de premiarle su “lealtad”. </p><p>También se ha olvidado que el tema de los aviones había estado rondando por los cenáculos de los conspiradores desde que March aflojó la bolsa. Al embajador británico se le dijo ya hacia el mes de abril que no habría problemas en acercar a Madrid a los generales Goded y Franco. En junio, Gil Robles, ya incorporado a la última fase de la conspiración, reconoció que había intervenido en examinar la posibilidad de conseguir un avión en Francia, pero que no resultó posible. Las implicaciones se han limado cuidadosamente (Viñas <em>et al</em>, <em>El primer asesinato de Franco</em>, pp. 24-26). Cuando habló ante las Cortes en junio, estaba en el ajo. Algo que pocos de sus biógrafos resaltan.<strong> ¡Hay que salvar al precursor de la futura “democracia cristiana” española!</strong></p><p>Finalmente, <strong>cuando se comparan los planes monárquicos en la primavera de 1936</strong> sobre qué tipo de aviones podrían utilizarse y en dónde “aparcarlos” hasta que resultasen necesarios, me parece evidente que el tema llevaba tiempo rodando por la mente de los conspiradores y de los militares en el ajo. Solo los estúpidos podrían creer hoy las grotescas mentiras del marqués de las Marismas del Guadalquivir (después de Valdeiglesias) de que a Mola se le ocurrió pensar en la aviación cuando constató que el golpe, como tal, había fracasado.</p><p>(<strong>Continuará. </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-18-20-duce-duce-necesitamos-oyenos_129_1557887.html" target="_blank">Ver aquí capítulo anterior</a><strong>).</strong></p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Aug 2023 18:38:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (18/20): ¡Duce, Duce!: te necesitamos, óyenos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-18-20-duce-duce-necesitamos-oyenos_129_1557887.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="EL VECTOR FASCISTA EN LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA REPÚBLICA (16/20)"></p><p><strong>(Aviso a los amables lectores: esta entrega es inusitadamente larga. He renunciado, dada su importancia, a desdoblarla)</strong></p><p><em>Los últimos pasos de la conspiración militar, que ya llevaba tres o cuatro años de gestación, han solido reconstruirse </em><em><strong>sobre una base documental limitada</strong></em><em>. En primer lugar, las instrucciones reservadas de Mola; en segundo lugar, las aportaciones extraídas de las hojas de servicio (con frecuencia adaptadas) de militares significados; finalmente, con las pequeñas aportaciones de los documentos conservados por la familia del teniente general Sanjurjo y dados a conocer por el profesor Del Rey Reguillo, a quien hago constar aquí mi agradecimiento. La trama civil incluso tiene muchas más carencias, aunque sí abundan memorias convenientemente aderezadas, en uno u otro sentido. Otras fuentes primarias de época son mucho más escasas en cantidad y calidad, salvo por algunos documentos carlistas u otros conservados en la Universidad de Navarra. Al alcance, todo hay que decir, de cualesquiera camelistas y basureros de la Historia. </em></p><p>Los más utilizados son los primeros. A ellos se refiere, de pasada, la hoy por hoy última supuestamente “historia total” de la guerra civil (Calvo González-Regueral, pp. 32) dejando caer, como quien no quiere la cosa, que Mola no consideró “seriamente la posibilidad de recabar ayudas extranjeras, al menos a gran escala y sin perjuicio de algunos contactos con la Italia fascista”. Obsérvese el quiero y no puedo implícito y también la adscripción de autoría. Mola, naturalmente, no puede defenderse. <strong>Sus superfamosas instrucciones son una parte, pero no necesariamente la más importante, que alumbra el pasado histórico.</strong> </p><p>Ante todo, porque no equivalen a la totalidad de sus papeles sino <strong>solamente</strong> a las copias de las que conservó el comandante Emiliano Fernández Cordón, ayudante del general, y que entregó después de la guerra, junto con otros documentos, al SHM. Tampoco fueron completas (han aparecido dos o tres más). El resto de los papeles de Mola, quien pretendía escribir una “historia del Alzamiento”, se ha volatilizado. Hay dos tesis en presencia: la primera, debida al novelista Miguel Sánchez-Ostiz, que afirma los destruyó un colaborador civil de Mola y enlace con Sanjurjo, el director del <em>Diario de Navarra</em> y diputado en Cortes Raimundo García García (a) “Garcilaso”; la segunda, con origen diverso, pero al que apunta B. Félix Maiz, otro ayudante de Mola, que indicó que a poco de conocerse en Pamplona el accidente mortal del general a principios de junio de 1937  “<em>alguien</em>” sustrajo el diario de guerra que guardaba como oro en paño en el despacho. Una ampliación apunta asimismo a que en un momento indeterminado un pelotón de militares de confianza enviado desde el Cuartel General se hizo cargo de la documentación. Su destino es, no sorprenderá, desconocido hasta el momento. </p><p><strong>Sobre los papeles de Sanjurjo se dispone del testimonio de su ayudante</strong>, el posterior general Emilio Esteban Infantes: antes de partir en el avión de Ansaldo para Burgos quemó una gran cantidad de documentos operativos. Sin duda, se llevó muchos otros en el viaje que tan mal empezó al despegar de la Boca do Inferno. Quedaron calcinados junto con su portador. Otro de los conspiradores monárquicos, el jurídico-militar Eugenio Vegas Latapié, señaló la posibilidad que ello explicara el sobrepeso de la maleta. Galarza y los conspiradores del Ministerio de la Guerra es difícil que no destruyeran lo que guardaban. Si los más importantes se llevaron a las embajadas donde se refugió el resto hasta ahora no han aparecido. </p><p>Todo esto explica que autores como Francisco Alía Miranda o Roberto Muñoz Bolaños tengan opiniones diferentes acerca de la dinámica de la conspiración militar. Incluso hay alguno, como el profesor Alejandro Nieto, que dota de una visión preternatural a la primera de las instrucciones de Mola sobre la no identificación del previsto golpe con una significación política determinada. No es el primero sino el último de una ilustre lista. Afirmar que el golpe no iba a hacerse para restaurar la Monarquía es tan elemental para conjuntar fuerzas que sorprende que todavía haya autores que sientan la necesidad de subrayarlo. <strong>Quizá piensen que Mola iba a decir que era preciso lanzarse a una guerra</strong>.  </p><p>Sobre la trama civil, la información es muchísimo menor. Los recuerdos de los Luca de Tena tienen lagunas y distorsiones evidentes, aparte de que no dicen ni pio sobre la conexión italiana; de Bolín no cabe fiarse un pelo: fue uno de los embusteros más consistentes de esta lamentable historia; nadie sabe tampoco adónde hayan ido a parar los papeles de Juan de la Cierva; lo que de él afirma Maiz hay que tomarlo con muchísima prudencia.  Lo mismo ocurre con los de Quiñones de León, el exembajador siempre pegado a Alfonso XIII, cuya documentación sobre la conspiración nadie ha encontrado. <strong>Los papeles claves podrían haber sido los de Calvo Sotelo</strong>, pero tampoco se sabe si alguno se ha conservado. Su ilustre hagiógrafo ha evitado cuidadosamente la cuestión en un voluminoso estudio y en las supuestas <em>Obras Completas</em> del inmortal tribuno. </p><p>¿Qué queda, pues? Los papeles del archivo de Sainz Rodríguez y sus memorias (que hay que leer con lupa); los muy importantes del archivo del conde de los Andes en Pamplona y la hoja –probablemente retocada– de servicios de Juan Antonio Ansaldo. En conjunto arrojan luz, aunque insuficiente, sobre la trama civil y su conexión con la Italia fascista. Su examen pormenorizado lo inició servidor, destacando la temprana obsesión de los monárquicos por recibir aviones italianos. A ellos hay que añadir, como elemento de contrastación, la documentación italiana y francesa. En ambos casos, y en el republicano, de carácter diplomático y policial. Tampoco sé si realmente todo se ha desclasificado. <strong>Mussolini queda en lo que se conoce como un auténtico gánster internacional</strong> y tal vez “alguien” haya querido proteger su nefasta figura. Incluso hoy algunos lo reivindican, en Italia y en España.  </p><p>Lo significativo es que en la primavera de 1936 Sainz Rodríguez intensificó sus contactos personales con Carpi (de quien tampoco parece haber quedado ningún papel fuera de los archivos romanos); uno y otro se vieron en repetidas ocasiones, generalmente en la Ciudad Eterna; cruzaron cartas y telegramas de texto inocuo; en una ocasión el diputado de Renovación Española apuntó algo que ya se observó en la época: en el Frente Popular la unidad era más aparente que real. La misma valoración la hizo en una carta a Sanjurjo el teniente coronel de Infantería Fidel de la Cuerda Fernández. <strong>Discrepó de las tesis y recomendaciones de Mola</strong>. No era un don nadie. Había sido ayudante personal del dictador Primo de Rivera, pero Sanjurjo no le hizo caso. </p><p>La pieza más importante la divulgó en España Ismael Saz. <strong>Se trata de una carta escrita a Mussolini por Goicoechea en nombre propio, de Calvo Sotelo y de en la posterioridad elevado a la categoría de “santón” del régimen franquista José Antonio Primo de Ribera.</strong> Data del 14 de junio de 1936, dos días antes de que Gil Robles (<strong>ya metido de lleno en la conspiración</strong>) y Calvo Sotelo se enzarzaran en su segundo, y también famoso, duelo en las Cortes y a ver quién exageraba más sobre la anarquía que supuestamente reinaba en España. </p><p>En esta sesión, tan conocida, Calvo se autoproclamó fascista y negó, con toda su cara dura (que era algo así como de titanio), que existiera agitación en el Ejército. Reproduzco sus palabras, tomadas del <em>Diario de Sesiones</em>: <em>“</em><em><strong>Cuando se habla por ahí del peligro de militares monarquizantes, yo sonrío un poco porque no creo (…) que exista actualmente en el Ejército español, cualesquiera que sean las ideas políticas individuales, que la Constitución respeta, un solo militar dispuesto a sublevarse en favor de la Monarquía y en contra de la República. Si lo hubiera sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y no en contra de la anarquía, si esta se produjera</strong></em><em>”</em> (pp. 1385s, en <a href="https://app.congreso.es/est_sesiones/" target="_blank">https://app.congreso.es/est_sesiones/</a>) Sin comentarios. Barriendo para casa. </p><p>Compárense las anteriores expresiones con lo que, dos días antes, había co-firmado, junto con José Antonio Primo de Rivera, en la carta de Goicoechea a Mussolini. Se trata de un documento en el que cabe constatar la permanencia y profundización de <strong>las ideas que el exministro de la dictadura primorriverista </strong>ya había elevado de cara a la audiencia con el Duce en octubre del año anterior. </p><p>La carta es muy conocida, pero es más que probable que los amables lectores de esta serie no la tengan a mano. Por ello creo que merece su reproducción íntegra. Ruego me disculpen si ahora abuso de su paciencia. Al fin y al cabo, en el más super-reciente libro sobre la malvada República del profesor Nieto se elude cuidadosamente (las negritas son mías):</p><p><em>1.     Verdadera trascendencia política del triunfo del Frente Popular</em></p><p><em>La última derrota electoral de enorme trascendencia política porque </em><em><strong>ha entregado los resortes del Poder a la Revolución</strong></em><em> no tiene el mismo volumen desde el punto de vista social. La distribución geográfica de los distritos y la prima enorme de la Ley Electoral conceden en la representación a la más significante mayoría numérica de votos ha sido causa de que con una cantidad equivalente de votos el Frente Popular haya obtenido más diputados que los partidos del Frente Nacional. Son pues dos mitades equivalentes del Cuerpo Electoral las que luchan en la vida política, su nota diferencial consiste en que el Frente Popular no cuenta apenas con simpatizantes en la masa neutra del país y su fuerza radica en sus propios afiliados; en cambio los partidos nacionales tienen hoy día, merced al fracaso del Gobierno, a la inmensa mayoría del cuerpo social (quince millones de españoles) que no están emplazados dentro del cuerpo electoral. El triunfo del Frente Popular significa el fracaso definitivo de la política populista del Sr. Gil Robles y de la táctica adhesionista y legalista. Así lo manifiesta a cada momento y ostensiblemente la repulsa de la opinión pública. </em></p><p><em>Estando pues los resortes legales </em><em><strong>en manos de la Revolución</strong></em><em> y siendo de vital necesidad para el país el salir de esta situación anárquica </em><em><strong>no queda más camino que el del golpe de fuerza o la insurrección violenta. </strong></em></p><p><em>II. Elementos de la reacción nacional</em></p><p><em>Son muchos los sectores sociales en los que predomina el sentido nacional sobre el sentido conservador. Ellos han reaccionado violentamente según las posibilidades de cada localidad y la situación real de España es la de una guerra civil inorgánica y esporádica presidida por un gobierno cuyos últimos restos de energía se emplean en facilitar la obra de la revolución debilitando los organismos defensivos del Estado y persiguiendo a las mismas clases sociales que la Revolución pretende destruir. No obstante lo adverso de estas circunstancias y por haberse llegado al </em><em><strong>punto extremo de la curva anárquica dentro aun del Estado burgués</strong></em><em>, la reacción social se inicia claramente permitiendo la esperanza de que si son activamente encauzados y dirigidos los factores vivos y capaces de acción, puede lograrse rápidamente </em><em><strong>un primer acto contrarrevolucionario eficaz y profundo. </strong></em></p><p><em><strong>El ambiente de violencia y la necesidad ineludible de organizarla</strong></em><em> ha hecho nacer en el seno de los partidos nacionales pequeños grupos de acción directa que por atentados personales, asaltos a edificios, etc. etc. han actuado contra la revolución </em><em><strong>Muchos de estos grupos se denominan fascistas y es notorio un gran aumento en las inscripciones de los jóvenes en las organizaciones de Falange Española.</strong></em><em> </em><em><strong>El presente escrito está hecho previo acuerdo y autorización con los jefes de Falange Española y los partidos nacionales del Frente Nacional. </strong></em></p><p><em>Todos estos esfuerzos no logran, por ahora, en España la movilización de grandes masas civiles de choque por carecerse del material humano y del factor social que en otros países europeos significan las agrupaciones de excombatientes. Ha de ser, pues, en España, </em><em><strong>el Ejército</strong></em><em> quien, </em><em><strong>lo mismo que en el siglo pasado</strong></em><em> de sus pronunciamientos, realice este movimiento de recuperación nacional por la </em><em><strong>violencia a la que le impulsa de un modo exasperado toda la sociedad española situada en contra o al margen del Frente Popular. </strong></em></p><p><em><strong>Existe una vasta organización de carácter patriótico y nacionalista en el Ejército que ha sido formada, orientada políticamente en sentido antidemocrático y costeada por nosotros durante este último año.</strong></em><em> Para la realización urgente de un golpe de Estado con las máximas garantías de éxito necesitaríamos una rápida ayuda de un millón de pesetas, como mínimo, que vendría a completar el </em><em><strong>gran esfuerzo económico que en estos últimos meses y en medio de las más diversas circunstancias han realizado los elementos patrióticos de España.</strong></em><em> Con esta cantidad, empleada en la forma que a continuación se indica, lograríamos nuestro fin último de apoderarnos del Poder con garantía de permanencia. </em></p><p><em>III. Posibilidades de un golpe de estado </em></p><p><em>Las circunstancias políticas en que se desenvuelve el Frente Popular son las más propicias para un ataque de esta índole. La unidad del Frente Popular es más nominal que efectiva. </em><em><strong>Sus masas no acatan el programa de Dictadura Comunista</strong></em><em> pues en el fondo de ellas existe, en España, un sentimiento anárquico que tiene profundas raíces históricas y raciales caracterizando acusadamente la mentalidad y el programa político de cincuenta por ciento de las masas proletarias organizadas. Tales son las características de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo)</em></p><p><em><strong>La organización militar existente dentro del Ejército es la encargada de realizar el Golpe de Estado de acuerdo con los elementos civiles, elevándose a la Presidencia del Estado al General Sanjurjo</strong></em><em>. </em></p><p><em>El espíritu del Ejército es entusiasta y abnegado y en toda la joven oficialidad de Coronel para abajo imperando este espíritu casi unánime en las organizaciones de provincias en las que el gobierno ha relegado a cuantos elementos no le merecían confianza absoluta. Este espíritu entusiasta se acentúa hasta adquirir caracteres agresivos y de franca rebeldía que ha sido preciso entender y encauzar, </em><em><strong>en todas las guarniciones del Norte</strong></em><em> (Valladolid, Burgos, Logroño, Zaragoza, Barcelona, Pamplona, Vitoria, San Sebastián, Santander, Asturias y Galicia); la misma tónica se observa </em><em><strong>en las guarniciones de la zona africana de Marruecos</strong></em><em>. En contraste con todo esto existen sectores dentro del Ejército en los que predomina un sentido burocrático y rutinario sin carácter para empresas arriesgadas ni en ataque ni en defensa del régimen actual. Tal ocurre en bastantes altos mandos que la República ha respetado o ha ofrecido a jefes desprovistos de espíritu nacional y patriótico. La guarnición de Madrid ha merecido especial cuidado del Gobierno desde este punto de vista acumulando en ella elementos de este tipo. </em><em><strong>El movimiento militar podría ya haber triunfado con la simple utilización de los elementos favorables que hemos reseñado.</strong></em><em> Pero </em><em><strong>se ha acordado</strong></em><em> realizar una última tentativa sobre la guarnición de Madrid con objeto de que se sume al movimiento desde su iniciación, pues hasta ahora únicamente se había conseguido la seguridad de una inhibición por parte de la guarnición de Madrid comprometiéndose a desobedecer las posibles órdenes del Gobierno. </em></p><p><em>Existen jefes en nuestro Ejército dispuestos a cumplir con su deber dentro de la normalidad reglamentaria, arriesgando decididamente su vida como lo han probado en las guerras de Marruecos; pero en cambio carecen de decisión, de doctrina y de espíritu para salirse de la legalidad, jugándose la posición económica y social de su familia. A estos se ha dirigido una captación especial de tipo financiero garantizándoles el riesgo económico que pueden correr los suyos. </em><em><strong>No se mueven por dinero</strong></em><em>, pero no actúan si no ven abierta su retirada económica. </em></p><p><em>Esto quizá resulte incomprensible en países en los que actualmente la abnegación patriótica alcanza caracteres de absoluto sacrificio. Pero así es y es necesario en cada momento y en cada pueblo conocer fríamente los caracteres de la realidad. </em></p><p><em>Esta ayuda última que se solicita es precisamente para concretarla, </em><em><strong>en el último período de la conspiración militar,</strong></em><em> sobre esos elementos indecisos y especialmente sobre la guarnición de Madrid. </em></p><p><em>Es de notoria importancia la seguridad de apoderarse de la Capital de la Nación desde el primer momento pues, si así no se lograse, </em><em><strong>cualquier conato de resistencia del Gobierno</strong></em><em> daría la sensación internacional de la existencia de dos Gobiernos en España: el del Norte y el de la Capital</em></p><p>IV. <em>Apoyo internacional</em> </p><p><em>El apremio de las circunstancias y cuanto va expuesto en este escrito nos mueven de nuevo a preocuparnos del apoyo internacional que necesita el movimiento que se plantea. </em><em><strong>Aun cuando contamos con la favorable acogida que obtuvieron gestiones anteriores realizadas en este sentido</strong></em><em>, creemos conveniente reiterar en estos momentos la petición de apoyo moral que juzgamos imprescindible manifestado por un reconocimiento rápido del nuevo estado de cosas que se lograse en España</em>. </p><p>Madrid, 14 de junio 1936.                                                  A. Goicoechea</p><p> </p><p>¿No se quedan ojipláticos los lectores ante tal informe? <strong>Repleto de puro patriotismo</strong> (de salteadores de caminos). ¿Lo han visto los amables lectores, quizá, en alguna de las obras recientes de admirables historiadores que ponen a caldo al Frente Popular y sus supuestas concomitancias con Moscú? ¿Alguno ha establecido un paralelismo entre esta llamada a la intervención fascista y el segundo discurso ante las Cortes de los Sres. Calvo Sotelo y Gil Robles? </p><p>(<strong>Continuará. </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-17-20-propaganda-violencia-1936_129_1557880.html" target="_blank">Ver aquí capítulo anterior</a><strong>).</strong></p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Aug 2023 16:55:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (18/20): ¡Duce, Duce!: te necesitamos, óyenos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Historia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (17/20): Propaganda tras la violencia de 1936]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-17-20-propaganda-violencia-1936_129_1557880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="EL VECTOR FASCISTA EN LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA REPÚBLICA (16/20)"></p><p><em>Escasos son los autores que han ligado la violencia de la primavera de 1936 con la necesidad ontológica sentida por la conspiración monárquico-militar y muchos menos con su vertiente fascista. Se presenta como si la maldición de los dioses (o tal vez de nuestro Señor, que siempre había distinguido a España en la historia con su benevolencia) se hubiera abatido sobre la desgraciada PATRIA, desgarrada en las pugnas políticas y en el impacto de la reanudación de las reformas estructurales paralizadas durante el bienio radical-cedista. </em><em><strong>Que Franco y Gil Robles quisieron dar ya un golpe de Estado el mismo día de la primera vuelta</strong></em><em> ya no se examina en todas sus implicaciones, como por ejemplo que el primero se apresuró a dictar órdenes para aplicar el estado de guerra. No tuvieron mucha duración (salvo en Zaragoza, uno de los focos de la conspiración, en donde Cabanellas lo retiró para volver a aplicarlo al día siguiente). No le ocurrió nada. Pero el Gobierno, en la común acepción derechista, dominado por las turbas, los comunistas, los socialistas, los anarquistas (en la actualidad, se afirma que esencialmente por los segundos) dejó hacer a los malvados. </em></p><p>Tras el fracaso Franco-Gil Robles, ¿qué quedaba? <strong>Lanzarse a la conspiración</strong>. Ya se le había prometido a Mussolini. El odiado Azaña ayudó a los conspiradores sin querer. Se apresuró a destituir al director general de Seguridad, Vicente Santiago Hodson, relevado a un puesto burocrático sin la menor importancia. Ciertamente nombró a un correligionario como sucesor, José Alonso Mallol, exgobernador civil y de su mismo partido, Izquierda Republicana. El ministro de la Gobernación, también de IR, fue un ineficiente y enfermo don nadie, Amós Salvador. Para colmo, Azaña cortó la relación jerárquica del jefe de la Oficina de Información y Enlace con el ministro y resituó esta bajo el director general de Seguridad a las órdenes del jefe superior de Policía de Madrid, un total desconocido llamado Pedro Rivas Jiménez (emboscado de los conspiradores). ¿Quién aconsejó a Azaña? Misterio. Poco después, el jefe de la OIE, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Escobar Huerta fue transferido a Barcelona a las órdenes, menos mal, del general José Aranguren Roldán. Ambos permanecieron fieles al Gobierno y contribuyeron decisivamente a derrotar la insurrección en la capital catalana. Para colmo, en sus sucesivos nombramientos, Azaña y el general Carlos Masquelet (nuevo ministro de la Guerra) tampoco hicieron gala de mucha mano izquierda. A Franco lo sustituyó su número 2, el general Sánchez-Ocaña, que quedó al frente de los servicios de inteligencia militar. <strong>Es decir, puestos claves pasaron a manos de conspiradores. El control de la Sección Servicio Especial y, en parte, de la DGS se convirtió en uno de sus más preciados activos.</strong> Esta es una interpretación que los amables lectores no encontrarán en el general Dávila Álvarez, ni en Gil Pecharromán, ni en los mil relatos escritos sobre la conspiración, pero es acorde con los hechos. Si me equivoco, ruego a quienes saben más que servidor que lo desmientan: solo tienen que demostrar que los mencionados sirvieron con lealtad, fidelidad y entrega a las nuevas autoridades gubernamentales. </p><p>Dadas las circunstancias, ¿qué iban a hacer los conspiradores de pro? Pues seguir conspirando, entonces sin las supuestas trabas de Gil Robles y de la CEDA. <strong>Intentaron poner al Gobierno bajo presión</strong>. A Masquelet se le dio un ultimátum hacia marzo de 1936. Decía así:</p><p><em>Ante la situación anárquica actual, el Ejército,</em><em><strong> con la vista puesta en los intereses supremos de la Patria</strong></em><em>, espera de los Poderes Públicos:</em></p><p><em>1.     Respeto máximo a todo el personal de generales, jefes, oficiales, suboficiales y tropa que, alejados de toda política, solo desean la paz pública para llegar por cauces legales al engrandecimiento de la Nación. </em></p><p><em>2.     Para conseguirlo necesitamos en primer término el desarme (llevado a efecto precisamente por el Instituto de la Guardia Civil), de todas las organizaciones y sus individuos ajenas a los institutos armados o policía gubernativa. </em></p><p><em>3.     </em><em><strong>Libertad inmediata de aquellos militares que en cumplimiento de su deber</strong></em><em> tomaron parte en alteraciones de orden público o movimientos subversivos y sobreseimiento de los procedimientos y el reintegro a su servicio. </em></p><p><em>4.     Que en todos los hechos que están incursos los militares por su actuación profesional, entiendan única y exclusivamente tribunales constituidos por militares. </em></p><p><em>5.     Las medidas conducentes a la solución de los puntos antes expuestos han de llevarse a efecto en el plazo máximo de 24 horas, contadas desde la presentación de la mismas al Sr. Ministro. </em></p><p>Aceptar tales condiciones hubiera equivalido a dotar al Ejército, por la vía de la capitulación, del último arma y derrumbar lo poco que los gobiernos republicanos habían ido consiguiendo en el vano intento de “civilizar” al Ejército y las fuerzas de seguridad, de cuyo apoyo dependían. Tal y como se había puesto de relieve en octubre de 1934. </p><p>No me suena que el general Dávila Álvarez o alguno de los muchos historiadores de derechas que en el mundo han sido se hayan hecho eco de tal ultimátum. Pero la respuesta fue peor. Las condiciones se ignoraron. El general Masquelet se limitó a dar una meliflua comunicación oficial en la que recalcaba que el Gobierno contaba con la fidelidad de las fuerzas armadas. Para colmo, la nota fue conocida en Cortes porque el diputado comunista José Díaz la citó en una intervención el 15 de abril de 1936 atribuyéndosela a la UME. Una copia se encuentra entre los papeles del entonces presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, y es difícil dudar de su veracidad, en particular por el tono formalmente respetuoso con que los autores se dirigieron al ministro. </p><p>En mi modesta opinión el nivel de impertinencia del ultimátum depende del momento exacto de su presentación, es decir que fuera antes o después de la famosa reunión, tan mitificada, del 8 de marzo cuando los generales que complotaban empezaron a poner el acelerador de la conspiración. La previeron para el mes de abril.<strong> Zugazagoitia cuenta en sus memorias que había almorzado con Azaña </strong>por aquellas fechas en presencia de Marcelino Pascua y que el presidente del Consejo le había dicho que “en el Ejército la autoridad de la República y del Gobierno eran absolutas (…) Si usted conociese tan bien como yo a los militares, sabría el caso que debe hacerse de sus quejas y disgustos”. </p><p><strong>Los dioses ciegan a quienes quieren perder</strong>. Es decir, la no decapitación de la conspiración, aletargada durante el gobierno radical-cedista y fracasada en su golpe blando de febrero, la puso de nuevo en marcha con renovados ímpetus y nuevas técnicas. </p><p>Tales técnicas, denunciadas desde hace años por la profesora Mari Cruz Mina (“<em>ABC</em> en la preparación ideológica del 18 de julio” en <em>Comunicación, cultura y política durante la II República y la guerra civil: II Encuentro de Historia de la Prensa</em>, coord. Manuel Tuñón de Lara, vol. 2, <em>España 1931-1939</em>), han sido revalidadas. No solo por servidor. También por Lucía Noguerales García, “Desinformación contra la República.<strong> El ABC como colaborador y agitador del golpe de Estado de 1936</strong>”, <a href="https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/6455" target="_blank">https://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/article/view/6455</a>).</p><p>Estribaban en operar en dos planos. Uno público, <strong>a través de las excitaciones de los periódicos de derechas de la época</strong>. El análisis sería hoy fácil extenderlo también a <em>La Nación</em> e incluso a <em>El Debate</em>, aprovechando que este último ya ha sido digitalizado y se encuentra en la red. Los resultados no sorprenderán, por supuesto, a los lectores, familiarizados actualmente con el peso de la prensa digital y de las redes sociales a la hora de castigar a los Gobiernos, particularmente al “<em>socialcomunista</em>” de nuestros días. </p><p>Aquellos periódicos solían circular entre los militares y no era difícil observar la congruencia entre las “informaciones” en ellos contenidas y las que se plasmaban en las hojas volanderas. Lo que no sabemos es si el espía infiltrado en la UME siguió en ella (supongo que no) y si también<strong> llegó a escribir algunas de las octavillas que por entonces circulaban</strong>. Lo había hecho antes, en ocasiones, con fines de autoprotección.</p><p>En cualquier caso, los historiadores, en general, no han establecido las conexiones operativas entre uno y otro plano, pero menos aún entre la evolución de la conspiración y la conexión italiana. Es ahora a lo que, por fin, debemos retornar. <strong>Sin olvidar el </strong><em><strong>papelín</strong></em><strong> de José Antonio Primo de Rivera</strong>, cuya exhumación el pasado mes de abril dio lugar a tantos comentarios y a tantas distorsiones sobre su figura en los medios de derechas.</p><p>(<strong>Continuará. </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-16-20-violencia-mortal-anos-republicanos_129_1557861.html" target="_blank">Ver aquí capítulo anterior)</a>.</p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Aug 2023 17:20:16 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (17/20): Propaganda tras la violencia de 1936]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Historia]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El vector fascista en la conspiración contra la república (16/20): La violencia mortal en los años republicanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-16-20-violencia-mortal-anos-republicanos_129_1557861.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/2057c3be-8ef4-4660-9610-4e8893ea0310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.png" width="1200" height="675" alt="EL VECTOR FASCISTA EN LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA REPÚBLICA (16/20)"></p><p><em>Hasta la actualidad más rabiosa siguen escribiéndose los más absurdos disparates sobre este tema y, en especial, para el período de la primavera de 1936. Los dos historiadores recientes que cito en esta serie no son una excepción. Ahora bien, ninguno de ellos </em>–<em>y que servidor sepa, pocos otros</em>–<em> se han dignado acudir a una de las obras de referencia sobre el tema. El profesor Gil Pecharromán simplemente la menciona en la p. 453. Data, ya ha llovido desde entonces, de 2015 (ocho años ha) y servidor, siempre que ha sido necesario, la menciono. Se trata de una obra singular, y de gran maestría, escrita por uno de los mejores y más entregados estudiosos de la violencia política en España: el profesor Eduardo González Calleja, catedrático de Historia en la Universidad Carlos III. Es de lectura obligada: </em><em><strong>Cifras cruentas</strong></em><strong>. Las víctimas mortales de la violencia sociopolítica en la Segunda República Española (1931-1936</strong><em>), publicada por Comares. Añádase, con otra perspectiva analítica, la de Rafael Cruz, </em><em><strong>En el nombre del pueblo. República, rebelión y guerra en la España de 1936,</strong></em><em> publicada por Siglo XXI en 2006. Ya ha llovido también desde entonces. Gil Pecharromán ni siquiera se molesta en citarla. Nieto tampoco, pero la violencia la considera como crisis del Estado (p. 139).</em></p><p>En la primera obra, entre las pp. 309 y 424, se inserta una <strong>cronología de actos letales desde el 14 de abril de 1931 al 17 de julio de 1936</strong>. Que yo conozca, pero puedo equivocarme, no existe otra obra más completa sobre el tema. </p><p>Con las estadísticas es siempre posible jugar, pero hasta cierto punto. Demos algunas. La mortalidad por actos violentos discurrió como sigue: 1931, 196; 1932, 190; 1933, 311; 1934, 373 sin Asturias y 1.457 con ella; 1935, 47 y 1936 (hasta el 17 de julio) 428. González Calleja maneja, analiza, contrasta y critica todos los cálculos y estimaciones disponibles hasta el momento en que escribió su obra. <strong>Son significativos los resultados por períodos de Gobierno</strong>: provisional de Alcalá Zamora, 156; provisional de Azaña, 28; Azaña 1, 326 y Azaña 2, 30. En total, 540. De ellos, 160 fueron causados en enfrentamientos deliberados y otros 92 fortuitos con la fuerza pública más 78 ocasionados por actuaciones represivas de la misma.</p><p>Casi la mitad de las muertes se produjeron en pueblos de menos de 10.000 habitantes. El autor se extiende prolijamente en el análisis y significación de tales datos y, en particular, de la España rural. No extrañará que, por regiones, Andalucía se llevara la palma (204), seguida a larga distancia por Castilla la Nueva (74). Sin duda a muchos lectores, amamantados en las evocaciones continuas a las exageraciones de la época y reiteradas hasta la actualidad, les sorprenderá que, en la medida en que puede calcularse por la descripción de los casos, <strong>más de la mitad de las víctimas fueron de izquierdas</strong> y solo un 7% de derechas. </p><p>Estos resultados, sin duda sorprendentes, preceden a una descripción y análisis pormenorizados de los grandes procesos y acontecimientos violentos: <strong>la quema de conventos</strong>, las elecciones a Cortes constituyentes, la <em>Sanjurjada</em>, la “semana roja” de Sevilla y el ciclo insurreccional anarquista. </p><p>Un capítulo está dedicado a la comparación de la violencia en los dos procesos electorales de noviembre de 1933 y de febrero de 1936. El primero fue uno de los más reñidos en la historia de las elecciones españolas, con un autor –Roberto Villa– analizando cerca de 200 actos de los que se conoce la filiación de sus autores. González Calleja no tiene reparos en afirmar que “aunque resulte discutible que las tres cuartas partes de los casos de violencia fueran obra de las izquierdas obreras, por apenas del 3% de la CEDA, sí resulta perfectamente asumible la observación de que el impacto de la violencia fue marginal (muy por debajo de la producida de los comicios en Alemania o Italia (…) pues afectó a solo un 3,2% de los municipios”.  O sea, <strong>España no se desplomaba en la violencia más absoluta</strong>. Otros le ganaron su, de todas maneras, una tanto triste <em>performance</em>.</p><p>Un total de 321 enfrentamientos con 34 muertos y al menos 80 heridos de consideración. Tampoco las cifras absolutas suscitan diferencias esenciales con las convocatorias anteriores y posteriores: 21 muertos en junio de 1931, entre 27 y 32 en noviembre de 1933 y 33 en enero/febrero de 1936, si bien en este caso hubo 40 muertos adicionales entre la primera y segunda vuelta.<strong> Se dio una clara mayoría de muertos de izquierdas</strong> mientras que en 1933 fueron 14 los muertos de derechas y 12 los de la primera orientación. ¿Dónde está el precipicio abismal al que se acercaba la "PATRIAAA"?</p><p>El denominado “octubre rojo” recibe una atención especial (pp. 221-244). En Madrid, hubo un total de 45 muertos (8 gubernamentales, 21 revolucionarios y 16 civiles). En las provincias vascas entre el 5 y el 12 de octubre, hubo 16 muertos en Bilbao y en la cuenca minera un total de 40 y más de un millar de heridos. El número de detenidos y presos fue superior a 1.500. En Cataluña el número de muertos ascendió a 83 (de los cuales 22 gubernamentales, 38 revolucionarios y 23 civiles). </p><p>Según las estadísticas del capitán Santiago Hodson (el hombre que vigilaba de cerca la UME) en el total español las víctimas ascendieron a 1.051 paisanos y a 284 entre las fuerzas de seguridad y del Ejército. Según Sánchez y García-Sauco, el total de muertos en España fue de 1.285. <strong>En cuanto a heridos, los totales fueron, respectivamente, de 2.951 en ambos casos</strong>. La mayoría, paisanos. Lejos, en todo caso, de las espeluznantes cifras divulgadas en la época. </p><p>Dado que Asturias ha suscitado una enorme literatura, su etiología debería bastar. Pero he aquí que el profesor Nieto innova. No la suscitó lo que él afirma (p. 128:  la primera entrada de ministros de la CEDA en el gobierno, que habría formado Lerroux el 29 de marzo de 1934). Hay que tener inventiva para adelantar el supuesto germen de la guerra civil, porque en aquel episodio el gobierno Lerroux duró tan solo unas pocas semanas (marzo y abril del 34) pero en el, que yo sepa, <strong>no había ningún ministro de la CEDA</strong>. Tampoco lo hubo en el siguiente, de Ricardo Samper. ¡Suspenso en historia! </p><p>Y así llegamos a <strong>la primavera del Frente Popular</strong>. El <em>Dictamen</em> de 1939 (una obra de la que siguen bebiendo, impertérritos, numerosos autores) dio las cifras siguientes: 121 muertos, 561 heridos, 85 agresiones, 24 atracos (estas dos últimas categorías del 16 de febrero al 4 de mayo) y entre el 1 de abril y el 4 de mayo, 53 bombas y petardos y 99 atentados, atracos y saqueos. La clasificación no es, como se advierte, demasiado exacta.  González Calleja da otros resultados para muertes: 154 en el primer gobierno Azaña, 72 en el segundo; 4 en el interino de Barcia y 154 en el de Casares. En total 384.</p><p>Pero, de las cifras ¿qué se extrae? <strong>En 1936 hubo una violencia muy atomizada y desestructurada</strong>, en la que prevaleció la confrontación individual. Los casos de mayor letalidad fueron Yeste (14 muertos), Logroño (8), Madrid (6), Escalona, Jumilla y Madrid de nuevo (5). En 209 casos únicamente hubo un muerto; dos en 48; tres en 5; cuatro en 3; cinco en 4, y 6, 8 y 18 muertos en un solo caso respectivamente. González Calleja y Rafael Cruz son unánimes en afirmar que casi un 60 por ciento de los acontecimientos violentos con resultado de muerte se produjeron en áreas rurales, especialmente en el sur de España, <em>y coincidieron en buena medida con la actuación desmesurada de fuerzas del orden público, en especial de la Guardia Civil</em>. </p><p>Fuera de las zonas rurales, <strong>Madrid fue la ciudad más conflictiva</strong>, con casi medio centenar de muertos, seguida de Santander y Sevilla con once. Las cifras fueron también altas en Barcelona (8), Logroño (9) y Valladolid (6). </p><p>¿Conclusión?: “<em><strong>La actividad violenta en las grandes ciudades, que se expresó sobre todo en forma de atentados individuales y enfrentamientos callejeros multitudinarios, se convirtió, a pesar de ser minoritaria, en la manifestación más espectacular y notoria de la violencia política durante los meses del Frente Popular. Pero las tan publicitadas milicias políticas no parecen haber tenido casi ningún protagonismo en las acciones violentas con resultado de muerte, que fueron obra de pequeñas bandas de pistoleros</strong></em>”.</p><p>¿Quiénes estaban más interesados en ello? Evidentemente en la derecha (falangistas <strong>a sueldo de los monárquicos</strong>, carlistas, exmilitares, lumpen, policías, etc) y fueron muy eficaces a la hora de perpetrar asesinatos selectivos que afectaron a funcionarios y militares republicanos (incluso hubo un intento contra Azaña, Largo Caballero –por quien Nieto siente tal desprecio que cuando asumió la presidencia del Consejo en septiembre de 1936 le acusa (p.142)  de “deteriorar seriamente las relaciones internacionales dado que los países democráticos (…) no podían ver con buenos ojos cómo España se aliaba en el bando rusófilo– y varios políticos socialistas). </p><p><strong>Los atentados provocaron represalias y crisparon la situación</strong>. <strong>De eso era precisamente de lo que se trataba</strong>. Y en cuanto se refiere a Largo Caballero, tan distinguido administrativista se pasa por debajo del brazo el pequeño detalle, posterior,  de la política de no intervención, un golpe letal para la República y una inyección supervitaminada para los sublevados. </p><p><strong>Por lo demás, son numerosos los autores españoles -que comparan o leen poco- que suelen presentar tal grado de violencia como caso único en España</strong>. Ciertamente fue elevado, pero en Italia, país con el que estaban familiarizados muchos de los directores de la conspiración, entre abril de 1919 y octubre de 1922 (“marcha sobre Roma”), hubo al menos 3.000 muertos. De ellos tres cuartas partes fueron adversarios del fascismo. Las regiones más afectadas fueron aquéllas en donde con mayor intensidad habían tenido lugar conflictos por la tierra. Una casualidad. </p><p>(<strong>Continuará. </strong><a href="https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/vector-fascista-conspiracion-republica-15-20-militares-brutos-peligrosos_129_1520120.html" target="_blank">Ver aquí capítulo anterior</a>).</p><p>____________</p><p><em><strong>Ángel Viñas</strong></em><em> es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo. Su última obra publicada es 'Oro, guerra, diplomacia. La República española en los tiempos de Stalin', Crítica, Barcelona, 2023.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Aug 2023 19:25:28 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Viñas]]></author>
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